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Editado por José J. Sánchez Llebret, en su año XVII, (es decir, desde 1910), se editaba en 1927 en El Puerto el Carnet Oficial de Propaganda Veraniega que recogía, además de las propuestas comerciales de los anunciantes, profusas por cierto, el Programa de Festejos Veraniegos que transcurría entre el 16 de junio, Festividad del Corpus Christi, hasta el 8 de septiembre Día de la Patrona, entre otras informaciones. Reproducimos aquí algunas páginas del programa de mano.

Se celebraban casi todas las festividades religiosas, San Juan Bautista, el Corazón de Jesús, San Pedro y San Pablo, la Virgen del Carmen, Santiago Apóstol… amén de conciertos de la Banda de Música, Corridas de Toros, Inauguración de la Temporada de Baños, Carreras de Cintas en bicicleta, elevación de globos y fantoches, fuegos artificiales, Exposición de los Alumnos de Bellas Artes, Cucaña en el Guadalete, Feria de la Victoria en el último tercio de agosto, ...

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Foto: Raul Doblado. Octubre 2010.

No es la silla, es el torero. Pero la silla sintetiza el clamor. La tarde ronca, el jaleo. Morante, punteado en el trasero tras su segundo par de banderillas, pidió la silla al palco de honor. Ni más ni menos. Lo de este torero es increíble por lo que tiene de inesperado. De mano en mano, la silla se hizo presente en el esplendoroso ruedo de El Puerto, y la gente ahí ya se rompió la camisa definitivamente.

Foto: José Ramón Serrano.6  Agosto 2011.

No es difícil deducirlo: la gente, esta gente de El Puerto de Santa María en representación de otra mucha, quiere alegrías, divertirse. España, está claro, necesita una silla en la que reposar un ratito a gusto. Y hay tardes que, en esto de los toros, el día señalaíto que cantó Raimundo Amador no defrauda. La bajada de la silla a la arena no fue un aterrizaje más: fue la simbiosis de la sorpresa, la pasión y el embrujo. Luego, sentado, Morante sólo pegó un muletazo, otros cuantos más, insólita aquí su facilidad, con la silla en la mano izquierda mientras la derecha obligaba por abajo al toro como si nada.

Foto: José Ramón Serrano. 6 Agosto 2011.

A continuación vino una de esas faenas exprés que jamás se olvidará. Uno a uno, no en tandas tradicionales sino como encerrado a solas en el campo con una becerra, Morante fue espigando los naturales. De adelante a atrás sin excesos ni tirones, y sin saber cuándo ni por qué se acababan. Tal fue que, de seguido, empezó el recital de ayudados por alto. 'Acaganchaos', que decían los mayores del toreo. Muy rumboso, sobrellevando al toro como en volandas, por alto, con una profundidad pocas veces vista. Toda la faena, insisto, estructurada de corrido, como si fuera una serie única. Y excepcional.

Pedrucho 'el Canario', citando con banderillas, en 1905.

Ya en su anterior toro, cuando le aplaudían a rabiar sus redondos, Morante, con el eco aún de la ovación, enjaretó a ese tercero de Cuvillo una rematadísima tanda de naturales. Diríase que era una afrenta al 'tempo' de las faenas de Manzanares, siempre despacioso, ceremonioso, por debajo de los límites del cinemómetro habitual de las faenas. Así, reflexivo entre tanda y tanda, Manzanares terminó de exprimir a sus tres toros. Este torero tiene mucha química, y está en su año. No es recomendable perdérselo.

Rafael 'el Gallo' en 192o. Valencia.

Y, cómo no, Morante con el capote: la sedosa verónica y media al primero, las chicuelinas al quinto y, en el de en medio, el tercero, un saludo monumental. El toro se iba lejos y cuando regresaba al embroque Morante adelantaba la pierna de la 'suerte cargá', así todas las verónicas, solo, inmenso, con un único paso adelante, y el toro que se va y vuelve. A compás. Una media de Manzanares, flexionando una rodilla, realzó aún más la singularidad de la tarde.

La faena de Morante, cortesía de la web Plaza Real.

Me da la sensación de que los dos toreros tenían ganas de lanzar un mensaje. 'Aquí hay partido, señores, y lo jugamos todos, no sólo uno'. Y qué mejor que hacerlo ante más de trece mil espectadores que abarrotaron la Plaza Real. Porque el lleno fue de reventón, aligerado solo por una brisa, maligna para los de luces, pero reparadora para la clientela. Sin ella, en cualquier caso, se hubieran divertido aún más. Porque había muchas, muchas ganas de pasar tres horas incandescentes. (Texto: Fernando Bermejo. Subdirector de deportes de El Mundo).

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Han pasado doce años desde que edité el último número de la guía turística PUERTOGUIA, en el verano de 1999. Fue un número diferente y antológico en el ocaso del siglo XX, fin de un ciclo que había durado 15 años. Con la colaboración impagable de la mayoría de las empresas y comerciantes que habían patrocinado y hecho posible la publicación de la guía en años precedentes, pusimos en las manos de nuestros visitantes aquel verano de 1999 un libreto de 75 páginas a todo color, sin una sola página de publicidad y un contenido generalista que intentaba recoger todos los aspectos culturales y lúdicos de la ciudad, en cualquier época del año:

Monumentos: (Tres retablos barrocos; Iglesias y conventos; Monasterio de la Victoria; Edificios desaparecidos; Colegio de San Luis Gonzaga; Casas palacios de los Cargadores a Indias; Castillo de San Marcos; Excavaciones arqueológicas; Plaza de Toros y estatuaria urbana definida como “Homenaje en bronce”), fiestas: (Calendario de fiestas locales; Carnavales; Semana Santa, hermandad por hermandad; Feria de Primavera; Corpus Christi; Virgen del Carmen y Fiestas Patronales), fichas de historia: (Alfonso X conquista El Puerto; La época del Descubrimiento; Felipe V, huésped ilustre; Vizarrón, virrey de Méjico; El Condado del Puerto de Santa María; La invasión anglo-holandesa de 1702 y la abolición de la Constitución) y una serie de páginas de interés para el visitante que incluimos en el índice de contenidos como “Peculiaridades”: (Bodegas visitables; el vaporcito de El Puerto a Cádiz; Un siglo de vocación turística; José Luis Tejada; Rafael Alberti; Museos y fundaciones; El toro de Osborne; Gastronomía local; Ocio y tiempo libre y nuestras playas.)

35 NÚMEROS.
En la presentación de este número final, que hacía el 35 de los editados desde el verano de 1985 tuve un emocionado recuerdo, que ahora repito, amplificándolo, para Antonio Pérez Ruiz, amigo y socio, que falleció en 1987, con el que realicé, conjuntamente, los PUERTOGUIA de 1985, 1986 y 1987. En 1988 cambié al formato que, con ligeras variaciones en 1991 y 1992, se mantendría hasta el final. Ahora, en la distancia, resulta agotador y un tanto nostálgico, recordar las innumerables horas dedicadas en mi tiempo libre y con tan modestos medios a diseñar páginas, recopilar información tanto literaria como gráfica, contactar con anunciantes y confeccionar sus anuncios en ocasiones, coordinar la impresión y realizar el reparto… hasta incluso, para ahorrar costes, realizar en casa con la ayuda de toda la familia en pleno, el montaje y grapado de los libretos.

COLABORACIONES.
Bien verdad que, en distintas épocas, he tenido el consejo y ayuda técnica de creativos portuenses como Javier Gandulla, Pepe Fernández Villegas y Josema Martínez, a los que reitero décadas después mi agradecimiento por su amistosa colaboración, así como a Antonio Jiménez, en su calidad de presidente de Acocén y a José María Morillo, gerente del entonces Patronato Municipal de Turismo, entidades que tuvieron gran importancia, con su patrocinio y ayuda económica, en la consolidación de la publicación, al igual que los numerosos anunciantes locales, 32 de los cuales cubrieron por iguales partes el coste de este número antológico final.

Los tres primeros años la guía se imprimió en la imprenta Jiménez Mena, de Cádiz y el resto, salvo algunas ediciones puntuales que se realizaron en una imprenta de Lloret de Mar, en la imprenta Bollullo de esta ciudad, a cuyo responsable, Ramón Bollullo Estepa y al personal de la misma quiero mostrar, igualmente, mi agradecimiento por el trato y amistad recibido en todos esos años.

