El 21 de noviembre es el tricentésimo vigésimo quinto (325º) día del año del Calendario Gregoriano en vigor (número 326 en los años bisiestos), quedando 40 días para finalizar el año. Todos los años, por esa fecha, se celebraba y organizaba en el Colegio de las Carmelitas una procesión, la de la Virgen Niña o Niña María, con motivo de la festividad católica de la Presentación de la Virgen. Está tradición está basada en el escrito apócrifo del “Protoevangelio de Santiago”, según el cual María fue llevada por sus padres, a la edad de tres años, al templo para ser instruida en la fe de sus padres. Una alambicada historia a través de los siglos, que desde Oriente llega a Occidente, acaba siendo impuesta por el papa Sixto V como fiesta oficial del catolicismo. Hoy no tiene tanta relevancia como antaño e incluso la procesión ha desaparecido. (En la imagen, vestidas de Primera Comunión de Ana María y Celia Insúa Lavín. Detrás Matita Muñoz y posiblemente una de las García Sánchez. El angelito de enmedio es Marisol Muñoz Bellvís).
"Desde chico he oído en mi casa que mi bisabuelo Norberto, que anduvo, por la guerra de Cuba, como médico con Ramón y Cajal, hace ahora un siglo, se empeñó en comprar una casita pequeña, con una fachada, pintada de rojo y blanco, tan escueta que sólo tenía una puerta y un balcón. Ya no existe la casa. Estaba en la calle Nevería, al lado de la derecha, según se miraba, entonces, el Colegio de las Carmelitas de la Caridad. A la casa le pusieron, "La casita de la Virgen", pero la casa había sido todo lo contrario: casa de lenocinio, de perdición y de pecado. Y a mi bisabuelo le contrariaba que, al lado, justo al lado, del Colegio donde se educaban sus nietas, hubiera un lupanar. Cuando mi bisabuelo la compró, la regaló a las Carmelitas y, desde entonces, allí estuvo presidiéndola una imagen de Olot, de la Virgen Niña, la "Niña María". Esa imagen, no recuerdo qué día, la sacaban las niñas del colegio, en unas parihuelas, en procesión, por las calles cercanas. Formaban en ella todas las alumnas, de uniforme, con velos de tul blanco y guantes del mismo color. Las aplicadas, llevaban una banda, incluso medallas. Ordenaban la procesión las mismas monjas-profesoras y la cerraba el capellán de capa y estola. A los niños patosos nos gustaba, con un canuto de papel y granos de arroz, disparárselos a las niñas, para provocar su atención y que las monjas les riñeran, por deponer de su actitud piadosa y reverente. (En la imagen, la fachada de la Iglesia de las Carmelitas y la casa donde vivieron los presbíteros Carlos y Manuel Román Ruiloba).
Las niñas mayores del Colegio del Sagrado Corazón de las Carmelitas de la Caridad, tenían el privilegio de llevar las andas, con la imagen de la Virgen, por las calles de El Puerto. En la foto, tomada en uno de los patios del Colegio, de izquierda a derecha, Encarna Gil, Ana María Insúa Lavín, Cristina Fernández (Boli), Elisa Muñoz, Celia Insúa, Delia y Lalo Muñoz Bellvís. El uniforme, propio de la época, con cuellos exteriores y guantes blancos.
Otra procesión que salía de la capilla del propio colegio-- y de la que no tengo recuerdo próximo--, es la de la Inmaculada de la "Hijas de María" de las Carmelitas, en un pasito que, en el año 1927, le prestaron al Nazareno de la Prioral, para sacarlo por primera vez desde la refundación de la Cofradía. Esta procesión, la de la Inmaculada, tuvo sus precedentes en otra que, las "Hijas de María" de las "Corazonas", sacaban a principios del siglo y aun en otra, que organizaban las Madres "Irlandesas", que se instalaron por primera vez en El Puerto, cuando, procedentes de Irlanda, vinieron a España, en la calle Larga, en la casa que luego fue de Acción Católica, en el último tercio del siglo pasado, que aquí pusieron, para siempre, el apodo de "irlandesas" a la Congregación de la Inmaculada Virgen María. Terminemos las procesiones marianas desaparecidas, con los Rosarios de la Aurora que partían de la Capilla de Nuestra Señora de la Aurora, o los que sacaba la Asociación de Señoras del Rosario de Nuestra Señora de los Milagros. Al alba, con grandes faroles de carburo, y un estandarte, recorrían las calles de la feligresía". (Texto: Luis Suárez Ávila).
Don Manuel Román Ruiloba, Présbitero y Coadjutor, de la Iglesia Mayor Prioral natural de Jerez pero porteño durante su vida religiosa al que debemos una nótula en Gente del Puerto, vivía junto a su hermano Don Carlos y otros miembros de su familia en la casa, hoy abandonada, que existe junto a la capilla de Las Carmelitas, en la calle Nevería. Además, daba clases de Religión en dicho colegio. Alguna alumna de aquella época recuerda el “enfado” de Don Manuel cuando estas alumnas de las Carmelitas se lo encontraban por la calle y con la picardía propia de los pocos años le gritaban: «--¡¡¡Adios Don Manuel!!!», a las que éste respondía muy ceremoniosamente: «--Vayan ustedes con Dios, hermanas». En la fotografía, los monaguillos Pepe Rodríguez Rendón y Ramón Insúa Lavín, acompañando a Don Manuel en la procesión).

