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maremoto

Fue el día de los Tosantos de 1755. Hoy se cumplen 255 años del Maremoto que inundó muchas calles en El Puerto, consecuencia del terremoto previo conocido como ‘de Lisboa’. Tres contemporáneos, tres vecinos de El Puerto lo relatan en sus escritos. Lo vivieron en primera persona. Cada autor refiere uno de los tres temblores de tierra que se produjeron, así como las tres grandes olas –los actuales Tsunamis- que vinieron a continuación: el Maremoto.

libro_ruizdecortazar_puertosantamariaA las nueve y tres cuartos, «por espacio de ocho o nueve minutos sin intermisión un notable estremecimiento de la tierra con vibraciones de sus edificios y un ruido espantoso subterráneo, como el de los truenos oídos a bastante distancia; los árboles, sin hacer viento alguno, se mecían en un extraño movimiento en su tronco  y hojas», describe Ruiz de Cortázar a partir de la página 371 de su libro Puerto de Santa María ilustrado y compendio historial de sus antigüedades (1764),  (Edición y Estudio de Manuel Pacheco Albalate y Enrique Pérez Fernández) quien a pesar de hacer un relato del terror que se vivió en la Ciudad, reconoce que no fueron muchas las pérdidas experimentadas, en comparación con otras poblaciones de nuestro entorno o de la península ibérica. Imaginemos por un momento, día de fiesta, los templos y capillas de culto abarrotadas. Los fieles celebraban o iban a celebrar los cultos. (En la imagen de la izquierda, portada del libro de Anselmo Ruiz de Cortázar, ed. de Pacheco Albalate y Pérez Fernández).

prioral_img_portada_puertosantamariaOtro de los testigos que dejó por escrito sus impresiones, el presbítero Joseph Fernández Mancebo, manuscribe en 1755, en el Libro de Matrimonios de la Iglesia Mayor Prioral, folio 230, una nota con el relato del desastre, datando la primera réplica al terremoto: «En siendo 1º de Noviembre, día de Todos los Santos, como a las diez y ocho minutos de la mañana hubo un terremoto formidable en esta ciudad en que tembló la tierra por espacio de diez minutos poco mas o menos; se cayeron las cabezas de las tres figuras que sirven de remate a la portada que llaman del sol, siendo un patente milagro no lastimasen a persona alguna de cuantas salían de tropel por la otra puerta, ni haber daño notable en los edificios y a poco rato creció el río con tanto ímpetu que anegó todas las casas de la Ribera y llegó hasta la calle de la Victoria cosa nunca vista y mayor milagro no haber habido desgracia notable por cuyo motivo hicieron los dos cabildos voto solemne de celebrar perpetuamente fiesta el referido día a Nuestra Soberana Patrna Mª Santísima de los Milagros siendo tantos los que aquel día experimentamos que no se puede numerar. Bendita sea por siempre». (En la imagen de la izquierda, las tres figuras que rematan la Puerta del Sol de la Prioral, reforzadas con hierros para fijar sus cabezas, tras el terremoto).

kantLa observación del filósofo alemán, Emmanuel Kant, dejó registrado en sus textos que, ocho días antes del suceso, una multitud de lombrices fueron vistas cuando salían impulsadas de debajo de la tierra cerca de Cádiz. ¿Qué pensarían los portuenses de entonces de tan extraños y precursores fenómenos: animales que rebullían inquietos, otros que huían y desasosiego generalizado en la naturaleza? (En la imagen de la izquierda Enmanuel Kant).

«Aún no se había recobrado el susto de tan espantoso terremoto, cuando alteró nuevamente los ánimos de sus habitadores el mar, que en furiosos torbellinos de elevadas olas con desenfrenado acometimiento, se lanzaba contra nuestro Puerto y sus riberas», prosigue Ruiz de Cortázar, quien relata la fuerza de las aguas contra las hoy conocidas como Murallas de Santa Catalina o el fortín de la Laja; destruyó las Ermitas de Santa Catalina, San Antón y de Guía (esta última por donde están hoy las Bodegas Gutierrez Colosía), llegando la ola la Casa del Marqués de la Cañada (Hotel Santa María), alcanzando los cuarteles de la Plaza del Polvorista (el Teatro Muñoz Seca), inundando la plaza de la Pescadería (Grupo de Viviendas de la Pescadería), moviendo embarcaciones sobre el muelle o desplazándola muchos metros por detrás del Matadero Viejo (la sede del Area de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible).

ruizdecortazar_terremoto_puertosantamariaA las 12 del mediodía hubo otra réplica del temblor, y una nueva y desproporcionada ola. Algunos estudiosos del maremoto en la capital afirman que el mar se retiró de la playa a media legua (más de 2 Kilómetros) dejando ver zonas inéditas y sobre la arena y escolleras todo tipo de fauna marina. Los vecinos huyeron despavoridos a los Ejidos de San Francisco, San Sebastián y San Juan, algunos al paraje de La Belleza o por la carretera en dirección a Jerez. --Lo mismo ocurriría 200 años después, en 1947, con motivo de la explosión de Cádiz, pero esa es otra historia--. Hubo quien, en los corrillos, hablaba del fin del mundo; también quien tranquilizaba a los porteños recordando haber leído en la biblioteca del Marqués de la Cañada que olas de igual tamaño alcanzaron a Cádiz en el 218 a.C., y ahí seguía Cádiz.  Pero todos temían que el desastre se repitiera, con mayor virulencia. (En la imagne de la izquierda, fragmento de la página 371 del libro de Anselmo Ruiz de Cortázar, donde se da cuenta del Maremoto).

José Miguel Bernal, mercader a Indias, recoge como cosa señalada en el año 1755. «... Pero fue mayor el susto cuando a las 12 del día, vimos salir el río de madre e inundarse todas las casas de la ribera desde Guía al matadero, en donde vararon muchas embarcaciones y se inundó todo aquel sitio y Pozos Dulces, librándose solamente el convento del Espíritu Santo, adonde no llegó el agua. La ermita de Consolación se anegó y subió hasta fin del altar el agua y, asimismo, todas las casas de enfrente y subsiguientes, pues en la Plaza de la Herrería vi una lancha que montó por cima de la muralla del muelle de las Galeras, siendo todo aquel sitio, Caridad, oficios, aduana y pescadería un mar. Yo vi dos barcos que montaron por cima de la muralla y vararon frente a las casas de Cortés.

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Plano de El Puerto de Santa María del S XVIII. Cañerías y Fuentes Públicas.

Prosigue Bernal en su relato que «Con corta diferencia y después de algún breve rato, hizo otros dos o tres acometimientos a subir, pero fue con más benignidad, aunque, a Dios gracias, no ha habido más desgracias que una mujer y un hombre ancianos, una muchacha de 8 a 9 años y dos niños, uno de pecho y otro mayor a 10, que éstos se ahogaron. [...] Aquella noche tomó la justicia la providencia de mandar que nadie saliese de su casa y que se pusieran luces en las ventanas, que se rondase toda la noche, así el gobernador y alcalde como todos los regidores y patrullas de soldados por toda la ribera para, si se alterase el mar, avisar con tambores y que entonces todos pudiesen ponerse a salvo, cuya providencia fue muy acertada porque aquella noche tuvo alguna alteración que hubiera sido lo bastante para que los ánimos consternados hubiesen alborotado la ciudad, de que se podrían haber originado muy fatalaes consecuencias, pero todo estuvo quieto y contenido con estas acertadas providencias». Trasncripción del manuscrito de José Miguel Bernal, del libro de Juan José Iglesias, 'Memorias de un Mercader a Indias'.

arcadenoeHoy, tras los últimos años que llevamos en el mundo globalizado, de terremotos, seísmos, maremotos y tsunamis, los ciudadanos inquietos miran para los expertos del proyecto GITEC (Génesis e Impacto de Tsunamis en las Costas Europeas), quienes han simulado los efectos de aquel maremoto de 1755 en nuestras costas y el impacto que hoy tendría sobre las mismas. Afirman que no es probable que se genere un maremoto tan violento los que han asolado el sudeste asiático. Incluso, los estudiosos afirman que sería difícil que se diera con tanta fuerza como el de hace 255 años; ni siquiera a la mitad, sustentándose en comparaciones y medidas propias de estudiosos de la geotecnia. Lo cierto y verdad es que una cierta aprensión a vivir delante de la franja marítimo terrestre está consiguiendo lo que no pueden legisladores ni especuladores: que los precios de las viviendas que miran al mar, bajen, por primera vez en ¿255 años? Algo tendrá que agradecer el porteño a ese efecto del miedo al improbable Maremoto, para que abarate las casas y pueda acceder a una vivienda en su Ciudad, a un precio razonable. (Texto: José María Morillo). (Ilustración: construcción del Arca de Noé).

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enriqueochoa_catalogo_puertosantamariaEl pasado viernes, la Academia de Bellas Artes, rendía homenaje al pintor de El Puerto, Enrique Ochoa, con la inauguración de una pequeña muestra de la inmensa creación artística del pintor de la música, recogida en esta exposición, procedente de diversos coleccionistas  Se trata de la primera gran muestra organizada en su ciudad natal desde su fallecimiento en 1978, excepción  hecha de la Exposición que se celebró en el Palacio de Oneto en 1988, con ilustraciones que habían servido para la editorial Araluce. Una muestra en la que se pueden contemplar más de 40 obras de diferentes etapas y técnicas (ilustraciones, retratos al óleo, pasteles, acuarelas), de este portuense universal, contemporáneo y amigo de Picasso, García Lorca, Alberti, Rubén Darío o Andrés Segovia -entre otros-.  Se puede contemplar hasta el 14 de noviembre de 2010 en la Sala de Exposiciones de la calle Luna, 17, frente a la Oficina de Turismo.

Enrique Estévez Ochoa nació el 27 de abril de 1891, a las tres de la mañana, según la partida de nacimiento y, a las ocho, según la partida de bautismo, en la calle Neverías, nº 26, de la ciudad gaditana de El Puerto de Santa María.

padresenriqueochoa_puertosantamariaSus padres: Francisco Estévez Fernández, Teniente de Infantería, y María Milagros Ochoa Ríos, ambos naturales de El Puerto de Santa María, habían contraído matrimonio en la Iglesia Parroquial de la Encarnación de la población sevillana de Constantina, correspondiente al partido judicial de Cazalla, el diecisiete de abril de 1890, celebrando la ceremonia el hermano de la contrayente don Francisco de Paula Ochoa Ríos. Enrique fue bautizado por su tío materno, el presbítero, don Francisco de Paula Ochoa Ríos, en la Iglesia Mayor Prioral, de El Puerto, el día cuatro de mayo de 1891. Se le impusieron los nombres de Enrique Toribio, el primer nombre en recuerdo de su difunto abuelo paterno y, el segundo, por ser el día de su nacimiento la festividad de San Toribio de Mogrovejo. Fueron sus padrinos: su tío Juan Ochoa Ríos y, su mujer, Milagros Pacheco Rueda.

La familia Estévez Ochoa se encontraba a comienzos de 1891, es decir el año del nacimiento del futuro pintor, en La Palma, en Huelva, ya que el Teniente Estévez estaba destinado en el Regimiento de Infantería de Reserva La Palma n° 20, siendo destinado a El Puerto de finales de Enero de ese año, por lo que la madre debió llegar a nuestra ciudad embarazada de seis meses de su hijo Enrique, que habría sido gestado en tierras onubenses.  Fue Enrique el mayor de los dos hijos que tuvo el matrimonio, ya que cuatro años después del nacimiento del pintor, el 28 de mayo de 1895, nació en Huelva, su hermana María Felisa, bautizada con el mismo nombre de una de sus bisabuelas materna, coincidiendo en el santoral el día de su nacimiento con San Félix.

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Vapor Magallanes.

Las insurrecciones que se estaban produciendo en las Islas Filipinas, motivó a su padre que, como hemos indicado era militar, a embarcar voluntario, en compañía de su mujer y de sus dos hijos de corta edad, en el vapor “Magallanes”, con uno de los batallones que, partiendo de Cádiz, el 18 de diciembre de 1896, es enviado al archipiélago filipino.

[Su madre fallecería en la Batalla de Cavite contra los EEUU y su padre, a su regreso a España] Ante esta situación y dado que no vivían sus progenitores, se hace cargo de él su madre política: Francisca Ríos, viuda de Ochoa, que era quién, también, se había hecho cargo de los niños. [...] Según el propio Enrique Ochoa, él marchó a Toledo, a la Academia María Cristina, para la formación de los huérfanos de militares, cuando contaba con ocho años, lo que debió ocurrir hacia finales de 1899. Y, a su hermana, de cuatro años, la envían a Aranjuez, a otro colegio para huérfanas de militares, que llevaba también el nombre de María Cristina.

[...] En esta Academia tendría por compañero, entre otros, al que luego sería su amigo, Francisco Rodríguez Hinojosa que, siendo Teniente Coronel, participó en la gestión del depósito, a la Guardia Civil, del lienzo “Defensa del Santuario de la Virgen de la Cabeza”. También fue compañero suyo el que luego sería famoso general republicano Rojo, que también era huérfano de padre y madre.

enriqueochoa_joven_retratoOtro compañero en el Colegio María Cristina, paisano de la gaditana Algeciras, también huérfano de militar, y que luego sería un importante pintor: Rafael Argelés Escriche (1894-1979), coincidiría con el artista portuense, estableciéndose entre ambos una gran amistad. De esta época se conserva un retrato a carbón que el joven Argelés realizó del también joven Ochoa.

Ambos artistas hicieron sus pinitos pictóricos de la mano del artista turolense de Cella, aunque residente en la imperial Toledo, Ricardo Arredondo y Calmache (1850-1912).

Con la mayoría de edad, el joven Enrique, que había realizado varios cursos como cadete, ya tiene claro que prefiere los pinceles a las armas y, finalmente, gracias a las influencias de la obra del pintor cretense: “desde mi niñez se apoderó de mí el espíritu de las pinturas del Greco”, se decide a ser pintor. Constantes visitas a los museos toledanos, para admirar a las obras de El Greco y con la ayuda de las descripciones de Cossío.

En 1907 viaja de Toledo hacia Andalucía, instalándose en Sevilla, por un período que abarcará siete años. Allí comienza a estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes. Siete años deambulando por la capital hispalense: “…su primera juventud, solo, en Sevilla —la Florencia española—, lejos del calor hogareño, sin pensiones, sin lienzos, sin libros apenas; empleando buena parte de su ingenio en persuadir a los mercaderes de que le diesen, bajo su palabra de artista, colores y tablas…”. [...] El 2 de abril de 1911 se inaugura la Exposición de Bellas Artes de Sevilla, en la Casa Lonja, y donde Enrique Estévez Ochoa —entonces firmaba con los dos apellidos— participó con un óleo, que llevaba por título “Impresión”.

ochoa_elecciondeneneEn 1914 se instala en la capital de España, donde comienza ilustrando la revista “Por esos Mundos”, en su primera época, cuando la dirigía Perojo. Su primera exposición individual tuvo lugar en Madrid, entre finales 1914 y principios de 1915, en uno de los Salones de Turismo Hispano Americano.  Dicha exposición pasó desapercibida para el gran público, debido sin duda a la mala organización: salón de los más pequeños y peor alumbrados, faltas de reclamo, ni siquiera catálogos. Sin  embargo se llegó a hacer eco de ella, nada más y nada menos, que José Francés, uno de los mejores y más afamados críticos de la época, y que más tarde se convertiría en su compadre. (En la imagen 'La elección de Nené,' 2ª. B y N 1.795, 11 de octubre de 1925. Aguada, lápiz negro y gouache. sobre cartulina, cartulina impresa, cartón fino coloreado. 29,8 3 18,4 cm, 30,2 3 18,8 cm, 34,7 3 26,0 cm. Colección ABC).

En esta primera exposición aparecían obras tales como: “La joven del lirio”, “Carmen”, “Luis Alonso”, “Magdalena”, “El Rubio”, “Una gitana”, “Retrato del escultor Cluny”, “El hombre del jardín”, “Diego”, “Curro Flores”, un “Retrato de la señorita de Olmedilla” así como una “Apunte para el retrato de Pedro Marón”.

Desde septiembre de 1914, en que marchó de Sevilla a la capital de España, vivió la vida bohemia, aliado de personajes como Andrés Segovia (1891-1982), de quién llegó a pintar un retrato por aquella época, Emilio Carrere (1881-1947), famoso por su bohemia y por ser el cantor de los bajos fondos madrileños, el escritor sevillano Rafael Lasso de la Vega (1890-1960), el poeta Pedro Luís de Gálvez. Participo en algunas tertulias donde asistía el dramaturgo don Jacinto Benavente  (1966-1954).

ochoa_retrato_dama_madridMuchos de estos personajes fueron compañeros suyos en la revista “La Esfera”. También por estas fechas entabla amistad con Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), del que ilustró su obra ‘La Roja’, Mauricio Bacarisse (1895-1931), al que ilustraría su libro ‘El esfuerzo’ (1917), convertido hoy en una joya bibliográfica, y José Bergamín (1895-1983), en el Café Pombo, el famoso Café fundado por el autor de ‘Las Greguerías’ e inmortalizado por José Gutiérrez Solana (1886-1945). (En la imagen, dama de la alta burguesía madrileña en el estudio de Ochoa. Madrid, 1920).

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La mañana, la tarde y la noche. Ilustración para revista 1920. Sanguina sobre papel. Colección Alfonso Jiménez.

En sus primeros tiempos en la capital de España se dedicó a pintar retratos, entre los que cabe destacarse el de la emperatriz granadina Eugenia de Montijo, en los últimos años de la vida de ésta. Este retrato desapareció del Palacio de Liria, propiedad de los Duques de Alba, durante la guerra civil española, estando actualmente en paradero desconocido.

ochoaymujer_puertosantamariaContrajo matrimonio con Julia Puertas González (Granada 4/4/1894 Madrid-1974), el 14 de julio de 1919, en la Parroquia de San Antonio de la Florida, de Madrid, donde se encuentran los magníficos frescos de Goya, y donde, precisamente, en noviembre de ese mismo año de la boda, fueron trasladados los restos del pintor aragonés, aunque, como ya es sabido, a falta de la cabeza. Celebró la ceremonia el reverendo Ramón Gómez de las Barreras, y fueron los padrinos de la boda: Federico Airoz Álvarez y Gloria Ramírez Puertas. El joven matrimonio viajó de luna de miel a El Puerto de Santa María, donde se encontraban el día 18, y donde permanecieron durante todo el verano. Enrique Ochoa aprovechó para pintar algunos retratos, entre ellos alguno para una importante familia roteña.  Fruto de este matrimonio nacieron tres hijos, de los cuales, los dos primeros fallecieron a corta edad, sobreviviendo sólo el tercero: José, que nació en Madrid el 5-12-1921, y falleció en la misma ciudad en el 25 de septiembre del año 2000. (Boda de Enrique Ochoa y Julia Puertas. 14 de julio de 1919).

prosasprofanas_1920Este matrimonio duraría pocos años, pues cuando Enrique Ochoa marchó a Barcelona, a mediados de los años veinte, con motivo de una de sus exposiciones, decidió quedarse allí. Y, desde entonces, se unió sentimentalmente a su alumna, la pintora bilbilitana, Carmen Osés Hidalgo. Con Carmen vivió, pintó y viajó por el mundo hasta la muerte de ésta acaecida en 1961. Enrique Ochoa llegó a pintar un soberbio retrato al óleo de Carmen, hoy en la colección del nieto del pintor. (En la imagen, libro de Ruben Darío 'Prosas Profanas', de 1920, con ilustraciones de Enrique Ochoa).

A finales de los años veinte, Enrique Ochoa ya viaja a Mallorca, y se instala en Pollensa, en una casita al final de la escalinata del Calvario, donde vivía y pintaba. Unos años antes, también el poeta nicaragüense Rubén Darío, llegó a Pollensa, y se hospedó en la fonda del Loro.

Hemos de recordar que ya Ochoa había trabado amistad con el poeta y que, años después, tendría ocasión de ilustrar sus obras completas en la editorial Mundo Latino. Desde su primera exposición de 1914, hasta estallar la guerra civil, Ochoa llegó a realizar una veintena de exposiciones en: El Puerto de Santa María, Sevilla, Barcelona, Mallorca, París, Milán… Además de concurrir a otros certámenes y exposiciones colectivas, como los Salones de Humoristas, la Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, los Salones de Otoño… Según cuenta el propio Ochoa, él marcha de Barcelona a Mallorca, en el último barco que zarpó antes de estallar la guerra civil, por lo que debió ser en la primera quincena de julio de 1936.

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Federico García Lorca vistop por Enrique Ochoa. Granada. 1933. Óleo sobre lienzo. 64x74 cm. Colección Estévez-Téllez.

enriqueochoa01SANTUARIO DE SANTA MARÍA DE LA CABEZA.

Poco después de los acontecimientos de Guernica, estaban sucediendo hechos igualmente dramáticos en Sierra Morena. En dos cumbres, en tomo al Santuario de Santa María de la Cabeza, llevaban nueve meses resistiendo, estando a favor del Alzamiento, un total de 250 guardias civiles, con sus familias, un centenar de falangistas y unos setecientos civiles, miembros de la derecha de Andujar. Pese a que las fuerzas de Queipo de Llano se encontraban relativamente cerca, estaban en Porcuna desde el 1 de enero de 1937, los nacionales no hicieron ningún esfuerzo por liberar a la guarnición. (En la imagen, 'La mujer y las telas'. B y N 1.729, 6 de julio de 1924. Gouache, grafito, toques de color y rótulo a tinta sobre cartulina, cartulina coloreada. Colección ABC).

