El porteño Carlos Pumar Algaba, nació el 4 de Junio de 1944 en Cazalla de la Sierra (Sevilla), aunque solo con unos meses salió de su pueblo con destino a Sevilla. Es primo hermano de la cantante, también natural de Cazalla, María del Monte. Le da mucho coraje que le digan que no es de El Puerto pues lleva viviendo aquí, de forma permanente desde 1974, es decir 45 años, más de la mitad de su vida. Aquí fue donde dejó el fútbol profesional y de aquí son sus tres hijos porteños y sus cuatro nietos. Sus vivencias en nuestra Ciudad empiezan en aquel verano de 1964 cuando contacta con él por primera vez el Racing Club Portuense. Sus mejores vivencias, además de las deportivas, el calor humano que le brindaron los vecinos de quien habría de ser uno más entre ellos.
Sus padres Juan y Teresa también nacieron en Cazalla. Su padre que fue Capitán de la Guardia Civil estuvo destinado en varios pueblos donde Carlos tenía que marchar y recuerda como allá a donde iba no estaba más de 2 ó 3 años. Pero
sería en Sevilla donde residiría, desde la itinerancia juvenil, durante más tiempo: hasta los 18, y fue allí donde realizó sus estudios en el Colegio San Alberto Magno y donde comenzó, al mismo tiempo que estudiaba, a practicar ya el futbol un poco más en serio. Fue por mediación de un tío suyo, Antonio, el padre de María del Monte y que era un grandísimo aficionado al fútbol, quien al verlo jugar de pequeño lo llevó a probar a los Juveniles del Betis, y allí le ficharon con 15 años para el equipo Juvenil.

La Selección de Juveniles: De pie, de izquierda a derecha: Reina portero, Pedrito suplente ése día, Vega, Gallego, Vallejo, Vázquez, Bancalero y Rodri. Agachados: Cruz, Pumar, Quino, Fede y Flores.
EN LA SELECCIÓN ANDALUZA DE JUVENILES.
No tardó en que le llamaran para jugar en la Selección Andaluza de Juveniles, donde jugó con compañeros que llegaron a la fama como Reina portero que militaría en el Barcelona, At.Madrid y Selección Española, (padre del que hoy juega en el Liverpool) también Francisco Gallego que lo hizo en el Sevilla C.F. y Barcelona y Selección, otros como Vallejo en el Zaragoza, Bancalero en el Sevilla, Tejada en el Real Madrid, Quino en el Betis y Valencia, y el resto casi todos en Primera División, como Cruz, Fede, Flores, Rodri...

En la fotografía, con la S.D. Ponferradina. En ella creemos identificar a los siguientes jugadores de izquierda a derecha. Fila superior: Enrique, Olmedo, Roger, Luque, Ezequiel, Astorgano. Fila inferior: Robert, Carmelo, Salvi, Pumar y Vela. Desconocemos a los que van vestidos de paisano.
Con 19 años se quedó en la plantilla del Real Betis, con los que entrenaban lo mismo él que Quino, y Antón, y los tres jugaban los domingos en el filial que entonces se llamaba Triana Balompié.
¿AL CÁDIZ O AL RÁCING?
Fue cuando finalizó esta temporada en el Triana cuando el Racing por mediación del entonces entrenador portuense, Paco Hurtado se interesó por sus servicios y no tardó el entonces Presidente del Club, Fernando Arjona Cía en contactar con nuestro protagonista y llegar a un acuerdo. Pero surgió después un problema, y era que el Cádiz, que militaba entonces en Segunda División también quería que jugase con ellos. Así, el Secretario Técnico del equipo verdiblanco, Pepe Valera no lo dejaba fichar por El Puerto porque, por motivos prolijos de contar, quería que se fuese al equipo amarillo.
