
Milagros Martín, 'La Macaca', con una lechera al fondo de la imagen.
Este artículo es un pequeño homenaje a la gran matriarca de mi familia paterna, mi bisabuela Milagros apodada 'la Macaca'. Para mí, ella fue siempre un gran ejemplo de vida, de trabajo y de dedicación a su familia, valores que hoy en día, desgraciadamente se están perdiendo.
Milagros Martín, que heredó el apodo de 'la Macaca' por su rama paterna, nació en El Puerto de Santa María en el año 1890, falleciendo en 1990, con 100 años de edad. Se casó a los 18 años de edad con Antonio Parralo, de esta unión nacieron 5 hijos: Rafaela (mi abuela), Antonio, Lola, Vicente y Ángel. Mi bisabuelo Antonio era cabrero y tratante de ganado, oficios ambos muy comunes en el siglo pasado. Poseía un rebaño de cabras que fue el sustento de su familia.
Todos los días, apenas amanecía marchaba a los campos con sus cabras para el pastoreo y ordeño de las mismas. Una vez ordeñadas enganchaba la mula al carro y cargaba las lecheras con la leche recién ordeñada y los quesos que mi bisabuela –su mujer- elaboraba con la leche de las mismas y el cuajo del chivo, para posteriormente intentar vender toda la mercancía por las calles de El Puerto.
Así, todos los días durante buena parte de su vida, hiciera aire, frío, calor, lloviera, etc. Había que alimentar y sacar adelante a su familia. Los días de invierno eran los más duros de sobrellevar debido al frío, que junto con algunos días de lluvia, llegaba a casa totalmente mojado. Días como estos, fueron los que hicieron que la salud de mi bisabuelo se fuera minando hasta que falleció de una grave neumonía en 1936, año que comenzó la Guerra en España.
AÑO 1936. AÑO NEFASTO, COMIENZO DE LA GUERRA “INCIVIL” ESPAÑOLA.
Este año , fue un año nefasto para mi bisabuela ya que, al poco tiempo de quedarse viuda reclutaron a su hijo Antonio para que luchara en el frente de la guerra, a los pocos meses, falleció otro de sus hijo, su hijo Vicente víctima de las fiebres tifoideas. /En la imagen, monedas de dos reales (25 cts. de peseta) de ambos bandos, republicano y golpistas.
Recuerdo siempre que mi bisabuela nos contaba sus recuerdos de estos años con mucho dolor, sufrimiento y pena en su corazón de mujer, madre y amiga. Fueron años de mucho sufrimiento para muchas familias en general, sobretodo y principal por quedarse sin ingresos con el que poder alimentar a sus hijos debido a los reclutamientos obligatorios de los cabezas de familia e hijos en edad de luchar en los frentes, y, aunque mi abuela no tuvo que lamentar la pérdida de su hijo Antonio en la guerra, sí que se perdieron muchos seres queridos y conocidos.
Posteriormente vino la posguerra junto con todo lo que conlleva, bajas en las familias, pobreza, escasez de alimentos, falta de libertad e incertidumbre en la vida diaria. Pero a ella, todas estas circunstancias y avatares la convirtieron a su vez en una mujer fuerte y luchadora, decidiendo junto con sus hijos volver a coger las riendas del negocio que había dejado su marido.

San Bartolomé esquina calle Los Moros. /Foto: Vicente González Lechuga. 2008.
LECHERIA EN SAN BARTOLOMÉ ESQUINA LOS MOROS.
Abrió una lechería en su propia casa aumentando las cabezas de ganado con la compra de varias vacas y poder así vender leche de cabra y de vaca al mismo tiempo.
A cada hijo le designó una labor diferente dentro del negocio. A mi abuela Rafaela le tocó junto con su hermano Ángel el reparto de la leche a los domicilios particulares, bares, hostales y pensiones. De todos estos repartos que hacían, los que peor llevaba mi abuela eran estos tres últimos debido a la vergüenza que pasaba por las regañinas que recibía de los dueños, ya que estos, poseían un artilugio llamado Medidor pesa leches que servía para medir la cantidad de agua añadida a la leche y que siempre daba positivo, aunque nunca llegó a ser “agua lechosa”. Mi bisabuela siempre alegaba que lo tenía que hacer así para aumentar los litros de leche y poder abastecer y cumplir con todos sus clientes.

