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pms_caricatura_puertosantamariaRelato de un suceso que vivió nuestro paisano, el comediógrafo Pedro Muñoz Seca, padre de la ‘astracanada’, escrito y publicado en la Revista Portuense el 22 de enero de 1927

Dependía entonces la Comisaría general de Seguridad del ministerio de Fomento. Era yo a la sazón jefe del Negociado de Accidentes y compartían conmigo los trabajos oficinescos dos simpáticos auxiliares, que vivos y relativamente sanos andan por ahí tosiendo su gripe como cada hijo de vecino.

Ya por, aquel entonces había yo estrenado cincuenta o sesenta comedias, y había tenido la suerte de que muchos críticos y no pocos intelectuales se “metieran” conmigo de una manera desacostumbrada. Porque sepan ustedes que, gracias a Dios, y E1 nos da a todos muchísima salud, a mi me han “pegado” algunos Aristarcos como no le han “pegado” a nadie. Ganas de demostrar a todas horas que son Aristarcos “de pega”.

¡Maestro “Azorín” …! ¡¡Viva su señora madre de usted!! Bueno, pues, a lo que iba. Una mañana, “al filo” de las doce, como dijo por vez primera no sé que escritor cursi, se entreabrió la puerta de mi despacho, asomó la gaita un señor de agradable aspecto, y, tras el consabido “se puede”, “adelante”, “gracias”, “no hay de que darlas”, preguntó a uno de mis auxiliares, con marcado, acento catalán:

-- ¿El “negociado” de Accidentes, me hace el favor?
-- Es este mismo, caballero. 
-- ¿Podría indicarme quien es el jefe? 
-- Aquel señor del bigote. 
-- Gracias.

pedromunozseca_recreodelostrapos_puertosantamariaY se acercó a mi mesa, y me saludó con una exquisitez, con una cortesanía, que hubiera dejado boquiabierto a D. Alfonso Retortillo, que es la persona a quien se ha visto saludar con más elegancia. /En la imagen, Pedro Muñoz Seca, en el porteño 'Recreo de los Trapos'.

--Mire --me dijo– Yo me estoy hecho un lío, ¿sabe? Yo soy director de una Compañía en “Barselona”, he ideado una nueva combinación de seguros, he redactado un modelo de contrato, y como no se si se ajusta o no a los preceptos legales y no quiero tirarme una plancha, porque a mi lo que más me horroriza son las planchas, ¿sabe?, pues deseo que me diga si la póliza es o no viable antes de solicitar oficialmente su autorización. Ya se que no está usted obligado a hacer este trabajo, pero si quiere tener conmigo esa gentileza … 
--No faltaría más, señor. Déjeme esas cuartillas; yo las estudiaré particularmente, subsanaré los defectos que tengan, y mañana, cuando usted vuelva, estará el modelo de contrato en punto de caramelo.

El caballero catalán se deshizo en frases de elogio para la Administración pública y para mí, se curvó cuatro veces, hasta esquirlarse las vértebras, y cuando regresó al día siguiente y se encontró con el trabajo hecho, volcó de nuevo sobre mi él carro de las alabanzas, y no sabia cómo demostrarme su agradecimiento.

Dispuesto yo a variar de tema le hablé de Cataluña, de mis entusiasmos por aquella región, y le pregunté, por preguntarle algo:

--¿Cómo van los teatros en Barcelona?  Torció el gesto repetidas veces.
-- Mire, amigo: aquello está de lo peor. No hacen más que esas astracanadas que le sacan a uno de “quisio”. Ya habrán oído ustedes hablar de ese autor que le “disen” Muñoz Seca; ese tío mamarracho, que no escribe más que brutalidades. ¡Los críticos de allá le ponen …! Pero, a pesar de ello, hay obras de Muñoz Seca en casi todos los teatros. ¡A mí, que soy un hombre fundamentalmente serio, me ponen mal esas obritas! Porque es que a mí, cuando alguien me hace reír, me da coraje, ¿sabe usted? Mire, yo no pataleo nunca en los teatros, porque soy una persona muy conocida en Barcelona, y no voy a ponerme a patalear en público ...
--Claro. 
--Pero no sabe usted las ganas que tengo de patalear a Muñoz Seca.

Mis dos auxiliares no subían adónde mirar. Uno de ellos metió la cabeza en un estante, como buscando algo, y empujaba, deseoso de meter también todo el cuerpo. EI otro, por no soltar el trapo, apretó entre los dientes con tal fuerza, una boquilla de espuma, que la partió en seis pedazos. Una hora después aún echaba espuma por la boca. Yo, sin alterarme, le dije sonriendo:

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Teatro de la Comedia (Madrid) antes del incendio de 1915, tras el que fue restaurado.

--Pues mire usted: mañana estrena Muñoz Seca en la Comedia, una astracanada de las suyas. Quédese; asista al estreno y como aquí no le conoce a usted nadie, patalee, si hay ocasión, y desahóguese.
--Si, señor. Encantado. Es un nuevo favor que voy tener que agradecerle; porque mañana … 

Y dejó caer un bastón que llevaba, que era una grúa. -Ahora mismo voy a comprar la localidad. Y se fue.

Corrió la especie por la oficina; llegó la especie de la broma al propio comisario de Seguros, y todo el personal de la casa aguardaba al siguiente día al caballero antiastracanista, antimuñosequista y catalanista. Y llegó radiante, con dos butacas de la fila sexta. ¡Dos! ¡Porque habla comprado otra para mí! Quería que yo le viera patalear. ¡Qué hombre tan grande ...¡ ¡Con que ilusión se despidió de mí aquella mañana …! ¡Hasta luego…! Que lleve un bastoncito de peso …¡Lo que nos vamos a divertir …!

Siempre he pedido al Altísimo que gusten mis comedias; pero nunca con el afán de aquella noche. ¡Dios mío, que guste siquiera el primer acto! ¡Que salga yo a escena! ¡Que me vea el catalán …!

Cuando llegué a la Comedia, minutos antes de empezar el espectáculo, miré por el agujerillo del telón, y vi a mi hombre repantigado en su butaca, con el “bastón grúa” en la mano y mirando levantiscamente a izquierda y derecha, como diciendo: “Aquí hay un reventador decidido. A ver que pasa”

Confieso que sentí pánico. Pero por fortuna, el acto primero fue un exitazo. ¡Qué risotadas! ¡Que ovaciones …! Jamás he salido a escena con tanto gusto. De la mano de Irene Alba, avancé hasta las candilejas, clavados mis ojos en los del caballero catalán, que, asombrado, rojo, no se si de vergüenza o de indignación, bajó la cabeza, hasta hundir la barbilla en el pecho …

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El Teatro de la Comedia, en la actualidad.

Al comenzar el acto segundo había desaparecido. No le he vuelto a ver. Dicen que cuando se estrena una comedia mía en Barcelona, aunque guste mucho, hay siempre un señor que protesta desaforadamente.

--¿Y es, seguramente, el de la póliza? 
-- ¡Oiga usted, amigo¡ ¡Bueno está ya, caramba! Que yo le di a usted una broma: pero usted me hizo estudiar toda una tarde aquel modelo de contrato, que era un ciempiés, y gracias a mi esfuerzo se está usted “hinchando”.

¡No “patalee” usted más, por los clavos de Cristo! /Texto: Pedro Muñoz Seca.

Empresarios de la Tonelería de El Puerto y Jerez —de aquella industria floreciente hace años en el marco de los vinos del Sherry— de visita a Sevilla en la década de los cincuenta del siglo pasado. Las fotos son de José Fernández Villegas y están tomadas en una visita a Sevilla, en la Plaza de España y los pabellones que configuraron la Exposición Universal del año 1929, apenas poco más de 20 años después.

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De izquierda a derecha, el taxista conocido como ‘el Peri’, Francisco Fernández Galloso, Juan Corchado, Agustín Álvarez Garzón, José Moran ‘el Morenito’, Lolo Flores y desconocido.  

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De izquierda a derecha, de pie: Francisco Fernández Galloso, Juan Corchado, desconocido, Manolo González, José Román ‘el Morenito’, Lolo Flores, desconocido y hermano de Manolo Gónzález. Agachados, de izquierda a derecha, taxista de El Puerto tío de los Miranda, desconocido, Agustín Álvarez Garzón padre del que fuera primer alcalde constitucional Antonio Álvarez Herrera.

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De izquierda a derecha, desconocido, Juan Corchado, Lolo Flores, Agustín Álvarez Garzón, Francisco Fernández Galloso, ‘Peri’ el taxista y José Román ‘el Morenito’.

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Manuel Salido Gutiérrez nace en Sanlúcar de Barrameda el 9  junio de 1899, en el número 2 de la calle Santo Domingo a las 18:00 horas, hijo de Miguel Salido de la Cal y Clara Gutiérrez Pedrote, siendo bautizado en la parroquia de Ntra. Sra. de la O por el presbítero Joaquín Claro, poniéndosele los nombres de Manuel María, Melchor, Gaspar, Baltasar, del Corazón de Jesús el 25 del mismo mes, siendo sus padrinos Manuel Sosa López y Rosario Gutiérrez Ruiz.

Cursa los estudios elementales en el sanluqueño colegio de los Escolapios, celebrando la Primera Comunión el 5 de mayo de 1910, afincándose la familia ese mismo año en Jerez de la Frontera, en la calle Honda. Estudiará en el colegio San Juan Bautista de los Maristas, obteniendo el título de bachiller el 22 de agosto de 1916 en el Instituto General Técnico jerezano.

