
De izquierda a derecha, José Antonio Ayuso, Matías el practicante, padre del anterior y Fernando Torrent. Sentados, de izquierda a derecha: Antonia Romero Torrado, hermana de Carmela, la mujer de Matías; a continuación las hermanas Ortíz: Mercedes, Charo -esposa de Cayetano “Tani” Velez- y Pepita. A continuación, Carmela con su hija Mamen vestida de gitana, sentada en su regazo, Pepita Sosa, esposa de Fernando Torrent, con su hijo Fernando, también sentado y la última Pepuchi Torrent Sosa. Fotografía tomada en una caseta de Feria a principio de la década de los sesenta del siglo pasado.
Categoría: Nos dejaron
359. EL VAPOR DE EL PUERTO (I)

Pepe 'el del Vapor' y José María Morillo, Pepe 'el del Vapor de Internet' como lo bautizó Antonio Burgos, en una foto en la cubierta superior de popa del Adriano III, en 1997. (Foto Jorge Roa).
Que si, hombre, que ya era hora. La verdad es que no sé cómo no he podido hablar del Vapor de El Puerto que aun continúa surcando la Bahía, y tampoco de su excelente patrón y marinero, mi admirado y recordado José Fernández Sanjuán, Pepe el del Vapor (1909-2001). Pero, claro, cierto es que ya poco más se puede decir del Vapor, posiblemente el símbolo de unión más querido de Cádiz y El Puerto. Pues ilustres personajes, como Rafael Alberti, Paco Alba, Juan Lara, y Antonio Burgos, entre otros, a través de sus magníficos poemas, coplas de Carnaval, pinturas y artículos periodísticos, han sido los mejores valedores para que sean conocidas las peculiaridades del Vapor, no sólo en España, sino también en el ámbito internacional.
En lo que se refiere a Pepe ni que decir tiene que las entrevistas publicadas casi no han dejado espacio para incluir algo más sobre su vida. Porque es conocido su nacimiento en la localidad coruñesa de Barallobre, los reconocimientos y premios concedidos y, especialmente, las circunstancias que motivaron su arribada a Cádiz, que, como recordarán, fue gracias a la Exposición Universal de Sevilla de 1929, debido a que, desde Galicia, navegó en el Adriano I para hacer un servicio fluvial por el Guadalquivir y por la explosión ocasionada al Vapor “Cádiz” se quedó definitivamente para cubrir la línea Cádiz-El Puerto.

Sin embargo, nunca se ha dicho que Pepe y el Vapor fueron durante muchos años indispensables para el mantenimiento de la actividad pesquera portuense. Pues resulta que antes de construirse los espigones de Poniente y Levante en la desembocadura del Guadalete, obras que finalizaron en 1970, la entrada de arenas que arrastraban las corrientes litorales y formaban la barra en la boca del río, impedían que la práctica totalidad de los barcos pudieran pasar por el Guadalete a media marea o bajamar escorada.
Entonces Pepe, a bordo del Vapor, con un instrumento formado por una pesa u otro metal colgado de una cuerda (sonda de mano, escandallo o plomada), no sólo medía la profundidad del río, sino que de la misma manera al colocar cebo en la pieza de metal, con tan solo tocarlo, iba conociendo la calidad de fondo de la desembocadura del Guadalete. Y claro. Con esta maniobra, le permitía, al esquivar los cascajos y arenas del río, alcanzar la navegación correcta y, así, los barcos, al seguir el rumbo del Vapor, entraban en puerto sin esperar la pleamar. Esta laboriosa operación, además, era fundamental para evitar cualquier desgracia cuando las condiciones meteorológicas eran adversas, como por ejemplo, la niebla.

Cubierta superior de popa del Adriano III.
Ésa es la historia que nunca refirió Pepe el del Vapor. Percibo que si no lo hizo en las entrevistas fue por la modestia que le caracterizaba. Del mismo modo puedo afirmar que tampoco contó las grandes fatigas que pasó para que el Vapor permaneciera navegando.Ya ven. Toda esa proeza de Pepe el del Vapor y al Vaporcito del Puerto, considerado como Bien de Interés Cultural desde 2001, todavía la Junta de Andalucía no ha estimado concederle ayuda vitalicia. (Textos: Antonio Carbonell López).

