«Fue un pintoresco personaje que apareció, ya treintón, por los años veinte de este siglo pasado, en nuestra Ciudad. Llegó acompañado de su señora madre, de la que era hijo unigénito, nacido en Puerto Real y se decía que habido con un canónigo de la Catedral de Cádiz. Y es que, de toda la vida de Dios, a Puerto Real se le llamó "reffugium peccatorum". Las primeras noticias que tengo de él están en el libro "Recuerdos gaditanos" (Cádiz, 1897) del Canónigo Don José María León Domínguez: con motivo de las fiestas de la Beatificación de Fray Diego José, en abril de 1895, se organizó en el Seminario una Velada poética en la que recitó una poesía "con sin igual gracejo, cautivando a los oyentes, el niño Juan José Bottaro y Pálmer". Ilustración: Óleo de Frei Miguel Güedes de Sousa, Hermano Cartujo, portugués, que estuvo en las cartujas de Miraflores, Jerez y Évora, donde murió. Pintó de diversas maneras y técnicas a Bottaro, siendo ésta una imagen de la colección de tres. (Cedidas para Gente del Puerto por Juan Mayo Escudero).
Su vida posterior transcurre entre Córdoba y Roma, ciudades donde estudia humanidades, ciencias exactas, dibujo, pintura, escultura y toda una serie de artes y oficios artísticos que lo hacen un imprescindible consultor y maestro. Su educación era exquisita, pero, a veces, era maniático e incluso mordaz.
Ya en El Puerto, en 1922, comienza a dar clases de dibujo y pintura en el Colegio de San Luis Gonzaga, el colegio grande de los Jesuitas. Imparte clases de pintura y escultura en la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia y aun da clases particulares de estas disciplinas. Sus alumnos predilectos llegan a formar el llamado "grupo de El Puerto": Juan Ávila Gutiérrez, el mejor, y, luego, Luis Suárez Rodríguez, Luis Rousselet, Manolo Rioja, Isabelita Perdigones... Mención aparte merecen sus discípulos Manolo Prieto, cartelista y medallista, Carlos García Gil, caricaturista, y el más pequeño de todos, en edad, Juan Lara Izquierdo, pintor, que se dedicaron profesionalmente --y con notable éxito-- al arte. En la fotografía el canónigo citado, dos veces,en este texto, José María León y Domínguez. (Foto Colección L.S.A.)
En el año 1928, Don Juan desapareció, de pronto, para irse, novicio cartujo, al Monasterio de Aula Dei, en Zaragoza, donde, por cierto, perseveró poco. De nuevo en El Puerto, la familia Terry lo acoge como preceptor y profesor de equitación, y, en las Bodegas de su propiedad, realiza obras de escultura, arquitectura, forja, pintura, mobiliario, tapices, etc. Fue, además, un magnífico fotógrafo y cámara de cine aficionado.
En los años 60 se marcha, como laico acogido, a la Cartuja de Jerez, donde intervino, certera y cuidadosamente, en la restauración del monumento. En la Cartuja lo traté, en 1961, cuando yo estudiaba Preuniversitario en Jerez, y allí me enseñó a modelar en barro y en cera, a sacar de punto, a hacer escultura en madera y a repujar en metales. Allí murió, en 1968, y allí está enterrado. A sus exequias, con el rito cartujo, asistieron Javier Terry, José Ignacio Merello, Juan Lara y mi padre. En la fotografía, Bottaro a caballo, maestro de equitación, entre otras disciplinas de las que fue
preceptor de los hermanos Terry Merello. (Hemos de lamentar que no exista una buena y nítida fotografía de Bottaro; al menos nosotros no la hemos conseguido. ¿Hará posible Gente del Puerto que podamos encontrarla? En la pequeña fotografía a caballo que pertenece a la Colección José Antonio Castro Cortegana, no se aprecia con nitidez las facciones de nuestro protagonista).
