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Fachada principal del Monasterio de la Victoria (Iglesia). Año 1935.

En un vistazo general a la zona del Ejido de la Victoria  allá por los años cuarenta del siglo XIX nos llama la atención el viejo monasterio que tiene tres siglos y ha sido abandonado por la comunidad de los franciscanos Mínimos que lo habitaron hace apenas un lustro. Él sería uno de los novecientos conventos exclaustrados en España en 1835 por el chiclanero Juan de Dios Álvarez Mendizábal, en su calidad de ministro de hacienda y presidente del Consejo de Ministros de España por esas fechas con la Desamortización que lleva su nombre. En años venideros, ya secularizado y formando parte de los bienes estatales, sufrirá vicisitudes, transformaciones y gran parte de sus instalaciones usos de utilidad pública: hospicio, centro penitenciario y sala de congresos el propio edificio del convento y un paseo romántico y las instalaciones de Renfe que ocuparon parte de las huertas monacales.

En esta fecha, aunque hacía casi una década que Niepce había experimentado con éxito la captación de imágenes por medio de una cámara obscura, se tardará aún dos décadas más para que las imágenes capturadas se reproduzcan en un soporte de papel. A falta de este material gráfico de esa época, voy a intentar confeccionar para los lectores de GdP un breve retrato literario de la iglesia del Monasterio. /A la izquierda, proyecto de Retablo para el Convento de la Victoria. Año 1675. Archivo Fundación Medinaceli. Sevilla.

Aun están las campanas en su torre: tres medianas y una pequeña.  Nos situamos en el amplio atrio de la iglesia y vemos en su costado derecho la capilla casi terminada que levantó la hermandad de la Soledad, que nunca pudo cubrir y que acabarían por derribar años después las autoridades,  al frecuentar sus abandonados muros, rufianes y prostitutas. Sigue el almacén y la sala de sesiones de dicha hermandad. Después un jardín cercado de tapia, con árboles y plantas que aún están cuidadas, un pozo y una noria con canjilones nuevos que apenas se han usado al emigrar la comunidad de  Mínimos poco después de su construcción  La sólida puerta principal de dos hojas, adornadas con trabajados herrajes está ahora cerrada.

El Monasterio de la Victoria visto desde la parte trasera.

Si pudiéramos penetrar en el interior de la iglesia, veríamos una filigrana de luces proyectada sobre los escalones de mármol negro del presbiterio procedente de los ventanales altos, cuyas cristaleras aún se conservan y,  posiblemente,  nos resultase un tanto deprimente mirar los retablos vacíos, las cortinas empolvadas,  los deslucidos banco de pino y los deteriorados candelabros de madera repintada desechados por los frailes escuchando de fondo el rítmico sonido de un reloj de péndolas colgado  en la pared de la nave central que acentuaba la soledad casi sepulcral del recinto recientemente secularizado.

En la capilla que fue sagrario solo quedaba la balaustrada de hierro cuyas perillas, de reluciente metal antaño, mostraban una roñosa costra. Un confesionario y el púlpito, recordaba el culto de otros tiempos, así como las imágenes que permanecían en sus retablos y pedestales, pertenecientes casi todas ellas a las hermandades de la Soledad y Humildad que en dicho recinto tenían su sede. En la primera capilla de la derecha, la talla del Cristo de la Humildad y Paciencia en un retablo de madera con altar. En otra más adelante,  la imagen de San Francisco de Paula, fundador de la orden que habitó el monasterio, también en retablo de madera pintada con altar.

En la fotografía superior izquierda, talla del Stmo. Cristo de la Humildad y Paciencia. 

En la fotografía de la izquierda talla de Ntra. Sra. de la Soledad.

En la parte contraria, un retablo nuevo con las efigies de un crucificado, la Virgen y San Juan, pertenecientes a la Humildad y en la última capilla de ese mismo lado otro altar con retablo de madera en el que estaba instalada la Virgen de la Soledad.  Colgados de las paredes quedaban dos cuadros: uno, de una Dolorosa y otro, de mayor tamaño, con la figura de santo Tomás de Villanueva y en el coro de atrevida arcada, al que se accedía por una estrecha escalera de caracol habían dejado los monjes un órgano portátil pequeño, tres bancos, un facistol, un ataúd y en un nicho de pared, una imagen de la Virgen de Belén.

(Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. Puertoguía).

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Yo no sé si Vd. se piensa morir, pero, por lo general, todo el mundo se muere, a menos que Vd. haya concluido que se va a quedar para simiente de rábano o siga a algún Guru que le haya metido en el caletre que se va a reencarnar. A todo el mundo le llega su día, como a todo cerdo le llega su San Martín, que dice el refrán. Dicho de otro modo, o "expressione latina", que diría el Papa: "Hodie mihi, cras tibi", que era el letrero que campeaba en la puerta del cementerio de esta Ciudad y que una tata Antonia que hubo en mi casa traducía libremente: "Por aguantar un peo, aquí me veo".

"Este está para Santa Clara" o "Este está para que se lo lleve Carrurra" son dos frases que indican lo mismo: que se está en las últimas. Porque Santa Clara es el barrio donde está el cementerio de Santa Cruz--que así se llama el de nuestra Ciudad-- y Carrura un sepulturero portuense, que ha quedado en los dichos populares. Pero, además, el barrio de Santa Clara, siempre se ha conocido como "El Otro Mundo". Así, si Vd. recuerda, cuando se llegaba a la aserradora de Pastor, que estaba en la calle Misericordia, y preguntaba por alguien, seguro que se sorprendería, porque le dijeran que ese alguien estaba "en el otro mundo". Y es que "el otro mundo" era el almacén de maderas que tenían en una nave de bodega frontera con la carretera del cementerio "en el quartel de Santa Clara" que dicen los padrones, que es lo mismo que el barrio de "el otro mundo".

Así que si Vd. tiene tragado que se va a morir como todo bicho viviente, no ha pensado quedarse para simiente de rábano, ni cree en la reencarnación, debe saber, también, que, para el caso, está totalmente contraindicado comer carne de grulla. La carne de grulla produce una larga y penosa agonía en quienes la han comido alguna vez en su vida y exhalar el espíritu supone un largo proceso, a menos que sus deudos y familiares caigan en la cuenta y llamen a especialistas, que los ha habido--no sé si ahora los hay-- que, en la escalera de la casa donde se encuentra el moribundo, imite a la perfección el canto de la grulla, con cuya armonía, muere placidamente el agonizante.

Lo de toda la vida, en las familias de orden y de concierto, ha sido llamar al cura. No debe dejarse para el final, porque el moribundo debe ir bien preparado. Eso de ir simplemente "aliñado", esto es, con el "Santólio", aun con ser loable, no es lo más conveniente. El enfermo debe confesar y recibir el viático, recoméndarsele el alma y, finalmente, ser responseado con los convenientes hisopazos y gori-goris.

Ser un Don Guido --el de Antonio Machado-- y tener, al final, "un punto de contrición", cono Don Juan Tenorio, no está mal tampoco. Pero lo de cajón, para poder ponerlo en las esquelas y, en particular para la salvación del alma, es irse al otro barrio "después de haber recibido los Santos Sacramentos y la bendición apostólica de S.S.". Porque, si no, solo se puede poner "auxiliado con los Santos Sacramentos", lo que es lo mismo que bien "aliñado".

Santos óleos.

Por cierto, que caso de ocurrir el fatal desenlace, lo mejor, si es que no disponía de sillería, ni isabelina, ni imperio, ni chipendale, ni victoriana, ni tan siquiera de Benamahoma, es acudir , como toda la vida, a alquilarlas a Pasaje, que las tenía almacenadas en la antigua capilla de Jesús de los Milagros; hacer una buena olla de caldo, tener previsto el aguardiente y, sobre todo, el agua de azahar, por si ocurriera, que casi siempre ocurre, que alguna señora se priva, en pleno duelo, con la aflicción de la pena.

Temible es, en estos casos, la presencia de alicantinas, que se ponen, con la mejor intención y en aras de la salvación del alma del difunto, a entonar padrenuestros por cada clavo del Señor, por las cinco llagas y hasta por los pelos que le arrancaron de la barba, con una vehemencia y tenacidad encomiables, pero también tocantes a la risa. Ya se sabe que los mejores chistes del mundo se cuentan en los velatorios y duelos.

Velatorio. /Foto: Eugene Smith

Pero, atención, mucha atención, muy saludable y de particular interés es echar, de cuando en cuando, una miradita al muerto. Con el parpadeo de la llama de los cirios, con el reflejo del cristal de la tapa del ataúd, y con la sugestión que cada uno tenga, a veces, parece que el difunto ha movido los párpados o la boca. Casos se han dado, que el muerto no era tal. Así, quien tenga edad que lo recuerde, Carmen Vila, la portera de Acción Católica, pudo haber sido enterrada hasta dos veces viva. Sucedió que con la entonación de los latines del cura y del sochantre se reanimó, ante el pasmo general. A la tercera, fue la vencida. Y es que  algunos humanos, por la razón que sea, hacen lo que yo llamo "el ensayo general" para comprobar cómo se portarían, en ese trance, los herederos y parientes.

