Soy Virginia García Martínez. Nací en Cádiz el 10 de septiembre de 1976, en la pequeña clínica del Dr. Nicolás Abreu, en pleno casco antiguo de la ciudad. Es el médico que ha asistido en el parto a la mayoría de las mujeres de mi familia. Y, por eso, en su homenaje, uno de mis primos se llama Nicolás y mi hermana Esther, como su hija. Soy gaditana de alma, portuense de corazón y madrileña de adopción. A los tres días de nacer me llevaron a El Puerto y allí me crié hasta los 17 años, cuando mis padres me enviaron a Madrid. En la capital llevo casi media vida pero procuro conservar el acento portuense. Eso sí, por pura inercia o simplemente por oficio, lo disimulo cuando las cámaras y los micrófonos se encienden...
Desde pequeña quise dedicarme a lo que hago ahora: ser periodista. Recuerdo que cuando tenía ocho o nueve años mi padre, Luis (García Áspera), me regaló un órgano que hacía una cantidad de músicas inimaginables sólo tecleando un botón. Mi tía Charo, casada con un militar de la Base de Rota, se lo había mandado desde Estados Unidos. Gracias a ese cacharro y con la ayuda de mis hermanos, Raúl y Esther, aprendí a hacer mis primeros informativos de radio. Cogíamos un radiocassette y narrábamos las noticias y con mi flamante órgano hacíamos las sintonías... luego se lo enseñábamos a mi madre, Juana, que se moría de la risa... Creo que por algún lugar de la casa de mis padres, en Las Redes, debe andar alguna de esas cintas... Mi madre es la persona que me inculcó el amor por la escritura y la lectura. Sin estudios universitarios es una mujer y madre ejemplar que devora toda clase de libros. Y desde pequeña me compraba novelas y tebeos sin parar. Con diez años me regaló una máquina eléctrica Olivetti y me enseñó a escribir todo lo rápido que mis torpes dedos lo permiten. Desde que aprendí empecé a entregar los trabajos del colegio a máquina. Pero las monjas del Colegio de Las Carmelitas no se fiaban de que era yo quien los hacía y siempre me repetían la misma cantinela: “¿seguro que no te lo ha pasado a máquina tu madre o tu padre? Que no Hermana, que no” –contestaba yo-.