Todo esto ocurría sobre el mes de Mayo de 1965 y en cierta ocasión, afirma Carlos, «me comentaba Parrita, quien estaba también en aquella directiva del Racing que Paco Hurtado le propuso ir a Cádiz donde veraneaba o iba los fines de semana Pepe Valera, a llevarle unas cajitas de gambas a ver si conseguían que me dejasen ir a fichar por el Portuense. La cosa se puso difícil, y entonces a Paco Hurtado se le ocurrió la idea de ir a la Secretaría del Betis para volver a insistir con unos directivos del Club, pero que tenía que ir también mi padre vestido de militar a meter presión -los militares tenían entonces muchas influencias-. Y así fue como nos escucharon y tuvieron que ceder, pués la verdad que yo preferí venir aquí que no a Cadiz aunque hubiese jugado en Segunda División con 20 años. Estaba muy a gusto en El Puerto».

En la fotografía, el primer partido de liga celebrado en septiembre de 1965. Xerez-0 Racing-1. De izquierda a derecha y de arriba abajo: Martínez, Rafael Fenoy, Ernesto Bailaro, M. Jaen, Lolo, Bizcocho, Vera Palma, Jerónimo, Expedito, Pumar y Tixxx.
VIVIR EN EL PUERTO.
Su familia vivía por entonces en Jerez y se quedaba a vivir con ellos. A El Puerto, según lo acordado con el Club, solo venía para los entrenamientos y los partidos, pero a las dos semanas, nada más entrar en el casco antiguo y sentir la mezcla del olor a las Bodegas, la visión del río Guadalete y comenzar a hacer buenos amigos, le dijo a sus padres «Me voy a vivir a El Puerto». Éstos se echaron las manos a la cabeza por cuanto en la casa paterna lo tenía todo y en El Puerto tendría que costearse alojamiento y manutención. Así que, dicho y hecho, por un tiempo estuvo hospedado en la Pensión de Frasquita --en la calle Ganado- de la que guarda Carlos un grato recuerdo, al igual que de su marido y sus hijos, gente de El Puerto encantadora. Más adelante e fue a vivir a una casa particular en la calle Luna justo encima de lo que era el Bar La Liga, de “El Pobre Pepe”, realizando las comidas en el Hostal Loreto.
Como comenzó a gustarle tanto El Puerto, recuerda Carlos que, una tarde estando con una reunión de amigos tomando un café con la señora de la casa donde se hospedaba --señora muy mayor viuda de un tal Utrera, trabajador de la Compañía Sevillana de Electricidad-- le confesó: «Felipa cuando yo deje el fútbol, esté donde esté me gustaria venirme a vivir a El Puerto».
JUGADORES Y AMIGOS.
En este equipo del Racing de mediados de los sesenta del siglo pasado disfrutó lo suyo. Había muy buenos jugadores y se alegra hoy bastante cuando cuando se encuentra con alguno de los que aquí residen y que se han hecho porteños por elección lo mismo que él: Higinio Obregón, Lolo, Vera Palmes, Rafael Fenoy Alonso,... «a veces intercambiamos recuerdos, batallitas incluidas y nos creemos que volvemos a tener los 20 años.»

El Rácing cuando viajaba, como los mejores equipos, uniformados. De izquierda a derecha: Martínez Jaén, Rufo, Chaparro, actual entrenador del Real Betis, Bizcocho, Jerónimo y Carlos Pumar.
Carlos siempre ha recordado las vivencias que tuvo en El Puerto en aquella temporada de 1965 donde llegó con 20 años, y el cariño que recibía de los aficionados y amigos. Recuerda con nostalgia y afecto al que fuera practicante del Club, Felipe Lamadrid. O al médico Francisco Viseras Alcolea, recientemente fallecido y con el que por entonces se tomaba alguna cerveza en el recordado Restaurante el Resbaladero o, recientemente hasta poco antes de su desaarición un café casi a diario o una copa en el Bar Manolo en la calle Larga; todavía le escuchaba atentamente sus consejos por su edad y por el afecto que ambos se profesaban.
Personas que tenía y tiene en el recuerdo como Domingo que trabajaba precisamente en El Resbaladero de cocinero, y siempre que pedía una tapita soltaba en voz alta: «Para mi niño, para que el domingo meta dos goles», y que tuvo un puesto de verduras en la Plaza, ya de muy mayor, hasta su fallecimiento. Y como no acordarse de Diego Fernández Galloso, quien trabajó de camarero en el desaparecido Bar Central en la calle Larga, --«que buena persona era», recuerda-- para luego jubilarse en el Bar Playa-El Rempujo. (En la fotografía, Domingo).
