Le hemos pedido a Flora Díaz Hurtado, porteña de la diáspora, porteña por el mundo, que nos cuente como ha sido y es su vida, sus impresiones, sus nostalgias... Impenitente viajera ha vivido en Barcelona, Sevilla, Colombia, Londres, Roma, Houston, Madrid y en la actualidad reside en los Emiratos Árabes, en Dubai. Esta es su historia.
Nací en Cádiz pero nunca viví allí. Mi familia vivía en Rota, ya que mi padre, Gonzalo Díaz Arbolí, trabajaba en la Base Naval. A El Puerto de Santa María llegué con seis años pero curiosamente hace tan sólo unas semanas descubrí que mis bisabuelos paternos eran porteños, así que podría decir que parte de mis raíces me remontan a este bendito pueblo que me vio crecer y convertirme en adulta. A los pocos meses de llegar a El Puerto nació mi hermana Inma. Mis hermanos, Eva, Gonzalo y yo estábamos encantados. Mi infancia la recuerdo muy plácida y feliz, veranos en Grazalema, excursiones a la Sierra, y como provengo de una gran familia mis recuerdos de la infancia me transportan a casa de mis abuelos en Cádiz y a mis numerosos tíos y primos en Chiclana. Por aquel entonces vivíamos en la Torre Fermesa, cuando este era el edificio más alto de El Puerto. Desde nuestra terraza en el sexto piso veíamos los pinos que se adentraban en el mar.
ENTRE LOS ESTUDIOS Y EL BAILE.
Yo no tuve mucha suerte con mis primeros pasos de bailarina. A los siete años ante mi insistencia y la ausencia de una escuela de ballet en El Puerto mi padre organizó unas clases con una profesora americana en la Casa de la Cultura, pero desgraciadamente ésta tuvo que irse a los dos años y no sería hasta años más tarde cuando retomaría mis clases. Los primeros años de EGB los cursé en “El Sagrado Corazón” y en “Luisa de Marillac”. Cuando tenía doce años nos mudamos a la calle Santa Lucía, ya no veíamos los pinos desde nuestra terraza y además mi madre se había enamorado de esa casa un día lluvioso viniendo de misa en la Prioral. Y allí nos mudamos y es allí donde aún viven mis padres y donde yo regreso cada año. Para mí era perfecto ya que estudié BUP y COU en San Luis y lo tenía al lado de casa. Recuerdo aquellos años con mucha añoranza y como unos de los mejores de mi vida. Me siento afortunada de haber vivido esos años en El Puerto y haber estudiado en ese colegio. Cuando yo estudiaba allí aún subíamos por sus majestuosas escaleras de mármol rosa, la biblioteca con sus animales disecados y sus numerosos libros eran de lo más inspirador, los dormitorios de los Jesuitas de lo más misterioso. Disfrutaba muchísimo con las clases de Juan Villarreal, tanto que años más tarde le pedí que fuera él quien me casara en la capilla de San Luis.
En la época de San Luis pude finalmente retomar mis clases de Ballet con las directoras de la actual Escuela de danza de El Puerto, Paso a Dos. Los sábados iba a bailar a Cádiz y en verano no me perdía un taller de danza. Recuerdo ir a Cádiz en el vapor leyendo las novelas de Agatha Christie que aún conservo.
LA UNIVERSIDAD Y EL TRABAJO.
Llega la época de la carrera. Desgraciadamente por aquellos años se había puesto de moda estudiar Ciencias de la Información así que mi aprobado en Selectividad no me bastó para entrar en la Complutense, en Madrid, y después de dos años en Jerez en Empresariales y Derecho, acabé estudiando Publicidad en Barcelona. Me encanta esa ciudad. En esos años que pasé allí cada Navidad y verano volvía a El Puerto, y aunque me sentía muy a gusto en Barcelona cuando el tren llegaba a Sevilla podía oler mi tierra, ya estaba en casa. Y es que uno no sabe lo que tira la tierra hasta que se va de ella. Los veranos en El Puerto eran animadísimos, uno no tenía ni que quedar con los amigos pues dependiendo de la hora ya sabías donde poder encontrarlos. Punto de encuentro en Costa Casta, El centro Comercial o Puerto Sherry, y si se terciaba acababas tomando chocolate con churros, (ahora que soy madre entiendo a nuestros padres y su insistencia para que estuviéramos en casa a una hora determinada)
Después de mi etapa en Barcelona acabé en Sevilla trabajando en una agencia de Publicidad pero los sueños de hacer campañas super creativas y originales chocaron con la realidad de que en la mayoría de los casos la creatividad está reñida con el presupuesto. Pero Sevilla es otra delicia y además por aquel entonces mi amiga Aznamara también vivía en Sevilla pues trabajaba con Vittorio & Luchino. Después de que acabara mi contrato de seis meses y pasar mes y medio en Colombia y para sacudirme de un gran desengaño amoroso decidí que si quería triunfar en el mundo publicitario debería mejorar mi inglés.
