
El marqués de Castell-Florite, posando ayer ante la reproducción en azulejo del mapa mundi, situado en la plaza del mismo nombre. Luce en el bolsillo de la blazier, los tres reyes magos que aparecen en la Carta de Juan de la Cosa. La leyenda bajo el mapa dice: "EN CONMEMORACIÓN DEL V CENTENARIO SE ERIGIÓ ESTE MURAL QUE CONTIENE EL PRIMER MAPA CARTOGRÁFICO DEL NUEVO MUNDO, REALIZADO POR JUAN DE LA COSA EN EL PUERTO DE SANTA MARIA, LA CIUDAD RINDE
HOMENAJE A TAN ILUSTRE CARTOGRAFO. OCTUBRE DE 1992." (Foto: Jorge Roa).
Juan Lago-Novás y Domingo-Dulce, sexto Marqués de Castell Florite, titulo otorgado por Isabel II a su antepasado Domingo Dulce y Garay. Casado con Carmen Otero Moyano, tiene un hijo de nombre Juan. Es presidente de la “Asociación Carta de Juan de la Cosa”, constituida el 31 de diciembre de 2008, cuya función principal es la de promover la divulgación del conocimiento de la Carta Juan de la Cosa, dibujada en El Puerto de Santa María en el año de 1500, así como la persona y circunstancias del cartógrafo. Ayer se conmemoró el V Centenario de su fallecimiento --el 28 de febrero de 2010--, en un acto en nuestra Ciudad, para no hacerlo coincidir con los actos del Día de Andalucía.

Plaza Juan de la Cosa, con el busto del cartógrafo y, al fondo una reproducción del mapamundi.
El busto de Juan de la Cosa lo hizo la escultora Cristina Carreño y se inauguró en 1977, casi con toda seguridad en la Hispanidad, porque el 30 de septiembre aprobó la comisión permanente un presupuesto de Javier Tejada para la colocación del pedestal, según la información que nos facilita José Ignacio Buhigas, Archivero Municipal.

De izquierda a derecha, Luis Carnicero Íñiguez, capitan de Navío que acudió en representación de la Armada Española; el alcalde de la Ciudad, Enrique Moresco García y el presidente de la Asociación coorganizadora, Juan Lago-Novás, escuchando el himno de España, ante el monumento de Juan de la Cosa, en el que ofrecieron una corona de laurel, con los colores de la bandera. La placa situada en el pedestal del busto del cartógrafo dice: "JUAN DE LA COSA PILOTO DE LA SANTA MARIA, HIZO EN ESTA CIUDAD EL PRIMER MAPA DE AMERICA, EN EL AÑO DE 1500." (Foto: Jorge Roa).
El monumento se instaló originariamente en la plaza Alfonso X ‘el Sabio’, frente a la entrada del castillo, estando situado en la actualidad en el lateral de la mezquita-fortaleza que da a la Plaza Juan de la Cosa, en el lugar que estuvo la Casa del Pósito, cuya fachada se conserva y en el hueco de aquella puerta está situada una réplica en azulejos del histórico mapa mundi.

