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Alberto Boutellier, flanqueado por José María Morillo y María del Carmen Cebrian, vicepresidenta de la Academia de BB.AA. Santa Cecilia, durante la presentación del libro.

Alberto Boutellier Caparrós nació el 31 de octubre de 1933, en Málaga. Lleva viviendo entre nosotros, desde 1975, es decir desde hace 38 años, casi la mitad de su vida. De su agitada vida juvenil y de la activa vida empresarial ya les hablé hace un año, en la presentación de su novela ‘A pesar del silencio’, el tercer volumen de producción propia tras ‘El Renegado’ e ‘Ipolka2’. Y tiene otro en cartera ‘Cana Maktub’, pero hoy estamos aquí para disfrutar de su cuarta entrega editorial: ‘Volando a media altura’

Vídeo de Gonzalo Díaz Arbolí que sitúa el libro a los lectores...

Créanme si les digo que la historia les va a gustar. Las conversaciones que Alberto mantiene con los personajes –con los iconos de sus estatuas que cobran vida— en el entorno del Castillo donde nos encontramos bien pueden recrear las tertulias que, por las noches se traen entre ellos, con Alberto de privilegiado invitado, hablando de sus cosas que no son sino las cosas de esta Muy Noble y Muy Leal Ciudad, desde que esta adquiere el nombre de Santa María de ElPuerto hace algo mas de 730 años, cuando la antigua aldea mora de Alcanatif empieza a tener protagonismo en la historia de Castilla y León.

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Un aspecto de la bodega del Castillo, durante la presentación.

De lo trivial a lo profundo, nos enteraremos de lo que pudieran vivir personajes tan principales como los que aparecen en la novela: Alfonso X, Juan de la Cosa, Alí el alarife que construye la fortaleza, … y otros personajes que aparecen en las conversaciones y evocaciones, importantes para la historia de la Mezquita Iglesia de San Marcos. Les va a gustar.

volandoamedialtura_puertosantamariaPero es que, también, Alberto nos trae reflexiones, poemas, artículos de una sensibilidad extrema, en una recopilación de su extensa producción literaria, que gracias a Dios, nos está poniendo por escrito haciéndonos pensar, sufrir, disfrutar y vibrar al terminar de leerlas: El Chigüi, el indigente de los perritos, el vendedor de higos chumbos, el Bar Vicente, el gitano canastero, lugares que nos enseña desde su interior de poeta y poesías bilingües o haikus completan el volumen, que seguro disfrutaran seguidores y amigos.

Y me voy a repetir porque mantengo lo que dije hace un año de este hombre, con la particularidad de que al acercarme a él, al agrandarse su figura ante mis ojos, no he visto defectos sino la grandeza de su corazón y el entusiasmo que transmite por El Puerto y su dolor por la incuria de muchos.

Por eso, para mi el Alberto que les traigo sigue siendo un descubrimiento que me produce admiración día a día, conversación tras conversación que mantenemos. Atrás queda el comunicador comercial y de marketing cuando supe de él allá por 1985 –que lo hacía y muy bien-- y se me aparece una persona joven en espíritu pero con una sabiduría que para si quisieran otros desde el Bienteveo de su vida. Como escritor, está sacando afuera todo lo que tenía guardado y es mucho, recibiendo una acogida extraordinaria por parte de nosotros, sus lectores.

...continúa leyendo "1.777. ALBERTO BOUTELLIER. Presentación de su libro ‘Volando a media altura’"

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De izquierda a derecha, María Antonia Martínez Valera, José María Morillo y Luis Suárez, al inicio del acto.

Enlace a la crónica del acto de presentación del libro, de Teresa Almendros, en las páginas de Cultura de Diario de Cádiz.

Texto del autor del libro, leído durante la presentación anoche, en la bodega del Castillo de San Marcos.

Alguien se está descuajaringando en la zona noble y distinguida del mas allá. Lleva poco mas de un año de tertulia con sus hermanos Manolo y Benito, con Juanín Varela Gilabert, con Carlos y Agustín Merello del Cuvillo, con mi padre, Pepe Morillo, con don José, el cura de San Joaquín, con Miguel Marroquín, con sus predecesores en la alcaldía Fernando C. de Terry y Antonio Álvarez, y con tantos con los que disfrutaba de charlas interminables amando a El Puerto. Este pasado año, en Fitur, notamos como nos ayudaba desde el Pabellón del Tránsito a Mejor Vida, a Raul Capdevila, a Antonio Ojeda y a mí en las labores de promoción turística, como vino haciendo durante tantísimos años de ejercicio profesional y político. Esta noche, aquí, con nosotros, nos está recordando a través del testimonio de quienes le conocimos, como era el verdadero Fernando Gago, una de cuyas corbatas, tengo el honor de llevar anudada al cuello, aunque no con la elegancia privativa que lucía el Magistrado.