SEMINARIO.

palaciosantelmo_sevillaEn 1917 ingresa en el Seminario Mayor de Sevilla (Palacio de San Telmo, hoy sede de la presidencia de la Junta de Andalucía, dado que El Puerto perteneció a la Diócesis de Sevilla hasta su segregación y adscripción a la Diócesis de Jerez-Asidonia) recibiendo en dicho seminario las Órdenes Menores los días 7 y 8 de noviembre de 1920 de manos del Cardenal Arzobispo de Sevilla, Enrique Almaraz y Santos. En 1923 recibe, respectivamente,  las Órdenes Mayores: Subdiaconado el 24 de febrero, Diaconado el 27 de marzo y por último el Presbiterado el 26 de mayo, ésta en la Catedral de la capital hispalense, por el entonces titular de la Archidiócesis, el Cardenal Arzobispo Eustaquio Ilundain y Esteban. /En la imagen, el Palacio de San Telmo a principios del siglo XX.

PRIMER DESTINO.

Su primer destino el 27 de junio de 1923 es como coadjutor de la Parroquia de Cañete La Real, en la provincia de Málaga, cantando su primera misa en la Parroquia de San Pedro de Jerez de la Frontera, siendo sus padrinos de altar, el Beneficiado de la Catedral de Cádiz, Francisco Contreras y Emilio Martín Calle, párroco de los Descalzos de Jerez, asistiendo a la ceremonia Domingo Sánchez Pabón, Párroco de la citada iglesia de San Pedro, predicando Jerónimo Armario y Rosado, Vicario General del Arzobispado de Sevilla, siendo los padrinos de honor Miguel Salido de la Cal y Clara Gutiérrez Pedrote. El 25 de junio toma posesión del destino.

En 1926 es nombrado el 2 de julio, párroco de la iglesia de San José, en El Gastor, y el 11 de diciembre es destinado como párroco a la Iglesia de Ntra. Sra. de la Antigua en Torre Alháquime, donde permanece hasta el 16 de junio de 1928 en el que es nombrado párroco en la Iglesia de la Purísima Concepción en la sevillana localidad de Brenes. Tras cinco años, el 20 de abril de 1933 nuevo destino durante  seis años como párroco en la iglesia de Santa María la Mayor de Estepa (Sevilla), donde vive los agitados tiempos previos a la contienda y posterior Guerra Civil.

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En la fotografía, tomada en 1952, aparece el equipo de monaguillos de San Joaquín: de izquierda a derecha, Manolo Girón ya de sacristán, Manuel Salido, Cura Párroco, Antonio Espinosa de los Monteros, ayudante de Sacristía, y los monaguillos Gabriel Núñez, Diego Oviedo, Fernando Bueno y el niño Antonio.

EL PUERTO.

El 13 de junio de 1939 llega a El Puerto de Santa María, en su primer destino en la localidad, como párroco de San Joaquín (ver nótula 1.190 en GdP) --la Ciudad solo contaba con dos parroquias en esas fechas, junto con la Prioral-- cuyo nombramiento se había producido el 31 de mayo. En la toma de posesión actuó como notario eclesiástico el presbítero Juan Benítez, siendo Arcipreste Juan Cantera, asistiendo sus padres y hermanos y como invitados el alcalde, Antonio Rives Bret (ver nótula núm. 1.257 en GdP), el Registrador de la Propiedad, Manuel Trujillo, el Notario Castor Montoto de Seda, los presbíteros Antonio Iñigo Preen, Enrique Pruqquer Oropesa y el capellán de las Hermanitas de los Pobres, Pedro Martínez. Los maestros nacionales Diego Pérez Vélez, Juan Vencelá, Remigio Peñalver, José Merello, Manuel Bonet Otero, y otros invitados tales como Antonio Castillo, Domingo Renedo, José A. Moreno Vergara, Manuel Muñoz Rodríguez (ver nótula núm. 997 en GdP), Joaquín Osborne Tosar y Joaquín y Manuel Ortega Infante.

FUNDACIÓN DE LA FLAGELACIÓN.

Empieza pronto a dejar huella de su paso por la parroquia fundando el 2 de julio de 1939 la Hermandad de la Flagelación, con Jesús Py Bononato, José Caamaño Camacho, Tomás Giménez Benito, Manuel Bollullo López, Manolito Iglesias Veneroni, José Arjona Cía, Antonio Díaz Artola, Manolo Medina Franco, Miguel Merello Gómez, Francisco Lora Atalaya, Ramón Bayo Valdés y Emilio Terol Escribano, habiéndose cumplido este año las Bodas de Diamantes, a los 75 años de su fundación.

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Un nutrido grupo de hermanos de la Flagelación, con el concejal Eligio Pastor Nimo. /Foto: Hermandad.

Su actividad en los años siguientes, con el nacional catolicismo imperante --siguiendo los usos de la época con una vuelta a muchos aspectos de la vida religiosa-- será una constante. En 1940 accede, dada la proximidad, a la direccion espiritual de las Hijas de María del Colegio del Asilo de Huérfanas (ver nótula núm. 692 en GdP), la dirección de las Visitas a los Sagrarios --cada domingo, durante el año, se visitaba un Sagrario--, organiza junto con los Jesuitas la festividad de Cristo Rey.

LAS MISIONES.

En 1941 organiza la festividad de Acción Católica y junto al párroco de la Iglesia Mayor Prioral, Antonio Cía Moreno (ver nótula núm. 179 en GdP) organiza las nuevas Misiones Populares dedicadas a la cristianización masiva en España --y en El Puerto también--, que funcionaron durante más de una década, llegando a visitar la Ciudad el Cardenal Arzobispo de Sevilla, en esas fechas, el polémico Cardenal Pedro Segura y Saéz, quien había sido Cardenal Primado de España. Ese año se incorporaría como monaguillo en San Joaquín el que sería durante 34 años su más director colaborador, Manolo Girón Ceballos, más tarde y hasta su jubilación, Sacristán de la Prioral. (ver nótula núm. 109 en GdP).

En 1943, junto a los feligreses Luis Suárez Rodríguez, Domingo Renedo, Rafael Bellvís y Manuel Muñoz Rodríguez entre otros, organiza el Vía Crucis del Cristo del Amor, que es llevado a hombros en la tarde del Viernes Santo, con salida a las cuatro de la tarde.

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Capilla de la Sangre, en la confluencia de las calles Nevería con Palacios.

En 1945 ofrece la parroquia de San Joaquín a la Hermandad de la Veracruz, su traslado se produjo desde la Capilla del Rosario de la Iglesia Mayor Prioral donde se encontraba provisionalmente sobre un paso, dadas las malas condiciones de su sede: la Capilla de la Sangre (esquina Nevería con Palacios, frente al Bar Apolo, donde estuvo en los setenta el Bar La Mina), y que, como tantas cosas, se dejaron caer en El Puerto. El traslado se produce en 1946, año en el que se crea la Junta de Reconstrucción de la Parroquia, formada junto a Domingo Renedo, José Lerdo de Tejada, Rafael Bellvís, el médico Antonio García Sánchez y Federico Herrera Síñigo (ver nótula núm. 086 en GdP). Ese año organiza la Procesión Magna junto al citado párroco de la Prioral, Antonio Cía y al Herman Mayor del Santo Entierro, José Luis Osborne y Vázquez.

Como dejó dicho Rafael Gómez Pérez: “La religión era un elemento natural de la vida social; las Navidades con los Belenes y las cabalgatas de los Reyes Magos; las conferencias cuaresmales y ejercicios espirituales abiertos o cerrados; novenas; las procesiones de Semana Santa; las procesiones eucarísticas y para el viático a los enfermos; los rosarios de la aurora; las procesiones del Sagrado Corazón de Jesús; las romerías a la Virgen; las fiestas de la Patrona, los actos religiosos de cofradías y hermandades... Todo el año estaba acompañado de alguna manifestación religiosa pública".

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Interior de la Parroquia de San Joaquín, al fondo el retablo en el altar mayor realizado por el porteño José Ovando.

NUEVO RETABLO EN SAN JOAQUIN.

En 1947, el 19 de marzo, fiesta en toda España, bendice el Nuevo Retablo Mayor de San Joaquín --costeado en buena medida por la Hermandad de la Verazcruz y por suscripción popular--, con asistencia de la Corporación Municipal con el alcalde, Ignacio Osborne Vázquez a la cabeza y la Junta Local del Movimiento, Juez, Autoridades Militares, ... así como las Juntas de Gobierno de las Hermandades de Penitencia radicadas en el templo.

En 1948 nombran a Salido consiliario de las cuatro ramas de Acción Católica. Las normas de Acción Católica de 1931 inspiradas en las italianas, estructuran cuatro ramas de carácter unitario -hombres, mujeres, juventud masculina y juventud femenina- que, a partir de los Estatutos de 1959, constituirán la llamada Acción Católica General.

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Voces de Bajos del Coro de Acción Católica Fotografía tomada el 12 de diciembre de 1957 en el desaparecido Cine Moderno. En ella podemos ver en la fila superior, de izquierda a derecha a Reina, electricista  que está en la puerta, Gonzalo Zaragoza Mancera ‘Tito’, Juan Quiñonero Anguiano, desconocido y Ramón Simón. Agachados: Francisco Iborra Roselló funcionario del Instituto Nacional de Previsión, Miguel Arniz, empleado de Terry, José Luis Poullet Ramírez y Felipe Bononato Saez, funcionario de Instituto Social de la Marina. Formaban parte del grupo de cantores del Maestro Dueñas. (Foto: Rafa).

En junio celebra las Bodas de Plata Sacerdotales en la parroquia, asistiendo su hermano José y su madre, como padrinos de honor y otros familiares, así como las juntas de gobierno de las hermandades, amigos y conocidos: el Conde de Osborne, Fernando C. de Terry y del Cuvillo apodado ‘El Levante’ por su fuerte temperamento, Francisco Quijano Rosende, Manuel Calderón Pulito, los hermanos Osborne Tosar, Terry Galarza, Terry Merello, Osborne Vázquez y otros habituales de la parroquia.

