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Primera Cabalgata de Reyes Magos. Plaza de Toros. Carrozas. Año 1928.

Reyes Magos en el Asilo de Huérfanas, de la calle Cielos. Leyendo la misiva, Vicente González Lechuga (Melchor), a su derecha Felipe Bononato Saez (Baltasar) y a su izquierda Basallote (Gaspar). Junto al árbol y detrás de la columna, Manuel Camacho Cala, capataz de Osborne. Detrás de Melchor, con gafas y un niño sentados, Francisca Lechuga Camacho y el niño es Carlos Benjumeda Arrobas. Subido en una silla a la derecha hay un niño con gafas, Antonio Benjumeda Arrobas, a su lado detrás, Vicente González Bruzón. Mientras Melchor leía el mensaje real, Carlos Benjumeda decía «--Este rey tiene la misma voz que tío Vicente». Año 1965.

Factura emitida por el Almacén de Juguetería y Bisutería ‘El 95’ de Jerez, por valor de 22.754,65 pesetas, enviado mediante la agencia de transportes porteña’Vda. de Requejo’, girada a la Comisión Cabalgata Reyes Magos, con sede en la Academia de Bellas Artes. Entre el diverso material se encontraban: arcos y flechas, trompetas doradas, recogedores y escobas, pelotas de plástico con red, cajas de juego de café, pistolas, sombreros cowboy, pistoleras, estuches colegial, muñecas pillinas, raquetas largas, cajas de lotería, juegos reunidos, corazas pretorianas y de Carlo Magno. Y como obsequio enviaron: tubos de polvos pica pica, cajas de bolsas fétidas, botes de fluido glacial y cajas de cerillas explosivas. 22 de noviembre de 1966.

Un año se produjo un lapso en la Cabalgata de Reyes, que no se organizó ni por la Academia de Bellas Artes ni por el Ayuntamiento. Quizás pertenezcan estos reyes ‘oficiosos’ a ese momento. ¿Quizás a finales de los sesenta del siglo pasado? La ilusión, a pesar de todo, continuaba…

Reyes Magos en el desaparecido campo de fútbol 'Eduardo Dato'. Fernando Gago , que actuó como presentador, sostiene el micrófono a SS.MM. 5 de eneero de 1971

El diestro José Luis Galloso, rey Melchor en la Cabalgata. Año 1973. (Foto Rafa. Archivo Municipal).

El cartero real, encarnado por Javier Thuillier, con sus correspondientes pajes, encarnados por Juan Caamaño y Ángel Lara, en una abarrotada Plaza de Toros. En el burladero podemos observar al médico de la plaza y presidente de la Asamblea Local de la Cruz Roja, Joaquín Muñoz Bela. La instantánea es del 29 de diciembre de 1974 (Foto: Rafa. Archivo Municipal).

Los Reyes Magos de Oriente, en la Adoración al Niño en la fachada de la Iglesia Mayor Prioral. De izquierda a derecha, Felipe Bononato Saez (Gaspar), el guardia municipal Carrasco, José María Morillo Sánchez (un joven rey Baltasar con apenas 17 años), Luis Suárez Ávila (Melchor), José Lucas Morillo León, y el arcipreste de la ciudad, Manuel Salido Gutiérrez. (Foto Rafa. Colección Felipe Bononato).

Los Reyes Magos del año 1977. ¿Algún lector nos puede indicar sus nombres? (Foto: Rafa. Archivo Municipal).

De izquierda a derecha, Rafael Corzo Gamaza (Gaspar); Francisco Sordo de la Torre (Melchor); y Juan Diaz Sara (Baltasar), los tres pertenecientes a la Hermandad del Dolor y Sacrificio. Detrás de Gaspar,  Rafael Sevilla López y sentados Juan Manuel Martín Vélez y Enrique Pedregal Valenzuela. Desconocemos el nombre de la Pastora Mayor de la Navidad con Amor que aparece sentada a la derecha. (Foto: Rafa. Archivo Municipal).

Interior del Castillo de San Marcos. Melchor será encarnado por el desaparecido empresario Pepe Besteiro, su mujer Mercedes, su nieto Francisco y Milagroas, la mujer de Manuel Ganaza. Le acompañan, también, los hermanos González Lechuga, y sus respectivas cónyuges, . Año 1995.

Imagen de la Primera Cena de los Reyes Magos, celebrada en la Bodega San José. Por cierto que para este primer trimestre de 2011 la Asociación de los Reyes Magos retoma su programa habitual de actividades, tras el paréntesis de estas Navidades. Año 2009.

Etiqueta de Coñac [sic] Reyes Magos. ‘Melchor’. Bodegas Sánchez-Cossío. (Colección JMM).

Etiqueta de Jerez Reyes Magos. ‘Gaspar’. Amontillado Fino. Bodegas Sánchez-Cossío. (Colección JMM).

Etiqueta de Coñac [sic] Reyes Magos. ‘Baltasar’. Bodegas Sánchez-Cossío. (Colección JMM).


SS. MM los Reyes Magos de El Puerto en GdP

157. Noche de Reyes.
500. Los Reyes Magos. Entrega de Coronas 20089/2010
518. Los Reyes Magos de El Puerto (II)
886. Los Reyes Magos de El Puerto (III)

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María del Carmen Vaca Abelenda es una mujer que defiende a la mujer. Nace en 1963, en la calle Federico Rubio, tercera de los seis hijos que tuvieron el matrimonio formado por Manolo Vaca y María Luisa Abelenda Prieto --familia del artista local Manolo Prieto--.

Ese año era elegido Papa, Giovanni Montini, como Pablo VI. También, el año de su nacimiento, Martin Luther King pronunciaba su célebre discurso: ‘I have a dream’' (Yo tengo un sueño). Ese año nacían el futbolista Emilio Butragueño, el cantautor italiano Eros Ramanzzoti, el actor Micky Molina y la infanta Elena de Borbón y Grecia.

María del Carmen, en su primer cumpleaños, flanqueda por sus padres. Manolo Vaca, conocido mecánico local que siempre iba vestido con pantalones de peto y  un puro en la comisura de los labios y su madre, María Luisa, que tuvo un Taller de Bordado del que fue Maestra Bordadora.

María del Carmen, con sus hermanos varones, en una foto de la infancia.

En la imagen de la izquierda, cuaderno de plantillas de bordado que se usaba en el Taller de Bordado de María Luisa Abelenda.

LOS ESTUDIOS.
La enseñanza reglada la cursó en los colegios de las Carmelitas y el Espíritu Santo; en este segundo centro notó un gran cambio en su relación con los demás y con el mundo, disfrutó de la escuela de otra manera. Allí fueron sus compañeras Manoli Ferrer, María del Mar Boutellier, Cristina Cuber… y sufre un quiebre en sus amistades en plena adolescencia porque, mientras sus compañeras fueron al Instituto Pedro Muñoz Seca ella estudiaría el bachillerato en San Luis Gonzaga. Por poco tiempo pues al año se cambia de centro y decide hacer estudios profesionales --auxiliar administrativo-- en el Instituto Santo Domingo.

Mari Carmen, en el patio del Colegio Espíritu Santo, aparecen también Sara Torres, María Collantes Sanchez, Lidia Guardo Garcia, Natalia Ruiz-Herrera, Melissa Garcia Balsalobre, Victoria Sánchez Pérez, Eva Mª Fernandez Lores, , Veronica Pino Otero, y Lalin Velazquez, entre otras. Además están sus hermanas Cristina y María del Mar y la profe Eugenia.

Maria del Carmen, con Juan Fernández Bustabad y Arévalo Espinosa, en una foto de la adolescencia.

Al finalizar los estudios, cruzando la calle,  trabajará en la tienda de decoración que se instala en la calle Santo Domingo esquina con San Bartolomé y,  con 24 años se casa con José Antonio García Correa, con el que tiene dos hijos., uno de ellos Antonio Jesús Correa Vaca, que ahora tiene 20 años. Desgraciadamente fallece su hija lo que le hace plantearse su vida y los valores que entonces tenía como referencia. Decide separarse y empieza a vivir la vida de otra manera, redescubriéndose a si misma y redescubriendo el mundo en el que habita, con otra visión, tras el duro golpe, ayudada en algún momento por el movimiento religioso católico de 'los carismáticos', en la Iglesia de las Esclavas.

Así, continará su formación y dedica muchas horas al estudio y la formación profesional, casi siempre en materia de ayuda a los demás: auxiliar de enfermería, jardín de infancia, documentación sanitaria, … También siente mucho interés por la autoayuda y el crecimiento personal, participando e incluso colaborando en la organización en este tipo de cursos, dentro de los ámbitos sociales en los que se desenvuelve.