El densímetro o medidor pesa leches. Se atribuye su invención a Hipatia de Alejandría.
MEDIDOR PESA LECHES
Este artilugio servía para comprobar la cantidad de agua añadida que podía contener la leche, sobre todo en los tiempos de hambruna posteriores a la guerra civil. Los vendedores de leche y sobre todo los ganaderos se dedicaban a añadirle agua a la leche con el fin de que la misma cundiera más, sacando mayor beneficio.
Estos medidores bien podían estar en posesión de los vendedores como de los compradores. Los primeros lo utilizaban para ir regulando el agua que añadían hasta el máximo permitido por la ley y no ser denunciados tanto por los controles policiales como por los particulares; los segundos lo utilizaban para no ser engañados a la hora de comprarla.
Este medidor está realizado en cristal fino y divido en tres partes; la primera e inferior consiste en una bola de cristal tintado en negro y hueca, cuyo interior contiene unas bolitas de plomo con un peso aproximado de 35 gr., cuya función es hacer de contrapeso entre la leche y el agua; la segunda parte, es un cilindro de 8 cm de largo y hueco para poder mantenerse flotando en el líquido; la tercera parte, la superior, consiste en un tubo mucho más fino y estrecho que el anterior, de 10 cm de largo con dos leyendas informativas en su interior. Una cara nos informa con un papel reglado del 0 al 25; y por la otra cara, con las posibles cantidades de agua: ¼, ½, ¾ o bien, leche entera.
Su finalidad era introducirlo verticalmente en las lecheras, si el medidor se hundía marcando la raya del 25 al 20, significaba que la leche era entera completamente, si se hundía del 20 al 15, significaba que contenía ¼ de agua añadida; del 15 al 10, ½ de agua; del 10 al 5, ¾ de agua y finalmente, si se hundía del 5 al 0, descaradamente la leche estaba totalmente aguada. Debido a estos pillajes se crearon controles policiales llamados fiscalías que se dedicaban a revisar todas las mercancías, tanto las que salían al exterior desde el muelle del vapor, como las de las propias lecherías, en las que se presentaban sin previo aviso. (Texto: Coral Piá Oviedo).

Lecheras con las que hacían el reparto por las calles de El Puerto Ángeles Pérez Navarro, su hermana, y una prima de su padre durante los últimos años de la Lechería.
RECUERDOS Y OLORES EN MI MEMORIA
Cuando recuerdo aquellos tiempos me vienen vaivenes de aromas, olores, sabores y colores que me trasladan al cuarto donde estaba la pequeña lechería, donde tantas horas de mi niñez se quedaron dormidas oliendo la leche recién ordeñada, el queso recién hecho, el vaso de leche azucarada que me daban para beber y aquellos requesones con azúcar de los calostros de las vacas recién paridas.
Y sobre todo la sensación de sentirme arropada y querida por la gente que te quiere, sensación, que jamás volverá a repetirse porque las piezas del conjunto caídas son más que las que quedan en pie.
Gracias por todo, gracias por estar en los momentos que solo tú supiste estar, acogerme como solo tú sabias. Doy gracias a Dios por habernos unido en esta vida, fuiste maestra de hacer pan de la nada, superando todos los obstáculos que la vida te impuso, por tus enseñanzas y por tu visión madura de la vida.
Abarcaste y protegiste a tres generaciones: hijos, nietos y bisnietos, siendo la gran Matriarca de esta familia. Demostrando que el mundo no es tan absurdo como muchas veces pensamos, gracias a tu legado de amor, dignidad honradez y sobre todo, unión familiar. Enseñanzas que siempre llevaré en lo más profundo de mi corazón y de mi memoria, gracias a tu larga vida.
Nos dejaste a los 100 años de edad.
“Sé que en el trascender de mis años, llegará el momento exacto que volveré a estar frente a ti y podré tocar tu rostro de nuevo. / Sentiré el respirar de tu aliento sin miedo a volver a perderlo. / Más allá del cielo azul será nuestro encuentro.” (Texto: Ángeles Pérez Navarro).
Más información sobre la familia de La Macaca. Josefa Martín Lanzarote 'La Macaca'. nótula 1.455 en GdP. La belleza de una porteña en París.

