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El Pregón de 1995 fue ofrecido, conjuntamente, por Juan Ignacio Varela Gilabert, Manuel Martínez Alfonso, Serafín Álvarez-Campana Gaztelu, Francisco del Castillo-Merino Tellería, Juan Durio Siloniz, Luis Suárez Ávila, Enrique Pedregal Valenzuela, Jesús Nogués Ropero, Antonio Muñoz Cuenca y Juan Villarreal Panadero.

pergamino_HELOLIBO-puertosantamariaEl Pregón de la Hermandad del Olivo --el pregón oficioso de la Feria de Primavera-- se viene pronunciando, de forma ininterrumpida desde hace 29 años. Al principio se celebraba el domingo anterior a la fiesta, al mediodía, siendo el primer pregonero Juan Ignacio Varela Gilabert, en la primavera de 1981. Desde entonces, y hasta nuestros días, Manuel Martínez Alfonso, Serafín Álvarez-Campana, Paco del Castillo, Venancio González, Francisco Castilla, Juan Villarreal, Juan Durio Silóniz, el recordado Agustín Merello, Luis Suárez,  Enrique Pedregal y Jesús Nogués, Antonio Muñoz Cuenca, Inmaculada Cáliz, Antonio León Manjón, Enrique Víctor de Mora, Modesto Barragán, Pedro Payan, José Luis Zarzana, José Manuel Castilla, Emilio Flor, Francisco Andrés Gallardo, Fernando Durán y Luis Ortega Fernández, Marco Antonio Gómez, Gabriel Álvarez y Mario Prieto Nieto en la última edición, han pregonado durante 28 ediciones la Fiesta del Vino Fino. (A la izquierda, pergamino que se enterró en el suelo de la Caseta de Helo-Libo).

rafa_navas_helo-liboEsta noche, a las 21:30 Rafael Navas Renedo, Director de Diario de Cádiz, (en la imagen de la izquierda) presentará una interesante propuesta de anuncio de la Feria, donde el periodismo, sus vivencias de la Feria, la familia, los amigos y la idiosincrasia portuense deleitarán a cuantos tengan el privilegio de escucharlo en directo. (Más información en el Blog del Pregonero de la Feria).

ENTIERRO DE LA PRIMERA BOTELLA DE FINO.
El 17 de mayo de 1981, --hace 29 años-- en el nuevo emplazamiento de la caseta de Helo-Libo, en el Real de la Feria en Las Banderas, tuvo lugar a la una de la tarde el entierro de una jarra bodeguera, sellada, con media botella de Fino Quinta, un ejemplar de Diario de Cádiz de la fecha y monedas de curso legal, a modo de primera piedra casetera o cápsula del tiempo. Mas adelante, con un cambio de emplazamiento de la Caseta, habría traslado en procesión, del que queda constancia en un documento de video, animado con unas décimas de Paco del Castillo.

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En la fotografía, firmando, Antonio Herrero, detrás el alcalde, Antonio Álvarez Herrera, Juan Fernández, Casimiro Rodríguez y Eugenio Pedregal, entre otros que no reconocemos. (Foto Rafa).

El pergamino que daba fe de todo ello y que se encontraba dentro de la jarra iba firmado, en representación de las autoridades locales, por Antonio Álvarez Herrera, alcalde de la Ciudad y el concejal de Cultura, Antonio Muñoz Cuenca. Por Diario de Cádiz, la periodista Tily Santiago, un representante de Bodegas Osborne  y por la Hermandad del Olivo, Eugenio Pedregal, Luis Ortega, Ana María Ortega, María Luisa López, Adolfo Ortega, Jesús Nogués, y otros cuya firma no es legible. En el pergamino se deja constancia, para las generaciones venideras, de la ubicación de la Caseta

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En esta imagen, aparecen Jesús Nogués Ropero, Casimiro Rodríguez leyendo el pergamino, José María Morillo (con barba), Enrique Ortega Simeón portando la jarra bodeguera y Antonio Álvarez. A la izquierda el trípode de obra que marcaba el sitio donde se enterraría la media botella, con un lazo con los colores de la bandera de España. (Foto Rafa).

Nótula elaborada con información facilitada por Francis Dueñas Crespo.

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portada_ritogeografiacanteUna colección de 'incunables' audiovisuales sobre el cante flamenco. Considerado como el mejor programa flamenco de la historia, 'Rito y geografía del cante' es fruto de una exhaustiva exploración del cante flamenco que, cámara en ristre, realizaron equipos de Televisión Española (TVE) entre marzo de 1971 y octubre de 1973. Para ello, fueron visitadas casi una treintena de localidades de Andalucía, Salamanca, Barcelona, Extremadura, Toledo, Murcia y Portugal, en las que fueron entrevistados ciento ochenta y seis cantaores, trece grupos folklóricos, cuarenta y siete guitarristas, trescientos trece palmeros, bailaores y aficionados. Además, se mantuvieron más de doscientos encuentros y reuniones con flamencólogos, músicos, historiadores, antropólogos y aficionados. Y, consecuentemente, esta colección de “incunables” en imágenes recoge inolvidables escenas del cante protagonizados por las mejores figuras que son y fueron en el mundo del flamenco.

En El Puerto y la zona, colaboró Luis Suárez Ávila, que en agosto de 1973 aparece entrevistado en el primer video de los cuatro que presentamos, por José María Velázquez Gaztelu.

LUIS SUÁREZ ÁVILA. Los Romances de El Puerto. 1973 y otros.
La labor desarrollada por el investigador, Luis Suárez Ávila, sobre los romances antiguos y los gitanos de Los Puertos, tiene un valor inmenso, y así lo entendieron los responsables de la serie de televisión española, "Rito y Geografía del Cante" en el año 1973, cuando lo seleccionaron como asesor de los cantes primitivos sin guitarra.
Aquí tenemos algunos de esos cantes primitivos sin guitarra interpretados por las gentes del Puerto de Santa María: El Negro del Puerto, Ramón Medrano, Alonso del Cepillo y Jeroma la del Planchero.

ALONSO EL DEL CEPILLO. Romanceando. 1973.
El gitano de El Puerto de Santa María, Alonso el del Cepillo, relata los romances que aprendió de chico en su tierra. Pertenece a la serie de televisión española, "Rito y Geografía del Cante" y se grabó en 1973.

JEROMA LA DEL PLANCHERO. Y un pregón. 1973.
La gitana de El Puerto de Santa María, Jeroma la del Planchero, no puede tener más gracia y salero gaditano. Les cantó este pregón a los chicos de la serie de televisión española, "Rito y Geografía del Cante".

TÍO ALONSO DEL CEPILLO Y EL NEGRO DE EL PUERTO. Romances. 1973.
En la serie de televisión española, "Rito y Geografía del Cante" se recogieron estos romances de los gitanos del Puerto de Santa María, Alonso el del Cepillo y el Negro del Puerto. (Texto: Porverita).

