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El declive de las comunicaciones masivas y el triunfo de las tecnologías de comunicación de persona en persona han provocado una explosión de información que crece de manera vertiginosa y fragmenta la opinión pública. Comunicar hoy es propagar. Las espirales irracionales, los rumores en cadena y los pronósticos impulsivos terminan por hacer mella en la confianza de clientes, socios, expertos, líderes de opinión y medios de comunicación. El libro ‘La estrategia del pingüino’ de Antonio Nóñez  le revela las claves de la comunicación de persona en persona. Su lectura le permitirá influir en cómo los demás perciben sus mensajes y, lo más importante, en cómo estos los transmiten a su red de personas de confianza.
 

«¡Atención! ¡Atención! —graznó con un tono nasal y trompeteante el sistema de megafonía— Se ha perdido un crío. Tiene seis años, es moreno y lleva un traje de baño azul marino. Responde al nombre de Antoñito. Se ruega a quien lo encuentre que lo traiga a la caseta de la Cruz Roja sita en esta playa".

España. Años setenta. Agosto. Como cada domingo de verano, casi toda la colonia de vecinos del pueblo, compuesta por 150.000 especimenes, habíamos emprendido nuestra migración hacia las playas de la costa de Cádiz. Durante el verano gaditano de Jerez de la Frontera, la temperatura acaricia sádicamente los cuarenta grados centígrados.

La playa favorita de mi familia era la de Valdelagrana, en El Puerto de Santa María. Hacia las once de la mañana toda la colonia se agolpaba en los accesos a la playa y arrastrábamos nuestros pies en procesión torpe y bamboleante hacia la orilla del mar.
Cada grupo familiar avanzábamos en fila india sobre una arena blanca y fina que nos abrasaba las plantas de los pies y nos apresurábamos a conquistar unos metros de playa. Como prueba fehaciente de la conquista territorial, el macho más adulto de la familia tomaba el parasol familiar y lo hendía cual espada artúrica en la arena. A continuación desplegábamos mesas, sillas, abuelos y suegras. Era imperativo colocar al cobijo del parasol una pieza indispensable para sobrevivir a un severo día de playa andaluz: la nevera portátil.

Cada nevera contenía prácticamente lo mismo. Todas y cada una de ellas serían destapadas gregariamente a la misma hora, perfumando la playa con el aroma del aceite de oliva. Nuestra dieta veraniega se componía de chacina y queso como aperitivo, tortilla de patata española y una sandía o un melón de postre. Todo ello regado con cerveza o tinto con gaseosa y deglutido en parloteante comunidad alrededor de las dos de la tarde.

Una vez afianzado el estandarte familiar yo me iba a la orilla del mar a retozar con los polluelos de la familia vecina. Mi padre y mi abuelo desplegaban las páginas de Diario de Jerez. Mi madre y mi abuela formaban un corro de sillas plegables junto a las hembras de las familias colindantes. Charlarían todo el día mientras observaban a los miles de bañistas que paseaban por la orilla.

En la playa me comportaba como un auténtico pájaro bobo. De poco servían las advertencias de los adultos sobre la distancia máxima a la que podía alejarme durante mis juegos. Era inútil saber que si me perdía me castigarían con la tortura de permanecer una hora quieto bajo el parasol, viendo jugar a los demás críos. Excitado por las olas y los partidos de fútbol sobre la arena dura de la orilla, me iba alejando poco a poco hasta perderme. Entonces era cuando algún familiar se acercaba al puesto de la Cruz Roja del Mar y pedía a la locutora que anunciase mi pérdida. El sistema de megafonía, omnipresente a lo largo y ancho de toda la playa, se ponía en marcha. En escasos segundos algún adulto me identificaba y me llevaba de la mano, o de la oreja, a la caseta de madera de la Cruz Roja, donde me esperaba alguien de mi familia.

La megafonía gozaba de una eficacia asombrosa como medio de comunicación, pese a que interrumpía brutal y constantemente la paz del día de playa de toda la colonia a la pura fuerza de los decibelios. Nada más oír el «¡Atención!, ¡Atención!» de la locutora, mi padre y mi abuelo sacaban sus cabezas del periódico local y el corro de hembras enmudecía. Los futboleros retiraban el pequeño transistor de radio de la oreja y las hembras que hacían crucigramas levantaban el bolígrafo del papel. Tras escuchar el mensaje atentamente, escrutaban a su alrededor durante unos instantes para ver si encontraban cerca al polluelo perdido que reclamaba la megafonía. Solo después de hacerlo volvían a sus distracciones. El sistema de megafonía inspiraba confianza y proporcionaba seguridad. Mis camaradas más traviesos se perdieron y fueron recuperados puntualmente varias veces  a lo largo de muchos domingos de playa durante toda su infancia.

El Papi en la desaparecida frutería de 'El Lati' en La Placilla.

El sistema de megafonía no emitía sus frecuentes alaridos solo para reclamar polluelos perdidos. También interrumpía con su tono impersonal para alertar sobre el estado de la mar o dar consejos para un baño saludable. A veces anunciaba temas tan prosaicos como eventos locales, bailes o conciertos veraniegos. Este medio de comunicación masivo no solo era capaz de captar la atención y detener durante minutos la vida de la colonia veraneante, sino que además sus mensajes gozaban de total credibilidad. Las madres prohibían terminantemente el baño a los críos —si así lo recomendaba la megafonía— y si la megafonía anunciaba que el baile comenzaba a las siete y media, a las siete y media en punto estábamos todos vestidos de domingo con el pie ensayando la primera pieza.

Un único medio de comunicación masivo, impersonal y casi anónimo, era capaz de captar la atención, paralizar a placer e influir en la manera de saborear el verano de miles de individuos. Y siguiendo sus consejos, todos los veraneantes terminábamos disfrutándolo de la misma forma y al mismo tiempo.

No obstante, en la playa de Valdelagrana había un segundo sistema de comunicación que superaba en eficacia, credibilidad y confianza a la megafonía. Se trataba del pregón playero —a voz en grito— del “Papi”, cuyo timbre podía distinguirse entre la algarabía retozona de la playa.

Vista aérea de Valdelagrana. Foto Rafa.

«¡Qué alegría de verano! ¡Qué alegría! PaaaaaaaaPiiiiiiiiii, Papi, el famosooooo, el más queridooooo, el famoso de la playa de… errrr… —aquí el Papi titubeaba unos microsegundos— ¡Valdelagrana! Compre las papas más ricas de toda Valdelagrana. ¡Qué alegría de verano, qué alegría!"

