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chamaco11_puertosantamariaRafael Romero Arana, “Chamaco”, nació en Jerez el 2 de febrero de 1933 y pasó a mejor vida a finales de octubre del pasado año, a la edad de 75 años. Desde muy joven estuvo embarcado en pesqueros con base en nuestra Ciudad: entre otros el “Nuevo Moruno”, “Marichea”, “Danubio Azul” todos propiedad de Fracisco Perles Martínez, conocido como Paquito Marichea o El Follalata, casado con Julia Huertas de la Tonelería donde estaba el taller de Fosco Valimaña Lechuga. También navegó en los barcos pesqueros de los hermanos Juan, Jaime y Guillermo Roselló Castell: “Juan y Ángeles”, “Jaime y Angelita” y “Matilde Castell”. De los hermanos, con quien mejor se llevaba era con Jaime que se dedicaba a arranchar los barcos de la empresa y que, además, daba los correspondientes anticipos antes de salir para la mar, a los marineros. (Fotografía: Carlos Pumar Algaba).

En los último años se le veía con bastante frecuencia, como a muchos marineros ya jubilados, por el Mercado de Abastos, como también es el caso de El Gato, Juan Barcia Ramírez de quien en breve colocaremos una nótula en Gente del Puerto. Sus valedores en la Plaza de Abastos fueron Paquiqui,  Luis Achicoria, Miguel Cabo Reyes, los hijos de Genaro y los pescaderos, que de todos recibía siempre pescados, frutas y hortalizas que él preparaba en la casa donde vivió los últimos años de su vida. Su prestamista fue Luis Achicoria padre, con quien Rafael cumplía todos los meses cuando cobraba la pensión, lo que le permitía tener siempre las puertas abiertas. Antes de tener casa, Chamaco, solía dormir en su etapa en activo en los barcos e, incluso, en los cuartos de redes de la Pescadería. (La fotografía de Chamaco ha sido conseguida por Antonio Carbonell, a través de Cabo Reyes, de una vecina).

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La 'residencia' de Chamaco, una chabola en la antigua Lonja Pesquera, hoy convertida en aparcamiento. (Foto: Colección Antonio Leveque).

Chamaco fue declarado pensionista con apenas 40 años, por enfermedad y estuvo cobrando desde entonces “una paguita corta” como él solía decir: padecía una tuberculosis, por su mala vida, que arrastró durante muchos años. Dormía dentro de la Lonja de pescados de esta margen derecha, en una de las casetas que habían dejada los exportadores en la parte alta cuando pasaron a la otra banda, es decir a la otra lonja, frente al muelle del Vapor, también desaparecida en esta la actividad a finales de 2006 y derribada en 2007.   Allí estuvo vivaqueando durante muchos años Chamaco, aseándose en los grifos de agua fría, lo que no hizo sino acrecentar su enfermedad, frente al desaparecido Restaurante Guadalete. La ambulancia, recuerdan los paseantes y vecinos, entraba y salía frecuentemente de la antigua Lonja a recoger a Chamaco a quien dieron por muerto muchas veces.

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La antigua Lonja del Pescado, vista desde la azotea del Bar La Lucha, antigua Aduana, antes de construirse las viviendas de La Pescadería. (Foto: Colección A.L.)

Habitó aquellos espacios hasta hacía poco marineros, cuando por fin la Autoridad Portuaria decidió hacer obras en 1980  y ceder el espacio para locales de copas y de ropas, aunque hoy está casi todo cerrado. Eso haría que Chamaco se buscase nuevos paradaderos, nuevos caladeros donde guarecerse de la propia vida que le había tocado vivir. Se fue a vivir a una casa del Barrio Alto, en el número 8 de la calle de la Arena (Arzobispo Bizarrón), en una habitación alquilada; la vecindad le echaba una mano. Poco antes de su fallecimiento un taxista, Jesús Utrera Aguilera, lo vio por la calle Ganados arriba… De la tuberculosis no llegó a morir: a pesar de todo se recuperó, si bien su mala vida anterior le hizo llevar un bastón los últimos años de su existencia, por problemas vasculares en las piernas. Momentos antes de fallecer sufrió un desvanecimiento en la tienda de frutas de Genaro, en la Placilla, cuyo hijo “El Lati”, aparece con nótula propia en Gente del Puerto.

chamaco_puertosantamariaA su muerte, su único hermano fue avisado y vino desde Jerez a arreglar los papeles y hacerle la postrera compañía. Los últimos años de su vida no probó el alcohol. A pesar de sus momentos sobrados de ingesta vínica, jamás se metió con nadie -a lo sumo te ofrecía una conversación inconexa que asustaba al no avisado- y cuando estaba sobrio se comportaba de manera exuisita. Iremos incluyendo algunas anécdotas de tan peculiar personaje que esperamos en los comentarios. (Chamaco, poco antes de fallecer).

DUELO A PISTOLA... SIMULADO.

Un día Javier Tosar, que tiene nótula propia en Gente del Puerto,  al estilo de las mejores películas del Oeste, pegó su frente con la de Chamaco en plena calle Luna. Aquella situación surrealista, con toda la calle Luna llena de gente y desde una distancia de mas de veinte metros, acercándose los dos poco a poco, lentamente... Chamaco simulaba con pistolas y cuando llego a Javier, este pegó su cabeza con la de él evitando que Chamaco cayera al suelo. Una de sus ingestas vínicas mas sonadas. Cuentan los testigos que la escena de frente contra frente duro bastantes minutos... (La ilustración muestra el cartel de la película OK Korral, que tanto le gustaba recordar a Chamaco).

lameridiana_puertosantamariaAntonio Carbonell López, Secretario General que ha sido de la Cofradía de Pescadores hasta la desaparición de ésta, tenía una sección en Diario de Cádiz de nombre “La Meridiana” que alternaba con otros compañeros en dicho medio. De las más de 100 que escribiera, traemos a colación ésta dedicada a un marinero sanluqueño, Morgan, que, como Chamaco, desenfundaba unas imaginarias pistolas en un duelo igualmente imaginario, en sus correrías por el Bar La Lucha. Eran íntimos amigos y, además navegaron juntos algunos años. Esta Meridiana salió publicada el 4 de marzo de 2001.

041103_western"El pasado martes tuve la oportunidad de saludar a “Topillo”, embajador de la ciudad de la manzanilla en la Bahía de Cádiz, y me comentó que estaba gestionando la documentación necesaria para la jubilación de su compañero Antonio Ancela Reyes. En la grata conversación no dudé en preguntarle por la familia del pescador y recibí una inmensa alegría al saber que el hermano del mismo, “Morgan”, aún vivía y que estaba jubilado. En esos momentos comencé a recordar días ya lejanos pero de importante significación.
Iniciados los años 70, los distintos puertos del litoral gaditano acogían el regreso de miles de pescadores que después de realizar mareas de 50 días en los caladeros del sur de Marruecos y del Sahara se disponían a descargar las capturas obtenidas. Los puertos de Algeciras y de El Puerto de Santa María contaban también con pescadores de otras localidades puesto que sus flotas eran las más numerosas por aquel entonces. En el transcurso de las faenas de arribadas y antes de la vuelta a sus hogares recibían a pie de muelle los saludos y abrazos de amigos y familiares y compartían con gran entusiasmo las vicisitudes que habían tenido lugar en el viaje.
Posiblemente quien mejor transmitía su alegría de estar nuevamente en puerto era “Morgan”. Aprovechaba cualquier corrillo para escenificar una interpretación del hombre que a través de las pistolas imponía la ley en el viejo oeste. Era todo un espectáculo, no necesitaba ningún aliciente para salir airoso de su representación, tan solo la acogida calurosa de sus compañeros. En alguna ocasión la función se interrumpía momentáneamente por la inesperada presencia del patrón que le demandaba  el cumplimiento de sus faenas en el barco. Pero “Morgan” ya estaba tan metido en su papel que era imposible hacerle cambiar de actitud.
A veces coincidía con su hermano Antonio en El Puerto y actuaban  para  la marinería y los trabajadores de las empresas auxiliares. Antonio toreaba de salón emulando al diestro de Ronda, de ahí que sea conocido por el apodo de “Ordóñez”, y “Morgan” imitaba al legendario personaje del oeste dando muestras de destreza y rapidez desenfundando las imaginarias pistolas. Finalizada la actuación daban gracias a su madre a la que llamaban cariñosamente “Carmen Sevilla”. Estaban tan inmersos en sus personajes que hasta se olvidaban de sus nombres y apellidos.
El bueno de José Ancela Reyes, “Morgan”,  vive actualmente en el barrio alto de Sanlucar con el cariño tan solo de los suyos,  con una pensión que no alcanza las 70.000 pesetas después de mas de 40 años de embarque y no baja al muelle de Bonanza. Su hermano posiblemente percibirá menos incluso por su jubilación.
La misma situación de los hermanos Ancela Reyes las padecen muchos pescadores que con resignación reciben raquíticas pensiones. Ojalá en un futuro próximo queden equiparados al resto de los trabajadores nacionales aunque para ello sea necesario erradicar el más que obsoleto sistema tradicional “a la parte”,  que es el que imposibilita que coticen a salario real en la seguridad social al no existir un marco de relaciones laborales por convenios colectivos
».  Antonio Carbonell López.

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antoniociamoreno_2_puertosantamariaA veces, el Párroco, Cura Propio, Doctor en Sagrada Teología y en Derecho Canónico, Presidente de la Hermandad de San Pedro de Venerables Sacerdotes etc. etc., Don Antonio Cía Moreno, era ingenioso y otras veces demasiado caústico, irónico, mordaz, e incluso otras, sencillo, modesto, sabio y hasta delicado. Era un ser contradictorio e imprevisible. Una señora muy distinguida, descendiente, nada menos, que de los Lancaster de la Casa Real Inglesa, aunque portuguesa de nación, se dirigió a don Antonio, que estaba en la sacristía, para pedirle: -Mire, Don Antonio, yo quisiera decirle una misa a mis difuntos en el Altar de las Ánimas. Don Antonio, al punto, gritó: --Antoñito-- dirigiéndose al sacristán--prepara una casulla negra que doña....va a decirle una misa a sus difuntos en el Altar de las Ánimas. Ni que decir tiene que la señora quedó estupefacta y se marchó educada y discretamente. Con Juanito Cuvillo, tuvo también sus encontronazos Don Antonio Cía, porque terminada su etapa de dirigido espiritual con el Padre Lambertini, S.J., se constituyó en dirigido de don Antonio, quien cansado de oir sus cuitas amorosas, le dijo un día: --Mira Juan, si tu novia se casa contigo es que tiene más agallas que una caja de corvinas. Por cierto que Juanito --ser crédulo e inocente-- tropezó también con Don Antonio Lobo. Cierto señor de El Puerto, incisivo y maledicente, había dicho a Juanito que el Padre Lobo, antes de ser cura, había sido picador de toros bravos y, como se lo dijeron, se lo comunico al Padre Lobo, quien le contestó airado: --Dígale a don... que yo me cago en su puñetera madre.

antoniociamoreno_3_puertosantamariaEn cierta ocasión mi madre tomó a una criada de un pueblo de la Sierra que vino con sus padres y se la encomendaron como que era la niña de sus ojos. Y mi madre la trató como había prometido. Pero ocurrió que los jueves por la tarde era día de salida y esta joven salía de paseo con las otras y con las amigas de las otras. Y se echó un novio. Y el novio la dejó embarazada. Aquello fue una verdadera tragedia. Mi padre llamó a los padres de la muchacha y llamó al novio a capítulo. En su despacho, mi padre, con el padre de la muchacha y el novio, recriminó al novio; el padre de la novia, instó al novio a casarse y a lavarle el honor a su hija; el novio, poniéndose en pie, altanero, le dijo que si quería lavarle el honor a su hija que le comprara un bidé, y se marchó, dando un portazo. Aquella situación pudo reconducirse y, al final, se preparó la boda. Mi madre fue con la muchacha a ver a Don Antonio Cía y éste, nada más verla, le espetó: --Tu, ¿qué?, que has puesto las tinajas antes que el olivar ¿No?. Pues se casaron y han sido muy felices y han tenido muchos hijos y comieron perdices. (En la Fotografía, Don Antonio Cía y Don Luis Caballero, alcalde de la Ciudad, poniendo la primera priedra del monumento a la Virgen, ubicado en la Plaza de la Iglesia, en 1954.  También aparece en la foto Don Antonio Lobo, a la izquierda con bonete, solo se le ve la cabeza. Foto Colección Vicente González Lechuga).