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De izquierda a derecha, Lola Muñoz, madre de los Nimo (José Luis, Ramón y Lola); Maruja ‘la del Puesto’ (tenía una pequeña tienda de primera necesidad); desconocida; Milagros González Tinoco, 'Güindate' (suegra de Miguel González, de Espumosos Valdelagrana, con nótula 351 de Gente del Puerto); Milagros Gómez Barroso, gran maestra costurera, conocida como ‘La Ceferina’ por su relación con los Ceferinos, del desaparecido Bar El Refugio, que estaba en la calle Ganado, donde hoy Muebles Palomino, y que tiempo atrás fue un café-cantante); Carmela ‘la de Titi el Carpintero’ (vivía en la calle Santa Clara); Angelita Ramírez, otra gran maestra costurera, que tenía el taller en la calle Cielos 64, antiguo, esquina casi con Cervantes, madre del respostero Pepe Mesa, con nótula núm. 242 en Gente del Puerto. Estaba especializada en trajes de cristianar, de comunión y de bodas); desconocida y Consuelo Moreno.

maquina+coserEn aquellos años del primer tercio del siglo XX no existían tiendas de moda, ni grandes cadenas de tendencias. En las casas se cosía en solitario, o en grupos, dirigidos por una maestra. Allí se decidía cual era la moda femenina a seguir en El Puerto de 1928, año en el que está fechada la fotografía, tendencia que se seguía a través de revistas  y periódicos o copiando prendas que llegaban del exterior. La fotografía está tomada en la casa donde estaba el refino de Lolita y Serafina, en la calle Luna.

Las niñas, con 11 o 12 años entraban como aprendizas en los talleres de costura, sin cobrar. En unos casos aprendían corte y confección, en otros se profesionalizaban en el mismo taller o se establecían por su cuenta, en sus casas, algunas alcanzando la categoría de oficialas, o ya como maestras. Eran tiempos en los que las niñas no iban al colegio, en las casas aprendían a cocinar y las tareas domésticas y el hecho de colocarse de aprendiza era todo un privilegio.

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La casa donde se encontraba el Taller de Costura, en el número 57 actual de la calle Luna, donde estuvo durante muchos años la tienda de Tejidos La Concepción, propiedad de José González Vacas, último propietario, que estuvo al pié del cañón hasta casi el final de su vida y con él se cerró el negocio y se reformó la finca con el aspecto que hoy presenta. El local era conocido como el Refino de 'Lolita Serafina', (Dolores García de Quirós) casada con Vicente Acal, primeros dueños de la tienda de tejidos. Este matrimonio al no tener descendencia, le traspasaron o cedieron la tienda de tejidos a José González Vacas, antiguo trabajador de la misma y más conocido como Pepe Vacas, hijo de José González y María Vacas, antigua sastresa, que vivían al principío de la calle Zarza.

Nuestro agradecimiento a Pepe Mesa, por su aportación tanto de la fotografía  principal que ilustra esta nótula, como de los datos de identificación de la misma.

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Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia. 1932. Reparto de pan y comestibles del catecismo parroquial, costeado por el Ayuntamiento y un benefactor del que hemos hablado en la nótula 185, de Gente del Puerto, Elías Ahuja y Andria.

Fila superior, de izquierda a derecha: Carlos Terry del Cuvillo; el secretario de Elías Ahuja, Teniente Durio; Luis Pérez Pastor; ¿Eduardo Ruiz Golluri?; desconocido. Sentado entre las damas, el arcipreste Nuñez Galván.

Las señoras o señoritas son, Margot Arvilla, Julia Arvilla, Emilia Suárez, Carmen Pérez Pastor, Milagros Terry, Encarnación García de Valdeavellano, Josefa Terry, María Paullada, Isabel Velázquez, Maruja Paullada Varela, Magdalena Pérez Pastor y Julia González Nandín.

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calledesansebastian_puertosantamariaHoy 28 de abril se cumplen 485 años  de la formalización oficial del culto a San Sebastián, como copatrono de la Ciudad, junto a San Francisco Javier y a la Virgen de los Milagros. Desconocido para muchos, durante la Edad Media y debido a la epidemia de peste que afectaba a El Puerto, San Sebastián fue considerado como “santo abogado de los contagios”, celebrándose una fiesta religiosa en su honor, sustentada por una cofradía y una ermita, lo que da una idea de la importancia que tuvo para aquel Puerto del siglo XVI. Si bien los orígenes del patronazgo de San Sebastián se remontan a finales del siglo XV, no será hasta el año 1525, cuando se consolida el culto del santo. El culto a San Sebastián es muy antiguo, siendo considerado como el Apolo cristiano, al ser uno de los santos más reproducidos por el arte en general. Un santo, que fue martir muriendo asaeteado por  flechazos y que es considerado por algunos como el patrón de los homosexuales. Celebra su santoral el 20 de enero. (En la imagen, azulejo del siglo XVIII, de la calle San Sebastián esquina con calle Cruces).

Para el periodista José Pablo García Baez, «Según un acuerdo capitular fechado el viernes 28 de abril de 1525, contiene una noticia basada en cuatro puntos, que nos hace pensar que este año fue oficialmente formalizado el culto a San Sebastián. Los cuatro puntos trataban del eje principal del culto y su fiesta eran éstos: la existencia de una Capilla de San Sebastián, la existencia de una cofradía en su honor, la celebración de la fiesta y el voto de la ciudad para la celebración de ésta. La devoción por este mártir era enorme en este siglo XVI. Llegaba a tal extremo, que en el mencionado acuerdo anterior, el mayordomo de la cofradía pedía a la ciudad que para evitar los tumultos que se formaban en la fiesta de San Sebastián, sólo concurrieran a la procesión los cofrades del santo.

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Manuscrito del siglo XVI

Ésta se comenzó a realizar para pedir el cese de la fatídica peste que asolaba a la ciudad en la Edad Media. Don Fernando Valdés, en nombre del Cabildo Municipal, hacía esta singular petición: “que los curas y clérigos hagan procesión  el día de San Sebastián y celebren su fiesta y la de San Roque gratis como se solía hacer pues se hace por la salud y bien público”. Con esta curiosa misiva, la Ciudad se curaba en salud, y nunca mejor dicho, e invocaban de esta forma a San Sebastián y San Roque, abogados en los contagios.

oterocruces_puertosantamariaLa Cofradía de San Sebastián, fundada a principios del siglo XVI, continuaba con la ermita que tiempo antes había comenzado a utilizar para el culto de su titular, pero hasta cierto punto mediatizada por la ciudad que consideraba como suyo todo lo que tenía que ver con el patrono. Ésta ermita, situada en lo que hoy conocemos como la barriada Durango, y en la que todavía se encuentra una cruz de ésta, se encontraba en mal estado y necesitaba un arreglo urgente.  Para el seguimiento de estas obras y para darle mayor solemnidad a la fiesta, se creó la figura de los hermanos mayores y el mayordomo.

