«Antonio Izquierdo Herrera, “el Baba’, apodo de ascendencia paterna, nace hace 75 años en el número 16 de la calle Postigo, en pleno Barrio Alto, hijo de Juan y Rosario, conocida como “Primita”. Tuvieron ocho hijos, de los cuales Antonio, ‘el Baba’ es el segundo y mayor de los varones. La hermana de Antonio, Pepa, ya fallecida, era la madre de la pequeña Carmen Marín Izquierdo que el día de 13 de febrero de 1963, a la edad de 8 años fallecía como consecuencia del accidente de la calle San Juan, con nótula propia en Gente del Puerto (195). Un día después, Antonio, en la Iglesia Mayor Prioral, lloraba sin encontrar respuesta por la muerte de su sobrina. La prematura partida de su sobrina acrecentaría el afecto y cariño que siempre ha mostrado hacia los más pequeños. Incluso, por ello, en ocasiones se le ha visto salir en la defensa de los más pequeños cuando algún padre se le iba la mano con sus hijos. (Antonio 'el Baba', en la actualidad. Foto F.R.S.)
Antonio Izquierdo Herrera, “el Baba’, a nickname inherited from his father’s side, was born 75 years ago at number 16, calle Postigo, right in the centre of the Barrio Alto, the son of Juan and Rosario, known as “Primita”. They had eight children, of which Antonio, ‘el Baba’, is the second and the eldest son. Antonio’s sister, Pepa, now deceased, was little Carmen Marín Izquierdo’s mother, who died at the age of 8 on the 13th of February 1963 as a consequence of the accident in calle San Juan, which has its own entry in Gente del Puerto (195). A year later, Antonio, in the Mayoral Prioral Church, cried, unable to find a reason for his niece’s death. The premature departure of his niece would increase the fondness and affection he had always shown towards children. He has even been seen on occasions defending a child when a parent looks like they are likely to strike them. (Antonio, ‘el Baba’, at present. Photo F.R.S.)
La muerte de su sobrina para Antonio y la de su madre posteriormente, a quien adoraba, hizo que a partir de aquel entonces visitara todos los días el Cementerio. Últimamente, debido a su edad, acude los domingos para que a los suyos no le falten las flores, además de cuidar el sitio. No hay un entierro de los vecinos del Barrio Alto que no acuda a la Prioral. Por eso es posible que el día que nos abandone la Iglesia se quede pequeña. Claro, todo esto que se relata sería normal, si Antonio, ‘el Baba’, actuara en plena posesión de sus facultades mentales Pero tiene mucho más valor cuando se trata de un enfermo oligofrénico que de haber nacido en esta época debido a los adelantos médicos su situación hubiera sido bien distinta. Sin embargo, a pesar de todo ello, siempre ha recibido el cariño de los suyos y la comprensión de sus vecinos.
PERSONAJE DEL PUEBLO, PERSONAJE DEL PUERTO.
Es un personajes del pueblo, como lo fue Vicente Sánchez Arena, Vicentito el de Afanas; ‘Chaparro’, “Tonino’ -con nótula propia en Gente del Puerto (051), ‘Guarigua’, ‘Chamaco’ -con nótula propia en Gente del Puerto (182)-, ‘la India’, ‘la TíaTula’, ‘el Chumi’, ‘el Bato’… y, también en la actualidad, Romualdo, Manolito ‘El Polvorón’, ‘Rafael, ‘El Papi’ igualmente con nótula propia (009), Enrique González Párraga, “Enrique el de las Mariposas”, con nótula en esta página (139)… y de ninguna manera, si no contamos sus vivencias no entenderíamos, ni la idiosincrasia ni la historia de nuestra gente y Gran Puerto. (Antonio en 1970. Foto propiedad de F.R.S.).
Como muy bien glosa Pepe Mendoza en su Artículo leído en la Cátedra Alfonso X ‘el Sabio’ de El Puerto de Santa María, con motivo de la presentación del especial de Diario de Cádiz, dedicado al 755 Aniversario de la fundación de El Puerto de Santa María y que aparece en Gente del Puerto con nótula propia “Clásicos Populares” (144): “O del Baba, discípulo aventajado de Kung Fú, que soportaba estoicamente callos y durezas, con tal de no someter a sus pies a esa cárcel angustiosa que son los zapatos. Su andar, deslavazado y torpe, no le impedía transitar cómodamente por la vida, y él era feliz palpando el suelo sin intermediarios.”
CHATARRA Y CARTONES.
Celebres fueron sus visitas a todas las obras de albañilería y a la otra banda, margen izquierda del río Guadalete, para recoger sacos vacíos de cementos, cartones y toda clase de chatarras, haciéndose más popular ya que siempre se le veía con su mercancía sobre sus propios hombros, especialmente por la Carretera Nacional IV y que después de hacer sus buenos kilómetros las vendía en los baratillos y chatarrería de ‘Churrasca’, por aquel entonces en la Casa de las Flores de la Plaza del Castillo y de ‘Lobito’, frente al Parque Calderón, donde están los caballitos y cacharritos de la familia Mancheño, próximo también a la Cervecería de Romerijo, ‘La Guachi y en los últimos años en la chatarrería de Francisco Peinado Gómez. (En la fotografía, Antonio acarreando cartones por la antigua carretera nacional IV, a la altura del muelle comercial, en los años setenta del siglo pasado. Foto Colección de A.P.)
Tanto afán tenía por llevar unas pesetas a su casa para colaborar con la familia que cuando la jornada no era la que esperaba se acercaba a las obras abriendo los sacos de cemento, volcándolo y llevándose el papel. En cierta ocasión, como para Antonio todos sus amigos y amigas, porteños y porteñas, son niños y niñas, cuando el capataz de la obra llamaba su atención, siempre le echaba la culpa al niño. Vamos, a cualquiera de los presentes. Recuerdan que cierto día le comentaron que el encargado era mariquita y que si lo veía coger y partir los sacos le haría ‘cositas’ feas, todo ello con el fin de hacer ver que no se podía romper los sacos. A todo esto, días después, el encargado que apreciaba a Antonio, de igual forma, que todos los albañiles y encargados de empresas y construcciones de El Puerto a donde acudía, lo llamó con la intención de entregarle sacos vacíos y cartones. Cuando ‘el Baba’ veía que se acercaba emprendió a correr y gritando decía: “--A ti no, tú querer hacer cositas feas con el niño”. Jamás volvió por aquella obra.
LAS NIÑAS MALAS.
Cuentan que Eduardo Bernal, ‘Tobalo’ sentía gran afecto por Antonio, casi de su quinta, y quiso que tomara la ‘alternativa’ (los lectores seguro que me entienden si necesidad de ser más explícito) porque veía que el mozo lo necesitaba… Se lo llevó a Sanlucar de Barrameda y cuando ‘el Baba’ se vio ante tantas mujeres, exclamo: “--Mujeres malas no querer el niño, el niño elegir mujeres buenas”. Aquel día, ‘el Baba’, al que siempre le ha costado trabajo hilar mas de cuatro palabras seguidas, aunque se llega a entender, lo soltó todo en un santiamén, abandonando sobre la marcha la casa de citas y al mismísimo ‘Tobalo’, emprendiendo la vuelta para El Puerto, andando, a través de veredas o caminos y todo ello descalzo, como prácticamente ha ido durante toda su vida, a excepción de estos ultimas años que por prescripción facultativa tiene que ir calzado. Si bien, en los momentos que puede se descalza, como ocurrió hace pocos días, cuando el autor de este Blog lo veía calle Luna arriba, camino de San Juan, con un zapato y el otro en la mano. Muy mayor, y acostumbrado desde su infancia a ir descalzado por propia iniciativa, poco caso hace a los consejos médicos. Pero en esta ocasión una pequeña lesión en el pie propiciaba que de nuevo volviera a encontrarse cómodo. (En la fotografía de la izquierda, Antonio, cargado de sacos y cartones, a la altura del Casa Joselito, en la calle Postigo. Foto A.P.)
INCIDENTE EN CASA JOSELITO.
Corría el año 1960. En el almacén de comestibles ‘Casa Joselito’ en la calle Postigo, 24, de José Fernández Rodríguez, padre de Pepe Fernández Sánchez, la sonrisa del Jamón, con nótula propia en Gente del Puerto (123), estaba de dependiente Paco Peña Mesa, persona muy querida por la familia de Joselito, y entre la clientela, uno de esos días, se encontraban Antonio ‘El Baba’ y Lola, hermana de Paco, también enferma con oligofrenia, que le habían mandado por calabacines. Los dos comenzaron a sonreír cuando se miraron, entrando Lola en un estado de nerviosismo y risa atronadora. Antonio creyendo que le iba a pasar algo por la risotada y notando que los colores se le subían cogió una botella y se la partió en la cabeza para que dejara de reír y evitar que le ocurriera algo. Lola, dejó de reír y empezó a llorar cuando vio que sus manos se manchaban de sangre. Aquello le supuso una buena reprimenda por parte de su padre. Lola, que en mayo cumplirá 75 años, cuenta que ‘El Baba’ es su amigo y que a ella cuando el botellazo le dio la risa porque Antonio se acercaba demasiado haciéndole cosquillas… (En la fotografia, Lola Peña Mesa, en la actualidad a sus 74 años).