Era de ver a Don Antonio Cía, cuando se ponía en Doctor en Sagrada Teología y en Derecho Canónico. Porque predicar, predicaba muy bien. Y se lo exigía a todos los predicadores. En cuanto aparecía por la sacristía un sacerdote o religioso concertado por una Asociación o una Hermandad para predicar un triduo, un quinario, o una novena se lo advertía: --Mire, en cuanto yo vea que los fieles mueven el culo en los bancos, le corto, ¡vaya si le corto! Quiero unos sermones que muevan los corazones y no los culos ¿Entendido? Y el pobre predicador, novato en la Prioral, se quedaba sin saber qué responder.

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Interior del Coro de la Iglesia Mayor Prioral.

Don Antonio Cía me bautizó y me dio la Primera Comunión. Recuerdo el sentido fervorín y esta ceremonia muy solemne, cantada por mi amigo Fernandito Vela, con quien, luego, yo jugaría "a las misas" en el cuarto alto de mi casa, convertido en capilla, con unos ornamentos de moaré y galones dorados que me hicieron las Madres Salesas. Don Antonio, como confesor, me espantó porque, siendo yo muy pequeño, me dijo que como yo volviera a pecar me cortaba las orejas y se las daba a Antoñito el sacristán para que se las guisara con las papas del corral de la Iglesia. Así que yo, ya nunca más me acerqué a su confesionario, temeroso de perder las orejas, sino que mis padres me llevaban a los jesuitas al del Padre Torres, S.J., sabio, bizco y tridentino y una de las personas más influyentes y con más mando en las conciencias de todos los portuenses de la época --directa o indirectamente-- sin excepción alguna.

sagrarioprioral_puertosantamariaDon Antonio Cía, en cambio tenía, a veces, rasgos de gran delicadeza. Para el día de Santa María Magdalena, todos los años, reunía a todas las feligresas de ese nombre y les encomendaba comprar unos tarritos de esencia de nardos. En un acto nada litúrgico, pero cargado de amor, Don Antonio, con el Sagrario abierto, leía el evangelio en que la Magdalena enjuga los pies del Señor con esencias y perfumes y Judas se lo recrimina y, tras una homilía, con un algodón empapado en esencia de nardos enjugaba el interior del Sagrario y los copones, que era una gloria oler, cuando se abría aquella puerta de plata del retablo que hizo en Méjico, en el XVII, el orfebre Don José Medina, y que había regalado el Capitán portuense Don Juan Camacho Jaina, primer editor de Sor Juana Inés de la Cruz. Dije que don Antonio Cía era un ser contradictorio e imprevisible. Ocurría que algunas novias o se prestaban los sombreros o los alquilaban y Don Antonio se daba cuenta del tejemaneje, porque irónica y maleducadamente le decía a la contrayente en el día más feliz -- o más infeliz de su vida: --A ese sombrerito ya lo he casado yo cuatro veces. (La fotografía muestra el Sagrario de Plata de 1685).

ayunoyabstinencia_puertosantamariaEL AYUNO ANTES DE LA MISA.
Todos los curas olían a café, o a tabaco, o a rapé. Esto último particularmente los jesuitas que tenían unas cajitas de donde sacaban con dos dedos el polvo, lo aspiraban por la nariz y estornudaban, de forma que tenían los pañuelos hechos una porquería. Don Antonio Cía no era una excepción, porque, no bien terminaba la misa, sacaba la petaca y se liaba un cigarro de picadura de contrabando y lo enciendía. Por su parte, Varela, el monaguillo, le tenía preparado sobre la cajonera de la sacristía un café de maquinilla que traía de un bar de la calle Vicario que luego regentó Juanito Ceballos, hoy llamado "Bar Internacional". Y es que lo primero que hacían los curas era desayunar, después de su misa, porque el ayuno eucarístico les obligaba, como a todos, desde las 12 de la noche del día anterior.
Cuando terminaba una misa, allá iban los monaguillos con el café a arrimárselo al cura que había celebrado, como el que acude a prestar auxilio a alguien que está extenuado. Figúrense Vds. que el Padre Lobo celebraba la misa de doce de la mañana y llevaba más de doce horas sin probar bocado, el pobre. Cuando terminaban las misas, los monaguillos, "comunidad de venerables granujas", como los llamaba Don Antonio Cía, se escondían por donde fuera y apuraban la vinajera del vino, relatando que el padre tal o el padre cual, no dejaba ni gota para ellos.

Don Antonio Cía, contradictorio e imprevisible, con sus luces y sus sombras, daba a la liturgia un sentido especial y era cosa de verlo, con su porte, revestido con los capisayos y el bonete de Cura Propio, presidiendo las procesiones y los actos, o cantando las horas canónicas en el coro, con todos los sacerdotes y religiosos de la Ciudad, los días de más fiesta. Cuando el Padre Lobo marchó a Sevilla, a Don Antonio Cía le nombraron dos coadjutores: Don Manuel y Don Carlos Román Ruiloba, dos hermanos sacerdotes, santos varones, de los que, sin duda, hablaré otro día.

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En la fotografía, tomada el 8 de abril de 1960, Viernes de Dolores a las nueve horas; de izquierda a derecha Carlos Román Ruiloba, Pbr. Coadjutor, el celebrante, Manuel Salido Gutiérrez, Párroco de la Prioral que sustituyó a Antonio Cía Moreno, Manuel Román Ruiloba, Pbr. Coadjutor, el Maestro de Ceremonias, Manuel Girón Ceballos, el Sacristán Antonio Bernal Ortega -Antoñito el Sacristán-. Besamanos de la Imagen de Ntra. Sra. del Dolor y Sacrificio, sin coronar, siendo bendecida después de la misa, la nueva diadema. El mobiliario litúrgico lo componen: el dosel rojo de la Prioral; el sillón de la Capilla de la Patrona; Maceteros y Copas del Párroco; grandes candelabros eléctricos, de las Carmelitas; las Copas laterales, de la Capilla de la Patrona. (foto: colección Manuel Girón Ceballos).

Y comenzó la decadencia de Don Antonio, hasta que murió en su casa de la calle Nevería. Su entierro fue el último que presencié de un sacerdote revestido, muerto y transportado, desde la Iglesia hasta el Cementerio campal de Santa Cruz, sobre el "palenque", una especie de paso, portado por costaleros, sobre el que había un catafalco presidido por la tiara y las dos llaves doradas, de la Hermandad de San Pedro de Venerables Sacerdotes. Sus honras fúnebres fueron muy solemnes.

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Iluminación extraordinaria de la Iglesia Mayor. En la década de los 50 del siglo pasado era costumbre iluminar los monumentos con hileras de bombillas incandescentes dispuestas en regletas de madera que silueteaban el edificio. En esta ocasión estamos en el 8 de septiembre de 1956.

Yo guardo, con devoción, el lazo, bordado en oro, con que le ataron las manos el día de su ordenación sacerdotal y tengo para mí que, por los escritos que aparecieron entre sus papeles, en el fondo, Don Antonio Cía Moreno, Presbítero, Doctor en Sagrada Teología y Derecho Canónico, Cura Propio por oposición, Arcipreste del Partido, Párroco de la Santa y Consagrada Iglesia Mayor Prioral de Nuestra Señora de los Milagros Coronada de esta Ciudad, Hermano Mayor de la Hermandad de San Pedro etc., etc. fue un santo que no quiso que la gente creyera que lo era. Sólo Dios lo sabrá. Pero de todo lo anterior infiero y saco la consecuencia de que es una verdad como un templo que la Iglesia está asistida por el Espíritu Santo. Que, si no... Luis Suárez Ávila.

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antoniociamoreno_1_puertosantamariaDon Antonio Cía Moreno, Presbítero, Doctor en Sagrada Teología y en Derecho Canónico, de la Universidad de Curas Propios, por oposición, Párroco que fue de la Santa y Consagrada Iglesia Mayor Prioral de esta Ciudad y Arcipreste de su Partido, nació en Arcos de la Frontera posiblemente a finales del XIX, porque murió, en El Puerto, en los cincuenta y pico del XX, con más de setenta años. El caso es que este singularísimo sacerdote tenía un aspecto y un carácter adusto y hasta agrio e irónico, a pesar de ser todo lo que ya he dicho y su esmerada formación, que chocó con el Cardenal Segura, su Arzobispo, cuyas relaciones echaban chispas, como cuando se golpea el pedernal con el dilabón. Hasta tal punto que a su sobrino, Paquito Carmona, Don Antonio no lo mandó, cuando quiso ser cura, al Seminario de Sevilla, sino al de Cádiz, en donde Paquito llegó a Párroco de San Severiano hasta que se secularizó. Su otro sobrino Antonio Carmona, primero fue, junto con el luego Obispo de Asidonia-Jerez, Don Rafael Bellido, monaguillo de don Antonio cuando regentó la Parroquia de Santa María de Arcos. Antonio Carmona apareció por El Puerto donde vivió hasta su muerte, de oficial del Juzgado, de donde proporcionaba a su tío el cura papel de oficio con que se preparaba unas largas boquillas liadas, en forma de cucurucho muy fino que pegaba con goma tragacantos, cuando el médico le dijo al cura que se retirara del tabaco. (Foto Colección Vicente González Lechuga).

pato_prioral_puertosantamariaDon Antonio Cía era el terror de Pepa la de las sillas, cuidadora de los reclinatorios que las señoras tenían depositados en la Iglesia y por lo que cobraba un discreto salario. Pepa tenía un pato que siempre estaba con ella. El animal pululaba por la Iglesia como Pedro por su casa, cosa que al cura exasperaba, sobre todo durante las celebraciones, porque el animal aparecía, de pronto por el presbiterio y daba un voletío desde la balaustrada, distrayendo a los fieles en su recogimiento. Don Antonio, interrumpido por el ave en cualquier acto litúrgico, en voz alta prorrumpía, al borde de un ataque de nervios: --Esa mujer que se lleve a su casa este bicho. Y seguía una retahíla de improperios. Pero el pato, contra la voluntad del párroco, siguió en la Iglesia Mayor hasta que el pobre animal murió.

labilili_elnegro_puertosantamariaSi con Don Antonio Cía no pudo un Príncipe de la Iglesia, como el Cardenal Segura, porque el Párroco se escudaba en su condición de Cura Propio por oposición, en cambio, pudieron con él, por más cercanas, las impertinencias de Pepa la de las sillas y su pato y, sobre todo, los argumentos de Gabriela Santos "La Bilili", una oronda gitana que se ponía a pedir en la puerta de la Prioral, porque tenía una prole de catorce hijos, entre los que estaba el popular José de los Reyes Santos "El Negro". Don Antonio requería, una y otra vez, a "La Bilili" para que no pidiera limosna en la puerta del Sol de la Prioral. Pero "La Bilili" argumentaba, a grito pelado: "Aquí soy yo más antigua que Vd., así que, como me moleste más, doy parte al Santo Padre de Roma".  Ante esos argumentos Don Antonio dejó las cosas como estaban y no se habló más del asunto. Porque, además, "La Bilili" tenía entre sus benefactores a todo el señorío de El Puerto. (En la fotografía 'La Bilili con su hijo 'el Negro').