Invitación para el acto celebrado en el día de ayer, con la carta mapa mundi, impresa en el fondo.
La Asociación de la Carta de Juan de la Cosa hizo entrega al Ayuntamiento de El Puerto, y a todos los porteños, de una reproducción de la Carta de Juan de La Cosa, hecha en 1892, con motivo del IV centenario del descubrimiento de América y que la Asociación entregó anteriormente a personalidades e instituciones como S.M. el Rey Don Juan Carlos I, S.A.R. el Príncipe de Asturias, el Papa Juan Pablo II o la Junta de Andalucía.
Juan de la Cosa, marino y cartógrafo español nacido en Santoña hacia 1460, falleció el 28 de febrero de 1510, en el séptimo y último viaje, herido por más de veinte flechas envenenadas peleando con los indios en las cercanías de Turbaco, cerca de Cartagena. Acompañó a Colón en sus dos primeros viajes y era dueño de la carabela Santa María, antes conocida por La Gallega, hecha según testimonio del Padre Sarmiento, en los astilleros de A Moureira en Pontevedra.
La Carta Mapamundi, la terminó de dibujar en El Puerto de Santa María en octubre del año 1500, al finalizar su tercer viaje que realizó con Alonso de Ojeda y se exhibe en el Museo Naval de la Armada Española en Madrid y es la joya más preciada de sus colecciones.
Es el documento cartográfico más importante de la época, en el cual aparece representado el continente americano, por primera vez en la historia, en el que puede verse de forma destacada el meridiano (46º 35’) trazado a 370 leguas de las islas de Cabo Verde, que señala la interpretación del Tratado de Tordesillas del 7 de Junio de 1494, donde los reinos de España y Portugal se reparten el Nuevo Mundo, atendiendo a la Bula del Papa Alejandro VI.
Se ve la isla de Cuba separada del continente en contra de las creencias de Colón y en una posición geográfica que no es exacta. Las líneas del Ecuador y el trópico de Cáncer, que hace de eje de la carta, están en su correcta posición.
Destacan las partes del Mundo conocido, Asia, áfrica, Europa y la Mare Oceanum, y en las capitales conocidas pueden verse catedrales, castillos, u otras edificaciones, Valencia con su Miguelete, Granada recién conquistada con el pendón de leones y castillos, y en los distintos reinos, se ven sus monarcas en sus tronos, el Rey de Rusia, la reina de Saba con su espada, la torre de Babel, atravesando Asia los Reyes Magos guiados por su estrella, y en el extremo oriente, en las tierras del gran Kam, se ven representados los personajes bíblicos Gog y Magog, un hombre sin cabeza y los ojos en el estómago y el otro con cabeza de perro que representan el mundo de los infieles. (A la izquierda facsímil, página del ensayo biográfico de Juan de la Cosa. Descripción e historia de su famosa Carta Geográfica. Obra impresa en español, francés é inglés, para acompañar al Mapa-Mundi de Juan de la Cosa que, como recuerdo del Cuarto Centenario del descubrimiento de América, publicado en Madrid los Srs. Cánovas Vallejo y Traynor. Reproduce la edición del año 1.892).
LO FIZO EN EL PUERTO.
En el extremo occidental, en un rectángulo pequeño, se ve una imagen de San Cristóbal con el Niño Jesús al hombro, y al pie una leyenda: "Juan de la Cosa la fizo en el puerto de S. mª en año de 500".
La Carta se supone que desapareció de España y llevada a Francia durante la guerra de la Independencia, y fue rescatada de una almoneda, por el Ministro Plenipotenciario de Holanda en París, Barón de Walckenaer.

Los Reyes Magos de Oriente aparecen en el mapamundi de la Cosa, símbolo del logotipo de la Asociación del Cartógrafo.
A la muerte en 1853 del diplomático holandés, fueron vendidos en subasta que comenzó el 12 de abril del mismo año, parte de sus bienes, entre los que se encontraba la famosa carta. Enterado el Coruñés Don Ramón de la Sagra, amigo del fallecido diplomático, de la venta, lo comunicó al Ministro de Marina, quien a su vez lo comunicó al de Estado, delegando éste en el señor La Sagra, en representación del Depósito Hidrográfico de la Marina ,la asistencia a la subasta, consiguiendo que le fuese adjudicada su compra por 4321 francos.

Sala XV. Museo Naval de Madrid, donde podemos ver el original del Mapa Juan de la Cosa.
Don Jorge Lasso de la Vega director del Depósito Hidrográfico, fue el que decidió que la Carta de Juan de la Cosa, fuese depositada en el Museo Naval de Madrid, donde fue catalogada:
Núm. 553: "Carta de la parte correspondiente a la América, que levantó el piloto Juan de la Cosa en el segundo viaje del descubridor genovés en 1493, y en la expedición de Alonso de Ojeda en dicho año. Sustraída de España, la poseía el Barón de Walckenaer, cuyos testamentarios la vendieron en pública almoneda; y la adquirió el Depósito Hidrográfico. Su director, que fue el Sr. D. Jorge Lasso de la Vega, tuvo la condescendencia de que se depositase en este Museo, para que el público pueda ver un documento tan curioso y de mérito, con relación a la época en que se hizo."......."

Rerproducción del Primer Mapamundi de Juan de la Cosa.

Mapa de Juan de la Cosa (1500). Esquema realizado por Arthur Davies (1976).

