Extracto del No Pregón de la Fiesta de los Patios, pronunciado por Manolo Morillo en la Bodega San José, el 26 de marzo de 2009, en los inicios de la primavera.
Extract from the Non-Opening Speech of the Patio Festival, read out by Manolo Morillo in the San José Bodega, on 26th of March 2009, at the start of Springtime.
Estamos esta noche en la Pensión Triana, pensión situada en el corazón del Barrio Alto de El Puerto, en la calle Cruz de la Espartera del Molino s/n, de la cual soy, mejor dicho, somos, junto con mi buen amigo Benjy Montoya unos humildes acogedores de huéspedes, que nos hemos escapado de las ondas de la Cadena SER para compartir con la audiencia en vivo y en directo, un acontecimiento que cada vez se hace más imprescindible en el calendario de fiestas de nuestra ciudad, como es la Fiesta de los Patios portuenses.
Tonight we are at the Triana Guesthouse, located right in the heart of the Barrio Alto neighbourhood of El Puerto, in calle Cruz de la Espartera del Molino. I am, or should I say, we are, my good friend Benjy Montoya and I, two humble hosts who have escaped the waves of Cadena SER (radio station) to share live with the audience, an event which is becoming more and more important in the town’s calendar of festivities: the El Puerto Patio Festival.
¿Quién no recuerda las canciones de rueda y los juegos que durante siglos, han impregnado de sonidos angelicales las paredes de nuestros patios.? Patios de vecinos familiares, de cocinas compartidas y olor a guiso, de charlas a la fresquita, de miradas furtivas, de olores a yerbabuena, de besos robados a la luz de la luna… En nuestros patios ya no se repían los trompos, no se juega a la piola ni se salta a la pared. Le refieres a un chiquillo que le vas a dar un espolique, y te pregunta cuánta memoria RAM consume el artilugio. ¿Cómo, adónde, seguir la huella de los juegos, de infancias repetidas y repartidas en otros tiempos en los patios portuenses? ¿Dónde están el escondite, la gallina ciega, la pata coja, el pinto, pinto gorgorito, el columpio, el aro, la cuerda, los juegos de prendas, las charadas…?

Los niños que hicieron corros y cantaron canciones tradicionales en el No Pregón.
La radio siempre ha estado muy presente en los patios andaluces, en los patios portuenses. Quien tuviera un receptor de radio aseguraba las tertulias matutinas y vespertinas. En nuestra ciudad, Radio Puerto Emisora del Instituto Laboral, cubrió más que dignamente, con las dedicatorias de discos a parejas de enamorados, a los niños por sus cumpleaños, a los enfermos en su espera de cura, un espacio difícil de olvidar. Los grandes artistas del momento se daban a conocer a través de las ondas hertzianas: Caracol, Juanita Reina, Antonio Molina, Lola Flores, Marifé y tantos y tantos otros, que con sus coplas ayudaban a mitigar espiritualmente las carencias vitales de una generación marcada por la despiadada contienda fratricida entre hermanos.
Sirvan estos recuerdos en el tiempo y esta escena que ahora contemplamos, la de las malleras, que muchos portuenses hemos visto y vivido en los patios y casapuertas de nuestras casas, como pequeño homenaje a las mujeres que aportaban unas pesetas a la maltrecha situación económica de muchísimas familias porteñas. Y sobre todo, a aquella Penélope bodeguera que tejía mallas de seda junto a la Milagros y la Pepa, en una humilde casa de vecinos de la calle San Juan, y que hoy se ven aquí representadas por María y Milagros Mesa y Soledad Peña. (Con nótula propia en Gente del Puerto, precisamente hablando sobre las mallas).