LUCES Y SOMBRAS.
Aunque resulta evidente que la publicación alcanzó altas cotas de popularidad y aceptación, tuvo sus sombras en los primeros años. En 1988  fracasó un intento de ampliar el radio de actividad a la cercana ciudad de Rota. Edité una “Guía de Rota” en Puertograf,  con el anagrama diseñado por Jesús Suarez Ávila que resultó un fiasco económico ante la ausencia de apoyo por parte de los comerciantes, desistiendo de continuar. También, a modo de ensayo, se realizaron tiradas de primavera y otoño-invierno en los años 1988, 1989 y 1990, de las que igualmente desistimos para afianzar la publicación del verano, haciendo una especie de sustitución de las mismas con números extras de Feria y Semana Santa.

Me alegra comprobar que otras publicaciones han cubierto el hueco de la mía,  modesta continuadora de la tradición de otras anteriores y pionera en el último cuarto del pasado siglo en dar información útil y practica a cuantos nos visitaban cada verano en un formato digno y manejable.

ASOCIACIÓN CULTURAL ‘PUERTOGUÍA’.
Me quedó el ‘gusanillo’ y es por eso que creé una asociación cultural con este mismo nombre, con la única finalidad de difundir la historia, cultura y tradiciones de El Puerto y sus gentes, editora hasta el momento de tres libros, dos de ellos agotados y también colaboradora, a través de mi persona, en esta web, con más de una treintena de temas. (Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. Puertoguía).

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‘Retales de Torería’ es el título de esta exposición de fotografía taurina inaugurada anoche en la Sala Rosa Capote de la Real Plaza de Toros de El Puerto, que recoge los detalles toreros del último lustro de Toros en El Puerto. Con una mirada distinta y renovada, los dos autores, el fotógrafo Víctor Bellvís con las imágenes, y el periodista José Pablo García con los textos, pretenden sorprenderle en esta original galería de arte efímero en la que se convierte la sala de exposiciones de la plaza porteña. Junto a una cuidada selección fotografías en distintos tamaños que reúne pases, retratos y detalles taurinos, y con una pincelada torera, una reproducción de los burladeros del ruedo portuense a escala, las palabras complementan estas instantáneas taurinas. /Portada del catálogo de la muestra, con una imagen de Morante de la Puebla.

Las fotografías expuestas son una selección de retales de la torería de los grandes Maestros de la Fiesta, desde Morante de la Puebla hasta José Tomás pasando por José María Manzanares, sin olvidarnos del torero eterno de El Puerto, José Luis Galloso. Junto a ellos, pequeños trazos artísticos en forma de imágenes de tardes de toros en el coso portuense. Todo reunido en un marco excepcional como es esta Plaza Real y su abono veraniego portuense.

Un momento durante la inauguración, de izquierda a derecha José Pablo García, Millán Alegre concejal de Cultura y Victor Bellvís.

Vista de uno de los dos bodegones que ocupan la muestra consistente en 14 fotografías tamaño 40x50cms y 2 de 70x50 cms, junto a unos 'burladeros' donde se insertan los textos que ilustran la fotografía.

Un detalle de la exposición, ante una imagen y texto sobre el torero José Tomás.

La exposición se puede visitar durante los días de festejo: 4, 5, 6, 7, 12, 14 y 15 de agosto una hora antes del comienzo del espectáculo taurino y hasta media hora después de la finalización del mismo. Para el público en general el recinto expositivo estará abierto de forma gratuita solo dos días, 8 y 10 de agosto, entre las 19:00 y las 22:00 horas.

VICTOR BELLVIS ACOSTA. (BELVA). Fotógrafo.
Nace en El Puerto el 13 de julio de 1985. Viviendo junto a la plaza de toros, pronto descubre una de sus grandes aficiones: la tauromaquia. A este amor, con la edad, a pesar de su juventud, le suma uno nuevo: la fotografía. Empieza en el año 2004 con una cámara réflex de carrete, de forma autodidacta y agradeciendo los consejos de los profesionales que va conociendo, con los que llega a entablar una relación de amistad. En estos años ha colaborado con la revista Aplausos, con el portal taurino www.burladero.com así como durante una larga trayectoria lo hizo con la web www.desdelcallejon.com. La fotografía le ha dado muchas satisfacciones, no solo en forma de premios. Además de esto es Diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad de Cádiz y, actualmente, estudia un Master de economía y desarrollo en la Universidad de Sevilla.

Más información en la nótula núm. 250 en GdP.
Web de Victor Bellvis.

JOSÉ PABLO GARCÍA BAEZ. Periodista.
Nace en El Puerto el 23 de julio de 1984. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Dio sus primeros pasos en la profesión en su tierra natal; primero en El Puerto Información y un poco más tarde en Radio Puerto. Ya en Sevilla, como becario, inició su andadura en la que fue su mejor escuela de periodismo: El Correo de Andalucía. Después estaría en la Cadena SER y en el equipo fundacional de la edición de Sevilla de La Razón. De la prensa escrita pasó a la televisión. Desde entonces ha trabajado en la productora audiovisual Mediapro (La Sexta), en distintos proyectos: como redactor en la serie ‘Andalucía es su Nombre’ (galardonada con el Premio Andalucía de Periodismo); más tarde trabajaría en la serie documental ‘Andaluzas’; y como guionista en el programa ‘Abrapalabra’, todos para Canal Sur. De una u otra forma, siempre ha estado ligado al mundo de la información taurina escribiendo en los citados medios o a través de las ondas en el programa de radio que dirigía y presentaba en Sevilla fc Radio. Actualmente es colaborador de varios medios de comunicación así como de otras publicaciones digitales especializadas en viajes.

Más información en la nótula núm. 661 en GdP.
Web de José Pablo García.

Ayer Gente del Puerto consiguió pasar los 5.000.000 millones de visitas tras tres años a diario con los lectores. A todos, muchas gracias!!

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'El Vapor'. Foto de José Guerrero 'Yuyu'.

Después de 48 años, repito la grata experiencia de viajar en “el vaporcito” que hace la travesía Cádiz-Puerto de Santa María –y viceversa-. En esta ocasión, el recorrido lo realizamos partiendo de la “Tacita de Plata”, finalizando en El Puerto, a la inversa que la primera vez.

Mis recuerdos se remontan al verano de 1963, (las personas, cuando tenemos el primer atisbo de razón, luchamos lo insufrible por querer ser mayores, luego, cuando llegamos a los 20 0 30 años, todo es una frustrante carrera por retornar, y recordar, aquellos primeros tiempos de nuestra vida) donde “disfrazados” de exploradores, un puñado de chavales, pertenecientes a la 7ª Legión, llamada “Los Leones”, de los Boys Scouts Católicos. Este era un movimiento que acababa casi de empezar en Sevilla, y lo hacía, próximo a la iglesia; más tarde, cuando llegó a generalizarse, vendrían los Scouts España, más modernos y desligados de las peligrosas sotanas.

Por la edad, pertenecíamos casi todos a la sección denominada “de los cachorros”, por lo tanto sólo teníamos derecho a vestir el pantalón corto, la camisa y, por la estrechez económica que nos impedía adquirir un bonito sombrero, la boina: para nosotros aún estaba lejano cubrir nuestro cuello con la pañoleta, máxima aspiración de todo seguidor de Baden Powell.

El pinar de Valdelagrana, en los años sesenta del siglo pasado. Al fondo a la derecha, la playa del mismo nombre. /Foto: Rasero.

Teníamos instalado el campamento en el antiguo bosque de pinos de Valdelagrana, -aproximadamente por donde hoy está el campo de fútbol-, próximo a un camino que nos conducía a la ilusionante playa del mismo nombre. Por aquel entonces el paraje estaba semidesierto: sólo recuerdo el restaurante “El Caballo Blanco”, junto a la carretera que llevaba hasta Cádiz, el hotel cercano a la playa, y unos cuantos chalets perdidos en la espesura boscosa, entre el citado restaurante y la costa.

El Motel 'Caballo Blanco'.