EN LONDRES CONOZCO A ALAN
Para perfeccionar el inglés me marché a Londres donde aprendí mucho del idioma y conocí a Alan, mi marido. También allí conocí a gente muy interesante, hasta me topé un día con Lady Dy con la que coincidí en un concierto de piano. Estudiaba inglés y daba algunas clases de español. Un día en la escuela donde estudiaba vi un anuncio donde buscaban una traductora de español y así conseguí mi primer trabajo serio en Londres, empecé de traductora en una empresa de informática y acabé de “broker” ocupándome de los mercados español y portugués, ya que muchos piensan que hablamos el mismo idioma aunque yo me empeñase en decirles lo contrario. Menos mal que los portugueses son muy amables y se defienden bastante bien en español.
Los fines de semana solíamos ir a la campiña inglesa, salpicada de esos deliciosos pueblecitos que te remontan a Miss Marple o alguna novela de Jane Austen, de picnic o a remar si el tiempo lo permitía. Y además, bailaba. Así pasaron tres años y aunque Londres y los alrededores me encantaban debo admitir que el tiempo era bastante duro de llevar. Además, ahora quería aprender italiano. Gracias a mi querida amiga Anna acabé yéndome a Roma. Fue un golpe de suerte en mi vida ya que sólo por el mero hecho de hablar inglés conseguí un trabajo en una agencia inmobiliaria. Fue una experiencia maravillosa e inolvidable de mi vida. Después de año y medio en la Ciudad Eterna, Alan y yo nos casamos al mes siguiente en El Puerto. Conseguimos reunir a todos nuestros amigos de diferentes puntos de España, de Irlanda, Inglaterra e Italia e hicimos una gran fiesta en Puerto Sherry, donde acabamos todos bailando sevillanas. Los británicos alucinaron con eso de la barra libre, y aún después de tantos años me recuerdan que fue la mejor boda de su vida, para algunos la mejor borrachera…
HOUSTON Y LA DANZA FLAMENCA.
De ahí nos fuimos a Houston, Texas, donde me di cuenta que eso del sueño americano no es ninguna tontería sino por el contrarío algo muy cierto. Allí pude hacer lo que más me gusta, bailar. Fue en Houston, donde empecé a tomar clases de flamenco casi por primera vez en mi vida, y es que la sangre tira mucho. También continué con el ballet y, cosas de la vida, empecé a bailar con un Grupo de Danza folklórica Colombiana. No sé muy bien que pintaba yo allí pero hasta acabaron entrevistándome en la tele. Fueron otros maravillosos años donde seguí haciendo amigos y conociendo otras partes del mundo. Tras nuestra experiencia en los Estados Unidos volvimos casi a los dos años a Europa.
VUELTA A EUROPA: LOS NIÑOS Y EL TEATRO.
Esta vez aterrizamos en Madrid donde empezábamos una nueva vida y no sólo porque cambiáramos de lugar sino porque al poco tiempo descubrí que esperaba no sólo un bebé sino dos. Fue toda una sorpresa, y un gran shock, debo admitir, pero gracias a dios en nueve meses te da tiempo a reponerte del susto de sobra. En ese tiempo seguí bailando y empecé a hacer algo que llevaba años queriendo hacer pero la vergüenza me frenaba, teatro. Al llegar a Madrid decidí inscribirme en el Instituto Italiano de Cultura y fue allí cuando después de ver un cartel de “Clases de Teatro en italiano” me tiré a la piscina y me apunté a las clases. Y así fue mi introducción en el teatro. Desde entonces no lo he dejado.
La primera vez que recité algo sobre un escenario fue en italiano y con una barriga enorme. A los pocos días nacían Rebeca y Patricia, dos niñas preciosas que me abrirían las puertas a otra experiencia de mi vida, la de ser madre. Y así pasaron los siguientes nueve años, siendo madre e intentando hacer muchas otras cosas a la vez, como todas las madres del mundo. Hice cursos de profesora de español para extranjeros y de traductora para poder compaginar el trabajo con el poder estar con mis hijas el más tiempo posible. A la vez, seguía con mis bailes y mis cursos de teatro.