Mari Carmen, en una reunión en el colegio Espíritu Santo, aparecen en la imagen: Pepa Suarez Campuzano, Mari Carmen Iñiguez Jaen, Rosa Gomez Martinez, Marimar Vaca Abelenda, Loli Lores Díaz, Eva NiñO, Rubén Villar, Hermana María, Toñi Hiniesta, Madre Candelaria., Ana María Fariñas, Jose Antonio Gomez, Maria Luisa Herrera Lara, Jose Antonio Gómez, Chari Coronil, Marina Matiola Gurrea y Konchi Barco entre otras.

FEMINISMO DE LA DIFERENCIA.
En 1998 empieza a interesarse por el ‘feminismo de la diferencia’, que admite la distinción en cualidades y preferencias entre ambos sexos, del que son prescriptoras la filósofa y feminista española Victoria Sendón (hoy ya inmersa en el feminismo integral) y la catedrática y antropóloga mejicana Marcela Lagarde, que acuñó el término ‘feminicidio’. Maria del Carmen empieza a desarrollar su faceta feminista, asistiendo a encuentros fuera de El Puerto, formándose y estudiando dicho movimiento y forma de pensamiento Cree en los valores femeninos, pero piensa que en absoluto son exclusivos de las mujeres «y es que la sociedad no ha dejado al hombre desarrollar su lado femenino». Su cita favorita: «Sé tu misma y si aún desconoces o no has podido saber quien eres; que nada ni nadie te lo impida».

Mari Carmen, con vecinas del Barrio Alto, en un almuerzo en la Bodega Obregón, tras impartir unos talleres.

El movimiento feminista tiene su origen en 1977, en la Revolución Francesa:  la mujer comenzó a demandar  idénticos derechos políticos y laborales que el hombre, logrando importantes cambios en las sociedades modernas. La diferentes ramas del feminismo trabajan contra la desigualdad social entre mujeres y hombres proclamando la promoción de los derechos de la mujer, así como contra la violencia de género.

Con la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, en el Primer Encuentro de Ecofeminismo.

El Ecofeminismo nace como nuevo proyecto ético y político para plantear una alternativa a la crisis que atraviesa la sociedad desde una óptica femenina, aunque dirigida a toda la sociedad en su conjunto. Se trata de un nuevo modelo que se centra en las personas, no especulativo sino productivo, que pone el acento en el trabajo, el conocimiento, la disponibilidad así como en la recuperación y diversificación de los saberes.

EL ASOCIACIONISMO
María del Carmen es una mujer con una fuerte implicación social, trabajando para los demás en los ámbitos del asociacionismo vecinal y en la defensa de los derechos de la mujer, considerándose una feminista de la diferencia que lucha, también, por el ‘arquitectura diferencial’ y forma de vida del Barrio Alto. Considera que este barrio en el que vive --calle Zarza-- tiene su propia singularidad y debe ser tratado de forma diferente a otras zonas de El Puerto en el PGOU y otras herramienta de planeamiento urbanísticos. Le tira El Puerto, le tira el Barrio Alto.

Maria del Carmen, junto a las miembros de la Junta Directiva de Mujeres Vecinales 'La Alianza'. Le siguen en la mesa, Rosa Cairón Segura, Mercedes Puertas, Beatriz Martos Cepero, Manoli Robles, Carmen Serrano Romero y María Jesús Oncala.

Forma parte de la Federación de Asociaciones de Vecinos donde lleva programas y proyectos. Tesorera y Área de la Mujer con representación en el Consejo Municipal de la Asociación de Vecinos ‘Barrio Alto’. Desde hace dos años es secretaria de la Asociación Cultura ‘Amigos de los Patios Portuenses’ donde mantiene un blog. Vocal de la Junta  Directiva  de Mujeres Vecinales ‘La Alianza y, en su faceta política, se incorporó hace un año al proyecto político de Independientes Portuenses donde es responsable del Área de la Mujer.

Amante de los animales, Maria del Carmen tiene un perro de raza indeterminada, 'Milo' "un perro mediaval, de otra época", como dice su vecino, que es un cómplice guardian de los pasos de sus dueña.

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Fue en 1967 cuando a un grupo de portuenses se les vino a la idea colaborar en algo que diera otro talante, otra imagen a la celebración ambiental y pública de la Navidad. No existía por aquella época un ambiente precisamente navideño por las calles de El Puerto, ni tampoco en sus actos públicos. La Navidad en las calles de nuestra ciudad pasaba casi desapercibida. Con el ánimo de revitalizarla nació la campaña “Navidad con amor”. Su desarrollo se expuso al municipio y hubo visto bueno inicial de la alcaldía que entonces ocupaba don Luis Portillo Ruíz, que aparece en la imagen de la izquierda.

Con no pocos esfuerzos, los organizadores lograron un reconocible apoyo de determinados comercios para poner algunos exornos en las principales calles del centro histórico. Los exornos del primer año fueron muy tímidos en cuanto a esa ascua de luz navideña que la campaña logró en años sucesivos. Las calles con esta iniciativa lograron tener iluminación y adornos especiales, incluso con su mezcla correspondiente de propaganda comercial, algo sin precedentes en la historia de El Puerto. Hace 43 años los portuenses pudieron disfrutar por primera vez de la iluminación extraordinaria de sus calles más importantes por Navidad.

Los primeros alumbrados extraordinarios de Navidad con Amor. Calle Luna arriba, a la derech 'La Bota de Oro'.

Pero cuando la ilusión de cristalizar la idea ya estaba en marcha, surgió el inconveniente. Del Ayuntamiento llegó una contraorden: “que se retirasen los exornos de las calles, y que se volviese a exponer antes de seguir adelante un nuevo planteamiento”. Para salvar la iniciativa fue persona clave con su implicación desde el primer momento el teniente de alcalde delegado de fiestas Juan Melgarejo Osborne, quien con su empeño personal logró que la primera campaña de “Navidad con Amor” siguiera adelante.

Juan Melgarejo Osborne, alcalde de la Ciudad en 1970, en la entrega de premios en la Gala del Teatro Principal de ese año, junto al Teniente de Alcalde de Fiestas, Francisco Javier Merello Gaztelu. A la derecha, sosteniendo los Trofeos (unos bambis de alpaca plateada servidos por Joyería Díaz), el ordenanza Juan Valiente Moreno.

La Gala de Navidad, protagonizada por niños, que se celebraba en el Teatro Principal los días 25 de cada año, mientras duró la Campaña. La primera gala fue presentada por Pilarín Merello Peñalver, Amparo Unzueta Melgarejo y Aurora Melgarejo.

El acto central de la campaña giraba en torno a la ‘Gala Infantil’  benéfica en el Teatro Principal que, con la complicidad expresa del profesorado de los colegios de la época lograron la participación de infinidad de coros de chiquillos; sus villancicos y sus voces blancas contribuyeron al éxito popular de aquella primera experiencia solidaria en días tan señalados. El local de más capacidad de la ciudad abarrotado hasta el gallinero de un público expectante para contemplar a niños, entre los que muchos de ellos tenían las más cortas edades. El Puerto entero se volcó con esta primera edición y sucesivas campañas y galas de “Navidad con amor”.

De izquierda a derecha, Fernando T. de Terry, alcalde de la Ciudad; Francisco Javier Merello Gaztelu, Teniente de Alcalde Delegado de Fiestas, José María Morillo,  --que recitó unos versos de José Luis Tejada en representación del Instituto Técnico-- y Antonio Romero Castro, Jefe del Negociado de Fiestas del Ayuntamiento. 25 de diciembre de 1971.

Tal fue la singularidad de la iniciativa que llegó a tener especial eco en distintos medios de información a escala nacional, e incluso en el quinto aniversario Televisión Española dio cobertura a los actos. La campaña, por la calidad de las interpretaciones de los niños mereció ese mismo año el premio “Paz en la Tierra”, concedido por el Ministerio de Información y Turismo siendo su titular Alfredo Sánchez Bella, y alcalde la ciudad Fernando T. de Terry Galarza.

La Pastora Mayor que en 1971 recayó en la hija de un marinero con serios problemas de salud y empleo, y la corte de pastorcillas y pastorcillos, en la puerta del antiguo Ayuntamiento en la Plaza de Isaac Peral.

