A principios del siglo XX la fotografía comercial creció con rapidez y las mejoras del blanco y negro abrieron camino a todos aquellos que carecían del tiempo y la habilidad para los tan complicados procedimientos del siglo anterior. En 1907 se pusieron a disposición del público general los primeros materiales comerciales de película en color unas placas de cristal llamadas Autochromes Lumière en recuerdo a sus creadores, los franceses Auguste y Louis Lumière, siendo peculiar en esta época que las fotografías en color se tomaban con cámaras de tres exposiciones. (En la imagen de la izquierda, Justino Castsroverde, en 1920).
Desde sus comienzos, la fotografía era muy cuestionada. Se movía entre ser considerada obra de arte o simplemente un instrumento de ayuda para los artistas plásticos. Pero fue en el siglo XX cuando en España se agudiza la polémica y surgen fuertes tensiones. Los que defienden el arte fotográfico y los que destacan el carácter automático, mecánico e inmediato de la fotografía.
En la época de los retratos con negativos al colodión y copias a la albúmina de color marrón pardo, pegados sobre cartulinas, nace en nuestra ciudad, el 2 de febrero de 1876, Justino Castroverde García, hijo del abogado portuense José Castroverde Quirós. A decir del historiador Rafael Garófano Sánchez -que ha estudiado la vida de Castroverde-, las circunstancias familiares llevaron a Justino a la fotografía.
Fallecido su padre y pese a su vocación universitaria de farmacia, le llevaron a trabajar a Cádiz como aprendiz en el estudio fotográfico de José Reymundo "con el que estableció no sólo una relación laboral, sino una vinculación personal y afectiva, que perduró hasta el fallecimiento del maestro en 1950".
Reymundo, considerado uno de los mejores fotógrafos de la época, influyo decisivamente en la formación de su pupilo, sobre todo en un momento marcado por la revolución técnica de la fotografía instantánea, mediante las nuevas emulsiones de la firma Lumière en las placas de vidrio de los negativos. Tanto es así que la Revista Portuense en 1904, con motivo de una exposición en el Estanco de la calle Larga, define a Castroverde como "un artista laborioso, tan modesto como ilustrado, siendo ya un notable fotógrafo".
El profesor Garófano encuadra a Castroverde en la denominada corriente pictoralista de la fotografía, aquella de pretensiones artísticas que surge como reacción a la fotografía de aficionados, considerada vulgar, reivindicando los valores propios de aquella para la realización de obras de arte en plena igualdad con otras disciplinas artísticas como la pintura, la escultura o la arquitectura. Los fotógrafos del pictorialismo se definen como fotógrafos y artistas en la línea de las teorías del romanticismo propias del siglo XIX, destacando la sensibilidad e inspiración de los autores y otorgando un papel secundario a los conocimientos técnicos.
Los primeros pasos profesionales de Castroverde se encaminaron a los "trabajos a domicilio", haciéndole la competencia Antonio Gutiérrez que contaba con un prestigioso gabinete en la calle Larga, 54. En cuanto al dominio de las técnicas fotográficas es significativo el trabajo de ampliación que realizó Castroverde, del interior de la Iglesia Mayor Prioral, en unos momentos en los que la toma de interiores y las ampliaciones constituían todo un reto. También destacó por el empleo que hacía para las tomas del fogonazo de luz al magnesio, con el peligro que conllevaba.

En la Fotografía, Quico Pérez Sánchez y su amigo Justino Castroverde, tercero por la derecha, en una visita a las Cuevas Cantera de la Sierra de San Cristobal. (Foto: colección J.L.S.P.)
Cabe destacar entre las obras de este fotógrafo portuense, la irrepetible colección de las Cuevas de San Cristóbal, las tarjetas postales de rincones de nuestra ciudad o de retratos personales y su destacado papel como corresponsal gráfico en las prestigiosas publicaciones: ABC, Blanco y Negro, Mundo Gráfico y La Unión Ilustrada de Málaga o Sevilla.
Fotografió múltiples aspectos de la vida cotidiana portuense, estampas de pesca o de la vendimia, los toros, o acontecimientos religiosos y culturales, como manifestaciones de los usos y costumbres tradicionales de la ciudad que lo vio nacer.

'Puesta de Sol en el Castillo de la Pólvora'. Premiada en 1951
La guerra civil truncó sus expectativas, ya que la fotografía se sitúo entre los artículos de lujo, y pasó a ocupar un puesto de administrativo en las Bodegas de Osborne, relegando su pasión a un segundo plano, lo que no fue obstáculo para que obtuviese el premio del ayuntamiento de El Puerto por su trabajo 'Puesta de sol en el Castillo de la Pólvora', en el II Concurso Provincial de fotografía organizado en Cádiz en 1951.
Fallecido el 19 de diciembre de 1956, Justino Castroverde fue ante todo una persona de su tiempo, apasionada por rescatar y difundir todo un pasado que se estaba transformando y que desde su visión de la modernidad de un nuevo siglo, intentó explicar gracias al valor de las imágenes como testimonio social de la realidad. (Texto: Enrique Bartolomé).
ALGUNAS DE SUS OBRAS.