PERIODISMO DESDE LAS CARMELITAS.
La Hermana María Antonia de Las Carmelitas, la profesora de Lengua y Literatura, fue la primera que me dijo que yo valía para dedicarme a esto del Periodismo. Mi primera prueba de fuego fue en Sexto de EGB. Las monjas organizaban lo que ellas llamaban “La Semana de la Familia” y se les ocurrió hacer un telediario-teatro ante los padres como público y, para mi pudor en aquella época, yo había sido elegida para hacer las veces de presentadora. Mi amiga María José se enfadó mucho conmigo por aquello (y veinte años después aún me lo recuerda....) porque en realidad a mí me habían seleccionado para ser la guionista. Ella y su preciosa melena rubia serían las presentadoras pero la mala suerte hizo que el día del ensayo estuviera con gripe y yo fuera llamada a sustituirla. Yo lo de aquel teatro-telediario me lo tomé la mar de enserio y hasta pedí permiso a las monjas para llegar un poco tarde al colegio la semana previa a mi debut. Quería ver el telediario de tres a tres y media y, por supuesto, tomar notas. Y así lo hice. Mi abuela Rosario Áspera vivía por aquel entonces en la calle Nevería en una preciosa casa con azotea encima de la tienda de muebles de mi familia. Durante toda la semana me quedé a comer allí para estudiar el Telediario. Mi pobre abuela pensaría que yo estaba loca... En homenaje a ella mi nombre profesional es Virginia G. Áspera. De aquella semana mirando telediarios lo copié todo: los gestos, las pausas... Y, según me dicen, el día de la función aprobé con nota. Yo sólo recuerdo unos nervios tremendos. No tengo copia de la cinta de vídeo. Un día de estos hago una visita a la directora, la Srta. Tere, y se la pido.
RELACIONÁNDOSE CON LA PROFESIÓN.
Después de Las Carmelitas me fui a San Luis Gonzaga a hacer el BUP. Bueno, a mi me tocó hacer un experimento que se llamaba NEM, embrión de lo que luego sería la cuestionada ESO. Recuerdo con cariño a dos profesoras: Adela Miranda (de Literatura y Francés) y Mari Carmen Carreto (Economía). Las dos me enseñaron a pensar. Siempre había sacado muy buenas notas pero hasta que me topé con ellas no sabía lo que era estudiar. En aquella época yo ya tenía clarísimo que quería ser Periodista. Pero también se me daban bien los idiomas y a punto estuve de hacer Traducción... pero no. En aquella época mi padre ya había montado El Asador de Castilla y los jueves hacía jornadas gastronómicas a las que invitaba a un montón de periodistas: de la SER, del Diario de Cádiz... Cuando hice Selectividad me llevó a los estudios de SER Puerto, que estaban junto al cine Macario. Francisco José Román me entrevistó para su programa. Fue la primera vez en mi vida que me ponía delante del micrófono. Me encantó.
ESTUDIOS EN MADRID, PRÁCTICAS EN EL PUERTO.
A punto de cumplir los 18 me fui a estudiar Periodismo a la Universidad San Pablo CEU de Madrid. Y, a la vez, empecé Ciencias Políticas en la UNED. Fueron cinco años maravillosos. Me gustaba que me dieran clase aquellos que firmaban artículos en los periódicos nacionales; presentadores de televisión y algún que otro político. Los dos primeros años estuve en una residencia de estudiantes y luego me fui a un piso con dos chicas que conocí allí y que eran de Jerez: mis amigas Nuria y Ana. Entre las tres descubrimos la capital. El teatro, las fiestas universitarias... Durante toda la carrera estuve haciendo prácticas en distintos medios: la agencia EFE, Canal Sur... y aquí, en El Puerto, pasé por Tele Puerto y el Diario de Cádiz. En Tele Puerto aprendí a hacer casi de todo. Es lo bueno de las teles locales. Apenas hay medios y tienes que hacer todas las funciones. Presentaba un programa estival que se emitía los miércoles y que se llamaba “Pret à porter”, cuyo plató estaba en el AquaSherry Park y en el que se hablaba de moda. Fue muy divertido. Y en el Diario de Cádiz me topé con dos de las mejores periodistas que, a mi juicio, han pasado por El Puerto: la pluma mordaz de Rosa Romero y la brillante Tily Santiago.