La Pastora Mayor fue una designación que no se incorporó hasta el tercer año de la campaña. Es decir 1969. Las distintas proclamaciones se realizaron en el salón de plenos del Ayuntamiento. La idea surgió con el propósito de ofrecer a una niña de familia trabajadora la alegría navideña de unos días inolvidables. La primera Pastora Mayor era hija de un obrero del municipio; la segunda de una viuda de modesta condición económica; la tercera de un marinero; la cuarta fue una niña del Asilo de Huérfanas, y así sucesivamente…

Otros actos paralelos a la Gala Infantil fueron las visitas a los ancianos de las Hermanitas de los Pobres, o la ofrenda oficial en fin de año ante el Belén de la plaza del Polvorista, así como concursos de redacción y dibujos de temas navideños. Una fiesta-cena benéfica ayudaba con su recaudación a las familias más necesitadas, origen y fin por sí mismo de toda la campaña.

Martínez Alfonso, en la entrega de premios de la Gala del año 1973. A su derecha, Enrique Pedregal Valenzuela.

La Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia organizaba todos los años la cabalgata de Reyes Magos, pero al llegar el X aniversario de “Navidad con Amor” cedió los bártulos a la Comisión Organizadora sin menoscabo de su continuada colaboración.

Siendo alcalde de la ciudad Manuel Martínez Alfonso, el poeta y escritor portuense Juan Ignacio Varela Gilabert dio el primer “Pregón de la Navidad con Amor” en un acto celebrado en la Casa de la Cultura el día 16 de diciembre de 1976. Para este primer pregón también se barajaron los nombres de José Luis Tejada y Montero Galvache.

Curiosamente esa Navidad y debido a la falta de presupuesto municipal se redujo considerablemente el alumbrado extraordinario, si bien se compensó en parte con la incorporación de un equipo de ambientación musical navideña.

Por aquella época existían serias discrepancias entre los regidores de la ciudad y la representación eclesiástica del municipio que, a través del asesor religioso de la Comisión Organizadora y en escrito dirigido a la misma, les conminaba sobre la organización de los actos relativos a la Navidad dentro del primer templo de la ciudad “como criterio que tiene la Iglesia para tenerlo en cuenta”.

La Navidad con Amor, al principio de los ayuntamientos democráticos. La instantánea en el Teatro Principal en 1979. El macero Camacho, los ordenanzas municipales Ullén y Polanco, el Teniente de Alcalde Delegado de Fiestas, Manuel Espinar Galán, el miembro de la Comisión de Navidad con Amor, Enrique Pedregal Valenzuela, el alcalde de la Ciudad, Antonio Álvarez Herrera y el miembro de la Comisión, Miguel Lobato Quintero. Año 1979.

El devenir de los tiempos, la propia inercia de la sociedad y la desaparición del añorado Teatro Principal fruto de la barbarie especulativa e incendiaria de unos desalmados, propició el desvanecimiento paulatino de la “Navidad con Amor” a comienzos de la década de los 80 del siglo pasado.

El coro de niñas del Maestro Dueñas, dirigido por él que aparece a la izquierda de la imagen junto a Antonio Romero Castro --Jefe del Negociado de Fiestas del Ayuntamiento-- y a la directora del Asilo de Ancianos, en la visita y ofrenda que hacían durante la Campaña. Año 1972.

Todavía perduran y resuenan en la memoria de varias generaciones de porteños, los sones y cantares cultivados por la sabiduría musical del Maestro Dueñas.

"Un saludo cariñoso
a la Pastora Mayor
por estar representando
la Navidad con Amor"

(Texto: Manolo Morillo. Fotos: Rafa. Archivo Municipal).


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"Aquí viene un servidor,
para no perder costumbre;
no lo tome a pesadumbre,
recíbame, por favor.
¡Navidad! Dicha del alma,
doquier alegra canciones,
bebidas, dulces, turrones,
paz serena, duce calma.
Olvida el triste su llanto
se siente al anciano, niño,
porque es Navidad cariño,
alegría y gozo santo.
Y yo le deseo, señor,
pase alegres Navidades
salud y felicidades
y un Año Nuevo mejor".

EL CARPINTERO.

A mediados del siglo XIX surge en el mundo de las representaciones gráficas una modalidad de impreso estrechamente relacionada con diversas actividades sociales. En el ámbito de las relaciones de la vida familiar y social burguesa se generaliza el uso de una serie de elementos impresos para recordar las fechas señaladas: felicitaciones de todo tipo llegan en el día de la onomástica o del aniversario, en las fechas de Navidad o Año Nuevo, el día de los enamorados y tantas otras fiestas.

Se considera generalmente que la primera tarjeta de Navidad se editó en 1843 por iniciativa de un editor inglés, Henry Cole, que encargó unos dibujos que luego imprimió y remitió a sus amistades. Con el paso del tiempo su idea fue calando y se generalizó su empleo en Gran Bretaña y otros países europeos. Sin embargo, con anterioridad a esa fecha, se tiene constancia en España de una primera felicitación navideña impresa en 1831, obra de los repartidores del Diario de Barcelona.

Las felicitaciones de los trabajadores de oficios públicos eran repartidas por éstos con la manifiesta intención de obtener una gratificación. La llegada de la cromolitografía al mundo de las artes gráficas, a partir de mediados del siglo XIX, inunda de color las felicitaciones que cada año mandaban imprimir los servidores públicos. Serenos, panaderos, lecheros, electricistas, aprendices, barberos, repartidores de periódicos y otros trabajadores felicitaban las Pascuas por medio de tarjetas con una estética propia muy característica.

En la mayor parte tarjetas destaca la figura del trabajador con uniforme de gala, como en el caso del sereno, o con atuendo de trabajo mientras desempeñan las tareas propias de su oficio; en un segundo plano aparecen escenas de la Natividad, alimentos y bebidas típicos de estas fiestas: turrón, pavo, uvas, champán, etc. Posteriormente van apareciendo otros elementos que poco a poco se incorporan a los demás símbolos navideños: el abeto y objetos para su decoración, hojas de acebo y escenas de familias comprando figuritas del belén.

Las fórmulas o frases de felicitación son casi siempre las mismas y están impresas o estampadas en el anverso de la tarjeta: “El cartero felicita a usted las Pascuas de Navidad” o “El farolero les desea Felices Navidades”; mientras que el texto en verso con el que el trabajador pide el aguinaldo hace referencia a las peculiaridades de cada oficio y está impreso en el verso de la tarjeta.

La Biblioteca Nacional de España conserva una excelente representación de felicitaciones de oficios desde finales del siglo XIX hasta 1960 que permite estudiar y comprobar la evolución de estas tarjetas en cuanto a su iconografía, técnica y estética. (Textos: Rosario Ramos Pérez. Biblioteca Nacional de España).

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«Pero, ¿qué es la Navidad? Antes, ¿recordáis? eran esos belenes que los pequeños convertíamos casi en cacharrería: camellos cojos, pastores mancos, serrín, papel de envolver, y, sobre todo, el Niño Dios que nos sonreía. Antes, ¿recordáis? Era el olor a fuego, las castañas asadas y el encanto de los cuentos.

Tenéis en vuestras manos una ramita de lentisco; cerrad los ojos y oledla por un instante. ¿Qué recuerdos de infancia os trae a la memoria? ¿Quizás a la familia reunida en torno a las brasas de una copa oliendo a alhucema? ¿O al sabor de un cabo de pan con aceite y azúcar? O mejor aún, a bolitas de anís impregnadas de miel chupeteadas con el dedo.

Aún perdura en mis manos el fuerte olor a resina de cuando con mi padre y hermanos nos afanábamos en arrancar ramitas de lentisco de los pinares de El Puerto. Llegaba la Navidad y con ella los sabores y olores que durante un año habían permanecido dormidos, pero atentos.

El lentisco era algo más que un arbusto. Para los que de pequeños jugueteamos con su fuerte olor a resina y los convertíamos en los auténticos árboles de nuestros nacimientos, ha pasado a ser una seña de identidad del portuense, de una manera natural, y sin que nos diésemos casi cuenta. De qué manera se introdujo en la sustancia de lo que fuimos y de lo que somos, que escritores y poetas cantaron sus esencias y trataron de trasladarnos su calidez almacenada.

En la Arboleda perdida de Rafael Alberti, el lentisco pasa a formar parte de su niñez. Recordemos la descripción de la casa familiar de la Calle Santo Domingo:

“...bajo la escalera, que arrancaba del patio y subía al primer piso, se agachaba la carbonera, el cuarto lóbrego de los primeros castigos y terrores. Enfrente, pero siempre cerrado, estaba el del Nacimiento, que sólo podía abrirlo unos días antes de Navidad quien guardaba durante todo el año la llave: Federico.