A principios de abril el bando republicano, decidió combatir aquella isla de resistencia en medio de la zona republicana y, para ello, envió una gran fuerza al mando del coronel García Vallejo.
Al frente de la guarnición del bando nacional estaba el comandante Nofuentes, que prefería rendirse, y fue depuesto del mando. Su lugar lo ocupó el capitán de la guardia civil Santiago Cortés. Franco dio permiso a Cortés para rendirse si la resistencia se hacía imposible, pero éste dijo a sus hombres: “La guardia civil y la falange mueren, pero no se rinden”. Pese a que las mujeres y los niños tenían garantizada la evacuación, los hombres de Cortés decidieron resistir. Y el 11 de mayo, el ejercito de la República, que lo componían unos veinte mil hombres, irrumpió en el santuario.

enriqueochoa02El santuario fue incendiado. Los combatientes hechos prisioneros, y el capitán Cortés, que había resultado herido, murió en el hospital, llevándose a la tumba el lugar donde había enterrado la efigie de la Virgen de la Cabeza. (En la imagen, 'Capricho oriental'. B y N 1.422, 18 de agosto de 1918. Pastel y tinta sobre cartón. 35,9 x 25,9 cm. Colección ABC).

Fuerte impacto debió producir este suceso en el pintor de El Puerto, hombre sensible, donde los haya y que, además, conocía como nadie, el dolor de la guerra. Creemos que, Enrique Ochoa, debió ver cierto paralelismo entre este episodio de nuestra guerra civil y el que, treinta y nueve años antes, había vivido en sus carnes, cuando “los últimos de Filipinas”, junto a sus padres y hermana se vio sitiado en Manila, por la tropas norteamericanas y los tagalos. Y, curiosamente,  este episodio fue coincidente hasta en la fecha: el 1 de mayo. Por otra parte, hemos de indicar que en las islas Filipinas se le tiene una gran devoción a Nuestra Señora de la Cabeza, por lo que cabe pensar que este hecho debió percibido el pintor en su estancia en el archipiélago, y sin duda, también le influyó en su determinación de pintar el cuadro.

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Defensa del Santuario de la Virgen de la Cabeza. 1937.

Después de meditado mucho, y de hacer no pocos bocetos, se decidió a pintar un cuadro, de grandes dimensiones, aproximadamente las mismas que el Guernica picassiano. Este cuadro fue expuesto en Milán, en la Galería Pesaro, en 1938.

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El cuadro de la 'Defensa...', en la ubicación que tuvo en la Academia de Bellas Artes, entro otros cuadros de la donación, que en la actualidad se exponen en la muestra de Ochoa 2010.

Años después, en 1948, este cuadro entró a formar parte de la donación de sus obras a su ciudad natal. Y, en El Puerto estuvo, hasta 1956, en que el Ayuntamiento, lo cedió en depósito, a la Dirección General de la Guardia Civil, que aún lo mantiene en sus instalaciones. Confiamos que cuando nuestra ciudad cuente, al fin, con un Museo de Bellas Artes, esta obra pueda volver aquí, para que pueda ser contemplada por los paisanos del pintor que la plasmó, y pueda ayudar a comprender, a las generaciones venideras, lo que otro pintor, aragonés universal, bautizó como “los desastres de la guerra”.

Como dato curioso hemos de señalar que, el 9 de septiembre, día en que fueron depositados los restos mortales del pintor Enrique Ochoa en el cementerio portuense, era la festividad de Ntra. Sra. de la Cabeza.

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Aquel 6 de marzo de 1948, en la donación que Ochoa realizó a la Academia en un acto multitudinario, se encontraban en la presidencia, el presidente de Bellas Artes, Ramón García-Llano, su pareja Carmen Oses, Eduardo Ciria Pérez alcalde de la Ciudad, Enrique Estevez Ochoa y el Teniente Coronel de la Guardia Civil y amigo de juventud del pintor, Enrique Rodríguez de Hinojosa.

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Estudio del pintor en Palma de Mallorca, calle Apuntadores, 45. Año 1949.

Las “Imágenes Internas” son una parte de la obra ochoadiana, de un simbolismo alegórico, que nuestro artista crea una vez concluida la Guerra Civil, a finales de los años treinta y comienzos de los cuarenta, en que una intensa vida interior, de recogimiento, solo acompañado por la música, y la pintura, dan como resultado unas expresiones plásticas, basadas en cuatro pilares o temas fundamentales: la religiosidad, San Francisco de Asís, el amor, y la música. Religiosidad: ‘Hacia la luz’, ‘Camino celeste’, ‘Ángeles en adoración’, ‘Tránsito de luz’, ‘Floración espiritual’, ‘Elevación’, ‘Evocación’, ‘Éxtasis’, ‘Paisaje angélico’.

ochoa_sanfrancisco_puertosantamariaSAN FRANCISCO.

Otro apartado dedicado a San Francisco, una devoción constante en toda su obra, es posible que en recuerdo de Francisco Estévez, su malogrado padre, con obras tales como: ‘La llama blanca de Asís’, ‘Imagen franciscana’, ‘San Francisco de Asís’, ‘Monjes’… El amor: ‘El amigo y el amado’, ‘Primera sensación de amor’, ‘Almas iluminadas de amor’, ‘Amor es unión de almas’, ‘Tu pintas con el alma de la amada’, ‘El árbol del amor’, ‘El mito amatorio’, ‘Se aman en su mundo interior’… Y en otro apartado la música: ‘Momento musical’, ‘Sinfonía eterna’, ‘Soledad sonora’, ‘Lírica de las emociones’, ‘Chopin y la inspiración’, ‘Solo en el silencio oímos la sinfonía interior’, ‘Ritmo’…

De 1940 a 1948 es la etapa en la que, Enrique Ochoa, se recluye en la celda número 4, de la Cartuja de Valldemosa, donde se conserva esa reliquia única del amado ‘Pleyel’ de Chopin, que fue donde se originó la ‘Plástica Musical’, a raíz de sus estudios, que derivarían de las ‘Imágenes Internas’, y que ya serían una constante en su obra hasta su muerte.

evitaperonEn abril de 1949 se embarca en Cádiz, rumbo a Buenos Aires, acompañado de su pareja Carmen Osés. Tenía el encargo de entregar a la esposa del Presidente argentino, doña Eva Duarte, un cuadro que la hermandad de la Macarena le había encargado para que se le regalase a dicha señora. Se trataba de un tríptico de ‘La Anunciación’.

Eva Perón, quedó tan complacida que, quiso corresponder a la hermandad sevillana, y encargó a Enrique Ochoa, pintase un cuadro de ‘Nuestra Señora venerada Virgen de Luján’, Patrona de la Argentina para regalarlo a la hermandad de la Macarena. El propio maestro Ochoa fue el portador del cuadro, desde Buenos Aires hasta Sevilla. (En la imagen de la izquierda, Eva Perón).

Durante algunos años vivió en Barcelona, en Ibiza y también en Canarias, pero siempre tuvo un pie en Mallorca, la isla maravillosa, con la que mantuvo un idilio desde su primer viaje. Dirigió el Museo Menestralía, de Campanet. Fue nombrado ‘Académico’ de la de San Sebastián, en Palma de Mallorca en 1960, sustituyendo al fallecido pintor Anglada Camarasa, junto al poeta Guillermo Colom y al pintor Juan Pizá. Llegó a ser nombrado Vicepresidente de dicha Academia.

Contaba 75 años cuando concurre al XXXVII Salón de Otoño madrileño, en su edición de 1966, y en la que se le dedicó una de las salas especiales, la sala XV, en su honor, con 28 obras, obteniendo ‘Primera Medalla’ por la obra “Concierto n°. 1” (Tchaikovsky). El ‘Premio Jesús Aramburu’, por la obra “Autorretrato”. Y en el mismo certamen es merecedor, también, del ‘Premio Casa Calles’, consistente en el trofeo ‘Paleta de Oro’, por la obra inspirada en el final del mismo “Concierto n° 1”.

ochoa_autorretrato_1944HIJO PREDILECTO DE EL PUERTO.

Por acuerdo de Pleno del Excmo. Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, de 2 de septiembre de 1967, ratificando lo acordado en la Comisión Permanente de 19 de julio de ese mismo año, Enrique Estévez Ochoa, fue nombrado ‘Hijo Predilecto’ de su ciudad natal. (En la imagen de la izquierda, autorretrato de 1944).

En diciembre de 1968, y en el Palacio del Retiro, se celebró el trigésimo noveno Salón de Otoño. Enrique Ochoa expuso junto a Francisco Llorens, José Cruz Herrera, Enrique Segura, Alfonso Grosso, Josefina de Lanceiro, Francisco Soria Aedo, José Bardasano, Julio Moisés, Eduardo Chicharro Agueras, Luís Brihuega y Agustín Segura, en las salas IX y XI, llamadas de maestros.

Asimismo, en la sala XII, se exponían dibujos de maestros, además de algunos de los ya citados, junto a Ochoa, otros como José Pérezgil, Isabel Guerra y Francisca Rubio. En esta ocasión le otorgan a Ochoa la ‘Medalla de Honor’, por su obra: “San Francisco, el pobrecito”.

En el XL Salón de Otoño de Madrid, celebrado en el Palacio de Velázquez, en 1969, un jurado especial compuesto por: el Marqués de Lozoya, don José Cruz Herrera, don Agustín Segura, don Mohamed Sabry y don José Prados López, acordaron por unanimidad, conceder el ‘Premio Extraordinario Princesa Sofía’, al pintor portuense.

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Cerca de la Parroquia de la Milagrosa, del poeta García Lorca al que pintó, de su amigo Juan Lara, 'Pintor Enrique Ochoa' es una de las calles de circunda al Colegio Luisa de Marillac.

CALLE ENRIQUE OCHOA.

Con 84 años sería cuando Enrique Ochoa lograría alcanzar una de sus mayores ilusiones, tener una calle con su nombre en su ciudad natal. Esto ocurría en 1975:  “Mi premio mayor, aunque soy ciudadano del mundo, porque he recorrido todo y en todas partes tengo amigos, es el de saber que he nacido en El Puerto de Santa María y que ya, en vida, tengo una calle con mi nombre allí”.

juanlaramisrecuerdos_puertosantamariaDESCANSAR PARA SIEMPRE EN EL PUERTO.

Desde hacía bastante tiempo, el pintor había solicitado, como su última voluntad, un pequeño nicho donde reposar cuando falleciera, y que le fuera sufragado por el Ayuntamiento. Incluso llegó a dejarle el “encargo” al pintor Juan Lara, que nos lo cuenta en “Mis Recuerdos”: “Tengo un largo archivo epistolar suyo, e incluso en cierta ocasión me encargó que, si moría antes que yo, me ocupase de que lo trajesen al Puerto”.

La burocracia municipal hizo que la solución a esta petición se fuera demorando, de ahí que el hijo de Enrique Ochoa se viera obligado a escribir al Ayuntamiento portuense. Carta que fue leída en  la Comisión Municipal Permanente del 23 de agosto de 1978:  “…dando cuenta de que su padre se encuentra  internado en la Cruz Roja de Palma de Mallorca, aquejado  de fractura de cuello de fémur, con escasas posibilidades de  recuperación, y que su mayor ilusión es que, en caso  de fallecimiento, sus restos descansen en esta ciudad.  La Permanente Municipal, haciéndose eco del sentir  de tan preclaro hijo del Puerto de Santa María, acuerda,  por unanimidad, conceder a perpetuidad libre de derechos,  el nicho subterráneo n° 6, situado en el patio 2° derecha,  Sección San Canuto, del Cementerio Católico de esta población”.

y es curioso como resistió hasta que le fue finalmente concedido su deseo, pues tan sólo transcurrieron catorce días desde este acuerdo municipal hasta su fallecimiento. Parece ser que diría, ya puedo morir tranquilo, pues mis restos ya pueden reposar, en mi pueblo, junto a los de mis mayores.  Se conserva un escrito autógrafo, a modo de poema, del propio Ochoa, que es un canto a El Puerto de Santa María y en el que queda constancia de su deseo:

…Que orgullo es para mí,
Es el haber nacido,
en El Puerto de Santa María.
Como pájaro errante,
Con mis vuelos de artista
No sé donde caeré un día,
pero montaña,
cielo o mar,
sólo le pido a Dios
que reposen mis restos
en El Puerto de Santa María.

ochoa_danzadelfuego_1974

Manuel de Falla “Danza de fuego”. 1974. Óleo sobre lienzo. 100 x 90 cm. Colección particular.

El miércoles 6 de septiembre de 1978 fallece, por insuficiencia cardiaca, según certifica el doctor don Gonzalo Aguiló Mercader, Enrique Estévez Ochoa, o ‘Enrique Ochoa’, para la historia de la pintura española, en su casa, en el número 13-1°, de la calle Apuntadores, de Palma de Mallorca, aunque el testimonio de su nieta nos dice que falleció en la Clínica de la Cruz Roja, siendo trasladado su féretro, por vía aérea, hasta su ciudad natal, El Puerto de Santa María, donde
sería enterrado el día 9 de Septiembre, curiosamente, festividad de Santa María de la Cabeza, recordemos que él fue el autor del lienzo, en el que se plasmaba un episodio de nuestra guerra civil, en el santuario que está bajo la advocación de esa Virgen; y, un día después, de la celebración anual de la patrona de nuestra ciudad, Nuestra Señora de los Milagros.

enriqueestevezochoa_puertosantamariaYa son uno los azules
del Puerto y de Valldemosa.
Su sol azul para oir
El alma de Enrique Ochoa.

Estos versos de Montero Galvache sirvieron para despedir la necrológica del poeta en el ‘Diario de Cádiz’. No sabemos si fue premeditado o si fue el destino quien quiso que así fuese, pero lo cierto es que vino a morir, como su madre, en una isla, la de Palma, en la que vivió más de media vida, y donde hizo lo mejor de su obra. Si su madre murió con cuarenta y dos años y su padre con cuarenta y cinco, Enrique Ochoa murió con 87 años, justo la suma de ambos.

Dilatada vida e ingente obra las que nos legó Enrique Ochoa, trabajador incansable, artista prolífico, y merecedor de una monografía que recoja todo su quehacer para que las nuevas generaciones conozcan la obra de este “alumbrado multicolorista de El Puerto”. (Texto: Francisco M. Arniz Sanz). (Imagen: Enrique Ochoa en una fotografía de los últimos años de su vida).

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bodegon5_puertosantamaria

Junto a la Plaza de Toros, en la recién peatonalizada calle Pagador, se ha establecido un nuevo establecimiento de hostelería en El Puerto: una tasca-bodega a la manera antigua. Allí se bebe vino de El Puerto y la zona; ahora también tienen el mosto sacado con los primeros fríos. Además el vino se puede conseguir a granel para el consumos casero, en un espacio y ambiente cargado de simbología porteña:  unas paredes repletas de carteles y fotografías taurinas de mucho tiempo atrás y botellas de vinos y brandies de El Puerto de todas sus bodegas –algunas desaparecidas-- y de diferentes épocas. Aunque están abiertos desde finales de julio, parece que llevan establecido en el mismo lugar toda la vida.

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antoniofernandezsevilla_puertosantamariaJuan Antonio Fernández Sevilla nació el 24 de diciembre de 1929 en el número 135 de la emblemática calle Larga, aunque se crió y vivió su infancia en la cercana calle de Alquiladores.
En el taller de pintura de su padre, realizó sus primeros dibujos y, a la vista de las cualidades que despuntaba, le inscribieron en la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia de nuestra Ciudad, bajo la tutela del pintor y escultor Juan José Bottaro, permaneciendo en ella hasta que se traslada a Madrid, donde fija definitivamente su residencia.

Ya residiendo en Madrid, inicia estudios en la Escuela Central de Artes y Oficios, obteniendo el curso 1945-46, último de esta etapa, el Premio Extraordinario de Dibujo Artístico de dicha institución. Su siguiente etapa formativa comienza cuando sus padres solicitan y obtienen del Excmo. Ayuntamiento de El Puerto una beca que amplíe sus estudios de Bellas Artes, beca que posibilita su ingreso en la Academia de San Fernando, dirigida, en aquella época, por el que fuera su gran maestro el artista Eugenio Lafuente. Durante su estancia en la mencionada Academia, gana diversos premios: el ‘Carmen del Río’ de pintura en 1947, y el de dibujo en 1949; y el ‘Molina Higueras’ de pintura, de la Fundación Madrigal en 1950.

En este periodo de su existencia, mientras realizaba sus estudios y completaba su formación, trabajó en la restauración de los cuadros de la catedral de Sigüenza (1947), bajo la dirección de su maestro Lafuente.

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En la imagen, la Catedral de Sigüenza, donde trabajó junto a su mentor, Lafuente.

A la muerte de éste continuó con la labor iniciada, estableciendo Estudio en el  madrileño Paseo de Recoletos, número 7, donde prosiguió perfeccionando los conocimientos ya adquiridos, y muy especialmente en restauración. Conocimientos que acrecentó al obtener una beca de la Fundación Juan March y marchar a Italia al Instituto Centrale del Restauro di Roma (1961-1963), centro donde la técnica de restauración de cuadros había alcanzado, y mantiene, un alto nivel de perfección.

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Avenida Antonio Fernández Sevilla, entre Rotonda del Magisterio y Plaza de la Noria.

Fernández Sevilla siguió de cerca estas labores trasladando a España los procedimientos más importantes y actualizados, pasando a desarrollar su labor en el Instituto Central de Restauración, recién creado por aquel entonces, realizando al mismo tiempo trabajos de restauración para la conocida Galería Linares, y para diversos particulares.

En 1970 comenzó a transmitir los muchos conocimientos adquiridos, impartiendo clases de dibujo en diferentes institutos de bachillerato madrileños, siendo nombrado el mayo de 1975 Jefe de Restauración del Museo del Prado, cargo que ejerció hasta su jubilación.

feria_1993_puertosantamariaEl ayuntamiento de El Puerto, su ciudad natal, en sesión plenaria acordó en 1979 rotular con su nombre la avenida que comunica la Plaza de la Noria con la Rotonda del Magisterio. Años más tarde, en 1993, realizó el cartel de la Feria de El Puerto por expreso deseo del Ayuntamiento.
Toda su trayectoria profesional de restaurador fue unida a la pintura, destacando siempre en su obra los bodegones y las naturalezas muertas a las que aplicó una técnica ampliamente adquirida. Nunca llegó a exponer sus pinturas aunque estuvo a punto de hacerlo en los años 90. Sus cuadros se hallan en diversas colecciones particulares de Alemania, Francia, Estados Unidos y Uruguay, así como en varias ciudades españolas.

Siempre se sintió portuense y vinculado a la Academia de Bellas Artes de su ciudad, manifestándose de esta manera en una entrevista que le hicieron en 1961: “—Mi orgullo es ser portuense y gaditano, y mi deseo que nuestra Academia de Bellas Artes Santa Cecilia siga dando pintores y artistas que honren a su patria chica”.

La muerte de su esposa en el año 1986 le marcó profundamente hasta el fin de sus días, luctuoso  hecho que tuvo lugar el 26 de diciembre de 2000. (Texto: Vicente Reyes Fernández. Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia).

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Meses antes de realizarse las obras de remodelación de las instalaciones industriales de la Compañía Lebón en sus locales de calle Diego Niño y Descalzos [que luego pertenecerían a la Fábrica de la Luz, o Electra Peral Portuense, hoy Caja Inmaculada] tuvo lugar un trágico accidente en la primitiva fábrica de gas de la compañía en el Campo de Guía,  en el que se vieron implicados cinco operarios de la misma, afectados todos ellos por inhalación de hidrógeno sulfurado según el diagnóstico oficial facilitado por el equipo médico que atendió a los accidentados, compuesto por los doctores Plácido Navas, Adolfo Barra, Luis Rouselet y Luis Lorite, este último médico forense

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Fábrica de Gas Lebón, donde hoy está ubicado el Polideportivo Cubierto.

placido_navas_psmEn la imagen el doctor Plácido Navas.

El accidente laboral se produjo el sábado 8 de febrero de 1919 en el interior de un profundo pozo situado entre los dos gasómetros existentes, que contenía en su fondo las válvulas de las cañerías de gas. Cada semana una cuadrilla formada por media docena de hombres procedía al achique del agua que se filtraba del cercano río, bajando uno de ellos hasta el piso encharcado y desde allí, situándose los demás de forma intercalada en la escala metálica adosada al muro, mediante esta cadena humana, eliminaban el agua acumulada en la lenta filtración. Esta operación, realizada puntualmente cada sábado, venía realizándose, prácticamente, desde la construcción de la fábrica, sin ningún incidente. Sin embargo, en esta ocasión, una concentración de hidrógeno sulfurado, formando una “bolsa” en el fondo de la oquedad, propició el desmayo inicial del obrero que bajó al fondo. En los primeros tramos de la escala estaba el encargado, José Péculo, que acudió en ayuda del accidentado, sufriendo el mismo efecto y así, sucesivamente, los otros tres compañeros que se encontraban situados en la escala, acumulándose en el fondo los cuerpos de cinco personas en pocos minutos. Los accidentados fueron: José Péculo Aparicio, de 55 años, casado y con 8 hijos; Joaquín Delgado Benítez, de 38 años, casado, con 5 hijos.; Manuel Moreno Paz, de 25 años, soltero; Manuel Naviero Delgado, de 28 años, casado, con 1 hijo y Manuel Garay Trinidad, de 30 años, casado, con 1 hijo.