María y Milagros Mesa y Soledad Peña, tejieron mallas de Brandy Centenario Terry durante la celebración de todo el pregón.
Esta noche vamos a tener la oportunidad desde la PENSIÓN TRIANA, de escuchar una voz que les sorprenderá por su frescura, de contemplar en este estudio improvisado la belleza de una porteña, que lleva en su mochila según palabras de su mentor Luis Suárez, la tradición de siete siglos en los romances corridos, en las bulerías de ‘Papagayos, ruiseñores”…, que ya cantaba Melibea en La Celestina, en las nanas de la adúltera, en las soleares de su tatarabuela, en las siguiriyas de su bisabuelo ‘Luis el Viejo del Cepillo’, en los tangos de la Catalina que circulaban en la tradición del año 1562, en las gilianas de su tía abuela ‘Jeroma la del Planchero’, en las tonás de su familia fragüera…
Estoy hablándoles señoras y señores, de ‘Soledad la del Cepillo’, que nos va a deleitar con unas nanas extraídas de la cadena de trasmisión oral de sus ancestros, y divulgada de boca a oreja en los patios y zaguanes de nuestro pueblo . Los patios portuenses, lugares de encuentros y reuniones, auténticos vergeles, pequeños espacios ideales para el descanso, el diálogo y el sosiego reconfortante en torno a la belleza de la arquitectura tradicional, los aromas y los cantos nacidos de las gargantas de sus gentes, como Soledad, Soledad ‘La del Cepillo’. (En la fotografía, Soledad la del Cepillo, con nótula propia en Gente del Puerto, interpretando una nana).
Un amigo, un buen amigo, mi amigo Enrique Bartolomé, enamorado de El Puerto donde los haya, me sugirió un día que subiera a la azotea de la casa de mis padres en la calle San Juan y contara lo que veía desde allí, porque las azoteas, en alguna medida son la prolongación de los patios a cielo abierto. Así lo hice y así lo hago. Apresuradamente mi imaginación y mi cuerpo se elevan desde este patio cuajado de geranios en el que me encuentro, a una de las azoteas de la Calle San Juan arriba, mi azotea de siempre, la de mi infancia, la azotea de mi casa.

Desde esta privilegiada atalaya, que me eleva por encima del transcurrir diario, me permito adivinar en la distancia un montón de imágenes que se acumulan detrás de mi retina: veo la Playa de la Puntilla, y los espigones que la están amenazando; veo Puerto Sherry a medio construir o a medio derruir, que ya no se sabe; veo las dos Valdelagranas, la cementera, donde se agolpan las construcciones a lo largo y a lo ancho, y la verde y marismeña que aún conserva lo que siempre fue; veo también lo que queda de la costa oeste, para entendernos: Vistahermosa, El águila, Las redes, La Inmaculada, El Manantial o Fuentebravía, que por cierto queda bien poco. Y veo La Iglesia Mayor Prioral, y El Castillo de San Marcos y el Guadalete. Y también las Torres-Vigías, que como permanentes fareros otean el horizonte, cada vez menos nítido de nuestra ciudad.

No veo, sin embargo, la Playa del Aculadero, ni las casetas de la Puntilla, ni el Palacio de Purullena, ni los Baños Termales, ni la Belleza, ni la Vega de los Pérez, ni la Plaza de Peral. Ni siquiera la nostálgica Cuesta del Chorizo, camino de Jerez. Como tampoco veo la sierra de San Cristóbal limpia de construcciones, como la veía antes. Desde las alturas de esta azotea, desde esta posición privilegiada del Barrio Alto portuense seguiré no obstante soñando con volver a ver las sendas de los camaleones, las salinas, los cientos de barcos pesqueros atracados en el Guadalete, y ¿por qué no? a los rederos que tradicionalmente ocupaban los patios de las Casas de Cargadores a Indias faenando con su arte las artes de pesca.

Los hermanos Patino, durante su exhibición en el escenario, al fondo las malleras, mientras sonaba la ‘Canción de los pescadores pobres de Cádiz’ con letra de Rafael Alberti y música y voz de Rosa León
Hijos de la mar de Cádiz,
nuestras casas son las olas.
Somos los pobres del mar,
de ayer y ahora…
El Puerto, encrucijada de calles con solera reconocida entre los más longevos del lugar, con casas y patios de color calamocha y blanco que van desde Santa Fe hasta la Zarza, y desde Meleros hasta la Aurora, está que se sale del mapamundi, está como nunca, como siempre ha estado, o mejor, como siempre ha querido estar. Su gente, su auditorio multirracial de días sin luna, desprende rayos de pimiento rojo ligeramente picante y de sabor pronunciado y dulce, el espelette. Sus patios arrebujaos de hortensias, geranios y jazmines, juegan con el olor al guiso marinero de Luisa, con la conversación clarividente del maestro barbero Rafael y echan de menos las permanentes de Teresa la peluquera.

