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Tomás de Vargas Suárez,  cantaor gitano, más conocido en la historia del cante como Tomás ‘El Nitri’, también recordado por ‘El Nitre’ o ‘El Mandanga’, nació en El Puerto de Santa María en el año de 1850. Sobrino de Francisco Ortega ‘El Fillo’, Juan ‘Encueros’ y Curro ‘Pabla’. Envuelto en la leyenda, la vida de este intérprete está inmersa en una serie de contradicciones, partiendo de su lugar de nacimiento, aunque exista una partida de bautismo hallada en la Iglesia Prioral de El Puerto, pues existen opiniones dispares que lo consideran indistintamente natural de Cádiz, Arcos de la Frontera, Jerez de la Frontera y Puerto Real, lo cual ha producido polémicas entre los investigadores. No obstante, Demófilo, en su obra Colección de Cantes Flamencos, aparecida en 1881, lo califica de portuense, en virtud de la información que le proporcionó el cantaor jerezano ‘Juanelo’. En cuanto a su muerte, la tradición oral igualmente se contradice, unos sostienen que murió joven todavía y tuberculoso y otros, lo niegan. Igualmente es motivo de distintos pareceres, las circunstancias que rodearon el otorgamiento en su favor, y por vez primera, del trofeo La Llave de Oro del Cante.

LLAVE DE ORO DEL CANTE.
En torno a este acontecimiento, la versión más divulgada es que la recibió en 1868, [hay quien afirma que fue en 1862, dato tampoco constrastado] en el Café Sin Techo de Málaga, en medio de la euforia de un grupo de aficionados, recibiéndola de manos de Manuel Pérez de Guzmán y el general Sánchez Mira; existiendo otra versión en torno al hecho, ubicándolo en Jerez de la Frontera, durante una fiesta de cabales. Al cabo del tiempo y las investigaciones la duda persiste y no se tienen pruebas claras al respecto.

Lo que parece cierto es que vivió de joven en Cádiz. pues su familia, y él mismo, aparece en padrones de la capital de su provincia; y también que vivió en Alcalá de Guadaira y otras localidades sevillanas y en Málaga, en una especie de errancia consecutiva. Aurelio de Cádiz, en una de las curiosidades que narró a José Blas Vega, sitúa a ‘El Nitri’ cantando con la guitarra de Patiño en el colmao gaditano La Concha, al referirse a Andrés ‘El Loro’, quien también participó en la reunión. Igualmente, Aurelio de Cádiz recordaba que la letra de siguiriya que dice:
Pobrecito Ponce
que en Lima murió
cómo llamaba a Cristina murió
y no la vió.

referida al torero casado con Cristina Ortega, hermana de ‘El Cuco’, era original de ‘El Nitri’, amigo de Ponce.
La pastora divina
venga en mi compañía,
que me veo sin calor de nadie
y en tierra mu extraña

Juan Talega, en una entrevista de prensa, aseguró que ‘El Nitri’ vivió tres años en Alcalá de Guadaira, en casa de su familia. Al decir de Antonio Mairena, una sobrina del ‘Tío Maero’, que tenía noventa años, le relató que la fiesta en la que entregaron la Llave de Oro del Cante a ‘El Nitri’, estuvo organizada por los jerezanos Manuel Molina y Juan Junquera. En el número 75 de ‘La Ilustración Ibérica’  (Barcelona. 7-6-1884) puede leerse: «Caoba hizo el elogio dc su pariente, su tío Tomás, El Nitrí,- ¡Ese si que sabía cantar por tó lo alto! EI pobre espichó en Cádiz. Era mu bebedor y mu juerguista». Por lo que se deduciría que El Nitri murió hacia los treinta años de edad, aunque todo lo relacionado con ‘El Nitri’  son conjeturas, dada la falta de datos concretos, al no aparecer su nombre en ningún programa ni reseña de la época. (En la imagen de la izquierda, Juan Talega).

FRANCISCO ORTEGA ‘EL FILLO’.
Por circunstancias desconocídas. Tomás ‘El Nitri’ vivió desde niño con su tío Francisco Ortega  'El FilIo' que era muv amante de los niños. A ello alude la letra de la famosa soleá atribuida a ‘La Andonda’:

La Andonda le dijo al Fillo:
¡Anda y vete gallo ronco a cantarle a los chiquillos!

(En la imagen de la izqierda, en el centro, El Fillo junto al Planeta, a la guitarra, obra del portuense Francisco Lameyer. Es una de las  escenas Andaluzas de 'El Solitario'. Información falicitada por Francisco M. Arniz Sanz).

Los chiquillos que alude la copla bien pudieran ser ‘El Nitri’ y Silverio, pues, también el popular cantaor sevillano fue iniciado desde su infancia por los dramáticos cantes de ‘El FilIo’. Núñez de Prado, escritor jerezano melodramático y tremebundo, más atento a la anécdota y a la noticia tremebunda que al arte, nos legó hacia el 1909 un retrato arbitrario de el gran Tomás ‘El Nitri’ al que presenta como un caso de timidez erótica parangonable al de un Amiel. Algo así como un Amiel gitano. La especie difundida por Núñez de Prado es en absoluto falsa porque todo el mundo sabe que Tomás ‘El Nitri’ se había juntado a la mujer de su tío, ‘La Andonda’, muerto éste, que era mucho mayor que ella. Lo que está fuera de toda duda es que ‘El Nitri’ gozó toda su vida de fama de raro. Al parecer, ‘EI Nitri’, de quién se cuentan las más estrafalarias anécdotas, algunas de difícil credibilidad, solamente cantaba en reuniones de amigos y familiares y nunca en competencia con otros cantaores profesionales.

Por encima de todo esto está que Tomás cantó inimitablemente una siguiriya, que fue la que mas inmortalizó:
Por aquella ventana
que al campo salía,
le daba voces a la mare e mi arma
y no me respondía.

SILVERIO FRANCONETTI
Sin embargo algunas de sus extravagancias sólo en apariencia lo son. Por ejemplo aquella tan conocida de no cantar delante de Silverio Franconetti. Según parece Silverio se fue al otro mundo con las ganas de oírlo. La actitud incomprensible de ‘El Nitri’ se ha interpretado de diverso modo. Para los partidarios de Silverio la explicacion estaría en el complejo de inferioridad de ‘El Nitri’. En cambio, para los partidarios de ‘El Nitri’, el motivo sería mucho más profundo. Las relaciones casi familiares de Silverio con ‘El Fillo’ y sus parientes rompiéronse de súbito y por causas desconocidas o muy oscuras por lo menos, Silverio emigró a América, donde residió varios años. A su vuelta, ‘El FilIo’ había muerto. Es posible que una tragedia familiar fuese la vuelta del precipitado viaje de Silverio

Mientras duró su estancia en América, Tomás ‘El Nitri’ permaneció al lado de su tío ‘El FilIo’, del que heredó toda la tradición cantaora de la primera mitad del siglo XIX y todos los cantes de ‘El Fillo’. Silverio tenía un enorme interés en oír a ‘El Nitri’ porque era la única forma de refrescar la memoria de los cantes de ‘El Fillo’, su maestro. Y por eso precisamente ‘El Nitri’ no quería cantar delante de él. Entre ‘El Nitri’ y Silverio hubo además radicales diferencias artísticas. ‘El Nitri’ ha pasado a la historia como prototipo de cantaor especialista: su especialidad ya se saben: las siguiriyas y las tonás. Silverio, al contrario, se acreditó ante todo como ejemplo de cantaor enciclopédico, como Miguel Cruz Macaca y como Dolores ‘La Parrala’ entre sus contemporáneos; como Chacón y ‘La Niña de los Peines’ en nuestro tiempo. El arte de Tomás ‘El Nitri’ tuvo su fundamento en los cantes del ‘FilIo’, lo que vale tanto como decir Triana. Seguramente mejoró los cantes de su tío, que conocemos a través suya y de Silverio. De la rica variedad de siguiriyas de Tomás ‘El Nitri’ sólo tres o cuatro han llegado hasta nosotros. Son de impresionante sencillez y grandeza.

Inauguración de la primera sede de la Tertulia Flamenca Tomás 'El Nitri' en El Puerto, el 24 de abril de 1973. De izquierda a derecha, su primer presidente, Francisco Varo Marchán 'Cuqui', el alcalde, Fernando T. de Terry Galarza, el guitarrista Manolo Sanlúcar, desconocido y el guitarrista Antonio Núñez.

Imagen de los asistentes al acto inagural de la Tertulia Flamenca Tomás 'El Nitri', entre otros, vemos a Eusebio Espinar, Juan Martín Vélez, Navarrito, Fernando T. de Terry, Manolo Sanlúcar, Francisco Varo Marchán, Antonio Núñez, Antonio Oviedo González, ...

Otras siguiriyas asignadas por la tradición oral a El Nitri, son las siguientes:
«Oleaítas e la ma furiosa
que fuertes venés
y a la probe mare de mi alma
no me la traé»
. Y
«Arbolito der campo
riega el rocío
como yo riego las pieras de tu calle
con el llanto mío».

(Textos: José María Ruiz Fuentes. Extracto del Diccionario del Flamenco de José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz. Editorial Cinterco. 1985).

El 13 de agosto de 1981, va ya para veinte años, la periodista Lola Galán publicaba una crónica de ambiente sobre El Puerto, en El País, con el título: «Puerto de Santa María: el descanso de la aristocracia de la botella. Cuando el atlántico huele a Fino».

«Teresa Osborne, por favor, la llaman por teléfono». Los altavoces de El Buzo, club deportivo y social de la urbanización Vista Hermosa, repiten un par de veces la llamada. Luego, una muchachita rubia, delgada, cubierta con una camiseta, atraviesa la plataforma ardiente al borde justo de la piscina y desaparece por una puerta discretamente. Un grupo de invitados, que obviamente no residen en Vista Hermosa, persigue con la vista a la rubia, mientras a golpe de codo confirman que efectivamente se trata de una Osborne. Con un poco de paciencia, y unos cuantos finos vivificadores, el grupo podrá tropezarse en esa terraza con la flor y nata de las familias de Jerez, Cádiz o de El Puerto de Santa María, tomando un refresco y mirando indolentes la playa de arena blanquísima. Nietas de la frondosa familia del desaparecido José María Pemán, domecqs, osbornes y terrys de piel oportunamente dorada pasan ante sus ojos con majestuosa indiferencia.

