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Ignacio Gago García

Hotelero, viajado, bodeguero por vía familiar, portuense de la diáspora, cónsul oficioso de el Puerto en Madrid, el "guapo oficial” de la familia... son títulos que, desde el afecto que le profesamos a Ignacio Gago García, hermano de Manolo, Fernando y Benito (el psiquiatra fallecido) describen de forma coloquial y cercana a un portuense de nacimiento y vocación, que respira cuanto puede a su ciudad desde la lejanía, a pesar de llevar 38 años fuera del Puerto que lo vio nacer.

A hotel manager, well-travelled, a wine-producer by family tradition, another portuense in the exodus from the town, unofficial consul of El Puerto in Madrid, the ‘official’ good looking one in the family etc. etc.; these are all titles that, out of the affection that we hold for Ignacio Gago García, brother to Manolo, Fernando and Benito (the deceased psychiatrist), provide an informal description of a person who was not just born in El Puerto but lives for El Puerto, even given the great distance and the 38 years that separates him from his hometown.

Ignacio Gago, con sus estudios de Turismo bajo el brazo, se fue a la capital de Reino a trabajar en la recepción del Meliá Madrid allá por 1970, a un hotel recién inaugurado en el que ascendió rápidamente a Subjefe de Recepción y llegando a Subdirector del mismo establecimiento. Luego pasó al Meliá Castilla donde ha transcurrido la mayor parte de su trayectoria profesional. Allí empezó como Director Adjunto de Explotación ocupando otras funciones hasta que lo destinan como Subdirector a Meliá Alicante. Luego ocupa la adjuntía a Dirección General de la Cadena de Hoteles Meliá y director General de Servicios Hoteleros de Meliá. Cuando en 1987 el Grupo Sol compra Meliá y crea el Grupo Sol Meliá, Ignacio tuvo intención de cambiar de aires, pasar un año sabático reflexionando y dejó la empresa. Pero a los pocos meses fue reclamado para llevar la Dirección Comercial del mayor hotel de España de entonces, el Hotel Meliá Castilla (Capitán Haya, 43), casa que ya conocía y que es algo que lleva haciendo, con acierto, 21 años. Nunca quiso ser director de hotel para no verse así sometido al constante y cíclico cambio de ciudad cada pocos años y ha rechazado a lo largo de su vida otros ofrecimientos de la competencia, tanto en España como en el extranjero. Está casado con otra portuense, Pilar Caballero Morales -ya dijimos que es bodeguero consorte- , tiene tres hijos y cuando se ¿prejubile? piensa compartir su tiempo entre El Puerto, donde tiene casa y la capital que tantas satisfacciones le ha dado.

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Ignacio Gago, con su hija Bibiana en una foto tomada en el Castillo de San Marcos el día de la boda de ésta con Jaime. (Foto Francis Bononato Rosso).

La definición que la Real Academia de la Lengua Española hace de la palabra Cónsul, es la siguiente: “Persona autorizada en una población de un Estado extranjero para proteger las personas e intereses de los individuos de la nación que lo nombra”. Efectivamente, los portuenses de forma individual y por aclamación de cuantos le conocen, saben que tienen en Ignacio Gago a un valedor de los intereses de El Puerto y los portuenses en la capital, tanto quiere a su Puerto. Siempre desde la discreción y el buen hacer. Otro portuense, otro Ignacio Gago (Fornell), mas joven y con menos pelo, periodista, sobrino de nuestro protagonista, también habita la Villa y Corte desde los menesteres de la comunicación y el periodismo, habiendo ocupado el puesto de Secretario de la Academia de la Televisión. Pero a este Ignacio lo dejamos para otra nótula.

La Sala de Convenciones y Congresos de Meliá Castilla es una de las mejores equipadas de España. Ignacio Gago se siente muy orgulloso de contar con ese equipamiento en el establecimiento donde presta sus servicios profesionales.

