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Se cumplen este verano de 2014 veinte años desde que Nuria Espert visitó el Festival de Comedias del Teatro Muñoz Seca con ‘El Cerco de Leningrado’, de José Luis Sanchís Sinisterra, Premio Nacional de Teatro 1990. Antes ya estuvo por aquí con poemas de Alberti y después ha vuelto, ya al Muñoz Seca, pero lo de aquella noche del domingo 21 de agosto en el patio del Colegio de San Luis Gonzaga fue apoteósico.

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El cerco de Leningrado supuso la vuelta de dos grandes actrices a los escenarios: Nuria Espert, que los había abandonado hacía casi un lustro por la dirección de óperas, y María Jesús Valdés, que se retiró de manera drástica al casarse hacía entonces varias décadas. Las dos reconocían estar enganchadas con las tablas, empezaron a recibir sus dosis en el teatro de Baracaldo (Vizcaya) donde se estrenó el 10 de marzo de 1994, y en el verano  en El Puerto de Santa María con la nueva pieza de uno de los pocos autores contemporáneos españoles vivos y prestigiados, José Sanchís Sinisterra, quien una vez más acudía a la comedia de reflexión, en versión escénica del director argentino Omar Grasso.

Espert estaba más que satisfecha con la reacción del público: "No estoy acostumbrada a hacer comedias y pensé que no se pillaría todo el humor que encierra la función, pero las risas de los espectadores desde el primer cuadro han sido regalos de los dioses". María Jesús Valdés, una de las actrices más famosas de Espana en los años sesenta, hizo unas desapercibidas representaciones en La dama boba en 1991. Ahora tiene claro que ésta es su vuelta al teatro: “Sentí como si el tiempo se hubiera detenido 25 años y yo nunca hubiera dejado de trabajar". La actriz reconocía que dentro de ella hay dos personalidades. Mientras se dedicó a su familia nunca echó de menos la escena.

elcercodeleningrado2_puertosantamariaSanchís Sinisterra, comentó: "Me pareció un trabajo admirable, lleno de amor, entrega, de dedicación a desentrañar un texto; lo que está claro es que pusieron mucho más de lo que suelen poner director y actores, hicieron un trabajo muy personal y cada uno de ellos abordó la obra como si fuera propia". El autor también tuvo palabras muy elogiosas para el escenógrafo Toni Cortes, quien realizó un curioso y efectista juego con la idea del teatro dentro del teatro. /En la imagen de la izquierda, Nuria Espert y María Jesús Valdés, durante su interpretación magistral hace 20 años.

Sanchís Sinisterra incidía con su obra, escrita hace 24 años, en una tema que empieza a ser recurrente en el teatro español: viejos profesionales de la escena se encuentran encerrados en antiguos teatros, que antaño fueron símbolos, filosofando, rememorando, llevando a la práctica sus utopías, algo que fue y no es. Se encuentran ejemplos en El nacional de Albert Boadella con Els Joglars, y Perdonen la tristeza, de Zaranda de Jerez (grupo muy consolidado internacionalmente ).  Sanchís piensa que este hecho es sintomático de algo: "El teatro siempre ha sido un espacio de resistencia y en los momentos que se percibe un cierto desmantelamiento de la función del teatro en la sociedad, siempre hay algunos náufragos que juntamos tablas y construimos un escenario flotante para afirmar nuestro deseo de resistir". En el caso de este autor valenciano el juego del teatro dentro del teatro data de antiguo. De hecho, El cerco de Leningrado es la última parte de una trilogía en la que se aborda el mismo tema. Las otras dos piezas fueron Naque o de piojos y actores y su popular ¡Ay Carmela!.

Sanchis sitúaba con esta obra a las dos actrices en un viejo teatro abandonado desde hace dos décadas, menos por las que fueron esposa y amante de su último director y primer actor, hombre militante de la izquierda muerto en extrañas circunstancias. La obra transita por el campo del teatro político, del teatro cómico, del teatro de reflexión, del análisis histórico, de la autocrítica social. /Texto Rosana Torres.

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No derrocha en palabras Joaquín Terán, que ya lo advierte a quien firma la entrevista antes de que ésta se inicie: “Hablar no es lo mío”. Pero merece la pena estar atentos a lo poco, o quizá lo mucho con pocas palabras, que tenga que contarnos este pintor de Jerez  en la noche –víspera de la onomástica del Apóstol Santiago- en la que se inaugura su nueva exposición en la sala central del Centro Cultural Alfonso X El Sabio, organizada por el Ayuntamiento.