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La Fábrica de Productos Químicos de Haupold estaba cerca y acudieron a auxiliarles.

El último miembro de la cuadrilla, que se ocupaba de vaciar los cubos, pudo dar aviso al encargado de la fábrica, Manuel Garcia Bastardin y este, a su vez, solicitar el auxilio de sus vecinos de la cercana fábrica de productos químicos Haupold.  Acudieron Augusto Haupold y su cuñado, Antonio Ordóñez, que era médico, organizándose la operación de salvamento y primeros auxilios de los accidentados.  Se pidió un voluntario para bajar al pozo, ofreciéndose uno de los obreros, Manuel Flores Lainez, al que ataron de una cuerda previsoramente. Descendió y se consiguió rescatar con su eficaz ayuda, uno a uno y con gran dificultad dado los rudimentarios medios con que contaban, a todos los accidentados, a los que se les practicaron la respiración artificial, logrando reanimar a cuatro de ellos, que fueron trasladados por la Cruz Roja al hospital municipal. El quinto accidentado, de mayor edad, José Péculo Aparicio, cuando fue rescatado era ya cadáver. El juez, Don Fernando Badía, ordenó el levantamiento del cadáver y autorizo el traslado del cuerpo a su domicilio –vivía muy cerca de la Electra Peral, en el nº 85 de calle Larga- para ser velado por la familia, señalando la obligada autopsia para la mañana siguiente, previa al entierro.

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Electra Peral Portuense, por su fachada de la calle Larga.

José Péculo era el empleado de mayor antigüedad en la empresa, --35 años de servicio-- en la que gozaba no solo de la confianza y estima de sus patronos que le habían distinguido con el premio “Constancia y Trabajo”, instituido por Lebón y Cia. entre sus empleados y obreros a nivel nacional tambien del respeto y aprecio de los demás componentes, sus compañeros de trabajo y sus conciudadanos en general, tal como refleja en su crónica del suceso la “Revista Portuense” que lo menciona “como modelo de laboriosidad y honradez”.

severiano_ruizcalderon_puertosantamariaFue él quien, en representación de la compañía Lebón, firmó las escrituras de compra de los solares en donde ahora se levanta la Sala Cultural de CAI, adquiridos en subasta pública, mientras que el otro firmante, el de la parte vendedora, sería otro ilustre personaje local, el alcalde del momento, Severiano Ruiz Calderón, cuyo nombre se ha perpetuado en el palmeral junto al río, el paseo y parque público que lleva su apellido y que aparece en la imagen de la izquierda.

El sepelio, al que acudieron numerosas personas, estuvo presidido por el alcalde la ciudad, Ernesto S. Piury, el Gerente de Lebón y Cia en Cádiz, el ingeniero Gatell Lomaña, Jefe de Personal de la empresa y el director de la misma, Manuel Ordóñez Garabito, aficionado a la fotografía, de quien en breve esperamos publicar una nótula. (Texto: Antonio Gutiérrez, A.C. Puertoguía).

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manuelmunozaparicio2_puertosantamariaManuel Muñoz Aparicio, Manolín 'el del Cosario', nació el 23 de diciembre 1937. Sus padres fueron Juan Muñoz Villanueva, fallecido en junio de 1939 y Luisa Aparicio García, fallecida en septiembre de 2000.Su otro hermano, Juan Muñoz --conocido entre otras muchas actividades por haber llevado durante años la taquilla de la Plaza de Toros, desparecido en marzo de 2005-- y el que sería cura, Juan Carreto Aparicio, quien se crió con ellos, pues estuvo bajo la custodia de Luisa 'la del Cosario' el morir durante el parto su madre.

Manolín, nació en el núm. 32 de la calle Nevería, casa que hoy ocupa una Fonda. Curiosamente, por venir de quien vino: el párroco de la Prioral, Antonio Cía Moreno, compró aquel edificio e intentó echar a la calle a Luisa y su familia. Luisa alegaría que su negocio, el Cosario, lo tenía en la esquina, lo que la protegía legalmente para permanecer en aquella vivienda; sin embargo, casualidades de la vida, en el número 34 vivía un militar de apellido Alba al que destinaron fuera de El Puerto y al quedarse vacía la casa --a pesar de los muchos pretendientes que le salieron- el cura consiguió que el piso de la casa núm. 34 fuera para Luisa y, de forma anecdótica, la mudanza de los muebles se hizo por la azotea.

luissaapariciogarcia_puertosantamariaLUISA APARICIO.
La madre de los Muñoz y tutora del que sería el cura Carreto fue una heroína, como tantas y tantas mujeres de su época que, en circunstancias adversas sacaron a familias numerosas adelante sin la presencia de su esposo. Con 33 años se quedó viuda, con tres niños, además de su madre, su hermana Antonia, el hijo de ésta Pepito Aparicio y un primo de su marido, Joselito Muñoz. Siete personas a su cargo, osea, siete bocas que alimentar, más algunos allegados que también necesitaron ayuda, como sus sobrinos, Juan, Jesús y Bartolo Aparicio. A todos sacó adelante con entereza y dignidad: Juan y Manolín y su sobrino Pepito irían al colegio privado de Alfonso Cárdenas, en la calle Luna, entonces conocido como un 'colegio de pago'. El cura Carreto, desde muy temprana edad marchó al Seminario, no sin antes haber trabajado de botones en el Banco Central.

ESTUDIOS DE COMERCIO.
Juan y Manolín estudiaron Comercio, aunque Juan abandona dichos estudios relativamente pronto para ponerse a trabajar. Y Manolín, inexplicablemente y por una fobia a los estudios y el colegio, lo deja pendiente de Reválida. Lo que no podría imaginar este último que, con posterioridad aquellos conocimientos adquiridos durante los cinco años de peritaje: contabilidad, cálculo mercantil, inglés, francés, etc.. le servirían para el puesto de trabajo que, con el tiempo, ocuparía en la Base Naval de Rota.

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Manolo estudiando y trabajando en el Cosario. La fotografía está tomada el 26 de marzo de 1954.

Recuerda a algunos de sus profesores y compañeros. Entre los primeros a Rafael Bedoya, Guillermo Beltrán, Antonio Gil González --muy querido por nuestro protagonista. Entre los compañeros Paco Bollullo, Eduardo Zamorano, José Luis López Franco 'Lopete', Antonio González Díaz, Antonio García Díaz, Miguel Aguilar, Antonio Pérez Ruiz o Manuel Clemente.

SERVICIO MILITAR EN EL FERROL.
Entre 1957 y 1959 hizo el servicio militar en El Ferrol. Precisamente en 1957 tuvo que examinarse de Reválida en el peritaje de Comercio que cursaba, pero 'la llamada de la Patria' se lo impidió, algo que no le importó entonces, pero de lo que se arrepentiría más tarde, pues aunque tenía los conocimientos no así el título.

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Con el equipo de Fútbol 'Arsenal del Ferrol' que jugaba en Segunda División, como filial del 'Rcing del Ferrol'. Manuel Muñoz aparece en ropa de faena. Año 1957

Manolo rememora con satisfacción el trabajo que realizó durante el Servicio Militar con 200 analfabetos a los que enseñó a leer y escribir. Así, tenía que alternar el trabajo en la oficina con la docencia de urgencia que practibaba con los marinos de reemplazo. Además, mientras éstos no aprendiesen, no podían coger permisos, con lo que en seis meses conseguiría que 199 pudieran ir de visita a sus casas y con el único que quedó se hizo una excepción para que cogiera el permiso, aunque al final también acabaría aprendiendo

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La calle de la izquierda es Palacios y los que posan en la calle Nevería. La puerta de detrás, donde hoy existe una óptica y estuvo el Bar El Faro y, anteriormente la armería. De izquierda a derecha, Macario, empleado del Cosario sin relación con los Valimaña, desconocido, José Torres hijo del que fuera directivo del Racing Club Portuense, Manolin Muñoz y, delante del carro, el que luego sería cura, Juan Carreto Aparicio. Este vehículo eera el transporte mecanizado --perdón, 'manuzalizado'-- del Cosario que se usaba para el reparto de mercancías.

LAS TERTULIAS DEL COSARIO DE TABLAS.
Un Cosario es una especie de agencia de transportes de pequeñas mercancías, un recadero de servicios urgentes, situado en la esquina de Nevería con la calle Palacios. Aquel Cosario lo compró el abuelo de Manolo en el año 1921 a un tal Sr. Tablas, de ahí el nombre por el que se le conocía. A la muerte de su padre y al hacerse cargo su madre de dicho establecimiento, empezaron a realizarse tertulias por las que pasaron varias generaciones de porteños.

munozaparicio_feriaEn la imagen de la izquierda, Feria de 1946. De izquierda a derecha, Juan Carreto Aparicio, Lolita Vélez, hija de uno de los propietarios de la taberna Casa Lucas, Manolín, su hermano Juan Muñoz y José Aparicio.

Las primeras estaban compuestas por Luis y Pepe Bootello, Eugenio Pedregal, Paco Socastro, Juanelo --gran cazador--. La siguiente generación, Emilio Bootello, Juan Santisteban 'Santi' y Juan Muñoz Aparicio entre otros. La tercera y última, la más numerosa con Alfredo Bootello Reyes, Enrique Pedregal Valenzuela 'el Tiracruz'' algo que luego se aclarará, Victoriano y Antonio Gil Jiménez, los Llorca que vivían arriba del Cosario, Pepín Bustillo, Pepe Torres, Manolo de la Torre 'Jalisco' y el propio Manolín Muñoz. A éstos se unieron, aunque otros muchos, más jóvenes como Javier Tosar Barrera, Emilio y José Manuel Almagro, Pepito Aparicio, Angelito Albert, Simeón Simeón Arenas, Antonio Pineda Crespo 'el Pichurra', Enrique Rivas Acal y seguro que muchos más en cantidad bastante, para no extendernos más.

Entre los empleados que estuvieron en el Cosario podemos recordar a Leopoldo Gómez Moya 'Lupo', Pepe Gómez Moya 'Lupo Chico', Macario, Antonio Hermida, Emilio Suano, Manolo, Rafael y Antono Muñoz de la Rimada, Domingo Romo 'el Minguito', Juan, Jesús y Bartolo Aparicio y los hermanos Muñoz, Juan y Manolo, bajo la dirección magistral de Luisa.

letrero_cosarioDesgraciadamente para Luisa --para ella fue un trauma--, en diciembre de 1971, tras 50 años de funcionamiento el Cosario se cerró, a causa del progreso y los medios de comunicación: los clientes, o bien traían los encargos ellos mismos o bien ya compraban directamente en fábrica.

enriquepedregal_manuelmunoz_puertosantamariaANECDOTARIO.
El abuelo de Manolo tenía en la oficina una mesa muy grande de dos por un metro y en la tapa ponía unos papelitos conl os encargos que tenía que traer de Cádiz --la mayoría era la compra de cosas que no se encontraban en El Puerto-- con su dinero correspondiente encima que, en aquelas fechas eran monedas; ordenaba los pedidos por el callejero, y una vez hecho, se ponía a nivel de la tapa de la mesa, pegaba un soplido con todas sus fuerzas y los papelitos que no tenían las monedas encima, volaban, y aquellos encargos no se hacían. Y es que, como afirmaba el abuelo, "--Sin dinero no se puede hacer nada".

Durante el mes de mayo, se confeccionaba una Cruz de Mayo que, en un tenderete, se paseaba por la calle Nevería y siempre se recogían algunas propinillas. Enrique Pedregal tuvo una discrepancia con los organizadores y se quedó fuera del cotarro. Entonces dijo que "--Como yo vea el tenderete con la cruz por la calle, le pego una patá y lo tiro". Y para los amigos se le quedó el apodo de 'el Tiracruz'. (En la imagen de la izquierda, de pie, Enrique Pedregal y agachado, Manuel Muñoz).

Manolo no puede olvidar la experiencia que le aportó el Cosario: dirección de personal, resolución de situaciones difíciles y muchas, muchas más cosas, digamos que le abrió los ojos al mundo del trabajo y la empresa. Aquello le sirvió para que una vez trabajando en la Base Naval de Rota estuviese entrenado, a pesar de empezar a comunicarse en otro idioma.

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Equipo de Acción Católica. De pie de izquierda a derecha, Miguel Pantoja del Puerto, José Vázquez, José Jacinto Cossi Mora, Enrique Pedregal Valenzuela, Eduardo Cuvillo Jiménez, Miguel Caro Gómez, Juan Fernández Gallero 'Juanito Gasolina' quien tuvo el Bar Juanito. Agachados, José Manuel Neto, Manuel de la Torre, Antonio Gil Jiménez, Rafael Gómez Giménez y Manuel Muñoz Aparicio. La foto, de Rafa, está tomada el 15 de diciembre de 1948 en un encuentro contra el equipo de la Congregación de los Luises en el Campo del Eduardo Dato, ganando los primeros por 5 a 2.

DEPORTES: EL PORTÁTIL Y EL TRONCHO.
Manolo fue aspirante a hombres de Acción Católica, aunque nunca llegaría a formar parte ya que antes de llegar a los 18 años renunció. De aquella época recuerda a Jacinto Cossi, Pablo Cerdá, Rafael Felices, Pepe Bononato, Eduardo Cuvillo, Manolo Martínez Mel, Luis Bustos, Rafael Corzo, Pepe Pineda, Miguel Pantoja, quienes llegaron a tener un buen equipo de Fútbol y jugaban en el campo de Eduardo Dato (FOTO). Contaban con una hinchada increíble. Los Sánchez Romate, que eran tres pero hacían por trescientos. También jugaron en el Portátil Antonio Gil Insúa, Rafa Rivas Acal, Isidoro Nogués, Juan Luis Perles, Francisco Bernal 'el Caco', etc.

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El Portátil C.F. en el Campo Eduardo Dato, en un partido que jugaron contra los Luises. De pie, de izquierda a derecha, Domingo Monje Reinado, Ignacio Sánchez Selma, José Aparicio, Manuel Muñoz Aparicio, Angel Albert Alonso, Ignacio Jiménez González-Nandín. Agachados, Diego Castro, Antoñete, Juan Durán, Domingo Romo Martínez, Juan Rodríguez Alonso.

En El Ferrol, durante el Servicio Militar, jugó en el Arsenal, que formaba un gran equipo pues la mayoría eran jugadores de Primera División. Recuerda a Suco, extremo izquierdo en el Barcelona, Polo, extremo derecho del Atlético de Madrid y también Carolo, central del Granada.

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De pie, de izquierda a derecha, Juan Luis Perles Giner, desconocido, Manuel Muñoz Aparicio y Pedro López. Agachados, Isidoro Nogués Ropero, José Joaquín Muñoz Manzanera, desconocido y Rafael Rivas Acal. Campo Eduardo Dato, 3 de marzo de 1957. (Foto Fariñas).

La faceta futbolística de Manolo quedaría incompleta si olvidáramos al CD Troncho y a sus componentes: Antonio y Joaquín Miranda, Ramón Suárez, Huguito, Rojitas, Tito, Lolete, Juani Durán, Juani Alonso, Domingo Monge, MInguito, Castro, Ignacio Jiménez, Luis Gatica, Luini y sobre todo al gran Cabete --José Antonio--, y alguno más que se queda rezagado en algún lugar de la memoria.

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Posando tras la ceremonia de boda, en la capilla de la Virgen de los Milagros. De izquierda a derecha, Enrique Miranda Benítez, María Miranda García, Manuel Muñoz Aparico y Luisa Aparicio García. 15 de julio de 1965.

LA FAMILIA.
El 15 de julio de 1965 contrajo matrimonio con María Miranda García, hermana de Chelique (padre del Mister España Enrique Miranda), y de Luis. De esta unión nacieron tres hijos: Manuel, Enrique y José Luis. Trágicamente el segundo de los hijos fallecería a la edad de 20 años en un accidente en enero de 1990. José Luis fallecería a los 13 meses de vida, algo que ha marcado profundamente a la familia. De su hijo Manolo, casado con Toñi García Cordero tiene una nieta que tiene ya 19 años, Laura y un hijo, Enrique

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Foto familiar, de pié Manuel Muñoz Aparicio y Manuel Muñoz Miranda. Sentadas: María Miranda García, Laura Muñoz García, Enrique Muñoz García y Antonia García Cordero. Año 2000.

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Reunión de amigos en el Bar Tadeo, De pie, de izquierda a derecha, Juan Niño Garrido, Mauri Ferrugia, Luis Jiménez González-Nandín, Felipe Bononato Saez, José Jacinto Cossi Mora, José Bononato Saez, Rafael Mayo, Vicente Zuasti, José Luis López Franco. Agachados, Manuel Muñoz Aparicio y Pablo Cerdá Cossi. Agosto 1996.

BASE NAVAL DE ROTA.
Manolo entra a trabajar en la Base Naval de Rota en 1967. Aquel trabajo no le gustó a su madre que veía que su hijo estaría expuesto a los accidentes de tráfico en la carretera, diariamente. Fueron unos comienzos duros, con un idioma que no era el suyo. Empezó en el Departamento de Intendencia (Supply Departmen). A los cinco años surgió una vacante en la Oficina de Pagaduría (Disbursing Office): allí se encontraba de Supervisor su amigo Pepe Torres quien, al año es contratado por el Banco de Andalucía y Manolo pasa a ocupar su puesto. Ahí fue donde Manolo se tuvo que fajar a fondo, con solo un año de experiencia en una oficina muy complicada y compleja, en la que se operaba con tres monedas diferentes: pesetas, dólares y escudos portugueses, manteniéndose la contabilidad en  una especie de Libro de Mayor y Auxiliares (Master Cash Book and two Subsidiaries) uno en pesetas y otro en escudos.

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Manolo, ante el jet que solía utilizar para sus desplazamientos por motivos de trabajo entre las ditintas bases de la OTAN para auditar las cuentas. Un detalle de los americanos fue rotular la aeronave con el nombre de 'Puerto de Santa María'.

La categoría profesional de Manolo en la Base ya era alta. Allí se miden las categorías por grados entre el 1 y el 12, y ya ocupaba un grado 8 proveniente de un grado 4. Así, se tuvo que emplear de lleno en el aprendizaje del idioma inglés, algo obligatorio a partir de ese grado, así que nos podemos imaginar la cantidad de horas e incluso consultas con la almohada que Manolo tuvo que echar para hacerse con el control de esta oficina. Al cabo de dos años ya la controlaba completamente.

PRIMER ESPAÑOL CON PODERES ECONÓMICOS.
A pesar de ello, con el grado 8 aun no se tenia autorizacion para tener la custodia de efectivo o el talonario de cheques, como tampoco los poderes para firmarlos. Y es que los manuales de procedimiento del Departamento del Tesoro norteamericano especificaban que ningún ciudadano extranjero podía obtener dichos privilegios. Aquí fue donde llegó la gran sorpresa: el jefe de su departamento le comunica que va a hacer una excepción en el cumplimiento de la norma (Waiver) y enviar una solicitud al Departamento del Tesoro de los EEUU solicitando y justificando la importancia de asignarle dicha responsabilidad.

MANUELMUNOZ-CHECHE-PUERTOSANTAMARIAEn 1978 llegó la respuesta afirmativa, 11 años después de haber entrado a trabajar con los americanos. Aquel mes de mayo le dieron la responsabilidad de custodiar todos los fondos de la Base Naval de Rota, así como la autorización para firmar cheques del Departamento del Tesoro de los EEUU que solo requieren una firma. Imaginen la sensación que viviría Manolo al firmar el primer talón, primero de una larga lista de miles de ellos, durante más de veinte años por valor de muchos cientos de millones de dólares americanos. (En la imagen de la izquierda, cheque del  Tesoro de los Estados Unidos por valor de 2.500.000 de dólares, librado el 17 de febrero de 1981, faltaban unos días para el 23F, con la firma de Manuel Muñoz Aparicio).

En la historia de las Oficinas de Pagaduría norteamericanas, fue la primera vez que se asignaba esta responsabilidad a un extranjero, además español y de El Puerto. Aquello llevaría a que aumentase su grado profesional, pasando de 8 a 11. Además, aquel departamento, donde eran alrededor de 150 personas de las cuales el 95% por ciento militares, nuestro protagonista era el tercero de a bordo.

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Foto de la jubilación, ante las banderas española y norteamericana.

munozaparicio_medalla_puertosantamariaCONDECORADO Y JUBILOSO.
Manolo fue condecorado en dos ocasiones con sendas medallas por diferentes méritos:  en la imagen de la izquierda aparece la Superior Civillian Service, por haber contribuido  en desarrollar un programa informático que redujo tardar de dos horas a 15 minutos el tiempo de realización del arrqueo contable, con un buen premio en metálico. Dicho programa lo utilizó la marina norteamericana en todas las actividades a nivel mundial donde se operaba con dos o mas monedas diferentes.