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Francisco Andrés Gallardo introduce el acto en presencia de la Teniente de Alcalde, María Antonia Martínez, el autor del libro José María Morillo y el del prólogo, Luis Suárez Ávila.

A Fernando Gago le gustaba ser actor. De hecho el decía que tanto en la vida como en la política hacía Teatro, más allá de sus papeles en las compañías de aficionados locales. Fernando hacía teatro cuando se representaba a sí mismo, cuando representaba a la bodega, o cuando representaba alAyuntamiento de El Puerto, desde sus distintas responsabilidades. Sabía hacer el papel que correspondía en cada momento y con cada persona. Siempre dije de él que era como el personaje del Tenorio: «Yo a las cabañas bajé, yo a los palacios subí». Y supo darle a cada funcionario su sitio durante su periodo municipal, bien es cierto que existen dos etapas fernandinas en la Corporación: antes y después de los seis meses que no fue concejal, a finales de 1999.

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Verónica Gago Leyras durante su intervención

De sus habilidades para pasar por la política de un partido a otro sin inmutarse, Fernando tenía claro que lo hacía por el bien de El Puerto y porque le gustaba lo que hacía. Con firmeza, no renunció al acta de concejal ni a la posibilidad deser alcalde, cuando se lo pidieron; decía que el marco del cuadro era del partido, pero que el papel de dentro --el acta-- era suyo. Le daba igual lo que se dijera de él, sobre sus piruetas políticas o incluso que lo llevaran a la mesa antitransfuguismo, afirmando sobre su dictamen que «es papel mojado que no sirve ni para limpiarse los esfínteres». En el libro hablo del ‘Elogio de la Traición’, sirviendo como ejemplos S.M. el Rey que, jurando los principios del Movimiento, los traicionó en aras al cambio hacia la Democracia; o Felipe González que traicionó el marxismo de su partido para convertir el PSOE en una organización moderna y socialdemócrata. Era una persona útil en las tareas de Relaciones Institucionales que hubiera servido –en el mas estricto sentido de la palabra-- para cualquier partido o corporación municipal, bien como concejal o como asesor, dado sus conocimientos acreditados a lo largo de tanto tiempo.

Vídeo sobre la vida de Fernando Gago, estrenado ayer noche.

...continúa leyendo "1.766. PRESENTADO EL LIBRO ‘EL HABLA DE FERNANDO GAGO’."

En la imagen, Agustín Merello, con su tío Rafael Alberti Merello, el 24 de mayo de 1977, en el Talgo procedende de Madrid en el que acompañó y entrevistó al poeta Rafael Alberti en su regreso a El Puerto, tras 46 años de ausencia.

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Ponemos a disposición de los lectores de Gente del Puerto este documental de NODO. A partir del minuto 06:05 se puede ver una evocación poética y nostálgica con la voz del poeta e imágenes de la Ciudad, en la emisión del citado informativo de fecha 12 de septiembre de 1977.

PULSAR EN EL SIGUIENTE ENLACE QUE NOS LLEVA A NODO Y SELECIONAR EL REPORTAJE DE ALBERTI.

 

Muéstrame pueblo mío tus anhelos de torres miradores y nostalgias
las grietas de las casas que cobijan memorias de la gente que amó
por rectilíneas calles divisándose en el río.

Revélame pueblo mío las grietas del viento los balcones y azoteas blanqueadas
las palabras perdidas las mentiras la ropa tendida los celos la alegría
háblame de salicornias y geranios.

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Desde la azotea de San Luis Gonzaga. Finales siglo XX. /Foto: Fito Carreto.

Descúbreme pueblo mío tu corazón abierto y explica las batallas que has vivido tantos años silente
volcado a las riberas frente a la piel temprana
y la vejez herida y taciturna.

Sabes que estoy atento a los avisos que labras en las piedras palmeras araucarias aspidistras
donde los amantes se enamoran sueñan
y la muerte ronda las ventanas.

Distingues pueblo mío de amenazas a gaviotas palomas gorriones mapas y rutas
de esta tierra abierta a la bahía como un vaso
para gozo y dolor de los naufragios.

Percibes pueblo mío que no miento si afirmo que los navíos se estremecen de de las grúas
y también de los carabineros que pasean y otean en tus muelles
mientras pasan las horas mientras fuman sus vidas.

Ábreme pueblo mío las llagas del perro callejero que olisquea las esquinas
al vagabundo ebrio y alunado al caminante que ya no cree en destinos
para poder asirlo y consolarlo.

