Manuel Sánchez García pertenece al grupo de los porteños --que los hay-- nacidos en Chipiona, el 3 de enero de 1939. Quinto hermano de ocho, hijos de Domingo (mancebo en una farmacia en Chipiona) y Tomasa, todos nacidos en Chipiona, aunque se consideran todos portuenses ya que, en 1947 --hace 63 años-- se trasladaron a nuestra ciudad buscando un horizonte mas amplio, aunque incierto.
TERMINA LA GUERRA INCIVIL.
El "Cuartel General del Generalísimo" acababa de difundir su último parte oficial de guerra: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. ¡La Guerra ha terminado! Burgos, 1 de Abril de 1939. Año de la Victoria. El Generalísimo Franco." Era alcalde de la ciudad Manuel Barba Ordóñez. Terminaba la guerra “in-civil” con todas sus consecuencias, España entraba en una fase de calamidades interminables, el desabastecimiento entre otras cosas provocó el llamado estraperlo, la cartilla de racionamiento hasta para el tabaco, hambre, niños rapados para erradicar los piojos, etc..
También, en 1939, el letrista autor de “Soy minero”, “La bien pagá” o “La Falsa Monea” Ramón Perelló, hijo de minero y de convicciones anarquistas, pasó un largo periodo de prisión en el Penal de El Puerto. Otro preso, Emilio Pendás Trelles, poeta popular asturiano escribe ‘Cuentos populares recogidos en el penal del Puerto de Santa María (1939). Cancionero y obra poética. Fue editado en el año 2000. (En la imagen, Diario de Cádiz del 'Día de la Victoria').
Y en julio de 1939 se funda la Hermandad de la Flagelación, dando culto a un Cristo atado a una columna, que bien pudiera ser un San Sebastián. Procedía del desaparecido convento de los Descalzos, donde hoy se encuentra la Plaza de Peral. Se celebra una corrida de toros el 31 de julio, con Juan Belmonte a caballo, y los toreros Domingo Ortega, Pascual Márquez y Manolete. Empieza la II Guerra Mundial el 1 de septiembre. Coñac Decano, de Bodegas Caballero, organiza un concurso de radio en Barcelona, para animar las ventas en Navidad, tal y como relata La Vanguardia en su edición del día 27 de diciembre de 1939. El artista local, Manolo Prieto, forma parte de la Delegación de Propaganda y Prensa del Ministerio de Turismo, además de dibujante político del Periódico "El Sol". La vida sigue… (En la imagen, publicidad del jabón Heno de Pravia de la época).
INFANCIA EN EL PUERTO.
De pequeño, al llegar a El Puerto , con siete años, vivirían en el número 61 de la calle Federico Rubio, esquina con Pagador, estudiando en el Colegio de Bellas Artes, actual Instituto Santo Domingo, hasta los 13 años en que los interrumpe para comenzar a trabajar. Recuerda Manolo a dos buenos profesores, Guillermo Rodríguez y Antonio de la Torre González «que me enseñaron a ser buena persona». Le hubiera gustado haber hecho, como poco, el bachillerato, es un hombre de amplia cultura autodidacta: lee de todo cuanto esté a su alcance, teniendo predilección por la novela histórica.

Manolo, a la izquierda, junto a su hermano Enrique, en la típica foto escolar.
EL MUNDO LABORAL.
Empezó como aprendiz de sastre en Casa Rendón, en la calle Larga, 88, junto a los desaparecidos Muebles Pantoja, de los que conserva muy gratos recuerdos. A los 15 años, en 1944, entró a formar parte del taller de costura, siendo su primer maestro Salvador Egea Hidalgo. Poco después se lanza a la aventura y marchará a Madrid y Barcelona donde tendrá la oportunidad de mejorar sus conocimientos en materia sartorial, en las Academias de Corte de ambas capitales.