En el Cabildo de 2 de enero de 1611 se nombró como hermanos mayores a Antonio del Rico Abano y a Tomás de Quirós. A pesar de que la ciudad aportaba el dinero para gastar en lo que fuera necesario, además de sufragar el gasto de reedificación, la hermandad quería desligarse y emanciparse del municipio, pero no había ocasión. Ya entrados en el siglo XVII, la cofradía pierde su fuerza en la Ciudad, y poco tiempo después, desaparece. Esta circunstancia, junto a que no existía patrono en la Ciudad, daban derechos plenos a la ciudad sobre el culto y la fiesta del mártir. (En la imagen, la cruz de la Ermita de San Sebatián, que aun se conserva en el lugar donde fue construida ésta, y en los terrenos aledaños donde más tarde habría un Hospital de Mujeres).

Estando la capilla de San Sebastián en obras, y la Iglesia Mayor con dos naves caídas y una tercera amenazando, la fiesta en honor al santo tuvo que celebrarse en el Monasterio de la Victoria, de la que era patrón el Duque de Medinaceli, señor de la Ciudad. Los patios del Monasterio fueron testigos de la procesión solemne, la misa cantada y sermón. Entre tanto, la obra de la capilla iba adelantando y se instalaba la efigie de su titular.

Juan-Francisco-II-Tomas-de-La-Cerda_8oDuque-de-MedinaceliLa devoción en El Puerto era creciente, y se creyó a bien comprar unos terrenos anejos a la ermita para su ampliación. Por siete reales, la Cofradía de las Ánimas vendió sus propiedades. Esta compra se convirtió en los cimientos de una muerte anunciada para el culto religioso en la ermita de San Sebastián. Este amplio terreno despertó el deseo de varios fundadores de monasterios y hospitales, y su ocupación por parte de éstos no tardó en ocurrir.

En este caso el antojadizo fundador era el capitán general de la Mar Océana, y señor de la Ciudad, Don Juan Francisco Tomás de la Cerda. Este señor se convertiría una auténtica amenaza para el culto de San Sebastián y su ermita. Anteriormente había dejado sin bienes a la cofradía de la Santa Misericordia. Y en sus trece por construir un hospital de mujeres, pidió al Ayuntamiento la capilla del patrón. (Retrato de Juan-Francisco II Tomás de La Cerda y Enríquez de Ribera, Marqués de Cogolludo y 8º Duque de Medinaceli (1637-1691); obra realizada por Claudio Coello. El 8º duque llegaría a ser el primer ministro del rey Carlos II, sucediendo a Don Juan-José de Austria y precediendo al conde de Oropesa al frente del Gobierno de una España mortificada.).

En 1696 se fundaba mediante escrituras públicas el hospital de Nuestra Señora del Amparo, gracias a las aportaciones que una importante aristócrata de la Ciudad hizo en favor de la creación de las enfermerías necesarias.

virgenmilagros_miniatura3_puertosantamariaEn el siglo XVIII el culto disminuyó  considerablemente. Varias son las causas que justifican este descenso de la devoción en la Ciudad por el patrono San Sebastián. Por una parte, la devoción popular giró en torno a la Virgen de los Milagros; por otra parte, cada vez más, San Francisco Javier, copatrono de la ciudad, tenía mas adeptos entre la feligresía. Además, la fiesta en su honor, ganaba solemnidad y aceptación; por último, los votos a Nuestras Señora de la Merced por la liberación en 1702 de la invasión angloholandesa, y la Santa Cruz por la desaparición de la peste.

En el siglo XVIII hubo un intento de recuperación de la capilla y el hospital de San Sebastián, para el establecimiento de un nuevo hospital de mujeres. Entonces tres sacerdotes portuenses fueron al Concejo de Castilla en solicitud de permiso para la fundación de un hospital de mujeres, que vería la luz tras ocho años de litigio.

flagelacion_puertosantamariaPoco a poco el patrono San Sebastián ha ido perdiendo peso específico en la historia de la Ciudad, hasta llegar al desconocimiento por parte de gran número de portuenses. Nada se sabe de la imagen primitiva, ni siquiera si pudo haber más de una. Lo cierto es que actualmente la ciudad carece de una imagen de un San Sebastián para el culto, a pesar de ser patrono de la misma.

Bien es cierto que un estudio de restauración llevado a cabo por los restauradores Enrique Ortega y Rosa Cabello hace ahora 14 años, se concluyó que la imagen del Cristo de la Flagelación posee una talla de un San Sebastián. Como explica Enrique Ortega: «las  representaciones de Cristo azotado aparecen atadas a la columna con las manos por delante, para tener la espalda libre para recibir los latigazos. Este Cristo tiene las manos atadas a la columna con las manos por detrás, y además presenta numerosas heridas en la parte delantera de su cuerpo». Por tanto podemos afirmar que el Cristo de la Flagelación representa iconográficamente la imagen de San Sebastián. Lo que no puede afirmar el restaurador es la procedencia de esta talla. (En la imagen de la izquierda el Cristo de la Flagelación, que se venera en la Parroquia de San Joaquín).

Así, no se puede desvelar si este Cristo pudo pertenece algún día a la Cofradía de San Sebastián, si procesionó por las calles de El Puerto como patrono de la Ciudad, o si alguna vez estuvo expuesto en la capilla que ocupaba lo que hoy es el final de la calle San Sebastián. Sólo las investigaciones y el paso del tiempo podrán responder a estos interrogantes».

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fraciscojavierpaullata_puertosantamariaFrancisco Javier Pauyata Estévez, nació en El Puerto el 11 de Septiembre de 1954 hijo de Manuel Paullata Serrano e Isabel Estévez Cáceres. La familia vivía en la calle Aurora, frente a la puerta de entrada de la desaparecida Fábrica de Botellas, conocida por VIPA. Cursó sus estudios en el Colegio de la Sagrada Familia, siendo un gran aficionado al fútbol llegando a jugar en el equipo del San Marcos, cuyo entrenador era Ricardo Palacios Mena, siendo compañero de Enrique Montero. Paullata fue uno de los pilares de aquel inolvidable C.D. San Marcos.

Desde muy pequeño se dedicó al gremio de la hostelería, empezando con su padre en un kiosco que tuvo donde hoy está el Bar La Ponderosa, trasladándose, cuando se empezaron a construir los bloques al lugar donde actualmente se encuentra la Comisaría de Policía, colindando con el antiguo Campo de Fútbol del Racing, el Eduardo Dato.  Allí acudía con frecuencia un hermano del padre de Javier, Salvador Pauyata de profesión jardinero, que con sus ocurrencias alegraba el ambiente y hacia olvidar que el día siguiente era lunes…

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El kiosko situado en los actuales terrenos de la Comisaría de Policía, junto al campo del Rácing, entre las Avdas. Eduardo Dato y de la Legión, como se denominaban en 1970. (Foto: Colección Mata).

Ya en su mayoría de edad se estableció por su cuenta en la Cervecería El Carmen que estaba en los bloques frente al Resbaladero y de allí se trasladó al Camino de los Enamorados donde tuvo en arrendamiento El Otro Tendido, donde estuvo durante 4 años.