El ejército se ocupaba de facilitarnos las tiendas de campaña y demás útiles de cocina, mientras tanto, Cáritas nos proporcionaba todo lo necesario para el sustento y la higiene. Llevábamos una cocinera que rápidamente congenió con los cafres que les había tocado en suerte lidiar; he de decir que la recuerdo a la perfección: era una señora entrada en años, con un hablar suave y un trato enternecedor: jamás fuimos capaces de faltarle el respeto y en nuestros despliegues de golferío, ella siempre se quedó al margen, nunca fue objetivo de nuestra guerra contra el grupo de adultos.

Una mañana nos dirigimos en formación hasta el lugar de embarque en El Puerto de Santa María (el trayecto hasta allí, como es de esperar en unos buenos exploradores, lo hicimos andando, dada la naturaleza del grupo al que pertenecíamos y a la ausencia, en aquella época, de transporte público que comunicara el lugar donde acampábamos con el puerto). La mayor parte de niños no habíamos montado jamás en un barco –incluidos los que, como yo, procedíamos del barrio de Triana, el barrio marinero de Sevilla-, pero ninguno presentaba algún temor ante la nueva experiencia, ya que la que encarábamos ese día era una más, dentro de nuestra procelosa actividad mundana.

Recuerdo a la perfección, que era una mañana espantosa de Levante (los que conocen este fenómeno atmosférico, saben de qué les hablo), con lo cual, la travesía de la Bahía hasta Cádiz se hizo vomitona e interminable. Luego –una vez en tierra y repuesto de la contrariedad marinera- recorrimos las calles de esta bella ciudad -que dicho sea de paso, cada día está más exultante y hermosa-, conocimos sus principales monumentos, paseamos por la playa y, cercano el medio día, vuelta al lugar de origen en aquel pequeño barco que más que barco parecía una bañera.

Playa de Valdelagrana en la década de los sesenta.

De regreso al campamento, la cocinera se había esmerado en un suculento almuerzo (sobra decir que, a esa edad, y en aquellos tiempos, cualquier comida nos parecía un delicioso manjar), y, aunque algunos padecíamos aún las consecuencias de la travesía, dimos buena cuenta de él.

Vista aérea del vapor atracando en el muelle de San Ignacio.

Afortunadamente, en el viaje de esta semana el tiempo acompañó. El otoño nos está regalando una segunda primavera, donde el sol brilla para animarnos y el viento sólo es una fresca brisa que abanica nuestros rostros. Ha sido una grata experiencia volver a repetir el citado viaje y recordar un trozo de nuestros viejos tiempos. Lo más triste es contemplar en qué se ha convertido el bosque de pinos que nos cobijaba, donde tantos camaleones logramos atrapar y tantas travesuras inventábamos. Los caños y las marismas de entonces, donde solíamos coger cangrejos, han desaparecido: todo es hormigón y ladrillo, destrucción y despropósito.

¿Tan difícil sería, en el futuro, un uso más ordenado, respetuoso y consecuente de los espacios naturales, sin que los degrademos y convirtamos en una colmena residencial para disfrutar sólo durante pocos días al año? (Textos: M.F. del Fresno).

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Se trata de langostinos más pequeños del tamaño habitual pero especialmente jugosos.

Los langostinos que se cogían en la desembocadura del río Guadalete, en la playa de Valdelagrana, en El Puerto de Santa María y los que se cogían incluso por la zona del Río San Pedro eran famosos por su calidad. El producto desapareció de las mesas porque la zona quedó esquilmada y luego se prohibió su pesca.

El restaurante Casa Eugenio Guadalete ha recuperado el espíritu de este producto y aunque, lógicamente, el establecimiento no los obtiene de la zona donde está prohibida su pesca, si logra encontrar piezas que recuperen el espíritu de estos langostinos que eran más pequeños de los habituales pero especialmente jugosos.

Dos generaciones. Los propietarios de Casa Eugenio Guadalete, padre e hijo.

Eugenio Espinosa Romero, que gestiona el establecimiento señala que “este marisco llegó a ser muy popular por aquí y por eso queremos recuperar al menos su espíritu”. De esta forma el restaurante trae langostinos capturados en la costa gaditana pero más pequeños, langostinos que recuerdan también a otro langostino singular que se da en la provincia y es el de los esteros, que se pueden encontrar en Chiclana entre los meses de agosto y septiembre. Eugenio señala que la temporada de este langostino se da entre junio y noviembre y “no siempre los tenemos, los pescadores sólo los encuentran en algunas ocasiones y nos lo traen porque saben que nosotros gustamos de recuperar estos productos tradicionales”.

El precio de los langostinos ya cocidos suele estar en torno a los 60 euros el kilo, por lo que la ración tiene un precio bastante asequible. De todos modos, Eugenio señala que el precio varía en función del mercado, por lo que no los tienen a un precio fijo. El restaurante suele trabajar mucho el pescado y el marisco de temporada. Así suelen tener también galeras de coral cuando es la época o quisquillas. El gerente del restaurante Guadalete señala que suelen tener los langostinos sobre todo los fines de semana “pero siempre es mejor llamar antes para comprobar que tenemos existencias”. (Texto y fotos: Pepe Monforte).

Más información de Casa Eugenio Guadalete en la nótula 414 de GdP.

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Vista del chalet de la Real Sociedad del Tiro de Pichón de El Puerto de Santa María, que se levantaba en los terrenos del Palmar de la Victoria, siendo inaugurado en 1912. En la actualidad, en dichos terrenos se encuentra la bodega de elaboración de brandy de Bodegas Osborne ‘El Tiro’, en la avenida de Jerez.

La Real Sociedad de Tiro de Pichón de nuestra Ciudad inauguró en 1912 un chalé para la práctica de la afición de sus socios, situados en los actuales terrenos de las Bodegas El Tiro, de Osborne, en la zona del Palmar de la Victoria, siendo una de las sociedades más destacadas de su época.

S.M. el rey Don Alfonso XIII, en el portuense Tiro de Pichón, en la antigua carretera de Jerez, hoy Avda. de Jerez.

Comida ofrecida por las fuerzas vivas de la Ciudad y socios del Tiro de Pichón.

En 1926, con la participación de las mejores escopetas de España y la asistencia de S.M. el rey Don Alfonso XIII, se tiró en nuestra Ciudad la Copa de España, campeonato que resultó brillantísimo a tenor de lo que informaron los periódicos de aquellas fechas. También las tiradas oficiales que por julio y agosto organizaba la sociedad portuense de la escopeta, aparte de otras que durante el resto del año atraía a los mejores tiradores de poblaciones vecinas, concurriendo en buen número los de Jerez.

Vista aérea de los terrenos del Tiro de Pichón en los años sesenta, el espacio verde a la izquierda de la fotografía. A la derecha, la Casa Cuartel de la Guardia Civil.

Bodegas 'El Tiro', en los terrenos del desaparecido Tiro de Pichón.

En esta imagen, directivos del Tiro de Pichón en 1916. De izquierda a derecha, José Luis de la Cuesta Aldaz, bodeguero que había sido alcalde de El Puerto, Eduardo Guerrero de la Escosura, Registrador de El Puerto, Roberto Pitman, bodeguero, Fernando Terry, bodeguero y Juan Osborne Guezala, bodeguero. /Foto: Colección Vicente González Lechuga.

Transcribimos un programa de una tirada efectuada en El Puerto el 9 de septiembre de 1883, editado en la imprenta de la Vda. de Caire: «Piña de prueba. Handicap a un pájaro. Entra Optativa de veinte reales en adelante. Notas.- Para poder tirar en una o más piñas, se abonará para la Sociedad diez reales de vellón. Las inscripciones para estas tiradas se dirigirán al secretario de esta sociedad hasta las doce del día 9 de septiembre, en la Liga de Cazadores. Tendrán entrada libre en el recinto del Tiro las señoras acompañados por socios.- Tercero. Handicap a cinco pájaros. Dos ceros excluyen  con derecho a igualar. Entrada Optativa de veinte reales en adelante.- Cuarto. Piñas convencionales. El que gane una o más piñas en este día atrasará un metro, excepto en la prueba.- Notas. Pueden tomar parte en las tiradas los señores socios de las demás sociedades de Tiro reconocidas por la de esa ciudad. Las demás personas que quieran concurrir a la tirada pagarán diez reales de vellón. La Sociedad percibirá el diez por ciento del importe total de las tiradas». / Obligación número 2 de las 170 emitidas por la Sociedad Tiro de Pichón, sobre un capital de 17.000 pesetas, emitida el 30 de junio de 1914.  La firmaban el presidente R.J.Pitman, el tesorero Conde de Osborne y el Secretario F.C.de Terry.

