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rafaelalberti_lasvinas_puertosantamariaSe cumplen hoy 732 años de la fundación de El Puerto de Santa María por Alfonso X 'el Sabio' y 111 años del nacimiento del poeta universal Rafael Alberti Merello. El historiador Enrique Pérez Fernández nos hace un recorrido por las seis casas en las que vivió nuestro paisano en El Puerto antes y después del exilio. /Rafael Alberti en su casa de la calle Albarizas, en la urbanización Las Viñas.

17 de diciembre de 1902. En el Teatro Principal de la calle Luna, tras la actuación de Antonio Flores, “célebre transformista rival de Frégoli”, la compañía que dirigía el actor Manuel Correjel representó la comedia en un acto Marinos en tierra, del gaditano José Sanz Pérez (1818-1870), impresa en 1882. ¿Casualidad? Pues sí, pero parece un presagio.

El día anterior nació Rafael Alberti Merello en el número 46 de la calle del Palacio (en singular, por el de los duques de Medinaceli), entonces nombrada José Navarrete, en homenaje al militar y escritor portuense que meses antes falleció en Niza, también nacido en esta calle, esquina a Micaela Aramburu, en la que fue Aduana de los Medinaceli. 1902, año en que en Madrid murió otro escritor portuense, sainetista de éxito en su época: Javier de Burgos, al tiempo que Dionisio Pérez publicaba La Juncalera, novela que refleja en calles y personajes el ambiente de la ciudad de entonces.

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CALLE PALACIO 

El padre de Rafael, Vicente A. Sánchez-Bustamante, comerciante de vinos de la bodega familiar y después de otras, al nacer su quinto vástago tenía 40 años; María Merello Gómez, la madre, 33, y sus hermanos, Vicente 6, María 4, Agustín 2 y Milagros un año. En diciembre de 1905 nacería Josefa, ‘Pipi’.

Convivía con ellos la sirvienta Josefa Álvarez Balduino, viuda de 63 años. La familia comenzó a habitar la casa en 1900. Sus anteriores inquilinos fueron Enrique de Echávarri, recaudador de impuestos, y María de las Nieves Silva, viuda con cuatro hijos. Los padres de Rafael nacieron en inmuebles contiguos de la calle Fernán Caballero, núms.  7 y 9.

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/Rafael Alberti, en la sillita, con sus hermanos. Foto, Justino Castroverde.

El domingo 21 era bautizado en la Iglesia Mayor por el sacerdote Ricardo Luna, siendo los padrinos sus tíos Agustín Merello y Milagros Alberti. “Concluida la ceremonia fue llevado el pequeño al camarín de Nuestra Amantísima Patrona, y colocado bajo su real manto. De la iglesia se trasladaron todos los concurrentes al domicilio de los señores de Alberti, donde fueron espléndidamente obsequiados con selectos vinos, fiambres, pastas y dulces”, contaba en los ‘ecos de sociedad’ la Revista Portuense.

Casa lindera con los Alberti, a la izquierda vivía José Molleda Colosía, que con su hermano Sinforiano era propietario en La Placilla del Café Moderno (el posterior y recientemente cerrado Cafetín). En el inmueble de la derecha vivía María Teresa Martínez Colom con cuatro hermanos. Uno de ellos, José María, se trasladó con su esposa Eloísa Gobantes a fines de 1904 al inmueble que habitaran los Alberti, instalados ya en otra residencia.

En el nº54 de Palacio vivía Paquillo, aquel amigo de la primera juventud de Rafael a quien recordara en La arboleda perdida –“compañero de pecado”- y en el poema ‘Retornos de una tarde de lluvia’: “Saldría yo con Agustín, con José Ignacio / y con Paquillo, el hijo del cochero, / a buscar caracoles por las tapias / y entre los jaramagos de las tumbas, / o por la entretramada arboleda perdida / a lidiar becerrillos todavía con sustos / de alegres colegiales sorprendidos de pronto”. Fue Paquillo –fallecido a comienzos de los años 90- el hijo menor de Vicenta Simeón y José Manuel Buhigas, el cochero de José Merello –tío de Rafael- y recadero en casa de su tío-abuelo Vicente Merello Alberti, en la calle Pagador nº1.

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Calle del Palacio, nº46. 1859. Archivo Municipal.

Más arriba de Palacio --nº60-- estaba la segunda escuela a la que asistió Rafael, la de Nuestra Señora de Guadalupe, inmueble propio de las hermanas Gumersinda y Antonia García Guilloto que regentaba aquella señora de la que escribió: “…mi madre me mandó al colegio de doña Concha, de la que recuerdo más que nada su odio a las Carmelitas y demás escuelas de párvulos, por considerar esta vieja señora, muy económicamente pensando, que todos los niños del Puerto debían ser sus alumnos”.

CALLE SANTO DOMINGO

ALBERTI-7En 1904 la familia Alberti-Merello se mudó de Palacio al número 21 de la calle Santo Domingo, hoy sede de la Fundación Rafael Alberti. Casa que parcialmente describió en 1959, en La Arboleda: “Vivíamos por estos años en una de la calle Santo Domingo, con un patio de losas encarnadas y un gran naranjo en el centro. Tan alto era, que siempre le conocí podadas sus ramas superiores. Así, el toldo contra el sol del verano no sufría, al extenderse, sus desgarraduras. El pie del tronco lo abrazaban varios círculos de macetas, todas de aspidistras oscuras y jugosas. Bajo la escalera que arrancaba del patio y subía al primer piso, se agachaba la carbonera, el cuarto lóbrego de los primeros castigos y terrores. Enfrente, pero siempre cerrado, estaba el del Nacimiento, que sólo podía abrirlo unos días antes de Navidad quien guardaba durante todo el año la llave: Federico.”  /La casa de Santo Domingo, hoy Fundación Rafael Alberti.

Personajes populares como éste, arrumbador en la bodega familiar, Paca Moy, la nueva sirvienta y confidente, Pepilla la lavandera, la gitana Milagros Maya, costurera de la familia, María la cocinera o Andrés ‘el Beato’, compartieron con el joven Rafael vivencias cotidianas entre los muros de la casa de Santo Domingo, algunas revividas en sus memorias.

CALLE LUNA 40 y 52

alberti_luna40_puertosantamariaDe nuevo los Alberti cambiaron de casa, a la vez que los negocios y el dinero iban menguando, trasladándose a la calle Luna. Así, en La arboleda perdida escribe: “…he pasado por mi casa de la calle de la Luna, y he recordado el gran Teatro Principal, ya desaparecido. La parte alta del teatro, la de las buhardillas, daba a unas ventanas que caían sobre la azotea de mi casa. Desde allí se veía todo, y muchas veces, cuando niño, mis hermanos y yo subíamos a escuchar a los actores, cuyas voces nos llegaban clarísimas desde el escenario…”. El edificio, de sobrio y elegante empaque, fue derribado hacia 1970. Su fachada había sido reconstruida en 1859 por su entonces propietario, Críspulo Martínez, que también lo era del Teatro Principal. /En la imagen, la calle Luna hacia 1960. Junto al Teatro, la casa de los Merello. Foto, Rasero.

Según los padrones vecinales que consulté en el Archivo Municipal (desde 1906 sólo se han conservado por estos años los de 1911 y 1916), el inmueble, el nº40, pertenecía a Isabel Ribera López, viuda que vivía con sus hijas Cecilia y Carmen Álvarez Ribera. Otra de las hijas, María, se encuentra en el padrón de 1920 viviendo aquí con sus once hijos y su marido, Jesús Merello Gómez, tío de Rafael.  rafaelalbertimerello_ninio_puertosantamaria

En  cambio, el padrón de 1911 indica que Rafael y su familia se hallaban establecidos en la casa número 52 de Luna, indicándose al margen que para la confección del empadronamiento de 1912 constara que ya no residirían en ésta. Es de suponer que sería entonces cuando se mudaron a la casa de los Merello, la lindera al Teatro. En ella volvió a alojarse unas semanas durante la visita que giró a la ciudad en 1928. Tuve ocasión de preguntarle a Rafael sobre esta segunda casa de Luna, pero no la recordaba (la habitó unos meses cuando tenía 9 años), y por eso no la rememoró en La Arboleda.

Pero los documentos cuentan –y a ver quién le dice lo contrario a un papel oficial- que al menos durante unos meses de 1911 (recoge el padrón que la casa de Santo Domingo se encontraba ya vacía) la familia Alberti-Merello vivió en Luna 52. Hoy el inmueble se encuentra completamente reformado. Compartieron el inmueble con Pedro Urri López, viudo de 76 años, de oficio el alquiler de carros para el transporte de vino y que compartía techo con tres hijos solteros. Enfrente vivía el historiador Juan Cárdenas Burgueto, y un poco antes, aunque después en el tiempo, Hipólito Sancho.

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Luna en los años 40. En la segunda casa vivieron los Alberti en 1911. /Imagen cedida por Miguel Sánchez Lobato.

En esta calle Luna transcurrió una de las vivencias que jalonan La arboleda perdida, que evocó en junio de 1993 en el discurso que ofreció al nombrársele doctor honoris causa por la Universidad Complutense de Madrid: “Incluso recuerdo cómo Manolillo, el barbero de la calle Luna, llegó a dejarme crecer una coleta que con gran dificultad y orgullo torero llevé escondida bajo la gorra durante un tiempo”. Existiendo entonces otras dos barberías en Luna, probablemente fuera la de Manuel García Ramos, en el nº38, junto a la casa de los Merello.