Para el norteamericano Stanley G. Paney, en aquel contexto “En algunos aspectos la vida española de los 40 se vivía de forma extrema. Floreció la prostitución en medio de la penuria de la posguerra, mientras la sociedad formal era la más puritana de Europa. El mercado negro era una necesidad para muchos en su vida privada, pero en público se expresaban siempre en términos tan piadosos que hubiera resultado extraño incluso antes de la República. El gobierno de la nación abolió oficialmente el divorcio en septiembre de 1939 y volvió a instaurar el subsidio estatal eclesiástico -que había suprimido la República- dos años más tarde. Sin embargo, la década de los 50, más próspera y pluralista, que vio cómo crecía el neocatolicismo, también pudo ver los primeros indicios de un declive de la actividad religiosa y el comienzo de una nueva secularización. De hecho, algunos indicadores de la actividad religiosa habían empezado a bajar antes del final de los 50. Ya se podían ver señales significativas de cambio tanto en las organizaciones eclesiásticas como en las laicas, que empezaban a recibir las influencias de la liberalización que se estaba dando en la Europa de la posguerra. Las Hermandades Obreras de Acción Católica, la HOAC creció de forma constante y se hizo mucho más militante en sus actitudes políticas y económicas a mediados de los 50”.

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Con el Cardenal Bueno Monreal en una de las visitas a las obras del Colegio La Salle. En la imagen aparecen también el concejal Fernandez-Prada, Serafín Álvarez-Campana y el alcalde Miguel Castro Merello. /Foto: Rasero.

ARCIPRESTE DEL PARTIDO.

En 1950 funda el Apostolado de la Oración, en San Joaquín. Dos años mas tarde, el 17 de abril de 1952 es nombrado vocal de Enseñanzas Medias en la Junta Local de Educación. El Obispo de Sevilla, en calidad de Administrador Apostólico de la Diócesis de Sevilla, José María Bueno Monreal, le otorga el nombramiento de Arcipreste del Partido el 29 de agosto de 1952.   Al año siguiente, 1953, es nombrado el 15 de noviembre profesor especial de Formación Religiosa del Instituto Laboral, siendo director del centro el catedrático de Literatura, Manuel Martínez Alfonso, quien con el tiempo sería alcalde de la Ciudad (ver nótula núm. 1.051 en GdP). En 1954 funda La Voz del Pobre.

COLEGIO LA SALLE Y AFLIGIDOS.

Será en 1955 cuando celebra la primera reunión con el Hermano Ignacio Javier --en el mundo, José Antonio Orbegozo Aizpuru-- (ver nótula núm. 804 en GdP) así como con Serafín Álvarez-Campana padre e hijo  el Conde de Osborne, para reactivar la construcción del Colegio La Salle Santa Natalia.

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Junta de Gobierno de la Hermandad de la Flagelación en 1956. /Foto: Hermandad.

También ese año de 1955 funda, con Anastasio Pérez de Andrés, capellán del antiguo Hospital Municipal, de la Ciudad y de la Prisión Central, así como con Juan y Jesús Py Bononato, Juan Péculo Gutiérrez, y un grupo de empleados de las bodegas Fernando A. de Terry la Hermandad de los Afligidos, que haría su primera salida procesional hace 58 años, el Lunes Santo de 1956. Precisamente ese año, S.A.R. Don Juan de Borbón, en el exilio, aceptaba ser Hermano Mayor de la nueva cofradía.

Organiza junto al párroco de la Prioral Antonio Cía y la colaboración del Ayuntamiento, la construcción y bencidión el 12 de diciembre de 1955 el Obispo de Cádiz-Ceuta, Doctor Tomás Gutiérrez Díez, el monumento a la Inmaculada Concepción ubicado en el centro de la Plaza de la Iglesia o Plaza de España. (ver nótula 221 en GdP). Unos días antes, el 8 de diciembre, bendice la barriada de la Inmaculada.

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A la izquierda, Antonio Bernal Ortega, 'Antoñito el Sacristán' con las llaves de la Capilla y del Camarín de la Patrona en las manos, en el centro, el párroco de la Prioral, Manuel Salido Gutiérrez y a su derecha el coadjutor, Carlos Román Ruiloba. Detrás de éste, el porteño Antonio Rives, quien con el tiempo se acabaría secularizando y ejerciendo como maestro de primaria en el Colegio de Don Antonio ‘el Cojo‘. /Foto Colección de M.G.C.

PÁRROCO DE LA PRIORAL.

En 1956 es nombrado párroco encargado de las dos parroquias de la localidad, manteniendo San Joaquín y añadiendo a sus cometidos la dirección eclesiástica de la Iglesia Mayor Prioral, para, mas adelante ser nombrado Cura Propio de la Prioral, tras el nombramiento otorgado por el Obispo de Sevilla, José María Bueno Monreal. El coadjutor de la parroquia, el jerezano Carlos Román Ruiloba, ofició la toma de posesión por delegación episcopal. Se lleva consigo de Sacristán a Manuel Girón, permaneciendo también en su puesto de la Prioral Antonio Bernal Ortega ‘Antoñito el Sacristán’ (ver nótula num. 243 en GdP). Ese año Manuel Salido es nombrado director espiritual del Colegio de Luisas de Marillac.

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Pregón de la Semana Santa pronunciado en el Teatro Principal, el 3 de abril de 1960, por Francisco Montero Galvache. Presidencia del acto: podemos ver, de izquierda a derecha a  Luis Almansa, Jefe Local del Movimiento y cofrade del Cristo del Amor, Neto, el concejal Fernando Arjona Cia, el Arcipreste de la Ciudad, Manuel Salido, el alcalde en funciones Javier Fernández Prada, el párroco de San Joaquín, José María Rivas y el concejal Eligio Pastor Nimo.

EL DOLOR Y EL HUERTO.

En 1957 son derribadas las naves adosadas a la Prioral por Vicario y San Juan y, con la colaboración municipal se construyen las oficinas y Casa Rectoral, para viviendas. Al año siguiente, en 1958 funda el 3 de noviembre la Hermandad del Dolor y Sacrificio, junto a José Luis Poullet, Pablo Cerdá, Jacinto Cossi, Agustín Fernández, Felipe y José Bononato, José Luis López y Manuel Carrasco, entre otros.

En 1960 se constituye la Hermandad de la Oración en El Huerto. Salido junto a unos jóvenes Luis Ortega García, José María Sánchez, Enrique Ortega Simeon y Enrique Pedregal Valenzuela, entre otros trabajan para que su primera salida procesional fue ra al año siguiente. En Agosto de 2010, se cumplió el cincuenta aniversario de su fundación con una procesión extraordinaria por las calles del casco antiguo.

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Con el Cardenal Bueno Monreal y el Obispo Auxiliar José María Cirarda, en la entrega de viviendas de la Coronación, en cuya promoción tuvo un papel muy activo. 1966.

El 25 de enero de 1961 bendice la Capilla y Convento de las Siervas de los Pobres.  Ese mismo año organiza con las hermandades de penitencia una exposición de arte sacro cofrade, en relación con los enseres de estreno, en la Casa de Acción Católica, en la calle Larga. En 1962 Es nombrado Vocal de la Junta Local de Protección de Menores. Al año siguiente promueve la entronización de imágenes religiosas en los colegios de la Plaza del Polvorista, en su calidad de Director de Apostolado de la Oración.

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50 AÑOS CORONACIÓN DE LA PATRONA.

En 1965 coordina los actos de las Bodas de Oro de la Coronación de la Patrona de la Ciudad, la Virgen de los Milagros. En 1966 la Hermandad del Dolor y Sacrificio lo nombra Capellán de Honor. En 1968 hace entrega de un cuadro a Rafael Sevilla López (ver nótula núm. 1.362 en GdP), como hermano mayor de la Hermandad del Rocío, con motivo del pregón del segundo centenario. Dicha hermandad lo nombra Capellán Honorario el 8 de diciembre del mismo año en el que, también, reorganiza junto a un grupo de hermanos la Hermandad de la Humildad y Paciencia, dando comienzos las obras de restauración para su apertura al culto de la Capilla de la Aurora. El 22 de marzo del año siguiente, 1969, bendice y celebra la primera misa en  dicho edificio anexo a la Prioral.

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Celebración de las Bodas de Oro de sacerdote en 1973.

SALONES PARROQUIALES.

En 1970 se realizan obras en la Sacristía de la Capilla de la Virgen de los Milagros, adaptando el espacio como Museo del Tesoro de la Prioral. En 1972, promovió otra obra de interés en la Iglesia Mayor Prioral, nivelando el patio trasero de la iglesia, sagrupando los restos humanos existentes que fueron enterrados en aquel espacio tras uno de los derrumbes de uno de los puentes sobre el Guadalete, levantándose pequeñas naves para la guarda de pasos (Cerillitos, Santo Entierro, Nazareno)  y se construyó el Salón Parroquial, donde se colocarían la colección de 12 apóstoles que estaban desperdigados en diversas partes del templo. (Recientemente esa zona de la parroquia ha experimentado una remodelación). Era una nueva utilización del edificio de las Escuelas Pías de la Aurora: una parte sería para la Hermandad del Olivo, otra para la de la Humildad y Paciencia y otra como estos edificios anejos a la Parroquia. Hogaño las casas de hermandades no se encuentran allí. En la parte baja del Salón Parroquial, se encontraba dividida la zona abovedada, entre los pasos de la Hermandad del Nazareno, las escaleras de acceso a dicho salón y el grupo juvenil de la Parroquia, “Virgen de los Milagros”, que sería dirigido por el cura coadjutor y consiliario, Carlos Román Ruiloba, allá por los inicios de la década de los setenta del siglo pasado.