De izquierda a derecha Juan Lerdo y  dos hermanos de Ignacio Gago, Benito y Fernando, en un banco del Parque Calderón, vestidos de domingo, hace... años.  (Foto Colección Vicente González Lechuga).

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Amparo Gómez Recalde

El padre de Amparo Gómez Recalde -y de Isidro, Servando, Nicanor, Curro, Pepe, Antonio, Lalo, ...- Nicanor Gómez Soto empezó a llevar el almacén o ultramarinos conocido como Casa Nicanor, hacia 1915 en la confluencia de las calles Ricardo Alcón y San Bartolomé (hoy Placilla); anteriormente había llegado como chicuco a El Puerto y estuvo trabajando en un almacén en la confluencia de la calle Cielos esquina con Espíritu Santo, del que se hizo cargo mas tarde, en 1920.

Amparo Gómez Recalde’s father, who is also Isidro, Servando, Nicanor, Curro, Pepe, Antonio, and Lalo’s father, Nicanor Gómez Soto, started to manage the corner shop known as Casa Nicanor where calles Ricardo Alcón and San Bartolomé meet (today called Placilla); before this he had come to El Puerto as a youngster and worked in a corner shop where calle Cielos and calle Espíritu Santo meet, which he came to run in 1920.

Fue en ese año cuando el padre de Amparo abrió un Bazar de loza, cristal y otros objetos de adornos y regalos junto a la tienda de la Placilla, por la calle Ricardo Alcón, establecimiento que permanece abierto y gestionado directamente por Amparo, ya que la zona de Ultramarinos ha quedado como exposición del Bazar de Nicanor. La tienda de comestibles, al fallecer el padre de Amparo en 1962, la llevó su hijo Servando hasta su jubilación en1994 en la que deja de prestar sus servicios como tienda de comestibles y, como ya hemos dicho, pasa a ser exposición del Bazar. El Bazar había sido gestionado por Lalo y Amparo; Amparo viajó a Venezuela donde vivió unos años y a la vuelta se hizo cargo de la tienda.

La foto de arriba es del año 1948. Los hijos de Nicanor Gómez Soto pasaron todos por la tienda, pero luego cada uno se fue independizando y creando sus propios negocios, salvo Servando que continuó al frente de Casa Nicanor. Isidro explotó durante muchos años Ultramarinos La Diana, en la confluencia de San Bartolomé y Palacios, hasta que cedió su explotación a José Joaquín Sánchez Sena que hoy continúa al frente del negocio; también regentó Isidro el almacén Puerta del Sol, en la calle Vicario, esquina con San Juan y Plaza Juan Gavala y el novedoso Mesón del Montañés, donde los noctámbulos podían conseguir recenar una fabada. Nicanor, en Pozuelo con Cañas, tuvo una tienda de comestibles con trastienda de bebidas, de nombre Los Caballos, nombre que tendría luego su establecimiento con el mismo nombre en la calle Aurora, esquina a Pozuelo, frente a la Casa de las Rejas Verdes.

En la calle Larga Curro, debajo de lo que fue el antiguo Convento de Las Salesas,  abrió una novedad en la época, un supermercado de la cadena Spar; Pepe regentó Ultramarinos Las Palomas, en la calle Federico Rubio y Larga que cerró en junio de 1998 (en 1961 abrió al lado una confitería), siendo también establecimiento de bebidas; y Antonio el novedoso igualmente Supermercado Crevillet, en la calle Tórtola y Ultramarinos La Montaña en Palacios esquina con Larga. Curiosamente este establecimiento lo arrendó luego a su cuñado Luis, otro “jándalo” que vino en viaje a novios a El Puerto, de profesión carpintero, y que no volvió a la montaña pues aquí se quedó hace cuarenta años mas o menos, hasta su jubilación. Curro y este Luis estaban casados con las hermanas Purón, montañesas también. Tristemente no queda ninguno de estos ultramarinos abiertos, salvo La Diana, de la que hablaremos en otra ocasión. El almacén de Nicanor, como ha sido conocida durante el siglo pasado, fue tienda de montañés con anterioridad a sus actuales propietarios, pues en 1771 se hallaba una tienda de comestibles y tabernón propiedad del cántabro Francisco Díaz. En 1804 estuvo llevada por Francisco Rubín de Celis. No nos han facilitado datos del siglo y pico que pasó entre esa fecha y la adquisición por parte del padre de Amparo.  Si consta que durante unos cuantos años a principios de la década de los treinta del siglo pasado, la tienda de comestibles pasó a regentarla, provisionalmente, Juan Andrade, con el nombre de Ultramarinos Número 8. La fotografía a color muestra el almacén tal y como se ecuentra en la actualidad. (Fotografía tomada el 15 de octubre de 2008).