CALLE NEVERÍA

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Plantas y alzado de la casa de Nevería en plano de 1841. Archivo Municipal.

Durante los últimos años de su estancia en El Puerto, la familia residió en el nº28 (hoy 34) de la calle Nevería (frente al antiguo Centro de Acogida de la Cruz Roja), inmueble que se derribó hace unos años y que sigue en alberca: “Mi padre seguía de viaje por el norte de España, y la familia, mamá con sus seis hijos y Paca Moy, nos habíamos mudado de casa y vivíamos ahora en una de la calle Nevería, calle de los helados y refrescos durante las noches de verano”. Tuvieron por vecino, en el nº30, a Pantaleón Sánchez Robledo, joven médico natural de San Vicente de la Barquera asentado en El Puerto desde 1903 y casado con la lebrijana –también de origen montañés- Anastasia Sánchez Cossío. Miembro del Partido Republicano Radical, desempeñó desde su cargo de concejal, entre 1910 y 1917, una firme y honesta labor pública. En el nº32 vivía con ocho hijos Justino Castroverde, el popular fotógrafo de la época. Más arriba, en el 44, en 1879 nació Pedro Muñoz Seca, donde entonces vivía su hermano Francisco, médico, casado con Elisa Bela y con cuatro hijos.

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Patio principal del Colegio de las Carmelitas en 1925.

De su primer colegio, el de las hermanas Carmelitas de la Caridad, radicado en esta calle, contaba Rafael: “De mi infancia en aquel colegio de monjas, recuerdo más que nada un jardín enchinado en el que había un retrete –diminuto lugar conocido por ‘el cuartito’- a donde la preciosa hermana Jacoba y la finísima hermana Visitación llevaban a los niños más chicos, volviendo ambas muchas veces a la clase rociados de pis los feos zapatos”. Se apunta en el padrón de 1911 que eran Jacoba de Alba Martínez, vallisoletana de 39 años con seis de residencia en El Puerto, y Visitación López Elgnezábal, madrileña de 30 años asentada en la ciudad hacía dos.

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La casa de Nevería poco antes de su derribo. /Foto, Fito Carreto (Diario de Cádiz).

En mayo de 1917 Vicente Alberti, María Merello y sus seis hijos marchaban definitivamente a Madrid. Al joven Rafael Alberti, entre añoranzas y recuerdos, se le abrieron nuevos caminos en la capital.

CALLE ALBARIZAS (LAS VIÑAS)

Pasaron 75 años para que el anciano Alberti volviera a tener un hogar en El Puerto. Fue en 1992, cuando el Ayuntamiento en pleno le cedió una casa en Las Viñas (construida en el 81 para que la habitara el Secretario municipal), en el solar que hasta entonces ocupó la casa del último guarda del Coto de la Isleta y Valdelagrana, Manuel Orellana.

oramaritima copiaNo le era extraño el entorno de su nueva casa, porque desde su más tierna infancia en el Coto de la Isleta vivió algunas de sus correrías infantiles, que evocó en La Arboleda, en terrenos que durante siglos fueron de los señores de El Puerto, como apuntó en el libro primero: “Aquellos bosques eran del duque de Medinaceli, como muchos palacios y casas del Puerto. ¡El duque de Medinaceli! ¡Qué misterio para nuestra imaginación en pañales!” Pinar que certeramente llamó “viejo bosque sucedido”, porque lo fue desde 1643, cuando se plantó por primera vez para fijar las arenas y evitar en lo posible la sempiterna barra del Guadalete. /Los azulejos de su casa ORA MARÍTIMA en Las Viñas.

De aquellos recuerdos suyos en el Coto me quedo –por estos días que están a punto de llegar- con éste: “Cuando se acercaba la Nochebuena, Federico, los ojos bien repicados por el jerez, acudía a casa para llevarnos a los bosques de la orilla del mar en busca del enebro, el pino y el lentisco que luego habían de arborear los montes y los valles empapelados por su fantasía. También nos acompañaba la Centella, una perrita negra, moruna, nacida el mismo día que yo en el rincón de una alberca sin agua. Aquellos bosques eran del duque de Medinaceli... 

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En primer término, el pinar del Coto de la Isleta, hoy Las Viñas. Foto, Rasero. Archivo Municipal.

Aquí pasó Rafael los últimos años de su vida, en la compañía de su esposa, María Asunción Mateo. De su vida en su última casa, hoy que se cumple el aniversario de su nacimiento, extraigo algunos fragmentos del último volumen de sus memorias: “Hoy contemplo mi mar desde un balcón de El Puerto de Santa María, en espera de poder trasladarme con María Asunción a una hermosa casa, con frondosos árboles, con seis chopos altos y prolongados como los mismos castellanos de Antonio Machado, un árbol de la pimienta igual que otro que se alzaba en el jardín de mi abuela aquí, en El Puerto, con sus ramas como tramados de encaje, pinos parasoles como los viejos del pinar de Valdelagrana, dos palmeras: una muy alta, que semeja a un cocotero, y otra más baja pero frondosa. […]

rafaelalberti_gato_puertosantamariaNuestro gato Juan Gris ya ha hecho varias visitas a su próximo hogar, acaba de pasar de nuestra terraza madrileña al íntimo y umbroso jardín de la nueva casa. […] a  nuestra casa de El Puerto queremos darle el mismo nombre que el escritor latino Avieno dio a su relato, Ora marítima, cuyas letras estoy dibujando en azules para que la maestra mano de Pepita Lena traslade a la cerámica […]

A mis 89 años vivo en esta bahía, incansablemente cantada por mí, una espléndida etapa sólo comparable a las mejores de mi vida, rodeado de auténtico afecto y de marítimo color, con esa joven araucaria recién plantada traída desde Alicante que comienza a erguirse en mi jardín, con esas ramas de álamos machadianos derramándose sobre la ventana frente a la que acostumbro a trabajar.

Ya las últimas hojas de mi Arboleda perdida están cayendo, ya van neblinándose los últimos renglones de mi vida, aunque mis ojos siguen conservando la suficiente luz para distinguir las flores que brotan en este sencillo y tembloroso jardín, gracias a una mano celestial que, siempre junto a mí, hace el diario milagro de que todo parezca estrenado. 

Todo es belleza a mi alrededor, lianas perfumadas me rodean y arrebatan de los aterradores y oscuros abismos de la vejez, de la muerte. Me voy con los ojos llenos de los acontecimientos de un siglo. Un siglo de horrores, de enfrentamientos, de dolorosísimas separaciones, de hechos que habitan en mis bosques interiores y en los que, casi a mis 94 años, aún puedo caminar sin perderme entre su frondosidad.  /Texto: Enrique Pérez Fernández.

El que fuera presidente de la patronal española, Gerardo Díaz Ferrán, entre junio de 2007 y diciembre de 2010, era ya en 1975 el concesionario del servicio municipal de autobuses urbanos, GDF, en su última etapa perteneciente al Grupo Marsans. Había empezado trabajando de cobrador en los autobuses de su padre y duró poco tiempo en la cima de la CEOE. En El Puerto viviría también el ocaso de GDF,  tras tantos años...

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De izquierda a derecha, Enrique Pedregal Valenzuela, concejal de Transportes, Jaime Fernández Criado, secretario del Ayuntamiento, Fernando T. de Terry Galarza, alcalde de la Ciudad, Rafael Plaza Checa, Jefe de Informativos de Radio Jerez y Gerardo Díaz Ferrán. La instantánea está tomada el 1 de febrero de 1975, en la inauguración de los servicios municipales de autobuses, de la que era concesionaria la empresa de Díaz Ferrán, GDF. /Foto: Rafa. Archivo Municipal.

Gerardo Díaz Ferrán nació en Madrid el 27 de diciembre de 1942 y desde los doce años compaginó los estudios con el trabajo en la empresa familiar de transporte de viajeros, lo que no le impidió acabar la carrera de Ingeniero Técnico Industrial. En 1967 fundó, junto con su socio y amigo Gonzalo Pascual Arias, la empresa TRAP S.A. dedicada al transporte urbano en varias zonas de Madrid. En 1971 constituirían TRAPSATUR S.A., primera agencia de viajes mayorista del grupo, de la que era vicepresidente.

Desde sus comienzos mantuvo una estrategia empresarial de expansión creando nuevas empresas y participando en sectores relacionados con el turismo y el transporte. Y ocupó tantos cargos... Presidente de ASINTRA (Federación Empresarial de Transportes de Viajeros). Vocal del Comité Ejecutivo de FITUR (Feria Internacional del Turismo) y de FIAA (Feria del Autobús y del Autocar). Presidente de Seguros Mercurio SA.; de Vie Viajes; de Club de Vacaciones SA; Hotetur Club SL; Tiempo Libre SA (Mundicolor); Viajes Marsans SA; Pullmantur SA; Autobuses Urbanos del Sur SA; Transportes de Cercanías SA; Transfer Bus SA; Transportes Aura SA; de la Empresa Mancomunada de Transportes;  de Global de Spanair SA; y presidente ejecutivo y consejero delegado de Trap SA.

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En las afueras del Hotel Puertobahía se bendijo la nueva flotilla de autobuses urbanos, unos mas nuevos que otros, por el capellán de la Ciudad, Anastasio Pérez de Andrés, ante la presencia de autoridades, concesionario e invitados. 1 febrero 1975. /Foto: Garpre. Archivo Municipal.