El próximo viernes día 25 de enero, a las 19 horas, en la Sede de la Cátedra de Estudios Alfonsíes con sede en el Castillo de San Marcos (con entrada por la calle Federico Rubio), se presentará el libro "El Puerto Gaditano de Balbo-El Puerto de Santa María. Cádiz", de los investigadores Juan José López Amador y Enrique Pérez Fernández. El volúmen ha sido prologado por Genaro Chic García, Catedrático de Historia Antigua jubilado de la Universidad de Sevilla.
Su fundador fue el gaditano Lucio Cornelio Balbo ‘el Menor’, en el año 19 a.d.C. que a la vez mandó abrir en las arenas, a pico y pala, la actual desembocadura del Guadalete, el que denominan "Canal de Balbo", como ya hemos publicado en la 





Un hermano del cardenal, el presbítero Kenelm Vaughan, fundador en Londres de la Archicofradía de la Divina Expiración, fue el encargado de recorrer buena parte del suelo hispano portando una carta del Cardenal Vaughan, dirigida al Cardenal Primado, arzobispos y obispos españoles y, en general, “a todos los constituidos en autoridad y unión con la Santa Sede Apostólica” a todas las autoridades eclesiásticas y civiles, en definitiva. En ella se solicitaba la cooperación de “la España católica para una obra de fe que tiene por objeto el honor y culto de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento.” Y el primer lugar, después de pasar por Madrid, donde inició su postulación, fue Sevilla, patria natal del cardenal Wiseman, predecesor de Vaughan y primer arzobispo de Westminster, la ciudad en la que continuó con su campaña de recaudación de fondos, participando además en la vida social del entorno en el que se desenvolvía como por ejemplo, su padrinazgo o apadrinamiento en el bautismo, confirmación y comunión de un joven ingeniero ingles de las minas de Riotinto que abandonó la senda luterana para abrazar la ortodoxia de la iglesia romana. /En la imagen de la izquierda, Capilla del Santo Sacramento en la catedral católica de Westmister en Londres
El clérigo londinense partió hacia América del Sur en busca de fondos para completar el presupuesto de la capilla, aunque en esta ocasión parece apuntó más alto pues fueron las altas instancias gubernamentales de países como Argentina, Perú y Bolivia las que se implicaron en el patrocinio de la por entonces ya nombrada como “Capilla Expiatoria Hispano-Americana del Santísimo Sacramento”. Después de esta doble experiencia, en España y sus antiguas colonias, Kenelm Vaughan, que alcanzó el tratamiento de Sir, publicó una especie de diario, libro que aún hoy día puede encontrarse en algunas librerías virtuales de la red, con el título de: “Viajes en España y Sud-América” en el que se refiere brevemente, en su página 35, a la aportación portuense a esta magna obra, y expresamente a los donativos recibidos, en estos términos: “los entregados por los habitantes del Puerto de Santa María, entre los que se distinguió el Conde de Osborne, quien tuvo por grande honra unir a su título nobiliario (en realidad, debería decir Pontificio) el de Socio-Fundador.”
CONEXIÓN FAMILIA OSBORNE - ARZOBISPADO DE LONDRES.

