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kettycastillopacheco_puertosantamariaEnriqueta Castillo Pacheco, Ketty, nació en Santa Fé (Granada) el 6 de septiembre de 1956, hija de José Castillo Padial, granadino y de Enriqueta Pacheco Albalate quien, aunque nacida en Cádiz y vecina de El Puerto, en 1955 se casa el 20 de diciembre de 1955 y se va a vivir a Granada. Era alcalde de El Puerto Luis Caballero Noguera. Su padre, empleado del Banco Hispano Americano, trasladado en los cincuenta del siglo pasado a la oficina de la calle Larga, donde conoció a la que sería su esposa. Ketty es la mayor de tres hermanos, junto con José --ya fallecido-- y Oscar. Está casada en segundas nupcias con Armando Hutchion Azcuy (ver nótula núm. 300 en GdP), celebrando la ceremonia en La Habana (Cuba); su esposo tiene dos hijos que viven en la isla. Aficionada a la lectura y escritura, el senderismo y la jardinería.

SUS ÚLTIMAS NOVELAS.

“La Fuente de las Lágrimas” es la segunda novela de Ketty Castillo.  La  primera fue “La Mirada Infinita” (Alcalá Grupo Editorial), ambientada en Cuba e inspirada en la historia de su bisabuelo, Francisco Padial Rodriguez, emigrado a Cuba a principios del siglo XX y desaparecido poco después sin dejar rastro. También es autora de un libro de viajes sobre Cuba que aún no ha sido publicado.

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Durante la presentación, en abril de 2008, de su primera novela 'La Mirada Infinita', junto al Jefe del Servicio de Fomento y Promoción Cultural, Antonio Ahucha Femenía.

Por tanto, “La fuente de las Lágrimas” (Ediciones El Boletín), es el tercer libro de Ketty Castillo. Esta historia está inspirada en un suceso real ocurrido en 1954 en Granada, en la casa de sus abuelos, en la misma donde ella vivió de pequeña. Narra un crimen pasional en el que se ven implicados un republicano y un falangista que se ven obligados a convivir bajo el mismo techo. Partiendo de ese suceso, Ketty teje una ficción que se confunde con la realidad de una de las etapas más negras de la Historia de España. Novela, negra, novela histórica, drama...

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Durante la presentación de 'La Fuente de las Lágrimas, con el editor de Ediciones El Boletín, Eduardo Albaladejo Manzanares, en la Casa de Rafael Alberti el 17 de abril de 2013. El prólogo es de Juan José Téllez.

“La fuente de las Lágrimas” recrea la tragedia de la guerra civil en Granada y la huida de algunos de sus personajes hacia zona republicana, atravesando los montes de la Alfaguara, el bellísimo entorno donde Ketty pasó los mejores veranos de su vida. El mismo donde asesinaron a Lorca y a más de dos mil personas, víctimas de la represión franquista. El título de la novela se debe a un manantial que existe en aquellos parajes, cuyas aguas fueron encauzadas por los árabes para abastecer la Alhambra y el Albayzín. Los árabes la llamaron Aynadamar: La fuente de las Lágrimas. Pero el título también es alegórico a la tragedia que viven sus personajes, marcados por la guerra civil.

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La niña Enriqueta, con sus padres en Santa Fé (Granada), con apenas dos años.

De pequeña vivió en Santa Fé (1956-1961) en la calle María Jesús, conocida como ‘la calle del Cine’ donde se ubicaba el único cine del pueblo. Afirma que por eso es tan peliculera. En Grranada (1961-1968) en varias viviendas. Los veranos de 1964 a 1975 los pasaba en una casita de Alfacar, al pie de la sierra de la Alfaguara, donde vivió los mejores momentos de su infancia y adolescencia. Su pubertad y adolescencia la vivió, también por los traslados familiares en Málaga (1968-1978). Después de su primer casamiento continuó en Málaga, hasta su traslado a El Puerto en 1986, donde ha tenido diferentes residencias. Su proyecto: vivir en Cuba.

Estudió entre Santa Fé, Granada y Málaga, donde inició estudios en la Facultad de Medicina. Antes de llegar a la Radio, hizo casi de todo: Clases particulares, cuerpo de limpieza en hotel, cuidadora de niños, vendedora de cursos de inglés sin tener ni idea del idioma, dependienta en una papelería-librería…

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De izquierda a derecha, Juan Clavero, Ketty Castillo, Salvador González, Sole Duro, Agustín Álvarez, Fito Carreto y Toñi Flores, en el reciente encuentro celebrado en 'La Andreíta': "Delante y detrás de la noticia', el pasado 1 de junio de 2013.

