La verdad es que alguien capaz de afirmar que “la grandeza del amor nos salva de las bajezas del euribor” no puede ser una persona corriente. Primero porque creer en el amor, a estas alturas de la globalización y ponerlo por escrito para los demás, es cosa de atrevidos. Segundo porque meter en la misma oración las palabras ‘amor’ y ‘euribor’ es como mezclar, a pesar de la certeza, agua y aceite. Tercero, porque los adjetivos ‘grandeza’ y ‘bajeza’ de la misma frase, conviven a diario con nosotros, en el mismo cuarto, la misma empresa, la misma ciudad y el mismo… y parecen que son esenciales para el poemario que presentó el pasado viernes el periodista poeta, Paco Lambea. Cuarto porque publicar un libro con referencias constantes a la musa que lo inspiró –Victoria, su mujer- es algo de un atrevimiento poco habitual, solo de gente que camina segura por la calle.
The truth is that anyone able to say that “the greatness of love saves us from the shamefulness of the EURIBOR” can’t possibly be normal. Firstly, because believing in love, at this stage of globalisation and putting it down on paper for everyone else to see, is very daring. Secondly, because putting ‘love’ and ‘EURIBOR’ in the same sentence is like mixing, despite the certainty, water and oil. Thirdly, because the nouns ‘greatness’ and ‘shamefulness’ in the same sentence, coexist on a daily basis with us, in the same room, the same company, the same city etc. and they seem to be essential for the collection of poems presented last Friday by the journalist-poet, Paco Lambea. Fourthly, because publishing a book with constant references to the muse who inspired it, Victoria, his wife, is unusually daring, only attempted by those who are very sure of themselves.
La cara de las noticias en Telepuerto es un portuense por vía parenteral y dentro de muy poco, con más días de portuense que de extremeño, como gustan afirmar quienes son porteños por elección. Los que pueden disfrutar de un rato de conversación con el periodista, se dan cuenta que en el fondo tiene más alma de poeta, e incluso de filósofo de lo cotidiano, con referencias seguidas y continuadas a sesudos pensadores y escritores que de alguna manera le influenciaron. Parece que el
periodista está prisionero en el día a día, distanciándose de lo que relata cuando ejerce de busto parlante, como una obligación –la de ser notario de la realidad- que queda liberada cuando escribe sobre lo que realmente le interesa y le inspira. Se nos ha abierto con este primer libro otro Lambea, real y cierto pero desconocido del gran público local. Alguien que en su infancia sería considerado como un ser extraño: toda sensibilidad más allá de lo común es rara por excepcional. Yo reivindico que sería realmente justo y necesario poder leer sus opiniones sobre otras cuestiones en un medio escrito, más allá de las meditaciones, el amor y su Victoria.
ESTAMPAS FAMILIARES.
La semana pasada ha presentado su nueva obra, un nuevo poemario: “Estampas familiares”, libro 22 de la colección de poesía Hojas de Bohemia, de la editorial jerezana EH Editores. Estampas familiares representa la consecución lírica de una deuda que Lambea mantenía con sus seres más queridos. Para Marco A. Velo, "Francisco Lambea registra las pulsiones de la moviola, la irremediable controversia de los recuerdos, la súbita canalización de la expresividad. Utiliza el confesionario de la memoria, el imaginario de sus recónditas pero imperecederas emociones. Y susurra giros de franqueza al oído –etéreo, identificador, prístino e inacabable- de su árbol genealógico, de su gente, de su familia. Lambea reconstruye la edificación de su alma con ladrillos de nombres propios: el de sus padres, de su esposa, hijos, suegros, etcétera. Estampas familiares siembra la estirpe del trovador que ya no se quiere inconfeso. Y agrupa a los miembros de su linaje bajo el brocamantón de la calidez verbal. Reestructura el pasado con el cambalache de la sinceridad para desnudar el verso de hojarasca y para demudar el beso con el aliento de una complicidad en pretérito perfecto".
LA MEMORIA HISTÓRICA.
Teresa Almendros le pregunta en una entrevista reciente en el Diario de Cádiz: «Una parte del poemario está dedicada a los ausentes, con especial mención a su tío Miguel, asesinado en la Guerra Civil. ¿Es su particular contribución a la Memoria Histórica? --A mí eso me duele mucho. Es una contribución a mi memoria histórica particular, porque mi tío estaba en el bando nacional. La guerra civil fue algo terrible que no debió pasar. Yo en Villanueva voy siempre a leer a casa de una tía mía soltera. En la habitación donde leo tienen una foto de mi tío Miguel, que fue asesinado con 18 años en la Guerra Civil. Esa foto siempre me impresionó mucho. Me da mucha pena que mi tío muriera en un barranco en Córdoba y nunca supimos más de él. Mi tío no quiso ir a ninguna guerra, tuvo la mala suerte de tener 18 años en ese terrible momento y cuando estalló la guerra se vio envuelto en ella. Quería que mi tío tuviera un poema en el que se le recuerde. Le dedico otro poema a su madre, mi abuela, que sufrió mucho esa ausencia y tuvo que luchar mucho. Mi abuela nunca celebró ninguna Navidad ni ninguna Nochebuena y eso siempre me impresionó mucho. Esta ha sido la sección más difícil. También le he hecho un poema a Antonio Barbosa, tío de mi mujer, un hombre con una filosofía muy particular, que amaba la libertad por encima de todo.»