Ventanales de la Plaza de Toros, en los años setenta del siglo pasado, por donde quiso subir 'el Baba' para ver las corridas de toros, emulando a otros atrevidos de la época.
ESCALANDO LA PLAZA DE TOROS.
Otras de las ocurrencias de ‘el Baba’ fue querer competir con célebres escaladores como Manuel Sánchez Guardiola, ‘Chato' Guardiola, y Antonio Gallardo Sánchez, 'Caragato’ que no tenían ninguna dificultad en escalar los ladrillos de la Plaza de Toros y entrar por cualquier de sus ventanales a presenciar gratis las corrida. Aquella osadía de nuestro protagonista fue impedida debido a que los porteros temiendo cualquier accidente le concedieron su correspondiente patente de corso, entrando como cualquier figura del toreo en nuestra Plaza Real, pero eso si, siempre iba al mismo sitio pero por decisión propia. Su afición taurina, el gentío y ajetreo le hacía destacar y se sentía importante y siempre se le veía solo por una de las gradas cubiertas del segundo piso de Sol, de manera que hubo una tiempo que nadie se hallaba sin su presencia. Años más tarde, los porteros supieron que su familia compraba las entradas pero ‘el Baba’ nunca la mostraba… (En la fotografía, Antonio Gallardo Sánchez, 'Caragato’, una caída a finales de los años 80 escalando la Plaza de Toros, le provoco una grave lesión permaneciendo en sillas de ruedas, hasta su fallecimiento, dos años después).
LA ETERNA TRAVESURA DEL BABA.
‘El Baba’ tocaba a las damas que conocía en el lugar donde la espalda pierde su honroso nombre y del mismo modo pellizcaba a los hombres. Esto era tan normal para todo el vecindario del Barrio Alto y la Plaza de Abastos que cuando lo veían se protegían y él sonreía haciendo alarde de que en cualquier descuido lo atrincaría. Pero un día, tuvo mala suerte.
Aconteció que por la insensatez de algunos ‘simpáticos’ Antonio, ‘el Baba’ fue alentado para tocar las posaderas de una señora, que por cierto era la esposa de un personaje de cierta relevancia, la del Comandante de la Policía Local, Manuel López Romero, excaballero legionario que hizo que ‘El Baba’ diera con sus huesos en el Manicomio de Cádiz. ¡Tres meses en un manicomio! Incluso peor que el Penal del Puerto. Los peores momentos de su vida. Milagros Leiva, hija de Antonio Leiva, el del Carrillo Severo con nótula propia en Gente del Puerto (104) y Soledad Peña Mesa, igualmente con nótula en esta web (151), recuerdan que en las visitas que realizaron a Cádiz para ver y dar ánimo a Antonio ‘el Baba’, quien lloraba desconsoladamente y en discontinuas palabras hacia ver las vejaciones y humillaciones y, sobre todo, los golpes que los cuidadores con sus vergajos le propinaban. Todo por una broma de mal gusto que por lo acontecido debió producir gran malestar en la familia del Comandante de la Guardia Urbana, excaballero legionario… Me pregunto como fue posible que no repararan ni ellos y tampoco las autoridades locales en la situación de un enfermo con retraso mental. Lo que hicieron al él y a sus seres queridos fue una injusticia. (En la fotografía, el Comandante de los Guardias, Manuel López Romero).
EL VÍNCULO CON LOS CALERO
Desde su juventud Rosario, la madre de Antonio “el Baba”, formó parte como cuerpo de casa de confianza, de la familia de Joaquín Calero Cuenca, quién fuera Administrador de Aduanas y alcalde de El Puerto entre 1947 y 1948. El trabajo desempeñado, afecto y la confianza depositada en la madre de ‘el Baba’, por la familia de los Caleros, le permitió de casada continuar trabajando y sus hijos gozaron del cariño de los hijos de Calero Cuenca, entre ellos, el profesor don Joaquín Calero Muñoz. Años más tarde Rosario, también fue trabajadora de la limpieza en el Instituto Laboral. Los nombres de pila de los hijos de Juan y de Rosario, los padres de ‘el Baba’, tienen relación con los Caleros, como por ejemplo: Antonio, y Ramón y el de la más pequeña, conocida familiarmente por ‘Moni”, esposa de Francisco Rodríguez Sánchez, Paco ‘Ceballos’, fallecida hace 18 meses, a quien le pusieron como nombre el mismo de su madrina de Bautismo, María Soledad, madre del cantautor porteño Francisco Javier Ruibal de Flores Calero, Javier Ruibal. (En la ilustración de Torres Brú, Joaquín Calero Cuenca).

