
Juan Luis Cordero Rodríguez, “el Pijota” para el mundo de la cultura gastronómica local, nació en la céntrica calle Alquiladores, número 5. Estudió en el Colegio de José Luis Poullet y luego al de la Plaza del Polvorista, hasta el año 1959 en el que abandona los estudios para adentrarse en el apasionante y a la vez absorbente mundo de la hostelería, en el que ya lleva 50 años.
El sobrenombre de “el Pijota” le viene dado desde muy joven. Era muy alto --o largo, como decimos por aquí--, muy blanco y muy delgado y su amigo el Chiculi (camarero del Bar Santa María recientemente jubilado), le dijo que se pareciá a “una pijota hariná”. Cuando en 1985 montó el Bar, le preguntó a su mujer que como le ponían al establecimiento a lo que ésta le respondió con rotundidad: «--Quelevaponé: Pijota, no?».
El año que nace “el Pijota”, son nacidos también el que fuera Obispo de Jerez-Asidonia, Juan del Río Martín, el guitarrista algecireño Paco de Lucía, la cantante cubana Elsa Baeza, el motorista Ángel Nieto, la actriz Mercedes Sampietro, la escritora Soledad Puértolas, el cantante y actor “Joselito”, la cantante María del Mar Bonet y la fallecida Mari Trini, el actor estadounidense Arnold Schawarzenegger, el novelista brasileño Paulo Coelho, el novelista de terror Stephen King, el futbolista Johan Cruyff, el empresario Florentino Pérez. En Madrid se inauguraba el Estadio Santiago Bernabeu. (En la imagen de la izquierda, óleo sobre lienzo que recoge una imagen del primer bar de 'el Pijota').

En el primitivo Bar Pijota, con el desaparecido Antonio Cuevas, 'el Mosco' portando un bonito ejemplar de bogavante.
En 1947, también, Miguel Delibes obtenía el Premio Nadal por su novela “La sombra del ciprés es alargada”. Ese mismo año aparecen los “Manuscritos del Mar Muerto” y es inventado el transistor en los Laboratorios Bell. Ramón Torrado, oriundo de El Puerto, estrena la película “Botón de Ancla». En Cádiz estalla el 18 de agosto un depósito de explosivos de la Marina de Guerra, muriendo más de 150 personas, superando los heridos a los 5000. Muchos edificios resultan dañados y desde Argentina llegó una importante ayuda.

Juan Luis y Luis Rosa con una botella de licor en la mano, detrás de la Barra de la Cerveceria Cruz Blanca; con una cerveza Juan Ortega, hijo del “Churra” acomodador del antiguo Cine Macario de verano; este muchacho era un gran pintor.

En la Cervecería Cruz Blanca, Juan Luis por fuera del mostrador, junto a Juan Fernández Sanjuán -Juan el del Vapor-.
En 1959, con 12 años, entró a trabajar en la Cervecería Cruz Blanca, hoy Cervecería El Puerto, en la esquina de las calles Luna con Misericordia, cuando su propietario era José Neira, pasando luego el establecimiento a pertenecer a José Basteiro Pereira. Allí se colocó de pinche de cocina, con una plancha de gasolina que estaba situada en la última ventana que tenía la Cervecería por la calle Luna en dirección al Guadalete. Allí ponía gambas y sardinas en aquella plancha y, como no estaba la altura, se subía en una caja de madera de Cruz Blanca vacía, sin los cascos. Allí permaneció por espacio de doce años, hasta 1971, junto a varios compañeros entre los que recuerda al desaparecido Miguel Ferrer.

En el Bar Las Columnas, de izquierda a derecha, Miguel Perles, el Pijota, Pepe y Alberto.
Empezando la década de los setenta del siglo pasado se va a Rota, por un año, con su compadre Paco Flores, al Hotel Playa de la Luz. En 1973 entró a trabajar en el Bar Las Columnas, el que estaba en la esquina de la calle Luna esquina y vuelta con San Bartolomé (¿adivinan que hay hoy en ese espacio?: una entidad bancaria), frente al Teatro Principal y el Bar La Concha, por Luna y Ultramarinos La Giralda -con nótula num. 044 en Gente del Puerto-- por el frente de la calle San Bartolomé. Era propietario de Las Columnas Miguel Perles Giner.