Otro recuerdo entrañable tiene Carlos para Manolo Moreno «cuando entrabas en su Bar, a cada momento te decía “Echate Payá”, de lo pequeñito que era»; este establecimiento ha reabierto recientemente sus puertas en el mismo sitio de la Ribera del Marisco, aunque con otro propietario: Juan José Benítez Pérez, un veterano del sector hostelero y Ana María Rique Caballero. Ambos se ocupan de la gestión y la cocina del establecimiento. La pareja ha recuperado algunas de las tapas más famosas del antiguo bar como sus tortillitas de camarones, las criadillas, que van cocidas con verduras y luego fritas acompañadas con una salsa y el txangurro con crema de mariscos y queso. Pero además en el establecimiento han incorporado nuevas especialidades como los chicharrones de atún en manteca (atún frito en manteca en pequeños trozos), el pollo al mojo picón, las albóndigas de merluza en salsa verde o las tortitas de rabo de toro. El bar se llama ahora el Nuevo Echate Payá. «Notabas que eran personas de las que cuando los visitabas recibías su cariño; todos mayores que yo, y eso lo percibía. Recientemente su hija me regaló unas fotos de Manolo Moreno, donde se le ve en una Caseta de Feria con el nombre “La Antigua de Cabo”. Era en el Bar Central donde por las tardes solía echar un ratito de tertulia con todos los amigos, algunos ya nos dejaron también, como Ignacio Sordo o Alfredo Botello. Al finalizar la temporada Carlos se tuvo que marchar al Servicio Militar.
OCHO AÑOS FUERA Y VUELTA A EL PUERTO.
Luego estaría ocho años jugando al fútbol en diferentes equipos, con un trato diferente por parte del Betis, acaso recordando la presión que recibió para que Carlos se viniera a El Puerto. Pasó por la S.D. Ponferradina y el C.D. Eldense, A continuación cuatro temporadas en el R.C.R. de Huelva y dos más en el C.D. Badajoz. Es en este año, en 1973, cuando el Racing habia fichado como entrenador al que fuera jugador del Real Betis y Real Madrid, Isidro, y fue él quien le comentó a la directiva, --Bernardo Sancho era su presidente-- que un jugador llamado Pumar habia quedado libre en el C.D. Badajoz tras denunciar unos impagos en la Federación Española de Fútbol. Isidro quería traérselo, así que lo localizaron y tras unos días de reflexión Carlos se volvió a El Puerto en la que sería su última temporada pues, aunque aún tenia 29 años el fútbol no le dio lo que el propio Pumar pensaba y otros muchos habían valorado, poniendo fin a su carrera deportiva. Esa temporada finalizó con su último partido: «fue contra el Almería y ganamos 1-0».
LA NORMALIDAD
Carlos se había casado en Jerez el 4 de Julio de 1971 con María del Carmen Reyes Cala en la Parroquia de los Descalzos. Al dejar el futbol tenía que plantearse una nueva vida, así que de momento permaneció en El Puerto pero llevando la contabilidad en unos comercios y de los Cines Thebussen en Medina Sidonia y del Atlántico en Rota (los regentaba su buen amigo el empresario Pedro López) y, como no deseaba marcharse de nuestra Ciudad su primera intención fue montar una tienda de tejidos, empero, le salió la oportunidad de entrar a trabajar en el Banco Central en la Villa de Rota, yendo y viniendo todos los días a la vecina población

Carlos, con tres cuartas partes de sus nietos: Lucía, Pablo y Victor.
Posteriormente, y a través de su amigo Higinio Obregón se entera de que en la antigua Caja de Ahorros de Cádiz se iban a realizar unas oposiciones, por lo que se puso presto a preparar esas oposiciones con la ayuda de otro amigo, Antonio Flor, sacando una de las dos plazas a las que se habían presentado 45 personas. En la Caja de Ahorros ahora Unicaja, ha tenido diferente puestos y cargos, y ya le quedan solo unos tres meses para la jubilación jubilosa para poder seguir disfrutando con más intensidad de este El Puerto al que idolatra que ya le dió la alegria de ver nacer y crecer a sus tres hijos Juan Carlos, Gustavo y Esther -con nótula propia en Gente del Puerto-, en compañía de Maria del Carmen y sus nietos Lucía, Pablo, Víctor y Gustavo.