Además fue vicepresidente de Travel Bus SA; de Autobuses de Turismo SA; consejero de Empresa de Transportes Alacuber SA; vicepresidente de PublibusSA; consejero delegado de Air Comet SA.; consejero de Caja Madrid y  presidente del Comité Ejecutivo de Ifema en calidad de Presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid.

El 3 de diciembre de 2012 fue detenido y acusado de alzamiento de bienes y blanqueo de dinero. Díaz Ferrán es un ángel caído que muestra la soledad del apestado.

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Fotos: Fernando Alda y Vicente González Lechuga.

Los terrenos sobre los que se asienta el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María formaron parte de los que, en su día, pertenecieron al Convento de San Antonio de Padua de los Franciscanos Descalzos. La Orden adquirió estos terrenos en el año 1630, levantando el convento entre los años 1632 y 1684. Será en 1868, tras el pronunciamiento de Topete y Prim en la Bahía y el triunfo de la “Gloriosa”, cuando la Junta Revolucionaria Provincial ordene su desalojo y demolición, argumentando la carencia de espacios públicos en el centro de la ciudad.

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Cuadro del antiguo Convento de Descalzos, en el lugar que hoy ocupan la plaza y el Ayuntamiento. 

Entre los años 1869 y 1874 se sucederán una serie de propuestas tendentes a la ordenación del espacio resultante del derribo, la Plaza de la Libertad, intentos todos ellos de regularizar el perímetro de las fincas colindantes y formalizar este nuevo espacio urbano. Finalmente, se desarrollará un proyecto redactado por Adulfo del Castillo, consistente en la construcción de una edificación singular destinada a Juzgados y una Escuela Superior de Niños, como fondo de la nueva plaza.

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En fachada, el edificio de los Juzgados presentaba un orden apilastrado que reunía las dos plantas superiores, descansando sobre una planta baja basamental en la que los huecos son rematados por arcos de medio punto. El cuerpo central de acceso, escalera y balconada, sería coronado por un frontón en el que se sitúa el reloj y las alas laterales por balaustradas. Encima del frontón se dispuso el escudo de la ciudad. Este mismo tratamiento apilastrado recibirían las fachadas laterales en sus ocho metros de fondo. Podríamos decir que se trata de un edificio ecléctico, riguroso en su composición, que retoma elementos y formas del pasado neoclásico. No obstante, el conjunto nunca fue ocupado por los Juzgados ni por la Escuela de Niños. Sería inaugurado el año de su terminación, 1897, como Palacio Municipal.

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Foto: Fernando Alda.

En cuanto a la Plaza, el proyecto de Adulfo del Castillo proponía un modelo de fachada a repetir en los frentes regularizados de la plaza, así como el trazado de unos jardines románticos proyectados finalmente por Miguel Palacios.

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Foto: Fernando Alda.

Durante los años cuarenta, el Ayuntamiento ampliaría la edificación con la compra de unos inmuebles situados en sus traseras y con accesos desde las calles Descalzos y Jesús Cautivo, ocupando el edificio hasta el año 1974 en el que su deficiente estado de conservación y falta de espacio obliga a su traslado a la Plaza del Polvorista. En 1999 se convoca el concurso para la rehabilitación y ampliación de la antigua Casa Consistorial. El proyecto que presentamos planteaba una intervención heterodoxa sobre la edificación a conservar, en el sentido de que se dirigía más a la consolidación y recuperación de aquellos elementos considerados esenciales, que a la restitución minuciosa de su estado original.

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Último Pleno Municipal celebrado en el ayuntamiento de la Plaza de Isaac Peral, el 13 de diciembre de 1975. /Foto: Archivo Municipal.

La edificación histórica una vez rehabilitada se destinaría a las áreas más representativas, es decir, la alcaldía, con su asesoría jurídica y secretaría general, salón de recepciones y despachos de los grupos políticos. La ampliación, que ocuparía la totalidad del solar disponible, albergaría los diferentes servicios municipales y el nuevo Salón de Plenos, disponiendo de accesos y vestíbulos independientes, tanto desde la plaza como desde la calle trasera de Jesús Cautivo.

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Dibujo de alzado y sección de las nuevas Casas Consistoriales.

El nuevo Salón de Plenos se situará a caballo entre la vieja y nueva edificación, de forma que la alcaldía y los concejales accederán desde el edificio rehabilitado mientras que el público en general lo hará desde los vestíbulos de la ampliación. Esta se plantea mediante la construcción tras el edificio histórico de un cuerpo lineal de seis plantas que, en los niveles inferiores (planta baja, primera y segunda) se extiende, mediante la incorporación de nuevas crujías ajustadas a las medianeras, hasta ocupar el resto del solar y alcanzar la calle trasera. Toda esta nueva edificación se proyecta sobre una planta de sótano destinada básicamente a archivo, almacenes e instalaciones.

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Nuevo salón de plenos en la planta baja del edificio. /Foto: Fernando Alda

El ala de seis plantas recibe luz y ventilación desde su fachada sureste, paralela a la de la edificación rehabilitada. Una fachada neutra, como plano de fondo que enmarcara al antiguo edificio, hace resaltar por contraste su composición y elementos ornamentales; una fachada ésta, no exenta de un cierto clasicismo, planteada en dos órdenes, uno que engloba las plantas baja y primera, coincidiendo en altura con el basamental del edificio histórico, y otro que, con su tratamiento neutro, oculta y agrupa las plantas superiores.

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Espacio que ocupó el antiguo Salón de Plenos, mas espacioso que el que ha tocado en el rehabilitado edificio, en la planta principal./Foto: Fernando Alda

Su extensión o fondo de tres plantas iluminaría y ventilaría sus dependencias a través de patios, más bien vacíos que, en función de esas necesidades, arrancan de distintos niveles en la sección.

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Los miembros de la Corporación que ayer viernes por la mañana asistían a la inauguración y reapertura del edificio municipal, tras la rehabilitación. Solo faltaron representantes del Grupo Municipal Socialista. /Foto: JMM.

Los autores de la rehabilitación son los arquitectos José Antonio Carbajal y José Luis Daroca, con las constructoras Sacyr, Sau, habiendo finalizado la obra el 10 de marzo de 2012. Texto: Jesús Granada. 

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Manuel-Lojo-Espinosa-puertosantamariaUna de las privilegiadas memorias que estaban vivas en 2004 presentó un libro sobre la historia viva de nuestra Ciudad, correspondiente a las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado. Quizás me equivoque, pero me arriesgo a afirmar que del santuario de la libación del que se ha escrito aquel libro: “Casa Lucas”, salieron más decisiones que afectaban a la vida local –política, intelectual, artística, social, etc-  que del propio Ayuntamiento que por la fecha estaba en la Plaza de Isaac Peral a la que está regresando en estos días.

 No había circunstancia de la época que no pasara por la tertulia que allí formaban, amigos y coincidentes en las consumiciones moyatosas, en aquella especie de Casino que era la casa de bebidas situada en la calle Larga, entre Palacios y Luna, donde hoy existe un establecimiento de material de oficina: HIVA. (Ver nótula núm. 037 en Gente del Puerto). Los más antiguos recordarán aquella bodega, con sus botas en primer y último término, su mostrador donde se apuntaban las chicas y medias chicas que se jugaban al mús entre los contertulios con tiza indeleble al agua, y aquella cuerda con cestillo, que servía para enviar a casa de Tio Pé, la media botella del exquisito caldo que allí se consumía.

La privilegiada memoria del que fuera una institución local en su persona,  Manuel Lojo Espinosa, otrora concejal del Ayuntamiento de El Puerto –curiosamente de Deportes, pese a su poco deportiva figura-, director del entonces Instituto Nacional de Previsión, y no se cuantos cargos más del anterior régimen político, lo hizo posible.

casalucas_225_puertosantamariaD. Manuel, -Manolo- rescató en este libro múltiples vivencias y circunstancias de la época, para deleite de cuantos tienen aún en su mente un Puerto en el que todos se conocían, y por el que ponían una ilusión distinta a la que hoy ponemos los que lo habitamos desde la globalización, quizás porque no cumplimos con la  máxima de “Pensar en global y actuar en local”.

En la evocación a los parroquianos de Casa Lucas: Castillita, los hermanos Lara, Juan Sala, los Gil, Vélez, ..., se funden dos recuerdos que, personalmente tengo en mi poder: uno material, regalo de Cayetano Vélez, consistente en sendos cuadros de Antonio Bienvenida por el firmado, y otro de la Plaza de Toros expuestos en la zona de tertulia de la tasca. Y otro sentimental, y es el espacio que ocupa en mi memoria aquel lugar donde iba de pequeño a acompañar a mi padre, Pepe Morillo, y donde aprendí que la tolerancia y el buen humor, son muy buenos consejeros en la vida. En recuerdo a su memoria, muchas gracias D. Manuel, por aquel libro que nos legó, va a hacer ahora 10 años. /Texto: José María Morillo.