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La noticia oficial de la elección de El Puerto de Santa María como lugar en el que tomar baños de mar la Real Familia por recomendación terapéutica, la tuvo el gobernador Político y Militar, máxima autoridad local, cargo que en esta fecha ostentaba Don Manuel Muñoz Vaca, Brigadier de Caballería y Gentil Hombre de S.M. a través de un escrito a él dirigido fechado en Madrid el 29 de junio de 1832. En el mismo se indicaba el próximo desplazamiento de la distinguida pareja  que viajaba con seis  de sus hijos. Tres varones: Francisco de Asís, el mayor de todos, Enrique y Fernando María, de pocos meses y tres infantitas: Isabel Fernanda, Luisa Teresa y Josefina, a los que los médicos de la Corte  habían recomendado tomar baños de mar. Completaban la nutrida expedición de medio centenar de personas un séquito de 42 integrantes que comprendía la camarilla personal de ambos consortes, educadores y diverso personal de servicio, eligiendo la ciudad de El Puerto de Santa María, que ya conocían desde la liberación de Fernando VII y, dentro de ella, la excelente mansión de la que era propietaria la familia política del Caballerizo Mayor del Infante, el Marqués de Casa Madrid, conocida como la casa de Pavón , para su alojamiento los meses de verano.  /En la imagen, Francisco de Paula Antonio  de Borbón y Borbón-Parma (1794-1865).

La contestación del gobernador, dándose por enterado y agradeciendo la elección de esta ciudad por parte de SS. AA. para tomar baños de mar no se hizo esperar, contestándole con fecha 30 de junio, iniciando las gestiones necesarias para preparar el acontecimiento.

Litografgía de El Puerto de Santa María, visto desde la Otra Banda del río, en el siglo XIX.

BAÑOS DE MAR.
El motivo de la estancia de SS.AA. los Infantes era tomar sesiones de baños de mar. Para ello, el ayuntamiento, encargó  a los diputados de fiesta gestionasen la construcción de un baño flotante “lo más elegante posible que cabe en local de esta naturaleza”, comisionando a un señor de apellido Menacho para este menester. Ante la falta de descripción de este ingenio flotante en el expediente consultado, vamos a  intentar explicar en que consistían. Anclados en sus cuatro esquinas y al mismo tiempo en varios puntos, desde tierra, con amarras, se situaba un cercado de madera, de forma rectangular, similar al marco de un cuadro de ancha caña, colocado en posición horizontal sobre la superficie del agua, o mejor indicado tal vez, como un cajón  sin fondo ni tapadera, con unas dimensiones que oscilarían entre seis o diez metros de largo por la mitad de ancho. Tenía un aspecto similar al  pantalán de  un puerto deportivo, con  las paredes laterales elevadas para proporcionar intimidad y refugio del viento, levemente balanceado por el oleaje.

Baños en el río, similar al instalado en El Puerto para atender a SS.AA los infantes de España en 1832.

La comisión decidió inicialmente su instalación en la banda urbana del río, entre la fuente de las Galeras y su homónima, la del Sobrante, distante un centenar de metros rio arriba. El capitán del puerto, Sr. Vernacci asesoró profesionalmente sobre el emplazamiento más adecuado, desestimando el lugar elegido inicialmente para ello por los inconvenientes que presentaba para la correcta colocación del baño. A su vez, recomendaba “que este sea colocado a un tercio de cable de la parte de afuera del barco de la Aduana en la costa del Coto, pues en este lugar es claro recibirá muy pura el agua salada, así como el fondo, limpio y claro.”

CLUB NÁUTICO.
Interpretamos que la zona elegida por el capitán del puerto estaba situada frente al actual club Náutico, aproximadamente, a 60 o 65 metros de la borda de estribor del   barco Aduana, suponiendo que este tuviese la proa mirando a la desembocadura del río. Hoy en día, encauzado el río por ambas márgenes puede parecer excesiva esta distancia. En la época en que se produce este hecho, final del primer tercio del s. XIX, el río se expandía en marea alta por el Coto o Isleta de Valdelagrana hasta el pie del arrecife de Puerto Real, siendo su orilla similar a una playa.

Muelle de la Ciudad, frente al Resbaladero. Detrás el Castillo de San Marcos con una configuración arquitectónica diferente a la actual.

Después de dictar una serie de medidas para garantizar la seguridad el Sr. Vernacci ratificó el emplazamiento señalado, reconociendo que la distancia era mayor, aunque aseguraba asimismo que “la traslación de las personas al baño es fácil y cómodo por el arrecife de Puerto Real” y mucho más discreto, añadimos nosotros, aunque es de suponer que en las azoteas de los edificios que miraban al río, desde la Casa Aduana hasta la de Cumbre Hermosa no faltarían mirones ávidos de contemplar los chapuzones reales. /En la imagen, Casa de Gª de Valdeavellano, en la Ribera, desde cuyos miradores se podrían ver los paseos de SS.AA. los infantes, en dirección al Guadalete. Plumilla de M.A. Pantoja.

LA EXPEDICIÓN.
La expedición, compuesta por la familia, séquito, equipaje y escolta salió de Madrid el domingo 8 de julio, a las cinco de la tarde, viajando toda la noche para entrar en Manzanares, hacer noche al día siguiente en Andújar, llegar a Córdoba el miércoles, donde permanecieron tres días, y continuar hasta Sevilla, desde donde embarcarían tras una estancia extra, no prevista, de seis días para arribar a Bonanza y, desde allí, a El Puerto. Cuando atracó el vapor “Betis”, bien entrada la noche del viernes 20 de julio, la comisión municipal, presidida por el gobernador y los oficiales del escuadrón de Caballería que escoltarían a SS.AA. a la ciudad portuense subieron a cumplimentar a la real familia y sus acompañantes, iniciándose seguidamente, a la luz de la luna y el titilar de antorchas el desembarco de los equipajes.

Edificio donde se alojaron SS.AA. los infantes, en calle Larga, 27.

21 DE JULIO DE 1832.
Esa misma madrugada, cuando estuvo cargado  el amplio bagaje, junto con el mismo, salió para el lugar de residencia parte del personal de servicio que se ocupó de la preparación, acondicionamiento y distribución de las estancias y salones del inmueble. Los restantes integrantes de la expedición, con independencia de no existir medios suficientes para ser transportarlos todos a la vez, optaron por descansar las horas que restaban hasta el amanecer en las camaretas del navío, saliendo a primera hora de la mañana el grueso de la comitiva.  La encabezaban vistosos coraceros y un tambor al que seguían el coche con la familia real, escoltado por lanceros,  los principales componentes del séquito y la comisión de autoridades a caballo, luciendo una escarapela con las armas de la ciudad, cerrando la vistosa comitiva los restantes componentes del escuadrón de Caballería.

MEDIODÍA.
El 21 de julio de 1832, al mediodía, entró el cortejo en la Ciudad sonando al unísono las campanas de la Prioral y las de todos los conventos, anunciando el acontecimiento en un jubiloso repique. Las calles del recorrido –San Sebastián, Plaza de la Iglesia, Palacios y Larga- en las que se habían posicionado “un concurso numeroso” de personas, estaban engalanadas, luciendo colgaduras en sus balcones. En las principales esquinas se alzaban arcos entretejidos con ramas y flores y miembros de la Brigada de Marina y del batallón de Voluntarios Realistas cubrían la carrera desde la parte alta de la calle San Sebastián hasta la esquina de Larga y Espíritu Santo, agolpándose el gentío en los alrededores del Monasterio de San Miguel de las MM. Capuchinas para presenciar lo más cerca posible a tan insignes personajes en el momento en que descendieran de la calesa, vitoreándolos repetidamente, igual que sucediera durante todo el trayecto.

Inicio del puente colgante sobre el Guadalete a mediados del siglo XIX.