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Recibiendo el pergamino que le acredita que es Hijo Adoptivo de El Puerto, de manos del alcalde de la Ciudad, Fernando T. de Terry y su mujer, Mariana Mateo. Junio 1973.

HIJO ADOPTIVO Y BODAS DE ORO.

En 5 de junio de 1973 celebra su 50 aniversario como sacerdote, en la que fue arropado por numerosos compañeros del sacerdocio, siendo los padrinos de honor el alcalde Fernando T. de Terry Galarza (ver nótula núm. 749 en GdP) y su esposa, Maria Ana Mateo. Coincidiendo con las Bodas de Oro, el Ayuntamiento, instruye un expediente de honores por medio de su Teniente de Alcalde, Manuel Lojo Espinosa (ver nótula núm. 1.927 en GdP) mediante el cual el Pleno de la Corporación, nombra Hijo Adoptivo de la Ciudad a nuestro protagonista, entregándosele un pergamino --obra de Javier Tejada-- con el título que acredita la distinción, siendo entregado tras la ceremonia religiosa en el Salón Parroquial.

En 1974, al cumplir los 75 años de edad, se jubila dejando el cargo de Arcipreste, si bien continuó como cura propio de la Prioral, poniéndose a disposición del párroco regente del primer templo local, tomando el relevo el presbítero Antonio Cabezas Moya, un cura recién llegado de Misiones en Venezuela y que en El Puerto remueve conciencias, religiosidad popular y los patronazgos eclesiásticos de las clases altas, en la tranquila vida de una Ciudad de provincias.

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Carta de agradecimiento a la Corporación Municipal por el honor recibido.

Estuvo colaborando con el clero de la Prioral hasta que el 23 de febrero de 1981 ingresó en la clínica, falleciendo con 81 años el Viernes Santo, 17 de abril de 1981,  tras una larga enfermedad que había tenido diversas alternativas. El martes 20 de abril Monseñor Bellido Caro, acompañado de 20 presbíteros celebraron en la Prioral el funeral por su alma. El alcalde comunista, Antonio Álvarez asistió al acto junto a miembros de la Corporación Municipal.

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La bahía de Cádiz, las tierras intermedias entre el Guadalete y el Guadalquivir y el Coto de Doñana. /Foto: Google.

Comenzamos aquí y ahora presentando una serie de textos que publicaremos en Gente del Puerto durante los próximos meses. Bajo el título general de Isla Cartare, todos tendrán el vínculo de que tratarán del espacio –los paisajes- y el paso del tiempo –la Historia- en el ámbito de las tierras que conforman el término municipal de El Puerto de Santa María (154 km2, marismas del Guadalete incluidas), cuyas tierras fueron habitadas  desde hace unos 6.000 años en tres áreas bien diferenciadas: las arenas que se extienden por la franja costera, la Sierra de San Cristóbal y las tierras negras y albarizas de la campiña; espacios que durante la Prehistoria reciente los ocupaba un extenso bosque mediterráneo exuberante de vida, hasta que en tiempos fenicios y romanos sus fértiles tierras fueron roturadas intensivamente de cara a la exportación de los productos de la tríada mediterránea: vino, aceite y trigo; al igual que ocurriría en los siglos XVII y XVIII por cuenta y cargo de los cosecheros y cargadores a Indias asentados en El Puerto.

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La campiña desde el camino de Campín, en 1986. A la derecha, el cortijo de las Ánimas, donde existió una aldea andalusí. / Foto: Juan José López Amador.

La demarcación del término portuense –que formó parte del de Cádiz hasta el año 1272- se fijó en 1268, tras la definitiva conquista y repoblación en época de Alfonso X del territorio gaditano de al-Andalus, englobando sus límites las tierras de trece alquerías (aldeas) andalusíes fundadas a partir del siglo X, que fueron herederas –en algunos casos sin solución de continuidad- de los asentamientos que desde la Edad del Cobre y en los periodos tartésicos, fenicios y romanos alcanzaron el esplendor comercial y cultural del territorio de Isla Cartare. 

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Nani y José Antonio, sobre las huellas de un fondo de cabaña de la Edad del Cobre de La Dehesa, junto al Castillo de Doña Blanca. 1982. /Foto: J.J.L.A.

EN LOS AÑOS 80
Junto a nuestros amigos José Antonio Ruiz Gil y José Ignacio Delgado Poullet –Nani-, durante la década de los 80 recorrimos asiduamente el término portuense con el fin de documentar el poblamiento antiguo –en todas las épocas- de sus tierras. Para ello realizamos exhaustivas prospecciones arqueológicas superficiales a lo largo y ancho del término con la recogida de materiales culturales –en su mayor parte cerámicos- que fijaron el origen y la cronología de los asentamientos detectados.

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Excavación en la Barriada del Pilar en 1982, la primera que realizó el recién fundado Museo Municipal. Agachado, su director, Paco Giles; en el corte, Nani y Juan Fernández; detrás, de izquierda a derecha, Juan José López, Juan Taboada, Javier Maldonado, Enrique Pérez, José Antonio Ruiz, Jesús Montero y José López. /Foto: Museo Municipal.

A partir de 1982, cuando se creó el Museo Municipal –dirigido por Francisco Giles Pacheco y al tiempo que comenzamos a trabajar en él dos de nosotros (Nani y Juan José)-, el objetivo se redobló y hasta el fin de la década continuamos prospectando el término y localizando en torno a un centenar de yacimientos, que permitieron conocer, a grandes rasgos, las características del poblamiento de los campos portuenses en el transcurso de la Historia.

Lamentablemente, las leyes vigentes en Andalucía durante las últimas décadas sólo han contemplado las intervenciones arqueológicas si lo son por vía de urgencia, negándose así el derecho de los ciudadanos a conocer el pasado global de su entorno vital y crear desde la disciplina arqueológica una ‘industria cultural’ que redunde en beneficio de la sociedad. De sobra existen en nuestro ámbito geográfico los mimbres para ello, pero no la política que ampare las excavaciones sistemáticas. 

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Equipo de la primera campaña de excavación de Cantarranas, 1982. /Foto: Museo Municipal

Así las cosas, al menos las prospecciones de los años 80 propiciaron que se realizaran excavaciones de urgencia en algunos de los yacimientos detectados: Barriada del Pilar (1982), La Dehesa (1982), Cantarranas (1982;1985;1986), El Barranco (1983), Vicuña (1983), Las Beatillas (1984), Campillo (1984;1985), La Viña (1984;1986;1987), El Palomar (1994), Buenavista (1997), Pocito Chico (1997-1999) y La Florida (1999). De sus improntas culturales y dataciones algo escribiremos en próximas nótulas.

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Sondeo arqueológico en El Barranco, junto a la laguna Salada. 1983. /Foto: Museo Municipal.

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Juan José, Enrique y José Antonio en abril de 1984 excavando en la Sierra de San Cristóbal, en Las Beatillas. /Foto: Nani.

Pero durante aquellos años que pateamos el término no sólo nos interesó la localización de yacimientos arqueológicos, sino conocer y atestiguar todos los elementos que configuran un espacio rural: los diversos biotopos y sus transformaciones naturales y antrópicas; la fauna y flora; los cursos de agua, pozos, lagunas y marismas; las cañadas, caminos, veredas e hijuelas; los cortijos, casas de campo y chozos; los sistemas de explotación de las tierras y las arenas…

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Chozo (hoy desaparecido) junto al cortijo de Vaina. 1984. / Foto, J.J.L.A.

De aquellas experiencias inolvidables que intensamente vivimos cuatro amigos –entonces muy jóvenes- en los pagos portuenses, tratarán los textos que a partir de la próxima entrega compartiremos con los lectores de Gente del Puerto; las huellas que en el curso del tiempo dejaron los hombres y mujeres en las tierras situadas al sur de Isla Cartare, como llamaron en la Antigüedad Clásica a las fértiles tierras situadas frente a la Bahía de Cádiz, entre las desembocaduras del Guadalquivir y el Guadalete. Un nombre, para nosotros, mágico y evocador. 

isla_cartare_9_puertosantamariaLA ORA MARÍTIMA DE AVIENO
Rufo Festo Avieno, escritor latino natural de Volsinia (Italia) que vivió en el siglo IV de nuestra era, nos legó en su poema Ora Maritima la primera descripción histórico-geográfica –somera, eso sí- del litoral gaditano y la mención de algunos de sus topónimos más significados en la Antigüedad. Para su composición el autor empleó fuentes muy anteriores a su época, principalmente la de un periplo griego massaliota que se fecharía hacia el año 535 antes de Cristo, interpoladas con noticias de autores posteriores y del propio Avieno.

Si bien el poema en sus 713 versos conservados contiene información acerca de la navegación entre Tartessos-Massalia (Marsella) y las Oestrymnides (Islas Británicas), así como apuntes de enclaves aún más lejanos, reseñaremos lo que dice Avieno de Isla Cartare, voz de origen fenicio-púnico (como Cartago, Cartagena, Carteia) que vendría a significar Isla de la Ciudad. /Planos de Juan Gavala (1959) con la ubicación de Isla Cartare y su entorno en la Antigüedad; en el plano de mas abajo, el mismo espacio geográfico, en nuestro tiempo.

isla_cartare_10_puertosantamariaLa certera identificación del antiguo topónimo con la geografía actual la propugnó por vez primera –tras erróneas propuestas de Adolf Schulten (1921) y Antonio Blázquez (1923)- el ingeniero de minas lebrijano-portuense Juan Gavala y Laborde (ver nótula 442) en 1959, en su obra La Geología de la Costa y Bahía de Cádiz y el poema ‘Ora Maritima’ de Avieno, cuya traducción del texto latino seguiremos.