Don Antonio tuvo por sacristán a Antonio Bernal Ortega, un santo varón y quien, junto con Pepa la de las sillas, era motejado en unas coplillas que se cantaban:

"La Iglesia Mayor Prioral
orgullosa debe estar
porque encierra en sus capillas
a Pepa la de las Sillas
y Antoñito el Sacristán".

Dije que don Antonio tuvo un coadjutor. A don Antonio Cía le vino destinado a la Prioral un venerable sacerdote, ya mayor, don Antonio Lobo, que tenía retiradas las licencias para confesar, porque, al parecer, desde su juventud tenía una prole sacrílega y clandestina. A don Antonio Lobo le proporcionaba ciertos ingresos el que sus compañeros sacerdotes, conmiserados con él por las cargas familiares que tenía, le facilitaran el asistir a todos los entierros con cruz alzada y posas, oficiar todos los funerales y hacer de preste a todas las procesiones, con cuyos estipendios modestamente se remediaba. Este sacerdote, Don Antonio Lobo, murió santamente, al fin, en Sevilla, en el Hospital de Venerables Sacerdotes, aunque fue, injustamente, víctima toda su vida de su fogosidad juvenil y de su carne débil, o dura, según se mire la parte, el momento y las circunstancias.

cuartoprioral_puertosantamariaDon Antonio Lobo tenía voz perruna y, si no se le entendía bien en castellano, figurense Vds. cómo se le entendería en latín. Le recuerdo en los Oficios de Semana Santa, con su planeta o su estolón, de vestuario; de capero en todos los entierros; de preste, en todas las procesiones; fumando "caldo de gallina", sentado en el balcón del curato, en verano, por la noche, al fresco, con la sotana despechugada y un abanico negro. Dios, en su infinita misericordia, se haya apiadado de él, porque fue bueno y humilde, aunque, bien es verdad, que muy desarrapado en su aseo e indumentaria. (En la fotografía, el curato de la Prioral).

iglesiamayor_interior_puertosantamariaLA PERLA DE LA ARCHIDIÓCESIS.
La "Perla de la Archidiócesis". Así se llamó, en tiempos de don Antonio Cía a la Prioral, porque la tuvo en perfecto estado de revista. El secreto estuvo en encargar a una serie de señoras el cuidado de las capillas. La del Rosario, o sea la de los Valera, donde está enterrado Mosén Diego de Valera, Cronista de los Reyes Católicos, y su mujer María Valencia, la encargó don Antonio a doña Ángeles Domecq, que cuidó esta capilla con esmero y la tenía como los chorros del oro; la del Nazareno, primitivo sagrario de la Prioral, luego del Cristo de la Expiración y tras la Revolución de septiembre de 1878, del Nazareno, estuvo al cuidado de mi madre, Mercedes Avila, que todos los miércoles se trasladaba con una troupe de muchachas a limpiar y adecentar la capilla, cambiando los manteles de los altares y la cera; en esta capilla está San Lucía y San Nicolás de Bari, retablo e imágenes que estaban al cuidado de Doña Primitiva Gaztelu y Oneto; la de las sillas, que le seguía, era el feudo de Pepa "la Bigotona", ya conocida; la de la Misericordia, antigua de Santiago de los Canteros y del Santo Nombre de Jesús, estaba a cargo de la Hermandad que nacería como filial de la del Nazareno; la de la Soledad, antigua del Rosario, a cargo de su Hermandad; la de Santa Rita, capillarosario_prioral_puertosantamaria1antigua de la Purificación y primitiva de las Ánimas, a cargo de mi abuela Aurora Gutiérrez; la de Santo Tomás de Villanueva, a cargo de las hermanas Terry del Cuvillo; la del Santo Ángel, estaba al cuidado de Doña Isabel Ruffoni, que guardaba en ella los reclinatorios de su familia, porque había tenido unas palabritas con Pepa la de las sillas; la del Bautismo, a cargo de la Iglesia; la de San José, era cuidada por Carmen Pérez Pastor; la de las Benditas Animas, creo que la cuidaba Doña Matilde Reynolds; la de San Antonio, estaba al cargo de Doña María Gálvez. Las capillas de la Patrona y la del Sagrario eran esmeradamente sostenidas y cuidadas por la Esclavitud de la Virgen y por la Archicofradía del Santísimo Sacramento. (Fotografía superior: interior de la Iglesia; a la derecha, Capilla del Rosario; debajo, exterior de la Prioral).

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Así, repartiendo trabajo entre las distintas feligresas, es como don Antonio logró que su Iglesia fuera una verdadera perla. Pero es que, además, acudía anualmente al Ayuntamiento de la Ciudad para que --gratis et amore-- limpiaran las bóvedas y paramentos de vegetales y de animales y encalaran la fachada de la Puerta del Taller, del curato, y de la tapia que circundaba al corral, antiguo cementerio de la Iglesia. Porque don Antonio tenía conciencia de que el templo era Monumento Histórico y así estaba declarado por el Gobierno desde los años de 1920. (Continuará). Luis Suárez Àvila.

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Alfonso XIII, acompañado de una abundante comitiva, visitó las Cuevas Canteras de la Sierra de San Cristobal en 1930, engalanadas para la ocasión con colgaduras y guirnaldas de hiedra. Visitantes de alcurnia, ágapes para la ocasión, jubileo en El Puerto y la provincia. La visita del rey y sus palabras: --»Efectivamente estas son las cuevas mas grandes y maravillosas que he visto», y la publicidad inherente a la misma propiciaron que las cuevas resurgieran de su anonimato y que fueran visitadas por personajes importantes de la época. Hace 78 años, en aquel mes de octubre, el propio rey instó a las autoridades provinciales para convertir las cuevas en un parador de turismo. Las crónicas de la época hablan de que hasta poco antes de su clausura, en el primer cuarto del siglo XX, las cuevas daban trabajo a más de 200 obreros, que a diario socavaban la roca para edificios no solo de El Puerto sino también de Andalucía. La Prioral, Casas Palacios porteñas y de Cádiz, la Catedral de Sevilla, construcciones de Jerez... tienen entre sus edificios el corazón de piedra procedente de El Puerto.

«Dentro de los recios fustes de los pilares, los embovedados que se pierden en las sombras, las crujías, las naves, los salones misteriosos, las reconditeces íntimas y los patios ardiendo en sol y emborrachándose de azul. Altas columnatas de catedrales góticas, vías que parecen urbanizadas, decoración fantástica, peñascos amenzadores que muestran el gesto de un cataclismo geológico. La característica de estas cuevas está en que se discurre por ella sin miedo y sin angustia, pero sin que se pierda el interés curioso, en la sucesión de panoramas y aspectos que los viejos subterráneos atesoran. Y se realiza este milagro de la alegría porque, a cada tramo, irrumpe la luz por las indiscretas claraboyas, abiertas en las bóvedas» Manuscrito anónimo de la década de 1930.

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EL PARQUE ARQUEOLÓGICO QUE NO FUÉ.

Sesenta años después de la visita real vemos en la fotografía, de izquierda a derecha, a Miguel MarroquínTravieso,  Teniente de Alcalde de Turismo, detrás Francisco Giles Pacheco, Director del Museo Municipal, Rosario Sánchez, Teniente de Alcalde de Cultura, Indalecio Rábago Vega, Teniente de Alcalde de Urbanismo, Juan Manuel Torres Ramírez, alcalde de la Ciudad mediante pacto de gobierno PSOE-PP, Fernando Suárez, Diputado Provincial de Turismo, Diego Ruiz Mata, a la sazón director de las Excavaciones e impulsor del proyecto del Parque Arqueológico, Ramiro Cerezo, Teniente de Alcalde de Medio Ambiente, Antonio Álvarez Herrera -ex alcalde- y en aquella época concejal de Vivienda y Fernando Gago García -con el tiempo sería alcalde- en aquella época Director de Relaciones Públicas de Bodegas Terry y del propio Yacimiento.

La fotografía de Jorge Roa está tomada a finales de la década de 1980. Las autoridades locales giran visita a Doña Blanca, a sus cuevas canteras y a lo que pudiera haber sido el Parque Arqueológico de Doña Blanca, pero que administraciones y empresarios no han sabido, querido o conseguido aun impulsar y que todavía está pendiente de un desarrollo sostenible y una mayor protección tanto por parte de las administraciones como por los agentes sociales. En la actualidad solo funciona abierto al público, con una eficiente gestión, el Yacimiento Arqueológico “Castillo de Doña Blanca”, bajo la tutela de la Junta de Andalucía.

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En esta fotografía dentro de la “Cueva Cantera de la Luz Divina” --denominada así por el Prof. Ruiz Mata-- vemos de izquierda a derecha a los concejales Francisco Corbacho e Indalecio Rábago, concejales de Seguridad Ciudadana y Teniente de Alcalde de Urbanismo respectivamente, el alcalde Torres en apurada postura de escalador, Antonio Bollullos, secretario del Grupo Socialista y el concejal de Disciplina Urbanística, José Antonio Navarro, en la cima.