Salón de la antigua Cervecería España.
En 1974, Salvador Figuereo, propietario del desaparecido Cocedero “Mariscos Salva” fue a buscarlo para que se hiciera cargo de un establecimiento de su propiedad: Cervecería España, situada frente al Parque Calderón donde anteriormente estuvo el Cinema España y hoy hay un establecimiento de tragos largos..
En 1983, nueve años más tarde se fue con Paco Flores a los terrenos de la Autoridad Portuaria, en la Otra Banda, en el Restaurante La Lonja, donde permanecería por espacio de algo más de un año.

En el primer Bar Pijota, junto a Kristofe Dura, médico polaco ya fallecido y otro cliente.
En 1985, con 26 años de experiencia en hostelería, decide establecerse por su cuenta con el que fue su primer negocio como propietario: el Bar El Pijota, en la calle Javier de Burgos, en un local alquilado. En 1995, diez años después, con 36 años en la hostelería, abre su segundo establecimiento, ya en propiedad, en la calle Curva casi esquina con la Plaza de la Cárcel, frente al Hotel Los Cántaros.

Peña Gastro Cultural Pijota. De izquierda a derecha, Rafael Gómez, Roque, Gabriel Andrades, Emilio Jiménez, Antonio Bollullo, Gabriel Herrera, José Luis Castillo, el Pijota, Abelardo Gil y unos amigos de Torrrelavega (Cantabria).
En la actualidad, con 62 años, 50 de los cuales los ha vivido en el sector hostelero, se siente satisfecho de la labor realizada: género de calidad, especializado en mariscos y pescado frito, donde destacan los guisos marineros y las tortillitas de camarones. En torno a su establecimiento y a su persona funciona la “Peña Gastro Cultural Pijota”, quienes se reúnen una vez al mes para comer, habiendo sobrepasado ya los 20 años de existencia.
Larga vida al Pijota y a sus guisos.



LA MANTECA COLORÁ.

pringá de verdad y no un paté”. Juan Moreno recuerda que a su amigo “no le fue, al principio, bien con el producto pero aquí en El Puerto la fui dando a probar y empezaron a llegar los pedidos de los bares que la ponían para desayunar. A lo tonto, a lo tonto, todas las semanas había que hacer un buen guiso de pringá para atender a la clientela”. (En la imagen el certificado de los productos de los Hermanos Moreno).

DEL KILO A LOS 22 GRAMOS.
UN PRODUCTO DE ÉXITO.
Luego vendría todo sobre ruedas. A la “pringá para untar” se han unido la crema de lomo, una versión moderna de la zurrapa del lomo en manteca y la manteca colorá. El proyecto, ahora, es unir alguna oferta más a estas monodosis de desayuno andaluz. A los Hermanos Moreno, una vez logrado el producto, no le fue dificil encontrar distribuidores. (En la imagen de la izquierda, sobre la tabla de madera, dos buenas rebanadas de pan de campo con pringá de berza untada).
Lo último fue darle nombre y ahí fue la familia de nuevo la que primo. La marca de los Hermanos Moreno (Juan, Eduardo y Salvador) es “Casa Naval”, en honor al primer apellido de su madre Antonia Naval. Ahora, la fabricación se mide por miles de kilos anuales y el producto llega ya a toda Andalucía, Madrid y Barcelona “aunque aquí a la fábrica nos llaman desde muchos puntos de España interesándose por el producto” [También sirven sus productos para Portugal, con lo que la marca se ha internacionalizado, empezando por la península ibérica. Nada mejor para unos productos ibéricos]. (Textos: Pepe Monforte).

Lo ha conocido prácticamente todo en la hostelería. Se inició en la década de los 50 en Cádiz cuando su tío puso en la plaza de San Juan de Dios una marisquería. Eran tiempos de bonanza en la ciudad y el muelle estaba en su apogeo. Eran famosos nombres como los Ortiz, Molinero, Sibón y la familia Baro, que recientemente ha recibido un premio del Ayuntamiento de Cádiz por su brillante labor en la hostelería. (En la imagen, Luis de primer barman, en 1968).
LLEGA A EL PUERTO.