Dibújame pueblo mío las tiernas caricias los nidos de cigüeñas sobre las espadañas
las locomotoras y helicópteros sobrevolando tu cielo
al niño en bicicleta tu gentío de fiesta.

Exponme las arterias del olvido la tristeza el hambre el infortunio la rabia la nostalgia
la pena la venganza el paro la impotencia y esas frases
que no pronunciaremos por temor al ridículo.

Muéstrame pueblo mío tus anhelos tu corazón ingenuo
avisos
gaviotas
barcos
grúas
vagabundos
caminantes
cigüeñas
olvidos
infortunios
y palabras pues de la misma arena nos hicieron.

Jesús María Serrano
De el libro “Añil” o LIBRO DE LOS AMIGOS

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Vista desde la azotea de San Luis Gonzaga. Siglo XIX.

CODA
Mi pueblo no es el mejor del mundo ni su gente tampoco lo es.
Mi pueblo no tiene grandes puentes ni catedrales excelsas.
Mi pueblo no tiene universidad
Mi pueblo no tiene estación de autobuses
Mi pueblo cada día tiene menos cosas y más población.
Mi pueblo está cercano a los 14.000 desempleados.
No hay industrias, la pesca ha muerto, las bodegas están en cuadros.
Ni vaporcito le queda casi, abandonado en un ERE está.
¿Podremos resistir esta situación?
El problema no es sólo del gobierno y de los gobiernos: ES DE TODOS Y ENTRE TODOS TENEMOS QUE RESOLVERLO. JMS.

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Un pueblo domesticado es el que lo acepta todo de sus gobernantes. Se encuentra anestesiado: porque está de acuerdo con ellos, porque su status le permite no preocuparse o bien ha pasado a formar parte de la masa silenciosa. Los que se benefician del poder de forma directa o indirecta, los egoístas o la gran masa silenciosa, me recuerdan la reflexión del pastor protestante Martin Niemöller de 1946, erróneamente atribuido como poema a BERTOLT BRECHT: ... "Cuando vinieron por los judíos, guardé silencio, porque yo no era judío"...

Cuando se peatonalizó todo el centro de El Puerto sin crear los atractivos..., como yo no era comerciante, guardé silencio. Cuando el miserable picudo rojo asoló nuestro bellísimo Parque Calderón, como yo no suelo pasear, guardé silencio y observé con pasividad cómo se trataba de salvar cien palmeras que al final murieron. Si me hubiese interesado, tal vez hubiera levantado la voz, para sugerir su sustitución, adquiriendo cien nuevas palmeras a un precio de 600 euros unidad y quizá con 60.000 euros o un poco más, el Parque no parecería hoy la suela desclavada que Charlot se comió en aquella película.

Cuando El Puerto era el destino favorito de los moteros del Mundial de Jerez y se les cerraron las puertas de entrada a la ciudad, buscaron otros destinos más receptivos, pero como no soy hostelero, guardé silencio. Cuando vi como cerraban en el centro, los comercios antiguos, y los modernos solo sobrevivían uno o dos años, como no vivo en el centro, guardé silencio.

Cuando vi cómo una parte de la población no sentía la necesidad inmediata de una pasarela sobre el Guadalete y la criticó, como yo no pensaba usarla y como ingenuamente creí que no se hacía con mi dinero, guardé silencio. Cuando comprobé cómo se descarnaba el asfalto del tramo de la N-IV a la altura de Carrefour y se parcheó en tres ocasiones, chapuceramente, cuando una sola vez y bien hecho, hubiera sido más barato..., pero como yo no tengo coche, guardé silencio. Cuando se acometieron obras sin considerar otras prioridades, como no era mi dinero, o por lo menos no tenía conciencia de ello, también guardé silencio.

Ahora vienen a por mí, porque me han subido los impuestos hasta unos niveles imposibles de asumir. No tengo coche, pero debo tomar un autobús, que al botar sobre las descarnaduras del asfalto, hacen crujir mis maltrechos huesos artríticos y además me cuesta más de un euro el viaje.

...continúa leyendo "1.722. LEVANTEMOS EL PUERTO"

El hombre no es de donde nace, sino de donde pace o al menos ese es uno de los refranes preferidos de Luis Mollá Ayuso, nacido en Tarifa y criado y crecido en tantos sitios que se siente más portuense que otra cosa ya que “aquí puse mi casa hace más de veinte años y aquí he visto crecer a mis hijas y he crecido yo en muchas facetas de la vida . Nacido en 1955, el mismo año en que desaparecieron figuras de la talla de Fleming, Einstein, Thomas Mann, Concha Espina o James Dean , y el año que vio nacer dos trofeos futbolísticos de la altura de la Copa de Europa o el trofeo Carranza --de ahí quizás su afición al deporte rey--, Luis Mollá Ayuso es capitán de navío de la Armada y presta sus servicios en la Base Naval de Rota..