Piscina del Club El Buzo. (Foto: Archivo Municipal).

Decenas de imitadores de Bertín Osborne ensanchan sus espaldas nadando a mariposa con leve golpeteo de medallas e insignias al cuello. Como Bertín los hay que han ido arrinconando hasta dejar reducido al esqueleto de una inicial el primer apellido para llegar al codiciado Osborne tranquilamente. La playa de El Buzo no tiene tan siquiera la visión de las playas populares de El Puerto de Santa María, cercanas en kilómetros, pero escondidas en un entrante de la costa. Sólo está al fondo Cádiz, el puerto y la bahía.

Una chica de unos quince años se acerca al grupo de mirones pidiendo fuego para su cigarrillo. En torno a las muñecas lleva varias cadenas de oro con alguna insignia ultra entrelazada.

Para Angel Moresco, director y residente en Vista Hermosa, que ha visto poblarse de niños e infernales jovencitos motorizados estas calles privadas de la urbanización, hoy aquí hay de todo. A pesar de que fueron Osborne los promotores de este recinto, la gente que vive hoy es, en un alto porcentaje, profesionales de alto nivel de vida, ente que viene de Madrid, de Sevilla, de Cádiz, de El Puerto y, claro, también de Jerez. Además, los Osborne que tenemos no están relacionados directamente con las bodegas».

Karina, actuando en una gala en las instalaciones de El Buzo. (Foto: Archivo Municipal).

Soportando el fuego líquido del mediodía. Angel Moresco, amable y eficiente, da unas vueltas a la urbanización, señalando a quienes le seguimos el peligro de los badenes que, con sus buenos centímetros de altura, pueden acabar con los amortiguadores de cualquier coche. «Es que hemos tenido, algún accidente, ya ven que hay muchos niños montando en bici o en moto, y claro, como la urbanización tiene mucho tráfico, existía siempre ese peligro, por eso pusimos los badenes». Pero ni badenes, ni rótulos de propiedad privada, ni guardas, que no desentonarían junto al oso Yogui, han podido evitar que la calle principal que baja directamente a la playa, una de las más hermosas de toda esta costa, esté tan frecuentada como la carretera que lleva a El Puerto de Santa María. Es un concepto nuevo del lujo que llega a paroxismos torremolinescos los fines de semana, cuando a las prolíficas familias propietarias de chalés o apartamentos se suman los innumerables amigos, ya se sabe, la gente es campechana aquí, en el Sur, dispuestos a disfrutar de las delicias de una aglomeración con alcurnia.

UN LITIGIO CON EL AYUNTAMIENTO.
La gente de El Puerto, en cambio, lo tiene difícil. A pesar de los esfuerzos del Ayuntamiento comunista de El Puerto de Santa María, en cuyo municipio se encuentra Vista Hermosa, que ha llevado a juicio a la urbanización acusándola de apropiarse de los caminos públicos que bajaban a la playa, hoy por hoy nadie sin una invitación especial puede llegar hasta ella. El litigio se presenta sencillo, por el contrario, para José Luis Kutz Muñagorri, el propietario del hotel Fuentebravía, que se levanta a muy pocos metros de la barrera metálica que delimita la base naval de Rota.

«Los dos tienen razón», señala, con un gesto conciliador de sus gruesos brazos, este navarro enamorado de Andalucía y casado con una francesa, que parece conocer todas las claves de la vida en El Puerto. «El Ayuntamiento, que, además, tiene muy buena voluntad, aunque no lo esté haciendo demasiado bien, tiene razón; Vista Hermosa cegó un camino público que bajaba a la playa. Pero también la urbanización la tiene, porque las calles son particulares, y la solución para que sigan siendo de uso casi exclusivo de sus habitantes está en dejar libre el acceso a todo el mundo, pero impedirles aparcar abajo. ¡A ver quién es el guapo que es capaz de ir a esa playa si tiene que aparcar el coche dos kilómetros más arriba!».

El Parador de Fuentebravía, en su úlitma etapa.

Un helicóptero sobrevuela la playa de Fuentebravía, donde se bañan unos pocos clientes del hotel. José Luis Kutz, presidente del Centro de Iniciativas del Turismo, vocal nacional de Hospedaje, presidente de la Confederación Empresarial de Cádiz, entre otras muchas cosas, no oculta su desánimo por el descenso en picado del turismo, ni sus críticas ácidas a la actual situación política. De ideas falangistas, el director del hotel Fuentebravía considera que ha sido un gran error por parte de los empresarios europeos el poner sus industrias en manos del petróleo. «Lo que habré luchado yo con mi mujer por este motivo, que si el gas es mejor, que si el fuel, nada, que quería propanizarme hasta la cocina. Pero yo me he mantenido fiel al carbón, que, poco o mucho, por lo menos es la energía que producimos». Carbón que ha sido más fiel que aquella primitiva clientela de americanos, que llegaron a la base de Rota a montar sus Polaris a un costado del hotel. Polaris ya no hay, y americanos quedan pocos.

EL ARRUMBADOR QUE LLEGÓ A ALCALDE.
A pesar de estar en contra de casi todo, José Luis Kutz paga religiosamente sus impuestos al nuevo ayuntamiento comunista, a cuyo frente está Antonio Alvarez Herrera, un antiguo arrumbador de las bodegas de El Puerto de Santa María. A las diez de la mañana entra un bedel delgado en el despacho de su secretaria: «Que llamen a la casa Osborne», anuncia sin más protocolo. Los Osborne otra vez. Aunque se dice que las grandes bodegas van a pique, aunque se destiñe ya el viejo esplendor de los nombres ingleses españolizados, y hasta la casa Terry ha vendido por varios millones de pesetas bodegas, caballos, todo, a una firma catalano-canadiense. (Antonio Álvarez Herrera, alcalde en 1981. Foto: Archivo Municipal).

A las 10.05 horas ha llegado el alcalde, con un traje de safari adaptado posiblemente a la jungla tórrida de El Puerto de Santa María, ciudad de cien palacios en ruinas, como rezan los carteles colocados por la Delegación de Cultura del nuevo Ayuntamiento en cientos de muros. Sobre la mesa de madera noble, el retrato del rey Juan Carlos se ha desplazado galantemente ante la imagen de la Milagrosa, la patrona de El Puerto. En la pared de enfrente, amorosamente enmarcado, hay un verso de Alberti, a quien el Ayuntamiento va a dedicar una casa-museo, en el que Juan Panadero saluda a los «nuevos alcaldes de Andalucía».

«Que han llamado de la casa Osborne». La joven secretaria, que ha venido de Madrid, transmite el mismo mensaje. «Contra lo que pudiera parecer, no hemos notado ninguna actitud saboteadora, ni nada parecido, por parte de la burguesía de El Puerto», aclara Antonio Alvarez. «Incluso han venido a explicarme sus planes de cerrar algunas bodegas de las que se visitan, y yo sencillamente les he dicho que toda mi vida, desde pequeño, estoy acostumbrado a este paisaje de bodegas, y que El Puerto es una ciudad turística y hay que mantener su personalidad y su belleza, y me han dicho que sí, que de acuerdo, y han salido por esta puerta tan amigos". (Textos: Lola Galán).

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Nació en El Puerto el 2 de diciembre de 1891, siete años antes de los  tristes sucesos para España de 1898 frente a Cuba, Filipinas y los EEUU. Hijo de Rafael Pineda y de María Asunción Gutiérrez,  nació en la calle Luna, siendo el mayor de cinco hermanos (Pedro, José, María Asunción, Carmen y María Dolores, falleciendo un hermano mayor, Rafael). En el Instituto Padre Luis Coloma de Jerez hará el examen de ingreso en 1901.

A continuación cursará primero y segundo en el colegio  de Manuel Ruiz Catelín en nuestra Ciudad . Tercero lo estudiará en los Jesuitas,  donde será contemporáneo de Rafael Alberti Pedro Muñoz Seca y Juan Ramón Jiménez y Fernando Villalón, entre otros interesantes protagonistas del mundo de las letras del siglo XX. El curso de cuarto lo estudiará en Algeciras y vuelta a El Puerto, donde se formará en los valores de austeridad y estudio de dicha orden, obteniendo el Bachillerato, tras examinarse en el ya citado Instituto jerezano Padre Luis Coloma, el 16 de junio de 1908.

Los hermanos Pedro y José Pineda, posando en el patio de San Luis Gonzaga. Tercera fila superior, segundo y tercero por la izquierda.

TRASLADO A MADRID.
Ese año, la familia, huérfana de padre, se trasladará a Madrid y Pedro, aunque con inquietudes por una carrera que no estaba entonces prestigiada y un oficio que no sería oficial hasta 1915,  se matriculará en varias academias preparatorias para el ingreso en la Escuela de Ingenieros de Caminos, en la Escuela Central de Artes Industriales e Industrias y, como alumno ‘por libre’ en diversas asignaturas de la carrera de Exactas. Ya en el último curso se decanta esencialmente por su vocación: las matemáticas, obteniendo la licenciatura en 1915 año en el que inicia los estudios de Doctorado que culminará con sobresalientes.  El ambiente que existía para las matemáticas había cambiado a mejor en el país, gracias al apoyo de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, además de haberse creado, en 1911, la Sociedad Matemática Española, en la que ingresaría Pedro Pineda. Había nacido un nuevo oficio, el de Matemático.

Memoria  premiada en 1924 por la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y publicada en el año de 1930

En el que sería conocido más tarde como Laboratorio y Seminario Matemático de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) Pedro Pineda se incorporará integrado en el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales. Simultáneamente y, desde un año antes, es decir en 1914 empezaría a impartir clases en academias particulares, sobre Geometría Descriptiva, Análisis Matemático y Cálculo Infinitesimal.

BECADO EN BASILEA Y ZURICH.
El panorama científico está cambiando en España como se ha dicho y, becado por la JAE pide ampliar estudios en Basilea y Zurich, durante algunos periodos de 1916 y 1917, no sin terminar antes su tesis doctoral calificada como sobresaliente «Representaciones conformes según el método de Bieberbach».

(En la imagen de la izquierda, suelto de ABC, en el que se señala que Pedro Pineda obtuvo el premio otorgado por la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, en el concurso ordinario de 1924).