Rafael Pérez Sánchez, alias  El Papi, natural de El Puerto de Santa María, era vendedor ambulante. A diario recorría 15 km de playa, vistiendo pantalón y camisa de un algodón blanco inmaculado. Completaba su atuendo una gorra pasada de moda —grande y abullonada como las de los vendedores de prensa del Nueva York de los años veinte— , también de color blanco.

...continúa leyendo "1.690. EL PAPI. Ejemplo en el libro de comunicación: ‘La Estrategia del Pingüino’."

Si yo nací
en un pobre pesebre,
hoy miro al Vaticano y en nada se parece.
Si, si yo nací
sin lujos ni riquezas,
en qué te has convertido
yo pregunto a mi Iglesia.

Yo jamás le dije a Pedro,
al confiarle la primera piedra,
que gastara en oro para el templo
la limosna de tantas ofrendas.

Yo no pedí ni mármol ni escultores
para levantar mi casa aquí en la tierra
y me sobran cuadros y pintores
si no acaba el hambre y la miseria.

Que mal que me expliqué,
que llevas dos mil años
solo acumulando dinero y poder.

La Iglesia que yo quiero
no es un gran monumento,
está en los misioneros
y en los comedores para los hambrientos.

La iglesia que yo quiero
no está en los cardenales,
está en todos los curas
que le dan ayuda a tantos inmigrantes.

Yo soy, yo soy el del pesebre
y a los mercaderes los eché del templo.
Si a la tierra yo volviera un día,
arrasaría... ¡con el Vaticano entero!

La comparsa "Los Majaras" participó en los Carnavales 2012 con una serie de coplas bajo el nombre "Llámame Jesús". Las letras son de Antonio Rivas y la música de Pepe Martínez.

La poesía es un género minoritario de primera necesidad general. En la práctica la paradoja se salva mediante el recurso a sucedáneos y sustitutivos, algunos, a veces, de calidad. La juventud ha sido siempre una frenética devoradora de lírica y lo sigue siendo, sólo que principalmente a través de las letras de las canciones pop, quizá ahora más que antes. Seguir ese hilo musical nos llevaría lejos, pero sirve de ejemplo y de introducción, pues algo parecido ocurre con el tema de esta nótula.

Los pregones de Semana Santa, que tanta expectación despiertan y tanto fervor entre el público asistente, son otra muestra de la insospechada e irrefrenable afición a la poesía —que salta donde menos se la espera. Aunque no todos son poéticos, el pregón ortodoxo de Semana Santa incluye la recitación emocionada de algunos poemas del pregonero. Son los momentos más esperados y aplaudidos. Un pregón, en general, es el anuncio solemne de un acontecimiento. En principio, poco tendría que ver con la poesía. Sin embargo, cuando de la Semana Santa se trata, parece que pregón y poesía están obligados a matrimoniarse. ¿La causa? La intensidad de los sentimientos que suscita la Pasión. El pregón perfecto sería entonces el que armonice poesía, espiritualidad y sentimiento (siempre que la exaltación de éste no llegue al grito).

Carlos Murciano, en su pregón en el Insituto Santo Domingo, en 1973.

De hecho, la lista de poetas y escritores que han sido pregoneros abruma: José María Pemán, Joaquín Romero Murube, Carlos Murciano pregonó en El Puerto en 1973, José Luis Tejada… También tenemos a los especialistas del género, como Francisco Montero Galvache que pregonó en El Puerto en 1960, o Antonio Rodríguez Buzón, que el 11 de marzo de 1956 salió a hombros del teatro San Fernando de Sevilla por un mítico pregón. Hay un precedente poético: Federico García Lorca había salido a hombros de un recital.

Francisco Montero Galvache, en su pregón en el Teatro Principal, en 1960.

La influencia lorquiana es un denominador común de los pregoneros. José Luis Tejada, un poeta de ascendiente albertiano y lopesco, empezaba, sin embargo, su romance al Nazareno del Pregón de Semana Santa de El Puerto de Santa María en 1959 así, cantando por Federico:

Las tres de la madrugada desde la torre cayeron
como tres gotas redondas y cuajadas de silencio.
Callaron los azahares la música de sus sueños;
quedó el aroma en los aires mudo y quieto...

Pero quizá donde los pregoneros alcancen una inspiración más auténtica sea en los poemas breves de raigambre flamenca, parientes de la saeta. Y ahí José Luis Tejada tenía que descollar necesariamente, él, autor de Cuidemos este son, un libro imprescindible de poesía flamenca. Del mismo pregón suyo del Puerto de Santa María, este poema del Cristo de la Vera Cruz. Es un monólogo dramático:

¿Dudas? Pero ven aquí:
Si lo más hice por ti, que fue morir por salvarte,
¿cómo no he de perdonarte? …
Que has escupido hacia arriba y me has salpicado? y qué!
De tres clavos me colgué puesta a secar tu saliva,
yo soy fuente de agua viva, acércate y lávate.
[…]
Tú a pecar, yo a perdonar.
Tú a las malas, yo a los buenos,
veremos quién va a ganar.
Te di mi pecho y mi hogar,
lo demás ya es lo de menos.

/Texto. S.C.

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He estado consultando la Morillopedia –léase la pagina “Gente y Habitantes de El Puerto”– y , efectivamente, tal como nos temíamos- el fundador de El Puerto, el caudillo griego Menesteo era tuerto y se bajó del barco con el pie izquierdo. “--¡En mi vida he visto yo.... un sitio mas lindo, ni mas lindo bonito, más típico no lo hay... pa poner un pueblo aqui vamos ” dijo y en esto tropezó con un gato negro. Era el martes y trece del año 2012 antes de JC. Del tropezón se le cayo de la mano un espejo que llevaba de recuerdo para su mujer Menestea y tuvo que recoger todos los cristales pasando por debajo de la escalera del barco. El mago de la tribu le dijo: “--Tampoco es pa ponerse ajín. Mire usted, rey Menesteo, que se me acaban de cagar dos gaviotas en el mismo cranio y empiezo a sospechar, pa mi, que el sitio este de aquí no está muy bendecido por los dioses que digamos”. Pero Menesteo cogiendo unas estijeras abiertas que había en una mesa le cortó el cuello al adivino. En esto el barco insignia de la flota griega se pegó un viaje con un cacho arrecife y se hundió en breves momentos; Menesteo, entonces, dijo su celebre frase: “--Ahora nos quedamos aquí por cojones” que estuvo en el escudo de la ciudad hasta su consagración a Santa María. Según Hipólito Sancho, Alfonso X dijo que esas no eran palabras pa ponerlas en boca de una virgen y lo borró. (Texto: Juan Rincón Ares).

