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Julio Bernardo Fuentes Bobo nació en Zamora el 2 de julio de 1930, --hace 81 años-- hijo de Bernardo Fuentes e Isabel Bobo, siendo el mayor de tres hermanos. Llegó a nuestra Ciudad destinado al Instituto Laboral --hoy de Santo Domingo-- en el Curso 1960-61, donde impartiría clases de inglés y donde, dos años mas tarde se casaría con Carmen Oñoro López, el 22 de diciembre de 1963, con quien tuvo tres hijos: Raúl, Raquel y Elsa y ya, dos nietas. Vive en Salamanca desde 1979.

1930
El año de su nacimiento, el rey Alfonso XIII visita las cuevas cantera de la Sierra de San Cristóbal. Se crea el Instituto Colombino de El Puerto. El Castillo de San Marcos es declarado Monumento Nacional. Rafael Alberti publica su libro de poesías 'Sermones y Moradas'. Ese año se casa con María Teresa León.  Se produce relevo de alcaldes, siendo elegido el 26 de febrero José Luis de la Cuesta Aldaz y el 18 de marzo, Eduardo Ruiz Golluri. El 6 de junio se desborda el río Guadalete por el temporal de lluvias, arrastrando millares de haces de trigo y cebada y muchos animales muertos. El restaurador Juan Botaro da a conocer ese año la autoría, por parte de Juan de Mesa, de la imagen del San Francisco Javier, custodiada en la iglesia de San Francisco. Se funda la Hermandad de la Misericordia y Ntra. Sra. de la Piedad. Nacen ese año, también,  José Luis Mediana Gutiérrez, 'Peligro', conocido dependiente de la tienda de la calle Cruces 'Casa del Curita' y Juan Carreto Aparicio, canónigo magistral que fue de la Colegial de Jerez.

Es larga y compleja la relación de centros docentes en los que estudió a lo largo de su vida. Las Escuelas de Náuticas de Cádiz y La Coruña, entre 1949 y 1958. Entre 1970 y 1986 en las Universidades de Barcelona  y Oviedo.

Visita que hicieron los hermanos fundadores de la Hermandad del Dolor y Sacrificio a la Base Naval de Rota en 1960. De izquierda a derecha y desde atrás hacia delante: Angel Ferrer Zamacola; desconocido; desconocido; Felipe Bononato Sáez; José Jacinto Cossi Mora; desconocido; desconocido; desconocido; desconocido; José Manuel Pico Tosar; Manuel Pico Ruiz Calderón; desconocido. Fila siguiente: Tomás Osborne Domecq; desconocido; Julio B. Fuentes Bobo; Vicente González Lechuga; desconocido; Francisco Acosta Higueras; Fernando Gago García; Guillermo Romero Rivas. En primer plano, Francisco Javier Osborne Domecq, como hermano Mayor de la Hermandad, haciendo entrega de de un obsequio a un militar americano.

DOCTOR EN FILOSOFÍA Y LETRAS.
Es Doctor en Filosofía y Letras y Piloto de la Marina Mercante. Ha ejercido la docencia del Inglés regularmente en institutos de enseñanza media de diversas poblaciones españolas, --en El Puerto estuvo entre 1960 y 1967, año en el que es destinado a (Sabadell), Barcelona, así como en organismos universitarios --Instituto Universitario de Ciencias de la Educación, y Escuela Universitaria de Estudios Empresariales-, alternando en su juventud dicha actividad con la navegación, siempre que surgía la ocasión y no existía incompatibilidad. Se jubiló en el I.E.S. "Lucía de Medrano" de Salamanca como catedrático de inglés, donde vive en la actualidad.

De izquierda a derecha, Juan Carlos Benjumeda, Isabel Fuentes, Julio Fuentes, Aguilar --era Jefe de la Comisión del Carbón en El Puerto) y de espaldas, Tomás Copano, Práctico del puerto, en junio de 1963, frente al porche del chalé de nuestro protagonista que le correspondía como profesor del Instittuo Laboral.

LLEGADA A EL PUERTO.
En El Puerto vivió, --entre 1960 y 1967-- primero en la calle Luna, en la pensión existente en la casa que hace esquina con la calle Nevería y, posteriormente, ya casado con Carmen Oñoro, en la entonces calle Rodríguez de Valcárcel --hoy Giner e los Ríos--, uno de aquellos chalés pareados que ocuparon durante años los profesores del Instituto Laboral. Rememora: «Aquella fue una época no solo importante, sino fundamental en mi existencia. Son tantas las personas de las que me gustaría saber… Comprenderéis mi ‘disgusto’ al saber que se había hecho en 1999 un homenaje al profesorado de mi Instituto, pero nadie me lo había comunicado».

Imagen del Instituto Laboral, hoy Santo Domingo, visto desde la planta superior.

INSTITUTO LABORAL.
En el Instituto Laboral, emprenderá una lucha constante para «asimilar unos programas y metodología del Inglés disparatados, procurando enseñar lo mejor posible a excelentes muchachos, muy  motivados». Imparte, además, clases además en el Colegio de las HH Carmelitas. Y, no menos importante, clases bisemanales en Radio Puerto, la emisora del Instituto Laborl, donde por ello coincidía con Pepe Morillo y Hortensia Renedo.

De izquierda a derecha, Angelines Ayuso, Fernando Gago y Juio Fuentes en una escena de 'La del Manojo de Rosas', representada a beneficio del Comedor de Ancianos de Acción Católica, con el que también colaboraba nuestro protagonista. Mayo de 1961

‘LA DEL MANOJO DE ROSAS’.
Pronto se integró en la vida cultural de El Puerto: «Con mi rápida incorporación a la zarzuela “La del manojo de rosas” devolví la tranquilidad a su director, el Maestro Francisco Dueñas, algo de lo que me siento orgulloso. El papel de Espasa era clave entre los “no cantantes”, y cierto actor había abandonado los ensayos y la obra cuando todo iba muy adelantado».

CRUZADOS.
Colaboró con la revista local ‘Cruzados’: «Entre mis colaboraciones destaca una en clave de humor, poco después de cuya publicación –coincidencia, o no-  el Ayuntamiento se encargó directamente del servicio de recogida de basuras. Se titulaba “Historieta con aroma», tema y título sugeridos por mi compañero de Instituto  y amigo Enrique Bartolomé Y mi colaboración con el periódico llegó más allá: me propusieron que me encargara de la publicidad a comisión, acepté y --para sorpresa de algunos, incluido yo mismo, pues aunque desciendo de una amplia familia de comerciantes nunca había tenido ninguna actividad comercial--, en vista de los resultados me ‘fichó’ una agenciapublicitaria portuense, “Survallas”.

Miembros de la directiva de Medusa para 1964, de la que formaba parte Julio Fuentes.

MEDUSA.
Siguiendo con el Teatro, recuerda que en una obra que se representó organizada por la Agrupación Cultural ‘Medusa’ que «Siendo yo director-actor de la lectura de ‘La visita que no tocó el timbre’, cuando tenía que entrar una voz grabada se retrasó más de lo conveniente (en el magnetófono estaba Rafael Esteban Poullet),  conseguí salvar la situación con mis ‘dotes’ de ventrílocuo  sin que el público se diera cuenta del cambio».

ESCRITOR Y TRADUCTOR.
Su afición a la escritura raras veces lo ha mantenido inactivo, como lo prueban las numerosas colaboraciones en diversas publicaciones nacionales y locales y la traducción de varios libros. Ha obtenido premios y distinciones en algunos certámenes.

Libros de autoría propia:
‘La novela del mar en Occidente’, Salamanca 1999, Plaza Universitaria Ediciones.
‘Memorias de un soñador’, Salamanca 2003 (patrocinado por) Caja Duero.
‘La lupa en el ojo ajeno’ (comedia con mensaje), representada -que no publicada- por el grupo "Audacia" en Salamanca y provincia en 2009.

Traducciones:
‘El fútbol’ y ‘Las carreras de automóviles’, Barcelona 1976, Ed. Plaza & Janés.
‘La Compañía’ de John Ehrlichman, Barcelona 1976, Ed. Argos Vergara.

OTRAS AFICIONES.
Aficionado a los idiomas, senderismo, la grafología, el teatro, la música clásica, lectura, ... participa en una tertulia en Salamanca que se viene reuniendo desde 1995, primero como Tertulia ‘Escudos IV’ y en la actualidad bajo el nombre de ‘Rona Dalba’ nombre del hotel que les da cobijo.

En la imagen, Julio B. Fuentes, a la izquierda durante la charla que ofreció en la veterana tertulia salmantina 'Rona Dalba', que versó sobre 'Las tribulaciones de un escritor novel'. A la derecha, Luis Gutiérrez, moderador de la tertulia.

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Reunión de amigos delante del mostrador del Bar Vicente, en una antigua instantánea: Antonio Gil González; Antonio Monge Alonso, con gafas, su hermano Manolo trabajaba en Banco Central; dos desconocidos; Francisco Jiménez Lerdo, fumando con boquilla; dos desconocidos; José Luís Jiménez Lerdo, fumando con boquilla y con sombrero; desconocido; con bigote Gaspar Mauri Ballester, maestro redero, hijo del patrón de pesca alicantino que falleció en diciembre de 2004; agachados Juan Fortes, Francisco Rodríguez Lores y José Luis Palomo Palomo Abadía que tenía un tabernón en la calle Durango, 22. /Foto: Colección Vicente González Lechuga.

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1957. Playa de La Puntilla. De izquierda a derecha, niño en la arena, desconocido; Juan Suárez Ávila con las piernas cruzadas; niño con gorra desconocido; con traje, chica de un pueblo de Sevilla, Rafael Corzo Gamaza; Milagros Rodríguez gonzález, hermana de José María y Miguel; el niño al que solo se le ve la cabeza puede ser Nicanor Gómez; José Jacinto Cossi, con pelo y María Muñoz Gonzalez, actualmente, su mujer. Agachados con gorra, Felipe Bononato Saez, el niño sevillano José Luis Calle Fernández; debajo de éstos el madrileño Rafael Mayo (+), marido de Tere Osorio y Eloy Bayard Izaguirre; niño desconocido y, tirado en la arena, José María Rodríguez González.

1957. Corría el mes de julio en Valdelagrana, desde el otro lado del ‘canal’, por donde navega el vapor Adriano. Al fondo la escollera de la playa de La Puntilla. De izquierda a derecha, Francisca Lechuga Camacho, Vicente González Bruzón, un jovencísimo y delgado Vicente González Lechuga y su hermano José Ignacio.