Respuestas: 1. La Macaria. 2. De Linares. 3. El ‘Lute’. 4. Descarao. 5. La calle La Zarza. 6. El ‘Bimbo’. 7. El Sereno. 8. San Cristóbal. 9. El Trevi. 10. Blanco, triste y gateando. 11. El ‘Pejeta’. 12. La Plaza del Ave María. 13. En las Bodegas de Sancho. 14. El ‘Misterio’. 15. El ‘Formidable’. 16. La Burra. 17 Los del Carmen. 18. La Colorá. 19. El Cangrejo Rojo. 20. Paco Teja. 21. Frontela. 22. El Liba. 23. Cemita. 24. Los Suspiros de La Pastora.
Luis del Pino Robles, Luis 'el de los huevos', nació en la Ribera del Río el 15 de julio de 1923, en los soportales existentes frente a la Casa de la Munición o Provisión, donde por la época existía un cuartel militar de Artillería, y que muchos han conocido al final del siglo XX como Taberna 'La Resaca'. Su madre, María Magdalena Robles le lavaba y planchaba la ropa a los soldados. Su padre, Francisco Pino Suárez era primo hermano de Manolo y Miguel del Pino, los célebres diestros locales. El apodo de la recova le viene a Luis por su trabajo en el Despacho de Plácido Carvajal, con el que repartía huevos y queso al por mayor al comercio local con quince años.

SU OPORTUNIDAD ARTÍSTICA: CANARIAS.

CON LOLA FLORES.
23 AÑOS EN FRANCIA.
La ficha técnica es para leerla: Dirección Artística: M.Carrillo. Dirección Musical: M. Leveque. Maestra Concertadora, profesora: Lolita Lanzarote. Regidor de escena: Manolo R. Cortés. Maquinista Jefe: Francisco Camacho. Segundo Maquinista: Francisco Andrade. Gerente: José Valiente. Representante en Ruta: Guillermo Aguilar. Números de Baile montado y dirigido por L. del Pino. Vestuario confeccionado para este espectáculo por: M.Mariscal, según diseños de M. Carrillo. Decorados y atresso [sic]: Propiedad. Peluquería: Pepi. Grupo microfónico: Quico, montado por Manolo Pacheco. Organización: M. Leveque y M. Carrillo. Representante exclusivo: Manolo Astorga. El patrocinio era de una bodega portuense: Brandy Viejo Veterano Osborne y Amontillado Fino Quinta. (En la fotografía, perteneciente a otro festival benéfico, Luis caracterizado de mejicano en el Teatro Principal. Doña Virginia lo dirigía al piano y escogía para nuestro protagonista los números cómicos).

Antonio Álvarez Herrera, el primer alcalde del actual periodo democrático le tocó lidiar con la situación. No se movió de su despacho hasta que el discurso del Rey lo tranquilizó como al resto de españoles. Allí estaba con algunos concejales que iban y venían, y a los que aconsejó que se fueran a su casa, cosa que hicieron, pero el permaneció en su despacho. Curiosamente el comandante de la Policía Local, Manuel López Romero (acompañado por el guardia Manuel García de Quirós Domínguez), estuvo con el alcalde hasta el final: «--La suerte que Vd. corra, la correremos los demás». Y es que en el pasado predemocrático Manuel López y Antonio Álvarez vivieron una situación difícil cuando el primero apresó al segundo; pero esa es otra historia que un día contaremos en Gente del Puerto. Mario Peluffo Rojas, Teniente de Alcalde de la Policía estuvo durante una buena parte de la tarde a la puerta del Ayuntamiento, controlando los accesos a la Casa Consistorial, vigilante de cuanto pudiera acontecer en las afueras del primer edificio público.