Lo normal, es que llegado el caso, en la casa doliente, lo primero que ocurría era la entrada de Luis Muñoz, diligente agente funerario, que tomaba cartas en el asunto. Lo segundo, la entrada de Ruperto, para tomar medidas. Lo tercero, el encargo de la caja a Enrique , el de los Muertos (aunque es de notar que si el entierro era en el hospital, de caridad, o en en Asilo de las Hermanitas de los Pobres, el ataúd lo hacía, de pino, teñido de nogalina y con una cruz de cinta morada, Teodomiro Alcántara, que tenía su taller frente por frente al Hospital y, era ,además, un gran ebanista).

Gente prevenida, como Angelito Martínez García, el artesano de los muñequitos de nacimiento, ha habido pocos. Ángel Martínez tenía, hecho de su propia mano --pues era, también, carpintero--, su ataúd, de madera de ciprés, colocado bajo la cama y, con su diseño, un panteón, en el primer patio del cementerio, ejecutado por el célebre marmolista sevillano Rovayo.

Curiosa inscripción en una lápida del cementerio.

Dispuesto todo eso que digo, hora era de ponerse los lutos. El luto riguroso, consistía en todo negro y, en las mujeres, además, las medias y el velo, el corto y el largo, llamado "la pena". Se revolvían armarios, roperos y arcas en busca de ropas de ese color y, caso de no hallarlas, se recurría a los consabidos tintes "Iberia" o a que familiares y amigos la proporcionaran.

Acto seguido, alguien allegado, se dirigiría a los balcones de la casa, si los hubiera, y alzaría los rodapiés, signo inequívoco de que la familia habitante estaba de luto. Otro que tal, se encargaría de poner en la casapuerta, cerrada a media hoja, una mesa con una bandeja, para las tarjetas y pliegos para las firmas de pésame. Fulanita de cual, proporcionaría el hábito de San Francisco para amortajar al difunto, el cordón y el escapulario de la Orden Tercera, la cera para sellarle los ojos y el pañuelo para forzarle a apretar la boca, de tal manera que algún recién fallecido parecía más padecer de un flemón que ser un verdadero muerto.

Los amigos le dedicaron una original esquela a su presidente.

Conviene que alguien, con buena caligrafía, rellene los nombres, apellidos y direcciones en las esquelas, de acuerdo con la lista que entre todos los circunstantes se preparaba, no bien llegaran las esquelas de la imprenta de Pérez, porque, del temprano y buen reparto, dependía la afluencia de gente a la casa y, luego al entierro. Y un entierro, bien poblado, es signo del singular afecto que el difunto y la familia gozan en la ciudad y fuera de ella.

Así que, durante toda una noche y, una mañana, discurría el velatorio, entre entradas y salidas, llamadas telefónicas, telegramas, rezos, ayes de dolor, llantos incontenibles, palabras de pesar, chistes verdes y marrones, más rezos, tazas de caldo, de café y copas de aguardiente, según los casos, pero siempre, ante el cuerpo presente del muerto, beatíficamente quietecito, con el crucifijo y el rosario en las manos entrelazadas, y, por lo que se oye comúnmente, el más bueno de la tierra, porque no hace falta más que morirse para ser bueno.

Monumento funerario de Enrique O'Neale Ybray, entrando en el cementerio, a mano izquierda.

A la hora señalada, a la vez que de la Iglesia sale el clero, con la cruz alzada, el sochantre, para dirigirse a la casa mortuoria, en la propia casa se organiza la cabecera del duelo. En la habitación más capaz, o en el patio, se forman los hombres más allegados, como en media luna y van recibiendo la "cabezada" de todo aquel que, por curiosidad, o por cariño al difunto o a la familia va entrando y saliendo. En la calle se forma un grupo, grande o pequeño --que, escrito quede-- hay entierros que dan pena verlos de poco público, y al poco se ve llegar al clero, con uno dos, tres y hasta ocho caperos revestidos con ornamentos negros, (según fuera de primera, de segunda o de tercera) con la Cruz alzada, los ciriales, el sochantre, el monaguillo con el libro , el acetre y el hisopo, y todos entonando, por lo alto o por lo bajo, latinajos, más o menos familiares para los asiduos a estas manifestaciones, de los que se pegan al oído, lo de"A porta inferi, erue, Domine, anima eius", y "Requiescant in pace, Amén", aparte de alguna otra palabra suelta de cuyo significado no queda constancia, y "Pater noster", al rociar de agua bendita, con el hisopo, el cadáver que, a manos de los más próximos, se acerca a la casapuerta, ante escenas de dolor. Luego, una dos, tres cuatro... posas, es decir paradas, desde la casa al cementerio, según se haya concertado, y en cada posa, un responso: otra vez latines inteligibles con la voz perruna del Padre Lobo, cánticos de Dueñas, agua bendita, y andando.

Traslado a pie de los féretros de las víctimas del accidente de la calle San Juan, ocurrido en febrero de 1963, desde la Iglesia Mayor al Cementerio Campal.

Por lo común, cualquiera que fuera el domicilio de donde partiera el entierro, a hombros --porque aún no se había establecido la moda del coche-- siempre se subía la cuesta de la calle Santa Clara hasta el cementerio. Al entrar, recibido por Carrurra, por Cándido, el Conserje, y por don Tomás o don Anastasio, sacerdotes capellanes de la Ciudad, se procedía a la cristiana sepultura del cadáver.

Tapia derruida del antiguo Cementerio Inglés. (Foto: AGR).

Si el difunto era disidente, moro, suicida o cosa parecida, nada de esto es aplicable. Para eso había un cementerio contiguo, detrás, con un letrero de caracteres arábigos, en donde se enterraban, además del llamado cementerio de los ingleses, que estaba justo donde el "CARREFOUR" [antes PRYCA y mas antes HIPER)], que acogió a muchos de los primeros bodegueros que se instalaron en la zona.

Y, aunque lo que valen son las oraciones y sufragios por los difuntos, había quienes le encargaban coronas de flores a Antonio "Carabina", a Macías, el de la "Cerería" o a "Paco Teleras" que hacían verdaderas obras de arte y le añadían perifollos y cintas con letreros laudatorios y recordatorios del difunto.

Curioso enunciado en la esquela de Doña Petra XX XX.

Dije antes que por la calle Santa Clara pasaban todos los entierros. No he dicho que, inmediatamente detrás del féretro iba la cabecera de duelo. Pues lo digo. Y quiero recordar a aquel hijo doliente que, calle Santa Clara arriba, detrás del cadáver de su padre se quejaba: «Ya lo llevan a donde no se vive; ya lo llevan a donde no se come; ya lo llevan a donde no se bebe…» Y "Saldiguera" que, borracho, estaba apoyado en una ventana exclamó: «--Vamos, a que lo llevan a mi casa». (Texto: Luis Suárez Ávila).

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Clemente Patón Carrasco nació el 18 de septiembre de 1951 en Mérida (Badajoz) , en la calle Capitán Barón, junto al Foro Romano y el Templo de Diana, siendo el mayor de cuatro hermanos del matrimonio formado por Vicente Patón y María Carrasco, también de Mérida. Con 15 años compatibilizaba sus estudios ayudando a su padre como fotógrafo profesional ambulante.

1951.
En 1951 era alcalde de El Puerto, Eduardo Ciria Pérez. Rafael Alberti publicaba  ‘Buenos Aires en tinta china’. El pintor porteño Enrique Ochoa, legaba a la Ciudad una importante colección de obras de su producción. El escultor José Ovando Merino tallaba, con la madera proveniente de dos cipreses del Cementerio de San Fernando de Sevilla, la imagen de estilo neobarroco del Cristo de la Hermandad de la Misericordia.

Clemente, con pocos meses, con sus padres.

Nacían en 1951, también, el profesor y político Juan Gómez Fernández, el músico Andrés Olaegui y el vitolfílico Francisco Román Sánchez. Por contra nos dejaban Cándida Jiménez Huelva, Cándida la Negra’, que nació esclava y murió libre y centenaria en El Puerto; el filántropo Elías Ahuja y Andria. (1863-1951) y el que fuera ministro de la gobernación con el gobierno del dictador Franco, Valentín Galarza Morante (1882-1951).

El carnet de fotógrafo profesional ambulante de Clemente, que colaboraba con su padre, estudiando y trabajando, a partir de los 15 años.

ESTUDIOS.
En Mérida estudiará en una escuela particular hasta los 7 años y luego hasta los 11 en la Escuela Pública ‘El Trajano’ y hasta los 17 cursa el bachillerato y las dos reválidas en el Colegio Salesianos, estudiando el Preuniversitario en el Instituto Santa Eulalia, todos de Mérida.

En la Plaza de España de Mérida con sus amigos Macías, Fernando y Vega.

Dado que le denegaron la beca salario que solicitó --por falta de crédito del PIO (Patronato de Igualdad de Oportunidades), y carecer de medios familiares, para estudiar Física, se presentó a oposiciones de Operador Técnico de Telefónica, aprobando las mismas, si bien estando en realizando el curso en Sevilla cayó con fiebres de Malta y le anularon el expediente, que denunció ante la propia compañía en 1971, no obteniendo contestación hasta septiembre de 1973, para que se trasladara a realizar un curso inferior, es decir, de mecánico.

