
José Gómez Barrera -Joselete- y su hijo José Luis continúan al frente de “La Lucha”, o lo que queda de ella. Como si en la batalla del tiempo el duelo hubiera quedado en tablas, la mitad de este legendario establecimiento local permanece abierto desde 1897 -el Estanco-, mientras que el Bar cerró hace ahora 10 años. Carmen Barrera Terrada, la madre de José y Manolín
-jugador del Rácing- dejó dispuesto antes de su fallecimiento que cada hermano se haría cargo de uno de los negocios instalado en los bajos de lo que fue, primero, el edificio de la Real Fábrica de Aguardientes y Licores, y luego Casa de la Aduana. Manolín no supo continuar con el Bar La Lucha y ahí está el espacio vacío y desaparecido su interior (dos intentos de manos extrañas no han conseguido reflotarlo como negocio de hostelería). En la fotografía, Carmen Barrera Tejada.
José, en activo desde el Estanco, no quiere hablar de aquello, pero por su cabeza pasan tantas historias vividas en La Lucha... Recordaba que D. Juan Botaro, el humanista que vivió en El Puerto tantos años, era cliente diario de la casa. E incluso oyó contar un suceso del que se hicieron eco la Revista Portuense y Diario de Cádiz, allá por 1929. (Ilustración: antigua propaganda de cigarrillos 'Ideales').

EL CRIMEN DEL SABONÉS.
Estamos en 1929. Francisco García Rico, Paco “el Sabonés”, era armador de una flota de 23 barcos. Era un hombre que tenía un concepto bastante peculiar de la vida. Acaso pudiera gastar mas de lo que tuviera y viviera de forma extravagante, aunque -en 1888- se le recuerda en los periódicos por haber salvado a una mujer que quiso ahogarse, tirándose al Guadalete o incluso que en una reyerta hirió a un paisano, según los datos que nos facilita el investigador Antonio Gutiérrez Ruiz. El caso es que el Sabonés creía que donde le arranchaban los barcos le estaban engañando -era en el Resbaladero-. Ya le habían quitado cinco barcos por no atender sus deudas, y el siguiente embargo por una trampa de 48.000 pesetas de la época, venía de camino. (Fotografía: El edificio de la Casa de la Aduana, donde se encontraba 'La Lucha', antes de construirse las viviendas de La Pescadería'. Centro Municipal de Patrimonio Histórico).

Pero Francisco García Rico, en un momento de enajenación mental, citó al dueño de «La Lucha», José Tomeu y al dueño del Resbaladero, Primo Díaz, en el despacho que tenía junto a “La Lucha”, con la promesa del pago. Cuando éstos entraron, primero vieron dos sobres -presumirían que era el pago a sus deudas- , llegaron hasta el fondo y see llevaron dos tiros a la barriga que les produjo el Sabonés con una escopeta, y éstos salieron a la calle, moribundos, aguantándose las tripas con las manos. El armador fue condenado a la cárcel por sendos asesinatos, pero las influencias de la época -su amistad con León de Carranza- consiguió que, con el tiempo, fuera al Penal solo a dormir. Acabada la condena murió en su casa, por un mal cuidado de las uñas de los pies -era diabético- que derivó en gangrena y su posterior fallecimiento. "(Fotografía: Muelle existente delante del edificio de la Casa de la Aduana, donde se encontraba 'La Lucha'. Centro Municipal de Patrimonio Histórico).

“Tras el trágico suceso” -escribe el historiador Enrique Pérez Fernández en su libro “Bares y Tabernas con Solera"- “reabrió el negocio Ezequiel Cortínez García, nacido en la aldea cántabra de Celis en 1896 y residente en El Puerto desde 1926. Debió de seguir los pasos de un familiar, Eusebio Rubín Cortínez, afincado aquí en 1878. en 1952 comenzó a trabajar con Ezequiel, Gonzalo Camacho, quien hoy sigue al frente de La Lucha”. Ezequiel se casaría con Carmen Barrera Tejada, quien aportaría dos hijos al matrimonio: José y Manuel. En la fotografía, de izquierda a derecha, niño desconocido, Eduardo, detrás del mostrador Carmen Barrera Terrada, Ezequiel Cortínez García y Jesús Nimo Real. Ignacio Pérez Garcés. Delante los niños José y Manuel Gómez Barrera. Detrás de Carmen, en una pizarra sobre las botas y a la vista de todos, aparece escrito a tiza una 'trampa', 'perrillo' o deuda de 'La Abuelita': 8490 y 1680 ¿pesetas de la época?. (Foto: Colección Vicente González Lechuga).