Virginia en un zoco de un país árabe.
DOCTORA EN PERIODISMO, EN COLOMBIA.
Cuando acabé la carrera hice el Doctorado en Periodismo. Me especialicé en el ejercicio del periodismo bajo el yugo del terrorismo. Y me marché unos meses a Colombia –bajo la amenaza de la guerrilla FARC- para trabajar en un periódico en una zona en alerta por atentados. Cuando estaba a punto de terminar mi estancia allí la guerrilla colocó una bomba en un oleoducto muy cerca de donde yo me encontraba. Estuvimos un par de días incomunicados y mi familia, desde España, no podía localizarme. Al mes siguiente el gobierno de Pastrana anunció el inicio de negociaciones con los violentos y yo regresé a España.
LA UNIÓN EUROPEA Y EURONEWS.
Volví a Madrid e hice un curso sobre “Unión Europea” en la Escuela Diplomática de Madrid, lo que me valió para conseguir un contrato en el gabinete de Prensa de la Comisión en Bruselas. Trabajaba en inglés y francés. Sólo tenía 23 años y allí conocí a la mayor parte de los jefes de Gobierno de aquella época. Quien más me impresionó fue Tony Blair, todo un encantador de serpientes en las distancias cortas... De Bruselas me fui a Euronews, en Lyon, Francia. Allí trabajé unos meses como redactora de sus telediarios.
Pero en aquella época ya llevaba más de dos años fuera de España y regresé a El Puerto. Un grupo de empresarios de la ciudad estaba poniendo en marcha una nueva televisión: OndaLuz. El proyecto me encantó y trabajé en su arranque. El principal accionista, José Gijón, confió en mi y me permitió presentar el informativo de la noche. Trabajé muy a gusto. Éramos un grupo de periodistas jóvenes con muchísima ilusión y muchas ganas de trabajar. Recuerdo la inteligente dirección de Javier Municio (Jefe de Informativos); Ana Huguet y Pedro Espinosa, actualmente dos de los grandes valores de la SER-El País en la provincia de Cádiz...
![]()
En noviembre de 2000 regresé a Madrid. El artífice fue quien yo llamo mi “padrino profesional”: Justino Sinova, profesor mío en la Universidad, director de mi tesis doctoral y miembro del equipo de dirección de El Mundo. Me ofreció un contrato indefinido en su periódico. No lo dudé ni un instante. Empecé en un proyecto que se llamaba “El Mundo Radio”, un programa informativo que hacíamos en Ondacero bajo la dirección de Victoria Prego, la mejor entrevistadora que conozco. Esa historia duró dos años. Hasta que las dos empresas firmaron su divorcio. Entonces Victoria –directora adjunta de El Mundo- me propuso incorporarme al equipo de investigación de El Mundo TV. Le dije que sí. Y, de la noche a la mañana, me vi en el equipo de Fernando Quintela y Melchor Miralles paseándome con un bolso y una cámara oculta cual justiciera tratando de desenmascarar a los malos. Ha sido el trabajo más desternillante, peligroso, emocionante, y a veces inmoral que he tenido en mi vida. Descubrimos a presuntos pederastas, a matones, a traficantes.... Un mundo de lumpen y bajos fondos que yo ni siquiera sabía que existía.

En el Rally París Dakkar.
ANTENA 3 TV.
En 2004 me hicieron una oferta de Antena 3 TV para trabajar en el equipo de investigación 7 Días 7 Noches. Dejé la que entonces era mi casa, el Mundo, para incorporarme a la cadena de Planeta. Durante tres años estuve en el equipo de Investigación. Mi compañero Gabi y yo nos recorrimos medio mundo y siempre con temas distintos entre manos: la prostitución en el Paris-Dakar; localizamos al fugado Rodríguez Menéndez en Argentina; nos infiltramos en la secta de El Palmar de Troya... Y en una ocasión hasta fuimos detenidos por la policía de un país en dictadura de cuyo nombre no quiero acordarme.
Tras tres años como reportera decidí pasar al otro lado. Acepté un puesto como coordinadora en España Directo en TVE; luego regresé a Antena 3 como subdirectora de “A 3 Bandas”, un programa de tarde; luego me fui a “A Fondo” en Informativos de Antena3. El año pasado la cadena me propuso ponerme frente a las cámaras y estuve unos meses como colaboradora de actualidad de “El Método Gonzo” y eventualmente de “Espejo Público”. Pero a mi no me apasiona la cámara y prefiero estar en la trastienda. Actualmente sigo en Antena 3, como coordinadora de “Tal Cual lo contamos”, el programa de tarde que produce Plural, la productora de PRISA. Yo me encargo de los contenidos de Actualidad e Investigación.
Mi día es una locura porque un espacio diario te obliga a estar de sol a sol y a poner el alma cada jornada. Pero cuando tengo un hueco siempre me escapo a El Puerto para saborear el salmorejo de Marita, de “El Patio” en el Centro Comercial de Vistahermosa... O para comer pescaíto frito, que a mi pareja, Manolo, medio madrileño medio gallego, le encanta. Y si tengo mucha morriña mi hermano Raúl me presta un CD en el que suena el pasodoble de Los Hombres del Mar: “Ay Vaporcito de El Puerto”.

Hace unos años tuve la oportunidad de saludar a Juan Mulet Martínez, pescador de 86 años natural de la localidad alicantina de Calpe, pero portuense de toda la vida, como él mismo reconocía. Formó parte de aquella colonia de alicantinos que arribaron por el litoral gaditano en el año 1.929. En la amena conversación comenzó a rememorar días ya lejanos pero de importante significación.