DE SER PUERTO A CANAL SUR.

A su llegada a El Puerto comienza a trabajar en SER Puerto, en la calle Misericordia, como locutora y periodista. Dos años mas tarde, en 1988, en SER Málaga, tanto en Onda Media como FM. En 1989 aprueba las oposiciones de RTVA, y desde entonces trabaja como redactora en los Servicios Informativos en Canal Sur en Cádiz.

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Con un grupo de amigas, en Bodegas Osborne, tras la presentación de su primera novela.

PREMIO 28 DE FEBRERO. La historia de Caparrós.

En 2003 recibe el Premio de Periodismo ‘28 de Febrero’ al mejor programa de radio emitido durante 2002, otorgado por el Consejo Asesor de RTVE-A, uno de los más prestigiosos de Andalucía, por su trabajo de investigación: ‘4-D: la verdadera historia’. En dicho reportaje sobre los sucesos ocurridos en Málaga durante la manifestación pro autonomía del 4 de diciembre de 1977, en la que fue asesinado José Manuel García Caparrós. Se desvela por primera vez en 25 años el nombre de Juan Manuel Trinidad Berlanga, el joven que escaló la fachada de la Diputación Provincial de Málaga, para colocar la bandera andaluza en el balcón principal. Este hecho fue el que desencadenó la brutal carga policial que acabó con la vida de García Caparrós. Durante 25 años, y todavía hoy se sigue haciendo, se había difundido el error histórico de que fue García Caparrós quien colocó la bandera andaluza en la Diputación. El pasodoble de la agrupación carnavalesca ‘Raza Mora’, cae en 1978 en dicho error con su copla ‘Un cuatro de diciembre’.

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 En el malecón, en La Habana (Cuba) con su esposo Armando y unas amigas.

COMPROMISO POLÍTICO.

De ideología republicana, está afiliada al sindicato CCOO y a la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. Colabora con los movimientos de solidaridad con Cuba, cuya revolución defiende sin ambages. En su juventud militó en el desparecido PSA (Partido Socialista de Andalucía), que abandonó cuando dejó de ser un partido de izquierdas; desde entonces no ha vuelto a militar en ningún otro, aunque no oculta sus simpatías por IU (Izquierda Unida), con el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), con Ecologistas en Acción y con el Movimiento 15M.

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Hace casi cuarenta años, cuando llegué destinado a El Puerto de Santa María, me sorprendió el extraño nombre que tenía un colegio de la ciudad. El centro se llamaba Colegio Nacional La Sericícola.

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Granja Sericícola de El Puerto, al fondo de la fotografía; en primer término, la anterior gruta del Paseo de la Victoria.

Tengo que reconocer, sin ningún rubor, que no sabía el significado de aquella palabra que oía casi por primera vez en mi vida y como ésta se usaba en la ciudad de una forma muy común y frecuente, me daba vergüenza preguntar por su significado; pero en cuanto tuve oportunidad consulté un diccionario, aprendiendo que sericícola es la industria que tiene por objeto la obtención de la seda.

Aclarado éste punto, me enteré luego de que en el lugar en el que se asentaba aquel colegio, hubo, muchos años atrás, una enorme granja en donde se criaban gusanos para la posterior obtención de la seda. Esta industria existió en muchas otras ciudades españolas, en alguna de las cuales alcanzó años de gran esplendor y mayores beneficios económicos.

cartilla_gusano_moreraEn mi tremenda incultura, no sabía que España hubiese sido un país productor de seda porque siempre había creído que toda la seda se producía en Asia, en donde la laboriosidad y paciencia de sus habitantes hace que sea posible desenrollar un capullo y sacar un hilo de mil quinientos metros de longitud. No era capaz de imaginarme a ningún otro ciudadano del mundo con la paciencia para desliar el capullo sin que se le rompiese el hilo. Pero luego empecé a pensar en las famosas camisas de seda italiana o pañuelos y corbatas de seda francesas e italiana y aquello me llevó a recapacitar que esos países producían seda, o simplemente que la importaban de Asia y la tejían, creando así una industria preeminente. /En la imagen, Cartilla para la propagación de la Morera y cría del gusano de seda.

No encontraba una explicación por la que siendo la seda un producto cada vez más solicitado, su producción hubiera desaparecido en España, si es que aquí fue realmente una industria importante, pero años después me encontré con un cuadernillo llamado Cartilla para la propagación de la Morera y cría del gusano de seda en donde ya me enteré de todo lo que tenía relación con esa industria milenaria y las causas de su desaparición en España.