CÁTEDRO EN ZARAGOZA.
En 1917 el matemático accede, como  auxiliar interino, a la Facultad de Ciencias de Madrid, a la par que continúa investigando en el Laboratorio y Seminario Matemático perteneciente a la JAE, mientras preparaba oposiciones para la Cátedra de Geometría Descriptiva en la Facultad de Ciencias (Exactas) de la Universidad de Zaragoza, lo que consigue al año siguiente, es decir en 1918, con 26 años. En 1919 será nombrado Secretario de la Facultad y, ese mismo año concursará, en el mismo recinto universitario a cátedro de Elementos de Cálculo Infinitesimal simultaneándolo con la opción a catedrático de Cosmografía en Madrid, sin conseguir ninguna de las dos. En Zaragoza, pues se va especializando en lo suyo: la geometría, mientras mantendrá una fuerte relación con sus colegas madrileños, publicando en revistas y glosarios.

ALBERT EINSTEIN.
En 1923 visita Madrid, Barcelona y Zaragoza Albert Einstein, en su gira mundial, como referente científico con su Teoría de la Relatividad. El hecho de dominar el idioma alemán de forma fluida hizo que fuera el interlocutor de la Facultad con el científico, relación que se trasladaría al plano de lo personal ya que Einstein visitaría al científico portuense en su casa zaragozana.

ESPASA
Por encargo de la Enciclopedia Espasa participará en aquella importante empresa editorial, cultural y científica, redactando las voces ‘superficie’ y ‘volúmen’ de dicha obra. Para Pineda, “el capítulo más extenso de la Geometríaa es, sin duda, el que se refiere a superficies”, dado que “en el estudio de éstas y los fundamentos para hacerlo está comprendida toda la Geometríaa y gran parte del Análisis”. Esta densa contribución que algunos han considerado casi como un manual de la materia, con 46  páginas  a dos columnas, se divide en 7 partes, completadas con un Índice de Superficies y la bibliografía específica.

VUELTA A MADRID
En 1932 Pineda optará a la Cátedra de Geometría Diferencial en Madrid, compaginándolo al principio con una extensa labor de publicaciones, año en el que una nueva revista verá la luz: Matemática Elemental. En 1933 obtendrá por oposición la Cátedra en la Unviersidad Central de Madrid y, al año siguiente será designado profesor del Laboratorio y Seminario Matemático de la JAE y en 1935 nombrado subdirector de la Revista Matemática Hispano Americana (RMHA) (En la iamgen de la izquierda, voz 'Volúmen', del tomo 69 --curioso número para un matemático-- de la Enciclopedia Espasa. Año 1930).

GUERRA CIVIL.
La guerra truncará la actividad cientíica y docente, trasladandose a Valencia como Catedrático de su Universidad, mientras intentaba continuar en los esfuerzos de orden intelectual, llegando a dar clases, a petición propia en el Instituto de Bachillerato ‘Blasco Ibáñez’ de Valencia, en 1938. Regresará a Madrid en 1939 y, aunque el Servicio de Inteligencia Militar y Policía le consideraban ‘neutro aunque tirando a las izquierdas’, fue rehabilitado sin recibir sanción, en noviembre de dicho año.

MUTUALIDAD DE CATEDRÁTICOS.
Fue uno de los impulsores de la Mutualidad de Catedráticos, después de la contienda, de la que llegaría a ser su Secretario y que jugaría un papel destacado en la defensa de los intereses de los profesores depurados por el franquismo.

ACADÉMICO Y CONDECORADO.
En 1950 recibió el reconocimiento de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, siendo elegido a propuesta de cuatro académicos de prestigio constrastado, aunque no llegaría a ocupar el sillón por renuncia expresa, tras dilaciones varias que duraron 16 años, por lo que en 1966 se sustanció la aceptación de aquella renuncia.

Cinco años antes obtendría la Gran Cruz de Alonso X ‘el Sabio, poco antes de jubilarse. Pedro Pineda, alejado del mundo académico y de las publicaciones científicas, por la enfermedad que le aquejaba, fallecería en Madrid el 7 de enero de 1983, con 92 años.

En la caricatura de la izquierda, aparecida en la Revista Atenea. El poema que acompaña a la ilustración, en su primera estrofa dice. 'Hombre que empieza por 'pi'/ debe ser algo enigmático:/ en efecto, es matemático/ de lo mejor que yo ví.

(Textos: Extracto del artículo publicado en la Gaceta de la Sociedad Médica Española, por Francisco A. González Redondo y Lourdes de Vicente Laseca. Fotos: Familia Pineda).

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Las bodegas de El Puerto, Sanlúcar y Jerez reúnen un nutrido grupo de capataces concienzudos y dedicados, mayores y más jóvenes, algunos casi retirados, que son  un pozo de conocimientos acumulados, donde beber de su maestría.

De izquierda a derecha, Antonio Morión Monge, Capataz de Williams & Humbert Ltd., de Jerez;  José Lobato Peralta,  Capataz de Fernando A. de Terry, padre de Mari Carmen Lobato, casada con Javier Benjumeda; Luis Moreno Paz, Capataz de Fernando A. de Terry  padre de Juan Luis y Tatín Moreno; y Manuel Camacho Cala, Capataz de Osborne y Cía., hermano de Milagros, la segunda mujer de Pepe Romero Zarazaga, de Romerijo. A estos capataces de la fotografía les dieron un homenaje en una Fiesta de la Vendimia de Jerez, en la década de los sesenta del siglo pasado.

En la imagen de la izquierda, un joven José Antonio Gómez Sánchez, Capataz General de Bodegas Osborne, en una instantánea tomada 24 de marzo de 1939.

«Una frase habitual entre los obreros que llegaban a encargado de departamento era, medio en broma, la de que "ya podían ir a trabajar vestidos con una chaqueta". Pero ni eso ni la habilidad con la venencia son garantía de buen criterio en la selección y valoración de los vinos. La selección no ha estado nunca en manos de cualquiera, sino en la de los máximos responsables de las casas vinateras. Hay que tener ciertas cualidades para ello. Lo más difícil es la selección de los vinos y conservar el patrón sensorial de cada tipo de vino. Siempre serán necesarios, la venencia, la copa, la tiza y la presencia e intervención del capataz. Todo vino es un producto de la intervención humana, y cuanto más cercana y exigente sea ésta, mejor será el vino». (Rafael García. Capataz de Bodega).

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‘Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo’ Antonio Porchia

El tiempo pasa inexorablemente, el pasado, presente y futuro está a pesar del largo tiempo transcurrido y por transcurrir, unido, parece fue ayer, pero hemos pasado rápidamente a un mundo de tecnologías que han eliminado imágenes en nuestras vidas que por suerte seguimos teniendo en la memoria, y de eso se trata este escrito, de recordar aquellas figuras hoy obsoletas.

Capilla de la Sangre, en la calle Palacios esquina con Nevería, (frente al Bar Apolo y la Óptica, más tarde aquí estuvo el Bar La Mina) desde donde está tomada la foto que presenta un precioso empredado de la calle, con aceras de doble losa de Tarifa.

Ya no tropiezas en una calle empedrada cual calzada romana que un empedrador se esmeraba en nivelar, ni calles llenas de chinos no con tiendas de todo a cien como ahora, sino calles llenas de chinos pelúos que fueron poco a poco sustituidas por esos adoquineros que rellenaban de tierra, que con una cuerda marcaban la línea y que colocaban poco a poco esos pesados adoquines dejando un dedo de espacio para rellenar más tarde con cemento y que reinauguraban como un avance y minimizaban el traqueteo de las carretas, haciendo un poco más felices a los carreteros, a los ciclistas de ruedas macizas y los dueños de los primeros seiscientos.

Los arrieros enfilaban a primera hora sus burros  al servicio del calero hasta la playa a por arena en viaje de vuelta a la calería por la calle Santa Lucía. Cerones a rebosar, borricos adornados por el diseño de los guarnicioneros y con las espuertas de esparto a lomos para aprovechar el viaje de cada borrico que fueron habilidosamente creadas por los esparteros.

Empezaba el día y los barrenderos comenzaban su faena cargando las espuertas de goma con aquellas dos medias paletas metalicas y aquél escobón de palo largo y grueso con el ramillete de esparto que planeaba constantemente sobre las aceras arrastrando las colillas de los celtas y los peninsulares. Por delante el varillero que había acudido a la llamada de los vecinos porque las pozas estaban atascadas y había que retirar la arena.

La mañana era en el pueblo medidor de vida, de actividad comercial, el sillero con su manojo grande de enea arreglando las sillas que los taberneros tenían desfondadas y obligaban a sus clientes a tener que sentarse sobre el palo haciendo equilibrios mientras se echaban al gaznate de un tirón el vaso de vino blanco. El zapatero remendón dejaba su canto para ver pasar a las muchachas zurcidoras que con esas habilidosas manos arreglaban las carreras de aquellas medias que vendía bajo precio el estraperlista como de calidad y traídas del extranjero y que mostraba a sus clientas con el mayor de los misterios.

Pepín el barbero colocaba sus paños blancos sobre las estanterías de cristales a la espera del primer cliente, Pepe el tendero de Ultramarinos Genaro apuntaba ya en el papel de estraza las primeras cuentas y las pinchaba en aquél alambre en el que contabilizaba los “mandáos fiáos”. El carbonero de la calle Nevería con la boina calada hasta las cejas y la cara ennegrecida preparaba el picón para las anafes, el ditero con su gordo cuaderno en el sobaco y sobre el brazo prendas de vestir empezaba su recorrido diario para apuntar con un lápiz grueso que mojaba con saliva los a cuentas de sus clientes antes que llegaran los cobradores de los bancos y de las tiendas. El dulcero sacaba a pasear aquellas sultanas de coco y “güevo”. El lechero, el mielero y el recovero se hacían los amos de las casapuertas. El matarife se encaminaba al matadero con su atillo de cuchillos afilados, el picapedrero y el cantero se enfilaban hacía la sierra de San Cristobal, El Puerto era un clamor de prosperidad. Los tejadores no paraban de faena que tenían,  e iban de la mano de los desollinadores con aquellas escobas larguísimas de caña llevándose todo el negro hollín de aquellas chimeneas cocinas. Y al quite de ellos el “encalaó” con su cubo de cal viva y sus escobillas para acicalar las casas y dejarlas listas para el verano.