1954. Niños en La Puntilla. De izquierda a derecha, Milagros González Herrero, José Ignacio González Lechuga, su primo Manuel Valimaña Lechuga, María de los Ángeles González Herrero y Vicente González Lechuga.

1951. En La Puntilla. De izquierda a derecha, Mercedes Valimaña Lechuga,  y sus hermanos Fosco, el pequeño Manolo, Macario, Juani e Ignacio, con su madre, al centro, Mercedes Lechuga Camacho.

1948. En La Puntilla. De izquierda a la derecha, Elena González Bruzón, María de los Ángeles Herrero Tello, Rafael González Bruzón, su hermana Milagros, José Domínguez Neto. Al centro, las niñas Milagros, Joaquina y Josefa Domínguez González. Sentados en la arena, Antonio Herrero Tello y señorita desconocida.

1947. En La Puntilla. El niño Vicente González Lechuga, Francisca Lechuga Camacho, Rosario Sánchez Carvajal y José Ignacio González Lechuga.

1942, 31 de julio. En la Playa de la Puntilla, de izquierda a derecha, Victor Giménez Benito, propietario de la panadería ‘La Divina Pastora’; Rafael González Bruzón y José González Narváez, ‘Pepito el del Horno Las Cañas’.

1942, 25 de julio. En la Puntilla, el día de la Marea de Santiago, cuando el agua llegaba a las casetas. De izquierda a derecha, Miguel Rodríguez, Milagros González Muñoz, Vicente González Bruzón, Francisca Lechuga Camacho, desconocida. Delante los niños Milagros, Miguel y José María Rodríguez González y Vicente González Lechuga, a cuya colección particular pertenecen las imágenes de esta nótula.

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Cristóbal Mosquera de Figueroa nació en Sevilla en el año 1547.  De condición hidalga,  estudió en Salamanca y en Osuna y fue discípulo de Juan de Mal Lara. Fue Corregidor y Capitán General en El Puerto de Santa María y Auditor de cuatro Galeras. Antes fue Corregidor de Utrera y posteriormetne de Écija, para luego pasar a ser Alcalde Mayor de Adelantamiento de Burgos, y trasladándose luego a Valladolid.  /En la imagen, retrato de Cristobal Mosquera, en un grabado propiedad de la Biblioteca Nacional de España.

¿Que es un Corregidor? Era un funcionario real, cargo equivalente al de alcalde, cuya misión era representar a la Corona en el ámbito municipal. Sus funciones: representar a la monarquía a nivel local, gestionar el desarrollo económico y administrativo de los municipios, presidir los ayuntamientos, dando validez a sus decisiones, ser juez en primera o segunda instancia, ... Desaparecieron en 1833 al instaurarse los Gobernadores políticos, en el ámbito administrativo, y remodelarse el sistema judicial.

Cristóbal Mosquera perteneció al grupo poético sevillano de la mitad del siglo XVI. Tuvo algunos amigos muy conocidos, como el poeta Alonso de Ercilla, Miguel de Cervantes, a quien le proporcionó trabajo como recaudador de la Armada Invencible, y de don Álvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz, que le protegió. Como poeta fue recreador s de la poesía del momento, le gustaban las construcciones trimembres, tomando como modelo a poetas como Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León. También de Fernando Herrera de  quien era amigo personal y publicó en sus “Anotaciones” algunas traducciones suyas.  Se retiró a Écija, donde pasó los últimos años de su vida. «cansado, pues, ya de tantas ocupaciones y trabajos, i desengañado de las cosas del mundo, se retiró a Écija, donde avía sido corregidor, i allí enfermó de la orina i de otras reumas o corrimientos a los ojos que le turbaron i oscurecieron la vista. Finalmente, vencida la naturaleza de los achaques i dolores, trocó esta vida por la eterna, año de 1610». (Francisco Pacheco). /En la imagen, portada del 'Comentario en breve compendio de disciplina militar...', propiedad de la Biblioteca Nacional de Portugal. Año 1596.

«Don Juan de la Cerda, recurrió a Cristóbal Mosquera para poner orden y paz en ciertos asuntos delicados de su Ciudad y Gran Puerto de Santa María. Para ello, le nombró juez para que abriese el juicio de residencia al doctor Espinosa, corregidor del Puerto y de sus tenientes y otros oficios. El mismo día que el duque hizo este nombramiento, le dio el título de Corregidor del Puerto, fechado en Medinaceli en noviembre de 1580 en el que se hacía constar ‘la habilidad y suficiencia y calidades que concurren en vos el licenciado Mosquera de Figueroa’.

A fines de noviembre se presentó el juez poeta en el Puerto de Santa María, y el último día del año ya actuaba en el desempeño de su cargo. Con todo celo desempeñó su oficio de Corregidor, que ejerció hasta 1582, siendo una de las cosas más notables que hizo la reforma de las Casas del Cabildo, en las que edificó varias piezas. /En la imagen, vista parcial de la vista de El Puerto dibujada por Anton van Wyngaerde en 1567 por encargo de Felipe II.

Mosquera, que en su juventud había sido marino, se hallaría a sus anchas en el Gran Puerto de Santa María, y tal vez recibiera aquí la visita de su antiguo general el marqués de Santa Cruz, a quien, años después, en 1586, le dedicó un extenso e inspirado elogio a su retrato.

Un grave negocio tuvo que resolver Mosquera en el Puerto de Santa María por la cualidad de las personas que en él intervinieron, ya que se trataba del licenciado Juan Rodríguez Herrera, vicario del Puerto. Este licenciado era hombre inquieto y muy aficionado a entrometerse en los asuntos de la jurisdicción civil ‘por lo que traía alborotada a la ciudad, y no acudir a las cosas del servicio de la Iglesia y administración de los sacramentos como debía’, así se lee en las actas capitulares.

El Cabildo portuense acordó que ‘convenía mucho que no fuese Vicario e que todos sus excesos fuesen castigados’. De esto se encargó con diligencia y pericia el Corregidor Mosquera y sin perder tiempo se trasladó a Sevilla, llevando para el provisor una carta del Cabildo, en la que se pidió la remoción del Vicario. La gestión de Mosquera dio el resultado apetecido. El provisor contestó al Cabildo del Puerto ofreciendo hacer justicia, y Mosquera consiguió que el Vicario fuese removido. Al poco tiempo, el poeta dejaba el corregimiento del Puerto para desempeñar otros oficios que Felipe II le encomendara, entre ellos ‘ciertas cosas del servicio a Dios y de Su Majestad’, en la ciudad de Livona, por lo que pidió al Cabildo del Puerto le hiciera merced de darle noventa días de ausencia para dichos asuntos. Acordó el Cabildo como lo pedía el Corregidor, ‘conforme a la ley del Reino y más allende, con que cumplido el dicho término, asista a dar residencia’. /En la imagen, el rey Felipe II.

Tengo para mí que Mosquera ya no volvió más al Puerto de Santa María, y que el juicio de residencia le fue en un todo favorable, siendo el licenciado Pedro de Alarcón el juez encargado de las actuaciones. Que la prudencia y los dotes de gobierno de que Mosquera estaba poseído se acreditaron mientras fue Corregidor, lo demeuestra que algún tiempo después desempeñó importantes oficios en Utrera y el puesto de Corregidor en Écija, donde pudo prestar a su amigo Miguel de Cervantes señalados favores». (Texto: Santiago Montoto). /En la imagen, Miguel de Cervantes, quien fuera proveedor de las Galeras Reales.

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Frente al antiguo Ayuntamiento inaugurado en 1897 siendo alcalde Severiano Ruiz Calderón, construido en parte en el desaparecido convento de los Descalzos, en la Plaza de Isaac Peral, esquina a Nevería se encontraba hasta el 'Bar El Chico'. Y una nota curiosa para biógrafos, en este bar estuvo de 'chicuco' el historiador y Dr. en Historia Javier Maldonado Rosso.

Detrás del mostrador, segundo por la izquierda, Paquito, sobrino de 'El Chico'. Delante del mostrador, primero por la izquierda, Manuel Bollullo López; en el centro con traje gris y pañuelo oscuro en el bolsillo de la chaqueta, Camilo Brea Vila. El niño que aparece es Luciano Vázquez Orihuela.

Antonio Jiménez ‘el Chico’ inauguraría en 1934 un café y tienda de vinos y bebidas en la esquina de la Plaza de Isaac Peral con Nevería, en un antiguo edificio ya desaparecido. En el actual se encuentra la Cafetería ‘La Perla’ propiedad de los Hermanos Ojeda Lores. Hacia 1940 ya era propiedad de Andrés Orihuela Jiménez, pasó a llamarse ‘El Imperial’, mismo nombre mantenido por su siguiente propietario, Manuel Balsaobre Montoya. El establecimiento también fue gestionado por los Giles, que seguiría siendo conocido como ‘Bar El Chico’, hasta su desaparición tras la marcha del Ayuntamiento, en 1976 a su actual ubicación en la Plaza del Polvorista.

De pié, Paquito, sobrino de 'El Chico', sentado a la derecha, con la bata de atender en el Ultramarinos, Luciano Vázquez, natural de San Roque (Cádiz), en una reunión jugando al Dominó.

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El minúsculo enclave monegasco, uno de los países más antiguos de Europa, tan rico en ingresos como en historias extravagantes que lo rodean, tiene un vínculo concreto con El Puerto a través de un antepasado de los actuales miembros de la Casa Soberana. Isidoro de la Torre y Mier, descendiente de palestinos y nacido en El Puerto de Santa María a principios del siglo XIX, hizo fortuna en Méjico y su hija Susana de la Torre se desposó con un noble francés y que emparentarían con Luis II de Mónaco al casarse uno de sus hijos con la descendiente, ilegítima en principio, del príncipe. La conexión monegasca con El Puerto es una buena excusa para profundizar en las peculiaridades de Mónaco, la inminente boda mañana sábado entre el príncipe Alberto II (su nombre completo es Alberto Alejandro Luis Pedro Grimaldi Kelly, en posesión de los títulos de Príncipe de Mónaco, Marqués de Baux, Duque de Velentinois, Donde de Carladés y Baron de Saint-Ló) y su novia, la ex nadadora sudafricana Charlene Wittstock, con tres días de festejos, conciertos, bailes palaciegos y fiestas en las plazas y calles. Todo ello  a través de la narración de Francisco Andrés Gallardo, Jefe de Sociedad y Televisión del Grupo Joly.