Antes que nada y por centrar un poco el tema, conviene explicar que el gusano de seda es un animal originario de China (Bombix mori), que ya se conocía tres mil años antes de nuestra Era y en donde su cría estaba protegida por leyes tan severas que castigaban con la pena de muerte al que traficase con gusanos, mariposas y huevos, o los sacase del país o, simplemente, explicase cuales eran los secretos de aquella industria; y eso era porque la seda se consideraba un material esencial en la moda de las familias imperiales y la alta burguesía china.

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Recogiendo hojas de morera.

El larguísimo hilo que se saca de un capullo pesa menos de doscientos miligramos; es decir, se necesitan cinco  capullos para obtener un gramo de finísimo hilo. Pero de un hilo tan especial que aún no se ha conseguido ninguna fibra artificial que lo sustituya. El tacto y textura de un tejido de seda es inmediatamente apreciado por cualquier persona, por poco familiarizado que esté con el producto.

Después de siglos de hermetismo, los gusanos de seda salieron de China y se expandieron por el mundo. Primero, el secreto se trasladó a Japón y luego, la mítica reina asiria Semíramis, ochocientos años antes de nuestra Era, recibió de un pueblo de Asia, al que había vencido, los secretos de la cría del gusano y la obtención de la seda. En Occidente se introdujo alrededor del siglo V, cuando dos monjes nestorianos que iban a predicar a Oriente, recibieron del Emperador de Bizancio el encargo de hacerse con simientes de gusanos de seda y del árbol que se usaba para alimentarlos. Escondidos en el interior de sus bastones, que habían ahuecado pacientemente, lograron sacar las preciadas semillas.

criagusanodelamoreraTan importante fue este elemento en la antigüedad que la famosa ruta que unía la China con Europa Occidental, en su paso por Asia, recibía el nombre de Ruta de la Seda. Desde entonces la cría del gusano se popularizó y se extendió a todo el mundo, incluso como divertimento de la juventud y una maravillosa manera de contactar con la naturaleza. Tal era el aprovechamiento económico de aquella industria que al árbol de la morera se le llamaba en Francia “el árbol de oro” y es que, en realidad, la producción de la seda daba muchos puestos de trabajo, sobre todo a mujeres y personas mayores.

Una industria altamente productiva que por el contrario soportaba costos bajos y para lo que, en principio, bastaba con un desembolso inicial en huevos de gusanos y la posibilidad de aprovechar las hojas de una plantación de moreras blancas. Con esos escasos ingredientes, los beneficios eran altísimos, tanto que algunas ciudades españolas como Sevilla, contaba con más de diez mil telares en donde se tejían las sedas producidas casi a pie de fábrica; en Valencia y Granada había dieciséis mil, en Murcia catorce mil y así en muchas otras provincias españolas, pero lo que más me sorprendió del cuadernillo del que estamos hablando es que en El Puerto de Santa María había cinco mil tornos para elaborar el torcido de los hilos de seda, aunque no hubieron telares.

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Dando de comer a los gusanos de seda.

Era evidente que la granja de gusanos de seda que había dado nombre a aquel colegio, debió ser lo bastante importante como para que a su alrededor se mantuviese semejante producción industrial. Cuando una vez comenté este detalle con personas mayores que habían vivido en aquella zona muchos años atrás, me comentaron que más que una industria dedicada a la cría del gusano, aquello era un inmenso arbolado de moreras blancas, perfectamente cuidadas y mantenidas y que se fueron arrancando cuando su aprovechamiento exclusivo, las hojas, dejaron de tener utilidad.

...continúa leyendo "1.828. LA SERICÍCOLA."

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Un árbol es considerado singular cuando destaca del resto de los ejemplares de su misma especie, bien sea por adoptar una forma poco habitual, tener una avanzada edad, poseer dimensiones excepcionales, adquirir un alto valor paisajístico, localizarse en lugares poco habituales para su especie, por su historia o tradiciones populares, o sencillamente por su rareza.

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Pinar de Coig. Vista aérea. Google Map.

La Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, ha realizado una catalogación de estos árboles y arboledas singulares y ha editado un libro donde se recoge el Inventario de árboles y arboledas singulares de la provincia de Cádiz.

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El Pinar de Coig, visto desde la carretera de El Puerto a El Portal, antes del Yacimiento Arqueológico de Doña Blanca.