El herrero de las Siete Esquinas adornaba sus cierros y balcones compitiendo en el martilleo con los toneleros, y los arrumbadores movían las botas y toneles por la calle Valdés de una bodega a otra. El hielero en su carricoche le hacía competencia desleal al heladero, que pedaleaba incansable, vendiendo junto con el hielo aquellas botellas de gaseosa “La  Revoltosa” fresquita que competían con La Casera para apoderarse del mercado.

Las calles principales eran un hervidero de gente moviendo el comercio, con su bata gris o marrón claro en algunos casos con una larga hilera de botones, el recadero iba de un lugar a otro llevando y trayendo paquetes y recados,  el cuchillero pregonaba sus navajas de Albacete, el paragüero ofrecía sus varillas y sus arreglos, el alfarero paseaba a lomo de su mulo sus cántaras y vasijas de barro, la entrada al Mercado de Abastos era una exposición mostrada sobre atillos a partir carillo de chucherías de Severo,, el buhonero esparcía sus peines, botones y baratijas,  más allá el alpargatero mostraba orgulloso los últimos diseños, el marroquinero mostraba sus artículos de piel o imitación generalmente, carteras, bolsas de todos los colores, billeteras, tejedores que vendían sus sábanas de lino y gruesos “jerseis” de lana con muchos coloridos.

La gente prosperaba, arrinconaban  los pantalones con parches en el culo, había futuro, se creaban empleos para toda la vida, el cobrador del tranvía iba como un almirante engalanado, el prestamista se apoyaba en su bastón y asomaba el pico de un pañuelo blanco en el bolsillo superior izquierdo de su chaqueta y aguardaba impasible a la espera de recuperar su dinero, el alguacil del ayuntamiento llevaba presto para ejecutar en su carpetilla  los mandatos del alcalde andando más que un peón caminero.

Los niños cantábamos el Cara al Sol al entrar cada mañana al colegio, nos “endiñaban” nuestra dosis de leche en polvo y de aquel queso amarillento que se pegaba al cielo de la boca y nos íbamos cantando “Paloma si vas al monte....”. Jugábamos en las calles Palacios y San Bartolomé al atardecer mientras las golondrinas y vencejos revoloteaban y de forma acompasada se oía el cacharrareo del latero, del hojalatero que te hacía un cazito con una lata de leche condensada, a Dª Virginia, profesora de piano vecina de mi abuela y de Manolo Martínez Alfonso, y de los Govantes, siempre de negro y de roete con su do re mí, al piano.

El campanero se volvía loco tirando de una y otra soga para hacer sonar las campanas para el rosario. Apenas éramos interrumpidos en nuestros saltos de las “papas cocías”, en nuestra pelota al ruedo, la lleva, lleva... cuando pasaba el colchonero que ofrecía sus servicios de vareo de la lana o  la borra de los menos pudientes despelmazándola con gran habilidad para poder ser usado el colchón como el primer día, el afilador que hacía sonar su chiflo con su música tan característica, que cuando era requerido le ponía aquella correa ancha de cuero a la rueda de madera que elevaba sobre un caballete y que con un motor hacía girar para afilar los cuchillos y las tijeras produciendo aquellas chispas que salían despedidas con fuerza y  nos hacían soñar en dragones. Antonio el barquillero con su canasto de mimbre repleto de barquillos y con su reolina para probar suerte. El arropiero que iba camino del parque Calderón para apostarse en la entrada con sus arropías de color rosa y pegajosas.

Un parque que se llenaba de gentío paseando a las fresquitas oliendo a papas fritas y buñuelos, a pescaíto frito y viendo de reojillo esas gambas y langostinos de Romerijo que eran entonces para unos pocos, las tajaítas en la puerta del bar La Marea, los ostiones. Los americanos en el Santa María, caballitos de sube y baja, niños llorando y riendo en el carro de “las patás”; el cerillero que se acerca para ofrecer esa cajillas de cerillas finas que dejaron olvidados a los encendedores de mechas largas amarillas veteadas de negro.

El limpiabotas con su caja y su silloncito de madera con un acolchado filiteado y que se anuncia con su “limpiaaaa", y atento a todo el fotógrafo con aquella caja roja llena de fotos en sus laterales puesta sobre un alto trípode y dejando caer por un lado aquella larga manga negra. Casa Flores, Los Portales, Las Rejas, Ceballos no eran lo que es y siguen en el presente. Y como si formara parte del parque, un Tonino esperando le llamaran maricón para asomar por la manga su muñon; a mí me conocía: decía "--Tú eres el hijo de Milagros": el Chumi con dos barcas por zapatos, el Guarigua al que le cantabamos "Ya se murió Guarigua, Dios lo perdone, se lo ha llevao volando, los cigarrones"; el Baba con sus pellizcos, La Guachi con su canasta de mariscos y cantando, cuando estaba agustito "Terry, Terry, Terry, el de la maya dorada", el Papi patatas fritas de noche, pescado de día, iglesia y procesiones a la sombra de D. Manuel Salido, el Tagarnina y su radio de deportes solo del Racing, de aquél de la fábrica de Vipa en la que veíamos a un Manolo de Central, a Fenoy de lateral o a un Ricardo pañuelo en la frente... goleando al Jeré, Luichi con sus devaneos, bailoteo de muñeca y respuesta para todo, un Ratón de gorra y bastón ataviado de pañuelo al cuello, y es que el Parque Calderón era la artería nocturna de El Puerto.

De izquierda a derecha, Tonino, El Chumi, El Papi, El Tagasnina. (Fotos: Miguel Sánchez Lobato).

Ya se acercaba la noche lo indicaba el mamporrero de los caballos cartujanos de Terry que charlaba animadamente con el herrador a la salida del trabajo. El acomodador del Teatro Principal de Nuchera llevaba la linterna en la mano porque ya empezaba la función. En El Puerto ciudad próspera ya no teníamos serenos y perdimos el canto de las horas en punto y sin novedad, tampoco fareros, dejamos de tener esos barqueros que nos cruzaban el río Guadalete desde la playa de la Puntilla a la de Valdelagrana y viceversa en la desembocadura del río y cerca de la torta en la que jugábamos al fútbol cuando bajaba la marea, mientras la virgen del Carmen atenta era saludada por los barcos en sus idas y venida a la mar. Un río que desde el vapor nos dejaba ver en su ribera al cordelero trenzando cuerdas de cáñamo y esparto girando la manivela hasta montar una única y gruesa maroma. Un poco más allá los rederos con su agujas de madera arreglan las artes, reparan las redes de pesca a la vuelta de los barcos de faenar, ajustan las relingas de flotadores y plomos. Montones de trasmallos y algunas nasas, pollos de pelea en sus jaulas  de madera, gallinas inglesas picoteando restos de pescado seco.

Redero en la Avda. de la Bajamar, donde hoy se encuentrar el último aparcamiento, frente a La Nueva Dorada. (Foto: Rafa. Archivo Municipal).

Las gaviotas acompañan  con su vuelo majestuoso al vapor desde la barra hasta puerto, cierras los ojos para soñar despierto recibiendo en tu cara los rayos del sol humedecidos con la brisa marina y me transporto a aquellos días en que viví en Campo Lugar un pueblito de Cáceres en dónde conocí al pregonero que haciendo sonar su trompetilla  “turú, turú, de parte, del señor alcalde, se hace saber...." y nos hacía saber todo lo que acontecía a la vez que como hombre anuncio nos indicaba las mejores ofertas de sandías y melones y a quién la chiquillería, al menos mis hermanos y yo no habituados, les seguíamos como su cuadrilla particular.

Allí había bastante menos ajetreo que en El Puerto, gallinas y cerdos por las calles paseando libremente, mulos y cerones, el trillero, el talabartero, dedicado a sus menesteres, el aguador con su cisterna tirada por un borrico y que proveía llenando las cántaras de los vecinos, amaneceres para otras profesiones distintas, segadores, resineros, hacheros, recolectores, porqueros, mesegueros, capadores, molinero, albarquero, curtidores, bataneros y aquellas señoras lavanderas que con un rosquete sobre su cabeza soportaba cestas de ropas camino del río...  la sirena del Adriano II llamó de nuevo mi atención, ya estaba atracando y preparando un nuevo viaje a Cádiz. (En la imagen, Francisco Gómez Badillo cabo primera de la guardia urbana dirigiendo el tráfico en un pedestal con sombrilla en la Plaza de las Galeras, en 1960).

Espero que con esta narrativa haya traído recuerdos, que no es sino una forma de homenajear, y aunque uno no sea un juglar ni un contador de historias,  ni un bufón más bien un cagajonero de la vida, sea yo mi propio verdugo y que como un praegustador pruebe yo mismo a modo de veneno mis propios devaneos con el recuerdo. (Texto: Manolo Cruz Vélez).

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José María García de Paredes y Barreda nació en Sevilla en  1924 y falleció en Madrid, en 1990 con 66 años. Fue un reconocido arquitecto del pasado siglo, oriundo de El Puerto. Su madre, Elena Barreda Scandella, natural de El Puerto al igual que sus abuelos maternos: Eusebio Barreda Martínez y Angela Scandella Beretta.

En una entrevista que le hizo Rocío García con motivo de la inauguración del Auditorio Nacional, de cuyo proyecto era el autor (“El País” de 21-10-1988), él decía que había nacido en una familia de “marinos de guerra”. Sin embargo, su padre José María García de Paredes e Iraola, alcalde de Ronda durante la contienda civil, pertenecía al arma de Artillería. Y aunque, por parte de su abuelo  paterno, Manuel García de Paredes Jácome, que residía en Chiclana, tenía alguna vinculación con marinos de guerra, pues era cuñado de Juan Cervera, está claro que este ilustre sevillano, se refería a su familia materna, los Barreda y Scandella, que tuvieron varios miembros  en las filas de la Armada, algunos con una destacada hoja de servicio.

FAMILIA DE EL PUERTO.
Su madre, portuense de nacimiento, fue Elena Barreda Scandella, hija de los también porteños Eusebio Barreda Martínez y Angela Scandella Beretta.  Dos de los tres hermanos de su abuela,  sus tíos abuelos maternos Agustín y Pablo Scandella sirvieron en la Armada. El primero, ingeniero militar, miembro del comité español que firmó en París la paz con EE.UU. y, posteriormente, asesor militar de la marina rusa, así como asesor de Anglada en la construcción del primer automóvil fabricado en España. Y su hermano Pablo, que fallecería poco después de terminada las guerras coloniales en la casa donde vivía la familia, en calle San Bartolomé, hundió el navío que mandaba para no entregarlo a la marina estadounidense, en una de los últimas incidencias bélicas de la Guerra de Cuba.

