Baldomero Rodríguez Sánchez, disfruta de su jubilación tras más de 50 años trabajando en el establecimiento de la familia, el Bar Casa Paco ‘Ceballos’ que continúa regentando su hermano Ignacio. “Ya he cumplido” señala de forma muy gráfica Baldomero Rodríguez Sánchez. Las cosas de los periodistas, en poco más de dos horas le hacemos que resuma su vida, que en vez de en millones de fotogramas se cuenta en los millones de pavías de merluza que han pasado, rubitas y crujientes por delante de sus ojos. La conversación se “enluce”, precisamente, con una tapita del plato que les ha dado fama, 7000 kilos han llegado a vender en un año.
Es un señor corpulento. Por su físico, podría pasar por vasco de toda la vida, igual que su hermano Ignacio, (ver nótula núm. 408 en Gente del Puerto) pero cuando hablan ya se ve que más que de Euskadi, son de Cádi. Baldomero hace balance en cuatro frases: “Ya he cumplido. Soy rico en amigos. No le debo a nadie. Hemos sobrevivido a dos crisis y le damos de comer a 12 familias en verano y cinco en invierno”. A su lado su hermano Ignacio, de 55 años, y su compañero de trabajo de toda la vida. El se queda, ahora en solitario, con la camisa blanca que “hace que a partir de esa puerta ante cualquiera que entra, estamos a su servicio, sin distinciones”

7.000 kilos de merluzas rebozadas llegaron a vender en un año. Las populares Pavías de Casa Paco.
Nació en “La Placilla” en la Casa de Los Leones, en pleno centro y comenzó a trabajar a los 12 años, aunque no dejó el colegio. Su padre le encargó que llevara con la bicicleta el vino a los barcos. Por entonces, eran los años 60, amarraban en el muelle pesquero de El Puerto unos 180 barcos, calcula Baldomero “y le servíamos a unos cuantos”. Francisco Rodríguez Ceballos había fundado en 1946, o en 1947, no lo recuerdan bien los hermanos, una pequeña tabernita en lo que hoy se conoce como la Ribera del Marisco.

Óleo de Adrián Ferreras, propiedad de ‘Casa Paco’ que se encuentra en su interior y que, inspirado en una fotografía de la época, recrea el actual establecimiento de hostelería, en los felices años 20 del siglo pasado. Existen datos que corroboran que ya funcionaba como Colmado en 1850, a cargo del montañés Tomás García de Mesa, establecimiento que fue pasando por diversas propiedades hasta abrir como ‘Nuevo Colmado’ en 1909 de la mano de Joaquín Faz. (Foto: Colección J.M.M.).

Los hermanos Ignacio y Baldomero Rodríguez Sánchez han logrado convertir Casa Paco Ceballos, el bar que fundó su padre en 1946, en una referencia de la gastronomía de la provincia. En el cuadro aparece Paco Rodríguez Ceballos, el fundador del bar con su famoso gato Perico, que tenía la habilidad de beber té con leche. Su dueño siempre le dejaba el fondo del vaso para que se lo bebiera.

