
AUTORRETRATO A CARBONCILLO.
1999. «De madrugada. La hora de los sentimientos, cuando son tristes, construye frases que no alcanzan la magnitud de un poema, pero que tampoco cabe encasillar en el recurso fácil. El 28 de octubre de 1999, día de la muerte del poeta, eran varios los amigos que como consuelo exclamaban: «Rafael ya está sobre los ángeles». Era un modo de situar en algún lugar al amigo perdido homenajeando además su obra recurriendo a uno de los títulos que más prestigio le dieron. «(Cervantes Virtual). Retrato a carboncillo del poeta Rafael Alberti | Manuel Ribera.

ALBERTI REGRESA AL PUERTO.
1977. Era el 24 de mayo. El periodista Agustín Merello, con su tío Rafael Alberti Merello, en el Talgo procedende de Madrid en el que acompañó y entrevistó al poeta Rafael Alberti en su regreso a El Puerto, tras 46 años de ausencia. La desparecida estación de trenes se encontraba a rebosar, entre militantes del PCE, curiosos y quien esto escribe. “Se nota se siente, Alberti está presenta” coreaban. Cerca de la estación pintadas con “Alberti asesino”. En la cantina, Antonio Cárdenas, ex secretario local del PCE en la clandestinidad con el líder sindical Antonio Álvarez Herrera. Pocos asistentes se sabían la letra de La Internacional que empezaron a cantar pero apenas se escuchó. El poeta al bajar del tren recitó los conocidos versos: «Portuenses, coquineros,/ después de cuarenta años/ me maravillo de veros. Besos, abrazos, tocar al poeta... El cordon de seguridad se rompe al saludar a Gómez Ojeda. Un señor mayor, gallego, le golpea la cara cariñosamente, mientras le decía “que bonito eres”. Se lo llevan en volandas al Caballo Blanco y allí lo esperan Ana Perea y Manolo Espinar. La transición democrática cerraba un círculo más en El Puerto, con la llegada del último representante de la Generación del 27. (Foto Diario de Cádiz).

DIPUTADO EN MADRID Y SUSTO A LAS PUERTAS DEL CONGRESO.
1977. Era el día 13 de julio. Dolores Ibárruri, presidenta del Partido Comunista de España y Rafael Alberti bajan del brazo por las escaleras del Congreso de los Diputados para integrarse en la Mesa de Edad en la primera sesión de las Cortes constituyentes. (Foto El País. Marisa Florez).
La anécdota que contaba días atrás el corresponsal parlamentario de TVE Alberto Delgado es suculenta. Estaba Alberti en las inmediaciones del Congreso de los Diputados, minutos antes de entrar para el acto constituyente, agachado amarrando los cordones de un zapato, cuando, de pronto se le acercó un policía nacional “un gris”. La mirada de Alberti, de susto, fue un poema por su expresividad, ante la llegada del agente de la autoridad quien, solícito se había acercado al diputado electo a ofrecerse por si le ocurría algo. Aquel policía ya pertenecía al periodo democrático.

HOMENAJE POPULAR EN EL PUERTO.
1982. En la imagen tomada el 3 de febrero, de izquierda a derecha, el diputado socialista Esteban Caamaño, el alcalde de la Ciudad, Rafael Gómez, el poeta universal, Canogar, el Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Rafael Román, el director del Museo Municipal, Francisco Giles, en la inauguración de la exposición. (Foto Rafa).
En Febrero, una comisión montada por diversas instituciones culturales de la Ciudad, entre los que se encontraba quien suscribe, organizaron un Homenaje Popular al Poerta en El Puerto. Descubrimiento de placa de azulejos (rota por dos veces), actuaciones en el Teatro Principal, Exposición de obras de primeras figuras del arte, incluyendo obras de la pintura albertiana y una comida en el restaurante Guadebro fueron los actos.
Tales eran las ganas existentes de tocar al poeta, conseguir un autógrafo o un dibujo de Alberti que, ante este cronista y por la insistencia de un admirador, le dibujó una mujer de espaldas, con la siguiente leyenda: «Este culo para N.N».
«Pero, ¿qué es un genio?», se preguntaba. Y sin cavilaciones respondía: «Un pobre hombre al que se da la lata todos los días». Lo reclamaban tanto y para tantas cosas que acabó poniendo en la puerta de su domicilio romano y grabando en algún contestador automático unas palabras que ahuyentaran a algunos moscones: «No se hacen prólogos». Pero cuántas cosas atendió, a pesar de la aparente barrera que levantó para que no lo atosigaran en exceso.» (Cervantes Virtual). (Foto Rafa).