Hace unos años entré a formar parte de un pequeño grupo de teatro en Madrid, “Distrito 20” con los que me embarqué en llevar adelante la Zarzuela de “Los amores del Arcipreste”, yo no cantaba pero hice desde lavandera hasta canónigo. Se estrenó el verano antepasado en Garganta de los Montes, un pueblo de Madrid, y fue todo un éxito.
CON ALONSO DE SANTOS Y QUIQUE MIRANDA.
Ese mismo verano tuve la inmensa suerte y el honor de poder colaborar como ayudante de dirección con José Luis Alonso de Santos, del que tan sólo observándole aprendí muchísimo. Estaba montando la obra de “La Sombra de Tenorio” y así incluí otra maravillosa experiencia a mi colección. Conocí a Enrique Miranda y pasamos ratos muy divertidos con “Ciuti”. Pero aparte de disfrutar muchísimo con ese trabajo me encantó el hecho de que fuera en El Puerto. Todas las mañanas, después de desayunar me encaminaba a San Luis, como en los viejos tiempos, iba turnando la calle San Francisco o la paralela a Santa Lucia porque nunca me ha gustado repetir el mismo camino. Qué nostalgia y que emoción trabajar en el Salón de actos donde antaño fue lugar de fiesta, donde nos reuníamos a bailar con aquel que ocupaba por aquellos días nuestro corazón, donde se nombraba al Mister y Miss de turno, y al Mister Naranja y Limón entre los profesores. San Luis ya no es lo mismo pero a mi siempre me trae tantos recuerdos.
EMIRATOS ÁRABES: DUBAI.
Ahora el destino me ha traído hasta Dubai, en los Emiratos Árabes, donde vivimos desde agosto. Me vine con un dulce sabor de boca desde El Puerto, y es que en julio volví a colaborar con mis amigos y actores de El Puerto y tuve de nuevo la suerte de trabajar bajo la dirección de José Luis Alonso con actores como Emilio Flor, Manolo Morillo, Manolo Barba, y Enrique Miranda, entre otros, para una lectura de la obra de José Luis. Además pude poner los pies en el escenario del nuevo teatro de “Muñoz Seca”. Ojalá que se vuelva a repetir mi suerte.
Desde aquí tan lejos agradezco a mi padre, tan involucrado en la cultura de nuestra ciudad, y a Enrique Miranda que me pongan siempre al día con todas estas actividades y me manden recortes de periódico y noticias al respecto.
Y una vez más estaré en El Puerto dentro de poco, saboreando el “pescaito” frito y bañándome en sus playas, y disfrutando con toda la familia ya que allí siempre nos reunimos todos, hermanos, padres, sobrinos… Mis hijas adoran ir a casa de “Belo y Bela”, como llaman a mis padres y disfrutan con todo lo que hacen allí, desde ir a comprar el periódico con mi padre hasta liar croquetas con mi madre, Inma Hurtado, que es una de las mejores cocineras que conozco y tiene toda la paciencia del mundo.






Nació el 20 de octubre de 1958 junto a la casa-palacio del Marqués de la Candia, sede actual del Museo Municipal y de la Academia de Bellas Artes, en la calle Pagador, 3. Su abuela materna fue ama de llaves de la familia Cólogan Osborne, propietaria de la casa, donde nació y vivió hasta el primer año y medio nuestro protagonista. Hijo de Felipe Gómez Moreno, miembro del benemérito Instituto de la Guardia Civil y de María Antonia Castallo Mancera, abandonó pronto El Puerto como consecuencia del cambio de destino de su padre, pero no ha dejado de venir por su Ciudad natal, todos los veranos y siempre que puede, desde
entonces. Recuerda José Domingo que la familia portuense se trasladó a vivir a otra casa palacio, la de la Casa de las Cadenas, donde vivieran los veranos de 1729 y 1730 los reyes de España, Don Felipe IV y Doña Isabel de Farnesio. Allí pasaba los veranos de pequeño y ya de mas grande, ayudando a sus tíos, Manuel Pérez y María del Carmen Castallo en los Ultramarinos “Las Cadenas” que hoy regenta su prima. Es primo también de Enrique Pérez Castallo, de la Fundación Rafael Alberti, quien todavía tiene su residencia en la Casa de las Cadenas. Con los años, quien lo iba a decir viviría, profesionalmente en otro palacio: el de las Cortes, por su condición de Diputado. En José Domingo se puede acuñar el dicho “de Palacio a Palacio”. José Domingo tiene casa propia en El Puerto desde hace ya bastantes años, adonde regresa con la familia que ha creado: su mujer y dos hijos. (Cuadro primero: óleo de Juan Lara que representa la Casa
del Marqués de la Candia desde la Plaza de la Iglesia. Cuadro segundo: óleo de Angel Pantoja, que represeneta la Casa de las Cadenas).