Baldomero, con el popular periodista Carlos Herrera, un asiduo a El Puerto.
En el sitio paraban marineros y armadores, por un lado, y bodegueros y sus cuadrillas por otro, señala. Allí tan sólo se despachaba vino y como mucho se atrevieron a poner unas latitas de conservas con unos panes al lado para que el quería picar algo. Fuera, “El Mona”, un mariscador de la zona, vendía también ostiones. Aunque el nombre oficial de la taberna era “Casa Paco”, los conocidos la conocían como ‘el Pesebre’ porque la costumbre de los contertulios era situarse con la ‘media limeta’, unas botellas de vinos con una caña en la que entonces se despachaba la bebida, en torno a unas maderas que había junto a la pared, a modo de contrabarra. “Como todos se ponían de espaldas para apoyar el vidrio en las tablas, un gracioso dijo que aquello era un pesebre, porque parecíamos bichos todos mirando para el mismo sitio, como en un abrevadero”.
En verdad Paco Ceballos (ver nótula 1.113 en Gente del Puerto ), no se llamaba así. Su primer apellido era Rodríguez aunque se quedó sin padre a los 3 años. Así que se le conocía por su madre que trabajaba para los Jesuitas y por eso en la ciudad le llamaban ‘el de La Ceballos’. Se metió en hostelería. Trabajó en “La Fuentecilla”, un bar del centro de El Puerto y de allí se traería uno de sus platos estrella, las pavías de merluza, una fórmula que inventó Lola, la cocinera de ese establecimiento y de la que no recuerdan el apellido. Ceballos, ya con sus hijos, en el establecimiento comienza a servir tapitas, asesorados por un cocinero local que les enseña a hacer huevos a la flamenca, los riñones al Jerez o los higaditos de pollo que serían las primeras tapas que sirvió el establecimiento junto a la merluza ‘al Achilipún’ un guiso al que pusieron este nombre en honor a Lola Flores que triunfaba por entonces en España. También fueron pioneros en poner chuletitas de cordero, algo que, por entonces, no se estilaba en El Puerto. /En la imagen de la izquierda, el padre de nuestro protagonista, Paco Rodríguez.

Una antigua fotografía de 'Los Pesebres', con Paco Rodríguez tras el mostrador, a la izquierda podemos distinguir, a la izquierda de la fotografía a Pedro Jiménez Caballero, --cuñado de Manuel Aragón Astorga que aparece a continuación apoyado en la barra-- y padre de los Jiménez Aragón, empleado de la banca y fotógrafo coetáneo, compañero y amigo de los ilustres: Rafa, Rasero, Pantoja, Monclova. A la derecha aparece Juan Antonio García Sánchez, “Antoñito el de la Comandancia”, armador y socio de Rafael Sánchez Carbonell, de los pesqueros: “Pepe Carlos”, “José y Vicente”, “Horta Graña”, “Ballena Blanca” y “Nuevo Pepe Carlos”.
El cocinero era Luis Román Torres, asistente personal de Carlos Cuvillo. Era un personaje singular que, además de cocinar de forma excelente, componía poesías. Baldomero señala que ya “por los años 70 Luis hacía hamburguesas de pescado. Fíjate tú, que ahora las venden como un gran invento”.

Interesante selección de tapas que se pueden degustar en la actualidad en Casa Paco.
Las cocinas de Paco Ceballos se vuelven a revolucionar en los años 90, por culpa de las crisis económica. Baldomero señala que “aquello fue incluso peor que ahora. Aquí hemos tenido un colchón porque los años anteriores han sido muy buenos, pero entonces no”. Para resistir, el bar se hace más familiar que nunca y la esposa de Baldomero, Mercedes García Campos, Tati, se hace cargo de la cocina. Se incorporan a la carta algunos de los platos más famosos del establecimiento como los chipirones en su tinta o se afina la receta del bacalao con tomate. Tati, también es la responsable de la famosa ensaladilla de Paco Ceballos, una de esas fórmulas mágicas que resultan exquisitas a pesar de ser una mezcla únicamente de mayonesa, patatas y zanahorias, sin nada más.

