Antonio Collantes Ramos nació en la calle Mazuela núm. 6, frente a la fragua de Curro Canales, el 7 de noviembre de 1947, segundo hijo del matrimonio formado por Antonio y Milagros. Aquella unión duraría poco; su padre, panadero de profesión murió de leucemia a los 33 años dejando a su madre viuda con 28. Su madre se casó con el hermano de su padre, viudo también, que venía con una prole de siete hijos, más los tres de su madre, mas uno que tuvieron en común, formaron una familia mas que numerosa, entre hermanos, primos hermanos, entenaos y hermanastros a la vez. Está casado con Ángela Ruiz González, de cuyo matrimonio celebrado en 1973, tienen tres hijos.
APRENDIZ DE BARBERO.
Antonio estudió en el Colegio del Polvorista y a la vez se buscaba la vida, con la edad de 9 años, como aprendiz de peluquero en la Barbería de La Placilla, frente a la tienda de frutas y verduras de Agustín Vela. Como no le daba tiempo a todo, cambió los turnos. Así, su jornada laboral empezaba a las 9 de la mañana y acababa cerca de las 10 de la noche para, a continuación recibir clases desde las 10 de la noche hasta las 12 en el Colegio de los Jesuitas.

Casa de Vecinos de la Calle Mazuela. Año 1954. El primero en el centro nuestro protagonista, con 7 años; a su derecha 'el Vivi', Vicente Arniz, electricista industrial. Arriba, de derecha a izquierda, su vecino Juanito que falleció muy pequeño; María, la hija de 'el Bicho'; Vicente, hijo de Mateo, el barbero de la calle San Juán esquina con Zarza, barbería que estaba frente a la actual farmacia y Antonio 'el Bicho' hijo de monosabio de la Plaza de Toros.
(En la fotografía de la izquierda de la imagen, Antonio, Felipe Romo 'el Lúa' y Joaquín Albert, el virtuoso guitarrista, vestido de deportes, en el Campo d ela Gimnástica, en 1959). A partir de las 12 de la noche jugaban a la pelota en los alrededores de la Plaza de Toros y a continuación se marchaba a su casa a cenar lo que hubiera para dormir agotado de la larga jornada. Al día siguiente, a las 8 de la mañana, otra vez en planta. Como recuerda Antonio, en la barbería estaba desde las 9 de la mañana de los lunes hasta la hora del fútbol del domingo en la que, los parroquianos que quedaban en dicho ‘centro social’ marchaban a ver el partido del Racing o del que tocara, a eso de las cinco de la tarde.

Bueno, en honor a la verdad hay que señalar que Antonio salía un poco antes pues, junto a su amigo Felipe Romo Martínez ‘el Lúa’ liaban las vendas que los jugadores de los equipos se quitaban antes del partido, lo que les permitía ver el encuentro gratis. Todo un detalle de Manuel Jarque, Chicharito (con nótula propia en Gente del Puerto) que les permitía divertirse con una de las pocas oportunidades que había para ello en aquel tiempo: el fútbol. Antonio, que era chico de los recados para las tiendas de la Plaza y alrededores tiene muchos recuerdos de aquel mercado que desarrollaremos convenientemente y con nótula propia en su momento. Entre recuerdos al restaurante económico La Placilla, de Manuel González Ceballos, o el Bar de las Liebres, están los bocadillos de recortes de chorizo que Leopoldo Castiñeira Gómez le preparaba como pago a los ‘mandados’ y evoca otro cariñoso recuerdo a su benefactor Manuel Gutiérrez ‘Cochino’ el tío, que le compró sus primeros zapatos. (En la fotografía, Antonio, Felipe Romo, 'el Lúa', Pellicer y Roberto Domínguez de los Reyes --tuvo una hamburguesería frente al Hotel Los Cántaros, que ahora vive, paralítico, en La Coruña. En 1959, recuerda Antonio, se conjuntó el mejor equipo de Rácing: Ginesta, Vaquero, Vilariño, Valdés, Hernández, y Tapia, con el que aparecen en la foto. Entonces jugaba con el Algeciras en Jerez y dejó tan buen recurdo que los chavales fueron a visitarlo al campo de la ciudad vecina en 1961, cuanto contaba Antonio con 14 años).