El pasado miércoles se celebró el 209 aniversario del nacimiento de Críspulo Restituto Martínez Segura --Críspulo Martínez--, acontecido el 10 de junio de 1800. Este dinámico y emprendedor portuense figura citado en el imaginario Libro de Honor de historia local por haber conseguido hacer realidad un viejo sueño de nuestros abuelos: un espacio escénico multiuso, un teatro de estilo italiano, de los llamados de herradura, con un aforo de mil quinientas personas. Para distinguirlo de los otros existentes, más modestos y antiguos, se le bautizó como “Teatro Principal”. Desde mediado el siglo XIX hasta casi el último tercio del XX seis generaciones de nuestros paisanos, “Gente de El Puerto”, disfrutaron de sus espectáculos. Ya conocen como acabó: hecho cenizas. Afortunadamente, ocupa su espacio cultural, en otra ubicación, con el estilo y uso que marcan los tiempos actuales un nuevo teatro al que han dado, acertadamente en mi opinión, el nombre del popular comediógrafo local: Pedro Muñoz Seca. Para conocer en profundidad sus antecedentes familiares, pueden
Cuando nació nuestro personaje, sexto hijo del matrimonio, habían traspasado el negocio de tenería, manteniendo una participación en el mismo. La madre había recibido una suculenta herencia al fallecer su padre, miembro destacado de la burguesía comercial madrileña, adquiriendo la casa palacio de calle Sardinería 3 –actual Javier de Burgos- en la que se instaló toda la familia hasta que se mudaron a Larga 119 antiguo, que correspondería al 68 actual en el primer tercio del s. XIX. Así pues, en los primeros años del siglo citado, encontramos a don Juan Antonio convertido en rentista, especulando en diversos campos de los negocios y... metido en política, ocupando el cargo de Regidor interino en el consistorio municipal. Su familia, de la que apenas hemos dado algunos datos genéricos se había visto incrementada con dos nuevos hijos: Críspulo Restituto, que nació el 10 de junio de 1800 y Rafael José, en benjamín familiar, que vino al mundo el 24 de octubre de 1801. Los otros, nacidos todos ellos en el siglo XVIII, fueron, de mayor a menor, Manuel, Vicente, Celestina, Maria de los Dolores, José, Miguel y Juan Manuel. Tres de los citados fallecieron en plena juventud, en estado de soltería todos ellos. José, falleció cuando la familia vivía aún en la casa de calle Sardinería de la que se mudaron cuando abandonaron las tropas francesas la ciudad, siguiéndole Maria Dolores en 1813 y, finalmente Vicente, en 1817. (En la imagen, fachada de la casa de Sardinería, 3, recientemente restaurada. Foto AGR).
En 1829 contrajo matrimonio con Elena Picard Golf, unión que duró treinta años, hasta el fallecimiento de la citada, ocurrido el 5 de mayo de 1859, cuando estaba enfrascada en los preparativos de la boda de su hija mayor. Tuvieron cuatro hijos: Julia, Guillermo, Elena y Juan Antonio Martínez Picard, permaneciendo don Críspulo viudo hasta su fallecimiento. La hija mayor, Julia Martínez Picard, a pesar de la tragedia familiar, se casó en la fecha que tenía prevista, el día 15 de mayo, sin celebración lógicamente, con Enrique Carrera Ravina. Falleció Julia en 1888, sin descendientes, heredando los hijos de su hermano Juan Antonio. Entre los bienes, destacaba una extensa biblioteca, en la que figuraban los libros mas populares y leídos de su época y una hacienda de viñas con caserío y frutos nombrada “La Julia” situada en el camino viejo de Rota, finca que aún conserva este nombre. Su hermana Elena, se había adelantado a la primogénita contrayendo matrimonio unos años antes, en 1855, con un joven sanluqueño: Manuel Rodríguez Roldán. Tuvieron tres hijos: Elena, Luisa y Enrique Rodríguez Martínez. El hijo menor de Críspulo fue el más prolífico. Los descendientes de Juan Antonio Martínez, muchos de los cuales viven integrados en la sociedad portuense actual, entroncaron con otras familias estimadas en la localidad, multiplicándose ampliamente.
Y el otro varón, Guillermo, acompañó desde muy joven a su padre en lo que podemos considerar su etapa cubana de negocios, amplio periodo de tiempo del que apenas tenemos información, nunca volvió a El Puerto, avecindándose de forma definitiva en la capital cubana, sin que tengamos otras noticias de él aparte de su emigración voluntaria y de los poderes que dio a su hermano Juan Antonio para representarlo en el reparto testamentario de su padre.