Julieta, la colombiana de cálidos rasgos y sonrisa tenue, no sabe cantar las canciones populares que Muñoli, el patriarcal e incansable profesor, tararea para sus adentros entre dos fogatas de madera vieja que esperan ansiosas a la chiquillería del callejón que ya no es. Úrsula, la viuda de Ferrer el camarero, anima la fiesta de los patios tocando palmas con fruición desde el trono de enea que le han arrimado las vecinas. Se anima el cotarro por momentos al son de la guitarra que el mandamás de la calle maneja como nadie y del pandero de Martín –el Labordeta de El Puerto-, que serán inmortalizados con la foto fija de nuestro Cuellar particular, Nani, entrañable naniparatodo y para todos.
Las tapas, el vino fino y las tortillas de camarones se deshacen en la boca al comerlas, pasan de casa en casa, de mano en mano, como testigos mudos que gritan a quien quiera oírles, que la caridad se vende cara en este barrio donde el egoísmo y la indiferencia no tienen cabida entre iguales. La niña que juega con el muñeco negro, desnudo, en la casapuerta, escucha como su madre trasiega con un catre de quita y pon para el cuñao de la vecina que viene a pasar la fiesta en familia, con primos y hermanos, con vecinos y amigos... Y Sole y Luis con las puertas abiertas de “Los Patios”, su apuesta de vida del callejón que ya no es, enseñan al mundo a través del ciberespacio la sabiduría de los habitantes de una calle, Espelete, enseña y modelo de un barrio con los redaños suficientes para seguir estando vivo.
Ese Puerto olvidado al que tan sólo se recurre cada cuatro años, todavía no está muerto del todo, alguno que no sabe ya que chaqueta ponerse, merodea y se mimetiza con su gente, y su falsa sonrisa con la que engañó a otros, no logra asustar a las matriarcas de los callejones.
La especulación no tiene sitio porque los patios de mi barrio, que no es otro que El Puerto, han abierto sus cancelas de par en par para que la cultura popular, nacida del pueblo y para el pueblo, salga a las casapuertas y se palpen los latidos de la sangre caliente que aún fluye, llena de sinsabores y malos ratos, por las venas de su calles. La “Fiesta de Los Patios” es el quejío de los que casi nunca tienen voz, es la reivindicación pura y dura de una manera de ser, de una manera de vivir que la gran mayoría de portuenses no queremos que desparezca.
La cultura del parcheo para acallar bocas, debe desaparecer de quienes manejan esos menesteres en nuestra ciudad. Con un poquito de pudor que tengan, que no aparezcan más por nuestras casas de toda la vida. Nuestros nobles edificios, por muy humildes que sean, no merecen semejantes huéspedes de fortuna. Ellos saben quiénes son, y nosotros también. La gente de mi barrio, El Puerto, no entiende que se les esté echando de sus casas a la puñetera calle, se les desarraigue de sus raíces, y que las caliches de sus paredes inunden los despachos oficiales a espuertas, en lugar de ser rehabilitadas y puestas en valor.

De todas formas nuestra sabiduría, nuestro saber estar porteño, terminará siempre muy por encima de los que ya no se acuerdan de donde salieron y dónde están ahora. El tiempo los pondrá en su sitio. Mi barrio, ese que algunos pretenden manejar de por vida, aunque débil tiene unas ganas de vivir inmensas, y con iniciativas como la de la Asociación Cultural “Amigos de los Patios Portuenses” estoy seguro no habrá mindundi que lo hunda.
Traigan canastos de rosas tempranas
que vayan hilvanando los patios,
con campanillas y campanas.