ESTUDIOS DE POLICÍA.
Clemente agradeció la misiva y respondió al Director General de la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE), hoy Movistar, que desistía de ello dado que el 17 de ese mes se incorporaba a realizar el curso de Inspector de Policía, cuyas oposiciones había aprobado en el mes de junio anterior  --y que había preparado durante el servicio militar al que fue como voluntario--, en la Escuela de Formación del Cuerpo General de Policía, en Madrid. Se dio la circunstancia que su padre colaboraba con el equipo de DNI de la Comisaría de Mérida, acompañándolos como fotógrafo por los pequeños pueblos de Badajoz.

Los inspectores de aquella comisaría le informadon que habían salido plazas de inspector de policía, que podía realizar oposiciones dado que era un trabajo interesante y con muchas posibilidades. /En la imagen de la izquierda, antiguo logotipo de Telefónica, hoy Movistar.

LICENCIADO EN DERECHO.
Con posterioridad, 17 años después cursaría los estudios de Derecho en la Universidad de Educación Nacional a Distancia (UNED)  entre los cursos 1988/89 hasta 1995/96. Se dio la circunstancia que, ejerciendo de policía y como representante sindical, pensó en retomar los estudios que había dejado en 1971 y, dado que no disponía de tiempo para asistir a la universidad de forma presencial --su deseo era estudiar una carrera de Ciencias--, optó por estudiar Derecho por la UNED que precisaba menos asistencia a las aulas.

PRIMER DESTINO: BILBAO.
El 13 de mayo de 1974 es destinado a la Jefatura Superior de Policía de Bilbao, donde pasará por la inspección de guardia y Grupo 1º de la entonces Brigada Regional Criminal, actualmente Brigada de Policía Judicial. Al abrirse nuevas comisarías de policía en diversas localidades de las Vascongadas, en 1977 es trasladado a la Comisaría de Santurce, donde realiza funciones propias de investigación criminal, regresando con posterioridad a su brigada en Bilbao a los seis meses donde permanecerá hasta mediados de septiembre de 1978. Todavía en las Vascongadas como funcionario mas antiguo fue responsable durante un mes del puesto fronterizo de Eugin (Navarra). /En la imagen de la izquierda, con la que sería su mujer, Isabel de la Osa, en Bilbao.

Clemente se siente especialmente satisfecho de los años pasados en Bilbao pues, con 22 años y la ayuda de sus compañeros del aquel Grupo 1º, fue aprendiendo lo que será ser servidor público, defender la convivencia pacífica y luchar para ir cambiando la sociedad, pues allí, en 1977 fue elegido representante de su brigada del incipiente asociacionismo que se autorizó a los conocidos como ‘Policía Secreta’, único cuerpo civil policial, no militar, del Estado.

A petición propia pide traslado a una comisaría de nueva creación y, doblando el mapa de la península ibérica, es destinado a la Comisaría de Puerto Real en el último trimestre de 1978, donde realizará funciones de Inspector de Guardia y Brigada Criminal, y un poco de todo, como el resto de inspectores: Postigo, Casais, Sestelo, Vilches, Sardiña, … donde permanecerá por espacio de poco mas de un año.

LLEGADA A EL PUERTO.
En 1979, durante seis meses estuvo como agregado en la Jefatura Superior de Policía en Madrid, en el antiguo Departamento de Orden Público. El 2 de noviembre de ese año, el de las primeras elecciones democráticas en los ayuntamientos, comienza a prestar sus servicios en la Comisaría de El Puerto, con la que se fusionó la anterior, pasando por la Inspección de Guardia (Sala del 091); entre 1980 y 1983 en la Policía Judicial para, en noviembre de ese año ocupar la responsabilidad del Gabinete de Identificación --actual Policía Científica--, donde permanece hasta mayo de 1988. Antes, en 1982, estuvo como agregado voluntario en Bilbao para, ese mismo año, pasar a formar parte, durante dos meses, del dispositivo operativo policial de la Conferencia de Cooperación Europea, celebrado en Madrid.

SINDICATO PROFESIONAL DE POLICÍA.
Desde abril de 1983 hasta marzo de 1985, como miembro del Sindicato Profesional de Policía (SPP) será liberado sindical a tiempo parcial al ser nombrado Vicepresidente Nacional de dicha organización sindical policial, compatibilizándolo con su trabajo en la Policía Científica en El Puerto, los estudios de Derecho, … y la familia. En mayo de 1988 pasa a liberado sindical del SPP, situación que dura hasta agosto de 1991. Muy combativo, las reivindicaciones que lideró fueron consolidando la libertad sindical de la que gozan hoy en día los servidores del orden público. Continúa como Presidente del Sindicato Profesional de Policía de Andalucía.

Llegada del presidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escudero, al Hotel de Torremolinos donde inauguró el Congreso Nacional del Sindicato Profesional de Policía. Marzo 1983.

MEMORIA HISTÓRICA.
En 1980 tuvo oportunidad de vivir una anécdota que le impactó, al haber tenido en sus manos y leído, el expediente penitenciario de su abuelo paterno, Ramón Patón Burgos, que fuera enterrado en la fosa común del antiguo Penal de El Puerto, donde falleció, al estar cumpliendo condena por ser dirigente campesino, tras la Guerra Civil.

JEFE DE SEGURIDAD CIUDADANA.
En 1991 será nombrado Jefe de Seguridad Ciudadana de la Comisaría de El Puerto, donde permanecerá hasta julio de 2002. Tuvo que vivir situaciones de diferente calado. Recuerda que, cuando la huelga de los trabajadores discontinuos de Bodegas Terry, la intervención policial que tuvo que realizar fue quitando, uno a uno a los obreros que estaban sentados en el suelo e impedían la entrada y salida de camiones e idéntica actuación con los empleados de la Depuradora de APEMSA. Clemente tiene en su mente el control de las concentraciones de motos durante los diferentes Grandes Premios de Motociclismo de Jerez o la huelga de funcionarios de prisiones, donde se hubieron de adoptar una serie de medidas en las que se enfrentaban las obligaciones funcionariales del policía con los del ser humano, dado que entre los huelguistas había muchos conocidos y algunos amigos, con los que continúa manteniendo una cordial relación.

En el Palacio de Marismilla, en el Coto de Doñana, en la recepción que el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y esposa, Sonsoles Espinosa, ofreció a los cuerpos de seguridad del Estado. Agosto 2008.

COMISARIO EN SANLÚCAR.
El 25 de julio de ese año un nuevo destino viene a conformar su carrera profesional en la Policía, como Jefe de la Comisaría de Sanlúcar de Barrameda, primero designado por sus superiores y en diciembre de 2003 en concurso general de libre designación es ratificado en la misma, permaneciendo hasta el pasado 18 de septiembre, dado que, al cumplir  los 60 años ha pasaos a la situación de Segunda Actividad. Una situación problemática vivida durante este periodo fue cuando tuvo que intervenir  durante la huelga de funcionarios del Ayuntamiento sanluqueño regido por el Partido Popular, o la huelga de basuras, en la que tuvo que intervenir la Junta de Salubridad, al prolongarse por 12 días el paro.

En la despedida como Comisario en Sanlúcar celebrada el pasado 16 de septiembre. De izquierda a derecha, el Comisario de El Puerto Enrique Jiménez, d, la alcaldesa Irene García, Alberto Tesorero Nacional del SUP, su esposa, y los comisarios de Algeciras y Jerez.

Clemente se siente satisfecho de haber contribuido, en los diversos puestos de trabajo desarrollados, a tener una sociedad más justa, libre, democrática y haber tratado de ser justo en las muchísimas decisiones que ha tenido que tomar.

La familia numerosa de Clemente Patón, en una imagen de mediados de los noventa.

LA FAMILIA, LOS AMIGOS, …
Clemente Patón está casado con Isabel de la Osa Villaseñor, de cuyo matrimonio, celebrado en 1975 tienen cuatro hijos: Vicente, nacido en Santurce, María Isabel y Cristina, nacidas en Jerez al estar cerrada la Clínica del Dr. Frontela y Sergio, natural de El Puerto.

Con Eusebio Acosta, Hermano Mayor de la Hermandad del Rocío de Sanlúcar de Barrameda, en la barcaza de los Hermanos Arillo, al regreso de la aldea del Rocío.

De su época juvenil, recuerdo como buenos amigos a Eusebio Pardo, Francisco Javier Moreno, el sacerdote Antonio Paniagua consiliario de las Juventudes Obreras Cristianas (JOC), y de este grupo el ya fallecido dirigente de la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (ORT) Mario Balanzátegui.

En la comida que un grupo de compañeros y amigos ofrecieron a José Antonio Postigo con motivo de su destino como Comisario en San Fernando.

Cree tener muy buenos amigos, en el mas amplio sentido de la palabra, entre los que cuenta a Juan Carlos Rivas, Paco Pecho, Aguilera, Juan Antonio Bautista, Luis Casais, Pepa Coronil, la pintora alemán Jutta, Maribel, de la Comisaría, Isidoro Hidalgo (ex fiscal Jefe de la provincia de Cádiz), Carmen, de la Comisaría, Benjamín…   Es el presidente de la Peña Tecno-Cultural ‘Los Buscaos’, desde hace nueve años, entidad que se caracteriza por sus semanas culturales y actividades de índole recreativo y social.