Quizás el que mayor tuvo es que actuó como una especie de 'Oficina de Colocaciones' para la gente de El Puerto, dada su amistad con el Jefe de Personal quienes, previo examen, accedieron a trabajar en la Base cuando esta estaba en todo su apogeo de funciones y personal, jubilándose en marzo de 1999. En el auditorio de la Base Naval de Rota le rindieron honores militares frente a las dos banderas, la española y la norteamericana, escuchándose ambos himnos. Ya jubilado, con 72 años, sigue practicando el golf para no dejar de hacer deporte y, por supuesto, no ha renunciado a sus partidas de 'Dominó' que tanto le han gustado a lo largo de toda su prolífica vida. (Gestión fotográfica: Vicente González Lechuga. Tratamiento infográfico: Luis Serrano Romero).

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Antonio Paloma Benítez nace en la calle Zarza, núm. 11 el 27 de noviembre de 1945, hijo de Antonio y de Josefa, ambos de El Puerto. Asistió al Colegio de don Juan Diaz Álvarez, don Juan ‘el Cojo’, con nótula núm. 138 en GdP. Antonio es una persona  sencilla en el trato, directo y cercano.

El año que nace Antonio Rafael Alberti publica ‘Retorno de lo vivo lejano’. Nace la Feria de Primavera tal y como la conocemos ahora, aunque, de entonces a nuestros días ha tenido varios emplazamientos. El Plan de Nacional de Embalses de 1945, aprueba la conducción general de agua desde el futuro pantano de Los Hurones (Algar) hasta el gran depósito regulador de la Sierra de San Cristóbal. Juan Botaro restaura el Cristo de la Hermandad de la Flagelación.  Hipólito Sancho publica su libro relacionado con El Puerto: «Los Valera y Marruecos». Manolo Prieto protagonista en la revista ‘Tipográfica’ en el artículo ‘Los dibujantes e ilustradores españoles contemporáneos’. Nace la ceramista Pepita Lena de Terry.

1945 es también el año en el que se termina la II guerra mundial y se detona la primera bomba atómica. En España nace tabacalera S.A. y el Barcelona se proclama campeón de liga, además de ser el mismo año en que nace el cantante Raphael, cantante del gusto de nuestro protagonista.

antoniopaloma_ninio_puertosantamariaNIÑO DE LA POSGUERRA.
La vida de Antonio transcurre como la de la mayoría de niños nacidos en la posguerra, en un país y un pueblo, donde el miedo, el hambre y la desconfianza formaban parte de lo cotidiano. Ya de joven y una vez abandonado los estudios, comienza a aprender una profesión que le permita tener un futuro que pueda ir labrando con su propio trabajo. Después de varios años, abre su propio negocio, no sin mucha dificultad y empieza a formar su familia, casándose con Mari Carmen. Estas son sus dos grandes pasiones: su familia y su negocio, por las que lucha desde el primer día. Con mucho trabajo y dedicación consigue consolidar la barbería, unos clientes para toda la vida, y una familia. (En la imagen, Antonio muy pequeño).

APRENDIZ CON 9 AÑOS.
Una vez cumplidos los 9 años y después de una conversación entre su padre: Antonio, --hombre recto, primero trabajador en la fabrica de botellas y luego cajero en el ayuntamiento-- y su profesor don Juan, éste le hace saber las pocas aptitudes para el estudio del hijo, por lo que le recomienda que aprenda un oficio. Visto lo cual comienza desde los 9 años a trabajar bajo una fórmula muy común en la época: la de aprendiz, en la barbería que había en la esquina de la calleSan Juan esquina y vuelta con Zarza, con Juan y Mateo como maestros.  Después continuará su aprendizaje por diferentes barberías de nuestra Ciudad: Ganado, San Bartolomé, callejón Espelete y junto al desparecido Restaurante ‘El Resbalón’ o ‘Resbaladero’, con Pepe ‘el Gitano’, lo que le permitirá hacerse un hueco dentro de la profesión. Allí lo contratan y es donde se queda por primera vez de encargado.

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Fotografía tomada en el Paseo de la Victoria, durante una Velada, en los años cincuenta del siglo pasado, con su abuela María, su tía Milagros y su prima Mariani, con quienes creció.

antoniopaloma_afeitando_puertosantamariaSE INDEPENDIZA CON 21 AÑOS.
En 1966, movido por la ilusión de poder tener una estabilidad económica, formar una familia junto a su novia Maria del  Carmen y poder ser su propio jefe, decide embarcarse en su propio negocio, estableciéndose en el número 44 de la calle San Juan, donde todavía sigue y donde se jubilará el próximo mes de noviembre. (En la iamgen de la izquierda, afeitando, cuando todavía era aprendiz).

Durante los inicios de esta barbería, una vez va consolidada entre la clientela del Barrio Alto, incorpora a José Manuel Ramos, conocido como ‘Michel’, como aprendiz, convirtiéndose en uno mas de la familia, y abriendo luego este su propia peluquería. Su objetivo está claro: consolidar esta industria artesana, con la que crió a su familia.

44 AÑOS DE CLIENTELA.
Durante estos 44 años que ha permanecido al pie de la Barbería --hoy Peluquería--, ha tenido todo tipo de clientela. Los parroquianos en un establecimiento con tanta solera, son de todo tipo, edad y condición, muchos de ellos ya amigos después de tanto tiemp, y otros muchos, hijos y nietos de antiguos clientes. Anécdotas tiene muchas para contar, tanto en la forma del trabajo con los pelados y afeitados a domicilio o los afeitados en la barbería, que desaparecen con el paso de los años, como en el trato con los usuarios. La clientela ha evolucionado como la propia sociedad y El Puerto.

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Con José Manuel Ramos, conocido como Michel, aprendiz de Antonio hasta que se independizó, en una fotografía tomada a las puertas de la Peluquería a mediadios de los sesenta del siglo pasado.

LA CALLE SAN JUAN.
La calle San Juan al ser antiguamente calle de entrada y salida de la Ciudad, hizo que durante unos años tuviese Antonio muchos clientes americanos, provenientes de la Base Naval de Rota en una época en la que, el cambio peseta-dólar, era muy favorable para los norteamericanos. Muchos marinos militares, esta vez oficiales Españoles, que vivían pocos metros mas arriba en la Plaza de San Juan de Austria --frente al Pilón de San Juan, con nótula núm. 282 en GdP--, en los pisos propiedad de la Armada Española construidos sobre el solar de la antigua Iglesia de San Juan de Austria que dio nombre a la calle,  eran también clientes habituales, hasta el punto de marinos que solo se cortaban el pelo cuando venían a El Puerto.

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Antonio es una persona que por su profesión, ha conocido a gente con la que ha tenido la oportunidad de enriquecerse mutuamente, creando lazos de amistad con personas de lo mas dispares. Fiel además a sus amigos de antaño con los que sigue manteniendo contacto. La fotografía está tomada en los años setenta, donde aparece con Michel.

Quienes vivían en el campo y el extrarradio cuando  bajaban al casco antiguo lo hacían por la calle San Juan y se hicieron clientes de Antonio. Por supuesto no faltaban los clientes habituales, aquellos que creaban el ambiente de tertulia de las barberías de antaño, donde se reunían a diario para charlar sobre los temas de actualidad. El crecimiento a lo largo por gran parte del término municipal de El Puerto hace que la gente cada vez viva mas lejos pero esto, lejos de reducir la clientela, hace que esta se siga manteniendo igual de fiel y numerosa al igual que años atrás, habiendo consolidado una clientela propia, reforzándose con las nuevas generaciones.

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En la imagen, con su mujer y sus tres hijos a mediados de los setenta del siglo pasado.

Está casado felizmente con Maria del Carmen Gutiérrez Feria, con quien ha vivido 43 años de matrimonio y con quien ha tenido a sus tres hijos: Antonio de 42 años, José Manuel de 40 y Miguel Ángel de 38 años todos ellos residentes en El Puerto. Tiene también 5 nietos: Sergio, Elisa, Silvia, Antonio y Jaime.

AFICIONADO AL CINE SUPER 8.
Antonio es una persona amante de su Ciudad, a Antonio le duele El Puerto, que grabó con su cámara súper 8: imágenes de sus calles, parques y monumentos en los años 70. Es socio del RC Portuense desde hace muchos años. Igualmente es cofrade de la Hermandad de El Nazareno. Durante la etapa de novillero, acompañaba a su cuñado, José Luis Feria por las plazas donde toreaba. Los viajes, la buena mesa, y sobre todo el Sevilla F.C., al que acude a ver cada vez que puede al estadio, son sus otras grandes aficiones.

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Foto reciente con su mujer en uno de sus viajes, en este caso a Zaragoza.

AMANTE DE LOS VIAJES.
De joven siempre aprovechaba los pocos días libres de que disponía para conocer y enseñar a su familia localidades cercanas y sobre todo, cuando podía, se desplazaba a Sevilla, de la que es un enamorado. Además era fijo en la playa La Colorá, cuando se acampaba en la misma playa durante todo el verano, teniendo como vecinos a Pacote o El Bigotes; aquellas  acampadas duraban tres meses y desde allí  acudía todos los días a trabajar: era su veraneo en El Puerto. De hace unos 15 años aproximadamente y, cuando por fin se decide a cerrar al menos una semana al año, realiza algún viaje, que lo enriquecen como persona y le permiten conocer nuevas gentes y costumbres.

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En la actualidad, cortando el pelo, en este caso a uno de sus nietos.

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Antonio, con su mujer, en la Feria de Primavera yFiesta del Vino Fino.

LA JUBILACIÓN.
Antonio se jubila como ya se ha dicho el próximo mes de noviembre, cuando cumpla los 65 años. No hay nadie de la familia cercana que se haya preparado para seguir con esta tarea de artesano que Antonio lleva practicando desde los 9 años. Después de tanto tiempo dedicado a su profesión, afronta esta con un sabor agridulce, contento por el trabajo bien hecho, pero con una deuda no resuelta con sus clientes: no podrá seguir antendiéndoles como le gustaría y ellos le piden.

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La Granja San Javier la conocí cuando fue de don Félix Tejada y cuando vivieron en la casa principal José Luis (de soltero), Mari Pepa, Felisa y Antonia Tejada Peluffo, en la parte de la fachada que da a la carretera.  Aunque yo era muy pequeño, lo recuerdo. Luego, recuerdo, ya algo mayor, pero con once años, a Lalo Tejada, casada con Juan Bermúdez Jaén, nótula 458 en GdP, y a sus hijos Lalote, Juan Luis, Javier y Mamue, en el lateral, bajo, cuando se fueron a la Granja desde la casa Ribera del Río, creo que 14.

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Los Tejada en la Granja San Javier. De izquierda a derecha, Felisa, Mari Pepa y Lalo Tejada, debajo una amiga, Tisca, Lalote y Juan Luis Bermúdez Tejada.

En la otra casa, que había sido oficina de la Explotación Avícola, vivió Mari Pepa Tejada, cuando se casó con Juan Fortes.  En aquella época Juan Bermúdez tenía un Fiat Balilla negro, en el que nos subíamos diez u once niños para las excursiones a Valdelagrana o a otros sitios. Juan Forte tenía un coche de marca Lloyd muy raro, porque no he visto otro igual nunca. Más atrás de la casa principal estaba una casa de la huerta y muchos como búnkeres,  unas bóvedas donde estaban las gallinas. Esos edificios estaban rodeados de vallas de tela metálica sostenida por postes de hierro.  Se contaba que Franco,  cuando venía a cazar a casa de don Fernando Terry, una vez que pasó por la carretera y vio esas bóvedas creyó que eran instalaciones militares, pues eran muy parecidas a los pabellones que había en los campamentos y en los cuarteles.

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La casa principal de la Granja San Javier.

Frente por frente a la casa principal, tirando hacia las oficinas estaba la alberca que tenía una baranda de hierro y una escalerita. En la alberca nos bañábamos y, una vez, metimos en ella, con muchísimo trabajo, una artesa de madera que tenían los albañiles para hacer mezcla. La utilizábamos como barca. La artesa terminó hundida en el fondo de la alberca.

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La niña Reyes, en 1958, delante de la alberca. La familia Ollado Lapeña, procedente del norte, alquiló durante un año la casa a la Familia Tejada.

Recuerdo en la Granja un tonneau, pintado de amarillo y marrón rojizo, que fue de José Luis Tejada, cuando niño. No lo recuerdo enganchado por él, pero me contaban que lo tiraba una jaquita gallega. El tonneau terminó en las cuadras de Terry.

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Juan Luis Bermudez Tejada, con su hermana Lalote, con Javier en los brazos, sobre una mula, en la Granja, dispuestos salir para la Feria de Ganados.

Una Feria de Ganados, Juan Luis Bermúdez montó una mulita de la que recuerdo un atacola color blanco con rayas verdes y rojas y los madroños esos colores.  Lalote iba a la grupa. El traje corto de Juan Luis y el de flamenca de Lalote se los hicieron en Sevilla. Su abuelo los tuvo escondidos toda la mañana “para que no se los copiaran”, según decía.

felixtejadamayo_PUERTOSANTAMARIATuvieron que nominarlos como primer premio de pareja infantil a la grupa, aunque no figuraban en la convocatoria, según me contaba Lalote.  Son recuerdos que no se me borran.  Acaso como José Luis Tejada iba despuntando como poeta, Martínez Montenegro, por agradar, en la tribuna de la Feria de Ganados, proclamando los premios  dijo, en verso: «Tres gallinas y un gallo,/ Don Félix Tejada Mayo». Pero peor parados quedaron otros como cuando Martínez Montenegro decía: “Primer premio al conejo de doña…”, o “Primer premio, don…, un toro”. (En la imagen de la izquierda, Felix Tejada Mayo, en la fachada de la Granja).

La Granja comenzaba en lo que hoy es calle de los Toneleros, donde estaba la portada pequeña. La portada principal estaba a la altura de lo que hoy es la rotonda al final de la Victoria. Esta portada, tenía, entre los dos pilares, rematados por bolas de piedra artificial, un arco de hierro calado con el primitivo nombre de las Granja: “Nuestra Señora de los Dolores. 1896”. En cada uno de los pilares, sin embargo estaba el nombre moderno.

san_javier_puertosantamariaEn dos murales de cerámica Mensaque, había un letrero, en cada pilar:”Explotación Avícola/ San Javier”. Ese nombre se lo pusieron porque Javier Bermúdez Tejada estuvo muy  malo de recién nacido y lo encomendaron al patrono de El Puerto, San Francisco Javier. Tan grave estuvo Javier, que el párroco de San Joaquín tuvo que ir a la Granja, al día siguiente de su nacimiento a bautizarlo de urgencia.

En los años 50 0 53 se hizo una carretera, en diagonal, que dividió la Granja,  para unir la carretera de Jerez, que discurría desde la Plaza de los Jazmines por delante de la Granja. Esa nueva carretera que dividió a la Granja conectaba la de Jerez a la ronda, a la altura de la Huerta de Buhigas, para unirla con la que va al cementerio y con la finalidad de poder cruzar la carretera del Ejido y unirla a  la nueva carretera de Rota (asfaltada cuando la Base), que antes se llamaba Camino de Mazzantini o Camino de Fuenterrabía. Lo que hoy es Parque del Vino Fino formaba parte de la Granja. La Granja llegaba por el fondo hasta lo que hoy es Avenida de la Diputación y, por la carretera de Jerez, hasta lo que hoy es el Instituto José Luis Tejada (que ocupa parte de la Granja). Por cierto que José Luis Tejada, en la solapa de su libro “Para andar conmigo”, pone que es avicultor y óptico.  El poeta gaditano Guillermo Portillo Sharfaussen rememora, con mucho detalle, esa etapa de José Luis en la Granja.

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Francisco Vela Mariscal y José Benítez Díaz 'el Pili', trabajando en la Granja, detrás las estructuras abovedadas típicas de la Granja.

Recuerdo que en la Granja trabajaba José Benítez Díaz, “El Pili”, (hijo de José Benítez y de Fermina Díaz, la de los dientes largos, que eran los guardeses del “Recreo de los Trapos”, conocido también como “Recreo de Nuestra Señora de los Dolores” de Don Francisco Muñoz Seca, luego “El Oasis” y ahora Restaurante “El Faro”) y,  a veces,  vi por allí—por la Granja San Javier--, a un hermano de Agustín Vela Mariscal, que después trabajó en el Garaje Aduana.

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El matrimonio formado por Max Ollado y Amparo Lapeña, en 1958, su hija Reyes y su hijo Maxi,, recién nacido y llegado del Hospital y dos primos, Carlos y Javier, delante de la fachada principal de La Granja. En primer término el enrejado de la alberca.

reyesolladolapeña_3En la parte  de la casa que habitaban Felisa y Antonia Tejada Peluffo vi y oí, por primera vez, tocar un piano.  Felisa y Lalo Tejada habían cursado la carrera de piano y hacían alarde de sus cualidades. Tenían muebles, cuadros y objetos antiguos muy interesantes. En la casa de Mari Pepa, en una esquina, sobre un pedestal, estaba la famosa Inmaculada de talla, estofada, con los pendientes de oro y brillantes, del siglo XVII, que tanto nos admiraba a los niños. En  la casa de Lalo recuerdo el reloj de pared en cuya esfera había un paisaje alemán pintado al óleo. En el paisaje, un edificio con una torre y, en la torre, un reloj. Pues bien, la verdadera esfera del reloj con sus manillas era el que estaba en la torre. (En la imagen, Luis Lapeña, Amparo Lapeña y Max ollado, delante de la puerta de acceso al edificio principal de la Granja).

Al fondo de la Granja, por lo que hoy es Avda. de la Diputación había un depósito de la empresa constructora “Cubiertas y Tejados” donde encerraban los camiones y tenían neumáticos amontonados. Un día, recuerdo, ardió todo aquello incrementándose el fuego con los neumáticos almacenados. Acudieron los bomberos de Jerez, con unos extintores de polvo blanco y, como estaba allí, porque acudió, como alcalde, don Luis Caballero, vestido de negro por el luto de su madre, Doña Carmen Noguera Jiménez (prima hermana de Juan Ramón Jiménez el poeta), los bomberos, sin darse cuenta, pusieron a don Luis todo blanco de espuma. Lo recuerdo como si fuera hoy.

Era interesantísimo, en la Granja, el sistema de regadío mediante acequias, cuando se abría la compuerta de la alberca.

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En el porche de la casa, Amparo Lapeña, Carlitos y su madre, Teresa Lapeña en 1958.

Desde la Granja se oían las “alertas” de los Guardias Civiles que ocupaban las garitas del muro del Penal. Recuerdo a los Morchón (Olegario y Antonio, éste disminuido psíquico, que vivían en la casa calle San Sebastián, 3), a Luis Aranda (que cantaba rancheras), hijo del Director del Penal y a otros hijos de funcionarios del Penal que frecuentaban la Granja.  Enfrente de la Granja, pegada al Penal había una casita –de la que se conservan todavía algunos muros, entre ellos el que ostenta el grafitti con el retrato de Manolo “El Polvorón”--, donde vivía una  joven a la que llamaban “Tísca”,  nombre rarísimo que me llamaba la atención, de la que no he vuelto a saber nada. Creo que era hija del Director del Penal y amiga de Felisa y Antonia Tejada.

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Grafitti con el restrato de Manolo “El Polvorón”

De aquellas fechas data la famosa fuga de dos presos que, a punto de terminar sus condenas, tenían un régimen más flexible. Resultó que el Director del Penal tenía un SEAT 600 y, como los dos presos eran mecánicos, les encargó revisar el coche. Una vez que lo hicieron y lo pusieron a punto, como eran presos “de confianza”, le dijeron al Guardia de puerta que iban a probarlo. Así salieron tan tranquilamente por la puerta del Penal y hasta el día de hoy. Al cabo de una semana encontraron el SEAT 600 abandonado en un campo.

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Edificio de viviendas existente en la actualidad, donde se encontraba la Granja San Javier.

Al final de la Victoria, frente al Penal y hasta, por lo menos, la gasolinera que hoy hay, existió una finca llamada “La Sericícola” con grandes líneos de moreras, una portada roja y blanca y una reja en la fachada. Al fondo del camino de moreras había una casa roja, que parecía de la época victoriana inglesa. Allí vivieron los Sancho.

[LA SERICÍCOLA O SERICÍCULA. Referente a la casa de ladrillos rojos que cita Luis Suarez en la finca conocida como “La Sericícula”, a la que acudíamos todos los niños de la década de los cincuenta a coger hojas de morera para alimentar a los gusanos de seda, fue en su día -desde 1912, concretamente- una Estación Agrícola estatal que recogía y publicaba diariamente datos meteorológicos e hidrológicos y realizaba cultivos experimentales. Ocupaba el cargo de director Felix Sancho Peñasco, que vivía en el pabellón que se cita, junto a su esposa francesa, Germaine Faraud. AGR.]