UN PORTUENSE, PREMIO CERVANTES Y ¿NOBEL?
1983. El poeta Rafael Alberti recibió el 23 de abril de manos del Rey don Juan Carlos el premio Cervantes, la máxima distinción de la lengua castellana, creada en 1976. Alberti sucedía a Luis Rosales.
Pero lo que pocos porteños saben es que pocos años antes, Alberti había estado a las puertas de recibir el Premio Nobel. Es más ese había sido el acuerdo del Comité encargado de otorgarlo, empero, enterados éstos de unas declaraciones poco afortunadas que realizó el poeta, decidieron, sobre la marcha cambiar el curso de los acontecimientos, dejando sin efecto el acuerdo inicial.
«El gran poeta pagó el precio de un intento de rebajarle en el mercado de lo selecto que tuvo, entre otros efectos, que no se le diera el Nobel y sí se le diera a Aleixandre, como un recurso que ni Alberti ni Aleixandre se merecían». Manuel Vázquez Montalbán.

CUMPLEAÑOS FELIZ.
1989. 16 de Diciembre. La Fundación Provincial de Cultura de la Diputación le organizaba al poeta los fastos de su cumpleaños, pero la fiesta se hizo en El Puerto por el Ayuntamiento en un casco bodeguero de propiedad municipal, frente a la piscina en la Avda. de Menesteo. La anécdota es que desde Cádiz dijeron que asístirían 300 personas y luego aparecerían 900, dando al traste con las previsiones y el lucimiento del acto, al no poderse atender convenientemente a los tuvieron el privilegio de estar allí. Un año más tarde, en 1990, estudiantes de la Universidad de Cádiz, en pleno crecimiento, arramplaron con las viandas que se iban a ofrecer al poeta y su comitiva, en esta ocasión, en la Fiesta de Cumpleaños que el Ayuntamiento ofreció en el Hotel Monasterio. Pasaron hambre... (En la imagen, acompaña en la mesa al poeta, el alcalde de la Ciudad, Juan Manuel Torres). (Foto Jorge Roa).

LOS PERIODISTAS Y EL POETA, SOBRE LOS ÁNGELES.
1999. Era el 29 de octubre. Hace 10 años, nos dejaba el poeta. Y es que en la madrugada de ese fatal día, en la casa en cuya entrada figuraba la frase «Ora marítima», también en memoria de un poema albertiano, moría un hombre que, además, era un genio de las Letras, del Arte.
En la imagen, el Director Territorial de Canal Sur, Modesto Barragán, el Director de Diario de Cádiz, Rafael Navas, el Delegado de SER Puerto, Francisco José Román y el Director de Radio Puerto, Manuel Borne, atienden las explicaciones del alcalde de la Ciudad, a las puertas de la casa del poeta. Los informadores continúan hoy en sus puestos dando cumplida cuenta de cuanto acontece en la realidad, no solo de El Puerto, sino también de la provincia como es el caso de Barragán, Navas y Román. (Foto Fito Carreto. Diario de Cádiz).
«En un documento facilitado por el Ayuntamiento de El Puerto se dio noticia de un documento suscrito el 15 de enero de l997 por el matrimonio Alberti y el alcalde de la ciudad. En sus páginas se establecía que los actos posteriores al fallecimiento del autor de Venus y Príapo se desarrollarían «con la mayor sencillez, dentro de la más estricta intimidad». Los actos deberían transcurrir en coherencia con lo que ha sido la trayectoria e ideario del escritor. «Cuando se produjere el luctuoso suceso, quedará su cuerpo en el depósito de cadáveres hasta el momento de su traslado al crematorio para su incineración». Se escribía, también, que las cenizas serían esparcidas en la Bahía de Cádiz. María Asunción Mateo, la viuda, manifestaba en el documento que no estaría presente en los actos oficiales de condolencia. En efecto, pasó el día en «Ora marítima», donde recibió algunas visitas. No sería ella, sino el alcalde de El Puerto, el encargado de recoger las cenizas del artista, tras la incineración de sus restos mortales. El alcalde las llevó hasta el Monasterio de la Victoria, lugar en el que se celebraría un acto solemne. Dos escolares recitaron poemas. Al terminar este acto de adiós público, el alcalde llevaría las cenizas del poeta a «Ora marítima». (Cervantes Virtual). (En la imagen, Aitana Alberti, la hija del poeta, portando la urna funeraria a la salida de las honras fúnebres que se realizaron en el Monasterio de la Victoria).

