Nos complace recordar y divulgar algunas pinceladas biográficas de este portuense en el 140º aniversario de su fallecimiento, ocurrido el 13 de julio de 1873, personaje que ya fue reivindicado como “Portuense Ilustre” por el archivero Juan Cárdenas, hace ahora un siglo, al incluirlo como tal en la relación que publicó en la Revista Portuense del 30 de abril de 1913. /En la imagen, portada de la casa de San Sebastian número 5, casa en la que probablemente naciese Ramón Coloma, en la que vivía la familia en 1816.
Dentro de un par de años, en 2015, se conmemorará el centenario de la muerte del jesuita jerezano Padre Coloma, (ver nótula 434 en GdP) ilustre escritor y periodista, académico de la lengua, autor entre otras de la novela “Pequeñeces”, todo un “bets seller” literario en la última década del siglo XIX. En nuestra época actual muchas familias aún mantienen la tradición, pasada de generación en generación, de poner un regalo debajo de la almohada en la caída del primer diente de nuestros hijos y nietos. Se invoca al “Ratoncito Pérez” como responsable del obsequio, personaje creado por él en un cuento que escribió para Alfonso XIII cuando este tenía 8 años, que el pueblo se incautó para sí, haciéndolo protagonista de esa intimidad familiar que todos recordamos, la etapa de nuestra dentición.
Fue Luis Coloma Roldán, el Padre Coloma, el tercero de 14 hermanos, hijos todos del matrimonio formado por Ramón Coloma Garcés y Concepción Roldán. Hoy vamos a incorporar a la galería de personajes portuenses de siglos precedentes que venimos publicando regularmente al progenitor de este insigne literato, el destacado médico homeópata Don Ramón Coloma Garcés. Debió nacer en los primeros años de la Guerra de Independencia en la casa número 38 antiguo y 5 actual de calle San Sebastián, casa conocida como de “Villette” por el blasón en bajorelieve de esta notable familia de origen francés que figura en su portada. En 1816, figura censado con su familia, compuesta por el padre, Pedro Coloma Partearroyo, nacido en la población nombrada Rio, en el Valle de Mena, en Cantabria, comerciante y cosechero, de 43 años de edad; la esposa de este y su madre, María de la Paz Garcés, de 32 años y cuatro hermanos: dos mayores que él, Manuel y José, de 11 y 9 años y dos menores, José Pedro y Eugenio, de 7 y 4 años en esa fecha, en la que se indica que él tiene 8 años. /En la imagen, Luis Coloma Roldán.
Su padre, de familia y ascendencia distinguida, como certifica el expediente existente en el archivo histórico municipal (Autos de prueba de hidalguía de don Pedro Coloma Partearroyo) en el que se indica es hijodalgo notorio de sangre, casa y solar, bajó a tierras andaluzas para familiarizarse con el comercio de Indias, acudiendo a la llamada de su tío Domingo Coloma, que no tenía descendientes y era un cargador afincado en La Habana, ciudad en la que pasó toda una década, implicado de lleno en las actividades y negocios de su familia, instalándose en nuestra ciudad, donde crecieron y se educaron sus hijos, aunque parece que después por temas comerciales retornó al país caribeño, quedando allí hasta su muerte.
Cursó nuestro protagonista, su hijo Ramón Coloma, estudios médicos en la Escuela Gaditana, finalizando el doctorado en medicina y cirugía en el Real Colegio de San Carlos, gozando desde esa época estudiantil de la admiración y afecto de condiscípulos y profesores tanto por su talento, constancia y aplicación, como por su modestia, según señalaría en el panegírico funerario su colega Cristóbal Mateos.