GRACE KELLY.
Cuando Grace Kelly aparece en 1956 es una maniobra más calculada que el cuento de hadas que aparentaba en esencia aquel acontecimiento. El matrimonio de la angelical actriz, hija de un millonario irlandés, además de ser un perfecto escaparate, un icono de la mejor campaña de imagen que puede soñar un país, la aparición de Grace trajo rostros de Hollywood, pero en especial capital norteamericano al servicio y para el beneficio de Rainiero  Opereta. Matrimonio de conveniencia, muy rentable, aunque nadie está en su derecho de reprocharles que no hubiera amor, o fascinación entre  los dos. Se supone que fue un periodista de Paris-Match el que tuvo la ocurrencia de llevar a Grace a hacerse unas fotos a Mónaco, donde conoció a Rainiero. Ahí surgió la chispa de la idea de buscar un rumbo al país.

ONASSIS.
El problema del príncipe era la presencia de Aristóteles Onassis  que además de ser un poder paralelo en el rico enclave mediterráneo estaba protegido por la hermana de Rainiero, Antoniette. Rainiero mantuvo un constante enfrentamiento con su hermana. Ambos no se hablaban con sus padres y al final, como más o menos intuyen, el control de Mónaco quedó en manos del príncipe, tras quitar cualquier opción de derechos de sucesión a su hermana, y llevando al principado a uno de los grandes lugares del pelotazo urbanístico y bursátil del mundo.

MONACO NO ES CASA REAL SINO SOBERANA.
Mónaco, no casa real, sino Soberana. Desde hace seis años es príncipe Alberto II.  Por las venas  del príncipe corre lejana sangre portuense. Rastrear un poco la historia y a través de una anécdota, desde una investigación de pasatiempo, conocer algo más de Mónaco de lo que aparece en las revistas.

Partida de nacimiento de Isidoro de la Torre, ancestro de Alberto II de Mónaco, que se custodia en la Iglesia Mayor Prioral.

ANTECEDENTES PORTUENSES.
Por lo pronto les avanzo que el antepasado portuense de la familia soberana monegasca es Isidoro Fernando José Máximo de la Torre era hijo de Isidoro Francisco de la Torre y Teresa  Gil, casados en El Puerto en 1808, en plena guerra de la independencia y este antepasado nació el 1 de julio de 1814. Y aquí tenemos su partida de bautismo, que puede consultarse en el archivo de la Iglesia Mayor, donde fue bautizado por el entonces párroco Rafael Delgado. Ahora desvelaremos cómo un portuense acaba por vericuetos de la vida a emparentar con los Grimaldi.

Mónaco en 1890.

EL PEÑÓN DE MÓNACO.
Mónaco, procede del topónimo, monacal, monasterio. Peñón inaccesible, como el griego Monte Atos, ocupado por monjes. Gibraltar, el peñón de Mónaco.
En monegasco, el nombre de Mónaco es Monegu, de ahí el gentilicio monegasco.
Desde la invasión musulmana, reducto de piratas bereberes. A finales del siglo XII, por concesión del emperador Federico Barbarroja, los genoveses toman el promontorio como puerto clave en la costa provenzal y, por ejemplo, punto estratégico para las rutas a Tierra Santa. Pocos decenios después es cuando entra en acción el primer Grimaldi: Francisco o Fulco del Castello, que no es Grimaldi de apellido.  Los Grimaldi, también de Génova, es un estirpe de marinos y comerciantes que durante varios siglos fueron de los más influyentes en este ámbito

Francisco, el fundador del actual principado era un noble genovés güelfo, defensor del Papa, y cuando Génova se decanta por la opción gibelina, debe exiliarse. Elige un lugar de futuro, Mónaco. Aprovecha el control de la armada de Aragón en la costa Provenzal, ante el vacío de control de Génova y Francia, aprovecha para crear su país. El 8 de enero de 1297, 16 años después de la fundación de El Puerto, entra en la sacra fortaleza vestido de monje y derrota a los genoveses. Francisco, concede tierras, exención de impuestos, y crea un reducto pequeño pero cosmopolita y fuerte, pero la aventura le dura poco, hasta 1301, en que llegan de nuevo los genoveses. /En el escudo de Mónaco figuran dos monjes, en recuerdo de estos orígenes.

LOS GRIMALDI. CARLOS I DE ESPAÑA.
En 1525 deja de ser un lugar de influencia de la Corona de Francia y Agustín I se pliega a Carlos I de España y V de Alemania pasa a ser de control español. Guarniciones españoles estuvieron durante casi siglo y medio. Con el declive de España, Mónaco fiel al estilo de vista comercial, pasa de nuevo a Francia, además con malas artes.

Cardenal Richelieu,  al servicio de Luis XIII quien firmó el acuerdo de 1641.

EL PEOR MOMENTO, CON LA REVOLUCIÓN FRANCESA.
Durante la Revolución Francesa se expolian las casas de los nobles y Mónaco pasa a llamarse Fuerte Hércules, perdiendo el hombre de origen religioso.Mónaco desaparece como principado en la historia y durante más de un siglo no será país independiente. En una primera decisión del Tratado de París en 1814, se acepta. Pero en una revisión pasa al reino de Cerdeña.  Mónaco pierde su oportunidad de ser país el año en que nace el portuense Isidoro de la Torre.

El monarca español Carlos III.

CARLOS III  DA NOMBRE AL PEÑÓN.
Carlos III de España, CARLOS III el que da nombre a Montecarlo, es el que se mueve para lograr la independencia. Precio muy caro, prácticamente se deshace de casi todo su territorio, que lo entregan a Francia. Se quedan con una quinta parte,  1,5 kilómetros.

En 1861 se materializa la unión aduanera con Francia y se logra la  independencia. Todavía el turismo será algo muy remoto. Mónaco aspira a ser la atracción de la Riviera, de la Costa Azul, 1863 Se funda la Sociedad de Baños de Mar y se le concede a Francois Blanc, el casino

Imágenes antiguas de Montecarlo, con el Casino y el Museo Oceanográfico.

En 1881 creación de la bandera,  y además va creándose un país de hadas. En 1881 muere el portuense Isidoro de la Torre. Vamos a conocer que fue de este vecino de El Puerto y cómo se vinculó a la familia de ese país.

EL ANCESTRO PORTUENSE.
Isidoro de la Torre Gil, nacido el 1 de julio  de 1814. Años antes había nacido otro pariente gaditano de los Grimaldi, por la rama de Polignac. José Francisco Lenormand de Morand, en 1769. Isidoro Fernando José Máximo de la Torre era hijo de Isidoro Francisco de la Torre y Josefa Gil, casados en El Puerto en 1808.

El Puerto, en el siglo XIX, en esta litografía desde La Otra Banda.

El antepasado de Rainiero nació poco después de la guerra de la Independencia, un mal momento para El Puerto.  Se pierde la oportunidad del puerto franco, no hay apenas riqueza y esta ciudad vive una situación agónica. La familia de la Torre emigra a México, con la ebullición de las independencia de Nueva España, y dejan poco rastro en El Puerto. Hicieron las maletas y en México a Isidoros padre e hijo les va bien en los negocios mercantiles, de comercios en los puertos mejicanos. Isidoro de la Torre se desposó en México, cuando ya era un rico comerciante y tenía casi 40 años, con una joven, Luisa de Mier.

LUISA DE MIER.
Esta mujer nacida hacia 1830 e hija de un matrimonio procedente de la localidad palentina de Santa María de Redondo. Isidoro y Luisa tuvieron varios hijos. A Ignacio lo casaron con Amanda Díaz, hija del presidente Porfirio Díaz, y a Susana, en 1867, con el conde francés Majencio  de Polignac. que había acudido a hacer negocios a México aprovechando sus influencias en el gobierno del emperador Maximiliano de Austria.

Poco después se trasladaron a Francia  y Susana se llevó a sus padres poco después. El portuense Isidoro de la Torre falleció en Cherburgo en agosto de 1881 y en el cementerio de esta ciudad reposan sus restos. Isidoro no vería cómo se emparentaba con Mónaco. /En la imagen de la izquierda, antigua litografía de Cherburgo.

LA HIJA DE LA LAVANDERA.
El hijo de Susana de la Torre, Pierre, es el que enlaza con los monagescos, con la que ha pasado a la historia con el sobrenombre de la Hija de la Lavandera, ese era el sobrenombre de la madre de Rainiero.

El conde Pierre Polignac De la Torre se casó en 1920 con Charlotte de Valentinois, primogénita, y en principio hija ilegítima, del príncipe Luis II. El entonces heredero, que da nombre al estadio del principado, servía en Argelia  al ejército francés como teniente del Tercer Regimiento de Cazadores de África.  En Constantina se enamoró de la mujer que se encargaba de cuidar de los uniformes de los oficiales (de lavar los calzoncillos de los capitanes). María Julieta Louvet. De este amor detergente nació Charlotte en 1898. /En la imagen de la izquierda, el conde Pierre María de Polignac de la Torre

La niña, Carlota, Charlote, fue reconocida por Luis II en 1905, convirtiéndose en heredera del trono, pero abdicó en su hijo Rainiero en 1944,  quien sucedió al abuelo en su muerte en 1949. Luis II había llegado al trono en 1922 y en 1923 nació Rainiero. De las mayores sombras del periodo de Luis II se encuentra la ocupación nazi. Una actitud complaciente, de pura supervivencia, pero Mónaco además fue refugio de la evasión de capitales. /En la imagen de familia, Rainiero de Mónaco, el pequeño de la izquierda junto a su hermana Antonieta.

Pierre de Polignac, el descendiente de Isidoro, tenía pinta de ser un impresentable y tuvo un corto y tumultuoso matrimonio con la heredera monegasca, de la que se divorció en 1933. Fue denunciado por la hermana de Rainero, por Antoniette, Antonieta, por abusos sexuales. Pierre, el nieto de Isidoro, falleció en el más absoluto de los olvidos en 1964.

Es un cruce de vivencias de culebrón folletinesco, que marcó la infancia y juventud de Rainiero. Su madre, lo abandonó, Charlotte, Carlota, se enamoró de un individuo traficante de joyas, René Gigier.  Falleció en 1977 con apenas vínculos con el hijo, como ocurrió con la hija, con Antoniette, que además de denunciar a su padre por abusos, le hizo la vida imposible al hermano.  /En la imagen de la izquierda, un joven Rainiero de Mónaco.