Roberto y Tati, sostienen a su hijo Roberto (ver nótula núm. 1.905 en Gente del Puerto) hoy reputado hotelero en Marbella, el primero de los tres hijos, junto con Mercedes y Baldomero, ‘Mero’ para los suyos, del matrimonio Rodríguez García.
Baldomero destaca la figura de Tati. “Los hosteleros nunca valoramos lo suficiente a nuestras mujeres. No sólo ha aportado su trabajo aquí en el bar, al igual que la mujer de Ignacio que también estuvo trabajando en la cocina con nosotros. Ella ha sido capaz de aguantar pues 50 años sin que pueda compartir conmigo una Semana Santa, 50 veranos sin acompañarla a la playa o 50 días de Nochebuena en que llegara tarde a casa”.
Su madre, Balbina Sánchez Rosso en la imagen de la izquierda, (ver nótula 1.153 en Gente del Puerto), le puso Baldomero, en honor a su abuelo materno, Baldomero Sánchez, maestro del colegio San Luis Gonzaga y que diera clases a personajes como Rafael Alberti o Juan Ramón Jiménez. Baldomero está muy orgulloso de algunos momentos de su vida. Recuerda especialmente el día 5 de enero de 2013 cuando encarnó al rey Gaspar en la cabalgata de los Reyes Magos. También se acuerda de cuando allá por 1974 o 1975 puso en marcha, por encargo de los propietarios de Romerijo, su cervecería ‘La Guachi’, la primera que pusieron en marcha en lo que luego se convertiría en la Ribera del Marisco. Baldomero llegó a regentar también “durante tres meses” la hamburguesería 'El Tomate' pero se dió cuenta de que eso no era lo suyo y lo dejó para centrarse en el negocio familiar. Los hermanos lograron que la francesa Guía Michelín, desde el año 2004, los citara como establecimiento recomendado en El Puerto, todo un logro tratándose de un modesto bar de tapas. /Texto: Pepe Monforte.

Baldomero, rey Gaspar de la Cabalgata de Reyes 2013, en el centro durante el acto de traspaso de Coronas a SSMM los Reyes Magos de 2014, celebrado en Puerto Sherry.

En la edición de 1872 de los “Anales de Sevilla”, libro del que es autor José Velázquez Sánchez, y en una época referida al último tercio del siglo XVIII, figura mencionado un concejal del ayuntamiento hispalense llamado Francisco Monge, del comercio de aquella ciudad, con ilustres compañeros de corporación tales como el catedrático Pedro Luis Huidobro, Francisco Fontecha, Cónsul del tribunal del comercio sevillano o el aristócrata José Ignacio Fernández de Santillán, marqués de la Motilla.
TTR“Por tenor del presente mando en virtud de Santa Obediencia a los curas de la iglesia Prioral de la ciudad del Puerto de Santa María y siendo con el registrados en las partidas de baptismo de Francisco Monge y en la de María Barvara su mujer y en la de Joseph Monge hijo del antedicho y en todas tres tilde y borre las palabras de gitanos o castellanos nuevos previniendo hacerse en virtud de este mi mandato y de la Real Pragmática de S. M. (que Dios guarde) quedándose con este folio de la parte interesada certificación de dichas tres partidas de baptismo sin la expresión de gitanos o castellanos nuevos lo que cumplan bajo apercibimiento, dado en Sevilla, día cuatro de Septiembre de mil setecientos ochenta y seis”. /Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. Puertoguía.


Estaba tan enfadada, que por más que me decía, que me acercara que tenía un regalito para mí, y que la perdonara que era por mi bien, yo no la quería oír, pero me decía: ven que te quite el algodón, y como era obediente, me daba un abrazo, y ahí se acababa el enfado. Cuando ya me iba a jugar, me pedía que extendiera las manos, y me las llenaba, de almendras fritas por ella: ¡buenísimas! y altramuces. Como sabía, que tenía que pincharnos, pobrecilla, se había llevado un buen rato partiendo, pelando y friendo las almendras, para compensar de alguna manera ese ratito malo, que sin dudas debíamos pasar, y endulzando durante varios días los altramuces. /Publciidad del chicle Bazoka Joe. Año 1964.
O como nos acompañaba a lavarnos las manos, antes y después del almuerzo o cena, porque decía que las manos siempre debían estar muy limpias, porque sin darnos cuentas, podíamos tocarnos los ojos, o la boca y se nos pondrían malos. De la misma manera no le gustaba, que nos anduvieran besuqueando. Nos decía…. a los niños, no se los debe dar tantos besos, solo los de casa y poco más. Cada noche al acostarnos, nos cepillaba el pelo con mucho mimo, nos daba nuestro besito de buenas noches y marchaba feliz para su casa que ya debía estar esperándola su único hijo: Antonio Fernández Gálvez, un sol de hombre, al que Dios lo había revestido de infinita bondad y buen corazón. /Publicidad de muñecas Famosa. Año 1966.
De nada servía que le dijéramos que no teníamos hambre, si no lo hacíamos en casa, estaba claro que lo haríamos en el colegio. Así aprendíamos la lección, y a partir de ese día, todos apurábamos el desayuno, porque de nada valía decirle…. es que no tengo ganas. Lo dicho, una mujer con carácter y un cariño enorme por sus niños. /Publicidad de La Casera. Año 1968.