--Así que contar te gusta poco, Joaquín.
--Nada, me gusta nada. Lo que yo deseo es pintar, que es una forma de contar la vida, pero de otra manera: con imágenes.

--Y trabajar, supongo, buscando un resultado óptimo.
--El resultado no me interesa tanto como el proceso; esa es la parte del arte con la que más disfruto.

--Quizá por eso tardaste tanto en decidirte a exponer.
--Es posible, porque hacia el noventa empecé a tomarme esto en serio, y esperé diez años para entregar al público mi primera exposición.

--Desde entonces tampoco te has prodigado mucho: pequeñas muestras en salas pequeñas. Quizá por eso hay críticos como Bernardo Palomo que dicen que eres “un buen pintor poco conocido”.
--Agradezco esas palabras del crítico, pero como digo, para mí pintar está por encima de lo que viene después. Nada tendría sentido en mi vida sin la rutina de disfrutar tratando de dejar en el lienzo aquello que veo y me llama la atención.

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--Esta exposición se llama Las afueras, como la anterior, en febrero del año pasado, se llamó La otra ribera. Suena a actitud vital, a guiño continuo a la disidencia.
--Es algo menos complicado que eso. He llamado a esta exposición Las afueras, porque vivo a las afueras de Jerez, cerca de la pedanía del Portal, y lo que he ido componiendo en estas obras es lo que veo desde el espacio en el que vivo.

--Nunca antes habías expuesto en El Puerto, ¿qué te parece el resultado de esta muestra ahora que ya está inaugurada?
--Exponer en El Puerto es algo único. No sólo porque es la primera vez que expongo aquí, sino porque es la primera vez que lo hago en verano.

--Y en la que seguramente sea la mejor sala de la ciudad.
--Me parece perfecta, sí. Me encanta la iluminación y la amplitud, de hecho tengo la sensación de que es demasiado grande para la muestra que he traído, pero me gusta como ha quedado, en cualquier caso. La ubicación de este centro cultural es inmejorable, además, y agradezco, también, el trabajo de los responsables de la Concejalía de Cultura.

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--La pintura, y qué más, Joaquín.
--La pintura y la amistad de gente como José Mateos, Pepe Tamayo, Juan Carmona, Lola Gutiérrez… La amistad también, eso por supuesto.

Imágenes de trazo difuso, pero contundente; recodos de paisajes que quizá hayamos soñado o con los que soñaremos después de haber sido tocados por la sugestión que envuelve estos cuadros.  Figuración bien nítida, pero en el que no falta el misterio; vagas melancolías de pulso dubitativo, aunque de madura solvencia técnica. Todo eso y mucho más es la pintura de este Joaquín Terán que convertirá hasta el próximo 9 de agosto un espacio de la calle más céntrica de El Puerto en un apartado lugar de Las afueras. /Texto: Ángel Mendoza

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Rastreamos la única destilería española que usa el método London Dry Gin, el más puro. Situada en El Puerto de Santa María desde 1880, Rives se enorgullece de su capital 100% nacional y de conocer la medida del gin tonic perfecto. Se la contamos. Y catamos también su versión mini, el medio, aperitivo de moda por estos lares.

Se sabe si una ginebra es buena o mala «al día siguiente» de beberla. O lo que es lo mismo, si lo suyo es «cero resaca». Y así es cómo actúan las que salen de la destilería Rives, la culpable de la ginebra más mediterránea de todas. Es la sentencia que suelta convencido Augusto Romero Haupold, nieto del fundador de esta empresa familiar de capital 100% español. O 100% andaluz, como le gusta reseñar.

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Augusto Romero Haupold, nieto del fundador de la empresa.

Por algo se ubica, desde 1880, El Puerto. De ahí su carácter mediterráneo y su historia, que arrancó con la llegada a Málaga de don Augusto, cónsul de Alemania en aquel entonces y abuelo de Romero Haupold. Pronto fundó una de las bodegas de vino y brandy más revolucionarias de la época. Ahora, en cambio, la firma elabora 40 productos diferentes, desde los conocidos licores Rives (con el original y azuloso Blue Tropic a la cabeza) al vodka King Peter, la bebida energética Locura, el ron Conde de Cuba o el primer mojito sin alcohol del mercado.