Ora Maritima recoge en sus versos una supuesta descripción de los accidentes costeros gaditanos que visualizó un navegante griego massaliota desde su embarcación de cabotaje. Tomando como referencia la cronología del periplo, la travesía se realizó cuando en la Baja Andalucía comenzaba el colapso, o la transformación, de las bases económicas que sustentaron en un alto grado de civilización a la vieja cultura tartésica.

Tomaremos el texto de Avieno a partir de que el nauta griego pasa por la costa  onubense, donde cita un “monte y rico templo consagrado a la diosa infernal, en el interior de una profunda cueva [Gavala lo sitúa en la colina de Moguer], la laguna Erebea [estuario del río Odiel), la ciudad de Herbi [cabezos de Huelva] y el río Hibero [Tinto-Odiel], añadiendo que “la parte de levante contiene a partir de aquí a los Tartessios y a los Cilbicenos.

Es destacable en el poema la omisión del extenso cordón dunar (70 km) del litoral del Coto de Doñana, seguramente debida al no contemplar el navegante topografía alguna digna de mención en un entorno muy lineal de arenas bajas. (Como rasgo cultural señalado en la zona, cabría mencionar la existencia de una vía comercial que enlazaba las minas de Aznalcóllar con las colonias fenicias de Cádiz y el Castillo de Doña Blanca a través de Tejada la Vieja, Almonte y El Rocío; milenaria senda bien conocida por los peregrinos rocieros.)    

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Paso de la Hermandad de El Rocío de El Puerto por las inmediaciones de la laguna del Gallo. 1999. /Foto: J.J.L.A.

ISLA CARTARE
Y tras mencionar al río Hibero, continúa Avieno (versos 255 ss.): “Después se encuentra la Isla Cartare, y es creencia bastante extendida que antiguamente estuvo ocupada por los Cempsos; arrojados luego por lucha con sus vecinos, se retiraron en busca de otros lugares. Se alza después el Monte Cassio […]; luego se encuentra el Cabo del Templo, y a lo lejos está la fortaleza de Gerión […]

Aquí se hallan, distanciadas unas de otras, las bocas del Golfo de los Tartessios, y desde el mencionado río [Hibero] hasta estos lugares hay para los barcos un día de navegación. [La distancia -60 millas- la cubriría una embarcación de la época en 16-18 horas.] Aquí está la ciudad de Gadir, […] la misma fue llamada primeramente Tartessos […] 

Mas el río Tartessos [Guadalquivir], al fluir del Lago Ligustino [marismas del Guadalquivir] a través de campos abiertos, ciñe por todas partes con su corriente a la isla. Este rio no avanza con una corriente única, ni surca con un solo cauce el terreno subyacente, pues vierte sus aguas en los campos por tres bocas por la parte de levante, y con una boca gemela baña también dos veces la región situada al sur de la ciudad. […] El mar que se halla en medio separa […] el Castillo de Gerión y el Cabo del Templo, y el golfo [de los Tartessios] se adentra entre altos acantilados de rocas.

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Acantilado en la playa del Almirante. 2010. /Foto: J.J.L.A.

Ese Templo, “junto a un ancho río” –añade el poema más adelante-, debe ser el santuario excavado en el sanluqueño Pinar de la Algaida, el que fue consagrado a la diosa cuyo nombre alude a la luz del crepúsculo (lux dubia), identificada con Phosphoros, y al lucero de la tarde, el planeta Venus. La fortaleza de Gerión (en memoria al mítico rey tartesio) se situaría –según Gavala- en la Isla de León o en el islote de Sancti-Petri. Ambos topónimos delimitaban el Golfo de los Tartesios, que es decir la Bahía de Cádiz.

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En la imagen de la izquierda, máscara en terracota del santuario de El Tesorillo, en La Algaida. /Foto: J.J.L.A.

En estos párrafos de Avieno queda fijada la situación de Isla Cartare: abarcaría el territorio situado entre las desembocaduras del Guadalquivir y el Guadalete. Aunque la unión entre ambos ríos nunca fue efectiva por la infranqueable barrera terciaria (38 metros) existente entre El Cuervo y los jerezanos Llanos de Caulina –aunque sí pudo existir  abriéndose caños artificiales entre ambos estuarios, como de hecho fue y contó Estrabón-, la peculiar fisonomía del paisaje que se les presentaba a los navegantes que cruzasen el litoral durante el I milenio anterior a nuestra era, aparentaría que los brazos de mar comunicaran entre sí y fuesen los esteros del Guadalete bocas dependientes del Lago Ligustino. Esta hipótesis ya fue enunciada por el investigador gaditano César Pemán en 1941, en su libro El pasaje tartéssico de Avieno a la luz de las últimas investigaciones.

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Caño y marisma en Sanlúcar. Al fondo, el Guadalquivir. /Foto: J.J.L.A.

DONDE ESTÁ EL AJO...
Alusiones al territorio que Avieno denomina Isla Cartare se vislumbra en otros escritores de la Antigüedad Clásica. Así, el geógrafo griego Estrabón, a fines del siglo I a.C. aunque empleando noticias de Estesícoro de Himera (hacia 630-550 a.C.), escribe: “Parece ser que en tiempos anteriores se llamó al Betis Tartessos y a Gadir y sus islas vecinas Erytheia. Así se explica que Estesícoro, hablando del pastor Gerión, dijese que había nacido casi enfrente de la ilustre Erytheia, junto a las fuentes inmensas del Tartessos, de raíces argentes, en un escondrijo de la peña. Y como el río tiene dos desembocaduras, se dijo también que la ciudad de Tartessos, homónima del río, estuvo edificada antiguamente en la tierra sita entre ambos.” El mismo espacio donde Estrabón sitúa las ciudades romanas de Nabrissa (Lebrija), Hasta Regia (Mesas de Asta, Jerez) y Ebora (inmediata al sanluqueño santuario de La Algaida), la Torre y el Faro de Caepionis (Chipiona), y el Puerto y Oráculo de Menesteo… 

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Mesas de Asta, en un estero del Guadalquivir, fue un enclave, desde el Neolítico, de      capital importancia en el curso de la Historia. En la imagen, excavándose en los años 50.

Isla Cartare viene a ser hoy el territorio de las fértiles campiñas vinícolas –hasta el siglo XVIII también pobladas de olivares- que se extienden, al sur de Lebrija y El Cuervo, por Jerez, Trebujena, Sanlúcar, Chipiona, Rota y El Puerto. Que viene a ser el mismo espacio del que los viejos flamencos, aludiendo a las tierras donde nació y desde donde se expandió el cante jondo, decían… De El Cuervo pa’bajo, donde está el ajo. 

De esas tierras, las situadas al sur de Isla Cartare que hoy conforman el término de El Puerto de Santa María –el Portus Gaditanus que a fines del siglo I antes de Cristo fundó Balbo ‘el Menor’-, escribiremos a partir de la próxima entrega.

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Los autores, en las marismas entre Trebujena y Sanlúcar. 1984. /Foto: Nani.

Y como por algún lugar hay que comenzar, lo haremos recorriendo el arroyo Salado de Rota, el que en la Edad Media llamaban río de Casarejos, donde en su desembocadura existió, hasta que fue conquistada y repoblada en tiempos de Alfonso X, una aldea andalusí. /Texto: Enrique Pérez Fernández y Juan José López Amador.

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Noticia aparecida en Diario de Cádiz, hace 100 años, en octubre de 2014.

Anoche cuando regresaban de prestar servicio de vigilancia en el teatro de verano los Guardias municipales Juan Marroquín y Rafael Gómez Márquez, a quienes acompañaba el cabo Sr. Sanchez, éste se quedó en la calle Larga para continuar su servicio y los referidos guardias siguieron unidos para sus respectivos domicilios; pero a poco de irse aproximando a las esquinas de las calles Castelar [la actual calle Nevería llevó el nombre del escritor, orador y político español, presidente de la I República en 1873-1874, Emilio Castelar, a su muerte en 1899] y Navarrete [la actual calle Palacios llevó el nombre de José de Navarrete y Vela-Hidalgo (ver nótula num. 1.996 en Gente del Puerto), la calle donde había nacido, y vivido entre 1903 y 1935], apercibiéndose que salía gran cantidad de humo por la ventana baja del almacén de comestibles de D. Juan Custodio Rivas.

Dieron aviso al cabo Sr. Sánchez, y tocando a llamada de serenos, pusiéronse éstos en movimiento, dirigiéndose a la casa incendiada, en tanto el Sr. Sánchez, daba aviso a los bomberos para que acudiesen con el servicio de incendios. De los primeros en llegar fueron el alcalde don Manuel Ruiz Calderón; secretario D. José Luis García; juez de Instrucción D. Alejandro Álvarez; jefe del puesto de la Guardia Civil y varias parejas; concejales D. Ramón Ameneiro y D. Manuel García Lago y jefe de la Guardia Municipal señor Fernández.

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La calle Nevería y la casa Morgan.

A poco llegó el servicio de incendios que tiene el Municipio, pudiendo utilizarse cómodamente por haberse alimentado de bombas de una boca de riego que hay en la esquina de la calle Palacios y Larga. Los de la incendiada tuvieron que salir por los balcones. Las medidas adoptadas por las autoridades pudieron lograr que se localizara el fuego en el almacén, hasta extinguirlo. Esto se consiguió a las dos y cuarto de la mañana.

En el último piso vivía una joven de 14 años y la  mujer encargada de la casa. Cuando se inició el fuego, el dueño del almacén se encontraba en el Teatro, así que se se enteró del suceso al regresar para su casa. La citada casa es de D. Manuel Gutiérrez y está asegurada por la compañía “El Norte”, que representa en esta D. Salvador Costas, el cual se personó también en el lugar del suceso desde los primeros momentos.