Luis, en el centro de la imagen junto a dos hermanos, en una imagen tomada en su adolescencia.

Sexto de una familia numerosa de doce hermanos, vio pasar su infancia en Cartagena, donde entró en contacto con algunas de las historias del mar que más tarde llevaría a los libros y en Guinea Ecuatorial, de la mano de los destinos de su padre, Marino de Guerra. A los doce años se trasladó con su familia a Madrid, donde se educó en el Colegio de Huérfanos de la Armada, el mismo centro donde se preparó para ingresar en el cuerpo de oficiales de la Armada. Estudió en la Escuela Naval Militar entre 1975 y 1980, año en que obtuvo el despacho de alférez de Navío, empleo en el que estuvo embarcado en el Transporte de Ataque "Aragón" con base en Cádiz y en el Patrullero de Altura "Atrevida", estacionado en Las Palmas de Gran Canaria. En este mismo empleo comenzó su formación como piloto naval en la Base de Rota, que completó como teniente de navío, pasando destinado a la Quinta Escuadrilla (Sea King) tras un breve paso por la Séptima (Huey Cobra).

Luis es el sexto hermano de una gran familia, con la que aparece en la imagen.

Después de un destino prolongado en Rota como piloto de helicópteros, sazonado con numerosos embarques a bordo del "Dédalo", pasó destinado a la Escuela de Trasmisiones y Electricidad de la Armada (Vigo), donde se hizo especialista en comunicaciones navales, regresando a continuación a Rota donde pasó destinado al Transporte de Ataque "Castilla", y desde ahí San Fernando como jefe de comunicaciones del Buque Escuela Juan Sebastián Elcano, a bordo del cual realizó dos viajes de instrucción, el primero en conmemoración del bicentenario de la expedición de Alejandro Malaspina, que le llevó a las más altas latitudes del océano Pacífico y el segundo, en otra importante conmemoración con motivo de la Gran Regata Colón 92, en celebración del descubrimiento del Nuevo Mundo. Su último destino en el empleo de teniente de navío fue el mando del patrullero "Cormorán", un prototipo cedido a la Armada por la entonces Empresa Nacional Bazán que fue vendido poco después a la Armada Nacional Colombiana.

El porta aeronaves Dédalo, donde estuvo embarcado en numerosas ocasiones.

Como capitán de corbeta fue jefe de operaciones de la Flotilla de Aeronaves, diplomándose en aquella época en Comunicación Social en la facultad de Ciencias de la Información de Madrid. Posteriormente pasó a hacer el curso de Estado Mayor en la Escuela de Guerra Naval (Madrid), pasando destinado al Estado Mayor del Grupo Alfa de la Flota, a bordo del portaaviones "Príncipe de Asturias" en Rota. Sus últimos destinos en el empleo fueron el mando del Buque de Salvamento de Submarinos "Poseidón" en Cartagena y Jefe de Seguridad de Vuelo en la Flotilla de Aeronaves e la Base Naval, destino para el que recibió la pertinente formación en el Colegio de Post-graduados de la US Navy en Monterrey (California).

Las hijas de nuestro protagonista, Cristina y Carlota.

Como capitán de Fragata fue segundo jefe de la división de Planes del Estado Mayor de la Flota, antes de marchar destinado a Nápoles por tres años como parte de la contribución nacional a la OTAN. De Nápoles marchó por otros tres años a Toulón, donde fue jefe de la División de Planes de la Fuerza Marítima Francesa de Intervención Rápida (HRF-M), también al servicio de la OTAN. Tras un año en Madrid donde fue jefe de la Sección de Oficiales de la Dirección de Enseñanza Naval (DIENA), regresó al ámbito de la OTAN, esta vez en el Cuartel General del Norte, en Brunssum (Holanda), donde permaneció otros tres años antes de pasar destinado a la Base Naval de Rota, donde a día de hoy continúa prestando sus servicios.

