
José Nogués Nogués (1934-1995), era conocido como “Pepichi”. Natural de El Puerto e hijo de José María Nogués Fernandez de Molina y Matilde Nogués Rios, nació en la calle San Sebastián nº 1, frente a la Puerta de las Campanas de la Iglesia Mayor Prioral, el 9 de Febrero de 1.934. Sus estudios los realizó en el colegio de D. Alfonso Cárdenas situado en la Calle Luna. (Con la guitarra, en la Caseta Tierra Mar y Vino, en el año 1975. Foto Colección Koky).
Desde muy joven, Pepichi, empezó a tener afición por la música empero, tuvo que dejar los estudios por problemas con la visión --lo que le llevaría indefectiblemente a la ceguera-- y se inició aprendiendo a tocar la batería de forma autodidacta.
PEPICHI Y SU GUITARRA.
Comenzó a trabajar en la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) también desde joven y compartía su trabajo con la música tocando la batería en orquestas, grupos o donde era requerido, ya que en esa época escaseaban o había muy pocos que tocasen dicho instrumento.
Se interesó también por la guitarra y en poco tiempo, debido a sus aptitudes musicales aprendió a dominarla muy pronto, empezando también a cantar solo. Así nació “Pepichi y su guitarra”, emulando al conocido cantante de aquella época “José Luis y su guitarra”. (En la imagen, Pepichi Nogués con apenas 23 años, en una fotografía tomada en el Hostal San Nicolás)
Su música era muy variada: moderna, boleros, pasodobles, flamenco, sevillanas, todo lo que quería lo tocaba y cantaba, tenía una memoria y un oído impresionantes para la música y las letras de las canciones. Tocaba varios instrumentos como la guitarra flamenca, eléctrica y la batería, este último que fue con el que empezó, lo dominaba bastante bien. De él aprendieron sus hermanos Juan de Dios e Isidoro Nogués.
Trío de Ases: Manuel Bejarano, "canta, pinta, recita y torea de salón"; Francisco Pérez Bernal, 'Kako'; y Pepichi Nogués, dúo musical junto con Kako, durante muchos años. (Foto Colección M.S.L.)
A mediados de los años 50 y principios de los 60 del siglo pasado, solían venir al Teatro Principal atracciones de “varietés”, época dorada de la canción española. En una ocasión el batería de la orquesta que venía acompañando a los artistas, se puso malo y buscaron a “Pepichi” para que lo sustituyera, cuando llegó al Teatro, el director de la orquesta le entregó las partituras, cuando se dio cuenta que era ciego pensó que aquello seria un desastre, pero al terminar la función dijo, “Es increíble que esta persona sin verme y sin leer haya tocado tan perfectamente”. Así era Pepe, no le hacía falta ver para tocar la guitarra ni la batería: lo hacía por pura intuición.
Como era tan completo musicalmente, era requerido para casi todos los saraos, fiestas y ferias que se organizaba en El Puerto y en la provincia de Cádiz.

Pepichi a la guitarra, con la orquesta Santamaría en Trebujena. Año 1958. (Foto Colección Koky).
ORQUESTA SANTAMARÍA.
En el Año 1.957 formó un conjunto llamado “Orquesta Santamaría” junto con Pepe Cailla al que enseñó a tocar la batería, Pepe Álvarez Quijano con el saxo, “El Gallego” como cantante, Antonio Pérez como pianista y él tocaba la guitarra eléctrica. También era llamado para fiestas particulares. En los bares de El Puerto como “Bar Manolo”, “La Liga”, “Los Pepes”, etc., solía vérsele tocando la guitarra mientras, simultáneamente, vendía los números de la ONCE.
PRECURSOR.
Fue el precursor de la música moderna en El Puerto, con él aprendimos muchas cosas como la guitarra o la batería, en el “Bar Manolo”, muy cerca de mi casa, siendo muy pequeño, lo vi por primera vez tocar la guitarra eléctrica junto con Perfumo (padre), gran guitarrista de Cádiz, los cuales solían reunirse allí algún que otro sábado o domingo por la tarde noche.
A veces tocaba y cantaba solo con su guitarra y otras con Pepe Cailla, acompañándolo con su acordeón, la orquesta era para los sitios de mas caché, como en la Feria en la caseta del “Racing Club Portuense” en la que solían tocar por las mañana y por las noches durante los tres días, o en el “Club Náutico”, “El Oasis”, etc. También hizo duos con Francisco Pérez Bernal, 'Kako', con nótula núm. 004, en Gente del Puerto.
Con Lolita Sevilla, en San José del Pedroso. A la guitarra, Pepichi Nogués y a las palmas y jaleando, Kako. Fue en una recepción a un grupo de daneses, invitados por Bodegas Terry. (Foto Colección M.S.L.)
Toda una vida dedicada a la música, entre los 50 y los 80 fueron los mejores años. Por último también se apuntó a las nuevas tecnologías tocando un teclado con bajos y ritmos incorporados. Nos dejó en el 13 de Diciembre de 1.995, quedando en el recuerdo de todos los porteños que tuvimos la oportunidad de verlo, oírlo y pasar buenos ratos con él. (Textos: Francisco Ramírez Tallón).