Esteban Caamaño Bernal. Diputado en Cortes. Era, además de concejal socialista, diputado a Cortes Constituyentes en Madrid y la asonada le cogió en la votación en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Estos comentarios nos hacía en marzo de 2005, evocando aquel día: «Yo me río mucho de eso. ¿Cómo era posible que, cuando estábamos saliendo de la dictadura, camino de Europa, nos quisieran llevar otra vez atrás?. Gracias a que el Rey lo cortó de momento… Sentí vergüenza de ser de mi país, y del espectáculo que estábamos dando. Recuerdo que la única vez que me levanté de mi escaño, camino de los servicios, Fraga le estaba diciendo con voz aturrullada y alta a Tejero que dudaba que Milans estuviera metido en aquello. Tejero lo mandó a su sitio con cajas destempladas. Y yo quise ir a comprar tabaco a la calle, ver el ambiente y volver, pero me mandaron para el escaño, junto al diputado Vargas Machuca. El sabe que no pasé miedo. No acepté ni agua, ni tabaco: no quería nada de esa gente.»
Francisco Lara Fernández, era el portavoz del PSOE y socio en el gobierno local. Estaba en casa escuchando la radio por si había algún cambio en el sentido de la votación que se estaba celebrando en el Congreso. Al ver que no hay cambios salió a hacer un recado y a su regreso se encontró con su mujer que bajaba las escaleras muy alterada diciendo que: «--Han habido tiros en el Congreso». Al comprobar por la radio lo que pasaba empezó a llamar a compañeros para contrastar la información. Recibió una llamada de su padre: un amigo suyo, representante de una marca de cava le ofrecía cruzar la frontera con Portugal a través de una finca de su propiedad que poseía en Badajoz, algo que Paco agradeció pero declinó. Se fue para el Ayuntamiento y allí permaneció junto a Antonio Álvarez y otros concejales que no recuerda hasta después de las ocho de la tarde, aunque permanecieron en contacto telefónico a lo largo de la noche Los ficheros del Partido Socialista los escondió Rafael Valera Rey. Y en Madrid, según supo Paco por su amigo Lito, secretario de Luis Fajardo, los ficheros del PSOE a nivel nacional pasaron la noche en el depóstio de la grúa municipal, pues en el coche del primero se encontraban escondidos cuando la grua lo retiró por mal aparcamiento. Estaban en un lugar seguro.
Antonio Muñoz Cuenca, era portavoz del Partido Andalucista, el tercer socio de gobierno del pacto de las izquierdas. Muñoli estaba llevando a su hijo Daniel al médico, concretamente a Manuel Pérez Blanco a la consulta de la calle Cielos. Se enteró de lo sucedido por el médico y se fue para su casa con su hijo donde estuvo escuchando la radio. Luego al Ayuntamiento y allí se encuentra con Antonio Álvarez quien le conmina para que se vaya para su casa, a lo que le preguntó: «--¿Te vas a quedar solo? y desoyéndolo estuvo acompañando al alcalde junto con otras personas que no recuerda, algo más de una hora. Como era lunes, el jesuita Diego Casares, no entendiendo la gravedad de la situación, prosiguió con los ensayos del Orfeón Portuense, del que era su director. Antonio no ensayó. De vuelta para su casa estuvo hablando por teléfono con José María Simón y con Carmelo Ciria, en aquella época en el PA, quienes le tranquilizaron tras el discurso del rey. Se acostó a las tres de la mañana. Al día siguiente, en el colegio, unos adolescentes pertenecientes a Fuerza Nueva le increparon junto a los profesores José María Simón y Manolo Sierra, respondiédoles éstos con unos significativos cortes de manga.
Enrique Miranda García, concejal de Unión de Centro Democrático. El más joven, quizás por eso “el más inconsciente” según sus propias palabras. A la hora de los tiros en el Congreso estaba en un consultorio médico protagonizando pacientemente una operación de cirugía menor. Cuando se enteró se quedó tan pancho «¡que inconsciencia la mía!» se reitera. No supo calibrar la importancia y gravedad del momento. En la sede del partido a la que acudió había gente con miedo y gente que estaba contenta por lo que estaba sucediendo. Algunos se quitaron de en medio. Él se fue para su casa. Según sus propias palabras lo quisieron expedientar en UCD dos veces por “confraternizar con el enemigo” y es que Chelique se llevaba bien con todo el mundo, independientemente de sus ideas, independientemente de su militancia.