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Los portuenses Rafael Troncoso, residente en EEUU y Francisco José Ramírez, residente en Valencia, han escrito al a limón y desde la distancia, un curioso libro ‘Microhistorias: anécdotas y curiosidades de la Informática’ que puede obtenerse pulsando aquí.

¿Sabía que Steve Jobs le llevó en persona un ordenador Macintosh a Yoko Ono y también a Mick Jagger? ¿O que Steve Wozniak, después de crear el mítico ordenador Apple II dejó su querida empresa Apple para crear otra que fabricaba mandos a distancia? ¿Y que Jay Miner, el genio que creó el Amiga 1000 tenía una perrita que tomaba parte en algunas de las decisiones de diseño de este ordenador? ¿O que Xenix fue el sistema Unix más usado en los 80s en ordenadores personales y que éste era propiedad de Microsoft? Estas son sólo algunas de las historias y anécdotas que encontrarás en este libro de Microhistorias.

FRANCISCO JOSÉ RAMÍREZ. ‘Cybercaronte’.
Es el fundador de www.cyberhades.com en 2007. Es en este blog donde comenzó a escribir junto a tuxotron el apartado “Microhistorias”, base de este libro. Actualmente trabaja como Administrador de Sistemas en una empresa multinacional española, con sede en Valencia. cybercaronte@cyberhades.com

El eje de la publicación lo han querido iniciar desde el “Big Bang” tecnológico que supuso la aparición del ordenador Altair y sobre todo del Home Brew Computer Club, grupo de grandes hackers que más tarde revolucionaron el mundo de la Informática, junto al nido de genios que salieron de Xerox y la revolución de sus inventos.

RAFAEL TRONCOSO. ‘Tuxotrón’.
Es Miembro y administrador, también, del blog www.cyberhades.com desde Enero del 2009. Actualmente trabaja como Arquitecto de Software para la FDA (Food and Drug Administration) en Norteamérica. tuxotron@cybernades.com

También encontrará en el libro historias que ocurrieron anteriormente, incluso mucho antes de la aparición del ordenador. Ada Lovelace, a la que muchos consideran la primera programadora de la historia, o Alan Turing y su trabajo en Bletchley Park descifrando la máquina Enigma durante la Segunda Guerra Mundial, son sólo un ejemplo ellas.

Regreso al Parque Calderón como es habitual cuando acudo a la ciudad. Lo he conocido como un oasis de palmeras canarias. Todas ellas perfectamente alineadas. Y también configurando frondoso vergel, como otrora lo fue el del Conde. Del que nació como prolongación.

Fue un personaje importante, aunque discutido, aquel conde. No sólo en la historia de El Puerto, sino en la del conjunto de la España carolina. Irlandés de origen humilde, pero creso por matrimonio, don Alejandro O’Reilly sirvió con inusitada eficacia a la España ilustrada, aunque sus enemigos no le perdonaron cierto desastre militar en Argel y la devoción que por él sentía el rey alarife. Mariscal de campo en Puerto Rico, gobernador de Luisiana y capitán general de Andalucía, o de la Mar Óceana, fortificó Cádiz. Y re-urbanizó algunos lugares de El Puerto, levantando un puente de barcas que se hundió el día de su inauguración y tintó el Guadalete de tragedia. /En la imagen de la izquierda, Alejandro O'Reillly, en 1722.

Pero después vinieron otros puentes, de madera, colgante y de hierro. Todos con el nombre de San Alejandro, en honor del irlandés, hasta que en los años sesenta se empezó a construir el carreteril de la actualidad que va emparejado a la vía férrea, quitándonos con el tiempo a los que viajábamos en automóvil desde Cádiz el privilegio de ser recibidos por El Corribolo.

El desaparecido puente de hierro de San Alejandro, en honor del conde irlandés.

Despertar ante el reclamo del brandy Centenario. Y sentir tan de cerca la cálida copla de amor que Pilar Paz Pasamar le regaló a la ciudad.

Yo supe que te quería,
cuando atravesé el silencio,
caliente de la Herrería.

Contemplo ahora un segundo puente luminoso de color azul para peatones que parece extraído del estante de un bazar chino. Es como replicar hasta la otra banda del río el blanco poder luminoso de Romerijo, laboriosa familia esta, pero adobado de reluciente y fresca pintura de barco.

Las viejas pilas del último puente de hierro conforman simetría con los estípetes talados de las palmeras dañadas por el picudo rojo. Unos y otros, en la imaginación, conforman el estilóbato de un templo griego, recién iniciada su construcción. O destruido por la historia. Dejemos a cada cual su interpretación. Aunque la tragedia helénica ya había llegado a El Puerto antes con Menesteo, hijo de Peteo y undécimo rey de Atenas. General de las tropas atenienses en la guerra de Troya, y uno de los guerreros que se ocultaron en el caballo burlón, éste monarca se estableció tras su huida, y al perder el trono, en estos márgenes del Guadalete, entonces llamado Criso. Fenicios de Cádiz y griegos de El Puerto guerrearon entre sí. Y siglos después cruzaban amistosamente sus barcos por la bahía repletos de mercaderías.

El río Guadalete 'río del Olvido', antes de su desembocadura, a su paso por El Puerto.

El nombre árabe de Guadalete casa hoy con el mal endémico que sufre desde hace tiempo la ciudad por mor de quienes no la sienten suya. Pues, no en vano, lete procede del griego clásico. Y significa olvido.

Del olvido escribió Cernuda:
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas,
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Pero también Pablo Neruda:
¡Ay gran amor, pequeña amada!

El picudo rojo llegó hasta aquí por la ruta del té. Originario de Asia, caminó y voló hacia Egipto. Hizo allí estragos. Y la España del pelotazo lo trasladó a esta tierra de cante recio, vinos, toros y caballos, volantes y trajes de luces, dunas y pinos piñoneros, estacas y pesqueros abarbolados, como polizón troyano oculto en baratas palmeras destinadas a disimular con su estampado verde el impacto del ladrillo. Los científicos estiman que el ciclo reproductor de este coleóptero se completa hasta tres veces en un año. Y es tan dañino que cada larva neonata se zampa un metro de palmera. Comparado con lo que se están zampando otros en este país, el picudo rojo es sólo un insecto, aunque acorazado.