Antonio, en primer término, en la peluquería de Cuqui. Éste, en el centro de la imagen, atendiendo a un cliente con la navaja, ante la presencia de su joven hermano Juan.
SU MAESTRO, CUQUI.
Antonio permanecería en La Placilla hasta los 13 años. Francisco Varo Marchán, Cuqui, abre su primera barbería recién licenciado en Infantería de Marína, en la calle Cielos y sorprende a la ciudadanía con un innovador corte de pelo: el corte a navaja. Tal es su éxito que busca un aprendiz. Daniel Otero Rascón conocía a Antonio y conocía su formalidad y forma de trabajar y lo recomienda a Cuqui. Allí permanecerá hasta los 21 años, siendo su verdadero maestro en la peluquería, hasta que le toca hacer el servicio militar.

Durante el Servcio Militar, Antonio coincidió en Almería con el rodaje de la película Patton, de la que fué extra para la ocasión, posando en la fotografía con algunos compañeros en el papel de soldado alemán.
EL GENERAL PATTON.
Antonio es destinado primero al Campamento de Instrucción de Reclutas en Viator (Almería), donde tendrá la oportunidad de actuar como extra en la película El General Patton, en la que ganaba en 1968 sus buenas pesetas diarias. Mas tarde sería destinado al Regimiento de Ingenieros de Sevilla donde ejercería de peluquero. Allí fue compañero de Pinto, el hermano bailarín de Pansequito y del otro Chicharito, también de nombre Manolo que trabajaba para los Nuchera y que pintaba los rótulos y carteles del Teatro Principal hasta que se quemó este anfiteatro hace 25 años.

En el Parque Calderón en 1963. De izquierda a derecha: Juan Luis el de la ferretería; desconocido, el dessaparecido Vicente Femenía, Lolo Pérez primo del cristalero, Antonio y Pepe Mesa, que posa como limpiabotas, y que fué boxeador y hostelero (tuvo, enre otros, el Bar Rocío en la calle Sierpes).
SU PRIMERA PELUQUERÍA.
A la vuelta del servicio militar Cuqui le dice que su hermano ha sido instruido en el oficio y que ya no necesita de sus servicios. Así, Antonio se establece como autónomo pagando 200 pesetas mensuales por tal concepto, e instala en 1970 su primera peluquería en la calle Federico Rubio, en el tramo comprendido entre las calles Conejitos y Gatona. Serían clientes asiduos Luis Marroquín ‘el Maño’, Alfonso Marín y otros. A los pocos años se desplaza un poco más abajo, en la misma calle Pozuelo e instala su segunda peluquería, precisamente en el kiosco librería donde compraba a diario la prensa, donde permanecería hasta 1986. (En la imagen, Antonio a las puertas de la peluquería de Cuqui, donde aprendió la profesión).
LA ACTUAL PELUQUERÍA.
En 1986 había formado a una hermana y a un primo hermano en el arte de la peluquería de caballeros, que es como Antonio define a su tienda. Aunque desaparecida la antigua clasificación de barberías, peluquería de caballeros y peluquería de señoras, hoy todos los establecimientos de corte de pelo son peluquería unisex, en la nueva peluquería que adquiere Antonio en la Avda. de la Constitución (en los bajos de los pisos verdes, donde estuvo el Campo Eduardo Dato) se arreglan el pelo mayoritariamente caballeros y niños. Pero como no hay discriminación alguna señora y señorita también han pasado por sus sabias tijeras.
Recuerda Antonio que el año 1986 fuel el de la implantación del IVA. Y da un ejemplo. En el último trimestre de 1985 el ITE (Impuesto de Tráfico de Empresa) era de 38.000 pesetas; por el contrario, el primer trimestre de 1986 era de 380.000, lo que reflejaba el cambio económico de este país. Otro cambio significativo para la economía de todos lo supuso la llegada del euro en el año 2002. En la actualidad la peluquería es atendida por cinco operarios.