Manuel Moreno Romero, portavoz y único concejal de Coalición Democrática, de la “minoría absoluta”, como a él le gustaba autodenominarse. Estaba en su casa regando el jardín cuando se produce el asalto al Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Al principio no sabía si se trataba de un bulo o era la realidad lo que le estaban contando. Cuando confirma la asonada, llamó al alcalde, Antonio Álvarez, con el que le unía un cordial relación de amistad y le ofreció su casa para que se escondiera por si fuera necesario, a lo que éste le respondió que «--yo me quedo en el Ayuntamiento; no me marcho de la Alcaldía». Otros concejales si saldrían de El Puerto. Según Moreno, aquella intentona no tenía porvenir. El portavoz de la derecha, único concejal de esta tendencia política en el ayuntamiento presume de su buen trato con el alcalde Álvarez y, como prueba de ello, recuerda que fue el primer concejal que representó al Ayuntamiento fuera de El Puerto, en el primer viaje oficial que se realizó en el actual periodo una vez restaurados los ayuntamientos democráticos.
Al día siguiente, con la radio y los medios de comunicación anunciando en grandes titulares el fracaso del golpe, se reunieron en la alcaldía desde muy temprano políticos, sindicalistas y otras representaciones que abarrotaban la alcaldía: mas de cincuenta personas. Todos se felicitaban y tomaron el propósito de estar vigilantes ante una democracia tan frágil. Felicitaban a Álvarez por su valentía y recordaban los momentos pasados. Mas tarde se celebró un Pleno Extraordinario para reafirmarse en la vocación democrática de este país, en el que acordaron defender la democracia y -que ilusión la de entonces- ser mas leales entre los partidos y no llegar a confrontaciones que pusieran en peligro la democracia. En la fotografía de la izquierda, el Comandante de la Policía Local, Manuel López Romero, excaballero legionario, tenía la Medalla Militar individual y una Cruz Laureada de San Fernando colectiva (obtenida durante la Guerra Incivil; al ser la máxima condecoración militar concedida, empleos militares de mayor graduación se cuadraban en su presencia. Siempre la llevaba puesta ). El militar retirado y jefe de los guardias tuvo un papel destacado aquella noche, defendiendo con su presencia la soberanía popular en la persona del alcalde Antonio Álvarez, con quien permaneció hasta el final. Su frase «--La suerte que Vd. corra, la correremos los demás» ya no la olvidaría nunca.
Manuel Delgado Villegas, “el Arropiero” debía su apodo a que su padre vendía arropías o arrope, un dulce elaborado con higos, a la puerta de los colegios, concretamente a la puerta del Colegio de La Salle donde tuve la oportunidad de verle de pequeño. Las arropías tenían tres colores: frecuentemente rosa, pero también traía en el canasto de mimbre las de color amarillo y verde claro. El pregón que lanzaba el padre era: «¡Arropía de Turquía! / ¡Las llevo largas y retorcías! / ¡Que ricas y que buenas, / llevo mis arropías!». Y en función del público oyente, agregaba nuevos versos: «¡Largas, largas, / como las malas lenguas!». O este otro: «¡Qué larrrrrrrga la tengooooooooooo!». La colaboración de dos policías locales, uno de ellos vecino de la novia del hijo del arropiero, Juan Barrios Quirós y su compañero Manuel García de Quirós, fue decisiva para la detención del personaje a manos del Cuerpo Superior de Policía.