Sello conmemorativo del V Centenario de la Carta de Marear de la Cosa.
Esta reproducción, que fue la primera que se hizo a tamaño natural y en colores, tiene una medida de 185 cm de largo y 92 cm de ancho. Fue hecha para conmemorar el IV Centenario del Descubrimiento de América, por los señores Cánovas, Vallejo y Traynor; la acompaña un libro en edición facsímile en tres idiomas.
En Santo Domingo, en el monumento "Faro de Colón", donde reposan los restos del más famoso navegante de todos los tiempos, existe a la entrada del mismo una reproducción modernista de la mencionada carta.

Cartel de la XII edición de la Regata Juan de la Cosa, que se celebra anualmente en nuestra Ciudad. El pasado año 2009 alcanzó la XV edición.

Fotografía parcial del mapa mundi. (Imagen: Colonial Williamsburg)

Interpretación parcial del mapa mundi, con extrapolación de la rosa de los vientos. (Imagen: W. P. Cumming, R. A. Skelton y D. B. Quinn, The Discovery of North America).

Del carajo. Es una de las palabras más usadas en los repertorios carnavalescos, qué carajo. Y por muy gruesa que suene, “carajo” tiene un componente más marinero que genital y el término gaditano de “carajote” está relacionado con la vida náutica. Por eso no es lo mismo “mandar” o “ir al carajo” (gran y verdadero estribillo de Los Falsos, “…tequiarcarajo, Juan”) que “irse al carajo”, sinónimo de naufragar, irse a pique. Cuando un velero se hunde lo último en quedarse a la vista suele ser su palo mayor, lo que coloquialmente se llama, ejem, carajo. Por su inhiesta disposición, el principal palo de los barcos se comparaba con el miembro viril y estaría por ver qué fue primero, el término nabal o el término naval. Por eso las cosas pueden ser “del carajo”, de lo espectaculares o estupendas que se presentan. El carajo era lo máximo en nuestros antiguos barcos. Como término de ida y vuelta, en Cuba y en muchos países hispanoamericanos, también se utiliza con profusión. (A la izquierda, canastilla o carajo del Palo Mayor del Juan Sebastiáin Elcano).
Pero incluso hay un lugar geográfico que atiende de forma exacta el envío que se suele pronunciar de forma airada o cariñosa, como el oído hace unos días entre dos ministros suramericanos. Hay un lugar en el mundo que se llama Carajos, en concreto Carajos Cargados, unas islas descubiertas por marineros españoles y que se encuentra en pleno Oceáno Índico. Un bastinazo. Si merodean en google maps el buscador no tardará ni un segundo en mandarles a Carajos Cargados. Este archipiélago de escasa población y de alargadas superficies (ejem, la foto de la izquierda es real, la de la isla principal) puede deber su nombre, con retintín guasón, por su evidente forma. Pero también los carajos a los que aluden pueden ser las majestuosas palmeras, como altas vigías, que pudieron sorprender a nuestros paisanos allá por el siglo XVII.







(En la imagen de la izquierda, José Fernández Sanjuán, Pepe 'el del Vapor'. Foto: Faly). Antonio Carbonell, Secretario que fue de la Cofradía de Pescadores refería una tarea desarrollada por el Vapor en relación con el mundo de la mar: «Pepe y el Vapor fueron durante muchos años indispensables para el mantenimiento de la actividad pesquera portuense. Pues resulta que antes de construirse los espigones de Poniente y Levante en la desembocadura del Guadalete, obras que finalizaron en 1970, la entrada de arenas que arrastraban las corrientes litorales y formaban la barra en la boca del río, impedían que la práctica totalidad de los barcos pudieran pasar por el Guadalete a media marea o bajamar escorada. Entonces Pepe, a bordo del Vapor, con un instrumento formado por una pesa u otro metal colgado de una cuerda (sonda de mano, escandallo o plomada), no sólo medía la profundidad del río, sino que de la misma manera al colocar cebo en la pieza de metal, con tan solo tocarlo, iba conociendo la calidad de fondo de la desembocadura del Guadalete. Y Claro. Con esta maniobra, le permitía, al esquivar los cascajos y arenas del río, alcanzar la navegación correcta y, así, los barcos, al seguir el rumbo del Vapor, entraban en puerto sin esperar la pleamar. Esta laboriosa operación, además, era fundamental para evitar cualquier desgracia cuando las condiciones meteorológicas eran adversas, como por ejemplo, la niebla.»
El principio del milenio, nos ha llevado otra vez a lo antiguo, a recuperar costumbres y tradiciones que nunca se debieron abandonar, a volver a aplicar tecnología que han sido útiles durante miles de años y que, de forma inexplicable estaban prácticamente desaparecidas en nuestra Bahía de Cádiz.