A aquel acto asistieron, además, otras autoridades e invitados que no aparecen en las fotos que ilustran esta nótula: el Viceconsejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Luis García Garrido, el Delegado Provincial de Cultura, Sebastián Saucedo, el Arqueólogo y Arquitecto de dicha Delegación, Lorenzo Perdigones y José María Esteban, respectivamente; los concejales José Antonio Castro Cortegana y José Antonio Navarro Ortíz, el empresario local José Antonio Romero Sánchez y algunos más entre los que nos encontrábamos.

cesarmanrique_ruizmata_puertosantamariaA finales de los años ochenta del siglo pasado el Ayuntamiento mantuvo conversaciones con un grupo empresarial que trajo al diseñador y urbanista Cesar Manrique quien, admirado de la grandeza de las cuevas --»Puro arte moderno excavado en piedra» según sus propias palabras, se ofreció a redactar un proyecto similar a los Jameos del Agua, en su isla de Lanzarote. La prematura desaparición del artista, unida al poco claro proyecto presentado por los inversores, dejaron aparcada la idea. Algunas cuevas han sufrido, desde entonces y desde su más definitivo abandono y olvido, actos vandálicos y de destrucción que harán más complicado, en su momento, acometer cualquier proyecto sobre las mismas. El Profesor Ruiz Mata, el impulsor de aquella zona de la sierra con el Yacimiento, continúa con sus trabajos de investigación y estudio y siempre tiene una idea en mente para aquella administración o empresario que quiera escucharlo, a pesar de estar centrado en la actividad académica e impulsar el conocimiento de Doña Blanca a nivel internacional. Según sus propias palabras, de hace 30 años: «Algún día El Puerto de Santa María será más conocido por Doña Blanca que por sus vinos». No parece que se vaya a equivocar. (En la fotografía, Cesar Manrique y Diego Ruiz Mata, a finales de la década de 1980).

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La Torre de Doña Blanca da nombre al Yacimiento, a la zona, al Poblado de Colonización. En una próxima nótula hablaremos del Profesor Ruiz Mata, el Yacimiento y su empeño en convertir la arqueología en motor de desarrollo local, poniendo en valor los recursos con los que cuenta El Puerto en la Sierra de San Cristóbal.

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En la fotografía, tomada hace 33 años, los componentes de la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora del Desconsuelo, e invitados. De izquierda a derecha de pie, el Hermano Mayor, Antonio Salvatierra Blanco, José Luis Péculo Utrera -tío Luis-, Francisco Andrades Bueno, el Capellán de la Hermandad, Manuel Román Ruiloba, , el Capiller Luis Rosso Morro, el Párroco y Arcipreste, Manuel Salido Gutiérrez, el 2º Hermano Mayor, Manuel Girón Ceballos, Antonio Pérez Suano, José Antonio Terrada Sara, Fernando Osborne Vergara, Manuel Girón Lerma, Jesús Terrada Sara. Agachados, de izquierda a derecha: el Secretario, Juan Péculo Gutiérrez, el Vocal Francisco Rodríguez Ceballos, el Vocal Miguel Baena Maestre, el Vocal Antonio Romero Cordero y el Tesorero, Manuel Zamorano Moreno.

capillaaurora_dibujo_puertosantamariaEl 22 de abril de 1973, la Junta de Goierno de la Hermandad de la Humildad y Paciencia, radicada desde su restauración de la Capilla de la Aurora en tan coqueto edificio, decidió a propuesta de Manuel Girón Ceballos, realizar un nuevo paso para la imagen de la Virgen. Tras la reunión, de la que salieron muy contentos, posaron delante de los pasos de los titulares, preparados para la procesión en Semana Santa.
Después de escuchar a Manuel Salido, párroco, sobre el trabajo y la economía que tenía la Hermandad, se ofreció y donó el paso Fernando Osborne Vergara, encargando a su esposa Dolores Lena Pacheco, a la sazón camarista, para que se encargara de las tareas encaminadas a la realización del mismo. (En la ilustración, la fachada de la Capilla de la Aurora, obra de María Fernández Lizaso).

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Juan Antonio Barcia Caraballo nació en la calle Melero, 2, el 14 de diciembre de 1917.  Es decir hace 91 años. Está casado con Josefa Bernal Márquez, de 83 años, que nació en el número 2 de la calle San Sebastián. La boda fue el dos de febrero de 1948, por lo que en 1998 cumplió las Bodas de Oro. Con ocho años, en 1926, ayudó como monaguillo en el bautizo de la que sería su futura mujer, ocho años menor que él (Y aquí saca Juan Antonio su prodigiosa memoria: «--El Vicario era Francisco Núñez Galván, y los curas Antonio Ochoa y Rodrigo Sánchez Laínez y sus compañeros monaguillos, José Manuel Enrique Gutiérrez “el Malena” y José Villalba Bernabeu»). Ha tenido múltiples y variados trabajos a lo largo de su vida laboral, bastante tiempo en el sector de las bodegas, pero ya lleva 31 años jubilosamente jubilado: desde sus sesenta, gracias al Convenio de la Vid, en 1978. Ha viajado todo lo que ha podido y más en los viajes organizados para pensionistas.

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En  esta fotografía, tomada en Cádiz el 18 de Julio de 1.937,  los que aparecen en la misma iban al Centro de Reclutamiento, según Juan Antonio. A la izquierda  Juan Antonio Barcia Caraballo, su primo José Gutierrez Caraballo, Antonio Flor Castillo, trabajador de telefónica  y Antonio Femenía Máiquez, que trabajaba en el ayuntamiento y con el tiempo sería corresponsal de Diario de Cádiz a principios del último cuarto del siglo pasado.

fjavierjimenez_finox_puertosantamariaJuan Antonio inicia su vida laboral muy pronto, con 14 años, como aprendiz y chico para los recados en la Bodega de F. Javier Jiménez González en la calle de la Rosa, ganando cinco reales diarios, afiliándose en la Casa del Pueblo, a la UGT. Mas tarde llevaba etiquetas a Gráficas Andaluzas, siendo capataz Ramón Fernández Ponce, quien vivía junto en la calle Alquiladores.

barciacaraballos_amigos_puertosantamariaLuego se queda parado y encuentra trabajo en el almacén de la calle San Juan esquina y vuelta con Cruces llamado “El Almacén Quemado”, el que luego sería de Leveque y que hoy permanece semi en ruinas. Era propiedad de Fidencio Martínez Ferreira. Ya metido en el gremio de la alimentación, cambia de trabajo y presta sus servicios en Ultramarinos la Diana, con nótula propia en Gente del Puerto, siendo propiedad de Antonio Camacho Caballero. Luego entrará en el Economato Portuense, en la calle Larga -donde hoy está Confecciones Sollero frente a la desaparecida Casa Lucas, hoy Copistería HIVA-, propiedad de Paco Suarez. Allí se preparaban los costos para los barcos de los primeros alicantinos que llegaron a El Puerto de forma estable, llevando con Antonio “el de Panseco” en un carrito de mano la mercancía a los barcos: pan sin sal, arroz, garbanzos (chidrón), lentejas (lentillas), bacalao, garrafas de Valdepeñas, ... Los barcos surtidos eran de los armadores Roselló, Perles, ... y solían bajar al Moro. (En la fotografia, de izquierda a derecha, Juan Antonio Barcia, Juan Flor del Castillo que trabajaba en telefónica, tío de  Juan Flor el ATS y Emilio Flor, profesor de Instituto. El que esta de pie a la derecha es Manuel Ojeda Leiva, cuyos hijos fundarian la Cadena de Confiterías y Pastelerías La Perla. El que esta sentado  es Antonio Poullet Álvarez, tenia una barbería en la calle ganado).

rotulo_caballero_puertosantamariaUn nuevo cambio se va a producir en la vida laboral, e incluso de gremio. Como Juan Antonio vive cerca de la calle Ganado, entra a trabajar en la Panadería de Antonio Ojeda sustituyendo en los descansos los turnos de los panaderos. Simultáneamente vuelve al mundo de las bodegas y entra como eventual en Bodegas Terry donde, a las órdenes de Lobato como capataz, ponía etiquetas, lavaba botellas y hacía lo que fuera menester. De Terry pasa a Bodegas Caballero, con Joselete Rosso Camacho como Capataz donde está un tiempo hasta que Federico Pico lo recluta para un nuevo proyecto.

alambique_puertosantamariaEL CACAO PICO
Federico Pico había regresado de América y  cuenta con él como encargado para la Fábrica de Licores Pico que ya existía en Pozos Dulces y que se haría famosa por el Cacao Pico; recuerda Juan Antonio que el alambique estaba por la calle La Victoria.  Miguel Ferrer, el camarero de tantos años en la Cervecería Puerto que vivía en la calle San Juan, estuvo allí de aprendiz.

La fórmula del Cacao era conocida solo en parte, ya que la proporción de vainilla exacta solo la conocía el propietario que la volcaba en solitario y en secreto, para no descubrir lo que hacía singular su destilado.  Alcohol, agua, cacao de América del Sur que era tratado en infusión; a continuación era tostado con arena de playa puesta en un perol a la candela; luego se zarandeaba en un saco y se dejaba en una barrica cerrada sudando. Al finalizar el proceso se machacaba y se enviaba al alambique, destilándose en una proporción de 65%, o lo que es lo mismo obteniéndose un alcohol de Holandas.
cacaopico_puertosantamaria1Pero con la crisis de la escasez de materia prima la Destilería tiene que cerrar a principios de la década de 1940: «--Juan Antonio, aquí hay que achicar» recuerda perfectamente. La panadería de Ojeda y la eventualidad en Terry fue aliviando la maltrecha economía de Juan Antonio, como obrero, en la posguerra. Incluso llega a colocarse en La Otra Banda, en la Aserradora de Barcas, preparando tablillas para las cajas de pescado, o en la Aserradora de Pastor en la calle Misericordia. No podía pararse, no podía quedarse parado.

barciacaraballo_parque_puertosantamariaEn 1948 se casa coincidiendo con su entrada en Destilerías Morphy. En 1950 entra a formar parte de la plantilla eventual de Bodegas Cuvillo, donde estará nueve años entrando y saliendo en función de las necesidades de la faena bodeguera. Una equivocación del sindicato vertical hace que, en 1959, Juan Antonio y otros 20 compañeros alcancen el ansiado puesto fijo en dicha Bodega, disfrutando por primera vez, tras casi 30 años de vida laboral, de la tranquilidad de una continuidad, sin los sobresaltos del paro intermitente y la búsqueda del pluriempleo. Se jubila, gracias al Convenio de la Vid, con 60 años, en 1978. El cierre de Cuvillo por quiebra en 1985, sin embargo le jugaría una mala pasada ya que dejaron de pagarle, además, la parte proporcional del Montepío de San Ginés -que acabaría desapareciendo- y las aportaciones extraordinaria pactadas en convenio, correspondiente a la propia bodega.
Una vida azarosa, de lucha por un puesto de trabajo, en la que la fortaleza de Juan Antonio ha sido puesta a prueba con asiduidad. Pero nuestro protagonista es hoy un hombre feliz, con su mujer, con sus hijos y nietos provechosa y venturosamente situados en el mercado laboral e incluso alguno ya jubilado por enfermedad, como es el caso de su hijo Julio Barcia, tantos años de camarero en El Cafetín. (Juan Antonio y su mujer Josefa,  por el Parque Calderón en los años 40 del siglo pasado).

