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Las llamadas Cuatro Esquinas de El Puerto de Santa María forman parte de la más añorante historia portuense. Ya sé que todas las confluencias de dos calles tienen cuatro esquinas pero en El Puerto hay una llamada así, por antonomasia. La formaban, entre Larga y Luna,  la Cervecería, el Refino, los Tejidos de D. Mariano Gutiérrez y la Confitería La Campana.

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Tres de las Cuatro Esquinas, con la calle Larga y la Sierra de San Cristóbal, en lontananza.

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La Campana, en primer término a la derecha.

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Una imagen del famoso crucero de Larga y Luna, tantas veces fotografiado.

Igual que “el patio de mi casa” las Cuatro Esquinas del Puerto son enclave peculiar, cuando allí sopla el Levante, sopla más que en las demás.  Y es que el Levante se frena cuando llega a la Fuente de las Galeras, forma cauce en la Calle Luna, se reconforta en las Cuatro Esquinas y espera , todavía hoy, qué antiguo, poder refrescarse en el Pilón de San Juan, calle arriba...

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El mismo sitio, fotografiado en la actualidad.

La Cervecería, en la Calle Larga, luego Bar Central de Maximino Sordo, era aledaña a la casa de los Grant, y más allá estaba la Zapatería de Juanito Gilabert. Esta zapatería no era una tienda de venta de zapatos, como son ahora, sino que los fabricaba, con una gran categoría y fama del fabricante y de los clientes. Gilabert no era un zapatero vulgar sino un señor con su correspondiente categoría social, que surtía a la más distinguida clientela del Puerto, de Jerez y hasta de Sevilla.

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El interior del Bar Central, ante de su remodelación realizada por el arquitecto de Los Santos, hoy Banco de Andalucía.

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La cafetería Central, hoy Banco de Andalucía, en febrero de 1978. /Foto: Rafa. Archivo Municipal.

juanignaciovarelagilabert_puertosantamariaYo recuerdo a su sobrino Juan Varela Gilabert, en la imagen de la izquierda, (ver nótula núm. 1.047 en GdP) que heredó la tienda y que no era zapatero sino fino poeta e inigualable conversador, cuando todavía tenía clientela en Sevilla, de lo más rancio y aristocrático, por cierto.  Juan se desplazaba a Sevilla para “tomar medidas”. Para dicho cometido, se estaba algo así como una semana en la recordada Pensión San José, en la sevillana calle del mismo nombre, nido de estudiantes y residente ocasional de los grupos de “vicetiples” que actuaban en el Teatro Cervantes. Juan, repito, deleitaba a los huéspedes de dicha Pensión, con divertidísimas y cultas historietas. En la Zapatería Gilabert, por cierto frente a la histórica Casa Lucas, trabajó Tobío, que luego fue ordenanza en el Instituto Laboral, que afable y cumplidor, compartía con su compañero Manolo Camacho, el toque de la famosa campana del Instituto para anunciar el final y el comienzo de cada hora de clase.  Manolo fue Conserje en dicho Instituto una vez que finalizó su aventura comercial en su Refino de la Calle Larga, lindando con la que fue  Farmacia de Pernía, en donde trabajó Domingo Monge Atalaya (ver nótula núm. 1.941 en GdP),  y luego de José María Viqueira.

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Donde hoy se encuentra Talgo Boutique, se encontraba el Refino de Piñero, frente a Tejidos Lerdo, donde vivieron sus sobrinos, los Lerdo de Tejada. La imagen es de  febrero de 1978. / Foto: Rafa. Archivo Municipal.

En la acera de enfrente a la Cervecería estuvo el Refino de Piñero, que en últimos años lo recuerdo regentada por dos señoras, que traspasaron el negocio a Pepe Sánchez Cossio, que abrió en su lugar lo que fue muy moderno establecimiento llamado Auto-Radio, que obró con la colaboración técnica de Luís Babiano. Luís, compañero y colega de D. Juan Villar ejerció como Ayudante de Obras Públicas en lo que entonces se llamaba Obras del Puerto, cuyas oficinas estaban la Calle Nevería.

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La calle Nevería, en 1926, cuando se llamaba Castelar. A la derecha, el edificio donde luego estaría, de nueva construcción, Tejidos López, mas adelante, Obras de El Puerto.

manolocarrillolucero_puertosantamariaEn esas Obras del Puerto, en cuya Dirección hay que citar a D. Antonio Duran, a D. Juan Machimbarrena, a D. Manuel Álvarez Aguirre y a D. José Antonio Español (ver nótula núm. 1.892 en GdP), prestaron sus servicios, entre otros conocidos amigos, como chóferes de grato recuerdo, Sánchez, padre del que llegó a ser muy buen futbolista local Sánchez Escalante, y Rafael, ceremonioso y educadísimo en los gestos de su oficio.  En dicho Refino de Piñero, trabajó mi buen amigo Manolo Carrillo --a la izquierda de la imgen-- (ver nótula núm. 076 en GdP), entre polifacéticos quehaceres, con el buen humor que le caracterizó. Recuerdo que un día Manolo anunció a las dueñas, con gran aspaviento y escándalo,  que un “viajante en cueros” se empeñaba en visitarlas, consiguiendo alarmarlas antes de poner en claro la situación. El chiste es viejo, pero Manolo  consiguió la escenificación adecuada.

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Tejidos Mariano Gutiérrez, en la calle Larga esquina a Luna.

En la otra esquina de las Cuatro, estaba la Tienda de Tejidos de D. Mariano Gutiérrez, sesudo paseante en los días festivo, del brazo de su mujer y acompañados por su ahijada la Srta. Lora.  Don Mariano era muy aficionado a la cacería y salía a las tórtolas con una escopeta “de siempre”, que no tenía “papeles”. Un mal día lo interceptó la Guardia Civil y un uso de su más elemental obligación, se los requirió. Don Mariano se extrañó, fue al coche y los que encontró no fueron de la satisfacción de dicha Guardia, rechazándoselos.  Entonces D. Mariano, azorado, pronunció la famosa frase: “--Pues eso es lo que hay y con eso hay que apañarse”.  Por supuesto que se quedó sin la escopeta.

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Casa Lerdo, vista desde la calle Larga, a la derecha, confitería La Campana.

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Tejidos Lerdo, vistos desde la calle Luna.

Los Tejidos Gutiérrez fueron traslados a José Lerdo de Tejada, sevillano que se afincó El Puerto, y que fundó los conocidísimos, en su día, Tejidos Casa Lerdo, modernizando el negocio con la colaboración de su mujer Pepita Labat, también de Sevilla, y otras colaboradoras entre las que quiero citar, como no, a Milagros Cristóbal.  También recuerdo a su hijo Pepito Lerdo, que hizo sus pinitos como torero y que cuando declinó, se dedicó o dedica, en Sevilla, a apoderamientos y asuntos taurinos y que aparece en la imagen de la izquierda. Al Puerto vinieron también sus sobrinos, los hermanos Lerdo, amigos nuestros hasta el presente, que vivieron en  Luna esquina con Larga, precisamente frente a la Tienda de Tejidos.

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La confitería La Campana a la derecha, frente a Tejidos Mariano Gutiérrez.

Cerrando el esquinerío de las Cuatro, en la otra estaba la Confitería La Campana, atendida por el bueno de Juan Luís Hernández, con sus desplazamientos en bicicleta. De la Campana he comido los más inimaginables y ricos merengues de fresa, con aquel almíbar inigualable del que todavía me relamo. En el piso alto de La Campana dando con la calle Luna, en el martillo que formaba el edificio,  vivieron los Castilla, entre los que recuerdo a Federico (poeta y músico que escribió, por ejemplo, el himno del Racing Club Portuense. Pregunto ¿qué ha sido de la obra musical y poética de Federico?), a Marina, a Santiago (amable siempre en su cometido como empleado en el Banco Hispano) y, sobre todos, a Elías, entrañable amigo y compañero en la Academia Poullet, sobre el que todavía tengo pesares de lejanía, desaparecido prematuramente. A Elías, que tan pocos recuerdos mundanos dejó, salvo su tímida sonrisa premonitoria de muchos sufrimientos que creo que luego padeció, le envío, donde quiera que esté, que puede que yo lo sepa, al cabo de muchos años de recuerdo, mi sentimiento de la oración persistente.

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El Banco Hispano Americano, el 23 de febrero de 1978. /Foto Rafa. Archivo Municipal.    