El gaditano Venancio González afirmaba que el chicuco «a los dos años ascendía a “dependiente”, a los dos siguientes, al puesto de “segundo”, y pasados otros dos, más o menos, a “encargado”. Luego, ya curtido en el oficio, su “padrino” le buscaba un establecimiento para regentarlo en calidad de arrendatario». La fotografía es de 1948.

La imagen muestra la tienda de Ultramarinos de calle Cielos esquina con Espíritu Santo en 1989, poco antes de su cierre. A ella vino de chicuco Nicanor Gómez Soto y de la que se hizo cargo allá por 1920. Luego pasaría, en la década de los cuarenta del siglo pasado a manos de Manuel Gatica, quien la tuvo abierto con una tienda de bebidas separada por una mampara, tal y como que se puede apreciar en la foto, hasta finales de la década de los ochenta del siglo pasado. (Foto José Ignacio Delgado Poullet. Centro Municipal de Patrimonio Histórico).

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Harsh Sharma, portuense de la India.

Según un estudio de la Universidad de Manchester, una escuela poco conocida de eruditos situada en el sureste de India descubrió, cientos de años antes que Newton, uno de los principios modernos de las matemáticas. Que los Indios son unos matemáticos excelentes es algo sabido, pero que también lo son en informática es algo que Occidente está empezando a valorar. Ese es el caso de Harsh Sharma, un informático que ha establecido su empresa en El Puerto de Santa María. Casado con una portuense a la que conoció en Londres, trabajaba quince días en la capital del Reino Unido y la otra mitad del mes, en nuestra Ciudad.

According to a study carried out by the University of Manchester, a little known school of scholars located in south-east India discovered one of the modern principles of mathematics, hundreds of years before Newton,. We already know that Indians are excellent mathematicians, but the West is only just beginning to realise that they are also excellent computer technicians. This is Harsh Sharma’s case, a computer technician who founded a business in El Puerto de Santa María. Married to a portuense he met in London, he used to work half the month in the English capital and the other half in our town.

Harto de viajar, Harhs se ha instalado definitivamente en este corazón de la Bahía de Cádiz y ya tiene alizanzas comerciales de su empresa -Fairhall Solutions, Soluciones Informáticas- con importantes organizaciones empresariales a nivel mundial: Microsoft, Tucows, Kimaldi o Contrexx, entre otros.  Harsh que en indio significa “feliz” y en inglés “duro” es una aleatoria combinación de significados, que bien pudieran definir el soporte de su empresa: un hombre feliz con una firmeza impresionante que ha apostado por nuestra Ciudad, por la vía del corazón, para aportar desde el cerebro de sus conocimientos, a engrandecerla.
Lo afirma la Comisión Europea: «Desde su independencia, India utilizó la investigación como el motor de su desarrollo, con impresionantes resultados en ciertos sectores de la tecnología de punta. India cuenta con excelentes universidades pero sin salida para sus científicos... La fuga de cerebros en India, cada dia mayor, inunda los Estados Unidos y, más recientemente, Europa. Y a la inversa, numerosas multinacionales se sienten atraídas por la India a causa de sus recursos intelectuales, su mano de obra motivada y sus salarios competitivos. Empresas como Monsanto, General Electric, Intel, Microsoft, IBM, Siemens, Dupont, etc. instalaron en India sus centros investigación y desarrollo hace algunos años. Tanto es así que los investigadores indios no vacilan en considerar su país como el futuro "centro mundial de la investigación y el desarrollo". Bienvenido Mr. Sharma.