Un día en la caseta de playa. Sentadas de dcha. a izda.: Nela (abuela materna de Begoña Osborne, que es quien describe a los integrantes de la fotografía), Encarnacion, Lalo, Manolo, y detrás Emilia Tosar Garcia de Valdeavellano. Sentado con chaqueta blanca, desconocido. De pie de dcha. a izda.: dos empleadas, Luisa Fernanda Ruiz de Cortazar y Tosar, Adolfo Tosar Garcia de Valdeavellano, y Luis o Joaquín Osborne Tosar. La niña tampoco sabemos quien es.

Inauguración muelle de San Ignacio.

Feria de Ganado en el Palmar. 1945.


Está casado con Laly Díaz Hermida, siendo padres de cuatro hijos,: David, Carlos Javier, Oscar y Jesús y tienen además, dos nietos; María y Pablo. (En la imagen de la izquierda, Hoja del Lunes del 18 de octubre de 1971, en la que se da cuenta del natalicio del primero de los hijos de Carlos).


Su primera comunión la hizo en la Capilla del Convento de las Madres Capuchinas, convertido hoy en el Auditorio Municipal San Miguel, ante El Cristo del Amor.


"Manolete", la película protagonizada por Adrien Brody y Penélope Cruz sobre la historia de amor que vivieron el popular torero y la actriz Lupe Sino, aún no se ha estrenado en España. El rodaje de "Manolete", con un presupuesto cercano a los 20 millones de dólares, comenzó el 31 de marzo de 2006 en España y se extendió por ciudades como Alicante, Córdoba, Madrid, Salamanca, Carmona, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda.










No lo puedo evitar: soy del Puerto de Santa María. De un Puerto que no reconozco en estas calles peatonales repletas de motos, bicicletas y semáforos que guiñan en ámbar; de tiendas que “se traspasan”, de casas con cerrojos dobles y multitud de foráneos en pantalones cortos que miran escaparates, vagabundean preguntones con el dinero justo para una mariscada de gambas sin cabezas en Romerijo. De esa calle Luna desconocida que, a medida que se aleja del muelle, más desierta parece; de la primitiva Larga, cada vez más corta, estrecha y custodiada ahora por espantapaseantes verdes que tapan fachadas de edificios emblemáticos, derribados o a punto de caerse por abandono de sus propietarios; de esa Pescadería reconvertida por exigencias del guión turístico en una inmensa bolsa de aparcamiento.
Ni siquiera queda albero en la plaza de Peral. Se ha enlosado, quizás para que el genial don Pedro Muñoz Seca pasee sin ensuciarse sus recién estrenados zapatos de bronce, ahora que le pusieron piernas; aunque el injerto quede poco disimulado. De los azulejos de la tramoya decorativa del foro semicircular donde se ubica aún se vislumbra la frescura y el misterio que tuvieron antaño. En las pérgolas laterales, bajo la densa enredadera de buganvillas se reunían las pandillas del centro y de la placilla. Recuerdo que en las largas esperas confeccionábamos collares y pulseras con las hojas escamosas de las viejas Araucarias, después de terminar la merienda de pan con carne de membrillo o aceite y azúcar (poco aceite y poca azúcar). Jugábamos a la palmá y al coger. El palomar, que sólo tuvo palomas un año, lo utilizaban los jardineros como cuarto de aperos; como prisión, la chiquillería, porque su poyete generoso dejaba espacio para el asiento, a medida que se iba llenando de cogidos a la espera de la palmada que los liberase.
El último comentario de 

No sé cuándo ni dónde aprendí a leer. Si fue con los susurros amables de la señorita María Luisa o con las voces del ogro cojo. Sólo sé que me encantaban los sábados por la mañana, cuando me acercaba a la papelería de Cortés y preguntaba si había venido el cuadernillo apaisado del Capitán Trueno, con carpetilla iluminada e interior en blanco y negro. Del TBO me gustaba hasta los increíbles disparates del profesor Frank de Copenhague. Mis hermanos eran más de Roberto Alcázar y Pedrín. Mi padre leía El Coyote, sólo para poder dormir por las noches, abatido por un disparo perdido… Hasta los siete años viví entre algodones. Fue durante la primera quincena de aquel florido mayo, cuando renuncié a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometí seguir siempre a Jesucristo.