Estamos convencidos que, cuando las líneas marítimas de pasajeros, numerosas y múltiples en sus recorridos, rápidas y con horarios amplios, frecuentes y flexibles, sean una constante en la Bahía, como lo son hoy los catamaranes puestos en marcha por el Consorcio nuestro Vapor Adriano III volverá a ser el buque insignia de la flotilla de barcos de pasajeros gaditanos, y de quienes nos visiten, pues el uso turístico es su mejor y más claro cometido de presente y futuro.
Tal dignidad no se alcanza de forma gratuita, pues son ya 80 años, desde que aquel lejano 1929, José Fernández Fernández, y sus cuatro hijos, llegasen a bordo del ‘Adriano I’ a aguas de nuestra bahía para cubrir el trayecto de El Puerto-Cádiz. 


Dionisio Capaz y Rendón nació en El Puerto en 1780 y murió en Madrid en 1855. En 1799 sentó plaza de guardiamarina, embarcando en el Conquistador , que mandaba Churruca, y al año siguiente ascendió a alférez de fragata. Participó luego en la expedición francesa de Leclerc a Santo Domingo, y en 1802 en la Comisión cartográfica que debía levantar los planos del archipiélago griego. Asistió a la batalla de Trafalgar, embarcado en el Bahama, y fue hecho prisionero por los ingleses. Al ser puesto en libertad se reintegró a Cádiz, ascendiendo a alférez de navío, y sucesivamente a teniente de fragata y de navío.
MINISTRO DE MARINA.
RETRATADO POR FRANCISCO LAMEYER
Seguramente, para la gran mayoría de ciudadanos y ciudadanas, el nombre de Blas de Lezo les es desconocido. Quizá hayan oído hablar de una fragata de la Armada que lleva ese nombre y la gente de la vela sabrá que hay una importante regata nocturna que organiza el Club de Mar Puerto Sherry -el pasado 2008 asistió el actual Marqués de Ovieco, descendiente de Lezo-. Pero, por fortuna, en los últimos meses la figura del insigne marino vasco Blas de Lezo y Olavarrieta (también conocido como El Almirante 'Patapalo') ha sido difundida a través de conferencias, artículos periodísticos y radiofónicos, cientos de páginas web -algunas de ellas con errores y anacronismos-, varios vídeos que se pueden visionar en 

se fueron acentuando en los distintos frentes en los que participó. Era tuerto, cojo y manco. (Foto Juan Carlos Muñoz).
Las diferencias de estrategia que mantuvo con el virrey de Nueva Granada, Sebastián Eslava, en la defensa de Cartagena hizo que éste conspirase contra el marino (en el cuadro de autor desconocido que aparece a la izquierda de este texto) y el rey Felipe V actuase de tal manera que su determinación ocasionó a su familia la ruina económica y social, hasta el punto que ni siquiera pudieron pagarle una sepultura digna, por lo que se desconoce su enterramiento. Incluso después de muerto fue destituido. Finalmente y, pasado un tiempo, fue rehabilitada su figura y el 26 de agosto de 1760 el Rey Carlos III le otorgó, a título póstumo, el Marquesado de Ovieco, que recayó en su hijo Blas Fernando de Lezo y Pacheco, el cual fue investido en diciembre de 1771 por el Rey como maestro de ceremonias de la Orden de los Caballeros de las Grandes Cruces de Carlos III. Gracias a este reconocimiento, los descendientes de Lezo empezaron a obtener privilegios y nombramientos y a emparentarse con la aristocracia del país. Tomás de Lezo y Pacheco murió en Santa Cruz (Bolivia) en 1782, siendo gobernador.
Un sobrino de los anteriores, hijo de una hermana, llamado Alvarado Lezo, llegó también a ser Almirante. Blas de Lezo y Castro, Marqués de Ovieco, fue nombrado Académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1815. Otro Lezo, José Lezo y Vasco, durante el período 1858 a 1900, año de su muerte, fue Senador vitalicio, además de llevar el título del Marquesado. En la actualidad, el título está regentado por Antonio Marabini y Bérriz. (En reconocimiento de sus servicios al Rey, este le concedió en 1731 como estandarte para su capitana la bandera morada con el escudo de armas de Felipe V, las órdenes del Espíritu Santo y el Toisón de Oro alrededor y cuatro anclas en sus extremos).
Tras las investigaciones realizadas en los padrones de la época por Miguel Ángel Caballero Sánchez -historiador de Patrimonio Histórico de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de El Puerto- al que agradezco su constancia y dedicación ya que, sin sus aportaciones, no se hubiesen podido divulgar estos datos que se relatan a continuación, hemos podido saber fehacientemente tras el estudio de los padrones de la Iglesia Mayor Prioral que Blas de Lezo, su mujer, Josefa Pacheco Bustos -una criolla peruana con la que se había casado el 5 de mayo de 1725 en Lima- sus hijos y un criado (¿?) afroamericano llamado Antonio Lezo, vivieron desde 1736 en una casa de la calle Larga, para ser más exactos en Larga, 70, hoy reconvertida en apartamentos de alquiler. Tras su muerte, su viuda -conocida en la localidad como 'La Gobernadora'- y sus hijos permanecieron en ella hasta la muerte de ésta el 31 de marzo de 1743. (En la imagen, la 'Casa de la Gobernaora', hoy Apartamentos 'Larga 70').
A la izquierda, firma del Almirante Blas de Lezo. 



