
Pedro García Garrido, el hostelero del Chiringuito de La Calita, el Carnavalero de la Barriada de la Playa, el hombre de la sonrisa permanente ya ha pasado la cincuentena. Nació el 6 de abril de 1958. Estudió en el Colegio del Hospitalito, en San Agustín y en el Sagrado Corazón. Todos públicos. Empezó desde muy joven -con 10 años- en el mundo de la música y el compás. (Fotografía correspondiente al Pregón de Carnaval de 2005).
Pedro García Garrido, the landlord of the Chringuito (beach bar) at La Calita, the Carnaval fanatic from the Barriada de la Playa and the man with the permanent smile has now celebrated his fiftieth birthday. He was born on the 6th of April 1958. He went to the Colegio del Hospitalito, San Agustín and Sagrado Corazón schools, all of them state schools. He started out in the world of music at the very young age of ten. (photograph from the Official Opening of Carnaval 2005).

Con 10 años, en la Barriada de la Playa creó el grupo 'Voces Modernas' con Bellido -el vendedor de los cupones-, Kaki, Diego. Aquel cuarteto se llevó el Tercer Premio Galerías Mónaco de Radio Juventud de Cádiz. En 1975 participa por primera vez en los Carnavales de Cádiz. Y de que manera: con la Peña Los Majaras que ese año gana el Primer Premio con la comparsa 'Alegría de Cádiz'. Era el mejor momento de los hombres de José Rico Segura 'Pedro el de los Majara': Pacoli, Paco Artola, Diego Caraballo, José Luis Arníz. Nuestro Pedrito tocaba la guitarra. Tenía 16 años. Luego crea el grupo de Sevillanas y Rumbas 'Los del Mar', en la fotografía, tomada en la caseta de Feria de Crevillet 'Tierra, Mar y Vino', con Pedrito en el centro.

Estamos ya en 1980. Con el grupo 'Rumba 5' gana el concurso de TVE 'Gente Joven'. Estuvo durante tres años actuando de Despeñaperros para arriba con un curioso grupo de los que dos integrantes eran de Bilbao, dos de Santander y Pedrito fue fichado cuando, veraneando en El Puerto el manager del grupo -Pablo- fichó a nuestro protagonista. Recuerda aquellos largos viajes a Ginebra (Suiza) en un Dodge Dart para actuar ante la colonia gallega residente en aquel país entre los años 1982 a 1985, cuando empieza a usarse el playback. Ese año hacen un programa para Tele Madrid en Directo y Pedro decide dejarlo. Tantos viajes al norte, y compatibilizar este grupo con las Comparsas lo tenían agotado. En el cartel promocional de 'rumba 5', Pedrito es el segundo por la izquierda.

Pedrito con el conocido comparsista gaditano, Antonio Martín.

Pedrito, durante su intervención en el Pregón del Carnaval de El Puerto 2005.
El técnico de la concejalía de Fiestas, José Luis Sara afirma que Pedro es el autor que más agrupaciones ha creado. Dos o tres al año. Pedro cree que sobrepasan las cincuenta. Además se ha dedicado de forma intensiva a la cantera, sin descuidar juveniles o adultos. Precisamente, en 1976 con 'Los Primaverales' consiguió meterlos en la Final del Concurso de Agrupaciones del Falla, obteniendo el cuarto premio en adultos.

