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Aclaro, que no son perritos calientes, por si alguien asocia el título, a la ingesta de salchichas por parte de un yanqui pobre. La  mañana de antesdeayer , trece y martes, por romper el maleficio, ni me casé ni me embarqué, simplemente hice algo inhabitual. A las 10, hora en la que se supone debería estar trabajando, como el resto de los ciudadanos que lo intentan, me senté en una de las mesas del mentidero de El Puerto, en El Cafetín de la Placilla (ver nótula núm. 003 en GdP); el solícito camarero, al segundo, estaba ante mí dispuesto a recoger la comanda. No había muchos veladores ocupados; de ahí la rapidez en servirme un café con leche y churros recién hechos.

Sonaban las 10 horas; puntual, según me informo, como todos los días, llega a su puesto de trabajo el indigente de los perritos. De la mano, una cuerda que al final se convierte en dos bridas a las que lleva sujetos sendos perritos, humildes, pobres como él, no pertenecen a ninguna raza conocida; tienen escaso tamaño; ojos de listos.

Los perritos obedecen a su amo simplemente observado sus gestos. De inmediato, los perritos, tratan de encontrar la mejor postura, a lo largo del escalón del escaparate de una tienda; mientras él, deja sobre el suelo, un mugriento zurrón, medio saquito de pienso y  una especie de plato, que ha confeccionado sobre la marcha con un trozo de papel de aluminio. Con rutinaria precisión, introduce su mano en el bolsillo, extrae dos o tres monedas y las sitúa en el interior del recipiente que ha fabricado. Mira a sus perritos y les ordena que les dejen espacio para él. Se resisten unos segundos, pues ya había logrado su mejor acomodo. Levanta un poco la voz, y logra que se separen dejando justo el espacio para que él se siente.

Poca gente circula a esa hora; raro, porque es la justa para ir al mercado; desconozco si es a causa de la crisis o del sueño, pues ahora las marías, a falta de otras distracciones, apuran las noches viendo el circo, en el que despellejan entre sí, los comentaristas - copresentadores - indagadores de vergüenzas ajenas y propias de la más… más… y más… y menos… menos… y menos… de las televisiones que padecemos.

El indigente, con su barba cuidadosamente descuidada de seis o siete días;  siempre se le ve igual, con una sonrisa franca, y un poder de comunicación con la que sabe captar la simpatía, y casi siempre, la conmiseración de las gentes; le hace una carantoña al niño que su mamá transporta en el cochecito, al tiempo que levanta la vista hacia la madre, y le dice: «--¡Vaya niño guapo, se parece a su madre!» Y ya tenemos la madre abriendo el bolso y dejándole una moneda. Los sábados por la mañana, no permanece sentado en el escalón, tiene mucho trabajo con el ir y venir de las mamás.

No es ambicioso; debe tener su tope de necesidad y no quiere más. Saca para su tabaco y probablemente para comer; dormir no sé donde lo hará, pero seguro que su simpatía le habrá logrado un refugio.

Esta mañana como digo, no había mucha gente; se quedó sentado en el escalón y mirándome, levantó el saquito de pienso añadiendo: «--¡Este es del caro! ¡No es del corriente!» Yo le respondo: «--¡!Que bien viven los perros!» «--¡No lo sabe Vd. bien, en la carnicería me dan los recortes de jamón y se lo mezclo con el pienso! ¡Viven como reyes!» Así están de dóciles sus perros, y de lustrosos, y de obedientes… ¿y él? Sin duda, es más feliz que el común de los vecinos que cruzamos la Placilla, ensimismados en cómo resolver los grandes problemas con los que nos levantamos a diario. Así tiene siempre esa sonrisa, y sus perros, que no sonríen, siempre están moviendo la cola de alegría. (Texto y fotos: Alberto Boutellier Caparrós).

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Pehr Löfling o Pedro Loefling, nació en 31 de enero de 1729 en Valbo Gastrikeland (Suecia), hijo de Erik Löfling y Bárbara Standman. Estudia con un profesor privado hasta que, con 16 años se matricula en la Universidad de Upsala, en un principio para estudiar Teología empero, influido por el profesor Carlos Linneo se apasiona por la Botánica y acaba cursando estudios de Medicina. Tutor del hijo de Linneo y ayudante de sus profesor, presenta tu tesis escrita sobre ‘Yemas y Retoños de los Árboles’ e ingrea en la Real Academia de Ciencias Sueca. /A la izquierda, silueta del científico.