Más adelante, frente a la Granja, por la carretera de Jerez, estaba la Huerta de Enrique Romero Ortiz, Romerito el Gordo. Recuerdo, en El Puerto, otras huertas, con sus albercas y sus norias tiradas por un burrito al que le tapaban los ojos para que no se mareara. Recuerdo la Huerta de Quijano, frontera con la hoy Venta Millán, al otro lado de la vía, con sus dos albercas y la estancia con los terneritos a los que toreábamos. Y, a partir de la calle Valdés, las Huertas de Cuesta, del Granado, de Malacara, de Alcántara, de Ramón Vinagre, la de Susana, hasta llegar a Crevillet, por detrás de las bodegas y de Conservas Sur, donde estaba la Huerta de don Pantaleón Sánchez Robledo, esposo de Anastasia Sánchez-Cossío y Leal del Ojo, el Recreo de Don Rafael Fernández de Haro, el campo de fútbol y la fábrica de vidrio.

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Dibujo realizado por Juan Jesús Nimo Ruiz-Herrera.

Me gustaría que Lalote Bermúdez Tejada, con nótula 419 en GdP,  asidua lectora de esta página, aumentara con sus recuerdos muchas noticias de la Granja San Javier, donde vivió los años más felices de su vida.  (Texto: Luis Suárez Ávila)

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Francisco Vela Mariscal y José Benítez Díaz 'el Pili', en la Granja San Javier, para ellos, la Granja de Antonio Vela, durante el periodo de su explotación.

LOS VELA Y LA GRANJA.
Todos los que conocieron a mi abuelo Antonio Vela Aragón, dicen que desde ese 29 de mayo de 1944,  ya no era el mismo. La pérdida de su esposa, María Mariscal Muñoz lo sumió en una amargura, que no podía ni quería superar. Al parecer apenas iba por La Huerta (así la nombraba mi padre). Ese día 29 de junio de 1945, decidió recorrer esa tierra que tanto le había dado, pero que a la vez tanto le había arrebatado. Solo Dios sabe cuales fueron sus últimos pensamientos. Puede  que se despidiera de  la sonrisa de su mujer, de las risas de sus hijos al corretear por su querida huerta.

antoniovelaaragon_puertosantamaria(En la imagen de la izquierda, Antonio Vela Aragón, padre de Agustín Vela Mariscal, con nótula núm. 326 en GdP). De su pequeño José Luis, ese niño simpático  y travieso al que un mal día le regalaron esos peces de colores, que tanto le gustaban.  Y  por que no, de su Antoñito ese niño que quería ser mayor, y  que  afanosamente cuidaba  su propio huerto, que mostraba orgulloso, esperando la aprobación de su padre.  Ese pequeño huerto en el que mi abuelo  se postraba sin consuelo  y  que convirtió en su  Santuario. Tal vez pensó en  su obra, en ese día en que tomó la decisión de dejar su tierra --Chiclana-- y el  amparo de los suyos, para  construir su propio porvenir  y el de su recién estrenada familia. Supongo que  pensó en  el día  en que el Sr Hervias  y el se dieron ese apretón de manos, que sellaba el acuerdo. Hervias  conocía la integridad de Antonio Vela Aragón al ofrecerle,  que rentara la Huerta.  Mi abuelo asumió sus responsabilidades,  levanto y mantuvo la huerta con trabajo, sudor y lágrimas. La amistad  con el propietario  perduró  a través de los años,  De eso  doy fe. Tuvo que sentir un dolor muy agudo,  que le dejo sin voz para pedir ayuda.  Lo buscaron sin descanso  hasta que su hija Loreto, sintió un gemido. Estaba caído en esa tierra que tanto amó  y que hasta el último día de su vida consagró.  (Texto: María Jesús Vela Durán).

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Josefa Gallego Vega y Juan Ruiz-Herrera Martín-Niño, en la Granja.

LOS RUIZ-HERRERA Y LA GRANJA.
El 7 de mayo de 1.962, Juan Ruiz-Herrera Martín-Niño, hortelano y Josefa Gallego Vega, regente de un puesto de verduras en la Plaza, compran a Antonia y Felisa Tejada Peluffo, en escritura ante el notario Castor Montoto de Sedas  la finca Granja o Recreo Nuestra Señora de los Dolores, en las inmediaciones del Paseo de la Victoria, con huerta, arbolado, caserío, pozo, que antes fue noria, con una portada a la carretera general y otra, al Egido, cercada en parte de vallados, tunas y rosales, y en otra alambrada de espino.

Estos datos se desprenden en las escrituras de aquellas fechas, donde se habla de los linderos, la carretera, camino del Hato de la Carne, Palmar de la Victoria, …  Ruiz-Herrera compra desde la carretera que atraviesa la finca matriz hasta el cuartel de la Guardia Civil, no incluyéndose lo que fue la Venta del Molino.

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Exterior de las estructuras abovedadas.

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Interior de las estructuras, arreglándola para un club juvenil musical 'El Panteón'.

Tanto Juan como sus hermanos los Ruiz-Herrera Martin-Niño, nacidos en la Villa de Rota, llegaron a El Puerto y comenzaron la explotación de la Huerta El Granado, con lo que hoy llamaríamos ‘nuevas tecnologías’. Aplicaban además un enfoque distinto, cultivaban ellos mismos de forma diferente,  pagando  sueldos superiores al resto, lo que hizo tener los mejores colaboradores --permítasenos utilizar terminología actual--. A ello se unió la apertura de puestos de verduras en la Plaza, con lo que consiguieron llevar lo que producían, directamente a las manos del consumidor, sin intermediarios.  Así fue como Juan Ruiz-Herrera y su mujer  consiguieron los medios suficientes para adquirir la Granja San Javier, que éste comenzó a explotar, incorporando una explotación de ganado vacuno  así como otras actividades complementarias.

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manolodelpino_puertosantamariaManuel del Pino, El Niño del Matadero, fue un artista polifacético. Aparte de un grandísimo torero, fue pintor y escultor. Según creo hay personas que todavía conservan algunas esculturas. La familia de Juan Barrero y, quizás, la de Jose Luis Osborne  Vázquez, --según mis noticias--, podrían tener algunas. Es una lástima  que  no se conozca su obra. Quienes  han tenido el privilegio de verlas, me cuentan el realismo con que plasmaba, la  impresionante  pelea  de dos toros bravos.

Conocedor del toro, sabía como nadie el comportamiento de éste en el campo y en los diferentes tercios de la lidia. Lo plasmaba con la sensibilidad, y la torería  del gran Maestro que era, a pesar de no haber tomado la alternativa.

Lástima que El Niño del Matadero no gozara de buena salud, ¡quien sabe hasta donde habría llevado el nombre de El Puerto! Lástima, también, que mi gran amiga Pastora (q.e.p.d.), prima de los hermanos Del Pino, y que se crió con ellos en el Matadero, ya no esté entre nosotros. Me contaba muchas de sus vivencias y anécdotas en aquel Matadero. Disfrutaba viendo a Manolo y a Miguel torear, y hasta ella se atrevía a coger la pañosa, pues era buena aficionada, además de una valiente mujer

Alguien dijo: ‘Se torea como se es’. El Niño del Matadero,  tenía la sensibilidad, la torería  y el buen gusto de ser Torero. (Texto: María Jesús Vela).

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«Para un excelente amigo que se llama José conocido como Josetele y como mañana es tu Santo no he encontrado otro presente que te alague [sic] tanto, Estos modestos dibujos son patente de una época caduca en mi vida; pero grande en amistad. En otro tiempo te hubiera regalado el símbolo de mi noble coraje, tu en el tendido y yo en la arena con la montera el alto. Confórmate hoy con estos malos dibujos y con la verdadera amistad del verdadero amigo». Manolo del Pino, ‘Niño del Matadero’. Puerto de Santa María, 19-marzo-1963. Dibujo collage dedicatoria a su amigo Joselete. (Colección de 15 plumillas con diversos momentos de la vida del toro y suertes en la Plaza, reproducciones propiedad de Gregorio Cruz Vélez).

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El Gallo cuando se confiaba era un torero genial

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Conducción de una manada de toros bravos.

ESCULTURAS.
Como escribe Manuel Martínez Alfonso, en su libro ‘Plaza Real’, «Más  [Manolo] prefería andar con carbones y con barro. Buscaba los rincones apartados, y allí, sin otro instrumental que sus propias manos, modelaba figurillas de arcilla que representaban mil objetos diferentes. Hasta un nacimiento completo llegó a fabricar, con ovejas, pastores y camellos de Oriente.

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Dos esculturas taurinas en barro, originales de Manuel del Pino. (Fotos: Rafa. Del Libro 'Plaza Real').

manueldelpino_escultura1_puertosantamariaCuando no el barro, el papel; o el cartón; o las mismas paredes encaladas del Matadero; en uno de cuyos muros llegó a pintar a carboncillo un tren completo y bien trazado, que a la hora de dar nueva cal a las paredes, respetaron los brochistas aquella infantil obra de arte, que perduró hasta que el tiempo acabó con ellas. El dibujo y el modelado erean su verdaderas aficiones.

Y cuantas perrillas caían en sus manos eran cuidadosamente guardadas para ser invertidas, cuando había reunido las suficientes, en lápices de colores, acuarelas o tubitos de óleo, con que poder dar forma y color a sus infantiles creaciones. Nunca tuvo escuela ni estudios artísticos. Y sin embargo, esa maravillosa intuición, propia exclusivamente del artista, le llevaría con el tiempo a la creación de obras de notable interés. Sus apuntes toreros tienen un nervio y una agilidad que ya quisieran muchos artistas de escuela. Sus toros modelados en barro poseen un algo especial, furto de esa intuición creadora, resultado indudable de un auténtico temperamento artístico, al que sólo faltó educación y mano directora".

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En la imagen, una hembra joven de Palomo de Clase.

La afición al divertimento con palomas ha sido a lo largo de los siglos cuestión de adoración por nuestra cultura y sobre todas, las influenciadas por las de descendencia árabe y como tal, nuestra ciudad no iba a librarse de ello.

Existen ya referencias a la ordenación gubernamental sobre la tenencia de palomas en nuestra provincia con las Reales Ordenanzas de Cádiz de 1759, en las que se disponían las normas para el vuelo y tenencia de estas aves, lo que dice mucho sobre la antigüedad y tradición de esta modalidad que fundamentalmente consistía en adiestrar tanto a machos como a hembras de esta especie a atraer a sus congéneres alados sin dejarse así mismo atrapar por otros aficionados que empleaban las mismas técnicas colombicultoras.

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Lances de conquista del Palomo de Clase, en el aire.

palomosdeclase_lances_puertosantamariaEL CORTEJO O LOS PALOMOS RATEROS.

En resumidas cuentas, esta disciplina o mas bien arte, consiste en soltar uno o varios machos en soltería para captar o atraer hembras bien perdidas o de otros aficionados a su palomar, donde se dispone de trampillas en los cajones de los palomos a tal efecto y viceversa. Las hembras solteras atraerán también  a los incautos machos que las pretenden siendo atrapados por los ‘hembreadores’ si estos se entregan a sus captoras.

Esta condición conocida y empleada por el hombre a través de los tiempos ha venido en denominar a este tipo de palomas como ‘Ladronas’ o ‘rateras, términos por las que han sido conocidas por las personas ajenas a esta afición, y que no hace realmente justicia al animal en sí, ya que su ejecutoria no es sino realizar su cortejo, consistente en llamar a su congénere al nido y prepararse para las futuras crías.

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Pareja de macho y hembra de cortejo en el suelo.

SUSTENTO EN ÉPOCA DE PENURIA.

Es sabido que en nuestra tierra, el poseer una collera de estos palomos ‘rateros’ era sinónimo de tener garantizado el sustento en época de penurias con alguna que otra zurita o paloma común que echar al puchero. Durante mucho tiempo así se fueron seleccionando para este menester a las palomas mejor dotadas en esta condición captadora, dando este hecho lugar a que los aficionados perpetuasen diferentes líneas de sangre o genéticas. Ello ha derivado en lo que actualmente se conoce como razas de ‘Buchonas Españolas’, todas ellas con un marcado carácter y capacidad de búsqueda y conquista.

palomodeclase_1_PALOMAS AUTÓCTONAS.

El ‘Palomo de Clase’, es una de estas razas de palomas autóctonas que se distingue de las demás --además de poseer estos rasgos de comportamiento-- por las figuras o posturas que adoptan en vuelo y por sus peculiaridades morfológicas de parada, establecidas en su estándar racial. (En la imagen de la izquierda, hermoso ejemplar criado y propiedad de F.M.B.V.).

EL NOMBRE.

Fue bautizado así, ‘Palomo de Clase’, precisamente por sus atributos en cuanto a la manera de seducir a las palomas y su forma de volar con un braceo grácil y elegante, como flotando alegremente al lado de su amada y conduciéndola hacia su palomar con nobles intenciones.

ORÍGEN ALICANTINO.

Son animales seleccionados a través del tiempo por los aficionados, realizando oportunos cruzamientos de palomos autóctonos con otras variedades que originariamente fueron palomas de origen levantino, traídos por marineros alicantinos principalmente a nuestra ciudad a mediados del siglo pasado.  Coincidía con su asentamiento en El Puerto de Santa María y, posteriormente, allá por la década de los 70 con otros tipos de palomas de figura o postura denominadas ‘Holgueras’ y que fueron ideadas en la localidad vecina de Jerez de la Frontera.

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Palomo de Clase con pintas 'Zarandalín', macho.

REPERCUSIÓN INTERNACIONAL.

Mas tarde con el trabajo adecuado de selección morfológica fueron fijándose los caracteres exigidos en su patrón racial, que fue aprobado por la Real Federación de Colombicultura en el año 1999 y que, a raíz de ello, han ido difundiéndose a nivel internacional, siendo hoy día una raza muy cotizada y valorada por sus atributos.

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Integrantes de las Juntas Directivas de los Clubs de Palomos de Clase de las poblaciones de El Puerto, Jerez y Rota, el día de la ratificación del estandar de vuelo de dicha ave, celebrado hace un par de años en nuestra Ciudad.

FOCOS DE LA AFICIÓN.

En nuestra provincia, los focos principales de afición son El Puerto, Jerez, Rota, Sanlucar, Chipiona, San Fernando, Chiclana y algunas localidades mas que poseen Clubes o Asociaciones de criadores que aglutinan a los aficionados que participan en eventos organizados para valorar la calidad de sus ejemplares.

palomosdeclase_cartel_puertosantamariaEn nuestra ciudad existen tres clubes de aficionados a este palomo: Los Bravos,  La Portuense y el Club deportivo Los Bravos que acumulan decenas de aficionados, amen de las personas que practican esta modalidad sin estar incluidos en asociación alguna y que se cuentan por cientos. (Cartel Certamen año 2009).

Así pues, la afición actual a nuestro ‘Palomo de Clase’ goza de buena salud pese a los cambios arquitectónicos sufridos en nuestra Ciudad, que cada vez lo hace menos propicia para practicar esta afición, así como a la merma en la cantidad de afición juvenil que hoy prefiere hobbies menos tradicionales, muy a nuestro pesar. (Texto y Fotos: Joaquín Cordero).

Más información: palomosdeclase.blogspot.com

Palomar en El Puerto, propiedad de Juan Reyes "El Roteño", donde vuela sus palomas de raza Palomo de Clase

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Con motivo de la renovación de la Plaza de España, popularmente conocida como de la Iglesia, y su entorno, se están realizando una serie de trabajos que podrán gustar mas o menos. Entre éstos, encontramos una serie de grabados en las losas de la plaza que representan la silueta muy esquemática de varios barcos o navíos. Lo que pretendemos en este pequeño trabajo que hoy presentamos, es precisamente dar a conocer de donde proceden y que representan.

dibujo_barco_prioral_puertosantamariaCuando los redactores del proyecto arquitectónico de la plaza nos presentaron la idea nos pareció estupendo, y sin dudarlo estuvimos de acuerdo. Nuestra ciudad y el mar es una unión natural salpicada por la intervención  humana, de las que estos grabados forman parte de su Historia, pues ellos mismos son parte del Castillo o Fortaleza de Santa Catalina, conocido por la Gente del Puerto como Las Murallas.

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Panorámica de Fuerte Ciudad. (Foto: Javier de Lucas Almeida).

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Otra vista de la edificación. (Foto Javier de Lucas Almeida).

DESDE 1737
Los grabados fueron realizados en su mayoría por soldados españoles o franceses. El tiempo de aislamiento en el castillo, las largas guardias, la soledad o el recuerdo, dejar nuestra huella, o simplemente la distracción, alentó a las personas presentes en los distintos momentos históricos a plasmar en las paredes del castillo aquello que veían, vivían, recordaban, o testimoniaban su paso. Así, podemos encontrar decenas, tal vez centenares de grafitos. Los más antiguos hasta el momento están fechados en el año 1737. Aunque los más abundantes, y a la vez menos interesantes, son los realizados a finales del siglo pasado, y lo que llevamos de éste, en gran parte pintados, que están solapando los más viejos.

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Otra vista de la edificación frente al mar, podemos observar los bloques de piedra ostionera que conforman el dintel de una de las puertas. (Foto Javier de Lucas Almeida).

HACE 25 AÑOS.
Sobre estos grabados, ya hemos realizado varios trabajos, el aquí firmante Juan José López Amador,  junto a nuestros compañeros y amigos José Antonio Ruiz Gil, y Enrique Pérez Fernández. En el año 1985, realizamos un importante trabajo de recopilación “in situ” de los grabados donde también participo nuestro amigo José Ignacio Delgado Poullet, se calcaron sobre plásticos todos aquellos que estaban visibles, transportándolos luego al papel, decidimos llevarlo a cabo debido al mal estado que presentaba el Castillo, hoy 25 años después, muchos de estos grabados están mas dañados o han desaparecido.

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Plano de Fuerte Ciudad de 1801. Archivo Militar de Segovia.

SISTEMA DEFENSIVO.
A raíz del descubrimiento de América se desarrolla en todo el entorno de la Bahía un sistema defensivo, básicamente diseñado en la defensa de ataques provenientes del mar, convirtiendo desde el siglo XVI la entrada a la Bahía de Cádiz en una encerrona para las flotas enemigas. Un sistema de guardas a caballo, avisos de ahumadas en el día, y almenaras por la noche, se pone en marcha. Pero, sobre todo, serán unas pequeñas baterías, al menos una veintena, situadas estratégicamente por toda la costa, las que formen el cerrojo de la ciudad de Cádiz y su Bahía. Apoyadas por grandes fortificaciones, hacia el mar las de Cádiz, y una en el interior del seno de la bahía, el Castillo de Santa Catalina, tendrán un papel fundamental en desarrollo militar de Cádiz.

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Vista aérea del Castillo de Santa Catalina. Destaca el 'hornabeque' (Del al. Hornwerk, de Horn, cuerno, y Werk, obra). Es la fortificación exterior que se compone de dos medios baluartes trabados con una cortina. Sirve para lo mismo que las tenazas, pero es más fuerte, por defender los flancos mutuamente sus caras y la cortina. (Foto: Google Maps).

CASTILLO DE SANTA CATALINA.
El Castillo o Fortaleza de Santa Catalina, esta ubicado en un pequeño cabo en el interior de la bahía, siendo el castillo de mayor tamaño construido. El espacio ocupado por las construcciones defensivas sobrepasaban los 15.000 metros cuadrados. Un cordón de murallas con baterías hacia el mar, y murallas a tierra con figura de hornabeque configuraban su perímetro.

En el solar que ocupa el castillo sabemos que hay una villa romana, con su alfar. También se encontraba la Ermita de Santa Catalina, de la cual no podemos establecer la fecha de fundación, si bien hay documentos que la mencionan en el año 1525.

juandelacosa_puerto_de_santa_mariaPARTIDA DE JUAN DE LA COSA.
La primera vez que tenemos constancia de este lugar en la Historia, fue por la partida de sus playas en el año de 1499 de la expedición que Juan de la Cosa, quien en el año 1500 realizara el primer Mapa Mundi en esta misma ciudad. Alonso de Hojeda y Américo Vespucio, completaban el mando de esta expedición, en la que se descubrieron las costas de Venezuela.

DEFENSA DE EL PUERTO Y CÁDIZ.
En el año de 1540 el rey Carlos I ordenó al Duque de Medinaceli la construcción de una torre. Y comienza la historia militar. El 25 de mayo del año 1562 trece navíos turcos intentan saquear Cádiz, al no conseguirlo desembarcan en Santa Catalina siendo repelidos por el socorro de las milicias de Jerez. En año de 1577 Luis Bravo de Laguna envía un memorial al rey Felipe II, donde le expone la situación defensiva tan caótica que tienen las ciudades de El Puerto y Cádiz, así como la necesidad de levantar una fortaleza. Así mismo, la ciudad de Cádiz en el año de  1586 le pide al rey que se finalice el fuerte de Santa Catalina. Hay un documento fechado el 27 de agosto del año 1587, mandando restituir al colegio de Santo Tomas de Aquino de Sevilla 112 reales que se le repartió para la fábrica de la torre de Santa Catalina. Por tanto podemos fechar la construcción militar entre el decenio de 1577 a 1587.

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Plano de José Antonio Calderón Quijano. (1730-40).