En la fotografía familiares de nuestro protagonista, en un acto social de hace tres años: la boda de una sobrina de 'el Baba', hija de Antonio Postigo y Charo Izquierdo. De izquierda a derecha, Antonio Postigo, cuñado; Juan Izquierdo, primo hermano Antonio Izquierdo Herrera, nuestro personaje, ‘el Baba’ con corbata; Ignacio Rodríguez Izquierdo, sobrino, y el padre de éste, Paco Rodríguez Sánchez ‘Ceballos’, cuñado y propietario del Bar 'El Liba'..
'EL BABA', EN LA ACTUALIDAD.
Antonio vive felizmente con su hermana Charo y su familia en la Carretera de Sanlucar, zona conocida por el Palomar, próxima a las instalaciones de Danone, recibiendo las atenciones y cuidado por parte de los suyos Pero cuando puede, aprovecha la oportunidad y se acerca a la Plaza de Abastos a visitar a su amigo Genaro y su familia quienes les proporcionan sus correspondientes frutas y verduras, como en antaño. Igualmente baja hasta el balcón del río, al Bar Liba, a visitar a su cuñado Paco Rodríguez, ‘Ceballos’, donde después de desayunar y recibir su ‘propina’ se dirige al Bar Romano, hoy situado en la calle Santa Fe, donde a la clientela, sus amigos de siempre, le sigue dando su correspondiente pellizquito en el trasero en el momento que se descuidan. Lolo, el del bar Romano, como suele hacer desde hace años, le ofrece la invitación correspondiente. Después, muy ufano, se despide y se dirige de nuevo por la calle Postigo arriba, para la zona del Palomar.

Boda en 1970 en la Capilla de la Aurora. Paco Rodríguez Sánchez ‘Ceballos del brazo de su madre y madrina, Balbina Sánchez Rosso. Se ve en el fondo, a la derecha, al ‘Baba’

La misma Boda, la primera que se celebró en la Capilla de la Aurora tras la restauración. De izquierda a derecha, Baldomero Rodríguez Sánchez ‘Ceballos’, Francisco Rodríguez Sánchez ‘Ceballos’, su esposa, hermana de ‘el Baba’, María Soledad Izquierdo Herrera, ‘Moni’ y Balbina Sánchez Rosso. ‘El Baba’ se ve en el fondo.
Hoy, continúa feliz y a veces, cuando se le ofrece la más mínima oportunidad, continúa, no sólo siendo un discípulo aventajado de Kung Fu, sino, lo más importante, patrimonio sentimental de todos los Habitantes y Gente del Puerto.» Antonio Carbonell López.

Mi padre, Pedro Serrano Tey, aprendiz de sastre, llegó incluso a cortar chaquetas muy bien, tonelero, reconocido y respetado encargado de arrumbadores de las Bodegas de José de la Cuesta, me enseñó algo muy importante, mientras desde su altura, mi padre medía exactamente igual que yo 182cm, un gigante para los malos tiempos que le tocó vivir con su padre en el Penal por republicano y una gran familia, siempre sonreía y siempre trabajaba y me decía, cogidito de mi manita. Era el más pequeño, si bien 10 años después nacería mi hermana Begoña. --»Jesusmari hijo, siempre estás enfermo, eres débil: estudia.» (En la fotografía, Pedro Serrano Tey).


Así eran los bañeros y así eran los Tey, que aparte de ello tenían sus profesiones: José Luis y Manuel finísimos ebanistas, Ramón arrumbador de Bodegas José del Cuvillo y, mi padre de José de la Cuesta, hoy Grupo Caballero. Mi abuelo Ramón, capataz de la Bodega del Gavilán. Así se se escribe la historia de las personas sencillas que pasan por el mundo dejando una sombra fresca, esa brisa que tanto gusta en El Puerto, ese frescor que aquí llamamos “viento foreño”, la producen mujeres y hombres honrados y cabales que lo han dado todo sin exigir nunca nada." Jesús María Serrano. (En la fotografía, propiedad del autor, aparece éste con su hermana Begoña y su madre).
El cartel publicitario de los productos de Alfonso & Antonio Sancho, nos habla del Amontillado SI y la Manzanilla J e, igualmente hacen referencia a las afamadas viñas de su propiedad “El Caribe” y “La Peña”. Otros productos de esta casa eran: el Amontillado Quijote el Amontillado Solera Majestad, y los Finos Caribe y El Abuelo, el Oloroso Único (especial para enfermos) el Tres Cortados Hércules, el Moscatel Fontanal, Jerez Quina Víncitor y el Digestivo Pax. La bodega estaba situada donde hoy se encuentra Bodegas 501. Alfonso Sancho Mateos, fue uno de los precursores del Consejo Regulador de los vinos del Marco de Jerez y ferviente luchador para que los vinos de El Puerto se incluyeran en dicha denominación de origen. Dejamos para otra ocasión, acaso de la mano de su bisnieto por parte de padre, el Prof. Dr. Bernardo Rodríguez Caparrini, una nótula mejor documentada sobre la vida y obra de este porteño insigne.
«Alfonso Sancho Mateos era el hijo primogénito de Antonio Sancho Díez de Alda-Sopranis (1824-1903) y de María Antonia Mateos Valdés (1835-1899), naturales ambos de El Puerto de Santa María. Alfonso fue lo que podríamos llamar “un portuense no nacido en El Puerto”, pues tanto él como su hermana Josefa, tres años menor, nacieron en la cercana ciudad de Jerez de la Frontera, mientras que sus otro nueve hermanos (siete hembras y dos varones) vinieron a el mundo en El Puerto de Santa María». Del libro «Alfonso Sancho Mateos: los primeros años formativos de un bodeguero (1858-1879)» de Bernardo Rodríguez Caparrini. Biblioteca de Temas Portuenses.
D. Enrique Bartolomé López-Somoza nació, circunstancialmente, en Málaga el 29 de enero de 1926 y falleció el 16 de marzo de 1998, hace mañana lunes once años. Pero D. Enrique nace oficialmente para El Puerto en 1952, año en el que es nombrado Profesor Titular del Ciclo de Geografía e Historia en el Centro de Enseñanza Media y Profesional en nuestra Ciudad, aunque ya le era familiar El Puerto desde un tiempo anterior, cuando conoció a la que sería su mujer, Elisa, haciendo las milicias universitarias. Es aquí donde contrae matrimonio con la porteña Elisa López-Quevedo con quien tuvo tres hijos, Enrique, Santiago y Juan Ignacio. A su llegada a El Puerto vivió en el Egido de San Juan, junto a la finca del Manco Guindate, en la casa conocida como de Santa Ana, propiedad de D. Manuel Rubín de Celis -paralítico que usaba un carrito de madera de caoba y que tenía una gran biblioteca, donde por cierto vivió también a su llegada Manuel Martínez Alfonso-. Con posterioridad ocupó uno en los chalecitos de los profesores del Instituto de la Rotonda de La Puntilla, hasta su fallecimiento. El mayor de sus hijos, Enrique, abogado en ejercicio y colaborador habitual de Diario de Cádiz, está terminando la biografía que D. Enrique dejara inacabada por su triste desaparición. (En la fotografía, D. Enrique en un acto en el Colegio de Espíritu Santo, del que fue organizador y benefactor).
EL PADRE DE D. ENRIQUE Y LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA.
En las memorias que D. Enrique dejó a medio escribir –y en las que su hijo Enrique está trabajando y recopilando, base importante de esta nótula-, describe sus primeros años estudiantiles aprendiendo a leer con su padre cuando le enseñaba con los periódicos ‘La Voz’ y El Sol’. Comenzó su andadura estudiantil en el Colegio de ‘Las Francesas’ de la Calle Santiago de Valladolid, cuando contaba cinco años de edad y con su madre recién fallecida. En ese colegio estuvo hasta los siete años, que se fue a vivir con su tía Eloisa (hermana de su madre) que ejercía de maestra en Madrid, y se matriculo en el colegio ‘Ruiz Zorrilla’ en la Ronda de Toledo. Un año después pasa al Instituto-Escuela en los Altos del Hipódromo, al final de La Castellana, donde hoy se encuentra el ‘Ramiro de Maeztu’. Con veinte años se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense, licenciándose en Geografía e Historia (Sección de Historia de América) en el año 1951.