EL LAZARILLO Y EL CAÑÓN.









Er Beti cumplió el pasado 20 de junio 50 años de existencia. Fue en esa misma fecha pero de 1959 cuando Manuel Garrido Patino (en la imagen de la izquierda) le entregaba a Antonio Ferrer, el propietario del local, los 13.000 duros (65.000 pesetas o 389,54 euros) por las que le traspasaba el establecimiento. Manuel las había conseguido al vender el camión con el que trabajaba de transportista. Pero con 13.000 duros pagaba un sueño porque desde pequeño decía que quería ser tabernero y lo consiguió a los 38 años tras ahorrar y pasar por varios trabajos. Er Beti se había abierto dos años antes como un despacho de vinos y Manuel Garrido conservó la actividad hasta que poco a poco fue introduciendo novedades para conseguir que un despacho donde triunfaba “la media chica” de vino (un vaso pequeño) se convirtiera en uno de los templos del tapeo portuense.

Pepe Garrido Prado llegó ya mayor al establecimiento, allá por 1985, cuatro años antes de que su padre se jubilara. Antes había trabajado en un taller de reparación de radios, había estudiado para arreglar radios y televisores y, finalmente, trabajó en una tapicería pero su padre decidió que, al ser el mayor de la familia, debía ser el que se hiciera cargo de su bien más preciado el Bar Er Beti. Ahora ya se ha incorporado la tercera generación de la familia y Manuel Lores Garrido, hijo de la hermana de Pepe, está ya tras la barra. (En la imagen de la izquierda, Manuel Lores, hijo de Manuel Lores Camacho, el ya desaparecido cuñado de Pepe Garrido)


Elaboración: 





La clave puede que esté en una tapa que ha cumplido ya más de 40 años, las pavías de merluza, unos trozos de pescado rebozado, de tamaño espectacular que en el bar bordan y del que venden al año más de 7000 kilos, según los cálculos de Ignacio. Empezó en el negocio familiar a los 14 años. Comenzó entonces a colocarse tras la barra junto a su padre: Francisco. Aunque el primer apellido de Paco era Rodríguez, la gente le conocía por su segundo, Ceballos y ese nombre se le quedó al bar. Casa Paco Ceballos comenzó a funcionar en 1947, cuando en El Puerto aún ni se soñaba con la Ribera del Marisco. La taberna sólo ponía vino y servía como lugar de encuentro para pescadores ya que estos, y los armadores de los buques, acudían al establecimiento para hacer los repartos de dinero y pescado tras las mareas. Así se mantuvo el bar hasta la década de los 70. Paco había tenido experiencia en otros locales hosteleros de la ciudad y conocía bien el mundillo de la hostelería, según relata su hijo Ignacio. En esos años se instala el primer cocedero de mariscos en la zona y el dueño pide a Paco que convierta en bar su taberna para así complementar los negocios. Paco, en unión de sus hijos que ya le ayudaban en el bar, comenzó a servir tapas de cocina que, rapidamente, lograron el respaldo de los parroquianos. Huevos a la flamenca, higaditos de pollo, riñones al Jerez, llenaban entonces la carta junto a un llamativo plato llamado merluza al “achilipún”, en honor de la canción que hiciera famosa Lola Flores y que no era otra cosa que un pescado guisado en salsa verde. (En la imagen de la izquierda, Ignacio Rodríguez Sánchez, el otro cincuenta por ciento del tabanco).