Don Juan sabía, sorprendentemente, de todo. Era enciclopédico, un hombre transportado de otra época, posiblemente del Renacimiento. Fue una caja de sorpresas. Así lo caricaturizó mi tío Juan Ávila, saliendo su cabeza, despedida por un muelle, de una caja abierta. Y yo conservo su recuerdo, sus enseñanzas y su caricatura». Luis Suárez Ávila.
«Don Juan tenía amplísimos conocimientos de la “cocina del artista” y se autoabastecía de pigmentos naturales pulverizaba y batía, bien con aceite de linaza para el óleo, bien con goma arábiga para hacer colores de acuarela o témperas. Se fabricaba, en una fragua que tenía en la Cartuja, los cinceles para tallar la piedra y algunas gubias complicadas que afilaba en una piedra de agua y asentaba con la piedra de aceite. Sabía “fórmulas magistrales” de toda clase de productos para restaurar, dorar, o pintar. Yo conservo muchas notas manuscritas de él con esas fórmulas que me daba. Lo mismo hacía hacía, con madera de boj, sus propios palillos para modelar el barro o la cera, que hacía el bastidor para un lienzo y lo montaba con su lino. Con muy pocos medios lo realizaba todo.
También le ayudé a reponer un brazo que faltaba al altorrelieve de Adan en el muro de entrecoros de la Cartuja. Le faltaba al dichoso Adán el brazo desde el hombro hasta la mano. Don Juan con piedra “crema Sevilla” pulverizada hacía una pasta con pegamento “Imedio” y poco a poco iba haciendo el volumen para después modelarlo e incluso cincelarlo, escofinarlo o lijarlo. Ahí está todavía Adán con su brazo imperceptiblemente arreglado.» (Ilustración: Bottaro visto por Frei Miguel Guëdes de Sousa). Puede leer el resto del comentario pulsando aquí.

Virgen del Carmen en el Río Guadalete, obra de Bottaro. (Foto Paco Serrano)

Caligrafía de Bottaro. Año 1963. Felicitación manuscrita a Ezequiel Cortines García, propietario del Bar la Lucha -donde a diario se tomaba nuestro personaje su copa de vino fino- con motivo de las fiestas navideñas. (Colección Vicente González Lechuga).
EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍAS ANTIGUAS.
El viernes 7 de marzo se inaugura en el Centro Cultural Alfonxo X 'el Sabio', organizada por el Centro Municipal de Patrimonio Histórico, una exposición sobre fotografías antiguas de Bottaro Pálmer, propiedad de José Antonio Castro Cortegana, a quien queremos agradecer las faciliades que nos prestó para acceder a diverso material que perteneció en vida a nuestro personaje y que fue abandonado por los Padres Cartujos al dejar la Casa de Jerez, hará ya unos años, siendo su actual propietario tras su reglamentaria adquisición, el citado Castro Cortegana. El San Bruno inacabado que mostramos en la fotografía fue utillizado por Botaro para dar clases de escultura, entre otros a Luis Suárez Ávila, en la propia Cartuja de la Defensión de Jerez.

Obra de construcción del Monumento al Sagrado Corazón, en el interior de Bodegas Terry.
Este monumento está ubicado en el patio de las Bodegas Fernando A. de Terry, y se comenzó a construir en 1952, esculpido por Juan José Bottaro Pálmer, ademas autor de la foto en Blanco y Negro. Los canteros, marmolistas, carpinteros y ayudantes, fueron: Manuel Mulero Baracho, Antonio Sánchez Cortés, José Santilario Álvarez, Francisco Martínez Selma, José Infante Tardío, Manuel Vidal, Manuel Ortega, Gonzalo Gambín García, José Ganaza, Rafael Moreno Carmona. En la actualidad sólo viven Manuel Mulero Baracho, propietario de la fotografía y actualmente lapidario y escultor, y Antonio Sánchez Cortés. En Terry, construyó, ademas el arco de entrada y la sala de consejo o de degustación, que consta de obras en piedra, marquetería y paneles de azulejos y óleos con escenas vinícolas. (En la fotografía a color, el monumento ya terminado. Ambas fotografías pertenecen a la colección de V.G.L.)