TRES DÍAS DE FIESTA.
El ayuntamiento dispuso tres días oficiales de fiesta, organizando otros tantos festejos taurinos en honor de los regios huéspedes. Un anónimo cronista municipal relata con gran precisión de detalles las actividades e incidencias de aquel evento:  “…Ha habido tres días de general iluminación y adorno de colgaduras en lo que se ha esmerado el buen gusto de estos habitantes, siendo digno de atención la iluminación del muelle y Paseo de la Victoria, compuesta de multitud de faroles de color, guardando la mayor simetría, la primera costeada por los mareantes y la segunda por los dueños de los almacenes de comestibles y refinos. La iglesia Mayor Prioral, las Casas Consistoriales y el puente de San Alejandro estaban iluminados con ostentación y la plaza de Verduras formaba preciosas vistas con arcos y luces. En los días 24, 25 y 26 hubo en el primero y último corridas de toros de muerte y el intermedio de novillos. La concurrencia fue numerosa. La plaza presentaba el más brillante aspecto, el adorno de ella con el mayor lujo y las corridas fueron sobresaliente, los toros bastante bravos y lidiados por los mejores operarios que en el día se conocen.”

En todos y cada uno de los festejos estuvieron presentes los Infantes, ocupando un balcón engalanado especialmente para la ocasión, presidiendo el espectáculo y ostentando “el mando de plaza el Serenísimo Sr. Infante”, asistiendo numerosos forasteros, especialmente de las vecinas ciudades de Cádiz y Jerez, atraídos por la presencia de los Infantes, a los que el público daba muestra de su simpatía con numerosos aplausos, tanto a la llegada como a la salida del coso taurino del Ejido de San Francisco.

EXCURSIONES
El día 27 de ese mismo mes de julio el matrimonio de Infantes borbónicos y un corto séquito de acompañantes realizaron una escapada  para visitar y conocer las ciudades de Málaga y Granada, dejando a los niños con sus tutores para que se iniciaran en los baños de mar. El viaje del Infante Don Francisco de Paula Antonio y su esposa por las provincias orientales andaluzas duró algo más de dos semanas. El sábado 11 de agosto iniciaron el camino de vuelta a El Puerto, desde Granada

EL SÉQUITO.
Reunida  de nuevo toda la familia y el séquito que les acompañaba, es hora de conocer  los  componentes que formaban parte del mismo. En la “Reseña Histórica” que realizó el archivero Juan Cárdenas para la Guía Oficial de El Puerto de Santa María en 1902 se indica un séquito de 72 personas, entre nobles y servidumbre, posiblemente por error tipográfico, al cambiar el 7 por el 4, ya que, como vamos a detallar a continuación, los acompañantes de los Infantes sumaban la cifra aquí expuesta. /S.A. la Infanta Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias y Borbón.

Iniciaremos el listado del séquito, por su popularidad y prestigio en la corte,  con la Marquesa de Alcañices, Dama de Honor de la Infanta Luisa Carlota. Formaban parte de su camarilla personal, además de la citada, tres damas de tocador, denominadas Señoras Azafatas y dos camaristas. La de su marido la integraban tres gentiles hombres, dos ayudantes y un oficial. Les acompañaba un ama de cría, encargada de alimentar a Fernando María que aún tomaba el pecho, la Baronesa de Ruinvillef, aya de las niñas y un tutor o ayo, asimismo, para los dos varones, así como un director de primera educación. Completaba el grupo más selecto del séquito un catedrático en medicina.

En el cuerpo de servicio, propiamente dicho, figuraban dos encargados de guardarropía y dos ayudantes que se ocupaban del voluminoso “atrezzo” de los huéspedes. Para atender a la mesa de la familia y camarilla, un jefe de cocina, dos ayudantes y otros dos ayudantes de los llamados de ramillete, denominándose así a los encargados de preparar artísticamente la mesa en las que se servía la comida, distribuyendo figuras, candelabros y otros adornos, amén de frutas, piezas de repostería y otros postres y dulces a los que eran tan aficionado en aquellos tiempos. Formando parte de la logística del grupo, figuraban también dos dependientes de caballería y dos correos, prestos para cualquier emergencia. Finalmente, cuatro mozos y mozas sin ocupación expresa y una decena de criados personales de los integrantes de mayor alcurnia de la camarilla de los Infantes, completaban el número antes indicado.

AGOSTO DE 1832.
Durante el mes de agosto compartieron los Infantes con sus hijos, (especialmente doña Luisa Carlota) los baños de mar en las instalaciones flotantes, expresamente realizadas para su disfrute, durante varias horas cada mañana, descansando por las tardes de tanto ajetreo como habían tenido en sus jornadas viajeras, sin dejar de participar con el pueblo en algunas de sus diversiones cotidianas. De este “fiel vecindario” recibían constantemente muestras de cariño y admiración, en los lugares públicos en los que se dejaban ver.

OFRECIMIENTO.
Mediado agosto el cabildo adoptó el acuerdo de ofrecer a SS. AA. las instalaciones construidas, dirigiéndole a doña Luisa Carlota escrito con fecha 25 de ese mismo mes en el que le rogaban aceptase en nombre del pueblo “el bañito flotante de que V.A. y sus augustos hijos se han servido este años, con los adornitos pequeños que contiene”, siendo entregado el mismo por una comisión presidida por el gobernador y Presidente del Cabildo. El obsequio fue aceptado por SS. AA. “con la lisonjera esperanza de volver a disfrutarlo en el próximo año” en palabras del secretario de cámara de los Infantes que podrían interpretarse como una promesa de repetir la estancia.

DISPUTAS.
Si tuvieron la intención de hacerlo, el momento tan delicado por el que pasaba la monarquía y, sobre todo, el estado de  salud del rey con funesto desenlace en septiembre del siguiente año, iniciándose una guerra dinástica entre los partidarios de otro de los hermanos de nuestro protagonista, el Infante Carlos María Isidro y los de su sobrina Isabel, a la que regentaba su cuñada María Cristina, hicieron inviable, prácticamente imposible, repetir la estancia familiar en los años que siguieron, aunque, décadas después, dos de sus hijos, Enrique y Francisco de Asís, este último como rey Consorte, volverían a visitar El Puerto.

A MADRID.
La inesperada enfermedad del monarca Fernando VII, rompió la plácida tranquilidad con que habían transcurridos los primeros días de septiembre. De forma precipitada, la familia real y algunos de los más allegados del séquito, iniciaron el viaje de regreso, saliendo para el real sitio de San Ildefonso, al pié de la Sierra de Guadarrama, en la provincia de Segovia, el 14 de septiembre. Viajaron en cuatro coches de camino, alquilados en Jerez. Llegaron, descansando lo imprescindible, en ocho jornadas. El resto del personal y el grueso del equipaje salieron ese mismo día en una expedición más sosegada, con destino a Madrid.

40 DÍAS EN EL PUERTO.
Resumiendo, la estancia física del Infante Francisco de Paula Antonio, hermano de Fernando VII y su esposa, María Luisa Carlota, hermana de la reina María Cristina, fue de 40 días y de casi dos meses sus hijos y el grueso del séquito que los acompañó, alojados casi todos en la casa número 23 actual de calle Larga. Es una página importante de la historia local poco conocida y escasamente divulgada.  El lado oscuro corresponde al gasto que supuso esta estancia al erario municipal, al pueblo en general, a la postre.  Según indica Enrique Pérez en su comentario final sobre la estancia del Infante Francisco de Paula y familia, apartado incluido dentro de su interesante obra “El Vergel del Conde y el Parque de Calderón”, el coste de la misma ascendió a 179.000 reales, suponiendo para las arcas municipales un déficit de 120.000 reales (30.000 Pesetas) en números redondos, cantidad que pretendieron recuperar en los siguientes ejercicios económicos con la imposición de arbitrios diversos, gravando en dos cuartos de real cada libra de carne, 16 maravedíes cada arroba de carbón y dos maravedíes las panillas de aceite.

Interior de la casa donde se hospedaron, en Larga, 27.

PROMOCIÓN TURÍSTICA.