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La enóloga Concha de Antonio, junto  a un pequeño alambique de cobre que se conserva en la Sala de Catas que tiene la destilería. /Foto: Cosasdecome.

PREMIUM, TRES VECES DESTILADA.
La joya de la Corona es, sin embargo, la ginebra, con cuatro tipos en sus filas: la Gin Rives Premium Tridestilada, entre las seis mejores del mundo; la Gin Rives 1880 (galardonada con la Medalla de Oro en la última edición de la San Francisco World Spirits Competition); la premium negra y la clásica Gin Rives, la de toda la vida. El cuarteto se elabora de forma artesanal bajo el método London Dry Gin, siendo la única compañía en España que puede decirlo. No en vano, es el que más calidad y pureza da.

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Los legendarios --y fotogénicos-- alambiques de cobre.

Para ello, Rives tiene la torre de rectificación más alta de Europa, de 30 metros. Traducción: a más altura, más transparencia, de forma que se obtiene un alcohol más puro. Y, por tanto, una ginebra mucho mejor. Por si fuera poco, cada botella se enjuaga con la propia bebida. Rives también hace gala de los dos legendarios (y fotogénicos) alambiques de cobre que dan la bienvenida en la destilería, fabricados por John Dore, lo más de lo más en el mundo de los maestros destiladores.

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Un combinado de ginebra Rives Especial.

UN MEDIO GIN TONIC, POR FAVOR.
Eso sí, antes de iniciar el proceso de destilación, los ingredientes se maceran durante 24 horas. Y éstos incluyen 11 botánicos naturales distintos, desde el cilantro de Marruecos al regaliz de China, la piel de naranja amarga de Sevilla, las almendras del Mediterráneo, los limones de Valencia, la semilla belga de Angélica o la cassia (parecida a la canela) de Filipinas, similar a la canela. Sólo la parte central de la destilación, la única que reúne las premisas de calidad necesarias, es seleccionada. Luego se mezcla con el alcohol tres veces destilado y con el agua depurada.

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La sala de cata en plena degustación académica.

Siguiente paso: almacenamiento en tanques de acero inoxidable. Y embotellamiento. Para hacerse una idea, Rives produce 18.000 botellas a la hora, lo que le permite llegar a mercados como Estados Unidos, Francia, Holanda, Alemania, China, México... Ya sólo quedaría la cata, obligatoria (y muy ilustrativa) en la sala de degustaciones de la destilería, de impecable aire andaluz. Apunte el secreto de Rives: la medida para lograr el gin tonic perfecto es cinco centilitros de ginebra por un botellín de tónica. O lo que es lo mismo, un parte de ginebra por dos de tónica. Y ya puestos, tome note también del aperitivo de moda por estos lares: el medio gin tonic. Su nombre dice lo que es. Y lo suyo es servirlo en el típico vaso de una caña de cerveza. Tal cual.  [También está el ‘chiribiqui’, en un vaso de una 'chiquita', la antigua medida equivalente a media copa de vino fino] /Texto: Isabel García.

www.rives.es Las visitas para grupos se deben concertar previamente.

Los retratos de Alberto Schommer (Vitoria, 1928) llevan detrás un proceso de reflexión que tiene más que ver con la pintura que con Instagram. No hay disparos casuales, ni siquiera instantes decisivos.

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Alberto Schommer.

Ayer, flanqueado entre 18 fotografías suyas y 13 cuadros de otros, que se desafían de pared a pared en el Museo del Prado, Schommer se reveló suavemente contra el signo de los tiempos: “Una fotografía no puede hacerse banalmente”. Se sabe, como poco, desde los retratos psicológicos que realizó en Abc y El País.

En su serie sobre la Transición desplegó una sabiduría multidisciplinar y una osadía propia de los tiempos de la movida: retrató al cardenal Tarancón levitando agarrado a un crucifijo, a Suárez con un interrogante sobreimpreso en la frente y al poeta José Hierro como un imán de libélulas y mariposas. Ayer, en el marco de PhotoEspaña, inauguró Máscaras, una exposición, pequeña y singular, en el Prado, midiendo sus retratos con los de Goya o Ribera, en un diálogo que demuestra que la complejidad de sus imágenes le emparenta con la introspección de la pintura.