La voracidad del corrupto en España no tiene límites porque es mastodóntica. Y ahora, cuando el país se desnuda en los juzgados, comprobamos con rabia (y tristeza) la enorme suciedad que algunas conductas poco ejemplares llevaban dentro.

Muñoz Seca fue asesinado por la envidia y por recordar que España es también comedia. Y Alberti labró su mejor poesía en el exilio argentino, cuando sintió la nostalgia de su arboleda tras el trágico drama de la guerra civil.

En los años 70 conocí al mejor periodista que ha dado El Puerto en los últimos tiempos. Fue en el escritorio de Antonio Cologan. Entre albaranes de Ilsa Frigo, y una vieja velosolex Orbea allí aparcada, Agustín Merello, viejo cruzado e inolvidable amigo, escribía ruidos y nueces magistrales. Eran crónicas sanas que ayudaron a cambiar mentalidades. Y motivaron espacios para que entre todos nos entendiéramos mejor.

Entonces yo disfrutaba de una licencia de ocio que nos había otorgado un ministro de Educación de Franco que se llamaba Julio Rodríguez. Y que nos retrasó el inicio del curso universitario hasta después de Reyes. Me preparaba para empezar la carrera de Derecho en Jerez con mi amigo Eduardo Terry, hoy procurador de los Tribunales. Y desde un teléfono de pared de la casa familiar, la de la plaza de los Jazmines, mandaba yo crónicas deportivas a Radio Popular de Sevilla. Ante la irónica mirada de su hermano Nicolás, después cronista de la causa náutica, y la perplejidad de sus padres al escuchar la entonación que yo hacía de las alineaciones de los equipos de la bahía.

Manolín y Lolo, por el Racing. Baena y Carvallo, por el Cádiz. Galleguito, por el San Fernando. Cuarenta años ya. Eran tiempos hermosos. De felicidad y templanza, pese al dolor que en muchos causaba el régimen. Y su falta de libertades.

Etiqueta de Fernando A. de Terry. Imperio. Cognac (brandy) Español. (Exportado a Montevideo, Uruguay. Importador: Pesquera y Cía.).

Las etiquetas de los brandys del marco llevaban nombres suntuosos. De la regia historia. Y de la empresa colombina. Pero también de la mejor condición humana. Insuperable. Magno. Galante. Oxigenado. Soberano. Y Príncipe. Hoy son palabras en desuso, pero no porque estén vencidas. Si no porque son difíciles de aplicar. O de acompañar. Y es que este país no sólo padece tristeza sino que siente desconfianza.

Juan Ramón, viajero imaginario desde la ventana de un colegio de El Puerto, hace suyos estos latidos:
Han sonado las horas dormidas,
está sólo el inmenso paisaje,
ya se han ido los lentos rebaños,
Flota el humo en los pobres hogares.

El picudo ha sorteado la fuente de las Galeras Reales dejando al descubierto el azulejo de Los Afligidos en su feroz incursión hacia La Puntilla, pero confío en que será derrotado en retaguardia desde los matacanes y saeteras del Castillo de San Marcos por su guarnición de ballesteros sin que haya que emplear la caballería acuartelada en El Polvorista.

Palmeras desmochadas del Parque Calderón.

Hay lugares en El Puerto que sobreviven milagrosamente. Y otros que han traído a nuestros días (y pese a los tiempos) nombres hermosos. Echo de menos el vaporcito amarrado en el cantil del muelle. Y el murmullo, entre chiquitas, de La Burra después de una buena tarde de toros o la difícil captura aérea del pollo fuera de concurso que Manuel Moreno, siempre bajo bóveda, nos ofrecía entre sus apretadas paredes de recortes taurinos. El Ruedo. O Dígame. Ricardo Chibanga. Curro Girón. Bienvenida. Ordóñez. Y el conde de San Remy.

Pero me siento protegido al descubrir que el Liba sigue cobrando el café a un euro. Como protegida está la historia de El Puerto mientras otro cruzado de excelente pluma, mi querido José Ignacio Buhigas Cabrera, siga siendo el archivero de la ciudad desde la métrica soledad del vetusto casco de la bodega Cuvillo.

No hace mucho estuve aquí con un buen amigo: Jaime Paz Zamora, ex presidente de Bolivia. Convinimos tomar unos vinos finos mientras le explicaba los lugares que recorrió José Bonaparte en la ciudad durante el asedio de Cádiz. Quedó impresionado por la tala del palmeral urbano. Y se mostró interesado por esta ruta portuense a la que yo le añadía imaginación. Y escenarios posteriores. Paseamos por el Campo de Guía, antiguo ejido recordado en sus vinos por Gutiérrez Colosía. Y por la calle de los Moros, sede secular de las criaderas y solerajes de las Bodegas Osborne. Hasta alcanzar la Real plaza de toros, el colegio y contemplar tras la verja, cuan estricta observancia, el viejo drago de Caballero. San Francisco, Ordo fratrum minorum.

El Puerto es una ciudad en familia. Que no de familias. Aunque aquí la empresa familiar tiene dimensiones institucionales desde el siglo XVIII, cuando la ciudad se incorporó a la jurisdicción real. Y dejó de pertenecer al duque de Medinaceli. La familia es de lo poco que no se ha oxidado aún en España. También es el socorro de la mayor parte de los que se han quedado sin trabajo. Seis millones ya, acaudillados por el viejo emporio gaditano.

La poesía sosiega. Pero emerge con fuerza cuando tras ella se encuentra un gran poeta. El Puerto es tierra de excelentes poetas. Y este corto paseo sufriría también los efectos de la tala sin la emoción que supone el vivo recuerdo del lírico ingenio de un proel como Tejada:

Una fragata en la ría
y yo con diez bucaneros,
amor, de piratería.

Llegar a tu puerto un día.
Robarte, y hacerte mía...
 ¡Levad anclas, compañeros!

 Que suenan por la Caleta
 voces de carabineros.

Y en el lomo de una duna,
tu padre con la escopeta,
solo ya, frente a la luna.