Antonio ejerció como jurado de las Coquineras en el primer Carnaval que se recupera recién estrenada la democracia en los ayuntamientos: de izquierda a derecha: el concejal Manuel Rodríguez, Juan Revuelta Perea que tenía un gimnasio, nuestro protagonista Antonio, Mario Peluffo concejal y presidente del jurado, Mari Carmen, el fotógrafo Pepe Ferrer y Juan Leiva Morón, hijo de Severo el del carrillo, con nótula propia en Gente del Puerto.
EL CLIENTE QUE VINO A DESPEDIRSE.
Antonio es un peluquero de éxito, estable, que organiza muy bien el tiempo del cliente, al que respeta. Valoran mucho su discreción, aparándose del concepto de barbería antigua. Un psicólogo árabe al que trató llegó a decirle: “--Vd. ha acabado con la peluquería como lugar de encuentro tradicional de charla, de encuentro social: aquí uno viene solo a pelarse”. Antonio tiene buenas costumbres: no habla de sus clientes y, en el sillón nunca les pide un favor. “—Hay que respetar al cliente”, insiste. Recuerda a un desaparecido parroquiano suyo, D. José, Administrador de Obras del Puerto. Era cliente suyo desde hacía más de 20 años. Y estaba recién llegado de Pamplona, donde le habían diagnosticado una enfermedad incurable, dándole solo una semana de vida. Don José se plantó en la peluquería y le espetó: “—Vengo a despedirme de Vd. Me ha pasado esto y quiero agradecerle que, durante todos estos años me haya tratado con la discreción que yo buscaba. Es Vd. de los pocos señores de los que me voy a despedir”. Y, efectivamente, a la semana se murió.

La Plasmatoria, representada en el Teatro Principal en la década de los sesenta. De izquierda a derecha, Antonio Leal, Encarnita Roso, Eduardo Teja, Jenny, José Peña Argudo, Encarna Pacheco, desconocida, Antonio Collantes, desconocido, Juan Conejo y Mari Cruz. De rodillas, Federico Arjona.
AFICIONES: EL TEATRO Y LA BICICLETA.
Antonio es polifacético. Actor aficionado, senderista, ciclista y jugador de tenis (se hizo socio del Club Náutico en1986 participando durante 20 años en torneos de aficionado) o de dominó entre otras de sus múltiples aficiones. Le gusta el teatro y ha sido actor aficionado. Recuerda que, antes de marcharse al servicio militar actuaba con el grupo Teja Teatro, representando La Plasmatoria, con Paco Teja, Arjona, Juan Conejo, Mari Cruz, Encarnita Pacheco,… y El Sonámbulo. E incluso, durante la mili, participó en alguna función tearal para distraer a la tropa: El Número Ciento, sainete cómico. Todavía conserva los antiguos libretos, mecanografiados, de los papeles o personajes que le correspondieron.
EL PUERTO-PUENTE GENIL EN BICICLETA.
Con la bicicleta ha hecho el Camino de Santiago dos veces, entre otros recorridos. El último, durante el pasado abril, entre El Puerto y Puente Genil, siguiendo el curso del río Guadalquivir, haciendo un total de 561 kilómetros en la ida durante una semana, acompañado por su mujer Ángela. El primer día fue El Puerto a Sanlúcar, por el Cortijo ‘La Negra’; luego vendría Bonanza y Parque la Algaida por el camino de Las Compuertas, haciendo noche en Lebrija; mas adelante cruzaron con una barcaza e hicieron noche en Coria; a continuación vendría el recorrido hasta Lora del Río; el siguiente paso fue Córdoba haciendo la ruta de la Subética; luego vendría Montoro, Jaen y Suero, finalizando en Puente Genil pasando por Lucena, Cabra, … Regresando a El Puerto en ferrocarril. (En la fotografía, Antonio y Ángela, en el Pinar de la Algaida, durante su último periplo en bicicleta).