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El poeta Rafael Alberti visto por Schommer.

El fotógrafo es también un maestro de la luz, la llave maestra que le permitió despojar a sus modelos de la mirada: “El primer retrato que hice así fue el de Alberti, aunque no era mi intención. He hecho infinidad de retratos, pero las máscaras son una forma única de que tengan una gran fuerza interior”. Las máscaras obligan a detenerse en rasgos que suelen ser relegados por la intensidad de los ojos. La colección fotográfica, con sus seres desprovistos de mirada (oculta por juegos de iluminación), tiene algo de antología griega. Y aunque no haya ojos que escudriñar abunda la información. Cela, con sus cuencas oscuras, parece tan malhumorado como lo que fue. El músico Luis de Pablo se convierte en un trovador medieval ciego. De Chillida sobresale la mandíbula, sólida y contundente como sus esculturas.

1405969464_784555_1405969850_sumario_normalAranguren, la boca algo entreabierta, es un hombre perplejo. Frente a ellos, tan contemporáneos aunque todos, excepto tres, hayan fallecido, se asoman otros hombres que destacaron en las artes y la cultura mucho antes de que se inventara la fotografía: Luis de Góngora, Diego Hurtado de Mendoza, Alonso Cano y acaso el propio Velázquez en un Retrato de un hombre. /A la izquierda José Luis L. Aranguren, visto por Schommer.

Era un sueño de Schommer. Exponer en el Prado. Lo verbalizó el mismo día que le concedieron el Premio Nacional de Fotografía 2013, que conlleva la organización de una muestra del galardonado por parte de Cultura. Un deseo de Schommer que tuvo hada madrina: Miguel Zugaza, el director del Prado, que pensó en juntar a unos (óleos) y otros (imágenes) para hacerlos debatir más que para retarse. Y si alguien mira al artista Mariano Fortuny, en su autorretrato de 1947, y al escultor Pablo Serrano, fotografiado en 1985, solo podría pensar en un hermanamiento artístico y casi biológico. “La serie de Schommer nos permite reconocer una manera de hacer retratos, que se desarrolló en la pintura y que tiene un precedente en los bustos romanos”, señaló Zugaza, que ve la muestra casi “como un ramal” de las obras del Greco que se exponen a pocos metros.

Los 13 cuadros muestran a artistas y creadores, al igual que las 18 imágenes de Schommer. Solo hay una mujer: la galerista Juana Mordó, retratada en 1985. Unos y otros son sobrios, preparados para realzar la información que transmiten los rostros. Zugaza descartó a pintores extranjeros para la composición. Hay un sesgo austero que se puede rastrear en el retrato español, ya sea de Velázquez, Goya o Luis de Morales. Un fondo negro que puede llegar a invisibilizar las ropas, algo que también ocurre en la imagen de Antonio Saura. Juntos en la sala hacen más evidente las carencias, en opinión de Zugaza: “Este cara a cara nos permite reconstruir algo que en la cultura latina no se produce con la misma confianza que en la anglosajona. En esos países se ha creado una National Portrait Gallery, mientras que en España falta esa gran institución”. /Texto: Teresa Constenla.

 

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Hasta Google se unió al homenaje a Octavio Paz cambiando su logotipo durante un día para celebrar el centenario del nacimiento del gran poeta mexicano. La efeméride ha pasado inadvertida para nuestros prebostes locales que han perdido la oportunidad de aprovechar una circunstancia con la que ya quisieran soñar muchas ciudades para su proyección cultural: el vientre que dio a luz a uno de los escritores más grandes del siglo XX era de una portuense. Una calle, cerca de la Avenida de la Libertad, es todo lo que tiende dedicado El Puerto al que fuera Premio Cervantes y Premio Nóbel de Literatura. En fin, allá ellos y su ceguera crónica. Al menos desde aquí nos unimos al torrente de ciclos, conferencias, reediciones y cientos y cientos de páginas que han llovido, y lo seguirán haciendo hasta finales de año, para celebrar esta importante fecha.