Manolo, a la izquierda, en la Jura de Bandera, a continuación, el desaparecido Gonzalo Zaragoza Mancera.
En 1962, con 23 años, después de cumplir con el servicio militar, se dará a conocer como ‘Manolo Sastre’ en El Puerto y así… hasta el día de hoy.
Es cofundador de la Federación de Maestros Sastres de Andalucía y del Gremio de Sastres de Cádiz y Provincia, entidad esta última en vías de extinción, por falta de profesionales: el sastre artesano sobrevive, pero la profesión en la provincia está a punto de desaparecer, salvo honrosas y contadas excepciones.

Con un grupo de colegas durante la celebración de un congreso sartorial en Sevilla.
En viajes profesionales acudió a todos los Congresos de Sastrería celebrados desde el año 1970, tanto a nivel nacional como internacional, celebrados en Madrid, Barcelona, Roma, Munich, además de los de Andalucía, en los que participó como organizador, trayendo la celebración de uno de éstos en El Puerto. Ha viajado cuanto ha podido, conoce o ha pasado por todas las provincias de España y algo por el extranjero; en concreto ha viajado varias veces a Iowa, Illinois, Florida y Virginia en los Estados Unidos.

Salvador Egea Hidalgo, su primer maestro y el hijo de éste, también Salvador Egea González, junto a Manolo.
EL PENÚLTIMO SASTRE ALFAYATE DE EL PUERTO.
Hace cuatro años nos dejó el colega de Manolo --y a pesar de eso, amigo-- José Antonio Conejo, que tenía la sastrería en la calle Misericordia, donde hoy se encuentra el despacho de Tejas de El Puerto. Hoy, Manolo, es el penúltimo sastre --Alfayate, en voz portuguesa-- en El Puerto porque, afortunadamente hay continuidad en el hijo de su maestro, que a su vez fue alumno de Manolo, Salvador Egea González, que sigue ejerciendo en El Puerto como sastre en la modalidad de artesano.
LA VESTIMENTA, LA ROPA, SEGÚN MANOLO.
Habla nuestro protagonista: «--En la actualidad, la ropa no ha cambiado mucho. El hombre debe utilizar y usa, salvo algunas excepciones, la ropa adecuada para cada caso o evento. Hoy estamos viendo administrativos vistiendo ropa casual para el trabajo cuando, en otro tiempo, dentro de nuestra generación, se veían en la obligación de ir a la oficina de traje y corbata», continúa afirmando que «--El resto de la población vestía los domingos y “fiestas de guardar” con su mejor traje, ese traje que hoy tiene su mejor aliado en las bodas, en algunos casos también en las comuniones, confirmaciones, puesta de largo, etc… En el día a día, la vestimenta es mas sport, mas informal». Manolo afirma que «-- La mejor época fueron las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado, ocasionando que nuestra libreta de pedidos estuviera siempre a tope. Poco a poco fue ganando terreno la confección en serie, tanto en calidad de patronaje como en fabricación, lo que hizo que nuestros encargos fueran bajando en número, que no en calidad. Pero no podíamos competir en precios debido a la producción industrial con lo que las grandes marcas de la confección inundaban e inundan el mercado».

La tienda antigua de Manolo Sastre.

La tienda actual 'Therno's' de Manolo Sánchez
38.000 NOTAS DE PEDIDOS.
Debido a lo anterior Manolo ha tenido que adaptar su tienda a la actual demanda del público, habiendo pasado en su establecimiento de la calle Larga por dos reformas integrales, desde la primera apertura hace 50 años. Así, ha introducido en su oferta, además del traje a medida, también confeccionado o de serie, camisas, corbatas, género de punto y complementos de vestir. Se ha especializado solo en vestimentas para hombres, habiendo sumado en su larga trayectoria, 38.000 notas de pedidos.
El hecho de que Manolo, al decidir acogerse a la merecida jubilosa jubilación, ha propiciado que dos de sus hijas continúen en este menester, con el nombre comercial de Therno’s, en la misma ubicación de siempre.