Agustín Castro Merello, nacido en El Puerto de Santa María, ingresó en la orden religiosa de los Jesuitas en 1941. Gran parte de su vida religiosa y docente la realizaría en Las Palmas de Gran Canaria. Durante varias décadas fue colaborador de la edición dominical del rotativo grancanario ‘La Provincia’, publicando ensayos de diversa índole y comentarios de pastoral religiosa.
La investigadora Mercedes García Pazos hizo en 1995 una recensión sobre la obra a la que nos referimos, de la que destacamos: «El hilo conductor de ‘Alberti, Colegial y Marinero (Historia y Poesía)’ que se centra fundamentalmente en los años escolares de Rafael Alberti, es el colegio de San Luis Gonzaga de El Puerto. Su autor, que también ha publicado otros trabajos relacionados con la imagen personal y literaria del poeta de ‘Marinero en Tierra’, aúna en una misma personal el ser portuense, primo de Alberti, sacerdote jesuita y alumno y profesor de ese centro escolar. A través de las páginas de este libro realiza una aproximación a la historia del colegio, apoyándose en interesantes aportaciones documentales, a la vez que realiza un acercamiento biográfico al poeta mediante el que refleja el cariño albertiano por el colegio de su infancia y desvela, a su juicio, algunos errores, poetizados ya en su madurez, y conservados en la memoria de Alberti. […] Añade algunas aportaciones fundamentalmente a la historia del colegio que Rafael Alberti conoció, vivió y recordó, así como una completa recopilación literaria albertiana a la que se suman análisis e impresiones muy personales de Castro Merello».
EL TÍO JOSÉ, FALANGISTA A LA FUERZA.
EL TÍO MANUEL, CHATARRERO Y ARMADOR.

EL TÍO LUCIANO, MARINERO Y MÚSICO.
El investigador Antonio Gutiérrez Ruiz ha editado en estos días, a través de la Asociación Cultural ‘Puertoguía’ el cuarto volumen de la serie ‘Mansiones y Linajes de El Puerto de Santa María’, con el título ‘Los Winthuyssen’, parte 1 dedicado en esta ocasión a las familias de origen hispano-flamenco de los Winthuysen, cuyo subtítulo es: “Tres generaciones de clérigos, comerciantes y militares”.
Desde Gente del Puerto, su autor, Antonio Gutiérrez «les invito a su lectura, especialmente a los que gusten de conocer temas y personajes inéditos de nuestra historia local, agradeciéndoles el interés dispensado y la buena acogida de los volúmenes precedentes».
Los interesados en adquirir este nuevo volumen, que mantienen el mismo precio de toda la serie: 20 Euros, pueden solicitar su envío por correo, sin gastos adicionales o entrega domiciliaria (en El Puerto) mediante e-mail a 













Me informó que no pasaron el río por la frontera de Villa Real de Santo Antonio-Ayamonte, fue una zona interior de la provincia de Huelva, que no describió. Recorrieron mucho camino a pie, antes de llegar a su destino. En el viaje mi padre, le comentaba continuamente a mi abuelo: «--¿Papa dónde vamos?» Dejar la tierra donde uno emerge y crece, para emigrar a otra comarca siendo un niño, tiene que ser muy doloroso. Yo lo digo por experiencia, me fui de El Puerto, con veinte y nueve años, con destino a Tarragona, y mi salida fue angustiosa. /Portada de la Pensión Las Columnas, hoy en desuso, donde vivieron a poco de llegar a El Puerto.


Recuerdo al cantante Antonio Machín, cuando venía a actuar al Teatro Principal, siempre visitaba la casa de Pancho, la mujer era cubana y creo de la misma ciudad del genial cantante de color. Los carpinteros hermanos Lobo,
LA ABUELA: SASTRA Y CULTA.
Lo que hace la necesidad, para poder ahorrar algún dinero para su familia. Aquellos tiempos fueron durísimos. Conocí a un portugués de nombre Manuel de Ana que solía viajar en bicicleta y, con el tiempo, se compró una motocicleta; era muy amigo de la familia y del mismo pueblo de Lagoa, trabajó en El Puerto, más de veinte y cinco años, en la mar, era un ser muy agradable: lo que llamamos por aquí muy buena gente. /En la imagen de la izquierda, el portugués Manuel de Ana.
Hombre que no sabía leer, ni escribir, pero les puedo asegurar que podía sobrevivir en cualquier sitio donde le dejaran. Diestro en la pesca desde tierra y en el mar, elaboraba muy bien los salazones, extraordinario mariscador, experto en la caza en todas sus modalidades, conocía las plantas medicinales, y como utilizarlas. En la imagen de la izquierda, Juan Cristo de los Mártires (Vila Nova de Cácela, Portugal 1887 - El Puerto, 1961).





