Lola Ojeda y Blanco nace en Cádiz en el Barrio de la Viña, de madre gaditana y padre portuense, el 23 de junio de 1943. Su familia se traslada a El Puerto cuando ella cuenta con cinco años de edad y se fueron a vivir a la Plaza del Castillo. Estudió en el colegio de al lado, casi al lado, en las Esclavas del Sagrado Corazón.
El año que nace Lola lo hacen también el escritor Jesús Torbado, el ex jugador y entrenador de fútbol inglés Terry Venables, la cantautora estadounidense Janis Joplin, el cantante y actor niño prodigio Joselito, el músico cubano Pablo Milanés, el beatle George Harrison, el político comunista Felipe Alcaraz, el ajedrecista islandés Bobby Fisher, el actor y guionista Jaime Chávarri, el cantante Raphael, el periodista y escritor Antonio Burgos, el político Narcís Serra, el cantautor estadounidense Barry Manilow, la italiana Rafaella Carrá, el cantante británico Mick Jagger, el español Julio Iglesias, la actriz francesa Catherine Deneuve, las españolas Charo López y Elisa Ramírez, la cantante venezolana Soledad Bravo y el cantautor Joan Manuel Serrat.

La foto está tomada durante una fiesta de antiguas alumnas; la instantánea se hizo para una revista que se distribuía entre todos los colegios de España. De izquierda a derecha, Consuelo Díaz, Milagros Gutiérrez Perea, Charito Delgado y Lolita Ojeda.
Una enfermedad del padre hace que abandone los estudios en el curso de 1958/59. En el colegio de las Esclavas le ofrecieron a sus padres seguir estudiando con una beca en un internado dirigido por las Esclavas, o un trabajo.

En el Colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón, en la entrega del Título de Estudios Primarios, de izquierda a derecha, Carmen Botella, Pilar Diaz Fallos, Milagros Gutierrez Perea, Luisa Tarrio, Abajo: Luisa Bravo Cala, Lolita Ojeda Blanco.
Y eligieron por ella, un trabajo: en Bodegas Terry, mediante acuerdo concertado entre el centro y la bodega, peo que habría de empezar al curso siguiente. Como no pudo esperar, escogieron la Papelera Portuense, mediante acuerdo entre sus padres y Manuel Muñoz, propietario del establecimiento decano en servir diferente prensa en El Puerto, donde eran incluso, corresponsales de Diario de Cádiz o el ABC de Sevilla. Eran otros tiempos.

Bodegón que pintó en la Academia de Bellas Artes 'Santa Cecilia', durante el Curso 1959/60. "Tenía edad, para trabajar. Pero no me dejaban ir a Bellas Artes. Entonces, mi padre se puso de mi lado, y conseguí mis deseos. Fui a la Academia".
Lola recuerda con afecto a Manuel Muñoz y a su esposa, que la acogieron como a un miembro de la familia. Y ya con 18 años fue dada de alta en la Seguridad Social. Allí aprendería un oficio, conocería a muchas personas y al que sería su marido: otro porteño, Paco Alcántara Barba.

Equipo del Instituto Laboral, en el campo del Racing, frente a la Fábrica de Botellas VIPA. Fila superior, de izquierda a derecha: Pepín Nogués, Miguel Paradela, Eduardo Clemente, Paco Alcántara, dos desconocidos y Yoyo Gilabert. Fila agachados: Manuel Balabonzo, Emilio Domínguez, Antonio González, Manolo Campos y el hijo del Miji (su padre era el conductor del coche fúnebre).
Resulta que Paco hizo el bachillerato en el Instituto Laboral --hoy de Santo Domingo-- y, en el año de 1960 se fue a Valladolid a estudiar al Colegio del Salvador. Al finalizar aquellos estudios, se casaron en el año 1966 y se trasladaron a Valladolid donde felizmente vive con su familia. Todos los años regresan a El Puerto, como dice Lola, «a llenar las pilas de sal, de playa, de vino, de cervecita, de pescaíto, ...» no solo en verano, sino que también durante algunas Ferias y Navidades, y gracias a las vacaciones «mis hijos son tan portuenses y andaluces como nosotros». (En la imagen, Mariluz y Lolichi --como le dicen en El Puerto a nuestra protagonista--, en la Plaza del Ave María, delante del Colegio San Luis Gonzaga. Año 1965).
Lola es simpática, alegre, tranquila y, como decía su abuela, «no se calla ni debajo del agua. Confiesa que no le gusta el cine, pero si el flamenco y los cantautores de los 60 a los 80. Los deportes, verlos, gimnasia rítmica y baloncesto. Y no oculta su gusto por la vida, el vino, el campo. Los paseos por la playa y viajar. Se considera agnóstica y de izquierdas.