Veleros y redes en el Guadalete. (Foto Centro Municipal de Patrimonio Histórico).
Francisco Andrés Gallardo, escribió un interesante artículo para Diario de Cádiz el 22 de octubre de 1995; nadie sabía que el establecimiento cerraría tan solo tres años después: "Abierta desde 1897, “La Lucha” es una reliquia de la ciudad marinera que El Puerto fue. Castiza taberna que nos evoca “El Tatuaje” de Concha Piquer, siguen tomando su primer café de cada día, jugando a las cartas o bebiendo en su copa, los marineros en tierra y muchos jubilados que recuerdan sus travesías. Gonzalo Camacho, como desde hace 43 años, sigue despachando en la barra. En el saloncito lateral Manolo el Gallego se ha retirado a zafar con sus hombres; es el momento de ajustar cuentas de la última travesía.
El barco ha llegado lleno de carga en un puerto lleno de barcos. En la mesa, dos copas de fino C y tres de vino tinto de Nicanor de Cádiz, los billetes de mil con la efigie de Sorolla se reparten, a un lado se han dejado las colchonetas, preparadas para embarcar pronto. Eran otros tiempos para El Puerto y sus marineros.
Pero con el mismo sabor añejo permanece en la calle Pintor Veneroni (Pescadería, Plaza del Carmen) número 2, en el marco de la casa de la Aduana, el bar “La Lucha.
El grifo de cerveza, la inmensa nevera, la máquina tragaperras y el televisor en color han sido las únicas incorporaciones en los últimos años.
Carmen Barrera, viuda de Ezequiel Cortínez, sigue sentada, junto a una de las mesas, regentando el estanco que siempre ha estado en la taberna. Ya no hay “Peninsulares”, ni “Celtas” con estacas, de todas formas el sabor americano en la mayoría de los cartones palidece entre los estantes que rezuman marinería.
Una desnuda bombilla sigue iluminando la cocina que, aunque hace décadas que no sirve tapas, siempre estuvo presta para freír el pescado que algunos traían para compartir con los amigos. En sus tiempos, se ofrecían suculentos guisos.
Un desvencijado farol custodia la entrada, en el oscuro almacén reposan mercancías, los clásicos anaqueles exhiben, casi como museo arqueológico, botellas de amontillado “Basilio”, cream “Descarado” o quina “Cicerón”. Es el anteayer perviviendo hoy.
Detrás del mostrador, José Gómez Barrera, 'Joselete' y Gonzalo Camacho Bolaños, a quien todo el mundo llamaba Pepito y nadie Gonzalo. Quien aparece por fuera del mostrador,era Manuel de la Cruz Santilario, Jefe maitre del Restaurante "El Resbaladero". (Foto: Colección Vicente González Lechuga).
"Gonzalo Camacho sigue abriendo a las seis y media de la mañana. Con ponche o brandy y café -en la despensa todavía se guarda un rudimentario moledor-, en invierno el cuerpo lo agradece. Aunque cada vez haya menos marinenos, los incondicionales siguen acudiendo a un lugar que les devuelve la vida pasada y permite a todos evocar la ciudad marinera que El Puerto fue.
Las partidas de cartas siguen celebrándose desde muy temparao, al mus, la brisca o la ronda. Abarquilladas barajas de don Heraclio, con propaganda de Osborne, que pueden contar mil veladas ociosas de jubilados o marineros a la espera de zarpar.
En rincones de la barra todavía se vislumbra la presencia de “Morriño”, el tío Agustín, “el Manga” o Jaime Roselló. La casa de la Aduana sigue guardando secretos de vecinos mirando de perfil al Resbaladero. Un hostal, donde sobre todo se alojan marinos forasteros, fue la más emprendedora innovación al edificio. En el patio interior de la casa, el aroma de las cocinas del “Guadalete” de los Espinosa, sigue inundado de sabor el aire.

(En la imagen, la antigua Plaza de la Pescadería, con los bloques de viviendas y la Cofradía de Pescadores, que aún no había sido demolida. Foto: Mata. 2002).
"El barrizal que se formaba en la plaza fue sustituido, a principios de los sesenta, por bloques de pisos y la sede la Cofradía. Hasta hace poco, en la esquina se encontraba uno de los quioscos de la Bajamar para tomar una en tertulia de pie.
«La Lucha» continúa cerrando sobre las once y media de la noche, cuando se retiran los últimos hombres para su casa. El único cambio de horario se produjo hace algunos años, con el cierre los domingos al mediodía.
Pocas mujeres han entrado, y mucho menos tomarse un vino. Forma parte del estilo masculino y machista que dominaba la hostelería en un tiempo. Perder este carácter sería deshacer el aire original. Todavía hoy, algunas esposas llaman desde la puerta o entran tímidadmente, franqueando una “sala prohibida”.
Gonzalo Camacho está seguro que cuando él se jubile, los hijos y nietos de Carmen y Ezequiel mantedrán el negocio hasta que la clientela siga siendo fiel o los impuestos lo puedan permitir.
“La Burra”, “La Colmena” fueron los últimos del gremio en cerrar. Resistiendo, como el propio sector pesquero local, El Puerto añejo sigue palpitando en “La Lucha”, como testimonio, rememorando el pueblo que siempre fuimos.» Y cerró tan solo tres años después de escribirse este artículo, en 1998.

Personal del Bar La Lucha, a finales de la década de 1930. Ezequiel Cortínez es el segundo por la derecha.
ZAFAR.
Zafar, aquí en El Puerto, ha consistido, de toda la vida en deducir de las ventas totales efectuadas en la Lonja, conocido como monte mayor, los gastos propios de la actividad pesquera, consumos de combustible, de aceite, hielo, víveres, cuotas de la seguridad social y los gastos de lonja, tales como los del concesionario, etc., etc. El resto, conocido como monte menor, se divide en dos partes, una para la tripulación y otra para el armador. De la parte de la tripulación se hacen tantas partes como tripulantes hay embarcados y eso es lo que gana cada marinero, conocido con la parte.
En Calpe, nuestros hermanos de la mar lo llaman “contar”. Es de cualquiera de las maneras, el Régimen Económico por el que se rigen o Sistema a la Parte en los demás puertos, incluidos los de EE.UU, Canadá y los de América del Sur. En los puertos según las modalidades de pesca, sean de arrastre, cerco o palangre existen algunas diferencias en el sistema de reparto de las tripulaciones. Esas diferencias estriban en el pago de las partes técnicas que incluyen las partes del redero de tierra, de los motoristas y de los patrones, tanto de pesca como de costa. En algunos puertos, las partes técnicas salen de la mitad del armador, es decir de su parte de beneficio, en otros de la tripulación y en otros del monte mayor. Todo de acuerdo con los usos y costumbres de cada puerto.
Por extensión, en El Puerto se conoce como zafar, descansar, librar, no ir a trabajar, palabra muy introducida en el habla porteña. (En la fotografía, el antiguo Bar La Lucha, en la actualidad, con las dependencias en barbecho, y a continuación la Expendeduría de Tabaco que continúa regentado Joselete Gómez Barrera).