La otra cara de la moneda, el aspecto positivo del evento fue la promoción que dicha estancia proporcionó a la Ciudad, compensándola de las pérdidas antes citadas pues ese año es señalado por diversos investigadores  como punto de arranque del renacimiento económico de la ciudad, merced a la llegada de inversores foráneos que, a partir de esa fecha, comienzan a establecerse aquí, labrando bodegas y trabajaderos, creando, en definitiva un emporio industrial, dedicado a la crianza y exportación de vinos que se mantendría en auge durante el medio siglo siguiente y, al mismo tiempo, sembrando la  semilla de un turismo de élite que, con el paso de los años y los cambios en usos y costumbres, se ha convertido en el robusto árbol  que es hoy día el sector de servicios turísticos. (Textos: Antonio Gutiérrez Ruiz. - A.C. Puertoguía).

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TERCER ANIVERSARIO DE GENTE DEL PUERTO.
Ayer se cumplían tres años del nacimiento de esta publicación web en la que, a diario, y desde el 21 de julio de 2008, contamos las pequeñas historias de las gentes y los habitantes de El Puerto y, con la suma de ellas ayudamos a formar el puzzle de la Historia de El Puerto. Muchas veces contada en primera persona, otras por referencias de quienes conocieron al personaje, otras más por colaboraciones y trabajos de investigación, ‘la savia del rey Sabio’, es decir las gentes de El Puerto, los temas y curiosidades de nuestra Ciudad, se asoman a diario a los numerosos lectores, más de 8.000 diarios, haciendo de esta publicación las más leída en internet de El Puerto de Santa Maria. A todos, muchas gracias.

José María Morillo
Director.

Para muchos jerezanos ir al Puerto de Santa María en verano es una auténtica tentación, a pesar de la masificación de los fines de semana y de los problemas de tráfico. El Puerto es un poco la representación de las playas que perdimos, de aquellos paseos por calle Larga y Alameda Vieja del Jerez de hace más de cuarenta años, de esos ambientes veraniegos que se fueron con el paso de los tiempos y que solo queda en el recuerdo de las fotos de Iglesias o de Fiallo.

Playa de Valdelagrana. Vista aéreas. Foto: Jorge Roa.

Ir al Puerto sigue siendo una tentación en Jerez. Por el día la costa y por la tarde los bares, por la mañana Valdelagrana, Vistahermosa, el Ancla... por la tarde-noche la ribera del marisco con todas sus exquisiteces y el parque Calderón con sus carruseles de siempre y su olor al Guadalete, el mismo río que se acerca a Jerez para unirse al caminar jerezano hacia el Puerto de Santa María. La historia ha pasado sobre el Puerto como el tiempo sobre los vinos: dándole cuerpo y transparencia, color y aroma.

Playa de la Puntilla desde la vertical del Puerto Deportivo.

Las vacaciones en el Puerto es todo un clásico del veraneo jerezano, desde que se alquilaban habitaciones en pleno casco antiguo para poder pasar el día en la playa de La Puntilla hasta las modernas urbanizaciones de hoy ocupadas en gran parte por gente cercana. Ahora ir al Puerto cuesta menos tiempo que recorrer Jerez de punta a punta, conviene más bañarse en las tranquilas aguas de Valdelagrana que en cualquier piscina pública de la ciudad, porque es más saludable y más rápido de llegar. Por mucho tráfico y falta de infraestructura urbana que tengamos que soportar conviene más acercarse al Puerto en sus noches de verano que quedarse en este Jerez estival, desolado, carente de ambiente y de las atractivas ofertas que ofrece la costa.

Toros en la Bodega El Tiro, en la Avda. de Jerez.

Hoy si se puede decir, con fundamento, que el Puerto está a dos pasos porque se ha ido retranqueando cada vez más hacia Jerez. Hace unos años hasta que no se pasaban las vías del tren que llegaba hasta Sanlucar y el cuartel de la Guardia Civil. con sus toros de Osborne haciendo frente, no se podía decir que estábamos en el Puerto. Con la incorporación de la antigua carretera nacional como vía urbana desde la cuesta del toro y el parque acuático se ha acortado tanto la distancia que apenas quedan kilómetros que separan las dos ciudades unidas por el río y por sus vinos. Ir al Puerto desde Jerez es un paseo agradable que nada tiene que ver con aquella entrada insoportable de hace escasas fechas cuando las colas de coches eran temibles y complicados los accesos a la ciudad de los cien palacios, como la llamó el poeta arcense José de las Cuevas.

Vista aérea del antiguo Convento de Las Capuchinas. Año 1970.

Llegar al Puerto merece la pena. Definida por el escritor portuense Martinez Alfonso, como la ciudad que se engalana con la geometría blanca de las fachadas. Calles rectas, cruzadas en perpendicular, con la estructura de una población colonial: Cruces, Cielos, Nevería, Palacios, Misericordia, San Bartolomé, Pozuelo.... donde se abren en las casas los huecos de cierros y balcones, policromados con la gala de los geranios y gitanillas. Calles, plazas y jardines.....Geometría urbana del Puerto, testigos mudos de años y siglos de un continuado vivir. Calles con alma, porque en ellas vive, con el portuense de hoy,el espíritu de su pasado. Y aún más el afán de su porvenir.

Ir al Puerto es mucho más que un cúmulo de sensaciones que alegran la vida, es empaparse de un verano antiguo, castizo, con sabor a terraza de bar y a patio, a bullicio de mercado- a "Plaza" por antonomasia- y a visita obligada a la Prioral, sobre todo cuando septiembre empieza a despuntar.

Murallas en el Yacimiento de Doña Blanca, acaso el antiguo Puerto de Menesteo.

Ir al Puerto en verano es una tentación tan antigua que cuenta el viejo Homero en su epopeya que uno de los guerreros de la guerra de Troya fue el caudillo ateniense Menesteo y que una vez conquistada la ciudad, en vez de regresar a su patria, anduvo por el Mediterráneo hasta encontrar; pasado el estrecho de Gibraltar, una abrigada bahía en la que penetró con sus naves, para desembarcar junto a la desembocadura de un río y fundar allí una ciudad a la que puso su nombre: Puerto de Menesteo. Esa ciudad se llamaría con el tiempo El Puerto de Santa María. Ir al Puerto en estos tiempos es más fácil que en los de Homero, por eso se llena cada verano de visitantes, por eso La Lola se fue a los puertos y dejó a La Isla sola y por eso podríamos cantarle a nuestra manera, a esta ciudad que cautiva, "mejor quisiera estar muerto que verme "pa toa la vía" sin poder ir al Puerto, Puerto de Santa María"  (Texto: Eduardo Velo García).

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Texto: José María Morillo

Francisco Rodríguez Lores nació el 13 de agosto de 1941, en plena posguerra civil, tercer hijo de los cinco que tuvo el matrimonio formado por Manuel Rodríguez Ceballos y Milagros Lores Pérez.

En 1941 fueron alcaldes de El Puerto un militar que ocupaba el despacho del palacio Municipal desde diciembre de 1939: Manuel Barba Ordóñez. Le relevó en septiembre de 1941 José María Pastor Moreno, por poco tiempo ya que al mes siguiente, en octubre tomará posesión de la alcaldía Fernando C. de Terry y del Cuvillo. El arqueólogo alemán Adolf Schulten visitó el Yacimiento de Doña Blanca, y pensó que podría tratarse del ‘Puerto de Menesteo’; no será hasta 38 años después, 1979, que empezarán las excavaciones sistemáticas dirigidas por el Catedrático Diego Ruiz Mata.

En 1941, también, su padre inauguraba el ‘Bar Paquito’ en la Plaza de Isaac Peral que, mas tarde y comprado por el Ayuntamiento, sería recordado como el Palomar, lugar de instalación de Belenes en dicha Plaza, y por último, antes de su demolición, como almacén improvisado de aperos de Vías y Obras, Parques y Jardines

El 'Bar Paquito' en la Plaza de Isaac Peral.

Hipólito Sancho de Sopranis publicaba su libro «Historia del Puerto de Santa María desde su incorporación a los dominios cristianos en 1257 hasta 1800». Rafael Alberti publicaba «Entre el clavel y la espada», naciendo su hija Aitana en Puerto de Santa María de los Buenos Aires (Argentina). Los jesuitas padres Guerrero  y Jorge Loring  ingresaban en el noviciado de la Compañía de Jesús de El Puerto.

La familia de Paco: sus padres, tías y primos, entre los que podemos ver detrás, en el centro a Baldomero Rodríguez, copropietario del Bar Casa-Paco, famoso por las pavías rebozadas.