Este era un hombre del pueblo, un arrumbador de la antigua bodega de mi padre, lleno de imaginación y muy aficionado al contenido de los barriles que él mismo trabajaba y producía. Cuando se acercaba la Nochebuena, Federico, los ojos recién repicados por el jerez, acudía a casa para llevarnos a los bosques de la orilla del mar en busca del enebro, el pino y el lentisco, que luego habrían de arborecer los montes y los valles empapelados por su fantasía…”.

La Navidad es otra cosa, la Navidad tiene que ser otra cosa. No podemos vivir de espaldas a la calle Postigo, a la calle las Cruces, a la barriada de José Antonio, al callejón Espelete, a las casas que van desde Santa Fe hasta la Zarza.

Manolo Morillo, durante su intervención en el Auditorio Municipal.

Y reflexiono sobre todo esto en voz alta ante el portal que aún perdura en mi memoria, que mis queridos padres y mis hermanos pertrechábamos por estas fechas a media luz, en nuestra casa de la calle San Juan.

En la que no entendíamos una Navidad sin Belén. Por entonces Papa Noel andaba lejos y nuestros diminutos cuerpos se desperezaban soñando con esa mágica llegada de los Magos de Oriente. Pero para que ello ocurriese, nuestra imaginación volaba y volaba aferrada a las imágenes imborrables de un portal de Belén con sus pastores y su rebaño de ovejas. Con los Magos y sus camellos; con los carniceros y los tenderos; con los asnos, los patos y las cerdos; con los molinos, los puentes y las casas nevadas, con el ángel anunciador y con las montañas y los lentiscos.

No llamemos Navidad a los telemaratones ni a los mercadillos. ¡Apagad el televisor! cuando se ofrezcan estos blasfemos actos. Los pobres no se venden ni se exhiben para que nosotros tranquilicemos nuestras conciencias». (Texto: Manolo Morillo. Fragmento del Pregón de la Navida d2010, celebrado el 19 de diciembre en el Auditorio Municipal ‘Las Capuchinas’).

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Remigio Andújar Gómez nació en Sevilla el el 1 de abril del año 1917, hijo de padres sevillanos, Remigio Andújar de las Doblas y de Concha Gómez. Este año se cumplen 25 desde que muriera aquejado de una enfermedad, con apenas 68 años. El matrimonio se divorció y Remigio recibió la educación, interno, en un convento de Lora del Río (Sevilla), de donde saldría para hacer el Servicio Militar, primero cuatro años, durante la Guerra Civil y luego otros tantos dada su profesión de electricista. Y es que, durante la guerra no estuvo en el frente, sino en tareas de reconstrucción por mor de su trabajo.

ELECTRA PERAL PORTUENSE.
Remigio llegará a El Puerto con su madre y un hermano, José, rehaciendo ésta su vida familiar al formalizar su unión con un vecino de El Puerto, Castillo, con quien tendrá dos hijos mas y por tanto, hermanos de madre de Remigio: Juan y Manuel. En El Puerto, Remigio entrará a trabajar en ‘la fábrica de la luz’, en Electra Peral Portuense, que con el tiempo sería absorbida por la Compañía Sevillana de Electricidad, hoy Endesa. Las fuentes consultadas de la familia afirman que Remigio ya vino a El Puerto trabajando para esta empresa desde Sevilla donde se colocó como electricista en la Compañía, permaneciendo en diversos cometidos por espacio de cerca de cuarenta años.

En la imagen, a la izquierda, la Electra Peral Portuense, a la derecha, el Hostal España. (Foto: Centro Municipal de Patrimonio Histórico).

Y es que Remigio, persona instruida, lo mismo leía contadores, que hacía instalaciones, era cobrador, o redactaba cartas en la oficina, lo que le supuso su promoción a administrativo, dada su formación. Atrás quedaron los tiempos en que leía los contadores de la luz de los campos del término municipal portuense sin más medio de transporte que una bicicleta. Pero aún, como electricista, se buscaría la vida por las tardes haciendo instalaciones eléctricas.

Cuenta un buen amigo y compañero suyo de la Banda de Música, Calixto García Rodríguez, que cuando a Remigio le tocaba guardia en la Electra Peral Portuense y había que encender y apagar el alumbrado extraordinario del centro --sendos tramos de las calles Larga y Luna-- lo acompañaba por la noche con una pértiga ya que había que conmutar este grupo de farolas de forma manual, encontrándose muchas veces en el recorrido con el sereno Sala.

FAMILIA NUMEROSÍSIMA: 11 HIJOS.
Y es que nuestro protagonista, casado con la también sevillana Gracia de la Rosa Valverde, nacida en mayo de  1919 y fallecida el 9 de septiembre de 1994. Tuvo una larga descendencia: 11 hijos: Manuel (+), Pepe que trabaja en Endesa y llegó a acompañar a su padre tocando también ‘la caja’, Remigio trabajador jubilado de APEMSA, Antonio trabajador en la clínica Santa María del Puerto, Miguel (+), Fernando, Juan (que toca el saxofón alto en la Banda de Música), Concha, Pedro,  Pilar y Jesús Andrés. Vivirían, primero en la calle Lechería –actual Cervantes—y luego en una casa de la Barriada de la Playa. Las patatas había que comprarlas por sacos, para alimentar a la prole. Su mujer, a la que conoció en Sevilla, era trabajadora  de  la Pirotécnica Militar, una fábrica de munición en la que, un desgraciado accidente hizo que perdiera un ojo.

En la Asamblea Local de la Cruz Roja. Sentados, de izquierda a derecha: desconocido, Miguel Bru, Remigio Andújar, Revuelta y Balbuena. De pie, de izquierda a derecha, Zampaña, Virués, y Vicente García Díaz con el casco blanco. 8 de diciembre de 1970. (Foto: Rafa. Archivo Municipal).

CRUZ ROJA.
Remigio era voluntario en la Cruz Roja, en la que pasaría por diferentes empleos: cabo, sargento, brigada, jubilándose como Teniente. Eran los tiempos que había que recaudar fondos con las almohadillas en la Plaza de Toros o el campo de Fútbol, pero también los tiempos en que había que actuar ante situaciones difíciles. Durante la Explosión de Cádiz en 1947 permanecería por espacio de más de una semana  colaborando en las tareas de auxilio en la capital gaditana. Sus compañeros de siempre: Ramón Clavijo, Revuelta, Balbuena, Julián Hernando, ‘Sanani’ cuñado de Revuelta…

El 1 de enero de 1967, recibiendo un nuevo equipo para ambulancia, la furgo CA-53595, en las puertas del Ayuntamiento. A la izquierda Remigio Andújar junto a 'Sanani'. (Foto: Rafa. Archivo Municipal).

Allí viviría una desagradable experiencia cuando fue detenido por la Policía, junto a un agente municipal y otro paisano, a los que detuvieron acusados de actividades sediciosas contra el régimen de la época, algo que se demostró incierto, siendo todos restituidos en sus empleos. Con una mobylette campera, hacía las rondas a los distintos puestos de socorro instalados en las carreteras de acceso a El Puerto en el cruce de las carreteras de El Puerto-Sanlúcar y Rota-Jerez, donde una tienda de campaña, equipo de curas y cuatro camilleros eran destinados  a lo que llamaban ‘el desierto’, pues casi nunca pasaba nada. Donde si había trabajo era en los Puestos de Socorro de las Playas de La Puntilla, Valdelagrana y Fuenterrabía donde, además, contaban con la colaboración de aquellos recordados practicantes (ATS), Bernal, Chamorro y Lamadrid.

La Banda de Rocafull, a las puertas del Ayuntamiento de la Plaza de Isaac Peral.

LA MÚSICA.
Remigio actuaba en la Banda Municipal de Música, primero con el maestro Rocafull (nótula núm. 217 en GdP) entrando en la academia de aprendizaje en 1942, en la que fué Casa del Pósito y la Alhondiga --luego conocida por la Casa de los Millones--, en cuyo solar, en unos de los laterales del castillo se encuentra el busto de Juan de la Cosa y una reproducción del mapa mundi de Juan de la Cosa en azulejos, enmarcado en la fachada del desparecido edificio. A principio de la década de los 40 del siglo pasado en los bajos estaban las cuadras de los burros de la municipalidad, y en el piso superior, a través de unas escaleras en muy mal estado, se accedía al cuarto de ensayo del Maestro bajo la dirección de José Joaquín Barba Rocafull.