MUERTE DE ANTONIO.
La parroquia se pudo inaugurar el 29 de agosto de 1970. Inmediatamente las actividades sociales y pastorales se multiplicaron: organizó los cursos del PPO, el Centro social parroquial, AFANAS, el Círculo de Estudios, el Club de Fútbol San Marcos, las Cooperativas de viviendas, la Guardería social para 125 niños en el patio de la parroquia, la Banda de cornetas y tambores, el Grupo de Majorettes, la Hermandad de la Borriquita y un largo etcétera que sería prolijo enumerar. (En la fotografía, en la celebración de la Virgen del Carmen de 1967, a la izquierda Francisco Martín García; en el centro, pescador almeriense, 'el Rubio' y don Ramón. Ambos eran tripulantes del pesquero 'Magdalena Isabel' del armador Francisco Pineda Rosello, padre de María del Carmen Pineda Martí, Camarista mayor de la Virgen del Carmen durante la década de los años 60 y 70 y Miguel Pineda Marti, armador del Pascual Baldo con nótula propia en gente del Puerto.).
LOS RECONOCIMIENTOS.
El eco de su muerte se extendió por toda la ciudad como un reguero de pólvora. La Cofradía de pescadores y el sector pesquero quedó impactado por la noticia y acudieron a la parroquia para darle el último adios. El Consistorio decretó una jornada de luto por la pérdida de uno de sus hijos adoptivos más queridos. Las banderas del Consistorio y las de la Cofradía de Pescadores ondearon a media asta en señal de duelo. Los feligreses de la parroquia se volcaron con su párroco en el funeral y misa de "corpore insepulto". El obispo de la diócesis, don Juan del Río, el obispo emérito, don Rafael Bellido, y el presbiterio diocesano en pleno, así como muchos sacerdotes de Sevilla y otros puntos de España, vinieron a concelebrar la misa por su alma y rendirle el último homenaje.





UN HOMBRE BUENO
"Ramón Eduardo González Montaño fueron sus nombres y apellidos completos. Nació el 31 de agosto de 1934, en una casa de la calle Ancha del pueblo sevillano de Estepa, frente a la torre de la Victoria. Era la torre de la iglesia del convento de los mínimos o victorios. La misma Orden monacal que existía en el Monasterio de la Victoria de El Puerto.
En septiembre de 1946, Ramón decide marchar al Seminario Menor de la Archidiócesis de Sevilla en Sanlúcar de Barrameda. Hacía seis años que había terminado la Guerra Civil, y uno, la II Guerra Mundial. El fantasma de la hambruna aún no había desaparecido. La II Guerra Mundial terminó el año 1945. Ramón se distinguió entre los mejores estudiantes, como lo atestigua su certificado de estudios, extendido por la Secretaría del Seminario, con la nota media de Notable. (En la fotografía de la izquierda, el Seminario Menor de Sanlúcar de Barrameda).

ANTONIO, SU HERMANO.
AMBOS EN EL PUERTO.