PERIÓDICOS Y PUBLICACIONES.
Entre sus publicaciones se encuentran: ‘El viento de levante en el Puerto’, ‘Orígenes histórico legendarios de los núcleos de población de la Bahía de Cádiz’ y ‘La Carta Puebla de El Puerto de Santa María’, entre otros. En la Revista de Historia de El Puerto del Aula de Investigación Histórica 'Menesteo', publicó: “Diario del viaje del piloto mayor Diego Thomas de Andia y Varela a las costas de Patagonia (1745-1746)” y “Notas para una historia de El Puerto de Santa María en el siglo XIX” (El periodo 1800-1814), “Documentos y libros relacionados con América (1560-1899) de los fondos del Archivo Municipal y de la Biblioteca Pública Municipal de El Puerto de Santa María”, «Apéndice a "Documentos y libros relacionados con América (1560-1899) de los fondos del Archivo Municipal y de la Biblioteca Pública de El Puerto de Santa María”», «Medidas higiénico-sanitarias de la administración municipal de El Puerto de Santa María en la prevención y tratamiento de la viruela (1805-1891)». Además tiene escritos numerosos textos inéditos sobre política, sociología, geografía e historia. (En la ilustración, Carta Puebla del Gran Puerto de Santa María. D. Enrique hizo la transcripción de la copia del S. XVI del privilegio rodado por el cual Alfonso X otorga a Santa María del Puerto carta-puebla fundacional, fechado en Sevilla, 16 de diciembre de 1281. Papel 310x210 mm. 2 folios completos y medio. Archivo Municipal de El Puerto de Santa María. Curiosidades nº 2.)


Como muestra de su ser de hombre de bien, estas fueron las últimas frases que pronunciara el día que fue homenajeado por su jubilación en 1991, hace ahora, 18 años, publicándose el libro que se muestra a la izquierda de este texto:
"Recordar es volver a vivir. Recordar a D. Enrique es hacer que volvamos a tenerle presente, si es que en algún momento se nos fue de la memoria, siguiendo sus enseñanzas y su ejemplar proceder.