El primero de los hijos fue militar, la ultima de las noticias que tenemos es que viajo rumbo a las Américas en el año 1712. El segundo fue sacerdote, y se marchó a Nueva España con un ilustre familiar, D. Juan Antonio Vizarrón Eguiarreta, concretamente a Méjico, donde llego a ser prebendado de la Catedral, donde esta enterrado, y administrador del Hospital del Amor de Dios, falleciendo en el año 1755. Teresa sabemos que falleció a la corta edad de 10 años. Catalina, se casó con Pablo Miguel Vizarrón, con quien tuvo 5 hijos. (En la imagen, el escudo de la fachada principal del Palacio de Valdivieso, en la década de los ochenta, antes de la restauración del edificio).







A finales de este mismo año es nombrado Almirante, cargo que disfrutara poco tiempo, su médico José de Salazar tiene que tratarlo por una enfermedad, que le causó la muerte el 22 de marzo del año 1.691, siendo enterrado en el panteón familiar, que se encontraba bajo lo que hoy es el Altar Mayor en nuestra Iglesia principal. (En la imagen de la izquierda, pintura de Rafael Tardío Alonso).
Alberto Alcaraz Roca (1931-2009), natural de Roquetas (Almería) dejó huella en la Bahía de Cádiz. Murió en los primeros días de este mes de Octubre, tras una larga vida dedicada a la pesca. Con sus barcos, como el Roquetero, Enri, María la Belema, Rosa María Martí, Alver o Nuestra Señora de África, que faenaron en las costas del Mediterráneo y en Marruecos, 'en el moro', se dedicó en cuerpo y alma a su pasión. Mecánico naval en los años 70 se incorpora como armador a la flota pesquera portuense proveniente de Alhucemas y, según recuerdos que me cuenta Antonio Carbonell, quien vivió junto a él como secretario muchas horas de faena en la Cofradía de Pescadores portuense, no escatimaba ningún medio para mejorar la seguridad de sus trabajadores y la bonanza económica de ese puerto pesquero. (En la imagen, Alberto Alcaraz Roca, dirigiéndose a los pensionistas del mundo del mar, días antes de la Navidad, en el restaurante El Resbaladero. Diciembre de 1982). (La foto es de la Colección de A.C.L.)



Alberto fue socio fundador de la Federación Andaluza de Cofradías de Pescadores, llegando a ser su Vicepresidente; fue Presidente de la Federación Provincial de Cofradias de Pescadores de Cádiz y vocal de de zona suratlántica en la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores. Ahora, a sus 78 años presidía la compañía de seguros más prestigiosa del sector marítimo: Mutua de Riesgo Marítimo (Murimar) a la que reflotó y dotó de una nueva directiva, nuevos mercados e impulsó nuevos productos. (En la imagen, Alberto Alcaraz, en una fotografía tomada poco antes de su enfermedad).
José López Navarrete, “el Tiriri” nació en nuestra Ciudad el 1 de abril de 1918. Hijo de Antonio y Milagros, fue bautizado como José Joaquín de la Santa Trinidad. Su madre, Milagros, fallece en 1922, cuando José tiene 4 años, quedando solo con su hermano mayor, Antonio, y su padre, del que tampoco disfrutaría muchos años, ya que al poco tiempo falleció, quedando los niños al cuidado de su tía, Carmelita General, y de Ana, que en el futuro sería su suegra. (En la imagen, Tiriri, en una instantánea de finales de la década de los sesenta del siglo pasado).
Respecto a la relación laboral que mantiene en las embarcaciones, sabemos que son generalmente cortas, cambiando constantemente de barco. Repite en varios de ellos muchos años después, incluso en algún barco se enrola 22 años después de haberlo hecho la primera vez, como es el caso del “Victoria”, pero no el único de los 85 barcos en los que estuvo embarcado. (En la imagen 'Tiriri' a comienzos de la década de 1940).
85 BARCOS Y 136 EMBARQUES.
LA FAMILIA DE JOSÉ