Como se ve, con el paso del tiempo sufrió reformas ya que en las primeras fotos podemos observar como desfilaban niñas vestidas de primera comunión, algo que no ocurre en las siguientes que mostramos, como en estas, en la de la derecha aparece en primera fila, llevando las andas, Ana María Insúa y Elisa Muñoz, detrás a la derecha Encarnita Gil. La niña de delante creemos que es una Torrent, aunque sin asegurarlo del todo. En la de la izquierda aparece Delia Muñoz Bellvis y Mery Nuchera. (Todas las fotos de esta nótula pertenecen a la Colección de Celia Insúa Lavín).

El Colegio del Sagrado Corazón de las Carmelitas de la Caridad, a la izquierda de la fotografía, en la calle Nevería. Tiempo actual. (Foto: Vicente Utrera - Alberto Trigueros).





Aurelio Sánchez Martín, familia de los Balcon, de quién ‘Ojito', con el genio, el arte y la gracia que le caracterizaba decía: ‘La niña de don Camilo’, en clara alusión a Tere, la hija de un Coronel del Ejercito llamado don Camilo que vivía al final de la calle Larga, próximo al Paseo de la Victoria, muy apuesta y muy formal. Es que Aurelio, el mismo lo reconoce, para sus amigos, Domingo, ‘Ojito’, Enrique, Paquito Gallardo... era muy ‘formalito’. Por otrto lado, dicen que 'la ocasión la pintan calva'. Cuando así ocurría y no vamos a dar mas pistas, 'Ojito' le decía a su hermana Rosario en su casa de la calle de la Arena: "-Venga, date una vueltecita; tu a la calle que hoy me toca a mi…"


Domingo Rosado Ramírez, aventurero y buscavidas cantaba cuplés y se acoplaba a cualquier reunión gastando todo cuanta ganaba entre sus amistades. Era una persona generosa. Mimaba mucho a los jugadores del Racing Club Portuense, y tenía predilección por alguno de ellos a los que consideraba su protector, allá por los años sesenta. Falleció a la edad de 75 años, una mañana de diciembre de 2006, en la Plaza del Polvorista cerca de su casa, conocida como la Casa de los Naranjos en la calle Aurora, cuando se dirigía a su trabajo, en la Plaza de Abastos, Bar Vicente, donde tenia instalado su puesto. Durante algunos días, después de su fallecimiento, clientes y amigos depositaron flores en el lugar donde estaba ubicado el puesto de hortalizas y verduras. A la izquierda, podemos leer el epitafio recordatorio que se pudo contemplar a las puertas del Bar Vicente el 26 de diciembre de 2006. (Foto Colección Carlos Pumar Algaba).