Bottaro tiene calle en El Puerto, a la espalda del Hospital Santa María del Puerto.
Otra faceta controvertida de la personalidad de nuestro protagonista es su ambiguedad sexual. Determinadas mujeres querían posar desnudas para el pintor para presumir de haber estado con él, empero además, la leyenda urbana afirma que no le hacía ascos a congéneres de su propio género. Tuvo una vida tumultuosa y atormentada entre el mundo de las artes, el demonio de la buena vida, la carne y la vida contemplativa.
"Destacó en seguida entre nosotros por su discrección, prudencia y austeridad de vida. No se metía en nada, salía muy poco, leía bastante y trabajaba mucho (pintaba, restauraba, esculpía..) a horas libres, pues naturalmente no se le exigía nada ni entró con ningún compromiso formal en este punto. También edificaba a todos por su recogimiento y devoción en el coro. Pero en nuestras recreaciones, a las que a veces le invitaba el P. Prior, (también a algún paseo prioral), se mostaba siempre muy comunicativo, ameno y chispeante; sabía y contaba muchísimas anécdotas e historietas, y se convertía así, sin pretenderlo (dada su natural modestia y humildad) en centro de atención, pues todos le apreciábamos mucho". (Ilustración: Bottaro visto por Frei Miguel Guëdes de Sousa).
El texto pertenece a un "Vademecum" de personas que ingresaban o pasaban por la Casa. Ahí están reflejados todos los que estuvieron en la Cartuja de la Defensión desde que se reabrió en 1949. Suele ser el Padre Procurador (Administrador), u otro monje que le guste historiar, el que escribe en ese libro datos como: nombre civil y nombre eclesiástico, fechas de ingreso, datos personales, datos importantes de los monjes, hermanos o postulantes... y cuando mueren, también: datos de la muerte, lugar exacto donde está enterrado (pues en la cruz del cementerio no pone dato alguno), pequeña semblanza del fallecido... Bottaro murió con 84 años el 15-09-1970 y está enterrado en el cementerio de la Cartuja, en la fosa del rincón derecho del fondo, según consta en el croquis de situación. (En la fotografía, Cementerio de la Cartuja de Jerez. A la sombra de la cruz, cruces de madera anuncian que se encuentran enterramientos, entre ellos el de Bottaro).


«Más de 20.000 alumnos han pasado a lo largo de siglo y pico de existencia de la Academia por sus aulas. La exposición de los trabajos realizados, la entrega de diplomas y las visitas de personalidades a las clases han sido tónica permanente de todos los tiempos. Muchos alumnos encontraron en las enseñanzas de la Academia la orientación hacia su futuro profesional como arquitectos, pintores, músicos y oficios artesanos.» (Del catálogo de la exposición: Un siglo de Actividad e Historia).




EL ANTIGUO HOSPITAL DE LA
En el siglo XX el edificio salvo la Iglesia que pertenece al obispado de Jerez , es comprado por la sociedad anónima “La Fidelidad“. Pero en 1923 la Congregación de Esclavas del Sagrado Corazón se hace cargo del edificio, por donación de esta sociedad con la condición de establecer en el mismo un colegio para niñas pobres. Las obras de rehabilitación y adaptación del edificio fueron costeadas por el conde de Osborne. Una vez instaladas las Esclavas del sagrado Corazón de Jesús, el inmueble funcionó como colegio, adaptado a los distintos planes de estudios, impartiéndose en la actualidad enseñanzas de infantil, primaria y secundaria. (Fotografía: Fachada del Colegio por la calle Misericordia, lugar habitual de entrada de los alumnos al centro escolar).