 

 

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Cuando el mago apaga la vela, la oscuridad amedrenta al rey. El oráculo, la adivinación, las justas medievales, la moneda al aire, la dirección del viento o la iluminación divina, juegos físicos o juegos mentales, el diálogo con lo oculto, la alucinación de la seta, los fantasmas y los espíritus; ¡espera, espera que le pregunto a los dioses qué debería hacer! Los juegos de mesa proceden de ese galimatías en el que la humanidad siempre se ha visto inmersa; el ajedrez no es ajeno a este origen y su aparición en Europa, en la península ibérica, en los tiempos de los reinos cristianos y musulmanes, recoge sin duda esa antorcha de los tiempos arcanos. A finales del siglo trece nos imaginamos el siguiente diálogo entre Alfonso X el Sabio (ver nótula 1000 en Gente del Puerto), fundador de El Gran Puerto de Santa María  y Moisés, uno de sus desconocidos traductores:

—Mi Rey. ¿Qué queréis? —Quiero algo que llene mis días, algo que me recuerde que hay vida más allá de las persecuciones y las guerras. —Tengo lo que me pedís. Lo he visto en Fez y en las soleadas tardes de Marrakech. Puede verse, también, bajo la luz blanca de la luna en las noches claras del desierto, a gentes embelesadas, embrujadas por la atracción fatal de su geometría, desde el Atlas hasta la misma Persia. —¿De qué me habláis, traductor? —Os hablo de un maravilloso juego que es como la vida misma, como el alma de la tierra. De un juego que simula las miserias y la astucia de la gente, que enfrenta a reyes y guerreros y estimula el seso, más allá de la ventura. De un juego que puede absorber todas las horas del día, tal es su profunda complejidad. De un juego cuya belleza es inigualable, pues la simplicidad de la simetría de su tablero y las reglas sencillas de los movimientos de sus piezas dan paso a una explosión de tácticas y sacrificios y movimientos como jamás hayáis visto. –¿Y cómo se llama este juego tan peculiar? ¿Por qué no lo conozco? ¡Habla, traductor, en nombre de tu fe hereje!

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Moisés, el traductor desconocido, suspira ante la insistencia de Alfonso; sabe que tarde o temprano, él o sus descendientes volverán a marchar a otras tierras. Los reyes cristianos ponían las guerras en la península ibérica; ellos y sus reinas y sus consejeros y sus ejércitos con sus caballos y caballeros. Y en cada castillo una torre que parecía inexpugnable dominaba el paisaje; la península era un tablero jugado a varias bandas: cristianos contra musulmanes y judíos que aún podían establecer relaciones con la corte cuando no eran perseguidos, instigados por las proclamas papales o de los reyes de turno. En medio de tan desolador paisaje, Ramon Llull, un adelantado de su tiempo, escribía sus filosofías y sus artes magnas y sentaba unas bases lejanas, pero ciertas, para la teoría de la información computacional de donde beberá la incipiente ciencia de la inteligencia artificial a mediados del siglo XX.

ramonllullEl ajedrez trajo consigo un modelo de sociedad, un modelo de conocimiento y un pasatiempo que se tornó a llamar «real» (de la realeza, por supuesto) que reflejaba una gran metáfora de la situación del momento. Lo habían dejado los árabes en la Europa meridional y lo jugaban tropas y cortesanos y reyes. Frente a los otros juegos, era paradigma de la razón, de la inteligencia y así lo entendió el rey Alfonso. En ese diálogo entre un rey que busca conocimientos de sus vasallos herejes, en medio de esas guerras que se hacían en nombre de la fe, el rey y sus traductores terminaron, hacia 1283, el Libro de los juegos, ajedrez, dados y tablas, una recopilación, podríamos decir, de actividades ociosas permitidas por la gracia divina. El libro, como muchos otros que salieron de manos de los traductores de la corte alfonsina, procedía de obras árabes hechas tiempo atrás. Los traductores transmitían la cultura y el conocimiento que traían los árabes del norte de África y más allá hacia oriente, de Persia y la India y hasta de la antigua China, a una península que se había pasado demasiado tiempo absorbida en las guerras y en las inopinadas consecuencias de la misma gracia divina que permitía algunos juegos.

...continúa leyendo "1.924. ALFONSO X. La inteligencia y la suerte."

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 Tomás Osborne y Guezala, paseando por la calle Fernán Caballero, cuando se presentó a diputado a Cortes y fue derrotado por el republicano Dionisio Pérez, fundador de la Revista Portuense, de acuerdo con la Ley Electoral de 1907, para diputados a Cortes y concejales.

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Al fondo a la derecha se ve la actual oficina de Osborne y Compañía, que anteriormente fue del Capitán General Francisco Uriarte y Borja (ver nótula num. 169 en GdP) y cuya portada se encuentra en el Hotel Doña María en Sevilla (ver nótula num. 1849 en GdP). Con posterioridad la casa pertenecería a los Merello y finalmente a José de la Cuesta, hasta su demolición para construir las actuales oficinas de la firma vinatera.

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Bodega de Exportación de Osborne, donde se instaló una mesa electoral para las elecciones de 1910, y no en 1907, como muy amablemente nos ha hecho llegar nuestro colaborador Bernardo Rodríguez Caparrini. Ese año era alcalde de El Puerto, Ramón Varela Campos. /Fotos: Colección V.G.L.

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En el Puerto de Santa María, hay un bar emblemático, el Bar Vicente Los Pepes, que conserva el sabor de los viejos bares del sur: un gran espacio con todas las puertas abiertas a la calle, mesas y sillas de madera, techos altos y paredes adornadas con carteles antiguos y fotos de gente del pueblo que se hizo célebre a nivel local, por el baile, por el cante, o simplemente por adornar a diario las calles del Puerto con su presencia extravagante. Hasta hace un año, cuando todas las señoras antes de entrar a la Plaza (el mercado) iban allí a tomar el cafelito con leche y un mollete de Antequera, reinaba en un rincón privilegiado de la sala el patriarca, el señor Vicente, quien en tiempos había estado presidiendo el mostrador y, ahora, en la vejez, disfrutaba en su trono de rey padre del orgullo de mirar, de ver cómo el negocio sobrevivía a pesar de los malos tiempos, y admiraba los cambios sutiles que el hijo había ido adoptando para adaptarse a una clientela que cambia, como cambia el mundo.

Hay un momento en todo negocio familiar, un momento crítico, con tintes melancólicos, en el que el hijo debe conducir al padre a su sillón de mirar la faena desde la barrera. Hay padres que se resisten porque los padres y las madres, cegados por un amor protector, tendemos a hacer compatible la creencia de que nuestros hijos son excepcionales con que al mismo tiempo son un poco inútiles y sin nuestra continua vigilancia no sabrán salir adelante. También hay padres que no saben vivir sin mandar, y menos sin mandar a sus hijos, y les resulta realmente traumático aceptar que su tiempo como patrón pasó y que sus descendientes pueden incluso superarles en las destrezas del oficio.

El día en que los padres advierten que los hijos saben más que ellos se produce una especie de destronamiento tácito, que hay quien asume o quien se rebela ante esa perspectiva. Lo que ya es un completo disparate, y yo he sido testigo en alguna ocasión de esta circunstancia, es que un padre esté tan empecinado en la idea de que solo él puede llevar el bastón de mando que aun estando enfermo sea incapaz de delegar en los suyos. Hay negocios, quién no ha visto alguno, que incluso se paralizan por enfermedad del patrón y que van perdiendo poco a poco una clientela que no acaba de entender que la empresa esté en la cabeza de una sola persona. Los negocios son así, tienen sus momentos gloriosos y sus tiempos de decadencia. Hay veces que dependen de la mera voluntad de la clientela, que considera que el negocio ya no vende un producto necesario. Pero es lógico que antes de claudicar y de echar el cierre los propietarios quieran salvarlo.

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En el caso de este peculiar negocio familiar que es la monarquía (por aquello de que el título se hereda de padres a hijos) está claro que se encuentra en un periodo de pérdida de clientes. Los hay que sin duda alguna defienden otro modelo de negocio, o de Estado; los hay que, habiendo sido fieles a eso que se dio en llamar el Juancarlismo, no entienden hoy por qué el viejo patrón no reconoce en su hijo un sustituto con más cualidades para lidiar con este complicado presente. Mientras al Príncipe se le aprecia cada vez mayor desenvoltura en su labor diplomática, al Rey se le advierten unas dificultades físicas que agrían su carácter y desconciertan al público. No sé qué asesor le habrá aconsejado al Rey que el antídoto de la impopularidad es la sobreactuación, quien sea se equivoca. O se equivoca él mismo. O se equivoca el Príncipe por no tener el Elvira-Lindovalor de tomar a su padre del brazo y llevarlo hasta ese rincón privilegiado donde todo viejo patrón observa el curso de los nuevos tiempos. Si no lo remedian pronto, perderán la cada más exigua clientela y al Príncipe solo le quedará la opción de presentarse como candidato a la presidencia de la III República, que tampoco está mal. /Texto: Elvira Lindo.

luissuarezavila_f_puertosantamariaPoco después de las nueve de la noche del miércoles, 7 de septiembre de 2001 daban comienzo los cultos anuales en honor de la Patrona, Titular de la Ciudad y Alcaldesa Honoraria Perpetua de El Puerto, la Virgen de los Milagros. Según rezaba la convocatoria tradicional, se los dedicaban su Archicofradía y Esclavitud, el Venerable Clero y el católico vecindario de esta Ciudad.

El primero de los actos fue el pregón pronunciado por el abogado portuense y colaborador de Gente del Puerto, Luis Suárez Ávila, que fue presentado por el académico de Santa Cecilia, Enrique García Máiquez, quien dijo del atípico pregonero que era un ilustrado, artista por herencia familiar, erudito en múltiples disciplinas, generoso en el tiempo que le dedica a amigos y a cuantos se le acercan; que ayuda de muchas formas a la raza gitana, y que tiene la gracia gaditana de decir las cosas en serio.

Fue un pregón intimista, histórico, y mariológico, con un toque poético que incluía varios sonetos de Luis Suárez Rodríguez, padre del pregonero, quién avisó que «--Pregonar, es proclamar algo que conviene que otros sepan», y quiso dejar bien sentada la diferencia entre la historia y la leyenda que envuelven la historia de Nuestra Señora de los Milagros, por otro nombre Santa María del Puerto.

alfonso_x_F_puertosantamariaAPARICIÓN O ENCUENTRO.