El 21 de noviembre es el tricentésimo vigésimo quinto (325º) día del año del Calendario Gregoriano en vigor (número 326 en los años bisiestos), quedando 40 días para finalizar el año. Todos los años, por esa fecha, se celebraba y organizaba en el Colegio de las Carmelitas una procesión, la de la Virgen Niña o Niña María, con motivo de la festividad católica de la Presentación de la Virgen. Está tradición está basada en el escrito apócrifo del “Protoevangelio de Santiago”, según el cual María fue llevada por sus padres, a la edad de tres años, al templo para ser instruida en la fe de sus padres. Una alambicada historia a través de los siglos, que desde Oriente llega a Occidente, acaba siendo impuesta por el papa Sixto V como fiesta oficial del catolicismo. Hoy no tiene tanta relevancia como antaño e incluso la procesión ha desaparecido. (En la imagen, vestidas de Primera Comunión de Ana María y Celia Insúa Lavín. Detrás Matita Muñoz y posiblemente una de las García Sánchez. El angelito de enmedio es Marisol Muñoz Bellvís).
"Desde chico he oído en mi casa que mi bisabuelo Norberto, que anduvo, por la guerra de Cuba, como médico con Ramón y Cajal, hace ahora un siglo, se empeñó en comprar una casita pequeña, con una fachada, pintada de rojo y blanco, tan escueta que sólo tenía una puerta y un balcón. Ya no existe la casa. Estaba en la calle Nevería, al lado de la derecha, según se miraba, entonces, el Colegio de las Carmelitas de la Caridad. A la casa le pusieron, "La casita de la Virgen", pero la casa había sido todo lo contrario: casa de lenocinio, de perdición y de pecado. Y a mi bisabuelo le contrariaba que, al lado, justo al lado, del Colegio donde se educaban sus nietas, hubiera un lupanar. Cuando mi bisabuelo la compró, la regaló a las Carmelitas y, desde entonces, allí estuvo presidiéndola una imagen de Olot, de la Virgen Niña, la "Niña María". Esa imagen, no recuerdo qué día, la sacaban las niñas del colegio, en unas parihuelas, en procesión, por las calles cercanas. Formaban en ella todas las alumnas, de uniforme, con velos de tul blanco y guantes del mismo color. Las aplicadas, llevaban una banda, incluso medallas. Ordenaban la procesión las mismas monjas-profesoras y la cerraba el capellán de capa y estola. A los niños patosos nos gustaba, con un canuto de papel y granos de arroz, disparárselos a las niñas, para provocar su atención y que las monjas les riñeran, por deponer de su actitud piadosa y reverente. (En la imagen, la fachada de la Iglesia de las Carmelitas y la casa donde vivieron los presbíteros Carlos y Manuel Román Ruiloba).
Las niñas mayores del Colegio del Sagrado Corazón de las Carmelitas de la Caridad, tenían el privilegio de llevar las andas, con la imagen de la Virgen, por las calles de El Puerto. En la foto, tomada en uno de los patios del Colegio, de izquierda a derecha, Encarna Gil, Ana María Insúa Lavín, Cristina Fernández (Boli), Elisa Muñoz, Celia Insúa, Delia y Lalo Muñoz Bellvís. El uniforme, propio de la época, con cuellos exteriores y guantes blancos.
Don Manuel Román Ruiloba, Présbitero y Coadjutor, de la Iglesia Mayor Prioral natural de Jerez pero porteño durante su vida religiosa al que debemos una nótula en Gente del Puerto, vivía junto a su hermano Don Carlos y otros miembros de su familia en la casa, hoy abandonada, que existe junto a la capilla de Las Carmelitas, en la calle Nevería. Además, daba clases de Religión en dicho colegio. Alguna alumna de aquella época recuerda el “enfado” de Don Manuel cuando estas alumnas de las Carmelitas se lo encontraban por la calle y con la picardía propia de los pocos años le gritaban: «--¡¡¡Adios Don Manuel!!!», a las que éste respondía muy ceremoniosamente: «--Vayan ustedes con Dios, hermanas». En la fotografía, los monaguillos Pepe Rodríguez Rendón y Ramón Insúa Lavín, acompañando a Don Manuel en la procesión).