Pero volvamos al pasado: en el siglo XVII por decisión del duque de Medinaceli cede el edificio a los juandedianos, quienes por su buena administración y servicios convirtieron el mísero hospital en el edificio actual , con su patio de columnas, su amplia escalera, enfermería ventilada y buena iglesia. En el siglo XVIII se continúan las obras , a este momento pertenece el segundo piso. En el siglo XIX se destina a escuela primaria, la primera de carácter gratuito en la ciudad, pertenece a la junta beneficiaria municipal. A finales de siglo se convierte en biblioteca popular. Se ignora como fue el primitivo edificio, las primeras referencias se encuentran son del S.XVII en la Iglesia y del XVIII en escaleras, enfermería y despachos. En el S.XIX nuevas obras lo acomodan para nuevos usos como el de Biblioteca. (Fotografía: Altar Mayor y retablo de la Iglesia de las Esclavas).
LA IGLESIA: ESTILO BARROCO.
delante del presbiterio. Los azulejos que cubren la parte inferior de los muros y pilares de la Iglesia presentan motivos vegetales, florales y temas infantiles. Datan de 1923 y proceden de Triana, Montalván. (Fotografías: Fachada de la Iglesia de las Esclavas y detalle del azulejo trianero).
EL PATIO PORTICADO.

y Francisco Muñoz Bela, hijo del Dr. Francisco Muñoz Seca, y tío de Joaquín Muñoz Manzanera. Sentados, de izquierda a derecha: Juan Pedro Velázquez-Gaztelu Caballero-Infante (padre de Cándido Velázquez-Gaztelu quien, durante el gobierno socialista, presidió durante bastantes años Telefónica, Tabacalera y presidió el Consejo Económico y Social de la Universidad de Cádiz), Manuel Gago Vélez, padre del que fuera alcalde Fernando Gago, Antonio Osborne Vázquez, Padre Arjona S.J., Padre Viu S.J., Javier de Terry y del Cuvillo, Joaquín Osborne Tosar y José Ignacio Merello Álvarez-Campana. Sentados en el suelo: Luis y Jesús Merello Álvarez-Campana. A la derecha, estampa de San Estanislao de Kostka.
José Luis Poullet Martínez nació en nuestra Ciudad el 25 de febrero de 1897. Estudió en el Colegio San Luis Gonzaga, continuando sus estudios en la Escuela de Náutica de Cádiz, donde finalizó los de Marina Mercante. Posteriormente se licenció en Ciencias Exactas, para luego dedicarse a la enseñanza, fundando su propio Centro de Estudios, la Academia Poullet, el único Centro Reconocido de Enseñanza Media en su época, y en el que aprobaban la Reválida todos los alumnos presentados por dicho Centro. Estuvo impartiendo clases desde 1922 hasta el mismo día de su fallecimiento, en noviembre de 1956, con 59 años. El centro continuó abierto por sus hijos hasta su cierre definitivo.
Estamos en el año de 1946, año en el que decide decidió su propia escuela en la finca sita en la calle San Sebastián, nº 23 con la ayuda de su hermana Lola y ahí empieza su labor como director y propietario de una escuela privada llamada San Ignacio. La escuela se encontraba en la primera planta de ese edificio. Su sobrina Mila González Vera nos dice: «Recuerdo que había tres clases una de ellas era muy grande, decorada con mapas antiguos de la península y una pizarra también muy grande. La clase tenia los techos altísimos con un balcón que daba a la calle San Sebastián, el suelo de ladrillos rojos con las paredes blancas y con un portón muy grande. Don Juan era una persona muy recta y severa pero a la vez tenía un corazón enorme. Andaba con sus muletas debajo del brazo. Pasaba por tu lado y se oía el crujir de la madera de las muletas. Iba siempre vestido con traje de chaqueta muy peinado hacia detrás con mucho fijador. Leía muchísimo, se acostaba muy temprano porque le gustaba leer acostado en su cama y también se levantaba muy temprano para comenzar su tarea de educador. (Foto: Fachada Colegio San Ignacio. San Sebastián, 23).