La apertura del bar está fechada en 1908. Por entonces se le conocía con el nombre de “Los 48”, el mismo que una manzanilla de Sanlúcar. Por entonces varios bares de la ciudad tenían este tipo de nombre, coincidiendo con el de un vino. Luego, parece que en la década de los 30, el bar pasó a llamarse “La Solera”, su nombre actual, y pasó a formar parte de las instalaciones del Hostal Loreto, situado también en la calle Ganado, junto a La Solera (Calle Ganado n. 17. Teléfono: 956543562). El bar se convirtió en la cafetería del hostal y se abrió una puerta interior que los comunicaba. Por allí pasaron los toreros que intervenían en la plaza de Toros de El Puerto ya que estos solían pernoctar en el Hostal Loreto y luego salir en coche de caballos, con gran expectación, hasta la plaza.
Comenzó en la hostelería en 1960. Tenía 16 años y se colocó en el hotel Fuentebravía de El Puerto, en la cocina. Fue aprendiendo el oficio, le gustó y a los pocos años abrió un chiringuito en la playa de La Costilla en Rota donde triunfó con el marisco que traía de El Puerto de Santa María. Y a partir de ahí el éxito. Se marcha de la ciudad y comienza a montar negocios de hostelería que le llevarían a la élite y a llegar a tener a su cargo en toda España a más de 1.200 personas en negocios relacionados con el ocio y que incluían desde restaurantes, servicios de caterings, hoteles y hasta bingos.
Es un gran conocedor de los vinos. En su establecimiento están por todas partes. Encima del mostrador, en unas pequeñas estanterías que dificilmente caben en el local y en un armario climatizado donde guarda lo mejor. Se muestra partidario de no cobrar grandes cantidades por los vinos “porque los vinos no sólo deben maridar con la comida sino también estar acordes con esta economicamente. No se le puede cobrar a alguien una cantidad por la comida y más del triple por los vinos.”
José Luis no cierra ni el 24 por la noche ni el 31. Porque me gusta estar con mis clientes esos días “y porque muchas personas buscan un lugar donde comer en esas ocasiones y no lo encuentran. Los clientes se repiten cada año”. Reconoce que por lo singular de su establecimiento la relación con los clientes es muy especial: “Tienen que tener paciencia porque estoy sólo para todo, pero eso se suple con un poco de conversación. Tengo gente que viene desde fuera a comer el cocido o a probar los arroces y me enorgullece mucho que repitan”.


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EL FLAMENCO.








partido que dispute el Racing. Concretamente fue en la Plaza del Polvorista, donde se desarrollaron los primeros encuentros, en un terreno improvisado para la ocasión al que acudían todas las fuerzas vivas de la ciudad y un sin fin de personas que durante la década se aficionaron y llenaban el recinto. El funcionario municipal, escritor y periodista Mariano López Muñoz fue el fundador del club y Genaro González Noval, su primer presidente [...] La equipación se estrenará en el segundo encuentro del que tenemos referencia y que se produce el 4 de marzo de 1928 en la Plaza del Polvorista, un “match” entre el Racing Football Club y el Español F.C. de Jerez de la Frontera, según la prensa local. El partido finalizó con un empate a un gol. El equipo portuense alineó a M. Conejo, M. Sevillano, F. Martínez, Mayo, A. Silóniz, el goleador portuense del encuentro, Puente, Campos, González, J. Grant, F. Sevillano y A. Arias. Fue Silóniz el autor del gol racinguista y la equipación que portaba el conjunto de El Puerto fue donada por un convecino de la ciudad, Sr. Don Elías Ahuja y Andría, que también contribuiría en el fútbol gaditano. Este insigne portuense es hijo adoptivo de la ciudad desde 1928. Filántropo, político, comerciante y académico, muy activo y partícipe en la sociedad de El Puerto en aquellos tiempos.» Diego Patrón Aguilera, de su trabajo de investigación: «1928... El Fútbol portuense de estreno. El balompié en El Puerto en los años veinte».





