A los 87 años, en 1996, falleció en Cádiz el veterano periodista Antonio Rosales Gómez, que durante cincuenta años fue muy popular ejerciendo la crónica taurina con la firma de “Don Puyazo”, en diferentes emisoras de radio de Cádiz. Rosales, muy apreciado en el mundo del toro, era el más veterano radiofonista taurino de España y fue un periodista vocacional. Era un habitual de la Plaza de Toros de El Puerto de Santa María. /En la imagen, Rosales, vestido de picador, representándose a sí mismo como Don Puyazo, un quijote del toreo que junto a su Sancho Panza “Perico” y a lomos de su Rocinante “Veneno”, ejercía una crítica imaginativa y escenificada en pequeños sainetes.
Con 17 años se introdujo en el mundo periodístico adquiriendo la cabecera de un tabloide gaditano, “El Faro”, que compró con todos sus ahorros, 500 pesetas de las de entonces, todo un capital. Desde entonces comenzó una fecunda carrera en el mundo de la información que ha durado casi setenta años, ya que hasta 1992 prestaba su colaboración en Radio Nacional de España. Rosales, muy aficionado a los toros, comenzó a ejercer de cronista taurino en el diario “Aguilas” del que era redactor-jefe. Una vez que el cronista de “La Información del Lunes”, José González, comenzó a leer sus primeras crónicas, le dijo “Si vas a seguir pegando tan fuerte debes llamarte Don Puyazo”. Así nació un afortunado apelativo que Rosales, a base de trabajo y profesionalidad, hizo tan popular que se compusieron dos pasodobles con este título, se le dio su nombre a un bar de Chiclana y a una marca de fino. Hasta tuvo una calle en Vejer con su nombre.

De pié, de izquierda a derecha, Francisco Camacho Carrasco Paco Problemas, encargado de obras del Ayuntamiento; Antonio Rosales Gómez ‘Don Puyazo’ crítico taurino; Luis Fuentes, Jefe de la Policía Local; Rafael Gómez Ojeda, alcalde de la Ciudad, José Luis Poullet Ramírez, concejal de Unión de Centro Democrático (UCD); Eduardo Pérez, concejal del Partido Socialista de Andalucía (PSA). Agachados, de izquierda a derecha, personal colaborador del coso taurino, Antonio Camacho Carrasco, Carlos Sánchez del Valle, durante muchos años conserje de la Plaza de Toros y José Barrero ‘Joselete’, el cuarto, desconocido para nosotros. Año 1983. /Foto: Iñiguez.
Don Puyazo pasó de la prensa escrita a la radio en 1942, estrenando su primer cuaderno taurino en Radio Cádiz, con el que alcanzaría el récord de estar 50 años en antena. De Radio Cádiz pasó a Radio Juventud hasta retirarse en 1992 con sus colaboraciones en Radio Cinco. Durante todos estos años ha trabajado con infinidad de profesionales de estos medios. Sus cuadernos taurinos, muy elaborados, eran auténticas obras de teatro, dónde alternaba la información taurina con sus famosas puyas en ameno y sabroso diálogo con el popular monosabio “Perico” un papel desempeñado durante cuarenta años por estupendos profesionales, luego en distintos campos de la información como Enrique Treviño y Luis Ortega. Don Puyazo iba montado sobre el ya legendario caballo “Veneno”, cuyo trote o el sonido de los cascos entrando en el patio de caballos rrealizaba el propio Rosales ante el micrófono con las cásacaras de dos medios cocos.

De izquierda a derecha, Manuel Lojo Espinosa, concejal de la corporación municipal, don Puyazo, Ullén ordenanza municipal, el periodista Manolo Sosas López, desconocido. 9 de marzo de 1975 en la Peña El Tropezón.
Rosales fue además empleado de SMAES durante cuarenta y cinco años y en un breve periodo representante en Cádiz del empresario taurino Diodoro Canorea. Su fácil pluma entendía la crónica taurina como una “crítica de arte en la que el periodista debe captar la belleza que en la Fiesta Nacional no falta”. Entendía que la crítica nunca puede ser imparcial “Aburriría, -decía- lo que hay que pedirle al crítico es dignidad literaria y, ante todo, honorabilidad”. Su agudo talento no se ha perdido ya que la Asociación de la Prensa de Cádiz conserva sus guiones en una iniciativa del que fue su presidente durante muchos años, Evaristo Cantero.