El fotógrafo Francisco Sánchez Pérez, nació en nuestra Ciudad el dos de abril de 1879. Hijo de Francisco y Ana, era más conocido por Quico. Trabajó en las oficinas de las Bodegas José de la Cuesta (hoy Bodegas Caballero), en la Aserradora Pastor y fue marchante de productos alimenticios. Murió con 64 años en abril de 1943. Aunque la fotografía nunca fue su profesión, si fue una afición que le ocupó bastante tiempo y además dejó sobrada constancia de su oficio en fiestas, bautizos, bodas, acontecimientos civiles, militares y eclesiásticos y fotografías de corte comercial e industrial. Fue radioaficionado -de los que se construían los artilugios- afición que heredaron su hijo Luis Pérez Sánchez y su nieto, José Luis Sánchez Pacheco. Un bisnieto de nuestro personaje, de nombre artístico Kiko Sánchez, (hijo de Sánchez Matabuena y Mercedes Toronjo) es el que ha mantenido la afición fotográfica de la familia, a la que se dedica profesionalmente y del que escribiremos un artículo en su momento.


El yerno de Luís Sánchez Pérez, el poeta Jesús María Serrano afirmaba, «Espero que con esta donación, se adhiera a ella otros con más documentos, y aprovecho para decir que la obra del abuelo de mi señora, Francisco Sánchez, ha contribuido al conocimiento de una realidad que ahora se nos escapa de las manos y, que 

El hijo de Quico Sánchez, Luis Sánchez Pérez (1921-1995), autor material de la donación, también fue fotógrafo influenciado por su padre. Trabajó para lo que hoy es la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz, antigua Junta de Obras del Puerto, haciendo fotografías de la evolución de los dragados y rellenos de los puertos pesquero y comercial, -sus hijos le recuerdan trabajando en el cuarto oscuro- jubilándose en la década de los ochenta del siglo pasado. Luis, además, trabajaba en el mundo de la radio. Era un autodidacta que construyó una de las primeras radios super heterodina a válvulas. Trabajó en Quicar, de Antonio Salvatierra Blanco, después Salvatierra Radio, distribuidor de la Casa Philips, instalando antenas y arreglando la incipiente televisión de la década de los
sesenta del siglo pasado, ayudado por su hijo José Luis. Radioaficionado, colaboró junto con Joaquín Calero en la construcción de la emisora de radio del Instituto Laboral. Trabajó en Hispano Radio, y arreglaba las radios de los barcos pesqueros. Murió con 74 años. Se casó -gracias a los ahorros conseguidos construyendo radios de tres válvulas- con Amalia Pacheco Tejada con la que tuvo cuatro hijos, Inmaculada, José Luis, María Teresa y Fran, gran actor de teatro que da clases en Murcia. (En la fotografía, Luis Sánchez Pérez, poco antes de su fallecimiento. En la otra foto, en blanco y negro, Luis con su mujer, Amalia Pacheco Tejada, de recién casados).

El nieto de Quico Sánchez, e hijo de Luis, José Luis Sánchez Pacheco ha ido asumiendo parte de las aficiones y trabajos de sus ancestros. Aficionado a la electrónica, igualmente de forma autodidacta, ha llegado no solo a construir radios sino también televisión de aficionado, consiguiendo comunicarse vía televisión con diversos lugares de la geografía utilizando las más altas frecuencias. Antiguo radioaficionado, con el indicativo EA7WJ, ha participado y colaborado en muchas actuaciones humanitarias en la que los radioaficionados ocuparon, en su momento un papel primordial. Como su padre, trabaja en la Autoridad Portuaria en el Departamento de Explotación de Servicios Portuarios. José Luis recuerda que vivieron en la casa familiar de la calle Cielos, casi esquina con Cervantes, tres familias: los Sánchez Pacheco, los Sánchez Matabuena y la familia del repostero local, Pepe Mesa (otro personaje local que merece artículo propio). (En la fotografía, José Luis Sánchez Pacheco).






Ininteligible felicitación de Los Carreros de D. Juan Romero, el padre de Romerito 'el Gordo', que tenían carros para el transporte y coches de caballo de alquiler. Año 1888.