Como se puede ver en el plano de J. A. Calderón Quijano, de entre los años 1730-40, hay construcciones de importancia, almacenes, cocinas, iglesia, y otras estancias. En el año 1765 la artillería era la siguiente: seis piezas de a doce, ocho de a treinta, seis montadas y un pequeño destacamento de artillería e infantería. Además de alojamiento para el gobernador, el oficial de artillería y su tropa con cincuenta soldados y doce caballos con un almacén de pólvora, dos de pertrechos y un tinglado para enseres. Esta distribución pertenece a las ruinas que hoy se pueden ver.

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Cuartel de la Guardia Civil en Fuerte Ciudad, poco antes de su desmantelación hacia 1970. (Foto: Archivo Municipal).

HACE 200 AÑOS.
En enero de 1810 el Capitán General de Andalucía, Francisco Javier Venegas, autoriza al almirante inglés Pervis a volar Santa Catalina, para impedir que el ejército napoleónico encuentre un lugar cómodo desde el que situar sus cañones. Una vez que llegan al Castillo las tropas imperiales francesas, comienzan con la reparación de las baterías, hasta el 18 de febrero día en la que se produce un golpe de mano español sobre el Castillo. Por lo tanto, este fue el momento en el que la fortaleza decimonónica fue arruinada. En el siglo XIX junto al fuerte se construye un importante cuartel de la benemérita, hoy desaparecido, que funciona hasta los años setenta del siglo pasado.

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Grabado y dibujo a calco, hayado en la tronera 2-2, y dibujo a calco.

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Réplica del grabado anterior en una de las losas de la Plaza de España.

LOS GRABADOS.
Estos grabados se realizaron en los lienzos de murallas construidas básicamente con una piedra local denominada ‘piedra ostionera’. Las canteras de esta piedra están situadas al pie del castillo, en la zona intermareal. Con el tiempo, en el espacio que ocuparon las canteras, se construyeron grandes corrales de pesca y marisqueo que se mantuvieron hasta los años setenta del siglo pasado.

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Sobre estas murallas se aplica un mortero de cal hidráulica y arena con un grosor de entre los 1 a 3 centímetros; el fratasado o repellado es de gran calidad, con la superficie cristalizada por la acción caliza, manteniendo un enlucido pintado de rojo y amarillo.

CONSERVACIÓN.
La conservación del castillo en un análisis general es bastante mala, casi todo el frente del mar ha desaparecido, gran parte a consecuencia de las voladuras realizadas, excepto grandes paredones del lienzo de muralla del frente del mar en la actual playa de La Muralla. De la torre solo se conserva el 30% de la construcción, mientras que del resto de la edificación interior sólo quedan los cimientos. Sin embargo, el muro de tierra se conserva prácticamente completo; eso si, con grandes perdidas del enlucido donde se realizan los grabados, y grietas estructurales que lo ponen en peligro, muchas de ellas producidas por la acción de la vegetación, a veces de tamaño arbustivo.

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Pero, sin duda, tras el factor natural, quien más incide en la pérdida y destrucción de los grabados antiguos es el humano, técnicas de picado, rayado y  pintado con espray.

FIGURAS Y DIBUJOS.
El trazado de las figuras suele ser muy esquemáticas y con ausencia muchas veces de detalles. La gran mayoría está, a veces, agrupados; sobre todo en las troneras y su entorno, así como en el muro del frente de tierra, lógico si tenemos en cuenta que gran parte del castillo ha desaparecido.

A pesar de la simplicidad en los dibujos, en algunos se pueden atisbar los cascos y los aparejos de los barcos, representados estos en una gran variedad de modelos. Podemos ver navíos de velas cuadras, con los puentes de los cañones. Tartanas remolcando fragatas, un buque de dos palos, que bien puede ser un bergantín. En algunos casos se les puede apreciar enarbolando banderas en cruz. Faluchos, tal vez cañoneros, con aparejo latino, alcázar en popa y cofa. Otras embarcaciones veleras con marcados timones, pertenecientes a pequeños pesqueros, también hay un buen numero de buques de la Guerra Civil Española.

fuerteciudad_incripciones_puertosantamariaINSCRIPCIONES.
Tras los barcos el mayor número de grabados pertenecen a las inscripciones. Muchas de estas se encuentran muy deterioradas y sólo se aprecian palabras y, a veces, letras sueltas. Pocas se han conservado que puedan ser legibles, las que lo son proporcionan una serie de datos que, a veces, pueden ser de interés. Al menos en dos de los grabados tenemos la fecha de 1737, ambas realizadas en el mes de junio. Esto nos lleva a fechar en termino post quem la construcción del lienzo de muralla del Frente de Tierra. Otras inscripciones recogen los nombres o cargos, hay varias que corresponden  a soldados del ejército francés, dos del Regimiento numero 13 de Cazadores (Chasseur). El primero, A. Berner, que es sargento. El segundo Humbert Lezociourre (posiblemente un voluntario polaco), es lancero como el anterior, y pertenece a los chasseur-a-cheud (cazadores montados). La fecha debe corresponder con el bienio 1823-24, cuando se produce la ocupación francesa por el Duque de Agulema y los “Cien mil Hijos de San Luis”. Las tropas anticonstitucionales arribaron a El Puerto el 23 de junio de 1823, y mantuvieron el control de Cádiz y sus fortificaciones hasta el año 1828.

fuerteciudad_signos_puertosantamariaMARCAS Y SIGNOS.
Un gran numero de grabados pertenecen a marcas y signos, la mayoría de los cuales nos son desconocidos o ilegibles. Otros pertenecen a marcas, que nosotros relacionamos con distintos blasones familiares, una heráldica popular poco estudiada en la zona. Son marcas que se grafía sobre objetos personales o de uso domestico, e incluso en las casas. Algo similar a estas marcas lo hemos encontrado en El Puerto de Santa María; en los siglos XVI-XVII, en las botijas para la exportación, aparecen marcas con una, dos o tres palabras, a veces con un signo, indican su propietario. Se trata de gentes ligadas al mar, con la diferencia de que en este último caso pertenecen a comerciantes con América. (En la imagen, grabado de marcas personales).

BLASONES FAMILIARES.
Los grabados que hemos recopilado del castillo de Santa Catalina debemos entenderlos como representaciones de blasones familiares tradicionales, semejantes a los registrados en otras zonas de la Península Ibérica. Según esta tradición el padre detenta la marca del tronco de su blasón, a la que su descendencia añade sucesivamente un signo complementario, hasta que el hijo menor vuelve a recuperar la marca original, y que de la misma forma transmitirá a sus descendientes. Estas marcas están presentes en La Guardia, Galicia, y en Póvoa de Varzim, Portugal, donde sí están bien estudiadas.

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Lienzos de las murallas de Santa Catalina o Fuerte Ciudad. (Foto: González Lechuga).

Por todo esto creo que aunque no sean muy conocidos, estos grabados si son algo nuestro que nos representa, son muestras de gentes sencillas desconocidas en su mayoría, pero que ya forman parte de la historia de nuestro Gran Puerto de Santa María. (Textos: Juan José López Amador).

Pulsar para saber más sobre los grabados del Castillo o Fortaleza de Santa Catalina

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antoniocamachocaballero_puertosantamariaLos padres de Antonio Camacho Caballero (1901-1991), fueron Miguel Camacho Soldado y Josefa Caballero Muñoz originarios de Iznájar (Córdoba). Quedó huérfano de padre siendo muy niño. Junto  con su hermana Aurora --unos años mayor-- y su madre se vinieron a El Puerto a vivir con el hermano mayor  --Juan-  20 años mayor que él.

Juan Camacho Caballero era propietario de la Casa de Las Cadenas donde  también tuvo un almacén de comestibles y un bar.  También era propietario de la Casa Roque Aguado --actualmente en promoción de viviendas--  y de una bodeguilla donde hoy está situada la oficina de Correos, en la Plaza del Polvorista.  Además era dueño de dos  tabernas en El Puerto donde se despachaban sus vinos:  ‘El Golpe’  en la calle las Cruces y  ‘El Segundo Golpe’ en la calle la Zarza,  así como de  de otro despacho de vinos llamado ‘La Campana’ situado en  la calle San Sebastián esquina  Santa Lucia. (Antonio Camacho, al volante de unos de los muchos vehículos que tuvo a lo largo de su vida).

Juan tenía dos hijos, Miguel y Rosa, quienes eran casi de la misma edad que su tío Antonio.  Debido a la diferencia de edad entre los hermanos –Juan y Antonio- tío y sobrinos se criaron juntos como hermanos.  Miguel se casó con Francisca y no tuvieron descendencia. Rosa se casó con Joaquín Albiol,  quedando  la rama Camacho de esta parte finalizada con los Albiol Camacho.

la_diana_envoltorio_puertosantamariaCOMESTIBLES LA DIANA. EL BAR Y LAS BICICLETAS.
Cuando Antonio se emancipó de su hermano Juan –sobre el año 1923- pasó una temporada en Sevilla y ahí empezó su gran afición por los automóviles.  De vuelta a El Puerto --con 25 años--  abrió el almacén de comestibles La Diana en la calle  José Navarrete, 51 -posteriormente llamada Reyes Católicos y en la actualidad Palacios- propiedad de un montañés de 77 años llamado Marcelino Aguaro. En los años siguientes amplió el negocio a bar --donde servía, además del consabido vino, café y chocolate-- y venta y alquiler de bicicletas con entrada por la calle San Bartolomé y a desarrollar su afición por los automóviles con  taxi en la parada. (En la imagen, papel envoltorio de 'La Diana').

En el año 1928 se casó con María Teresa García Rodriguez --la séptima de nueve hermanos-- del matrimonio formado por Fernando García Rodriguez, nacido en Coladilla (León) y por María Teresa Rodriguez  Sánchez  nacida en Jerez de la Frontera.  La familia García Rodríguez vivía en  la casa núm. 5 de la Calle San Sebastián, propiedad de Fernando. Una preciosa casa solariega con un magnífico patio y un jardín con una bodega anexa donde tenía un lagar, frente a la Capilla de la Aurora. La casa aún conserva la fachada y el patio y el resto ha sido  transformado en viviendas habiéndose incluso construido unifamiliares en el jardín y bodega.

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La nueva familia Camacho García, en 1940, como no, en torno a un coche.

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A la derecha, frente a la Capilla de la Aurora, casa de la calle San Sebastián, 5, número 38 en la numeración antigua del siglo XIX, que aún conserva en azulejo en la fachada de la puerta principal.

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Fotografía antigua del patio de columnas de la casa, con una bonita estampa del jardín posterior, que se puede observar, rabioso de vegetación y luz, a través de las rejas, hoy también desaparecidas. Durante el cierre de la casa cuando es dejada de habitar,  hasta su rehabilitación como viviendas modernas, el noble edificio fue despojado --¿expoliado?-- de los elementos de ornato interior que la distinguían: el barandal de palosanto, las puertas de casetones y cuarterones de caoba, la yesería de las bóvedas, etc... Al menos quedó el escudo exterior de quienes lo mandaron construir y que vemos en la fotografía de abajo.

sansebastian5_escudo_puertosantamariaSAN SEBATIÁN, 5.
Dada la extensión de la casa, de San Sebastián, 5, además de los García Rodríguez y sus nueve hijos la compartían una hermana de María Teresa –Petra- que se casó con un Fernández Lobo de la tonelería que hubo en la calle Comedias; de esta familia parte la rama Fernández Rodríguez con sus hijos: Rogelio, Francisco, Agustín, Rafael y Eloísa.

Volviendo a Antonio Camacho. Sus descendientes: Aurora, Antonio, María Teresa (fallecida) José Miguel y Rafael son los actuales transmisores de la rama Camacho originaria de Iznájar (Córdoba).  Los primeros años de su matrimonio vivieron en la actual calle Palacios.  Cuatro años más tarde se mudaron al piso principal de la casa de La Diana, aún propiedad de Marcelino Aguado, según contrato de fecha 6 de Marzo de 1932.

la_diana_antiguo_puertosantamariaCon el paso de los años fueron desapareciendo el bar, las bicicletas y los taxis quedando solo el almacén de La Diana que fue traspasado a Isidro Gómez Recalde en el año 1960. En esta fecha el propietario de la finca y almacén era Doña Quintina Caballero, santanderina, posiblemente descendiente de Marcelino Aguaro. En la actualidad el establecimiento es propiedad de José Joaquín Sánchez Sena, quien primero por traspaso de Isidro Gómez Recalde y luego adquiriéndolo, pasó a ser de su propiedad, como ya se ha indicado. Ver nótula núm. 090 en Gente del Puerto.

LOS TRANSPORTES.
Al margen de La Diana, que es lo que ha motivado esta semblanza de Antonio Camacho Caballero hay que añadir que, no solo fue conocido por el almacén sino por sus otras múltiples actividades y últimamente en el ramo del transporte. El 16 de Enero de 1927 adquiere de José Arniz Franco un turismo marca Ford matrícula SE-2719 motor 6381398 de 12 HP del año 1926. Arniz lo tenía en alquiler, en el año 1926, por una peseta el kilometro según la tarifa manuscrita que los descendientes de Antonio Camacho aún conservan. Así mismo, consta en documentación el parte al Ayuntamiento de Antonio Camacho de la tenencia del citado automóvil con custodia en garaje en calle Aurora núm. 3 --emplazamiento de la casa de Las Cadenas--.

almacen_la_diana_puertosantamariaEl día 26 de Diciembre de 1931 da parte de baja al Ayuntamiento motivando la baja por avería en el motor. Este vehículo fue trasladado más tarde al garaje de la casa núm. 5 de la calle San Sebastián --casa natal de su esposa María Teresa-- donde permaneció inactivo hasta el año 1952 en que fue transformado en la furgoneta conocida como el “coche o forito de La Diana”. (Antonio Camacho y su mujer, en el interior de 'La Diana').

LOS COCHES DE CAMACHO.
Para ilustrar su faceta como transportista, a continuación reseñamos los vehículos que poseyó, de acuerdo con la documentación custodiada por sus hijos:

  • Sevilla, 26 Mayo 1924 Contrato de compra. Don Antonio Camacho Caballero y Don Sebastián Tenorio adquieren de de Doña Josefa  Romero Rodríguez un automóvil Marca Ford, matrícula SE-2605 en dos mil quinientas pesetas, entregando en este acto quinientas pesetas aceptando los referidos señores 10 letras a razón de 200 pesetas cada una (sic)
  • El Puerto, 6 de Junio de 1925 Contrato – He vendido a Don Antonio Camacho, un coche Ford matrícula CA-344 en dos mil doscientas cincuenta pesetas pagaderas en ocho mese en letras aceptadas.  El vendedor Don Esteban Paullada.
  • El Puerto, 16 de Enero de 1927. Don José Arniz Franco vende a Don Antonio Camacho Caballero un coche Ford matrícula SE 2719 en mil cien peseta, entregando seiscientas pesetas y el resto pagaderas en cuatro letras de ciento veinticinco pesetas cada una
  • 19 de Agosto de 1938 automóvil marca Ford matrícula CA- 4893 dado de baja posteriormente el día 9 de Febrero de 1939.
  • 14 de Noviembre de 1941 Baja provisional de automóvil marca Opel matrícula CA 4594. No hay documentación de la adquisición. Este coche estuvo como taxi en la Parada.
  • 10 de Agosto de 1944 Venta de automóvil Opel Matrícula CA 4594 A Don Luis Abarzuza Pacheco.
  • 2 de Septiembre de 1952 automóvil marca Ford matrícula SE 7389 adquirido de Don Emilio Romero Aranda y transferido a nombre de Dª María Teresa García Rodríguez --esposa de Antonio Camacho--.

coche_pedales_1945_puertosantamariaEste vehículo tiene su historia: Conocido como el ‘Forito de la Diana’, fue inscrito con placa provisional para pruebas num. TO 50035 el 10 de Noviembre de 1925 a nombre de Don Roberto Osborne domiciliado en Sevilla y matriculado posteriormente el 25 octubre 1926. Sus posteriores propietarios fueron: Don Ignacio Osborne Vázquez, Doña Angeles Campos Caro y por último Don Emilio Romero Aranda  --todos de El Puerto-- siendo éste último el titular a partir del 12 de Noviembre de 1946 quien lo transfirió a Doña María Teresa García Rodríguez, convertido en furgoneta y con motor sustituido por el perteneciente al Ford Matrícula SE 2719 que, según hemos dicho más arriba, permanecía encerrado en el garaje de la casa numero 5 de la calle San Sebastián desde el 26 de Diciembre de 1931, dando origen –repetimos- a la furgoneta conocida como el “coche de La Diana”. (En la imagen, Antonio Camacho al volante de uno de sus coches de pedales y a su derecha Juanín Barcala, íntimo de Camacho y quien le acompañó a una Feria a Córdoba con dichos vehículos).

Más información de La Diana, en la nótula 090 de Gente del Puerto.

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josemariacruzgarcia_puertosantamariaJosé María Cruz García, ‘el Chico’, escribió en abril de 1993, además de los recuerdos de su infancia, los tristes memorias del inicio de la Guerra Civil, vividos por un adolescente con apenas 12 años.

Nacido el 1 de mayo de 1924, ‘El Chico’, que falleció el pasado 27 de enero de 2010, estuvo casado con María Aurora de los Milagros Vélez Hidalgo, con la que tuvo seis hijos: José María, Manolo, Gregorio, Milagros, Mercedes y Francisco. Hizo el servicio militar en Sidi Ifni (Marruecos español). Estuvo emigrado en Alemania. Trabajó toda su vida con maquinaria pesada, iniciándose en la construcción de la Base Naval de Rota. Trabajaría en la construcción de carreteras y autopistas por toda España con Dragados y Construcciones, así como en obras de pantanos en Cáceres y Badajoz. Cuando se jubiló estaba de capataz en las tristemente célebres Minas de Aznalcollar. Trajo a El Puerto la delegación de la Compañía de Seguros Norte Hispana, consiguiendo, gracias a la importante cartera de clientes que creó, abrir oficina en nuestra Ciudad.

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Rodeado de hijos y nietos, en uno de sus úlitmos cumpleaños, en el año 2006

Este es su relato realizado durante un curso impartido en el Hogar del Pensionista. La transcripción del mismo es de Manuel Paz Muñoz.

josemariacruzgarcia_ninio_puertosantamariaLA CASA DONDE NACÍ.
«Yo, José María Cruz García, nací en El Puerto de Santa María el 1 de Mayo de 1924, en la calle Santo Domingo, casa núm.3, segundo piso. Allí vivía mi abuela Dolores, con su hijo José que era viudo y su hija Lola, hermana de Jochele. Al quedarse viudo mi tío se fue a vivir con su tía Ana. En éste piso también vivía mi tío Manolo Silva y mi tía María que estaban solteros. Mis padres y yo teníamos dos habitaciones en éste piso que era muy grande, dos dormitorios, que daban a la calle Santo Domingo, y otra habitación interior con una ventana que daba al Horno de Rascón, En la actualidad (1993) es un despacho de electrodomésticos. Este piso tenía una especie de sala o recibidor, un comedor y la cocina que era inmensa de grande; no tenía cuarto de baño como hoy, sólo un retrete; tampoco luz eléctrica. Estamos hablando de los años 1928 o 29, que son lo más lejano de mis recuerdos de infancia que puedo recordar, de niño, con cinco o seis años. De quien no tengo recuerdos es de mi padre en mi casa, sólo se que mi madre se separó de él. A mi me dijeron, un poco más mayor, que mi padre desatendió sus obligaciones como padre y esposo  de mi madre.

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EL TRABAJO, LAS CALLES.
Recuerdo algo de la Fábrica de Conservas Sur que estaba en la Calle Comedias, donde trabajaban mi madre, mis tías, mi prima Lola y mi tío José, así como Manolo Silva, que lo hacía en el denominado Molino, donde fabricaban los envases de lata para las conservas. Éramos pobres, pero trabajadores, y gracias a ello teníamos para vivir humildemente. Por esos tiempos no había lujos como ahora. La mayoría de las casas eran de vecinos sin agua corriente ni luz eléctrica; un retrete comunitario es decir para todos los que allí vivían. Con esto quiero decir que nosotros teníamos un piso para la familia y vivíamos mejor que mucha gente. Recuerdo que, al caer la noche, por la calle no se veía ni un alma. Tampoco el alumbrado de las calles invitaba a pasear de noche. Nada más había un cine: el del Teatro Principal; y tampoco todo el mundo tenía para sacar la entrada. Esos tiempos eran malos.

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Milagros García, madre de nuestro protagonista y su abuela, Dolores.

EL INGLÉS McKINLEY.
Cuando tenía edad escolar, con seis o siete años, estaba en la Escuela de Encarnación, en la calle Alquiladores. Era una mujer soltera que, no sé por que circunstancia, vivía con su hermano y dos hijos de éste --Mercedes y Eduardo--. Él trabajaba en casa de Don José de la Cuesta; era una especie de mayordomo y venía mucho a la escuela. También pasaba por allí un inglés grande y alto, que se llamaba Mckinley y cuando entraba en la escuela los niños echábamos a correr y a temblar porque, “si éramos malos” nos decían los mayores “llamarían  a Mckinley, que era más grueso que el pan”. Y así las madres asustaban a los niños con el inglés. En la plaza del Castillo solíamos jugar los chiquillos, bien a la pelota o a la piola. Era el centro de reunión de los críos. Una plaza de terrizo con árboles los cuales nos servían de portería. Allí jugué hasta los trece o catorce años, hasta que empecé a trabajar.