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María Garrido, empresaria hostelera.

El Castillo de la Pólvora, batería de La Laja o vulgarmente Castillito, son las denominaciones que recibe una de las defensas de la Edad Moderna, que formaban el cordón defensivo costero de El Puerto, contruidas todas ellas con motivo de las irrupciones violentas de piratas, turcos y berberiscos, así como de corsarios holandeses y británicos, y que dejaron de utilizarse de forma efectiva a comienzos del siglo XIX. La batería de La Laja como estructura defensiva se considera (BIC) Bien de Interés Cultural, en función de la disposición adicional segunda de la Ley 16/85, del Patrimonio Histórico Español, hoy convertido en bar restaurante de playa.

En la fotografía, María Garrido, a sus 73 años supervisa y coordina las tareas en los fogones de El Castillito, bar-chiringuito en la Puntilla, playa eminentemente del pueblo. Emigrante a Francia, cuando volvió se hizo cargo del Castillito que hoy regena su yerno, Juan Guerrero, con miembros de la familia y empleo ocasional de verano.

In this photograph, María Garrido, at 73, supervises and coordinates the kitchen in El Castillito, bar/chiringuito in La Puntilla, a beach emblematic of El Puerto. She emigrated to France and on her return she took over at Castillito which today is run by her son-in-law, Juan Guerrero, who is helped out by other members of the family and seasonal workers in the summer.

María ha dado numerosos hijos y nietos a los negocios de turismo y hostelería; su familia regentaba, con su pariente Ismael, el popular Salón-Baile de “Jalisco” en la calle Santa Clara. El Castillito se llena de día turistas y lugareños; con la noche, la gente bien de Vistahermosa. Desde que el buen tiempo alcanza al Castillito, hasta su ocaso otoñal, permanece abierto todos los días. En invierno solo los fines de semana, para esparcimiento de las familias completas que acuden al figón. El gran eucalipto que lo apuntala, a un lado, es seña de identidad del baluarte reconvertido en bar, plasmado en miles de fotos y cientos de lienzos y acuarelas. También algunos escritores, como Alberti o Suárez, han dejado referencias al Castillito:

«Cada día me gustaban menos los libros, estudiar. En clase, y durante varias semanas, me pasé llenándoles los márgenes blancos de pequeños Balvaneras, seguidos melancólicamente por una abierta V de gaviotas. Las rabonas aumentaron. Mientras que en casa, después de la fingida vuelta del colegio, me dedicaba a copiar exactamente el anuncio del barco, en la playa y por la orilla del Guadalete iba llenando las hojas de un cuaderno con acuarelas y dibujos de paisajes marítimos, levantando generalmente al fondo de ellos la relumbrante sal de las salinas, petrificada en pirámides, los castillos de Santa Catalina y de la Pólvora, sin faltar nunca Cádiz,  diluido entre mástiles y brumas de chimeneas.»
Rafael Alberti Merello. La Arboleda Perdida. Pg. 74

«Castillito, ¡quien le fuera!
¡Castillito de la pólvora;
lejos, allá en la bahía
de mi infancia marinera!
Rafael Alberti Merello. El Alba del Alhelí. Pg. 241

El Castillito, visto desde la playa de La Puntilla.

«Entraban los Merello, a recogernos a mi padre y a nosotros para ir de excursión a la playa, por el Camino de los Enamorados, entre tunas, pitas, espinos aromos, vinagreras, tomatitos del diablo... para acabar pintando acuarelas o haciendo apuntes a lápiz del Castillo de la Pólvora o de los arrieros  que, con sus recuas, cargaban arena para la fábrica de botellas.»
Luís Suárez Ávila. “Consecuencias y secuelas de los buenos principios: el neopopularismo en Rafael Alberti”. Culturas Populares. Revista Electrónica 4 (enero-junio 2007).

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