El edificio de La Campana fue derribado, creo que a comienzos de los cincuenta, y  allí el Banco Hispano Americano erigió el edificio que hoy ocupa el Banco de Santander. Su segunda planta la estrenaron nuestros amigos Carlos Cuvillo Jiménez y Charo Arias Molleda, antes de trasladarse a su chalet en la Hijuela del Tío Prieto.

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Las Siete Esquinas, antes y ahora.

Quiero finalizar recordando que nuestro pueblo/Ciudad –Muy Noble y Muy Leal Ciudad del Gran Puerto de Santa María, que no se le olvide a nadie; ni hoy-- es peculiar en muchas cosas, por ejemplo en la existencia de la antonomásica, citada y descrita someramente, Cuatro Esquinas, además de tener el otro característico enclave de las Siete Esquinas, adornadas éstas, por cierto, con el oloroso aroma de los vinos que se crían en sus alrededores; las Bodegas Osborne  y la que regenta mi querido amigo Edmundo, que acoge ese delicioso patio florido, que es enjundia de familiares reposos portuenses.

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La plaza de las Galeras, el Vergel del Conde, el Parque Calderón y, al fondo, la calle de la Luna.

Pero en este manojo de Esquinas del Puerto, yo quisiera ¿por qué no?, fundar otra: Mi Esquina. Esa es, la que forma la Calle Luna abajo con el llamado Vergel del Conde, que tantas veces doblé camino de mi casa, entre la de Bish y el garaje de Pepe Bononato.  Ni Cuatro, ni Siete; Una, la mía. Permiso. Y esta es la historia, más o menos --seguramente menos-- que yo recuerdo de las Cuatro Esquinas del Puerto. Otro día, si D.q., las otras. /Texto: José López Ruiz.

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Cuando Alberto Pichardo Gallardo, historiador de 25 años, anunció a su familia que abandonaba El Puerto de Santa María y se trasladaba a Italia para buscar la tumba de un Papa desaparecido, no les extrañó lo más mínimo. Pese a no contar con ningún antecedente de arqueólogos en la familia, sus padres --un técnico de una empresa de telefonía y una profesora de guardería-- le habían inculcado su pasión por el pasado y le animaban en su adolescencia a que pasara los veranos excavando en yacimientos. Hasta hizo cursos de arqueología submarina. Ahora lo encontramos en las catacumbas de una ciudad con mucha historia cerca de Roma: Viterbo, buscando al único Papa al que el Vaticano no tiene ubicado ni enterrado en lugar santo, el que quiso que Alfonso X El Sabio --fundador de El Puerto de Santa María-- fuera el emperador de la cristiandad: el Sacro Imperio Germánico. El hermano del rey Sabio, Fernando, fue el primer Arzobispo de Sevilla, nombrado por el Papa Alejandro IV.

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--La historia del Papa desaparecido (Alejandro IV, a quien los españoles deben la Universidad de Salamanca) es bastante desconocida, al menos fuera de Italia.

--Por casualidad, mientras estuve de Erasmus en Viterbo, descubrí cómo bajo la ciudad existía todo un mundo subterráneo, galerías y salas, que iban desde época etrusca a la II Guerra Mundial. Un mundo inexplorado que recogía en sí mismo todo el pasado histórico de 2500 años de antigüedad de una ciudad. En una pequeña placa casi olvidada de la catedral recordaban la historia del Papa ocultado en una de estas catacumbas. Fue un flechazo. Y dura ya seis años.

--Parece que su búsqueda es, como en aquella célebre película, una auténtica última cruzada... ¿En qué momento decides consagrar tu vida a encontrar la tumba de Alejandro IV?
--Suena a película, pero fue por un sueño. El verano antes de decidir regresar a Italia, al despertarme de la siesta, lo primero que vi al abrir los ojos fue un azulejo que me habían regalado con una imagen de la carta del tarot que representa al Papa. En ese duermevela me vinieron unas palabras que me dijo un profesor: «--Las instituciones sólo dan financiación en los aniversarios de los acontecimientos». Al levantarme miré la fecha, y justo al año siguiente se cumplía el 750 aniversario de la muerte del pontífice. Hice las maletas y me fui a contarle mi proyecto a las autoridades civiles y religiosas de Italia. Como carta de presentación: excavaciones en Pompeya, Bolonia, Herculano, Gibraltar, cursos de arqueología subacuática, un doctorado a medias...

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Exteriores de la Catedral de Viterbo.

EL PROYECTO.
Cuando volvió a España comenzó a redactar un proyecto definitivo, a buscar colaboraciones con diferentes científicos, universidades, empresas de geofísica, a buscar cómo financiar el primer periodo del proyecto. Volvió a Viterbo gracias a un préstamo que tuvo que pedir a un banco, para tener una cobertura inicial. Y, tras hora y media de reunión, obtuvo el beneplácito del obispo de la ciudad, monseñor Chiarinelli, para realizar las investigaciones en la catedral y el palacio y que luego refrendaría su sucesor, Fumagalli. Fue el comienzo de la verdadera búsqueda de la tumba...

--¿Quién le apoyó en los inicios?
--Moralmente y económicamente principalmente mis padres y un primo que es un apasionado de la Historia y veía cómo el proyecto que había creado era de un gran valor histórico y científico. El ayuntamiento de Viterbo nos ha apoyado desde el principio. Aunque económicamente la situación es complicada con la crisis, sí nos dieron la posibilidad de cedernos una sede en las cercanías de la catedral. Una vieja iglesia ex consagrada donde hemos creado el Instituto de Investigación Alejandro IV

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El Instituto “Alejandro IV” esta compuesto de jóvenes investigadores europeos de diversas disciplinas, científicas y humanísticas, que han decidido de integrar sus diversas competencias para afrontar en modo completo y eficaz los diferentes proyectos del Instituto, a través de un trabajo diferenciado y con sinergia al mismo tiempo. Este espíritu de unión y condivisión representa la esencia fundamental del Instituto “Alejandro IV”.

papa_alejandro_IVUN PAPA HUÍDO

Alejandro IV, Papa desde 1254 hasta 1261.

Y es que la historia de Alejandro IV es bastante peculiar. Fue hijo del señor de Jenne y pertenecía por línea materna a los condes de Segni, familia que daría cuatro Papas a la Iglesia. Ocupó gran número de cargos dentro de la curia romana gracias a su tío materno el Papa Gregorio IX, quien le nombraría cardenal y con ello le daba acceso a ser sucesor de Pedro. En 1257, tres años después de ser elegido pontífice, tuvo que huir de Roma por su enfrentamiento con Manfredo, hijo ilegítimo del emperador Federico II que pretendía coronarse como rey de Sicilia. El Papa, contrario a las pretensiones del bastardo, llegaría a excomulgar en dos ocasiones a Manfredo. Los nobles romanos que apoyaban su causa, con el senador Brancaleone a la cabeza, armaron y levantaron al descontento pueblo de Roma contra el Papa y sus partidarios, dando lugar a una de las etapas más violentas y crueles de la ciudad eterna. Alejandro IV y la corte pontificia huyeron a Viterbo, ciudad al norte de Roma con unas inexpugnables defensas, y que sería durante 24 años y ocho pontífices centro del orbe católico.

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Búsqueda en el interior de la catedral de Viterbo con diferentes tecnologías no invasivas.

--¿Por qué escondieron la tumba del Papa?
--Querían evitar la profanación de los restos por parte de sus enemigos, que se produjera otro episodio como el del denominado Sínodo Cadavérico: Esteban IV mandó exhumar el cuerpo de su enemigo y antecesor, el Papa Formoso, para juzgar su cadáver. Llevaba nueve meses muerto, le vistieron con todos los ornamentos pontificios y le sentaron en el que había sido su trono. Una vez juzgado y condenado arrojaron sus despojos al río Tíber.

--¿Qué resaltaría del pontificado de Alejandro IV?
--Fue contemporáneo de Francisco de Asís, de quien reconoció oficialmente sus estigmas y fue un gran protector de su orden. Canonizó entre otros a Santa Clara de Asís. También defendió fuertemente la cultura, y se hizo rodear de personajes tan influyentes como Santo Tomás de Aquino, San Alberto Magno o San Buenaventura.

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lberto, a la derecha, en el interior las galerías efectuando trabajos e investigación.

NEXOS CON ESPAÑA.