INSTITUTO CUBANO DE ARTE E INDUSTRIA CINEMATOGRÁFICA. (ICAIC).
El principal evento del ICAIC es el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. A principios de la década de los sesenta, esta institución auspició la creación del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, como un colectivo de trabajo para la creación de música para documentales y películas. Con esto se pretendía relanzar la perspectiva de la música cubana fuera de los criterios del mercado. En pocos años la producción de filmes del ICAIC adquirió prestigio internacional, avalado por centenares de premios en todos los festivales del mundo; y en específico el documental fue saludado como un verdadero aporte al cine mundial. Apareció así lo que ha dado en llamarse, la Escuela Documental Cubana». (W). (En la imagen, Jorge Perugorria, 'el Pichi').
"Tabique", el camarero de "El Resbaladero" y, ultimamente, en la barra del Bar Vicente hasta su reciente jubilación. El cuarto por la derecha, con la boina calada, es Eloy Fernández Moro. Agradecemos nos indiquen el nombre de los dependientes y parroquianos. que aparecen en la fotografía. (Foto superior Colección EFL. Foto de la izquierda, publicidad en cristal pintado de Destilerías Gil: Anis y Coñac 'Flor de Valdáliga).


Salvador Cortés Núñez, “el Chigüi”, aunque nacido en la Línea la familia lo trajo pronto para El Puerto al venirse a vivir aquí. Habitó en la calle Javier de Burgos, en el tramo comprendido entre Cielos y la Plaza de Isaac Peral, en la casa existente frente a Jesús Cautivo. Allí se hospedaron las fuerzas del orden y Cándido, un sobrino de Jaime Ostos... Su padre trabajó de camarero en el restaurante “El Resbaladero” y su madre, gitana, vendía telas y sábanas. El sobrenombre de “el Chigüi” afirma, puede venir porque de pequeño era delgado como una cigüeña. De pequeño acompañaba a su madre en sus transacciones comerciales. Estudió en las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia. Recuerda que de pequeño lo querían expulsar --la afición por ser instruido le vendría con 60 años-- pero era un buen matemático que salió sin el título de Mecánico Tornero, pero eran tales sus habilidades que le entregaron un certificado que avalaban sus conocimientos y saberes. Recuerda a Leonardo Romero Maure, a Diego Mora, sus profesores, con auténtica veneración.

Más tarde se entera que una compañía norteamericana, la Raymond International Inc, está buscando especialistas para trabajar en Lagos (Nigeria) reparando máquinas de extracción de petróleo. En las pruebas de la convocatoria celebrada en Madrid sale el primero ante una fuerte competencia y vía Londres viaja a Tejas (EEUU), donde se forma. Pasaría en el país africano entre 1976 y 1980. Allí, recuerda, concertaban la explotación de un pozo por un año y, a cambio, la multinacional tenía que construir una carretera.
Ha escrito sendos libros sobre sus vivencias, mezcla de ficción, de parábolas, de enseñanzas, de sus pensamientos y reflexiones, de su biografía, donde se pueden extraer interesantes conclusiones. Forman parte de una trilogía inacabada que, afirma Chigüi, pronto verá la luz el libro que cierra el ciclo. El primero, del año 2000, lleva por título “Seis días en el Puerto de María” y el segundo del año 2005 “Tres días en El Puerto de María”. En los dos volúmenes lleva el subtítulo de “Yo el Chigüi, amigo del Peregil”. La edición de ambos ejemplares se la ha pagado él de su propio bolsillo, sin ayuda ni subvención de ninguna clase. Los regala a quien sabe apreciarlos «--Es una manera de devolverle a El Puerto lo que El Puerto ha hecho por mí». (En la imagen, portada de su primer libro, 'Seis días en el Puerto de María', editado en el año 2000). Dedicatoria al autor de la web, su libro:


Luego, entre los años se fueron a vivir al Campo de las Hermanas Rioja, por la Hijuela del Tío Prieto y, entre 1949 y 1951 la vivienda familiar estuvo en lo que hoy es ¡Oh Puerto!, el Caserón Lasaletta. El 20 de octubre de 1955 muere su madre --María Dolores del Cuvillo y Sancho-- y los seis hermanos: Agustín, Rafael, Dolores, Alvaro, Carlos e Ignacio, fueron repartidos entre las casas de los familiares.

Recuerda nuestro protagonista que aunque hubo cierta aversión por parte de grupos reducidos de personas a que su tío se instalara en El Puerto, fue algo superado con creces para orgullo de El Puerto, solo pasó al principio, aunque alguna vez ha soportado alguna broma sobre su tío, que no ha tolerado: «--Me siento orgulloso de ser sobrino de Rafael Alberti». El padre de Rafael era primo hermano del poeta, aunque 10 años menor que él, Alberti lo cita en La Arboleda Perdida como un compañero de aventuras simpático y revoltoso del que siempre guardó buen recuerdo, como le confesaría a los hermanos Agustín y Rafael Merello del Cuvillo.

(Continuación).



Estas disposiciones testamentarias destruían la estructura societaria, al formar parte de los bienes la importante participación en la misma del testador, salvo que los herederos y el otro socio llegasen a un acuerdo para continuar, determinando las respectivas participaciones, entente que no se produjo, mas bien todo lo contrario, originándose diversas discusiones y falta de acuerdo entre los afectados, de tal forma que uno de los primeros pasos que debían darse para establecer el importe real de los bienes del fallecido, como era la disolución de la sociedad, no se produjo hasta año y medio después. (En la imagen de la izquierda, esquela de Adolfo Tosar Martínez. Colección de CGS).
LA FAMILIA EMPARENTA CON...



Antonio Collantes Ramos nació en la calle Mazuela núm. 6, frente a la fragua de Curro Canales, el 7 de noviembre de 1947, segundo hijo del matrimonio formado por Antonio y Milagros. Aquella unión duraría poco; su padre, panadero de profesión murió de leucemia a los 33 años dejando a su madre viuda con 28. Su madre se casó con el hermano de su padre, viudo también, que venía con una prole de siete hijos, más los tres de su madre, mas uno que tuvieron en común, formaron una familia mas que numerosa, entre hermanos, primos hermanos, entenaos y hermanastros a la vez. Está casado con Ángela Ruiz González, de cuyo matrimonio celebrado en 1973, tienen tres hijos.
(En la fotografía de la izquierda de la imagen, Antonio, Felipe Romo 'el Lúa' y Joaquín Albert, el virtuoso guitarrista, vestido de deportes, en el Campo d ela Gimnástica, en 1959). A partir de las 12 de la noche jugaban a la pelota en los alrededores de la Plaza de Toros y a continuación se marchaba a su casa a cenar lo que hubiera para dormir agotado de la larga jornada. Al día siguiente, a las 8 de la mañana, otra vez en planta. Como recuerda Antonio, en la barbería estaba desde las 9 de la mañana de los lunes hasta la hora del fútbol del domingo en la que, los parroquianos que quedaban en dicho ‘centro social’ marchaban a ver el partido del Racing o del que tocara, a eso de las cinco de la tarde.



SU PRIMERA PELUQUERÍA.

EL PUERTO-PUENTE GENIL EN BICICLETA.