Se cumple este año el centenario del fallecimiento del compositor Isaac Albéniz (1860-1909). Aunque el músico era catalán, se inspiró en temas lugares y costumbres andaluzas, siendo coetáneo de Manuel de Falla. Compuso una obra dedicada a nuestra Ciudad y no al puerto (o muelle) de Cádiz como erróneamente le atribuye el francés André Gauthier. (Albéniz. Traducción de F. Ximénez de Sandoval. Madrid: Espasa-Calpe, 1978. p. 103). Muy poco porteños conocen que dicha pieza, perteneciente al primer cuaderno de la “Suite Iberia” --considerada por los especialistas como la obra cumbre de la música española--, está dedicada a El Puerto de Santa María.
LA SUITE IBERIA.
"Esta adaptación para guitarra de El puerto de Albéniz fue realizada por el guitarrista Javier Riba. Aunque Albéniz no compuso música para guitarra sus composiciones han despertado el interés desde los guitarristas desde épocas tempranas. Las primeras adaptaciones de música de Albéniz para guitarra son prácticamente contemporáneas a las versiones originales para piano. Luego de las versiones más difundidas de Segovia sobre el repertorio Javier Riba presenta esta cuidadosa adaptación de El Puerto, segunda pieza de la suite Ibérica de Albéniz. Riba ha procurado mantener el estilo y los recursos de la guitarra de la época". (Tritó).


PUBLICACIONES
No cabe duda que todos los trabajos causaron impacto entre los investigadores, pero entre estos destacaremos dos, la Hoja 1061, La geología de la costa y Bahía de Cádiz y el poema "Oda Marítima" de Avieno reeditado recientemente por la Diputación de Cádiz y ya agotado (por cierto que el original que se utilizó para realizar el facsímil es propiedad de Luis Suárez Ávila). El primero, porque hasta los últimos planos realizados por satélite, no ha sido mejorado, aunque aun es referencia obligada. El segundo es una obra de obligada lectura, no solo para la información geológica, sino también para la interpretación de la costa española en la antigüedad. La cartografía que acompaña este libro, reconstruye el área costera, especialmente de la Bahía de Cadiz y las marismas del Guadalquivir, en épocas antiguas, con una efectividad realmente asombrosa, como así han demostrado los trabajos dirigidos por las Universidades de Bremen y Sevilla, muy recientemente. (En la imagen, acuarela de Vicente Vega de la Plaza de Juan Gavala, en una vista desde la calle Vicario.).
Entre otros nombramientos, es requerido para el cargo de Director del Instituto Geológico y Minero de España durante los años 1954-55 así como Director General de Minas. Fue Director General de la Empresa Nacional ADARO, en Madrid, dedicada a la investigación y nuevas tecnologías de la época, donde procuraría empleo a muchos portuenses. Era miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y del Instituto de Estudios Gaditanos. También fue condecorado en varias ocasiones: Caballero de la Real Orden de Carlos III, Gran Cruz de las Órdenes del Mérito Agrícola, Mérito Civil, Alfonso X El Sabio, y Cardenal Cisneros.
A esta galería de mis conocidos ilustres no puedo evitar traer a Don Juan Francisco de Enciso y Monzón (El Puerto de Santa María, 1657-1735). Fue hijo del Capitán Don Juan de Enciso y de Doña María Monzón, gente muy principal relacionada con las galeras, la milicia, las Órdenes de Santiago y Calatrava y la clerecía.
Tradujo, en octavas reales, los doce libros de la "Eneida" de Virgilio, que dedicó a la Católica Majestad de Don Carlos II y aparecieron impresos por Cristóbal de Requena, en Cádiz, en 1698. Compuso un poema épico, en diez cantos, llamado "La Christiada" que vio la luz en las prensas gaditanas en 1694. Tradujo cinco libros de Tertuliano y escribió tener compuestas unas "Rimas latinas y castellanas", a más del libro "De la conveniencia de las letras humanas y divinas". (En la imagen, portada de la Eneida de Virgilio).
Pues lo que digo: yo lo conocí, en 1959, bien que mermado de carnes, enjutísimo e impasible, tocado con bonete, revestido con casulla, estola, manípulo y alba muy deteriorados y sin color preciso, aunque oscuro terroso y en olor de humedad.
A los pies de la sierra de San Cristóbal, al borde del antiguo estuario del Guadalete, donde los términos de Jerez y El Puerto de Santa María se confunden, se ofrecen a la vista del viajero
“A la caída de una hermosa tarde de mayo de 1869, caminaba por el arrecife que va de Jerez al Puerto de Santa María, un hombre ya entrado en años, que llevaba delante de si una burra”. Así da comienzo Caín, presentando a Miguel y a Joaquina, su mujer, que a lomos de la burra “Molinera”, recorren el “arrecife” (que sigue, aproximadamente el mismo trazado que la antigua carretera de El Puerto que hoy se conserva) en dirección a Doña Blanca. En su camino, tras encontrarse con Juan Pita, un hortelano que se dirige al mercado de Jerez a vender sus tomates, pasarán por el pequeño Puerto de las Cruces. (D