Hace 29 años, en 1981 trasladó su negocio al actual Bar Triana, en régimen de arrendamiento por periodos, hasta la fecha. El Bar Triana perteneció la familia conocida popularmente como los Giles. Eusebio Pérez Gil de Reboleño heredó dicho bar, y después de regentarlo bastante tiempo junto a su esposa, lo alquiló a Francisco Javier Pauyata Estevez, después de que el padre del mismo falleciera. Los actuales propietarios del local son María Fernández Calderon, Vda de Eusebio Pérez e Ignacio Pérez Fernández.

De aquellos años, cuenta un antiguo parroquiano del Triana, Francisco Bollullo Estepa: «En los años 65 a 69, tuve la oportunidad de acudir al Bar Triana, sobre todo los domingos, después de acompañar a nuestras novias a casa. Allí nos reuníamos los amigos a tomar alguna copa y hablar. Recuerdo con placer la gracia que tenía Eusebio, que era sevillista cuando se ponía a discutir con algunos de los parroquianos, las virtudes del Sevilla y los defectos del Betis.Las personas que frecuentábamos el Bar Triana éramos: Vicente Peris Tey, Juan Pedro Horrillo Vega, José Velázquez Monís, Manuel Rodríguez Tey y yo mismo. Allí conocimos a Emilio Lubián, funcionario municipal; Alberniz, que trabajaba en un taller de Artes Gráficas y un jubilado setentón que por un defecto en una pierna usaba bastón con mucho garbo. Por cierto que este señor, que en aquella época presumía de republicano y antifranquista, Eusebio le gastaba alguna que otro broma poniendo en evidencia su ideología».

El bar Triana sigue siendo muy popular entre la gente del carnaval ya que, servía como lugar de ensayos de algunas comparsas y chirigotas y en la esquina de las  San Bartolomé y Federico Rubio había un tablao durante dichas fiestas. Actualmente lo usa como local de ensayo la famosa comparsa porteña de Los Majaras que para el Carnaval de 2011 se llamará 'Al volver de los ensayos'. Contará de nuevo con la letra de Antonio Rivas, música de Pepito Martinez y la dirección de Pedro de los Majaras. También repetirá el mismo grupo.

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Ganadores del Campeonato de Dominó del año 1987. De izquierda a derecha, Juan Merino, desconocidos,  José Arjona Acal 'Pepón',  Rafael 'Tapaculo' y  Francisco Soto Ruiz

El bar siempre ha tenido muchas actividades de juegos de mesa tales como mus, dominó, (nótula 317. Trofeo Dominó Peña Triana 1982), ronda (nótula 470 Campeonato de Ronda en el Bar Triana 1994), etc. de los cuales se han celebrado comentados campeonatos. Caso curioso de este establecimiento de hostelería es que casi toda la clientela se conoce por sus apodos, siendo raros lo que se saben los nombres completos. El hijo mayor del arrendatario del Triana, Javier Pauyata Garay ha crecido toda su vida junto a dicho establecimiento.

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Fotografía tomada a principios de los años 60 del siglo pasado en un Fin de Año. De izquierda a derecha: Milagros Castro Utrera, Manolito ‘el Cochino’, Juan Luis Carrillo Lucero y su esposa, María del Carmen Álvarez Serrano, conocida por ‘Puchi’ hija de Rafael Álvarez y cuñada de Ricardo Palacios Mena, de Vulcanizados Ricardo SL, fallecida recientemente.

Algunas veces entro en Gente del Puerto, y me gusta curiosear sobre los comentarios que he hecho sobre determinadas personas. Al entrar en la nótula de Don Manuel Gutierrez Morillo, he visto en una fotografía que está Manolo con su esposa Milagros y Juan Luis Carrillo Lucero con la suya.
Pero, después de vista la fotografía en la que aparece Milagros Castro Utrera, bella mujer, mi mente me trae recuerdos de cuando, esta señora tuvo el puesto de pescado en la Placilla.
El puesto era un primor, sólo se abría por la tarde, estaba decorado con unas cestas de mimbre adornadas con verduras y en ellas colocados con gran delicadeza y buen gusto salmonetes, lenguados, acedías de Sanlúcar, pijotas de Quinitra, etc, y Milagros en el centro con su sonrisa aconsejándonos a los que comprábamos, que lástima que Juan Lara no pasase por allí, hubiera pintado un bodegón extraordinario.
Hago este comentario, porque a mi juicio, creo que no sería justo en alzar solo la figura de Don Manuel, porque al tratar a Milagros su forma de vender, su talante de buena persona, su honradez, tratando de vender no lo más caro, sino lo mejor, hago la reflexión que detrás de un buen hombre, había una gran mujer y Milagros lo fue.
Que lástima que de forma prematura y cruel dejara huérfana a su familia.
Por eso Don Manuel, permítame que nuevamente que brinde con Vd. y levante una copa imaginaria por Milagros. (Texto: Francisco Bollullo Estepa).

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Manuel Gutiérrez Morillo, Manolito ‘el Cochino’; su esposa Milagros Castro Utrera, , María del Carmen Álvarez Serrano, conocida por ‘Puchi’ hija de Rafael Álvarez y cuñada de Ricardo Palacios Mena, de Vulcanizados Ricardo SL y su esposo Juan Luis Carrillo Lucero,  con un grupo de amigos en el mismo sitio y año de la fotografía anterior.

rafaelalberti_xxx_puertosantamariaEl autor del libro De cuando Vargas Llosa noqueó a Gabo y otras 299 anécdotas literarias,  Luis Fernández Zaurín, considera  que "el género del anecdotario es habitual en la literatura anglosajona, pero raro en nuestra literatura" y por esa razón decidió recopilar en un libro anécdotas de autores clásicos y de escritores contemporáneos. El texto incluye las circunstancias que rodearon al poeta  Rafael Alberti Merello (El Puerto 1902- ibídem 1999) cuando su nombre sonó como posible Premio Nobel Literatura.

TREINTA VINOS EN ROMA.
En 1972 pensaron en Rafael Alberti para el Premio Nobel de Literatura. Fernández Zaurín cita al abogado, empresario y militante del PCE Teodulfo Lagunero, amigo de Alberti, que en aquella época vivía en Roma, en el Trastevere -de su casa colgaba un letrero que rezaba: "No se hacen prólogos", aunque luego siempre atendía a sus interminables encargos . El escritor porteño al principio estaba emocionado con la distinción, pero cuando ya estaba todo preparado empezó a cuestionarse "qué se le había perdido en Suecia, que cómo iban a entender los suecos Marinero en tierra y su gracia gaditana".

luisfernadnezzaurinLe concedieron otro premio que se recogía en la propia capital italiana, en la que le regalaban una treintena de botellas de vino y decidió no volar a Estocolmo, lo que terminó de enojar a la Academia Sueca. Ese es el motivo, según Lagunero, y no su militancia comunista como siempre se ha pensado, lo que le dejó sin Nobel de Literatura.

De todas formas, se desconoce cuánto le hubiera durado a Alberti el galardón, al menos en términos económicos. En su libro de memorias La arboleda perdida desvela que cuando le concedieron el Premio Nacional de Poesía, se gastó 4.000 de las 5.000 pesetas que le dieron invitando a helados, durante muchas tardes, a amigos y conocidos.