A la izquierda de la fotografía en blanco y negro, junto a la mesa de altar, podemos ver al monaguillo Jesús Bernal Prol, el Párroco y Cura Propio Antonio Cía Moreno, el Obispo de Cádiz-Ceuta, detrás del báculo del Obispo, el alcalde de la Ciudad, Luis Caballero Noguera, a su lado, semioculto, el párroco de San Joaquín y Arcipreste Manuel Salido Gutiérrez, detrás de éste vemos a con gabardina, a Eloy del Valle Bonichi y a Juan Martín Vélez, secretario particular de la alcaldía, al lado de Salido un poco detrás, el concejal José Merchante, al lado del Obispo un jesuita que hacía de Diácono, y a continuación el jesuita, García Alonso. A la derecha de la imagen, de oscuro, concejales de la corporación municipal y otras representaciones entre las que vemos a Joaquín Fernández Prada con bigote, a continuación, Joaquín Calero Muñoz, a la sazón Jefe Local del Movimiento, Francisco Velarde, Práctico del Puerto, Juan Villar, calvo, de Obras Públicas, Blas Aranda y José Moresco Muñoz . En la parte central izquierda de la fotografía podemos entrever a Fernando Arjona Cía y a Roberto Merello Reynolds. Dado el enfrentamiento que mantenía Antonio Cía, el párroco de la Prioral con el Cardenal Segura, Obispo de la Diócesis de Sevilla a la que pertenecía El Puerto, éste invitó para la inauguración del monumento al obispo gaditano, afrentando al cardenal sevillano. 
1969, aunque se imprimió, nunca salió a la calle. Fue secuestrado por la Delegación Provincial de Información y Turismo cuyo delegado aquel entonces en Cádiz era Rafael Landin Carrasco, a quién dos años mas tarde, la Corporación Municipal, por su colaboración en la campaña de solidaridad con los porteños desfavorecidos “Navidad con Amor”, le concedía la medalla de oro…
movimientos de acción social, sin embargo, con la escalada de la Guerra, en claro contraste a su trayectoria anterior, toma otros derroteros de carácter exclusivamente espiritual, a pesar de que la idea no fuera compartida por muchos sacerdotes rurales y urbanos que convivían día a día en medio de un pueblo con las heridas recién abiertas.
La sección ‘Nosotros el mundo’ era conducida por José Ignacio Buhigas Cabrera. Se trataba de breves comentarios sobre información internacional que grababa de los distintos partes informativos de la radio y posteriormente tecleaba para su publicación. Años más tarde la recuperarían Agustín y Pepe Buhigas para Diario de Cádiz, permaneciendo dos años como sección en las páginas de Diario de Cádiz. Las trágicas muertes de Martín Luther King y Robert Kennedy en abril y junio de 1968 respectivamente, fue el gran referente para crear la sección ‘Nosotros el mundo’. No les daría tiempo, por el cierre prematuro, del medio, de contar la llegada del hombre a la Luna. (En la fotografía, José Ignacio Buhigas Cabrera, en una fotografía perteneciente a la colección de T.S.C.)
Si bien es cierto que la Junta Interparroquial de Acción Católica del postconcilio compuesta por: Domingo Luis Renedo Fernández, José Adame Vázquez, Manuel Buhigas Cala, Rafael Caballero Bonald, José Luis Álvarez Sevilla, Antonio Ojeda, Rafael Tejada, Vicente Terrada, Manuel Lagares y Antonio del Cuvillo Jiménez, que figuraba como Director de la publicación por ser Presidente de Acción Católica, favoreció que un grupo de colaboradores formado por personas de distintas edades y de las más diversas condiciones sociales como estudiantes, trabajadores, profesionales y jubilados, capitaneados por el cariño y la entrega de un hombre como Agustín Merello, hicieron posible que una Hoja Parroquial se convirtiera en un medio de comunicación social. El cierre de Cruzados supuso para todos un duro golpe y de manera especial para Jesús María Serrano, que desde niño se impregnó del olor de la tinta y de los ajetreos de la imprenta pero cuya corta edad impidió ver sus versos y poemas en las páginas de Cruzados. (En la fotografía, Agustín Merello del Cuvillo, imagen perteneciente a la colección de Kitty Pastor).
‘Fintas callejeras’ sección de Agustín Merello y que colaborara también en su confección José González Montaño. Una de las secciones más temidas por los cargos públicos y religiosos de aquella época. Comentario con cierta acidez sobre las injusticias sociales y olvidos de los munícipes del Ayuntamiento. Se daban prisa en solucionar desde la Corporación Municipal los desaguisados, como por ejemplo las Fintas Callejeras del último número: ‘Más que nuestra veterania, más que nuestra estadística, quisiéramos conmemorar nuestra eficacia’ ‘Y ahí le duele; o no conseguimos hacernos oír, o nuestra voz es tímida o… tal vez abunden mucho los sordos’ ‘Algunos, hasta pensarán que estamos de luto; pero no lo crean: las apariencias engañan.’ Esta última Finta Callejera, sin pretenderlo Agustín, fue una premonición de lo que iba a suceder una semana después.
El autor de esta nótula, Antonio Carbonell, recibió en su domicilio la visita de la ‘autoridad competente’ que por aquel entonces desde las altas esferas, locales y provinciales recibieron las oportunas consignas debido a que varios artículos, entre ellos, ‘Fintas callejeras’ ‘La Propiedad’
Pero sobre todo gratitud, sin ningún género de duda, de la misma manera que lo hubiera hecho Agustín Merello, a IGDAG, la imprenta donde se editaba Cruzados, de Domingo Luis Renedo Fernández, a quien en mas de una ocasión le costó el dinero que Cruzados saliera a la calle. Y como no, a José Fernández, Eduardo Maza Carmona, Vicente Utrera Caro, Antonio Albaiceta Revuelta José Cabrera, Antonio Pérez, Antonio Rodríguez López y los Gravan, padre e hijo, cajistas, maquinistas y personal de IGDAG que hicieron también posible ‘Treinta años y nuestro número tres mil’.
Además de los colaboradores, articulistas y reporteros, Cruzados contaba con una reducida cartera de clientes que se anunciaban en aquella década de los años sesenta. Se superaban en los suplementos dedicados a la Patrona que gracias a ellos se financiaban. ‘Muebles metálicos García Aspera’, ‘Fernández Prada-Seguros Generales’, ‘Frutería Casa Lolete’, ‘Cuvillo, Fino C, Oloroso Sangre y Trabajadero’, Salvatierra Radio’, ‘Osborne’, ‘Asesoria General de Empresas Jiménez’ ‘Transportes Viuda de Requejo’… Antonio Carbonell Lopez.
El pasado jueves, cerca del mediodía, tuve ocasión de presenciar como, un muchacho en trance de ahogarse en el Canal, era salvado por la rápida y eficaz intervención de unos barqueros. El hecho no es nuevo. Diríamos que es algo que se repite con frecuencia todos los veranos. Diríase también que la cosa carece de importancia, que cualquiera es capaz de auxiliar a un semejante que esté en peligro. Tal vez. Pero el caso es que, providencialmente, los barqueros ‘estaban allí’, como están en otras muchas ocasiones. Y es que por ‘estar allí’ una persona salvó su vida. Sin pensamos un poco, la cosa nos parecerá mas importante de lo que habitualmente nos creemos. Invito a los lectores a que lo hagan. (30 de julio de 1965). 
«Se trata de Don Joaquín Barba Rocafull, músico, tengo entendido que proveniente del Ejército, que ocupó la dirección de la Banda Municipal de Música de El Puerto en tres ocasiones: una, entre 1916 y 1921; otra, entre 1924 y 1933 y la última entre 1937 y 1949. Era un gran músico, compositor y director, aunque la maledicencia de la gente chusca decía: --»Por ahí viene Rocafull perseguido por su banda»; --»Se llama "Roca" por el padre y "fú" por la música», haciendo ademán de soplar. Se decía que todo lo solucionaba con un pasodoble... Tan es así que, se contaba que a la entrada del paso de San Pedro, en sus negaciones, por la angosta puerta de la Capilla de la Aurora, acompañado por un gallo sobre una columna, la gente que presenciaba la entrada, gritó alarmada: ¡El gallo! ¡El gallo!, porque peligraba el gallo de San Pedro que rozaba con una jamba de la puerta. Y a los gritos del gentío: ¡El gallo! ¡El gallo!, se cuenta que Rocafull mandó a la banda interpretar el pasodoble de Rafael El Gallo, a petición del público.
“It’s about Joaquin Barba Rocafull, a musician, I understand that he was in the Army, and held the position of conductor of the Municipal Band of El Puerto on three occasions: the first, between 1916 and 1921; the second, between 1924 and 1933 and the last between 1937 and 1949. He was a great musician, composer and conductor, although the common townspeople used to badmouth him saying: “Here comes Rocafull pursued by his band”. “He’s called ‘Roca’ after his father and ‘fú’ after the blowing action involved in playing wind instruments”. It was said that he solved everything with a pasodoble… So true was this that people claimed that when the San Pedro procession left the Aurora Chapel through its narrow door, accompanied by a cockerel on a column, those who were watching the procession leave the chapel shouted out in alarm: “The cockerel, the cockerel!”, as the San Pedro cockerel was at risk of being squashed against the door jamb. And it is said that on hearing the peoples’ cries of “The cockerel, the cockerel!” Rocafull ordered the band to play the Rafael El Gallo (Rafael the Cockerel) pasodoble, at the request of the public. 





Otro embajador porteño en Madrid. Pepe Jiménez Vázquez, “Bigote”, nació en pleno verano canicular, probablemente en la calle Durango en El Puerto el 3 de agosto de 1922. Su padre se llamaba Cristóbal y su madre Catalina, siendo el menor de cuatro hermanos: Alfonso 'el Nino', guardacampo, que era un cuerpo de vigilancia de los campos que estuvieron en activo en nuestra Ciudad, al menos hasta el final de la década de los sesenta del siglo pasado; Ana, que casó con un Sancho, estableciéndose en Sevilla tras el casorio; y Cristóbal, que murió durante la Guerra Incivil en Madrid -a Bigote le cogería con 14 años-, adonde marchó con un Zamacola.