Su actividad literaria se dirige en línea: por un lado la creación de novelas de ficción en el ámbito del mar y por otro su actividad como colaborador habitual revistas y prensa de ámbito naval, casi siempre con asuntos relacionados con los misterios de las profundidades del mar. Como él mismo suele decir, "De vez en cuando los medios de comunicación nos informan de los progresos del ser humano en el espacio exterior, donde las sondas que hace años dejaron la tierra han progresado tanto que hemos tenido que inventar nuevas unidades para medir esas extraordinarias distancias, y todo ello mientras el hombre se ha impuesto definitivamente a los picos más altos de la tierra, y en las selvas más intrincadas, inexploradas hasta hace poco, podemos hoy ver por la televisión a los nativos disfrutando de la bebida universal y luciendo una camiseta con el anagrama de las marcas más conocidas... Pero siempre nos queda el mar. Ahí abajo la civilización apenas ha profundizado unos metros y Neptuno sigue siendo el rey. El ser humano aún no ha conseguido imponerse a los océanos, que siguen aprovechando cualquier resquicio para arrastrar al más orgulloso de los barcos a sus profundas simas, donde la arrogancia del hombre apenas tiene alcance. Que no se acabe. Mientras no seamos capaces de arrancar al mar sus misterios podremos seguir escribiendo historias sobre el más indómito de los elementos." /En la imagen de la izquierda, cartel anunciador de su conferencia que pronunciará el próximo día 11 de abril en San Fernando, de cuyo suceso se cumplen hoy 74 años.

Luis está casado con la jerezana Emilia Pérez, con quien aparece en la imagen.

Hasta la fecha tiene publicadas seis novelas de las que tres han sido galardonadas con diferentes premios nacionales. Ha escrito también numerosos artículos en prensa y revistas, habiendo sido galardonado también en diferentes certámenes de relatos cortos. Está casado con la jerezana Emilia Pérez y tiene dos hijas, Cristina y Carlota, entre sus aficiones destacan principalmente la lectura y la escritura y asegura que buena parte de su obra literaria la concibió durante sus largos paseos por las interminables arenas doradas de las playas de El Puerto. Sus dotes de orador le han llevado por media España, habiendo ganado merecida fama como conferenciante de temas marineros. Tiene su propio blog en http://www.el-sextante-del-comandante.es

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De izquierda a derecha, Guiseppe Piccioni, director de cine italiano y Oscar Lapeña Marchena.

Oscar Lapeña Marchena, nacido en El Puerto de Santa María en 1968, es Doctor en Historia,  profesor de Historia Antigua en la Universidad de Cádiz, habiéndose especializado en el género cinematográfico del Peplum (conceptualizado popularmente como cine histórico de aventuras, estando ambientada la acción en la antigüedad, fundamentalmente en Grecia y Roma). Sobre este tema ha publicado diferentes artículos en revistas especializadas como "Habis", "Dialogues d´Histoire Ancienne", o "Índice Histórico Español", además de los libros El mito de Espartaco: de Capua a Hollywood (Hakkert, 2007) y Guida al cinema peplum (Profondo Rosso, 2009). Hizo su debut literario con el libro de relatos La pista búlgara (El ombligo de Tarzán, 1998), siendo seleccionado el mismo año en la antología Almacén de aventuras (Fundación Municipal de Cultura de Cádiz, 1998). En el género de la narrativa corta también ha publicado El suplente (Diputación de Cádiz, 1999). (Texto Juan Carlos Palma).

PEPLUM.
Óscar Lapeña Marchena ha publicado en italiano ‘Guida al cinema ‘peplum', Ercole, Ursus, Sansone e Maciste alla conquista di Atlantide’ una obra de referencia para todos los interesados en el género peplum.

Son 390 páginas, cargadas de información e imágenes, y editadas por la editorial romana Profondo Rosso. Su autor es un reconocido experto en el género peplum sobre el que ha publicado numerosos artículos de investigación. En este libro realiza un recorrido por la historia del género partiendo de su definición, características y motivaciones políticas y analizando a continuación las diversas producciones a lo largo de sus años de oro y también de su decadencia.

El libro posee una buena filmografía y cuenta con interesantes apéndices. Uno a cargo de Luigi Cozzi recoge opiniones de directores de pepla sobre sus obras; el mismo Cozzi explica también su experiencia como director de pepla; otro escrito por F. Familiari analiza las cintas de este género dirigidas por Riccardo Freda y el último, a cargo de M. Maggioni, estudia la película La última legión. En suma una obra de referencia para los interesados en este género que utiliza la Antigüedad con grandes dosis de imaginación. (Texto: Fernando Lillo).

Hijo del poeta portuense José Luis Tejada (1927-1988), ver nótula núm. 1176 en GdP. Licenciado y doctor en Filosofía por la Universidad de Sevilla. Sus primeros poemas aparecen en la antología Seis nuevos poetas gaditanos (Cátedra "Adolfo de Castro", 1987), pero pasará tiempo hasta que publique su primer libro, Costumbre de palabras (Númenor, 1995).