LAWRENCE DE ARABIA.

ALBERTI EN ELHOSPITAL.
Otro ilustre visitante del Hospital lo ha sido el que fuera primer ministro de Portugal, Antonio Guterres, ex-presidente de la Internacional Socialista y Alto Comisario de las Naciones Unidas para los Refugiados quien, durante su estancia en El Puerto en un veraneo en Las Redes, tuvo que desplazarse a la clínica a visitar a un familiar suyo allí atendido y de quien el Dr. Carmelo Delfín guarda un grato recuerdo por su amabilidad y educación quien llegó a regalarle un libro. Conserva una anécdota del día que se marchó de El Puerto pues pasó a despedirse, alabando lo tranquilo del hospital. Lo que no sabía el entonces primer ministro luso era que media hora antes un trastornado mental, llevado poco antes por la policía, había querido suicidarse desde los pisos altos. Carmelo tuvo que hacer uso de su fuerza y agarrarlo para evitar que cometiera el desaguisado que anunciaba.
EL MÉDICO PINTOR.

LOS JUVENILES DEL SEVILLA.
«—Me quedé casi inútil. Vino todo de pronto. Falleció mi madre, me lesioné, luego murió mi suegra... Todo en apenas unos meses. Estuve dos años sin jugar, perdí mucho peso, me quedé 'chupao'. Fue en pretemporada, en verano, recuerdo que en 1981. Tuve nueve meses un primer yeso. Todavía hoy me acuerdo cuando me lo quitaron. No podía parar de llorar. La rodilla era más ancha que el muslo. No me imaginaba eso. Luego supe por qué vino tanta gente a acompañarme. Había por lo menos 14 personas, entre médicos y amigos. Claro, vinieron para animarme porque ya esperaban mi reacción. La pierna era sólo hueso. Me dijo un médico: «Intenta doblarla». Era imposible, ni una grúa la movía. Y yo lloraba y lloraba. Y la recuperación... eso fue lo peor. Los compañeros, me acuerdo, cuando me veían por la ciudad deportiva se apartaban, porque me veían sufriendo, escuchaban los gritos, cómo mordía la toalla por el dolor en la recuperación. No era agradable, la verdad. Con esa lesión me cambió la vida, ya nada fue igual. Estaba con el miedo, protegiéndome siempre la parte derecha de mi cuerpo. Y sí, es verdad. volví a jugar, pero ya era distinto». En declaraciones a Roberto Arroba. ABC. 2007
LA CAMISETA AMARILLA.
LA SELECCIÓN NACIONAL.
En Semana Santa, mediado el siglo XIX, dejó de existir el fundador del linaje portuense de los Tosar, don Juan Antonio Tosar Hernández, al que habitualmente llamaron y conocieron como Antonio Tosar. (1) Falleció en nuestra ciudad el 12 de abril de 1850. Era hijo de Antonio Tossar, de ascendencia italiana y gaditano como él, y de Beatriz Hernández. Familia, como tantas otras de las asentadas en la bahía, dedicada al comercio, venidas a menos al decaer el tráfico con el continente americano. Intentó rehacer su economía, iniciándose en la extracción de vinos, instalándose con su amplia prole de muy corta edad en El Puerto en el primer cuarto del XIX. Negocios que, posteriormente, continuarían sus hijos varones y ampliarían algunos de sus nietos (1) En los documentos consultados figura el apellido con una sola “s”, mientras que una tía suya, hermana de su padre, llamada Isabel Tossar, figura en algunos padrones con la doble “s”. Concretamente en los padrones vecinales de 1836 y 1856 se indica de esta forma. Parece que sus sobrinos adoptaron de forma unánime el apellido “Tosar” con una sola “s”. (En la imagen, Antonio Tosar Hernández, en la tarjeta que tiene en la mano aparece la leyenda: 'Tosar en Cádiz'. Miniatura propiedad de Adolfo Blanco Osborne. Foto Camilo González Selma, autor de la donación).
A don Antonio, lo encontramos en 1838 dado de alta como extractor, con una pequeña bodega en la calle Espíritu Santo número 19 antiguo y 11 moderno, junto a unas casas de calle de la Rosa que había heredado de su madre. Estas instalaciones serian ampliadas por dos de sus hijos: Manuel, el mayor y Francisco Javier Tosar Martínez, los cuales formaron una compañía que respondía a las siglas “M. y F. TOSAR”, construyendo un trabajadero en una parcela de “terreno yermo al extremo que sale al campo de la calle Espíritu Santo...” cuyo proyecto fue presentado al ayuntamiento en 1845, comenzándose a construir al siguiente año. (En la ilustración, escudo de El Puerto de Santa María en en el año de 1864).