«En septiembre de 1970 decidió trasladarse a vivir al puerto de Santa María con su padre, para ayudarle en la fabricación de arropías y vender golosinas en un carrito por las calles. Pronto hizo amistad con un homosexual, con el que mantuvo secretas relaciones. "Fuimos a dar un paseo en moto y cuando íbamos a salir a la carretera general, me acarició. Le dije que se estuviera quieto, pero no me hizo caso. Enfadado, paré y le di un golpe en el cuello, despacio, pero era tan flojo que se cayó y se rompió las gafas. No respiraba bien y me dijo que lo llevara al fresco, junto al río. Allí intentó otra vez tocarme y, sin pensarlo, le solté un golpe más fuerte y cayó al fango, boca abajo e inmóvil". El cadáver fue localizado flotando a 12 kilómetros del lugar del crimen...» Margarita Bernal.
Cuando fue detenido, confesó 47 crímenes más además del de Paqui, entre ellos el de Francisco Marín, un vecino suyo de El Puerto que apareció ahogado en el Guadalete, una hippie francesa ciega de LSD en Ibiza, un millonario barcelonés que había solicitado sus servicios de chapero, un publicista al que dejó seco de un golpe de karate... De 1964 a 1971, El Arropiero regaba muerte en su vagabundeo. La policía pudo comprobar ocho de esos crímenes, dio verosimilitud a otros 22 y no siguió investigando los demás. Cuando iba en el coche policial, escucharon por la radio el caso de un mexicano al que se le atribuían 49 crímenes. "Este te gana", bromeó el policía. "Señor inspector" -contestó El Arropiero- "déjeme libre tres días más. No deje que ese mexicano me gane".
BERNARDO SÁNCHEZ.
ARROPIERO, EL VAGABUNDO DE LA MUERTE.
«Más de 20.000 alumnos han pasado a lo largo de siglo y pico de existencia de la Academia por sus aulas. La exposición de los trabajos realizados, la entrega de diplomas y las visitas de personalidades a las clases han sido tónica permanente de todos los tiempos. Muchos alumnos encontraron en las enseñanzas de la Academia la orientación hacia su futuro profesional como arquitectos, pintores, músicos y oficios artesanos.» (Del catálogo de la exposición: Un siglo de Actividad e Historia).
Juan de Mata, Expedito, Genaro del Cuvillo y Sancho (El Puerto 08.04.1898, Sevilla 16.09.1974) fue el primer vástago del matrimonio compuesto por los primos hermanos Don Carlos del Cuvillo y Sancho y Doña Dolores Sancho, hijos de dos rancias familias bodegueras. Por no se sabe qué razón, o si por enfermedad en edad menor, Juan de Mata perdió la cordura y terminó sus días en una casa de templanza en Sevilla, luego de haber sido un educado ciudadano y un tranquilo, curioso y simpático especímen. Ocurrió que, en edad nubil, conoció a una señora de Cádiz, con la que quiso contraer matrimonio, en contra de toda su familia. Diariamente, Juanito Cuvillo, como se le conocía, se acercaba a la Iglesia de San Francisco, donde, al fondo, estaba el confesionario del Padre Lambertini, S.J., al que le contaba sus cuitas amorosas y los pormenores de la oposición familiar. Día a día, como una gotera. Tan harto estaba el P. Lambertini, que un mal día, al acercarse al confesionario Juanito, le espetó: «--Juan, retírese o llamo a la Guardia Civil». Y acto seguido el jesuita le señaló una línea de losas de la iglesia que nunca debería traspasar. Detrás de esa línea estaba el confesionario. Y a la línea le puso Juanito "el Paralelo 38". (En la fotografía, Juanito Cuvillo, cuarentón. La fotografía pertenece a la colección de José Joaquín Sánchez Sena).
Pero su más íntima frustración era no haber sido Gobernador Civil de Cádiz. Le habían dicho que el nombramiento estaba al caer y que dependía tan sólo de una firma. Y Juanito preparó su discurso de toma de posesión que leía en alto, bien entonado, en todas las casas portuenses, donde tenía acceso y era muy querido, subido en una silla. En ese trance, Juan se transfiguraba, como aquel Loco del Pumarejo, o aquel Loco Amaro que pasaron por la vida dando sermones de pega y de cuyas historias han quedado escritos cronicones famosos.