Así, Suárez se refirió a las redacciones tardías de la leyenda que dicen de Nuestra Señora se apareció a Alfonso X y le instó a conquistar la ciudad. El pregonero abogó por  la tradición más antigua. Y es que la imagen fue escondida por los cristianos que ya habitaban Alcanate, sobre 1253. Encontrada la imagen con posterioridad, entre 1255 y 1257 por los repobladores en el Pozo Santo, donde luego se construiría el Santuario Mariano que es hoy la Iglesia Mayor, se produjo una tremenda convulsión en la ciudad, -lo cuenta en la Cantiga 328 Alfonso X- que pasó a llamarse Santa María del Puerto, en lugar del pactado nombre a conservar con el alguacil moro,  de Alcanate. La aparición de la imagen cambió la vida y hasta el nombre a la puebla. Fueron tantos los prodigios, acontecimientos excepcionales, y ‘milagros’ que se trocaría el nombre de la imagen de Santa María de El Puerto a Nuestra Señora de los Milagros. Con esa doble advocación se habla de Ella en los primeros estatutos que conserva la Archicofradía de la Esclavitud, extendiéndose Suárez en los orígenes de la hermandad y sus títulos.

virgenmilagros_camarin_F_puertosantamariaLA MÁS CANTADA.

Abundó el pregonero en que  la Virgen de los Milagros ha sido la más cantada de todos los siglos, de todas las épocas, en el Cancionero Marial más importante de la Edad Media, las Cantigas, pasando por los Siglos de Oro, el de las Luces, el XIX y el XX. Y se explayó con la nómina de trovadores que fueron de la Gran Dama en los últimos siete siglos, que hasta en el British Museum se conservan epigramas latinos dedicados a Milagros. /En la imagen de la izquierda, pintura situada en el remate de la escalera de acceso al Camarín de la Patrona, en la Capilla de la Virgen de los Milagros.

Trajo a colación Suárez que “Joseph Snow, profesor de Literatura Española de la universidad de Michigan, que vino aquí, al camarín, a conocer a la Señora, cuyos milagros había estudiado tantas veces en las Cantigas, escribió que El Gran Puerto de Santa María es un exvoto de Alfonso X a la Virgen. Toda la Ciudad”. 

virgenmilagros_exvototaurino_F_puertosantamariaY es que “la Ciudad es, genitivamente, propiedad de María: El Puerto de Santa María. Sus hijos somos de su propiedad. Y ella nos mira “como a cosita propia”, que dice el verso rotundo de una siguiriya gitana.” /En la imagen de la izquierca EXVOTO que se encuentra en las escaleras de acceso al Camarín de la Virgen, único, que se conozca, referido a una cogida en una corrida de toros.

El vecino de la calle San Juan, se rebuscó, se recreó y se renovó, meditando, recitando, unos sonetos que su padre compuso a Milagros, con los que medió y terminó su brillante y nada convencional pregón: “Si para Él te escogió, negarte nada/ podría quien de sí te fue donado./ Hija, Madre y Esposa en un trazado,/ dejó la Trinidad en ti trazada.” Dejó dicho Luis Suárez.

alberti_vm_F_puertosantamariaRAFAEL ALBERTI Y MILAGROS.

Recordó el pregonero los cantores a la Virgen, entre los que destaca Rafael Alberti Merello, “que además de hacerle versos, la pintó, nostálgico de su crianza y de su pueblo, en una puerta de su casa de Punta del Este, en Uruguay: La Virgen de los Milagros, sobre una barca, en el Guadalete, bajo una guirnalda de grímpolas que van desde una a la otra banda”. /En la imagen de la izquierda, dibujo de Rafael Alberti sobre la Virgen de los Milagros.

Suarez se refirió también a que “Rafael Alberti le decía a José Ignacio Buhigas en una entrevista, que la Virgen es la destinataria del más importante cancionero del XIII, las Cantigas, y la imagen mariana española más cantada por los poetas, de todos los siglos. Y, ante la Virgen, en el camarín, añadía Rafael Alberti a José Ignacio: «Y esto debe saberse»”

Poema de Rafael Alberti dedicado a la Virgen de los Milagros; pulsando AQUÍ, se accede a un enlace con el texto del poeta y la voz de Nuria Espert.

PREGONERO A ESPALDAS DE SU MUJER.

Luis Suarez desveló que, por razón de su contrato de matrimonio con la Hermana Mayor de la Esclavitud (le afecta el impedimento de vínculo o de afinidad, que diría el Derecho Canónico), se había negado a pronunciar el pregón; y que la Junta de Gobierno de la citada hermandad fue a verle en comisión y le instaron a que no le participara su propuesta, que se hizo a espaldas de Pepita Lena. Tuvo recuerdos para el poeta José Luis Tejada: “casi como un hermano mayor que yo tuve. Poeta redondo, entroncado con los clásicos, con las vanguardias y con la poesía popular, que llamó a María de los Milagros ‘requeteinmaculada’ ”.

patrona_juanlara_F_puertosantamariaCURIOSIDADES DEL PREGÓN.

Solo cuatro miembros, de la Corporación Municipal asistían al acto: el alcalde, Hernán Díaz; el delegado de Fiestas, Fernando Gago, y los concejales populares Rafael Vallejo y Juan Ramón Castillo. ¿Para cuando una celebración civil del Día de El Puerto, conmemorando la fundación por Alfonso X, el 16 de diciembre de 1281? La expectación que produjo el anuncio del pregonero, atrajo a más fieles que de costumbre al Templo, mayoritariamente femenino: 70% frente al 30% masculino. /En la imagen de la izquierda, óleo sobre lienzo de Juan Lara Izquierdo, que se conserva en la Academia de Bellas Artes, Santa Cecilia.

Entre los asistentes, el párroco de la Prioral Diego Valle; la Hermana Mayor de la Archicofradía, Pepita Lena; el Presidente del Consejo Local de Hermandades, Gonzalo Ganaza; el otrora pregonero Francisco del Castillo; la mezzo-soprano Merche Valimaña. Como en un viaje por el tiempo, nos transportó Suarez, empezando su erudita alocución en latín, como los sermones antiguos, que luego tradujo a la lengua del común, para alivio de los asistentes. No  podía ser menos. El pregonero vestía elegante terno de color gris oscuro, con corbata de seda, y gemelos. Por tres veces se emocionó Suarez, al recordar a los ausentes: Juan Luis Bermudez, José Luis Tejada, y a su padre. /Textos: José María Morillo

Más información de Luis Suárez Ávila en GdP. Nótula núm. 128.
Más información sobre la iconografía de la Virgen de los Milagros, aquí.

El pregón de la Patrona, completo, pulsando aquí

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serafinalvarezcampanagaztelu_puertosantamariaEl Puerto de Santa María ha tenido ilustres vecinos, hijos de la Ciudad, que han destacado por diversas facetas en la historia de las letras, las artes, las ciencias o en el ejercicio de su profesión. Este es el caso de un porteño que traía en 2008  con su persona y a la Ciudad, la primera Medalla al Mérito en el Servicio a la Abogacía que se concede a un licenciado en Derecho nacido en la localidad, otorgada por el Consejo General de la Abogacía Española.

Serafín Álvarez-Campana y Gaztelu, padre de familia muy numerosa, abogado desde hace 50 años -y todavía, con sus más que suficientes años que no aparenta, ejerce con algún asunto por ahí- se licenció por la Universidad de Sevilla y empezó desde muy joven desde el bufete de su padre, cuya cartera de clientes consolidó y amplió.

Persona muy conocida y relacionada en El Puerto. Creo que lo conozco desde que tengo uso de razón. Y es que, de chico, iba con mi padre a la Academia de Bellas Artes ‘Santa Cecilia’ de la que Álvarez-Campana fue su presidente, y allí estaba Serafín, impulsando la Cabalgata de los Reyes Magos, la que a los niños nos traía más ilusión que juguetes.

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Serafín Álvarez Campana en el centro, magníficamente rodeado por un grupo de jóvenes en 1964, en el callejón de la Plaza de Toros,  durante la corrida de las Fiestas de la Hispanidad. Distinguimos, agachados a la izquierda a Luis Suárez Avila e, igualmente agachado a Fernando Gago García.

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En el desaparecido Teatro Principal, durante los Juegos Florales. Le precedía en el uso de la palabra Francisco Montero Galvache.

Había una obra de teatro en el Principal, representada por una compañía de aficionados locales, y de nuevo veía a Serafín interpretando algún personaje de ‘El Divino Impaciente’. Recuerdo que también le vi, en un abrir y cerrar de ojos de mi memoria, entre las desaparecidas botas de Casa Lucas, en animada tertulia con las fuerzas vivas de la época.

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De izquierda a derecha Serafín Álvarez-Campana, Eligio Pastor Nimo, Isabel Portillo Cía de mantilla y Eduardo Ruiz-Golluri en el Parador de Fuentebravía. Año 1964.

También fue organizador activo de los Juegos Florales que con motivo de la Fiesta de la Hispanidad, se celebraban en el Teatro; eran días de jornadas de puertas abiertas en los barcos de la Armada Española que estaban amarrados en el cantil del muelle pesquero, con desfiles y composiciones musicales interpretadas por bandas de música de la Marina de Guerra.