DISPUTA POR MÓNACO.
Volvemos al principio,  los bisnietos del portuense Isidoro de la Torre se disputaban Mónaco. El príncipe buscaba refugio en los norteamericanos, mientras que la hermana era la protegida y la protectora de Onassis, el gran rival de Rainiero.

Pese a que Mónaco se regía por una monarquía constitucional en 1911, Rainiero se vio obligado a imponer casi un golpe de estado, para quitarse de en medio a la hermana y a Aristóteles Onassis. En 1965 Suprimió el Consejo Nacional (el parlamento del Principado donde había mayoría de partidarios de la hermana para atajar las influencias de su hermana) de esa forma neutralizó, con el apoyo del capital americano, el control inmobiliario de Onassis, que salió despedido.

Montegrimaldi.

NACIMIENTO DE ALBERTO.
Importante fue, con el nacimiento de Alberto, aquel 14 de marzo de 1958, que se aseguraba la sucesión. Sin heredero masculino, Mónaco podía volver a Francia. Cosa que ya no ocurrirá, pero en aquellos años 60 era importante.

Panorámica actual de Móncao y el puerto deportivo.

Otra panorámica con el Gran Premio de Automovilismo.

Grace Kelly  era la imagen amable de esa operación, de la cual más bien conocemos las portadas del Hola más que de sus auténticos escondrijos de inversiones, blanqueos y operaciones bursátiles de un país que hace poco más de 40 años sólo tenía 159 calles.   Ahora sólo tiene algunas más. Con la defenestración de los partidarios de su hermana, el bisnieto del portuense Isidoro fortaleció su posición, fue ganando hectáreas del minúsculo país añadiendo diques a la costa en el lugar donde el metro cuadrado.

Sepelio de Grace Kelly

Cuando en un estúpido accidente fallece Gracia de Mónaco en 1982, pasa a la historia. La historia rosa ya ustedes la conocen mejor, los tres hijos le dieron tormento a su padre, entre divorcios o todo lo contrario, una persistente soltería en el caso de Alberto hasta mañana sábado, la muerte de Stefano Casighari, que le había dado la estabilidad a Carolina o el continuo pendoneo de Estefanía. Detrás de las anécdotas hay mucha más historia de lo que parece.

El origen portuense de la actual familia soberana nos ha permitido conocer un poco más de esta curiosidad de la historia y geográfica que es Mónaco. /En la imagen Alberto II y su novia, la ex nadadora sudafricana Charlene Wittstock, con quien si, como está previsto, contraerá matrimonio mañana sábado. (Texto: Francisco Andrés Gallardo).

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Existía un acertijo, hace años, en El Puerto que se enunciaba así: “¿Sabe Vd. que animal sobrevive mejor sin agua?”, ante el desconcierto, la respuesta era “La Perdiz”. Y es que el Bar La Perdiz que hoy sigue abierto, tenía enfrente “La Fuentecilla” que al cerrar, cedió sus clientes a dicho otro bar.

Hasta hace unos 40 años, si usted estaba en la calle Ganado y miraba a arriba y abajo, vería dos edificios pintados de almagra. Uno, el de arriba, era La Angelita; el de abajo, La Fuentecilla. Ni el de arriba ni el de abajo existen ya. La Fuentecilla era un inmenso restaurante que tenía fachadas a la calle Larga, a la calle del Muro y a la calle de la Mostaza. Allí, desde 1737 hasta1839, empotrada en la pared, hubo una fuente pública y, allí en 1762, una tienda de montañés. Y, desde entonces, han sido montañeses los que lo han regentado. En 1862, se derriba y se construye un airoso edificio de nueva planta con aire isabelino y sigue en manos de montañeses, hasta que en 1909 lo toma otro montañés, don José Sánchez Gil, que lo convierte en uno de los restaurantes más famosos de Andalucía y por donde pasan toda la andante tauromaquia, familias enteras, comerciantes, la alta sociedad y muchos veraneantes.

Dos imágenes de la plantilla de 'La Fuentecilla', en el primer tercio del siglo pasado.

Era de ver La Fuentecilla los días de toros en El Puerto, con sus comedores, sus camarotes y sus 100 veladores llenos de gentío. En 1942 tomó el negocio Maximino Sordo, otro montañés, hasta que, en los años 50 se convirtió el edificio en Banco. La Fuentecilla está viva, como algo emblemático, en las conversaciones y recuerdos de los viejos portuenses. Yo mismo, muy pequeño, fui más de un vez, con mi abuelo Luis, montañés, que se tomaba su vermú, en la tertulia que allí tenía y a mí me invitaba a gaseosa.

Salón de La Fuentecilla, en 1922.

Recuerdo el ambiente alfonsino muy cuidado en su decoración y mobiliario y la cantidad de camareros impecablemente vestidos de esmoquin. Viene todo esto a cuento, porque, el otro día tomé café en La Fuentecilla, en el polígono industrial de Las Salinas de Levante y vi, colgadas en sus paredes, fotografías que me eran familiares del antiguo restaurante. Y es que, resulta, que un nieto del famosísimo don José Sánchez Gil, José Ángel Pérez Sánchez, hijo de su hija Francisca, ha tenido el buen gusto de ponerle a su establecimiento La Fuentecilla.

Otra vista de los salones de 'La Fuentecilla'.

Ahora se llena de ejecutivos, de comerciantes, de empleados, de obreros, de escribientes, de oficiales de los Juzgados próximos, de abogados, de procuradores y de justiciables, al amor del buen café y de la cocina de la nueva La Fuentecilla, servidos por las encantadoras Ana María y Catalina, y el cocinero Fernando Cordero, bajo la mirada y la dirección de José Ángel, que no ha tenido nombre mejor que ponerle a su negocio que, el prestigiado por sus mayores, de La Fuentecilla, señero, famoso, uno de los hitos del imaginario y de la nostalgia de los portuenses-portuenses. O sea, de los oriundos de la Montaña. Que, al fin y al cabo, desde la repoblación de Alfonso X para acá, para ser portuense-portuense es preciso haber nacido en El Puerto y tener por las venas unas gotas de sangre montañesa. Siempre lo digo. (Texto: Luis Suárez Ávila). (Fotos: Colección Miguel Sánchez Lobato).

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En la imagen aparecen dos diteros, uno de ellos se llamaba Antonio García Abadía, por la calle de la Arena o Arenas, hoy Arzobispo Vizarrón, en honor del hijo de El Puerto que fue virrey de Méjico. 17 de mayo de 1957. /Foto: Col. Vicente González Lechuga.

«En casa, pues, vivíamos con lo justo. Si mi madre juntaba algún ahorrillo, un tipo sonriente aparecía con un paquete bajo el brazo. Una vez, por Navidad, era una caja surtida de mantecados. Otra, una plancha eléctrica. Por fin, otro día, se encendió el primer transistor a pilas y el hogar se fue llenando algo, aunque sólo fuera de voces fantasmas. Le llamábamos “el ditero” y era habitual en las tardes de radionovela, merienda de cuenco de pan con aceite y chocolate rancio, que apareciera a cobrar una pequeña parte de lo que se le debía», con una libreta de tapas duras, en la que se llevaban las cuentas de cada vecino, cogido con unas palomillas. «Los pagos se eternizaban y, cada poco tiempo, me hacían sumarlos para saber si quedaba mucho. Cuando se liquidaba una cuenta, ya se podía pensar en abrir otra. Nunca noté que perdiera la sonrisa ante la imposibilidad de un pago y no creo que se cobrara intereses, pero para todos era que tenía dinero». (Texto: Mateo Bellido Rojas).

Ditero: Persona que cobra la dita (|| pago a plazos). Dita: Deuda. Pago a plazos, en pequeñas cantidades, fijadas por el comerciante o por el cliente. Etimológicamente la palabra ‘dita’ procede del italiano antiguo: ‘ditta’ ‘detta’, que significa: cosas dichas, debidas.

En la actualidad, los modernos diteros son Bancos y Cajas de Ahorros entidades que, mediante tarjetas de crédito, --al 15 o 18 por ciento de interés-- posibilitan la adquisición de bienes y servicios.

En la iamgen de la izquierda, documento en el que los Diteros iban apuntando lo que le pagaban. Esta hoja, hecha por encargo en una imprenta.


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Ángel Medinilla Medinilla, segundo hijo del matrimonio formado por Ángel Medinilla Ducrós y Milagros Medinilla Martínez-Santizo, nació el 24 de diciembre de 1916, en la calle San Sebastián. Fueron ilustres antepasados suyos Manuel Medinilla Zamorano (1820-1870), médico; Joaquín Medinilla Bela (1839-1926), médico; y Ángel Medinilla Bela, Juez de Primera Instancia, los tres investigaron y dejaron escritos sobre diferentes temas portuenses, algo que acaso influiría desde muy joven en nuestro protagonista, inoculándole su interés y afición por las cosas de El Puerto. /En la imagen, Ángel Medinilla en 1988, un año antes de su fallecimiento.

1916.
En 1916 era alcalde de El Puerto Ramón Varela Campos. El cardenal Enrique Almaraz, acompañado de los prelados Obispo de Badajoz, P. Cervera barbado Obispo de Fessea (Marruecos español durante las colonias) y el Obispo de San Luis de Potosí (Méjico), presidió la Coronación Canónica  de la Virgen de los Milagros.

Ángel Medinilla, flanqueado por Socorro y María Luisa, en la Playa de La Puntilla, a principio de la década de los años 30 del siglo pasado.

Antonio Machado visita El Puerto para asistir a la boda de su hermano Francisco, que trabajaba en nuestra Ciudad como funcionario de prisiones. El letrista  sevillano Rafael de León Arias de Saavedra, ingresó ese año en el internado del Colegio de los Jesuitas, año en el que Rafael Alberti es expulsado de dicho centro de enseñanza, sin haber acabado el bachillerato. Joaquín Barba Rocafull se hace cargo por primera vez de la Banda Municipal de Música, sustituyendo a Pedro García y García Cacho que la había dirigido de forma interina.

El 6 de agosto de ese año, con toros de Benjumea mano a mano en la Plaza de Toros de los espadas Vicente Pastor y Rafael Gómez ‘el Gallo’. En septiembre el día 3, toros de la Vda. de Concha y Sierra, para Joselito y Belmonte, que ya habían toreado el 26 de marzo, con Toros de Santa Coloma, en idéntico mano a mano. Nace José González Gutiérrrez, ‘Pepe Guindate’.