--También existen algunos nexos del Papa con España.
--Lo más significativo fue que elevó a la categoría de universidad a Salamanca, de la que decía que era «la cuarta luz que iluminaba el mundo». Le concedió sello propio y la licencia Ubunque Docendi, con la que podía impartir clases con el beneplácito de la Iglesia. Es la cuarta universidad más antigua del mundo tras Bolonia, Oxford y París. Otro hecho curioso es que intentó que Alfonso X el Sabio fuera proclamado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. No lo logró.

En la actualidad el proyecto lleva realizado sólo el 35-40% del trabajo total de investigación. Han usado nueve metodologías diferentes con máquinas diversas, como pruebas electromagnéticas o georradares, todas no invasivas porque las autoridades religiosas, de momento, no han dado el visto bueno para poder excavar. Se ha estudiado gran parte de la colina sobre la que se asienta la catedral y el palacio de los Papas. El equipo de Pichardo ha localizado en el interior de la catedral los restos del muro del templo de Hércules de época etrusco-romana. También galerías que recorren todo el subsuelo de la catedral y que no se sabe con certeza dónde desembocan. Todos los esfuerzos son pocos para el arqueólogo, que ha tenido que renunciar a la cercanía con su familia y amigos o a otra de sus grandes pasiones, navegar por la Bahía de Cádiz, de su infancia a la que cantaba su paisano, el poeta universal Rafael Alberti.

En la plaza de la catedral también han hallado dos criptas, y una de ellas se comunica por una galería subterránea con el templo. Tienen ya localizadas dos estructuras metálicas que por las dimensiones se podrían corresponder con dos tumbas. Y en un tercer área de la plaza creen haber encontrado otra posible candidata a tumba del Santo Padre.

Aquellos que en el s. XII escondieron al Papa en este kilométrico laberinto subterráneo que alberga de Viterbo en sus entrañas lograron su objetivo y Alejandro IV parece divertirse jugando a esconderse del joven Indiana Jones gaditano. /Texto: Jaime Lázaro.

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matiasbalserarodriguezEste hijo de telegrafista, que en 1903 ingresa en el Cuerpo de Telégrafos, hará entre El Puerto de Santa María y Cádiz, las primeras pruebas de telegrafía sin hilos.  El éxito de las pruebas hizo que Marconi se interesase por las mismas. Construye, por esa época, la primera estación de Radioaficionado en España.

Nació en Gibraleón, (Huelva), el el 23 de febrero de 1883. Hijo de telegrafista y con cuatro hermanos relacionados con la telegrafía, parece evidente que el ambiente familiar debió influir en su interés por este nuevo medio.

INDUSTRIA MILITAR.
En 1904, dio una solución práctica a la sintonización que aplica a la dirección de torpedos, dos años mas tarde, en el Arsenal de La Carraca. Como reconocimiento de su éxito recibe una subvención, pero el Ministerio de Marina declara que el control de torpedos a distancia por medio de la radio no le interesa. En 1905, patentó su sistema, denominándolo Un sistema sintonizador y director de torpedos por medio de las ondas de Hertz. 

INVENTOR.
Con su emisora de radioaficionado logró comunicaciones desde tierra con los barcos de la Compañía Transmediterránea. En 1909, desarrollo un transmisor telegráfico rápido, que fue aprobado por la Dirección General de Telégrafos. En 1910 inventó un telégrafo portátil para usos militares y un año mas tarde, construyó una estación Morse automática, para oficinas con un solo operador. Posteriormente inventaría el radio estereoscopio y el radiomegáfono. Ese mismo año consigue su trabajo más espectacular: la permanente comunicación de una emisora fija con un tren en marcha, utilizando un transmisor de corto alcance.

IDEAS A AMÉRICA Y ALEMANIA.
En 1912 idea un sistema para sustituir la propulsión de los torpedos, pólvora de combustión lenta, por aire comprimido. En España nadie presta atención a la idea, pero los americanos la siguen utilizando en sus tubos lanzadores. En 1914, la Armada alemana adquirió su sistema de control a distancia, y Balsera, desde Ostende, controló un barco misterioso alemán que hizo que la poderosa escuadra británica se encerrara en Dover, permitiendo a la flota submarina alemana pasar el canal de la Mancha.

radiotelefoniaPRECURSOR DE LA RADIO COMERCIAL.
En 1922 efectuó los primeros ensayos de radiodifusión, desde la estación radiotelefónica del Palacio de Comunicaciones de Madrid, retransmitiendo varios conciertos de la Banda Municipal. Balsera residió en Inglaterra durante ocho años, e inventó en Londres un sistema de rayos X, con los cuales pueden verse y localizarse todos los cuerpos extraños sin necesidad de operaciones trigonométricas. El Radio-estereoscopio, como lo llamó su autor, fue adoptado por elSaint Mary Hospital de Londres, donde ha seguido funcionando desde la época de su instalación.

Otro de sus méritos es el de ser quien motivo al vecino jerezano Antonio Castilla López, su interés por la radio --quien sería el principal accionista de Unión Radio, precursora de la SER, antes de 1936-- y la electrónica. Todo su entusiasmo, no tuvo correspondencia en su país, como él mismo lamentaba en las últimas páginas de Radiotelefonía, su última publicación en 1925.

Ay, si os pudiera materializar esas imágenes que desbordan las evocaciones, que proyectan los recuerdos de forma nítida.

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Fotos que impresiona la memoria en un tono sepia oscuro, del mismo color de las túnicas de estameña de aquellos cofrades  con los maderos a cuestas que atravesaban como espíritus mudos el parque. El albero de las añejas veladas veraniegas y de los juegos infantiles de aquellos niños que nos criamos en El Molino, el parque de la Victoria. Con los patos recogidos en la gruta que diseñó Francisco Lameyer y con la luz amarillenta que despedía la ermita de los Caminantes, custodiada por los Álvarez Campana, repleta con los exvotos plateados que rodeaban a la imagen de Nuestra Señora de la Concepción. Qué pena del vergel de lo que fue el monasterio que custodiaba a la Señora de la Soledad y a la del Desconsuelo.

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Qué queda de aquella alameda de los Mínimos, de aquel parque de la Victoria de nuestras nostalgias. Qué lástima con lo que le han hecho. Nunca mejor dicho, cómo lo han rematado.

Una de tantas cosas que dejaron de ser lo que fueron…

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La bodeguita de González Rico, hoy reconvertida en moderna cafetería y churrería.

Como las espadañas de La Sangre y de Jesús de los Milagros, el aroma punzante de la bodeguilla de Misericordia o de Casa Lucas, la prolongada sirena de las Bodegas Terry, que marcaba la vida de las barriadas obreras levantadas por Rebollo… la fragancia a periódicos y tebeos recién llegados a la Librería Cortés,  los sobres de soldaditos del quiosco verde de la plaza del Castillo, los juanillos y torrijas de La Campana, los bilbaínos y penitentes de cartón de Los Ángeles, el café mañanero en el Central, el olorcillo de los filetes rusos de La Solera bañados en catsup de Conservas Sur, las cazuelitas del Tendido 4, el frescor del Manolo González en La Puntilla, las araucarias que descollaban por Peral, las risas infantiles de los domingos en el  Moderno, los quejíos de Camarón en el Principal, las paredes almagras de La Angelita, las cunitas del parque, los burgaíllos recién mariscaos en La Colorá…

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Las araucarias de la Plaza de Isaac Peral nos dejaron con el fin del milenio.

Por eso cuando contemplo la luz del atardecer en El Puerto, cuando me sosiega ese halo azulado de destellos al dirigirnos a las salidas de nuestros cortejos, paladeo la mirada porque esa Primavera de nuestra infancia y de nuestro presente está ahí. Intocable. Ese crepúsculo no lo podrá alterar ningún lumbrera; ni habrá listillos que puedan especular con esos resplandores. No hay dinero en el mundo para que una multinacional pueda deslocalizar la luz de El Puerto cuando acaricia las imágenes de nuestras hermandades.

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Las desaparecidas cunitas del Parque. Como el Club Taurino, o Los Caballitos.

De ahí que debamos saber valorar lo que aún tenemos y lo que encierran en su memoria y en sus amores los veteranos cofrades, bitácoras vivientes de nuestra ruta e inversores de tantas horas de esfuerzos y vivencias con las que hipotecaron sus corazones. Disfrutemos de las experiencias y recuerdos de esos venerables jóvenes, de Antonio de la Torre, de Luis Ortega, Manolo Girón, Antonio Velázquez, al que pude conocer como maestro y padre, Alfonso Carreto, Fernando Gago, Paco Camacho, Jesús Nogués, Paco Lerdo, Luis Suárez.