Nació Octavio Paz en la Ciudad de México el 31 de marzo de 1914. Su madre era española, portuense, como ya se ha dicho; su familia paterna, en cambio, liberal e indigenista. Su abuelo escribió novelas históricas, su padre participó activamente en la revolución mexicana. De niño vivió una temporada en Estados Unidos, donde volvería muchas veces a lo largo de su vida, y tuvo una educación sofisticada. Estudió Derecho y Filosofía y Letras, y empezó trabajando en las misiones educativas del general (y presidente) Lázaro Cárdenas. Entre 1943 y 1945 vivió en Nueva York y San Francisco, luego se instaló en París como diplomático, en 1952 viajó por India y Japón. Vuelta a México en 1953. Entre 1962 y 1968 fue embajador de México en la India. Dio clases en universidades estadounidenses, fundó revistas de la relevancia de Plural y Vuelta, se casó dos veces, con Elena Garro en 1937, con la que tuvo su única hija, y en 1969 con la escultora francesa Marie-Jó Trianin. Escribió y escribió, ensayos y poesía. Obtuvo el premio Cervantes en 1981 y el Nobel de Literatura en 1990. De Ladera Este, uno de sus grandes poemas, son estos versos: “Yo escribo a la luz de una lámpara / Los absolutos las eternidades / Y sus aledaños / No son mi tema / Tengo hambre de vida y también de morir / Sé lo que creo y lo escribo”.

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A la derecha, el Bar Navío I, vemos el arranque del anuncio del Amontillado de Celis. Todavía no se había derribado, ni el edificio que luego albergaría al Banco Hispano Americano (hoy Banco Santander Central Hispano) que formaba un tacón en la calle, ni la torrecilla mirador de la calle Luna que vemos al fondo a la derecha.

Don Luis Suárez Ávila –ese Larousse de las cosas de El Puerto- escribió, y bien, como siempre lo hace, sobre la señora madre de Octavio Paz en Gente del Puerto hace unos años:  “Josefina Lozano, hija de un comerciante de Cádiz y de una señora de Medina Sidonia, nació y vivió en El Puerto. Viuda la madre, ella y su hija Josefina regentaron una tienda de vinos en la esquina de la calle Luna y Misericordia, donde estuvo el Bar Navío y hoy hay una tienda de chucherías [en la actualidad un establecimiento de helados]. Luego emigraron a Méjico, donde Josefina se casó con un hijo del general zapatista Don Irineo Paz, escritor y periodista liberal. Y es Josefina Lozano nada menos que la madre del Premio Nóbel de Literatura de 1990, Octavio Paz Lozano, nacido en Méjico, en la colonia Juárez, en 1914, poeta, novelista, ensayista, a quien tuve el honor de conocer y tenía a  gala su ascendencia portuense. Por cierto, que cuando le otorgaron el Nóbel, lo llamé por teléfono al Colegio de México, donde vivía, sin contar los cambios de hora. Así que lo desperté a media noche. No obstante, muy educado, me agradeció la llamada, aunque, de verdad, me debía haber mandado al cuerno, por haberle importunado en su sueño”.

Ahí va un enlace para oír al gran Octavio Paz leyendo algunos de sus inquietantes y hermosos poemas. /Texto: A. Mendoza.

 

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A finales del pasado mes de junio se estrenó en la Galería Pub Blanco y Negro se estrenó el corto de Jesús Graván ‘Inocencia’ donde además se celebró una charla-coloquio entorno a la producción, realización y temática del cortometraje.

Además de la presencia del director y guionista del cortometraje, contó con la presencia del actor y productor portuense, Joaquín Perles, que ha colaborado y participado en el mismo, además de periodistas, cinéfilos, amigos y familiares, que le arroparon en el estreno.

inocencia_cartel_puertosantamariaEl compositor y cantante porteño Fernando Vela, ha participado en el corto, componiendo la banda sonora.

El ‘making of’ se había proyectado, con anterioridad, dentro del marco del I Festival de Cortometrajes de El Puerto ‘Shorty Week’.

El público, que disfrutó y sufrió con el cortometraje, se emocionó, sintió tristeza y a alegría a la vez, emociones contradictorias y paradógicas provocadas por la temática de la cinta: la violencia de género.

Al finalizar el acto, se pudieron obtener objetos de merchandising del cortometraje: Chapas, postales, carteles y camisetas y el dvd de ‘Inocencia’ con material audiovisual extra.