(Texto original de Fernando Orgambides, leído por su autor en la presentación de su libro Viento de Palabras el 1 de febrero en la Galería Milagros Delicado de El Puerto de Santa María)

«Existe en nuestro pueblo una herencia espiritual, pero no un patrimonio de raza. El Puerto no es la estirpe, no es la raíz o tronco de una familia. La ciudad tiene más de alambique y de molde, que de cuna. En cuanto corre por la sangre un miligramo de sal marina de la que satura el ambiente o una gota del vino sutil de estas soleras que sin embriagar adormece, El Puerto ha realizado su conquista. Un hijo de castellanos-cántabros, nacido aquí, dirá siempre que es portuense. Dirá lo mismo que el nieto del inglés o de otros extranjeros. El ambiente penetra, domina y caracteriza cuanto se le entrega.»

Quién así se expresaba, en los inicios del siglo pasado era el portuense Mariano López Muñoz, en un artículo publicado la ‘Revista Portuense’ bajo el título “Lo que Pío Baroja vio en la Ciudad” recopilado con posterioridad en su libro “Las Trovas del Guadalete. Predicaciones y Divagaciones”, editado en nuestra Ciudad en 1926 por la Tipolitografía Pérez Pastor. Que forma más lírica y más profunda, como podrán comprobar más adelante, de introducirse en la esencia del portuense.

Continúa López Muñoz: «La personalidad colectiva se forma por fusión de abolengos particulares bajo las influencias ponderadas de la luz y de las brisas. El pueblo en constante renovación representa una suma: un resultado sintético obtenido por mezcla. Esto nos explica la diversidad de matices, cuando se desasocian nuestros pensamientos individuales.  Habiendo todos cristalizado en igual forma –la naturaleza portuense- tenemos diferente composición química, procedente de asturianos, de gallegos, de sevillanos, de ingleses, de alemanes o vascos o de hombres de Castilla, que sostienen la tendencia a la disgregación.»

Lo que este portuense del siglo pasado vio en El Puerto es lo que cualquiera puede comprobar hoy, sigue vigente. Las procedencias de todavía más lejos y más variados rincones del mundo, como se comprueba en el padrón de habitantes. Las preferencias para escoger, amar y vivir El Puerto, de diversa índole. Y el que viene obligado por circunstancias, o por casualidades de la vida, acaba en un idilio de por vida con esta Ciudad. Idilio que se traduce en irregulares resultados para con este Puerto de arribada, de abrigo, de arrebatacapas, de claridad, franco y de Santa María.

Y es que se dan varias clases de portuenses (y ya se quien va a reprochar mañana lunes en el café que soy un xenófobo). Están los de nacimiento: y de éstos tenemos tres tipos: los involucrados por el engrandecimiento de su Ciudad, los que se aprovechan de ella y los que dejan que El Puerto pase por ellos porque ellos no pasan por El Puerto. Los que han venido por haber encontrado aquí su puesto de trabajo. Los que han escogido la ciudad para vivir en un acto de amor con la misma y luchan por ella mas que muchos nativos. Los que han aterrizado en El Puerto y puesto su objetivo en especular con los valores de todo tipo que aun conserva (a esos, mi vecino de la calle San Juan, Luís Suárez, los llama paracaidistas). Los que viven aquí pero igual podrían hacerlo en Beteta (Cuenca), sin preocuparse de nada más que no sea su supervivencia. Con una mijita de humor se podrían dividir a los que vienen del extranjero globalizado en dos: guiris y emigrantes. En fin.

Prosigue el intuitivo escritor hace cerca de 90 años: «Se vive en El Puerto paladeando amarguras, se sale de él con los desengaños agobiadores sobre los hombros; pero se le sigue amando, aunque los corazones destilen, gota a gota la desilusión. El Puerto, mezcla de almas individuales en el alma colectiva, no logró nunca someter los pensamientos de sus hijos a un ritmo concertado en las acciones: cada cual camina a su paso y con su opinión… o sin ninguna. ¡No sabremos nunca si los vuelos de las gaviotas representan una bella ilusión o una triste fatalidad a la entrada de la ría! El Puerto, cuyas riquezas llegan y se deshacen, como la espuma del oleaje en la playa, mientras los gatos del Resbalón (la lonja del pescado) van entrando con cautela y se llevan lo que pueden…». Otro amigo mío, ha llegado a llamar a El Puerto 'la Ciudad ingrata', pero me resisto a ello.

Amor a la Ciudad y desilusión, a partes iguales, parece que conjuga el escritor de antaño, como un dios Jano, el de las dos caras. Un certero texto del que se pueden entresacar, más allá de las figuras literarias, un cierto hartazgo de quien enamorado de la misma no terminaba de estar a gusto ante la desidia de sus paisanos. Y es que, entonces como ahora, participar en la vida de la Ciudad, implicarse en el desarrollo de la misma transforma a los residentes en vecinos. En ciudadanos. Vecinos y ciudadanos de El Puerto en la trimilenaria Bahía de Cádiz. Casi ná. (Texto: José María Morillo).

El periodista gaditano, primer premio Agustín Merello, ha elegido la Galería Milagros Delicado para reunirse con sus amigos portuenses hoy viernes 1 de febrero, en su inicio en literatura tras 40 años de profesión. Fernando Orgambides ha elegido dos únicas presentaciones para Viento de Palabra, la celebrada el pasado 10 de enero en la Librería +Bernat de Barcelona y ésta de El Puerto de Santa María, lo que nos enorgullece.

Fernando Orgambides, muy relacionado con El Puerto nació en 1954 en Cádiz, aunque desde muy joven fijó su residencia en Madrid, con estancias temporales en Barcelona, Sevilla, Valencia, Rabat y Ciudad de México. Es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, con estudios ampliados de Relaciones Internacionales  en la Academia Weitz de Bonn, RFA. Tras ejercer como informador en los diarios Informaciones y El País durante los agitados años de la Transición, fue  corresponsal de este último en África del Norte y América Latina, fundador en México de la edición americana de ese periódico, la primera de un medio español en aquel continente, y director de la Cadena Ser en Valencia y de los periódicos El Correo de Andalucía, El Correo de Málaga y Odiel Información. En su juventud trabajó en Diario de Cádiz y en la edición sevillana de Abc. Ha sido también director editorial de GMI, holding de los medios impresos del Grupo Prisa. Es socio-fundador de la sección española de la Asociación de Periodistas Europeos y directivo del Club Internacional de Prensa, con sede en Madrid. En 1991 fue distinguido con el Premio Agustín Merello de Periodismo en su primera edición, galardón que otorga la Asociación de la Prensa de Cádiz, y en 2006 le fue concedida por el rey Juan Carlos la encomienda del Mérito Civil a propuesta del Ministerio de Asuntos Exteriores.