En Caín, no faltan tampoco las descripciones de las huertas de tomates, melones y frutales que se cultivaban (y aún se cultivan) junto al arrecife, en el Valle de Sidueña, mencionándose, a modo de ejemplo el “cojumbral” de Juan Pita. Se hace referencia también a otros caminos y veredas de estos parajes como el que en cierta ocasión toma Juan Pita, quien se aparta del arrecife y “…por un atajo que llaman La Trocha retrocedió hacia Jerez donde pensaba vender su canasta de tomates”. Aún se conserva todavía La Trocha y esta misma vereda fue trágico escenario de no pocos fusilamientos en 1936. Junto a todo ello, el relato ofrece valiosas referencias a los manantiales de Sidueña, en las proximidades del Castillo de Doña Blanca.
(En la imagen superior, lápida de 1887, indicando la Sala de Máquinas de las Aguas de La Piedad. Podemos ver la lápida en la imagen anterior, sobre el dintel de la puerta. En la imagen de la izquierda, monolito de acceso a la Granja de La Piedad. Fotos JMM).
Nació en El Puerto el 17 de agosto de 1899, y murió en Sevilla el 28 de julio de 1973. Su vocación por el dibujo y la pintura despiertan en él siendo muy joven, por lo que es matriculado antes de cumplir nueve años en la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, de El Puerto: "La vocación por la pintura se despierta en mí desde muy pequeño. Una caja de colores fue siempre mi juguete favorito'. 'Convencidos mis padres de que nada me interesaba tanto como la pintura, sin cumplir aún los nueve años, ingresé en la Escuela de Bellas Artes de Santa Cecilia de mi pueblo, El Puerto de Santa María, donde al mismo tiempo que el dibujo y la pintura estudié un poco de música'. 'Con las mejores notas y algunos premios, terminé mi primera etapa de aspirante a pintor con una preparación suficiente para pasar a completada en ambiente más propicio".
En el cartel de Semana Santa y Feria de Sevilla de 1925, "Juan Miguel Sánchez nos muestra a su Eva flamenca erguida y solemne con la mantilla al viento, un amplio abanico en la mano y una Sevilla estrellada al fondo..."Obtuvo gran cantidad de galardones como el primer premio en el concurso nacional para carteles anunciadores de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1926. Participó asimismo, por primera vez, en dicha exposición, con dos obras, consiguiendo una medalla de tercera clase, en Arte Decorativo, con un cartel titulado "Aurora sevillana", que fue adquirido por el Estado. Participó en la Exposición Nacional, en la sección de Arte Decorativo, en 1932, año en el que también participó otro artista portuense, Serny.
En la Muestra Nacional de 1941 volvió a concurrir con dos obras. Ese mismo año realiza los murales en el vestíbulo de la estación de autobuses de Sevilla. Un año después, en 1942, expuso en Barcelona en la célebre Sala Gaspar, un total de 34 cuadros, entre ellos los siguientes: "Cal y luna", "La cacharrera", "Callejón de la parra", "La fuente del patio", "Salida al mercado del jueves", "En el Rocío", "La fuente del mercado", "Por alegrías", "Bailaora y guitarrista", "Pase de seguidillas", "Chaval con naranjas", "Perfil gitano", "Blandas negras" y "La del clavel rosa". Estos cuadros de composición figurativa se completaban con tres retratos, un paisaje de Alcalá de Guadaira, siete bodegones y nueve "vasos con flores".
En la Exposición Nacional de 1945, concurrió con dos obras: "La Novia" y el formidable "Retrato del profesor doctor Urra", obra esta última con la que obtuvo medalla de segunda clase.