SECRETARIO GENERAL DE LA FEMP
diciembre de 1985. (En la fotografía, José Domingo en su etapa como Secretario General de la FEMP).

de los últimos cargos en ser relevados por el gobierno de Aznar, y prisa tenía pues había recibido ofertas para trabajar, desde hacía tiempo en su en una empresa de autocontrol de la publicidad, cargo que no era compatible con su responsabilidad de gobierno, por lo que hubo de esperar a su relevo tardío. Vamos, que tuvo que pedir el cese pues permaneció mes y algo después de los distintos relevos en el aparato del gobierno de la nación. (En la fotografía, José Domingo con el presidente del Gobierno de la época, Felipe González, reunido en el Palacio de la Moncloa).
OTRAS RESPONSABILIDADES Y REPRESENTACIONES.


de Santa Cecilia. En Vizcaya ha trabajado en una empresa como químico en el laboratorio y también de administrativo, compatibilizándolo con la pintura. (Fotografía: David. Vista Panorámica del Puerto de Ziérbana).
Como afirma su amigo y crítico Alberto Gómez de Echarte: «José Luís Molina Mora, pintor de talante objetivo, de abordaje hacia una pintura directa y cuyas motivaciones tienen mucho que ver con la espiral artística de la clásica Escuela Vasca y en la actualidad indudablemente abocada en un impresionismo expresivo/ambiental- pudiera decirse, que Molina Mora se destaca como dominador excelente de unas envolventes atmósferas, matizadas, esfumadas de sugestivos grises luminosos y luces doradas, de delicada lejanías, de serenas y especulares aguas , en una visión sentida y emocionada, como expresión íntima y personal no exenta precisamente de la huella de una estilística propia. Independientemente del enfoque estético de ése ambiente a que antes me refería, José Luís Molina Mora sorprende en la decidida resolución de los otros elementos integrantes de sus pinturas. La presencia de sus remolcadores, pesqueros, gabarras, etc., asomándose como recias e inconfundibles individualidades, armonizadoras y de altas calidades por sus grandes contrastes y fuerza de expresión, configuradas a su vez por un esquemático dibujo, de trazo recortado, sin concesiones a lo superfluo, manifiestan un inteligente propósito en el que tienen cabida ciertos planteamientos geométricos y cubistas». (Fotografía: José Luis en su estudio en 1978).




Montse Torrent Peña, actriz porteña nacida en 1962 para quien “Ser cómica es un título nobiliario, por el que además, cobro”, ha recorrido los escenarios del mundo interpretando entre otros a Alberti y Valle Inclán. Está afincada en Sevilla, trabaja en teatro, danza, cine y televisión. Posee el Primer Premio de Interpretación Femenina en Andalucía, del Festival de Teatro de Palma del Río (Córdoba), el Primer Premio Ateneo de Córdoba de Monólogos (año 2002) y el Primer Premio en el Festival Universitario de Sevilla, por la obra “Casina” de Plauto, que dirigió. En Danza obtuvo el Premio a la Mejor Coreografía en 1992, por su obra Fedra, que dirigió e interpretó, estrenada en el Festival “La Nuova Tradiciones”, junto a Katsuko Azuma. No le importa la opinión de los demás.