Maria Sanchez de Gomar, Manolo Alcántara Barba, Paco Sanchez de Gomar, Poli Zamacola, Lolichi Ojeda Blanco, sui hermana María y Paco Alcántara Barba. Una forma de diversión distinta a la de ahora. Un día de campo en el Coto de Valdelagrana, entre amigos, el 18 de abril de 1965.

Un grupo de porteños, de la pandilla de Lola y Paco, de izquierda a derecha: Ignacio Perez Blanquer, desconocido, Manolo Alcántara Barba, Manolin Sanchez Romate, Poli Zamacola, Juán Alcántara Barba. En la Plaza de Isaac Peral, en 1965.
«Solíamos salir en grupo, en la vacaciones de verano, o fiestas . Sobre todo, porque unos, estudiaban, y otros, yo por ejemplo, ya trabajaba en la Papelera Portuense. Paco Alcántara, mi novio, estudiaba en Valladolid, aunque en el tiempo de la foto, 1965, ya trabajaba. Manolo, mi cuñado, estudiaba en Campano, no recuerdo donde estudiaban los demás. Salíamos en pandilla, nos recorríamos el Parque, en verano y la calle Luna y Larga en invierno. Sobre todo, lo pasábamos, en grande. Recuerdo esos días, con mucha alegría y añoranza. Ahora, Paco, yo y mis cuñados Manolo y Juan vivimos en Valladolid».

En una imagen actual, con su marido, en Valladolid.


Miguel Lobato Quintero nace en 1927, el 4 de marzo, en la calle Pozuelo, hoy Federico Rubio. Estudió en el colegio de la calle Ganado con el Maestro Cárdenas. Polifacético donde los hubiere, desde joven vive el mundo del espectáculo a través del Carnaval, en su casa, ya que su abuelo Miguel Lobato como él, fue un conocido autor carnavalesco, en aquella época, en nuestra Ciudad. Persona seria y honrada, empezó en el mundo del fútbol como secretario del equipo Santo Tomás, en el que jugaban Laínez, Lupo y Joselete. (En la imagen de la izquierda, una fotografía actual de Miguel Lobato).


EL MUNDO DEL ESPECTÁCULO.









Pepe tiene una gran familia que se compone de 6 hijos , 17 nietos y 8 bisnietos y otro que viene en camino. De los nietos 12 están ya casados. Pepete sorprende con su gran memoria. Se acuerda de datos y nombres, con pelos y señales, de muchísima gente que ha conocido en su vida. Se conoce los nombres y las medidas de todos los cortijos de la campiña. Es un gran entendido en caballos y distingue los hierros de las distintas ganaderías de Andalucía.

Anoche se presentaba en sociedad, en las Bodegas Colosía el libro “Alma Gitana”, una iniciativa de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia. Para el presentador del libro, Luis Suárez Ávila, que no sabe decir que no a ningún amigo, “Es un verdadero placer poder estar aquí, ahora, con mi amigo Salvador Cortés Núñez, flor de la raza calé portuense, y un claro exponente de ella. Porque, si desde antes del siglo XV, los gitanos se ejercitaron en el oficio del hierro y, ya en sus postrimerías, fueron herreros gitanos los que hacían las balas para la incipiente artillería que reconquistó Granada, no es menos cierto que en ese oficio se ejercitaron en todo tiempo. El hierro es el material que han doblegado en las fraguas y el hierro es el material que ha doblegado en el torno, desde su niñez, mi amigo Salvador.