Rosales en una intervención ante dos colosos del flamenco gaditano: Aurelio Sellé Nondedeu y Pericón de Cádiz. Don Puyazo fue el creador de frases geniales como “¡Arre Veneno!”, “¡Vamos al toro!” y “Don Puyazo pica espuelas y con Veneno trotando, va dando la vuelta al ruedo, y al público saludando: ¡Buenas noches señores!”. Entre quienes oyen a Rosales aparece el legenadario banderillero gaditano Chele y destacados peñistas de la ciudad.
Entre su polifacética actividad, también la política ya que antes de la guerra civil fue del Partido Sindicalista de Ángel Pestaña. No era raro que anarquistas de aquella época acabaran en los primeros inicios de la Falange Española, y fue censor de prensa durante los primeros años del interregno franquista.
La Asociación de la Prensa de Cádiz le dedicó un libro antológico, también a iniciativa de Evaristo Cantero, que fue presentado ese mismo años de 1996 en el Hotel Puertatierra. tuvo lugar la ”Don Puyazo. Antología”», editado por la Asociación de la Prensa de Cádiz y escrito por el autor de esta nótula, cita además a otros periodistas gaditanos. La publicación es un homenaje al creador de los “Cuadernos Taurinos”. Un sencillo y emotivo acto sirvió como telón de fondo a la presentación del libro en el que se recogen las crónicas taurinas radiofónicas con las que Antonio Rosales acompañaba, con sus escasos medios, las noches de los martes de muchos gaditanos. Toreros como Canales Rivera, José Luis Galloso o Chamaqui estuvieron presentes en un acto que contó con la presencia de la familia, además del entonces concejal-delegado de Urbanismo del Ayuntamiento de Cádiz, Guillermo Boto. El periodista Manuel Pedreño dibujó una semblanza de “Don Puyazo», rescatando algunas de sus expresiones como “¡Vamos al toro!”, “No trabajo en la radio, pero sí para la radio” o “A mí sólo me jubila Dios”. Este recorrido por la trayectoria de Rosales, estuvo aderezado con la audición de un fragmento del célebre “Cuaderno Taurino” en el que “Don Puyazo” relataba el quehacer taurino acompañado de su inseparable caballo “Veneno” y de su fiel monosabio “Perico” (Enrique Treviño).

Un joven José Luis Galloso recibiendo un homenaje en presencia de Don Puyazo.
José Luis Galloso definió a Rosales como un crítico taurino extraordinario y un gran poeta. Destacó especialmente su sensibilidad para no perjudicar al profesional de los ruedos. Luis Rivas, crítico taurino, exaltó “la capacidad de Don Puyazo para hacer radio de una manera como ya no se hace. Con su espíritu literario demostraba que era un gran aficionado a los toros”. Rivas pidió institucionalizar un premio taurino con el nombre de “Don Puyazo”. El momento más simpático de la noche se produjo con la intervención de Enrique Treviño, ese inseparable “Perico” que mantuvo un monólogo con el que fuera su maestro durante tantísimos años. Abrumado por la emoción, “Perico” dijo “sentirse muy sólo” desde la desaparición de Don Puyazo. Su intervención, impregnada de continuas referencias a Antonio Rosales, se cerró con una frase largamente ovacionada: “en el cielo donde usted esté dicen que ahí un burro llamado Platero. Llévese a Veneno a ese sitio, pues, total, que es un caballo sino un burro que ha ido a la escuela”. Cerró el acto el presidente de la Asociación de la Prensa de Cádiz, Evaristo Cantero, que afirmó que Don Puyazo era una figura a escala nacional y que todo el esfuerzo de selección de guiones que se ha hecho es poco para lo que se merecía.
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Otra versión del suceso, prácticamente idéntica, tuve ocasión de conocerla por Luis Suárez Ávila, que conoció los hechos por boca de su abuela materna y de doña Candelaria Leal, quienes siendo muy niñas acudieron, como tantos portuenses, a contemplar al presunto aparecido. A comienzos de los años 60, Luis relató la historia en la revista Cruzados inaugurando una sección que tituló ‘Personajes que van de boca en boca’. Aquí recogió el dicho popular, nacido a raíz de los hechos contados, Te vas a quedar como Almendrita, frase que usted, si ya cumplió los 60 o los 70, habrá escuchado y dicho de toda la vida en referencia a alguien, generalmente un pesado o pejiguera, que se apalanca en algún sitio y no hay manera de que se mueva.
Fue un personaje importante, aunque discutido, aquel conde. No sólo en la historia de El Puerto, sino en la del conjunto de la España carolina. Irlandés de origen humilde, pero creso por matrimonio, don Alejandro O’Reilly sirvió con inusitada eficacia a la España ilustrada, aunque sus enemigos no le perdonaron cierto desastre militar en Argel y la devoción que por él sentía el rey alarife. Mariscal de campo en Puerto Rico, gobernador de Luisiana y capitán general de Andalucía, o de la Mar Óceana, fortificó Cádiz. Y re-urbanizó algunos lugares de El Puerto, levantando un puente de barcas que se hundió el día de su inauguración y tintó el Guadalete de tragedia. /En la imagen de la izquierda, Alejandro O'Reillly, en 1722.