El sistema de financiación compartida, los ‘crowdfunder’ ha sido fundamental para la producción, postproducción y difusión del corto, ante la falta de apoyo financiero, optando por tres vías de financiación, mas activas y participativas con los receptores de la cinta.

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Los participantes de la mesa redonda durante el estreno.

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El público abarrotó el pub galería Blanco y Negro.

No quisieron olvidar la colaboración recibida de diversas entidades como AFANAS El Puerto y Bahía, Cinelumen, Sur 5D, los alumnos del Ciclo Formativo de Grado Medio de Hostelería del IES Juan Lara y otros que han hecho posible que el proyecto de Jesús Graván viera la luz. /Fotos: 11500elpuerto.

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Aunque el local existía antes con otro nombre, el cocinero vasco Juan Antonio García Hernández, natural de Guetaria (Guipuzcoa) abrió el establecimiento en el número 21 de la Avda. de la Paz, en el año 2010. Antes ya había tenido también en la urbanización de Valdelagrana, donde llegó hace 8 años, “La Caleta”. Este Bar Restaurante es un elegante establecimiento con barra y después un pequeño salón comedor completamente acristalado. Está situado a escasos metros de la playa de Valdelagrana. En todo el establecimiento tienen la misma carta en la que hay algunas tapas, también pinchos al estilo vasco, medias raciones y raciones. De todos modos se puede comer perfectamente por 15 euros, una relación calidad precio excelente teniendo en cuenta el nivel gastronómico del establecimiento.

García Hernández, que atiende personalmente a los comensales,  tiene algunas especialidades de cocina vasca como la merluza del Cantábrico a la bilbaína, la porrusalda (una especia de sopa que tiene el puerro como ingrediente principal), las alubias de Tolosa guisadas o el ajo arriero. También hay especialidades madrileñas, los callos, ya que el cocinero estuvo también allí muchos años. Lo demás variado y original. Tienen también tostas y cordero lechal. Los postres son también caseros. La carta varía por temporadas y tienen también sugerencias con productos frescos.

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ENSALADILLA DE COLIFLORES.
Ya teníamos informes coincidentes de varios tapatólogos sobre la calidad de este establecimiento situado en Valdelagrana. Uno de ellos hacía mención a esta original tapa que te conquista desde el primer contacto porque tiene ya un olorcillo que alimenta y porque las coliflores adornadas con los pedacitos de pepinillos y alcaparras ya le dan su toque. La composición es bien sencilla. Unas coliflores cocidas con un magnífico punto y luego un aliño compuesto por mayonesa, en porción bastante generosa y luego un picadito que lleva alcaparras, pepinillos, aceitunas, perejil y unos trocitos de otra tapa a probar en esta casa, el bonito en escabeche. El primer gran punto es la temperatura a la que se sirve la tapa, fresquita, pero sin caer en el “heladismo” de esas ensaladillas que parace que vienen del Polo Norte de los frías que están. Esta se sirve a la temperatura perfecta y luego la armonía en la que la coliflor se deja ver pero no manda en el plato. Los piquitos se pueden mojar incluso en la mayonesa y los tropezones, a modo de “divertimento” tapatológico.

Recomendamos, además, las papas alioli, la tortilla de cebolletas, el pinchito de cordero, el bonito (o albacora si es temporada) en escabeche  y la tarta de manzana. Abre todos los días en horario de almuerzos y cenas. Cierra los domingos por la noche y los lunes completos. En el mes de noviembre cierra por vacaciones. /Texto y fotos: Pepe Monforte.

Entrebares, un establecimiento de tapas que ya sacó también una colección de salmorejos, presenta un surtido de cinco minihamburguesas con panes de diferentes colores y sabores elaborados por la pastelería Momentos (ver nótula de Jesús María Fernández Ruiz, núm. 1.724 en GdP), también de El Puerto.

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Jesús Matilla con sus hamburguesas de colores.

Las hay verdes, negras, colorás, amarillas y…hasta color pan. Se han utilizado colorantes alimentarios y diversos condimentos para darle un color diferente a cada pan. Luego en el interior, cada hamburguesa es de un sabor diferente y lleva guarniciones distints. Es el último arranque creativo del cocinero Jesús Matilla (ver nótula núm. 1.721 en GdP), el propietario de Entrebares que ya sorprendió a la clientela cuando abrió su establecimiento en el centro comercial de Vistahermosa con una colección de salmorejos diferentes que ha ido ampliando y de los que tiene permanentemente 20 en carta de un total de 50 sabores que tiene su recetario y que va variando todas las semanas.