Luis era un niño en una posguerra atroz de hambre y oscuridad, monago insumiso, cómplice de estraperlista, militante antifranquista clandestino, obrero fabril, albañil capaz y vecino solidario sin etiquetas. Octogenario, Luís Rincón Noya contempla desde la atalaya de su 3º A de la Plaza del maestro Dueñas, junto a su compañera de todas sus vidas, Soledad, no en balde son progenitores de siete hijos con todos sus avíos, las grandezas y las miserias que la condición humana le ha mostrado a lo largo de su ya luenga existencia. De figura menuda y corazón grande, este lazarillo que fue de ciego, sindicalista orgulloso de su clase, y desengañado de la partitocracia en donde los actores principales y únicos del panorama político son los grandes partidos, se reivindica día a día como amo de casa, abuelo vocacional y ferviente amante de la lectura, que en sus ratos libres escribe con la bonhomía que siempre ha llevado por bandera. (Ilustración: María Lizaso).
De una infancia de posguerra repleta de calamidades, de hambre y de incomprensiones, recuerda como a un cuñado suyo, Manolo, que regentaba el bar Los Cisnes en plena Calle Luna, cuando los sublevados contra la República se hicieron con el control de la ciudad, le cerraron el local previo destrozo del mismo que, unido a su reciente viudez hizo que se trastornara por completo recluyéndosele en su casa por loco. Locura convenientemente fingida a instancias de un amigo falangista para evitar el casi seguro fusilamiento que le esperaba si llegaba a curarse.


Su incorporación al movimiento sindical se comprende con estas palabras: “--Cuando llegué a la fábrica y vi a un centenar largo de hombres trabajando en unas condiciones laborales infamantes, con un calor de muerte y sirviendo a unas máquinas de fabricación automática con medios artesanales, comprendí que la época de la esclavitud aún no había terminado”. Fue Esteban Caamaño Bernal quien a través de Calixto García, compañero de la fábrica, el que le introdujo en la Hermandad Obrera de Acción Católica (H.O.A.C.). En el sindicato vertical de la época fue enlace sindical, jurado de empresa, presidente de la sección social local del Sindicato de Construcción, Vidrio y Cerámica, y vocal provincial de esta misma rama. Colaboró con Esteban, Isidoro Gálvez y su hermano Manolín y otros compañeros de Cádiz, San Fernando y Jerez en la implantación por esta zona del Sindicato Unión Sindical Obrera (U.S.O.). Siente especial admiración y aprecio por Tina Aguinaco y Jaime San Narciso, dos asturianos, profesora ella y médico él, que por sus estudios y formación pertenecían a la clase media, pero que sin embargo, por sus valores humanos estaban más cerca de los pobres que sus propios congéneres. (En la imagen, torre chimenea de la desaparecida fábrica de botellas).
Con la restauración de la democracia abandonó un tanto desengañado el mundo sindical y político, pero sus inquietudes solidarias le llevaron a impulsar el movimiento vecinal incipiente que se habría paso en esos momentos de apertura del país. Tuvo el honor –según sus palabras- de ser el primer presidente de la Asociación de Vecinos “San Jaime” en la zona de Crevillet. Ahora, tras una larga y trabajada vida de compromiso hacia los demás, su descanso activo lo ejerce como escritor ya premiado en algunos certámenes literarios, manteniendo por siempre el orgullo de haberse ganado la amistad y el respeto de todos sus compañeros en el mundo del trabajo. (Textos: Manolo Morillo).












Allí aprendería las primeras reglas y, con seis años se vería de monaguillo, a las órdenes de su padre, el Sacristán, en San Joaquín. Luego estudiaría en el Pósito de Pescadores, en Puerto Escondido, aunque por poco tiempo: hacía falta arrimar algún dinero para la familia y dejó pronto la escuela. (En la imagen, Ramón de monaguillo, en 1926).


LA GUERRA Y SU NOVIA.













ARTESANO EN MINIATURA DEL CARNAVAL.