"Tiene esta tierra un barquito al que quieren jubilar. Dicen que no es rentable, como si fuera un nuevo depósito de ING Direct. Que no es competitivo, como si fuera el coche de Fernando Alonso. Pero las aguas plateadas y azules que a diario le ven ronear y presumir, susurran a quienes quieran oírle: nos os creáis esa trola, ese engaño; pese a los achaques de la edad, el Vaporcito sigue hecho un chaval. Habla el mar para defendernos de los necios que no distinguen entre valor y precio, para que no confundamos la velocidad con el tocino, para recordarnos que las prisas son para los ladrones y los malos toreros. Y habla, sobre todo, para que seamos honrados con nuestra historia.

Yo era un niño con ganas de cantar el pasodoble de Los Hombres del Mar donde hay que cantarlo, aquella mañana de septiembre de 1976. Iba con mi madre al ambulatorio de Vargas Ponce, cuando acudir a un médico que no fuera el de cabecera suponía viajar a la capital, bella aventura que incluía desayunar en la Plaza de las Flores, darse una vueltecita por Simago y acercarse al puesto del Melli a comprar la última cinta de la comparsa de Antonio Martín. Recuerdo, como si fuera hoy mismo, mi primer viaje. La noche antes, con la imaginación y los nervios sueltos, abandone mi condición de niño pobre para convertirme en un respetado pasajero de la serie Vacaciones en el Mar, al que una bella sobrecargo deseaba a la entrada un feliz viaje. Antes de que me venciera el sueño, fui pirata bueno, descubridor de islas desiertas, héroe en todos los naufragios en los que el Vaporcito salía indemne de los peligros del mar, la mar, sólo la mar.

Con el sol desperezándose por las marismas, embarqué por fin. Necesitaba más ojos para contemplar aquel carnaval azul con voces de gaviota; me faltaban oídos para escuchar ese rumor de siglos. Y al fondo, Cádiz, como un Edén salado y claro, como una utopía sosegada y amable, bailándole el agua al templo marinero que anunciaba su llegada a golpe de bocina. El niño que un día de septiembre de hace treinta años descubrió el Atlántico asomándose a la bahía, el que presintió aquella inolvidable mañana que el Paraíso debió de estar muy cerca de esta esquina, acudirá hoy a defender la dignidad de ese pobre barco con honra al que algunos contables quieres jubilar. A reivindicar, desde la esperanza y la melancolía, que el Vaporcito del Puerto siga navegando por el río del olvido sin que se resienta su memoria." (Textos: Pepe Mendoza).
357. PECULIAR CARTEL DE TOROS: 1944.