Vimos además al señor Inspector de los Servicios Municipales y al Maestro Mayor de Obras. La casa del siniestro es de las anotadas en el registro de las desgracias. Ha habido ya otra vez fuego en ella; otro que la tenía se suicidó arrojándose por una de las ventanas altas; otros han salido arruinados y actualmente otra vez ha sido envuelta por las llamas.

 

El pasado día 22 de este mismo mes hizo 78 años del fallecimiento en Madrid de Adolfo Gómez Rube, Vicealmirante de la Armada. Este insigne militar había nacido en El Puerto de Santa María el 11 de noviembre de 1861, ingresando por oposición cuando contaba quince años en la Escuela Naval Militar, en la que finalizó sus estudios como aspirante dos años y medio después, con 18 años recién cumplidos.

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Emblemas de guardiamarinas.

Sus mediocres notas, excepto en la asignatura de Cálculo, actitud rebelde y comportamiento poco disciplinado durante ese corto periodo de estudios, según consta en su expediente académico, no hacían prever la brillante carrera que iniciaría poco después de Guardia Marina al madurar como persona,  potenciando virtudes castrenses tan apreciadas en la Armada como el valor, espíritu de servicio y sacrificio, y camaradería.

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Fotografía del acorazado Pelayo, de cuya dotación formó parte en 1888.

De carácter extrovertido, siendo estudiante era un empedernido bromista y, a pesar de su corta estatura (ingresó en la academia midiendo 1,53 cm. y salió de ella con 13 cm. más) era un líder estudiantil en esa primera etapa formativa.  Durante su formación como oficial, obtuvo diversas licencias por enfermedad. Acabados sus estudios y plenamente restablecido de sus dolencias escolares, en el verano de 1888, se le ordena trasladarse a Tolón, donde se encontraba el acorazado “Pelayo” para formar parte de su dotación. Los días de mar que figuran en su expediente son: 55 en barcos de vela y 223 en vapores.

mundonavalilustradoEn febrero de 1890 es promovido al grado de teniente de Navío. Una Real Orden de fecha 11 de abril de 1893 lo destina a Filipinas y se encarga de los Guardias Marinas que prestan servicios en las Escuadras de Instrucción destinados en dicho Apostadero. Meses después es nombrado comandante del “Albany”, cesando en marzo de 1894 para coger el mando del cañonero “Paraguay”. Y es en esta lejana colonia, sumergida en la guerra por su independencia, donde iniciaría el tramo más brillante de su carrera profesional. Allí obtiene tres condecoraciones casi seguidas: en julio de 1897, la Cruz de 1ª Clase al Mérito Militar, con distintivo rojo, por las operaciones de Mindanao; en noviembre de ese mismo año la Cruz de 1ª Clase de María Cristina por los méritos que contrajo en el rio Paombong y en octubre de 1898, terminada la guerra, Cruz de 1ª Clase del Mérito Militar, con distintivo blanco por servicios prestados a lo largo de toda la campaña de Filipinas.  /En la imagen, la revista El Mundo Naval Ilustrado que nace con los enfrentamientos con Cuba y Filipinas.

camarin_virgen_M_1916_puertosantamariaFue repatriado en los primeros días de 1899, embarcando el día de Reyes con destino a Cádiz. En esa fecha, tenía 36 años, graduado como teniente de Navío, consiguiendo una licencia de casi seis meses por enfermedad y repatriación, designándosele después como segundo comandante de la Ayudantía de Marina de Huelva. Tengo la impresión de que no le gustó nada ser segundo y, de hecho, no se incorporó hasta noviembre de 1900, pero ya como comandante de la Ayudantía.  Estaba aún soltero, aunque por poco tiempo, pues el 24 de  agosto de 1901 contrajo matrimonio en la iglesia Mayor Prioral con la hija del bodeguero local Ramón Jiménez Dávila, María del Carmen Jiménez Mateos, que tenía en esa fecha 25 años. La ceremonia, un tanto extraña, pues se celebró a las cinco de la mañana en la capilla de la Patrona, con la novia vestida de negro, fue oficiada por don Antonio Iñigo, en presencia del abogado Lorenzo González Villagrán, secretario del Juzgado, actuando de testigos Rafael Franco Gil y José Molares Delgado. /En la imagen de la izquierda, camarín de la Virgen de los Milagros, en cuya capilla se casó nuestro paisano en 1900. /Foto: Justino Castroverde de principios del S. XX.

De Huelva pasó a Almería y de allí, en mayo de 1905, a Cádiz, como Jefe de la Estación Torpedista y unos meses después es nombrado comandante de la misma, relevando a Juan Antonio Gener. (El título o enunciado completo de este cargo sería: Jefe del Ramo de Armamento, Artillería, Ingenieros, Comisario y Jefe de la Sanidad de dicho Arsenal). Continuaba siendo teniente de Navío en 1908 cuando ejercía como Jefe de Electricidad y Torpedos, siendo elogiado en su trabajo por sus superiores, valiéndole la concesión de  la Cruz del Mérito Naval y dos años después la placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

medallademarruecosEn 1912 asciende a capitán de Fragata y en 1914, con esta graduación ejerce como segundo comandante en los cruceros “Reina Regente”, Extremadura” y el cañonero “María de Molina”. En 1916 asciende nuevamente a capitán de Navío y en 1917 es nombrado comandante del acorazado “Pelayo” en el que inició su carrera militar.

A partir de esta responsabilidad, tras dos años al mando de tan emblemática embarcación, en el transcurso de la cual le fue concedida la Medalla Militar de Marruecos y dos meses de licencia que reparte entre Madrid y El Puerto  inicia una meteórica carrera que comienza siendo ascendido a contralmirante y nombrado General Jefe de la División de Instrucción, después General Jefe de Personal y Servicios Auxiliares del Estado Mayor Central y, en abril de 1923, Jefe de Estado Mayor del Departamento de El Ferrol. Antes de ser nombrado en noviembre de 1924, Comandante General del Arsenal de Cartagena, es ascendido a vicealmirante, puesto que desempeñó hasta su pase a situación de Reserva, el 16 de noviembre de 1927. /Medalla de Marruecos, concedida por Alfonso XIII.

Desde esa fecha, estando en dicha situación de Reserva,  hasta junio de 1931, ejerció como vocal del Tribunal Superior de Marina y Guerra, interviniendo en numerosos procesos, falleciendo en Madrid a la edad de 75 años el 22 de agosto de 1936.

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Capitanía General de El Ferrol, donde ejerció como Jefe de Estado Mayor del Departamento Marítimo del Ferrol, en 1923, coincidiendo ese año su ascenso a Vicealmirante. 

A pesar de ser uno de los que yo denomino “portuenses errantes” siempre ejerció como tal y no perdía ocasión para acercarse a su ciudad natal y la de su esposa, localizando en la “Revista Portuense” en sus notas de sociedad, numerosas citas anunciando su presencia, entre otras como acompañante junto a otras autoridades en la procesión de la Virgen de los Milagros. Con esta pequeña semblanza creo es de justicia recordar la memoria de este ilustre marino que une su figura y trayectoria a la de otros paisanos de igual arma como los Coig, Winthuysen o Piury. /Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. PUERTOGUÍA

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En la imagen, Javier Maldonado, Jefe del Servicio de la Concejalía de Patrimonio Histórico, al inicio de la Ruta de las Casas Viñas del Pago de Balbaina, el pasado viernes.

Un paseo por la Ruta de las Casas Viñas del Pago de Balbaina, permite conocer a través de 8 kilómetros varias casas viñas que forman parte de la cultura vinícola portuense, comentada por técnicos de la concejalía de Patrimonio Histórico que titula María Antonia Martínez, organizadora de la actividad. Se trata de una actividad que conjuga la belleza de un paisaje portuense distinto con explicaciones históricas que dan a conocer la arquitectura de las propias casas viñas, detalles de sus orígenes y pasado así como las características del terreno y el entorno del pasaje vitivinícola.

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Para el fotógrafo Adrián Morillo, autor de las instantáneas que acompañan esta nótula, es “Un lujo poder conocer paisajes y espacios de El Puerto de Santa María a muchos autóctonos nos pasan desapercibidos disfrutando de charlas de primer nivel, acerca de la elaboración del vino y sus particularidades”. /Fotos: Adrián Morillo.

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Fachada de la Casa Viña de Belludo Bajo.

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Un pozo de 1853.

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La concejala María Antonia Martínez en el acceso a una de las Casas Viñas: Belludo Bajo.

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Desde el otro lado de la ventana, se ven las almenas que circundan la casa viña.

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Explicación en el interior de la Casa Viña de Belludo Bajo.

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La Casa Viña vista al paso de los siglos.

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Todos son necesarios en los trabajos de la viña.

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... Y al fondo los molinos, tecnología para la energía eólica de nuestro tiempo.

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La decadente belleza del abandono. (Edificio de la Taberna la Resaca, antiguo Cuartel).

Las imágenes en blanco y negro que se muestran son obra del fotógrafo Roberto Michel publicadas en junio de 2012 en su blog ‘Blow Up Fotografías’. Recogen una versión artística, tenebrosa y decadente, en blanco y negro, poniendo de manifiesto el abandono que sufren --no solo algunas de las fachadas-- de nuestro Casco Antiguo que goza --o debería gozar en la práctica-- de la protección como Conjunto Histórico Artístico que es, desde diciembre de 1981.

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La charme de la decadence. (Calle Alquiladores).

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Portadas. (Calle de la Zarza).

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Portada y Capilla.