AMULETOS DE CORVINA.
UNA GAVIOTA POR MASCOTA.







Aunque de ascendencia jerezana, sus padres y sus abuelos eran de Jerez, Ramòn de la Flor Sánchez, “el Cositagüena”, (1908 - 1987) nació en nuestra Ciudad el 6 de febrero, segundo hijo de siete hermanos: José Antonio, Ramón, Manuel, Carlos (portero del Gimnástico F.C.), Francisco, María (abuela de la cantante porteña Eva Santamaría) y Juan. Su padre, Ramón de la Flor Ledesma, era marinero y ello influyó en el trabajo principal que nuestro protagonista tendría a lo largo de su vida, relacionado con el mundo del mar. El apodo le venía de las cosas buenas que hizo a todo el mundo a lo largo de su vida. Por su relación con los ambientes pesqueros, recibía como atención de los marineros de los barcos, “ranchos” de pescados que, antes de llevarlos a su casa, iba dejando en otras más necesitadas que la suya. Ese era “el Cositagüena”.
Ramón tenía mucha labia, mucho “arte” hablando. De joven y al estar sin trabajo se llegó a construir su propia casa. Trabajó de limpiabotas en las casas de los pudientes en aquellos años difíciles de preguerra. Después fue peón, trabajando en lo que saliera. Se casó con 24 años, el 31 de julio de 1932 con la también porteña María Josefa Morales Troncoso, de 19. Obligado a ir a la Guerra Incivil, estuvo destinado en Zaragoza y, una vez terminada ésta fue premiado con marchar a su casa para ver nacer a uno de sus hijos, en lugar de destinarlo a luchar a algún frente de Europa, inmersa ésta en la II Guerra Mundial. (En la imagen, Ramón y su esposa, María Josefa, en la Feria de Ganado que se instalaba en El Palmar, en los terrenos del actual Carrefour. En el año 1948, fecha de la instantánea, y durante algunos más, regentaron una caseta de Feria: la 'Caseta del Cositagüena').

Como ya hemos señalado, Ramón se casó con María Josefa Morales Troncoso y tuvieron 13 hijos, aunque solo sobreviven 10, de un total de 21 partos. Esos trece son Ramón, Francisca, María Luisa, María Josefa, José Antonio, Manuel, Luis, Concepción, María Rosa, Pedro Miguel (quien, durante años fue tramoyista del Teatro Chino de Manolita Chen), Juan Antonio, Carlos (fundador con otros del PSOE local, llegando a ser concejal de Vivienda y de Obras del Ayuntamiento) y Milagros. (En la ilustración, primeras páginas del que sería un abultado Libro de Familia de Ramón de la Flor y de Josefa Morales).
“El Cositagüena” era sinónimo de ser buena gente, de ayudar a todo el que podía, haciendo el bien sin esperar nada a cambio, siendo generoso, honrado, agradable en el trato, amigo de sus amigos -algo que parece una redundancia pero que no lo es-, querido por todos, porteño y muy racinguista. Era una persona muy constante y agradecida, muy agradecida. Contrario a toda clase de injusticias en la vida, tenía capacidad de aguante para los malos ratos. Y siempre tuvo un deseo que llegó a alcanzar a plazos: tener muchos hijos, al menos doce. Y luego darles cariño, educación, ayudarlos a labrarse “un porvenir” en la vida. Nunca pedía nada para él, solo esperaba una palabra de agradecimiento. Nos dejó el 27 de junio de 1987. (En la imagen, Ramón y su mujer María Josefa, fallecida el 19 de junio de 2001, quien le sobrevivió 14 años).