ESPAÑA Y VENEZUELA.
Con 21 años viajará a España recomendado por su mentor, a instancias del rey Fernando VI, donde permanecerá entre 1751 y 1754, realizando una serie de colecciones de zoología, --especialmente ictiología-- y botánica, que enviará a Carlos Linneo a Suecia, entre las que se encontraban especies nuevas. Publicará sus estudios en la Gaceta de Madrid en 1752 y, a título póstumo, su mentor dará a conocer su único artículo científico Iter Hispanicum, eller resa til Spanska Länderna uti Europa och America 1751 til 1756 (1758), pues falleció, prematuramente con 27 años, en la actual Venezuela, a orillas del río Caroní, en la Misión de San Antonio de Caroní (Bolívar, Venezuela), siendo enterrado al pié de un naranjo junto a la iglesia, en la Misión de Santa Eulalia de Merecuri.

Quizás fue este El Puerto que, 30 años antes, conoció Pedro Loefling, visto desde el Matadero Viejo, detrás de la actual estación de Ferrocarril. “Vista del Puerto de Santa María”, óleo sobre lienzo, 70 x 95 cm, 1781-1785 (propiedad del Museo del Prado, en depósito en el Museo Naval de Madrid) [P1151]. Autor: Sánchez, Mariano Ramón (Valencia, 1740-1822).

1753. EL PUERTO.
Pedro Loefling permaneció por espacio de algo mas de tres meses en nuestra Ciudad, en 1753, mientras esperaba partir en la expedición que le llevaría a los límites del Sur de América o del Orinoco (en el viaje  realizó descripciones de peces, moluscos, crustáceos y medusas, y ya en Venezuela realizaría una interesante descripción de flora y fauna) y elaboró durante aquel periodo de tiempo, con la ayuda de los pescadores de El Puerto, el Primer Tratado Español de Descripción de Peces.

La sueca Solveig Nordin recoge en un estudio sobre su compatriota que «En Iter Hispanicum se puede leer sobre los peces que Loefling preparaba para la Reina de Suecia y probablemente algunos todavía están en Estocolmo, Suecia en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (Naturhistoriska Riksmuséet). [algo que la autora no tiene aún contrastado durante la redacción de este texto]

Se reproducen las páginas 93 y 94 del Iter Hispánicum En la segunda página, hace referencia a los 50-60 peces de El Puerto de Santa María que fueron enviados a la Reina de Suecia.

Traducción libre del texto, escrito por Loefling el 18 de diciembre de 1753, del Iter Hispanicum. «El 20 de Octubre, la misma fecha de llegar a Madrid hace 2 años, resultó ser mi primer día de viaje en mi Viaje Americana, y el 2 de noviembre llegué aquí al Puerto de Santa María y el 5 de noviembre a Cádiz, donde me quedé un poco mas de 2 semanas antes de regresar de nuevo junto con mi compañía al Puerto de Santa María, como aquí se presentan más posibilidades de realizar estudios de la Naturaleza, mejor que en Cádiz que está cerrada. Por fin me he dedicado a los peces, y me he entrenado en la Ictiología, además de haber preparado entre 50 y 60 Especies de Peces en “Spiritu Vino” para Su Real Majestad La Reina, los cuales serán mandados con el primer barco a Suecia por el Sr. Cónsul BELLMAN (en Cádiz).» /Portada de Iter Hispanicum, eller resa til Spanska Länderna uti Europa och America 1751 til 1756 (1758)

Loefling partió de la Bahía de Cádiz  la madrugada el 15 de febrero de 1754 en dirección a la que sería la actual Venezuela. Ya no volvería, quedando allí para siempre.