Ayudando a ricos y pobres, dedicó al magisterio toda su vida, quizás a mas pobres que a ricos -no hay que olvidar sus ideas de izquierdas-, a una enseñanza basada en los valores de la educación y también del respeto. Se preocupaba por todos y cada uno de los alumnos que paso por su colegio. Sabía de donde provenían, que hacían y por supuesto que habían aprendido cada día para que a lo largo de su vida fueran “hombres de provecho”, como el siempre decía. Fue en lo que siempre creyó y lo que siempre hizo. Y antepuso sus obligaciones docentes a cualquier distracción, incluso, de su propia vida privada.
Fue un hombre al que se le cogía afecto a pesar de su aspecto sobrio y formal. Recuerda su sobrina Milagros que «cuando alguno de sus alumnos no le atendía, o simplemente no hacia una multiplicación bien, le cogía por las orejas y lo mantenía un rato alejado del suelo, los demás alumnos no se atrevían ni a reírse por si acaso. Los dejaba castigado hasta que terminaran los deberes, aunque el tuviera que estar hasta las tantas haciendo guardia. Los padres de estos alumnos, que también habían sido alumnos de mi tío, en muchos casos, se lo agradecían. porque sabían realmente que pocas personas como Don Juan prestaba tanta dedicación a sus hijos y le prestaban una gran confianza». Hemos hablado con alumnos que han pasado por el colegio y hemos notado el cariño con el que hablan de esa época de su vida. Y es que, además, tanto al llegar como al salir del Colegio de San Ignacio, los chavales le saludaban con un beso, prueba de que la relación iba más allá del educador con el educando, sino que también había afecto y cariño.
Como ya hemos indicado nuestro maestro vivía para estos alumnos indistintamente de la clase social que fueran y cuando estos niños se han hecho mayores le han tenido y le siguen teniendo un gran respeto y mucho afecto. A él se le llenaba a boca de orgullo cuando veía algunos de sus alumnos y decía mira este es banquero, ese es abogado, este otro tiene una gestoría... Sus alumnos se examinaban en Jerez, en el Instituto Padre Luis Coloma, obteniendo un alto porcentaje de éxitos en los exámenes.
enseñó tanto que yo llegué a coger 240 palabras por minuto, lo que entonces era una burrada y, además, traducía de corrido lo que había taquigrafiado. No son mis propias alabanzas, sino las dirigidas a él, un gran, un enorme profesor»
Por el centro pasaron, entre otros maestros, Milagros González Díaz, Ramón Izquierdo Rodríguez, otro profesor que le decían Quini, Jose Luis Villalba, Jesús Bernal, y otros que iremos incluyendo aquí, conforme los lectores que nos siguen puedan informarnos de sus nombres. Algunos alumnos que pasaron por San Sebastián, 23, son Joaquín Veran, José González Merino, Andrés González Salas, los Hermanos Posada, Fernández Valimaña, Ambrosio Acá, Monge, Marfil, Giraldez, y tantos y tantos... El Colegio San Ignacio cerró en 1980, con D. Juan ya enfermo, y el mismo se preocupó de buscarle acomodos a sus alumnos en diferentes centros para que no perdieran el curso y pudieran continuar con sus estudios. Don Juan Díaz Rodríguez, falleció en el año 1981 de perotinitis, con 71 años.






Mar Vázquez Parra es de las porteñas que nacieron en la Clínica del Dr. Frontela, allá por el cruce del Oasis, el 7 de enero de 1983, empero, siempre ha vivido en la calle Micaela Aramburu. Cuando lean su historia, comprenderán que no puede tener un nombre más marinero, pues todo en su vida le ha venido desde el mar o vinculado a éste. Sus padres llegaron a El Puerto muy pequeños: José Manuel Vázquez Caamaño -Pepe el Gallego- aunque es natural de Mantoño (una aldea de Porto Sin, La Coruña), llegó a nuestra Ciudad al año y medio de nacer. Su madre, Dolores Parra, la trajeron sus padres a El Puerto con dos años y medio, pues es natural de la localidad pacense de Higuera la Real. En fin, que ambos son porteños desde pequeñitos. Mar es aficionada a escribir, a la Semana Santa, es pregonera, le gustan los Toros y tiene muchos y muy buenos amigos, entre los que destaca a Sergio Cíes del Pino, José Barba y, sobre todo, a Jesús Ramírez.