En El Puerto de Santa María se han localizado tres lentiscos singulares en el denominado Pinar de Coig. La influencia humana en el Pinar de Coig es grande, al estar estos pinares rodeados por edificaciones. Presentan un sotobosque variado, que junto a los caminos existentes y los claros hacen que la variedad cromática sea  elevada.  La calidad paisajística del conjunto puede considerarse como alta.

Se pueden localizar en Google Maps.

LENTISCO DEL PINAR DE COIG I

lentiscopinardedcoig1_puertosantamariaLa singularidad de este ejemplar se halla en su porte arbóreo, superando los 5 metros de altura y llegando casi al metro de perímetro de tronco. El fuste, aparentemente único, se bifurca a 1,8 metros de altura, dando lugar a dos ramas maestras que sostienen una copa arriñonada y semiaparasolada. Esto último se debe a que en realidad este individuo estaba compuesto por dos brotes de cepa y uno de ellos ha caído al suelo y, aunque sigue vivo, ha dejado a la parte arbórea sin la antigua copa.

El Lentisco del Pinar de Coig I se encuentra en una zona de pinos piñoneros (Pinus pinea), cerca de la entrada al recinto de un área recreativa que pertenece al Ayuntamiento de El Puerto de Santa María. Está rodeado de una masa de lentiscos de portes arbustivos, pero de alturas nada desdeñables, y retamas (Retama sphaerocarpa). A los pies del árbol singular descrito existe una mata de zarzaparrilla (Smilax aspera).

LENTISCO DEL PINAR DE COIG II

lentiscopinardecoig2_puertosantamariaEl Lentisco del Pinar de Coig II sobresale por el grosor de su tronco y la altura. Es llamativo el porte arbóreo que ha adquirido, con más de un metro de perímetro de tronco medido a 1,30 m. y una altura total de 5,50 m., altura de fuste 1,95 m. y perímetro de la b ase de 1,80 m. Desde la cruz emergen dos ramas gruesas que conforman una copa poco poblada de hojas, con una proyección e 34,7 metros cuadrados, pero que permiten apreciar la belleza de las ramificaciones secundarias.

Está emplazado en el límite oeste de la zona acotada como área recreativa, próximo al carril de acceso y rodeado de otros lentiscos y zarzaparrillas (Smilax aspera). El matorral circundante lo compone la retama (Retama sphaerocarpa), jaras (Cistus salviifolius, Cistus crispus) y alguna chumbera (Opuntia ficus- indica). El suelo es arenoso aunque la pinocha que lo recubre casi no deja verlo.

LENTISCO DEL PINAR DE COIG III

lentiscopinardecoig_3_puertosantamariaDe nuevo, junto al cercado existente en el Pinar de Coig, se hace notable la presencia de otro formidable ejemplar de lentisco. Es el Lentisco del Pinar de Coig III, que cuenta con un tamaño excepcional, superando los 6 metros de altura. El fuste se encuentra inclinado y se ramifica a 1,85 metros del suelo. Exhibe una gran copa aparasolada y densa.

Es el más alejado de la zona recreativa y se encuentra en un talud rodeado de acacias (Gleditsia triacanthos) que constituyen un seto espinoso casi inaccesible. En el estrato arbustivo se describen coscojas (Quercus coccifera), retamas (Retama sphaerocarpa), palmitos (Chamaerops humilis) y otros lentiscos. Enfrente se vislumbra la costa tras una zona de cultivos y a las espaldas está el pinar de pino piñonero (Pinus pinea).

MÁS INFORMACIÓN:

Lentiscos y setas en el Pinar de Coig. Por Paco Vera en su blog Ch’usay. Pulsar aquí.

Pinar de Coig, historia de delación y permisividad. Artículo de Emilio M. Cañas en Diario de Cádiz. Año 2008. Pulsar aquí.

 

9duquedemedinaceli_puertosantamariaEl sol era un disco granate que apareció sobre los meandros del Guadalete en la amanecida del dos de agosto de 1688, hace justamente 325 años y un día. En esa época del año apenas era perceptible la rociada  que habitualmente cubría el suelo marismeño y las copas de los numerosos pinos que, formando manchones, poblaban la isleta que se establecía entre los ríos Guadalete y San Pedro. En esta amplia y llana extensión, alternaban zonas de marismas y otras similares a una tundra, en la que se ubicaban las salinas,  con otras de bosquecillos de pinos  y terrenos de libre pasto vecinal, zona que respondía al calificativo de “coto de los conejos” por la gran cantidad de estos sabrosos mamíferos nacionales que resultaron todo un descubrimiento cuando griegos y romanos pisaron por primera vez la península ibérica y los conocieron y cataron, según refiere el historiador griego Polibio (siglo II antes de Cristo) que es el que describe por primera vez este animal ibérico, más pequeño que la liebre, que si conocían. /En la imagen, retrato de Luis Francisco de la Cerda. Óleo sobre lienzo, obra de Jacob Ferdinan Voet, que se custodia en el Museo del Prado.