PISCES GADITANA. OBSERVATA GADIBUS ET AD PORTUS Sª MARÍA. 1753. Mens. Nov. et Decemb.
La abreviatura Loefl. se utiliza en los géneros creados ó especies descritas por Pedro Loefling. Algunos de los nombres vernáculos y nombres científicos dados por Löfling a la fauna marina de la Bahía de Cádiz, durante su estancia en El Puerto de Santa María en el Primer Tratado Español de Descripción de Peces:

anchova: Clupea encrasicholus; anguilla: Muraena anguilla; araña: Trachinus draco; armado: Trigla coccyx; azedia: Pleuronectes; borracha: Trigla; borriquete: Perca marina; breja: Sparus; burel: Scomber trachurus; cadella: Galeus Glaucus; cazon: Squalus Galeus; chucho: Raya; dorada: Sparus aurata; faneca: Gadus; galera: Cancer; herrera: Sparus oblongus; lenguado: Pleuronectes; lisa: Mugil; morena: Muraena; perrillo: Gobius niger; pescada: Gadus; pintarroja: Squalus Canicula; rape: Lophius; robalo: Perca labrax; rubio: Trigla cuculus; sabalo: Clupea; safio: Muraena; sardina: Clupea sardina; tapaculo: Pleuronectes; vaca: Raya maxima; xibia: Sepia.

Placa situada en la esquina de la calle Guadalete esquina Avda. de la Bajamar, en agosto de 2010.

PLACA DE RECONOCIMIENTO.
En la calle Guadalete, en una esquina del antiguo Hospital Municipal, con la vista puesta al río, se descubrió el pasado 11 de agosto de 201o una placa en reconocimiento del científico sueco que vivió durante unos meses en nuestra Ciudad y del trabajo realizado. El alcalde de la Ciudad Enrique Moresco, el presidente de la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia, Manuel Pico Ruiz Calderón y el presidente de la Asociación de Amigos de la Cultura Científica, Francisco González de Posada uno de los impulsores de la iniciativa, presidieron el acto. La Asociación Ecologista, en palabras de su Coordinador Local, Juan Clavero Salvador, valoraron positivamente esta distinción. También, en el Real Jardín Botánico de Madrid, se encuentra una placa a la memoria del joven sueco desaparecido prematuramente a causa de unas fiebres en la expedición a los Límites del Orinoco.

SOLVEIG NORDIN.
Solveig Nordin Zamano, compatriota sueca de Pedro Loefling (idealizado en el grabado de la izquierda) hizo en mayo del 2008 un recorrido por España, utilizando como guía de su periplo, el Diario de Viaje escrito por nuestro protagonista, en su viaje desde Madrid el 20 de octubre de 1753  hasta llegar a Cadiz el 5 de noviembre, que refleja en algunas entradas y comentarios en su blog: http://rutahistoria.blogspot.com/ (Texto: José María Morillo).

Hay muchas maneras de ver El Puerto. Hay quien ve su vida marítima. Quien se fija en sus bodegas y en el flamenco. Quien alaba su oferta gastronómica. Quien disfruta en sus peluquerías y en su comercio popular. Museos, fundaciones, restos arqueológicos, Academias, Centros Comerciales, instalaciones deportivas, playas, bosques urbanos, iglesias, procesiones, salas de fiestas, sexshops,... todo lo que puede ser deseado para disfrutar desde cualquier punto de vista puede ser encontrado en algún lugar de El Puerto. En la imagen de la izquierda un gorrión  (Passerdomesticus).

Pero casi todo eso no tiene más mérito que el darse con ello de bruces. Encontrarlo no es difícil pues las oficinas de turismo, pública y de los hoteles, te lo ofrecerán todo perfectamente envuelto en papel de regalo. Hay otras formas de ver El Puerto, una de las cuales es husmear la fauna silvestre que ha entrado por las rendijas de las puertas que la civilización y el progreso han dejado entreabiertas. No hablamos sólo de lagartijas, moscas, mariposas o cucarachas. Hoy vamos a presentar algo de la fauna urbana ornítica de especies silvestres.

En las dunas de San Antón, ayer por la tarde revolvía por entre las ramas de los pinos, una pareja de carboneros comunes (Parus major). Alborotaban con sus cantos y reclamos y se colgaban, en posturas inverosímiles, de las puntas más leves del enramado. A los pies de algunos pinos de esas mismas dunas, quedan los restos de las egagrópilas que regurgita el cárabo común (Strix aluco), después de haber digerido sus presas. Restos de lagartijas, avecillas, insectos, ratones domésticos y ratones de campo entrelazan sus restos en esos bolos de material no aprovechable por el ave. (En la imagen Carbonero Común, Parus Major)

Los cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) están este año completamente aislados y despistados. Parece ser que la Junta de Andalucía, anteponiendo los intereses particulares de los acuicultores a los generales del resto de la sociedad, ha autorizado recientemente su eliminación. Escopeteros apostados en los alrededores de zonas húmedas disparan a todo cormorán que se acerca por allí.