En primer plano, el edificio (de Francesco Sabatini) que compartieron desde 1781 el Hospital General y el Real Colegio de Cirugía, actualmente ocupado por el Centro de Arte Reina Sofía. Al fondo, el edificio (de Isidro González Velázquez) donde se trasladó el Colegio en 1831, en el solar anteriormente ocupado por el Hospital de la Pasión, y que actualmente acoge el Colegio de Médicos de Madrid.
Concluida la carrera se trasladó a Cuba donde tuvo la ocasión de conocer, de vivir profesionalmente y observar, dos grandes epidemias: una, de cólera morbo y otra, de fiebre amarilla y en ambos casos se distinguió tanto por su trato con los enfermos como por la observación de los síntomas de estas dos mortíferas enfermedades en su época, obteniendo provechosas enseñanzas de las muchas horas pasadas en la cabecera de los dolientes, buscando y encontrando fórmulas antes desconocidas en la resolución favorable de estas terribles enfermedades en un porcentaje inusual, publicando en La Habana una extenso estudio monográfico sobre el “Cólera morbo asiático” del que se hizo eco un colega paisano, Joaquín Medinilla, que lo refiere en la Revista portuense del 24-4-1896.
Pasado el primer tercio del siglo XX, creemos que viudo de un primer matrimonio sin descendencia, retornó a su tierra natal, montando consulta en Jerez de la Frontera y contrayendo segundas nupcias con Concepción Roldan, con la que tuvo catorce hijos, de los que once de ellos alcanzaron la mayoría de edad. Allí, en Jerez, su prestigio profesional trascendió más allá de la localidad a toda la comarca y parte de la provincia debido en gran parte al éxito con que se enfrentó, nada más llegar, a una importante epidemia de cólera en los años 1833 y 1834 que llevaron al cementerio a casi 700 vecinos de Jerez. Los números, tomados de una revista de la época, resultan evidentes y reveladores. Se indican, entre hombres, mujeres y niños, afectados por la epidemia, invadidos por el mal, a 2.547 individuos, de los que fallecieron 672 (26,4%). De ellos, 169 fueron tratados por el doctor Coloma, de los cuales solamente fallecieron 13 (7,7%). Otra estadística, la contenida en el texto de las Reales Ordenes de 11 de julio de 1834 y de 28 de febrero de 1835 por la que se le concedía una pensión vitalicia de 200 ducados “en premio a los servicios de reconocida importancia y utilidad para el Estado prestados en las provincias de Cádiz y Málaga durante la invasión de cólera de 1834” es aún más favorable en el porcentaje de resultados pues cita que “trató, en Jerez, donde residía, 247 coléricos y no perdió más que 14”, lo que supone un 5,7%, añadiendo que “por sus sorprendentes curaciones y métodos el gobierno de S.M. le concede la Cruz de Carlos III”.
No sería este el único reconocimiento a su entrega. Al terminar la campaña, la ciudad de Jerez, agradecida, le dio un diploma o certificado elogiando su pericia y abnegación. De la prensa del momento, reproducimos un párrafo que muestra su gran humanismo y el agradecimiento popular: “… curó a pobres y ricos sin distinción y con igual interés y por donde quiera que andaba recibía las bendiciones y alabanzas de todo el vecindario.”
Ejerció como Vicepresidente de la Asociación Médica de Jerez y fue autor de una memoria premiada por el Instituto Médico, en competencia con otros colegas, trabajo de gran contenido científico que le validaría para el título de Socio Corresponsal del mismo. Amante de la filosofía, como verdadera fuente del saber humano, disciplina que cultivó con esmero y fiel discípulo de la doctrina de Hahnemann, fue pionero en estas latitudes de la medicina homeopática, que ejerció en esta región del Sur durante cuarenta años, consagrando su vida al consuelo de sus congéneres y al cuidado de su extensa familia. /Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz.- A.C. Puertoguía
















Pelayo Arroyo García, nació el 3 de diciembre de 1981 en un piso del Barrio de Pinillo Chico, hijo de Joaquin Francisco Arroyo Caballero --nacido en Boiro (La Coruña) aunque siendo muy pequeño su familia se vino a vivir a El Puerto, y de María Elena García Aldana, nacida en la portuense calle San Juan. Tiene otra hermana, María Elena Arroyo, licenciada en Bioquímica que trabaja como investigadora en la Universidad de Cádiz.
Realizó formación profesional de grado superior en animación deportiva durante 2000-2002 en el I.E.S Mar de Cádiz para mejorar su nota de acceso a la universidad y adquirir conocimientos que más tarde le sirvieron para tener una buena base en los primeros años de carrera. Tras acabar, pudo comenzar en Granada la carrera que siempre había querido (en aquel momento esta carrera solo podía cursarse en la capital de la Alhambra). Terminó licenciándose 5 años más tarde (2002-07), conservando muy buenos recuerdos y amigos de aquel tiempo. Regresó a El Puerto y comenzó el doctorado en medicina deportiva en la Universidad de Cádiz que concluyó en 2010 con mención Cum Laude.
ALEMANIA.
Actualmente, lleva la preparación física de jugadores de pádel, triatletas,… se atreve con todo, dice que hay que estar abierto a todas las oportunidades que se le brindan. Imparte algunas horas de clase como profesor de la Escuela de Medicina de la Educación física y el Deporte en San Fernando desde que terminé la carrera, donde imparte clases sobre planificación deportiva a médicos que se quieren sacar la especialidad en medicina deportiva. Ha publicado artículos a nivel nacional sobre recuperación y participado en congresos especialistas en actividad física y deporte sobre la metodología e importancia de la recuperación.