Cuenta la leyenda que ya estaban en el lugar de los hechos cuando Alfonso X conquistó la ciudad a los vecinos del norte del Magreb (entonces, los moros). Que vaticinaron que Santa María del Puerto terminaría siendo un hospital. Fuentes bien informadas se atreven incluso a afirmar que, en el repartimiento de tierras, alguno advirtió, al mismísimo Rey, de los problemas que en un futuro podrían traer las EMAs no consolidadas. Los investigadores más atrevidos defienden hipótesis difícilmente creíbles. Valga como ejemplo este adefesio histórico: la Carta Puebla fue entregada a nuestros protagonistas tras derrotar las tropas cristianas al último Morillo, de nombre Manolo, justo enfrente de la papelería Cortés, en plena calle Luna. Amanece sobre El Puerto y que salga el sol apostólico y romano por donde quiera, dicen que fueron las últimas palabras del Morillo Manolo. (Ilustración: Estatua sobre pedestal de Alfonso X, 'el Sabio', frente al Resbaladero).
Que, como la mayoría de los políticos locales, hablaban un idioma ininteligible. Que sus ademanes tan poco versallescos y el empeño obsesivo por ajustar el paso a los demás, invitaban casi siempre a guardar las distancias. Pero eran los reporteros más dicharacheros del barrio viejo, y transitaban por las calles como una chirigota de desheredados, como personajes en busca de un autor que encontraron en el maestro Muñoz Cuenca su glosador más agradecido. (Foto: Muñoz Cuenca)
Hablo del Tonino, la ilusión pero también la bronca de todos los días, terror de electricistas y albañiles, trabajadores que se encomendaban a la Virgen de los Milagros cuando, desde las alturas, sentían que la escalera empezaba a bailar al ritmo del bastón de esa lengua viperina tan poco dotada para la diplomacia. (Foto: Tonino. Colección Miguel Sánchez Lobato).
Recuerdo también a la Tía Tula, la mejor degustadora de caldos de la tierra. A La India, siempre dispuesta al combate dialéctico, con aquel viejo bastón pintado con los colores de la bandera española. Al Guarigua y a sus "cemitas" que sabían a gloria. A Romualdo, piropeador incansable de vecinas de todas las edades. Quedan muchos periodistas populares perdidos por las calles del centro de mi infancia. Seres entrañables, libres, marginales, que yo observaba con temor y extrañeza cuando aparecían, entre el regocijo general, por cualquier esquina. (Foto: Romualdo. Colección M.S.L.)
Han pasado 725 años, los siglos se nos han ido volando, las calles ya no son de chinos y ya no hay cartas pueblas, sino emails y planetas virtuales. La familia Medinaceli terminó echa un Cristo. Colón, el hombre blanco, anunciando detergentes. Juan de la Cosa montó un bareto en su propia calle, en el que, dicen, se conspira a jornada completa. Entre los 100.000 hijos de San Luis Gonzaga hubo un poeta-profeta que ya habló de arboledas perdidas (el Peral de Isaac, por ejemplo, lo talaron una noche mientras Clavero daba clases). Los del Carmen dejaron las sevillanas y fundaron La Borriquita. Manolete, disfrazado de Adrián Brody, toreó por fin en El Puerto. El Lute estudió Derecho, que es muy bueno para la espalda. Los marineros están todos en tierra. Franco montó una inmobiliaria y un hogar en Caldevilla. Los
Sanluqueños siguen haciendo dulces y, ahora, casas muy baratas. El Nuevo Portuense, además de jugar bien al fútbol, pone unas tapas para chuparse los dedos. El Formidable cambió las banderillas por las confecciones. Tenemos mucho teatro pero nos achicharraron el Principal. Las Memorias del Adriano hablan de un barquito que no es competitivo, como si fuera el coche de Fernando Alonso. La Navidad con Amor sobrevive gracias a unos Reyes Magos que descubrimos que no eran los padres, sino Pepe Cerrato. El pasado, como ven, no se ha ido. Ni tan siquiera está pasado. Y nuestros protagonistas, sólo hay que saber mirar, siguen deambulando, -un cigarrito, una chiquita, un café, la voluntad-, por las calles de siempre. Al menos, eso cuenta la leyenda. (Ilustraciones: La India y El Lute).
Pepe Mendoza. 