1983.




El Chumi. Manuel Quintero García, uno de los mejores cantores de flamenco que El Puerto ha tenido. Cantaba muy bajito, pero los verdaderos entendidos gustaban de oír los matices de todos los palos del cante jondo. Lo calificaban como uno de los mejores. De ahí que, en honor a su arte, hay una peña flamenca con su nombre artístico. No tenía la cabeza en su sitio: casi siempre, aparte de adornos, llevaba colgada en la solapa de la chaqueta o del abrigo, una malla de seda amarilla de botella de coñac.
Romualdo [Remujardo]. A Romualdo Peña Montes lo ingresaron en un asilo para ancianos y no lo he vuelto a ver. Empleó toda su vida en acarrear agua potable hasta su clientela. Unas veces iba al Hospitalito, otras a las Capuchinas y la mayoría de los grifos del mercado. Cuando llegaba a su casa, soltaba el dinero que había ganado por la junta de un cajón de la cómoda. Nunca se lo dio a su madre directamente. Pero ella se lo gastaba sin que Romualdo exigiera explicaciones. El hombre siempre iba descalzo.
Ansonini. Manuel Bermúdez Junquera tenía como actividad laboral trasladar en un carro especial las carnes del matadero a los comercios de carnicerías. Le gustaba el baile flamenco. ¡Casi no movía las piernas! Para las bulerías tenía un son que hacía sólo con el cuerpo. Tan peculiar era su danza, que los grandes flamencos siempre le reclamaban para sus fiestas privadas. Se enamoró de María. La chica era de estatura normal y él, en cambio, muy alto. Todas las tardes pasaban ante la puerta de mi casa, en Santa Clara 5, muy amartelados. Él con el brazo derecho por encima del hombro de María, insinuando acariciar el seno contrario. La hembra, aparte de guapa, podía presumir de hermosos pechos. Era una de esas parejas a las que parece que nunca se le acaba el amor. Una vez casados, y con hijos de por medios, el porteador de carnes se volatilizó. Se dice que fue amante de ricas extranjeras. Se dice que tuvo en sus brazos a Ava Gardner. Y que para siempre se quedó a vivir entre bellas mujeres. Que yo sepa, nunca regresó a El Puerto. Pensaría que los gitanos las guardan.
La Tula. Mujer sonriente y de carácter muy dulce. Le gustaba el pirriaque (vino malo). Los niños nos burlábamos de sus estados de embriaguez.


Destacado político republicano portuense, siempre vinculado con los problemas de la clase obrera, barbero de profesión. Ya en 1905 vemos sus textos en el periódico ‘El Sudor del Obrero’, Órgano de las Sociedades y de las Agrupación Socialista Obrera de El Puerto de Santa María. Era uno de los siete periódicos con los que contaban los socialistas en España en aquel inicio de siglo.