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Actuando como abogado sobre los terrenos y obras del Colegio de La Salle, ante  S.E.R. el Cardenal José María Bueno Monreal, a principios de la década de los sesenta del siglo pasado. /Foto: Rasero.

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En la imagen de izquierda a derecha, Eligio Pastor, Camacho, Juan Lara, Serafín Álvarez-Campana y Alfredo Bootello, durante la inauguración del Aula de Pintura ‘Juan Lara’, en la actual sede de la Academia de Bellas Artes ‘Santa Cecilia’.

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La imagen capta la entrega de la Banda de Honor del Club de los Polémicos de Bellas Artes, a Serafín Álvarez-Campana. De izquierda a derecha: Francisco Guerrero Rosso; Antonio de la Torre González; Manuel García Sánchez; Francisco Basallote Roca; Serafín Álvarez Campana Gaztelu; Manolo (se le ve un poco la cara); Angel Pantoja del Puerto; JosÈ Beltrán; Repetto; Manuel Lojo Espinosa; Juan Sánchez Romate (se le ve un poco la cara). (Foto: Pantoja).

Por lo que le he seguido, -como he seguido la trayectoria de tantos amigos de mi padre- se que ha colaborado con diversas publicaciones religiosas y pregonado, entre otros, los actos de exaltación del Rocío.

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Los concejales Serafín Álvarez-Campana, Rafael Sevilla, Miss Simpatía y Manuel Lojo, durante la Feria de 1973 en un acto de entrega de premios en la Caseta Municipal.

Siendo concejal de Parques y Jardines, en la década de los setenta del siglo pasado, con el alcalde Fernando Terry Galarza, sus compañeros de la Junta de Gobierno Local -entonces llamada Comisión Permanente- acordaron por unanimidad darle una sorpresa como reconocimiento a su labor.

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Fuente de San Serafín, en el Paseo de la Victoria. Septiembre de 1972.

Bautizaron con el santo nombre de ‘Fuente de San Serafín’ a la que se encuentra junto a la Ermita de los Caminantes, en el Paseo de la Victoria, por el eficaz trabajo de remozamiento y ajardinado que, sobre dicha fontana, se realizara bajo el mandato del concejal Álvarez Campana camarista que fue, al igual que su madre, de dicho oratorio de los Caminantes, que ha tenido desigual suerte en los últimos años.

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Homenaje recibido por nuestro protagonista en el antiguo Salón Parroquial de la Iglesia Mayor Prioral, donde se encontraban las obras de Rodríguez Losada. De izquierda a derecha, el maestro Antonio Nogués Ropero, el Primer Teniente de Alcalde, Carlos del Poyo Navas, el Arcipreste Manuel Salido Gutiérrez, el homenajeado y el médico Joaquín Muñoz Bela. 28 de abril de 1974.

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El Pregón de 1995 de la Hermandad del Olivo fue ofrecido, conjuntamente, por Juan Ignacio Varela Gilabert, Manuel Martínez Alfonso, Serafín Álvarez-Campana Gaztelu, Francisco del Castillo-Merino Tellería, Juan Durio Siloniz, Luis Suárez Ávila, Enrique Pedregal Valenzuela, Jesús Nogués Ropero, Antonio Muñoz Cuenca y Juan Villarreal Panadero.

Cada vez que escucho "Morillito" se que quien me llama es el bueno de Serafín, cuyo sentido del humor tengo acreditado desde hace muchos años y que él renueva constantemente con las nuevas generaciones que con él se relacionan ¿Verdad Silvia Díez y Juan Fernández de Mesa? Desde que le dieron la merecida distinción en la capital gaditana el Ilustre Colegio de Abogados, ya esta El Puerto en el medallero, por Derecho. /Texto: José María Morillo.

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El enfrentamiento entre los líderes socialistas locales terminó dando el poder al tránsfuga popular Hernán Díaz en el momento más  propicio de la expansión, en 1991, y la sombra del alcalde de IP ha marcado la vida municipal de estos años

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La mesa de edad para elegir al alcalde del mandato 1987-1991, presidida por los concejales de mayor y menor edad, respectivamente, Antonio Álvarez y Enrique Bartolomé, asistidos por el secretario Fernando Jiménez, el Interventor, Antonio Durán, el ordenanza Polanco y el oficial de actas, Jesús Nogués. Mayo de 1987.

Cosas de dos. Uno era el califa, el alcalde, Juan Manuel Torres;  el otro era Iznogud el visir, el que quería ser califa en lugar del califa, José Antonio Navarro, poderoso concejal que desde el área de Deportes escaló hasta la de Urbanismo, donde pocos años antes había iniciado su ascenso  en la política la jefa del PP local (entonces AP), Teófila Martínez, con el efímero acuerdo entre populares y socialistas que echó fuera de la silla de la Alcaldía al comunista Rafael Gómez Ojeda, tras la acre moción de censura de 1986. Sí, Urbanismo. Ahí estaba el quid. La piedra angular era Urbanismo. La clave de una ciudad que había acelerado el proyecto de Puerto Sherry y tenía su primer PGOU a punto de caramelo con dos infraestructuras fundamentales sobre la mesa del Ministerio de Obras Públicas: el desdoblamiento de la N-IV a su paso por El Puerto caminito de Jerez y, más ambiciosa aún, la variante a su paso por el término municipal, incluida las nuevas conexiones hacia Rota y Sanlúcar. De esta manera, por cierto,  se acababan los graves atascos estivales que emborronaban la ciudad turística de moda en la provincia de Cádiz.

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Durante una visita al Yacimiento de Doña Blanca. Arriba a la izquierda el alcalde Torres, el diputado provincial Fernando Suárez, Diego Ruiz Mata, el Viceconsejero del Cultura García Garrido y José Antonio Navarro. En la fila inferior, el ex alcalde Antonio Alvarez y Luis Fuentes, a la sazón Jefe de la Policía Municipal y persona clave en el posterior juicio que desembocó en la destitución de Hernán Díaz como alcalde.

El Puerto, contra viento y marea. Era el lema de Juan Manuel Torres, que formaba una pareja antagonista digna del tebeo con Navarro, bicefalia de un gobierno municipal integrado también por concejales  independientes tránsfugas que dejaron sus respectivos grupos. En las elecciones de mayo de 1991 el PSOE portuense, carne de enfrentamientos internos, obtuvo 5.241 papeletas que suponían una pérdida de más de 2.500 apoyos respecto a las elecciones municipales del 87, comicios que en verdad habían refrendado el pacto anti-natura entre socialistas y populares.

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Hernán Díaz dirigiéndose a sus seguidores en un acto en la sede de campaña.

La inesperada victoria de aquella noche fue para el que había sido pintoresco concejal de Vías y Obras, fugado del PP y azote populista llamado Hernán Díaz. Con el apoyo de comerciantes locales e invocando el pundonor hacia una ciudad donde siempre predominó la resignación y la apatía, Hernán creó el PU (Portuenses Unidos) que se transformó en un más pretencioso Independientes Portuenses IP. En la lista también se encontraba un joven abogado, Enrique Moresco, que en el declive de esta formación localista terminaría liderando la lista del PP local en las elecciones de 2007 con la carambola de los populares de aspirar a controlar la Diputación. Los independientes ganaron con 6.213 votos,  para 7 concejales, que cundieron como nunca. El pueblo había protestado de su desencanto hacia el dúo Torres y Navarro, que terminaron de enfrentarse en la derrota. Derrota que terminaría agravándose al pactar (ya entonces con Luis Benvenutty liderando el grupo socialista) con los independientes y darles las alas para que terminaran de volar alto. Por cierto, 24.948 votantes se quedaron en casa. El absentismo es el líder desconocido de la política portuense.

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Un Hernán Díaz victorioso, aupado por sus seguidores, tras conocer el resultado de la campaña electoral.

Díaz Cortés se encontró con todo lo que el dúo Torres-Navarro iba a explotar a partir del 90. PGOU, carreteras, inversiones. Tras alguna pataleta, apoyado por el suicidio socialista,  el nuevo alcalde transformó el bastón de mando en una varita mágica. La defensa de la patria chica justificaba todo, incluso mirar hacia otro lado con las viviendas ilegales (gran vivero de votos del 91) mientras todo crecía de una forma sobredimensionada para una ciudad de 70.000 habitantes. Polígonos industriales morrocotudos, colmenas de unifamiliares, centros comerciales duplicados, empresas privadas en un falso esplendor y empresas municipales de dudoso destino. También algún aparcamiento subterráneo con calzador, como el de la plaza Peral. Entre estómagos agradecidos y cerebros sugestionados consiguió en 1995 una victoria imperial con 16.522 votos, 16 concejales, y una oposición empequeñecida y siempre cabreada. Comenzaba la gran fiesta de IP mientras en las afueras se avivaba también la gran barbacoa de la construcción ilegal. Esos casoplones en cualquier parte, incluso en parajes de protección natural (lagunas, Pinar de Coig), contribuyeron a despoblar el casco urbano y a agudizar la burbuja inmobiliaria que en el nuevo siglo adquiriría en El Puerto tintes de catástrofe ineludible. Y para colmo, los más perjudicados de este desatino fueron los integrantes del propio tejido comercial de siempre de la ciudad: los primeros entusiastas de Hernán, al que llegaron a fabricarle medios de comunicación a su medida.

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La trasera derribada del Palacio de Vizarrón o 'Casa de las Cadenas'.