Desde primera hora de la mañana, al filo del amanecer, numerosos sirvientes del duque de Medinaceli se habían congregado en uno de estos manchones de pinar, a poco más de una legua de la ciudad, cercano al río San Pedro. Dos carretas, de las llamadas “galeras”, tiradas por bueyes, habían llevado el día anterior todo el material logístico necesario  para la jornada cinegética que tendría lugar en este mismo escenario, principal acto lúdico de los que ese día, el del 27 cumpleaños del mayor de los varones del duque don Juan Francisco, estaba programado. Unos, montaban varias tiendas de las usadas por el ejército que servirían para dormir la siesta tras el suculento almuerzo y reponerse del cansancio por el trasiego y ejercicio de la caza y, tal vez, para los más jóvenes y osados,  para refocilar con alguna de las doncellas del servicio. Otros preparaban mesas,  palios y entoldados que la cubriesen y los encargados de la regia pitanza que se preparaba disponían una compleja cocina de campaña en la que se prepararían las piezas de caza –perdices y conejos- de muy diversas maneras: con arroz, estofado, -con patatas, champiñones y tomates secos-, guisado en caldereta con las perdices y hasta en adobo, utilizando las primeras piezas cazadas. A las carnes, por aquello de no existir unanimidad en cuestión de gustos, se le añadía una docena de cochinillos que se traían vivos y se sacrificaban allí mismo sirviéndolos asados con el complemento de almejas y coquinas cogidas en las inmediaciones y también cangrejos y algunas piezas de pesca, si hubiese suerte en los lances realizados en paralelo a la caza. Todo ello, por supuesto, regado con buenos vinos de diversa tipología y el colofón del postre de frutas frescas, recién cogidas, entre las que destacaban rojas sandías y dulces higos brevales.

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Pinares. Óleo de Manuel Sosa.

Aparte, el personal que colaboraba en la jornada cinegética. Los armeros ponían a punto  escopetas y arcabuces. Los encargados de las jaurías mantenían como podían el orden entre los inquietos podencos y los porteadores de las jaulas de madera y alambre llenas de cebadas perdices, criadas en cautividad, se habían alejado para situarse en la zona desde donde darían suelta a las aves, a las que azuzarán oportunamente con retamas para que levanten el vuelo y sean presa fácil de los invitados a la cacería. A la extensa población de conejos, le venía bien una limpieza como la que se produciría este día. Tan bien como a los conventos y al hospicio que recibirían, por orden del duque, una parte de las piezas cobradas. El encargado de los hurones, guardados en cestas de mimbre, oteaba el camino esperando ver de un momento a otro la polvareda que indicase la inminente llegada de los caballeros participantes en la cacería, pero antes de que esto suceda, debo ilustrar al lector sobre la figura del personaje en honor del cual se celebraba la cacería: Luis Francisco de la Cerda y Aragón.

Juan-Francisco-II-Tomas-de-La-Cerda_8_Duque-de-Medinaceli_puertosantamariaEra hijo de Juan Francisco de la Cerda y Enríquez,  VIII duque de Medinaceli, --a la izquierda de la imagen-- el cual, con mucho mundo vivido y un tanto hastiado por las responsabilidades que cayeron sobre sus hombros en años precedentes pasaba grandes temporadas en sus dominios portuenses haciendo vida de prejubilado de Estado, pues siendo aun relativamente joven –tenía 50 años- podía montar, jugar al billar y a los bolos y otras actividades como la caza, negadas a personas  de mayor edad, alternando estas acciones ociosas con sus deberes y obligaciones de carácter privado, el despacho, dirección y administración de su Casa y la  presidencia del cabildo ducal que regía los destinos de la ciudad.  Luis Francisco de la Cerda, en esa fecha, era general comandante de la escuadra de galeras de Nápoles, a las órdenes del virrey de aquel estado español, el marqués del Carpio.  Llevaba cuatro años sin ver a la familia, desde que en 1684, contando 24 años,  fuese nombrado para tan importante cargo. Aprovechó una escala realizada por la escuadra napolitana en Cartagena, en una de las visitas recíprocas que habitualmente se producían entre esta y la escuadra española de galeras que, como conocerá el lector, hacía años que  había trasladado su base desde el Gran Puerto de Santa María a la ciudad murciana de Cartagena, patria chica de Isaac Peral, para acercarse a su ciudad natal y celebrar su 28º cumpleaños con sus padres, el ya mencionado VIII duque de Medinaceli y Catalina Antonia de Aragón, duquesa de Segorbe, que tenía en esa fecha 53 años, y  hermanos, en realidad una sola hermana soltera, Ana Catalina, que tenía en esa fecha 25 años. De los catorce hermanos restantes, nueve habían fallecido en esa fecha y solo vivían otras cuatro hermanas: Feliche, Juana, Lorenza Clara e Isabel María, todas casadas y residentes en diversos lugares de la península e Italia.