Ramón Vélez que vive en la actualidad en la calle Molinete y tiene 82 años, cuenta que Bigote acompañaba al Beni y a él en las noches madrileñas ya que Pepe Bigote llevaba bastante bien el compás, incluso a veces se permitía dar sus pasitos de bailes y cantar. Eso le hizo estar durante un tiempo con el cantaor flamenco Rafael Farina.Refiere Ramón que «una noche los tres, Beni, Bigote y yo mismo, fuimos contratados para que actuaran para Ava Gardner. A la actriz, famosa por aquella época en las noches madrileñas ,desde un principio no le cayó nada bien a Bigote y llegó a decir que Bigote era un chico muy feo. A raíz del ‘incidente’ Bigote tuvo que abandonar la fiesta no sin antes tomarse un respiro y dar buena cuenta, a su manera, de la Diva… Al terminar la noche, Beni y nos dirigíamos a la pensión donde se encontraba Pepe y quisimos, como buenos amigos, compartir el dinero que habíamos recibido de la actriz norteamericana: unas quinientas pesetas de la época. En ese momento Bigote puso otras quinientas encima y quedamos los dos extrañados. Claro, después el cachondeo fue mayúsculo cuando Bigote nos dijo, que se había tomado el atrevimiento de coger del bolso de la actriz la cantidad que el consideraba que podía saldar la ofensa que le había hecho la actriz americana.» Ramón refiere que en una época de su vida ya estando Bigote ‘mejor situado” necesito de su colaboración pues un mal asunto le había llevado a una situación nada deseable y que le había dejado sin trabajo durante tres meses. Bigote, no solo le presto lo que necesitaba, sino que además le ofreció la cama de la pensión donde dormía.
Es a partir de 1963 cuando Bigote conoce a Lucio que lo convierte en relaciones Públicas del más afamado restaurante de Madrid, Casa Lucio en la Cava Baja Madrileña. Allí con su universidad labrada en la calle, talento innato descubre una nueva vida a la que jamás pudo haber soñado, Ministros, artistas, futbolistas, entrenadores, personalidades de cualquier rango y condición trataba con exquisita educación comentando que lo mejor de España era El Puerto. Años mas tarde, otro restaurador, Esteban que había sido compañero de Lucio, abre a escasos metros de Casa Lucio un restaurante, Casa Esteban, también afamado por los madrileños y Bigote comparte sus relaciones publicas en ambos lugares. (En la fotografía, Lucio Blázquez, de Restaurante Casa Lucio).
Por otra parte cuando el sector pesquero porteño estaba en todo su apogeo, era Bigote quien atendía en Madrid a los exportadores y vendedores, caso de José Agarrado, Juan Crespo y un largo etcétera. Aquí cabe destacar a Pepe Romerijo pues la amistad con Pepe Bigote es la que posibilita en Madrid la presencia de Romerijo en numerosísimas ocasiones tanto en Casa Esteban como en Casa Lucio, al igual que le ocurrió a ‘El Cochino’. (En la fotografía, Esteban López Mariscal, del madrileño Restaurante Casa Esteban).
Manuel Gutiérrez Morillo, Manolito ‘El Cochino’ era el administrador de nuestro protagonista. Resulta que Bigote llegado a El Puerto, entregaba una importante cantidad de dinero a ‘El Cochino’ para que hiciera de Banco ya que se fiaba poco de los banqueros y así de esa manera además de ser su estancia más agradable siempre tenía a la mano la ayuda indispensable de su gran amigo y banquero particular Manolito ‘El Cochino’. Tuvo una excelente vinculación con el Racing de aquellos años, con jugadores, directivos y entrenadores. (En la fotografía de la izquierda, Manolito 'el Cochino').




Un día, del verano de 1979, estábamos sentados en la terraza de Romerijo, cuando apareció de repente Antonio Arribas; conocido por ser uno de los “choris” más famoso de Marbella. Antonio y Pepe se fundieron en un abrazo. Y Arribas fue al grano: “Pepe, necesito medio millón de pesetas ya mismo”. Y Bigote se fue derecho a Pepe Romero, dueño del establecimiento... Media hora más tarde Arribas nos decía adiós con mucha prisa. Romero, que había adelantado la pasta, tenía sus dudas. Y Bigote le decía: Antonio Arribas no sólo volverá con el dinero en la fecha prevista sino que, además, repartirá ganancias. Y así fue. Hombres así, con ese don, son necesarios en muchos sitios. Al menos para evitar que siga habiendo timadores de cuello duro, y traidores por sistema.» (En la fotografía Pepe Romero, quien auxilió a Antonio Arribas, el cual formó parte con Luis Ortiz, ex marido de Gunilla von Bismark, Rogelio Llagostera y Jorge Morán, el grupo Los Choris, animador de las fiestas de la jet marbellí.) Manolo de la Torre.