Jose-María-Cruz-García-y-su-madre-MaríaLA FONDA DE LA ESPADA.
En la esquina de Santo Domingo con Larga se encontraba el almacén de ultramarinos de Manolito ‘el Loco’, que creo era pariente de mi padre porque, Joaquina , hermana de ‘el Loco’ siempre les decía a mi tía Pepa y a mi padre ‘primo’. Por las noches, mi tía María y mi prima Laja liaban el pimentón, el azúcar y la harina para los clientes de por la mañana ya que, entonces, no se vendían los productos envasados sino en papeles al peso. Donde actualmente está la cafetería Milord estaba la fonda de ‘La Espada’. Allí comí varias veces con mi padre cuando ya estaba separado. Por cierto, Matilde que era la hija, cocinaba un arroz con habichuelas riquísimo --todavía me acuerdo--. La cena valía un real. (Con su madre, Milagros García, en una fotografía de la época).

DIEGO NIÑO CON CHANCA.
De la calle Santo Domingo mi madre se fue a la calle Diego Niño esquina con Chanca que era de la familia del ‘Vivo’. Ya aquí vivíamos con Rafael, un hombre viudo que se junto con mi madre. Allí viví hasta el año 1934 en el que ella falleció en Cádiz en el Hospital de Mora. Recuerdo que bajé al sótano, donde se encontraba de cuerpo presente y me dijeron que tuvo problemas con una operación.

De verdad, en aquella época vivíamos muy bien. No tuve quejas de este hombre ya que conmigo se portó muy bien y con mi madre, también. Yo los veía felices, y eso a mi me daba alegría, a mi no me faltaba de nada estaba en un buen colegio. No nos faltaba la comida que, en esas fechas, estaba escasa. Se empezaron a ver los movimientos del Frente Popular, las huelgas, los despidos, … Cerraron la Fábrica de Conservas Sur donde trabajaba mucha gente y también la empresa que hacia los envases.

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Con su primo 'Ochele' vestido con ropa del batallón infantil y José María, de marinero.

Al morir mi madre yo tenía 10 años. Entonces, mi abuela Dolores que vivía en la Calle Nevería, frente a Muebles Pedregal, me llevó con ella. Allí vivían su hijo José padre de Jochele, su hija Lola, mi tío Manolo Silva, que pertenecía al Sindicato comunista y que ‘a posteriori’ en el año 1936 en el que se declaró la Guerra Civil fue fusilado por los Falangistas. Al padre de mi tía se lo llevaron al Frente y ya no volvió. Su hija Milagritos no conoció a su padre: la crió mi tía Ana. La madre de Milagritos, que murió en 1941, a causa de una epidemia a causa de la cual murieron mucha gente, al faltar alimentos y medicinas. Y es que, durante tres años, los campos no produjeron nada: ni se sembró ni se trabajó en los campos. Fué una época de hambre y muertes.

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José María Cruz, a la izquierda, de aprendiz en la Tonelería Lores.

APRENDIZ DE TONELERO.
Yo con doce años y no teniendo nada para subsistir, me puse a trabajar de tonelero, llevándole las duelas a los que labraban las maderas para las botas. Allí ganaba un real al día, es decir seis reales de lunes a sábado. Yo, que me críe como un niño bien para la época,  me vi, de la noche a la mañana, al más bajo nivel. Todo lo que pasó era para olvidarlo.

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Miembros de una Compañía del Tercio de Regulares.

EL GOLPE DE ESTADO EN EL PUERTO.
Una tarde, el 18 de Julio de 1936, se declaró la Guerra Civil. Franco dió un golpe de estado y se levantó contra el Gobierno de la República presidido por Don Manuel Azaña. Yo estaba en la plaza del Polvorista recogiendo agua en una tinaja en la fuente pública. Estaba en la esquina del Cuartel que se derrumbó para construir lo que hoy son pisos de empleados de Osborne. Allí cogíamos el agua para uso doméstico, ya que no todo el mundo tenía grifo en su casa, ni baño, ni muchas cosas que hoy tenemos. La vida era muy dura, en fin, como digo yo estaba en la fuente, y por el río entró un barco con una Compañía del Tercio de Regulares, quienes tomaron El Puerto en un periquete. No hubo nadie que le hiciera frente. Desembarcaron en el muelle del Vapor, cogieron la calle Luna arriba, calle Larga y plaza de Isaac Peral donde tomaron el Ayuntamiento. En los calabozos había gente detenida, de derechas, que fueron puestas en libertad.

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Las tropas italianas, acuarteladas en la Plaza del Polvorista, recibiendo un homenaje en El Puerto. La instantánea el 1 de octubre de 1938 en la Plaza de Isaac Peral. (Foto: Sánchez Pérez).

LOS FUSILAMIENTOS.
Todos salieron armados con su correspondiente pistolas. Aquella misma noche empezaron a detener a todos los que pertenecían a algún partido de izquierdas y empezaron los fusilamientos. Era horrible.  De noche se sentían los tiros de los que fusilaban en la tapia del Cementerio. ¿Por qué? Ellos no hicieron nada, solo tener unas ideas diferentes, es decir ser de izquierdas. Dieron instrucciones los sublevados a las órdenes de los franquistas de quitar de en medio a todos los socialistas, comunistas o republicanos.

sieteesquinas_puertosantamariaMi maestro, Don Ángel Madrigal también fue fusilado y casi todos los maestros nacionales:  la mayoría pertenecían a la República. Como aquellas fechas eran muy malas, como ya digo, mi tío José el padre de Jochele ya no podía trabajar estaba enfermo de los pulmones, mi tía ya no tenía trabajo en la Fábrica de Conservas y mi tío Manolo también se quedó parado así que no podíamos pagar la casa y nos echaron a la calle.

PALIZAS Y FUSILAMIENTO DE MI TÍO.
Nos fuimos a una casa en las Siete Esquinas (en la imagen de la izquierda). Allí fue la catástrofe: murió mi tío José de una paliza que le dieron los falangistas para que dijera donde estaba escondido su hermano Manolo 'el Silva'. Y él de verdad que no lo sabía; eso no lo sabía nadie nada más que mi tía Ana que lo tenía en su casa detrás de un armario. Pero un día de los muchos que registraron la casa, se salió del escondite y se fue a la azotea donde un vecino simpatizante del régimen franquista lo vio subir las escaleras y se lo dijo a Zamacola que era el Jefe de la Falange.

Manolo-'el-Silva'Subieron a la azotea y vieron un cordel por donde se echó a la casa de junto y allí lo detuvieron. Le dieron una paliza brutal y de inmediato fue fusilado: el único pecado que cometió fue ser del Sindicato. (En la imagen de la izquierda, Manolo 'el Silva').

HAMBRE Y MISERIA.
Aquellos fueron unos años muy duros y más para los que olíamos a izquierdas. A mi, con doce años, cuando iba por la calle --aquellos que yo creí que eran mis amigos porque jugaban conmigo-- me llamaban 'rojo'. Pasamos mucha hambre y miseria, los muebles los quemamos para no pasar frío. No teníamos nada de nada, ni dinero ni comida.

En ése trágico verano del 36 estaba de vacaciones escolares. Mi maestro, D. Angel Madrigal, un buen hombre y mejor persona --yo lo apreciaba-- se esmeraba mucho con sus alumnos para que aprendieran, era muy cariñoso con todos, pero el Movimiento acabó con él y con todos los maestros que eran republicanos. Aquel gobierno fue resultante de una votación democrática y constitucional, pero los militares franquistas se alzaron en armas con los falangistas y declararon la guerra a la República: empezaron los fusilamientos, los Moros tomaron El Puerto y se hicieron dueños del Puerto. Entraron como Dios por su Casa no pegaron tiros ni nadie les hizo frente ni le pusieron resistencia, después fueron fusilados todo aquellos que eran de izquierdas o sindicalistas.

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Los niños y los falangistas, en una festividad del Corpus Christi, en la Plaza de España.

EL PENAL DEL PUERTO.
El Penal del Puerto estaba lleno de presos políticos. Había hombres de todos los pueblos de la provincia y fuera de la provincia. De este Penal, por las noches, salían los camiones cargados de personas y bien eran fusilados o desaparecían sin saberse nada más de
ellos.

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En el Penal del Puerto, todos obligados a levantar el brazo.

Hubo un hombre al que todas las noches lo nombraban y al rato de subirse en el camión lo volvían a bajar y le decían «--Tu te quedas para mañana, hoy a ti no te toca». Así varias veces hasta que Zamacola le dijo: «--Enrique, más vale que te vayas voluntario al frente porque tu propio hermano quiere fusilarte».

fernando_zamacola_puertosantamariaMi pregunta es la siguiente: ¿que sangre tiene un hermano que por tener ideas diferentes quiera matar a su propio hermano? Este hombre se va  a ‘Los Leones de Rota’ [centuria falangista a cuyo frente se encontraba Fernando Zamacola Abrisqueta, cantero bronquista de procedencia gallega, afincado en El Puerto, con antecedentes según la policía, de atracador por robo a mano armada, arrestado en El Puerto por borrachera, escándalo público y estafa, que dió bandazos entre la CNT y los partidos de la derecha y cuyo hermano Domingo ostentó la jefatura de la Falange en El Puerto, muriendo en el frente de batalla, según el historiador Fernando Romero] al frente y tuvo la fatalidad de caer prisionero de los rojos siendo llevado a un Campo de Concentración donde reconoce su tendencia de izquierda de la UGT, y se alista con el bando de Izquierda siendo ésta vez detenido por la Falange y llevado nuevamente a otro Campo de Trabajo Forzados estando el resto de la guerra trabajando de sol a sol hasta que finalizó ésta. (En la imagen, Fernando Zamacola, en un retrato realizado por Julio Pérez Palacios).

Cuando Franco venía al Puerto a visitar a la Viuda de Terry, éste al ser sindicalista era detenido o encerrado en su casa hasta que el dictador se iba de la localidad, por miedo a que Enrique lo matara o provocara algún tipo de movida dentro de la Bodega.

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Otra visión del Penal del Puerto antiguo: Eucaliptos y edificiaciones delante del Monasterio de la Victoria, donde vivían los funcionarios de prisiones, hoy desaparecidas en la explanada de la Estación de Renfe.

Del Penal del Puerto se escribe poco y fueron muchos los que no se saben donde están y a algún sitio fueron a parar sin juzgar, sin juicio ni abogado que los defendiera. Pienso que fueron fusilados y exterminados así porque sí, porque eran de Izquierdas. Franco se sublevó contra la República: un gobierno democrático elegido por el pueblo en unas votaciones libres. Por éste motivo Franco fue un dictador.

Ya tengo poco tiempo para escribir más. Pero estaría escribiendo todo lo que me quede de vida de aquella situación. La paciencia es la virtud de los viejos. El honor es la base principal de una familia: aquella que lo pierda no lo recupera jamás».

José María Cruz Garcia, ‘el Chico’.
abril 1993.

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Manto de Castillos y Leones. (Foto: J.M.M. 2010).

Este año la Patrona, Titular y Alcaldesa Perpetua de este Gran Puerto, la Santísima Virgen de los Milagros, ha sido vestida con el manto real de castillos y leones, tal cual el de Alfonso X El Sabio con aparece en el códice de las Cantigas. Es un homenaje a la Virgen y al piadoso introductor de la devoción fundacional de esta Ciudad. Es el manto de la polémica. Es el manto que se estrenó, en 1991, frente a la prohibición y la rabieta del entonces Obispo de Asidonia-Jerez. Es el manto del LXXV aniversario de la Coronación Canónica de esta imagen. Es el manto diseñado por mi mujer y por mí, con la sana idea de homenajear a la Virgen en ese aniversario, pero sin que costara mucho porque no lo había.

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Miniatura de Cantigas de Santa María de Alfonso X, 1248 h. Biblioteca de El Escorial. El rey luce un manto de castillos y leones.

La Archicofradía y Esclavitud lo tenía aprobado desde mucho antes. Así es que, encargada la tela a los mejores sederos del Reino de Valencia, los hermanos Miralles, nos encontramos con que el Obispo decidió prohibirlo. Ese propio año, la Virgen de la Merced de Jerez estrenaba con el beneplácito del Obispo un costoso manto bordado. Pero más que nada el Obispo, en nuestro caso, se opuso porque el Alcalde acordó que el Ayuntamiento se haría cargo del costo del manto. Y Alcalde y Obispo estuvieron a "la tuya sobre la mía". La cosa saltó a la prensa y a los demás medios. Y se armó.

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Este año, por segunda vez consecutiva, la Corporación Municipal ha asistido bajo mazas en la procesión de la Patrona. Previa y posteriormente desfilaron en la Procesión Cívica, esto es, la corporación municipal bajo mazas trasladándose desde un edificio del Ayuntamiento --el Centro Alfonso X  'el Sabio'-- hasta el lugar de la procesión religiosa. En la imagen, la corporación, constituida como Procesión Cívica, saliendo de la Prioral al finalizar los actos religiosos. Iban precedidos por dos guardias de gala, maceros con el uniforme tradicional de castillos y leones, --en esta ocasión no iban los clarineros--, cerrando el cortejo tras la Corporación, dos guardias de gala, el Jefe de la Policía Local y el Comisario de Policía. (Foto: J.M.M.)

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El paso de la Patrona, a su paso por la calle Palacios, frente al antiguo Hospital Municipal.

La Peña "Los Bolaos" capitaneó un movimiento popular y se organizó una fiesta en la Plaza de Toros para recaudar fondos para el manto. Y se recaudaron. LLegó la tela, magníficamente tejida en los telares de los Miralles y gustó a unos y no gustó tanto a otros. Hubo que explicar el sentido historicista del diseño: de cómo la Virgen de los Reyes tiene un manto de castillos y leones; de cómo la Virgen de Monserrat de Sevilla, también... El caso es que en casa de Antonio Sánchez Cortés se había terminado de confeccionar el manto. Pero el principal escollo era "saltarse a la torera" a la autoridad eclesiástica y lograr ponérselo a la imagen de la Señora.

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Imagen de 1908 de la Fábrica de Tejidos de Seda de los Miralles, en el camino de Burjasot (Valencia). Esta saga se inició hace algo más de un siglo en Alcoy, con un tejedor que hilaba y tintaba. Los Miralles exportan tapicería lujosa, contando con operarios especializados en telares manuales que hicieron las históricas sedas valencianas, introducidas antaño en Europa destacando su filatura, colorido y estampación.

antoniosanchezcortes_puertosantamariaGracias al Papa Alejandro VI, que impulsó la exportación a Italia, ya que ennobleció con damascos, brocados y tisúes su residencia, mantiendo el gusto de realzar con ornamentos la pomposidad de las ceremonias.

Con ocasión de la Misa de Ofrendas, el pueblo soberano organizó un Rosario cantado desde la casa de Antonio Sánchez Cortés (en la imagen de la izquierda) y portaron, en una servilla de mimbre, un gran centro de flores. Debajo de las flores iba, perfectamente doblado, el manto. En el ofertorio de la Misa, varios miembros de "Los Bolaos", llevaron al altar el centro de flores --y el manto-- y quedó la cosa así. Ante la actitud del Obispo, la Esclavitud de la Virgen quiso estar a la obediencia, aunque contrariada. Pero de madrugada, del 7 al 8 de septiembre de 1991, la Virgen fue despojada, "milagrosa" y clandestinamente, del manto de los "Panaderos" que vestía y amaneció con el de castillos y leones. Y nadie se movió.

mantocastillosyleonesSolamente el Obispo se negó a venir a decir la Misa de 8, que la concelebraron muchos sacerdotes portuenses. Sin embargo, vino el Arzobispo Metropolitano a la Función y todos aplaudieron el gesto popular de obsequiar en su aniversario a la Patrona. Un trozo de tela del manto expuesto en una Exposición Internacional de Gremios consiguió, para los Miralles, la Medalla de Oro y, desde entonces, los Miralles se han hecho devotísimos de la Patrona y la han colmado de regalos. Quede escrito. (Texto: Luis Suárez Ávila).

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De izquierda a derecha, Mario Peluffo Rojas, teniente de alcalde de Policía Local, Carlos Humberto Varela Hervias, hijo del pintor, Antonio Alvarez Herrera alcalde de la ciudad, Gloria Varela Hervás, Antonio Muñoz Cuenca, concejal de Cultura, Francisco Arníz Sanz coorganizador de los actos con el Ayuntamiento, detrás Manuel Espinar Galán, Manuel Rodríguez, el secretario del Ayuntamiento, Jaime Fernández Criado y Federico Aguirre, Oficial Mayor de la municipalidad. Entre éstos, el secretario particular del alcalde, Juan Martín Vélez y un guardia y vecinos desconocidos. Descubrimiento de la placa en la casa donde nació Eulogio Varela, en la calle Alquiladores.

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Eulogio Varela  Sartorio, pintor y escritor.

En 1980, con motivo del XXV aniversario de la muerte del pintor y escritor porteño Eulogio Varela Sartorio, la corporación municipal, a través de la Fundación Municipal de Cultura de la época, organizó una serie de actos en homenaje al ilustre hijo de El Puerto, nacido en 1868 y fallecido en 1955.

En la sección de Bellas Artes del Museo Municipal podemos encontrar algunas de sus pinturas, con temas tradicionales como "El baile" o "El estudio de Berruguete", como su colección de "ex libris" y dibujos modernistas, de cuyo estilo es digno representante en sus ilustraciones, grabados y acuarelas. Fue profesor en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid y dejó escritas algunas obras, entre otras: La letra y su teoría constructiva o Tratado de Perspectiva.

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De izquierda a derecha, Manuel Moreno Romero, concejal de Coalición Popular, niños desconocidos, Francisco M. Arniz, quien además escribió un libro sobre Varela que sirvió de catálogo a la Exposición que se celebró en el Castillo de San Marcos, con el título ‘Homenaje  a Eulogio Varela (1868-1955) Con movitov del XXV Aniversario de su muerte’. Vemos también, a la derecha de la imagen, al profesor Enrique Bartolomé. (Fotos: Colección F.M.A.S.)

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Quiero hablar de una de las calles del barrio alto, la calle en que viví mi niñez y mi juventud en los años 50 del siglo pasado. Me refiero concretamente a la calle Cardenal Almaraz en el pasado, nombre que le viene de Don Enrique Almaraz Santos, hijo adoptivo de El Puerto de Santa María, y de otras ciudades españolas, me refiero a la calle Zarza. (En la imagen, el Cardenal Almaraz, que fue Cardenal de Sevilla, diócesis a la que perteneció El Puerto. En 1916 coronó a la Virgen de los Milagros. También fue, Arzobispo de Toledo y Primado de España).

MARGARITO.
Casi todas las calles del barrio alto de entonces, eran de cantos rodados (chinos) desiguales,  bien colocados y asentados sobre tierra, quedando la parte más plana a cara vista, las aceras eran de losas de Tarifa, bien canteadas y asentadas sobre mortero bastardo de cal; las fachadas casi todas estaban blanqueadas con cal apagada,  los zócalos eran pintados igualmente con el clásico amarillo de El Puerto, que se compraba en las calerías con esta nombre, los pinceles y brochas que eran utilizados para este fin eran fabricados por Margarito, esquilador profesional muy acreditado por la cabaña caballar, mular y asnar de El Puerto, dejaba a todo sus componentes en perfecto estado de revista, Margarito vivió junto a su mujer Jerónima en la Calle Espelete; rejas salientes de hierro forjado y azoteas visitables, que al reflejo de la luz solar de medio día lastimaban los ojos.

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La calle Cantarería, donde se aprecian perfectamente los chinos de la calzada y las aceras de losas de Tarifa. A la derecha un borrico, con los serones de esparto, posiblemente esquilado por Margarito. A fondo, el campario de la Prioral.

ROSARIO STENTERELLO.
La perspectiva que ofrecía todo este paisaje con el azul del cielo más limpio que se pueden ustedes imaginar, era increíblemente bonito. Casi todas las casas  eran de una sola planta, algunas tenían la puerta del zaguán en forma de postigo, para que las bestias pudiesen entrar con serones incluidos. El tráfico era escaso, casi inexistente, junto a nuestra casa vivía  un taxista Luis Carreto que tenía el clásico Ford, que había que ponerlo en marcha a manivela, pero ¡oiga!, arrancaba a la primera.

carboneriaUna vez al  año más o menos, Rosario Stenterello, industrial carbonero, oriundo de Italia recibía de no sé donde un camión de carbón en su almacén que estaba junto al bazar de Paca la del Inglés y lo mismo en la carbonería de Manolo que estaba en una finca, frente al núm. 25, propiedad de Mauricio León, creo que hoy la utilizan como garaje, entonces en vez de gasolineras había carbonerías. Rosario Stenterello y su mujer Milagros tuvieron, una carbonería en la calle Ganado, justo en el sitio que está la galería de arte de Rafael Fenoy, sin embargo el almacén de carbón estuvo  en calle Zarza.

LA BRIGADA DE LOS GALLEGOS
Para la descarga del carbón se utilizaban una brigada de hombres que le decían "los gallegos", tenían su cuartel general en la taberna "Antigua de Rueda", eran seis o siete hombres fornidos,  puro músculo; el jefe se llamaba Carrasco, hacían este tipo de trabajo, descargaban o cargaban harina, trigo, una maquinaria pesada, o costaleros en Semana Santa, o lo que fuese.