El abuelo paterno de Mar, navegaba en su Galicia natal en una “Dorna” y su abuela iba con el pescado a la lonja de Porto Sin a verderlo. Lo curioso es que lo hacía con el padre de Mar en brazos y la cesta de pescado en la cabeza. Dicha costumbre la mantuvo a su llegada a El Puerto y, a día de hoy, todavía le recuerdan a Mar aquella curiosidad. El padre de Mar, ha pasado muy buenos ratos en el desaparecido Bar La Lucha, lugar de pescadores que hoy solo conserva el estanco, donde era habitual verlo junto a Joselete. Ambos degustaban el “pescaíto frito” con el que les agasajaba Carmela. Pepe “el Gallego” ve pasar la vida desde su jubilosa jubilación en el Bar Número 2, también de la calle Micaela Aramburu. (Foto: C. Alonso. La Dorna: si hubiese que definir la característica principal de las dornas, la simplicidad sería la más apropiada. "La Dorna es la única embarcación de origen nórdico existente en el Sur de Europa, posiblemente un recuerdo de las incursiones de los "vikingos" a las aldeas costeras de Galicia. El pescador gallego de hace muchos siglos, hay datos para pensar que anterior al siglo XII, supo adaptar este "regalo" de la tecnología nórdica a sus intereses, creando una embarcación difícil de superar en su funcionalidad, facilidad constructiva y economía de materiales, y hasta nuestros tiempos nos ha llegado con lo que parecen ser variaciones mínimas").
Mar Vázquez guarda muy buenos recuerdos de su etapa escolar, comenzando por las Siervas (en la calle Fernán Caballero), continuando con las Esclavas. Allí conoce a los profesores Emilio Sánchez Prieto, Antonio González, Tini, Pepi o Juan Carlos García Moreno, entre otros, de los que guarda un recuerdo imborrable. Concluye su etapa estudiantil en nuestra Ciudad en el veterano Instituto de Santo Domingo: su profesor y entonces director Emilio Flor, marcó una huella importante en su aprendizaje. Su vida universitaria la ha enfocado, desde la Universidad de Cádiz, cursando la carrera de Filología Árabe, estando actualmente en el último curso.
La Hermandad el Nazareno es tradicionalmente la de los marineros. Mar Vázquez se encuentra muy vinculada a la misma, ligazón que le viene de lejos pues, tal y como afirma nuestra protagonista: «Al llegar a El Puerto, mis abuelas fueron a la Prioral a visitar al Santísimo. Querían agradecerle el viaje tan bueno que habían realizado, y, al mismo tiempo, pedirle que todo les fuese bien porque habían dejado muchísimas cosas en sus respectivas tierras de origen. Algo curioso, ya que las dos contaban lo mismo, pero ellas no se conocieron hasta el día de la boda de mis padres. A raíz de entonces, mi padre siempre fue muy devoto del Cristo del Amor y del Nazareno, mientras mi madre y mi tía no lo eran menos, de ahí que las 'Madrugás' sean tan especiales en mi casa» -continúa Mar- «Un día, tras haber hecho la Comunión, llegué a mi casa con la esperanza de ver a mi padre. Hacía un temporal bestial, así que, cuando estaba allí, fui a su despacho a verle. Él me dijo que fuese a mi habitación y dejara los libros. Al pasar, contemplé mi escudo de Hermandad, mi papeleta de sitio, un donativo para las flores de la Virgen con mi nombre, un itinerario y mi cordón.» prosigue Mar: «En la actualidad, soy consiliaria de RRPP para la prensa. Además, participo activamente en el Grupo Joven e Infantil".