Simultaneaba sus actuaciones con la Comparsa de 'Los Majara' con sus creaciones y la búsqueda de nuevos valores: Luis Galán, Riverita, Los Sopa que vemos en la fotografía de abajo con 'Los Lunaritos Flamencos'. Pedro es el de la derecha, obteniendo en 1978 el Primer Premio Infantil. Su primera agrupación mixta, en 1980, fué 'Encanto Calé'. Además creó la primera peña carnavalesca en nuestra Ciudad, en 1981: La Peña Pedrito García. También llevó el Carnaval a Sanlúcar de Barrameda en 1983 y a Chipiona; en el primero de los municipios, durante tres años, llevó su experiencia de ese mundillo y bajo su prisma se organizaron los carnavales de dicha población.
Como lo lleva todo para adelante, Pedrito también estuvo con Los del Carmen, el grupo de Sevillanas, entre los años 1988 a 1992, con Manolo Vaca y Miguel Lobato, en los papeles de managers.
Premiado lo ha sido por infinidad de entidades, asociaciones y colectivos, especialmente relacionados con la Fiesta preferida de nuestro protagonista: por la Tertulia del Carnaval, ha recibido el Vaporcito de Oro, de la Peña El Corribolo, el Pito de Oro por parte de los Autores; también ha sido distinguido por la Peña El Vaporcito; ha sido Personaje Entrañable del Carnaval porteño en 1994 y realizó el mejor encargo para un poeta y músico del carnaval: pregonó la fiesta en el año 2005, en El Puerto, ante sus paisanos.
LA HOSTELERÍA: LA CALITA.
Cuando regresa de dinamizar el Carnaval de Sanlúcar, en 1986 se metió en el mundo de la hostelería y, animado por el entonces concejal de Fiestas, José Luis Sánchez Alonso instaló el Chiringuito de La Calita, en la pequeña ensenada del mismo nombre, en la Playa de Santa Catalina, debajo del Puesto de la Guardia Civil que existía entonces. Llegó a ser un referente en las noches del verano porteño. Las quejas vecinales hicieron que lo cambiara de sitio y de nuevo a instancias municipales lo traslada, en esta ocasión a la Playa de La Colorá, junto a Puerto Sherry, en 1990, repitiendo el éxito como lugar de copas de las noches de verano a pie de playa. Un nuevo cambio y su disposición de siempre a colaborar hace que, en 1995, -fecha en la que ya se dedica en exclusiva a la hostelería- cambie por tercera vez de ubicación, instalándose junto a la playa asfáltica de Puerto Sherry, dentro del complejo náutico, habiendo creado un lugar, no solo para las noches, agradable y marinero. Otra vez parece que los 'nubarrones negros' están acechando a Pedrito: la nueva dirección de Marina del Puerto le ha pedido que deje el recinto. ¿Que pasará con este padre de familia, harto de luchar defendiendo su medio de vida? ¿Volverá a cambiar de sitio? ¿Donde? ¿Otra vez a empezar?

"La gestora de Puerto Sherry comunicó el pasado noviembre a Pedro García, que daba por concluida la concesión que se renovaba de forma anual con la liquidación de deudas. Además, el pasado miércoles le cortaba el suministro de luz y el lunes el servicio del agua. También le ha ordenado que el próximo 31 de enero tendría que estar desmantelado el establecimiento. La notificación le ha caído a Pedro García como un jarro de agua fría, ya que ha puesto su dinero e ilusión en este local que lleva asentado en las inmediaciones del puerto unos quince años. “Yo no me voy de ahí, no tengo dónde ir”, asegura quien es uno de los nombres clave del Carnaval portuense, además de empresario. Ha empeñado no sólo su vida sino su economía en este local con la esperanza de que todas las promesas que se le han hecho a lo largo de estos años se cumpliesen una vez la jueza resolviese la quiebra y el complejo deportivo volviese a resurgir. Lo curioso del caso es que La Calita está instalada fuera de las verjas del puerto deportivo, pero desde Autoridad Portuaria se le ha indicado que su localización, según ciertas coordenadas, conlleva que los terrenos donde se asienta el bar sean propiedad de Marina. Aunque está intentando llegar a un acuerdo con las partes, cree que una y otra se están tirando la pelota en el tejado de la contraria para no alcanzar una solución viable. Por eso reconoce que lo único posible es llevar el caso por la vía judicial, proceso del que no es partidario por el alto coste que conlleva. Lo que más indigna a García es que durante el secuestro administrativo de las instalaciones por parte de Autoridad Portuaria ésta le fue emplazando a que colaborase durante el período de transición hasta que se resolviese la quiebra y la incautación y que sería entonces cuando su situación se resolvería. “Tenía la certeza de que Autoridad Portuaria regularía mi situación en verano, cuando devolvió las instalaciones” a Marina del Puerto, pero no ha sido así. Ahora es consciente de que la empresa tiene planteada la colocación de una gran carpa en la explanada de entrada al puerto para su explotación como terraza. Sobre su futuro García se muestra claro. “Me embargarán, me echarán de allí, pero no me voy a ir”." Josefina Escudero.