Manolo Sánchez, entre fogones
AFICIONES: TOROS Y CABALLOS.
Le gusta mucho el campo, la naturaleza en toda su extensión. «--Cada vez que puedo me escapo un par de días a Grazalema y sus alrededores. Últimamente me aficioné a la cocina formando parte de una Tertulia que de vez en cuando hacemos nuestros pinitos en gastronomía. En donde mejor me desenvuelvo es en las recetas de guisos marineros que mi mujer, hija de familia marinera de Sanlúcar me enseñó».

Manolo Sánchez, a caballo, con Manuel Hernández Vega, 'Veguita'.
Y prosigue Manolo: «--Me metí en el mundo del caballo de la mano de mi recordado amigo y vecino Manuel Hernández Vega “Veguita” muy vinculado al mundo de los toros, y con la impagable colaboración del saber en este tema de Luis Suárez. También me enseñaron mucho el mayoral de los Terry, Sebastian García Nieto y su hijo Diego. A partir de ahí vinieron los caminos del Rocío hechos durante 20 años. En mi etapa de caballista he disfrutado mucho, sobre todo en mis paseos por el campo de todo el término del Puerto. Soy aficionado a los toros, pero no me gustan los toros “embolaos”, “ensogaos” ni sueltos por las calles».

Manolo y María, un matrimonio feliz, en Grazalema.

La familia de Manolo Sánchez, casi al completo, hace unos años.
LA FAMILIA, LOS AMIGOS.
Está casado con la sanluqueña María Pérez (como la muñeca, Mariquita Pérez), la única novia que tuvo. De aquel matrimonio celebrado en 1962 nacieron cuatro hijas y dos hijos. Cuando se casó estuvo muy influenciado por el movimiento de Acción Católica. Tiene muchos conocidos y amigos cercanos… algunos se le han ido. De los mas cercanos prefiere dejarlo en que cada cual se considere su amigo.

Con Juan Franco, recibiendo el 'Milord de Plata'. Año 1993.
A su edad, ha visto «como en el camino se han ido quedando los mejores, tengo que dar gracias a la vida y a mis conciudadanos por lo bien que me han tratado siempre en mi trayectoria profesional".

Fernando Biensoba Otero nació en Jerez en noviembre de 1931, el día 5, viviendo la infancia en su ciudad natal donde inició los estudios primarios en el colegio La Salle para trasladarse, posteriormente, con sus progenitores a Sanlúcar de Barrameda.



RADIOAFICIONADO: EA-7-CKG
Luego de embarcarse en una apasionante aventura por las ondas, adquirió nuevos equipos para finalmente llegar a la cúspide de su aspiración con la instalación de su tan ansiada emisora decamétrica --que trabajaba en la frecuencia de los 10 metros y podría hablar con una calidad excepcional con todo el mundo--, obteniendo licencia de primera clase como radiaficionado, con distintivo personalizado operadores de : EA-7-CKG



La iniciativa del cortejo marítimo partió del Ayuntamiento encabezado por el Alcalde Eduardo Ruiz-Golluri, (en la imagen de la izquierda) quien promovió los festejos durante su mandato. Fue un emprendedor alcalde que truncó su inquieta trayectoria con la llegada de la Segunda República. Entre otros eventos ideó la denominada Fiesta del Vino en el Parque de la Victoria, una de las precursoras de nuestra actual Feria de Primavera. El turismo estival, demasiado elitista entonces, se convertía en uno de los mimos del gobierno local más por prestigio que como una fuente de ingresos de primer orden. Aunque algunos empresarios y políticos visionarios comenzaron a sospechar de las posibilidades del sector.

El doctor Medinilla propuso la plaza de toros, por su ventilación y aislamiento de la población. Después se pensó en el edificio de Santo Domingo que había quedado vacío al trasladarse el ayuntamiento a la nueva sede en la actual plaza de Isaac Peral. También se barajó la posibilidad de instalarlos en las antiguas dependencias del colegio de la Aurora, en calle San Sebastián pero la rehabilitación resultaba excesivamente costosa. Finalmente, mediado octubre de 1898, se decidió fuera el recinto anexo a la penitenciaría de La Victoria, lugar cercano a la estación de ferrocarril y lo suficientemente alejado del casco urbano el sitio donde atender a los repatriados enfermos y el recinto donde debían pasar la cuarentena aquellos soldados sospechosos de estar incubando la enfermedad. (En la imagen, una ambulancia antigua, en un carro cubierto, tirado por un semoviente).




