En 1955 se celebraban las Fiestas de Diamante de la Plaza de Toros. Entre los actos conmemorativos, una Exposición Taurina en el Instituto Santo Domingo, celebrada en sus galerías de la primera planta, durante el verano de 1955, organizada por la Academia de Bellas Artes, a instancias del Ayuntamiento de la Ciudad, presidido a la sazón por un gran alcalde: Luis Caballero Noguera. (Portada del catálogo de la Exposición, obra de Juan Lara, cedido por F.A.Gallardo).
En el catálogo que se publicó, con dibujos de Juan Lara en la portada y contraportada, pero sin ninguna ilustración interior, se relacionaban los 369 objetos, entre documentos, carteles en papel, murales, de seda, fotografías, programas de mano, litografías, hierros de ganadería, cabezas de toro, carteles connmemorativos, trajes de luces singulares, cromos, cuadros, capotes de luces y de brega, muletas, bocetos, planos originales de la Plaza, banderillas, estoques, versos, grabados, entradas, estribo de picador, cañera con motivos taurinos, acción de la compañía constructora de la Plaza, a la que se agregaban otros 90, que conformaban los 460 de la Exposición conmemorativa.

Fotografía iluminada del Instituto Santo Domingo, que había sido, también, sede de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia.
En el catálogo de la exposición, a modo de brindis, la Academia afirmaba: «Tenía que ser la Academia, en estrecha y fraternal colaboración con el Instituto Laboral, quien tomara a su cargo el exhumar las viejas glorias del más típico escenario del Toreo de la Baja Andalucía. Y tenía que serlo --comprendiéndolo así cuantos con toda generosidad han prestado su valiosísima cooperación-- porque solo una Institución de Cultura puede descargar a nuestra Fiesta Nacional del lastre que le sobra, exaltándola y recordándola únicamente como el Toreo».

Entre los objeto singulares, la cabeza de ‘Bordador’, de la ganadería de Anastasio Martín, que inauguró la Plaza. Un estribo de picador taladrado por un novillo de José Benítez Cubero, la tarde del 29 de agosto de 1943, propiedad de José Brión Piña. Una hoja de festejos del año 1846, de José del Cuvillo y Sancho. La acción número 317 de la Compañía Constructora de la Plaza y la candidatura a Diputado a Cortes por la demarcación de El Puerto de Santa María de Luis Mazaantini, propiedad de José Dosal Cumbreras. Dos entradas de la fallida Corrida Regia de 1912, propiedad de Antonio Gallardo Morón. Muchos objetos relacionados con Joselito presentaba Antonio González Rivera, uno de ellos un alamar del traje que llevaba el 16 de mayo de 1920.

El Conde de Colombí, José María Gutiérrez Ballesteros, presentaba una amplia colección de óleos y dibujos con diferentes técnicas, así como un capote de briega de ‘El Espartero’,y un estuche conteniendo estoque de Rafael Molina ‘Lagartijo’. Francisco Lara Izquierdo presentaba un estoque de ‘El Espartero’. Juan Lara, una colección de acuarelas y temples. Alejandro León Manito dos hojas con versos exaltando la inauguración de la Plaza. José Luque Peinado una extensa colección de carteles y programas de mano desde 1880 hasta 1940. José Medina Pacheco un cartel en seda de la corrida celebrada en 1884.
Agustín del Toro y Gómez, cartel conmemorativo de la inauguración de la Plaza en 1880. La Vda. de Muñoz Seca el boceto para cartel de Beneficencia de 1900. Manuel Nuchera González, ‘Anales del Toreo. 1868 (Cúchares y Velázquez). Bodegas Osborne un molde de escayola para adornos de la Plaza. Antnio Osborne Vázquez, varios carteles murales del siglo XIX así como el legajo contenido el proyecto de la Plaza, de 1878. El conde de Osborne el óleo de Piñera, ‘El Picador’. José Luis Osborne Vázquez, sendas cabezas de toro de 1952. Manuel Pastor, carteles de 1839 y 1841. Alfonso Peralta Pujol, dibujos de Juan Lara que ilustraban la cogida del ‘Litri’ en El Puerto en 1951. Guillermo Perea y Tomás, planos originales de la Plaza de Toros de 1880. Carmen Pérez Pastor, banderillas de la fallida Corrida Regia de 1812. Alvaro Picardo Gómez carteles de seda de 1855 7 1857. Luis Prieto Rodríguez , multitud de objetos variados, entre ellos unas curiosas cuentas de ingresos y gastos de la corrida celebrada en El Puerto el 21 de junio de 1889. José Sánchez Aguilar un cartel de seda de sendas corridas celebradas los días 7 y 8 de junio de 1835.