Juan es padre adoptivo tardío. Con su mujer educan a dos niños de 13 y 11 años, que les consumen en el apasionante mundo de verlos crecer y sacarlos adelante, lo que les consume muchas horas. Ese es el motivo por el que Juan no renuncie a todo por la escritura: tiene que atender a su familia y están en una edad crítica. Por eso, con los premios que llevan dotación económica --unos diez o doce al año, y ya van ochenta--, entre una cosa y otra recibe al año un par de pagas que ayudan a su sueldo de maestro a tirar para delante. (Esta es la fotografía que Juan, de adolescente, entregaba a sus novias).
Juan tuvo una juventud furiosa, militante en todos los aspectos que tocó los extremos en lo religioso, en lo político, ... No fue nada tibio, estuvo metido hasta el cuello en política, en las proximidades del PCR. El no fue partidario de la transición sino de la ruptura y se metió en todo tipo de charcos extremos, pero no extremistas. Aunque la policía que venía de la dictadura opinaba lo contrario e intentaba asociarlo a grupos terroristas, algo que no se corresponde con la realidad. Estuvo detenido dos veces, en total siete meses. En 1980 en la cárcel de Zamora y en 1981 en la de Sevilla. Recuerda aquellos periodos con placidez. De hecho estaba deseando ir a la cárcel y dejar de sufrir las torturas que padecía durante los 20 días de detención preventiva. La cárcel era una liberación y le enseñó a compartir y aguantar, solidariamente con otros presos políticos, su lucha por las libertades. Salió sin cargos y para él la vida, la libertad, ya la iba a ver de otra manera para siempre. Cuando hace seis años se manifestó ante la sede del PP local contra la Guerra de Irak, le fue impuesta una multa por la Subdelegación del Gobierno, junto al actual Teniente de Alcalde de Fomento, el andalucista Antonio Jesús Ruíz Aguilar y la socialista y a la sazón Teniente de Alcalde, Consuelo Gamero, merced a un informe del entonces Comisario de Policía, José María Deira, hoy Comisario Provincial. Del juicio de sobre la guerra resultaron abueltos varios inculpados, entre ellos Antonio Jesús y Consuelo, pero el juez mantuvo la multa -aunque la redujo a 1000 euros- para Ignacio Garcia, parlamentario andaluz de IU y para Juan. En la opinión del juez influyó sobre todo el informe de Deira -con referencias a su supuesta militancia anterior de un cuarto de siglo atrás- y los posteriores testimonios policiales. La multa fue pagada por la solidaridad popular.
Ahora que hace veinticinco años de casi todo: del Centro de Planificación Familiar, de la Oficina Municipal de Turismo, también lo va a hacer del Centro de Educación de Adultos. En el 2009 se cumplen 25 años de aquellas circunstancias que cambiaron el rostro de Andalucía, de El Puerto. Se cumplen 25 años de la creación del Centro de Educación de Adultos, algo que es la vida de Juan, donde ha aprendido a convivir con mujeres y hombres que le han enseñado una forma de encarar la existencia que le hacen vivir como un hombre feliz, mientras les intercambiaba esos conocimientos por otros de índole más académica: cifras y letras. Su libro, Cardito de Puchero, ilustran tantas vivencias... (Juan, en una clase del Centro de Adultos).
CARDITO DE PUCHERO.
a vergüenza ajena, a amor, a penas, a alegrías, a risas (Maria Jesús Moragues. Alumna. El Puerto de Santa María)
EL CARNAVAL
Pero vayamos un poco atrás en el tiempo. Juan Carlos es hijo de Francisco Javier de Terry y del Cuvillo y de María del Carmen Muñoz Ávila. La Bodega familiar “Carlos y Javier de Terry, 501” se había vendido y Juan Carlos quería empezar de nuevo y llevar a su familia a un país que mantuviera ideas conservadoras, ideas que empiezan a desdibujarse en la España del triunfo socialista de 1982. Ese año, Juan Carlos fue contratado como Director General de “Bobadilla 103” para México. Y en ese país permaneció durante 17 años. Fue la cabeza y el enólogo de la compañía vinatera jerezana en México hasta que, en 1987 funda su propia compañía de importación y distribución de vinos y alimentos, hasta que en 1999 decide irse a la tierra de su mujer: Filipinas. Una historia de amor entre nuestro paisano y una asiática descendiente de europeos, que da como resultado la presencia de estos porteños en la en otros tiempos colonia española. Juan Carlos conoce a su mujer -filipina- en la Feria de Sevilla y se enamoró perdidamente de ella. Su nombre es Mari García y es descendiente de suizos, italianos y españoles. Se casaron en El Puerto en una boda con estética Filipina fusionada con elementos españoles tradicionales. ¿O quizás habría que escribir “pilipina”?, y es que en aquel país no se pronuncia la letra F. (Ilustración: Etiqueta de Vino. Colección J.M.M.)