«En el ocaso del siglo XIX, el vino de Jerez más bebido en casa y tertulias era el tipo “Oloroso” --para los británicos “Golden”-- que se acostumbraba a tomar más como aperitivo sin tapas al mediodía y después de la cena. Era el “Sherry” que se servía en las películas de época cuando alguien pedía un “Jerez” sin otro apelativo. Dicen los más ancianos del lugar que un buen caldo de carne acompañado de unas gotas de “Oloroso” era capaz de resucitar a un muerto. Ni los ingleses habían inventado el “Cream” -que no es otra cosa que el famoso “torito” de nuestra tierra- ni a nadie se le había ocurrido esa cursilería de “consomé al Jerez”. (En la imagen, etiqueta actual de 'Manzanilla Maruja'. Colección J.M.M.)
Cuando el siglo XX comienza su andadura, se inicia el cambio de gusto hacia algo más ligero y capaz de ser ingurgitado en notables cantidades, retando la entrada en estado de catalepsia. Eran los tiempos de los ventorrillos, los tablaos, el buen cante, las fiestas nocturnas que veían la salida del sol al compás de bulerías, fandangos, alegrías ... Es la entrada por la puerta grande del mundo de la juerga de un vino de Sanlúcar de Barrameda con nombre de mujer: la “Manzanilla”. Aun no tenían vigencia por estos alrededores más que dos Ferias, las de Sevilla y Jerez. Su consumo llegó a alcanzar tal notoriedad que incluso vieron la vida las primeras cañas, varillo alargado de gordo cristal, estrecho de boca, que en número de nueve se traían a las mesas, ocupando el cañero que ha llegado hasta nuestros días. (En la ilustración, obra de Muñoz Cebrián, se observa el medallón alegórico al nuevo Vino 'Fino' que lanzaría la Bodega Terry, alternándolo con la -ora 'Manzanilla', ora ''Solera Fina Olorosa, ora 'Fino Maruja'--, inspirando en el personaje de García Lorca, 'el Camborio'.. Colección de F.G.)
Don Fernando A. de Terry y Carrera entra también, como era lógico por su carácter emprendedor, en el terreno de juego e intenta en honor de una de sus hijas el registro de “María” para su “Manzanilla”. El Registro de Marcas y Patentes que en la primera década del siglo dirige el Vizconde de Eza (los títulos nobiliarios empiezan a caciquear) niega su inscripción por estar ya registrada para galletas esa misma palabra: “María”. Se insiste con un sinónimo y he aquí que abre sus vírgenes ojos una moza compuesta y destinada a una larga vida. Se llamó y se llama “Maruja”. (Ilustración: Galleta 'María').
El folleto publicitario señalaba que la música era de “La Chaparrita” y la letra de José Hernández Andino, representante de Terry en Badajoz La solera de “Maruja” --hasta casi 1954-- se rociaba todos los años con una importante partida que se adquiría a Barbadillo, de Sanlúcar. A medidados de los cicuenta pasa de moda la “Manzanilla” y después de un ligero predominio del “Amontillado¡ salta del banquillo de reservas el vino “Fino”. Esto es cosa de los tiempos actuales.» M.G.G.