 

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De izquierda a derecha: Salvador Navarro Marquina , Miguel Sibón Pantoja, Manuel Julbes Cuellar, Aurelio Sellés Nomdedeu, Juan Vargas (cantaor y propietario de la Venta de Vargas) y José Brea “Breíta”. Más a la derecha y al fondo está Rafael de Jerez (tocaor de guitarra).

Frente al número 7 de la calle Capillera -- mi casa--  conocida en aquel tiempo por ‘la Casa del Cabo Mulero’, tenía José Brea ‘Breíta’, una Gallera de pollos ingleses de peleas, que exportaba a Sudamérica. Este hombre, nacido en Cádiz, fue una enciclopedia viviente del flamenco; conocía todos  los cantes, bailes y artistas de este género. Era cuñado del insigne cantaor gaditano Manolo Vargas, contertulio de Agustín 'el Melu' en el gaditano Bar Andalucía y del bailaor Antonio Vargas, apodado ‘el Cojo Peroche’. De este simpático artista --se quejaba su cuñado ‘Breíta’--, cuando venía de Cádiz a El Puerto de visita, «ese día me quedaba sin habanos y sin whisky».

Era la calle Capillera una calle con mucho ambiente, junto a mi casa había una tonelería de dos socios: ‘El Torero’ y Agustín Álvarez, padre del que llegaría a ser alcalde comunista, Antonio Álvarez. En la esquina estaba la tienda de comestibles de Joselito ‘el Gallego’ que con el tiempo sería conocida como Bar Jamón y cuyo hijo Pepe Fernández ha levantado ese hermoso restaurante en la rotonda del Molino Platero.

Pero volviendo a esa gallera, en ella trabajaba un matrimonio de raza gitana, ‘la Jeroma’ y Curro Canales, gran entendedor en cuidar y poner a punto los pollos, para las peleas. Cuando tenían mucho trabajo venía Paco Gatica, persona conocedora en gallos de esta especie.

LOS FLAMENCOS DE ‘BREÍTA’.
Gran aficionado al flamenco y a los toros, 'Breíta' había sido novillero, por su casa pasaron: Antonio Ordoñez, Rafael Ortega, ‘Limeño’, Miguel Báez ‘Litri’, Juan Antonio Romero ‘Ciclón de Jerez’,  Manolo Caracol, Lola Flores, Pericón, ‘Beni de Cádiz’, ‘Paquera de Jerez’, Amor Rodríguez, Aurelio Sellés ‘el Tuerto’, Manolito Barrera ‘el Soldao’, Fernando ‘Terremoto’, ‘Sordera Jerez’, ‘Sernita , ‘La Perla de Cádiz’, Manuel Bermúdez Junquera ‘Anzonini’ (ver nótula núm. 524 en GdP), Manuel Parrilla, Fernando Gatica, Pepa Campos, Félix de Utrera y Roberto Iglesias, un buen guitarrista, portuense. /En la imagen de la izquierda, Manuel Bermúdez Junquera, 'Anzonini de El Puerto'.

Me comentó el guitarrista Félix de Utrera que cuando José ‘Breíta’ iba a Madrid, tenía asegurado dos meses de supervivencia, dada la cantidad de amistades y conocimientos que tenía en la capital, en aquellos años de los sesenta que fueron también muy duros. Le agradezco a José Brea, al que yo considero amigo,  la extensa  información  y datos que aportó al flamenco. (Texto: Antonio Cristo Ruiz).

 

 

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Sobre el artículo “La crisis de 1905 en El Puerto” publicado en 1989 en La revista de historia de El Puerto en su núm. 3, y cuya autora es la Licenciada en Historia Doña Isabel Pérez Sánchez, hemos realizado una breve reseña que creemos hartamente clarificadora del comportamiento del ser humano ante situaciones parecidas que se repiten. Nuestro agradecimiento más considerado por su trabajo de investigación.

 El Puerto de Santa María comienza el siglo XX envuelto en una profunda crisis económica, que, además, se manifiesta acompañada de una no menos profunda crisis social. Esta situación crítica viene determinada por varias causas y adquiere verdadero carácter de calamidad en 1905, año catastrófico para la agricultura, donde una prolongada sequía paralizó prácticamente todos los trabajos agrícolas. La falta de trabajo y el hambre se adueñaron de los trabajadores de nuestra ciudad.

Sin embargo, la crisis no estuvo limitada a El Puerto. En toda Andalucía adquirió proporciones igualmente alarmantes, y no sólo fue ésta la región afectada, sino que se extendió prácticamente por todo el país.

Como se podía leer en El Sudor del Obrero “…raro es el día que no hay manifestaciones de obreros en todos o casi todos los pueblos de España, pidiendo pan y trabajo.” El hambre fue tema preferente durante varios meses en la prensa de todos los matices. En El Puerto tanto la Revista Portuense como El Sudor del Obrero trataron el tema con gran profusión, los titulares “Crisis obrera” y “Crisis local” se repetían continuamente.

En este primer decenio del siglo XX la situación inestable de la clase trabajadora fue una triste realidad en nuestra ciudad que supuso un elevado coste social, siendo aún mayor en lo referido al ámbito agrícola, donde sus principales manifestaciones fueron: una fuerte emigración, unas condiciones infrahumanas de vida y trabajo, paro endémico, hambre y miseria… La población jornalera sufría la acción combinada del paro, por un lado y los bajos salarios por otro, y, como consecuencia una lastimosa vida llena de carencias durante todo el año. Además, esa falta de trabajo afectó también a otros sectores obreros, como el de los albañiles o el de los arrumbadores, que se las veían y se las deseaban para buscar un jornal, y lo mismo acudían a la Casa del Pueblo a por pan que se recorrían las valladas en busca de un guiso de caracoles. El poder adquisitivo de una familia jornalera era muy bajo, apenas se podían cubrir sus gastos con los emolumentos de su trabajo, el que lo tuviera. Además en esa época nos encontramos con un encarecimiento sustancioso de los alimentos básicos, motivo por el cual se llevaron a cabo numerosas peticiones para reducir los precios de las subsistencias. Tanto el PSOE como la UGT dirigieron una fuerte campaña nacional para conseguir el abaratamiento de estos productos, organizándose múltiples actos y mítines de protesta.

La carestía de vida se convirtió en centro de continuas críticas. No se concebía, como en un pueblo, que como El Puerto producía prácticamente de todo, la vida fuese más cara que en ningún otro sitio. Por poner un ejemplo, la diferencia en precios entre nuestra ciudad y la capital de España ascendía al 53,17%, tomando como referencia las necesidades de una familia obrera de cuatro miembros. Desde la prensa de izquierdas se llega a afirmar que la crisis “no radica en la atmósfera, sino en el corazón del capital por seguir un sistema a todas luces contrario a los tiempos que corremos”.

Los trabajadores se solían concentrar en la Plaza de Peral ante el Ayuntamiento y, en comisión, solicitaban entrevistas con el Alcalde y los concejales para intentar buscar soluciones al problema. Éstas serían las mismas que las adoptadas con anterioridad en situaciones similares. Por una parte el “socorro del pan”, que consistía en repartir entre los trabajadores parados 1 kilo o ½ kilo, según se tratara de casados o solteros. Y por otra parte se gestionaban las posibles obras públicas que se pudiesen llevar a cabo para dar trabajo a tantísimas personas desocupadas. Igualmente se llegó al acuerdo de abrir una suscripción particular entre los contribuyentes a fin de que éstos cooperasen en la medida de sus posibilidades, en el pago de los gastos ocasionados por el reparto del pan.

Tanto “el reparto de la boba”, como llamaban los obreros al socorro del pan, como las citadas suscripciones fueron medidas duramente criticadas por la Agrupación Socialista y las Sociedades Obreras de la ciudad. Unos y otros intentaron concienciar a los obreros lo denigrante que resultaba mendigar el pan a la puerta del Ayuntamiento, haciéndoles ver que la clase trabajadora no debía rebajarse de esa forma, ya que a través del asociacionismo se tenía el arma más útil para hacer valer sus derechos.

Todo esto ocurrió en nuestra ciudad hace poco más de cien años. ¿Por qué será que nos suena tanto? ¿Tan poco hemos aprendido en este último siglo de vida? (Texto: Manolo Morillo).


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Hace 95 años, con motivo de las fiestas de la Coronación de la patrona de la Ciudad,  que lo sería al día siguiente por el Cardenal Almaraz, se celebraba el 7 de septiembre la inauguración del Hospital San Juan de Dios, cuya fábrica y equipamiento fue sufragada por Micaela Aramburu Vda. de Moreno de Mora, en la calle del nombre de la primera.

Publicidad de la Revista Portuense el día 7 de septiembre de 1916.

El Ayuntamiento, asistió con el alcalde al frente, Ramón Varela Campos y los concejales Ernesto S. Piury Dagnino, Emeterio Martínez, José Ramírez. Los ex alcaldes Manuel García de Valdeavellano y Joaquín Ruiz López. Los diputados provinciales Javier Jiménez y José Luis de la Cuesta Aldaz. El Vicecónsul de Inglaterra, Roberto Pitman, el ingeniero municipal Juan Gavala y los médicos Francisco Muñoz Seca y Plácido Navas, éste último director del centro hospitalario, entre múltiples representaciones civiles y religiosas.