VIENTOS DE PALABRAS.  
Esta noche se presenta, este viernes 1 de febrero, a las ocho de la tarde en la Galería Milagros Delicado (Calle Espíritu Santo, 6) Viento de Palabras (Inkthread Press, 2012), primer volumen de una colección de artículos descriptivos y literarios que el autor denomina Crónicas Consulares y en los que se recrea recorriendo, entre el pasado y el presente, los lugares que le han acompañado en su vida profesional,  especialmente en sus años de corresponsal y enviado especial fuera de España.

 

DIARIO DE CÁDIZ Y EL PAÍS.
Orgambides perteneció durante 17 años a la redacción del diario El País y ha sido director de la edición de este periódico en México y de El Correo de Andalucía, decano de la prensa sevillana, pero se inició en los años 70 en Diario de Cádiz, compartiendo generación con grandes profesionales portuenses del periodismo, entre ellos el inolvidable Agustín Merello del Cuvillo, Miguel Valdés Merello y José Ignacio Buhigas Cabrera

EL PUERTO, HACE 40 AÑOS.
Precisamente ha elegido El Puerto como recuerdo a sus comienzos en el periodismo, hace justamente 40 años, cuando enviaba sus primeras notas deportivas a Radio Popular de Sevilla desde la casa de sus amigos Nicolás y Eduardo Terry Martínez y compartía admiración hacia quién también fue su amigo y compañero Agustín Merello del Cuvillo por aquellas excelentes crónicas de los 70 tituladas El ruido y las nueces, piezas magistrales del periodismo de la época.

EL EX PRESIDENTE DE BOLIVIA, EN EL PUERTO.
Enamorado de El Puerto, donde residen sus hermanos Juan José y Curro Orgambides, cronista taurino de Diario de Cádiz, es frecuente visitante de nuestra ciudad, en donde se le ve pasear por el Parque Calderón, la mayoría de las veces con amigos españoles y extranjeros deseosos de conocerla. Como fue el caso hace unos meses del ex presidente de Bolivia, Jaime Paz Zamora, interesado en conocer los lugares que recorrió José Bonaparte durante su estancia aquí cuando el asedio de Cádiz. /En la imagen de la izquierda, el ex presidente de Bolivia, Jaime Paz Zamora.

Así lo contaba Orgambides: " Así que una tarde nos desplazamos en catamarán (transporte público) a El Puerto de Santa María. Para pasear por sus calles hasta llegar a su Real Plaza de Toros. Y alcanzar desde allí lo que queda del bosque litoral de pinos que separa el caserío del mar. Que era desde donde los franceses divisaban con más nitidez Cádiz. Para emplear desde sus fuertes la artillería. Alberti, poeta portuense, jamás escribió (que yo sepa) de estas historias napoleónicas que tanto gustan a los gaditanos, pero llama a aquellos pinos -en sus evocadoras memorias de infancia- La arboleda perdida. Y así se lo cuento a Jaime cuando acudimos después al Parque Calderón para observar la mortandad de sus palmeras como consecuencia de la terrible plaga del picudo rojo. Un insecto que llegó a España infecto en las palmeras baratas que adquirían los constructores en Egipto para dotar de vegetación los suelos urbanizados. Me desplazo a El Puerto de Santa María bastantes veces al año. Porque gozo allí de excelentes amigos".

PRIMER PREMIO AGUSTÍN MERELLO.
El libro, de lectura rápida y sencillo diseño, recoge las reflexiones de este veterano periodista, primer premio de periodismo Agustín Merello (1991), anotadas en su diario íntimo, creando un espacio universal de diversidad y contraste que salta de Bamako a Colliure, de Tánger a Barcelona, de Palermo a Ciudad de México o de Atenas a Túnez, con referencias históricas y actuales, reflexiones, recuerdos, nostalgias y sentimientos compartidos. /En la imagen de la izquierda, el malogrado periodista Agustín Merello del Cuvillo.

El libro sale al mercado al precio de 8 euros y la colección a la que pertenece tendrá continuación a comienzos de primavera con un segundo volumen, titulado Memoria Transitada. Los beneficios de autor que proporcione la colección irán destinados organizaciones solidarias y del voluntario, en el caso de este primer volumen a la Fundación Luca de Tena. Organización sin ánimo de lucro que desde 1930 socorre a familias de periodistas y empleados de prensa que sufren situación de vulnerabilidad, especialmente las que atraviesan procesos derivados de la pérdida del responsable familiar.

PERIODISTAS INVITADOS DE EXCEPCIÓN.
En la presentación en la Galería Milagros Delicado Orgambides se reunirá en conversación con tres reconocidos profesionales del periodismo y el cine:
•    Joaquín Rábago. Periodista residente en El Puerto. Ex corresponsal de la agencia Efe en Bonn, Ginebra y Londres, y hermano del viñetista de El País, Andrés Rábago, El Roto.
•    Carmen Enríquez. Periodista que vive a caballo entre El Puerto y Madrid. Especialista en Casa Real y presidenta del Club Internacional de Prensa.
•    Juan Lebrón. Cineasta. Director de Andalucía es de cine y productor de Flamenco y Sevillanas (Carlos Saura) y Semana Santa en Sevilla (Manuel Gutiérrez Aragón).

Terminada la presentación, interpretarán unas piezas de guitarra flamenca el dúo de concertistas Isaac Moreno y Davinia Ballesteros.

Reproducimos, por ser de actualidad a pesar de haber sido escrito hace 30 años, el artículos del malogrado periodista Agustín Merello del Cuvillo (ver nótula núm. 262 en GdP), que bien puede ilustrar la imagen reciente que lo acompaña.


El Palacio de Juan Vizarrón, Casa Palacio donde se hospedaran SS.MM. los Reyes de España en 1729 y 1730. la conocida popularmente como 'la Casa de las Cadenas' e está cayendo…  /Foto: Base de Datos de Patrimonio Inmueble. Consejería de Cultura y Deporte. Junta de Andalucía. Autora: Isabel Dugo Cobacho.

Tal como se han puesto las cosas, el suelo –esa cosa que se especula y sobre la que se construye--, viene a convertirse en el ciclo tal y como lo aprendimos en el Ripalda, aunque más modestito y al ras que ya se pueden imaginar. Hablamos así, no porque ahora vayamos a tocar el peliagudo asunto, sino porque en nombre de la necesidad de ese suelo celestial se cometen auténticas atrocidades contra el arte y el buen gusto.