La euforia populista se transformó con los años en soberbia fatalista. Las limitaciones intelectuales del alcalde, con equipos de perfil bajo (lo más frecuente en el Polvorista a lo largo de la historia reciente) dejaron huella en la fisonomía de la ciudad, en una lenta pero progresiva decadencia que se fue agravando mientras se camuflaba con el buen momento económico del país. El derribo de parte de la Casa de las Cadenas o el estribo del puente de San Alejandro, en 2004, sólo fueron evidencias de una nefasta gestión que venía desde atrás. El punto de inflexión hacia el declive de IP, acompañando al de la propia ciudad, se produjo con la marcha del entonces número 2, el edil de Urbanismo (otra vez  el Urbanismo), Miguel León.

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En la imagen, el carnicero Juan Barrero, último presidente de Tele Puerto, entrega una placa a Hernán Díaz, en presencia de Miguel León y Juan Bocanegra.

El duelo Torres-Navarro se volvía a reproducir, ahora casi con tintes de parodia. IP perdía su mayoría en las elecciones de 1999 y el enfado en la bicefalia de IP terminó con León en el Grupo Mixto y con Pedro Alamillos, un concejal que había comenzado en el PSOE, de responsable de Urbanismo en 2001. El PGOU iba agotando su vigencia y se tardarían más de once años en alcanzar (y recibir la aprobación) de un segundo plan integral: representación de la incapacidad de unos gobiernos locales desbordados por el monstruo que se había ido erigiendo antes sus ojos.

Las elecciones de 2003 ratificaron que el invento de Hernán sólo estaba sustentado por la piel del tambor, por ese pellejo de agregados, adictos e interesados de una gestión ya más enajenada que populista. Pero en esas volvió de nuevo el PSOE a dispararse en la sien creando un pacto exigido desde el entonces presidente de Diputación, Francisco González Cabañas. IP sobrevivía fagocitando a las vértebras de la espalda socialista. Y a Hernán Díaz le llegó un final inesperado y definitivo. Y no por asuntos urbanísticos, cuando se suman las imputaciones para él y el concejal de Urbanismo en estos coletazos, Juan Carlos Rodríguez.

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Ediles de diversos periodos democráticos, posando en un acto institucional en el Monasterio de la Victoria.

Desde años atrás venía rondando la denuncia de un antiguo jefe de la Policía Local, Luis Fuentes, por la inopinada contratación de José Díaz Otero en 1995 como supervisor de la Jefatura.  Unos lamentables recursos, en línea con todo lo que había sido administración de Hernán Díaz en aquellos años, fueron insuficientes y en julio de 2006 el alcalde independiente era inhabilitado en los tribunales.  Y de nuevo aparecen por aquí Torres y Navarro. Estos chicos. Fuentes se enfrentó a Navarro en la sustitución estival de 1988 cuando era califa en lugar del califa. Navarro lo expedientó con la aprobación posterior de Torres, pese a que éste apoyaba a Fuentes. 

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Con Hernán fuera el pacto con el PSOE estaba obligado a romperse, dejando ya a los socialistas sin futuro en El Puerto durante un par de generaciones, y Fernando Gago fue el transitorio alcalde hasta las elecciones de 2007 que llevarían a la presidencia de la ciudad a cualquier candidato que pusiera el PP. Y ese candidato era Enrique Moresco, impuesto por los líderes regionales Javier Arenas y Antonio Sanz, con vistas a controlar la Diputación (sí, otra vez la dichosa Diputación), tras haber dejado al ex concejal independiente fuera del tablero y presentándolo como atracción de los votos de IP, aunque finalmente no se cristalizaron unas previsiones que sólo habían estado en la mente de Sanz o de Arenas. El Puerto siempre es más complejo, poliédrico y, eso sí, apático de lo que parece. Al final Gago fue el que terminó de dar oxígeno, en un nuevo ejercicio de transfuguismo, en esta decadencia de Hernán Díaz sin Hernán Díaz: el fantasma que late tras la silueta fantasmal del casco urbano de El Puerto, con Moresco como heredero del independiente con las siglas del PP. El impetuoso concejal andalucista, Antonio Jesús Ruiz, muleta para ese primer gobierno de Moresco, fue el que consiguió rentabilizar su gestión  y en 2011 conseguía 4 concejales que son las cuñas que aún cuadran la mesa de los populares en una administración que vuelve a traer más melancolía a una ciudad inundada de incómodas calles sin saber qué son, grafitis, bolardos y pasarelas que, por ahora, no llevan a ningún sitio.  /Texto: Francisco Andrés Gallardo.

rafaelalberti_poeta_puertosantamariaComo si en realidad existiera un Ángel de los Números que fuera contando las jornadas de luto: un año de oscuridad por cada uno de luz, más dos de propina. Cuando salió al exilio, Alberti  tenía treinta y seis años. Cuando volvió, habían pasado treinta y ocho. Casi cuatro décadas dan para mucho. Para más de treinta libros y una hija, para varias casas, para miles de cartas. Para lidiar con el desencanto. No es difícil pensar que la desilusión creciera a medida que los años transcurridos en uno y otro lado, dentro y fuera de la frontera, iban igualándose en la balanza.

Comentaba Rafael Alberti  en una antigua entrevista que, a su llegada a Buenos Aires en 1940, ni él ni María Teresa León querían comprar "ni siquiera una silla", en la confianza de que la situación que se vivía en España sería temporal. De esa aleteante creencia se pasó, al término de la contienda mundial, a considerar lo terrible. A hacer de lo provisional una certeza y a convertir en eterno el sentido de ausencia. Tal vez, en algún momento, Alberti  llegara a pensar que luchaba realmente contra una sinrazón imbatible y que algún poder extraño debía andar tras aquellos que hablaban desde lo alto y que, desde lo lejos, parecían intocables y eternos. Cuatro décadas dan para mucho. En 1941 nacería, bonaerense, Aitana Alberti . La familia permanecería en la Argentina durante veinticuatro años.

la-arboleda-perdida-rafael-alberti_MLA-F-2970565026_072012A Italia llegarían en 1963: pasarían otros catorce años hasta que el poeta pudiera pisar de nuevo suelo español, en abril del 77. Un año después del nacimiento de su hija, Alberti  publicaría en México el primer volumen de La arboleda perdida, su libro de memorias. "Si ha habido un poeta en el destierro que siempre haya recordado a España, ése he sido yo", decía. Una nostalgia que iría plasmándose en libros como Ora marítima o Retornos de lo vivo lejano. Aunque prácticamente no hay obra del portuense en la que no se refleje su necesidad de amarre, su sentimiento de pérdida. Esta herida haría de su nombre y de su imagen, ya siempre, un icono de los intelectuales represaliados.

En Sudamérica, Alberti  publicó títulos como Entre el clavel y la espada, El Adefesio, A la pintura o Noche de guerra en el Museo del Prado. Impartió numerosos recitales y conferencias, recuperó su faceta de pintor, participó en distintas exposiciones y cultivó vínculos imborrables. Visitó varias veces la URSS y algunos países de la Europa del Este. Rafael Alberti  vivía entonces, en realidad, un segundo exilio. El primero, doméstico y premonitorio, lo había experimentado durante su juventud, cuando la familia se trasladó a vivir a la capital de España -"No quería estar en Madrid, no me gustaban sus colores (…) Sentía la nostalgia de la espuma de mar", afirmaba en unas declaraciones a ABC-. Ejercía ya entonces, en su juventud, de andaluz exiliado.

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De izquierda a derecha, Rafael Alberti, María Teresa León y Pablo Neruda.

La otra expulsión, al término de la Guerra Civil, tuvo en París -en casa de Pablo Neruda y la emisora Radio París-Mondiale- su primerísima parada. El cerco alemán obligaría al matrimonio a partir poco después hacia América. "Yo quiero volver a Italia con María Teresa y mi chica. Ahí me siento bien y lleno de cosas. Aquí me muero poco a poco", escribe en una carta de 1951 desde La Gallarda, en Punta del Este. La familia no llegaría a Italia, sin embargo, hasta mucho más tarde, siendo éste un destino que los Alberti  escogieron buscando un país que estuviera cerca de España, escarmentados por las experiencias con la Policía francesa y alentados por la ascendencia italiana del escritor, que incluso recordaba a sus tíos hablando en italiano.

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En Roma, con José Agustín Goytisolo en 1964.

En Roma, en la vía Giulia y en el Trastevere, Alberti  aseguraba haber podido vivir "sin ser molestado". Su estancia en el país italiano le facilitaba, además, el contacto con sus compatriotas. En Italia, el poeta pudo recuperar la luz que había extrañado durante tanto tiempo, pero aún se dolía lo suficiente como para escribir los versos perturbadores de Roma, peligro para caminantes . El regreso y los recuerdos de lo vivo presente

alberti_avion_puertosantamariaAlberti  volvería a pisar suelo español el 27 de abril de 1977. Bajó del avión acompañado de su mujer y de su hija y no paró de repetir, en todo momento, que regresaba a España "con el puño cerrado y la mano abierta". "No quiero decir nada emotivo porque tenéis que daros cuenta de lo que siento ahora -fueron sus primeras palabras-. Estoy igual que cuando me fui o, quizás, mejor que entonces". Entre los títulos más vendidos de la III edición de la Feria del Libro de Madrid, que se celebraba por esas fechas, estaban El Libro Rojo de Mao; Dios y Estado, de Bakunin; la Obra poética de Miguel Hernández y dos obras de Alberti : El poeta en la calle y La arboleda perdida. El escritor, sin embargo, no se dejaría ver por la cita editorial madrileña y tardaría más de un mes, de hecho, en pisar la provincia gaditana: cosa que haría coincidiendo con un mitin organizado por el Partido Comunista en el Paseo de Santa Bárbara.