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NOTICIA DE PRENSA.
En el desaparecido diario “El Puerto Información” aparece la siguiente noticia -que ha llegado a nosotros sin fechar- firmada por S.D. en la que se puede leer: «UN PORTUENSE RECONOCE A SU PADRE EN UNA DE LAS ESTAMPAS DE EL PUERTO. Un portuense, que ya ha pasado la barrera de los ochenta años, Juan Antonio Barcia Caraballo, reconoció a su padre en una de las fotografías que este periódico edita en colaboración con Pryca El Paseo bajo el título “Estampas de El Puerto”, correspondientes a imágenes de primeros de siglo.

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La fotografía original que apareció en el periódico esquina de Luna y Larga, donde aparece el padre de Juan Antonio con el carro de los suministros.

El octogenario portuense comentó que el repartidor de gaseosa que apareció en la estampa número 4 se trata de Julio Barcia Nieto, quien trabajaba para la confitería La Campana de los herederos Pérez-Leiva, que se encontraba situada en plena calle Luna. La gaseosa se repartía entonces en las botellas de sifón.
La única foto. Julio Barcia falleció a los 51 años de edad, el 1 de noviembre de 1939. Su hijo carecía de fotos de éste debido a que su madre, antes de fallecer, solicitó a una de sus hijas que todas las fotografías del matrimonio «se las metiera en la caja [ataud], mira que cosas, y me quedé sin ninguna foto”, dijo Juan Antonio Barcia. No obstante, éste cuenta con una imagen igual a la publicada por este periódico, bastante deteriorada por el paso del tiempo y, probablemente, por todas las veces que ha sido cogida para mirarla.
barciacaraballo_matrimonio_puertosantamaria1Barcia recordó, con la estampa en la que aparecía su progenitor, algunas anécdotas familiares como el hecho de que “por la noche llegaba a casa cargado de ducles de la confitería y me contaba que cuando se levantaba por la mañana se encontraba toda mi cuna llena de mijitas de pasteles porque yo me levantaba por la noche y me los comía en la misma cuna».
(El matrimonio Barcia Caraballo-Bernal Márquez, en una imagen retrospectiva).

Muestro agradecimiento a Miguel Sánchez Lobato que ha restaurado tres fotografías de Barcia Caraballo.

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Fotografía tomada en 1926 a la entrada de la Iglesia -lado izquierdo- de la que hoy es la Parroquia de San Francisco. Son las Juntas Directivas de las Congregaciones religiosas de aquellos tiempos, de la Inmaculada y San Luis Gonzaga, y de San Estanislao de Kostka. Los 'luises' llevan un collar de medallones y los 'estanislaos' una banda colgadura con medalla de color rojizo. Los apellidos que la integran son bastante significativos. (Foto M.G.G.)

En pie, de izquierda a derecha, Pascual Benvenuty Morphy, Agustín Merello Álvarez-Campana -nótese el parecido con Rafael Alberti Merello-, José Moresco Muñoz, Luis Muñoz y Muñoz el abanderado, Luis Suárez Rodríguez padre del abogado Luis Suárez Ávila, Rafael Paullada Varela, José Antonio Benvenuty Morphy sanestanislaodekotskay Francisco Muñoz Bela, hijo del Dr. Francisco Muñoz Seca, y tío de Joaquín Muñoz Manzanera. Sentados, de izquierda a derecha: Juan Pedro Velázquez-Gaztelu Caballero-Infante (padre de Cándido Velázquez-Gaztelu quien, durante el gobierno socialista, presidió durante bastantes años Telefónica, Tabacalera y presidió el Consejo Económico y Social de la Universidad de Cádiz), Manuel Gago Vélez, padre del que fuera alcalde Fernando Gago, Antonio Osborne Vázquez, Padre Arjona S.J., Padre Viu S.J., Javier de Terry y del Cuvillo, Joaquín Osborne Tosar y José Ignacio Merello Álvarez-Campana. Sentados en el suelo: Luis y Jesús Merello Álvarez-Campana. A la derecha, estampa de San Estanislao de Kostka.

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uriarteyborja_puertosantamariaFrancisco de Paula Plácido Xavier de Uriarte y Borja, nació en nuestra Ciudad en 1753, hijo de un vasco de Azpeitia y de una riojana. Fue marino, llegando a la mayor dignidad de su carrera, es decir Capitán General de la Real Armada Española en 1836. Asistió a la famosa batalla naval de Trafalgar, al mando del navío Trinidad, que fue el que puso fuera de combate al buque almirante inglés en el que Lord Nelson halló la muerte. Contrajo matrimonio en 1800 con su sobrina carnal Francisca Xaviera de Uriarte y Gálvez. En 1822 se retiró a nuestra Ciudad, donde falleció en noviembre de 1842, sin dejar descendencia. En 1983, sus restos mortales, como Capitán General, fueron trasladados desde el Cementerio de El Puerto hasta el Panteón de Marinos Ilustres de  la vecina localidad de San Fernando, en una acto solemne y poco visto en los últimos años, organizado por el entonces concejal Luis Suárez Ávila, siendo alcalde el comunista Rafael Gómez Ojeda. El retrato de Francisco de Paula Plácido Xavier que encabeza esta nótula, se conserva en el Museo Naval de Madrid.  Es un óleo sobre lienzo (96 x 84 cm), copia de un original desconocido, por Ramón de Salvatierra y Molero, realizada en 1853. Es un retrato de medio cuerpo, de pie; viste uniforme pequeño de Capitán General de la Real Armada, con las solapas abiertas a la moda de la época de Isabel II; una carta enrollada en la mano; bandas y placas de Carlos III y San Hermenegildo y la Cruz de Santiago.

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Croquis inglés sobre la disposición de las flotas combinadas de Francia y España y la flota inglesa en la Batalla de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805.

Francisco de Paula Plácido Xavier sentó plaza de guardiamarina en 1774. Se halló en las campañas de Argel (1775) y Santa Catalina (1776-1777). A las órdenes de Luis de Córdova y al mando del navío Firme concurrió al bloqueo de Gibraltar y combate del cabo Espartel (1782). Participó en la expedición científica al estrecho de Magallanes, a las órdenes de Antonio de Córdoba (1788-1789). Sirvió en la campaña de Rosellón (1739) y el año siguiente, mandando la fragata Lucía, realizó un viaje al Río de la Plata para traer caudales. Obtuvo sucesivamente los mandos de los navíos Terrible y Concepción de la escuadra de Mazarredo, con el que estuvo en Brest, el Príncipe de Asturias, el Guerrero, el Argonauta -con el que transportó a los Reyes de Etruria- y, finalmente el Santísima Trinidad, con el cual participó en el combate de Trafalgar, resultando herido y prisionero de guerra. En 1806, ascendido a jefe de escuadra, Uriarte fue nombrado mayor general de la escuadra estacionada en Cádiz y consejero de la Guerra. En Madrid se encontraba al ocurrir los sucesos de 1808, por lo que se presentó a la Junta de Sevilla y fue nombrado gobernador militar de la isla de León, donde asistió al sitio a que fue sometida la plaza por los franceses. En 1811 obtuvo el mando del arsenal de La Carraca y de allí pasó a Cartagena como gobernador político y militar. Ascendido a teniente general de la Real Armada, fue nombrado capitán general del departamento de Cartagena en 1816.  En 1822 se retiró a nuestra Ciudad, donde falleció en noviembre de 1842

uriarteyborja_sablehonor_puertosantamaria1EL SABLE DE HONOR.
Este es el Sable de Honor de Francisco de Paula Plácido Xavier. El arma, de 98 cm de longitud, estilo imperio,  construida por Nicolás Boutet en Versalles. Hoja curva de acero, empuñada de latón dorado, vaina de madera recubierta del mismo metal dorado. En el canto del recazo figura la leyenda KLINGENTHAL, y en el metal de la primera parte de la vaina M.F. TURÉ A VERSAILLES ENT. SE BOUTET. Fue regalado por Napoleón Bonaparte, Primer Cónsul de la República Francesa, nuestro Capitán de Navío, a la sazón, comandante del navío Príncipe de Asturias cuando se hallaba estacionado en Brest. Lo usó en el combate de Trafalgar, ell 21 de octubre de 1805, mandando el Santísima Trinidad. Hallándose herido y prisionero en Gibraltar de resultas de la acción en que su navío se hundió, conocedor el almirante Collingwood, sucesor de Nelson, de la gran estima en que Uriarte tenía este sable, mandó hacer una requisa en su escuadra y se lo devolvió como testimonio honroso de su comportamiento durante el combate.
Donado al Museo por Isidoro de Uriarte, sobrino del general. Fue restaurado en 1996.

santisimatrinidad_puertosantamariaEL SANTÍSIMA TRINIDAD
El “Santísima Trinidad” fue el más famoso y problemático de los buques que se construyeran en La Habana. Era el mayor navío de guerra a flote en ese momento en el mundo, poseía 136 cañones. Sus enormes dimensiones dificultaban su maniobra. Benito Pérez Galdós lo describió así: “El Santísima Trinidad era un navío de cuatro puentes. Los mayores del mundo eran de tres. Aquel coloso, construido en La Habana con las más ricas maderas de Cuba en 1769, contaba con treinta y seis años de honrosos servicios (...) Las cámaras situadas a popa eran un pequeño palacio por dentro, y por fuera una especie de pequeño alcázar; los balconajes, los pabellones de las esquinas de popa, semejantes a las linternas de un castillo, eran como grandes jaulas abiertas al mar (...) Nada más grandioso que la arboladura, aquellos mástiles gigantescos, lanzados hacia el cielo como un reto a la tempestad”.

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El navío fue construido en La Habana por Mateo Mullan bajo la dirección de Juan de la Colina Rasines, botado en el 1769, inicialmente se construyó como navío de tres puentes y 118 cañones, terminando después de tres reformas (1778, 1797, 1803) como navío de cuatro baterías corridas y 130/140 cañones. (En la maqueta, se puede observar a babor las baterías de cañones desplegadas).

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El “Escorial de los Mares” como solían llamarle en su tiempo, tuvo una historia azarosa. Doscientos años después de la batalla de Trafalgar, el navío español "Santísima Trinidad" ha sido rescatada. Se trata de una réplica del que fuera navío insignia de la flota naval española desde 1769 hasta 1805 en el que los ingleses tomaron el relevo de la hegemonía naval española y la Armada Invencible fue derrotada frente a las costas de Cádiz. (En la ilustración, óleo de autoría inglesa que muestra el momento en el que el barco se fue a pique).