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo).

No sé si hay periodo de veda o si, simplemente, disparan en todo momento sobre ellos. El resultado es que solitarios cormoranes se ven, nerviosos y perseguidos, en las playas urbanas de El Puerto, como el que había el día de la Inmaculada en la de La Calita, o el solitario y vigilante que, en este caso en Sanlúcar de Barrameda, intentaba pescar en las aguas del Guadalquivir. Se hace extraño ver a estas grandes aves negras volando aterrorizadas sobre las calles de El Puerto para amerizar a pocos metros de la orilla, en las agitadas aguas de La Puntilla, por ejemplo.

Avión roquer0 (Ptyonoprogne rupestris).

Está resultando muy curioso ver todos los días a una pareja de aviones roqueros (Ptyonoprogne rupestris) cazando entre los edificios de la calle Aitana. Supongo que están de paso, aunque la estación va avanzando, y parecen haber sustituido los barrancos pétreos en los que viven naturalmente por las paredes del edificio Pizarro o el Balboa, cuyas fachadas dan a esa calle.

Aguililla calzada (Hieraaetus pennatus) morfo claro. (Foto: Rafa Muñoz).

A veces la observación del cielo entre calles, nos depara piezas de mucho mayor tamaño como esta aguililla calzada (Hieraaetus pennatus) que cruzaba rauda el cielo de Sanlúcar de Barrameda el pasado día 8 de diciembre. Perfectamente visible, claramente diferenciada de las gaviotas, volaba desde los árboles de Doñana hacia el interior de los campos de cultivo que rodean Sanlúcar en dirección a El Puerto, dejándose ver por quienes paseábamos por el nuevo paseo marítimo de Sanlúcar (y mirábamos al cielo). Porque esa es otra.

Estas aves no salen en las guías turísticas. Para ver estas aves hay que tener la curiosidad de mirar. Si no perdemos el gusto por escrutar la naturaleza, incluso en pleno ambiente urbano, podremos ver limícolas como el correlimos común (Calidris alpina), que en Cádiz llaman "vetyven", o el andarríos chico (Actitis hypoleucos) buscando su diario sustento entre las piedras y los restos que el temporal ha arrojado a la playa de La Puntilla -la más urbana de las playas de El Puerto- como los que vimos nosotros el pasado día 9. Aquí comparten espacio y alimento con las gaviotas sombría (Larus fuscus), patiamarilla (Larus michaellis) o la reidora (Chroicocephalus ridibundus) que presenta su escueto auricular negro de invierno, en sustitución a su capirote oscuro del verano. (En la imagen de la izquierda Cárabo (Strix aluco), cuyas egagrópilas se pueden encontrar a los pies de los pinos que utiliza como posaderos en las Dunas de San Antón).

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia), sobre el campanil del ábside de la Iglesia Mayor Prioral, fachada de la calle San Juan.

A los gorriones (Passerdomesticus) y a las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia), que se asoman al diario acontecer de las gentes de El Puerto desde las torres de la iglesia Mayor Prioral en la Plaza de España, enseguida podremos añadir cernícalos vulgares (Falco tinnunculus), los mirlos (Turdus merula) de los parques; las currucas cabecinegras (Sylvia melanocephala) de los jardines privados de las urbanizaciones, o los estorninos pintos (Sturnus vulgaris) y negros (Sturnus unicolor) que silban y chistan desde lo más alto de sus oteaderos.

Cotorras argentinas (Myiopsitta monachus), en vuelo.

Incluso las ruidosas cotorras de Kramer (Psittacula krameri), o quizás sean argentinas (Myiopsitta monachus), se dejan ver y oir mientras se dirigen a sus dormideros entre palmeras. En otras épocas se unen a la comunidad ornítica los vencejos (Apus apus), aviones comunes (Delichon urbica), las golondrinas (Hirundo rustica) o los abejarucos (Merops apiaster), cuyas voces llenarán los atardeceres veraniegos.

Las ciudades tienen muchas puertas abiertas al campo por las que se cuelan entre nosotros aves totalmente silvestres. Hacen su vida tranquilas entre nosotros. Sólo esperan que las dejemos en paz. Pero a cambio nos ofrecen la posibilidad, siempre satisfactoria, de su observación. Únicamente hace falta mirar un poco hacia el cielo. (Textos: Antón Sáenz de Santa María).

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