PLAZA DE TOROS
del PUERTO DE SANTA MARÍA
30 DE MAYO DE 1944
Festividad de San Fernando, Patrón del Arma de Ingenieros.
A las siete en punto de la tarde, con
permiso de la autoridad competente y si el miedo no
lo impide, se lidiarán y serán muertas a estoque (o a
ráfaga de ametralladora) dos erales de la ganadería de
Don Luis Caballero
de esta localidad por los Oficiales de Ingenieros
Rafael Beltrán Moragues (a) Niño de Inca,
Miguel Herrería Casuso (a) Niño de la Montaña
Con sus correspondientes familias, formada la del primero por José Luis Benjumeda Molleda (a) Gachólitro. Moncho Herrerías (a) Porterito. Ricardo Velarde (a) Ojos Cariñosos y dos soldados más, cuyos nombres se mantienen en el incógnito a petición propia, y la del segundo por Antonio Vela (a) Doctor Jeringa. Roberto Jiménez Tamplin (a) Garlopin. Francisco Maqueda (a) Niño de la Comisión y dos Soldados Ingenieros, de los que no se publican sus nombres por prescripción facultativa y por no alarmar a sus familiares.
Actuará de Director de Lidia el conocido matador de toros Pepe Gallardo, tan querido por la afición (que será el que tendrá que cargar con el muerto).
Sobresaliente: Alfonso Peralta (a) Barriguita.
Puntillero: Pedro González (a) Calé.
Pedirá la llave, montado en precioso corcel enjaezado a la andaluza, el distinguido joven de esta localidad José Osborne Vázquez.
El palco presidencial lo ocuparán distinguidas señoritas, acompañadas de una respetable dama de la localidad.
NOTA. A petición de los diestros, se efectuará en las puertas de la Plaza un registro a los concurrentes, por si fueran portadores de tomates, patatas y objetos propios del caso.
Si ‘por causa ajenas a la voluntad de los matadores’ (vulgo mieditis) no pudieran pasarportar las eralas, lo intentarán los componentes de las cuadrillas y el sobresaliente, y si esta decisión no diera resultado positivo, la Compañía de Ametralladoras del 2º Batallón del Regimiento de Infantería de Soria, nún. 109 entraría en acción; y si esto tampoco diera resultado se ha previsto que el 2º Grupo de Artillería despliegue sus baterías y efectúe fuego concentrado sobre el enemigo (las eralas), y si esto tampoco diera resultado las va a matar Rita la ‘Cantaora’.
Teniendo los matadores apalabradas varias corridas en las plazas de Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Olvera, Rota, etc., etc., y dependiendo del triunfo de la de esta tarde, la firma de los contratos inherentes a dichas corridas, se ruega al público no lleve la cuenta de las veces que los diestros van a estar por el suelo del ruedo, ni hagan comentarios de sus grandes faenas, porque de esto se encargarán los redactores taurinos de los mejores diarios españoles, invitados ex profeso a este magno acontecimiento.
Por telegramas recibidos de Córdoba, Sevilla, Cádiz, Facinas e islas adyacentes, se trasladarán al Puerto miles de aficionados en trenes especiales.
ARTE, DOMINIO, ÁNIMO, VALOR Y MIEDO PARA PARAR VEINTE TRENES.
356. LAS MADRES DE JUAN DE LA CERDA, GREGORIO MARAÑÓN Y OCTAVIO PAZ
Por aquello de que El Corte Inglés se inventó celebrar el Día de la Madre el 8 de diciembre, día de la Inmaculada, --aunque la inventiva comercial lo ha trasladado ahora y desde hace años al primer domingo de mayo--se me ha venido a la memoria recordar a tres madres portuenses, de hijos famosos de muy distintas épocas. Ser madre de famoso, de notable y recordable, no lo es cualquiera. Y si además esa madre ha nacido en El Puerto debemos recordarlo con particular empeño. Porque haber sido el troquel donde se ha forjado un hombre que ha dado gloria a las armas, al arte, a las ciencias o a las letras, es cosa de recordar y traer a la memoria colectiva. Me llaman la atención tres madres portuenses que me vienen al recuerdo: Catalina del Puerto, Milagros Posadillo y Josefina Lozano. Dicho así seguramente no dan muchas pistas sobre los vástagos que dieron a luz. Pero tienen el enorme mérito de ser madres portuenses, que pasaron anónimamente, a pesar de ser madres de famosos.
La primera, Catalina Del Puerto, conocida por los genealogistas como Catalina Vique de Orejón, pero que, en realidad se apellidaba Alonso Alonso, nació en esta Ciudad en el siglo XV. Fue la madre del único Duque de Medinaceli, Señor del Puerto y nacido, también, en esta Ciudad, Don Juan de la Cerda, II Duque de Medinaceli y II Conde del Puerto de Santa María, nacido en 1485. Esta señora era sirviente del Duque Don Luis de la Cerda y, a pesar de que Don Luis, de su matrimonio con la Infanta Ana de Aragón y de Navarra, tuvo una hija legítima, llamada Leonor esta le premurió. Casaron a Leonor con un hijo ilegítimo del Cardenal Mendoza, pero el hijo de este matrimonio murió con un año y Doña Leonor a los 25. Se quedaba sin sucesión. Sin sucesión el Duque, que no quería dejar como heredero a su hermano Iñigo, y viudo y sesentón, en 1501, se casa con Catalina Alonso, Catalina del Puerto y así legitima a su hijo y heredero Don Juan. Este portuense ilustre, hereda el Ducado y los estados de Medinaceli y es educado esmeradamente. Fue un gran mecenas humanista y un gran protector de las artes. A él debe El Puerto la erección de muchos edificios entre los que se encuentran la terminación de la Prioral, la Puerta del Sol y el Monasterio de la Victoria.