FAMILIA DE CRÍSPULO MARTÍNEZ.
El abuelo, Eusebio Barreda Martínez, era hijo de Emilio Barrera Pérez, capitán de fragata de la Real Armada y portuense de cuna, de ascendencia onubense pues su padre, José Antonio Barreda Ortiz de Zarate, que ejercía como cosechero, había nacido en Huelva y de Elena Martínez Picard, hija de Críspulo Martínez (ver nótula 311 en GdP). La familia vivía en el número 12 de la calle Nevería desde 1862, fecha en la que contrajeron matrimonio. También el hermano pequeño del bisabuelo materno paterno, Emilio Barreda, igualmente nacido en esta ciudad, llamado Justino, domiciliado en calle Descalzos nº 16 de casado y que murió sin descendencia, alcanzó el grado de Jefe de Armada con menos de 50 años.

Los estudios superiores  de nuestro protagonista, José María García de Paredes, Ciencias Exactas, los realizó en Sevilla enre 1941 y 1943. En 1950 obtiene la licenciatura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la capital de España. Entre 1950 y 1952 realizará diversos viajes de perfeccionamiento y estudio por diversos países europeos: Italia, Alemania, Inglaterra, Francia y Países Nórdicos. Obtuvo el gran premio de Roma en 1955, donde permaneció pensionado por espacio de tres años: entre 1956, fecha de su casamiento y 1958.

SE CASA CON LA SOBRINA DE FALLA.
En 1956, el 14 de junio, se casa en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen de San Fernando (Cádiz) –y no en 1957 como figura en algunas biografías del personaje—con María Isabel de Falla, sobrina y ahijada del insigne músico gaditano, Manuel de Falla y una de las impulsoras de su legado (Isabel de Falla, en la imagen de la izquierda, en la actualidad). Actuó como padrino de la ceremonia, que ofició el Padre José Manuel Aguilar, un tío de la novia, Pedro Mathéu y Montalbo y la madre del novio, Elena Barreda Scandella, viuda de García de Paredes. Su tío, Eusebio Barreda Scandella, otro marino de guerra, capitán de corbeta fue testigo del acontecimiento, así como otro de excepción: Don José María Pemán.

Ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1986, con el discurso Paseo por la arquitectura de la música. Estaba en posesión del Premio Nacional de Arquitectura, recibido ex aequo junto a Rafael de la Hoz, por el Colegio Mayor Universitario de Santo Tomás de Aquino (Aquinas) de Madrid.

Auditorio Manuel de Falla. Granada. 1974.


Auditorio Nacional de Música. Madrid. 1982.

Palacio de la Música. Valencia. 1987.

EL ARQUITECTO DE LO SAGRADO Y LO PROFANO.
García de Paredes es reconocido, especialmente, por sus proyectos de grandes auditorios en nuestro país. Su obra es un compendio entre lo material y lo abstracto, lo antiguo y lo moderno, imprescindible para comprender la arquitectura española de la segunda mitad del siglo XX. Ya se ha señalado el Colegio Mayor Aquinas (1953), en colaboración con Rafael de La Hoz; la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Fuencisla (1961) en el Poblado de Almendrales (Madrid); la Iglesia y Convento de Santa María de Belén (1961) en Málaga: el ‘carmen’ Rodríguez Acosta (1964) en Granada; el Centro Manuel de Falla (1974) también en Granada o el Auditorio Nacional de Música (1982) de Madrid.

Parroquia de Ntra. Sra. de la Fuencisla. Poblado de los Almendrales (Madrid). 1961.

EL LEGADO DEL ARQUITECTO.
En 2005, sus herederos hicieron donación de sus archivos de arquitecto a la Fundación Cultural COAM (Colegio de Arquitectos de Madrid), en un gesto de preservación del patrimonio documental de arquitectura y urbanismo. En aquel acto se recibieron, también, los legados de otros insignes arquitectos: Francisco de Asís Cabrero Torres-Quevedo, Luis Cubillo de Arteaga, Javier Feduchi Benlliure y José Luis Fernández del Amo Moreno.  (Texto: Antonio Gutiérrrez Ruiz. A.C. Puertoguía y José María Morillo).

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pedro_munoz_seca_puerto_santa_mariaDon Pedro Muñoz Seca o tío Perico, como cariñosamente lo llamamos en casa. A este familiar que tanto admiro y al que como un  héroe tengo, quisiera rendirle un pequeño y humilde homenaje.

Desde que tengo uso de razón le conozco. Recuerdo una vieja fotografía suya adornada por un gran marco de madera tallada y muy antiguo que presidía la entrada de la casa de mis abuelos maternos, y cómo siempre me distraía unos instantes observándola, pero a la vez dudando si el que estaba siendo observado era yo por él.

Me imponía mucho respeto su gran bigote, aunque me resultaba simpático por la dulzura y serenidad de su rostro. A veces me daba la sensación de estar a punto de escucharle hablar. Ahora, recordando esto, me resulta un poco pueril, aunque no deja de ser algo que sentía con tan solo seis o siete años de edad.

Por aquel entonces, hace ya un tiempo considerable, lo único que sabía de él era su nombre, el parentesco que nos unía ( soy uno de sus sobrinos biznietos) y que fue escritor. Además, he de decir que todo esto sumado a la antigüedad de la foto y a ese marco que resultaba imponente a los ojos de un crío tan pequeño lo convertía en algo misterioso; al menos así lo percibía yo.

Hoy en día, no solo conozco su nombre, sino también su vida y aquellas obras que voy encontrando en viejas librerías donde se dejan ver, ya que, tristemente, poco se encuentra de él en las que tenemos mas a mano...

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Placa situada en la casa de la calle Nevería donde vivió, colocada en 1920, en presencia del homenajeado. Hasta hace escasas fechas estuvo situada en la planta baja una exposición permanente sobre su vida y obra.

Actualmente, al mirar esa añosa foto a la que hacía referencia al principio, no siento como si me quisiera hablar, sino cómo me dice tantas y tantas cosas; todas de aprender.
Es una pena lo que pudieron hacer e hicieron con este gran hombre que lo único de lo que se le podía acusar era de provocar la carcajada a una España que no estaba precisamente para risas y a la cual don Pedro amaba “ porque le gustaba todo lo elemental de ella: los toros, y la zarzuela; la oficina, el paseo, el café, la capa...y las décimas del dos de Mayo, y la Marcha Real...y, hasta, un poco, la Marcha de Cádiz.”

Para concluir, quisiera recordar unos versos que mi tío Augusto le dedicó en el homenaje en su memoria en Junio de 1950.

A Pedro Muñoz Seca
(por Augusto Haupold Gay)

Dios le puso la vida a su albedrío.
Para nacer, porque mejor naciera,
entre todos los pueblos la escogiera
la estirpe clara de este pueblo mío.

Y aprendiz de la música del río
al saltar, brincador, en la escollera
tomó de él la gracia salinera
y botó al mar a su genial navío.

El Puerto fue su vela. El cristianismo
la rosa de los vientos preferida.
Y la sonrisa, el mástil de la suerte.

Olvidado - por todos – de sí mismo,
pensó un día en la gloria de su vida
y le añadió la gloria de su muerte.

Y aquí finaliza este pequeño homenaje a esta gran persona, a mi tío Perico, a mi héroe.

Por  JUAN M. RODRÍGUEZ GAY-PALACIOS
“juan de winthuyssen”

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Texto del periodista deportivo de Diario de Cádiz, Pedro Ríos, que bajo el título ‘Mi amigo Jarque’ publicaba en dicho medio un día después de su fallecimiento. Hoy 23 de noviembre se cumplen cinco años de su desaparición. (Foto: Carlos Pumar Algaba. Estadio José del Cuvillo).

“La primera vez que vi a Manolo fue en la barriada de Los Milagros, allá por 1965, cuando montó una caseta de feria para una velada que se celebraba en el barrio. Después fue como masajista del Racing cuando entablé amistad con él. No sé si por mi educación o porque trabajaba con mi padre en el Ayuntamiento, lo cierto es que nunca usé el apelativo de Chicharito para dirigirme a él. Siempre para mí fue Jarque. Lo que siempre me llamó la atención de él fue su amabilidad, su siempre estar dispuesto y su afán sin desmayo, cosa lógica por otro lado, por sacar su casa adelante. Jarque era un buscavidas, un trabajador nato y una persona dispuesta siempre a echar una mano. Su figura era inconfundible montado de lado en su ciclomotor y de aquí para allá continuamente.

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Chicharito en la caseta de feria 'Mi Chicharito'. (Foto: Fito Carreto).

Sin duda la faceta más conocida de Manolo Jarque fue la de masajista del Racing. De su Racing. Nunca una entidad se ha identificado tanto con una persona como en el caso del Racing y Chicharito. Si ha habido una persona que lo ha dado todo por su club, por unos colores, ese ha sido Chicharito. Bien es cierto que al final, muy al final, incluso le era rentable; pero no es menos cierto que Chicharito le dedicaba al Racing más de las 24 horas que tiene un día. Vivía con y para el Racing. No se puede entender el club rojiblanco sin la figura de Manolo Jarque.

El Racing era algo suyo y todo dirigente que llegaba así lo entendía. Los jugadores, sin apenas tiempo, entablaban amistad con él y Chicharito se convertía en el centro de las bromas del vestuario. Allí, en el vestuario, era ‘La Zorra’, un calificativo cariñoso que se iba transmitiendo temporada tras temporada entre los jugadores. Y Chicharito más contento que unas pascuas. En él el uso del agua milagrosa cuando un jugador caía lesionado alcanza su máxima expresión. Iba presto a atender al jugador y tenía tiempo para encararse con el público, con el árbitro y con quien se le pusiera por delante.

chciharito_rio_puertosantamariaAhora, de pronto, como suele ocurrir en estos casos, Manolo Jarque se nos ha ido. Con él se marcha un periodo muy, pero que muy extenso, de la historia de el Racing. El Puerto y sus buenos amigos lo vamos a echar de menos. Y es que en los últimos tiempos la Feria no la anunciaba el pregón de la caseta de Helo-Libo, sino la caseta del Chicharito que dos meses antes ya estaba dando servicio a los cientos de trabajadores que se dedicaban a la instalación de las casetas. Te has ido y nos sentimos tristes, aunque contentos por otro lado porque allí donde vas no saben la suerte que tienen con la llegada de un masajista de tu talla y una persona de tu calidad. Descansa en paz”. (Texto: Pedro Ríos).