’LA VOZ DE LA BAHÍA habla hoy por primera vez. Y sus palabras iniciales han de ser para lanzar a estos cuatro vientos nuestros, orlados de espumas y de gaviotas, la cálida voz de nuestra llamada. Nuestro periódico quiere ser de todos. No es el manifiesto de un grupo determinado, el portavoz de una bandería ni el estandarte de una camarilla. LA VOZ DE LA BAHÍA pretende ser esto: el micrófono de la salada claridad de espumas que rodea nuestro Puerto mariano, el registro de cada una de las varias notas de sus vientos, el altavoz que lleve a todos cuantos quieran oír, el pensamiento y la opinión de cuantos quieran hablar. Por eso no te saludamos, lector, como solo lector. Nada queremos de ti, si sólo nos lees. Necesitamos tu opinión, tu crítica, tu mensaje, tu voz. Necesitamos el diálogo contigo. Porque LA VOZ DE LA BAHÍA quiere ser voz múltiple y plural. El vehículo de la conversación, del intercambio; de la polémica, si fuera necesario. Porque hablando se entiende la gente. Y eso es lo que queremos nosotros: conocernos. Porque conocer es amar. Nuestra primera voz, debe tener, pues, este carácter de pregón. Pero también de saludo. Saludo cálido y cordial para ti, lector, a quien ya adivinamos como a nuestro amigo y colaborador. Saludo respetuoso, con afirmación de servicio, a la jerarquía de la Patria, y a quien sobre todo, después de Dios, queremos servir. Saludo fraterno, de hermano menor, a nuestros colegas de la prensa provincial, de quienes esperamos aliento y consejo. A todos con emoción, con afecto, con inseguridad balbuciente, pero con firmeza, el saludo primero de LA VOZ DE LA BAHÍA”. 



Al final me enteré por qué mi padre, en broma, saludaba a Francisco Dueñas Piñero (Ubrique,1905-El Puerto 1986) con aquel "Venerable Fray Francisco de la Menor Observancia". Y yo pensaba que era porque Dueñas tenía gafas y no veía bien. Pero no. Dueñas, el más polifacético de todos los personajes que he conocido, comenzó de pastor, de curtidor de pieles, y, en 1921, ingresó como hermano lego en el convento de Capuchinos de la Menor Observancia de Sevilla. Como fraile estuvo de misionero en la República Dominicana, donde aprendió música y, en 1930, volvió a España para cumplir su servicio militar. (La fotografía de la izquierda pertenece a la colección de Vicente García Díaz. Es de Rafa y está tomada el 8 de mayo de 1980.).

Del mismo modo se le podría encontrar tocando el órgano en un bautizo, en una primera comunión, en una boda, de sochantre y organista en un funeral, o cantando los "gori, gori" en un entierro. Como músico, compuso muchas piezas notables, pero que yo recuerde, entre las de música sacra, tuvieron un gran predicamento una "Ave Maris Stella" y los Gozos de Nuestro Padre Jesús Nazareno que cantaba y acompañaba durante los famosos quinarios. No hubo nadie con mayores merecimientos para tener sobre su pecho la Medalla del Mérito del Trabajo que se le concedió con motivo de su jubilación en 1975, ni nadie más indicado para tener una plaza de la ciudad con su nombre, como la tiene. La Banda Municipal, hoy, se llama "Maestro Dueñas" en su recuerdo. Y, la verdad, es que la gente no se explicaba si había muchos Dueñas clónicos, o si era uno sólo. Porque, como Dios, estaba en todas partes, se multiplicaba, se transmutaba: en una hora lo veías de particular, por la calle con su "Mobilette", vigilando las obras, tocando el órgano en una boda en el coro, con el uniforme de la Banda en un acto, con sotana y roquete en un entierro y, de pronto, otra vez de paisano... Y todo sin perder la compostura, sencillamente". (Texto: Luis Suárez Avila). (Foto: Academia de Bellas Artes).

Enrique Pérez Fernández hace referencia en un librito homenaje sobre los 150 Años de Música en El Puerto, auspiciado por la Banda de Música Maestro Dueñas «que la “masa coral” apuntada en artículo de Buhigas era la Capilla Musical, que desarrolló su labor al amparo de Acción Católica una de las voces solistas fue la de la popular 