La segunda, Milagros Posadillo, es nada más ni nada menos que la madre del Doctor Don Gregorio Marañón Posadillo (1887-1960). Esta mujer portuense nació y vivió en el llamado Palacio de Oneto en la calle Larga. Gregorio Marañón, como es sabido, es un famoso médico, que dio días de gloria a la medicina, a la investigación, a las artes y las letras. Sus tratados y ensayos sobre endocrinología, sobre historia, sobre sexualidad, sobre literatura, publicados en Espasa, son de una actualidad increíble. Fue, además de médico eminentísimo, un gran humanista reconocido mundialmente y un político destacado. Gregorio Marañón Moya, su hijo, siguió frecuentando El Puerto, y cuenta, en un artículo, que, con una concha que perteneció siempre a su familia, a él, su padre lo ·bautizó portuense” en las playas de El Puerto y con agua del mar de la Bahía. El nieto Gregorio Marañón Bertrán de Lis, frecuenta cada verano nuestra Ciudad. En estas fechas se celebra en Madrid una exposición con el patrocinio de la Fundación Tyssen-Bornemiza de los pintores Sargent y Sorolla. En un lienzo de este último, un magnífico retrato de Gregorio Marañón, Joaquín Sorolla lo identifica en la leyenda al pie del cuadro “Gregorio Marañón Posadillo, 1929”. Posadillo, hijo de Milagros Posadillo, portuense.
La tercera, es Josefina Lozano, que aunque hija de un comerciante de Cádiz y de una señora de Medina Sidonia, nació y vivió en El Puerto. Viuda la madre, ella y su hija Josefina regentaron una tienda de vinos en la esquina de la calle Luna y Misericordia, donde estuvo el Bar Navío y hoy hay una tienda de chucherías. Luego emigraron a Méjico, donde Josefina se casó con un hijo del general zapatista Don Irineo Paz, escritor y periodista liberal. Y es Josefina Lozano nada menos que la madre del Premio Nóbel de Literatura de 1990, Octavio Paz Lozano, nacido en Méjico, en la colonia Juarez, en 1914, poeta, novelista, ensayista, a quien tuve el honor de conocer y tenía a gala su ascendencia portuense. Por cierto, que cuando le otorgaron el Nóbel, lo llamé por teléfono al Colegio de México, donde vivía, sin contar los cambios de hora. Así que lo desperté a media noche. No obstante, muy educado, me agradeció la llamada, aunque, de verdad, me debía haber mandado al cuerno, por haberle importunado en su sueño.
Por hoy, vaya el recuerdo de esas tres madres portuenses, anónimas, como tantísimas mujeres, como casi todas las madres, de hijos famosos que han brillado en el mundo. Y es que esta Muy Noble y Muy Leal Ciudad de El Gran Puerto de Santa María es mucho Puerto. (Textos: Luis Suárez Ávila).
355. JUAN MIGUEL SÁNCHEZ. El pintor que fue a Sevilla… (I)
La primera noción de su existencia la tuve al desembarcar del "Comes" en la estación de autobuses de Sevilla. En los frescos que hay en el vestíbulo de esa estación, Juan Miguel Sánchez Fernández (El Puerto de Santa María, 1899-Sevilla, 1973), pintó una serie de escenas costumbristas, pero dotadas de una singular modernidad que me llamaron la atención. Sería allá por 1960, o acaso antes. Su nombre me resultó más familiar cuando supe que era de El Puerto y que su padre tuvo del Café de "El Navío", en la calle Luna, esquina a Misericordia. [Hasta ahora había una tienda de chucherías, “La Esquinita”] El Niño del Navío", como era conocido en El Puerto, para entretener a mi padre, muy pequeño, que vivía en la casa de mis abuelos, en calle Misericordia 11, le dibujaba cualquier cosa, en un velador de los de mármol del café, me contaba mi padre. Supe, luego, que su familia marchó a Sevilla; que su hermano puso el "Bar Plata" (decorado todo en plata por Juan Miguel), en la calle Laraña, al que mi padre siempre nos llevaba cuando íbamos a Sevilla. Allí, pude conocer a Juan Miguel. Estábamos, mis hermanos y yo, con mi padre, que nos hizo la presentación de este portuense rompedor de todos los cánones sevillanos. Tan rompedor, que el paso de palio de Nuestra Señora de los Ángeles, vulgo "Los Negritos", es el más original de todos, precisamente porque no se parece a ninguno. Y su diseño es obra de Juan Miguel. El oro, la plata, el marfil, tienen otro són en ese paso. Su estilo es "africano", "tropical", "negroide", modernísimo, conciliadoramente atronador en la Sevilla de la barroca Semana Santa juanmanuelina-cayetanogonazaliana. (En la imagen, 'Lección de los Seises', donde vemos vemos una escena de aire costumbrista del ensayo de los niños Seises dirigidos por un canónigo. En esta época eran los propios niños los que cantaban y no como en la actualidad que corre a cargo del coro de niñas).
Juan Miguel se formó, primero, en la Academia de Bellas Artes portuense y, luego, a partir de 1918, en Sevilla, en la Escuela de Artes y Oficios y en la sección de Bellas Artes del Ateneo. Como cartelista, como decorador, como pintor abrazado al modernismo, es una figura señera de la Andalucía de vanguardia de aquellos años. Fue catedrático en la Escuela de Bellas Artes y Académico en la de Santa Isabel de Hungría. En 1948, se le concedió la 1ª Medalla de las Artes Decorativas de la Exposición Nacional, por su "Lección de los seises", en que se tutea con el regeneracionismo regionalista. Yo lo traté, en su casa de la calle Virgen del Valle, hasta casi su muerte y siempre fue, a pesar de su edad, un moderno que manejó el color y la línea de forma tan personal, que le dio un sentido propio, diferente al de cualquier otro pintor, reconocible a lo lejos. Con su amistad me honré y su recuerdo me transporta a la nostalgia. (Texto: Luis Suárez Ávila).