En este sentido, los autores aportan, desde luego, una importante actualización bibliográfica además de una exhaustiva información de fuentes arqueológicas y documentales que demuestran el buen hacer de dos investigadores cuyo concienzudo trabajo se verá, sin duda, recompensado por el reconocimiento de sus lectores. Y vaya por supuesto también el mío. /Busto de Lucio Cornelio Balbo en Cádiz./ S. XIX
Los argumentos que se utilizan para ello en el capítulo 1 pasan por encontrar una conexión directa entre Gades y Hasta Regia (Mesas de Asta) con un trazado rectilíneo que, como correspondería al trayecto lógico de la Vía Augusta debe cruzar el estuario del Guadalete en este punto (Ad Portum), al menos desde los datos itinerarios contemplados en los Vasos de Vicarello (CIL XI, 3831, 1-2), contemporáneos a Estrabón. Un trazado que además cuadraría bien con los metrajes miliarios y en el cual la documentación recogida desde el siglo XVII en el Archivo Histórico Municipal de la ciudad o en la obra de A.J. Ruiz de Cortazar (1764) da fe de numerosos vestigios de posibles infraestructuras viarias. Por otro lado, como se analiza profundamente en el capítulo 2, los numerosos vestigios arqueológicos tanto del casco antiguo de la ciudad como de la periferia, con una secuenciación cronológica válida y en algunos puntos completa para todo el período romano, apuntan a determinar con claridad una concentración de población romana. /En la imagen de la izquierda, los dos trazados de la Vía Augusta.
Portus Gaditanus es una realidad territorial muy grande. Engloba todo el área de influencia de la antigua Gadir púnica en la Bahía, recogiendo por supuesto la tradición púnica que se mantuvo hasta la derrota de Cartago por Roma - tradición con la que debe asociarse Portus Menesthei- y la expansión de infraestructuras de época romana con cientos de embarcaderos y alfares a lo largo de la antigua costa. /La supuesta gades de Balbo.
Y ello porque cada uno, con sus peculiaridades, actúa como puerto –o estación aduanera si se quiere- desde el que se recogen productos: El Puerto de Santa María es el punto de conexión con Mesas de Asta , y el más adecuado para ser identificado con el emporio que describe Estrabón ( Str. III, 2, 2) en el que gaditanos y hastienses toman contacto. Como él, desde Dehesa de Bolaños se canaliza el control de productos que proceden del curso medio del Guadalete y del Ager Ceretanus, quedando Puente Melchor como un enclave en torno a otro gran espacio agrario que pronto se pondrá en relación con la colonia de Asido Caesarina. Todo ello es parte del complejo de Portus Gaditanus. /En la imagen de la izquierda, la supuesta imagen de Gades embellecida por Balbo en una pintura de las termas de Roma.

Por ello invito a la lectura de este interesante trabajo de J.J. López Amador y E. Pérez Fernández por su importante acopio de material y bibliografía actualizada. El resto ya se ha planteado. A medida que las exportaciones de Gades a Roma crecen, la ampliación del radio de acción de Portus Gaditanus es mayor, y desde la arqueología no se duda en asociar los alfares encontrados en todo el arco de la Bahía de Cádiz con esta realidad. Y en esta expansión, la actuación de los Balbo debió de canalizarse más en la reestructuración de viejas instalaciones púnicas y nuevas infraestructuras romanas acordes con los planes de colonización que Roma trae para la zona (J. Montero Vítores, 2013): desde la fundación de colonias como Hasta y Asido, con el asentamiento de elementos itálicos en la zona, se define una nueva red administrativa que, por supuesto, necesita entre otras cosas del impulso de obras públicas para el dominio y la explotación del ager publicus: calzadas, canalizaciones de agua, embarcaderos: en definitiva un nuevo paisaje en el que los Balbo, como otros notables de Gades, tuvieron mucho que ver. De este modo se ponen las bases de un poblamiento romano permanente que a su vez garantiza el impulso de la asimilación de la población local (lo que hoy denominamos romanización), y a su vez refuerza el control de Roma sobre los territorios. /Texto: Jesús Montero Vítores.