El picudo rojo llegó hasta aquí por la ruta del té. Originario de Asia, caminó y voló hacia Egipto. Hizo allí estragos. Y la España del pelotazo lo trasladó a esta tierra de cante recio, vinos, toros y caballos, volantes y trajes de luces, dunas y pinos piñoneros, estacas y pesqueros abarbolados, como polizón troyano oculto en baratas palmeras destinadas a disimular con su estampado verde el impacto del ladrillo. Los científicos estiman que el ciclo reproductor de este coleóptero se completa hasta tres veces en un año. Y es tan dañino que cada larva neonata se zampa un metro de palmera. Comparado con lo que se están zampando otros en este país, el picudo rojo es sólo un insecto, aunque acorazado.
En los años 70 conocí al mejor periodista que ha dado El Puerto en los últimos tiempos. Fue en el escritorio de Antonio Cologan. Entre albaranes de Ilsa Frigo, y una vieja velosolex Orbea allí aparcada, Agustín Merello, viejo cruzado e inolvidable amigo, escribía ruidos y nueces magistrales. Eran crónicas sanas que ayudaron a cambiar mentalidades. Y motivaron espacios para que entre todos nos entendiéramos mejor.
Etiqueta de Fernando A. de Terry. Imperio. Cognac (brandy) Español. (Exportado a Montevideo, Uruguay. Importador: Pesquera y Cía.).
No hace mucho estuve aquí con un buen amigo: Jaime Paz Zamora, ex presidente de Bolivia. Convinimos tomar unos vinos finos mientras le explicaba los lugares que recorrió José Bonaparte en la ciudad durante el asedio de Cádiz. Quedó impresionado por la tala del palmeral urbano. Y se mostró interesado por esta ruta portuense a la que yo le añadía imaginación. Y escenarios posteriores. Paseamos por el Campo de Guía, antiguo ejido recordado en sus vinos por Gutiérrez Colosía. Y por la calle de los Moros, sede secular de las criaderas y solerajes de las Bodegas Osborne. Hasta alcanzar la Real plaza de toros, el colegio y contemplar tras la verja, cuan estricta observancia, el viejo drago de Caballero. San Francisco, Ordo fratrum minorum.
(Texto original de Fernando Orgambides, leído por su autor en la presentación de su libro Viento de Palabras el 1 de febrero en la Galería Milagros Delicado de El Puerto de Santa María)














«Existe en nuestro pueblo una herencia espiritual, pero no un patrimonio de raza. El Puerto no es la estirpe, no es la raíz o tronco de una familia. La ciudad tiene más de alambique y de molde, que de cuna. En cuanto corre por la sangre un miligramo de sal marina de la que satura el ambiente o una gota del vino sutil de estas soleras que sin embriagar adormece, El Puerto ha realizado su conquista. Un hijo de castellanos-cántabros, nacido aquí, dirá siempre que es portuense. Dirá lo mismo que el nieto del inglés o de otros extranjeros. El ambiente penetra, domina y caracteriza cuanto se le entrega.»
Lo que este portuense del siglo pasado vio en El Puerto es lo que cualquiera puede comprobar hoy, sigue vigente. Las procedencias de todavía más lejos y más variados rincones del mundo, como se comprueba en el padrón de habitantes. Las preferencias para escoger, amar y vivir El Puerto, de diversa índole. Y el que viene obligado por circunstancias, o por casualidades de la vida, acaba en un idilio de por vida con esta Ciudad. Idilio que se traduce en irregulares resultados para con este Puerto de arribada, de abrigo, de arrebatacapas, de claridad, franco y de Santa María.
El periodista gaditano, primer premio Agustín Merello, ha elegido la Galería Milagros Delicado para reunirse con sus amigos portuenses hoy viernes 1 de febrero, en su inicio en literatura tras 40 años de profesión. Fernando Orgambides ha elegido dos únicas presentaciones para Viento de Palabra, la celebrada el pasado 10 de enero en la Librería +Bernat de Barcelona y ésta de El Puerto de Santa María, lo que nos enorgullece.
EL EX PRESIDENTE DE BOLIVIA, EN EL PUERTO.
PRIMER PREMIO AGUSTÍN MERELLO.

Por eso, ante un panorama que en otros momentos resultaba desolador, contamos con la preocupación de Bellas Artes, la Academia y las autoridades; pero también con el ejemplo de un particular que, a su costa, porque lo creyó un deber de ciudadanía y buen gusto, ante un inminente derrumbio, adquirió la fachada que piensa reconstruir en otro lugar del Puerto.







