En 1864 llegaron a El Puerto los Jesuitas y fundaron el Colegio que lleva su nombre. En él, como era habitual en los últimos decenios del siglo XIX, tanto en institutos como en colegios religiosos, existió un gabinete de física, química y de historia natural. El que sirve de base al libro escrito por Juan Carlos Pumar Reyes, fue especialmente rico en especies exóticas, pues El Puerto era punto de desembarco de misioneros que traían ejemplares de América. Además de una brevísima historia del museo, el grueso del libro –que está agotado y espera una reedición- está dedicado a estudiar la colección de peces del mismo. Se trata del volumen titulado ‘Museo de Ciencias Naturales del Colegio San Luis Gonzaga. Catálogo de Peces’. Biblioteca de Temas Portuenses nº 17. Año 2002. Ofrecemos un artículo resumen realizado por el autor de la publicación para Gente del Puerto.

Fachada del Colegio de la Compañía de Jesús a finales del siglo XIX.
Las primeras piezas del museo no llegaron a manos de la Comunidad de Jesuitas hasta los años 1865-67, cuando estos se asentaron en el antiguo Hospicio de Misiones de la calle Los Moros, consolidándose entre los años 1875 y 1924. Muchas de sus piezas proceden de familias adineradas cuyos hijos estudiaron en este colegio; otras fueron compradas a principios de este siglo y otras tantas deben su presencia a las antiguas misiones Jesuitas que transcurrieron por América. Paralelamente al devenir de la Comunidad de Jesuitas, la colección de piezas del museo ha sufrido muchos traslados y movimientos que consecuentemente llevaron al deterioro y pérdida de buena parte de sus “reliquias”.

Alumnos y profesores del Centro, con piezas del Museo de Ciencias de los Jesuitas, posando en el patio del Colegio.
La fundación del actual colegio tiene lugar en 1867. En septiembre de 1868, acababan de llegar desde París grandes cajas y embalajes con algunas máquinas e instrumentos para el Gabinete de Física del Colegio. El museo siempre estuvo ligado a la Sala de Física del Colegio, muy importante debido a la alta innovación y tecnología de sus instrumentos con fines pedagógicos.
Durante la Revolución de 1868, los Jesuitas se vieron forzados a abandonar el Colegio. En este momento, fueron acogidos en casas particulares y en nombre del Estado, se incautaron muchos de los bienes pertenecientes a la comunidad de religiosos de la Compañía de Jesús. No hay nada escrito sobre las piezas de este museo hasta su regreso del exilio en 1875. Existe un inventario de los bienes y pertenencias del Colegio del año 1868 que podemos encontrar en el Archivo Histórico Municipal de El Puerto Sta. María (Actas de la Junta Revolucionaria de 1869 R.B.137).

Sala del Museo de Ciencias, con mamíferos disecados, incluso de gran formato.
Durante la Guerra Civil, el Colegio fue utilizado como hospital de sangre, ocasión que aprovecharon antiguos alumnos y Jesuitas para trasladar muchas piezas a domicilios particulares. Al finalizar la Guerra Civil Española, se reunieron todas las piezas, volviendo a ocupar su sitio en las antiguas vitrinas, dentro de una gran sala de la segunda planta del edificio y junto a la antigua capilla del noviciado.

En 1961, las reparaciones del edifico y el traslado del noviciado a Córdoba, propiciaron la sustracción y extravío de algunas piezas singulares de la colección. Diez años después, en 1971 y por readaptación del espacio para el alumnado, se decidió el traslado del museo a cuartos situados en la crujía de la fachada principal. Para ello, se seleccionaron aquellas mejor conservadas desechando muchas otras por su mal estado de conservación, mutilaciones o roturas. Al parecer, se tuvo que prescindir de hasta un 50% del total de las piezas hasta entonces conservadas, incluyendo algunas de gran tamaño e inestimable valor.