A la derecha, el Bar Navío I, vemos el arranque del anuncio del Amontillado de Celis. Todavía no se había derribado, ni el edificio que luego albergaría al Banco Hispano Americano (hoy Banco Santander Central Hispano) que formaba un tacón en la calle, ni la torrecilla mirador de la calle Luna que vemos al fondo a la derecha.
BAR EL NAVÍO I y II
«Subiendo por Luna, el establecimiento El Navío, esquina a la calle Misericordia, junto al [desaparecido Cine Macario, hoy sala Mucho Teatro] y enfrente del viejo ultramarinos que fue de Luis Suárez Cofiño [hoy el bar La Trastienda de Concha]. Vivió su apogeo en la década de los 10 y 20 [del siglo pasado] bajo la dirección de Miguel Sánchez Cías, padre de Juan Miguel Sánchez Fernández. Aquí se servían --según rezaba un anuncio de la época-- vinos, licores y aguardientes de las más acreditadas marcas, siendo sus especialidades el café de torrefacción diaria, con carbón, como era menester, la manzanilla La Palma y el amontillado de Celis. De atractivo complementario, el locl contaba con mesas de billar.

A la izquierda, el Bar Navío II, junto a éste, la Biblioteca Popular y al lado la Iglesia de San Juan de Dios. A partir de 1922 desaparecerían y pasarían a formar parte del Colegio de Las Esclavas.
Hacia 1912, Miguel Sánchez Cías amplió el negocio, abriendo frente a El Navío otro local del mismo nombre, en la actual sala de visitas de Las Esclavas y entonces lindero a la Biblioteca Popular [cuyo letrero podemos leer en la foto superior]. Contaba con un café-cantante, con servicio de cervecería llamado Salón La Amistad, en donde, sobre todo en las noches de verano, actuaban renombrados artistas de varietés y se exhibían diariamente proyuecciones cinematrográficas, mudas, por supuesto, así como actuaciones de agrupaciones carnavalescas. Desapareció en 1922, cuando se construyó el colegio de Las Esclavas. Entonces, el primer Navío estaba en manos de Enrique Martínez de Murga, pasando a fines de los 30 a ser explotado por Antonio Jiménez Pérez “el Chico” --dueño también, entre otras, de la taberna Milindres, en la calle Sierpes-- y en sus últimos años por Manuel Rábago, desapareciendo hacia 1980». Enrique Pérez Fernández. “Tabernas y Bares con Solera”.
352. MIGUEL GONZÁLEZ DÍAZ. Espumosos Valdelagrana.