Poco después de las 3 de la tarde llegaba el Ayuntamiento bajo mazas procedente de la Casa Consistorial, que descansaron en la iglesia, donde descansan restos de hijos ilustres de El Puerto o asentados en él, tal y como figuran en las lápidas que se encuentran en el templo de San Juan de Dios: Juan Vizarrón Aranibar (+1691), Juan Bautista Whintuhisen Gallo (+1751), Ignacio Vizarrón Valdivieso (+1779), Francisco Buadila Arribaja (+1785), entre otras lápidas de yacentes. La campana de la iglesia se llama ‘San Mateo’ y la que hay en el patio principal del edificio, ‘Ntra. Sra. de los Dolores’, siendo la primera construida en la Carraca el año 1771.  /En la imagen de la izquierda, el Cardenal Almaraz.

El edificio y sus modernas instalaciones para la época, estaba repleto de visitantes que ese día conocían de primera mano el centro asistencial. A las 4 de la tarde llegaban al edificio el Cardenal Enrique Almaraz Santos, arzobispo de Sevilla (durante un tiempo la calle de la Zarza llevó su nombre) y el Obispo de Fessea (Marruecos) Monseñor Ferrera, organizándose la comitiva para la bendición del establecimiento. Después se descubrió la lápida conmemorativa en la fachada principal con la siguiente inscripción, que aún permanece:

«La inagotable caridad de la ilustre bienhechora gaditana Excma. señora doña Micaela Aramburu, de Moreno de Mora, le inspiró la sublime idea de reconstruir a sus expensas este Hospital. El Excmo. Ayuntamiento de 1916 mandó grabar esta lápida como recuerdo de la gratitud que esta Ciudad debe a tan eminente dama».

El alcalde, Ramón Varela, flanqueado por los maceros municipales, descubriendo la placa conmemorativa.

El alcalde, Ramón Varela Campos (que ejerció este cargo entre enero de 1916 y junio de 1917) puso de manifiesto la grandiosidad de la obra y el agradecimiento que El Puerto sentía por la ilustre dama, terminando con un ¡Viva! a la caritativa bienhechora gaditana, que fue contestado con el entusiasmo de los presentes.

A la inauguración del acto asistieron, procedentes de Cádiz, María Luisa Gómez Aramburu viuda de Picardo, Aurora Gómez Aramburu, de Abarzuza, Elena Gómez Aramburu Martínez del Cerro y Mercedes Santaolalla, de Gómez de Aramburu.

Nuestro agradecimiento a José Ignacio Buhigas y Vicente González Lechuga.

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Francis Gómez Real es de los nacidos en 1970. Al año siguiente su familia abre el Bar La Herrería, conocido también con anterioridad como ‘La Herradura’ y ‘La Draga’, en homenaje a los vinos de las Bodegas Obregón, cuyo vino fino embotellado lleva el nombre de esta conocida embarcación conocidas de todos en el río Guadalete. Por los años cuarenta fue tienda de ultramarinos con trastienda propiedad de los hermanos Vieytes, junto al bar ‘El Antiguo Dragón’.

Francis se implicó en la hostelería desde que tenía pantalones cortos: ayudaba a su padre durante los fines de semana y durante los veranos con apenas 14 años. Cinco años después se incorpora con el equipo de profesionales que siempre había llevado el establecimiento de hostelería: su madre, Isabel Real Sánchez, su tío Pepe García Girón y su primo Gabriel Real Morón, al fallecer su padre.

Nuestro personaje estaba estudiando electrónica; de hecho sus compañeros estudiaron carreras relacionadas con esta rama profesional quienes acabaron, mayoritariamente, en la recientemente desaparecida empresa filial de Ford: Visteón. Francis quiso ir a la Universidad para continuar los estudios, pero su padre, Francisco Gómez Mateos, sabedor de la enfermedad que tenía, lo quiso quitar del colegio para que se hiciera cargo junto a la familia, de las responsabilidades profesionales futuras que se le avecinaban.

Brascada de mechada con piquillos y mermelada de cebolla, una de las tres tapas con las que participa en la XVI Ruta de la Tapa. También ofrece en dicha ruta Albóndigas de merluza con salsa de ortiguilla y Bocadito de pavía de merluza con crema de langosta.

INNOVACIÓN Y TRADICIÓN.
Francis empezó a estudiar cocina hace dos años; de hecho continúa siguiendo los cursos respaldados por la famosa ‘Taberna del Alabardero’, perteneciente al Grupo Lezama, del cura del mismo apellido Y continúa innovando a la vez que mantiene, con su madre quien se encuentra inmersa en proceso de jubilación, la cocina tradicional de El Puerto: pescaíto frito, mariscos, ortiguillas y ahora con creaciones propias como las ya famosa ‘brascadas’: ‘brascada de solomillo, mechada y payoyo’ o la brascada de mechada y piquillos con mermelada de cebolla’ con la que participa en la XVI Ruta de la Tapa (son típicas en la Comunidad Valenciana y pueden encontrarse, también, en el madrileño restaurante José Luis). Innovando, está trabajando el atún mechado.

Habas con chocos y verduritas. Espectacular.

LOS VIERNES, GUISOS MARINEROS.
Las últimas cinco semanas Francis está ofreciendo los viernes un guiso marinero. Empezó con chipirones encebollados, luego vinieron las habas con chocos y verduritas, el cazón a la roteña, el menudo de chocos y el pasado viernes repitió con las habas de chocos y verduritas que estaban, sencillamente, espectaculares, de lo que damos fe y certificamos tras una moderada ingesta. Totalmente recomendable.

Mañana nos sorprenderá con garbanzos con bacalao.

Más información de La Herrería/La Draga, nótula 700 en GdP.

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Manolo Figueroa, retratado delante del Mercado de Abastos en 2004.

Manuel Figueroa Rueda, nació en 1918 perteneciente a una familia con una larga raigambre en nuestra Ciudad, por mas de 10 generaciones. Muy conocido en los ambientes taurinos y cofrades, fue un trabajador incansable para sacar adelante a una familia muy prolífica con 12 hijos. Fue herido en la Guerra, que le cogió con 18 años y le dejó metralla en el cuerpo. Tenía los pies curtidos de trabajar en las Salinas, en la Fábrica de Harina, arrumbador en Bodegas Terry… y por afición o por religiosidad popular, arrimaba a su casa unas pesetas como capataz de pasos de Semana Santa cuando las cuadrillas de costaleros se ganaban un jornal llevando la carga de los pasos, entre copa y chicotá, por las calles de El Puerto.

Pero su afición estaba en el planeta de los toros. De todo hizo en la Plaza Real, responsable de la cuadra de caballos, aunque especialmente prestó sus servicios auxiliares ‘con la camisa roja’, como monosabio ayudando y socorriendo a los picadores o varilargueros, llegando a pertenecer a las cuadras de caballos de Belmonte, Romualdo y José Almodóvar y también a la de Antonio Peña. Colaboró con muchas figuras del toreo que pasaron por la Plaza, entre ellas el mítico Manuel Rodríguez ‘Manolete’. Preocupado por ‘sus’ caballos, llegó a pasar noches con ellos para no dejarlos solos o si alguno andaba enfermo. /En la imagen de la izquierda, estudio que hizo Arturo Michelena del monosabio para su pintura 'La Vara Rota'.

En el año 2000, la Tertulia Taurina ‘La Garrocha’ le tributó un mas que justo homenaje por su dilatada labor,  en el mundo del toro, setenta años ligado a la Plaza, donde su sabiduría de años, su intuición, y sus consejos eran bien recibidos de cuantos participaban en la Fiesta. En aquel homenaje el veterinario Antonio Ruiz le dedicó entre otras, estas cariñosas palabras: «Y gracias al final Manolo, de ‘Jardinero’ tordo vinoso, por aguantar a su lado cuando la vida se le escapaba durante cuatro días y cuatro noches de vela, insomnio y vigilia cuando Guardiola traicionero, de astas certeras y afiladas, le echó las tripas afuera. Nunca olvidaré la expresión de tu cara quebrada por el dolor y las lágrimas de los ojos agotados, cuando al final ‘Jardinero’ se te fue para siempre. Y gracias Don Manuel, de cinco generaciones de afición a los toros, porque sin ti la grandeza y emoción de la suerte de picar en esta Real Plaza, ya no será igual». /Junto al cronista taurino Manolo Herrera, de 'En el Albero'. 

 Manolo nos dejó con 84 años, el 18 octubre de 2002. Muchos recordamos su figura con su gorra y su puro. Previamente a su sepelio, la comitiva fúnebre pisó, con el féretro a hombros, el albero de la Real Plaza, en póstumo homenaje.

Manolo Figueroa, flanqueado por dos picadores, Guillermo Rosales y Romualdo Almodóvar el día de su homenaje celebrado en Bodegas Osborne.