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Con Santiago Carrillo en un mitin del Partido Comunista.

Alberti  llegaría a El Puerto el lunes 23 de mayo, en el tren que salía desde Madrid. El viaje duraba doce horas, a las que hubo que añadir dos horas más de retraso. El periodista Agustín Merello  lo acompañó durante el trayecto. "Yo he sentido profundamente la lejanía porque, conmigo, se fueron todos los muertos de la guerra, los dolores de los que emigraron", comentaba el poeta.

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Con su sobrino, Agustín Merello, en el viaje en tren de regreso a El Puerto.

A su llegada a Sevilla, les dijo a los que esperaban: "Estoy haciendo el camino de la libertad". Había escrito la Poesía del regreso con la intención de leerla al llegar a su destino, "si es que había alguien" esperándole. Y en El Puerto había tal tumulto aguardándolo que Alberti  apenas pudo salir del tren . A la mañana siguiente, Rafael Alberti  dio un paseo por su ciudad natal, un lugar que encontró bastante fiel a las imágenes que guardaba en su memoria: "Me acostumbré tanto a rodar por el mundo que ya pensaba que no era de ninguna parte -confesaría justo después-, pero los recuerdos vividos esta mañana resultan suficientes para escribir algunos nuevos retornos, no ya de lo vivo lejano, sino de lo presente". /Texto: Pilar Vera

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Joaquín Calero Muñoz nació en Barcelona en 1920, siendo alcalde de El Puerto Manuel Calderón Paz. Hijo de Joaquín Calero Cuenca --quien fuera alcalde de la Ciudad-- (ver nótula núm. 925 en GdP) y de Luisa Muñoz del March, cuarto de cinco hermanos: Antonio, Luisa Rosa, Joaquín, María Soledad y Francisco. En el censo de 1920 la Ciudad tenía 18.839 habitantes de hecho 18.951 habitantes de derecho y 4.524 hogares. Nacía, también, el pintor Juan Lara Izquierdo el 9 de mayo.

casadelaaduana_casaflores_puertosantamariaLLEGADA A EL PUERTO.

En 1912 su padre ingresa en el Cuerpo de Aduanas, siendo destinado a diferentes poblaciones, siendo esa la circunstancia por la que Joaquín nace en Bercelona, siendo destinado a la Aduana de El Puerto en 1924 a donde se traslada con la familia, es decir que nuestro protagonista vive en esta población desde los cuatro años.

En nuestra Ciudad la familia paterna fijó su residencia en tres ubicaciones distintas; en la Plaza de la Herrería esquina con Jesús de los Milagros, la segunda, en Micaela Aramburu frente al extinto Hospital Municipal y  Capilla de los Afligidos, y la tercera, en la calle Vergel del Conde O’Reilly (en la actualidad Ribera del Marisco, donde hoy se encuentra Restaurante Flores), en cuya planta baja  estuvieron ubicadas las oficinas de Aduana. /En la imagen de la izquierda, la Casa de la Aduana, donde en la actualidad se encuentra el restaurante Casa Flores. A la izquierda el Bar Nuevo Échatepayá.

Estudió en el Colegio de las Carmellitas de El Puerto,  Colegio de A. Quero, José Luís Poullet. En Ronda, en el internado de los Salesianos fundación Moctezuma. En Madrid, academia preparatoria de oposiciones al Ministerio de Educación y Ciencia Iturriaga-Aguirre. Hizo el servicio militar en la Armada.

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Tribunal y candidatos aprobados en las oposiciones a Catedrático de Instituto de Enseñanza Media. Joaquín Calero Muñoz resultó ser uno de ellos, en el centro de pie. Los sentados son los que formaron parte del tribunal. 12 de marzo de 1975.

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Durante una visita a Osborne, nuestro protagonista en el centro de blanco, con integrantes de los Cursos de Verano. A la izquierda, Ramon Bayo Valdés (ver nótula núm. 664 en GdP).

ACTIVIDAD DOCENTE.

Fue profesor titular de Ciencias en el Instituto Laboral, hoy Santo Domingo, del que sería director en varios periodos, así como catedrático numerario cuando fue Instituto Técnico de Enseñanza Media; en el Colegio de las Hermanas Carmelitas de Física y Química; en el Instituto Padre Luís Coloma de Jerez de la Frontera. Estuvo de Profesor Agregado de Geología en el Colegio Universitario de Cádiz.  Fue uno de los fundadores del Colegio Universitario de Cádiz, en la rama de Geología, donde estuvo durante seis años, hasta convertirse en profesor agregado de la Facultad de Ciencias.

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De izquierda a derecha, Luis Caballero Noguera, cura desconocido, José María Gutiérrez Sánchez de Cos, desconocido y Joaquín Calero.

JEFE LOCAL DEL MOVIMIENTO Y DELEGADO SINDICAL.

Fue Jefe Local del Movimiento, organismo que nace tras la Guerra Civil, coincidiendo con los alcalde Miguel Castro Merello (ver nótula 1654 en GdP) y Luis Portillo Ruiz (ver nótula 966 en GdP), es decir entre los años 1958 y 1969. Fue Jefe de Sección de Protección Civil en el Gobierno Civil en Cadiz, y de allí pasó a ser Asesor Técnico de la Delegación Provincial del Trabajo en Cádiz. En la década de los 60 del siglo XX fue Delegado Comarcal del Sindicato Vertical.

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Firma de la cesión al Ministerio de Educación y Ciencia de la parcela de 2000 mt2 para la construcción de viviendas y campo de deportes para el profesorado del Instituto. De izquierda a derecha: Fernando T. de Terry Galarza (Alcalde de la Ciudad), desconocido, Joaquín Calero Muñoz, Delegado Provincial del Instituto Nacional de la Vivienda. 25.01.1973

Formó parte de la Comisión de Viviendas de Portección Oficial, organismo que se ocupaba de distribuir las viviendas entre las familias más necesitadas de El Puerto, por orden de prioridad, previo informe recibido del Comité Local de Trabajadores donde valoraban a estas familias. Una de las barriadas que él más recuerda es la de la Playa, frente al Club Náutico

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La imagen está tomada el 17 de diciembre de 1972, ante su estación de radioaficionado.

RADIOAFICIONADO.

Fue un gran radioaficionado, esa fue siempre su ocupación ociosa preferida, llegando a ser  miembro de la Red de Emergencia de Protección Civil, también amante de la electrónica, y como ya hemos señalado, en asuntos deportivos, la náutica.

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NACE EL ACTUAL CLUB NÁUTICO.

Como consecuencia de dicha afición, se reúnen un grupo de propietarios de embarcaciones de vela, entre ellos Luis Alcántara, Victor Unzueta Gabiola (ver nótula núm. 1595 en GdP), nuestro protagonista, Francisco Velarde, Miguel Merello Reynolds, quienes fondeaban en las inmediaciones del Muelle San Ignacio, con el inconveniente de que las corrientes del río y las variaciones de los vientos por la influencia de las edificaciones junto al Guadalete, que produjeron varios accidentes al ser arrastradas dichas embarcaciones hasta el Puente San Alejandro. Este fue el motivo de trasladar los fondeadores a donde actualmente se encuentra el Club Náutico, ya que en aquellas fechas no existía ninguna instalación de este tipo en el río. Al principio se instaló una caseta de playa propiedad de Miguel Merello Reynolds para alojamiento de un guarda de los barcos.

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Caseta del Club Náutico, traída del Náutico de Cádiz. 1957.

A partir de entonces se reúnen los antes citados con varios portuenses, entre los que se encontraba Miguel Duro del Moral,  aficionado también a la náutica deportiva, y forman la junta directiva nombrando a Duro presidente de la misma, Calero como tesorero, Victor Unzueta secretario y Juan Gavala Laborde (ver nótula núm. 442 en GdP) presidente honorífico, para contactar con el Club Nautico de Cádiz, y tratar de conseguir la adquisición de la instalación de fortuna  que existía en dicho club y que se iba a desmantelar para construir una caseta de obra.  Dicha instalación se trataba de una caseta de grandes dimensiones y llegaron al acuerdo de trasladarla a El Puerto, tras un pago simbólico, ya que el club gaditano se iba a deshacer de ella. Con la estimable ayuda de Enrique Letang , se trasladó dicha caseta y se instala donde actualmente se encuentra el Club Nautico, con el correspondiente permiso de Obras de Puerto --hoy Autoridad Portuaria-- a quien pertenecían dichos terrenos. La junta directiva creada para fundar el club, emite una especie de acciones, sin valor en bolsa, que colocan entre varias empresas y portuenses con idea de conseguir ayuda económica para acondicionar dicho club.

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Preparados para una Fiesta de Disfraces en el Club Nautico. De izquierda a derecha: Pilar Benjumeda Molleda; Joaquín Calero Muñoz; Sara Roncero Cardiel; Miguel Duro del Moral; María Vaca Roa.

Era un buen viajero que aprovechaba las vacaciones estivales para conocer las zonas costeras de España y Portugal, así como algunos estados de América del Norte y países de América del Sur. Como miembro de la Federación Española de Camping-Caravaning recorrió Francia, Bélgica, Holanda, Países Nórdicos, Repúblicas Bálticas, …

Contrajo matrimonio con la cañaílla Sara Roncero Cardiel el 16 de Julio de 1956, y tienen 5 hijos: Antonio, Joaquín, Eva, Sara María y Ramón, este último un reputado deportista náutico.

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