Miguel González Díaz nació en la calle Cantarería en 1938, hijo de Antonio y de Josefa, es el tercero de cuatro hermanos. Estudió en el Colegio de La Pescadería y en el de la Calle Luna. El servicio militar los hizo en la Base Aérea de La Parra, en Jerez en 1958. Es aficionado a la cacería, ha tirado a perdices, conejos, codornices, zorzales, tórtolas, liebre, según las fechas.

La calle Cantarería en los años cuarenta del siglo pasado.

Miguel, de niño, posando en el Colegio de La Pescadería. Curso 1950/51
El año de su nacimiento, 1938, lo es también, del bailarín ruso Rudolf Nureyev y de la actriz prematuramente fallecida Natalie Wood. Es el año en el que los porteños del Puerto de Santa María de los Buenos Aires (Argentina) inauguran el estadio de fútbol del River Plate; en EEUU, la transmisión por radio de “La Guerra de los Mundos” provoca el pánico en varias ciudades. Se estrena una de las pocas películas durante la contienda: “La Casta Susana”, Alemania e Italia aceptan la propuesta británica sobre la retirada de voluntarios en nuestra conflagración, mientras en Alemania Hitler se autoproclama Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. El gobierno rebelde de España firma el decreto fundacional de la ONCE. Ladislao Biró Pearl S. Buck gana el Premio Nobel de Literatura y Ladislao Biró inventa el bolígrafo.

Foto de recuerdo de su paso por el Aeródromo de la Parra, cuando efectuó el Servicio Militar en 1958.
ESPUMOSOS VALDELAGRANA.
Su padre, Antonio González Atienza empezó el negocio de los Espumosos Valdelagrana en la calle Nevería, en el tramo comprendido entre Luna y Palacios. Sobre los años cincuenta del siglo pasado, le compró la empresa a Maximino Sordo y luego se instala en la calle Jesús Cautivo, número 2. Allí el padre, los cuatro hermanos y un buen número de trabajadores --hasta ocho llegó a tener-- se dedicaron a la fabricación y distribución de los refrescos carbonatados "Espumosos Valdelagrana" y el Agua de Seltz, o dicho de otro modo, los sifones. En gaseosas de sabores eran líderes, en El Puerto por encima de La Casera, su gran competidor que solo fabricaba gaseosa blanca. Así tenían gaseosa de colores, o de sabores, por mejor decir: Naranja, Limón, Cola, Plátano y Menta. También pusieron de moda la gaseosa de Fresa, algo que vieron por la zona de Levante y que trajeron como novedad a El Puerto. La Ciudad ya había conocido otras fábricas de refrescos con anterioridad, la de Tosar, a principios del siglo XX con nótula propia número 63, y luego la de Guillermo Rivas, autorizada para envasar las naranjadas y limonadas: Zeppelin, con nótula propia número 315 en Gente del Puerto.
LA FABRICACIÓN.
En la primera etapa de la fábrica casi todo se hacía a mano: lavar las botellas en unas grandes pilas con un guisopo, relleno de las botellas con máquinas de cuatro brazos... Pero Miguel modernizó la empresa contratando un moderno tren de embotellado y otras máquinas que automatizaron el proceso de fabricación y ampliaron la capacidad de producción de Espumosos Valdelagrana. La nueva fábrica estaba compuesta por una máquina saturadora que mezclaba el agua con el anhídrico carbónico para llenar los sifones y gaseosas, a 10 atmósferas (10 atm) de presión. Luego el tren de embotellado tenía una máquina lavadora de 36 botellas; a continuación se depositaba el jarabe del refresco correspondiente (naranja, cola, etc.) y seguidamente una máquina con ocho brazos llenaba las botellas con agua carbónica. La presión que se le metía a los sifones era tal que de ahí inventaron la redecilla de plástico que lo envolvían: si reventaba una botella, por simpatía, podían reventar otras 15 o 2o, con el consiguiente riesgo para el trabajador y la pérdida consiguiente de los envases que no eran precisamente baratos. Trabajaban día y noche. De noche lavaban y rellenaban las botellas y de día hacían el reparto en seis motocarros de la marca 'Isocarro'.