Pronto, la nutrida comitiva, se hizo visible en la senda que llevaba hasta el lugar elegido para montar el campamento. La encabezaba el portaestandarte ducal al que seguía el capitán de la compañía de milicias del duque, a modo de escolta, y el grupo de caballeros que rodeaban al propio duque y a su hijo, al que acompañaban algunos de sus tenientes, capitanes de las galeras de su escuadra, seguidos por otros invitados como eran el alcaide, algunos regidores y caballeros de los denominados “cuantiosos”,  es decir, personas que sin estar al servicio expreso del duque, tenían o contraían  obligaciones militares para con él, en el caso de ser requerido para ello.

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Pinares. Óleo de Sosa.

La jornada de caza transcurrió, tal como estaba previsto, con gran lucimiento de los participantes, cobrándose numerosas piezas. Después de retozar con poca ropa por la orilla del río y refrescarse en él, se entregaron al yantar,  bebiendo sin mesura, conforme era costumbre, entre plato y plato, con   gran vocerío y escándalo. En la sobremesa, el duque preguntó a Luis Francisco por el comportamiento del arcabuz de caza que le habían regalado por su cumpleaños, una verdadera joya, digna de un príncipe. La cureña de madera noble estaba recubierta con planchas de latón dorado profusamente decorado con motivos geométricos y buena parte de las incisiones y surcos cubiertos con granates y  esmaltes en blanco y negro. En el lomo del largo cañón empavonado, haciendo  contraste con su color obscuro, figuraba una chapa de oro con la inscripción: “SOI DE D. LUIS FCO DE LA CERDA Y ARAGÓN”. Después, la conversación giró en torno a incidencias de la escuadra de galeras y la necesidad de contratar cada vez a mayor número de remeros de los llamados de “buena boya” ante la escasez de esclavos y penados que cubrieran todos los puestos…  del espectacular montaje del retablo en la capilla de la Cofradía del Santísimo Sacramento en la Prioral con las placas de plata que trajo de San Luis de Potosí el capitán Juan Camacho, participante en la cacería… sobre la ambición de poder de Luis XIV de Francia y la guerra que se veía venir  y de otros muchos chismes de la corte.

Al atardecer, cuando el mismo disco con el que iniciamos nuestro relato, estaba medio oculto tras las doradas dunas, los viñedos y lo olivares de la costa Oeste que conformaban la línea  del horizonte desde el puente de barcas, por encima de los edificios de escasa altura que se alineaban en la ribera del Guadalete,  tiñendo de púrpura el azul purísimo del cielo, la nutrida caravana estaba de vuelta. A su paso, el vecindario, como si de una procesión se tratase, salía de las casas o se asomaban a ventanas y balcones y toda la chiquillería les acompañó por la marina y la calle de los Oficiales hasta que llegaron a su destino final, el palacio del duque.

Medinaceli_De-La-Cerda_escudo_thumb[3]La Historia que conocemos, en general, es la que han querido contarnos los contemporáneos de cada época, sin que podamos saber con certeza plena si sucedieron de la forma en que se indican o de otra bien diferente, enfrentada a los intereses o ideales del que los narró.  Hemos querido referir una escena imaginaria, como habrá podido deducir el lector, que bien pudiera haber sucedido tal como la hemos recreado. Este importante personaje es bien real. Nació en El Puerto de Santa María en 1660, y falleció sin descendencia en Pamplona, en 1707, encarcelado por una supuesta conspiración contra Felipe V. Fue el IX duque de Medinaceli desde 1691, fecha del fallecimiento de su padre y entre los muchos cargos que desempeñó figura el de virrey de Nápoles. /En la imagen, escudo de la Casa Medinaceli.