También trabajó de cocinero en los campamentos de la OJE (la antigua Organización Juvenil Española, brazo juvenil del antiguo régimen político). Luichi, que tiene alma de artista, trabajaba de jovencito, -en la foto que ilustra este párrafo con 17 años-, en el Motel Bahía del Sol, (actual Hotel Dunas Puerto), en las Dunas de San Antón frente a “El Berrenchín». Allí actuaba, cantaba y bailaba, -se descocaba- una forma muy de la época de sacar afuera su verdadera personalidad, transgrediendo lo impuesto en busca de su personalidad. Rociero de pro, no falta a su cita y tiene anécdotas para contar que harían enrojecer al más templado. La prudencia aconseja poner un recuerdo liviano: haciendo el servicio militar -el campamento en Ovejo y el destino en Algeciras- se fue de permiso con un amigo a Toledo y, comiendo castañas en una carretera -a saber que pasó-, lo atropelló un coche, con el consiguiente revuelo en el Destacamento, que anuló los permisos a todo el acuartelamiento. Luichi, que ha vivido lo suyo, insiste: «pido una oportunidad trabajando en lo que sea: se hacer todas las labores domésticas». Necesita llegar a la jubilación con el número de jornales ajustados. (En la fotografía, Luichi durante la Semana Santa de 2008, en la Plaza del Castillo. Foto Colección C.P.A.)




Antonio Arenas Aniceto, conocido por el mote de “El Ratón” es un personaje que forma parte del paisaje de El Puerto. Tal es así que una pintura sobre él, de cuerpo entero, se encontraba expuesta en una de las galerías de la Casa de la Cultura (Al día de hoy, cuando hemos ido a tomar una fotografía, nadie ha sabido darnos norte de donde se encuentra o si desapareció en uno de los actos vandálicos que sufrió el edificio cuando se trasladó la Biblioteca). El Ratón es un hombre que derrocha el mejor humor, el sentido del humor portuense. Que habla con cualquiera de buen grado. Que tiene un saludo para todo el que se acerca a él. Estudió en el Colegio del Hospitalito. Fue cabrero y guardapavos, pero un curso de soldador le propició el trabajo de su vida: trabajar en Astilleros hasta su prejubilación. (El Ratón, haciendo el camino del Rocío. Foto Colección Carlos Pumar Algaba).
Pero si algo define a El Ratón es su vestimenta. En la mano, debajo del reloj, una mata de romero y yerbabuena. «Tiene un ropero, un vestidor en su casa de La Angelita Alta, en plena campiña portuense, de lo más variado. Nuestro amigo es muy coqueto y tiene un estilo al vestirse, un “dandismo sui géneris” que le hace inconfundible. Se ducha, se peina los caracolillos, se afeita teniendo cuidado con tres puntos fundamentales de su colorada y sana cara: su perillita que es como la antena de su inspiración, sus patillas largas a lo “Tempranillo” y su finísimo bigote. El acto de vestirse con su estilo inconfundible que lo hace único es un acto de creación y como de liturgia torera. Pausada, lentamente se va colocando sus prendas. Una camisa blanca que es como el alba de un canónigo; un largo y estrecho pañuelo perfectamente acoplado al cuello; un chaleco a la “torera” que hace resaltar su torso bien formado; un pantalón estrecho, largo, ajustado y perfectamente planchado y un manojito de flores silvestres en un ojal o en el bolsillo superior de su chaleco que como su señal de identificación con la naturaleza, porque El Ratón es un ecologista por cuanto ama y respeta la naturaleza y su bastón que no le sirve para apoyarse porque es un atleta, sino para enseñorearse y afirmarse. Va sobre las doce del mediodía a beberse el mundo, a Ratonear. [...] Ni un general con sus entorchados en la época prusiana andaba y se pavoneaba como El Ratón. Ya está el paisaje de El Puerto al completo. ¡Cuidado, calle Ganado, Santa Clara, San Juan que baja El Ratón! Y comienza su retahíla de aludos, de cortesía, de sonrisas, de educación exquisita. Para todo el mundo tiene su pequeña inclinación de cabeza, su letanía de saludos, su forma peculiarísima de entablar un corto diálogo.» Antonio Muñoz Cuenca. De su libro, “Paisajes y Paisanajes”. (El Ratón, con un compañero, trabajando en Astilleros de Puerto Real. Foto Colección C.P.A.)


