Ángel Medinilla, en la Plaza de Toros.

COLEGIO.
Ángel estudió en el Colegio de las Carmelitas hasta que hizo la Primera Comunión.  Su principal afición, desde muy joven, fue la fotografía, dándose la circunstancia que su tía se casó con el conocido fotógrafo local, Justino Castroverde. Muy aficionado al dibujo, asistió a clases en la Academia de Bellas Artes, por espacio de dos años. Pero no solo la fotografía captaba su atención, sino también la historia, el arte y cuanto se refería a El Puerto y sus costumbres.

MUNDO DEL TRABAJO.
Desde muy pequeño, hasta su jubilación, trabajó en Bodegas Osborne, hasta su jubilación; incluso, una vez jubilado continuó como secretario particular de Antonio Osborne Vázquez. Persona muy activa, tuvo varios empleos simultáneos para sacar adelante a su familia, consiguiendo así dar carrera universitaria a sus cuatro hijos. Hizo el servicio militar en Sierra Nevada.

El matrimonio formado por Carmen Cantera y Ángel Medinilla, en 1944, día de su boda.

Se casó con Carmen Cantera Mesa con la que tuvieron cuatro hijos: María del Carmen, (médico siquiatra), Ángel (profesor e historiador), José María y Mariano. Era un lector empedernido aficionado, también, a la tauromaquia y, aunque su vocación frustrada fue la Medicina --acaso influido por sus ancestros--, las circunstancias familiares del momento no propiciaron que consiguiera su objetivo. Falleció el 13 de abril de 1989.

La familia al completo, el día de las Bodas de Plata. De izquierda a derecha, José María, María del Carmen, Mariano y Ángel y los padres. 1969.

LA FOTOGRAFÍA.
En torno al año 1930 consigue su primera cámara fotográfica; será a partir de entonces cuando reflejará en sus instantáneas, diferentes vistas de paisajes, lugares y personas de El Puerto, dejando un legado que comprende los años 1932 y 1947.

Precisamente su hija María del Carmen organizó dicho material fotográfico que, en el año 2004, formó parte de una exposición auspiciada por el Centro Municipal de Patrimonio Histórico en la que la propia María del Carmen ejerció de Comisaria de la Muestra, con la coordinación de José Ignacio Delgado Poullet (nótula núm. 621 en GdP) y Miguel Ángel Caballero Sánchez, con la colaboración de Miguel Sánchez Lobato (nótula núm. 048 en GdP), en el tratamiento y digitalización fotográfica.

/A la izquierda, cartel de la Exposición realizada en el año 2004.

Desde El Puente de San Alejandro. /Autor: A. Medinilla Medinilla.

Solar donde se construyó el escritorio de Bodegas Osborne. /Autor: A. Medinilla Medinilla.


Avda. de la Bajamar, el edificio más alejada del espectador es la Casa de la Aduana, antigua Real Fábrica de Arguardientes y Licores. /Autor: A. Medinilla Medinilla.


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En el libro 'El Puerto de Santa María, a través de sus gentes, sus calles, sus tierras, sus playas, ...' de Juan Leiva Sánchez, dice que la calle Cruces, además de este nombre es nombrada  en otros tiempos por Monasterio, Monasterio Viejo, Horno Nuevo, Cruces Reales , Cruces Públicas y Cruz Real.

Deseo referirme a los años cincuenta del siglo pasado, de los cuales tengo los recuerdos más nítidos de mi vida. Siempre escuché que la calle Cruces o calle de las Cruces, se debía a la cantidad de cruces que había en algunas fachadas, porque en ellas, se hacía las distintas estaciones de penitencia que se organizaban los Viernes Santo. Recuerdo perfectamente el recorrido que hacía  el Vía Crucis, que salía de la Parroquia de San Joaquín con la imagen del Cristo del Amor, que de forma permanente estaba en el convento de las RR MM Capuchinas; convento que estaba situado en lo que hoy es el Hotel Monasterio San Miguel,  el recorrido que hacía por la calle Cruces, era el tramo comprendido desde Espelete a Santa Clara.

Esta calle, según el  estudioso portuense Hipólito Sancho,  (en la imagen de la izquierda) ya es nombrada en el año mil seiscientos como “núcleo central” de lo que entonces podía ser  El Puerto; era una entrada natural por la avenida de Sanlúcar, igualmente por las calles de San Sebastián y San Francisco, donde entraba el campesinado de Sanlúcar, Fuenterrabía y Rota a traer frutas y hortaliza al mercado que existían en las instalaciones que hoy tiene Telefónica, tiene esta calle forma de ángulo obtuso, empieza en la calle Santa Clara, hace vértice en la esquina con Espelete y termina en la plaza del Ave María. Quizás sea la calle del barrio alto más importante, calle como todas las calles del casco antiguo ‘trazadas a cordel’, la calle Cruces representaba una expresión risueña y campesina de otros tiempos, su luminosidad  y colorido, --¡no sé que tendrá la luz de mediodía  y el azul del cielo en esta ciudad !--, donde el blanco de la cal,  las jambas y dinteles de piedra de San Cristóbal  se llevan bien. Casas-patio de campesinos, donde todo el mundo se conocía, relacionaba y se saludaba, hoy conocemos en cualquier viaje o simplemente por Internet a cualquier persona y nos hacemos amigos para siempre, sin  embargo tenemos a vecinos al lado nuestro que no saludamos. En fin la vida..

Casapuerta o zaguán en la calle de las Cruces, con una bonito portón de acceso al patio principal.

LA CASAPUERTA.
En anteriores  nótulas en Gente del Puerto sobre el Barrio Alto, nunca he definido lo que representaba en las casas-patio la palabra zaguán. Zaguán o casapuerta, es una pieza de las casas de la baja Andalucía, un casa sin zaguán es una casa en la calle;  es una palabra como muchas derivadas del árabe, es una parte importante de las casa-patio, de vecinos o no; el zaguán  es la parte de la vivienda  que da acceso al patio desde la calle; es un espacio intermedio entre lo público y lo privado. Los visitantes o extraños que llegaban a las casa de vecinos o individuales no entraban directamente en los lugares íntimos de ella, sino que se recibían primero en el zaguán, una vez que el visitante era identificado se pasaba a la sala o no, estar en el zaguán era estar entre la casa y la calle.

Carro delante de la carbonería existente en la calle de las Cruces, en el Palacio de Purullena, con la calzada empedrada de chinos y las aceras con losa de Tarifa. /Foto: Centro Municipal de Patrimonio Histórico.

TALLERES DE CARROS.
La calle de las Cruces, como casi todas las calles del Barrio Alto en aquellas fechas estaban pavimentadas de chinos de cantos rodados, colocados sobre tierra y eran lo suficientemente resistente para soportar el peso de carros, carretas y los escasos camiones que entonces circulaban. En El Puerto de aquel entonces existían dos talleres de fabricar carros y carretas, el primero  estaba en la calle Santa Clara, muy cerca de la calle Cruces en este lugar estuvo una bodega de González Rico Hermanos, después esta finca fue enajenada para hacer un grupo de viviendas, el otro taller de carros estuvo en la esquina de la calle Durango y Cruces, propiedad de la familia Palomo. El trasiego de granos, frutas, hortalizas, sal y vinos, demandaba una gran cantidad de carruajes de este tipo. Recuerdo la actividad fabril del taller de Santa Clara, la propietaria creo que se llamaba Rosalía. Como curioso que soy pasaba horas mirando como se hacían las ruedas y observando como se colocaban los aros metálicos en las mismas.

Exterior de la restaurada Ermita de Santa Clara, o Huerta de Palomeque.

ENTRE SANTA CLARA Y ESPELETE.
La calle Cruces comienza en la esquina de Santa Clara,  a continuación relaciono los propietarios del tramo comprendido entre las calles Santa Clara y Espelete, por la acera de la derecha: Ermita de Santa Clara o la Huerta de Palomeque, Casa de Cordones, Casa de Diego el conserje del cementerio, Casa de Baldomero, Tonelería de Luis Huerta, Casa de tres plantas de Luis Huerta, Casa de José Gutiérrez (después la vendió a Roberto Carmé). Por la acera de la izquierda: Solar de Penita (se entraba por calle Santa Clara), un colegio de niños (desconozco el propietario), Casa de los Olivos, Bodega de los Caracoles, Casa de las Cañas, Bodega de Manuel Quirós y Casa de Juan González Moresco  (este señor tenía una panadería en calle Ganado y era propietario de la pensión Frasquita).

Comedor de 'Sol y Vida', donde estaba la casa de Dolores 'la Gitana'.

ENTRE ESPELETE Y GANADO.
Con idea de no hacer demasiado larga la exposición de todos los propietarios de  fincas de esta calle, haré un recorrido por la misma haciendo algún que otro comentario que pueda ser motivo de interés. Empezando por el tramo de las calles Espelete a Ganado, en la acera de la derecha, donde se encuentra actualmente el comedor “Sol y Vida”, el nº 18, esta vivienda era una casa típicamente del barrio alto, casa-patio de gran superficie, tenía muchos vecinos, es una pena que no se construyera igual que fue. Allí vivió Dolores la gitana (esta señora vendía cigarrillos que ella misma liaba, tenía el “negocio” en calle Ganado junto a la tienda que existe actualmente de máquinas de coser). En la acera de la izquierda haciendo esquina con ganado estaba la tienda de ultramarinos de Eloy Eizaguirre que además tenía taberna por la calle Ganado.

Número 47 de la calle Cruces, una fachada convenientemente restaurada.

ENTRE GANADO Y ARENAS: EL CINE MODERNO.
En el tramo de las calles Ganado a Arenas o Arzobispo Vizarrón, destacaría el gran corral de cabras de mil setecientos metros cuadrados, con sus puertas pintadas de rojo, este corral lo adquirió Pedro López Serrano, propietario de las cines Moderno y Victoria, en este solar hizo un gran cine de verano, la película de estreno fue “El bandido generoso”. Este cine se dividió en dos, uno de verano y otro de invierno, la película de estreno del cine de invierno fue “La reina Luisa”. Por la izquierda destacaría el almacén de ultramarinos de Antonio Rodríguez Gil (Manila) que estaba situado en la esquina con calle Arenas.