Dos meses antes de la vendimia, las mujeres de los integrantes de las cuadrillas venían por los cortijos de la zona buscando paja para preparar los colchones de sus hombres que luego cortarían la uva. Hogaño difícilmente se encuentran vendimiadores. Cuando se bebía vino, recuerdan en la Venta, todas las semanas se vendían 20 arrobas de 16 litros, y el consumo habitual, lejos de las cervezas y otros bebestibles, eran las medias botellas de vino, como medida para el trasiego en las reuniones de la parroquia. Aquella pequeña superficie comercial de hace 50 años, se resintió con la llegada del primer Simago a Jerez: ya las mujeres no se avituallaban tanto en la venta y por el contrario se las veía cargadas bajando desde la parada del autobús próximo, lo que hizo que el negocio se enfocara más a una casa de comidas y bar, que a almacén de conveniencia. (En la fotografía a color de la izquierda, arriba, Pedro y Pepe, de Arcos, Zapata el Pescadero y Rosillo, ya fallecido; abajo a la izquierda el guarda de la obra de Puerto I, ya fallecido y Miguel López-Cepero Gallardo).


Francisco Lobo Segura es un portuense nacido en la calle Santo Domingo en el año de 1960. Pertenece a una saga de carpinteros de la que él es la tercera generación en el mismo espacio físico: en la Calle Sierpes -ese pequeño callejón detrás del mercado, donde el tiempo parece haberse parado-. Paco es hijo y nieto de carpinteros o, por mejor decir, ebanistas y restauradores. Que de de eso se ha hecho y se hace en esta fábrica de oficio artesano, siendo especialistas en la restauración de muebles de caoba. Cruzando su umbral parece que entramos en otra época, otro siglo. Es nieto de Frasquito Lobo Montefalco e hijo de Francisco Lobo González, quienes, con sus tíos Rafael y Antonio fundaron una sociedad empresarial allá por 1950, año en el que la carpintería se trasladaba desde la calle Nevería, pegada al Freidor que había en la esquina con la calle Ganado, a su actual emplazamiento, justo donde estaba con anterioridad el Bar Canuto. La sociedad se llamaría luego Herederos de Francisco Lobo Montefalco y, desde 1984 en la que los distintos familiares se fueron desvinculando definitivamente de la misma, es
una sociedad unipersonal a nombre de la tercera generación de Lobo en la calle Sierpes, de Francisco, orgulloso del trabajo de restauración del mueble de un gramófono de la marca “La Voz de Su Amo”.
LA CALLE SIERPES
alegre y bullidora, como su hermana mayor, la de Sevilla, el de intransitable”.
Panadería Pública o Tahona, perteneciendo a la misma finca, posiblemente el callejón estuviera cerrado con rejas, desde las cuales se realizase el reparto del pan. Estas informaciones -a excepción de la continuidad de la calle Santa María- nos ha sido proporcionada por el historiador Miguel Ángel Caballero, del Centro de Patrimonio Histórico.

junto con el Bar Vicente ya que su actual propietario, Vicente Sordo, se hizo cargo de Los Pepes, igualmente, en 1950, hace 59 años. Un buen mano a mano, casi de punta a punta, para esta pequeña, bulliciosa, concurrida y hostelera calle Sierpes.
-jugador del Rácing- dejó dispuesto antes de su fallecimiento que cada hermano se haría cargo de uno de los negocios instalado en los bajos de lo que fue, primero, el edificio de la Real Fábrica de Aguardientes y Licores, y luego Casa de la Aduana. Manolín no supo continuar con el Bar La Lucha y ahí está el espacio vacío y desaparecido su interior (dos intentos de manos extrañas no han conseguido reflotarlo como negocio de hostelería). En la fotografía, Carmen Barrera Tejada.