Pero no todo es Semana Santa en la vida de nuestra amiga. El mundo del toreo le circula con intensidad por la corriente sanguínea. Gran aficionada a la tauromaquia, esta porteña recuerda que fue su abuelo materno, antiguo carpintero que tenía su taller junto a la Venta Millán, el responsable final de dicha afición. Así que, todos los años se encuentra expectante ante la presentación de los carteles de la Plaza Real y por supuesto, se saca su abono, deseando ver a Morante de la Puebla pisar el albero de nuestra plaza y acaso tener la ocasión de escribir sobre él en alguna de sus intervenciones líricas y poéticas. ¿Es esto un mensaje a la empresa concesionaria del coso taurino porteño?

Esto escribía, un día después en Diario de Cádiz, Agustín Merello del Cuvillo, en su sección “El Ruido y las Nueces”, con el seudónimo de Damasceno: «Ayer vino al Puerto el obispo. Accediendo a la invitación del Centro Juvenil de la Prioral, monseñor Bellido estuvo en el Puerto, donde presidió la celebración comunitaria de la Eucaristía y, luego, en el local del centro anfitrión, se reunió con os jóvenes componentes del mismo» ... «Han querido compartir con el obispo sus inquietudes, sus deseos, sus necesidades. Ellos son conscientes que el obispo no es la panacea; también, que será a base de sus personales e intransferibles esfuerzos como consigan todo lo que intentan conseguir, para lo que les hará falta --mucho más que hasta aquí-- constancia, alegría, trabajo serio. Vale lo que cuesta. si ellos ya han sabido de las dificultades, tampoco van a creer que hasta lograr un centro juvenil con toda la barba, les queda mucho y muy afanoso; pero seguro estamos, como ayer con el obispo presente quedó dicho, que se entregarán a la obra con los entusiasmos propios y con la entrega que caracteriza a la juventud nuestra». (Foto: el Obispo rezando en el camarín de la Patrona. Foto Rafa. Colección J.M.M.)
Las verdaderas dependencias del Club, eran un local compartido de las antiguas Escuelas Pías de la Aurora, bajo una bóveda donde se guardaban también, tras unas cortinas, los pasos de la Hermandad del Nazareno. Se accedía por el Patio de la Iglesia Mayor, al que se llegaba, desde la calle, por la puerta del transformador de la Cía. Sevillana, junto a la capilla de la Aurora en la calle de San Sebastián; allí donde se
habían construido almacenes para guardar pasos y que ahora están despareciendo con la obra de restauración. El Club, independientemente de la inspiración religiosa recibida desde la parroquia, organizaba conciertos, fiestas, charlas educación sexual, torneos de tenis, actividades culturales: conferencias, exposiciones, proyecciones, etc. y acogió durante varios años a diferentes grupos procedentes de las calles próximas, loscolegios La Salle y Safa, así como de las
Carmelitas y las Esclavas. Una estratagema de la directiva juvenil consiguió que el Párroco admitiera a chicas, ya que Manuel Salido no era partidario de la mezcla de sexos, fruto de la moral imperante en la época: «El hombre es fuego, la mujer estopa, llega el diablo y sopla», decía. Así, mandaron un escrito a la Diócesis de Sevilla, de la que dependía aún El Puerto, al Secretariado de Juventud y les preguntaron que opinaban sobre la idoneidad de que el club juvenil fuera mixto, a lo que respondieron que no solo era idóneo sino conveniente. Manuel Salido no tuvo más remedio que claudicar, pero la verdad es que no se lo tomó a mal: si lo autorizaban desde arriba... El club tuvo tres presidentes: José Antonio Terrada, José María Morillo y Miguel Ferrer. (Las fotografías, de arriba abajo, muestran el acceso al Club por la puerta de la calle San Sebastián, junto a la capilla de la Aurora; la segunda foto corresponde al patio, que vive obras de restauración y resanado: en la puerta del fondo se accedía al Club Juvenil, la parte de arriba era el Salón Parroquial; la tercera foto muestra las obras que están dejando exento el templo de la Prioral, derrumbando cuartos y almacenes. Colección J.M.M.).








