
"Desde el alto otero de las Cruces, El Puerto parece un velero anclado o varado junto al río. Caminemos despacio. El Puerto hay que conocerlo sin prisas, poco a poco. No hay temor de que se nos haga tarde. El tiempo se detiene aquí, entre otras razones, porque no podría hacerlo en otro sitio mejor".
Juan Ig. Varela Gilabert
"Descubrid y deteneros un día, ante la cruz de hierro forjado que se encuentra en la esquina de Santa Fe con Durango, en las proximidades de lo que fue la ermita del Santo Cristo. Ermita que fue originaria sede de la hermandad de la Vera-Cruz hace cinco siglos, y por donde se erigiría ese monasterio de los franciscanos, hoy parroquia jesuita, a principios de la floreciente centuria del XVI, en el esplendor del señorío de los Medinaceli. /Antigua imagen de la cruz de la Ermita de San Sebatián, que aun se conserva en el lugar donde fue construida ésta, y en los terrenos aledaños donde más tarde habría un Hospital de Mujeres
Es la cruz del desaparecido hospital de San Sebastián, rastro semiescondido y casi olvidado, entre coches aparcados, de un edificio que testimonió la asistencia social de la Iglesia cuando los poderes públicos no se interesaban por los más desfavorecidos…

Imagen actual de la disminuida Cruz de San Sebastián, entre coches y deslucida
Ya que en estos momentos ningún malaje nos oye, confiemos en que no venga nadie a pedir demandas de otros tiempos y a reclamar en que, por el bien de un malentendido laicismo, por desnudar de principios a una sociedad ya de por sí indolente, blandengue y trivial, se retire ese símbolo cristiano de un lugar público, como está sucediendo en otras ciudades y como se pretende imponer en colegios y hospitales regidos por órdenes religiosas. Esa cruz de hierro tan austera, con su estilizado capitel, forma parte de un patrimonio tanto cultural como sentimental y religioso que nos recuerda cada día lo que fuimos y lo que somos". /Del pregón de Semana Santa de Francisco Andrés Gallardo. Año 2010.
Más información de San Sebastián:
Nótula núm. 631 en Gente del Puerto.



O el que relata la muerte, en El Puerto, de José Cándido, el 24 de junio de 1771, primer torero de a pie que sucumbió de una cornada. O la canción “Toros en El Puerto” de Don Luis González Bravo, estrenada en 1841 y, desde entonces, la canción más repetida y famosa de todo el siglo XIX... /En la imagen, anuncio de la zarzuela de ambiente portuense 'El Tío Caniyitas'.




En 1774 marchó Gregorio de Urruela a bordo de la fragata “San Juan Bautista” a Guatemala, estableciéndose en la Nueva Guatemala de la Asunción, donde desempeñó, entre otros más o menos importantes cargos, el de regidor del ayuntamiento en 1779, año en el que, además, contrajo matrimonio el 26 de abril en la parroquia de la Ermita, con María Josefa de Casares y Olaberrieta, madre de Julián, nacida el 23 de noviembre de 1756 en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala (actualmente Antigua Guatemala). /En la iamgen, Gregorio Ignacio de Urruela y Angulo.
En 1802 y como ya mencioné en mi anterior 







La presencia del ejército invasor va a llevar consigo la ocupación de edificios y casas para soldados y oficiales: la requisa de caballerías y efectos; la imposición de tributos y gravámenes para el mantenimiento de dichas tropas. Así la contribución que se realizó desde febrero a diciembre de 1810 fué de 4.602.403 reales, superior a los cálculos previstos en el Padrón General de Enero de 1812, que escendía a 4.007.009 reales. La diferencia entre presupuestos y gastos reales, su compensaban con exacciones extraordinarias. Claro está que frente a las imposiciones contributivas de la administración ‘intrusa’ --terminología de la época-- sólo cabía la ocultación de bienes y la resistencia pasiva que se hizo a pesar de las amenzas y conminaciones de los jefes franceses. / En la imagen, documento de contribuciones especiales que debían satisfacer ciudadanos de El Puerto para cubrir los gastos de aprovisionamiento del ejército imperial francés. /Archivo Municipal de El Puerto de Santa María, Actas Capitulares 1812. Legajo 73, Tomo I, pág. 639.




Tiempos gozosos de la juventud de nuestros mayores. Jueves Santo de los años 60 en que Humildad, Misericordia y Amor eran una trinidad de la noche porteña de Pasión, mientras la pescadería se adecentaba con galas dignas de la Señora del Carmen para recibir al Nazareno y a la Señora de los Dolores, la niña surgida de la gubia del paisano José Ovando.