Dado que el archivo de la Cruz Roja Local es prácticamente inexistente por un periodo que abarca entre que fuera desmilitarizada, --hará aproximadamente 25 años-- y su fundación, invitamos a los lectores de Gente de El Puerto que tengan algún tipo de documento, fotografía, recorte de prensa, insignias, recuerdos, bonos, etc… nos lo hagan llegar (original o copia) para la creación de un fondo documental de dicha institución benéfica, que será entregado a la misma para su catalogación y archivo. La Cruz Roja cuenta en El Puerto con más de 100 años de existencia.
Muchos de los españoles que nacieron en el último tercio del siglo XIX conocieron y padecieron las miserias y secuelas de la guerra, obligados, a su pesar, por la prestación del servicio militar que debían realizar a la monarquía. El escenario, en esta ocasión, estaba en ultramar: Cuba, Puerto Rico y Filipinas, últimos bastiones del extenso imperio colonial español de siglos atrás. El contingente del ejército, nutrido cada año por los mozos de reemplazo, crecía y crecía a medida que el conflicto, al que algunos historiadores le dan el calificativo de guerra civil, se enconaba. Un año antes del desastre naval con el que se pondría punto final a la contienda, a la que se había sumado los EE.UU., el cupo de las diez zonas en que estaba dividida Andalucía (las 8 capitales de provincia actuales, más Ronda y Osuna) ascendía a 23.742 mozos. (En la imagen sorteo de mozos, en 1895).
En nuestra provincia de Cádiz, los reclutados sumaban 2.585 hombres. Solamente estaba previsto incorporar a 1.626 de ellos, y de estos, irán destinados a Cuba 560, 203 a Filipinas, 50 a Puerto Rico y el resto a distintos puntos de la península. Se libraron, pues, casi mil mozos por exceso de cupo. El famoso sorteo determinaba el destino, en el más amplio sentido de la palabra, de cada uno de ellos. Después, a los que la suerte no les acompañó ni sus parientes pudieron redimirlo pagando la cuota establecida al efecto, serian despedidos en los andenes de las estaciones y en los muelles de los puertos de embarques con vítores de zarzuela. Otra cosa bien distinta serán las penurias y sufrimientos que padecerán en sus propias carnes aquellos que, forzados a servir, lo hicieron en las colonias de ultramar. (En la imagen de la izquierda, dos soldados con el traje de ralladillo, con los fusiles cercanos).




Pedro Cardeñosa Nieto nace el 8 de noviembre de 1964, en Siruela (Badajoz) Comarca de la Siberia, una zona cercana a la frontera con Ciudad Real. Sus padres: Eugenio y María, también de Siruela. Es el segundo hermano de cuatro. Antes que él nació otro hermano al que también llamaron Pedro, pero murió. Su nombre, su ropa, su cuna, su espíritu (dicen los esoteristas)…pasó a su persona.
Su más tierna infancia, hasta los 10 años, la pasó viviendo en el campo, en una finca de Ciudad Real donde su padre ejercía de pastor. Allí aprendió este oficio que es su verdadera pasión y objetivo, como profesión, en la vida futura. La casa donde vivía no disponía de luz eléctrica ni de agua corriente y el pueblo más próximo estaba a 4 kilómetros. Distancia que recorría en bicicleta cada mañana, entre caminos y veredas, ¡¡a 4 grados bajo cero en invierno y 45, a la sombra, en verano!! Pero nunca faltó a clase. Dice que, hasta hoy, han sido los años más felices de su vida.








para impartir Enseñanza Primaria en las “Escuelas del Niño Jesús”. En 1952 se logra el reconocimiento como “Centro Docente Benéfico” lo que le asegura la ayuda del estado. (En la imagen, ficha del Asilo de San José).