Cándida Jiménez Huelva, Cándida “la Negra” nacida esclava en Luanda (colonia portuguesa) el 2 de mayo de 1845 y muerta libre en El Puerto el 22 de enero de 1951, con 110 años de vida, es la última esclava que vivió en El Puerto, ya libre y a la que todavía muchos recuerdan pues la conocieron de pequeños. Llegó a El Puerto por un naufragio algo mediado el siglo XIX, a la playa de Valdelagrana, viajando como mercancía presumiblemente para ser vendida en Ultramar, procedente de Huelva donde existía un mercado en el que se traficaba con esclavos. Vivió desde su llegada a El Puerto en la calle Lechería, número 5, actual Cervantes.
En dicho trabajo afirma «Mi apreciado y buen amigo, profesor Juan José Iglesias, quien en su tesis doctoral Una ciudad mercantil en el siglo XVIII: El Puerto de Santa María, nos ofrece un estudio de los esclavos de El Puerto en dicho siglo, contándose sólo 80, y de ellos el reducido número de 11 en los últimos 50 años. Sin embargo, desde mediados del XIX y durante algo más de cien años, nos vamos a encontrar con un caso singular, con una esclava que nadie le dio la libertad, pero las contrariedades se la dieron, viviendo entre nosotros y siendo reconocido como un personaje singular y popular.» [...] de pequeño, «cada vez que me cruzaba con Cándida analizaba su figura palmo a palmo. Tenía para mi un encanto especial. Me quedaba ensimismado viéndola. Pensemos en El Puerto por aquellos años, finales de los cuarenta, podría tener unos veintitantos mil habitantes y Cándida era la única mujer de este color de piel.
Pacheco estudió los padrones municipales del Archivo Municipal de El Puerto y averiguó fechas y procedencias, así como su estado en la vivienda que ocupa -en Lechería, 5- desde que llega hasta su muerte: como “huesped”, casada, o incluso como único habitante del habitáculo que le servía de hogar. Continúa el autor del trabajo, «Cándida, por los años cincuenta del siglo XIX, siendo una esclava muleque, como se le llamaba en Cuba a los comprendidos entre los seis y los catorce años, viajaba como “mercancía” en un navío próximo a nuestras costas. Al estilo que solían hacer cuando se les conducía a los enclaves de trata, iba con sus manos y pies aprisonados por grilletes. Sus tiernas carnes no habían sido marcadas a fuego, ni con la “R” en la espalda de la mornarquía, signo de que era mercancía legal y no de contrabando, ni en el pecho con otra clase de carimba (*) que dijera quién era su propietario, o quien el asentista que la transportaba; sin embargo si portaba las marcas que dejaron los grilletes en sus muñecas y tobillos desde muy joven, huellas que ella escondió siempre celosamente, y que denostaban sus orígenes.» Refiere a continuación Pacheco como pudiera haber sido el naufragio frente a nuestras costas y como pudo haber sido la arribada a la playa de Valdelagrana donde la encontraron. «Recordaba como acertó a pasar por allí un hombre ya mayor, antiguo campesino, que recogía madera y retama para hacer el picón con que se ganaba el sustento en su madurez. Al piconero, por su parte, semejante hallazgo le conmocionó; no eran los restos de la madera que un naufragio los que arrojaba el mar, como otras veces, sino una linda y joven negrita. La tomó con delicadeza, se compadeció de ella, le dio el calor que pudo, compartieron sus escasas ropas, y lentamente caminaron hacia la calle Lechería donde él vivía. A pesar de sus pocas posibilidades económicas, la prohijó y, ya adolescente la tomó por compañera hasta su muerte». (*) En la ilustación la Carimba de la Compañía Gaditana de Negros, nombre de la sociedad mercantil española dedicada al tráfico de esclavos entre África y la América española en la segunda mitad del siglo XVIII. Estaba ubicada en Cádiz, sede de la Casa de Contratación.
esclavos, llamada Cándida La Negra, Cándida Jiménez Huelva, vecina de “El Cohete”, un gitano fragüero de la calle de la Rosa, con quien convivirá o se casaría. Cándida daba sus vueltecitas por bulerías, mientras, sin ningún rubor, pero aceptándolo ella, le cantaban aquello de:
«Fue un pintoresco personaje que apareció, ya treintón, por los años veinte de este siglo pasado, en nuestra Ciudad. Llegó acompañado de su señora madre, de la que era hijo unigénito, nacido en Puerto Real y se decía que habido con un canónigo de la Catedral de Cádiz. Y es que, de toda la vida de Dios, a Puerto Real se le llamó "reffugium peccatorum". Las primeras noticias que tengo de él están en el libro "Recuerdos gaditanos" (Cádiz, 1897) del Canónigo Don José María León Domínguez: con motivo de las fiestas de la Beatificación de Fray Diego José, en abril de 1895, se organizó en el Seminario una Velada poética en la que recitó una poesía "con sin igual gracejo, cautivando a los oyentes, el niño Juan José Bottaro y Pálmer". Ilustración: Óleo de Frei Miguel Güedes de Sousa, Hermano Cartujo, portugués, que estuvo en las cartujas de Miraflores, Jerez y Évora, donde murió. Pintó de diversas maneras y técnicas a Bottaro, siendo ésta una imagen de la colección de tres. (Cedidas para Gente del Puerto por Juan Mayo Escudero).
Su vida posterior transcurre entre Córdoba y Roma, ciudades donde estudia humanidades, ciencias exactas, dibujo, pintura, escultura y toda una serie de artes y oficios artísticos que lo hacen un imprescindible consultor y maestro. Su educación era exquisita, pero, a veces, era maniático e incluso mordaz.
En el año 1928, Don Juan desapareció, de pronto, para irse, novicio cartujo, al Monasterio de Aula Dei, en Zaragoza, donde, por cierto, perseveró poco. De nuevo en El Puerto, la familia Terry lo acoge como preceptor y profesor de equitación, y, en las Bodegas de su propiedad, realiza obras de escultura, arquitectura, forja, pintura, mobiliario, tapices, etc. Fue, además, un magnífico fotógrafo y cámara de cine aficionado.
preceptor de los hermanos Terry Merello. (Hemos de lamentar que no exista una buena y nítida fotografía de Bottaro; al menos nosotros no la hemos conseguido. ¿Hará posible Gente del Puerto que podamos encontrarla? En la pequeña fotografía a caballo que pertenece a la Colección José Antonio Castro Cortegana, no se aprecia con nitidez las facciones de nuestro protagonista).
«Don Juan tenía amplísimos conocimientos de la “cocina del artista” y se autoabastecía de pigmentos naturales pulverizaba y batía, bien con aceite de linaza para el óleo, bien con goma arábiga para hacer colores de acuarela o témperas. Se fabricaba, en una fragua que tenía en la Cartuja, los cinceles para tallar la piedra y algunas gubias complicadas que afilaba en una piedra de agua y asentaba con la piedra de aceite. Sabía “fórmulas magistrales” de toda clase de productos para restaurar, dorar, o pintar. Yo conservo muchas notas manuscritas de él con esas fórmulas que me daba. Lo mismo hacía hacía, con madera de boj, sus propios palillos para modelar el barro o la cera, que hacía el bastidor para un lienzo y lo montaba con su lino. Con muy pocos medios lo realizaba todo.


Este monumento está ubicado en el patio de las Bodegas Fernando A. de Terry, y se comenzó a construir en 1952, esculpido por Juan José Bottaro Pálmer, ademas autor de la foto en Blanco y Negro. Los canteros, marmolistas, carpinteros y ayudantes, fueron: Manuel Mulero Baracho, Antonio Sánchez Cortés, José Santilario Álvarez, Francisco Martínez Selma, José Infante Tardío, Manuel Vidal, Manuel Ortega, Gonzalo Gambín García, José Ganaza, Rafael Moreno Carmona. En la actualidad sólo viven Manuel Mulero Baracho, propietario de la fotografía y actualmente lapidario y escultor, y Antonio Sánchez Cortés. En Terry, construyó, ademas el arco de entrada y la sala de consejo o de degustación, que consta de obras en piedra, marquetería y paneles de azulejos y óleos con escenas vinícolas. (En la fotografía a color, el monumento ya terminado. Ambas fotografías pertenecen a la colección de V.G.L.)
"Destacó en seguida entre nosotros por su discrección, prudencia y austeridad de vida. No se metía en nada, salía muy poco, leía bastante y trabajaba mucho (pintaba, restauraba, esculpía..) a horas libres, pues naturalmente no se le exigía nada ni entró con ningún compromiso formal en este punto. También edificaba a todos por su recogimiento y devoción en el coro. Pero en nuestras recreaciones, a las que a veces le invitaba el P. Prior, (también a algún paseo prioral), se mostaba siempre muy comunicativo, ameno y chispeante; sabía y contaba muchísimas anécdotas e historietas, y se convertía así, sin pretenderlo (dada su natural modestia y humildad) en centro de atención, pues todos le apreciábamos mucho". (Ilustración: Bottaro visto por Frei Miguel Guëdes de Sousa).
El texto pertenece a un "Vademecum" de personas que ingresaban o pasaban por la Casa. Ahí están reflejados todos los que estuvieron en la Cartuja de la Defensión desde que se reabrió en 1949. Suele ser el Padre Procurador (Administrador), u otro monje que le guste historiar, el que escribe en ese libro datos como: nombre civil y nombre eclesiástico, fechas de ingreso, datos personales, datos importantes de los monjes, hermanos o postulantes... y cuando mueren, también: datos de la muerte, lugar exacto donde está enterrado (pues en la cruz del cementerio no pone dato alguno), pequeña semblanza del fallecido... Bottaro murió con 84 años el 15-09-1970 y está enterrado en el cementerio de la Cartuja, en la fosa del rincón derecho del fondo, según consta en el croquis de situación. (En la fotografía, Cementerio de la Cartuja de Jerez. A la sombra de la cruz, cruces de madera anuncian que se encuentran enterramientos, entre ellos el de Bottaro).
Desde los años 30 y sobre todo a partir de la década del 40 del siglo pasado las necesidades familiares obligaban a los menores con edades comprendidas entre los 12 y 14 años a zarpar para faenar en alta mar y emprender una trayectoria que no abandonaban durante su vida. Sus conocimientos tan solo eran él haber permanecido en el cantil del muelle observando las descargas del pescado y el avituallamiento de los barcos, pero la voluntad y la vocación marinera que poseían eran suficientes para superar las múltiples dificultades que en los primeros viajes sucedían. La continuidad en el puesto consolidaba sus conocimientos pesqueros y permitía la especialización en faenas de neveros, engrasadores, cocineros, rederos, contramaestres y marineros, motivando a algunos de ellos que optaban por prepararse para obtener el título de patrón y motorista, volviendo posteriormente a la dirección de las embarcaciones. Dos enseñantes, dos capitanes de la Marina Mercante José Luis Poullet y Francisco Sánchez-Romate Sambruno fueron los preparadores de tantos y tantos hijos y padres de la mar. (En la ilustración Nombramiento de Jaime Devesa Maño de Patrón de Pesca para la comprensión de esta provincia marítima de Cádiz, Septiembre de 1935).
Cádiz la que examinaba y habilitaba para el cargo. Entre aquellos alumnos Juan Devesa Cabrera, Juanito ‘Carrión’, y José Roselló Castell.
La familia de José Roselló Castell, procedía de Calpe. Su prematuro fallecimiento que causó un hondo pensar en toda la marinería le impidió continuar gobernando los barcos de su familia, la de los Rosello Castell: José, Juan, Jaime y Guillermo, conocidos en la jerga marinera porteña como ‘los de la Perla’, como derivación del segundo apellido de su padre, Perles, y fueron armadores de los pesqueros: “Dos Hermanos’’, “José Rosello”, “Juan y Jaime”, “Juan y Ángeles”, “Jaime y Angelita” y “Matilde Castell.