Con él la casa Medinaceli pierde la varonía mantenida desde el II duque, también nacido en El Puerto de Santa María, pasando el título a los descendientes de su hermana Feliche María. /Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz - A.C. Puertoguía.

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José Fernández Rodríguez, en el almacén de comestibles ‘Casa Joselito’ en la calle Postigo, 24, en noviembre de 1948. Anuncios de la época, género al por menor, latas y embutidos que ayudaron, gracias a la generosidad y la paciencia de Joselito, a tirar para adelante a muchas familias.

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José Fernández Rodríguez, nació hace casi 90 años en Tuy, en el Concejo de Porriño (Pontevedra). Con once años -en 1934- vino a El Puerto de chicuco, para ayudar en el almacén de unos gallegos existentes en la esquina de la calle Cruces con Postigo: “La Gloria” que luego sería un bar y freidor de pescado. Allí estuvo hasta que se fue al servicio militar. A la vuelta montó en la esquina de la calle Capillera con Postigo un almacén de comestibles y una taberna, “Casa Joselito”. Le alquila a Armando Micaletti un corral que había enfrente y construye con sus manos una especie de posada para los trabajadores que venían a trabajar a las diversas grandes obras públicas que se hacían en la zona; así les daba cama y comida.

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En 1958, el 25 de noviembre, de izquierda a derecha: Mercedes, Rafael y Jose -Joselito- Fernández Rodriguez y Paco Peña, tras la barra del restaurante.

Los negocios van prosperando, adquiere ese local y en 1955 abre, el que sería el primer “Bar Jamón” cuyo nombre fue puesto por los clientes, dado el tamaño de las lonchas de jamón que ponía como tapas. Da un nuevo giro al negocio y lo divide en tres partes, intercomunicadas entre sí: el Bar, una Confitería y un nuevo Almacén de comestibles, que con el tiempo, tras las múltiples reformas vividas por el establecimiento, sería el supermercado del Barrio Alto. Para la cocina, para seguir con el éxito de las comidas caseras, Joselito se trajo de Galicia a su hermana Mercedes y luego a su hermano Rafael, quien permanecería hasta su jubilación en la barra del bar de la calle Capillera. Los guisos de conejo, el pollo guisado, riñones al vino fino, berzas varias, eran el argumento por el  que muy pronto se hizo conocido el nuevo establecimiento.

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El día de la inauguración oficial  (25 de noviembre de 1958) del Bar Jamón en la Calle Capillera. De izquierda a derecha, Francisco Fernández Galloso, pelando unas gambas, niño desconocido, Francisco García Máiquez, Juan Rodicio, Manolo Verde, Joselito Fernández Rodríguez, Ricardo Rodríguez Álvarez, de La Bota de Oro; Ariza,  del Banco Hispano Americano, Rivera, Francisco Martín Repollet, Sabas Manuel Martín Repollet, Rafael González Bruzón y Francisco González Rivera.

La empresa funciona a base de mucho trabajar y a principio de los sesenta del siglo pasado se abre una terraza en la azotea. Llega la televisión y en 1963 es el segundo televisor que se instala en un establecimiento de comidas y bebidas en El Puerto, tras el Bar La Liga; la vieja Philips se jubilaría después en el domicilio familiar de Joselito, donde no llegó la televisión hasta que se compró una nueva para el bar. Los niños de los clientes, y los  vecinos del barrio, veían las películas de los domingos sentados en la escalera de acceso a la terraza. E innovador como era, se inventó un montacargas de tracción manual para subir los alimentos desde la cocina al piso superior.

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Chocolate Zahor regalaba una batería de cocina, pieza a pieza, entre su clientela. Estamos en 1964, en el almacén de Joselito, repartiendo las piezas del conjunto entre la clientela. Vemos a la izquierda a Marcelino, Pepi, Fale de niño, Rafael Fernández en el reparto, entre otras a Isabel y su hija y a la madre del popular Luichi, ya sacado en estas páginas con nótula propia. Chocolate El Gorriaga, entregaba, también, un balón de reglamento -de cuero- entre sus consumidores.