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Passio Domini Nostri Iesuchristi, secundum Portum Menesthei.

"In illo tempore", cuando los naranjos empezaban a estar en flor, las repartidoras de las modistas, con sus cajas de madera, cubiertas de gutapercha y sus asas de cuero, invadían, como locas, las calles, y, en la Prioral, se distribuían, a diestro y siniestro, las dalmáticas del Nazareno, teníamos por seguro que el siguiente domingo era Domingo de Ramos.

capiroteY no había pregón, ni concursos de saetas, ni conciertos de marchas procesionales, ni presentaciones de carteles, ni de revistas. Pero lo cierto es que se barruntaba la Semana Santa por medio de una serie de acontecimientos mayores, menores, con cuerpo o inmateriales,  pero rigurosa, cíclica y puntualmente repetidos.

En las casas el ritmo lo marcaba el trasiego de roperos, el planchado de las túnicas, la preocupación por estrenar traje el Domingo de Ramos, encargar el pan y la miel para las torrijas y la leche entera para el arroz con leche, ir a la Imprenta de Pérez para que Valentina te tomara la medida del cucurucho de cartón, acudir al "Miserere", al Oficio de Tinieblas, al Vía Crucis de Acción Católica con el Cristo del Amor...

Todo empezaba a oler a muerte y desolación, a penitencia y a arrepentimiento con las conferencias cuaresmales del Padre Rodríguez, S.J. A partir del Viernes de Dolores, en los retablos no se veía una imagen. Todas estaban cubiertas con velos morados y las mesas de altar, desprovistas de sus manteles y sus flores. Las hermandades comenzaban a limpiar los enseres y la Archicofradía del Santísimo Sacramento sacaba, de la bóveda del corral de la Iglesia, los bártulos que sirvieron de túmulo para los funerales de Felipe V, de Fernando VI o de Carlos III, y, en la capilla de Virgen de los Milagros, se aprestaba a montar el monumento del Jueves Santo.

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La Guardia Municipal de gala, en un cortejo procesional. (Foto: Archivo Municipal).

PUESTA A PUNTO.
Se engrasaban las matracas de los campanarios; se trasladaban los pasos a las iglesias, desde bodegas, garajes y naves; se dictaba un bando por la alcaldía sobre ruidos, inmovilización de vehículos y cierre de salas de cine y espectáculos desde el medio día del Jueves Santo hasta el Sábado de Gloria; se aprestaban los ropones de los maceros, de los clarineros y de los alguaciles; se pintaban por centésima vez el tenebrario y el candelero del cirio pascual; se sacaban los fraques y los chaqués en casa de los archicofrades y Bonifacio y Piñero se disponían a limpiar las cazoletas de plata de los hachones, los bancos de caoba y terciopelo, a desenrollar las esteras de rafia, y a preparar el ropón de muñidor y las sotanas de los acólitos...

alvarezgomezCuando llegaba la  Semana Santa, los olores eran mixtos entre el azahar, el incienso, el alcanfor, la cera quemada, la miel, Álvarez Gómez, Maderas de Oriente, Gotas de Oro, Instituto Español y Augusto Haüpold.

No, no es que la gente interpretara que había que darse penitenciales latigazos (de ginebra Rives) durante la Santa Cuaresma, sino que Don Augusto Haüpold, que "practicaba la elegancia social del regalo", enviaba, varias veces al año, a sus amistades unos enormes frascos de colonia que fabricaba de forma artesanal y con productos totalmente naturales, que olía que daba gloria, y que acompañaba con su tarjeta "A.H.A., Salud, Paz y Bien".

Olores, también, los del aguarrás y cera, para los pasos; el del "Caballo de Oro" y el del "Sidol"; el de la cola de conejo puesta al fuego; olores...

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LOS NOMBRES Y LAS HERMANDADES.
Pepa , la del Almendral, rizaba las palmas que traían de Elche y acababa su obra colocándoles moños de seda y campanillas de cartón forradas con papel de plata de las botellas del ponche. En casa de los “Telera” se bullía con lo de los guiones; en casa de Don José María Pastor, en la de Ramón Bayo, en la de Pepe Caamaño, en la de Manolito Iglesias, en la de Eduardo Ruiz, en la de Antonio Diaz Artola... con la Flagelación; en las casas de Juan y Jesús Py, en la de Valerio Marín, en la de Ramón Vaca o en la de José Manuel Terry..., con los Afligidos; en la de Manolo Ortega Infante, en la de Manolo Muñoz Rodríguez, en la de Pepe Merchante, en la de José María Gutiérrez,  en la de Meme Maiquez, en la de Manolo Sánchez y Sánchez, en la de Luis Merello, en la de Antonio Márquez..., con la Misericordia; en la de Francisco Quijano, en la de Luis Suárez, en la Fernando Arjona, en la de Antonio de la Torre, en la de José Ríos Santa Orosia, en la de José Muñoz Carrera, en la de José Bononato, en la de Castilla, en la de Stenterello Rosario Ventura, en la de Diego Utrera, en la de Carlos Zamora, en la de Poniqui, en la de Lorenzo Boragno, en la de Miguele Forte, en la de José Moresco, en la de Diego Muñoz, ... con el Nazareno.

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El Nazareno a su paso por la calle Vicario, delante de la Iglesia, en 1941.

En la de José Caveda, en la Fernando Osborne, en la de Javier Fernández Prada, en la de José Luis Péculo,  en la de "Carito"..., con la Humildad y Paciencia; en la de Manolo Lojo, en la de Pepe Morillo, en la de Lloret, en la Federico Herrera, en la de Lerdo de Tejada, en la de Fernando Terry Galarza..., con la Veracruz; y en todas, todas, las casas de los congregantes marianos, en la de Varela, en la de de Ruffoni, en la de Galarza, en la de José Luis Osborne, en la de todos ranchos de los mayetos y en todas las tiendas de montañes, con la Soledad.

VISTIENDO SANTOS.
Doña Cruz Hernández sacaba la túnica, de terciopelo granate, que le había hecho al Nazareno con las cortinas de su casa-bien-venida-a-menos y se disponía a vestir al Cristo; Doña Rufina Vergara se preparaba para poner de "cristianar" a la Virgen del Desconsuelo; Luisa Aquino, a la Virgen de los Dolores; Mercedes Avila para adobar al San Juan de Pedro Roldán; Margara Hernández, a la Virgen de la Piedad; Esther Cuervo, a la Virgen del Rosario en sus Misterios Dolorosos; Marta de Gregorio, a la Virgen de la Amargura, y doña Angeles Domecq, a la Soledad.

Penitencia_2PENITENCIA REAL.
El "Tío de las Cadenas", preparaba las suyas, largas, gruesas, para atárselas a los tobillos y arrastarlas, en penitencia, con hábito y la cara cubierta detrás del paso del Nazareno; el "Tuerto del Resbaladero", su cruz para emular al Cristo, detrás de su paso; Milagros Góngora, la única mujer que se vestía de túnica, aderezaba su hábito y su antifaz para ir descalza detrás de todos los pasos de Cristo, por una promesa que hizo si su hija Manuela se curaba de la pierna...