«El Excmo. Ayuntamiento de El Puerto de Santa María ha venido prestando a la ciudad y a su término municipal el servicio de agua potable, contando para ello con los medios necesarios para el desempeño de tan fundamental función. La forma de prestación ha sido diversa en el tiempo, siendo razones de oportunidad, en cada momento, y siguiendo los cauces legales, las que han aconsejado la adopción del sistema más adecuado. La organización del servicio de abastecimiento de agua por gestión directa con órgano especial, data de 1953, en que se suministraba el agua desde los Pozos Municipales de La Piedad. En 1958 se incorporó El Puerto de Santa María al Plan de abastecimiento conjunto a la Bahía y zonas limítrofes denominado "Abastecimiento a la Zona Gaditana" en el que la captación, depuración y conducción hasta las ciudades es gestionada por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, quedando la distribución a cargo de cada ciudad. Capta el agua en el embalse de Los Hurones, la depura en Cuartillos, la almacena y regula en San Cristóbal y en La Belleza y pasa a la red municipal donde se hace cargo de ella el Servicio. A partir del 4 de Abril del año 1966, por Orden del Ministerio de la Gobernación, quedó municipalizado el Servicio de Abastecimiento de Aguas, prestándose mediante Órgano Especial de Gestión. Posteriormente el Pleno del Excmo. Ayuntamiento, el 27 de Diciembre de 1974, acordó alterar la forma de prestación suprimiendo el Órgano Especial de Gestión y adoptando la modalidad de gestión directa sin órgano especial, autorizado por el citado Ministerio de la Gobernación el 25 de Agosto de 1975. Durante este periodo el Servicio de Aguas ha estado muy escasamente dotado de medios y de personal y como consecuencia de ello estaban en manos de terceros aspectos importantes como la lectura, liquidación y cobro de recibos.
El auge de la Ciudad en los años 80, puesto de manifiesto en un aumento considerable de la población y en la transformación de la ciudad en zona turística de primera magnitud, crea nuevas necesidades que difícilmente tienen solución con la forma de gestión del Servicio Municipalizado de Aguas, precisando el Excmo. Ayuntamiento dar una mayor agilidad a la gestión para afrontar con éxito la nueva situación. Simultáneamente, la Comisaría de Aguas del Guadalquivir se dirigió al Ayuntamiento exigiendo el cumplimiento de un Decreto Ministerial de aquellas fechas que obligaba a los productores de vertidos, incluso los municipios, a depurarlos. A tal fin se redactó un Plan de Saneamiento Integral que preveía la ejecución de colectores y depuradoras en un plazo de diez años. La Comisaría de Aguas, al aprobar este plan, recomendó la creación de algún órgano de gestión independiente del Ayuntamiento que fuera capaz de gestionar estas obras. Con motivo de todo ello, la Comisión Informativa de Aguas acuerda nombrar una Comisión Especial, el 30 de Septiembre de 1981, que pusiera en marcha los estudios precisos para independizar el servicio, mediante la creación de una sociedad anónima, al amparo de lo dispuesto en la Ley de Régimen Local. El Pleno de la Corporación, el 5 de Marzo de 1982, aprobó la conversión del Servicio municipalizado de Aguas en Empresa municipal de índole privada con carácter de sociedad anónima. El 24 de Septiembre de 1983 mediante la firma de Escrituras se constituyó la Empresa Municipal de Aguas, con el nombre de Aguas del Puerto, Empresa Municipal, S.A. en anagrama APEMSA, de conformidad con la Resolución del Ministerio de Administración Territorial de fecha 11 de Mayo de 1983». "La obra de la fuente" de Jesús M. González Beltrán. 1989.
«Antonio Izquierdo Herrera, “el Baba’, apodo de ascendencia paterna, nace hace 75 años en el número 16 de la calle Postigo, en pleno Barrio Alto, hijo de Juan y Rosario, conocida como “Primita”. Tuvieron ocho hijos, de los cuales Antonio, ‘el Baba’ es el segundo y mayor de los varones. La hermana de Antonio, Pepa, ya fallecida, era la madre de la pequeña Carmen Marín Izquierdo que el día de 13 de febrero de 1963, a la edad de 8 años fallecía como consecuencia del
PERSONAJE DEL PUEBLO, PERSONAJE DEL PUERTO.
CHATARRA Y CARTONES.
LAS NIÑAS MALAS.
INCIDENTE EN CASA JOSELITO.
ESCALANDO LA PLAZA DE TOROS.
Aconteció que por la insensatez de algunos ‘simpáticos’ Antonio, ‘el Baba’ fue alentado para tocar las posaderas de una señora, que por cierto era la esposa de un personaje de cierta relevancia, la del Comandante de la Policía Local, Manuel López Romero, excaballero legionario que hizo que ‘El Baba’ diera con sus huesos en el Manicomio de Cádiz. ¡Tres meses en un manicomio! Incluso peor que el Penal del Puerto. Los peores momentos de su vida. Milagros Leiva, hija de Antonio Leiva, el del
EL VÍNCULO CON LOS CALERO


Mi padre, Pedro Serrano Tey, aprendiz de sastre, llegó incluso a cortar chaquetas muy bien, tonelero, reconocido y respetado encargado de arrumbadores de las Bodegas de José de la Cuesta, me enseñó algo muy importante, mientras desde su altura, mi padre medía exactamente igual que yo 182cm, un gigante para los malos tiempos que le tocó vivir con su padre en el Penal por republicano y una gran familia, siempre sonreía y siempre trabajaba y me decía, cogidito de mi manita. Era el más pequeño, si bien 10 años después nacería mi hermana Begoña. --»Jesusmari hijo, siempre estás enfermo, eres débil: estudia.» (En la fotografía, Pedro Serrano Tey).