Saboreemos lo que todavía permanece, como el vaho de los vinos góticos de La Palma, los anaqueles de Las Novedades, de la Diana, o de La Giralda o el perfume de los nardos en la plaza Juan Gavala cuando amanece el 7 de septiembre.

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Máquina registradora de Las Novedades.

No podemos esperar que las cosas desaparezcan para echarlas de menos, ni quedarnos indiferentes cuando las ultrajan como ahora a los santos muros de la Iglesia Mayor.

Ni aguardar que nuestra gente no esté con nosotros para decirles cuánto le debemos, cuánto les queremos… /Texto: Francisco Andrés Gallardo. (Del Pregón de la Semana Santa 2010).

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Aunque no ha trascendido a los medios y, con el sigilo que debe presidir cualquier cambio en una imagen titular de tanta devoción como la que tenía la Hermandad, este año se ha estrenado una nueva, obra de un prestigioso imaginero y escultor sevillano. Con ello se han colmado los deseos largamente expresados por los hermanos costaleros de la Hermandad.

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La imagen moderna y la antigua de Ntro. Padre Jesús Nazareno.

En efecto, la antigua imagen, obra del escultor Ignacio López, discípulo de Pedro Roldán,  que fue regalada, en 1702, a otra extinguida Hermandad del mismo nombre, por su Hermano Mayor y Escribano de El Puerto de Santa María Sr. Natera,  tenía gran fragilidad en las piernas, por lo que era sostenida por los “andadores” de hierro, que le colocó el  escultor Ignacio López y carecía de naturalidad, teniendo fijos sus antebrazos y una corona de espinas de orfebrería totalmente impropia. Estas circunstancias y fragilidad  impedían las evoluciones, vibraciones y cimbreos lógicos de la delicada tarea de los hermanos costaleros y, sobre todo, no hacía posibles las deseables levantadas conocidas como “Al Cielo con Él”.

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Una fotografía de la antigua imagen, sobre la antigua peana, en la nave la Patrona. /Foto: Francisco Sánchez Pérez.

La nueva imagen tiene más naturalidad porque se le ha dotado de abundantes hilos de sangre en la frente, en las comisuras de los labios, en la nariz, en la cara y se han acentuado las que la antigua imagen tenía en el cuello y en las piernas. Para mayor seguridad, las piernas de la nueva imagen se han taladrado por su interior y en ellas se han alojado unas barras de acero inoxidable.  El pie derecho tiene una nueva dirección, hacia fuera y, en su planta levantada se ha colocado una cuña que, aunque le resta belleza ha ganado en estabilidad. También se han articulado los hombros y los codos, ya que la anterior imagen tenía los antebrazos fijos, una rareza que solamente tenía esa escultura y, aunque era una postura única en una imagen de Nazareno, se ha previsto que la nueva tenga mayor movilidad.

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La primera cuadrilla de cargadores del paso del Cristo. Entre ellos podemos distinguir a José Luis Galloso y mozo de confianza, Antonio Sabio, Tao Torrecillas, Alfonso Terry, Lolete, Pepe Gómez, José Manuel Terry Cuervo, Santi, entre otros.

Ha sido un acierto colocarle a la nueva imagen  una corona de espinas lígnea mucho más natural que la de plata que tenía la anterior.

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La nueva peana de la imagen. /Foto: Alberto Díaz.

En cuanto a la  peana, es más robusta y de dimensiones más grandes  que las de la antigua imagen. Ello ha obligado a eliminar el escabel de madera tallada y dorada del retablo barroco donde se colocaba la antigua imagen del Cristo, de peana mucho más pequeña. Esta actuación sobre el retablo era previsible e imprescindible. Tiene el inconveniente de que, ahora, la nueva imagen queda algo más baja en el retablo que las de la Virgen y del San Juan, pero eso tendrá algún arreglo, sin duda. Una sugerencia sería bajar las ménsulas laterales que sostienen a las otras dos imágenes, aunque esa obra requeriría actuar sobre un retablo de singular mérito. El retablo, como se sabe, es procedente de la Iglesia del Salvador de Sevilla y fue colocado en la capilla de los Caballeros Enciso de la Prioral el año 1957.

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La nueva imagen del Nazareno de El Puerto. /Foto: Alberto Díaz.

Solo nos queda que felicitar a la Junta de Gobierno y a los Hermanos costaleros de la Hermandad  por esta nueva adquisición que viene a  cubrir un espacio necesario dentro del arte cofradiero local y a colmar unos deseos clamorosamente expresados  desde hace algún tiempo.

No sabemos si la antigua imagen será conservada junto con la de Nuestra Señora de los Dolores de Ovando, retirada del culto, o será vendida a alguna otra Hermandad, para poder terminar de costear el impresionante paso nuevo en construcción.

Con las debidas reservas, no sabemos si el cambio de imagen titular ha contado con todos los parabienes de la Comisión de Arte Sacro del Obispado de Asidonia-Jerez, siempre atenta a las justas propuestas de las Hermandades y Cofradías.

Por último, desde estas líneas, debemos felicitar a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, constituida en 1941, por la celebración del 450 aniversario de su fundación./Texto: Gaspar Molina Zaldívar.

cmha_cadiz_puertosantamariaEl Ministerio de Cultura y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) realizaron el proyecto de investigación, conservación, digitalización y difusión del Catálogo Monumental de España. El Instituto del Patrimonio Cultural de España restauró y digitalizó el centenar y medio de volúmenes en los que, a lo largo de la primera mitad del siglo XX (1900-1961), se inventariaron los monumentos artísticos y arqueológicos más significativos de gran parte de las provincias españolas. Aunque no llegó a completarse, este Catálogo está considerado como la empresa colectiva más importante realizada en la España contemporánea para estimular el conocimiento de su patrimonio cultural. /La portada del catálogo realizado por Enrique Romero de Torres, hermano del pintor Julio, conservador-director y posteriormente director del Museo de Bellas Artes de Córdoba hasta 1941.

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En 1908 estaban en pie las edificaciones altas del Castillo, derribadas, precisamente en 1934, año en el que ve la luz este catálogo. Eran unas estancias góticas de gran porte, con excelentes columnas helicoidales. Las piedras se aprovecharon y fueron al denominado 'Cortijo Nuevo' para construir una estancia para bueyes, hoy desaparecida. /Foto 206.

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El interior del castillo, en piedra y con derrumbes. /Fotos 208, 209

LA PROVINCIA DE CÁDIZ.
En el Catálogo digitalizado se incluyen ocho volúmenes de fotografías originales, con notas manuscritas, correspondientes al Catálogo Monumental la Provincia de Cádiz, faltando los tres volúmenes de los textos. El Catálogo gaditano se inició en 1907 y estuvo a cargo de Enrique Romero de Torres. Fue publicado en 1934 en Madrid por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, en dos volúmenes, uno de texto y otro de fotografías. Desde entonces ha sido una fuente historiográfica fundamental para conocer el patrimonio cultural y artístico de la provincia de Cádiz.

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Posando delante de las fachadas principal y lateral del templo. Todavía era un espectáculo ver a un fotógrafo venido de fuera para inmortalizar monumentos o acontecimientos. /Fotos: 210, 211.

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Copón, cáliz y vinajeras del tesoro de la Prioral. /Fotos 214, 215.

EL PUERTO
De El Puerto de Santa María se recogen 19 fotografías que reproducen el Castillo de San Marcos como se encontraba en aquel principio de siglo, con una foto de la fachada y 3 de los interiores en piedra y con el mobiliario existente, 2 imágenes de las dos portadas de la Iglesia Mayor Prioral, una de interior, 2 de vasos de culto y una custodia, una imagen del Cristo del Amor, 3 del Monasterio de la Victoria con la fachada de la iglesia, el interior y una vista parcial del claustro, y luego unos documentos: Carta Puebla, Privilegios de Alfonso X y Sancho IV, Privilegio durante la minoridad de Don Juan II, Cartas de Felipe II y Real Ejecutoria del Siglo XVI, algunos de los cuales se conservan hoy en día en el Archivo Histórico Municipal.

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Real Ejecutoria del Siglo XVI. /Foto: 224.

mordecaimanuelloach_puertosantamariaMordecai Manuel Loach, con tan singular nombre bíblico, si bien era de nacionalidad estadounidense, provenía de judíos portugueses, el cual llegó a plantear y fundar una comunidad hebrea ‘Ararat’, siendo precursor del moderno sionismo.