Jorge Thuillier Pérez, porteño nacido en la calle Santo Domingo 28, desciende de una familia bodeguera de origen inglés que se estableció en nuestra Ciudad en 1840, al socaire del negocio de la crianza y exportación de vinos. Jorge, profesor de Instituto, anda muy vinculado a Sevilla, donde vive e imparte clases en el Instituto trianero G.A.Becquer, donde en la actualidad es Jefe de Estudios y profesor de lengua castellana, literatura y taller de Teatro. Licenciado en Filología Moderna, no pudo acabar la carrera en la facultad de Cádiz, como había prometido la administración académica de la época y en Sevilla terminó los cursos 3º y 4º. Allí conoce a los socialistas Rodríguez Ibarra, Paco Fuentes y a un brillante Alfonso Guerra, quien con dos carreras a sus espaldas y regentando la Librería Machado, era el único que se atrevía a mostrar su desacuerdo en las aulas con el profesor de turno, e incluso proponer temas de debate durante las horas de clase. Su otro compañero porteño, en Cádiz, Emilio Flor, consiguió la licenciatura en la Universidad de Salamanca. Durante 18 años ha compatibilizado la docencia a los más jóvenes con la formación al profesorado. Su vinculación con El Puerto es de amor odio, pues entiende que la Ciudad que lo vio nacer, y a la que vuelve con frecuencia, prefiere olvidar su pasado y dejar que duerma el sueño del olvido, “quizás por el nombre que, no por casualidad, tiene nuestro río”, afirma. Está casado con Victoria Nieto, hija de Manolo Nieto, el Jefe del Despacho Central de Renfe de siempre: la oficina que había frente al Parque Calderón. Tiene dos hijos: Sergio y Raul, rompiendo la tradición de los Jorges en la familia desde que el primer George Thuillier Burrow llegara a nuestra Ciudad al filo de la mitad del siglo XIX. (En la fotografía, Jorge Thuillier Pérez, en el catamarán sobre el río Guadalete -río del Olvido-).

El Ateneo del Vino alegaba ante el Plan General de Ordenación Municipal que «En general todo parece promover la desaparición del rastro de la actividad bodeguera en la zona de Campo de Guía, con la consiguiente perdida de identidad y valores, para la ciudad y la cultura del vino. En orden a que esto no suceda, ya que sería una perdida irreparable para la identidad colectiva, el desarrollo turístico y el patrimonio edificado, solicitamos sean tenidas en consideración una serie de alegaciones que realizamos y se establezcan las determinaciones urbanísticas que permitan la pervivencia de los edificios de bodegas con su volumetría actual y usos acordes con su interés arquitectónico, sin olvidar apuntar la responsabilidad moral que recae en los gestores de la ciudad que decidan borrar una huella de tanta raigambre e importancia.» Pero Jorge no es muy optimista ante la desgana generalizada con el mundo del vino y su cultura. «En El Puerto solo quedan francotiradores de la cultura que, individualmente, luchan por la supervivencia de nuestras señas de identidad.
LOS THUILLIER EN EL PUERTO. GEORGE, EL FUNDADOR.
EDWARD THUILLIER BRADHAW.
establecimiento de la bodega: 1840 así como su vocación exportadora al mundo de habla inglesa. A los 29 años, ya casado, vivía en la calle Palacios, 59. Era una persona culta e instruida, que poseía una amplia biblioteca bilingüe, y que, además se dedicaba a la docencia: dirigía una Academia de Segunda Enseñanza, aficionado a la pintura y a pintar... era todo un humanista. A su muerte en 1903, deja en herencia los siguientes bienes: Vivienda y Casco de Bodega de 1320 metros en calle Zarza, 4. Hacienda, tierra y viñas en el Pago Rincones de Jerez de seis y tres cuartos de aranzada. Otra finca rústica de tierras y arboleda de nueve aranzadas en el Pago de La Laja y, nótese el apunte, el Palco
Núm. 6 del Teatro Principal.
sendos hijos suyos, primos hermanos entre sí. (Ilustraciones: Papel de Cartas de Edward Thuillir. Negativo en piedra para imprenta de etiqueta de Augusto Thuhillier. Etiqueta Generica. En la ilustración a color, Julia Thuillier Bradhaw).
JORGE THUILLIER SOLARES
JORGE THUILLIER PINA.
natural de Sevilla. Tras un largo noviazgo de 10 años se casó en 1951. Tuvieron cuatro hijos, tres de los cuales se dedican a la enseñanza -precisamente la profesión que no era la ilusión de su padre-, Jorge, que es Jefe de Estudios en el Instituto G.A.Becquer de Sevilla, Milagros, profesora en el Colegio Grazalema, Javier es especialista de la Armada en la reserva y Apoderado en Cádiz de Osuna, y Macarena, Directora del Colegio de Las Nieves. Hoy su
viuda, Rosario, tiene 80 años, y vive con su hija Milagros en la casa familiar de la calle Santo Domingo, a la que su marido, en vida, le hizo un remozado y resanado de fachada para deleite de los viandantes. Un hijo de Javier, de nombre Jorge, es el sexto Thuillier que lleva este a modo de gentilicio desde que el apellido inglés se instalara, por primera vez, en las calles, tierras y bodegas de El Puerto de Santa María. (En la fotografía, Jorge Thuillier y Rosario Pérez, a principio de la década de 1950 del siglo pasado).