En México, tras su paso por Bodegas Bobadilla 103, Juan Carlos creó una empresa FRUTERRY, con una gama muy extensa de productos en conserva, tanto españoles como mejicanos, de alta selección. Además crea muchas marcas de vinos con objeto de crear una distribución muy segmentada: Viña Andina, en Chile, Blue Rhin y Golden Rhin (vinos alemanes). Pero la situación económica en Méjico fue tal que las mafias se dedicaron al secuestro y la extorsión, teniendo como objetivos a las familias españolas que estaban en el mundo del vino. Dos amigos de Juan Carlos fueron secuestrados y a sus familias les mandaban partes de su cuerpo parra meterles miedo. Una oreja era lo mas frecuente. Al hijo de Juan Carlos, Luis lo atracaron en dos ocasiones y sufrió un mini-secuestro en taxi, el método más común: el cliente se montaba en el taxi y en el primer semáforo en rojo se subían los atracadores. Su madre padeció igualmente dos atracos a punta de pistola. Juan Carlos ante la situación, decide dejar Mexico D.F. tras 17 años de vida empresarial y se traslada al país de su mujer: Filipinas, en 1999.
En el año 2000 abre la primera tienda en Manila de productos de Gourmet: Terry Selections, que ya cuenta con tres sucursales, la última abierta en septiembre pasado. La intención era que tuviera solo lo mejor escogido por Juan Carlos, un poco como extender su despensa a nivel público. Se podría decir que una manera de abrir su casa a amigos cercanos y, después, a clientes. Unos años después y un poco por casualidad, se abre el restaurante. Los clientes que iban a la tienda pedían que les hicieran “sandwiches gourmet”. Al tener que dedicar al grueso del personal a preparar esos emparedados, tal era la demanda, decidió abrir un espacio en el segundo piso para tener mesas donde sentar al cliente, y de ahí el restaurante Terry’s.
Al restaurante “No traigo» --afirma-- «un producto que no se haya probado en su lugar de procedencia sin darle el pasaporte. Por ejemplo, Arte Oliva es el único aceite que está envasado como debe ser, en tetra pack, que protege de los rayos ultravioletas. El envase tiene cinco capas que mantiene el líquido a la temperatura adecuada. Dentro de 10 años será igual, tendrá las mismas propiedades”. Es muy interesante la fusión con los productos filipinos: “Tienen una especie de besugo al que llaman besugo, en español, y lenguados, pargos, galeras, chicas y grandes, impresionantes las de Palawan (una isla para perderse a conciencia …), y cangrejos de tierra que se alimentan de los cocos, los rompen y extraen su jugo”. Aparte de las mejores recetas españolas, Juan Carlos presume de superar el mejor Tocino de Cielo de la región; además se hacen las Poleás típicas de El Puerto. Han servido, también, Ajo Caliente y Salmorejo. Y toda la ristra de platos nacionales de primer nivel: Croquetas, Tortillas, Rabo de Toro, Fabada Asturiana, Cocido Madrileño, Menudo, Paella Negra de Mariscos... Es interesante recordar que Juan Carlos es hermano de la desaparecida María Auxiliadora Terry, gastrónoma local, experta en temas de Thermomix, autora de varios libros de la máquina, y directora que fue de la Escuela de Cocina 'El Anafe'. (Foto: J.L.B.)
Ayudado por su familia, trabajando en el próximo proyecto, ya en marcha, “el mejor restaurante español en el extranjero, en la Bahía de Hong Kong”, afirma convencido. En un próximo artículo hablaremos de sus hijos Luis y Elena, muy afincados en el Filipinas, --e incluso con parejas en aquel país-- pero que no olvidan El Puerto, sus rincones y amistades, al que regresan siempre que pueden.
Lati luce en su cabeza una gorra de la Fragata clase F-100 'Blas de Lezo' ilustre almirante que vivió durante dos etapas de su vida en nuestra Ciudad. Su memoria es honrada por la Armada Española, donde su nombre se recuerda con el mayor honor que puede rendirse a un marino español, siendo costumbre que exista un barco de la Armada bautizado con su nombre. El último, la 
Genaro, que ha hecho de todo en la vida, lleva cincuenta años en el negocio de la fruta (pero en medio ha sido, además, camarero, embotellador de Bodegas Terry, e incluso conductor de los autobuses urbanos; fue uno de los diez chóferes que inauguraron la primera flota de autobuses públicos de El Puerto). En la fotografía, Genaro González Sala, Mariano Ganaza y su hermana Milagros en el puesto que estuvo ubicado durante mucho tiempo junto a la frutería de Agustín Vela. En la actualidad, el puesto familiar se encuentra ubicado, desde 1980, en la calle Abastos, número 5.
Genaro tiene cinco hijos, José Manuel, Ramón, Antonio, Rosa que está con él en el negocio de la fruta, y Francisco Javier. La familia de Genaro es muy popular, no solo en el Mercado, sino también en la Feria. El año que viene cumplen 26 años instalando caseta en el Real de las Banderas, la conocida como “Genaro y Familia”, algo que salió por casualidad en una conversación informal en el Bar Rábago entre el padre de “el Lati” y Julio Barcia, prejubilado camarero de El Cafetín. Y a raíz de aquella conversación, llevan así veinticinco años dándonos de comer en la Feria. ¿Ustedes creen que en esa caseta faltarán los pimientos frito? En la fotografía, el puesto de El Lati, con la exposición de productos a la vista en plena calle Placilla o San Bartolomé. (Foto: Fernando Galán).
Alguien muy popular en la Plaza era el desaparecido recientemente Manuel González Sala, “el Listones”, tío de José Manuel. El sobrenombre, el “nickname” le viene por el abuelo de José Manuel. Resulta que su abuelo José jugaba al billar con unos listones de madera -nada de palos de billar- y ganaba siempre con lo que le acuñaron el mote de “el Listones” que luego heredaría su hijo Manuel. En la fotografía realizada durante un encuentro en el campo del Racing Portuense, podemos observar, a la izquierda a Manuel González “el Listones”, acompañado por Francisco Galán Sánchez, “Paquiqui”, frutero también, quien con 76 años sigue en activo y mantiene un puesto en la parte alta del Mercado de la Concepción. Como de sentido del humor van sobrados, estén atentos a los juegos de palabras y a la agilidad mental que se maneja entre tendero, clientes y amigos, en cualquier transacción o trato. Y no se le ocurra preguntar si las naranjas que venden son de zumo; pueden obtener como respuesta que «no, estas naranjas dan coca-cola».

Otra vez un apellido de procedencia extranjera -inglés- en nuestra Ciudad vinculado al suceso de las luchas napoleónicas. Lord Wellintong se vino con su ayudante de campo del mismo apellido, antepasado de nuestro paisano. Dicho apellido también nos suena por otros no menos célebres sobrinos de Ricardo Summers Ysern: el desaparecido Manolo Summers, director de Cine; Tomás, productor de cine y televisión; y Guillermo, presentador de programas televisivos, escritor y pintor, ambos en activo.(Fotografía: Guillermo Summers).
Su nieta Begoña, en su tesis doctoral: «Estudio Global de la Obra de Serny (1908-1995), dibujo, pintura, diseño y grabado», afirma del pintor, afirma del padre: «Si algo le caracterizó fue dar a cada una de sus creaciones una personalidad muy acusada; tomó la realidad de manera subjetiva y la vertió en una obra inmensa que alcanzó numerosos campos del arte: dibujo, ilustración, cartel, retrato, pintura, pintura mural y grabado. En su trayectoria obtuvo una gran consideración hacia su obra y aprecio por su persona, por parte de escritores, artistas y críticos de arte: José Francés, César González-Ruano, Daniel Vázquez Díaz, Eugenio d’Ors, José Hierro, Rafael de Penagos, Federico Carlos Sainz de Robles, Manuel Pombo Angulo, entre otros, que vieron en él a un maestro y en su recorrido artístico la esencia de una de las vertientes de la pintura contemporánea, como ha quedado constancia en multitud de comentarios que constituyen una parte fundamental para acercarnos a Serny a través de importantes figuras de su tiempo. Esta tesis ha querido ser, por encima de todo, recopilación razonada y debidamente ordenada de lo más significativo de la extensa obra de Serny, con el fin de que la misma quede inscrita convenientemente en el contexto artístico que le corresponde.» (Grabado de Serny: 'De Carnaval'. Firmado a lápiz y numerado: 85/100. Enmarcado en paspartú granate).
REVISTA GENTE MENUDA.
REVISTA BAZAR. 


fechas, acontecimientos y sucedidos personales, familiares o del propio El Puerto.
La familia de Enrique tenía posibles, de hecho el padre tuvo una flota de camiones que, tras un accidente con un camión en el que hubieron víctimas mortales, tuvo que liquidar, así como diversas propiedades, para indemnizar a las familias. Ese fue el motivo por el que Enrique viene a El Puerto, con 23 años, desde Madrid, donde había hecho el servicio militar como voluntario en Aviación, en la Base de Getafe, a reclamar una vivienda familiar de su abuelo que resultó que ya no le pertenecía. (Avión en la Base Aérea de Getafe).