Pero con el mismo sabor añejo permanece en la calle Pintor Veneroni (Pescadería, Plaza del Carmen) número 2, en el marco de la casa de la Aduana, el bar “La Lucha.
Una desnuda bombilla sigue iluminando la cocina que, aunque hace décadas que no sirve tapas, siempre estuvo presta para freír el pescado que algunos traían para compartir con los amigos. En sus tiempos, se ofrecían suculentos guisos.
Las partidas de cartas siguen celebrándose desde muy temparao, al mus, la brisca o la ronda. Abarquilladas barajas de don Heraclio, con propaganda de Osborne, que pueden contar mil veladas ociosas de jubilados o marineros a la espera de zarpar.
Pocas mujeres han entrado, y mucho menos tomarse un vino. Forma parte del estilo masculino y machista que dominaba la hostelería en un tiempo. Perder este carácter sería deshacer el aire original. Todavía hoy, algunas esposas llaman desde la puerta o entran tímidadmente, franqueando una “sala prohibida”.
En Calpe, nuestros hermanos de la mar lo llaman “contar”. Es de cualquiera de las maneras, el Régimen Económico por el que se rigen o Sistema a la Parte en los demás puertos, incluidos los de EE.UU, Canadá y los de América del Sur. En los puertos según las modalidades de pesca, sean de arrastre, cerco o palangre existen algunas diferencias en el sistema de reparto de las tripulaciones. Esas diferencias estriban en el pago de las partes técnicas que incluyen las partes del redero de tierra, de los motoristas y de los patrones, tanto de pesca como de costa. En algunos puertos, las partes técnicas salen de la mitad del armador, es decir de su parte de beneficio, en otros de la tripulación y en otros del monte mayor. Todo de acuerdo con los usos y costumbres de cada puerto.
Pero vayamos un poco atrás en el tiempo. Juan Carlos es hijo de Francisco Javier de Terry y del Cuvillo y de María del Carmen Muñoz Ávila. La Bodega familiar “Carlos y Javier de Terry, 501” se había vendido y Juan Carlos quería empezar de nuevo y llevar a su familia a un país que mantuviera ideas conservadoras, ideas que empiezan a desdibujarse en la España del triunfo socialista de 1982. Ese año, Juan Carlos fue contratado como Director General de “Bobadilla 103” para México. Y en ese país permaneció durante 17 años. Fue la cabeza y el enólogo de la compañía vinatera jerezana en México hasta que, en 1987 funda su propia compañía de importación y distribución de vinos y alimentos, hasta que en 1999 decide irse a la tierra de su mujer: Filipinas. Una historia de amor entre nuestro paisano y una asiática descendiente de europeos, que da como resultado la presencia de estos porteños en la en otros tiempos colonia española. Juan Carlos conoce a su mujer -filipina- en la Feria de Sevilla y se enamoró perdidamente de ella. Su nombre es Mari García y es descendiente de suizos, italianos y españoles. Se casaron en El Puerto en una boda con estética Filipina fusionada con elementos españoles tradicionales. ¿O quizás habría que escribir “pilipina”?, y es que en aquel país no se pronuncia la letra F. (Ilustración: Etiqueta de Vino. Colección J.M.M.)