LAS ENSEÑANZAS DE SÁNCHEZ-ROMATE.
A esta Escuela, en la que impartían clases, entre otros profesores, don Mario Vallejo Guerrero y don José María Carrascosa, acudían becarios y pescadores de El Puerto que al realizar el servicio militar en el Instituto Hidrográfico de la Marina de Cádiz contaba con licencia para asistir a clases y alcanzar la titulación de Patrón de Altura. De aquellos cursos, entre otros marineros, consiguieron el título Juan de Dios Pérez Álvarez, Andrés Devesa Molina, Simeón Mollá Llorca, Bartolomé Sendra Palma, Manuel Grado Hidalgo, ‘Cagalo’; Cristóbal Guzmán Martí, José Tur Tur, Antonio Crespo Blanquer, ‘Toni pala’; Manuel Manga García, Francisco y José Perles Bordes. Andrés Devesa Molina, durante el servicio militar en el Instituto Hidrográfico de la Marina. Cádiz, año 1956. (Fotografía Colección de José Devesa Molina)

Libreta de inscripción martítima de Juan Sanchez-Romate Sambruno, igual a la de marinería, la libreta de los pescadores de aquella época. Año 1928. (Foto Colección M. S-R.G.)

El año en el que a Rafael Alberti le daban el Premio Cervantes y era expropiada la Nueva Rumasa; el año en el que TVE estrenaba la serie española “Anillos de Oro”, la norteamericana “Fama” y la película “El Retorno del Jedi”; el año en el que mueren Estrellita Castro, Joan Miró, el payaso Charlie Rivel y Hergé, el autor de Tintín; el año en el que se incendia la discoteca Alcalá 20, en Madrid y aparece en el mercado el chicle “Trex”; el año en el que se despenalizan tres supuestos de aborto y los GAL reivindican el secuestro de Segundo Marey, es el año en el que se celebraron las segundas elecciones municipales, el día 8 de mayo de 1983. Quince días mas tarde se constituiría la nueva Corporación Municipal, como ya hemos indicado.
En El Puerto, se renueva el pacto de las izquierdas, dándole la alcaldía a Rafael Gómez Ojeda (PCA) con el apoyo de los socialistas. Fue una legislatura convulsa, en la que cuatro concejales socialistas: Francisco Lara Fernánez, José Luis Romero Pacheco, Rafael Solo de Zaldivar y Ducasse y Antonio Sánchez González, dimitieron por discrepancias con el que fuera cargo socialista en el Comité Local y gerente de IMUCONA -paradójicamente había ocupado diversos cargos en el anterior régimen político- Antonio Caraballo Crespo (resultaría condenado judicialmente a resultas de las denuncias que le pusieron éstos). Una legislatura en la que se celebró la primera y única moción de censura en el Ayuntamiento (13 de octubre de 1986), uniéndose socialistas y populares (entonces Alianza Popular) destituyendo a Rafael Gómez Ojeda en una tumultuosa y poco edificante sesión plenaria donde el público y algún concejal insultó y campó a sus anchas, asumiendo el sillón de primer edil Juan Manuel Torres Ramírez. A resultas de esta moción los populares asumieron entre otras, las carteras de: Urbanismo (Teófila Martínez), Cultura (Luis Suárez), Turismo (Antonio Nogués) y Medio Ambiente (Ramiro Cerezo).
Volvería a aquella Corporación Antonio Álvarez Herrera, como concejal del Grupo Independiente. El Ayuntamiento crearía el Patronato Municipal de Turismo, el Instituto Municipal para la Conservación de la Naturaleza (IMUCONA) y el Centro Municipal de Patrimonio Histórico. Durante aquel mandato se consumiría en un incendio el Teatro Principal (marzo de 1984), abriría sus puertas el Hotel Los Cántaros (marzo de 1984) desaparecería la Playa de La Colorá y empezarían las obras de Puerto Sherry (diciembre de 1984). Moriría asesinado por un atentado de ETA el Dr. Alfredo Jorge Suar Muro, médico del Penal. Cerraría como tal la clínica del Dr. Frontela. En aquel mandato desaparecerían las tradicionales casetas familiares en las playas porteñas. En 1985 hubo un conflicto entre los Exportadores de Pescados y la marinería por la famosa tarifa portuaria G-IV, haciéndose cargo la Cofradía de Pescadores de las Ventas. En 1987 el pesquero Calpe Quintans (30 de marzo) naufragaba al norte de Marruecos, a bastantes millas de Casablanca donde entre los desaparecidos, Pedro Morató Blanquer cuñado del actual Alcalde Enrique Moresco, solo se salvaron dos de los doce tripulantes. Por primera vez, Televisión Española, con su programa, “La Tarde”, y la Cadena SER con su emisión radiofónica, “Cita a las Cinco” dieron buena cuenta de las Fiestas del Carmen y del Mar, de su procesión marítima y llevaron a El Puerto por todos los rincones de España. Rafael Gomez Ojeda fué entrevistado por Basilio Rogado.