Hoy en día, cuando la actividad marítima es escasa, ocurre otro tanto con las bodegas: mientras que asistimos expectantes al reflotamiento de pequeños negocios familiares vitivinícolas, a fuerza del tesón de sus emprendedores: Gutierrez Colosía, Grant, Obregón, que junto con Osborne, Caballero, Terry y 501 son lás únicas siete bodegas que quedan a principio del siglo XXI, frente a las mas de setenta empresas dedicadas a la vitinicultura, entre cosecheros, almacenistas y exportadores en el siglo XIX: Thuillier, Campbell, Harmony, Southard, Burdon, Duff Gordon, José de la Cuesta, Gaztelu, Grant, Lobo, F. Morillo, Jiménez, Marqués de Comillas, Osborne, Santarelli, Terry, Tosar, Pico, Piury, Quijano, Varela…
Estamos en el año de 1946, año en el que decide decidió su propia escuela en la finca sita en la calle San Sebastián, nº 23 con la ayuda de su hermana Lola y ahí empieza su labor como director y propietario de una escuela privada llamada San Ignacio. La escuela se encontraba en la primera planta de ese edificio. Su sobrina Mila González Vera nos dice: «Recuerdo que había tres clases una de ellas era muy grande, decorada con mapas antiguos de la península y una pizarra también muy grande. La clase tenia los techos altísimos con un balcón que daba a la calle San Sebastián, el suelo de ladrillos rojos con las paredes blancas y con un portón muy grande. Don Juan era una persona muy recta y severa pero a la vez tenía un corazón enorme. Andaba con sus muletas debajo del brazo. Pasaba por tu lado y se oía el crujir de la madera de las muletas. Iba siempre vestido con traje de chaqueta muy peinado hacia detrás con mucho fijador. Leía muchísimo, se acostaba muy temprano porque le gustaba leer acostado en su cama y también se levantaba muy temprano para comenzar su tarea de educador. (Foto: Fachada Colegio San Ignacio. San Sebastián, 23).
Ayudando a ricos y pobres, dedicó al magisterio toda su vida, quizás a mas pobres que a ricos -no hay que olvidar sus ideas de izquierdas-, a una enseñanza basada en los valores de la educación y también del respeto. Se preocupaba por todos y cada uno de los alumnos que paso por su colegio. Sabía de donde provenían, que hacían y por supuesto que habían aprendido cada día para que a lo largo de su vida fueran “hombres de provecho”, como el siempre decía. Fue en lo que siempre creyó y lo que siempre hizo. Y antepuso sus obligaciones docentes a cualquier distracción, incluso, de su propia vida privada.
Fue un hombre al que se le cogía afecto a pesar de su aspecto sobrio y formal. Recuerda su sobrina Milagros que «cuando alguno de sus alumnos no le atendía, o simplemente no hacia una multiplicación bien, le cogía por las orejas y lo mantenía un rato alejado del suelo, los demás alumnos no se atrevían ni a reírse por si acaso. Los dejaba castigado hasta que terminaran los deberes, aunque el tuviera que estar hasta las tantas haciendo guardia. Los padres de estos alumnos, que también habían sido alumnos de mi tío, en muchos casos, se lo agradecían. porque sabían realmente que pocas personas como Don Juan prestaba tanta dedicación a sus hijos y le prestaban una gran confianza». Hemos hablado con alumnos que han pasado por el colegio y hemos notado el cariño con el que hablan de esa época de su vida. Y es que, además, tanto al llegar como al salir del Colegio de San Ignacio, los chavales le saludaban con un beso, prueba de que la relación iba más allá del educador con el educando, sino que también había afecto y cariño.
Como ya hemos indicado nuestro maestro vivía para estos alumnos indistintamente de la clase social que fueran y cuando estos niños se han hecho mayores le han tenido y le siguen teniendo un gran respeto y mucho afecto. A él se le llenaba a boca de orgullo cuando veía algunos de sus alumnos y decía mira este es banquero, ese es abogado, este otro tiene una gestoría... Sus alumnos se examinaban en Jerez, en el Instituto Padre Luis Coloma, obteniendo un alto porcentaje de éxitos en los exámenes.
enseñó tanto que yo llegué a coger 240 palabras por minuto, lo que entonces era una burrada y, además, traducía de corrido lo que había taquigrafiado. No son mis propias alabanzas, sino las dirigidas a él, un gran, un enorme profesor»
Por el centro pasaron, entre otros maestros, Milagros González Díaz, Ramón Izquierdo Rodríguez, otro profesor que le decían Quini, Jose Luis Villalba, Jesús Bernal, y otros que iremos incluyendo aquí, conforme los lectores que nos siguen puedan informarnos de sus nombres. Algunos alumnos que pasaron por San Sebastián, 23, son Joaquín Veran, José González Merino, Andrés González Salas, los Hermanos Posada, Fernández Valimaña, Ambrosio Acá, Monge, Marfil, Giraldez, y tantos y tantos... El Colegio San Ignacio cerró en 1980, con D. Juan ya enfermo, y el mismo se preocupó de buscarle acomodos a sus alumnos en diferentes centros para que no perdieran el curso y pudieran continuar con sus estudios. Don Juan Díaz Rodríguez, falleció en el año 1981 de perotinitis, con 71 años.