En la imagen de la izquierda, el libro donde aparecen sus primeros poetas, publicado en Cádiz en 1987.

Pasa a dedicarse a su faceta investigadora, y fruto de la misma son Acción y conocimiento en el Fichte de Tena (Herqué, 2003), y Libertades (Herqué, 2005), este último escrito en colaboración con Francisco José Ortega Martínez, además de artículos en revistas como "Etapas", "Reflexión" o "Revista de Filosofía". Muchos años después retoma su actividad poética con Emergencias (Isla de Siltolá, 2010).

(Texto: Juan Carlos Palma).

 


El declive de las comunicaciones masivas y el triunfo de las tecnologías de comunicación de persona en persona han provocado una explosión de información que crece de manera vertiginosa y fragmenta la opinión pública. Comunicar hoy es propagar. Las espirales irracionales, los rumores en cadena y los pronósticos impulsivos terminan por hacer mella en la confianza de clientes, socios, expertos, líderes de opinión y medios de comunicación. El libro ‘La estrategia del pingüino’ de Antonio Nóñez  le revela las claves de la comunicación de persona en persona. Su lectura le permitirá influir en cómo los demás perciben sus mensajes y, lo más importante, en cómo estos los transmiten a su red de personas de confianza.
 

«¡Atención! ¡Atención! —graznó con un tono nasal y trompeteante el sistema de megafonía— Se ha perdido un crío. Tiene seis años, es moreno y lleva un traje de baño azul marino. Responde al nombre de Antoñito. Se ruega a quien lo encuentre que lo traiga a la caseta de la Cruz Roja sita en esta playa".

España. Años setenta. Agosto. Como cada domingo de verano, casi toda la colonia de vecinos del pueblo, compuesta por 150.000 especimenes, habíamos emprendido nuestra migración hacia las playas de la costa de Cádiz. Durante el verano gaditano de Jerez de la Frontera, la temperatura acaricia sádicamente los cuarenta grados centígrados.

La playa favorita de mi familia era la de Valdelagrana, en El Puerto de Santa María. Hacia las once de la mañana toda la colonia se agolpaba en los accesos a la playa y arrastrábamos nuestros pies en procesión torpe y bamboleante hacia la orilla del mar.
Cada grupo familiar avanzábamos en fila india sobre una arena blanca y fina que nos abrasaba las plantas de los pies y nos apresurábamos a conquistar unos metros de playa. Como prueba fehaciente de la conquista territorial, el macho más adulto de la familia tomaba el parasol familiar y lo hendía cual espada artúrica en la arena. A continuación desplegábamos mesas, sillas, abuelos y suegras. Era imperativo colocar al cobijo del parasol una pieza indispensable para sobrevivir a un severo día de playa andaluz: la nevera portátil.

Cada nevera contenía prácticamente lo mismo. Todas y cada una de ellas serían destapadas gregariamente a la misma hora, perfumando la playa con el aroma del aceite de oliva. Nuestra dieta veraniega se componía de chacina y queso como aperitivo, tortilla de patata española y una sandía o un melón de postre. Todo ello regado con cerveza o tinto con gaseosa y deglutido en parloteante comunidad alrededor de las dos de la tarde.

Una vez afianzado el estandarte familiar yo me iba a la orilla del mar a retozar con los polluelos de la familia vecina. Mi padre y mi abuelo desplegaban las páginas de Diario de Jerez. Mi madre y mi abuela formaban un corro de sillas plegables junto a las hembras de las familias colindantes. Charlarían todo el día mientras observaban a los miles de bañistas que paseaban por la orilla.

En la playa me comportaba como un auténtico pájaro bobo. De poco servían las advertencias de los adultos sobre la distancia máxima a la que podía alejarme durante mis juegos. Era inútil saber que si me perdía me castigarían con la tortura de permanecer una hora quieto bajo el parasol, viendo jugar a los demás críos. Excitado por las olas y los partidos de fútbol sobre la arena dura de la orilla, me iba alejando poco a poco hasta perderme. Entonces era cuando algún familiar se acercaba al puesto de la Cruz Roja del Mar y pedía a la locutora que anunciase mi pérdida. El sistema de megafonía, omnipresente a lo largo y ancho de toda la playa, se ponía en marcha. En escasos segundos algún adulto me identificaba y me llevaba de la mano, o de la oreja, a la caseta de madera de la Cruz Roja, donde me esperaba alguien de mi familia.