Ejemplos, a montones. Edificios señeros, definidores de una época, han caído bajo la acción de la piqueta sin que apenas se hayan oído voces que impidieran el desafuero; y si alguna voz hemos oído, de muy poco sirvió; porque ése y aquél y el otro edificio cayeron con todo el estruendo propio y la polvareda correspondiente. En su lugar, el clásico “bloque”, muy funcional, muy práctico, eso sí; pero ambiguo, aséptico, rompiendo el conjunto arquitectónico, el contexto de una ciudad que, como la nuestra, contiene una armonía que en ningún caso podemos dejar mutilada.

El patio de la Casa de las Cadenas, cuando aún estaba abierto y mantenido por sus vecinos.

Sabemos de los esfuerzos de la Academia de Bellas Artes, que siempre tiene su voz aclarada para advertir las acciones piqueteriles. Sabemos también la preocupación de nuestras autoridades locales, con el muy reciente ejemplo al dotar a la Academia, precisamente, de una sede magnífica al tiempo que evitaba una demolición más; pero indudablemente falta conciencia de conservación, que no es caprichosa ni por mantener un pasado por las buenas; sino porque constituye para la ciudad un tesoro muy valioso, un legado del que somos administradores y debemos serlo muy celosos.

Por eso, ante un panorama que en otros momentos resultaba desolador, contamos con la preocupación de Bellas Artes, la Academia y las autoridades; pero también con el ejemplo de un particular que, a su costa, porque lo creyó un deber de ciudadanía y buen gusto, ante un inminente derrumbio, adquirió la fachada que piensa reconstruir en otro lugar del Puerto.

Valgan estos detalles para una toma de conciencia en esta materia, que tanto beneficiará a la población en general aunque pueda suponer un cierto quebranto concreto; pero merece el sacrificio una acción de tal calibre. (Agustín Merello del Cuvillo. Serie 'el ruido y las nueces'. Diario de Cádiz. 16 de noviembre de 1973)

El próximo viernes día 25 de enero, a las 19 horas, en la Sede de la Cátedra de Estudios Alfonsíes con sede en el Castillo de San Marcos (con entrada por la calle Federico Rubio), se presentará el libro "El Puerto Gaditano de Balbo-El Puerto de Santa María. Cádiz", de los investigadores Juan José López Amador y Enrique Pérez Fernández. El volúmen ha sido prologado por Genaro Chic García, Catedrático de Historia Antigua jubilado de la Universidad de Sevilla.

El Portus Gaditanus fue el puerto romano que Gades creó a fines del siglo I antes de nuestra era en el solar donde se levanta el casco histórico de El Puerto de Santa María. Su finalidad, canalizar por vía marítima la producción salazonera y agrícola de las fértiles tierras y costas que median entre las desembocaduras del Guadalete y Guadalquivir. /En la imagen portada del libro que se presenta el próximo viernes.

Su fundador fue el gaditano Lucio Cornelio Balbo ‘el Menor’, en el año 19 a.d.C. que a la vez mandó abrir en las arenas, a pico y pala, la actual desembocadura del Guadalete, el que denominan "Canal de Balbo", como ya hemos publicado en la nótula núm. 1.414 en GdP. Así, el solar que ocupa hoy El Puerto tiene 2032 años, frente a los 731 que cumple como El Gran Puerto de Santa María, cuando Alfonso X le otorgó la Carta Puebla en 1281 (ver nótula núm. 1.000 en GdP). /En la imagen, busto de la estatua de Lucio Cornelio Balbo 'el Menor', erigida en Cádiz.

Tras la pujanza de los siglos I y II y la crisis que azotó al imperio en el III, una vez independizado de Gades, el Portum --como lo llama alguna fuente antigua-- se convirtió entre los siglos IV al VI en la principal población de la Bahía de Cádiz.

En esta edición han colaborado en la financiación junto a los autores,  la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz (APBC), el Grupo Caballero, la Consultora Laboral Manolo Gordillo, El Centro Ingles, y Nicolás Terry Regatas. El volumen consta de 225 páginas y 165 imágenes en 93 laminas, habiendo sido editado por El Boletín Ediciones. Su precio es de 10 euros.

Arriba una fotografía aérea de la desembocadura del río Guadalete, en la actualidad (Google Earth). Abajo una fotointerpretación, con la reconstrucción ideal de Portus Gaditanus, algunos muelles de atraques con la infraestructura portuaria, administrativa y de habitad. El puente y la vía atraviesan el río, detrás el agua recorre serpenteando zonas de marismas, con canales navegables que conducen al río principal, que se podrá surcar río arriba. Al fondo la Sierra San Cristóbal.

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Agustín Castro Merello, nacido en El Puerto de Santa María, ingresó en la orden religiosa de los Jesuitas en 1941. Gran parte de su vida religiosa y docente la realizaría en Las Palmas de Gran Canaria. Durante varias décadas fue colaborador de la edición dominical del rotativo grancanario ‘La Provincia’, publicando ensayos de diversa índole y comentarios de pastoral religiosa.

En 1981 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo, convocado por el ayuntamiento onubense de Moguer, por un trabajo dedicado al Nobel y alumno de los jesuitas de El Puerto, Juan Ramón Jiménez. También, durante su etapa como Superior en la Residencia de los Jesuitas de Huelva, fue colaborador habitual del periódico onubense ‘Odiel’. Está en posesión de otros premios de poesía a nivel nacional. Fue autor de otras publicaciones: poesías, artículo y ensayos, así como de investigación.

Superior de la Orden Jesuita en Las Palmas de Gran Canarias, ciudad de la que fue Hijo Adoptivo y en la que falleció en 2003. Allí ejerció como profesor de Literatura Española donde, todavía, es recordado por quienes fueron sus alumnos, no solo por la calidad de sus enseñanzas, sino también por la amplia dimensión humana de nuestro protagonista.

Agustín Castro Merello con su primo, Rafael Alberti Merello.

ALBERTI, COLEGIAL Y MARINERO.
En 1994, editado por la Unión Eléctrica de Canarias, publicó el libro ‘Alberti, Colegial y Marinero. Historia y Poesía’. El volumen sería presentado por la viuda del poeta, María Asunción Mateo y el colaborador de GdP, Luis Suárez Ávila, en la Fundación que lleva el nombre del poeta de la Generación del 27. Ambos primos, Rafael Alberti Merello y Agustín Castro Merello estuvieron presentes en la misma.