Así se trajo para Cádiz el torta del Casar y setas como las criadillas de tierra o los boletus, además de la Técula Mécula, un postre típico de Badajoz realizado con almendras y huevos. (En la imagen, boletus con gambas y jamón ibérico).


EL LAZARILLO Y EL CAÑÓN.









Er Beti cumplió el pasado 20 de junio 50 años de existencia. Fue en esa misma fecha pero de 1959 cuando Manuel Garrido Patino (en la imagen de la izquierda) le entregaba a Antonio Ferrer, el propietario del local, los 13.000 duros (65.000 pesetas o 389,54 euros) por las que le traspasaba el establecimiento. Manuel las había conseguido al vender el camión con el que trabajaba de transportista. Pero con 13.000 duros pagaba un sueño porque desde pequeño decía que quería ser tabernero y lo consiguió a los 38 años tras ahorrar y pasar por varios trabajos. Er Beti se había abierto dos años antes como un despacho de vinos y Manuel Garrido conservó la actividad hasta que poco a poco fue introduciendo novedades para conseguir que un despacho donde triunfaba “la media chica” de vino (un vaso pequeño) se convirtiera en uno de los templos del tapeo portuense.

Pepe Garrido Prado llegó ya mayor al establecimiento, allá por 1985, cuatro años antes de que su padre se jubilara. Antes había trabajado en un taller de reparación de radios, había estudiado para arreglar radios y televisores y, finalmente, trabajó en una tapicería pero su padre decidió que, al ser el mayor de la familia, debía ser el que se hiciera cargo de su bien más preciado el Bar Er Beti. Ahora ya se ha incorporado la tercera generación de la familia y Manuel Lores Garrido, hijo de la hermana de Pepe, está ya tras la barra. (En la imagen de la izquierda, Manuel Lores, hijo de Manuel Lores Camacho, el ya desaparecido cuñado de Pepe Garrido)


Elaboración: 



su gerente y miembro ya de la tercera generación de los Espinosa.
La experiencia de la familia con la mar es larga. Eugenio Espinosa Morales era un chiquillo cuando se enroló en un barco de pesca de El Puerto de Santa María junto a su tío. Este ejercía de cocinero en el pesquero y fue enseñando a Eugenio los secretos de la cocina del pescado. Al poco el joven Eugenio se hizo cargo de la cocina del barco y aprendió a guisar la raya (un pescado que es fácil encontrar en bares del centro de El Puerto) al pimentón, el rape con pan frito, las papas con chocos y, sobre todo, los fideos con caballas. (En la imagen, Eugenio Espinosa Morales, el fundador de la saga de hosteleros).
Eugenio, el actual cocinero de Eugenio Guadalete, el nombre actual del restaurante y situado a doscientos metros escasos del anterior local, recuerda perfectamente la fecha porque por entonces tenía 13 años y se incorporaba ya al negocio de la familia. Este cocinero, alto y delgado, vestido de negro y con el nombre del establecimiento grabado en rojo sobre su chaquetilla, saca de su cartera la foto de aquel día que no olvidará jamás. Vestía para la ocasión el mejor traje de camarero, con chaquetilla blanca, corbata negra y pantalón a juego, en la imagen adjunta de la izquierda. Ahora, a sus 68 años, sigue conservando la ilusión y sigue dirigiendo las cocinas del Guadalete.



Elaboración:
Las administraciones públicas consideran que el sector salinero artesanal puede convertirse en una fuente de ingresos para la Bahía y de ahí que apuesten por el desarrollo de este sector que, en otros países como Francia constituyen todo un atractivo tanto económico como turístico. Para ello del próximo día 1 y hasta el 4 de octubre tendrá lugar en el Parque Metropolitano de 'Los Toruños', situado entre El Puerto y Puerto Real, la segunda feria internacional de la sal, cuya primera edición tuvo lugar en 2007 y a la que asistieron más de 10.000 personas según los datos recogidos por los organizadores. (En la imagen, Juan Martín, director del Parque Metropolitano de 'Los Toruños').