Tenía algo de matemático; dijo al Rey que le quería dar el arte de navegar de Este a Oeste, que había inventado. Para la demostración de este arte, hizo muchos instrumentos, entre ellos un astrolabio para tomar el sol a toda hora. Explicó este arte en presencia de Francisco de Mello, que era el mejor matemático que entonces había en el reino, y de otros muchos que para esto se juntaron por mandato de Su Alteza, todos probaron el arte por buena: hízole el Rey por esto merced de cien mil reales de pensión y el hábito y corretaje de la casa de la India que valía mucho..."
trovador, le mandó Gil Vicente unas trovas: ...Que, sin ver astronomía,/ él toma el sol por el rabo/ en cualquier hora del día..." Preso, fue llevado a las galeras de El Puerto donde estuvo , al parecer, de por vida. "Sic transit gloria mundi". Amén. (Texto: Luis Suárez Ávila).
Manuel Perez-Blanco Muñoz nació el 2 de Agosto del 1937 en Benalup-Casas Viejas en plena Guerra Civil, cuatro años después de los tristemente famosos sucesos de Casas Viejas: la insurrección anarquista que acabó en tragedia. Sus padres se llamaban Alfonso y Ana Maria, los dos nacidos y residentes en Benalup. Manuel es el segundo de seis hermanos, tres varones y tres hembras.









Alfredo Jorge Suar Muro tenía 37 años y había nacido en Argentina -aunque posteriormente se nacionalizó español-, desde donde había emigrado junto a su mujer, María Teresa Decarlini Méndez. El matrimonio tenía dos hijos, Jorge y María Ana, de 8 y 6 años cuando Suar Muro fue asesinado. Vinieron a España a finales de los setenta, "porque esto era más seguro". "Alfredo estaba convencido de que si seguíamos en Argentina acabarían por matarlo. Estaban desapareciendo médicos. Los llevaban para curar heridas de bala. Nunca volvían. Nada de testigos" (Diario de Cádiz, 21/03/2009). /En la imagen, Alfredo J. Suar.
Después de pasar por Génova, donde Alfredo se especializó en Pediatría, la familia se instaló en El Puerto de Santa María. Allí echaron raíces, y Alfredo se enamoró de los toros y las ferias. "Por fin, después de tanta sinrazón, de tanto miedo, éramos felices. Vivíamos en un lugar en el que podíamos pasear con tranquilidad en la calle, donde se podía charlar, tomar algo en la terraza de un bar" (Diario de Cádiz, 21/03/2009). Además de su consulta de pediatría aceptó trabajar como médico de la cárcel de El Puerto de Santa María desde dos años y medio antes de ser asesinado. Sigue contando el Diario de Cádiz que "allí se hizo rápido con la población reclusa, ‘no miraba a la gente por el delito que hubieran cometido’ e incluso los etarras tenían tal confianza en él que no comían hasta que el doctor Suar no hubiera probado la comida. Es verdad que había muertos cada semana, pero el terrorismo parecía un conflicto lejano". /En la imagen, María Teresa Decarlini, la viuda de Suar.
14 DE OCTUBRE DE 1983.
MARTÍNEZ BASTARRICA.
REIVINDICACIÓN.



Federico Rubio y Galy había nacido en El Puerto de Santa María el 30 de agosto de 1827, de familia de escasísimos medios económicos más que nada por el talante liberal inquebrantable que sostuvo su padre, precisamente durante el periodo absolutista. Era hijo de un abogado que había sido compañero de Riego y pinta en sus memorias los años niños de su vida empañados por persecuciones políticas y destierros que sufre su padre por mor de su ideología liberal exaltada.
DE LA DISECCIÓN A SU PRIMER LIBRO.
EMBAJADOR EN LONDRES.
ESCUELA PRÁCTICA DE ENFERMERAS.

Como dato curioso en la junta administrativa del Instituto formaban parte un enfermo y una enferma, con voz y voto con que el doctor hacía verdad su idea directriz: ‘Hacer de un hospital una familia de enfermos atendidos y cuidados por una familia de sanos’. 
A Federico Rubio se le dedicaron calles en El Puerto [la antigua calle Pozuelo y el ambulatorio de la Seguridad Social de la calle Ganado que aparece en la imagen de la izquierda], en Sevilla [donde también tiene un busto sin rotular en el dintel de una puerta en la calle Madre de Dios], en Madrid donde tiene una avenida y plaza [y un colegio público en la zona de Cuatro Caminos] y donde, en el Parque del Oeste, se le erigió un monumento obra de Miguel Blay. [También tiene calle en Torrelavega (Cantbria) y en otros municipios españoles]. (Texto: Luis Suárez Ávila).
FRAGMENTO DE SUS MEMORIAS.