En México, tras su paso por Bodegas Bobadilla 103, Juan Carlos creó una empresa FRUTERRY, con una gama muy extensa de productos en conserva, tanto españoles como mejicanos, de alta selección. Además crea muchas marcas de vinos con objeto de crear una distribución muy segmentada: Viña Andina, en Chile, Blue Rhin y Golden Rhin (vinos alemanes). Pero la situación económica en Méjico fue tal que las mafias se dedicaron al secuestro y la extorsión, teniendo como objetivos a las familias españolas que estaban en el mundo del vino. Dos amigos de Juan Carlos fueron secuestrados y a sus familias les mandaban partes de su cuerpo parra meterles miedo. Una oreja era lo mas frecuente. Al hijo de Juan Carlos, Luis lo atracaron en dos ocasiones y sufrió un mini-secuestro en taxi, el método más común: el cliente se montaba en el taxi y en el primer semáforo en rojo se subían los atracadores. Su madre padeció igualmente dos atracos a punta de pistola. Juan Carlos ante la situación, decide dejar Mexico D.F. tras 17 años de vida empresarial y se traslada al país de su mujer: Filipinas, en 1999.
En el año 2000 abre la primera tienda en Manila de productos de Gourmet: Terry Selections, que ya cuenta con tres sucursales, la última abierta en septiembre pasado. La intención era que tuviera solo lo mejor escogido por Juan Carlos, un poco como extender su despensa a nivel público. Se podría decir que una manera de abrir su casa a amigos cercanos y, después, a clientes. Unos años después y un poco por casualidad, se abre el restaurante. Los clientes que iban a la tienda pedían que les hicieran “sandwiches gourmet”. Al tener que dedicar al grueso del personal a preparar esos emparedados, tal era la demanda, decidió abrir un espacio en el segundo piso para tener mesas donde sentar al cliente, y de ahí el restaurante Terry’s.
Al restaurante “No traigo» --afirma-- «un producto que no se haya probado en su lugar de procedencia sin darle el pasaporte. Por ejemplo, Arte Oliva es el único aceite que está envasado como debe ser, en tetra pack, que protege de los rayos ultravioletas. El envase tiene cinco capas que mantiene el líquido a la temperatura adecuada. Dentro de 10 años será igual, tendrá las mismas propiedades”. Es muy interesante la fusión con los productos filipinos: “Tienen una especie de besugo al que llaman besugo, en español, y lenguados, pargos, galeras, chicas y grandes, impresionantes las de Palawan (una isla para perderse a conciencia …), y cangrejos de tierra que se alimentan de los cocos, los rompen y extraen su jugo”. Aparte de las mejores recetas españolas, Juan Carlos presume de superar el mejor Tocino de Cielo de la región; además se hacen las Poleás típicas de El Puerto. Han servido, también, Ajo Caliente y Salmorejo. Y toda la ristra de platos nacionales de primer nivel: Croquetas, Tortillas, Rabo de Toro, Fabada Asturiana, Cocido Madrileño, Menudo, Paella Negra de Mariscos... Es interesante recordar que Juan Carlos es hermano de la desaparecida María Auxiliadora Terry, gastrónoma local, experta en temas de Thermomix, autora de varios libros de la máquina, y directora que fue de la Escuela de Cocina 'El Anafe'. (Foto: J.L.B.)
Ayudado por su familia, trabajando en el próximo proyecto, ya en marcha, “el mejor restaurante español en el extranjero, en la Bahía de Hong Kong”, afirma convencido. En un próximo artículo hablaremos de sus hijos Luis y Elena, muy afincados en el Filipinas, --e incluso con parejas en aquel país-- pero que no olvidan El Puerto, sus rincones y amistades, al que regresan siempre que pueden.
se afincó en nuestra Ciudad en 1894. A su muerte, en 1956, su hijo Eugenio Mena Ponce se hace cargo del negocio, donde Antonio echó los dientes, y aquí continúa él, -tercera generación- al frente del establecimiento: corregido, mejorado y aumentado, cuando falta un año para que el Bar cumpla un siglo de existencia.
Eugenio, el padre de Antonio -Añoño para los chiquillos del Barrio donde se crió- se hizo famoso -y continúa la fama hogaño- por los guisos de caracoles, siendo pionero en la introducción de los pinchitos morunos, la merluza rebozada y los ostiones fritos, cuando se podían conseguir éstos en la desembocadura del Guadalete. Rociero desde que tenía pantalones cortos, Añoño se enamoró de una chipionera -Regli- a la que iba a ver en moto todos los días a la villa del Faro. Y se casó y hoy está con él, hombro con hombro en el negocio de hostelería, donde ha sabido imprimir su propio estilo en la preparación de guisos marineros y los diversos tratamientos que le aplica al atún. «Otra recomendación para este bar: el atún en manteca. A imagen pero no semejanza absoluta de nuestro bienamado lomo en manteca, lomos de esta increible criatura marina de almadraba son untados y macerados en este manjar de los dioses que se denomina manteca. Grasa porcina con su sabor elevado a la enésima potencia gracias a la sublimación palato-lingual que produce la adición de especias como el pimentón, que con el sabor rancio de la manteca combina perfectamente para hacer caer al visitante asiduo o parroquiano típico en el éxtasis gastronómico.» (La Taberna de You).
El padre de Antonio tuvo cinco hijos con María Luisa Rodríguez Pantoja, natural de Jerez -uno de ellos es Miguel, presidente de ACOCEN y otro, emparentado con Roque el de la Droguería, trabaja como bancario en una entidad de ahorro andaluza-. La calle del Vicario era uno de los centros de la vida de El Puerto cuando nace nuestro amigo: el Bar Número Tres, muy cerquita a su izquierda, la tienda de zapatos de Mauricio León, Tejidos el Metro, y enfrente la calle Sierpes, repleta de comercios y puestos; el almacén de de Ultramarinos de Eloy Fernández Moro, Tejidos Muro -hoy regentada por su hermano Miguel-, la Barbería de Muñoz, la Pensión las Columnas -al lado, Pansequito tenía una tienda de venta de ropa y baratijas- el Liberato de Librada, Casa Juana, el Bar Ramiro, la Pensión Bartolo, el Bar de Juanito Ceballos, y en la esquina Paco Buhigas con su Lechería e Isidro con un Ultramarinos. Corrían los finales de la década de los cincuenta del siglo pasado. (Fotografía: Busto de Eugenio Mena Ponce, en 1984, año de su fallecimiento. )
Los vinos que se bebían en El Brillante eran de Bodegas Sancho -Fino Caribe- y manzanillas para continuar surtiendo el altar de botas situado en El Brillante, cuando se cierra esta bodega, con los vinos de Pepín Velarde. Un tal Rubichi, repartía en burro el repuesto para las botas y las melopeas del ciudadano eran sonadas, tanto que, agarrado al rabo del burro, éste lo dejaba en su vivienda de la calle Santa Lucía, cuando ya no podía mas. Curioso personaje este Rubichi, que lo mismo repartía vino en un carro tirado por el burro, que paseaba a los visitantes en un coche de caballos. (Ilustración: Etiqueta de Fino Caribe. Bodegas Sancho).
Viajemos algo mas atrás en el tiempo, imaginen el ambiente de la calle donde se encuentra el bar de nuestro amigo, en el siglo XIX, con esta visión escrita por un viajero romántico en su visita a El Puerto: «Errando a través de sus calles, desembocamos en la plaza del Mercado. Era de noche. Las tiendas y los puestos estaban iluminados con faroles o lámparas colgadas, y ofrecían un golpe de vista encantador, estrellado y salpicado de puntos brillantes. Sandías de cáscara verde y pulpa rosada, higos chumbos, unos con su pellejo espinoso, otros ya mondados, sacos de garbanzos, cebollas monstruosas, uvas de color de ámbar amarillo, capaces de dar envidia al racimo traído de la tierra prometida; ristras de ajos, guindillas y otros géneros violentos, hallábanse amontonados pintorescamente»
Pero si de verdad quieren conocer algo diferente, además de la charla de Antonio, los detalles gastronómicos de su mujer, Regli, o la colección de cuadros del dibujante “El Pantera” de Cádiz, es sobre todo la clientela: variopinta y diferente ya sea en horario de mañana o de tarde, en invierno o verano. Un cosmopolita bar por donde pasan toda clase de criaturas en edad, clase y condición. Tener tiempo para escuchar las conversaciones de la parroquia es todo un privilegio, como conocer a uno de sus personajes más asiduos: Manuel Figuera Morillo (con 'o' como el mismo se encarga de señalar, para que no lo confunda con el apellido del famoso pintor) -en la fotografía-, quien con 88 años continúa acudiendo a diario a su Brillante, ya felizmente jubilado de sus tareas de Tratante de ganado. Otro día contaremos su historia en Gentes y Habitantes de El Puerto.
regaló el padre de Antonio a algunos particulares.

