La banda, con Remigio, conocerá diferentes emplazamientos para sus ensayos. Tras la Casa de los Millones vendría el hoy desparecido Colegio de la Plaza del Polvorista, el Instituto Santo Domingo, Bellas Artes en sus dos emplazamientos, el antiguo y el actual, el Mercado del Ejido de San Juan, la Casa del Pueblo --los actuales sindicatos-- donde vivía Manolo ‘el Tuba’, en la OJE --actual sede de Deportes--, en el Monasterio de la Victoria cuando fue sede de la Policía Local, en la Casa de la Cultura en ambas plantas, estando en la actualidad en el Polígono Industrial de la Autovía de Jerez.

La Banda de Música, dirigida por el Maestro Dueñas, en 1963, a las puertas del Ayuntamiento. De izquierda a derecha, fila superior, Rafael Portela (saxofón alto), Joaquín Morro (trompeta), Francisco Cachetta Guiofré (clarinete principal) (*), Eduardo (bombardino), Calixto Garcia Rodríguez (tenor), Manuel Gallardo Reinado (trombón), Francisco Güelfo (clarinete), José Sánchez (clarinete), Vicente González Sucino (fliscorno, bombardino), Ángel Delgado Herrera (trompeta segunda), José Luis Ramos Añino (clarinete), Antonio Ramos Añino (saxofón alto), Enrique Morro (fliscorno primera), Manuel Jiménez García (tuba primera). Fila inferior, Antonio Bernal (platillero) el niño Vicente García Díaz (clarinete), Juan García Sánchez (bombo), Francisco Dueñas Piñero (director), Remigio Andújar Gómez (caja) y Fernando Güelfo (clarinete y trompeta). La identificación ha sido realizada por Vicente García Díaz.

(*) Perteneciente al destacamento de italianos que estuvo alojado en El Puerto durante la Guerra Civil, se quiedó a vivir en nuestra Ciudad.

De a la Banda se hará cargo a partir de 1952 por espacio de 30 años el maestro Dueñas , hasta  1982.  (nótula núm. 197 en GdP) con quien continuará y, tras la desaparición de éste, con Miguel Leveque a la batuta. Procesiones, conciertos al aire libre, actos oficiales, desplazamientos a otras poblaciones, lo que sin duda ayudó a la economía de una casa con tantas bocas que alimentar, junto a su afición por la música. Tocaba un instrumento de percusión: la caja, si bien antes lo intentó con otros de viento; era el encargado que los instrumentos de percusión funcionasen y costeaba, de su propio bolsillo, los parches y arreglos que compraba en Establecimientos Parodi, en Cádiz.

En una orquestina, vemos a Remigio Andújar a la batería flanqueado por dos camareros. De pie de izquierda a derecha, Calixto García Rodríguezc, con el clarinete con un brazo sobre Antonio de 'Caza y Pesca', Miguel 'el gitano' con trompeta y Juan García Sánchez con el saxofón. (Fotografía: Colección Vicente García Díaz).

Además, Remigio, junto a otros amigos en otros grupos musicales, orquestinas más informales,  que actuaban en la Feria y Salas de Fiestas de El Puerto, tales como Jalisco y el Picnic, y otras de la zona, junto a Miguel Pacheco Felices, conocido como ‘el Gitano’ o ‘Gaona’, Enrique Galán González --que luego sería director de la Banda Municipal de Música de Rota--, Joaquín Morro Romero ‘el Tajaíta’, Calixto García Rodríguez y otros.

En esta imagen, vemos la Banda de Música dirigida por Miguel Leveque, en un homenaje organizado por la ciudadanía a la Policía Municipal, siendo Rafael Gómez Ojeda alcalde. En primer término Miguel Leveque. En las primeras filas, Vicente García Díaz, platillero, Bernal, con al Bombo y Remigio Andújar, con la caja. (Foto: Archivo Municipal).

LOS TRAJES DE REMIGIO.
Era un comentario generalizado que Remigio gastaba poco en ropa de calle y tenía su explicación: y es que siempre iba de uniforme. Entre semana usaba el de la Compañía Sevillana de Electricidad y los fines de semana alternaba entre el de sargento o brigada de la Cruz Roja y el uniforme de la Agrupación Musical Portuense, luego Banda de Música ‘Maestro Dueñas’. En el anecdotario extenso que se cuenta sobre nuestro protagonista están las bromas que le gastaban los compañeros ya que, entre semana iba a cobrar o a leer el contador  ‘varias veces’ a algunas bodegas y, por supuesto a libar de sus caldos. «--Niño, que voy a leer el contador en la Bodega de Terry». Y se escuchaba una voz: «--Otra vez, Remigio?».

Remigio Andújar, en el puesto de socorro de la Feria de Crevillet --una caseta de playa adaptada--, flanqueado por Vicente García, con uniforme de la Banda de Música y el Cabo Zampaña, con Uniforme de la Cruz Roja. Y es que una responabilidad llamaba a la otra.

COLECCIONISTA DE MINIATURAS.
Remigio, con aquellas gafas de miopía acusada, con su sempiterno cigarrillo alojado en la comisura de los labios (más tarde se aficionaría a los puros), era un coleccionista de miniaturas: soldados clásicos, marinos, legionarios, músicos, … Encargaba los moldes a los representantes que, una vez al año venían por El Puerto y el fundía el plomo, los adaptaba, fabricaba los instrumentos en miniatura, los pintaba… al año, cuando volvía el representante, a cambio de aquellos moldes recibían algunas obras de la producción de nuestro protagonista.

Tuvo una importante colección de figuras de nacimiento de Ángel Martínez, (izquierda) el imaginero de la Navidad por excelencia de El Puerto, hoy felizmente rescatado por Sucesores de A.M.  y el espíritu emprendedor de Vicente Rodríguez (ver nótula núm. 236 en GdP). escaparatismo-decorados/ Con aquellas figuras montaba impresionantes Nacimientos en algunas casas adineradas de El Puerto en la época. Y también llegó a poseer una considerable colección de figuritas de Antonia ‘la de los muñequitos”, También hacía pasos de Semana Santa en miniatura y penitentes de plomo que se podían adquirir en la Papelería Perez Pastor en la calle Larga o en Casa Cortés, en la calle Luna.

UN HOMBRE CULTO.
Vivió una infancia dura, que le marcaría a lo largo de toda su existencia. La familia del padre, con posibles, le hizo acreedor de alguna herencia, como una fábrica de conservas en Algeciras y otra de textiles en Málaga, que no sabemos como se substanció. Fue una persona culta, ‘de manos delicadas como decía su mujer’, que lo mismo leía el contador de la luz, que interpretaba  una pieza con la Banda del Maestro Dueñas, que evacuaba a un lesionado en el campo de fútbol. Murió con 68 años, el 29 de agosto de 1985. Se sintió indispuesto durante el acompañamiento musical que la Banda de Música porteña hacía a la Hermandad chiclanera del Cristo de la Piedra. Tras un periodo en hospitales y en su casa, Remigio tocaría pronto la caja en el más allá con esa sonrisa socarrona y esa bondad que eran características de su bonhomía. (Texto: José María Morillo).

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No fueron solamente Ángel Martínez, ni su sobrina Carmela los que hicieron figuritas de Nacimiento en El Puerto, aunque es lo cierto que Angelito y Carmela fueron los más notables y famosos en toda España.

Sin embargo, esta Navidad debo traer aquí el nombre de otra artesana que, aunque natural de Ubrique, floreció en El Puerto, en los años cuarenta y cincuenta. Se trata de Juana López Ruiz, conocida por “Antonia, la de los Muñequitos”. Casada con Juan García Laynez, de Rota, ella trabajó en el Hospital de San Juan de Dios, como limpiadora, cocinera y él de enfermero. Vivieron en la calle de las Cruces, enfrente de Purullena, en la casa que fue de Bononato el de los pies grandes, y allí comenzaron a crear muñequitos de Nacimiento populares, con la ayuda, a veces, de un hermano de Juana, Alfonso López Ruiz. Luego pasaron a vivir a la “Casa de Aguado” en la Plaza del Polvorista, donde y que sea por muchos años, ha vivido hasta hace un par de meses el hijo de Antonia y de Juan, Manolín.

(En la imagen de la izquierda fotografía de Juana 'o Antonia' facilitada por la familia.)

En esa casa vivió “Antoñita, la de los muñequitos” y hasta hace un par de meses ha seguido viviendo su hijo Manolín.