SAETAS, CAPILLAS MUSICALES Y BANDAS.
Laynez, Pellicer, Paco "El Azotea", Gatica, Carrasco, Esperancita López, Juan Arjona, Matiola, Milagritos Forte y “El Demonio” no tomaban nada frío para conservar la garganta en buen estado toda la Semana cantando saetas...

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La banda de cornetas y tambores de Torriguera (en la imagen superior vestidos de romanos) y la de música del Rocafull ensayaban marchas procesionales...

La capilla de música del Nazareno, a las órdenes de Ramón Zarco, entrenaba motetes y salmos... El coro de Acción Católica, bajo la dirección del maestro Dueñas, perfilaba los cantos del "Miserere", de la misa del Domingo de Ramos, de los Oficios del Jueves y del Viernes Santo y los del Sábado de Gloria.

CARGADORES PROFESIONALES.
Los "gallegos" del muelle, los Paquis, los Gatica, Figueroa, Bononato..., trataban de concertar cargar los pasos con los priostes de la hermandades; el cabo Mulero, consultaba los horarios de las salidas para estar puntual, con su escuadra montada de Guardias Rurales, encabezando las procesiones...

antonio_sacristan_11_puertosantamariaLas "Quicas" terminaban de entolar las mantillas antiguas que, restauradas, iban a lucirse en las visitas a los sagrarios... Antoñito, el Sacristán (en la imagen de la izquierda), ordenaba a Varela sacar los ternos ricos: el rojo, de terciopelo bordado, para el Domingo de Ramos; el morado del Cardenal Infante, con planetas y estolón, para el Jueves; el negro de tercipelo, para el Viernes y el blanco bordado, para el Sábado de Gloria.

Procedente de Andújar, el Rerre, con el carro de pértigas, arrimaba a las iglesias cajones de cera y el cirio pascual.

LOS CORTEJOS PROCESIONALES.
Y, así, entre la Pasión, según San Mateo y según San Juan, cantada por tres curas, el "flectamus genua. Levate" y el Gloria y las campanas de la Resurrección, iba discurriendo la Semana Santa portuense, con sus procesiones, litúrgicamente encabezadas por los guiones («--Anda, niño, que eres más largo que el guión de la Veracruz»), la escuadra a caballo de Guardias de Campo, los basureros, con espuertas y latillas, para recoger el estiercol, la Cruz de Guía, los penitentes, el senatus (S.P.Q.R., "San Pedro quiere rosquetes"; que no: "Senatus PopulusQue Romanus"), el estandarte, el paso del Cristo, la gente de penitencia, la banda de cornetas y tambores, más penitentes, las "representaciones" la presidencia, el paso de palio y, cerrando, el preste, de capa, con su bonete, como Dios manda, y la banda de música; y las visitas a los sagrarios, en los monumentos de San Francisco, la Concepción, el Espíritu Santo, San Joaquín, las Esclavas, el Hospital, las Salesas y las Capuchinas y, lógicamente, en la Prioral.

san_pedro_puertosantamariaTODO MUY SIGLO XVIII, TODO MUY SIGLO XIX.
Y es que entre el barroco y el neoclásico pulularon los estilos mayores de nuestra Semana Santa. Entrañables y recordados pasos reducidos, casi en miniatura, los de nuestras cofradías --"la caja de cerillos" le decían al paso de palio de Nuestra Señora de los Dolores y San Juan--; mantos elegantemente  bordados de la Vírgenes del Desconsuelo o de la Soledad; palios ochocentistas sobre nada más que diez varales; centurias romanas de lata y damasco; bocinas del Santo Entierro; guiones de la Veracruz, de la Humildad, de la Misericordia; de la Soledad y los dos del Nazareno; varas de mando con fustes de caoba; sayones, romanos y hasta San Pedro, de cartón piedra (en la imagen de la izquierda); cruces con manguilla; presidencia del "duelo" con las fuerzas vivas y el Ayuntamiento bajo mazas, con los ropones negros, las mazas, enfundadas en crespón, a la funerala, y los clarineros con sordina; "comunidad de venerables granujas", que así llamaba el Dr. don Antonio Cía Moreno, a quienes nos vestíamos con las dalmáticas --moradas las del Cristo y blancas las de la Virgen--en el Nazareno o donde se encartara; pasos arreglados con alhelíes o con humildes amapolas de los trigales, mantenidas con aspirina; gradillas de la cera...

EL PRINCIPIO DEL CAMBIO.
Todo nos parece hoy vergonzante y, sin embargo, está unido a nuestra más entrañable tradición. Esto empezó a cambiar, el día en que a Miguel Castro se le ocurrió traer a la cuadrilla de "El Gorrión" para el paso de la Virgen de la Misericordia y comenzó un mimetismo enfermizo de Sevilla, vía Jerez. Se desencadenó una carrera, que no ha parado, de plata cofradiera, de "bacalaos", de "simpecados", de.... y hemos abandonado nuestros enseres más característicos que se pudren, en el mejor de los casos, en los cuartos de las hermandades. Han aparecido nuevas cofradías, que luchan por parecerse a Sevilla.

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Antigua carrera oficial por la calle Larga,  presidida por el poder civil  y del 'Movimiento', con guerrera blanca: Francisco Rábago de Celis, Antonio de la Torre González y José Antonio Nuchera González..

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La presidencia de los poderes públicos, en la Hermandad del Santo Entierro, que entonces procesionaba los sábados. vemos al alcalde Fernando Terry Galarza, al juez José Luis Suárez Gutiérrez, el capitán de la Guardia Civil, Santiago Maza Redondo y a distintas representaciones militares, delante, en dos filas, los concejales, solo vemos a Manuel Rebollo. Año 1972. (Foto: Archivo Municipal).

Sin embargo, miramos, con nostalgia, las viejas fotografías de nuestras hermandades en la calle; de nuestros monumentos del Jueves Santo; de los Oficios presididos por el Ayuntamiento y arropados por la Archicofradía... Echamos de menos la liturgia de lo nuestro y el valor de nuestros detalles y nuestros signos; de los mil y un vestigios que hemos ido dejando en la cuneta. Y nos preocupa, y nos conmueve. Pero, ahí está la fiebre de los estrenos que nos arrolla y nos llama a ser iguales, igualitos, que Sevilla, pero menos, bastante menos. "Tibi soli peccavimus".
Y, en el pecado, en el pecado, está la penitencia.
¡Verbum populi!, Gloria tibi, Domine. (Texto: Luis Suárez Ávila).

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La imagen de Ntra. Sra. del Dolor y Sacrificio, a su paso por los desaparecidos 'palos' de la Calle Cervantes o Lechería (*). (Foto: Rafa).