En una anterior 

Todos los citados fueron más bien discípulos de Don Juan. Además tuvo como discípulo en escultura a José Ovando Merino, imaginero y tallador nacido en nuestra Ciudad, aunque su vida y obras se desarrollaron en Cádiz, donde falleció el 18 de marzo de 2001, a los 89 años de edad, sumido en un injusto olvido por el mundo cofrade de la provincia. El llamado "Grupo de El Puerto" está ya estudiado en el libro de Luis Quesada, "La pintura enla vida cotidiana andaluza", interesantísimo volumen que recoge costumbres y personajes populares de Andalucía, exquisitamente editado en Sevilla por la 

Entre los alumnos podemos ver en la fila superior a Miguel Palacios, Melchor Ramos Ortega, el paisano de El Gastor, Juan Sánchez Torreño, un interno de la sierra desconocido, le sigue Joaquín, del Bar Juanito, Millán, José Domingo García Rodríguez (doctor en medicina), Ángel Ortolá Máiquez, desconocido, Cristóbal Moya Garrido (empresario de tiendas de regalo), Andrés Jaén Bautista (brigada del Ejército de Tierra) y José Ignacio Delgado Ibáñez.






Juan Lara, el pintor de la luz, fue el “pintor de la Feria” pues nadie como él ha pintado y anunciado tantas veces y con tanta maestría el acontecimiento festivo de El Puerto por excelencia: en 1946, 1947, 1949, 1963 (reeditado en 1987), 1970, 1971, 1972, 1973 y el definitivo de 1989, con el que rompió moldes. Luego se publicaron póstumamente y como carteles de Feria, cuadros suyos pertenecientes a colecciones privadas y cedidos por sus propietarios para las distintas ocasiones en los años: 1995, 1998, 2001 y 2001. Para la Peña La Charanga -la otrora Caseta La Maruja- pintó algún cartel anunciador de la caseta.













Pese a llevar muchos años dedicada a la gestión empresarial, la enseñanza es su verdadera vocación. María Victoria es Diplomada en Profesorado de Educación General Básica por la ya desaparecida Escuela Universitaria del Profesorado de EGB “Monseñor Cirarda”, radicada en Jerez, donde terminó sus estudios en 1.991. Posee también la Declaración Eclesiástica de Idoneidad, que le faculta para impartir clases de religión católica. Ha ejercido como docente en el Colegio de las Hermanas Carmelitas, La Salle, El Centro Inglés, Grazalema y el Juncal, habiendo sido, con anterioridad, alumna de Las Carmelitas y Safa San Luis, dos centros de los que sólo manifiesta buenos recuerdos y en los que cosechó grandes amistades, tanto entre los alumnos como entre los profesores. (En la fotografía, Victoria, con algo más de un año).




Fueron casi seis años de dedicación hasta que tuve la ocasión de ascender en la profesión cambiando a otra Agencia (Saura’s Travel), también en Madrid. Gracias al Trofeo Ramón de Carranza de 1968 en el que jugaban cuatro equipos españoles, y a bordo de un Simca 1000 alquilado, aparecí en la provincia de Cádiz buscando alojamiento para 300 personas componentes de peñas deportivas y lo lograría en el Hotel Playa de la Luz de Rota. Su director me hablaría de la intención de abrir una Agencia de Viajes para poder hacer excursiones radiales a sus propios clientes, procedentes de Bélgica, Inglaterra y Alemania y así, de carambola, desembarqué en Rota un 1º de Diciembre de 1968, para dirigir Viajes Costa de la Luz. Desde el primer momento comprendí que había descubierto el paraíso y que esta tierra sería mi verdadera patria. (Luis José Esteban, al poco después de llegar a Rota, en 1969).