Con el barro que sacaba de una cantera, en el camino de “Las Boneas” –”Las Monedas”–, en un barrero que era de la Viuda de Terry, a la que, anualmente, Antonia, pedía un papelito, para que el guarda no se metiera con ella, tenía ya la materia prima. El resto era dar forma a la arcilla, blanquecina y albariza. No tenía moldes, ni modelos. Lo suyo era la inspiración, movida por los dedos, de la que salían amagos de la Virgen, de San José , del Niño, de los pastores, de las ovejas, de las cabritas, de los camellos con los Reyes, de ángeles, de Herodes y sus soldados romanos… todos cocidos rudimentariamente en un bidón lleno de serrín, y, finalmente, decorados con unas pinturillas que Antonia compraba en casa del Cárave. El resultado era de lo más “naïf” y tierno que pueda pensarse. Y de lo más primitivo. Estaban –sin saberlo ella–, umbilicalmente entroncados con el arte ibérico, o con el púnico, como si el tiempo y los milenios no hubieran pasado.

Remigio Andújar, el de la Electra Peral, el del tambor de la banda de Dueñas, el de la Cruz Roja, llegó a tener un completísimo Nacimiento con figuritas de Antonia y todos los años lo colocaba –distinto– en su casa. Muchos clientes hubo en Rota, en Jerez, en Puerto Real, en Cádiz… Pero, pasada la Navidad, Antonia, o Juana, se dedicaba a crear figuras de toreros, de picadores, de toros, de alguacilillos, de mulillas, con la misma ingenua gracia. (En la imagen de la izquierda, Remigio Andújar).

Los puntos de venta fijos estuvieron en la Zapatería del Tito, en casa de “La Trabuca”, en la calle Ganado, frente a “Rueda”, y el marido de Antonia, Juan, tenía puesto ambulante que situaba, en la misma puerta del Bar Rábago, en La Pacilla.

Yo, cuando vi la exposición de “i Fenici”, en el Palazzo Grassi, en Venecia, el año 1988, me acordé, asombrado, de Antonia y me vino a la cabeza aquello de Juan Ramón Jiménez, tajante: “No existe arte popular, sino tradición popular del arte” (Texto: Luis Suárez Ávila).

Diego Suárez García, ‘Cantero’, nacido en la calle Lechería, 5 (calle Cervantes) el 20 de septiembre de 1944, bautizado en la Iglesia de San Joaquín. Tiene pues 66 años y presume de tener 16 hijos: 11 de su primera mujer y 5 de la segunda, que le han dado algo más de 30 nietos. ‘Cantero’ trabajó como eventual en las Bodegas Terry y Osborne “pero allí se ganaba poco dinero” y cuando comprobó con 21 años que por un día de estiba en los muelles cobraría 18.000 pesetas de los años sesenta del siglo pasado, su vida profesional discurriría ya como trabajado portuario, donde ha permanecido por espacio de 44 años hasta su jubilación.

Es asiduo visitante del tabanco El Bodegón, en la calle Pagador, que regenta Hector Cárdenas,  (ver nótula 816 en GdP) donde ya es conocido por lo singular del Ajo Caliente que prepara y donde, también, cantiñea algo de flamenco los fines de semana.

La casa donde nació y vivió Diego era la casa de ‘la Tormenta’, donde también vivía Cándida ‘la Negra’, (ver nótula núm. 214  en GdP) y un poco más arriba los Villar. De Cándida recuerda cuando él contaba apenas 7 años y, accidentalmente, se prendió la ropa lo que le produjo daños que la llevaron a la muerte. Era 1951. El abuelo de Diego, Eduardo de los Reyes y Reyes, la cubrió con un chaquetón pero poco pudo hacer. En un coche de caballos de Ariza la condujeron al desaparecido Hospital San Juan de Dios, donde fallecería a los pocos días, con 110 años.

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Texto del periodista deportivo de Diario de Cádiz, Pedro Ríos, que bajo el título ‘Mi amigo Jarque’ publicaba en dicho medio un día después de su fallecimiento. Hoy 23 de noviembre se cumplen cinco años de su desaparición. (Foto: Carlos Pumar Algaba. Estadio José del Cuvillo).

“La primera vez que vi a Manolo fue en la barriada de Los Milagros, allá por 1965, cuando montó una caseta de feria para una velada que se celebraba en el barrio. Después fue como masajista del Racing cuando entablé amistad con él. No sé si por mi educación o porque trabajaba con mi padre en el Ayuntamiento, lo cierto es que nunca usé el apelativo de Chicharito para dirigirme a él. Siempre para mí fue Jarque. Lo que siempre me llamó la atención de él fue su amabilidad, su siempre estar dispuesto y su afán sin desmayo, cosa lógica por otro lado, por sacar su casa adelante. Jarque era un buscavidas, un trabajador nato y una persona dispuesta siempre a echar una mano. Su figura era inconfundible montado de lado en su ciclomotor y de aquí para allá continuamente.

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Chicharito en la caseta de feria 'Mi Chicharito'. (Foto: Fito Carreto).

Sin duda la faceta más conocida de Manolo Jarque fue la de masajista del Racing. De su Racing. Nunca una entidad se ha identificado tanto con una persona como en el caso del Racing y Chicharito. Si ha habido una persona que lo ha dado todo por su club, por unos colores, ese ha sido Chicharito. Bien es cierto que al final, muy al final, incluso le era rentable; pero no es menos cierto que Chicharito le dedicaba al Racing más de las 24 horas que tiene un día. Vivía con y para el Racing. No se puede entender el club rojiblanco sin la figura de Manolo Jarque.

El Racing era algo suyo y todo dirigente que llegaba así lo entendía. Los jugadores, sin apenas tiempo, entablaban amistad con él y Chicharito se convertía en el centro de las bromas del vestuario. Allí, en el vestuario, era ‘La Zorra’, un calificativo cariñoso que se iba transmitiendo temporada tras temporada entre los jugadores. Y Chicharito más contento que unas pascuas. En él el uso del agua milagrosa cuando un jugador caía lesionado alcanza su máxima expresión. Iba presto a atender al jugador y tenía tiempo para encararse con el público, con el árbitro y con quien se le pusiera por delante.

chciharito_rio_puertosantamariaAhora, de pronto, como suele ocurrir en estos casos, Manolo Jarque se nos ha ido. Con él se marcha un periodo muy, pero que muy extenso, de la historia de el Racing. El Puerto y sus buenos amigos lo vamos a echar de menos. Y es que en los últimos tiempos la Feria no la anunciaba el pregón de la caseta de Helo-Libo, sino la caseta del Chicharito que dos meses antes ya estaba dando servicio a los cientos de trabajadores que se dedicaban a la instalación de las casetas. Te has ido y nos sentimos tristes, aunque contentos por otro lado porque allí donde vas no saben la suerte que tienen con la llegada de un masajista de tu talla y una persona de tu calidad. Descansa en paz”. (Texto: Pedro Ríos).

Más información sobre Chicharito en la nótula num. 292 en Gente del Puerto.

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La primera carrera de motos de la que se tiene constancia en nuestra Ciudad fue en Valdelagrana, el día de Santiago Apóstol –25 de julio—de 1956. Aquella carrera fue un tanto atípica ya que no fue de velocidad o tiempo, sino de obstáculos. En realidad fue una Ginkhana de obstáculos en la que, los participantes, debían superar un número determinado de dificultades, acompañados por una señorita ‘de paquete’. Los premios, substanciosos para la época, fueron de 500, 300 y 200 pesetas para los primeros clasificados, recibiendo sus acompañantes un obsequio. Así, el ganador sería Carlos Bernal Fernández y su copiloto la señorita Esquilino, a quien regalaron una polvera.

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Bajo la organización del Ayuntamiento de El Puerto y contando con la asesoría técnica del Moto Club Jerezano, dos años más tarde y de forma ininterrumpida hasta 1965 se celebrarían carreras de velocidad. Los jerezanos Francisco Pacheco Romero, Pepe Torrent y José García Cauqui fundadores del motoclub, fueron eficaces colaboradores de la concejalía de Deportes de aquellos años. Había nacido el ‘Gran Premio Motorista de la Playa de Valdegrana’. Durante las mañanas dominicales de la segunda quincena de agosto, --en función de las mareas sería un domingo u otro-- se llevaría a cabo este evento deportivo.