Francisco Varo y José Tobío, fotografía panorámica de la Plaza. Manuel del Pino Suárez, cabeza de novillo que mató en Madrid el 21 de agosto de 1941. Miguel del Pino Suárez, capotes de luces y de brega, muleta y trajes de luces varios. Eduardo Sotomayor Criado, carteles de seda y papel del siglo XIX y un aviso del comienzo de las obras de la Plaza de Toros, del 20 de julio de 1878. Bodegas Terry hierro de la ganadería de Luis Mazzantini, cabezas de Toro y cuadros variados.

Antonio Urquijo de Federico, carteles de seda desde 1815 hasta 1922. José Luis Vélez Rodríguez, carteles murales. Ramón Zaldívar Muñoz, programas de mano. Enrique Astorga Casado, cartel de seda de la corrida a Plaza Partida de 1922. Ramón J. Bayo Valdés, cartel de corrida de 1882. José Brea Romero, una fotografía de Manolete y Ortega. Luis Caballero Noguera, diversos óleos. Cosme Carmé Ramírez, carteles del siglo XIX. José Gallego Rodríguez, carteles de seda de 1830. Manuel García Zamorano, abanico taurino. Gráficas Andaluzas, mesa revuelta con etiquetas de asuntos taurinos.

Capote de briega de 'Joselito' del Conde de Colombi. Roberto Grant Pérez, un óleo de Juan Lara: 'Apartado de la corrida de Concha y Sierra, para la alternativa de Gitanillo de Triana'. Luis Lara Varela, carteles murales de los siglos XIX y XX. Eligio Pastor Nimo, sendas barajas ilustradas por Manolo Prieto.
El Museo Municipal de Córdoba el programa de la corrida celebrada el 20 de junio de 1780. Evaristo Pérez García, carteles del siglo XIX. Francisco Quijano Rosende, ‘El Toreo del Puerto’, hoja impresa el 17 de mayo de 1885. Fernando Sánchez Carrasco foto dedicada por ‘Gitanillo de Triana’. Ignacio Sánchez Mejías, capa, montera, traje de luces, y un sinfín de objetos personales así, como cuadros. Enrique Sánchez Ortega, el cartel Mural de 1 de septiembre de 1935 con la retirada de Manuel del Pino. Carlos J. de Terry y del Cuvillo, un pañuelo de Reverte. Tomás Tocino, fotografía de Manolete y Arruza. Bodegas Cuvillo, cañera antigua de seis cañas, con motivos taurinos. Y así hasta los 460 objetos facilitados por 58 instituciones y personas.
"Como en el arte supremo en que, con todo el valor de lo reral, juegan la vida y la muerte bajo el triple significado del ritmo, del color y de la alegría" finalizaba el catálogo de la Muestra.

Litografía de la Plaza de Toros.
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na de las mayores satisfacciones que puede tener un escritor en los preparativos de la edición de una obra propia concebida con un acompañamiento profuso de ilustraciones, es, sin duda, la del total acuerdo con la colaboración del ilustrador. Yo le debo a Juan Lara tal satisfacción, desde que, en los últimos años de la década de los sesenta, me entregué con entusiasmo a la tarea de publicar mi libro ‘Plaza Real’.
Pero pensé que, siendo la Fiesta de los Toros, entre tantas cosas, una manifestación primordialmente artística, la colección de ilustraciones debería contar, además, con una aportación gráfica de exclusivo carácter igualmente artístico. Y asocié en seguida a esta determinación el nombre de Juan Lara. Su brillante trayectoria pictórica, su dominio absoluto del tema taurino y su indiscutible portuensismo eran condiciones que lo acreditaban como la persona más idónea para tal menester. Y como además contaba con su amistad –esa amistad que Juan no regateó a nadie—me puse en contacto con él y conseguí de inmediato el sí apetecido.
Al fondo, un arco que inicia las sombras de un largo paseíllo, se abre finalmente el apretado graderío, que remata con la esplendente luminosidad del cielo. Todos los esenciales aspectos del arte de Juan Lara están reunidos en el dibujo: el costumbrismo, la luz, el movimiento, la disimulada tensión,… La obra original preside hoy, con orgullo propio, una de las paredes de la sala de mi casa.


Su pintura va desde el costumbrismo romántico al impresionismo luminoso de un Sorolla. Dando vida, palpitando vida, creando vida. Vida, siempre. Por eso Juan Lara, aunque nos haya dejado, seguirá vivo en sus obras. Vivo. Siempre vivo entre nosotros.



En 1912, se anunció en la Plaza de Toros de El Puerto una corrida regia que presidiría S.M. Don Alfonso XIII, a la que no asistió. Mandó a los Presidentes del Congreso y del Senado que, después de haber estado comiendo y bebiendo en una bodega de Jerez, llegaron al cuarto toro.