La investigadora Mercedes García Pazos hizo en 1995 una recensión sobre la obra a la que nos referimos, de la que destacamos: «El hilo conductor de ‘Alberti, Colegial y Marinero (Historia y Poesía)’ que se centra fundamentalmente en los años escolares de Rafael Alberti, es el colegio de San Luis Gonzaga de El Puerto. Su autor, que también ha publicado otros trabajos relacionados con la imagen personal y literaria del poeta de ‘Marinero en Tierra’, aúna en una misma personal el ser portuense, primo de Alberti, sacerdote jesuita y alumno y profesor de ese centro escolar. A través de las páginas de este libro realiza una aproximación a la historia del colegio, apoyándose en interesantes aportaciones documentales, a la vez que realiza un acercamiento biográfico al poeta mediante el que refleja el cariño albertiano por el colegio de su infancia y desvela, a su juicio, algunos errores, poetizados ya en su madurez, y conservados en la memoria de Alberti. […] Añade algunas aportaciones fundamentalmente a la historia del colegio que Rafael Alberti conoció, vivió y recordó, así como una completa recopilación literaria albertiana a la que se suman análisis e impresiones muy personales de Castro Merello».

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Jesús Torres nació en El Puerto de Santa María el 20 de diciembre de 1983, donde comenzó a actuar a los 13 años en un taller de teatro, representando ‘La Zapatera Prodigiosa’. A los 14 años entró en la compañía portuense de teatro grecolatino Balbo.
Estudió la carrera de Comunicación Audiovisual, en la Universidad de Sevilla, un año de estudios de Arte Dramático (en Sevilla), una maestría de Teatro y Artes Escénicas (en la Universidad Complutense de Madrid) y sigue estudiando un doctorado de Teatro. Realizó una tesis sobre «La técnica del actor en el Siglo de Oro».

Representando 'Las Coéforas', en 2005, en Baelo Claudia (Bolonia. Cádiz).

Comenzó su carrera teatral con la obra ‘Vacas Gordas’ de la compañía Imagina Teatro, en el papel de Michino. Con esta obra consiguió el reconocimiento como ‘mejor actor joven andaluz’ y fue seleccionado como finalista en los ‘Premios Andaluces con Futuro’. Entró en los escenarios de Madrid estrenando ‘Esperando al señor S’ en el Teatro Español de Madrid, en el personaje de Pedro. A partir de este momento, trabajó con directores tan reconocidos como José Luis Alonso de Santos y Carlos Ballesteros.

Durante la representación de 'El Aedo', monólogo sobre 'La Odisea'.

En 2009 fue docente de teatro en el Festival Juvenil Europeo de Teatro Grecolatino. En 2010 fundó su propia compañía, llamada ‘El Aedo Teatro’, con la que lleva a los escenarios monólogos que escribe y protagoniza, como ‘Yo, Lázaro’ (la historia de «El lazarillo de Tormes», ‘El Aedo’’ (monólogo sobre «La odisea») y otras muchas obras. El Aedo es una compañía de teatro especializada en el teatro clásico. Sus obras destacan por el matiz didáctico y la adaptación de los textos que llevan a escena.

Jesús Torres en 'La Vida es Sueño'.

LA VIDA ES SUEÑO: EL BULULÚ.
El pasado año 2012 protagonizó otra obra, ‘La vida es sueño’, con su compañía ‘El Aedo’, que fue nominada por el programa ‘Desencaja’ de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía a «mejor obra andaluza 2012».’ La vida es sueño: el bululú’ resucita la técnica del bululú, tan usada en los años de crisis teatral en el Siglo de Oro, en la que un solo actor, nuestro protagonista, el portuense Jesús Torres, se enfrente al reto de representar todos los personajes de la obra de Calderón. Durante más de una hora, Jesús Torres interpreta un monólogo en el que el espectador puede comprender todos y cada uno de los versos de ‘La Vida es sueño’. Torres afronta el reto de encarnar a los numerosos personajes que esta pieza teatral tiene. Lo mismo es Segismundo, que el rey Basilio, que varias mujeres.

Jesús Torres, a la izquierda, copresenta 'Desafío Ben 10', para los canales de TV Boing y Cartoon Network.

Ese mismo año consiguió el apoyo de Iberescena para coproducir ‘El tiempo está después’, en el papel de Segismundo, con la que se adentró en el teatro contemporáneo. En 2012 también protagonizó ‘Soñé que no soñabas’, con la compañía ‘Microteatro’. Para televisión ha grabado la serie histórica Un mar de libertad, y copresenta 'Desafío Ben 10', para los canales Boing y Cartoon Network.

EDGAR, ESCRITOR DE SOMBRAS.
Actualmente trabaja en el musical ‘Edgar, escritor de sombras’, del que es director y guionista, con la compañía ‘Telón Corto’, que ha visto la luz en Madrid a finales del pasado diciembre de 2012, proyecto iniciado en 2009 como tributo a los 200 años del nacimiento del escritor Edgar Allan Poe (1809-1849).

La acción se situa en 1909, cuando un matrimonio parisino viaja a América con un nuevo invento: el cinematógrafo. Se instalan en la Casa Usher, donde vivió y murió Edgar Allan Poe. Su enigmático casero, Mr. Willmot, esconde un gran secreto y una gran maldición que se conocerá tras la firma del contrato.

La dirección es de nuestro paisano Jesús Torres, que además firma el guión, la coreografía es de la también portuense Eva Rodríguez Cruz y la dirección musical es de Txema Cariñena. José F Ortuño firma la composición de este nuevo espectáculo, y David Ordinas ha compuesto el tema 'El Descenso' para el espectáculo. El vestuario es de Rosa Peralta y el maquillaje de Patricia Cazorla. La escenografía es de Alfonso Pizarro, y el musical cuenta con animación 3D de José Carreño. El sonido es de Enrico Bárbaro, iluminación de Jesús Díaz y fotografía de Jorge S. Matilla.

Jesús Torres, durante la dirección de 'Edgar, escritor de sombras'. /Foto: JS Matilla.

Alberto Comesaña, conocido por ser uno de los componentes de Amistades Peligrosas, es Mr Wilmot, Laura Toledo (La Vuelta Al Mundo de Willy Fog) Hanna, Enrique Arnaut es Vincent, Marta Malone (Cats, El Rey de Bodas) es Elisabeth, Chus Herranz (My Fair Lady, Follies) es Morella, Virginia Carmona (High School Musical, Los Miserables) es Berenice, Andrea de Pablos (Cenicienta, La Mayor Historia Jamás Contada) es Madeleine y Naim Thomas (El Rey De Bodas) hace de Edgar.