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La antigua Pensión Las Columnas. (Calle Vicario frente al Mercado Municipal, a la derecha el Bar El Brillante).

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Jardín en la calle Nevería.

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Fachada al río del antiguo Hospital Municipal y Convento San Juan de Dios.

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Restos del 92.

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¿Cuantos ojos miraron a través de los cristales de esta ventana?

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Mirando atrás en la esquina achaflanada.

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IVETE. Entre el arco mixtilíneo y el ventanuco.

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Sombras de la Mezquita. (Puertas de las Campanas de la Iglesia Mayor Prioral).

 

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Lagartijo y Mazzantini, los diestros actuantes, en un grabado de la época y una etiqueta de la compañía portuense Alonso Pajares

Formidable bronca sucedió ayer [hace 125 años] en los toros de El Puerto de Santa María, donde habían acudido infinidad de aficionados de Cádiz. El presidente tocó a banderillas antes de tiempo y el público protestó ruidosamente. Los banderilleros colocaron los palos entre una lluvia de botellas y maderas de los tendidos. El presidente llamó a Lagartijo y la corrida estuvo suspendida hasta que, por fin, volvieron a salir los picadores. Lagartijo y Mazzantini estuvieron bien y recibieron  muchas palmas. Los toros tomaron 49 varas. Asistió Isaac Peral.

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la_galeona_1_puertosantamariaEl cuadro de la Virgen del Rosario  ‘La Galeona’ vuelve a su capillita 20 años después tras una larga y dificultosa restauración o podríamos decir mas bien ‘renacer’ dado su estado de conservación. Participaron amigos que ya nos dejaron, Clemente, Faelo Poullet y otros que felizmente pueden aun disfrutarla J. Luis Villar, Ángel Pantoja etc. Es una pena el cableado tercermundista que le acompaña ¿para cuando su ordenación? /Texto y foto: Julián Flores Vencelá.

La advocación mariana protectora de los marinos y demás hombres de la mar que duró más tiempo -hasta la proclamación patronal de la Virgen del Carmen en 1901- fue la del Rosario, que en su imagen denominada La Galeona fue, durante un largo tiempo, llamada Patrona de la carrera de Indias.

La devoción al rosario se extiende en Andalucía a finales del siglo XV y continúa en el siguiente con gran intensidad. A mediados del siglo XVI, tanto en Cádiz como en El Puerto de Santa María, era cosa popular y corriente a devoción al Rosario, en la que es muy posible tuviesen influencia las colonias de genoveses y flamencos, tan numerosas en ambas poblaciones.

El ser El Puerto de Santa María fondeadero de las galeras reales originó una afluencia de aventureros y galeones extraordinaria, y existiendo una precaria beneficencia pública en aquella época, la ciudad ofrecía un lastimoso estado con los enfermos abandonados muriendo por las calles.

la_galeona_2_puertosantamariaEl sacerdote don Diego de Ojeda fundó en 1512 un hospital donde se atendiese a los forzados, cuya capilla fue elevada a la categoría de basílica lateranense por Breve de León X en 1514. /En la imagen de la izquierda, el cuadro, antes de su restauración, en 1982. Foto: Fernando Vidal.1982. Guía Histórico Artística de El Puerto de Santa María. 

Fue precisamente en este hospital y capilla donde nació el patronato de la Virgen del Rosario sobre la flota de galeones. [...] Hay datos que confirman el patronato de la Virgen del Rosario sobre el tercio de galeones y de la carrera de Indias. Por ejemplo, la imagen venerada en el convento de Santo Domingo de Manila nos lleva a deducir que el patronato ha nacido por extensión de la devoción profesada a cada una de las imágenes protectoras de la ciudad donde se iniciaban y concluían aquellas navegaciones, y, por otra parte, que existía algún vínculo por el que los navegantes se consideraban ligados al título del Rosario. En esto pudo influir el recuerdo de la batalla de Lepanto.

Al ser la Virgen del Rosario Patrona de las flotas de galeones, indudablemente lo era de las comunicaciones regulares entre la metrópoli y sus posesiones ultramarinas.

la_galeona_4_puertosantamariaLos oficiales y tripulaciones de las galeras reales construyeron, hacia 1564, una Cofradía protegida por el comendador don Luis de Requeséns. Se tituló de la Piedad y de la Caridad, y fue confirmada por el Papa San Pío V quien, a petición del Generalísimo dc la Santa Liga, don Juan de Austria, concedió no solamente la confirmación de lo ya hecho, sino que lo amplió con la facultad singularísima de investir al capellán de la Hermandad con la prerrogativa de ser el Ordinario de la Armada, siempre que se fundasen cuatro hospitales, a lo menos, para forzados, que se intitulasen de la Santa Liga, como consta en el Breve de dicho Pontífice de 19 de marzo de 1569. /Cruce de las calles Pozuelo o Federico Rubio con Pagador Natera o Dr. Palou. Foto: J.F.V.

Como El Puerto de Santa María era el fondeadero de invernada de las galeras reales y en él existía un hospital de forzados, la Cofradía comenzó el ejercicio de su piadosa misión fundiéndose con el hospital lateranense ya indicado, el que hubo de ampliarse considerablemente, inaugurándose entre tanto la hospitalidad en una caja aneja a la ermita de Santa Lucía, donde, siglos más tarde, también se instalaron las Capuchinas e intentaron erigir un hospicio los Trinitarios Descalzos.

Nombrado capellán mayor de la Armada el Inquisidor don Jerónimo Manrique, y confirmado de hecho por nueva bula del Papa San Pío V, de 27 de enero de 1570, aún hubo de tardar bastante la terminación de las obras de los nuevos hospital y capilla, que inauguró en 1613 el capitán general del mar océano don Manuel Filiberto de Saboya, quien no pudo, sin embargo, establecer definitivamente los enfermos en éste, continuando en el de Santa Lucía hasta 1630, en que se trasladaron a él de un modo definitivo.

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Otra fotografía del cuadro restaurado en su emplazamiento. /Foto: J.F.V.

Sostenían el culto los galeotes, a quienes se mermaba su mísera ración de bizcocho para este fin, restándoseles también una parte de las presas que las galeras reales hacían. El hecho de haber donado don Juan de Austria a la Cofradía una efigie de Nuestra Señora del Rosario, a quien se atribuyó la gran victoria de Lepanto, determinó el patronato de esta advocación sobre la flota de galeras, pues siendo el asiento de la jurisdicción privativa de la Armada la basílica lateranense de El Puerto de Santa María, donde se veneraba como protectora de la Cofradía de la Piedad y Caridad la imagen del Rosario, ésta quedó tácitamente constituida como Patrona de las galeras reales.

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Pilón de San Juan, a la izquierda, terrenos donde se encontraba la Iglesia de San Juan de Letrán y posteriormente se edificarían los ‘Pisos de los Marinos’.

Abandonado más tarde el hospital por la resistencia de los galeotes a seguir contribuyendo al levantamiento de sus cargas, se pensó, en la segunda mitad del siglo XVI, restablece en él un hospital de mujeres, que se llamó de la Providencia, y cerrado definitivamente en 1819 por no tener razón de ser, dado que la pena de galeras estaba abolida desde principios del siglo, se trasladó la imagen a San Fernando, donde estuvo en el Arsenal de La Carraca nueve años -1840 a 1849- pasando después a la capilla del Panteón de Marinos Ilustres, donde permaneció durante muchos años.

Actualmente la imagen de La Galeona que llevó D. Juan de Austria en la batalla de Lepanto se haya en el Viso del Marqués (Ciudad Real), en la capilla del viejo palacio del que fue ferviente católico y mariano don Álvaro de Bazán, figura destacadísima en aquella histórica contienda. /Texto: José María Blanca Carlier.

 

 

josedenavarreteyvelahidalgo_puertosantamariaEl escritor, político y militar español, José de Navarrete y Vela-Hidalgo (ver nótula núm. 1.996 en GdP), nacido en El Puerto en 1836 y fallecido en Niza (Francia), en 1901, dejó escrita esta semblanza de nuestra Ciudad, en su libro: ‘De Niza y Rota’, colección de diversos artículos periodísticos, publicado en París. Los párrafos que reproducimos, pertenecen al artículo ‘Mi tierra’. 

“... el Puerto, con su ribera del Guadalete, sus parejas de faluchos pescadores, sus puentes colgantes, su calle Larga, su Fernán Caballero y su Javier de Burgos. [...] Tierra del sol en eterno fondo azul, de las flores del saber, del arte, del júbilo, de la gracia, de la hermosura, del amor... Tierra donde nací, ¡bendita seas! ... /En la imagen superior, José de Navarrete, --la calle donde nació se llamó así entre 1901 y 1935) y en la ilustración inferior, la portada del libro de artículos 'De Niza y Rota'.

josedenavarrete_nizayrota_puertosantamaria[En un comentario que hace a una antigua tonadilla: el Trípili, evoca sus años mozos en El Puerto] Esa tonadilla se cantaba medio siglo ha en el teatro, que ya entonces llamábamos Viejo, sito en la calle de la Misericordia, en el Puerto de Santa María... Recordaba yo ese pasado en el Casino de Niza como si fuera el presente, y así mismo veía en la calle de Palacio, frontero al paseo del Vergel y a la iglesia de la Caridad, una caserón de los Duques de Medinaceli, en el cual vivía una señora joven, con los cabellos casi blancos, bien parecida y de carácter angelical, casada con un anciano valetudinario [*], seres que ya dieron sus cuerpos a los gusano y velan hoy por mí desde o alto...”.

[*] Dicho de quien sufre los achaques de la edad: Enfermizo, delicado, de salud quebrada.

JUANDEWHINTUYSENMDB_PUERTOSANTAMARIA2(continuación).