Gabinete de Física del Colegio San Luis Gonzaga.
En 1975, el Padre Luis Conradi S.J. con la ayuda de Fernando Terry Merello, consiguió financiación privada para llevar a cabo una restauración taxidérmica de aves, peces y mamíferos, realizada por el conocido taxidermista sevillano Vicente Gamarra. Desde 1985, esta “Sala de los Bichos”, como denominaban antiguamente y aún citan los maravillados alumnos, se ubica en su sala actual.
En su amplia y diversa colección, se incluyen animales disecados de todo tipo: aves, peces y mamíferos, invertebrados y hasta restos fósiles. Dado que muchas de las piezas son originarias de América, es obvio que muchas proceden de las misiones jesuitas en el nuevo mundo. Éste es el caso de las 214 aves tropicales disecadas que conforman la colección, datadas en el año 1901. Estas aves, que incluye rapaces y aves insectívoras proceden de Centroamérica y han sido determinadas al nivel de especie y catalogadas por el veterinario y antiguo alumno D. José Gutiérrez. Curiosamente, bajo la peana de un pequeño roedor aparece la etiqueta del taxidermista que trabajó el ejemplar en Puebla (México), lo que demuestra tal procedencia de la mayoría de las piezas.

Laboratorio de Química del Colegio de los Jesuitas.
Los moluscos constituyen una parte muy importante del museo tanto por su número como por la variedad de especies. Esta colección está formada por 1264 gasterópodos marinos, 552 terrestres y 686 bivalvos entre un total de 2502 conchas, fósiles y fueron determinados, clasificados por el Jesuita Luis Conradi según el sistema A.P.H. Oliver (Shell of the World) De todas ellas, 1000 piezas fueron compradas al naturalista francés A. Loffe en el año 1902.
En lo que a mamíferos se refiere, también hay una atractiva colección, precisamente una de las últimas piezas incorporadas fue un leopardo cedido por la familia Terry el día 3 de julio de 1997.

Esturión del Guadalquivir disecado que se encuentra en los fondos del museo.
Destaca el hecho de que en estos comienzos ya hubiera más de 70 especies de peces “raras” desconociéndose sus nombres (actualmente quedan 49 ejemplares). Un fragmento de esta exposición ha permanecido sin dar a conocer los nombres “propios y comunes” de una parte singular de su colección: los peces, que ha llevado a dedicar tiempo en la determinación y catalogación de estas especies y situarlas en el lugar que se merecen dentro de este histórico museo. Existen 49 ejemplares de las tres grandes clases en las que se agrupan los peces, formando actualmente la colección. Los Ciclóstomos (Mixinos y Lampreas), los Condríctios (Quimeras, Rayas y Tiburones, con esqueleto cartilaginoso) y los Osteíctios (verdaderos peces, con esqueleto óseo).
En lo que se refiere a los peces, al final de este catálogo inventario se cita la sierra de este mismo pez que aún perdura, de la que se comprueba que nunca tuvo el resto del animal en el museo: “Como curiosidades poseen una colección de más de 60 objetos pertenecientes a los indígenas de Fernando Poo... y entre otras cosas una sierra del pez sierra de 0.99 m”. (Texto Juan Carlos Pumar Reyes)

Hace unos días en Diario de Cádiz se publicaba la noticia de que se impondría la multa de noventa euros (14.975 pesetas, dicho en cristiano, o 15.000, redondeando), a quienes jugaran a la pelota en la playa e incluso se les incautarían las pelotas. Tamaña medida coercitiva no es nueva, sino bien antigua, aunque, dicha sea la verdad, nunca se ha respetado, ni espero que se respete. No es que yo esté llamando a la desobediencia civil, que a lo mejor lo estoy, pero es que ésto de jugar a la pelota en la playa es beneficioso para la salud del alma y del cuerpo y cantera de gentes que así empezaron, como el mundialista portuense Joaquín. Y, fíjense, adonde ha llegado.

Cuando yo era chico, más abajo de “Las Columnas” y más arriba de la Farmacia de Manolo Hörh, en la calle Luna, hubo una lechería, propiedad de Doña Amparo Osborne Vázquez, Duquesa Viuda de San Fernando de Quiroga, donde se vendían los productos de la Granja de la Misericordia, finca de la Duquesa, en el camino de Fuenterrabía, camino de Mazantini, que se llamaba y, luego carretera de Fuentebravía, a la salida de Vista Hermosa. Dos veces al día, el vaquero, que era vasco, aprovisionaba la tienda de leche y huevos, así que no era raro ver el carro de la Granja, tirado por un caballo, estacionado junto a la acera, en la calle Luna. A mí me impresionaba la gran cabeza de gallo que estaba pintada en la fachada de la lechería, que se repetía dentro, en la pared del fondo. Y recuerdo al vaquero trasegando jarras de leche a unos enormes depósitos de donde, en medidas, se sacaba para su venta al por menor. Recuerdo al vaquero bajando del carro unos enormes canastos, con paja y virutas en que transportaba los huevos. Recuerdo al caballo, enganchado al carro, parado, quieto, inmóvil, atado por el ramal de la marteguilla a la argolla que había en el alisar de la acera.