Pero vayamos un poco atrás en el tiempo. Juan Carlos es hijo de Francisco Javier de Terry y del Cuvillo y de María del Carmen Muñoz Ávila. La Bodega familiar “Carlos y Javier de Terry, 501” se había vendido y Juan Carlos quería empezar de nuevo y llevar a su familia a un país que mantuviera ideas conservadoras, ideas que empiezan a desdibujarse en la España del triunfo socialista de 1982. Ese año, Juan Carlos fue contratado como Director General de “Bobadilla 103” para México. Y en ese país permaneció durante 17 años. Fue la cabeza y el enólogo de la compañía vinatera jerezana en México hasta que, en 1987 funda su propia compañía de importación y distribución de vinos y alimentos, hasta que en 1999 decide irse a la tierra de su mujer: Filipinas. Una historia de amor entre nuestro paisano y una asiática descendiente de europeos, que da como resultado la presencia de estos porteños en la en otros tiempos colonia española. Juan Carlos conoce a su mujer -filipina- en la Feria de Sevilla y se enamoró perdidamente de ella. Su nombre es Mari García y es descendiente de suizos, italianos y españoles. Se casaron en El Puerto en una boda con estética Filipina fusionada con elementos españoles tradicionales. ¿O quizás habría que escribir “pilipina”?, y es que en aquel país no se pronuncia la letra F. (Ilustración: Etiqueta de Vino. Colección J.M.M.)

En México, tras su paso por Bodegas Bobadilla 103, Juan Carlos creó una empresa FRUTERRY, con una gama muy extensa de productos en conserva, tanto españoles como mejicanos, de alta selección. Además crea muchas marcas de vinos con objeto de crear una distribución muy segmentada: Viña Andina, en Chile, Blue Rhin y Golden Rhin (vinos alemanes). Pero la situación económica en Méjico fue tal que las mafias se dedicaron al secuestro y la extorsión, teniendo como objetivos a las familias españolas que estaban en el mundo del vino. Dos amigos de Juan Carlos fueron secuestrados y a sus familias les mandaban partes de su cuerpo parra meterles miedo. Una oreja era lo mas frecuente. Al hijo de Juan Carlos, Luis lo atracaron en dos ocasiones y sufrió un mini-secuestro en taxi, el método más común: el cliente se montaba en el taxi y en el primer semáforo en rojo se subían los atracadores. Su madre padeció igualmente dos atracos a punta de pistola. Juan Carlos ante la situación, decide dejar Mexico D.F. tras 17 años de vida empresarial y se traslada al país de su mujer: Filipinas, en 1999.
En el año 2000 abre la primera tienda en Manila de productos de Gourmet: Terry Selections, que ya cuenta con tres sucursales, la última abierta en septiembre pasado. La intención era que tuviera solo lo mejor escogido por Juan Carlos, un poco como extender su despensa a nivel público. Se podría decir que una manera de abrir su casa a amigos cercanos y, después, a clientes. Unos años después y un poco por casualidad, se abre el restaurante. Los clientes que iban a la tienda pedían que les hicieran “sandwiches gourmet”. Al tener que dedicar al grueso del personal a preparar esos emparedados, tal era la demanda, decidió abrir un espacio en el segundo piso para tener mesas donde sentar al cliente, y de ahí el restaurante Terry’s.