Diplomático, periodista y fundador de varios periódicos en Nueva York, escritor y dramaturgo, miembro de la Sociedad Histórica de Nueva York, estuvo en El Puerto de Santa María en 1814, según relata en su libro ‘Viajes en Inglaterra, Francia, España, y los Estados de Berbería, en los años 1813-14 y 15’, publicado simultáneamente en Nueva York y Londres, en 1819.

En la página 138 de su libro, procedente de Cádiz, relata: «Al día siguiente pasé a Porta [sic] Santa Maria, para visitar Xerez, o como lo pronunciamos, Sherry, un lugar con el que América está en deuda por sus importaciones de excelentes vinos. El barco estaba abarrotado de pasajeros, principalmente de campesinos que regresaban del mercado, junto con algunos frailes, los compañeros que nunca fallan en los viajes, así como viajeros de la zona --unos pocos quartos nos fueron exigidos, como de costumbre, para las animas Benditas y nuestra donación fue de cinco riales [sic]. Hemos chocado en una fea barra cerca del puerto de la que nos desprendimos con dificultad.

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Páginas interiores del libro 'Travels in England, France, Spain and Barbary States in the years 1813-14 and 15’ (Año 1819).

Peurto [sic] de Santa María, se encuentra en un buen territorio, rodeado de cultivos, en una ciudad floreciente, principalmente utilizada como residencia de verano, y tiene varios edificios hermosos junto con una Alamada [sic] espaciosa y una Plaza del Toro [sic] capaz de albergar 10,000 espectadores. Me perdí por las orillas del Guadalete, que aquí desemboca en la bahía de Cádiz, y su superficie de plata  era imperturbable, excepto por los barcos que se deslizaban por la suave corriente, lo observé con interés, fue el legendario Lethe, y no podía dejar de probar las aguas del olvido. Busqué en vano aquella frase:  ‘Mala hierba que crece en los muelles del Lethe’. 

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El Puerto en 1800.

Una Calasa [sic], con los caballos decorados con cintas y campanas, me llevó a Xerez. El campo se veía hermoso, y yo estaba rodeado de viñedos y olivos, y aquí y allá campos de maíz, ondeando de rica exuberancia. Nos acercamos a la llanura, y vimos Xerez».

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Una vista de barcos abarloados  en el río Guadalete en los años ochenta. /Foto Michael Reckling.

Hubo un tiempo donde la pesca fue unos de los pilares de nuestra economía, desde la llegada de la colonia alicantina, principio de los años 30, hasta final de los años noventa del siglo pasado. Aquella fue la época de esplendor: la década de los años setenta y ochenta, cuando la flota llegó a tener 132 unidades que, sumadas a la foránea provenientes de los puertos de Huelva, Isla Cristina, Punta Umbría, Ayamonte, Algeciras y Málaga, que vendían sus capturas en la lonja de pescados de El Puerto.

lalonja_activa_puertosantamariaLlegó a ser considerada por ello como una de las principales en ventas de España, después de la de Vigo, y Cádiz.

Tenía el sector extractivo pesquero un censo de 1,500 trabajadores, entre pescadores (1.400)  y rederos (100). El caso es que de estos 1.500 trabajadores de la actividad extractiva se crearon casi 10.000 puestos indirectos e inducidos proporcionados por la actividad de la pesca, entre ellos los trabajadores de los Efectos Navales que se dedicaba a la venta de suministros y repuestos  para las embarcaciones. Eran la ferretería del mar, tenían de todo, difícilmente se quedaba un barco en puerto sin poder salir a la mar: pintura, redes, cuerdas, hilos, grilletes, repuesto de toca clase de marcas para los motores pesqueros, cables, tornillos, en definitiva, los llamados suministros navales. /En la imagen de la izquierda, la Lonja del pescado, en plena actividad.

LA LLAVE.
En las décadas de esplendor, en la Avenida Enrique Martínez (próximamente hablaremos sobre este personaje vinculado a la vida de El Puerto del primer tercio de siglo), hoy de la Bajamar, frente a la Ayudantía Militar de Marina, donde hoy se encuentra la Sala Milwaukee, estaba Efectos Navales ‘La Llave’ de José Agarrado Macías, teniendo por socio a Luis Márquez que era quien estaba al frente del negocio y, entre sus empleados, a Gandulla.

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Imagen de unos Efectos Navales, posiblemente de Cádiz.

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Anuncio de la casa central de Paulino Freire en Vigo.

PAULINO FREIRE Y LA COFRADÍA.
Junto al Bar Liba se encontraban loa Efectos Navales de ‘Paulino Freire’ y, entre sus empleados se encontraba Bohórquez. La familia de Paulino, procedente de Galicia, era propietaria de los Efectos Navales. Aquí en El Puerto, atendía más a los barcos mercantes que descargaban en la Otra Banda y al desaparecer estos también se dedicaron a la flota pesquera y al publico en general.

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En la imagen podemos ver detrás el edificio donde se encontraba los Efectos Navales de Paulino Freire, donde hoy se encuentra el restaurante Alavera, en la Avda. de la Bajamar. Se aprecia el desaparecido depósito de agua en la plaza de las Galeras Reales.

Junto a los Efectos Navales de Freire había varias oficinas de Consignatarios de Buques Mercantes, por ejemplo la Miguel Lobato Quintero (ver nótula 539 en GdP),  donde se dice: "Luego vendría el Puerto Comercial, la frontera natural marítima de El Puerto con el exterior. Miguel Lobato trabajó en diversas empresas consignatarias de buques, primero con Vicente Prego, continuando con Emilio Huart y hasta su jubilación en LOPAMAR, S.L. Es, precisamente en ese tiempo, cuando colabora para que en El Puerto se cree un cuerpo de trabajadores portuarios, independientes de los de Cádiz. En aquellos tiempos se vivieron los mejores tiempos de actividad portuaria en nuestro puerto, pujanza hoy tristemente desaparecida".

A mediados de los 80, dentro de la Antigua Lonja de esta Banda, lindando con la Avenida de la Bajamar, la Cofradía de  Pescadores tuvo Efectos Navales con los empleados José Galán Venegas y José María Requena Olmo.

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Rederos trabajando en esta Banda, donde hoy se encuentran uno de los aparcamientos gestionados por Impulsa.

EN LA OTRA BANDA.
Posteriormente en los años 90, en la Otra Banda, José Luis Reyes Albaiceta y sus hijos, abrieron unos Efectos Navales en la zona de los cuartos de los rederos, próximo a la Fábrica de Hielo y a las nuevas instalaciones pesqueras.

OTROS SUMINISTRADORES.
Aparte de los Efectos Navales, siempre alrededor de la flota han existido comerciantes que también han suministrado efectos navales a los barcos, como Simeón Nogueroles Verdú que tenia un establecimiento de redes y baterías junto al Bar la Gaviota, Vicente Moreno que suministraba malletas y cables, ‘Pepin Ragel’, hilos y redes, o Náutica Banderas, en el núm. 15 de la Avda. Micaela Aramburu, frente a l Resbaladero, entre otros.

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Una imagen de unos efectos navales.

En la actualidad debido al decaimiento de la flota y a las pérdidas de unidades pesqueras no quedan tiendas de Efectos Navales. De los armadores que quedan, aprovisionan sus barcos en Efectos Navales de Sanlucar de Barrameda y en la Costa de Huelva.

La presente nótula, que vamos a publicar por entregas,  vio la luz en 1999 en un trabajo para la revista de la Universidad Complutense de Madrid. Básicamente no han cambiado las tesis que mantiene su autor, el profesor y Dr. en Arqueología de la Universidad de Cádiz, Diego Ruiz Mata, que amablemente colabora con Gente del Puerto, independientemente de los hallazgos que se produjeron a principios de la década del 2000 en la capital gaditana.

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Dibujo idealizado de fenicios comerciando en un puerto mediterráneo.