De los devotos y enamorados de esta Ciudad de El Gran Puerto de Santa María, debo traer hoy aquí a don Diego Angulo Iñiguez. ¿Quién no ha estudiado en su “Manual de Historia del Arte”, en dos tomos? Pues sencillamente el que no haya estudiado Historia del Arte, pero era texto obligatorio en Escuelas de Arquitectura, en Facultades de Bellas Artes, en Facultades de Filosofía, y en cualquier centro donde se cursara algo relativo a las artes.
Cuando saqué mi carnet de conducir, me convertí en su chofer y seguí llevándolo a donde quiso, mientras yo me iba empapando de la riqueza artística de Andalucía. (En la imagen de la izquierda, tres ilustraciones del Manual de Historia del Arte" de D. Diego Angulo).
A mis hijas le contaron este chiste y fue suficiente para que lo relacionaran: Se trataba de un banquete en que era preciso repartir un pollo guisado en pepitoria y el que lo repartía decidió adjudicar cada parte del animal a un comensal según su nombre: "Bengala, para ti las alas; Lechuga, para ti la pechuga; Cantueso, para ti el pescuezo; Paullata, para ti las patas; Angulo, para ti..." Y Angulo, viéndolas venir, dijo que no le gustaba el pollo. La verdad es que yo le reñía a mis hijas con la boquita cerrada aquella maldad para con el maestro, a quien seguía respetando y venerando. Don Diego me dedicó de su mano el "Murillo", "La arquitectura mudéjar sevillana", su "Manual" famoso e infinidad de separatas que conservo con verdadero cariño. (En la imagen superior, la portada del ejemplar de 'Murillo' y en la imagen inferior, la dedicatoria que realizó de dicho ejemplar al autor de este reportaje).




Hace cosa de dos años, estando yo en Roma, visité la Iglesia del Giesu, o sea, los Jesuitas. En un confesionario de la derecha según se entra, estaba sentado un sacerdote anciano que llamó la atención. Sobre el confesionario había un letrero “P. Blandino,.”. Y es que el anciano sacerdote se parecía, era clavado, a Lola Blandino. Tan es así que le pedí permiso para hacerle una foto [que no encuentra ahora]. El Padre Blandino accedió y yo me quedé con su retrato para corroborar en El Puerto la identidad del parecido. Debe ser que los aires de familia no se pierden y que el origen italiano de Lola salía a relucir. Lola Blandino, nacida en el siglo XIX, finales, en El Puerto, era la imprescindible en mi casa. Y lo fue en casa de mi abuela Aurora, en casa de mi tía Aurora y en las de mis tías María Rosa y Carmen. Hay en los álbumes familiares multitud de fotos en que aparece Lola Blandino. Lo mismo está en los años 1920 en una excursión en burro a Fuentebravía, con mi madre, mi tia Aurora, mi tío Juan y las tías Terry del Cuvillo, en la Expo del 29..., como en la Habana, cuando mi tía Aurora y mi tío Manolo se la llevaron para ser señorita de compañía de mis primas; o de paseo con nosotros, o en una corrida de toros en El Puerto, o en bautizos, en primeras comuniones... Lola Blandino era como de la casa. Frecuentaba mi casa y, después de haber vuelto de Cuba, se dedicaba a la costura y a hacernos babys “crecederos”, a sacarnos de paseo o simplemente a estar. Generalmente, se ponía en el cuarto de costura, sentada, con el tablero de cortar sobre las rodillas, y nosotros, cuando pasábamos por delante de ella, siempre le decíamos:



María se casa en 1950 con Ignacio Valdés Sancho, hermano de Joaquín, fundador y director de la Revista 'Diez Minutos'. Aunque nacido en Sevilla, su familia materna y su propia madre era de El Puerto, emparentado con el bodeguero Hipólito Sancho García, padre del historiador Hipólito Sancho de Sopranis. Vivieron, a partir de entonces, en la planta baja de una casa de la calle Pagador, 16., donde tendrían de vecino a alguien que, con el tiempo, alcanzaría justa fama de escritor. Tuvieron siete hijos: Francisco de Paula (+), María, Berta (+), Ignacio (Director de Arte de
¿Acaso fue ese el origen literario del escritor? Veamos que dice propio Mendicutti: «Siempre cuento que mis precoces, bochornosos y --en su momento-- celebradísimos inicios literarios tuvieron que ver con Rafael Alberti, aunque es verdad que de un modo tan indirecto que a lo mejor más de uno piensa que eso es coger el rábano por las hojas. El caso es que, cuando yo tenía 6 o 7 años y vivía en El Puerto, una vecina nuestra, María Merello, prima hermana de Alberti, nos contaba a sus hijos y a mí y mis hermanos, sobro todo en las tardes de lluvia, unos cuentos fascinantes que no he vuelto a leer o a oír en ninguna parte: al cabo de muchos años, María Merello me reveló que eran cuentos que ella había oído en su casa y que seguramente acabarán perdiéndose porque nadie los ha escrito nunca. Bueno, yo una vez escribí uno. Quiero decir que, un buen día, arranqué unas páginas de un cuaderno escolar, las doblé por la mitad y las cosí por el canto con un hilo, para fabricar un libro, y allí escribí una historia cuyo encanto al parecer no conseguí estropear del todo con mi, por lo demás, comprensible torpeza. Cuando los mayores de la casa leyeron el cuentecito cayeron todos en trance: «--Este niño va a ser un Pemá», repetían una y otra vez, arrebatados de admiración. Pero María Merello, en un momento en el que estábamos los dos a solas, con una sonrisa entre cómplice y pícara, me dijo: «--Al principio, todos los escritores se inspiran en otros, ¿verdad?». Porque ella sabía que aquel cuentecito estaba calcado de uno de los que ella nos contaba, pero no me delató. De haberlo hecho, y por culpa de la vergüenza, seguro que yo no habría vuelto a escribir jamás una sola palabra. No lo hizo, María Merello no le contó la verdad a nadie, y eso me ayudó, como ninguna otra cosa en la vida, entonces y en el discurrir del tiempo, a descubrir el encanto, el desafío, el dolor, la alegría y el compromiso de la escritura. Solo puedo decir que siempre que se me ocurre preguntarme por qué demonios escribo, recuerdo aquellas tardes lluviosas de El Puerto, la voz levemente afónica y el acento delicado de María Merello, aquellos cuentos fascinantes que nos contaba, y hay en todo eso un eco misterioso y seductor de los versos de Alberti, un parentesco raro y enigmático que me permite evocar el feliz descubrimiento de la escritura y llena de sentido y necesidad el sinuoso empeño de escribir».
UNA MUJER EN VESPA.
CUENTOS, POESÍAS Y JUEGOS.


Hija de Javier Govantes de Soto, natural de Osuna (Sevilla) y de la porteña Teresa Pico Ferrer, vino a nacer a El Puerto, como la mitad de sus 10 hermanos con ella, y bautizada en la Prioral para, a los pocos días regresar al Osuna paterno donde se crió y vivió su primera juventud.





Era y es una gran aficionada a la Feria, ¡ojú! donde cantaba flamenco –no existían aparatos de megafonía en aquellas Ferias de Ganado- y bailaba y enseñó a bailar a muchos. Recuerda que con el locutor de Radio Puerto, 





Manuel Sánchez nació el 24 de diciembre de 1918 en la calle Jesús Cautivo, hijo de Manuel Sánchez y de Ana Jiménez, tenía cinco hermanos. Durante la Guerra Incivil luchó, primero en el bando rebelde -era Falangista- y luego, apresado en Pozoblanco y llevado hacia la retaguardia contraria, estuvo cautivo en San Miguel de los Reyes (un monasterio de la Ciudad de Valencia), hasta que fue enrolado por el ejército de la República. Luego cruzó a Francia donde permaneció preso en un campo de concentración para aquellos españoles que venían huyendo, bien de la guerra, bien del ejército rebelde. Con 20 años, en 1938 y, a la vista de como estaba la situación en nuestro país, en la propia Francia, inmersa en la II Guera Mundial, lejos de regresar a España decidió emigrar a América, y se embarcó en dirección a Chile. Era un joven deseando ver mundo, un mundo mejor que el que le había tocado vivir. (En la imagen, Manuel Sánchez Jiménez, en una fotografía tomada hace 40 años).