Al restaurante “No traigo» --afirma-- «un producto que no se haya probado en su lugar de procedencia sin darle el pasaporte. Por ejemplo, Arte Oliva es el único aceite que está envasado como debe ser, en tetra pack, que protege de los rayos ultravioletas. El envase tiene cinco capas que mantiene el líquido a la temperatura adecuada. Dentro de 10 años será igual, tendrá las mismas propiedades”. Es muy interesante la fusión con los productos filipinos: “Tienen una especie de besugo al que llaman besugo, en español, y lenguados, pargos, galeras, chicas y grandes, impresionantes las de Palawan (una isla para perderse a conciencia …), y cangrejos de tierra que se alimentan de los cocos, los rompen y extraen su jugo”. Aparte de las mejores recetas españolas, Juan Carlos presume de superar el mejor Tocino de Cielo de la región; además se hacen las Poleás típicas de El Puerto. Han servido, también, Ajo Caliente y Salmorejo. Y toda la ristra de platos nacionales de primer nivel: Croquetas, Tortillas, Rabo de Toro, Fabada Asturiana, Cocido Madrileño, Menudo, Paella Negra de Mariscos... Es interesante recordar que Juan Carlos es hermano de la desaparecida María Auxiliadora Terry, gastrónoma local, experta en temas de Thermomix, autora de varios libros de la máquina, y directora que fue de la Escuela de Cocina 'El Anafe'. (Foto: J.L.B.)
Ayudado por su familia, trabajando en el próximo proyecto, ya en marcha, “el mejor restaurante español en el extranjero, en la Bahía de Hong Kong”, afirma convencido. En un próximo artículo hablaremos de sus hijos Luis y Elena, muy afincados en el Filipinas, --e incluso con parejas en aquel país-- pero que no olvidan El Puerto, sus rincones y amistades, al que regresan siempre que pueden.
Otra vez un apellido de procedencia extranjera -inglés- en nuestra Ciudad vinculado al suceso de las luchas napoleónicas. Lord Wellintong se vino con su ayudante de campo del mismo apellido, antepasado de nuestro paisano. Dicho apellido también nos suena por otros no menos célebres sobrinos de Ricardo Summers Ysern: el desaparecido Manolo Summers, director de Cine; Tomás, productor de cine y televisión; y Guillermo, presentador de programas televisivos, escritor y pintor, ambos en activo.(Fotografía: Guillermo Summers).
Su nieta Begoña, en su tesis doctoral: «Estudio Global de la Obra de Serny (1908-1995), dibujo, pintura, diseño y grabado», afirma del pintor, afirma del padre: «Si algo le caracterizó fue dar a cada una de sus creaciones una personalidad muy acusada; tomó la realidad de manera subjetiva y la vertió en una obra inmensa que alcanzó numerosos campos del arte: dibujo, ilustración, cartel, retrato, pintura, pintura mural y grabado. En su trayectoria obtuvo una gran consideración hacia su obra y aprecio por su persona, por parte de escritores, artistas y críticos de arte: José Francés, César González-Ruano, Daniel Vázquez Díaz, Eugenio d’Ors, José Hierro, Rafael de Penagos, Federico Carlos Sainz de Robles, Manuel Pombo Angulo, entre otros, que vieron en él a un maestro y en su recorrido artístico la esencia de una de las vertientes de la pintura contemporánea, como ha quedado constancia en multitud de comentarios que constituyen una parte fundamental para acercarnos a Serny a través de importantes figuras de su tiempo. Esta tesis ha querido ser, por encima de todo, recopilación razonada y debidamente ordenada de lo más significativo de la extensa obra de Serny, con el fin de que la misma quede inscrita convenientemente en el contexto artístico que le corresponde.» (Grabado de Serny: 'De Carnaval'. Firmado a lápiz y numerado: 85/100. Enmarcado en paspartú granate).
REVISTA GENTE MENUDA.
REVISTA BAZAR. 


que, en el año 2005 es destinado como logopeda al prestigioso Instituto Español "Giner de los Ríos" de la capital lusitana: Lisboa, donde tiene previsto permanecer hasta el 2011, impartiendo clases de Enseñanza Primaria. ¿Regresará Juan a El Puerto? (En las fotografías, Juan Mayo en la actualidad y en 1997, hace once años).
El profesor Mayo es un gran amante de las nuevas tecnologías, algo que supo inculcar en el ambiente familiar. En la actualidad su hijo Carlos es el responsable técnico de la edición en internet de los periódicos La Voz de Cádiz, de Cádiz y Jerez. Es, igualmente, una autoridad internacional por sus conocimientos e investigaciones sobre la Orden de la Cartuja. Prueba de ello es que ha publicado, en los últimos quince años, doce libros sobre esta interesante orden de clausura y es invitado a impartir charlas y conferencias en encuentros nacionales e internacionales: España, Italia, Austria, Bélgica, Inglaterra, Argentina, Suiza, Alemania, Francia, Portugal, Chequia, sobre esta forma de entender y vivir la religión católica. (En la fotografía, en una ponencia en el Congreso Internacional Cartujano Evora-2004, celebrado en Portugal, sobre la única Cartuja actualmente abierta en este país: la Cartuxa Scala Coeli, en Évora, a unos 100 kms. de Lisboa en dirección a Badajoz). (En la foto, con barbas, hace 25 años).