La apertura del bar está fechada en 1908. Por entonces se le conocía con el nombre de “Los 48”, el mismo que una manzanilla de Sanlúcar. Por entonces varios bares de la ciudad tenían este tipo de nombre, coincidiendo con el de un vino. Luego, parece que en la década de los 30, el bar pasó a llamarse “La Solera”, su nombre actual, y pasó a formar parte de las instalaciones del Hostal Loreto, situado también en la calle Ganado, junto a La Solera (Calle Ganado n. 17. Teléfono: 956543562). El bar se convirtió en la cafetería del hostal y se abrió una puerta interior que los comunicaba. Por allí pasaron los toreros que intervenían en la plaza de Toros de El Puerto ya que estos solían pernoctar en el Hostal Loreto y luego salir en coche de caballos, con gran expectación, hasta la plaza.
Comenzó en la hostelería en 1960. Tenía 16 años y se colocó en el hotel Fuentebravía de El Puerto, en la cocina. Fue aprendiendo el oficio, le gustó y a los pocos años abrió un chiringuito en la playa de La Costilla en Rota donde triunfó con el marisco que traía de El Puerto de Santa María. Y a partir de ahí el éxito. Se marcha de la ciudad y comienza a montar negocios de hostelería que le llevarían a la élite y a llegar a tener a su cargo en toda España a más de 1.200 personas en negocios relacionados con el ocio y que incluían desde restaurantes, servicios de caterings, hoteles y hasta bingos.
Es un gran conocedor de los vinos. En su establecimiento están por todas partes. Encima del mostrador, en unas pequeñas estanterías que dificilmente caben en el local y en un armario climatizado donde guarda lo mejor. Se muestra partidario de no cobrar grandes cantidades por los vinos “porque los vinos no sólo deben maridar con la comida sino también estar acordes con esta economicamente. No se le puede cobrar a alguien una cantidad por la comida y más del triple por los vinos.”
José Luis no cierra ni el 24 por la noche ni el 31. Porque me gusta estar con mis clientes esos días “y porque muchas personas buscan un lugar donde comer en esas ocasiones y no lo encuentran. Los clientes se repiten cada año”. Reconoce que por lo singular de su establecimiento la relación con los clientes es muy especial: “Tienen que tener paciencia porque estoy sólo para todo, pero eso se suple con un poco de conversación. Tengo gente que viene desde fuera a comer el cocido o a probar los arroces y me enorgullece mucho que repitan”.


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