También estarán los máximos representantes de la asociación española de salinas artesanales con lo que los encuentros que se mantengan serán del máximo nivel. El interés científico del evento también está garantizado con la presencia de científicos de la Universidad de Cádiz y del historiador francés Loic Menanteau, un gran especialista en la industria salinera de la Bahía de Cádiz.Otra de las patas del encuentro será la cooperación internacional tratando de ayudar a los artesanos marroquies, que también acudirán por primera vez a la convención para desarrollar esta industria en su país y evitar su desaparición. Pero el objetivo del encuentro no sólo será de cara al interior, según resalta Martín, sino que tiene como interés divulgar a la población la importancia de las salinas y todos los beneficios que tienen estas para la naturaleza. Precisamente la feria tiene lugar en el parque metropolitano, el pulmón verde la Bahía con 1000 hectáreas de terreno virgen y con varios ecosistemas presentes, donde existen unas salinas de cuyo funcionamiento se tienen noticias ya en el siglo XV.
Las salinas permiten mantener especies animales como las aves o algunos peces a la vez que permiten la explotación sostenible de unos terrenos a través de la crianza de la sal o de pescados de estero, otro de los posibles desarrollos del sector. El pescado de estero no tiene nada que ver con la acuicultura intensiva ya que en los primeros los pescados y mariscos se crían con el alimento que contiene la propia salina, sin aportar piensos artificiales y luego esto se nota en el sabor del pescado. Asismimo también suponen mantener un conjunto de especies vegetales características de la zona y que han sido estudiadas por el Grupo de Conservación de Humedales Costeros de la Universidad de Cádiz que comanda el profesor Alejandro Pérez Hurtado de Mendoza, otro de los artífices de estos encuentros.
COCINA CON SAL


La clave puede que esté en una tapa que ha cumplido ya más de 40 años, las pavías de merluza, unos trozos de pescado rebozado, de tamaño espectacular que en el bar bordan y del que venden al año más de 7000 kilos, según los cálculos de Ignacio. Empezó en el negocio familiar a los 14 años. Comenzó entonces a colocarse tras la barra junto a su padre: Francisco. Aunque el primer apellido de Paco era Rodríguez, la gente le conocía por su segundo, Ceballos y ese nombre se le quedó al bar. Casa Paco Ceballos comenzó a funcionar en 1947, cuando en El Puerto aún ni se soñaba con la Ribera del Marisco. La taberna sólo ponía vino y servía como lugar de encuentro para pescadores ya que estos, y los armadores de los buques, acudían al establecimiento para hacer los repartos de dinero y pescado tras las mareas. Así se mantuvo el bar hasta la década de los 70. Paco había tenido experiencia en otros locales hosteleros de la ciudad y conocía bien el mundillo de la hostelería, según relata su hijo Ignacio. En esos años se instala el primer cocedero de mariscos en la zona y el dueño pide a Paco que convierta en bar su taberna para así complementar los negocios. Paco, en unión de sus hijos que ya le ayudaban en el bar, comenzó a servir tapas de cocina que, rapidamente, lograron el respaldo de los parroquianos. Huevos a la flamenca, higaditos de pollo, riñones al Jerez, llenaban entonces la carta junto a un llamativo plato llamado merluza al “achilipún”, en honor de la canción que hiciera famosa Lola Flores y que no era otra cosa que un pescado guisado en salsa verde. (En la imagen de la izquierda, Ignacio Rodríguez Sánchez, el otro cincuenta por ciento del tabanco).



Elaboración: 
Jugaba en el Ejido de San Juan, “el Lejío” como popularmente se le llamaba, a “la vuelta a la manzana”, el “salto del múa” -casi siempre le tocaba en la pared aguantando la fila y le daban el espolique-, a “la china”, a “la comba”. Merendaban pan con aceite y azúcar en casa; en el colegio pan con chocolate y mientras merendaba, de pie hacía cola, relevando a su madre, para comprar el carbón que alimentaba la cocina y la copa o brasero. También llegó a hacer cola en el 

CUIDANDO NIÑOS.