Su nieto, Jesús Ramírez Figueroa, portuense en la diáspora y director de una boutique de lujo en Londres, en la zona de Mayfair recuerda que «Mi abuelo era un porteño cabal, de los pies a la cabeza y reconocido en El Puerto por muchas cosas. De herencia no nos dejó ni una gorda, pero la sabiduría taurina, de nuestra Semana Santa, de trabajar a destajo, … era herencia vale mas para mí que todas las gordas y perras chicas que pueda cualquiera juntar. Recuerdo un caballo de las cuadras de Sevilla de nombre ‘Fregená’ con el que perdía el sentío; era un percheron cruzado de al menos 400 kilos con un pecho como un armario empotrado, pero tan dócil como un borrego. De muy chico me llevaba a La Burra (ver nótula núm. 489 en GdP) y entre aroma de puro habano, Ponche Caballero, coñac y vino porteño, yo absorbía la cultura de El Puerto».  El nieto de Figueroa, además de hablar castellano, inglés, griego, francés, portugués e italiano y defenderse en árabe, intenta con todo su afán conservar y defender el habla de El Puerto que practica siempre que puede.

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José Contreras López, ‘Ochele’, nació el 6 de marzo de 1926 en la calle de la Arena, segundo hijo del matrimonio formado por José Contreras y Milagros; fueron sus hermanas Dolores, que hoy tiene 88 años, Milagros, José y Concepción así que se crió entre todas las mujeres. Su padre era encargado en una explotación agrícola de los Terry en la carretera de Fuenterrabía.

1926
El año de 1926, año de nacimiento de Ochele, Rafael Alberti publicaba su libro ‘La Amante’,  relato poético de un viaje en automóvil; Hipolito Sancho y Rafael Barris, publicaban su obra ‘El Puerto de Santa María en el Descubrimiento de América’; Pedro Muñoz Seca tiene un año muy prolífico, publica ‘Poca Cosa es un hombre’, ‘La Cabalgata de los Reyes’, ‘El espanto de Toledo’, La novela de Rosario’, María Fernández’, ‘El sonámbulo’, ‘Seguidilla Gitana’ y ‘La señorita Ángeles’. En 1926 existían en El Puerto, en los Jesuitas, las congregaciones religiosas de la Inmaculada, San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka. En marzo se bendice la imagen del Cristo yacente perteneciente de la Hermandad de la Soledad; su autor, Juan Bottaro Palmer hizo una transformación de la imagen de crucificado a yacente. Nacen el zapatero Miguel Morales Augusto y el sacerdote Pepe Carmé Ramírez.

Fotografía en el colegio de Bellas Artes, antiguo Convento de Santo Domingo, poco antes de la Guerra Civil, en la etapa final de la Segunda Republica. El maestro de escuela don Salvador Adame Castro en el centro de la fotografía con todos sus alumnos: Salmerón, los hermanos Arniz, Gabriel Cuevas Flores, Carrasco de la Bandera, los hermanos Villarrubia, Luis Gago García, los hermanos Valiente… y los 23 seleccionados por el destino: Francisco Domínguez Ramos, Enrique Gago García, Francisco Ramírez Bermúdez, Benítez, José Contreras López, Contreras, José Molina Benítez, José Zerola, Sánchez, Benjamin Lora Atalaya, Guerrero, Rafael Sevilla López, José Buhigas Guilloto, Cobo, Chaparro, Antonio Domínguez Ramos, Antonio Gallardo Carvia, Esteban Caamaño Bernal, José Camacho Velazquez, Manuel Lora Atalaya, Cordero, Francisco Gutiérrez de Celis y Manuel Fernández. En la fila cuarta, de izquierda derecha, el niño cuarto con boina es Atienza, quien falleciera en la División Azul. En la fila de abajo, de izquierda a derecha, el penúltimo, flanqueado por Chaparro y Enrique Gago García, es Manuel Carrillo Lucero, con nótula en GdP.

De pequeño, Ochele --sobrenombre por el que también era conocido su padre-- estudió en el Colegio de Bellas Artes, situado en el antiguo Convento de Santo Domingo --hoy Instituto-- hasta que, con 13 años se salió para ayudar a su padre en las tareas del campo, continuando su formación por las noches, recibiendo clases particulares del Teniente de la Guardia Civil Juan de Miguel, en la casa donde hoy vive el abogado y colaborador de estas páginas Luis Suárez Ávila. Luego vendría el servicio militar que haría en la Base Aérea de La Parra donde tuvo, entre otros compañeros, al también porteño Eduardo Zamorano Lechuga. /En la imagen de la izquierda, Ochele el 13 de agosto de 1946, en el Servicio Militar en la Base Aérea de la Parra.

De izquierda a derecha, Ochele con guardapolvo y sombrero blancos, Joaquín, el Calé, Pedrusco, Fernando González Rivera, el de arriba desconocido, Ariza, Panete,  y Milagros la mujer de el Calé. Abajo con el palo Bartolo y desconocido, en la Plaza

LA RECOVA.
Con 27 años, en 1953 entrará a trabajar en el Mercado de Abastos con la Recova, primero en la nave de Pescado, donde tuvo de vecinos a Julio ‘el Pescadero’, ‘el Calé’, que vendía gandinga (mondongos o asaduras), y en frente a Juan Gago, hermano de Enrique Gago padre de los actuales dueños de el bar ‘El Pescaíto’. La recova, contrariamente a lo que se suele pensar, no comercia en exclusividad con pollos, gallinas y huevos y productos derivados de éstos, sino que también comprende la venta de pavos, conejos, cabritos y ovejas. Por 3.000 pesetas de 1953 consiguió un puesto de Gandiga que el adaptó para la venta de la Recova que compró a Miguel y, con la ayuda de Miguel Ortega quien le cedió la cámara para almacenar el género empezó con la aventura de emprendedor. /Ochele, a la derecha de la imagen, delante del Bar Vicente.

DIFÍCILES COMIENZOS.
Pero los comienzos fueron malos pues al principio de instalarse en la Plaza su mujer, Isabel Áspera Ganaza (con quien ha tenido tres hijos, los tres maestros: José Luis, Milagros y Miguel Angel) enfermó gravemente y estuvo mas de cuarenta días convaleciente en el Hospital de Mora de una grave enfermedad. Nuestro protagonista iba a diario a Cádiz en el Vapor; y eso que se mareaba, pero en aquellos días le desapareció el mareo como por ensalmo. Recuerda Ochele que el farmacéutico José Antonio Fernández-Prada le fiaba  los medicamentos, llegando a alcanzar el débito las 15.000 pesetas de la época, y le decía: «--Ochele, tranquilo, primero hay que curarla, luego ya vendrá cumplir con los pagos». Y Ochele, cuando se curó, cumplió. «--Tenía entonces más trampas que un pajarero, pero hice frente a mis compromisos y, felizmente, salimos adelante». Fue pagando escalonadamente y, de la bicicleta Ginzo pasó a una motocicleta Somato y de ahí a su primer coche, un Simca 1000, matrícula CA-504111. /En la imagen de la izquierda, Ochele en el puesto de la Plaza en 1972, atendiendo a una familia alemana.

El eslogan de la Recova de Ochele.

ALGO TIENE
El tiempo pasaba, el puesto de Ochele cambiaba de ubicación y pasaba a la parte de las carnes. La plaza se modernizaba y las vitrinas llegaban a Mercado de Abastos. Recuerda a un veterinario muy exigente, Don Bartolomé, pero necesario para garantizar el buen estado de los alimentos que se exponían a la venta, con quien tuvo una relación muy cordial, pero cada uno en su sitio. A lo largo del desempeño de su labor profesional hizo grandes amistades con todo el mundo, tiene don de gentes y ha sabido atender a abuelas, madres, hijas y nietas con el mismo agrado y todavía le buscan y saludan cuando lo encuentran a su paso. Ochele se jubiló con 66 años, en 1992 cediéndole el puesto a su amigo Juan Manuel Barrero Marchena, (con nótula núm. 244 en GdP), a quien estuvo ayudando algunos años mas durante los fines de semana. Ochele tiene en su poder varios reconocimientos como de la ATA (Asociación de Trabajadores Autónomos) y la Asociación de Comerciantes ‘Puerto Centro’.

Ochele en el puesto de la Plaza, cuando el kilo de pollo costaba 72 pesetas.

PROVEEDOR AL POR MAYOR.
Ochele fue proveedor de establecimientos de hostelería al por mayor, entres estos el Cangrejo Rojo, el Club El Buzo en Vistahermosa y el Hotel Puertobahía. En estos sitios dio con buena gente y otra no tanto. Recuerda, aunque prefiere olvidarlo, a un cocinero de Lebrija que trabajó en uno de estos establecimientos que le exigía una comisión por servir los pollos. Ante la negativa de Ochele, éste le dijo «--Que poco vas a durar aquí»; tras diversas jugarretas por parte del citado cocinero, la dirección del establecimiento zanjó la complicada situación que se producía, conociendo la probidad de nuestro protagonista, poniendo al lebrijano de patitas en la carretera, momento que aprovechó Ochele para recordarle lo poco que él iba a durar en aquel trabajo. Y es que Ochele siempre se negó a dejar comisiones a los compradores, dado lo ajustado de los precios de las aves. En cierta ocasión un marinero que avituallaba un barco de pesca, ante la exigencia de pagarle la comisión, amenazó con irse a otro puesto donde si le atendían su demanda: «--Yo puedo invitarte de mi sueldo a unas cervezas, pero del dinero de la empresa no te voy a pagar comisión alguna», invitándolo a irse a la competencia.