La megafonía gozaba de una eficacia asombrosa como medio de comunicación, pese a que interrumpía brutal y constantemente la paz del día de playa de toda la colonia a la pura fuerza de los decibelios. Nada más oír el «¡Atención!, ¡Atención!» de la locutora, mi padre y mi abuelo sacaban sus cabezas del periódico local y el corro de hembras enmudecía. Los futboleros retiraban el pequeño transistor de radio de la oreja y las hembras que hacían crucigramas levantaban el bolígrafo del papel. Tras escuchar el mensaje atentamente, escrutaban a su alrededor durante unos instantes para ver si encontraban cerca al polluelo perdido que reclamaba la megafonía. Solo después de hacerlo volvían a sus distracciones. El sistema de megafonía inspiraba confianza y proporcionaba seguridad. Mis camaradas más traviesos se perdieron y fueron recuperados puntualmente varias veces  a lo largo de muchos domingos de playa durante toda su infancia.

El Papi en la desaparecida frutería de 'El Lati' en La Placilla.

El sistema de megafonía no emitía sus frecuentes alaridos solo para reclamar polluelos perdidos. También interrumpía con su tono impersonal para alertar sobre el estado de la mar o dar consejos para un baño saludable. A veces anunciaba temas tan prosaicos como eventos locales, bailes o conciertos veraniegos. Este medio de comunicación masivo no solo era capaz de captar la atención y detener durante minutos la vida de la colonia veraneante, sino que además sus mensajes gozaban de total credibilidad. Las madres prohibían terminantemente el baño a los críos —si así lo recomendaba la megafonía— y si la megafonía anunciaba que el baile comenzaba a las siete y media, a las siete y media en punto estábamos todos vestidos de domingo con el pie ensayando la primera pieza.

Un único medio de comunicación masivo, impersonal y casi anónimo, era capaz de captar la atención, paralizar a placer e influir en la manera de saborear el verano de miles de individuos. Y siguiendo sus consejos, todos los veraneantes terminábamos disfrutándolo de la misma forma y al mismo tiempo.

No obstante, en la playa de Valdelagrana había un segundo sistema de comunicación que superaba en eficacia, credibilidad y confianza a la megafonía. Se trataba del pregón playero —a voz en grito— del “Papi”, cuyo timbre podía distinguirse entre la algarabía retozona de la playa.

Vista aérea de Valdelagrana. Foto Rafa.

«¡Qué alegría de verano! ¡Qué alegría! PaaaaaaaaPiiiiiiiiii, Papi, el famosooooo, el más queridooooo, el famoso de la playa de… errrr… —aquí el Papi titubeaba unos microsegundos— ¡Valdelagrana! Compre las papas más ricas de toda Valdelagrana. ¡Qué alegría de verano, qué alegría!"

Rafael Pérez Sánchez, alias  El Papi, natural de El Puerto de Santa María, era vendedor ambulante. A diario recorría 15 km de playa, vistiendo pantalón y camisa de un algodón blanco inmaculado. Completaba su atuendo una gorra pasada de moda —grande y abullonada como las de los vendedores de prensa del Nueva York de los años veinte— , también de color blanco.

...continúa leyendo "1.690. EL PAPI. Ejemplo en el libro de comunicación: ‘La Estrategia del Pingüino’."

Si yo nací
en un pobre pesebre,
hoy miro al Vaticano y en nada se parece.
Si, si yo nací
sin lujos ni riquezas,
en qué te has convertido
yo pregunto a mi Iglesia.

Yo jamás le dije a Pedro,
al confiarle la primera piedra,
que gastara en oro para el templo
la limosna de tantas ofrendas.

Yo no pedí ni mármol ni escultores
para levantar mi casa aquí en la tierra
y me sobran cuadros y pintores
si no acaba el hambre y la miseria.

Que mal que me expliqué,
que llevas dos mil años
solo acumulando dinero y poder.

La Iglesia que yo quiero
no es un gran monumento,
está en los misioneros
y en los comedores para los hambrientos.

La iglesia que yo quiero
no está en los cardenales,
está en todos los curas
que le dan ayuda a tantos inmigrantes.

Yo soy, yo soy el del pesebre
y a los mercaderes los eché del templo.
Si a la tierra yo volviera un día,
arrasaría... ¡con el Vaticano entero!

La comparsa "Los Majaras" participó en los Carnavales 2012 con una serie de coplas bajo el nombre "Llámame Jesús". Las letras son de Antonio Rivas y la música de Pepe Martínez.

La poesía es un género minoritario de primera necesidad general. En la práctica la paradoja se salva mediante el recurso a sucedáneos y sustitutivos, algunos, a veces, de calidad. La juventud ha sido siempre una frenética devoradora de lírica y lo sigue siendo, sólo que principalmente a través de las letras de las canciones pop, quizá ahora más que antes. Seguir ese hilo musical nos llevaría lejos, pero sirve de ejemplo y de introducción, pues algo parecido ocurre con el tema de esta nótula.