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Fué el barco mas grande de su tiempo y uno de los mas hermosos, con sus 2.163 toneladas era muy sólido pero también se mostraba lento al navegar y siempre dió problemas al respecto, terminó sus días en la batalla de Trafalgar, hundido por el temporal el 24 de Octubre de 1805, después de haber sido apresado por los ingleses. (En la fotografía la réplica del Santísima Trinidad, surta en el muelle de Algeciras. Foto: Xavier A. Rivera).

uriarteyborja_ctfdo_1805_puertosantamariaUN CERTICADO CON LA FIRMA DE URIARTE
Don Francisco Javier de Uriarte y Borja
Jefe de Escuadra de la Real Armada y Comandante que Fue del Navío Santísima Trinidad, en el Combate de la Escuadra Combinada de España y Francia contra la Inglesa en el día 21 de octubre de este año.
CERTIFICO: Que el primer contramaestre Tomas Tosso, ha servido con el cargo de tal en nuestro Buque bajo mis ordenes desde su armamento, hasta 24 del citado Octubre que de resultas de aquel combate se fue a pique; en cuyo tiempo ha manifestado la conducta recomendable y la Sobresaliente inteligencia que tiene acreditada en todos sus antiguos y honrados servicios, y que en el día del mencionado Combate, desempeñó todas sus obligaciones con valor e inteligencia mucho más allá de cuanto yo pueda decir en elogio de este honrado y benemérito oficial de Mar, a quien considero dignísimo de las gracias y piedad del Rey Don Carlos IV de España y Sajonia tenga a bien dispensarle y para que conste en donde convenga le doy la presente en el Puerto de Santa María a 20 de Noviembre de 1805.
Ndo en la Lista de oficial de mar de la Comandancia del arsenal al Fº 124.»

LARRA, LAS CARTAS DE FIGARO Y URIARTE. (Fragmento).
Segunda carta de Fígaro a su corresponsal en París, acerca de la disolución de las Cortes, y de otras varias cosas del día (de Mariano José de Larra).
figaro_puertosantamaria1«Es lo peor que en 16 de enero, ocho días después, no estábamos más adelantados en punto a estilo de reales órdenes, porque Su Majestad, por real decreto de dicho día, promueve a don Francisco Javier Uriarte y Borja a la dignidad de capitán general de la armada «sin aumento alguno de goce, a que generosamente renuncia Uriarte en atención a las presentes circunstancias». Convengo en que las presentes circunstancias no son para muchos goces, pero también es gran lástima que desde el 16 de enero no pueda gozar el señor Uriarte sino precisamente lo mismo que gozara hasta aquel día, y que haya de tener tan en el fiel la balanza de sus penas y placeres. Es decir, que si al día siguiente del real decreto le hubieran dado al señor Uriarte una buena noticia, como por ejemplo la disolución del Estamento, debería haberse mirado mucho en gozar de aquella satisfacción que debería naturalmente caberle, porque ése sería aumento de goce, supuesto que en su vida habrá tenido otro igual antes del 16 de enero.
¿No sería bueno que para mejorar la suerte del señor Uriarte, y aun la del director de Correos, se comenzasen a emplear en los ministerios gentes que supiesen ya leer por lo menos y escribir?
» Fígaro. Mariano José de Larra.

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Sobre impreso y con matasellos especial con motivo de la Exposición Filatélica organizada como Homenaje a Don Francisco Javier de Uriarte y Borja, entre los días 25 y 29 de noviembre de 1982, en nuestra Ciudad. El matasellos es un dibujo de la 'Santísima Trinidad'.

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La Madre o Hermana -que es la nueva denominación- María de San Francisco -en la vida civil Paqui Aguilar Alcedo- es una porteña de ida y vuelta que, aunque nacida en Rota por ser su madre de allí, ha vivido largos periodos en El Puerto: donde más ha vivido y sentido, y donde ha tenido diferentes residencias. Su padre, Guardia Civil destinado en Córdoba, Badajoz o Barbate, siempre volvía a la Casa Cuartel y por ende a El Puerto. Así ha tenido su residencia en la Casa Cuartel, en la Barriada del Tejar o en la Ribera. Ahora, ya definitivamente desde que se dedica a la vida contemplativa, en Pozos Dulces, frente a la Rotonda de las Velas, en el Convento de las Comendadoras del Espíritu Santo. Técnicamente este cenobio es lo que se conoce como un convento de clausura constitucional, por lo que pueden alternar su contemplación con alguna actividad apostólica, en este caso la enseñanza, frente a los conventos de clausura papal. Estos últimos «se dedican  íntegramente a la contemplación, y sus miembros se ocupan sólo de Dios, en soledad y silencio, en asidua oración y generosa penitencia. Con esta vida de contemplación plena es como sirven y son útiles a la Iglesia, en la que ocupan un puesto eminente», según la propia Iglesia Católica.

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La iglesia del Convento, vista desde el Coro de la Clausura  uno de los lugares desde donde las religiosas comendadoras rezan a diario las distintas oraciones de la Liturgia de las Horas, antes llamada Oficio divino o Breviario, (*) .

cuadro_comendadoras_puertosantamariaSi bien nuestra María de San Francisco estudió de pequeña en el Colegio que la Orden mantiene en nuestra Ciudad, su vocación fue tardía. Con 16 años salió desengañada de la Iglesia y vivió su vida al margen de preceptos religiosos. Como el apóstol Pablo, podríamos decir que la religiosa experimentó su particular “caída del caballo” y se convirtió cambiando radicalmente su vida, con 24 años. Muchas amistades consideraron que aquella elección, la vida en un convento y de clausura, iba a durar poco, que era un arrebato. Incluso un novio que había tenido se desplazó a nuestra Ciudad para entrevistarse con ella y comprobar con sus propios ojos que aquello era cierto. --»¿Que le había pasado a tu cuerpo?», le preguntó. Su respuesta fue otra bien distinta: --»Pregúntame mejor que le ha pasado a mi mente».  Estuvo María el año preceptivo de discernimiento, palabro que usa la Iglesia para describir el periodo de reflexión en el que “el interesado intenta descubrir hacia donde le lleva Dios en su camino espiritual y apostólico. Que quiere hacer su Dios con su corazón y su vida”. Es un tiempo para valorar y comprobar si la vocación es o no firme. A la vista está que si, pues María es feliz con lo que hace, con la mente muy clara y muy convencida de los pasos que ha andado y hacia donde ha dirigido su vida.

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Patio de Clausura del Convento que puede ser visitado una vez al año en una jornada de puertas abiertas.

María vivió de novicia en un convento de Pamplona, en Sangüesa, pero aquel clima no lo  entendía nuestra religiosa. Prácticamente toda su vida conventual la ha hecho en El Puerto salvo en el periodo de tres meses que estuvo en Méjico promocionando las vocaciones entre la población del país americano. Vino sorprendida por la experiencia -única- en un país en el que no conocían a nadie, y donde encontraron todo tipo de facilidades para ejercer su menester. En la actualidad la Orden Comendadora tiene tiene misiones en varios enclaves de Burundi (Gatara, Buraniro y Bujumbura).

madreamordedios_puertosantamariaA María se le transforma la cara cuando recuerda a la religiosa que propició que la Orden no abandonara El Puerto cuando, hace aproximadamente 50 años, con el Convento semi en ruinas, y sin apenas bienes tuvieron que pignorar la mayoría de los bienes de la comunidad a anticuarios y particulares. ¿Acaso se aprovecharon de la buena fe de las monjas quienes, necesitadas para comer, restaurar y resisitir malvendieron el valioso inventario de obras de arte religiosas del que apenas quedan muestras ya que todo es prácticamente de donaciones actuales? Así la Madre Amor de Dios, superiora a la sazón en aquellos tiempos, dirigió la nave para que no encallara más de lo que estaba en el cercano río Guadalete (río del Olvido) y conseguir que remontara el Cenobio, a su situación actual. Aquellos eran tiempos de largos velos, casi burkas, y mucha humildad... (Ilustración: Madre Amor de Dios).monja_espiritusanto_puertosasantamaria

Hoy integran la comunidad  de las Comendadoras del Espíritu Santo 15 religiosas procedentes de:

  • El Puerto de Santa María (3)
  • Sevilla (6)
  • Jaen (1)
  • Kenia (3)
  • Méjico (2)

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EL CONVENTO
El Convento de las Comendadoras del Espíritu Santo es el convento de religiosas más antiguo de El Puerto. El investigador Hipólito Sancho Mayi señala su fundación a finales del siglo XV aunque, argumentaba, anteriormente existía en el solar la Ermita de San Blas, ampliada para construir el convento. Las hermanas profesan la regla de Guido de Montpellier; en su fundación se encomendaron al Sancti Spiritus y San Telmo, una orden que establecía la necesidad de contar con hospital y comunidad de hombres y mujeres. El Hospital del Espíritu Santo y San Telmo existía desde el siglo XVI, época en la que ya era convento exclusivamente de religiosas.  La Orden de Comendadoras del Espíritu Santo fue fundada por el venerable Guido de Montpellier, en ese municipio francés en 1173, obteniendo la aprobación pontificia en 1198, a los pocos años. Su encargo es la consagración al Espíritu Santo parra orar por la Iglesia y por el mundo, estando en la diócesis desde 1470.

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La hermana Rocío en una de las dependencias de la Clausura, donde se encuentra una imagen de la Patrona del Siglo XVIII (es costumbre entregar como dote una imagen de la Patrona o del Niño Jesús), y un San José atribuido a La Roldana, entre otras imágenes religiosas.

sanjose_roldana_comendadoras_puertosantamariaTanto el  Convento como la Iglesia han sido objetos de muchas reformas desde el siglo XVI hasta nuestros días. La fecha reflejada en la fachada neoclásica de la iglesia indica la última de envergadura realizada en dicha nave, en 1851. La iglesia es de una sola nave con cuatro tramos más el del coro, a los pies. En su interior se encuentran retablos, esculturas y pinturas de los siglos XVII, XVIII y XIX. Estuvo radicada la Cofradía de la Veracruz, la imagen más antiguo que procesiona en El Puerto y que en la actualidad se encuentra en la Parroquia de San Joaquín. En el lateral, como muchos templos de su época, tiene dos puertas -cegadas en la actualidad, que servían como diferentes puertas de entrada y salida en las peregrinaciones.
El edificio se resintió por las diferentes circunstancias históricas por las que pasó, tales como el saqueo de la Ciudad por tropas angloholandesas en 1702 durante la Guerra de Sucesión, que arrasó el archivo, el terremoto de 1755 y la ocupación por las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia, sirviendo la iglesia de cuadra a la caballería francesa. En 1884 fue Hospital de Sangre, es decir para heridos de guerra de los diferentes conflictos mundiales en los que se encontraba inmersa España y al ser la Bahía de Cádiz punto de partida, arribada y abrigo de los buques de guerra de la Armada. (Talla de San José, de 'La Roldana').

img_3150EL LIBRO DE LA LITURGIA DE LAS HORAS

"A lo largo de la historia han variado tanto las Horas como el contenido de la oración. Al Oficio divino o Breviario se prefiere llamarlo hoy Liturgia de las Horas. Constaba de ocho momentos distintos: Maitines, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. El Vaticano II suprimió la hora de Prima, dio prioridad a Laudes y Vísperas, de las llamadas horas intermedias (Tercia, Sexta, Nona) dejó que se eligiese una de ellas, creó el Oficio de Lecturas (que aún llama Maitines) aunque no se sujeta a hora nocturna y que las Completas fuese siempre oración para el fin de la jornada. Los monjes, frailes, monjas y consagrados obligados a coro mantienen la obligación de las ocho horas canónicas. Los dos momentos principales de esta oración son Laudes y Vísperas, antiguamente llamadas Horas Mayores, y por ello tienen que tener el lugar más destacado. Laudes se reza al comienzo de la jornada y Vísperas al finalizar el trabajo del día." Jesús Luengo, Licenciado en Historia del Arte.