Interior del desaparecido Cine Moderno en el Carnaval de 1986

ENTRE ARENAS Y SAN JUAN.
Siguiendo el tramo de las calles de Arena a San Juan, en la acera de la derecha cabe destacar por la antigüedad el almacén de ultramarinos de Manuel Leveque, con nótula núm. 097 en GdP (que aparece en la imagen de la izquierda), que hacía esquina con calle San Juan. Por la acera de la izquierda, recuerdo a mediado de la calle la barbería de Natera y además la casa los Terry, de las mallas de Terry, donde se recogía la seda y se entregaba las mallas de los famosos brandies de Fernando A. de Terry; esta finca que hacía esquina con San Juan y que era una preciosidad, fíjense bien la lamentable fachada que han dejado.

Número 62 de la calle de las Cruces, una bonita fachada que mejoraría mucho si estuviera restaurada.

El número 61 de la calle de las Cruces, puerta de zaguán con jambas y dintel con dovelas de piedra arenisca de San CristóbaL.

ENTRE SAN JUAN Y SAN SEBASTIÁN.
Siguiendo el tramo de las calles San Juan hasta San Sebastián, en la acera de la derecha, recuerdo la taberna de “El Golpe”, por cierto hay que felicitar a los propietarios de esta finca  nº 58,  por la fachada tan nuestra y el patio tan bonito; el nº 62, casa de fachada clásica, mantiene todavía  la fachada y patio que conocí siempre; el nº 74 la finca del Bar El Reloj, con el famoso reloj de sol, en esta casa vivieron siempre la numerosa familia de los González-Rodríguez.

Número 62 de la calle Cruces.

La casa del reloj de sol, en la esquina de Cruces con San Sebastián. Durante muchos años albergó al Bar 'El Reloj'.

En el tramo de la izquierda, había que destacar la finca esquina con Postigo, el almacén de ultramarinos, panadería, freidor de pescado y por último bar;  el nº 67, gran casa de tres plantas que  los propietarios conservan aún y mantienen a pesar de la que esta cayendo y la esquina con San Sebastián el almacén de ultramarinos de Antonio González Heredero, que tantos y agradables recuerdos me trae por sus bocadillos de atún, --que eran cosa seria-- cuando fui alumno San del Colegio de San Ignacio.

Cruces 67, gran casa de tres plantas donde hubo un taller de electrónica y televisión, ahora un despacho y Cruces, 82, Casa de la Hermandad de la Oración en El Huerto, fue tienda de venta de muebles y, anteriormente, bodega.

Cruces 89, bonito frente de fachada, rejas sencillas, bien restaurada.

ENTRE SAN SEBASTIÁN Y PZA. AVE MARÍA.
Por último el tramo comprendido desde San Sebastián hasta plaza del Ave María, en el tramo de la derecha,  el nº 82 considero acertado la adquisición de esta finca  por la Hermandad de la Oración en el Huerto, un colectivo de estas características puede cuidar bien esta casa-bodega;  en el nº 84 casa que conocí siempre así, vivieron la familia Letrán Leyva; el nº 86 donde estuvo el Colegio de Don José Luis Poullet Martínez de gratos recuerdos para todos los portuenses.

Palacio del Marqués de Villarreal y Purullena, recientemente restaurado /Foto: Javier Reina.

Después viene el Palacio del Marqués de Villarreal y Purullena con la carbonería y el baratillo del Portugués que tenía en las accesorias y que no me extiendo porque ha sido difundido suficientemente por GdP;  a continuación nº 98  casa de una planta muy hermosa, fachada sencilla, de siempre de Joaquín Lojo Espinosa, creo que el propietario actual es Juan Andrés Jiménez Rodríguez;  el nº 100 actual, quizás sea la casa más bonita, a mi juicio, de toda la calle Cruces, creo que en esa vivió don Agustín del Toro Gómez.

Cruces, 100, a juicio del autor la casa más bonita de la calle Cruces. Al final, la vivienda propiedad de Roberto Romero Laffite, donde vivió desterrado el General Queipo de Llano.

A continuación casa nº 102, creo que los propietarios eran  la familia de la esposa del profesor Don Enrique Bartolomé López- Somoza;  a continuación casa nº 92 donde vivió algún  tiempo el General Queipo de Llano, actualmente esta casa es propiedad de Roberto Romero Laffite y finalmente termina la acera de la derecha, con casa-bodega de la firma Luis Caballero SA. Por la acera de la izquierda cabe destacar la esquina con Durango del taller de carros de la familia Palomo. Este taller estaba dividido en dos partes: una parte estaba en esta esquina y frente en lo que fue el Bar Palomo estuvo el resto del taller;  a continuación la calería de Antonio Orellana García; la casa de los Bononato de bonito frente de fachada con jambas y dintel formando dovelas de piedra caliza de San Cristóbal;

Cruces 103 actual, 73 antiguo. Casa que fue de Carmen 'La Roteña'. De la fachada... juzguen ustedes mismos.

El número 103 actual, es  hoy una aberración arquitectónica, yo entiendo como se pude permitir esa fachada; recuerdo esta casa que estaba junto a de mis abuelos, tenía el nº 73 antiguo y le decía la casa de Carmen ‘la Roteña’, señora de pelo blanco peinada con rodete, era muy buena persona, vivía en la planta alta y vendía frutas y hortalizas; casa clásica de dos plantas, dos ventanas a los lados en planta baja, zaguán al centro que daba a un patio interior, dos ventanas en fachada de la planta alta y balcón en el centro; zaguán y patio de losas de Tarifa y escalera al fondo del patio a la izquierda que desembocaba en un pasillo volado sobre el patio que daba acceso a las viviendas; eran inquilinos de esta casa, entre otros, la familia Bernal-Márquez.

Cruces 105, 75 antiguo, la que fue casa de mis abuelo: sigan juzgando...

Y termino con la casa nº 105 moderno y 75 antiguo, fue la casa de mis abuelos paternos Francisco Bollullos Sánchez y Juana López Ruiz, esta casa era otra clásica del barrio alto, de una planta con zaguán y patio interior con helechos jazmines y aspidistras, que daba una aspecto de frescor en verano;  corral  interior, azotea a la andaluza y desván encima del zaguán al que tenía acceso por la azotea, muy bonita;  si ustedes se fijan en la fachada , nada que ver con el entorno, las ménsulas de balcones y ventanas, entrantes y salientes, no parecen fachadas típicamente portuenses, no sé si el arquitecto se daría un paseo por esta calle antes de proyectar la fachada.

Por circunstancias que no vienen al caso, viví una temporada con mi abuela y le tenía un cariño especial al entorno de la plaza del Ave María y calle Cruces porque allí pasé parte de mi naciente juventud y me sentí feliz. Para mi ha sido motivación suficiente para tener el atrevimiento de hacer esta nótula. (Texto y fotos: Francisco Bollullos Estepa).

El 14 de julio de 1973, se jugaba un partido de fútbol en el campo de la SAFA, entre funcionarios del Ayuntamiento y de la Diputación de Cádiz. En la fotografía, de izquierda a derecha el funcionario municipal José Luis Bernardo, María del Carmen Gutiérrez Perea que hizo el saque de honor, y el funcionario de Diputación, Francisco Bocanegra.

En la imagen, vemos en la fila superior de izquierda a derecha a Manuel García, Federico Aguirre, Jaime Fernández Criado, dos desconocidos, Vicente Martínez, dos desconocidos y Mari Carmen Gutiérrez Perea. El segundo por la derecha de la fila superior es Juan Valiente Moreno. Agachados, el equipo visitante.

Los dos equipos formados por funcionarios de Diputación Provincial y del Ayuntamiento portuense se enfrentaron en partido de fútbol en el terreno de las Escuelas de la Sagrada Familia. El primer tiempo terminó con empate a un gol, marcados por Ceballos, del organismo provincial, y Felíx de los locales. Después se impusieron los de la capital con dos nuevos goles, obra de Ceballos y Rodríguez. El arbitraje de Blas perjudicó a los de casa. A la terminación del choque se atendió a los participantes, principalmente a los forasteros, con una copa de fino portuense en la Caseta Tierra, Mar y Vino, en el recinto ferial de Crevillet.

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Vista parcial de grabado de la Virgen de los Milagros, original de Jasinto [sic] Niño, célebre grabador sevillano del XVIII es una copia, en pequeño tamaño del cuadro de Bernardo Peluffo, también del S.VIII, que está en la escalera del camarín, donde la Virgen es negra, porque lo es desde el siglo XIV. Un recurso del grabador para que se vieran bien los detalles del rostro, en tamaño tan pequeño, es no ennegrecerlo.

«Soy Negra pero hermosa, ¡oh hijas de Jerusalén!,
como las tiendas de Quedar y como pabellones de Salomón»

Cantar de los Cantares (Salomón 966 a.C.-926 a.C.)

La representación de la Virgen María a lo largo de estos dos mil años de cristianismo ha recibido diversos tratamientos. Así, hallamos imágenes de vírgenes con la tez blanca y vírgenes con la tez morena. Junto a estas, y en un período concreto de la Historia, aparecen figuras de vírgenes con la tez negra y rasgos negroides; figuraciones de un culto primitivo muy anterior al cristianismo, tal vez céltico o pre-céltico.

En cualquiera de los casos, deidades femeninas antiguas de la fertilidad, como Isis, diosa-madre a la que invocaban las mujeres estériles; culto que derivó en ceremonias en honor de Cibeles, Deméter o Ceres, y que también se hallaban en la América precolombina, e incluso, en el África más profunda. A este grupo se le designa genéricamente con el término de 'negras' y nada tienen que ver con el color de su piel; sino que vienen a significar “lo negro”, la ausencia absoluta de luz, lo primero que el ser humano graba en su memoria y que recuerda al útero materno, inicio nuestro de un viaje iniciático que es la vida terrena. Estas vírgenes negras, cristianización de las vírgenes paganas, recogerán la fuerza y poder de sus antecesoras . De ahí que la pregunta del título nos lleve a esta otra: ¿Por qué la Virgen de los Milagros no pertenece a este grupo, aún siendo morena? /En la ilustración superior, imagen egipcia de Isis. En la inferior, imagen de la Isis-Ceres romana.