LA FUNDACIÓN DE GADIR, EN EL PUERTO.
Se aborda uno de los temas más debatidos de la protohistoria de la Península Ibérica, la fundación de Gadir, su ubicación en época arcaica y cronología, contrastando los textos escritos y el registro arqueológico. Las investigaciones efectuadas desde 1979 a 1995 en el Castillo de Doña Blanca (El Puerto de Santa María) cuestionan la ecuación Cádiz-Gadir y la dotación fundacional de 1101 a. C., según los cálculos de C. Veleyo Patérculo. En este trabajo se defiende que la fundación fenicia arcaica se estableció en el Castillo de Doña Blanca (CDB), donde se situó Gadir desde inicios del siglo VIII a.C., siendo la isla de Cádiz ocupado a partir defines del siglo VII y comienzos del Vía. C. con una finalidad productiva, comercial y religiosa, y se desmitifica un aspecto histórico vigente y aceptado por numerosos investigadores españoles y extranjeros durante más de dos mil años. Estos nuevos planteamientos abren una nueva posición teórica y perspectivas de investigación, ampliando el problema en un radio de acción mediterráneo y europeo, bajo el modelo de los ‘sistemas-mundo’.

INTRODUCCIÓN.
La Bahía gaditana y el Bajo Guadalquivir constituyeron el escenario de numerosos mitos, trasfondos de realidades históricas, que permanecen en el recuerdo como ecos de un tiempo pasado de gran esplendor. El mito y la historia siguen aún vivos. Cual- quiera que haya traspasado las antiguas puertas de Occidente, o Columnas de Heracles, navegado hasta la Bahía, por el Guadalquivir o recorrido la campiña, habrá sentido la sensación de que se halla inmerso en un paraje que la historia —el hombre en efecto— ha ido modelando y dotando de contenido.

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Vista aérea, en primer término a la derecha, del Yacimiento de Doña Blanca, a su derecha la carretera de El Puerto-El Portal, al fondo a la izquierda, El Puerto de Santa María.

Es una sensación de grandeza, de magnificencia de un tiempo pasado, y de cierta nostalgia que sobrevive en numerosos rasgos. El Estrecho de Gibraltar, jalonado por los montículos de Abila y Calpe, no ofrecen una orografía imponente, pero enseguida se percibe que es una puerta, cuyos goznes anclados en dos continentes invita a traspasaría, a adentrarse en otro mundo, viniendo de un mar abierto. Más allá, al otro lado, Gadir, Tartesos, el Guadalquivir lento y majestuoso, el Guadalete serpenteando, las monótonas y ricas campiñas hasta la sierra, las zonas mineras que atrajeron a navegantes de mundos lejanos, que aquí dejaron sus huellas y ahora son motivo de estudio. A esta región que en un tiempo se denominó Tartesos, perdura como una historia lejana y cercana, pues constituyó el comienzo de la conciencia de la existencia de Occidente. El significado cultural, político o económico de este finisterre originó la curiosidad de poetas, historiadores y geógrafos, la gestación de mitos y leyendas, de realidades históricas que el investigador se afana en desvelar, segregando lo que fue una creación poética o historia mítica de la objetividad que extrañan estos restos de este tiempo, la mayoría aún ocultos. No es tarea fácil, pocas veces posible, y la confusión ha permanecido y durará por tiempo. Quizás sea la razón de que se mantengan tan vivos los recuerdos.

alfabeto_fenicio_puertosantamariaHIPÓTESIS Y PLANTEAMIENTOS.
La fundación de Gadir poco más allá de las Columnas de Heracles en el Atlántico, su origen, significado y consecuencias históricas han constituido durante dos mil años temas claves de estudio de la historia antigua peninsular y su incidencia en otros países distantes, en una concepción territorial amplia. Desde Homero y Hesíodo, y sobre todo desde época helenística, se consideré la fundación de Cádiz como uno de los hitos significativos de la historia universal, yen su entorno se crearon mitos y leyendas que permanecen y se analizan.Y durante el siglo XX Gadir ha sido objeto de innumerables estudios y elucubraciones. La razón es sencilla: los textos grecorromanos no siempre se ajustaban, o explicaban, los datos más sobrios y objetivos que dimanaban de la arqueología. /En la imagen de la izquierda, fragmento de cerámica con las primeras letras del alfabeto fenicio ‘bgd (álef, bet´, rímel, dálet), incisas, descubierto en el Yacimiento 'Castillo de Doña Blanca'.

titulodonablancaDurante más de dos mil años, en base a los textos grecorromanos referidos a Gadir y a Gades, se ha mantenido sin apenas controversias o dudas razonables que la ciudad fenicia arcaica se hallaba situada y soterrada en algún punto del casco antiguo de la ciudad de Cádiz, pese a la inexistencia de datos que sugiriesen esa posibilidad. El texto escrito ha tenido más fuerza que el dato arqueológico, explicándose su ausencia con hipótesis más o menos coherentes o ingeniosas que las justificasen.

La posición que mantengo contradice en gran parte a la mayoría de las opiniones expresadas y defendidas sin bases consistentes, enraizadas en la fidelidad al texto escrito. Ante los resultados arqueológicos en numerosas zonas de la ciudad y los que dimanan de la ciudad costera del Castillo de Doña Blanca (en adelante CDB), cabe plantearse otras explicaciones, que atañen a la fecha fundacional, al enclave de Gadir y a su significado histórico, como eje nuclear de una amplia periferia, que constituyó un Estado fenicio occidental en el extremo occidental del mundo conocido. Trataré de explicarlo sintéticamente con más coherencia empírica y con la duda aceptable de que no siempre los textos garantizan la veracidad histórica.

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Yacimiento de Doña Blanca, vista de muros de las excavaciones, junto a la Torre. /Foto: Blog de Ruta.

Abordar estos temas en toda su complejidad, bajo otros conceptos explicativos, comprenderá el lector que se requiere ahondar en muchas variables que no es posible desarrollar aquí, simplemente por razones de espacio. Elegiré aquellas que contribuyan a esclarecer en lo posible lo que tanto tiempo ha constituido una verdad inmutable. La responsabilidad que entraña es mucha, pero también es tiempo de enfocar el problema con otros datos y una mirada distinta. Siempre es saludable abordar viejos problemas con nuevas premisas. Las verdades infundadas, o dudosas, contribuyen a crear una cadena sustentada en un nódulo poco consistente, y así girando sucesivamente en una rueda sin fin. Es el problema de teorizar sin argumentos. Las posturas de muchos arquélogos-historiadores, entre los que me hallo, tiende a repensar y cuestionar antiguos, aceptados con dogmatismos, con enfoques teóricos y planteamientos nuevos. En este caso, se trata de contrastar antiguos documentos escritos con los datos arqueológicos existentes y proyectos de investigación nuevos, más completos en sus objetivos, contenidos y métodos, que han resucitado problemas viejos aún pendientes. Valga esta contribución para reavivar y proporcionar un nuevo enfoque a un tema de gran importancia de nivel histórico global. La obligación del investigador, pensando en términos históricos e ideológicos, es acercarse a la mayor verdad posible, pues cuestionar es un oficio intelectual, pese a la historia asumida y a la autoridad de opiniones valiosas, cimentadas más en el deseo que en la realidad.

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Dibujo idealizado de unos astilleros fenicios. /Navarro.

Adelantando las conclusiones, propongo que la primera fundación fenicia en la Bahía tuvo lugar al pié de la Sierra de San Cristóbal,en el CDB. Lo que requiere despojarse de los prejuicios y acercarse al tema desde otras lecturas y planteamientos que dimanan en gran parte de la contrastación entre los textos escritos —en sus visiones míticas, históricas y geográficas—, los datos arqueológicos y el medio geográfico, productivo y social.

FUENTES ESCRITAS Y REGISTRO ARQUEOLÓGICO. ANÁLISIS CRÍTICO.
La ecuación Cádiz-Gadir se basa en la lectura e interpretación de unos textos tardíos, dudosos por las interpolaciones o supresión de datos de los diferentes manuscritos, pertenecientes a un tiempo histórico no fenicio, escritos en gran parte por autores que desconocían el medio, su transformación y la historia interna, donde los conceptos son muchas veces vagos y poco explícitos, mezclando aún el mito y una realidad histórica inmersa en una perspectiva etnocéntrica grecorromana y no fenicia ni púnica. Con un bagaje poco esclarecedor, aunque se pretende la claridad, han trabajado muchos historiadores durante siglos.