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En el Convento, en plena faena de repostería. Foto Fito Carreto.

En nuestros días estas monjas tienen abierto un centro escolar, siendo la Superiora la Hermana Candelaria, hija de la portera que tuvo el Convento y que se descubrió la cadiz_sabe_gloria4vocación en los talleres de costura del mismo. Y, aunque están protegidas con cámaras de seguridad continúan dando a diario desayunos a menesterosos y personas con problemas de drogadicción. Hoy se dedican a elaborar productos de repostería, que pueden ser encargadss directamente en el torno de la calle Espíritu Santo, o bien interesarlos al teléfono o fax siguientes: 956541698. Fax 956870271. ¡Que les aproveche!

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antoniomunozrique_puertosantamariaDecir en El Puerto ‘Muñoz’ trae a la mente de forma inmediata el gremio de los peluqueros. El gran patriarca Antonio Muñoz Riqué, desaparecido en el año 2000,  ha sido el fundador de una saga familiar que lleva su nombre, desde que empezara en la década de los cincuenta con la barbería de la calle Vicario, número 9, a las modernas peluquerías unisex que regentan sus hijos y en la que ya están echando una mano sus nietas y nietos. Su hijo José regenta en la actualidad la peluquería de la calle Vicario, y Manolo y Antonio, sendos establecimientos por el entorno de la Avda. de la Constitución.
El Maestro Muñoz nació en el barrio alto portuense en febrero de 1916, en la calle de las Cruces y en la calle Vicario, desempeñó la mayor parte de su vida profesional, con un despacho abierto al público por el que han pasado varias generaciones de portuenses. Hijo de Ramón Muñoz ‘El Taco’, vaquero en el Coto de la Isleta, realizó diversos aprendizajes hasta dar con la profesión de su vida: la de barbero. Persona habilidosa con las manos, pronto empezó a destacar en el oficio, circunstancia que se navajabarbero_puertosantamariaunía a una innata capacidad para las relaciones humanas, que sería una constante a lo largo de su vida.

antoniomunozrique_4_puertosantamariaEl quehacer del Maestro Muñoz va unido a la leyenda de aquellos barberos que hacían de “practicantes”, poniendo inyecciones, practicando sangrías y actuando de “sacamuelas”, que de todo hizo nuestro barbero, ciñéndose al máximo a los cometidos de su oficio. Época hubo en la que, con la bicicleta como medio de transporte, iba por los campos y gañanías de El Puerto cortando el pelo –pelando- a sus moradores. Los honorarios, en el más puro estilo del trueque: una barquilla de brevas, unos sacos de hortalizas, huevos, gallinas... Había que sacar adelante a la familia. Y época hubo, también, en la que, tan bajos eran los precios de los ‘pelados’, que había que estar abiertos hasta las doce de la noche, sábados incluidos y hasta medio festivo, para sacar un digno jornal, a base de horas en “la accesoria”. Baste recordar que las barberías permanecían abiertas hasta después de las funciones de teatro o del cine, esperando para arreglar a los clientes salientes de los auditorios de la época. De porte bien parecido, con un sentido del humor propio de esta tierra, trabajador a destajo para sacar adelante una familia con seis hijos, valiente y echado para adelante –para él nunca existían los problemas-, desprendido, que trataba a los niños como si fueran personas mayores, que llegaba a todo el mundo, el Maestro Muñoz ha dejado una impronta personal y profesional que va a perdurar en la memoria de quienes le trataron . (En la fotografía, un joven Antonio trabajando con un sillón que no giraba por entonces...).

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Fue un innovador desde el principio, pues hace cerca de cincuenta años, puso de aprendiz en la barbería a su hija la mayor, Mercedes, con el consiguiente murmullo de la entonces conservadora sociedad civil, fuertemente mediatizada por todo tipo de prejuicios. Y así empezó, en la década de los cincuenta, dando los primeros pasos que convergerían en la peluquería unisex. También fue pionero en aplicar el tinte en la peluquería masculina, entonces barbería.  Su primer cliente, su amigo Antonio Fernández Galloso, tío del diestro José Luis Galloso, quien tiene nótula propia en Gente del Puerto. (En la fotografía los peluqueros, Antonio Rueda, Francisco Varo Marchán 'Cuqui'  y Antonio Muñoz, a la derecha, con aprendices y clientes).

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Pero quizás dos actuaciones definan, de la mejor manera, su generosidad y bonhomía: más de una vez pernoctó en su barbería algún transeúnte para que no durmiera al raso.  Y nunca se aprovechó de la información privilegiada que le proporcionaban los corredores de comercio, que en su local se reunían para hacer tratos y negocios, y de los que era su confesor y amigo. Aunque, eso sí, no perdonaba la copa que sellaban los acuerdos y avenencias. O la tradicional partida de dominó hasta las tantas, en el bar Número 3. Genio y figura, donde quiera que esté, con ese sentido del humor tan portuense, arreglará con su peculiar estilo testas y bigotes, ya para la eternidad. (Fotografía: animada reunión en el Bar Número 3, Antonio es el segundo por la derecha sentado).

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El mercado de la Concepción y la calle Ganado, de donde arranca la calle del Vicario y que desemboca en la Plaza de la Iglesia.

antoniomunozrique_precios_puertosantamariaLA CALLE VICARIO EN LOS SESENTA
El paisaje urbano, repleto de tiendas, que conoció el maestro barbero Muñoz en la década de los sesenta, permanece todavía en la memoria de muchos portuenses. La calle Vicario se iniciaba en el cruce con Ganado, con los puestos de churros, Calzados León, bar Nº 3, tintorería Amaya, y en los bajos de la Pensión Las Columnas, el bar El Brillante, con Eugenio Mena, y la tienda de Manuel, el gitano, que arreglaba paraguas y lo que hiciera falta. Enfrente la tienda El Metro, donde hoy está la única churrería que queda, y haciendo esquina con la calle Sierpes, el almacén de Eloy, al lado de la carpintería Lobo y el bar El Milindri. La acera de la barbería, de nuevo en la calle Vicario,  continuaba con Tejidos Muro, la zapatería de Juan Merchán, la propia Barbería, la que fue pensión de los artistas: Fonda Bartolo, Tejidos Castilla, bar el Tunel, que comunicaba las calles Vicario con Santa María, y la lechería de Paco Buhigas, haciendo esquina con la Plaza de Juan Gavala. Enfrente, esquina con San Juan, el almacén de Isidro, el bar Ceballos en la casa de los Monge; el bar Ramiro, la Panadería de Concha, el almacén de Olete, los liberatos de Librada y Casa Juana, en cuyo piso de arriba vivió y crió a sus hijos nuestro barbero. Después vendrían Plastimar, Discofilm y Calleja, un relojero, más tiendas de tejidos, y hogaño, las inevitables de todo a cien... La calle Vicario era una arteria de penetración al corazón comercial de El Puerto, que con la peatonalización -que curioso- a punto estuvieron de cargarse. (Ilustración: Lista de Precios ¡increíbles! de los años sesenta del siglo pasado).

antoniomunozrique_6_puertosantamariaCLIENTES DISTINGUIDOS, DESTACADOS APRENDICES.
El Dr. Muñoz Seca, el otro nombre de la calle Vicario donde vivió el hermano del comediógrafo D. Pedro, fue cliente de nuestro barbero, a quién le arreglaba el pelo y las guías del bigote, con tenacillas calentadas a fuego con carburo. Otro de sus parroquianos, traído de Las Ramblas de Barcelona por Eduardo Ruiz Golluri, fue el barbudo anunciador del entonces Cognac Centenario Terry, que todavía se puede contemplar en un reclamo publicitario que se encuentra en el Bar Vicente, en La Placilla. “Yo siempre bebí Centenario”, reza la leyenda.
Los artistas de variedades y del Teatro Chino de hace cincuenta años, se arreglaban en el despacho de Muñoz Riqué, y luego, tras la función se iban a celebrar el encuentro al antiguo Bar El Tunel.
De entre sus más de medio centenar de aprendices de toda la provincia, el Maestro Muñoz tuvo dos hijos de El Puerto que han triunfado en otras artes de la vida, el pintor de la luz, Juan Lara y el ex director del Orfeón Portuense, Muñoz Cuenca. Han continuado en el tajo muchos de sus antiguos pupilos, como es el caso del reconocido peluquero Francisco Varo Marchán, “Cuqui”. (En la fotografía, Antonio Muñoz Riqué vestido de legionario, con condecoraciones propias y auténticas de la Guerra Incivil, con su hijo Pepe Muñoz Ortega, actual regente de la barbería de la calle Vicario, en la azotea de la desaparecida casa familiar de la misma calle).

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En la fotografía, los miembros de la Peña Unión Racinguista (PUR) y algunos agregados. De izquierda a derecha, fila superior: Desconocido, Agustín Fernández González, Fernando Arjona González, desconocido, levantando la mano Pepín Nogués Ropero, Fernando Gago  García abandarado para la ocasión, José Ignacio González Lechuga, sosteniendo la pancarta junto Enrique Esteban Poullet, desconocido, Torre, Rafael Gómez y desconocido. Debajo de la pancarta, sosteniendo un escudo racinguista, Ignacio Gago García, Fernando León García, Javier Tosar Barrera, desconocido, y Victor Gómez Giménez. En la siguiente fila, de izquierda a derecha: tres desconocidos, Pepe Beltrán Serrano, desconocido, Luis Osborne Tosar, Serafín Martínez, Luis Ortega Calvario, y Falele de los Santos Márquez, Alvarito Osborne Tosar, desconocido y creemos que El Pulgui. Tercera fila: dos desconocidos, Serruti, cuatro desconocidos, Enrique García Máiquez, Agustín Merello del Cuvillo, Fernando Bootello Reyes,  creemos que Rafael Lore y desconocido. En la fila de abajo: Manuel Jesús Merchante Gutiérrez, desconocido, Manuel Carrasco de la Bandera, José Joaquín Muñoz Manzanera, desconocido, el padre de los Morales, dos desconocidos y Luis Pérez. En algún sitio tiene que estar Manuel Pacheco Albalate(Foto Colección Vicente González Lechuga).

La Peña Unión Racinguista (PUR) era un colectivo de jóvenes que animaba en el estadio del Rácing a su equipo hace de ello cincuenta años. La particulariad de esta peña, y la expectación que causaba, gravitaba en la pancarta que llevaban -siempre distinta- alusiva al encuentro de fútbol anterior celebrado fuera de El Puerto por nuestro equipo. En esta ocasión, la fotografía pertenece al 6 de marzo de 1960. El rácing había jugado los dos últimos partido fuera de casa resultando ganador en ambas ocasiones: contra el Riffin (Ceuta) y contra el Morón; la pancarta representa a un jugador del rácing que tiene cogido por el cuello a un moro (ciudadano magrebí) y a un gallo. Los autores de las cartelas solían ser Antonio Andrade del Valle o Macario Valimaña Lechuga y el patrocinio de las mismas corría por cuenta de Fernando A. de Terry, representando una contraetiqueta azul y amarilla. La directiva estaba compuesta por: Fernando Gago García, como presidente, Rafael de los Santos Márquez, Secretario y Agustín Merello del Cuvillo, como tesorero. A lo mejor, si en El Puerto existiera hoy una afición como aquella, el Rácing no estaría pasando por las circunstancias actuales.