Así eran los bañeros y así eran los Tey, que aparte de ello tenían sus profesiones: José Luis y Manuel finísimos ebanistas, Ramón arrumbador de Bodegas José del Cuvillo y, mi padre de José de la Cuesta, hoy Grupo Caballero. Mi abuelo Ramón, capataz de la Bodega del Gavilán. Así se se escribe la historia de las personas sencillas que pasan por el mundo dejando una sombra fresca, esa brisa que tanto gusta en El Puerto, ese frescor que aquí llamamos “viento foreño”, la producen mujeres y hombres honrados y cabales que lo han dado todo sin exigir nunca nada." Jesús María Serrano. (En la fotografía, propiedad del autor, aparece éste con su hermana Begoña y su madre).
Fernando Durán Rey es hijo del Cuerpo. De la Guardia Civil. Nació en Cádiz en 1952 y, diez años después a su padre lo destinan a Tarifa --aquellas vistas del Estrecho y Tánger al fondo--, donde se va a vivir dos años hasta que, a la edad de trece se vienen a vivir a El Puerto un domingo de enero de 1965. Conserva un pedazo de cada sitio donde ha vivido. Con 45 años en El Puerto, Fernando asegura que «me siento de donde al abrir una ventana me encuentro a gusto. Llegaron con el camión de las mudanzas, de Viuda de Requejo. Fernando recuerda la primera impresión que se llevó de la Ciudad al leer en la Avda. de la Estación (antiguo Camino de Urda), el letrero que anuncia en una de las antiguas bodegas de Terry reconvertidas hoy en viviendas, que El Puerto es “Cabeza de Partido Judicial”, algo que no entendía con aquella edad. Vinieron a El Puerto por seis meses y aquí redescubre otro tramo de mar Atlántico -encerrado en la Bahía- desde el acantilado de Fuerte Ciudad, donde se encontraba el Cuartel de la Guardia Civil al que es destinado su padre, en principio para seis meses. «Allí supe que yo quería morirme en El Puerto», afirma.
Los olores de aquel lugar: retama, arena, mar y otros, entre los que se encuentra una planta que huele a regaliz y que él pone en los “Nacimientos” (lantana o “meao de gato”), quedaron fijados en su memoria olfativa.




FERNANDO Y EL PERIODISMO.
LA HISTORIA DE UN TRANSGRESOR.
Fernando lo deja claro: «Yo empecé a transgredir en 1978, cuando no se podía ser un transgresor. Le eché genio a la vida con 27 años, cuando me hago dueño de mí. Mi madre no se pudo equivocar pariéndome, y yo me esfuerzo por gustar» y abunda: «Me han hecho ser un transgresor, pero tengo un desdoble de personalidad controlado», habla este Fernando convertido en una especie de Juan Luis “Sabio Tarifa”, que bien pudiera, a pesar de su timidez no aparente, interpretar monólogos ante pequeños auditorios que, sin lugar a dudas, se le entregan. Y lo mismo puede contar verdades que mentiras, interpretándose a si mismo o reinterpretando a su personaje. Eso si, no entiende el Carnaval en la calle: «Me agobian las masas». (En la fotografía, a caballo de regreso del Rocío).











Esta Peña nace a finales de los años cincuenta del siglo pasado, unida a la época de cuando los jugadores del RC Portuense se hospedaban en la 