Lo de las hamburguesas se le ocurrió viendo el interés que hay ahora en el público por estos productos. Así que diseñó cinco tipos de hamburguesas diferentes, fijó para cada una de ellas su guarnición y luego se fue a ver a su amigo el maestro pastelero Jesús María Fernández de la pastelería Momentos para que le diera el toque final que han logrado con una serie de panes de colores.

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Las minihamburguesas de colores de Entrebares

La que está teniendo más éxito es una hamburguesa de carrillada ibérica que va condimentada con pimentón de la Vera para darle un llamativo color rojo. Por encima una capa de cebolla caramelizada y para cubrilo todo un pequeño pan aromatizado con tomate. Todos los panecillos llevan por encima un poco de sésamo. La más clásica de las hamburguesas, la de carne de buey, también tiene muchos adeptos, según relata Matilla. Esta lleva un pan normal, sin ningún sabor especial y dentro un poco de cebolla y pimiento a la plancha.

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Jesús María Fernández Ruiz, de Pastelería Momentos.

Todos los panes son realizados por la pastelería Momentos. El más llamativo es uno de color verde. Lleva albahaca en su composición, una hierba muy aromática típica de la cocina italiana. Dentro acoge una hamburguesa hecha con atún, además cebolla pochada en salsa de soja y una mayonesa de wasabi, un condimento japonés con un toque picante. No le va a la zaga en exotismo la de cordero que lleva como condimento un curry de inspiración india, unas finas láminas de puerro frito y un pan también aderezado con curry. La colección la completa una hamburguesa de chocos con cebolla confitada y alioli que va con pan hecho con tinta de calamar.

No son hamburguesas para bañarlas de kepchup y mostaza ya que llevan sus propios condimentos. Matilla señala que “hemos escogido el formato mini con la idea de que se puedan probar más de una o incluso compartir las cinco”. Todas se venden a un precio de tres euros.

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Chicharrones de Atún que hizo famosos en El Puerto el desaparecido Bar El Rempujo.

La carta de Entrebares, un bar que se inauguró en el año 2013 tiene también otras sorpresas como un gallo frito cuya harina de fritura se mezcla con un polvo de algas de Suralgae, la empresa gaditana que se dedica a la recolección de este producto, o unos chicharrones de atún, una tapa que en El Puerto de Santa María hizo famosa el bar El Rempujo (ver nótula núm. 1.610 en GdP). De todos modos la estrella de la casa son los salmorejos que se sirven en copa de cocteles y con sabores muy llamativos. Así, además del típico cordobés, sin vinagre, aclara Jesús, que es natural de allí, une sabores éxoticos como el de tinta de chocos o algunos que se complementan con frutas. /Texto y Fotos: Pepe Monforte.

 

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Aurelio Díaz García, aunque natural de Cádiz, lleva afincado en El Puerto desde 1970, donde se casó con Dolores Dandi y con quien tiene tres hijos, ya criados. Profesional de la hostelería, trabajó durante 20 años con Alexis Ruiz –hoy presidente de Discotecas y Salas de Fiestas de Horeca Andalucía--, en sus negocios de April Discoteca en Rota, el Bora-Bora en Jerez, y en El Puerto, en las Discotecas Safos del Hotel Puertobahía y Eclipse, en el Centro Comercial de Vistahermosa. Antes de montar el Bar ‘La Señora’ regentó el Bar Tiburón, en la Barriada de las Nieves.

El Bar ‘La Señora’ en la calle Vicario, --en una accesoria de la casa de los Monge Reinado-- fue durante muchos años un negocio regentado por Juanito Ceballos, que hoy conserva en sus paredes una estética cofrade, pues son fotografías y composiciones de todas las vírgenes de las cofradías y hermandades portuenses las protagonistas que dan razón de ser al nombre del establecimiento hostelero, muy concurrido, por cierto.

ALEVANTE.