Por fin, el 10 de abril de 1844, después de este viaje que realizó enfermo, se presentó en el departamento de Cádiz y el 13 de mayo quedó asignado a la habilitación del navío Soberano,  nombrado mas tarde ayudante del capitán de fragata don Blas García de Quesada. Se encargó de la instrucción y disciplina de los Guardias Marinas que se encontraban en el Depósito del Arsenal y en otros buques fondeados en la zona. Esta tarea no le apartó de sus responsabilidades en el navío Soberano, aunque a finales de agosto cesaría su destino y asignación en este barco al ser nombrado Ayudante de esa Mayoría General (oficina del Mayor General). Se embarcó entonces en el Vapor Península, un vapor de ruedas construido en Inglaterra y adquirido en 1843 capaz de transportar 150 toneladas y armada de cuatro cañones. Uno de sus destinos fue el Ferrol, en cuyo departamento había servido de patrulla y  del que fue comandante dos meses y medio aproximadamente.

El 5 de noviembre de 1845, año en que se redactó una nueva constitución en la que se otorgaban mas poderes a la corona y al gobierno, tomó el mando de interino de un buque que le fue asignado por su entrada en balandra hasta que embarcó en el mítico Jacinto de la 1ª División de Guarda Costas en el que estuvo unos meses, tras los que, ya metidos en 1846, se le dio el nuevo destino que intentó cambiar con otro compañero (puede que también insatisfecho e interesado en el destino de Winthuysen), don Ángel Bello de Castro, homólogo suyo al que originalmente le correspondía el Apostadero de Filipinas, destino en el que puso sus miras Winthuysen. Finalmente y por Real Orden, se le concedió la permuta.

Este año de 1846 fue el comienzo en Cataluña de la segunda guerra carlista iniciada por los partidarios de Carlos Luis de Borbón y de Braganza, hijo de Carlos María Isidro.

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Crucero "Reina Cristina", buque insignia de la flota del Apostadero de Filipinas

Pasaron unos meses y Winthuysen seguía prestando sus servicios en Filipinas, en donde fue ascendido en el verano de 1847 a teniente de navío, cargo que desempeñaría durante doce años y medio.

En junio de 1848 se le concedieron cuatro meses de licencia para tomar baños minerales y a continuación embarcó a su regreso en la corbeta Venus como comandante. Esta nave fue adquirida en 1843 por la Armada como corbeta y dotada con un armamento de 16 a 20 cañones; fue  construida en el astillero particular de la Cabana, Ferrol, en 1842 como una fragata mercante de 500 toneladas. Obtuvo, además Winthuysen pasaporte para Tánger en donde pasaría un tiempo hasta que en febrero de 1849 y desembarcado de la Corbeta Venus, viajó a Cartagena para hacerse cargo del mando del falucho Saeta con el que estuvo también como comandante unos seis meses, tras los que pidió un descanso de 9 días para luego embarcar en la corbeta Ferrolana. Esta corbeta fue botada el 20 de febrero de 1848 y fue la última corbeta de vela botada en el arsenal del Ferrol. Por aquel entonces, se encontraba la Ferrolana bajo el mando del capitán de navío Jose María de Quesada y Bardalonga que por Real Orden de 7 de julio de 1849 dispuso un viaje de circunnavegación y zarpó el 5 de Octubre de 1849 del puerto de Cádiz, en donde se incorporó Winthuysen, rumbo  al cabo de Buena Esperanza para pasar al Índico en dirección a Manila. Hizo escala en varios puertos de India, China e Indonesia y  regresó a España por el océano Pacífico, recalando en Australia, Callao, Guayaquil y Valparaíso,  para entrar, por último,  en el puerto de Montevideo antes de llegar a Cádiz. Pero en este viaje de regreso ya no contarían con la presencia de Winthuysen, ya que el 20 de abril de 1850 tuvo que desembarcar de nuevo por enfermedad y esperar la primera oportunidad para regresar a la península en algún buque particular.

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Corbeta 'Ferrolana'.

En febrero de 1851  pasó a Tercios Navales y en septiembre se encargó interinamente de la Ayudantía del distrito de Puerto Real, ya que el propietario se encontraba enfermo y el Director General de la Armada  concedió a Winthuysen ese destino en el que permaneció casi dos meses.

Fue en octubre de este mismo año de 1851 cuando se casó con la joven gaditana doña Inés de Urruela y Barreda en la Iglesia Prioral de El Puerto de Santa María y con la que tuvo tres hijos: Pastora, Elena y Felipe de Winthuyssen y Urruela que criaría y educaría junto a su esposa puesto que su labor en estos años se centró principalmente y diría que únicamente, en la provincia de Cádiz salvo un corto periodo de tiempo que estuvo como comandante en Huelva,   de cuyo puerto y río elaboró un plano a principios de 1861 en el que hace advertencia de la calidad del fondo de la ría, la elevación de las aguas, la fuerza de la corriente, la variación magnética, el alcance de los faros y la situación astronómica de algunos puntos de la costa, entre otras observaciones.

En 1852 empezó a desempeñar el cargo de Ayudante de la Comandancia del Tercio de Navío de Cádiz; cargo del que fue nombrado a finales de octubre del año anterior y del que se ocuparía durante año y medio para luego, en agosto de 1853 encargarse, interinamente, de la Ayudantía del distrito de Puerto Real, previa obtención de la propiedad en este destino. En este puesto estaría casi cuatro años, hasta finales de septiembre de 1856, fecha en la que solicitó licencia para asuntos particulares y para los que le concedieron dos meses por Real Orden.

cruzdesanhermenegildoAYUDANTE DE MARINA EN EL PUERTO.

Nueve meses más tarde, el 29 de junio de 1857, fue nombrado Ayudante de Marina de El Puerto de Santa María hasta finales del mes siguiente y en octubre de 1858,  2º comandante de Marina de la provincia de Algeciras. /Estaba en posesión de la Cruz de San Hermenegildo.

A finales de 1859 solicita la Cruz de San Hermenegildo y pocos meses después se la conceden. Esta cruz es una distinción militar creada por Fernando VII al terminar la guerra de la independencia en 1814 y que se concedía como una de las mas importantes  recompensas a esos militares ejemplares que sirvieron a los ejércitos. Fue puesta por el rey  bajo la advocación de un santo, ya que éste quería que fuera distinción de alto rango y por ello decidió que fuese San Hermenegildo que había sido rey de Sevilla y mártir en defensa de la fe.

El 27 de marzo de 1865, a los 47 años de edad, se retira con el rango de capitán de fragata que desde hacía cinco años venía ocupando. A partir de entonces comienza una nueva etapa para él en El Puerto de Santa María en donde, nada mas lejos de quedarse sin tareas, se embarca en otros proyectos que le integrarían tanto política como socialmente en la ciudad que lo vio nacer, proyectos que tan bien describe Antonio Gutiérrez  en la segunda parte de su libro “los Winthuysen” al que remito para saber de esos últimos años de vida de este ilustre portuense. (ver rótula 1.987 en Gente del Puerto)

En octubre de 1884 la desgracia llegaría a su familia: su hijo Felipe, el mas pequeño y único varón, fallece pocos meses antes de  cumplir los 30 años de edad. El duro golpe deja desolada a la familia. Unos años mas tarde, el 26 de noviembre de 1899 a las ocho de la tarde fallecía su esposa Inés a los 78 años de edad y así recogió el suceso la “Revista Portuense”:

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“Ayer á las 4 y media de la tarde fue conducido al Cementerio Católico de esta ciudad, el cadáver de la Sra. D.ª Inés Urruela y Barreda de Winthuyssen, (q.s.g.g.) Era llevado a hombros por varios sirvientes de la casa. El acompañamiento, que era muy numeroso lo formaban distinguidas personas, y el duelo los Sres. Tosar(D.J.), Palacios(D.M.). Pico y Lobo, González Urruela, Ruíz de Cortázar, Figueroa (D.A.), Oneto(D.F.), Sancho (D.M.A.), Ruíz y López (D.J.), Martínez Colón (don J.A ), Cuesta (D.J.L.), Felices (D A.), Barreda (Presbítero), Luna (D.R.) y García Ruíz (D.J.L.) Presidían el Director Espiritual de la finada y los Sres. D. José Jiménez González y don Eduardo Urruela.”

Tan solo tres años después, el 27 de marzo de 1902, moriría Juan de Winthuysen en la casa número 21 de la calle Larga, donde vivió con su hija Pastora desde que enviudó, según relata la Revista Portuense:

“Falleció ayer y fue conducido al Cementerio Católico, el Sr. D. Juan Winthuyssen antiguo y respetable convecino nuestro, de ilustre apellido en la Marina española y perteneciente a una familia distinguidísima. Era Capitán de Navío graduado de 1ª clase. Reciba su apreciada familia la expresión de nuestro más sentido pésame. El sepelio se verificó ayer tarde a las cinco. La fúnebre comitiva formabanla el clero parroquial con cruz alzada, el cadáver colocado en el féretro que era conducido á hombros por dependientes de la familia, cuatro Hermanitas de los Pobres y el acompañamiento en el que figuraban muchas conocidas personas. De la caja pendían cuatro cintas que llevaban los señores D. Guillermo Pattersson, D. Antonio Peñasco, D. Manuel García Valdeavellano y D. José Jiménez González. El duelo presidíanlo el Alcalde, el capellán don Ricardo Luna y don Miguel Palacios hijo político del finado.”

Mi especial agradecimiento al Archivo General de la Administración y al Museo Naval de Madrid por haberme permitido consultar sus archivos y haberme facilitado ciertos documentos sin los cuales no habría podido escribir esta nótula. /Texto: Juan Manuel Rodríguez Gay-Palacios. Juan de Winthuyssen.

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