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Cinco años después de la primea carrera, en 1960, la Revista Cruzados hacía una crónica de la prueba celebrada el 28 de agosto del inicio de la década: “Con extraordinario éxito deportivo y de asistencia de público, se celebró en la mañana del pasado domingo el V Gran Premio Motorista de la Playa de Valdelagrana, prueba que de año en año va superándose, alcanzando ya categoría nacional. […] En la prueba de velomotores hizo una magnífica carrera manteniéndose casi toda en primer lugar el jerezano Antonio Sánchez Garrido ‘Peluqui’, con Gimson, pero tuvo la desgracia de pinchar a última hora, ocasión que aprovechó Piñero, que marchaba en segundo lugar, para entrar triunfante en la meta.

La segunda carrera de clase 125 c.c., categoría regional’ Luis Sáez, líder del Campeonato Andaluz de Velocidad, realizó una soberbia exhibición, proclamándose vencedor. Le siguieron Juan Gallego y José  María Añón, pilotando los tres máquinas Bultaco.

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La más importante carrera del programa, categoría de 125 c.c. sport, fue parar el catalán Sirera sobre Montesa, pero debemos señalar que Luis Sáez (Bultaco) estuvo en el primer puesto casi toda la carrera, sufriendo una caída cuando faltaban unos quinientos metros parra la meta, privándole del triunfo. El duelo Sirera-Sáez fue sumamente reñido y de gran emoción. Detrás del motorista Sirera se clasificaron Juan Gallego y Antonio Gente, ambos en Bultaco”.

Las marcas que concurrieron, fueron todas nacionales: Montesa, Gimson, Bultaco –fundada en 1959—.  Además de los premios en metálico y trofeos, unas botellas especiales de Centenario Terry fueron entregadas a los ganadores. Los participantes concurrieron en tres pruebas como se ha dicho, en un Circuito que tenía 2 kilómetros en línea de ida y vuelta:

  • Velomotores de 50 o 77 cc. 10 vueltas al Circuito.
  • Motocicletas de 125 cc. De tipo regional. 25 vueltas.
  • Motocicletas de 125 cc. De competición, 30 vueltas.

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En el año 1962 se añadiría a las tres categorías anteriores la de ‘Fuerza Libre’, que ganó Torrás a lomos de una Bultaco. En 1963 ganaría Medrano, también sobre Bultaco, la de hasta 350 cc. Precisamente en 1963, el Moto Club Jerezano empezaría a organizar en Jerez, el ‘Trofeo Internacional Nuestra Señora de la Merced’, falleciendo ese mismo año el velocista jerezano Antonio Sánchez Garrido ‘Peluqui’; a finales de los sesenta ese Premio jerezano pasaría al Polígono de El Portal, precursor del futuro Circuito de Velocidad de la ciudad vecina donde, entre otros, correría el español Ángel Nieto, quizás el mejor piloto español de todos los tiempos.

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La Revista Cruzados de la época recomendaba a los asistentes: “atienda rigurosamente las instrucciones que se den por los servicios de altavoces, para la mejor organización de las carreras y sobre todo dejen totalmente libre el circuito para evitar accidentes, pues por la potencia de las máquinas y las velocidades que se logren, cualquier intromisión en el circuito puede ocasionar grave accidente”.

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Dos años más, hasta 1965 continuaría el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María organizando pruebas en Valdelagrana, hasta la mañana del 29 de agosto de 1965, celebrándose el X Trofeo en aquella playa, última prueba en la arena. Algunos intentos posteriores, ya sobre asfalto también en Valdelagrana, se celebraría en agosto de 1975, sin tener constancia de más pruebas. La afición se había trasladado a Jerez.

Todas las imágenes, salvo indicación en contrario, pertenecen a la carrera de motos celebrada el 28 de agosto de 1960. (Colección: Archivo Municipal. Tratamiento informático: Vicente González Lechuga).

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expotoro_stodomingo_puertosantamariaEn 1955 se celebraban las Fiestas de Diamante de la Plaza de Toros. Entre los actos conmemorativos, una Exposición Taurina en el Instituto Santo Domingo, celebrada en sus galerías de la primera planta, durante el verano de 1955, organizada por la Academia de Bellas Artes, a instancias del Ayuntamiento de la Ciudad, presidido a la sazón por un gran alcalde: Luis Caballero Noguera. (Portada del catálogo de la Exposición, obra de Juan Lara, cedido por F.A.Gallardo).

En el catálogo que se publicó, con dibujos de Juan Lara en la portada y contraportada, pero sin ninguna ilustración interior, se relacionaban los 369 objetos, entre documentos, carteles en papel, murales, de seda, fotografías, programas de mano, litografías, hierros de ganadería, cabezas de toro, carteles connmemorativos, trajes de luces singulares, cromos, cuadros, capotes de luces y de brega, muletas, bocetos, planos originales de la Plaza, banderillas, estoques, versos, grabados, entradas,  estribo de picador, cañera con motivos taurinos, acción de la compañía constructora de la Plaza, a la que se agregaban otros 90, que conformaban los 460 de la Exposición conmemorativa.

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Fotografía iluminada del Instituto Santo Domingo, que había sido, también, sede de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia.

En el catálogo de la exposición, a modo de brindis, la Academia afirmaba: «Tenía que ser la Academia, en estrecha y fraternal colaboración con el Instituto Laboral, quien tomara a su cargo el exhumar las viejas glorias del más típico escenario del Toreo de la Baja Andalucía. Y tenía que serlo --comprendiéndolo así cuantos con toda generosidad han prestado su valiosísima cooperación-- porque solo una Institución de Cultura puede descargar a nuestra Fiesta Nacional del lastre que le sobra, exaltándola y recordándola únicamente como el Toreo».

expotoros_stodomingo1_puertosantamaria

bordador_puertosantamaria copiaEntre los objeto singulares, la cabeza de ‘Bordador’, de la ganadería de Anastasio Martín, que inauguró la Plaza. Un estribo de picador taladrado por un novillo de José Benítez Cubero, la tarde del 29 de agosto de 1943, propiedad de José Brión Piña. Una hoja de festejos del año 1846, de José del Cuvillo y Sancho. La acción número 317 de la Compañía Constructora de la Plaza y la candidatura a Diputado a Cortes por la demarcación de El Puerto de Santa María de Luis Mazaantini, propiedad de José Dosal Cumbreras. Dos entradas de la fallida Corrida Regia de 1912, propiedad de Antonio Gallardo Morón. Muchos objetos relacionados con Joselito presentaba Antonio González Rivera, uno de ellos un alamar del traje que llevaba el 16 de mayo de 1920.

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El Conde de Colombí, José María Gutiérrez Ballesteros, presentaba una amplia colección de óleos y dibujos con diferentes técnicas, así como un capote de briega de ‘El Espartero’,y un estuche conteniendo estoque de Rafael Molina ‘Lagartijo’. Francisco Lara Izquierdo presentaba un estoque de ‘El Espartero’. Juan Lara, una colección de acuarelas y temples. Alejandro León Manito dos hojas con versos exaltando la inauguración de la Plaza. José Luque Peinado una extensa colección de carteles y programas de mano desde 1880  hasta 1940. José Medina Pacheco un cartel en seda de la corrida celebrada en 1884.

inauguracion_PlazaToros_puertosantamaria-copiaAgustín del Toro y Gómez, cartel conmemorativo de la inauguración de la Plaza en 1880. La Vda. de Muñoz Seca el boceto para cartel de Beneficencia de 1900.  Manuel Nuchera González, ‘Anales del Toreo. 1868 (Cúchares y Velázquez). Bodegas Osborne un molde de escayola para adornos de la Plaza. Antnio Osborne Vázquez, varios carteles murales del siglo XIX así como el legajo contenido el proyecto de la Plaza, de 1878. El conde de Osborne el óleo de Piñera, ‘El Picador’. José Luis Osborne Vázquez, sendas cabezas de toro de 1952. Manuel Pastor, carteles de 1839 y 1841. Alfonso Peralta Pujol, dibujos de Juan Lara que ilustraban la cogida del ‘Litri’ en El Puerto en 1951. Guillermo Perea y Tomás, planos originales de la Plaza de Toros de 1880. Carmen Pérez Pastor, banderillas de la fallida Corrida Regia de 1812. Alvaro Picardo Gómez carteles de seda de 1855 7 1857. Luis Prieto Rodríguez , multitud de objetos variados, entre ellos unas curiosas cuentas de ingresos y gastos de la corrida celebrada en El Puerto el 21 de junio de 1889. José Sánchez Aguilar un cartel de seda de sendas corridas celebradas los días 7 y 8 de junio de 1835.