Aurelio es un virtuoso de la cocina. Con muy pocos ingredientes y con poquísimos medios, organiza, a puerta cerrada, todos los miércoles unas cenas pantagruélicas, con entradas, dos platos y postres. Se han hecho proverbiales sus degustaciones gratuitas de guisotes,  de tortillitas de camarones, de cartuchitos de camarones…Su gazpacho, todo el año, tiene fama en el barrio alto y, en Navidad, lo anuncia como “gazpacho migado con polvorones” todo un plato de vanguardia.. La mojama, el queso variadísimo, la chacina de Manolo Ortega, de la Sierra de Cádiz, de Badajoz o de Burgos campan por sus respetos en el local. Este miércoles, sin ir más lejos, puso mano a la obra de un bacalao a la vizcaína que resultó para chuparse los dedos.

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Su cocina es clásica, de andar por casa, asequible para los que tienen levante y telarañas en los bolsillos, por eso a su  sección de cocina la ha llamado “ALEVANTE”, como un antónimo de “APONIENTE”, que siempre ha habido ricos y pobres. Su política es poner los platos llenos. Es decir, que no pone una cosita en el centro y santas pascuas. Por eso la prestigiosa firma de Ricardo el de las Gomas, “Vulcanizados Ricardo”, le ha galardonado con cinco estrellas. La noticia de este reconocimiento le ha valido gran afluencia de  clientes y curiosos que, dado el aforo de ocho personas humanas que tiene el local, Aurelio se ha visto obligado a frenar. A su fama han acudido verdaderas avalanchas de público de diversas regiones españolas. Precisamente del País Vasco, con la fama que tiene de cocina, Aurelio mantiene a familias fijas todo el año y por temporadas. De Alemania, de Hungría, de Holanda, de Francia, del Reino Unido, de China y hasta de Andorra tiene clientes asíduos, no sólo en el interior, sino en la calle., porque es que no se cabe. Desde esta página, felicitamos a tan ingenioso industrial y a la firma otorgante de las cinco estrellas.

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La Asociación de las Artes Escénicas de Andalucía entregó ayer en la Feria de Teatro de Palma del Río, en Córdoba, los segundos Premios del Teatro Andaluz, un certamen organizado en colaboración con la SGAE y en el que participan críticos y profesionales del sector de toda Andalucía. Como ocurriera el año pasado, el palmarés constituye una oportunidad necesaria para poner nombres y apellidos a quienes hacen teatro en Andalucía, en unos tiempos en que la realidad escénica nacional aparece cada vez más ajustada (con todas las trampas que ello conlleva) a las virtudes de Madrid y Barcelona; pero también de saldar cuentas respecto a lo que ha dado de sí la última temporada, reflexionar sobre lo conseguido y lo que queda por conseguir y conocer por dónde van los tiros en lo que a creación y producción se refiere.

lagloriademimare La Choni Compañía Flamenca recabó dos reconocimientos gracias a La gloria de mi mare, uno para el porteño nacido en el número 31 de la calle Santa Clara, Juan José Macías Rodríguez, al mejor intérprete masculino y otro a Nacho Sánchez a la mejor iluminación. Es muy conocido por el papel que representó de Desastre en el programa de Canal Sur, La Banda del Sur. Ha colaborado en programas de televisión como Hola Raffaela, Generación XXI o Buenaventurados. Actualmente junto a la sevillana Paz Alarcón realiza espectáculos musicales y humorísticos. Juanjo Macías recibió el premio al Mejor Intérprete Masculino de Teatro 2011 en los Premios entregados por la Asociación Escenarios de Sevilla por su papel en 'Las Gracias Mohosas' de Teatro Velador.

'Choni' que hace de una joven artista,  trabaja mano a mano junto al polifacético actor Juanjo Macías que, en el papel de Gloria, la madre de la virtuosa, asume el peso dramático de la historia y en clave de humor, va conduciendo al espectador a través de la historia de su propia hija. La propuesta que Choni Cía Flamenca presenta, es un homenaje  a la figura de la madre de la artista, a todas las madres y a todas las artistas.

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Juanjo Macías (la madre) y Asunción Pérez Choni (la hija), en un momento del espectáculo. / Foto: A.Sanz

Así, esta relación entre madre y artista es el hilo conductor de un espectáculo que traslada al espectador a los años 30, época en la que el flamenco comenzaba a salir del entorno privado de las familias pudientes del momento para llegar a los cafés cantantes, abriéndose así a toda la sociedad y contribuyendo a la universalización del cante flamenco.

 

 

 

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