Con respecto a los trabajos portuarios del abuelo paterno, podemos señalar que hubo una epoca en la otra margen del río en la que existía el transporte portuario por buques: Graneles liquidos, mercancias... Entonces el río se dragaba constantemente... y permitía que los barcos de mayor calado pudieran entrar por el Guadalete. Llegaban en un principio a descargar frente al muelle del Vaporcito y posteriormente en las instalaciones llamadas portuarias, tambien en la otra banda, margen izquierda, donde en la actualidad ha quedado como zona de atraque de barcos para desguazar. Nos referimos a la que está situada frente al Paseo José Luis Tejada en La Puntilla que llegan hasta el espigón de Levante en la margen izquierda: La Otra Banda.
Antes de vestir la camiseta verdiblanca, dio sus primeros pasos en el equipo de Los Frailes, donde aún le recuerdan con gran afecto, en Los Barrios y en el colegio Safa San Luis. Fue en 1997 cuando inicio su aventura sevillana. Los primeros momentos no fueron fáciles, ya que tuvo que acostumbrarse a la dura disciplina de los entrenamientos al ajetreo diario de los desplazamientos. Su padre deportivo fue Fernando Vázquez, que le hizo debutar en Segunda. Fue el día 3 de septiembre de 2000 en el Multiusos de San Lázaro en Santiago de Compostela. Ese mismo año el Betis logró el ascenso y la carrera de Joaquín comenzó a subir como la espuma. Velocidad, regate, descaro…Joaquín ofrecía una serie de virtudes en extinción ante el encorsetamiento colectivo al que sometían por entonces la mayoría de entrenadores a sus equipos y muchos equipos grandes se fijaron en él -Real Madrid, Barcelona, Chelsea, Juventus, Inter…- También lo hizo José Antonio Camacho, que le dio un papel relevante en la selección española. El 13 de febrero de 2002 llevó por primera vez la indumentaria de la selección en un enfrentamiento amistoso contra Portugal en el estadio de Montjuic. (Joaquín, con el equipo del Betis, dando una media verónica).

"El portuense tiene también una peña bética en Sanlúcar y afirmó sentirse "bético" al tiempo que aseguró que "algún día, no muy lejano, me gustaría volver al Betis". También tuvo tiempo de hablar de la selección española, comentando que es algo que siempre lo contempla. "De momento, me lo tomo con mucha tranquilidad. Hay mucho nivel en la selección, hay muy buenos futbolistas y es complicado, pero creo que puedo tener opciones de volver", dijo, añadiendo que si vuelve "sería como debutar de nuevo con la selección. De momento, trabajo duro en mi club para que llegue ese día". (Diario de Cádiz). En la fotografía, Joaquín, en el altar mayor de la Iglesia Mayor Prioral el día de su matrimonio eclesiástico. (Foto: Fito Carreto). En el cuadro siguiente, podemos ver las estadísticas de Joaquín desde que milita en la Liga Profesional de Fútbol y, en el siguiente, los equipos donde ha jugado.


El cartel publicitario de los productos de Alfonso & Antonio Sancho, nos habla del Amontillado SI y la Manzanilla J e, igualmente hacen referencia a las afamadas viñas de su propiedad “El Caribe” y “La Peña”. Otros productos de esta casa eran: el Amontillado Quijote el Amontillado Solera Majestad, y los Finos Caribe y El Abuelo, el Oloroso Único (especial para enfermos) el Tres Cortados Hércules, el Moscatel Fontanal, Jerez Quina Víncitor y el Digestivo Pax. La bodega estaba situada donde hoy se encuentra Bodegas 501. Alfonso Sancho Mateos, fue uno de los precursores del Consejo Regulador de los vinos del Marco de Jerez y ferviente luchador para que los vinos de El Puerto se incluyeran en dicha denominación de origen. Dejamos para otra ocasión, acaso de la mano de su bisnieto por parte de padre, el Prof. Dr. Bernardo Rodríguez Caparrini, una nótula mejor documentada sobre la vida y obra de este porteño insigne.
«Alfonso Sancho Mateos era el hijo primogénito de Antonio Sancho Díez de Alda-Sopranis (1824-1903) y de María Antonia Mateos Valdés (1835-1899), naturales ambos de El Puerto de Santa María. Alfonso fue lo que podríamos llamar “un portuense no nacido en El Puerto”, pues tanto él como su hermana Josefa, tres años menor, nacieron en la cercana ciudad de Jerez de la Frontera, mientras que sus otro nueve hermanos (siete hembras y dos varones) vinieron a el mundo en El Puerto de Santa María». Del libro «Alfonso Sancho Mateos: los primeros años formativos de un bodeguero (1858-1879)» de Bernardo Rodríguez Caparrini. Biblioteca de Temas Portuenses.