En la introducción de García y Bellido de su traducción y comentarios del libro III de la Geografía de Estrabón,dedicado a la Península Ibérica, se queja de la escasa y endeble información (García y Bellido 1968). Interesa transcribir los criterios, por su autoridad, representatividad y autoridad en el conocimiento e interpretación de los textos. Como declaración de principios, señala que “estamos muy mal informados de todo lo referente al concepto que tanto griegos como púnicos —supongo que se refiere a los cartagineses— tuvieron en un principio de la Península Ibérica desde un punto de vista físico y también geográfico. El interés científico, si lo había, jugaba entonces un papel ciertamente secundario, siendo sobre todo los de orden económico los que estuvieron siempre en un primer plano” (1968: 10). Se refiere a una época más reciente de la protohistoria, desde los siglos V-IV a.C. a época romana, alejada de los inicios de la presencia fenicia en la Península.

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 /En la imagen de la izquierda, la Geografía de Estrabón.

También es consciente de la falta de información textual fenicia y púnica, cuando señala que “es de todos sabido que de fuente púnica no ha llegado a nosotros nada importante que nos ilustre sobre la Geografía antigua de la Península. Sería cometer un error histórico el juzgar por ello que los púnicos nos ignoraron en este doble aspecto geográfico y etnográfico. Entre los carthagineses hubo de haber una literatura geográfico comercial, en forma de roteros o periplos (similares a los griegos), destinada a facilitar la navegación por las tierras costeras de su imperio comercial y el trato de los pueblos de su próximo interior. Pero la fatalidad de los hechos ha dado lugar a que la herencia cultural de Occidente esté vinculada casi exclusivamente a transmisiones griegas y latinas, las cuales no recogen, salvo rarísimos casos, nada o casi nada del patrimonio científico, de orden práctico, acumulado durante siglos por los navegantes y comerciantes púnicos” (1968: 11-12).

más adelante,“hasta la conquista romana (fines del siglo III), los escritores griegos sólo sabían de la Península, en el mejor de los casos, sus accidentes costeros más importantes y aquellos escasos informes que sobre los pueblos del litoral podíanse recoger en los puertos de boca de los negociantes, marineros, viandantes o aventureros de toda clase” (1968: 13-14). Estos juicios acertados resumen el problema sustancial de la duda que entrañan los textos sobre los que se basan las hipótesis de Cádiz-Gadir. 

Es natural que cualquier historiador que analice los problemas de la protohistoria peninsular, sea del tema que se trata en este trabajo acerca de Tartesos u otros de igual relevancia, en base a la información textual grecorromana, se pregunte sobre los medios de información que poseían los autores, su mentalidad, ideología, captación y explicación de los datos. Así comienza J. de Hoz su magnífico articulo sobre las fuentes de Tartesos (1989: 25 ss.). Extraemos de él los aspectos de índole informativos y de transmisión. En el caso griego —fuente de los autores romanos—, la ubicación y fundación de Gadir proviene de noticias de viajeros o de contactos ocasionales, donde las generalidades, errores, magnificación de las pequeñeces, errores y mitos se entrelazan para reconstruir una historia o concepto, sin validez objetiva.

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Los restos de una habitación en Doña Blanca, con mampuestos bien escuadrados. /Foto: Blog de Ruta.

La mayor parte de la información procede de grupos minoritarios, de mercaderes o navegantes, puesto que del mar y del comercio tratamos, más interesados en informaciones especializadas en sus propias actividades prácticas que en las históricas. La información en este caso podía ser muy precisa en cuanto a sus quehaceres, pero vagas y desorganizadas en otros aspectos, pues los objetivos no eran la verdad histórica, sino la anécdota o las curiosidades míticas, que algunos ante el respeto a la información escrita han aceptado como verdades absolutas. De otra parte, el conocimiento erudito y curiosidades de los intelectuales sobre las ciencias humanas en general, antes del helenismo, eran muy diferentes a las nuestras (Momiglia- no1984).Este conocimiento “científico” “se nutría de los otros dos bloques mencionados, a la vez que en cierta medida repercutía sobre ellos, y en ciertos casos provocaba investigaciones de primera mano sobre el terreno, pero tampoco estaba exento de fábulas, de perjuicios, de polémicas condicionadas por motivos personales o de escuela, y su valor varía mucho de unas fuentes a otras. Está por lo tanto necesitado de análisis crítico como los datos que nos han llegado de las otras dos canteras, aunque es sin duda el que más y mejor información nos proporciona” (De Hoz 1989: 26).

La opinión de ambos autores resumen los problemas que las fuentes plantean para elaboraciones de análisis históricos. Para tratar de la fundación de Gadir, en todos sus aspectos, es imprescindible acudir a los datos procedentes de la investigación arqueológica, como fuente ineludible de conocimiento. Lo que en este trabajo planteo es sólo aprovechar los aspectos aprovechables que se pueden extraer de las fuentes, los desvíos que también han ocasionado, mediante su contraste con el material arqueológico. Y no abordaré otro tema que no sea el de la ubicación de la primera instalación fenicia y la funcionalidad del ámbito geográfico que se denomina Bahía gaditana. (continuará) /Texto: Diego Ruiz Mata.

cubiertamanuscritoreparto_puertosantamariaSe ha aceptado tradicionalmente que el término cortijo puede derivar del "curticulum" latino y que los árabes usaban la voz "maysar" para referirse a estas propiedades rústicas. Este vocablo ha dado origen, entre otras, a las formas "machar" o "majar" que encontramos presentes en muchos de los nombres de antiguas aldeas y caseríos diseminadas por nuestras campiñas, algunos de los cuales han llegado hasta nuestros días. Como señala el profesor V. Martínez Enamorado, "distintos autores han interpretado el machar como un tipo de explotación agraria que no es suficientemente amplia para confundirla como un núcleo de población o también como una unidad agraria elemental". A diferencia de la alquería ("qarya"), para la que se propone una cierta entidad de población y una unidad de propiedad, el cortijo árabe ("maysar") es un núcleo de orden inferior, dependiente de una ciudad o alquería, destinado básicamente a la producción agropecuaria./ Copia del  "Libro del Repartimiento" de El Puerto de Santa María, fechado en la segunda mitad del siglo XIII. Se mencionan hasta trece alquerías, de las cuales las de al-Qanatir (El Puerto actual), Grañina y Sidueña eran las más relevantes. Junto a ellas, con un territorio muy reducido se encontraban dos "machares": Machar Grasul y Machar Tamarit. 

El profesor E. Martín Gutiérrez, en un pormenorizado estudio titulado "Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media", da cuenta de buena parte de estos topónimos que pudieran estar relacionados con la existencia de antiguas alquerías o maysar de origen andalusí, mencionados ya en las fuentes documentales desde los siglos XIII y XIV, algunos de los cuales aún perviven, alterados en sus formas originales y castellanizados, pero conservando indicios de su primitivo significado.

Los Tercios - Hato de la Carne

Hato de la Carne o Marisma de los Tercios.

Uno de los más conocidos es el de Macharnudo, que da nombre a un pago de viñas situado junto a la carretera de Trebujena, así como a la torre o "castillo" del mismo nombre que se alza en la viña El Majuelo, desde el que se domina un amplio sector de la campiña jerezana. Su nombre alude a un caserío o cortijo ubicado en un lugar "pelado" o "desnudo", desprovisto de vegetación, aunque hoy día cubran sus laderas extensos viñedos.

Los Tercios

Los Tercios.

En la campiña portuense encontramos la pista de otras aldeas de origen andalusí mencionadas en el "Libro del Repartimiento" de El Puerto de Santa María, fechado en la segunda mitad del siglo XIII. Se mencionan hasta trece alquerías, de las cuales las de al-Qanatir (El Puerto actual), Grañina y Sidueña eran las más relevantes. Junto a ellas, con un territorio muy reducido se encontraban dos "machares": Machar Grasul y Machar Tamarit.

Laguna de Los Tercios

Laguna de Los Tercios.

Aunque no ha sido posible determinar con exactitud el emplazamiento exacto de ambos enclaves, puede afirmarse que se ubicaban en el entorno del paraje conocido como marisma de Los Tercios, una amplia cubeta natural, rodeada de lomas de suave pendiente, que se encharca en épocas de lluvia. Este rincón de la campiña, también denominado como Hato de la Carne por ser en tiempos pasados el lugar donde pastaba el ganado, se encuentra en el sector oriental del actual término municipal portuense, lindando ya con tierras de Jerez.

La Bodegonera

La Bodegonera.