Reunión de antiguos alumnos del Colegio de Bellas Artes en Abril de 1984. Más información en la nótula num. 259 en GdP. Ochele está en la fila superior, a la derecha, junto a Benjamín Lora.

Ochele vivió en la calle San Juan desde que se casó en la casa de imprenta Prado;  allí conoció los primeros pasos del torero José Luis Galloso que era vecino y después, en propiedad en la vivienda que construyó en frente en el número 27 de la misma calle, donde en la planta baja se encuentra la Peña Madridista, anteriormente la Peña Galloso, antes una casa de muebles y al principio un pequeño supermercado.

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En un inocente ejercicio de política ficción, si los portuenses mañana se liaran la manta a la cabeza y, emulando al cantonalismo decimonónico, se proclamaran nación independiente, El Puerto ocuparía el puesto 183 en población y 191 en extensión de la clasificación mundial. Sería más grande que 17 países independientes y colonias del mundo y tendría más población que 31 naciones y territorios.

En esta “microgeografía” abundan los pararisos fiscales y muchos vecinos estarían encantados con la idea, haciendo la competencia a Andorra y Gibraltar, dos cercanos ejemplos de estos edenes del “duty free”, la evasión de divisas y el cartón piedra empresarial. En extensión, el término municipal portuense, con 159,4 kilómetros cuadrados, es casi similar al del principado centroeuropeo de Liechtenstein, cuna de Tatiana, frustada pretendiente del príncipe Felipe. En población con un enorme ascenso en el último quinquenio alcanzando los 88.000 habitantes, El Puerto está parejo con las índicas Seychelles, uno de los destinos más pujantes para las lunas de miel.

Los micropaises en general, o son reductos de la Historia o archipiélagos casi perdidos. En Europa encontramos San Marino, que fundaron unos eremitas en siglo IV; Andorra, superviviente feudal; o Mónaco, recuerdo de los enclaves piratas mediterráneos. El anacronismo colonial de Gibraltar lo tenemos presente los españoles. En Asia sólo se registra la colonia lusa de Macao, que pasó a China. El resto, en África, América y Oceanía, en la “microgeografía” se hallan simpáticos archipiélagos como las Marshall o las Marianas, de origen colonial español tomadas por Estados Unidos y Alemania en el siglo XIX, o islas que salpican al mapa como Naurú, todo un fortín de fosfatos, o la volcánica Montserrat. /En la imagen de la izquierda, Pendón de El Puerto de Santa María, reverso, que, propiedad de Don Guillermo Tirry, Marqués de la Cañada,  enarboló  a caballo, en las fiestas que se celebraron en esta Ciudad con motivo de la proclamación del Rey Fernando VI. Esta cara del pendón repite, en las cuatro esquinas, bordado, el escudo de El Puerto. El anverso tiene las Armas de la corona de España completas. Este pendón se quemó en el incendio que hubo en el palacio del Marqués de la Cañada en Madrid.

La independencia tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes en materia de defensa, representación diplomática o administración monetaria, que suponen un alto coste. Por eso, en 1955, los habitantes de las Islas Bermudas mediante referéndum rechazaron separarse de Gran Bretaña. Lo del estratégico islote de Pitcairn tiene su gracia, la Commonwealth británica lo tiene “catalogado” pomposamente como colonia, cuando alberga a 50 ciudadanos perdidos en el Pacífico.

1,4 PORTUENSES.
De cada 100.000 habitantes en el mundo, 1,4 son portuenses. Si distribuyéramos equitativamente en estadios como el Bernabéu la población mundial, cerca de 6.000 millones de almas, 21.000 espectadores serán chinos, 16.000 hindúes, y 760 españolaes, con un atestimonial representación de El Puerto. En el último censo la ciudad registra un total de 88.203 habitantes, repartidos casi por igual, entre hombre y mujeres, con un ligerísimo predominio de las féminas. La densidad del término municipal es de 454,57 habitantes por kilómetro cuadrado, que quintuplica la media española.


PAISES Y COLONIAS MAS PEQUEÑOS QUE EL PUERTO.
Lichtenstein (Europa) 159,9 Km² (sólo cinco hectáreas más grande). Islas Vírgenes Británicas (RU) (América) 152 km². Santa Elena (RU) (Africa) 121 Km². Islas Caimán (RU) (Am) 120  Km². Montserrat (RU) (Am) 102 Km². Anguila (Am) 96 Km². República de San Marino (Eu). Bermudas (RU) /Am) 53 Km². Niue (NZ) (Oceanía) 30Km². Tuvalu (Oc) 26 Km². Naurú (oc) 21 Km². Macao (P) (Asia) 16,9 Km². Tokelau (NZ) (Oceanía) 10,2 Km². Gibraltar (RU) (Eu) 6 Km². Pitcairn (RU) (Oc) 4,7 Km². Mónaco (Eu) 1,2 Km². Ciudad del Vaticano (Eu) 0,44 Km²


PAÍSES Y COLONIAS MENOS POBLADAS QUE EL PUERTO.
Rastreando la “microgeografía”, El Puerto tiene más habitantes que 31 países y colonias del orbe mundial. En Europa: Andorra 58.000 habitantes. Islas Feroe (D) 47.000. Gibraltar (RU) 31.000. Liechstenstein 28.000. Mónaco 27.000. San Marino 23.000. Vaticano 1.100. En África: Seychelles 70.000. Santa Elena (RU) 7.500. En América: Aruba (H) 62.000. Bermudas (RU) 60.000. Groenlandia (D) 57.000. San Cristóbal  y Nevis 42.000. Islas Caimán (RU) 29.000. Islas Vírgenes Británicas (RU) 17.000. Turcas y Caicos (RU) 13.000. Montserrat (RU) 11.000. Anguila 8.000. San Pedro y Miguelón (F) 6.000. Malvinas(RU) 2.000. En Oceanía: Samoa Americana (EU) 50.000. Islas Marshall 49.000. Marianas 47.000. Cook (NZ) 17.000. Palaos(EU) 16.000. Wallis y Futuna (F) 14.000. Tuvalu 12.000. Naurú 10.000. Niue (NZ) 2.000. Tokelau (NZ) 2.000. Pitcairn (RU) 50.

Pero, a fin de cuentas, esto sólo ha sido una suposición geográfica. El Puerto, con más de 700 años de fidelidad castellana, se siente orgulloso y feliz de ser andaluz y español. Aunque, a quién no le gustaría ver jugar la Liga de Campeones al Rácing Portuense. (Texto: Francisco Andrés Gallardo).

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Excelentemente dotado para el metro y la retórica, José Luis Tejada es poeta de un amor desarbolado y carnal, correlato de tormentas psíquicas y desgarrones existenciales. El clasicismo del verso endecasílabo (Lope al fondo) se combina con el popularismo del octosílabo, aflamencado y de raíz andalusí (al fondo Alberti). Ambas tendencias se conjuntan en la obra de un autor proteico, versátil, de varios tonos y diversas máscaras, en quien la poesía queda prendida en los encajes de un manierismo de asombrosa realización técnica. (B.V. Miguel de Cervantes).

José Luis Tejada (El Puerto de Santa María, 1927-Cádiz, 1988) tuvo una aparición relativamente tardía, pues publicó su primer libro en 1962: Para andar conmigo (Homenaje a Lope de Vega).

Claro que el propio poeta advierte al inicio del mismo que "casi todos estos poemas, cuya sujeción a los metros y temas tradicionales el autor juzga hoy excesiva, fueron escritos entre 1945 y 1955".

Lope de Vega le brindaba alguna de sus máscaras para poetizar sobre esto o aquello, pero también el metro -Tejada demuestra ser un excepcional sonetista- y la retórica, aunque en según qué casos los motivos poetizados pudieran cuestionar el procedimiento elegido: en el poema "Receta para rellenar sonetos", o en "Pide el poeta perdón por tanta rima", avisa contra los peligros de una actitud mimética y neoclasicista a la que se había él abrazado.

Cinco años después de la publicación de ese primer libro, dio a las prensas Razón de ser (1967), una prueba de fuego para un escritor que había fiado todo al admirable artificio urdido a la sombra de los clásicos. El nuevo libro no descuidaba este aspecto -hay en él excelentes sonetos-, pero asomaba el verso libre, esta vez para dar curso a pasiones desarboladas y tormentas psíquicas que conectaban con la poesía tremendista de los años cuarenta, en poemas que por lo común bandeaban entre la sustancia amorosa y la expresión del desarraigo existencial. El poeta, que había velado sus armas en la tradición literaria, incorporaba en ese momento una tópica amorosa de carácter erótico, pasional y sensual hasta donde no es frecuente en la poesía de su tiempo. La compulsión de los cuerpos, los estertores expresivos y la zozobra erótica arrancaban de cuajo el poema de los encajes manieristas de su primer libro.

José Luis Tejada volvió decididamente a los sonetos en El cadáver del alba (1968), cuya primera parte es un compendio de situaciones amorosas donde el poeta alcanza una de sus cimas artísticas, toda vez que encuentra la mayor naturalidad en la estructura de ese soneto que para otros autores es una cárcel de la que no logran salir estéticamente indemnes.