Elaboración: 







Continuador de la arquitectura del siglo XIX, es la fábrica de harinas de la calle Postigo el primer proyecto del que se tiene constancia, siguiéndole una serie de reformas de fachadas hasta 1921, en que realiza la bodega del Fino Coquín, en Pozos Dulces, así como uno de los edificios más emblemáticos de la época: los Baños Termales. Situado en la rotonda de la Puntilla, se erigió en aquellos momentos en símbolo de la incipiente promoción turística de la ciudad.






Juan quería dejar la hostelería, a la que amaba y detestaba de igual manera, como los cabales de esta profesión. Su idea, hace 35 años, era la de instalar un bingo, negocio innovador para la época, de lo que tuvo que desistir, ante la cantidad de requisitos y permisos que tenía que cumplimentar, para regocijo de quienes amaban su peculiar forma de hacer cocina. En la imagen de la izquierda, Juan con su padre, en el bar de la calle Cañas.


OSTRAS DEL SUR.
LA RECETA DE JUANI: CABALLAS CON FIDEOS.





TOURMÓVIL.
Eugenio Pedregal Valenzuela, conocido emprendedor local, era Perito industrial. Siendo muy joven, recién terminados sus estudios, tras una etapa en el Banco Hispano Americano, Eugenio se fue a trabajar a Barcelona, ciudad en la que pasó muchos años y conoció a la que sería su mujer, María Antonia Viou Pradas, con quien tuvo dos hijas, Eva y Esther. En la Ciudad Condal trabajo un tiempo en empresas como Campsa, antes de regresar a El Puerto, donde comenzó trabajando en el negocio familiar, Muebles Pedregal, y realizando proyectos para numerosas empresas como perito industrial. Fue uno de los socios fundadores del céntrico Hotel Los Cántaros en el año 1984, todo un referente para el sector turístico porteño que animó a la instalación de otros establecimientos hoteleros en el centro de la ciudad. Persona inquieta y comprometida con El Puerto, formó parte de numerosas asociaciones y colectivos, ocupando cargos destacados en las directivas de la Asociación de Comerciantes del Centro (Acocen), la Asociación de Empresarios de El Puerto (AE) de la que fue su vicepresidente, y la Comunidad de Propietarios de Vistahermosa. Nos dejaba el 23 de octubre del pasado año 2008. (En la imagen, superior Eugenio Pedregal en una fotografía tomada poco antes de su fallecimiento. En la inferior, la fachada del Hotel Los Cántaros, en la Plaza de la Cárcel).
INTERESES RESIDUALES.
A Eugenio le podía El Puerto. Y le podía más el desinterés de los responsables políticos de la Ciudad cuando, a su juicio, dejaban escapar oportunidades para nuestra población, sea cual fuera el motivo o el color político. Era un luchador para la ciudad que lo vio nacer, y ahí andaba entre asociaciones empresariales, escribiendo cartas, entrevistándose con quien procediera para ayudar a empujar la locomotora de El Puerto. En esas, en esos ‘intereses residuales’ andaba Eugenio. Dejándonos un buen recuerdo, un buen sabor en la boca de las palabras, unos buenos sentimientos en la memoria de nuestros Puerto. (En la fotografía pequeña, Eugenio con poco más de 20 años, cuando trabajaba en el Banco Hispano Americano).

Entre los alumnos podemos ver en la fila superior a Miguel Palacios, Melchor Ramos Ortega, el paisano de El Gastor, Juan Sánchez Torreño, un interno de la sierra desconocido, le sigue Joaquín, del Bar Juanito, Millán, José Domingo García Rodríguez (doctor en medicina), Ángel Ortolá Máiquez, desconocido, Cristóbal Moya Garrido (empresario de tiendas de regalo), Andrés Jaén Bautista (brigada del Ejército de Tierra) y José Ignacio Delgado Ibáñez.