GEOMETRÍA PASO A PASO. (Ed. Tebar).
LA LÁPIDA TEMPLARIA DESCIFRADA. (Ed. Zenith).
Alberto Boutellier Caparrós nació el 31 de octubre de 1933, en Málaga. Lleva viviendo entre nosotros, desde 1975, es decir desde hace 35 años, casi la mitad de su vida. Con pocos meses sus padres le llevaron a Melilla, donde a los tres años pudo vivir el desastre de la guerra incivil. Del matrimonio formado por sus padres, Alberto y María Antonia, nacieron 6 hermanos de los que Alberto es el mayor, dos de ellos fallecidos a los pocos años de vida, fueron enterrados en los cementerios de Larache y Alcazarquivir, donde eventualmente vivieron sus padres. En la actualidad solo son dos hermanos los que sobreviven.
SU PRIMER CARNET DE CONDUCIR.
La carretera existente, cuyas condiciones en aquellos años y la orografía del terreno, la hacían apta solo para conductores experimentados. Yo había conducido durante 4 o cinco kms. en una sola ocasión, un jeep, por un carril terrizo y sin dificultades, era todo mi bagaje como conductor.

SU FAMILIA EN EL PUERTO.


Tiene iniciados e inconclusos, una autobiografía, una novela costumbrista, y una novela histórica. «--También estoy escribiendo poesía por si algún día, me sale una buena y las encuaderno. He descubierto cómo la poesía es una expresión de nuestras ideas, emociones y fundamentalmente de nuestros sentimientos, y llegados a este momento me he dicho, tu también lo puedes hacer». (En la imagen de la izquierda, con su mujer, en una recordada foto de novios).



Cuenta Juan Fernández, de Bornos, uno de los organizadores del ‘Festival Rock Lago 81’ que «estando en El Puerto de Santa María de pegada de carteles, se nos acercaron unos colegas y nos dijeron que eran componentes de una gran banda y que vendrían gratis como teloneros del Festival: “Chiqui Fly Travel Nirvana” (¡¡Que tios mas malos, pero ellos disfrutaron!!)».

Entre los bienes que conocemos poseía se encontraban tres suertes de tierra en el pago de “Balbaina la Baja” que, juntos, sumaban casi treinta aranzadas sembradas de viñas, con casa de piedra en la que realizaban las faenas de vendimia. El edificio de bodega constaba de cinco naves y un patio que servía de trabajadero de tonelería, con pozo, en el valle de San Francisco –creemos se trata del ensanche del Campo de Guía-. A espaldas de las naves de bodegas tenía una huerta, nombrada “Santa Susana” compuesta de 8 aranzadas de tierra calma, con casa de piedra, pozo y alberca. Este fue el último inquilino, hacendado y bodeguero, que tuvo la casa.



Jesús Almendros Fernández nace en Gijón (Asturias), hijo de Doroteo Almendros,
Por motivos laborales se van los dos con una hija de cinco meses, Teresa, a Gran Canaria, donde pasarían tres años. Posteriormente viven dos años en Madrid donde nace otro hijo y por fin, en 1975 se trasladan a Jerez de la Frontera de donde, de acuerdo a las necesidades de la empresa para la que trabajaba, “Auxini”, van cambiando de domicilio: Málaga, Cádiz y por fin El Puerto de Santa María donde ya en 1987 se instalan definitivamente. (Jesús, en la imagen de la izquierda, con apenas 8 años).




















Allá por el año 2000, Pepe Delgado entra en contacto con Paula Haynes, compañera de facultad en Sevilla y cantante con quien queda para ensayar unos bluses tras haberla visto y oido en directo junto a Juan Arias, miembro de la Caledonia Blues Band. En esas tardes sevillanas de blues y cafés invitan a Javier Delgado, compañero también de la facultad y bajista interesado en el Jazz. Juan Arias iba y venía y sin saberlo supervisaba unas sesiones que mas tarde y junto a Manuel Vergne a la batería se convertirían en el repertorio básico de un cuarteto orientado al blues y los standards de Swing, con ecos de Louis Armstrong, Ella Fitzgerald y Billie Holiday.



SESION #1 se publica el 2 de Marzo de 2006 y se presenta en directo en Abril en El Puerto de Santa María y Sevilla respectivamente , contando esta ultima presentación con la participación de invitados de la talla de Paula Haynes (Charmers) y Michael Lindner (Caledonia Blues Band). A partir de este momento la banda sigue tocando en directo allá donde surja la oportunidad, improvisando el repertorio noche tras noche y manteniendo la frescura y naturalidad que les caracteriza y tanto gusta al publico.