En el libro, el amor pierde alguna vez el empaque de pasión desaforada, y agacha la cerviz para adaptarse a los humildes requerimientos de la vida de todos los días: una suerte de cotidianeísmo en que la grisura del mundo referido va de la mano de una alta intensidad expresiva.

Su siguiente libro, Prosa española (1977), sorprende por diversos conceptos, el primero de todos su adscripción, externa al menos, a la poesía social. Resulta curioso que su publicación se produjera en un momento en que se estaba asentando la democracia en España, y, desaparecida la censura, los testimonios sociales ya no necesitaban canalizarse a través de la poesía. Si su primer volumen planteaba la guerra contra la corriente comunicativa entonces dominante, ahora parecía que el autor se asimilaba a ella, a efectos al menos retóricos ya que no siempre temáticos, cuando se había cancelado su tiempo histórico. He aquí los contrapuestos márgenes a que es expulsado el poeta desde la centralidad de la poesía dominante: formalista neoclásico cuando estaba vigente la poesía social, poeta "social" (sólo o con preferencia en el lenguaje) cuando la poesía social ya había periclitado. Ello no era óbice, sin embargo, para que, utilizando el decir popularista que tantas veces le sirve de cauce expresivo, volviera a arremeter contra la identificación de la poesía -el canto- con la proclama insurgente. Si excluimos el territorio del lenguaje (comunicativo, transitivo, alejado de ensimismamientos), el tono del libro parece encubrir vacilaciones de lo que llamaríamos el lugar del sujeto, como lo muestra el ocasional repudio de los temas sociales y del decir "colectivo" ("un madrigal colectivo / no sirve de madrigal").

Del río de mi olvido (1978) constituye una muestra de la entonación folclórica, de raíz popularista y albertiana, a la busca del núcleo de lo flamenco que ocuparía el aprendizaje del autor.

El conjunto que presentaba era, en realidad, anterior en la escritura a su primer libro, y bien podría considerarse como una manifestación de su prehistoria poética: útil sobre todo para registrar el proceso de aprendizaje, así como el de fusión entre lo heredado y lo adquirido.

Un último volumen exento -recopilaciones antológicas al margen- puede considerarse como el testamento poético del autor: Aprendiz de amante (1986).

José Luis Tejada es un poeta del amor, motivo éste al que se supeditan todos los otros. Pero frente a lo que sucedía en su primer libro, donde la tradición barroca era omnipresente, aquí el autor consigue poner la tradición al servicio de unas orientaciones temáticas propias. Abre así un amplio abanico de subtemas eróticos y de las respectivas actitudes psíquicas adecuadas a los mismos, entre las que predomina la simbiosis entre el amor, por lado, y la maceración y el desgaste existencial, por otro. Nos enfrentamos aquí a un amor menos literaturizado que en otras ocasiones, vinculado a los avatares de una determinada biografía, y que estilísticamente incorpora señales de una desvertebración lingüística extraña a los libros anteriores del poeta. Los poemas de expresión violenta y de quevediano desgarrón afectivo llaman la atención en razón de los inicios manieristas del poeta, pero los hay también acomodados a los efectos de la edad con la consiguiente declinación vital, en una hermosa actualización del ubi sunt? aplicado al envejecimiento de la amada.

Cuidemos este son (1997) se publicó años después de su muerte y responde a una vindicación de lo flamenco. Como sucediera con su admirado y estudiado Rafael Alberti, Tejada fue un poeta que osciló entre vertientes estéticas contrapuestas: la hiperculta (basada en el endecasílabo), por un lado, la neopopularista (basada en el octasílabo), por otro. Esta última es la que predomina aquí. El libro en cuestión cierra la imagen de un poeta versátil, irregular, retóricamente muy bien dotado, cuya voz quiso amoldarse a las pautas de una tradición poderosa, estrictamente literaria o de carácter oral, en la que nunca deja de escucharse, empero, lo singular de su timbre. (Texto: Ángel L. Prieto de Paula).

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Ángel Lara ha editado una tirada limitada a 100 carpetas con 3 reproducciones de obras del artista portuense, numeradas y firmadas por el autor. La temática no puede estar mas de actualidad: una imagen del Castillito, en la playa de La Puntilla y dos del Vapor, una de ellas del cartel que anunció su reciente exposición en el Club Náutico. Precisamente de dicha exposición es la presentación que hicimos del pintor y que reproducimos a continuación.

EXPOSICIÓN VERANO 2011.
«A Ángel Lara lo conocía de referencias, por la amistad que tenían su padre y el mío. Admiré de siempre a Angelito –como le gustaba llamarlo a su padre— porque sabía comunicar muchas cosas con líneas, formas y colores. A Ángel lo que le gusta, lo que sabe hacer, de lo que vive, es de la ejecución  de esas líneas, formas y colores. No frecuentábamos los mismos ambientes pero en la distancia esa admiración crecía. Tuve el atrevimiento de acercarme a él con motivo de su cartel anunciador de la Feria de Primavera del pasado año, y ahí empecé a confirmar lo que ya imaginaba. Descubrí secretos de su obra, su pensamiento, su forma de entender la vida cuando accedió a ser inmortalizado en el lienzo efímero de Internet, a través de la web Gente del Puerto. Tuve ocasión de bucear en su obra, en unos casos lienzos y tablas, en otros fotografías y descubrí a un entusiasta amante de esta ciudad muchas veces ingrata. Ahí está la primera de las claves de su esencia de pintor: El Puerto.

 

Los interesados en la carpeta pueden obtenerla llamando a los teléfonos 669324546 o 606842363, o bien en el correo electrónico: pintorangellara@gmail.com

Decía su padre, que Dios iba repartiendo bolitas al azar sobre los hombres, con diferentes dones, talentos y habilidades. Y al que le tocaba le tocaba. A Angelito, le tocó la bolita del arte, del arte de los pinceles, de ser pintor. Sería en la casa del ‘pintor de la luz’ –del que poco pudo aprender por estar cumpliendo éste con sus compromisos profesionales en el extranjero—donde desde pequeño, empezó a sentirse embriagado por los olores de los óleos, aceites, disolventes, telas encoladas y maderas nobles que sirvieron para que muchas obras de su progenitor hayan pasado a la historia de la pintura no solo de El Puerto. Como él, gusta de enviar cartas manuscritas donde no se leen palabras, se perciben sentimientos muy profundos. Y como él, posiblemente se marche de El Puerto una temporada a mostrar su arte fuera del territorio patrio. Ahí tienen pues la segunda de las claves de este pintor: su padre.

Tengo la suerte, poco cultivada la verdad, de ser vecino en horario de trabajo de nuestro protagonista. En la plaza del Castillo, la ventana de mi despacho da frente por frente al balcón de su estudio. De por medio, la plaza y a un lado el edificio mas antiguo que se conserva en El Puerto: el Castillo. Desde una Casa de Cargadores a Indias construida en 1660, la de Aranibar, puedo divisar sin gafas ni anteojos el balcón siempre abierto de su sala de pintura. Instalado en la primera planta de una casa de vecinos más típica no la hay, Angelito se inspira, a veces con incienso, otras con un amontillado de la tierra y las más con el espíritu que impregna la historia vivida en esa Plaza, desde que El Puerto lo fundara como tal Alfonso X el Sabio hace 730 años. La tercera clave de su oficio, no me cabe la menor duda, es su gran sensibilidad.

Y quizás ese sea el rasgo más característico de la personalidad de nuestro pintor: la sensibilidad. Tiene una capacidad como muy pocos para percibir cosas que nos están negadas al común de los mortales. Hablar con él cuando está a gusto es escuchar a un poeta –y eso que él afirma que solo sabe pintar--.  Angelito escucha los colores como si fueran sinfonías y luego los plasma en un lienzo. Le habla a las paletas para que se organicen, se transformen en  una mezcla ordenada de colores y lugares de El Puerto. Los colores le hablan de tu, le conocen como si él fuera uno más de la caja de acrílicos. Siente el sabor punzante y acre de la arena cuando pinta algún rincón de la playa de la Muralla. Percibe el frío de las aguas del canal, cuando recrea la desembocadura del Guadalete y sabe pintarlo como lo siente, con la piel en carne de gallina. Tiembla cuando reproduce algún rincón de El Puerto porque está congelando, pincelada a pincelada, capa a capa, color tras color, una nueva dimensión cuántica en el espacio tiempo de nuestra Ciudad. Su mujer, su compañera vital, María José sabe de lo que hablo. 

Ángel Lara y José María Morillo, durante la presentación de la exposición en el Club Náutico de este verano, a cuyo acto pertenecen estas líneas.

Mientras, yo he recibido el don de poder emocionarme con Ángel y me apena que muchos paisanos o turistas accidentales no hayan visto aún lo que se pierden al no contemplar, ayudar, organizar o comprar alguna de sus creaciones, momentos llenos de vida de El Puerto. Aunque es una pena breve, fácilmente solucionable porque, a partir de esta noche, porteños y quienes nos visitan tienen la oportunidad de beneficiarse del bálsamo para el espíritu que supone su obra. Enhorabuena Ángel». (Texto: José María Morillo).

Más información de Ángel Lara en GdP.
615. Ángel Lara. El pintor figurativo.
753. Ángel Lara expone en el centro.

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