Tú y yo sabemos, Virgen, por qué no iba a verte pasar ‘por los palos’, allá por Cervantes arriba, la noche del Martes Santo.
Pero quisiste que fuera una vez y lo hice. Fui con el animo dispuesto a presenciar una cosa más de nuestra Semana Santa, la pericia de unos improvisados costaleros al hacer bajar tu imagen y alzarla después, ante aquel obstáculo providencial, así lo creo, con que se encontraron los ‘nazarenos’ en su primera salida.
Pero no fue esto lo que yo vi; no fue tu imagen formando una Cruz, madero vertical, con los travesaños de la calle. Te ví a Tí misma, Virgen, en la plenitud de tu Sacrificio, con toda la grandeza de tu Dolor.
No fue tu imagen, no fueron ‘tus nazarenos’ los que te bajaron, fuiste Tú misma la que descendiste a lo más empinado de la calle, para acercarte a nosotros, a mí, para que viviésemos contigo el sublime momento de la Redención, para la que tu aportación fue, a mi humilde entender, necesaria.
Sacrificio, Dolor y Resignación se reflejaban en tu divino semblante, y aquellos tres palos de la calle, me recordaron las tres cruces del lugar más santo de la tierra; y al estar entre ellos te vi a los pies de la Cruz; del centro, la Redentora, la que hizo que la cumbre del Gógota sea ‘vista’ desde todos los lugares del mundo.
Yo te vi así; pura realidad; me di perfecta cuenta de tu Dolor y me avergoncé de pensar en el mío; vi con toda claridad tu Sacrificio y comprendí lo poquito que tengo de Cirineo, y a llegar hasta mi tu Resignación, comprendí, más aún, la generosidad del Redentor.
Que yo creí que aquello de la calle Cervantes, era una cosa más y que fue para mí una cosa única.
Yo te vi así, ¡Gracias Virgen!

(Texto: José Lucas Morillo León. Revista Cruzados. Año 1966).

(*). "La calle Cervantes o Lechería, también se denominó 'Calle de los Gitanos'. La colonia de los gitanos se encontraba en 1704, mayoritariamente, en la calle Lechería. También se concentraban un grupo en la calle la Yerba, con los topónimos de Sorteño o Espartera, nombre de la época parra la parte más alta de la calle Ganado". (Juan Leiva Sánchez).

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La procesión infantil, a su salida de la calle San Juan.

Siempre han habido en la Baja Andalucía las procesiones infantiles de la Cruz de Mayo, en las que, sobre un cajón, se colocaba una cruz llena de flores y los niños organizaban un cortejo, con un “recaudador” que iba con una latita pidiendo: “una perrita para la Cruz de Mayo”.

Durante los años 2006, 2007 y 2008, Pepita Lena Terry que había recibido de casa de su abuelo, Carlos Terry, un pequeño pasito del siglo XVIII con un calvario de vestir, quiso que sus nietos vivieran lo que ella y sus hermanos y primos habían vivido en su niñez. Desde la casa en la calle Larga de su abuelo, sacaban ese pasito hasta la Plaza de los Jazmines y volvían a la puerta del jardín de esa casa por la calle Cielos.

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Eddie, y sus amigos Valentín y Manuel, llevando el paso. Detrás la banda de cornetas y tambores, a su paso por la plaza de Juan Gavala.

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Grupo de niñas de mantilla

Así, Pepita Lena y su marido Luis Suárez, restauraron las imágenes de la Virgen, de la Magdalena y de San Juan, se le hicieron nuevas “caídas”, con galones dorados y cierres bordados, al paso. También Pepita Lena hizo las insignias, el guión,  bordó el estandarte. Luis Suárez hizo las astas de las insignias, y “compuso” los ciriales,  Antonio Sánchez Cortés confeccionó los ornamentos para el pequeño cura,  y se convocó a más de cien niños, del barrio y amigos de los colegios de los nietos, para organizar una procesión.

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Cruz de Guía y estandarte. Al fondo las niñas de mantilla.

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Luis de preste, a la izquierda niño con incesario, y al fondo, el aguador con un cantarito de Lebrija.

Fue  la primera el Viernes de Dolores de 2006, a las 6 de la tarde desde la casa San Juan, 17. El orden fue el siguiente: Guión, Cruz de Guía, con dos ciriales,  filas de niños con velas, grupo de niñas de peineta y mantilla, estandarte con dos ciriales, nueva filas de niños con velas,  ciriales, incensarios, navetas, dos aguadores, con pequeños cántaros de Lebrija,  el paso por cuatro niños/ñas y, detrás de él, el preste con alba, cíngulo, estola y capa pluvial.

Cerraba la procesión una escueta banda de cornetas y tambores, mandada por el pequeño corneta Juan José Cristo Cumbrera. Había tres cuadrillas de niños/ñas costaleros, ensayados por el paciente Jorge, padre uno de los niños.

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La procesión en las gradas de la Prioral.

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La mas pequeña, Carmen, de peineta y mantilla.

El recorrido: San Juan, Vicario, Plaza de España, entrada en la Prioral para hacer estación de penitencia, palabras del párroco, salida de la Prioral, calla Vicario, Plaza de Juan Gavala, calle Luna, Placilla, Santa María, Plaza de Juan Gavala, calle San Juan y a su “templo”. Al salir y al entrar, la banda tocaba la marcha real y durante la procesión diversas marchas. La procesión congregaba por las calles de su recorrido a numeroso público. Cuando se recogía, a todos los niños participantes, se les daba en el jardín de la casa una suculenta merienda.

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Tomás de preste, con el paso detrás, antes de salir la procesión.

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El Paso, con las imágenes del Crucificado,  la Virgen, de la Magdalena y de San Juan

La causa de su supresión en 2009, fue porque el Ayuntamiento que había prestado toda su colaboración,  exigía tener permiso del Obispado, pedir un permiso municipal con antelación, contratar una póliza de seguro y muchos requisitos más. Lo que fue una iniciativa inocente hubo de terminarse por la burocracia y porque los niños fueron creciendo y ya estaban, algunos,  en edad de salir en las procesiones de “verdad”.  Así que, por lo menos, se creó una cantera de nuevos cofrades.

Todos los años  procesión fue recogida por Telepuerto y tuvo su eco en periódicos como el Diario de Cádiz y otros de la zona.

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larga_desde_chanca_puertosantamaria(Para las hermanas Montse y Laura Fabra).

La nostálgica foto de postguerra del tramo de Larga, entre Chanca y Caldevilla, incluida en la nótula 588, ha originado una docena de comentarios, a los que quiero unir el mío. Sería Rafael Sevilla, uno de los refundadores de la Hermandad del Rocío local, en su etapa como edil, el responsable de devolver a esta gran vía porteña  el mismo o similar aspecto que tuviera en su juventud, época  a  la que, según creo, corresponde la foto cedida por Vicente González, plantando  naranjos en las aceras desde el inicio de la calle hasta la esquina con Luja. También rescató de la incuria y olvido en que se encontraba el Paseo de la Victoria, o al menos lo intentó, adecentándolo y creando una fiesta veraniega: la “Feria del Vino” que rememoraba las tradicionales veladas en aquel mismo lugar y época, antes de que fuese escenario de la feria de primavera mediado el siglo pasado. Con el paso de los años, y viendo lo que estamos viendo, estas gestiones puntuales se agigantan hasta convertirse en heroicas, dado que en las últimas décadas el ayuntamiento, mejor dicho, sus responsables, destruyen sin pudor buena parte de lo que de tradicional y genuino crearon los portuenses que nos precedieron, en función de talante o capricho de concejales y alcaldes.