Paco vivió de pequeño en la calle Larga y en la Bajamar y estudió en los Jesuitas. Al casarse  en 1967 viviría con  Ana Vega Repiso, natural de Marchena (Sevilla), se fueron a vivir a la calle Nevería. Allí nacerían dos de sus cuatro hijos, Mily y Ana María, José nacería en Cádiz y Eva María en Mallorca, a donde se trasladó la familia por razones de trabajo. Después de vivir un tiempo en Palma de Mallorca, se mudaron a Manacor viviendo, actualmente en Porto Cristo, un pueblo de pescadores de la parte este de Mallorca y, aunque allí pasa la mitad del año, la otra mitad la pasa en su casa de El Puerto. Es un portuense de ida y vuelta.

Los hijos de Paco y Ana.

INICIOS EN LA HOSTELERÍA.
Estamos en 1952 y desde muy joven, con apenas 11 años,  empezaría con su padre en el mundo de la hostelería, trabajando con su padre en la Taberna ‘La Gaviota’. Después vendrían Ultramarinos ‘Los Caballos’ en la calle Federico Rubio; seguidamente en el Bar ‘Los Tres Reyes’ en la calle Nevería --ojo, no confundir con ‘Los Dos Reyes’ en el Parque Calderón; de ahí pasaría a los servicios de hostelería del Club Náutico, regentado entonces por su padre.

Propaganda de 'La Placilla'.

RESTAURANTE ECONÓMICO ‘LA PLACILLA’.
Luego, su progenitor alquila un Freidor de Pescado en el que instala el restaurante económico ‘La Placilla’ situado en dicho emplazamiento; era económico porque el menú constaba de dos platos a elegir entre 8 primeros y 8 segundos, pan y postre, costando el cubierto 10 pesetas de la época. La clientela eran, sobre todo, trabajadores de todos los gremios: viajantes, profesores, estudiantes, ... Y, recuerda Paco “había que trabajar mucho parra subsistir con estos precios, teniendo en cuenta que muchos clientes vivían al día y pagaban a final de mes cuando cobraban sus salarios”. Todavía se recuerda aquella cafetera de agua caliente… y los primos de su padre que regentaban el restaurante del Hostal Loreto. Hoy se encuentra otro establecimiento con el nombre de ‘La Placilla’ que es una tienda de electrodomésticos.

En 1961 fue llamado a filas, haciendo el servicio militar en la Armada, estado destinado en El Ferrol en el ‘Minador Vulcano’, regresando a ‘La Placilla’, al finalizar el periodo militar.

Paco Rodríguez, al poco de llegar a Mallorca, en el Real Automóvil Club.

MALLORCA.
En 1971 su primo, Antonio Lores, le explica que en Mallorca existen buenas posibilidades para trabajar en la hostelería, poniéndolo en contacto con profesionales y empresarios del gremio, “algo por lo que le estaré siempre muy agradecido”, señala, y se marcha a trabajar a Mallorca.

A su llegada a las Islas Baleares entra a trabajar en el Real Automóvil Club, aunque aquello no le fue muy rentable por lo que entrará a trabajar en el servicio de bar del Aeropuerto Internacional de Son Sant Joan, a 8 kilómetros del centro de la capital de la isla. Será a partir de ese momento cuando su familia marchará a vivir con nuestro protagonista e iniciar una nueva vida.

De maitre, en la cafetería Chicago, en Manacor.

MANACOR.
Como gusta su forma de funcionar atendiendo en el aeropuerto, Paco recibe una visita de los propietarios de una cafetería de Manacor, de nombre ‘Chicago’ ofreciéndole la dirección de la misma; dado que las condiciones eran favorables, acepta y, por espacio de tres años permanecerá en la misma hasta su venta;

De maitre, en el Club Náutico de Porto Cristo.

PORTO CRISTO Y CALA BONA.
Dado que las nuevas condiciones que rigieron a partir de entonces en ‘Chicago’ no le interesaron, regresa de nuevo a Mallorca, a Porto Cristo,, donde le ofrecieron el puesto de Mâitre dirigiendo la hostelería en el Club Náutico de dicha población. Una vez allí, un amigo de Paco --y hay que reconocer que Paco goza de numerosas y buenas amistades-- le ofreció regentar por su cuenta una cafetería en una importante zona turística, Cala Bona, firmando un contrato por dos años que no renueva, dado que, durante la temporada baja apenas había trabajo y, dado que vivían en Manacor (a 16 kilómetros), era algo complicado para seguir la evolución de sus hijos en edad escolar. Como se puede comprobar, la profesión del hostelero es una profesión de mucho movimiento. Y aquí viene la anécdota: “Cuando le puse el nombre de ‘Cafetería Lores’, no me lo aceptaban en la Delegación Provincial de Turismo porque decían que ¡¡un español no podía poner un letrero en inglés!!”

Paco Rodríguez al principio del Bar San José

BAR SAN JOSÉ. ‘EL POBRE PACO’.
De nuevo en Porto Cristo, consigue el traspaso del Bar San José, que había pasado por varias manos y que no terminaba de arrancar. El matrimonio, Paco y Ana, una gran cocinera y sus hijos que también ayudaron lo suyo durante las vacaciones de verano y era cuando había mas trabajo, se especializaron en la dieta mediterránea y el ‘Pescaíto Frito’, el tapeo y comida para extranjeros (hamburguesas, perritos, etc... que era lo que estaba de moda). Paco recuerda que “un día hice pescado en sobreúsa para comer la familia, y unos holandeses lo probaron y les gustó y, como siempre, estábamos haciendo cosas nuevas, aquello gustó y tuvo éxito y lo servíamos en la misma sartén en la que lo hacíamos”.

Familia de holandeses, probando de la sartén el pescdo en sobreúsa.

Con el tiempo, empezaron a abrir más bares alrededor, en primera línea de playa y el Bar San José estaba en segunda línea, lo que hizo que se estimulara su oferta y creatividad, especializándose en productos que nadie tenía: gambas al ajillo San José, pulpitos picantes, pavías de merluza rebozada del Tío Paco, ... Explica el porqué del sobrenombre: “Resulta que cuando empezaron a abrir bares nuevos y nosotros teníamos gente los vecinos decían ‘Ay el pobre Paco’ se le va a venir el negocio abajo, demasiada competencia. Entonces puse un letrero luminoso que decía:’ Bar San José. EL POBRE PACO”.

Paco con unos clientes en el Bar San José de Porto Cristo. Observamos a la derecha un cartel de Feria de Juan Lara y arriba en las estanterías, botellas de Fino Quinta de Osborne.

PIZZERÍA Y MANTENIMIENTO.
En 1997 Paco, con 60 años,  sufre una angina de pecho lo que no le deja lugar a ninguna duda y tras 30 años en el Bar San José’, traspasa el establecimiento hostelero. Habían sido muchos años de vida laboral y llegaba la hora de cuidarse y, dado que aún faltaban cinco años para la jubilación entró en un hotel a trabajar de ‘pizzero’ durante dos años.

Y de ahí a llevar el mantenimiento de otro durante los tres años que restaban para la jubilosa jubilación cuando cumplió los sesenta y cinco.

Paco recuerda que en tantos años de profesión, “han sido tantas las personas que he conocido que, desde hace seis años que no tenemos el bar y aún siguen recibiendo postales y fotos. Tengo un álbum de fotos de muchísimos clientes y de vez en cuando me gusta mirarlo y recordar”.

EL PUERTO EN EL RECUERDO.
Desde Baleares recuerda El Puerto con mucho cariño, pero “siendo franco de franqueza, lo veo sucio, dejado, con lo bonito que es mi Puerto. Cuando voy, siempre digo igual: vamos para atrás, porque... no se este año, pero amigos que han estado me dicen: ‘Paco, que buena gente, pero el pueblo sucio con lo bonito que es. Supongo que esto es culpa del Ayuntamiento, y estoy seguro que la gente de mi edad se acuerda como yo, de Luis Caballero cuando era alcalde". /En la imagen, lista de tapas, muchas de El Puerto, con el escudo sobre impreso del Racing Club Portuense.

Comedor Sol y Vida, en la calle de las Cruces.