De las fuentes documentales se deduce que el término de Machar Grasul, en el momento de su reparto, lindaba al Norte con Xerez y con la aldea de Grañina, al Oeste con las aldeas portuenses de Finojera y Bollullos y al Sur con al-Qanatir (la actual ciudad de El Puerto de Santa María) y con Sidonia (o Sidueña), ubicada en el enclave del actual Castillo de Doña Blanca, con la que lindaba también por el Este. Un posible emplazamiento de este "maysar" pudiera ser el pequeño Cerro de la Caldera donde han aparecido materiales de la época. El cerro se encuentra en el borde occidental de la marisma de Los Tercios, un paisaje en cuyos alrededores aún se conservan antiguas casas de viña como Los Chavicos, El Agostado o La Bodogonera. En cuanto al posible significado de este topónimo, algunos autores apuntan -considerándolo en la forma Machargazul- que bien pudiera referirse a un "mayšar de los Yazula", una de las tribus bereberes establecidas en la zona y que dan también nombre a la población de Alcalá de los Gazules.

Laderas de Pozo Lozano

Laderas de Pozo Lozano

Las tierras de la aldea de Machar Tamarit quedarían más próximas a la Sierra de San Cristóbal, lindando al Norte con Xerez y Machar Grasul y al Sur y el Este con el término de Sidonia. Las laderas del antiguo cortijo de Pozo Lozano entre Las Beatillas y la autovía de Jerez-El Puerto son los parajes donde tal vez pudo asentarse esta alquería. El topónimo (tamarit o tamarite), presente también en otras provincias, podría estar relacionado con la existencia en sus alrededores de tarajes. Estos arbustos son frecuentes en la vegetación que acompaña a los arroyos de la zona y, especialmente, en el cinturón perilagunar de Los Tercios. /Texto y fotos de la campiña: José y Agustín García Lázaro.

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iglesiamayorprioral__grabado_puertosantamariaEn la edición de 1872 de los “Anales de Sevilla”, libro del que es autor José Velázquez Sánchez, y en una época referida al último tercio del siglo XVIII, figura mencionado un concejal del ayuntamiento hispalense llamado Francisco Monge, del comercio de aquella ciudad, con ilustres compañeros de corporación tales como el catedrático Pedro Luis Huidobro, Francisco Fontecha, Cónsul del tribunal del comercio sevillano o el aristócrata José Ignacio Fernández de Santillán, marqués de la Motilla.

Este próspero comerciante, integrado en la mejor sociedad de la capital andaluza nos atrevemos a identificarlo, y empleo este verbo en forma dubitativa porque no tengo plena certeza de ello, como uno de los numerosos miembros de etnia gitana nacidos y bautizados en El Puerto, en este caso en el año 1729, lugar    igualmente de nacimiento y bautismo de su esposa Bárbara y del hijo de ambos, de nombre Joseph. Un hijo al que, haciendo la misma salvedad anterior, lo hemos localizado como cura Beneficiado de las parroquias cordobesas de Castro y Espejo, posible promotor de la iniciativa por la que tanto él como sus padres, rechazan y niegan, en un ejercicio de apostasía laica, sus orígenes.

Vean si no tengo razón, después de leer el texto que figura en el escrito anexo al acta bautismal de Francisco Monge, que encabeza el Vicario General de Sevilla y su Arzobispado, el licenciado Fabián de Miranda y Sierra, Dignidad y cargo de la Santa Iglesia antes enunciado, que dice así textualmente:

analesdesevilla_1872TTR“Por tenor del presente mando en virtud de Santa Obediencia a los curas de la iglesia Prioral de la ciudad del Puerto de Santa María y siendo con el registrados en las partidas de baptismo de Francisco Monge y en la de María Barvara su mujer y en la de Joseph Monge hijo del antedicho y en todas tres tilde y borre las palabras de gitanos o castellanos nuevos previniendo hacerse en virtud de este mi mandato y de la Real Pragmática de S. M. (que Dios guarde) quedándose con este folio de la parte interesada certificación de dichas tres partidas de baptismo sin la expresión de gitanos o castellanos nuevos lo que cumplan bajo apercibimiento, dado en Sevilla, día cuatro de Septiembre de mil setecientos ochenta y seis”. /Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. Puertoguía.

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Da cosa cerrar el paréntesis de arriba, porque es triste dar por cerrada la última página de la historia de la saga de los Adriano. Así lo es al día de hoy al encontrarse el Adriano III, después de dos años y medio de hundirse, abandonado a su suerte en el abandonado varadero del abandonado río del Olvido (al que El Puerto de Santa María le debe su propia existencia, su antiguo esplendor y que hoy es la viva imagen y el espejo de su decadencia).

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El Adriano III en el astillero de San Adrián de Cobres, en 1955. Posando, su propietaria, Socorro Sanjuán Dopico y su hijo Antonio Somorrostro, quien fuera el último Administrador, desde 2003, de Motonaves Adriano S.L. / Foto, colección Andrés Fernández Valimaña, último Gestor del vapor.

El Tercero de los Adriano fue el único que no se construyó en el astillero que Antonio Fernández ‘el Adriano’ (fallecido en 1946) tenía en la ferrolana playa de Maniños, sino al interior de otra ría gallega, la de Vigo, en el astillero (1919-1998) que los Sucesores de Francisco González García mantenían en la parroquia de San Adrián de Cobres, en el municipio pontevedrés de Vilaboa. Se construyó en 1955 a iniciativa de los hermanos José, Juan y Eduardo Fernández Sanjuán, sobrinos de ‘el Adriano’, y de inmediato llegó al Guadalete, en aquella primera travesía al mando del mecánico Francisco Artola, para sustituir en las travesías al Adriano II, que entonces se varó después de un cuarto de siglo cubriendo las travesías entre El Puerto y Cádiz.

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Una instantánea histórica: la botadura del Adriano III en San Adrián de Cobres.

LAS TRIPAS 
El Adriano III se compuso ‘a la antigua’, con madera de roble para el armazón, tablones de pino gallego de 8 cm de espesor para el casco y acacia brava de 6 cm para las cubiertas y los camarotes. Sus dimensiones, 25’25 metros de eslora, 5’76 m de manga y 2’80 m de puntal. Su peso, 117 toneladas. El costo, 2 millones de pesetas y capacidad para 200 pasajeros: 65 en la cubierta del puente y 135 en la principal (26 en popa, 44 en los bancos de popa y 65 en los de proa). En esta cubierta se instalaron dos sanitarios, dos cisternas de agua dulce y un compartimento con el guardacalor de protección del motor (220 caballos) situado debajo, en la cámara de máquinas de la cubierta baja, que se dividió en dos pañoles de popa y otro de proa, cargados con 40 toneladas de adoquines como lastre.

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Siendo los mas conocidos Pepe y Juan, su hermano Eduardo Fernández Sanjuán (1911-1987), a la derecha de la imagen, trabajó 55 años en los Adriano como marinero de proa, cobrador y durante más de 30 al frente de la empresa familiar. 

Y en la cubierta del puente, el sanctasanctórum donde Pepe ‘el del Vapor’ gobernó el nuevo barco de la saga con sus hermanos Juan y Eduardo y los demás trabajadores que con los años se fueron sucediendo.

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El Adriano III abarloado a cuatro pesqueros.

El viejo motor fue remplazado en 1991 por un diésel ‘Guascor’ de 360 caballos, que alcanzaba una velocidad punta de ocho nudos y medio. La travesía entre El Puerto y Cádiz se hacía, en condiciones climáticas normales y a la velocidad establecida a la entrada y salida de los puertos, en 35-40 minutos (cuando el motor se puso a prueba la distancia se cubrió en 20’). El arranque se efectuaba por aire comprimido, con motor auxiliar. El timón contaba con ayuda mecánica, moviéndose el engranaje mediante cadenas y varillas de acero. Los medios de seguridad de la navegación, los reglamentarios: radar de superficie, compás, emisora de radio y luces de situación.

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El vapor, reluciente, en el varadero Guadalete durante una de sus revisiones anuales. / Foto, col. Andrés Fdez. Valimaña.

Los años en que los Adriano II y III compartieron tiempo y travesías (1955-1982), lo acostumbrado  era que el III cargase con  los viajes diarios y el II se dedicara  a dar paseos turísticos a Cádiz y por la bahía, a veces con paradas en Puerto Real, Matagorda, La Carraca y la Zona Franca. En diciembre y enero, cuando el Adriano III varaba para su limpieza y mantenimiento, el II lo sustituía en las travesías diarias, en el día a día que los Adriano mantuvieron desde 1930.

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El vapor pasando por La Puntilla, aún sin espigón. / Foto, Centro Municipal de Patrimonio Histórico.

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