LAS VÍRGENES NEGRAS Y LOS BENEDICTINOS.
En el 529 d.C. Benito de Nursia funda el monasterio de Montecasino,  y en el 540 d.C. difunde la Santa Regla --regula monasteriorum--, agrupando bajo una misma disciplina a hombres destinados a recuperar el cristianismo más activo. Con estos monjes, dedicados a la oración y al trabajo, Benito pretende rescatar el saber clásico, contenido en ciertos textos griegos y latinos que aún se conservaban en ermitas abandonadas de Francia y el norte de España; en ocupar la jerarquía de la Iglesia por monjes cultos y austeros, desempeñados por príncipes segundones, bastardos y hombres toscos e incultos, que apenas puede memorizar el latín de una Misa. Con este objetivo, los benedictinos recuperaron ermitas mudéjares, transformadas en iglesias adscritas a un monasterio, y erigieron otros nuevos en enclaves con alguna significación espiritual: Lugares de reunión de sacerdotes y druidas celtas, o vórtices de energías sutiles desaprovechadas por el cristianismo autárquico y jactancioso. De este modo, donde había un monolito, una gruta, un lugar de peregrinación, o la mínima muestra de espiritualidad, levantaban un monasterio dedicado a la investigación.

Regla de San Benito.

¿Deseaban, también, romper esa extraña  maldición, como la de Sísifo, que condenaba a los seres humanos a no aprender nunca la lección y comenzar eternamente desde el origen?

HORROR AL AÑO 1000
En cuatro siglos de callada labor, los benedictinos descubrieron algo que había estado presente en la Humanidad desde hacía milenios, la espiritualidad sin culto que se manifestaba en ritos, creencias y ceremonias ancestrales, considerados paganos. Era el mismo conocimiento que el cristianismo oficial aplicaba de modo simbólico en los cultos, y que, al mismo tiempo, condenaba con enérgica irracionalidad.

'El Jardín de las Delicias', de El Bosco, óleo sobre tabla de 220x125 cms. pintado en 1503-04. Museo del Prado. Es un tríptico que, abierto, representa una alegoría completa del orígen y fin del mundo: a la izquierda la creación, en el centro la vida terrenal y a la derecha el fin del mundo.

En el 999, desafortunada inversión del número 666, el número de la Bestia, la cristiandad se preparaba para el cataclismo definitivo: El fin de la Humanidad y los sucesos caóticos del Apocalipsis, incluyendo un Juicio Final con lluvia de fuego y azufre, llanto y desesperación. Los acontecimientos que se vivían no podían ser más nefastos: Terribles hambrunas desolaban la Tierra, mortales epidemias diezmaban a la población y el poder de los reyes y los papas sucumbían ante la expansión del Islam que ya ocupaba Tierra Santa, norte de África, Europa oriental y el sur de la Península Ibérica, amenazando con invadir el resto del Imperio Romano. ¿No era así como se produciría el Fin del Mundo? /En la imagen de la izquierda, detalle de la alegoría del Fin del Mundo, del tríptico de El Bosco 'El Jardín de las Delicias'

La gente corriente creía que dios castigaba a la Humanidad por un pecado colectivo que pocos se atrevían a pronunciar y buscó el perdón en el ayuno, la abstinencia y las flagelaciones públicas. Los cristianos purgaban su ignorancia con más ignorancia, los campos quedaron baldíos y los seres humanos, abandonados a su propio destino, miraron temerosos al cielo para ver aparecer entre las negras nubes del desastre el dedo divino que señalaba el destino marcado por el clero vaticinador. Las iglesias se llenaron de pecadores y el clero no daba abasto a tanta confesión y comunión, a tanto arrebato ignorante… Pero, ¡cómo podía ser que dios volviera a castigar a los míseros y humildes…! ¿Acaso no había enviado a su Hijo para redimirlos del pecado original? Si el perdón había llegado a través de la muerte y resurrección de Jesucristo, ¿a qué castigar a una Humanidad ya perdonada? ¿Dios-Padre seguía apenado por la desobediencia de Adán y Eva, o se trataba de otro pecado del que nadie tenía consciencia? ¿Debían esperar, esta vez, la llegada del Padre?

¡Y LLEGÓ EL AÑO 1000!
El peligro de invasión sarracena no cesó, sino que continuó al año siguiente, y al otro, y muchos años después… Resultaba evidente que no sucedería nada de lo anunciado por el clero. ¿Dios volvía a contradecirse o, de nuevo, los hombres tonsurados habían metido la pata prediciendo sucesos sobre el Fin del Mundo sólo conocidos por el Padre –y, desde hace dos siglos, por algunos Santos de los Últimos Días–?

Guerreros musulmanes representados en el manuscrito árabe de la Maqamat Al-Hariri , aproximadamente del siglo XI.

Ante la debacle que se preveía, la jerarquía eclesiástica reaccionó con imaginación, difundiendo un nuevo mensaje: Dios se había apiadado de la Humanidad, había oído las súplicas y aceptado las terribles penitencias. Unos acataron con resignación; otros, en cambio, pensaron que todo había sido un invento del clero para ganar feligreses y limosnas. Para los benedictinos, el cataclismo era la oportunidad que esperaban para propugnar el cambio radical que, por otro lado, únicamente ellos estaban preparados para liderar. Primero, se transformaron en cluniacenses al fusionarse con los columbanos, para luego evolucionar en el Císter de Bernardo de Claraval,  difundiendo el concepto de dios bondadoso, promesa de resurrección y felicidad eterna, que muere en un acto supremo de amor, simbolizado en el arco ojival de las catedrales góticas; y desterrando la idea de dios terrible, colérico y castigador, sólo accesible a través de la penitencia y del dolor físico, que simbolizaba el arco de medio punto del viejo estilo románico.

Arcos ojivales (posteriores al momento que se narra) en el ábside de la Iglesia Mayor Prioral. Año 1932.

Este nuevo conocimiento se transmitió a través de las hermandades gremiales, reunidas y potenciadas en torno a las construcciones de grandes Catedrales, promovida por los monjes; se descubrieron los huesos del apóstol Santiago el Mayor, y se fomentaron las peregrinaciones masivas a Roma y Jerusalén divulgando todo lo gestado en los monasterios.

¿QUE SECRETO ENCIERRAN LAS VÍRGENES NEGRAS?
Estas vírgenes que se visten de negro y se veneran en cuevas [Montserrat, Rocamadour], criptas [Chartres, Guincamp Mont-Saint-Michel], y capillas oscuras [como Manosque, Aurillac] representan la “luz en la noche”, el secreto de un saber ancestral de carácter iniciático, simbolizado en las diosas de la fecundidad y de la regeneración, que los benedictinos plasmaron en ciertos rasgos de las Vírgenes Negras.

Este secreto es un conocimiento esotérico e iniciático. Como Platón (en la ilustración de la izquierda) afirmaba hace veintitrés siglos, la vida terrena es caída y castigo, y el alma habita la sepultura del cuerpo. De ahí que, antes de recibir la disciplina educativa de la encarnación, el elemento espiritual –o noético– duerme. La semilla-alma debe pudrirse en el cuerpo-tierra para germinar y dar frutos. Esta sabiduría está presente también en filósofos orientales, como Vyasa, Jaimini, Kapila, Vrihaspati y Sumantu, porque «más allá de las existencias finitas y causas secundarias de las leyes, ideas y principios, hay una Inteligencia o Mente (el Espíritu o Nous), Principio de los principios; Idea Suprema en que se apoyan las demás ideas; Monarca y legislador del Universo; Substancia primordial de la que proceden todas las cosas y a la que deben su existencia; Causa primera y eficiente de todo orden, armonía, belleza, excelencia y bondad, a la que llamamos el Supremo Bien o Dios.» (Blavatsky, H. P.: “La Doctrina Secreta”, t.4, p.211)

EL VERDADERO RETRATO DE LA VIRGEN MARÍA.
El nombre de María de Nazaret, madre de Jesús, es una helenización de Mariám, y deriva de una transposición al arameo del nombre de Miryam, hermana de Moisés y Aarón. La virgen María es hija de Joaquín y Ana, según el protoevangelio de Santiago. Es, por ello, palestina, de raza semita: Tez morena, complexión media, anchas caderas. Debió ser hermosa e inteligente, de esmerada educación y temerosa de Yahvé, el dios judío de la zarza ardiente y las Tablas de la Ley.

Aunque el aspecto real de su rostro sigue siendo una incógnita, existen leyendas piadosas que explican la manera milagrosa en que se llegó a conocer. Un de estas leyendas aseguraba que su imagen quedó impresa sobre una columna de Lida, Palestina, en la que se apoyó. Otra, la que narra Nicéforo, en el s. IX, que la virgen María tendría talla media, rostro alargado, cabellos rubios y dedos finos; que, posteriormente, confirmó san Anselmo de Canterbury, en el s. XI. Sin embargo, la que parece más veraz es la difundida por el dominico Jacobo de la Vorágine, que aseguraba que fue el evangelista san Lucas, dotado para la escritura y la pintura, quien confeccionó el único retrato de la Virgen. Para ello, siguió el modelo de sus numerosas apariciones. Este retrato estuvo en poder de la emperatriz Eudoxia, esposa de Teodosio II (405-450 d.C.), quien habría realizado copias. Una de ellas la envió a su cuñada Pulqueria que mandó edificar la iglesia de Hodigitria sólo para rendirle culto. Con la conquista y ocupación de Constantinopla por los turcos, en el 1453, el retrato en poder de la emperatriz desapareció; aunque siguieron circulando sus numerosas copias. Una de ellas (del siglo XI d.C.) se conservó en la iglesia de Santa María de Aracoeli, en Roma. No obstante, su deterioro y oscuridad es tal que no permite reconocer imagen alguna /En la ilustración, 'San Lucas pintando la Virgen', detalle del cuadro del periodo cretense. Tempera y oro sobre panel, 61,4 x 45 cm. Ermoupolis (Syros. Grecia).

CARACTERÍSTICAS DE LAS VÍRGENES NEGRAS.
Las Vírgenes Negras conservan rasgos comunes, singularidades que las convierten en grupo. Por ellas se podrá reconocer cuándo es negra una virgen morena. La primera característica es su color negro, aunque sus rasgos sean blancos: Naríz recta y labios delgados. Han de estar talladas en maderas nobles de árboles alcanzados por un rayo. Suelen adoptar actitud hieráticas, en solemne majestuosidad; es decir, sentadas en su mayoría, con el cuerpo y las piernas verticales. En su regazo, sobre la rodilla izquierda, o en el centro, la figura del Niño, sostenido por la madre. Uno de ellos sostiene una esfera que representa al sol. A los pies de la talla, una Luna en cuarto menguante con las puntas señalando la tierra; en realidad, señala el vórtice de energías telúricas se ese lugar (donde dos wouyvres o serpientes celtas, se cruzaban). Primitivamente son Isis y su hijo, el dios Horus. Su aparente tosquedad le da un aspecto orientalizante, más acusado en la Madre que en el Hijo./En la imagen, la Virgen de Monserrat (Barcelona)

En la mayoría de los casos, carece de policromía, la madera pulida y barnizada; cuando se plicroma se utiliza blanco, rojo y azul, a veces negro o verde. Las más populares se han dorado recientemente. Finalmente, sus dimensiones, que han de son constantes y responden a un escala proporcional 7:3. En su etapa inicial fueron de 70 x 30 x 30; en época tardía, la medida mayor es de un metro. /Virgen Negra de la Catedral de Le Puy en Valey (Alto Loira. Francia).