Más información sobre Chicharito en la nótula num. 292 en Gente del Puerto.

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Funeral por Francisco Franco, celebrado el 20 de noviembre de 1975, al que asistieron las autoridades civiles y militares, así como las fuerzas vivas de la Ciudad y la 'gente de orden'.

Cuando el dictador se acercaba por estos lares, un buen grupo de portuenses entraba directamente en la cárcel, y la angustia y desesperación se adueñaban de sus familias.

Entre los años 1945 y 1950, época denominada del primer franquismo, en donde la presión de las potencias mundiales y las elecciones, fueron ratificando el poder de la izquierda, en Europa occidental fue creciendo la antipatía hacia el Régimen español. Franco mediante una gran campaña de prensa y publicaciones intentaba convencer a la opinión extranjera de su no alineación con el eje, y de que el Gobierno español era esencialmente un sistema de instituciones orgánicas católicas, sin conseguirlo en primera instancia.

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En 1952 Franco visitaba las Escuelas Profesionales Sagrada Familia. Era alcalde Luis Caballero Nogueras, que aparece a la derecha de la imagen, a la izquierda, el Padro Villoslada.

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De izquierda a derecha, Luis Caballero, Franco y el Padre Villoslada, explicando las realidades del centro, cuya primera piedra había sido puesta en 1947.

Dentro del país se presentó esta campaña contra el Régimen como esencialmente antiespañola, vendiéndola como una conspiración de la izquierda liberal extranjera para marcarlo con una nueva Leyenda Negra. El propio Franco hablaba de un Superestado masónico, que era según su interesado criterio, el responsable de todos los males de España.
Para obtener más apoyo, reanudó sus visitas por todo el territorio español. A menudo eran viajes agotadores que duraban desde el amanecer hasta la puesta del sol, pero le llevaban personalmente a regiones lejanas donde enormes masas de gente le veían y oían, aunque estas masas fueran creadas por el Movimiento. Las condiciones económicas seguían siendo muy duras, aunque no tanto como a principios de los años 40. El racionamiento seguía siendo parte de la vida diaria, del mismo modo que lo era el estraperlo.

Dicho esto, el primer paso de Franco por El Puerto fue el 14 de octubre de 1948 que, tras haber asistido en Sevilla y Huelva a los actos conmemorativos del VII Centenario de la creación de la Marina de Castilla, y camino de Cádiz, transitó por la Calle Larga hasta el muelle de San Ignacio, donde embarcó.

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Carmen Polo, mujer de Francisco Franco, inaugurando el comedor escolar en 1952. El Padre Torres le ofrecía explicaciones, mientras unas mujeres hacían labores de costura ante la visitante.

Conocida era la afición del dictador por la caza, y durante cuatro años seguidos -del 48 al 51- fue huésped de Fernando C. de Terry y del Cuvillo, participando en cacerías organizadas por este último en su finca de San José del Pedroso, entre los términos municipales de Puerto Real y Medina. Coincidiendo con estas visitas, desde la corporación municipal se hacían gestiones a través del Subsecretario de Industria de la época, Eduardo Merello Llaseras –hijo de El Puerto-, para que Franco influyera en el relanzamiento de la infraestructura necesaria para la acometida de agua y otras necesidades de la ciudad, o por ejemplo, para el traslado del Penal a la Isla de Formentera. Nuestra ciudad fue una de las localidades que abogó en 1949 a favor de la Ley que facultó a Franco para ostentar el título de “Príncipe del Ebro”.

eduardociaria_1950_puertosantamariaFue en 1950, concretamente el martes 31 de octubre cuando el general Franco, a eso de las 18,30 de la tarde apareció por nuestra ciudad “en medio del entusiasmo de la muchedumbre que vitoreaba y aplaudía a tan ilustre huésped”, según recogía a doble página el bisemanario, acólito del Régimen, “Cruzados”. Recibido por el alcalde, varios ministros de su Gabinete, el Gobernador Civil y otras autoridades de la provincia, se trasladó hasta la residencia de los Terry a la que se incorporó más tarde su esposa Carmen Polo y los Marqueses de Villaverde. (En la imagen de la izquierda, el alcalde en 1950, Eduardo Ciria Pérez).

Seguidamente y en unión de su consorte marcharon por las calles Larga, Luna, San Juan y Plaza de España hasta el primer templo parroquial, repitiéndose las calurosas manifestaciones de entusiasmo popular, con gritos de ‘Franco, Franco, Franco’. Con las campanas al vuelo, fueron acogidos por la corporación municipal bajo mazas, presidida por el alcalde Eduardo Ciria, el clero de la ciudad, autoridades civiles y militares y la jerarquía en pleno de la Falange Española Tradicionalista y de la Jons. Mientras la Sección Femenina ofrecía un ramo de flores a la esposa del dictador, la banda de música interpretaba el himno nacional y Franco y Carmen Polo entraron en la Prioral bajo palio, cuyos varales portaban los gestores del Ayuntamiento. Una vez terminadas sus oraciones, hicieron el recorrido inverso para alojarse durante su permanencia en la ciudad en el domicilio particular de los señores de Terry del Cuvillo.

luisportillo_1962_puertosantamariaDoce años más tarde, siendo alcalde presidente Luís Portillo Ruiz, en el punto núm. 4 del Pleno del día 4 de julio de 1962 se acuerda «Ofrecer la primera Medalla de Oro de la Ciudad a S. E. el Jefe del Estado Generalísimo de los Ejércitos Excmo. Sr. Don Francisco Franco Bahamonde, como prueba de admiración y aprecio a sus relevantes méritos que es obvio numerar por estar en la mente de todos…». (En la imagen de la izquierda, el alcalde en 1962 Luis Portillo Ruiz).

La medalla se encargó al joyero cordobés José Mª González del Campo por un valor de 16.000,00 pesetas, realizada en pedrería y esmalte. Solicitándosele al mismo tiempo una placa conmemorativa del acuerdo de Pleno, cuyo coste fue de 10.000,00 pesetas, siendo ésta realizada en plata de ley. Franco aceptó la medalla el 22 de junio de 1964, y en octubre de ese mismo año le fue entregada por una Comisión presidida por el Alcalde, y por un nutrido grupo de concejales. Tanta debió ser la euforia de tal acontecimiento, que al mes siguiente en otro Pleno y «por aclamación unánime, se acuerda nombrar cual se propone, Alcalde Honorario y Perpetuo de esta ciudad a S. E. el Jefe del Estado Español…».

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En una de las visitas de Carmen Polo a El Puerto, en las Bodegas Terry, donde presenció una exhibición de enganches en el Patio del Sagrado Corazón. Le acompañaba la Vda. de Terry Isabel Merello, Tomás Terry, el gobernador civil, Santiago Guillén Moreno, a la izquierda de la imagen y el alcalde de la Ciudad, Luis Portillo Ruiz, aquel 2 de noviembre de 1967.

[Cuarenta y tres años más tarde, en 2007, se debatía en el Pleno de la Corporación Municipal la retirada de la medalla de oro de la Ciudad concedida en 1962 y el título de alcalde honorario y perpetuo otorgado en 1964. La moción, a propuesta de IU solo fue apoyada por IU, el PSOE y el PA que ante la falta de un concejal de IU no alcanzó la mayoría necesaria. Los votos del PP, el voto de calidad del alcalde y el concejal no adscrito tumbaron la propuesta de izquierdas, por lo que la noticia daría la vuelta a España. Al año siguiente, en un pleno celebrado el 8 de febrero de 2008, ya si, se le despojaría al extinto dictador de tales honores, al abstenerse los concejales populares].

El escritor Manuel J. Ramos resume de la siguiente manera las circunstancias de la sociedad española en la posguerra: «Fueron años marcados en la misma proporción, por la desesperanza y la esperanza y, al mismo tiempo, por el miedo, la censura, el autoritarismo, la falta de libertades, el hambre, las cartillas de racionamiento, el frío, la censura de libros y de películas. En definitiva, la época más negra que, desde todos los puntos de vista, se ha vivido en España en este último siglo». (Texto: Manolo Morillo). (Fotos: Archivo Municipal).

El porteño José Grado Raposo, ha iniciado un nuevo blog dentro del universo de las páginas webs de nuestra Ciudad, donde contará sus vivencias, sus recuerdos y hablará de gentes, tiendas, rincones y espacios de El Puerto, existentes o desaparecidos, del pasado o del presente, abiertos o cerrados. En su primera entrada, que reproducimos íntergra a continuación, hace un recorrido nostálgico por El Puerto que él ha conocido, desde los últimos 40 años hasta nuestros días. Disfrútenlo.

«Para empezar quisiera plasmar todas esas cosas, que vivimos en nuestras calles y plazas:  las correrías de la Plaza Peral, recordar a tantos y tantos amigos que allí nos veíamos pa jugar a la Palmá, al Salto a la Pared, al Salto el Múa, a la Bombilla, al Tonto, al Pañuelito, a Curro Jiménez y tantos y tantos juegos en los que el software era nuestra imaginación y el hardware eran dos buenas piernas un pantalón corto y unos gorilas marrones con las punteras desollás.

calzadosgorila»Pa recordar a la gitana del canasto de chucherías --Juana creo que se llamaba--; cuando íbamos al bar Carleto o al bar Manolo a pedir un vaso de agua, la casa de la Falange (hoy Centro Alfonso X ‘el Sabio’), la heladería Soler (la que había en la calle Larga) los partidos de fútbol del Parque, del Coto de la Isleta, junto a la Urbanización Las Viñas, la Ribera, la pastelería Rosi, el bar San José, el Corribolo, mis amigos de la calle Albareda, los de la calle Chanca, la tienda de Anita, la barriada La Vid, la calle Alquiladores;  como no mi colegio San Agustín, las basuras Armando, la Bajamar, las lisas mojoneras, el puente de hierro, el eucalipto de la Victoria donde le di mis primeras caladas a un ‘condal extra largo’; tantos y tantos recuerdos que tengo como porteño que quisiera plasmar por que se que mucha gente se va a sentir identificada con mis vivencias. (Publicidad de Calzados Gorila, de Zapatería Mesa).