M. Y F. TOSAR, UNA EMPRESA IMPORTANTE
Después del reparto de bienes, Manuel y Adolfo volvieron a formalizar una sociedad con las mismas siglas y fines, siendo bastante complicado determinar la participación o la propiedad de cada uno, expresada incluso en milésimas, de los bienes raíces de la compañía.
Antonio Romero García, ‘Antoñón’, nació a finales de la década de los años 20 del siglo pasado y vivió en la Casa de la Aduana (antigua Fábrica de Arguardientes y Licores), teniendo su cuartel general instalado en el restaurante Guadalete; precisamente su puerta trasera daba al patio de su casa, todo ello próximo al muelle y Lonja Pesquera de esta banda. Fue un hombre honesto muy querido por la marinería que durante la época de esplendor de la flota llegó a tener bajo su dirección como guardián, al grupo más numeroso de unidades pesqueras. Falleció a la edad de 61 años, a finales de los años 80 del siglo pasado, casi al mismo tiempo que comenzaba a perder unidades la flota pesquera porteña. Pero su impronta y su boina todavía se recuerdan por la Bajamar de El Puerto. Al recordarlo, nos viene a la memoria, igualmente, otro gran experto guardián, Joselito “Baltasar”.





Eugenio Pedregal Valenzuela, conocido emprendedor local, era Perito industrial. Siendo muy joven, recién terminados sus estudios, tras una etapa en el Banco Hispano Americano, Eugenio se fue a trabajar a Barcelona, ciudad en la que pasó muchos años y conoció a la que sería su mujer, María Antonia Viou Pradas, con quien tuvo dos hijas, Eva y Esther. En la Ciudad Condal trabajo un tiempo en empresas como Campsa, antes de regresar a El Puerto, donde comenzó trabajando en el negocio familiar, Muebles Pedregal, y realizando proyectos para numerosas empresas como perito industrial. Fue uno de los socios fundadores del céntrico Hotel Los Cántaros en el año 1984, todo un referente para el sector turístico porteño que animó a la instalación de otros establecimientos hoteleros en el centro de la ciudad. Persona inquieta y comprometida con El Puerto, formó parte de numerosas asociaciones y colectivos, ocupando cargos destacados en las directivas de la Asociación de Comerciantes del Centro (Acocen), la Asociación de Empresarios de El Puerto (AE) de la que fue su vicepresidente, y la Comunidad de Propietarios de Vistahermosa. Nos dejaba el 23 de octubre del pasado año 2008. (En la imagen, superior Eugenio Pedregal en una fotografía tomada poco antes de su fallecimiento. En la inferior, la fachada del Hotel Los Cántaros, en la Plaza de la Cárcel).
INTERESES RESIDUALES.
A Eugenio le podía El Puerto. Y le podía más el desinterés de los responsables políticos de la Ciudad cuando, a su juicio, dejaban escapar oportunidades para nuestra población, sea cual fuera el motivo o el color político. Era un luchador para la ciudad que lo vio nacer, y ahí andaba entre asociaciones empresariales, escribiendo cartas, entrevistándose con quien procediera para ayudar a empujar la locomotora de El Puerto. En esas, en esos ‘intereses residuales’ andaba Eugenio. Dejándonos un buen recuerdo, un buen sabor en la boca de las palabras, unos buenos sentimientos en la memoria de nuestros Puerto. (En la fotografía pequeña, Eugenio con poco más de 20 años, cuando trabajaba en el Banco Hispano Americano).