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Veintidós años más tarde, el 10 de junio de 1982, vemos una instantánea tomada en el vomitorio del Estadio José del Cuvillo. Aparecen, entre aficionados y directivos de la entidad rojiblanca, de izquierda a derecha, Manuel Gómez Barrera, Manolin el del bar "La Lucha"; el pequeño,Antonio Miranda Alonso; Antonio Miranda García, por detras Francisco Ferrer Palacios; Bartolome Dominguez Sánchez; Victor Martinez Guerra; el chiquillo, hijo de Bartolome Dominguez; Antonio Carbonell López; El ayudante de "Chicharito", "Pimpollo"; Joaquin Roso Morro; Manuel Gutierrez Morillo, Manolito "El Cochino"; su hijo, Manuel Gutierrez Castro. (Fotografía Rafael Pérez 'Rafa'. Colección de Antonio Carbonell López).

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joseluispoullet_01_puertosantamariaJosé Luis Poullet Martínez nació en nuestra Ciudad el 25 de febrero de 1897. Estudió en el Colegio San Luis Gonzaga, continuando sus estudios en la Escuela de Náutica de Cádiz, donde finalizó los de Marina Mercante. Posteriormente se licenció en Ciencias Exactas, para luego dedicarse a la enseñanza, fundando su propio Centro de Estudios, la Academia Poullet, el único Centro Reconocido de Enseñanza Media en su época, y en el que aprobaban la Reválida todos los alumnos presentados por dicho Centro. Estuvo impartiendo clases desde 1922 hasta el mismo día de su fallecimiento, en noviembre de 1956, con 59 años. El centro continuó abierto por sus hijos hasta su cierre definitivo.

José Luis era hijo de un tonelero que trabajó en las Bodegas de Sancho. Accedió a estudiar en el Colegio de San Luis Gonzaga mediante beca, gracias al acuerdo alcanzado entre el Ayuntamiento y los Jesuitas. La calle existente entre la Plaza del Ave María y la Calle Valdés, -la calle Sierpes, que no tiene nada que ver con la actual Sierpes, junto al Mercado de Abastos- pasaba a propiedad de la Orden y a cambio se otorgaban plazas escolares gratuitas a alumnos con posibilidades pero en precarias condiciones económicas. (Foto Colección V.G.L.)

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El Colegio de San Luis Gonzaga, en la Plaza del Ave María; a la izquierda de la fotografía se puede apreciar la calle Sierpes que desembocaba en Valdés, permutada con el Ayuntamiento.

Como hemos señalado, estudió para Marino Mercante, profesión que no pudo ejercer al quedarse sordo durante el parto de una de sus hijas, al salir a buscar a la matrona, el enfriamiento derivó en una otoesclerosis, que hoy habría tenido cura, pero en aquellos años. Tuvo ocho hijas con Ana Ramírez, natural de Bornos, y un hijo varón, José Luis, ya desaparecido, quien fue concejal de UCD en la primera corporación democrática en 1979. Pero volvamos a nuestro protagonista. Con la segunda licenciatura, la de Ciencias Exactas, empezó a dar clases en el Colegio de los Jesuitas donde había iniciado sus estudios, y al marcharse éstos durante la Segunda República y cerrarse el Colegio, abrió un Centro de Enseñanza Media, primero en la calle Pozuelo esquina Santa Lucía que, sobre 1933, se traslada a la calle de las Cruces numeraco primero como 86 y luego 76, recogiendo a los alumnos del centro clausurado. Dicho centro lo abre junto con Domingo Renedo Fernández de Villalba

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Rafael Alberti, primero de la izquierda en la fila inferior, el primero por la derecha es José Luis Poullet,  junto a otros alumnos en el Colegio San Luis Gonzaga. (Foto Colección V.G.L.)

La Academia Poullet preparaba a los alumnos para el Bachillerato, examinándose a continuación en el Instituto General Técnico, que a partir de 1940 se llamaría Instituto Padre Luis Coloma, en Jerez de la Frontera. Estalla la Guerra Incivil en nuestro país y José Luis sigue preparando alumnos, además de asignaturas técnicas en urbanidad, comportamiento, disciplina y educación. En 1938, siendo ministro de educación Pedro Sainz Rodríguez, se promulga una ley por la cual el Bachillerato durará siete años, el examen de reválida habrá de hacerse en el Instituto más cercano, es decir en Jerez, y el examen final en la Universidad de Sevilla, previo al acceso a la carrera universitaria, o sea, la Selectividad.  Siempre caía un trozo de Latín de lo mismo: La Guerra de las Galias y un problema de matemáticas. Si se aprobaba, un tribunal de ocho catedráticos preguntaban sobre todas las asignaturas.

castigocorporalLA LETRA CON SANGRE ENTRA.
No hubo un alumno de aquellas fechas que suspendiera. La razón es bien sencilla, como vamos a ver. A las virtudes de buen preparador y la fama de que gozaba por el altísimo índice de aprobados en su centro hay que añadir un defecto. Don José Luis pegaba. Tenía un refinadísimo repertorio de castigos corporales aplicados, sobre la marcha, al indolente. Unido a que, quien iba a estudiar entonces, era porque tenía voluntad y capacidad para ello, independientemente de los medios, pues también existían becas para los menos pudientes. Dichas becas eran sufragadas por el propio Don José Luis. Nuestro profesor era sordo y gastaba un fuerte carácter. Era la costumbre de la época. Daba pellizcos en las piernas, golpes con la regla en los nudillos, y otras especialidades que recordarán quienes estudiaron con él. Bien es verdad que había que aguantar a una tropa en edad crítica por un profesor sordo que entendía a sus alumnos vocalizando. Existen muchas anécdotas vividas en unas aulas forradas de mapas del mundo. Una curiosidad era que se le daba la mano al entrar y al salir, cuatro veces al día, pues el horario era de 09:00 a 13:00 y de 15:00 a 18:00 horas, de lunes a sábado. El método de trabajo era: una hora de estudio y otra de clase. Se rezaban las preceptivas tres Ave María al entrar y el Ángelus a las 12 del mediodía en aquella España nacioanalcatolicista, aunque quienes le conocieron afirman que  no lo hacía obligado, sino de acuerdo con sus creencias religiosas.

hipolitosanchomayi_a_puertosantamariaLOS PROFESORES.
Con el tiempo, la Academia Poullet llegó a ser el único Centro Reconocido de Enseñanza Media de El Puerto, con lo que los alumnos ya no tuvieron que desplazarse al instituto jerezano. Era condición que, entre sus docentes existieran al menos dos licenciados, como era el caso en las personas del propio Poullet, en Ciencias Exactas impartiendo matemáticas y Eligio Pastor Nimo, en Física y Química. Otros profesores fueron Hipólito Sancho Mayi, Filosofía; Luis Suárez Rodríguez, Literatura Española; Joaquín Calero, Lengua y Gramática Española; Guillermo Beltrán, Latín, había sido novicio de los Jesuitas y entre ellos hablaban el Latín con fluidez; la asignatura de Religión fue impartida por varios curas: Antonio Cía Moreno y Antonio Herrera, Párroco y Coadjutor, respectivamente, de la Prioral y por el Jesuita Pérez Agos. En la fotografía de la izquierda, Hipólito Sancho Mayi.

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José Luis Poullet impartiendo clases en la Academia a Rosa Hernández, Concha Poullet, Isabel Martínez y Juana Bermúdez, quienes visten el característico guardapolvos o 'babi'. (Foto Colección V.G.L.)

elibrodeespanaALUMNOS DE LA ACADEMIA POULLET
Por el centro pasaron como alumnos diversas personalidades de la vida local quienes, con los años ocuparon diferentes responsabilidades en el mundo de la empresa, la educación o la política, pertenecientes a la clase alta y media de El Puerto de entonces de El Puerto. También existieron las dos modalidades para acceder a estudiar en el Centro: de pago y becados por el propio Don José Luis, como ya hemos afirmado anteriormente. Podemos recordar una no muy larga lista de alumnos: Victor Unzueta Gabiola (abogado y también concejal de UCD en las primeras elecciones democráticas); Antonio Poullet del Río, sobrino de Don José Luis y quizás el alumno mas antiguo: lo fue tanto en la calle Pozuelo como en Cruces, hoy vive en Sevilla; Manuel Gago García (Director de Exportación de Terry), Joaquín Calero Muñoz (Catedrático de Física y Química del Instituto Santo Domingo, hijo del entonces Administrador de Aduanas del mismo nombre, quien por incompatibilidad tuvo que dimitir como alcalde de El Puerto que también fue durante la Explosión de Cádiz en 1947); Fernando T. de Terry Galarza (alcalde de El Puerto, bodeguero e impulsor de la industria del vinagre del marco)  y sus hermanos Jaime, Carlos y José Manuel; José López Ruíz (Catedrático de Mátematicas del Instituto Santo Domingo y Profesor de la UNED) y sus hermanos Francisco y Luis (este último estuvo como lector de Español en universidades de Francia e Inglaterra); los Merellos Reynolds, Miguel, Roberto, José y Agustín (médicos y abogados de quienes hablaremos en otra nótula en su momento); los bodegueros Tomás Osborne Vázquez y Jaime Osborne Mcpherson, Eleuterio y Juan Manuel López Quevedo; Aúreo Sanz Mejías (hijo del Comisario de Policía de la época); Serafín Alvarez-Campana Gaztelu, (abogado); José Luis Basurto Cisneros, “el maño” (famoso oculista que ejerció en Cádiz y en Ronda); Ricardo Velarde, Estanislao Jiménez González-Nandín (padre de Andrés Jiménez, director de Tele Puerto); Alfredo Campos Salas, José Ordoñez, José Vaca, Joaquín Galvez Vaca, hijo del constructor que murió en el llamativo accidente del camión que se quedó sin frenos, arriba de la calle San Juan y que produjo numerosas víctimas mortales en la década de los sesenta del siglo pasado...

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Colegio Público de Educación Infantil y Primaria 'José Luis Poullet' denominado así en honor de nuestro protagonista, en Avenida Menesteo, 9.

Pero no solo se educaron en el centro la clase alta, sino que también eran atendidos alumnos de todas las extraccione sociales pues nuestgro profesor no era clasista: el hijo del carbonero, del tonelero, del arrumbador o del marinero que tenía aptitudes y actitudes, también encontró su banca en la Academia Poullet. Como también la tenían, en habitación aparte, un número reducido de alumnas que recibían la formación que allí se impartía. Podemos recordar a Manuela y Rosario Márquez Simeón, las hermanas de Juan Ignacio Varela Gilabert, María Teresa López de Quevedo o Magdalena Pérez, entre otras. Incluso, por las noches, Don José Luis daba clases a los marineros que se preparaban para la obtención de los títulos de Patrón de Pesca y Patrón de Cabotaje.

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