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La antigua Sastrería Manolo, en la calle Larga.

casalucas_larga_puertosantamaria1(En la imagen de la izquierda, fachada de Casa Lucas).

»He pensado ponerle ‘Pan Tostao con manteca’,  por el hecho de que éste era nuestro principal menú en la merienda de aquellos tiempos, en los que viví mi infancia en la calle Larga nº 114 en frente de Manolo Sastre y arriba de la que fue la imprenta de Pérez Pastor (aun recuerdo de muy pequeño el ruido de las máquinas de la imprenta y a Don José, Doña Valentina); el bar Casa Lucas, la tienda de Pepe Maraver enfrente y sus artículos de regalo, la joyería Díaz, la Zapatería Mesa, Trineo, el Puerto Bar, el bar Central, la tienda de decoración del desaparecido y recordado Manolin de Heverut, mi amigo; Viajes Marsans, modas Sollero, Boyman, la zapatería de Maru, madre de mi amigo Lauro (cuantos días de juego en la trastienda de la zapatería con Ignacio Cano, mi hermano Victoriano, Juan Carlos y Lauro); la barbería de Rojas (en la calle Luna) donde nos llevaba mi padre a pelar cuando venía de la mar: la pastelería de Ntra. Sra. de los Ángeles, la autoescuela San Cristóbal, la ferretería Sánchez, zapatos Beluca, la papelería Cortés, el bar Las Columnas, la papelería Portuense, la ferretería Andaluza,  el bar Cádiz, mi Teatro Principal, el bar Único, la panadería de Roque, el Freidor Apolo y su bar, el carrillo de Severo, el bar Xixon y tanto que se me queda en el recuerdo.

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Rótulo interior de la Farmacia Viqueira, en Palacios esquina con Larga.

»‘Pan tostao con manteca’ con las vienas calentitas que compraba mi madre en Ultramarinos La Montaña (esquina de Larga con Palacios frente de la Farmacia de Viqueira), donde el afable de Luis, uno de tantos montañeses que vinieron al Puerto nos servía con tanto cariño. Simplemente el olor del  pan tostao me transporta a esos tiempos de inocencia.

josegradoraposo_puertosantamaria»En fin, todo esto lo iré desgranando en cada entrada que vaya poniendo. Quizás, simplemente quiera inconscientemente homenajear a todos y a cada uno de los que alguna vez en mi vida compartieron conmigo un momento de juego. Amigos que lo fueron y que lo son aunque algunos no estén ya, por eso quiero merendar con todos ellos ‘Pan tostao con manteca’». (Texto: José Grado Raposo. Keke).

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La primera carrera de motos de la que se tiene constancia en nuestra Ciudad fue en Valdelagrana, el día de Santiago Apóstol –25 de julio—de 1956. Aquella carrera fue un tanto atípica ya que no fue de velocidad o tiempo, sino de obstáculos. En realidad fue una Ginkhana de obstáculos en la que, los participantes, debían superar un número determinado de dificultades, acompañados por una señorita ‘de paquete’. Los premios, substanciosos para la época, fueron de 500, 300 y 200 pesetas para los primeros clasificados, recibiendo sus acompañantes un obsequio. Así, el ganador sería Carlos Bernal Fernández y su copiloto la señorita Esquilino, a quien regalaron una polvera.

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Bajo la organización del Ayuntamiento de El Puerto y contando con la asesoría técnica del Moto Club Jerezano, dos años más tarde y de forma ininterrumpida hasta 1965 se celebrarían carreras de velocidad. Los jerezanos Francisco Pacheco Romero, Pepe Torrent y José García Cauqui fundadores del motoclub, fueron eficaces colaboradores de la concejalía de Deportes de aquellos años. Había nacido el ‘Gran Premio Motorista de la Playa de Valdegrana’. Durante las mañanas dominicales de la segunda quincena de agosto, --en función de las mareas sería un domingo u otro-- se llevaría a cabo este evento deportivo.

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Cinco años después de la primea carrera, en 1960, la Revista Cruzados hacía una crónica de la prueba celebrada el 28 de agosto del inicio de la década: “Con extraordinario éxito deportivo y de asistencia de público, se celebró en la mañana del pasado domingo el V Gran Premio Motorista de la Playa de Valdelagrana, prueba que de año en año va superándose, alcanzando ya categoría nacional. […] En la prueba de velomotores hizo una magnífica carrera manteniéndose casi toda en primer lugar el jerezano Antonio Sánchez Garrido ‘Peluqui’, con Gimson, pero tuvo la desgracia de pinchar a última hora, ocasión que aprovechó Piñero, que marchaba en segundo lugar, para entrar triunfante en la meta.

La segunda carrera de clase 125 c.c., categoría regional’ Luis Sáez, líder del Campeonato Andaluz de Velocidad, realizó una soberbia exhibición, proclamándose vencedor. Le siguieron Juan Gallego y José  María Añón, pilotando los tres máquinas Bultaco.

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La más importante carrera del programa, categoría de 125 c.c. sport, fue parar el catalán Sirera sobre Montesa, pero debemos señalar que Luis Sáez (Bultaco) estuvo en el primer puesto casi toda la carrera, sufriendo una caída cuando faltaban unos quinientos metros parra la meta, privándole del triunfo. El duelo Sirera-Sáez fue sumamente reñido y de gran emoción. Detrás del motorista Sirera se clasificaron Juan Gallego y Antonio Gente, ambos en Bultaco”.

Las marcas que concurrieron, fueron todas nacionales: Montesa, Gimson, Bultaco –fundada en 1959—.  Además de los premios en metálico y trofeos, unas botellas especiales de Centenario Terry fueron entregadas a los ganadores. Los participantes concurrieron en tres pruebas como se ha dicho, en un Circuito que tenía 2 kilómetros en línea de ida y vuelta:

  • Velomotores de 50 o 77 cc. 10 vueltas al Circuito.
  • Motocicletas de 125 cc. De tipo regional. 25 vueltas.
  • Motocicletas de 125 cc. De competición, 30 vueltas.

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En el año 1962 se añadiría a las tres categorías anteriores la de ‘Fuerza Libre’, que ganó Torrás a lomos de una Bultaco. En 1963 ganaría Medrano, también sobre Bultaco, la de hasta 350 cc. Precisamente en 1963, el Moto Club Jerezano empezaría a organizar en Jerez, el ‘Trofeo Internacional Nuestra Señora de la Merced’, falleciendo ese mismo año el velocista jerezano Antonio Sánchez Garrido ‘Peluqui’; a finales de los sesenta ese Premio jerezano pasaría al Polígono de El Portal, precursor del futuro Circuito de Velocidad de la ciudad vecina donde, entre otros, correría el español Ángel Nieto, quizás el mejor piloto español de todos los tiempos.

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La Revista Cruzados de la época recomendaba a los asistentes: “atienda rigurosamente las instrucciones que se den por los servicios de altavoces, para la mejor organización de las carreras y sobre todo dejen totalmente libre el circuito para evitar accidentes, pues por la potencia de las máquinas y las velocidades que se logren, cualquier intromisión en el circuito puede ocasionar grave accidente”.

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Dos años más, hasta 1965 continuaría el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María organizando pruebas en Valdelagrana, hasta la mañana del 29 de agosto de 1965, celebrándose el X Trofeo en aquella playa, última prueba en la arena. Algunos intentos posteriores, ya sobre asfalto también en Valdelagrana, se celebraría en agosto de 1975, sin tener constancia de más pruebas. La afición se había trasladado a Jerez.

Todas las imágenes, salvo indicación en contrario, pertenecen a la carrera de motos celebrada el 28 de agosto de 1960. (Colección: Archivo Municipal. Tratamiento informático: Vicente González Lechuga).

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calle_depanynaranja2_puertosantamaria"A la calle Espelete, con más cielo que un estadio, la llamaban modestamente callejón. Y, sin embargo, cuántos pueblos quisieran su luminosa anchura, la amplitud generosa de sus callados vestíbulos y de sus patinillos de macetas, para hacer de ella su calle Mayor. En algunas de sus esquinas, un manís anunciaba su viejo nombre, ingenuo y delicioso, de zarzuela antigua y meriendfa frugal: Pan y Naranja" Juan Antonio Campuzano. (Foto: Carlos Pumar Algaba).

La calle Espelete,  es otra de las calles del Barrio Alto denominada  también callejón Espelete, nace en la calle Zarza, atraviesa las calles Cruces, Yerba, Santa Fé  y termina en lo que hoy es la avenida de Sanlúcar. En tiempos pasados se llamó, calle Pan y Naranja y anteriormente calle Nueva.  No sabría decirle el nombre de Espelete de donde le viene, he estado preguntando a personas y he consultado libros y no encuentro respuesta, debe ser tener alguna explicación, desconozco de momento el significado de Espelete, hay algunas hipótesis; pero como son sólo eso, lo dejo así.

En tiempos pretéritos, como casi todas las calles del barrio alto, estaban pavimentadas de cantos rodados colocados sobre tierra, las aceras eran de piedra caliza conocida como losas de Tarifa, había muchos zaguanes y patios que estaban solados de este tipo de pavimento.

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Plano de localización del Callejón Espelete, en el Barrio Alto. (Google Maps).

LOS MATERIALES DE LAS CASAS.

La mayoría de las casas  estaban construidas sobre "muros de escombros", que consistían en cernir el material procedente de demoliciones y agregarles, arena y cal, después algo de cemento, pero no mucho, porque era escaso y caro, Este material servía como argamasa, para unirlo con piedra arenisca de restos de obras y algún que otro ladrillo; casi toda la piedra que solía emplearse procedía de las canteras de San Cristóbal; había zonas sobre todo las construcciones a la orilla del Guadalete en las que se empleaba la piedra ostionera, o piedra de la mar.  Se aprovechaban todos los materiales que fueran medianamente utilizables, las divisiones internas se hacían igualmente como los muros exteriores si eran muros de cargas, si no, con tabiques de ladrillos de "gafa"; todo estos muros y tabiques se revestían con mortero de arena, cal  y algo de cemento después y se pintaba con el clásico encalado.