Sin duda fueron los doce años más intensos de mi vida. A mi entender, el Casino se convirtió en el punto de encuentro más importante de la provincia en esos años. Se consiguió que fuera un centro de ocio con sala de juegos más que un Casino con dependencias auxiliares. Por el Casino pasaron las principales figuras del espectáculo, desde Charles Aznavour a Rocío Jurado, pasando por Albano, Massiel, Mari Trini y un largo etcétera. Mecano actuaría por primera vez ante el público en la Discoteca Dados del Casino; Bertín Osborne haría la propio en la Sala de Fiestas.


Pero a finales de noviembre de 1991 se me presentó la posibilidad de trabajar en el Algarve (Portugal) y allí que moví a mi nueva familia durante dos años, aunque manteniendo la casa en El Puerto y volviendo en el 94 para comenzar a trabajar en el Ayuntamiento de Jerez y, posteriormente, hasta el día de hoy en la Mancomunidad de Municipios del Bajo Guadalquivir.
En 1864 llegaron a El Puerto los Jesuitas y fundaron el Colegio que lleva su nombre. En él, como era habitual en los últimos decenios del siglo XIX, tanto en institutos como en colegios religiosos, existió un gabinete de física, química y de historia natural. El que sirve de base al libro escrito por Juan Carlos Pumar Reyes, fue especialmente rico en especies exóticas, pues El Puerto era punto de desembarco de misioneros que traían ejemplares de América. Además de una brevísima historia del museo, el grueso del libro –que está agotado y espera una reedición- está dedicado a estudiar la colección de peces del mismo. Se trata del volumen titulado ‘Museo de Ciencias Naturales del Colegio San Luis Gonzaga. Catálogo de Peces’. Biblioteca de Temas Portuenses nº 17. Año 2002. Ofrecemos un artículo resumen realizado por el autor de la publicación para Gente del Puerto.









Todos también recuerdan a doña Virginia Hernández López, quien además fue profesora de piano en la Academia de Bellas Artes entre 1923 y 1962… “… me acicalaron y condujeron a la Academia, en la calle Santo Domingo y entré por primera vez y para muchos años por su bonito patio, que mi retina conservó para siempre su forma, su escalera de madera, su salón de actos, sus clases, sus luces y mis oídos escucharon como una magia la campanita de llamada, acordes musicales unas voces de do, re, mi, fa, sol, inexplicables…” Juan Lara. “Mis Recuerdos”
FRASES Y CITAS.
Antonio Domínguez Ramos: “Risa, penas, muchas calamidades y con nuestras chiquillerías contagiábamos e inyectábamos alegría. Era una manera de olvidar el hambre. Incluso nos quitábamos las alpargatas cuando jugábamos para que no se rompieran… “Me parto el pecho por vosotros para nada…” decía don Salvador cuando se enfadaba. “Nadie hacia nada, nadie se metía con nadie” cuando veían la imponente figura de don Salvador paseando, leyendo por la calle.
El bueno de Benjamin Lora Atalaya siempre preocupado por sus compañeros que nos daba todas las facilidades para comprar los muebles para casa ¡Cuánto lo recuerdo! ¡Que gran persona!”. Benjamín tiene nótula propia en Gente del Puerto, junto a su hija Isa Lora, con el número 105, en el Indice de Gentes de este Portal de Internet.
mas reciente, nos han ido abandonando…” “Aquí estamos algunos de nosotros para agradecer desde el recuerdo todo cuanto hicieron por nosotros”
hermanos… a Don Salvador todos debemos gratitud, nos enseñó a caminar por la vida, leer, escribir y ser honestos”. Y añade “Antes de dedicarme a la hostelería fui pescadero y las cuatro reglas que me enseñaron en el Colegio de la Academia de Bellas Artes me sirvieron para trabajar por mi familia” concluyendo que “sería una alegría si me viera ahora don Salvador aquí, en el Bar El Pescaíto, con mi mujer, hijos y nietos que contento se pondría, pero seguro que lo está viendo… ”