Recuerda Pepe, el hijo de Joselito, que los clientes traían el marisco desde Romerijo, y se sentaban en las numerosas mesas que se habilitaban en la calle Capillera, entonces de arena, que previamente regaban y preparaban para recibir las avalanchas que se desplazaban, entonces, calle San Juan arriba, por el Barrio Alto. Hasta se instaló un toldo para hacer más cómoda la estancia a la parroquia. En 1974 se hace una nueva ampliación y nuevas mejoras estéticas vendrían seis años mas tarde, en 1980, con su hijo mayor, Pepe Fernández cada vez más implicado en el negocio, donde había aprendido a hacer de todo y por tanto lo conoce desde sus cimientos.

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Interior de la barra del restaurante en la calle Capillera, que aguantó hasta el final, tras la reforma de 1980. Rafael Fernández, tío y sobrino, tras la barra.

Una navidad, Joselito se pertrechó tanto de jamones que tuvo necesidad de colgarlos del techo del bar, lo que acabó por convertirse en una peculiaridad del establecimiento: los turistas venían a hacerle fotos y los americanos, especialmente, se sentían gratamente “condecorados” cuando una gota de la grasa que goteaba de la pieza del gorrino les señalaba la chaqueta. No se habían inventado aún las “chorreras”, que aparecieron mas tarde, primero de hojalata y luego de plástico. (La expresión “jamón con chorreras” o jamón “sudado” se debe al proceso de generación de sabrosos fluidos que sufre la grasa del cerdo con las subidas de temperaturas). Eran los tiempos del jamón a tacos -y Joselito se hartaba a cortarlos y prepararlos- y de una carne rellena o mechada única en su género que, con motivo de algún aniversario del establecimiento, deberían volver a mostrar a las nuevas generaciones de clientes de sus nuevos restaurantes. Es una vieja reivindicación de algún cliente devoto de aquel manjar -quien suscribe- que no se resigna a que haya desaparecido de la carta del restaurante. (En la fotografía, el afamado Pan de la Casa).

pandelacasa_puertodesantamariaLos negocios familiares se expandirían, abriendo su hijo Pepe, ya como gerente, La Bodedeguilla del Bar Jamón, en la calle Misericordia en 1989, y que  hoy regentan su otro hijo, Rafael y su nuera Mamen. Allí se inventó el Pan de la Casa (pan de cortijo ligeramente tostado, aceite de oliva del bueno, tomate y jamón), al que siguieron otros: de mechada, de queso, de huevo… Y ya lo copian en tantos sitios…. En 1998 se inauguraba el actual Bar Jamón junto a la rotonda del Molino Platero, emblema del grupo Jamefer, nombre comercial de José Fernández Rodríguez e hijos. /El pan de la Casa

Sus hijos siguieron con la expansión y durante años han dirigido otros negocios como la confitería “Los Sanluqueños” hoy “Ntra. Señora de la Merced” que lleva abierta 53 años y en la actualidad es regentada, junto con la cafetería, por Manolo Fernández. Ignacio tentaría a la suerte no hace mucho con La Casa del Chocolate, en pleno centro de El Puerto, entre Luna y Nevería, no estando la situación actual para apuestas de tanto nivel en nuestra Ciudad.

José Fernández Rodríguez, el gallego, ha dejado muchos negocios funcionando y un potente espíritu empresarial. Y seis hijos: Pepe, Manolo, Fale, Mercedes, Jesús e Ignacio. Hasta ahora se dedicaba a su huerta, a cuidar de los nietos, a hacer algún viaje por su tierra gallega y observar la vida desde la atalaya de tantos años vividos y trabajados. Nos dejaba la madrugada del 1 de agosto en la Clínica Santa María, a punto de cumplir 90 años. Descanse, justamente, en paz. /Texto: José María Morillo.

Hoy a las 10:00 en el Tanatorio de El Puerto de Santa María se celebrarán las honras fúnebres y posterior incineración.

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Visita a Bodegas Terry de Francisco Fernández Rodríguez 'Gallego', quien fuera popular  jugador del Sevilla y Barcelona y 36 veces jugador internacional de la selección española de fútbol.

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De izquierda a derecha: Desconocido, Javier Tosar Barrera, desconocido,  Francisco Fernández Rodríguez "Gallego", Sebastian Marroquin, Daniel Otero Rascon, Juan Quiñonero Anguiano. Año 1968. /Foto: Colección V.G.L.

El portorrealeño Gallego, nacido en 1944, fue 36 veces internacional con la Selección Española (18 victorias, 10 empates y 8 derrotas). Jugó la Copa Mundial de la Fifa 1966, debutando contra la selección argentina (2-1 para Argentina). Su último partido con la selección fue en Málaga en 1973, contra la selección de Grecia, (3-1 para España).