ZARZA, UNA CALLE LLENA DE COMERCIOS.
El resto de trafico, que pudiese haber podía ser el reparto del almacén de coloniales de José Velarde Diaz-Munio. Para este menester El Sr. Velarde tenía dos repartidores,  los hermanos Diego  y  Curri que diligentemente en un triciclo repartían las mercancías propias de  alimentación .

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Calle Zarza, al fondo la calle San Juan. (Foto: Rafa. Colección C.P.O.)

Debemos tener en cuenta que en aquellas fechas en esta calle, en el tramo comprendido, desde calle de San Juan a calle Rosa, "el tejido empresarial" era el siguiente: diez tiendas de alimentación, una lechería, dos barberías, cinco tabernas, un zapataro remendón llamado Marroquin, una carbonería, la fragua de Canales,  un taller de calderería y además una familia, apodados los Vinagres, que tenía un rebaño de cabras, las cuales ordeñaban en plena calle, vendiendo la leche a cualquier persona que la solicitara, leche  rica de cabra,  espumosa, calentita,  nutritiva,  y sin bautizar, un lujo. Al final de 1.959 se instaló en el nº 25 un taller de imprenta.

ARTESANOS Y VENDEDORES AMBULANTES.
Además, los vecinos éramos visitados por artesanos y vendedores que venían ofreciendo sus servicios y mercancías. Casi todos venían a bordo de burros de Lucena, bien  herrados y aparejados. Algunos traían, por ejemplo, --recuerdo el pregón--: «--Los arneros, las zarandas, tapaeras e lata, María», otros cargados con redores de esparto, utilizados como alfombras: «--Hay reondeles», algunos venían cargados de botijos, cántaros de Lebrija, lebrillos, macetas, etc.

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La carbonería que existía en el Palacio de Purullena en la calle Cruces. Los carros, como los de la imagen también tirados a mano, eran imprescindibles para el transporte de mercancías.

plato_con_lanasVenían también lañadores que arreglaban los lebrillos y cántaros rotos, era uno de los trabajos que más me gustaban: estos artesanos cogían un lebrillo que se utilizaba como pila de lavar roto, unían las piezas y haciéndole unos taladros en ambas piezas rotas, le colocaban unas lañas en forma de U que previamente habían puesto al rojo en un anafre; una vez colocadas se enfriaban estas y las piezas quedaban perfectamente unidas y el lebrillo una vez lleno de agua no salía gota alguna.

Afiladores con su clásica flauta de pan y pregón que todos conocemos, arregladores de paraguas; vendedores y vendedoras de géneros; vendedoras de colonias; diteros  cargados de grandes cestos de mimbre llenos de cachivaches; el ciego Cadenas pregonando: «--Cincuenta iguales»; el Miji con su carro de helados: «--Rico mantecado helado al corte, el polo helado»; el Picha con  su pregón «--Higo a chica, higo a chica»; Serafín con su carro de pescado: «--Llevo la caballa, gooorda... vamo a la caballa»; el Guarigua vendiendo cemitas, etc.

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Todo esta algarabía  y trasiego gente arriba y abajo, daba un colorido especial a pesar de las carencias de aquellos años, había una vida en la calle importante, desde el amanecer, gente fuera de casa, cada uno a su quehacer, hombres al trabajo, señoras a sus labores, niños al colegio, los ociosos de siempre con manos en los bolsillos, esperando el porvenir, o algún que otro trabajo que no llegaba, cualquiera sabe.

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Útiles para el juego de la billarda.

JUEGOS EN LA CALLE.
Las calles de entonces, eran nuestros campos de deportes, podíamos jugar a todo, a los bolindres, al fútbol, al mocho y la billarda, en algunos trozos de acera lo suficientemente plana se podía jugar al trompo en la modalidad de robaguita; al salto en bua, a la palmá, a las guerrillas, y a un sinfín de juegos inocentes que entonces se estilaban.

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El escudo de la Orden de los Mínimos en la vivienda número 69 de la calle Zarza, en remodelación, con la inscripción ‘CHARITAS’ en un sol. (Foto: Alfredo García Portillo).

Había un arriero que vivía en calle Espelete, casi a la esquina con Zarza apodado Mojamé, que llegaba a comer a medio día a su casa y dejaba la recua de burros sueltos, los animales se ponían a mordisquear las hierbas, que nacían  entre el suelo enchinado comiendo y comiendo se alejaban sesenta o setenta metros, cuando salía  Mojamé de su casa  y  no veía a las animales donde los dejó, con vara de acebuche en mano, empezaba a soltar una jerga de improperios, que solo Dios y él entendían y por lo vistos los burros también, ya que volvían con las orejas gachas al lugar de origen.

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La calle Zarza, esquina con Rueda, 'tomada' por los peculiares ocupas de la Barriada José Antoniio.

Por la tarde, cuando el Sol se iba marchando a otros lugares, se regaba las calles y las chicas casaderas se sentaban en sillas de anea, y se ponían a hacer las famosas mallas de Terry, con nótula 149 en GdP. De vez en cuando algún que otro rondador de turno con el pelo peinado con exceso de brillantina y pañuelo colgado el el bolsillo de atrás, contoneándose como torero de postín, hacía su habitual ronda a la morena de sus sueños. Más tarde casi oscureciendo, un ejército de golondrinas, vencejos y panarrias , recorrían la calle desede San Juan a Espíritu Santo, atiborrándose de los mosquitos que llegaban de la cercana marisma. Más tarde, todo era silencio, después algún  que otro gallo, se encargaba de anunciar el alba y otro día. (Texto: Francisco Bollullos Estepa).

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Estimado Sr Suárez,
He dado con esta página por casualidad, buscando información sobre mi familia y, al leer su artículo, ¿Portuenses?, me he quedado sorprendida de la exactitud con la que retrata a los paracaidistas que aparecen por nuestra ciudad. Y si me lo permite, me gustaría aportar un nuevo grupo: portuenses emigrados. Ahí me incluyo.

Nací, me crié, me casé y tuve a mis hijos en esa nuestra ciudad. Por cuestiones laborales, mi marido y yo tuvimos que marcharnos. De esto hace diecisiete años. No encontrábamos trabajo, y la oportunidad se nos dio fuera. Como  tantos y tantos amigos, compañeros y familiares.

Al leer su artículo, me pregunto si tanto paracaidista que ha pasado por nuestra ciudad, con su política pucherona y de pelotazo, no habrá causado que los propios portuenses hayamos tenido que marcharnos de nuestro querido Puerto, porque ahí nunca encontrábamos oportunidades.

Yo vi muchos casos de paracaidistas que pasaban por delante nuestra, como pensando que nosotros somos tontos de remate porque somos pacíficos y simpáticos (¿o no?), pisándonos el trabajo, diciéndonos que no éramos profesionales y demás paparruchas que tantas y tantas veces nos han contado ya. Veo que no soy la única que se ha dado cuenta de que dar tanto poder a tanto personajillo es un reverendo error.

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Playa de la Muralla.

Cuando voy a mi pueblo (para mí siempre será mi pueblo), la alegría me embarga al ver las primeras luces de Valdelagrana... pero acto seguido, se me caen dos lagrimones "como garbanzos", que diríamos por allá. ¿Que ha pasado con nuestros pinares? ¿Qué fue del Camino del Aguila? ¿Y la playa de la Muralla, que le pasó? ¿Y las chocitas de la Calita?¿Y la Huerta, donde comprábamos cigarrillos y bebidas los jóvenes? ¿Y donde se va la gente ahora cuando quiere comerse la tortilla en el campo? ¿Los niños del Puerto ahora que hacen?

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Monumento a Muñoz Seca en la Plaza de Isaac Peral.

Ya no juegan en las calles. Qué pena de Plaza Peral, con ese rinconcito dedicado a Don Pedro Muñoz Seca (otro ilustre portuense, que parece que a veces se olvida)... todo lleno de graffitis y medio en ruinas...

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El desaparecido Tabernón de Merello, en la calle Santa Lucía.

Que pena de tantas y tantas tasquitas que han tenido que cerrar porque la gente iba a chiringuitos como "Costa Casta", que encima de cobrarnos un dineral por un cubata (permítame el lenguaje coloquial) de garrafón, dejaban sin negocio a medio pueblo y se lo llevaban calentito para Madrid, dejaban la plaza del Castillo hecha un asco, a los vecinos (amigos de toda la vida) sordos, ... y encima, el nombrecito... insulto indirecto directísimo a las chicas portuenses, entre las cuales me incluyo. Que sepan que hemos sido castas porque en realidad, los paracaidistas no nos han interesado nunca... bueno, para novietes de verano, jaaaajajjaaja... y nos hemos casado con portuenses, que bien nos dijeron nuestras madres que de los de fuera, ni la hora... a ver si se piensan que somos bobas... anda yaaaaaaaa!

Disculpe este pequeño exhabrupto, pero la ocasión la pintan calva para mi pequeña queja, que llega con veinte años de retraso. Gracias por leerme, y enhorabuena por su artículo. (Texto: Mila Sánchez Matabuena).

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miera_fachada_puertosantamariaNo son pocos los paseantes por el tramo inicial de la calle Larga, muchos de ellos veraneantes alojados en los hoteles cercanos, que se quedan mirando con perplejidad el montículo de tubos y jirones de redes que sepultan la fachada de la casa número 11 de esa calle. Lleva años así. Tanto tiempo y con tan gran deterioro que es bastante probable que cuando desmonten el andamiaje, todo se venga abajo. Total, para lo que queda: muros agrietados, el estucado de la fachada deshecho, sin techumbre y los majestuosos bluendes cascarillados. El bello jardín de antaño hecho un erial y todo el material noble y artístico que contuvo durante dos siglos, vigas de caoba incluidas, liquidados por el último propietario antes de vender el inmueble.

Pero esta casa merece un respeto. Por su enclave, dentro del casco histórico. Por sus propietarios y moradores anteriores al último que la depredó y por el valor  de su continente, mejor dicho del recuerdo de lo que contuvo. Forma parte del patrimonio colectivo de todos los portuenses, aunque autoridades y organismos defensores del patrimonio no se enteren o miren para otro lado.

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Perspectiva del patio y distribuidor de la finca. Al fondo, la galería acristalada de acceso al jardín. A sendos lados del arco trilobulado dos esbeltos macetones sobre pedestales de mármol y sobre ellos una muestra de la amplia colección de pinturas que decoran toda la casa. Presiden la fotografía tres estatuas de mármol blanco, sobre pedestales del mismo material integrantes de un conjunto que representaba las cuatro estaciones. (Todos estos elemento están incluidos en el inventario de bienes de la testamentaría de Julian Urruela, documento fechado en 1848). (Foto: 20 de enero de 1972).

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Arco trilobulado similar al de la Mansión de los Miera, que se encuentra en la Casa de Roque Aguado.

hipolitosanchomayi_b_puertosantamariaEl historiador local Hipólito Sancho la incluye en la treintena de casas citadas en sus “Notas sobre los edificios más salientes de El Puerto de Santa María” publicada en el número  11 de la  Revista de Historia de El Puerto, bautizándola como “Casa de Winthuissen”, refiriéndola así: “Magnífica y bien trazada fachada rococó, patio de atrevidísimas arcadas sobre pilares prismáticos de mármol análogos bastardeado de la casa de Aguado; la planta alta solo es aparente. La edificó Manuel de Mieras a quien pertenecía en 17(¿) y pasó después a la familia Winthuissen” Sin ánimo de enmendarle la plana a Don Hipólito no logro entender como conociendo quien labró el edificio no la cita como Casa de Miera –Manuel de Miera figura en el censo de hidalgos de la localidad de 1775- y le asigna el apellido de alguien que, si bien vivió durante algunos años en la casa, nunca fue propietario de la misma, pues era de su familia política, los Urruela Barreda.

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Detalle de la puerta de acceso que se puede divisar entre los andamiajes.

La casa debió edificarse en el último tercio del s. XVIII. En mis notas y apuntes figura un hijo del constructor, José Joaquín Miera, dedicado al comercio con ultramar, viviendo en ella con su familia –mujer y 4 hijos- una amplia parentela –cuñados, sobrinos, primos…- y 8 personas de servicio en la última década de ese mismo siglo. Poco después, debieron trasladarse a Cádiz, único puerto habilitado para los negocios que ejercía, residiendo en la casa cortas temporadas, dejando a su cuidado y mantenimiento  a  un  empleado de su confianza. Lo confirma el censo de 1808, en el que figuran inscritos en ella solamente Jacinto González, de color negro y Ramón Villa, soldado de marina, posiblemente huésped de las familia.

mariscal_claude_victor_perrin_puertosantamariaDiversos autores la señalan como alojamiento particular del Mariscal Victor durante el asedio de Cádiz en la Guerra de la Independencia (1810-1811) periodo durante el cual se instaló en el palacio del marqués de Villarreal de Purullena  el cuartel general del ejército imperial y las iglesias del Espíritu Santo y Monasterio de la Victoria fueron habilitadas como caballerizas de sus escuadrones. (Imagen de la izquierda, el Mariscal Claude Victor Perrin).

En la siguiente ocupación francesa, la de 1823, debió ser el jefe del denominado Ejercito de la Fé, contingente de tropas españolas que precedieron a los “Cien mil hijos de San Luis”, el teniente coronel Luis Fernández de Córdoba el que se alojase en ella y, quedó tan gratamente impresionado y satisfecho de su estancia que la compró a la familia Miera, que por esta época habían perdido el esplendor de años atrás con el giro desfavorables de los negocios.

tte_gral_luisfernandezcordoba_puertosantamariaEl siguiente propietario del que puedo darles noticia es Julián José Urruela,  rico indiano asentado en Cádiz, oriundo de Guatemala. Invirtió parte de su fortuna en adquirir grandes parcelas en el Campo de Guía, iniciándose en el negocio de la vinatería adquiriendo viñas y bodegas en calle Victoria y Espiritu Santo..Finalizando el primer tercio del XIX, rebasados ampliamente los cuarenta años se trasladó con toda su familia de Cádiz a El Puerto,  instalándose en la casa que estamos relatando con su esposa, Pastora Barreda Ortiz de Zarate y sus hijos: José Ramón, que casaría con Emilia Terry Gil; Rita, que casó con Francisco Javier González; Fernando, que falleció párvulo; Rosa, que casó con Justino García Polavieja; Luis, que casó con Carolina Colón e Inés que casó con Juan Winthuysen Martínez-Baños. (A la izquierda grabado del Teniente General, Luis Fernández de Córdoba (1797-1840). Madrid. Museo Romántico.

Esta saga familiar poseerá la casa siglo y medio. El fundador de la misma, Julian Urruela, falleció el 15 de agosto de 1845, cundo estaba gestionado el proyecto de construcción de una nueva bodega en lo que hoy son las de Gutierrez Colosía. Dejaba un importante patrimonio a su familia, aparte la casa, sus muebles y menajes, entre los que no faltaba la plata labrada, -un termómetro de la época para medir el nivel económico de las familias- desde dos docenas de cubiertos hasta las tenacillas para coger los turrones de azúcar, pasando por candelabros, bateas, escribanía, jarrones y un largo etcétera de utensilios domésticos de tan noble metal. El Inmueble se valoró en 580.620 Reales de Vellón. Sus bodegas contenían 36.000 arrobas de vino con un valor superior, igualmente, al medio millón de reales. Las dos viñas, una grande de 60 aranzadas y otra pequeña, de 14, en las que existían siete lagares con sus aparejos se tasaron en una cifra cercana a los 600.000 Rv.

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Mediado el siglo XIX, era la Viuda de Urruela la propietaria y en las siguientes décadas, en periodos irregulares, habitarían junto con ella y los hijos solteros las familias Urruela Terry, Winthuysen Urruela y Garcia Polavieja. A su fallecimiento en el reparto de la testamentaría, será su hija Rita Urruela Barreda con la que por entonces vivía en la casa de Larga, esquina a Chanca (actual oficina de Recaudación) la poseedora del inmueble quien, a su vez, lo transmite  (donándolo, cediéndolo o vendiéndolo) a su hija Amalia Gonzalez Urruela, casada con Ramón Jiménez Varela, otro importante y emprendedor empresario vinatero local.

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Gran grieta en uno de los paredones laterales y apuntalamiento con vigas de hierro.

mansiondelosmiera_bluende_puertosantamaria(A la izquierda, imagen de un bluende, hoy ya maltrecho, de la Mansión de los Miera).

En realidad esta  familia  la ocupaba ya desde 1871 y continuaron viviendo en ella hasta el fallecimiento de ambos –ella hace este año un siglo, y él en 1911- compartiéndola con su primogénito y heredero del inmueble, Ramón Jiménez González y su esposa, Eugenia Guernica Siloniz. Posteriormente, una hija de ambos, Concepción González Guernica, casada con el militar de Marina, Camilo González, sería la heredera y el único hijo varón de dicho matrimonio el último propietario descendiente de los Urruela Barreda. (Textos: Antonio Gutiérrez. A.C.PUERTOGUIA).

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De izquierda a derecha, José María Ruiz, Lucio Lasanta, Domingo Marcos y Eladio Gutiérrez, los cuatro socios fundadores de Eco del Puerto.

En el año 1975, cuatro comerciantes del gremio de la alimentación, residentes en Jerez, tres montañeses de Bostronizo (Cantabria),  Eladio Gutiérrez, José María  Ruiz y Domingo Marcos, junto con el soriano Lucio Lasanta, decidieron crear una sociedad mercantil e instalar una fórmula novedosa en tiendas de alimentación, que aún no estaba lo suficientemente arraigada en nuestra Ciudad: crear un Supermercado en El Puerto. Un negocio algo peculiar que se inició como un Economato, donde los clientes pagaban una cuota mensual por un carnet familiar, con el cual tenían el acceso a la tienda, al que incluso se sumaron una serie de empresas, que lo ofrecían a sus empleados como acuerdo de convenio laboral. Aquellos poseedores del carnet de socio disfrutaban de unos precios mucho más asequibles en comparación con los del mercado, con los de las tiendas tradicionales y demás autoservicios existentes en la Ciudad.

La iniciativa la copiaron del Eco Jerez, donde los hermanos Muñoz lo habían instaurado dos años antes. De ahí vino el nombre de Eco del Puerto.

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Fotografía de la plantilla y propietarios de Eco del Puerto. Inauguración del establecimiento en 1976.

En noviembre de 1975, el mismo mes en el, que muere el dictador Francisco Franco, se adentran en esta aventura empresarial, alquilando primero un local en la calle Los Toreros 6, perteneciente a José Lara (Peyma), durante un año aproximadamente. Transcurrido ese tiempo adquieren una finca enfrente, que tenía unas oficinas y naves de construcción, a José Acaso a donde trasladan el negocio. Actualmente es el aparcamiento, almacén y bar del Supermercado.

Pasa el tiempo y el nuevo local que habían adquirido se quedaba pequeño, por lo que deciden comprar el solar contiguo –con una calle de por medio-- a Castro, donde edifican la actual sala de ventas, que consta de planta baja (1800 mts2) y entreplanta  (450 mts2).

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Vista aérea de la zona, con el aparcamiento y la actual sala de ventas.

Uno de los socios, el sorinao Lucio Lasanta decide abandonar la sociedad mercantil en el año 1988, vendiendo su parte a los tres que continúan, que la siguieron gestionando desde entonces y hasta el año 1993.

Eco del Puerto estaba compuesto de varias secciones:  alimentación y droguería, además de fruta y verdura, carnicería, charcutería y bazar, tejidos y zapatería en la entreplanta. Fuera de la sala de ventas se encontraba la pescadería gestionada por Cuevas. Entre la sala de ventas y las diferentes secciones, llegaron a trabajar en esta empresa, más de 80 personas. De hecho en los años 80 del siglo pasado, había 13 cajas de salida para los clientes.

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Plantilla profesional del que sería el nuevo Eco del Puerto

En marzo de 1993 deciden dejar la gestión directa y, siendo un establecimiento de mediana superficie, dedicado a la alimentación suficientemente consolidado, lo arriendan a la empresa Cobreros, de Sevilla, que años después sería absorbida por la Holandesa Ahold, dueña de Supersol. En la actualidad Eco del Puerto sigue arrendado a Dinosol Supermercados, con la marca Supersol, que es el nombre con el cual sigue llamándose en la actualidad, aunque para orgullo de quienes fundaron aquel negocio, la gente del Puerto sigue llamándolo ‘el Eco’ o ‘Ecopuerto’.

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Fachada del nuevo Eco del Puerto, actual Supersol.

A modo de resumen, esta es la historia comercial del Eco del Puerto, de estos tres “chicucos”  montañeses, de estos jándalos emprendedores que llegaron desde su Bostronizo natal, allá por el año 1954. Se aventuraron, como tantos otros, a viajar a Cádiz, buscando nuevos horizontes. Eladio, sin cumplir los 13 años a Cádiz, Domingo, con 15 años, también a Cádiz, José María, con 14 años a Chiclana, y Lucio que llevaba ya tiempo en la provincia. Los cuatro terminaron teniendo sus propios negocios de alimentación en Jerez, desde donde apostaron, arriesgaron y, con mucha ilusión triunfaron en El Puerto, para fundar aquel popular Eco del Puerto.

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