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Francisco Varo y José Tobío, fotografía panorámica de la Plaza. Manuel del Pino Suárez, cabeza de novillo que mató en Madrid el 21 de agosto de 1941. Miguel del Pino Suárez, capotes de luces y de brega, muleta y trajes de luces varios. Eduardo Sotomayor Criado, carteles de seda y papel del siglo XIX y un aviso del comienzo de las obras de la Plaza de Toros, del 20 de julio de 1878. Bodegas Terry hierro de la ganadería de Luis Mazzantini, cabezas de Toro y cuadros variados.

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Antonio Urquijo de Federico, carteles de seda desde 1815 hasta 1922.  José Luis Vélez Rodríguez, carteles murales. Ramón Zaldívar Muñoz, programas de mano. Enrique Astorga Casado, cartel de seda de la corrida a Plaza Partida de 1922. Ramón J. Bayo Valdés, cartel de corrida de 1882. José Brea Romero, una fotografía de Manolete y Ortega. Luis Caballero Noguera, diversos óleos. Cosme Carmé Ramírez, carteles del siglo XIX. José Gallego Rodríguez, carteles de seda de 1830. Manuel García Zamorano, abanico taurino. Gráficas Andaluzas, mesa revuelta con etiquetas de asuntos taurinos.

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Capote de briega de 'Joselito' del Conde de Colombi. Roberto Grant Pérez, un óleo de Juan Lara: 'Apartado de la corrida de Concha y Sierra, para la alternativa de Gitanillo de Triana'. Luis Lara Varela, carteles murales de los siglos XIX y XX. Eligio Pastor Nimo, sendas barajas ilustradas por Manolo Prieto.

carteltoros_1770_puertosantamaria copiaEl Museo Municipal de Córdoba el programa de la corrida celebrada el 20 de junio de 1780. Evaristo Pérez García, carteles del siglo XIX. Francisco Quijano Rosende, ‘El Toreo del Puerto’, hoja impresa el 17 de mayo de 1885. Fernando Sánchez Carrasco foto dedicada por ‘Gitanillo de Triana’. Ignacio Sánchez Mejías, capa, montera, traje de luces, y un sinfín de objetos personales así, como cuadros. Enrique Sánchez Ortega, el cartel Mural de 1 de septiembre de 1935 con la retirada de Manuel del Pino. Carlos J. de Terry y del Cuvillo, un pañuelo de Reverte.  Tomás Tocino, fotografía de Manolete y Arruza. Bodegas Cuvillo, cañera antigua de seis cañas, con motivos taurinos. Y así hasta los 460 objetos facilitados por 58 instituciones y personas.

"Como en el arte supremo en que, con todo el valor de lo reral, juegan la vida y la muerte bajo el triple significado del ritmo, del color y de la alegría" finalizaba el catálogo de la Muestra.

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Litografía de la Plaza de Toros.

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mansiionesylinajes_libro_puertosantamariaNUEVA TIRADA DEL PRIMER VOLÚMEN DE MANSIONES Y LINAJES PORTUENSES.

Ante el interés demostrado por diversas personas  y colectivos por adquirir el libro primero de la serie 'Mansiones y Linajes Portuenses', al agotarse la primera tirada de "Las Casas de Pavón",  se han editado medio centenar  de ejemplares que pueden encontrar ya, al mismo precio del anterior, (15 euros) tanto en Papelera Portuense como en las papelerías Bollullo, Vistahermosa y la libreria Zorba, en calle Larga, junto a al bar "La Perdiz".

Igualmente, se envían contra reembolso de 20 euros a cualquier destino del pais. El correo electrónico de Antonio Gutiérrez Ruiz. es: sedtel@hotmail.com

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Página 3 del libro Plaza Real 'Toros en El Puerto', de Manuel Martínez Alfonso, Doctor en Filosofía y Letra. Catedrático de Literatura en el Instituto Técnico de Enseñanza Media de Puerto de Santa María. Carta Prólogo del Excmo. Sr. Conde de Colombi. Puerto de Santa María. 1968.

letra_U_plazareal_puertosantamariana de las mayores satisfacciones que puede tener un escritor en los preparativos de la edición de una obra propia concebida con un acompañamiento profuso de ilustraciones, es, sin duda, la del total acuerdo con la colaboración del ilustrador. Yo le debo a Juan Lara tal satisfacción, desde que, en los últimos años de la década de los sesenta, me entregué con entusiasmo a la tarea de publicar mi libro ‘Plaza Real’.

Acompañaban al texto –y hablo en pretérito, porque la edición hace años que está agotada—casi quinientos grabados; la mayor parte de ellos, como es de suponer en una obra de investigación histórica, la constituye una serie de testimonios gráficos, como la reproducción de carteles, documentos, fotografías, grabados antiguos y hasta alguna que otra obra pictórica de tiempos pasados. Todas ellas cumplían, de una manera u otra, el cometido para el que habían sido seleccionadas.

plazareal_laplaza_juanlara_carte_puertosantamarialPero pensé que, siendo la Fiesta de los Toros, entre tantas cosas, una manifestación primordialmente artística, la colección de ilustraciones debería contar, además, con una aportación gráfica de exclusivo carácter igualmente artístico. Y asocié en seguida a esta determinación el nombre de Juan Lara. Su brillante trayectoria pictórica, su dominio absoluto del tema taurino y su indiscutible portuensismo eran condiciones que lo acreditaban como la persona más idónea para tal menester. Y  como además contaba con su amistad –esa amistad que Juan no regateó a nadie—me puse en contacto con él y conseguí de inmediato el sí apetecido.

Su aportación supone en el conjunto de la obra, un total de veintidós ilustraciones, mas una colecció completa de apuntes a plumilla para dar animación y ambiente a cada una de las letras capitulares. Gracias a ello, puedo decir con orgullo que mi libro viene a constituir un pequeño museo particular de la obra creativa del gran artista portuense. Y como tal museillo, he creído oportuno trazar aquí unas breves notas que vengan a servirle de catálogo.

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La primera y más importante de sus obras es la que sirve de ilustración en ambas pastas del libro, continuándose una a otra a través del lomo. Es por consiguiente un dibujo apaisado; en él se recoge el ambiente del patio de caballos en los instantes previos a la iniciación del paseíllo. Toreros y picadores aguardan la orden inminente, escondiendo el nerviosismo del momento en la charla forzada con el compañero, el aparente relajamiento que no acaba de ocultar la tensión interior o el mover el jaco de un lado a otro para hacer más breve la espera. Unas gitanas con claveles en el moño y unos chavales enredando, completan el conjunto.

plazareal___portada_apa_puertosantamariaAl fondo, un arco que inicia las sombras de un largo paseíllo, se abre finalmente el apretado graderío, que remata con la esplendente luminosidad del cielo. Todos los esenciales aspectos del arte de Juan Lara están reunidos en el dibujo: el costumbrismo, la luz, el movimiento, la disimulada tensión,… La obra original preside hoy, con orgullo propio, una de las paredes de la sala de mi casa.

Siguen después, a lo largo de las páginas del libro, ilustraciones de variadas técnicas –aguadas, dibujos a lápiz—representando diferentes suertes de la lidia o aspectos característicos del Puerto en el festivo ambiente del día de toros: perspectiva de la plaza portuense, toreo goyesco, toros en el campo, capote al hombro, cita a banderillas, perros acosando al toro… Cuadros llenos de vida y movimiento que expresan, mejor que los textos literarios, la fuerza y el colorido de la fiesta taurina. Finalmente, hay también la reproducción fotográfica de algunos óleos y acuarelas conocidos del autor, ya famosos desde tiempo atrás, si bien –salvo alguna excepción—sin la policromía que realza la obra original.

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El Día de Toros. Página 225.

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La Lidia desde los orígenes de la inauguración de la Plaza actual en 1880. Pg. 267.

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La Lidia desde la inauguración de la actual plaza, en 1880, hasta la Guerra Civil de 1936. Pg. 383

Se ha dicho repetidamente, y es verdad, que Juan Lara ha sido el pintor de la luz y del color. Yo añadiría que es el pintor de la vida. De la fuerza y la alegría. De la vitalidad.

juanlara_mtzalfonso_puertosantamariaSu pintura va desde el costumbrismo romántico al impresionismo luminoso de un Sorolla. Dando vida, palpitando vida, creando vida. Vida, siempre. Por eso Juan Lara,  aunque nos haya dejado, seguirá vivo en sus obras. Vivo. Siempre vivo entre nosotros.

(Texto: Manuel Martínez Alfonso. 1998).

(Los originales del pintor Juan Lara que ilustran el libro, los conserva la hija del desaparecido catedrático Martínez Alfonso, quien aparece en la imagen de la izquierda junto a Juan Lara).

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