Otras características secundarias serían sus lugares de emplazamiento, siempre de gran tradición espiritual, enclaves naturales donde primitivamente estaban dedicados a la Gran Madre; o están en rutas de antiguas peregrinaciones, como el Camino de Santiago, denominado Vía Láctea o Compostela (campo de estrellas), por estar plagado de estrellas (enclaves con marcado carácter espiritual, señalados ermitas donde se veneraba una Virgen Negra).

LA VIRGEN DE LOS MILAGROS.
Por tradición, primero, sabemos que nuestra Patrona, la Virgen de los Milagros, se apareció al rey Alfonso X (narrada en la Cantiga 368) durante la batalla de Jerez, en 1231. Esta cabalgada tenía por objeto la reconquista de la villa de Alcanate, nombre árabe de El Puerto, en poder del emir Ibn Hud. Para el Profesor Manuel González Jiménez, en 1253 ya había un asentamiento importante de castellanos en El Puerto, los mismos que ayudaron a huir al Infante Don Enrique. Días antes de morir, ocurrida en abril de 1284, el rey Alfonso X otorga favor de ampliar el término territorial de  la población  hasta la ermita de Sidueña. /Aparición de la Virgen a Alfonso X 'el Sabio'. Vista parcial perteneciente al retablo barroco del siglo XVII, de la escuela de Pedro Duque Cornejo. Capilla de la Virgen de los Milagros. Iglesia Mayor Prioral.

Lo que ciertamente ocurriera durante la batalla de Jerez está por demostrar. Es muy probable que la aparición de la Virgen no se refiriera a un hecho milagroso (aunque se narre así), sino al descubrimiento de la talla de una virgen sedente que fuera ocultada en 1146 por los mozárabes que abandonaron la ciudad  a la llegada de los almohades. Antes de huir, como documenta Simonet, escondieron imágenes y objetos de culto. Esta fecha  coincide con la datación de 1169 según la técnica del carbono 14 de la imagen de Nuestra Señora de España, (en la imagen de la izquierda) y que explica Javier M. de Lucas Almeida, restaurador y conservador del Museo Municipal del Puerto de Santa María, en un magnífico trabajo titulado: “Nuevas aportaciones al estudio de Nuestra Señora de España”.

Santa María de España, (tal y como estaba en la década de los setenta del siglo pasado) imagen aparecida emparedada tras unos muros en el Castillo de San Marcos en 1934, en pésim estado de conservación. Luis Suárez Ávila sostiene que se trata de Santa María de Sidueña.

Por otro lado, en el archivo ducal de Medinaceli, fechado en 1561, se cita el traslado desde el Castillo de una imagen de Santa María del Puerto, “por otro nombre Nuestra Señora de los Milagros” a la capilla de la Iglesia Mayor Prioral, siendo sustituida en el Castillo por una buena imagen de Santa María, que conocemos por un el 'Compendio historial de sus antigüedades', de Anselmo J. Ruiz de Cortázar, en clara referencia, que recogería los datos aportados por numerosos protocolos de testamentos redactados por Hernando de Carmona en el siglo XV.

Desde aquel histórico traslado, se le rinde culto ininterrumpido en la Iglesia Mayor y, a partir del siglo XVII en su capilla, construida en la cabecera de la nave del Evangelio. El Cardenal Almaraz la coronó canónicamente el 8 de septiembre de 1916, el día de su festividad.

Torre de Doña Blanca, que da nombre al yacimiento arqueológico del mismo nombre, en el pago portuense de Sidueña. Se trata de unatorre construida en el siglo XIV para la vigilancia de la Bahía de Cádiz, que también fue usada como ermita.

LA POLÉMICA DE SIDUEÑA
Entre los entendidos de El Puerto, entre ellos el abogado y estudioso de temas locales Luis Suárez Ávila, se da una polémica sobre si a Virgen de los Milagros es Nuestra Señora de España o Nuestra Señora de Sidueña, que conllevaría despejar a duda sobre cuál de las dos imágenes de la Virgen es más antigua, y, por consiguiente, la que el rey Alfonso X encuentra en el Castillo. La solución debería estar en la interpretación que se dé al traslado que se ha mencionado antes, y en la “buena copia” que se deja en el Castillo. Para algunos, en lugar de aclarar la cuestión, la complica; porque el documento dice que para el traslado se hace una copia de la existente, ¿no existían dos imágenes, la aún no morena’, o Santa María del Puerto existente en el Castillo, y la ‘blanca’ o Santa María de España, en la ermita de Sidueña donde aún se conserva el culto –el abandono se produceirá con posterioridad, en 1577, según Sebastián Cobarrubias, en su “Tesoro de la Lengua Castellana”, publicado en 1611– Por tanto, ¿de cuál de las dos vírgenes existentes en la ciudad se hace copia y qué se hizo con el original copiado?

Vista aérea del Yacimiento Arqueológico de Doña Blanca, a 6 kilómetros de El Puerto. A la izquierda, en un círculo rojo la Torre. El yacimiento consiste en un tell o colina artificial, de ciudades superpuestas, excavado entre 1979 y 1995, donde se han hallado restos de murallas, viviendas, puerto fluvial y una necrópolis, pertenecientes a una ciudad feinicia, cuya datación va de los siglox VIII al III a.C. Posteriormente existieron ocupaciones mediavales y ya en el siglo XX, una explotación agrícola y ganadera.

Ambas imágenes debieron ser muy parecidas porque el profesor Francisco González Luque, se refiera a esta Virgen-copia de Santa María del Puerto como «modelo iconográfico de Virgen Majestad, sedente y entronizada, con el Niño Jesús en disposición lateral respecto a su madre»; obviamente, una imagen que cumple las características de una ‘virgen negra’, antes de ser amputada, como narraremos después.

RESTAURACIÓN DEL PROFESOR ARQUILLO.
Por otro lado, en el informe previo a la restauración de la Virgen de los Milagros, acaecida en 1979, el profesor Francisco Arquillo extrae la conclusión de que la imagen «es negra desde mediados del siglo XIV.» Según parece, la moda de dar color negro a las vírgenes viene de ese retrato bizantino al que hacíamos referencia más arriba, que la tradición adjudicó a san Lucas.

AMPUTACIONES.
En cuanto a las salvajes amputaciones sufridas por la imagen de la Virgen de los Milagros, ocurridas en 1671, añadir que de la imagen cortada sólo se dejó la cabeza y poco más; que, después, se le adaptó un trozo informe de otra escultura, posiblemente del siglo XVI, que le sirviera de soporte, y, finalmente, revistieron el conjunto con una coraza y unos brazos articulados de plata. Estos sostienen unas manos de otra imagen cuya procedencia se desconoce, con encarnadura negra y rico faldón de orfebrería, también de plata, que donan “Don Juan Francisco y Doña Catalina, Duques de Segorbe y de Medinaceli, Esclavos de Nuestra Señora”. En los bajos de este faldón metálico, figura grabado el escudo de la Casa Ducal, trazado por un orfebre portuense, como ha localizado la Profesora Dolores Barroso. /La ilustración muestra la faz de la imagen sin los arropes barrocos que luce habitualmente. El autor de la fotografía es el célebre historiador jesuita Padre Fidel Fita (1831-1918), hecha a finales del siglo XIX. Como puede observarse, la Virgen de los Milagros ostenta la coraza y los brazos de plata. Se le ha quitado para la foto el faldón de plata regalo de los Duques de Medinaceli.

La imagen de la Virgen de los Milagros, en el proceso de vestir. En esta instantánea, sin el característico rostrillo.

CONCLUSIÓN.
La ilustración siguiente que muestra en las radiografías el perfil de la Virgen de Los Milagros: Nariz recta y labios finos. Facciones de una mujer de raza blanca en una actitud serena y reposada. Sólo es negro el barniz con el que han patinado la talla. La madera en la que está tallada es de alerce de Centroeuropa, un ciprés oriundo de la Patagonia. Es una madera rojiza, dura y rica en resinas; aunque no lo suficiente como para haber evitado su deterioro. Las radiografías practicadas, aportan nuevos datos sobre los salvajes apaños y mutilaciones que ha sufrido la reliquia. Al truncamiento del cuerpo, deben añadirse los clavos para cerrar una profunda grieta que recorre el rostro, y el rebaje mediante gubia y escofina de la parte superior de la cabeza (como lo haría un carpintero de ribera), a la altura del pelo, y que alcanza a la mitad del frontal y el occipital.

Radiografías frontal y lateral de la parte original que se conserva de la talla de la imagen de la Virgen de los Milagros.

Traslado de la imagen desde el altar mayor a su camarín.  De izquierda a derecha, fila superior, Jesús Py Cotro, el párroco Manuel Salido Gutiérrez, Luis Suárez Rodríguez. Fila inferior, Serafín Álvarez-Campana, Manuel de Santiago, Vaca Bononato, oculto Javier Merello Gaztelu y Manuel de la Rubiera. Década de los setenta del siglo pasado.

Si como todo indica, Nuestra Señora de los Milagros era una Virgen sedente, en hiératica majestad, la amputación del cuerpo principal de la talla nos privó de conocer si los rasgos de la Virgen estaban más acusados que los del niño que, probablemente, llevaría sentado en la rodilla derecha; si el color del vestuario original era blanco, rojo y azul, o negro y verde. Si su copia es la que se designa como Nuestra Señora de Sidueña, no parece que responda a esta singular clasificación. Además, sus dimensiones, si medimos “su presunta copia”, es de “una vara castellana” (83’59 cm); para Juan de Ledesma, que la vio en 1633 (o sea, antes de la amputación) con telas y brocados, da la medida de 7,15 cm para la peana. Es decir, no es negra; morena y, me atrevería a decir, muy hermosa.(Textos: Álvaro Rendón Gómez. Lcdo. en Bellas Artes).

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