"Cuando estoy en El Puerto colaboro como voluntario en el comedor de Sol y Vida, donde también están, entre otros, mis amigos Faustino y Hortensia”.


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Rosa María Mayo Garrido nació en El Puerto el 6 de noviembre de 1956 y falleció el 24 de septiembre de 2003, a punto de cumplir 47 años. Era la segunda de los ocho hijos del matrimonio formado por Manuel Mayo y María Garrido Marván, quien junto a Marí Luz, Manolo, Milagros, Juan Domingo –Kiko-, Arturo, Amparo y Fito, estos dos mellizos, emigraron a Lyon (Francia) cuando Rosa contaba apenas seis años.

1956.
En 1956 era Alcalde de la Ciudad Luis Caballero Noguera. Precisamente la Bodega Luis Caballero rifaba entre los consumidores, clientes y camareros de toda España 102 vespas, en el ‘II Gran Sorteo del Coñac Decano’ celebrado ante Notario en Madrid, en marzo de 1956.

Se inauguraba el Restaurante Venta Millán. Se creaba el Poblado de Doña Blanca, con cuyos terrenos se compensa a los agricultores propietarios de los terrenos donde se construye la Base Naval de Rota, con el proyecto denominado ‘Plan de Transformación de las Marismas del Guadalete’, que comprendía 5.500 hectáreas, disgregadas en la actualidad entre  el Polígono de Las Salinas de El Puerto, el Poblado de Doña Blanca y el futuro Polígono Industrial Las Aletas (Puerto Real). A la vez, empieza a funcionar el aeropuerto de la base naval hispano estadounidense.

Vista aérea de Lyon, con una población cercana a los 2 millones de habitantes.

ESTUDIOS EN FRANCIA.
Rosa estudió, el resto de la primaria, al igual que sus hermanos en Lyon, y el bachillerato, así como en una Academia para secretaria de dirección, a la vez que perfeccionab los idiomas. Allí conoció al que sería su marido y padre de sus hijos –hoy regentando con la familia de Rosa el restaurante ‘El Castillito’ en La Puntilla— con quien tendrá dos hijos, Estefanía e Iván.

IFFA CREDO.
Rosa empieza a trabajar en el mundo de los transportes internacionales, precisamente entre España y Francia, en varias empresas, hasta que pasa a formar parte de la plantilla del laboratorio IFFA-Credo (Lyon-Francia) que también exportaba animales de laboratorio a nuestro país. Luego a través de una amiga del colegio, --Taqui— se le planteó la oportunidad de trabajar en nuestro país, y en concreto en El Puerto, en el lanzamiento del Hotel Yacht Club de Puerto Sherry, donde entró como secretaria de dirección y salió de Directora Comercial.

PUERTO SHERRY.
Rosa dejó a parte de la familia en Francia: su marido y Estefanía y se viene a su casa de El Puerto, a donde volvía cada verano, con su hijo Iván con apenas 10 meses, en 1987. Aquí empieza en labores administrativas y organizativas y poco  a poco va descubriendo, en el mundo del turismo, sus habilidades innatas para la actividad comercial. Así llegará a ocupar la dirección comercial del Hotel  y coorganiza la Regata Brent Walker Cup, en su etapa portuense, participando asimismo en la organización del Mundial de Vela de 1992.

Terraza del Hotel Yacth Club.

DE BARROS Y ARENAS A CCI.
Más adelante, Rosa necesita crecer, y crea junto a otros socios la empresa Barros y Arenas, mayorista de Viajes para promocionar esta zona. La sociedad dura poco y, al tiempo crea junto a otra socia, siendo accionista mayoritaria, la agencia CCI (Congresos, Convenciones e Incentivos) que pronto amplía su campo de acción a la Costa del Sol, Sevilla y otras zonas de la comunidad andaluza, pasando a ser una innovadora en el turismo activo y de congresos a nivel andaluz. La sede central estuvo y hoy permanece una oficina, frente al Hotel Monasterio de nuestra Ciudad, abriendo sucursal en el Palacio de Congresos de Torremolinos (Málaga). En la actualidad la oficina malagueña la tienen en Benalmádena.

CREATIVANDO.
Falleció prematuramente, a la edad de 47 años, el 24 de septiembre de 2003. Pero Rosa, tenía proyectos y los había dejado por escrito. Hoy su hija Estefanía, es la nueva directora de la oficina de Creativando en El Puerto y también responsable del Departamento de Calidad amén de una de las socias de la nueva compañía junto a su hermano Iván –resultado de la fusión en el año 2007 entre CCI y Viajes Teodosio de Sevilla—cumplió el objetivo que dejó programado nuestra protagonista: crecer en fusión, potencia y territorio. En la actualidad en Creativando crean y organizan proyectos a medida: Programas participativos, formativos, actividades orientadas a fomentar las relaciones personales, cohesionar equipos y motivar. Cuentan con Oficinas en Sevilla, Málaga, Cádiz, Huelva, Granada y Córdoba. | Textos: José María Morillo.

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Esta es la frase habitual. El centro está muerto. La ciudad languidece. Por más obras que se lleven a efecto, cada día hay más comercios que  cierran. Es un enfermo terminal. ¿Hace falta un milagro? Creo que no. Es necesario una mayor dosis de sentido común y poner la brújula en la orientación adecuada.

El mercado medieval que se ha celebrado éste fin de semana, viene a poner de manifiesto,  que la ciudadanía, aun en épocas de crisis como la que vivimos, está ávida de estímulos. Cualquier  manifestación que le saque de la rutina, está dispuesta a participar. El… mercado medieval? ha llenado el centro  de portuenses, e incluso de jerezanos, atraídos por lo exótico del título. Después, de mercado medieval, muy poco. Aun así, gran poder de convocatoria.

Me ha  interesado más el aspecto humano de los componentes de esta troupe trashumante, que el análisis final y su relación con los centros  urbanos. En este mercado medieval, efectivamente se recrean algunas actividades. He hablado con alguno de ellos,  como el que dirige Felix Casillas al frente de la exposición donde se pueden contemplar,  sus halcones, un buho real y  un coreano; aves de corral como simbolo de los antiguos mercados; es digno de destacar su esfuerzo por darle veracidad al remedo; las armaduras, los yelmos, las armas, las cotas de malla, que con sus quince kilos de peso pasea orgulloso. Su fragua, donde fabrica réplicas de armas medievales.  Encantadores de serpientes y algunas atracciones rudimentarias, para el goce de los niños, cuyos padres inmortalizan  el momento con sus cámaras fotográficas. Banderolas y gallardetes dan un aire festivo, y bajo él, lo propio de un mercado:  bebidas y asados, que en algún  caso, han dado lugar a quejas por los humos que han penetrado en la Iglesia Prioral.

Algunos artesanos, pocos, entre los que destaca un anciano marroquí que,  usando sus manos y pies, en un rudimentario torno, es capaz de fabricar y vender en menos de tres minutos,  un original amuleto al precio de dos euros. Mi amor por la cultura marroquí, me deja extasiado ante la exposición del más exótico muestrario de te y de especias: de Ceylan, Gargade de Egipto, de jazmín… palos de canela, cardamomo, pimientas blancas, rosas, verdes, negras, de Jamaica, ginseh…  unos maravillosos conos de especias molidas, de fascinante colorido. Buen negocio del marroquí, que te cobra dos euros por escribir tu nombre en árabe… ¡cómo nos gusta  el snobismo!

Stands de alimentos variados.  Gracias a los distintos tenderetes con inciensos y sándalos de toda índole, encubren el penetrante olor de los quesos extremeños. El resto, lo constituyen una amplia representación de la bisutería más original y actual. Tras sus mostradores se adivinan antiguos hippies, que al  rebufo de estos mercados, intentan estabilizar su negocio. Salvo excepciones, se les aprecia su deficiente calidad de vida. Bocadillos y pernoctas en el coche; aseo, el imprescindible. Pero tienen mucho mérito. No son parásitos de la sociedad. Se ganan honradamente su pan y lo hacen con simpatía.

Mientras El Puerto no encuentre la atracción suficiente en su centro, los rescoldos que quedan entre cenizas, solo serán ocasionalmente avivadas, por procesiones, cabalgatas y mercadillos. Después, el más deplorable de los  desiertos. (Texto: Alberto Boutellier Caparrós).

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