En 1970 se incluye en dicho Centro una Escuela Hogar en donde un numeroso grupo de niñas de los campos de la comarca se integraron junto con las internas adscritas a Protección de Menores.


No lo puedo evitar: soy del Puerto de Santa María. De un Puerto que no reconozco en estas calles peatonales repletas de motos, bicicletas y semáforos que guiñan en ámbar; de tiendas que “se traspasan”, de casas con cerrojos dobles y multitud de foráneos en pantalones cortos que miran escaparates, vagabundean preguntones con el dinero justo para una mariscada de gambas sin cabezas en Romerijo. De esa calle Luna desconocida que, a medida que se aleja del muelle, más desierta parece; de la primitiva Larga, cada vez más corta, estrecha y custodiada ahora por espantapaseantes verdes que tapan fachadas de edificios emblemáticos, derribados o a punto de caerse por abandono de sus propietarios; de esa Pescadería reconvertida por exigencias del guión turístico en una inmensa bolsa de aparcamiento.
Ni siquiera queda albero en la plaza de Peral. Se ha enlosado, quizás para que el genial don Pedro Muñoz Seca pasee sin ensuciarse sus recién estrenados zapatos de bronce, ahora que le pusieron piernas; aunque el injerto quede poco disimulado. De los azulejos de la tramoya decorativa del foro semicircular donde se ubica aún se vislumbra la frescura y el misterio que tuvieron antaño. En las pérgolas laterales, bajo la densa enredadera de buganvillas se reunían las pandillas del centro y de la placilla. Recuerdo que en las largas esperas confeccionábamos collares y pulseras con las hojas escamosas de las viejas Araucarias, después de terminar la merienda de pan con carne de membrillo o aceite y azúcar (poco aceite y poca azúcar). Jugábamos a la palmá y al coger. El palomar, que sólo tuvo palomas un año, lo utilizaban los jardineros como cuarto de aperos; como prisión, la chiquillería, porque su poyete generoso dejaba espacio para el asiento, a medida que se iba llenando de cogidos a la espera de la palmada que los liberase.
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No sé cuándo ni dónde aprendí a leer. Si fue con los susurros amables de la señorita María Luisa o con las voces del ogro cojo. Sólo sé que me encantaban los sábados por la mañana, cuando me acercaba a la papelería de Cortés y preguntaba si había venido el cuadernillo apaisado del Capitán Trueno, con carpetilla iluminada e interior en blanco y negro. Del TBO me gustaba hasta los increíbles disparates del profesor Frank de Copenhague. Mis hermanos eran más de Roberto Alcázar y Pedrín. Mi padre leía El Coyote, sólo para poder dormir por las noches, abatido por un disparo perdido… Hasta los siete años viví entre algodones. Fue durante la primera quincena de aquel florido mayo, cuando renuncié a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometí seguir siempre a Jesucristo.



Posiblemente fue, con aquella ¿música? que tocaba a finales de los setenta del siglo pasado, un adelantado a su tiempo. Lo que hacía entonces lo hacen hoy, con éxito algunos grupos actuales: una extraña melange en la que la ¿música? es el hilo conductor. Aun recordamos aquellas actuaciones, en medio del escenario, con un mapa lunar y una varita, señalando para un indeterminado lugar de la Luna. (En la imagen de la izquierda, con la capa azul y con estrellas que usaba en sus actuaciones y con la que incluso se casó en la Prioral).

Cuenta Juan Fernández, de Bornos, uno de los organizadores del ‘Festival Rock Lago 81’ que «estando en El Puerto de Santa María de pegada de carteles, se nos acercaron unos colegas y nos dijeron que eran componentes de una gran banda y que vendrían gratis como teloneros del Festival: “Chiqui Fly Travel Nirvana” (¡¡Que tios mas malos, pero ellos disfrutaron!!)».