Los pregones de Semana Santa, que tanta expectación despiertan y tanto fervor entre el público asistente, son otra muestra de la insospechada e irrefrenable afición a la poesía —que salta donde menos se la espera. Aunque no todos son poéticos, el pregón ortodoxo de Semana Santa incluye la recitación emocionada de algunos poemas del pregonero. Son los momentos más esperados y aplaudidos. Un pregón, en general, es el anuncio solemne de un acontecimiento. En principio, poco tendría que ver con la poesía. Sin embargo, cuando de la Semana Santa se trata, parece que pregón y poesía están obligados a matrimoniarse. ¿La causa? La intensidad de los sentimientos que suscita la Pasión. El pregón perfecto sería entonces el que armonice poesía, espiritualidad y sentimiento (siempre que la exaltación de éste no llegue al grito).

Carlos Murciano, en su pregón en el Insituto Santo Domingo, en 1973.

De hecho, la lista de poetas y escritores que han sido pregoneros abruma: José María Pemán, Joaquín Romero Murube, Carlos Murciano pregonó en El Puerto en 1973, José Luis Tejada… También tenemos a los especialistas del género, como Francisco Montero Galvache que pregonó en El Puerto en 1960, o Antonio Rodríguez Buzón, que el 11 de marzo de 1956 salió a hombros del teatro San Fernando de Sevilla por un mítico pregón. Hay un precedente poético: Federico García Lorca había salido a hombros de un recital.

Francisco Montero Galvache, en su pregón en el Teatro Principal, en 1960.

La influencia lorquiana es un denominador común de los pregoneros. José Luis Tejada, un poeta de ascendiente albertiano y lopesco, empezaba, sin embargo, su romance al Nazareno del Pregón de Semana Santa de El Puerto de Santa María en 1959 así, cantando por Federico:

Las tres de la madrugada desde la torre cayeron
como tres gotas redondas y cuajadas de silencio.
Callaron los azahares la música de sus sueños;
quedó el aroma en los aires mudo y quieto...

Pero quizá donde los pregoneros alcancen una inspiración más auténtica sea en los poemas breves de raigambre flamenca, parientes de la saeta. Y ahí José Luis Tejada tenía que descollar necesariamente, él, autor de Cuidemos este son, un libro imprescindible de poesía flamenca. Del mismo pregón suyo del Puerto de Santa María, este poema del Cristo de la Vera Cruz. Es un monólogo dramático:

¿Dudas? Pero ven aquí:
Si lo más hice por ti, que fue morir por salvarte,
¿cómo no he de perdonarte? …
Que has escupido hacia arriba y me has salpicado? y qué!
De tres clavos me colgué puesta a secar tu saliva,
yo soy fuente de agua viva, acércate y lávate.
[…]
Tú a pecar, yo a perdonar.
Tú a las malas, yo a los buenos,
veremos quién va a ganar.
Te di mi pecho y mi hogar,
lo demás ya es lo de menos.

/Texto. S.C.

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He estado consultando la Morillopedia –léase la pagina “Gente y Habitantes de El Puerto”– y , efectivamente, tal como nos temíamos- el fundador de El Puerto, el caudillo griego Menesteo era tuerto y se bajó del barco con el pie izquierdo. “--¡En mi vida he visto yo.... un sitio mas lindo, ni mas lindo bonito, más típico no lo hay... pa poner un pueblo aqui vamos ” dijo y en esto tropezó con un gato negro. Era el martes y trece del año 2012 antes de JC. Del tropezón se le cayo de la mano un espejo que llevaba de recuerdo para su mujer Menestea y tuvo que recoger todos los cristales pasando por debajo de la escalera del barco. El mago de la tribu le dijo: “--Tampoco es pa ponerse ajín. Mire usted, rey Menesteo, que se me acaban de cagar dos gaviotas en el mismo cranio y empiezo a sospechar, pa mi, que el sitio este de aquí no está muy bendecido por los dioses que digamos”. Pero Menesteo cogiendo unas estijeras abiertas que había en una mesa le cortó el cuello al adivino. En esto el barco insignia de la flota griega se pegó un viaje con un cacho arrecife y se hundió en breves momentos; Menesteo, entonces, dijo su celebre frase: “--Ahora nos quedamos aquí por cojones” que estuvo en el escudo de la ciudad hasta su consagración a Santa María. Según Hipólito Sancho, Alfonso X dijo que esas no eran palabras pa ponerlas en boca de una virgen y lo borró. (Texto: Juan Rincón Ares).

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