Pero este no es el motivo de mi comentario,  que ahora expongo. Todos y cada uno de  los trece inmuebles que están edificados a sendos lados del tramo que nos ocupa de calle Larga tienen su propia “historia”, lógicamente.

En esta ocasión me voy a referir a una casa que no figura en el encuadre de la instantánea de la nótula anterior, reproducida en pequeño formato al principio de ésta. Pero que si aparece en la siguiente fotografía.

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Calle Larga esquina con Chanca, a la izquierda la casa del Dr. Juan Fabra, a la derecha la casa de Vicente González Bruzón. (Foto Colección: Mata).

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Calle Larga esquina con Chanca, en la actualidad. A la izquierda, la casa del Dr. Fabra, reconvertida en pisos y sede de una inmobiliaria, a la derecha la casa de González Bruzón, sede del Servicio Provincial de Recaudación. (Foto: GdP).

Hacía esquina con Chanca y, actualmente, tampoco existe.  Ocupa su espacio una construcción de nueva planta,  señalada con el número 54.    A los que pueda interesarle, de forma muy simplificada, les relataré la pequeña gran historia de sus moradores del siglo XIX, época en la que se la identificaba con el número 110 hasta 1860 y con el 56 a partir de esa fecha.

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Patio de la casa de Vicente González Bruzón. (Foto: Colección V.G.L.)

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Sala de estar de la casa de Vicente González Bruzón. (Foto: Colección V.G.L.)

En 1800 la casa era propiedad de Benito del Carpio y la tenía arrendada a una señora llamada María Ahedo. Anteriormente, en el siglo XVIII, su padre, un navegante llamado Francisco de Ahedo había sido inquilino de los anteriores propietarios. Cuando los franceses invadieron la ciudad la casa permaneció cerrada. Después, en el primer tercio de ese siglo la ocupaba María del Carmen Vernacci, aunque su propietaria era  Rosa Gutiérrez. La inquilina estaba casada con Mateo Cuadrado pero el marido vivía en Madrid, bien por deberes laborales o profesionales o porque estaban separados. Para ayudarse económicamente y no estar sola en toda casa subarrendó el piso bajo a la familia Diaz Noó. En total eran seis personas: el matrimonio, tres hijos y un hermano de la esposa, demente. Esta circunstancia provocó que durara poco tiempo la estancia de Francisco Diaz Noó, dependiente de comercio, al que le relevó en el subarriendo un bodeguero y extractor inglés: Francisco Headl. La moral y buenas costumbres de la época desaconsejaban que ambos estuviesen solos, así que para evitar murmuraciones se instaló en la casa su hermano Joaquín, Ayudante de Marina, la esposa de este, Dolores Moreau, quien a pesar de su apellido claramente francés, era de El Puerto de Santa María y sus cuatro hijos de corta edad. Junto con ellos, pero instalados en la planta baja, dos sirvientes.

lsuarezavila_puertosantamariaEn 1875 también compartieron la casa dos vecinos. En el piso principal o alto vivía un viudo de edad madura, natural de Guatemala, llamado Felipe De la Riva y Yela y media docena de sus hijos, con edades comprendidas entre 8 y 16 años. En realidad era viudo por partida doble. De su primera esposa, Ángeles Ruiz, tenía dos hijos que habían quedado en Guatemala con la familia materna.  Los seis hijos que le acompañaban era el fruto del segundo enlace con Victorina Nicolau, hija mayor de un prestigioso abogado local, Francisco Nicolau , que tenía su bufete en calle San Juan, en la misma casa en la que lo tiene actualmente  Luis Suarez Ávila, un asiduo y magnífico colaborador de este blog.  (En la imagen de la izquierda, óleo del patio de la casa de Luis Suárez Ávila, pintado por él mismo, en el actual número 17 de la calle San Juán).

Uno de sus hijos varones, Rafael De la Riva Nicolau, pocos años después se convertiría en un prestigioso doctor, liberal y contestatario, que llegó ostentar la dirección del hospital municipal. Hemos querido citar expresamente esta condición de uno de los moradores de la desaparecida casa esquinera de Larga y Chanca para comprobar la analogía entre este –con un siglo de diferencia-  y Don Juan Fabra, el doctor propietario y vecino de la misma, padre de las comentaristas a las que he querido informar de algunos de los habitantes que les precedieron en su casa natal.

Los inquilinos del bajo en estos mismos años eran dos dependientes montañeses y un empleado a punto de jubilarse, un asturiano de Merodio llamado Ramón Colosía.

grant_arguardiente_puertosantamariaVarios lustros después, en 1890, ocupaba la casa nada menos que el fundador de una de las pocas firmas vinateras supervivientes en el naufragio bodeguero local: Edmundo Grant Falcone. Londinense de nacimiento, había emigrado desde la capital del Reino Unido a esta pequeña pero floreciente ciudad del sur de Andalucía con solo 17 años, con el apoyo y protección de un pariente, (desconozco el grado) llamado Alejandro Grant, instalado en ésta,  dedicado al comercio en pequeña escala que le buscó un empleo en el negocio de exportación de su compatriota Guillermo Oldhan, cuyas bodegas estaban en la actual calle Albareda. En la fecha que hemos citado era un anciano de 76 años y era su hijo Edmundo Grant López el continuador de los negocios familiares.  Anteriormente había vivido con su familia en la misma calle, en la casa número 22, reedificada hace varias décadas por el doctor Fernández Prada, un lugar muy cercano a la empresa donde se inició en las tareas vinícolas. Es bastante probable que falleciera en esa casa, dos años después. (En la imagen de la izquierda, etiqueta de uno d elos productos de la Fábrica de Arguardientes y Licores de Edmundo Grant).

En 1895 la ocupan un comerciante y su familia. Ambos son miembros de conocidas y prestigiosas familias de la sociedad local de fin de siglo. Él,  José Francisco Barreda Pérez,  su esposa, Carlota Miranda Hontoria, nacida en Valencia, hija de un coronel de Caballería y tres de sus cinco hijos: Manuela y Carmen  y un varón: José Barreda Miranda, que estudia en San Fernando, en la Escuela Naval.  Vienen de residir en el número 41, la casa donde está ubicada actualmente una entidad bancaria, casi enfrente de la que nos ocupa.
Esta familia serán los últimos residente del siglo XIX. En 1904 están viviendo en la casa la familia Maraver Jiménez, pero eso es otro siglo. Y no quiero hacer interminable mi comentario. (Texto Antonio Gutiérrez Ruiz)

Antonio Gutiérrez Ruíz, uno de los fundadores de la hace 10 años desaparecida revista Puerto Guía, hoy reconvertida en asociación cultural de promoción del Patrimonio Histórico porteño, se ha especializado en la realización de estudios e historia de las casas portuenses. Pueden contactar con él directamente en el correo electrónico sedtel@hotmail.com

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