Casi podríamos decir que Juan es un cartujo externo, una especie de promotor de la Orden, tal es su grado de conocimiento y sus trabajos de divulgación. Por ejemplo, esta crítica a la película
(*) La Llave Cartujana,
ENTREVISTA.
Tiene editados 12 libros y varios discos compactos multimedia, siendo uno de los ponentes que más tiene publicado en los congresos internacionales a los que ha asistido ¿Cuál es ahora su preocupación cartujana desde que los monjes se fueron de la Cartuja de Santa María de la Defensión de Jerez? --Trabajo ahora con los Cartujos de Portugal, colaborando en la digitalización e informatización de sus fuentes documentales de toda la Orden Cartuja en el país fronterizo. En la Cartuja de Evora me retiro una media de 10 días al año. Curiosamente, los tres cargos más relevantes: Prior, Procurador y Vicario, son españolas; de Carmona, Córdoba y Puerto Real.
El futuro local… ¿Cómo lo pinta, profesor? --La gente joven buscará trabajo fuera de aquí si continúan sin instalarse más empresas importantes en la zona, aunque no se quieran ir El Puerto, que es como una privilegiada Ciudad de Vacaciones.
¿Hubiera profesado la Orden de Cartujo? --Si hubiera sido religioso, que no lo soy, quizás me hubiera metido a Cartujo, empero soy una persona muy activa y conversadora. Aunque nunca digas “de esta agua no he de beber, ni esta p**** no me cabe”. (En una foto reciente, en la Embajada de España en Lisboa -a la derecha- junto con el presidente de la Junta de Extremadura, Sr. Vara).












La apertura del bar está fechada en 1908. Por entonces se le conocía con el nombre de “Los 48”, el mismo que una manzanilla de Sanlúcar. Por entonces varios bares de la ciudad tenían este tipo de nombre, coincidiendo con el de un vino. Luego, parece que en la década de los 30, el bar pasó a llamarse “La Solera”, su nombre actual, y pasó a formar parte de las instalaciones del Hostal Loreto, situado también en la calle Ganado, junto a La Solera (Calle Ganado n. 17. Teléfono: 956543562). El bar se convirtió en la cafetería del hostal y se abrió una puerta interior que los comunicaba. Por allí pasaron los toreros que intervenían en la plaza de Toros de El Puerto ya que estos solían pernoctar en el Hostal Loreto y luego salir en coche de caballos, con gran expectación, hasta la plaza.
Comenzó en la hostelería en 1960. Tenía 16 años y se colocó en el hotel Fuentebravía de El Puerto, en la cocina. Fue aprendiendo el oficio, le gustó y a los pocos años abrió un chiringuito en la playa de La Costilla en Rota donde triunfó con el marisco que traía de El Puerto de Santa María. Y a partir de ahí el éxito. Se marcha de la ciudad y comienza a montar negocios de hostelería que le llevarían a la élite y a llegar a tener a su cargo en toda España a más de 1.200 personas en negocios relacionados con el ocio y que incluían desde restaurantes, servicios de caterings, hoteles y hasta bingos.
Es un gran conocedor de los vinos. En su establecimiento están por todas partes. Encima del mostrador, en unas pequeñas estanterías que dificilmente caben en el local y en un armario climatizado donde guarda lo mejor. Se muestra partidario de no cobrar grandes cantidades por los vinos “porque los vinos no sólo deben maridar con la comida sino también estar acordes con esta economicamente. No se le puede cobrar a alguien una cantidad por la comida y más del triple por los vinos.”
José Luis no cierra ni el 24 por la noche ni el 31. Porque me gusta estar con mis clientes esos días “y porque muchas personas buscan un lugar donde comer en esas ocasiones y no lo encuentran. Los clientes se repiten cada año”. Reconoce que por lo singular de su establecimiento la relación con los clientes es muy especial: “Tienen que tener paciencia porque estoy sólo para todo, pero eso se suple con un poco de conversación. Tengo gente que viene desde fuera a comer el cocido o a probar los arroces y me enorgullece mucho que repitan”.