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Vista parcial de azoteas de El Puerto.

TECHOS Y AZOTEAS.

Los techos eran por lo general altos, de vigas de pino de Flandes, alfajías de la misma madera, ladrillo portabla, gatifa, formación de pendiente que en otro tiempo se empleó la carbonilla compactada o barro rojo con cal y después se terminada con un solado de ladrillo sevillano, quedando formada la azotea a la andaluza.  Las azoteas visitables en general se utilizaban para secar las ropas o solearlas con polvo de gas, después se volvían a lavar y se tendían para secarlas.  Algunas casas en vez de tener azoteas, se terminaba la cubierta con tejados de teja árabe.

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Terrenos de labor, huertos y solares de casas derruidas, donde se construyeron los edificios de la Renfe.

DISTRIBUCIÓN DE UNA CASA DE VECINOS.

En los años cincuenta y antes, del siglo pasado, por regla general, la casas se construían sobre solares existentes que en la mayoría de los casos eran corrales de árboles frutales; un gran patio central en el centro del solar y alrededor habitaciones espaciosas, que cada vecino podía alquilar, una, dos o más habitaciones; el que alquilaba dos habitaciones decía que su vivienda se componía de sala y alcoba, si algún vecino disponía de medios económicos o su familia aumentaba, alquilaba tres habitaciones y decía que su vivienda se componía de sala  y dos alcobas. En una habitación de la casa se construía una cocina común con varias hornillas de carbón vegetal  sobre una especie de mostrador  de fábrica de ladrillos y algunos lebrllos embutidos para limpiar los platos,  en las paredes de la cocina se colgaban unos muebles a los que les decía plateros, en el se colocaban los cacharros y enseres de cocina; en otro lugar existían un retrete común que era utilizado por todos los vecinos. La mayoría de las casas tenía pozo, algunas lo tenían en la medianera con la vivienda contigua, estos pozos cuando no existían los frigoríficos eran utilizados como fresqueras.

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El patio de Felisa López Varela, en la calle Espelete, 11

EL PATIO

Bien, entonces el patio se utilizaba como salón social de todos los vecinos, la decoración de los mismos era tarea de las señoras de la casa, allí era uno de los sitios donde empleaban toda su creatividad, el encalado y el cuidado de las plantas, arriates y parterres;  no había tiesto, cubo, tinaja o lebrillo fuera de uso, que unas  sensibles manos femeninas no fueran capaces de darle utilidad sembrando en estos recipientes una planta que con el tiempo daría la recompensa con su olor y hermosura. La decoración no era anárquica ni mucho menos, las macetas  se colocaba  en función del movimiento del Sol y donde pudiera lucir más; donde había sol  se colocaba alguna parra, que nos daba una generosa sombra en verano, al lado geranios, rosas, claveles, algún que otro jazmín, rosales, albahacas, entre sol y sombra la alegría de casa, azucenas, algunas veces, alguna maceta con perejil y otra con yerbabuena,  hierbaluisa para los dolores de barriga, tal vez un laurel; a la sombra, las pilistras (aspidistras), helechos y la reina de los olores nocturnos que es la dama de noche; todo este jardín, dejaban en el ambiente unos olores que casi se podían coger con las manos.

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Una tertulia en un patio porteño en torno a las mallas de Terry. De izquierda a derecha, Ana “Toti” Pérez, Carmela Bernal, Carmen Aguilar, Rosa Valiente, Francisca Pérez, Chari, Milagros Bernal y Gertrudis. 18 de Octubre de 1958. (Colección Encarni Pulido. Foto Rafa).

LAS TERTULIAS.

He escuchado en alguna ocasión que las plantas había que mirarlas todos los días, mimarlas y cuidarlas y te lo agradecen con su verdor, olor y frondosidad; hay quien dice que si las miras todos los días desde el mismo sitio se vienen hacia ti. A lo mejor las plantas también tienen alma, quien sabe. Imagínense ustedes en la caída de la tarde en verano las  tertulias de los vecinos, después de un día agotador de trabajo, las señoras que no descansan nunca, con alguna tarea de costura o  haciendo las mallas de la botella de Centenario o 1.900, los hombres sentados hablando de sus cosas y los niños jugando o haciendo la tarea del colegio, ¡que estampa!, de cada mirada se podría hacer una acuarela.

LA CAL.

Es raro en algún rincón de la casa, no hubiese un cubo con cal dispuesto a ser utilizado.  La cal se compraba en terrones --cal viva--, se preparaba poniendo en un cubo o bidón parte de ella; con sumo cuidado se la iba poniendo agua, que al contacto con la cal empezaba a hervir y a deshacerse; había que tener mucho cuidado porque solía saltar y quemarte la cara;  una vez deshecha, se le añadía agua al gusto y se podía utilizar  para pintar. Una casa blanqueada con cal por dentro y fuera era una garantía de frescor en el verano, pues el blanco refleja la luz solar. Desinfectante: no había vivienda, donde se hubiese producido un fallecimiento que después no fuese encalada.

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La calle Espelete, en la época que dije anteriormente, era mi paso obligado para ir al Colegio de San Ignacio, por la mañana cuando salía de casa, solía encontrarme al ciego Arana, con su lazarillo Antonio Gatica, que casi siempre su punto de venta era la esquina de calle Ganado y Cielo el almacén "El Cañón"; si mal no recuerdo todas las casas eran de una planta, a excepción del núm. 10 la casa de la  donde tenía un habitáculo encima con una pequeña ventana, donde cuando el Cristo Negro hacía el Vía Crucis los Viernes Santo, el párroco de San Joaquín rezaba la estación de penitencia.

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En el lavadero de botellas que existía en la calle Espelete, se lavaban las de Destilerías Galloso.

Todas las casas eran de vecinos, a excepción de la casa de la familia Romero Maure –el Maestro Mayor--, al final de la calle a la derecha. Si mal no recuerdo en la esquina de Zarza con  Espelete a la izquierda había una tienda de alimentación de una señora llamada Mercedes. A continuación la casa núm. 3, su propietario era el maestro Rojas, maestro albañil serio y formal con su impecable terno blanco y gorra negra, de cuya familia guardo un grato  recuerdo y a la que me une una amistad fraternal con sus dos hijos el ex matador de toros Rojitas y su hermano Manolo, destacado miembro de la Peña El Troncho. En esa casa también eran vecinos el matrimonio gitano de Mariquini y Perejil. En la casa núm. 5 vivió la familia Mediana, la familia de José Alvarez Soto "Camarón" y su mujer Dolores Otero Gatica 'la Melliza', ambos tenían familia numerosa;  quisiera destacar que 'la Melliza' era hermana del bailaor Fernando Otero Gatica, conocido por  Fernando Gatica, artista que desarrolló su actividad en Algeciras y La Línea de La Concepción.  El señor Forte tuvo una carbonería en la calle Diego Niño, donde está ubicada hoy la Tertulia Flamenca Tomás ‘El Nitri’; dos de sus  hijos trabajaron en el obrador de Confitería La Perla.

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Arrieros que transportaban arena de playa para la construcción, a lomos de sus burros, en la Playa de la Puntilla.

MARGARITO, EL ESQUILADOR.

En el núm. 11  de Espelete vivió Margarito el esquilador, con su mujer Jeroma, además vivían otras familias, cuyos nombres no recuerdo, pero a las que a veces veo. A continuación la casa de la abuela de Paquita Laínez, viuda de Miguel Leveque, después la casa de los Gutiérrez Maza, con su tienda de alimentación, la familia Ahucha  y llegamos a la esquina de calle Cruces. Si paseamos por la acera de la derecha en el núm. 2  vivían Salvadora con su marido, arriero de profesión al que apodaban 'Mojamé' y sus seis hijos, recuerdo los nombres de todos ellos; también una familia que les decían los Camperitos. A continuación la casa de los Romo Martínez, casa de muchos vecinos, recuerdo en particular a los Lolete, a Miguel Lanza el platero, con su familia, muy buenas personas recuerdo a su hijo Miguel que vive en Alemania. A continuación la casa de los Moras, la Gregoria, ‘el Cartucho’, ‘Gambiles’, ‘el Patoño’, Manolo ‘la Cachorra’, etc., gente modesta, trabajadora y honrada, quienes a medida que los tiempos fueron cambiando y las oportunidades de trabajo fueron más idóneas, fueron mejorando su nivel de vida.

cent_terry_anuncio_puertosantamariaLA GENTE SOLÍA MADRUGAR.

En el aquel entonces la sirena de Terry, tocaba a las  seis de la mañana, a las dos de la tarde y a las diez de la noche. La sirena se oía en el Barrio Alto, pues era un despertador general, ¡ay, lo que yo daría por volver a escuchar la sirena de Terry! Que bonito era ver doscientos trabajadores eventuales hacía las bodegas de Terry todos los días, en tiempo de la vendimia. Recuerdo que, cuando iba la colegio, me encontraba a las mismas personas; todo el mundo tenía algo que hacer, no había nadie ociosa; muy temprano los vendedores ambulantes, ahí viene Antoñito ‘el Aceitunero’ pregonando: "manzanillas y gordales El Aceitunero"; por allí viene ‘el Céntimo’ con un traje de pino para alguien “que se va con San Pedro”, por allí va Maripepa ‘la Peinadora’, que le va a hacer la permanente a fulanita de tal.

“--Uff el Levante va "sartá" mira la sirena del Vapor como se escucha y como canta hoy el Guano". "--Hoy no he visto a Lolita, me dijo que había recibido colonias nuevas, que huelen la mar de bien",  "--¿Tú crees ?, pues a mí la que gusta es Madera de Oriente"; "--Mira Manué ahí va Laínez ‘el Guardacampo’ a hacer su ronda".

Ahora, cuando he vuelto a pasear por esta calle compruebo que todo es distinto: las casas de entonces están divididas en trozos y perdieron el encanto que tuvieron antaño; donde antes había una ventana, ahora hay una puerta y se ha perdido en encanto de la camaradería; no existe la uniformidad que había entonces: cada uno ha reciclado su trozo de vivienda como ha podido o ha querido. En las casas de antes no se cerraban las puertas, no había necesidad, tú pasabas por delante de ellas y veías aquellos patios cuidados, con los escasos medios de entonces, se perdió la vida social de los Patios. Y más cosas. (Texto: Francisco Bollullos Estepa).

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