Todos también recuerdan a doña Virginia Hernández López, quien además fue profesora de piano en la Academia de Bellas Artes entre 1923 y 1962… “… me acicalaron y condujeron a la Academia, en la calle Santo Domingo y entré por primera vez y para muchos años por su bonito patio, que mi retina conservó para siempre su forma, su escalera de madera, su salón de actos, sus clases, sus luces y mis oídos escucharon como una magia la campanita de llamada, acordes musicales unas voces de do, re, mi, fa, sol, inexplicables…” Juan Lara. “Mis Recuerdos”
FRASES Y CITAS.
Antonio Domínguez Ramos: “Risa, penas, muchas calamidades y con nuestras chiquillerías contagiábamos e inyectábamos alegría. Era una manera de olvidar el hambre. Incluso nos quitábamos las alpargatas cuando jugábamos para que no se rompieran… “Me parto el pecho por vosotros para nada…” decía don Salvador cuando se enfadaba. “Nadie hacia nada, nadie se metía con nadie” cuando veían la imponente figura de don Salvador paseando, leyendo por la calle.
El bueno de Benjamin Lora Atalaya siempre preocupado por sus compañeros que nos daba todas las facilidades para comprar los muebles para casa ¡Cuánto lo recuerdo! ¡Que gran persona!”. Benjamín tiene nótula propia en Gente del Puerto, junto a su hija Isa Lora, con el número 105, en el Indice de Gentes de este Portal de Internet.
mas reciente, nos han ido abandonando…” “Aquí estamos algunos de nosotros para agradecer desde el recuerdo todo cuanto hicieron por nosotros”
hermanos… a Don Salvador todos debemos gratitud, nos enseñó a caminar por la vida, leer, escribir y ser honestos”. Y añade “Antes de dedicarme a la hostelería fui pescadero y las cuatro reglas que me enseñaron en el Colegio de la Academia de Bellas Artes me sirvieron para trabajar por mi familia” concluyendo que “sería una alegría si me viera ahora don Salvador aquí, en el Bar El Pescaíto, con mi mujer, hijos y nietos que contento se pondría, pero seguro que lo está viendo… ”




En esa época recuerda Paco haber vivido situaciones difíciles, como las inundaciones de las Barriadas del “Vietnam”, o Los Madrileños, donde falleció un agente en acto de servicio; la explosión de la Alcoholera del Puerto. Coordinó desde sus concejalías el cambio del tablero del puente sobre el Guadalete que pasó de dos a cuatro carriles (se hizo de noche y de forma alternativa), algo que era necesario y que se hizo en época de elecciones, consciente de las molestias que le producirían a los vecinos, recuerda que fue una decisión valiente. Y evoca también los dispositivos montados durante la Feria o los Campeonatos del Mundo de Motociclismo, superando gestiones anteriores. (En la fotografía, Antonio Álvarez y Francisco Corbacho).

La muralla de encauzamiento del río Guadalete entre la plaza de la Herrería y el puente San Alejandro, comenzada a levantar en 1873, no se culminaría hasta 1884. Pero a los diez años, en septiembre de 1894, ante el mal estado que presentaba la nueva muralla y la más antigua –de 1735- frontera al paseo del Vergel, el maestro de obras del municipio, Miguel Palacios, requirió al Ayuntamiento la necesidad de su inmediata reparación. El proyecto formado por Palacios incluyó la rehabilitación del terreno ganado al río en la década de los 70 del siglo XIX, “un sitio intransitable e inmundo”, al decir de entonces. Buena ocasión se presentaba para que el aspecto de la ribera entre el Vergel y el puente San Alejandro ofreciera una imagen más digna para un lugar tan señalado y principal de la población. (Don Severiano Ruiz Calderón, alcalde de El Puerto en 1895. Fotografía Colección Manuel Pico Ruiz-Calderón)