En Mayo de 1979 un grupo de amigos le dedicó un homenaje de respeto a Manolo Bejarano, publicando un librito, con prólogo de Alfredo Bootello Reyes, que ha llegado a nuestras manos, donde se recogía en la dedicatoria «A tí Manuel Bejarano Armario, nuestro gran amigo, que ha destacado, no solo en la Historia del Arte, sino en la historia de esta bella ciudad del Puerto de Santa María, con trazos indelebles».
BOTONES EN EL RACING
«--Eres artista. Eres soberano artista, un hombre de alma superior y vida llena de interés. Sigan los jóvenes el ejemplo de su gran voluntad y de su actividad sin precedentes. Eres original, prodigiosamente original, desde que naciste hasta la fecha, la historia del Arte no registra un caso ni igual ni siquiera semejante». Así fue como recibió la alternativa. (En la imagen, autobús en el que Manolo viajaría a Sevilla).















José Cándido Expósito fue un mulato abandonado frente al Orfanato Casa de Expósitos de Santa María del Mar de Cádiz el 30 de noviembre de 1734 --y del que aún se cuenta que fue hijo de una dama de alcurnia de Cádiz y de su criado antillano--, y que más adelante fue adoptado por un matrimonio de Chiclana donde vivió desde niño. Desde muy joven, se dedica al arte del toreo y se convierte en alumno de 'Lorencillo'. Toma la alternativa a los 22 años de edad en Madrid el 25 de mayo de 1756 de manos de Diego de Álamo “El Malagueño”. José Cándido fue uno de los más famosos toreros de su tiempo, antes de 'Costillares', 'Pepe Hillo' y Pedro Romero.
Fue el primer matador de toros fallecido en España, en una plaza edificada ex profeso para el desarrollo de la lidia. Está enterrado en la Iglesia Mayor Prioral del Puerto de Santa María. (En la imagen de la izquierda, anotación de su fallecimiento). Dios le tenga en su Santa Gloria, por ser buen hombre, y gente de trabajo. Don Juan José de Bonifaz, el ilustre cronista, refiere de este personaje, que fue "Figura cimera del toreo de segunda mitad del siglo XVIII, José Cándido Expósito, gaditano y mulato, fue contratado para torear en el Puerto de Santa María (Cádiz), localidad en que por entonces residía el 23 de junio de 1771. Se corrieron en tal fecha reses de un ganadero de Bornos (Cádiz) y el lidiado en sexto lugar propinó dos gravísimas cornadas a Cándido al realizar un quite al banderillero Juan Barranco (Chiquilín). Las heridas recibidas, en riñón y muslo, determinaron el óbito del espada a la una de la madrugada del siguiente día. " (Texto: Juan Carlos Villegas).
Manuel del Pino, El Niño del Matadero, fue un artista polifacético. Aparte de un grandísimo torero, fue pintor y escultor. Según creo hay personas que todavía conservan algunas esculturas. La familia de Juan Barrero y, quizás, la de Jose Luis Osborne Vázquez, --según mis noticias--, podrían tener algunas. Es una lástima que no se conozca su obra. Quienes han tenido el privilegio de verlas, me cuentan el realismo con que plasmaba, la impresionante pelea de dos toros bravos.



Cuando no el barro, el papel; o el cartón; o las mismas paredes encaladas del Matadero; en uno de cuyos muros llegó a pintar a carboncillo un tren completo y bien trazado, que a la hora de dar nueva cal a las paredes, respetaron los brochistas aquella infantil obra de arte, que perduró hasta que el tiempo acabó con ellas. El dibujo y el modelado erean su verdaderas aficiones.
1970.
LA AVENTURA DE LA VIDA.



En Mexico, en Texcoco, recibió el apoyo de otro portuense, Antonio Ariza Cañadilla, (en la iamgen de la izquierda) ‘un avaro de la amistad’ como se definía a sí mismo este importante empresario portuense afincado en Méjico, que falleció en 2005 con 84 años y que ya ayudara al pintor Juan Lara en su estancia en el país azteca. Allí residió.
LA PLAZA DE EL PUERTO.




Sus padres son José Luis Pérez Aguilar, natural de El Puerto, de los Pérez vinculados desde siempre con el trabajo de cristalería y aluminio, y Concepción Puyana Rodríguez, gaditana del Barrio la Viña siendo la segunda de cuatro hermanos, Virginia la mayor, y dos mellizos Conchi y José Luis menores que ella, dándose la circunstancia de que hoy todos trabajan en asuntos relacionados con lo social.



















1958.