Mar Vázquez Parra es de las porteñas que nacieron en la Clínica del Dr. Frontela, allá por el cruce del Oasis, el 7 de enero de 1983, empero, siempre ha vivido en la calle Micaela Aramburu. Cuando lean su historia, comprenderán que no puede tener un nombre más marinero, pues todo en su vida le ha venido desde el mar o vinculado a éste. Sus padres llegaron a El Puerto muy pequeños: José Manuel Vázquez Caamaño -Pepe el Gallego- aunque es natural de Mantoño (una aldea de Porto Sin, La Coruña), llegó a nuestra Ciudad al año y medio de nacer. Su madre, Dolores Parra, la trajeron sus padres a El Puerto con dos años y medio, pues es natural de la localidad pacense de Higuera la Real. En fin, que ambos son porteños desde pequeñitos. Mar es aficionada a escribir, a la Semana Santa, es pregonera, le gustan los Toros y tiene muchos y muy buenos amigos, entre los que destaca a Sergio Cíes del Pino, José Barba y, sobre todo, a Jesús Ramírez.
El abuelo paterno de Mar, navegaba en su Galicia natal en una “Dorna” y su abuela iba con el pescado a la lonja de Porto Sin a verderlo. Lo curioso es que lo hacía con el padre de Mar en brazos y la cesta de pescado en la cabeza. Dicha costumbre la mantuvo a su llegada a El Puerto y, a día de hoy, todavía le recuerdan a Mar aquella curiosidad. El padre de Mar, ha pasado muy buenos ratos en el desaparecido Bar La Lucha, lugar de pescadores que hoy solo conserva el estanco, donde era habitual verlo junto a Joselete. Ambos degustaban el “pescaíto frito” con el que les agasajaba Carmela. Pepe “el Gallego” ve pasar la vida desde su jubilosa jubilación en el Bar Número 2, también de la calle Micaela Aramburu. (Foto: C. Alonso. La Dorna: si hubiese que definir la característica principal de las dornas, la simplicidad sería la más apropiada. "La Dorna es la única embarcación de origen nórdico existente en el Sur de Europa, posiblemente un recuerdo de las incursiones de los "vikingos" a las aldeas costeras de Galicia. El pescador gallego de hace muchos siglos, hay datos para pensar que anterior al siglo XII, supo adaptar este "regalo" de la tecnología nórdica a sus intereses, creando una embarcación difícil de superar en su funcionalidad, facilidad constructiva y economía de materiales, y hasta nuestros tiempos nos ha llegado con lo que parecen ser variaciones mínimas").
Mar Vázquez guarda muy buenos recuerdos de su etapa escolar, comenzando por las Siervas (en la calle Fernán Caballero), continuando con las Esclavas. Allí conoce a los profesores Emilio Sánchez Prieto, Antonio González, Tini, Pepi o Juan Carlos García Moreno, entre otros, de los que guarda un recuerdo imborrable. Concluye su etapa estudiantil en nuestra Ciudad en el veterano Instituto de Santo Domingo: su profesor y entonces director Emilio Flor, marcó una huella importante en su aprendizaje. Su vida universitaria la ha enfocado, desde la Universidad de Cádiz, cursando la carrera de Filología Árabe, estando actualmente en el último curso.
La Hermandad el Nazareno es tradicionalmente la de los marineros. Mar Vázquez se encuentra muy vinculada a la misma, ligazón que le viene de lejos pues, tal y como afirma nuestra protagonista: «Al llegar a El Puerto, mis abuelas fueron a la Prioral a visitar al Santísimo. Querían agradecerle el viaje tan bueno que habían realizado, y, al mismo tiempo, pedirle que todo les fuese bien porque habían dejado muchísimas cosas en sus respectivas tierras de origen. Algo curioso, ya que las dos contaban lo mismo, pero ellas no se conocieron hasta el día de la boda de mis padres. A raíz de entonces, mi padre siempre fue muy devoto del Cristo del Amor y del Nazareno, mientras mi madre y mi tía no lo eran menos, de ahí que las 'Madrugás' sean tan especiales en mi casa» -continúa Mar- «Un día, tras haber hecho la Comunión, llegué a mi casa con la esperanza de ver a mi padre. Hacía un temporal bestial, así que, cuando estaba allí, fui a su despacho a verle. Él me dijo que fuese a mi habitación y dejara los libros. Al pasar, contemplé mi escudo de Hermandad, mi papeleta de sitio, un donativo para las flores de la Virgen con mi nombre, un itinerario y mi cordón.» prosigue Mar: «En la actualidad, soy consiliaria de RRPP para la prensa. Además, participo activamente en el Grupo Joven e Infantil".
Pero no todo es Semana Santa en la vida de nuestra amiga. El mundo del toreo le circula con intensidad por la corriente sanguínea. Gran aficionada a la tauromaquia, esta porteña recuerda que fue su abuelo materno, antiguo carpintero que tenía su taller junto a la Venta Millán, el responsable final de dicha afición. Así que, todos los años se encuentra expectante ante la presentación de los carteles de la Plaza Real y por supuesto, se saca su abono, deseando ver a Morante de la Puebla pisar el albero de nuestra plaza y acaso tener la ocasión de escribir sobre él en alguna de sus intervenciones líricas y poéticas. ¿Es esto un mensaje a la empresa concesionaria del coso taurino porteño?