Soy hombre extraordinariamente sensible al lugar en que vivo. La geografía, las tradiciones, las costumbres de las poblaciones por donde paso, me impresionan profundamente y dejan
La prensa local no recogió el acontecimiento nupcial, aunque sí la firma de esponsales, en los que se anunciaba la boda para la primera quincena de octubre, que se retrasó finalmente. La segunda de las ocasiones fue para asistir y apadrinar en el bautismo a su sobrina Ana Eulalia María de las Mercedes, fruto del matrimonio de su hermano Francisco y de su cuñada María de las Mercedes. Este tuvo lugar el 21 de mayo de 1917,y el nacimiento de la pequeña un día antes. La madrina de la ceremonia fue su madre, doña Ana Ruiz Hernández, Vda. de Machado, la que le acompañó hasta sus últimos días, en Colloure, sur de Francia. (En la fotografía perteneciente a la colección de LSA, Francisco Machado, hermano de Antonio, con el uniforme de funcionario de prisiones, profesión que ejerció aquí, en El Puerto). Un año y medio más tarde regresa de nuevo a nuestra Ciudad:
Su segunda estancia en nuestra ciudad se prolongó algo más de un mes, como hemos podido comprobar por la prensa de la época, que aprovechó para visitar poblaciones cercanas como Jerez el mismo día del bautizo de su sobrina, y el 14 de junio, en que viajó acompañado de su hermano Francisco; dos días más tarde se registra otro viaje a Cádiz, cuna de su abuelo don Antonio Machado Núñez (Cádiz, 1815-Madrid, 1896. Médico, geólogo y antropólogo. Introdujo en España la teoría de Darwin. Tradujo importantes obras científicas. Catedrático de Historia Natural en la Universidad de Sevilla. y de Zoografía en la Universidad Central. Fue Rector de la Universidad hispalense y Gobernador Civil de Sevilla. En 1875, cuando Francisco Giner de los Ríos es detenido y trasladado al Castillo de Santa Catalina en Cádiz, la protesta del profesor Machado Núñez fue una de las numerosas que se levantaron. En octubre de 1876, cuando Giner de los Ríos crea la Institución Libre de Enseñanza, Machado se cuenta entre sus primeros colaboradores). (En la ilustración, certificado de partida de bautismo de la Parroquia de San Joaquín, donde se cristianó la sobrina de don Antonio Machado).


José Álvarez Juan -el novillero Pepe Álvarez- es un porteño nacido en Las Pajanosas (Sevilla) hijo de Silvestre Álvarez Sánchez, tratatante de ganado y de Asunción Juan Cabeza, el día 2 de octubre de 1933. Cerca de su casa pace la ganadería de José Soto de la Fuente, anteriormente de López Plata y el conocedor de la misma le facilita algunas oportunidades para torear.


















CHICHARITO Y EL RÁCING.
EL BINGO DE RC PORTUENSE.
LA CASETA MI CHICHARITO.