El próximo domingo, 19 de Abril, a las 12,30 horas, en la Ciudad Deportiva Municipal de nuestra Ciudad, se juega el partido de vuelta de la liga de ascenso a División de Honor de Rugby, entre el Club de Rugby Atlético Portuense (CRAP) y el Hernani. En el partido de ida el equipo vasco ganó por 17-14. Es una ventaja que los seguidores del CRAP están seguros que podrán remontar y recuperar. Es mucha la ilusión del Club por la gran temporada que ha realizado el primer equipo y por alcanzar el resultado de ascender a la División de Honor, lo que los colocaría entre los diez mejores equipos de España en este deporte. Por eso los socios del CRAP han lanzado una convocatoria para que el máximo de porteños acudan a presenciar el encuentro y a animar con su presencia a los nuestros, porque hay muchas razones para ello:







Por el programa de José Prudencio muy vinculado con nuestra Ciudad por estar casado con una vecina nuestra, Susana González Borrás y por sus colaboraciones tiempo atrás con Tele Puerto, han pasado entre otros porteños, Javier Ruibal, Tily Santiago, Julio Rivera Cross, Raquel Zarazaga, José María García López, Lola Caballero, Charo Troncoso (fue profesora de literatura en el Instituto Juan Lara), Enrique García Máiquez, Carlos Benjumeda y está previsto que desfilen por el mismo otros paisanos nuestros tales como Ángel Mendoza, Muñoli, Verónica Pedemonte, Juan Manuel Gallardo Bernal, Luis Suárez, Faelo Poullet, etc. (En la fotografía, la porteña Susana González Borrás, esposa y compañera de José Prudencio).




ANTECEDENTES.
Se realizan centenares de detenciones en la zona de Jerez y en las provincias de Córdoba y Sevilla, que desorganizaron el movimiento obrero en Andalucía. Sobre la base de tres asesinatos cometidos en la provincia de Cádiz –ajenos a los problemas sociales, pero realizados por delincuentes obreros-, se monta el proceso llamado de “La Mano Negra”, (que para la prensa y la historiografía posterior se convirtió en proceso de una organización acusada de innumerables crímenes, secuestros y robos). Los tres crímenes, cometidos por delincuentes comunes, tuvieron lugar en El Puerto de Santa María, Arcos de la Frontera y San José del Valle. (En la ilustración, Práxedes Mateo Sagasta).
Otro peón caminero, observando la misma mañana a un hombre que le pareció sospechoso, lo detuvo, le preguntó dónde iba y le dijo que al Puerto, a pesar de llevar dirección contraria. Viendo que trataba de escaparse, lo entregó a los soldados de la remonta, en tanto no disponían de él las autoridades. Fue registrado y le encontraron una navaja de uso ordinario. El detenido era Diego Mestre.
Victor Bellvis Acosta --Belva-- nace en El Puerto el 13 de julio de 1985. Hijo de José Ignacio y Carmen, porteño y jerezana, es el segundo de dos hermanos y nieto del conocido bancario jubilado del Andalucía, Rafael Bellvis. Vive en la calle Manuel Álvarez, 44, pegado al coso taurino, a una de sus grandes aficiones: el mundo de los toros. Tiene un perro, de nombre Henry, que lleva con la familia once años. Estudió primaria y parte de secundaria en el Colegio SAFA-San Luis, terminando sus estudios de bachillerato en el Instituto “Pintor Juan Lara”. En la actualidad estudia Ciencias Empresariales en Jerez de la Frontera. Satisfecho de los estudios que está llevando a cabo, el año próximo tiene previsto terminar la carrera de grado medio en Inglaterra, en la Universidad de Wolverhampton, con una beca Erasmus. (Victor, con su Cannon reflex, en el burladero de fotógrafos de la Plaza Real).
Victor, no tiene antecedentes familiares en el mundo de la fotografía. Su afición a la Semana Santa le hace entrar en el mundillo de los objetivos y las cámaras, empezando en el año 2004 con una cámara réflex de carrete, de forma autodidacta y agradeciendo los consejos de los profesionales que va conociendo, con los que llega a entablar una relación de amistad.
Apasionado tanto de la fotografía cofrade como de la taurina, colabora con la web taurina
DISTINCIONES SEMANA SANTA.


Dicha empresa era valenciana y se encargaba del suministro de intendencia de los ejércitos de Tierra, Aire y Marina de Guerra, así como a las prisiones. Se mudó posteriormente junto a su familia a una casa al lado del antiguo penal de El Puerto, edificio que no existe en la actualidad.