Miguel González, en el interior de Caza y Pesca, uno de los negocios familiares.
LOS ISOCARROS Y EL REPARTO.
España empieza a despertar y a cambiar la tracción animal por el motor de explosión, para el transporte de mercancías. A principios de la década de los cincuenta del siglo pasado, en 1951, se funda en España la Iso Motor Italia, S.A. tras alcanzar un acuerdo con la compañía italiana Iso SpA para fabricar motos y triciclos a motor bajo licencia dentro de nuestro país. Fueron especialmente célebre los motocarros del que deriva el nombre comercial de isocarro, que posteriormente denominó de forma genérica los triciclos a motor empleados en el transporte en España, muchos de ellos híbridos artesanales entre una moto y un eje rígido trasero adaptando algún vehículo en desuso de cuatro ruedas. Eran la flotilla de vehículos más usada en aquella España de posguerra que se vino a usar con modelos más sofisticados, pero isocarros al fin y al cabo, hasta bien entrada la transición política en nuestro país. Tras Vespa y Lambretta, una vez más la tecnología del motor italiana se aliaba con la industria española.

De izquierda a derecha, con una motocarro de reparto, Gabriel del Hotel Loreto, Miguel González y Antonio Gutiérrez, quien estaría 4o años en la empresa.

Uno de los hermanos de Miguel, Manolo González, con uno de los 'isocarros' de reparto en los pinares de La Puntilla; también distribuían una marca de cerveza.
El reparto era duro en las playas de El Puerto. A pleno sol, con la carga a tope y sin descansar. En La Puntilla había que dejar los motocarros muy lejos de los bares y transportar las mercancías a pulso, ante la falta de carreteras de acceso directo a la zona de casetas y bares. Llegaron incluso a contratar a las reatas de burros que los arrieros llevaban de vacío para buscar arena a la playa y así aliviar el esfuerzo de los repartidaroes. En Valdelagrana era similar la problemática, con el agravante de que había que buscar las mareas bajas --a veces de madrugada-- para con la aréna húmeda y mas compacta llevar el género. Las botellas de gaseosa iban en cajas de madera de 10 unidades y las de sifón en cajas de alambre de 6 unidades.

Burros cargando arena en las dunas de la Playa de La Puntilla.

La desaparecida Fábrica de Hielo, en esta margen del río Guadalete.
EL DEPÓSITO Y VENTA DE HIELO.
En la fábrica de gaseosos se vendía también hielo, que elaboraba industrialmente la Fábrica de Hielo situada en el muelle pesquero y que surtía a los barcos que iban a hacer su faena por los caladeros del Atlántico. Pero en el Depósito de la calle Jesús Cautivo lo vendían en trozos a los clientes para las neveras de playa, y también distribuían barras enteras por los bares de playa, a donde no llegaba la energía eléctrica y por tanto las neveras tenían que ser, forzosamente, de hielo. Un buen día de verano llegaban a vender 18.000 kilos de hielo, unas 600 barras a 30 kilos cada una.
La distribución de hielo fue, precisamente el argumento que le valió a Espumosos Valdelagrana para hacer que la venta de sus productos fuera masiva. Y es que, al suministrarles el hielo a los chiringuitos de playa era condición obligatoria que estos adquirieran, también, los productos de la empresa porteña, frente a la feroz competencia de la gaseosa La Casera, cuya fábrica para esta zona de Andalucía se econtraba en Jerez, a la altura de Cuatro Caminos. Corría el año 1955 y, recuerda Miguel, que un tal Jorge, directivo de La Casera en Jerez, llegó a afirmar, en referencia a la marca Espumosos Valdelagrana que "--Llenar las botellas de refrescos de colores, era cosa de pobres", poca vista acabó teniendo el fino directivo.
EL PRINCIPIO DEL FIN DE LOS ESPUMOSOS.
En octubre de 1973 fallece el padre de Miguel, Antonio González Atienza, y cada hermano se dedicará a regentar, ya de forma individual, cada uno de los negocios familiares. Así, Antonio llevará 'Caza y Pesca'; Manolo una tienda de muebles existente en la calle Vicario; Pepe una tienda de electrodoméstico que existía en la calle Ganado junto a una barbería, frente a la Antigua de Rueda y Miguel que continuará con la explotación de Espumosos Valdelagrana y que ya había impulsado con anterioridad en vida de su padre. La fábrica de la calle Jesús Cautivo permanecería abierta durante dos años más hasta que, en 1975 --cuando en nuestro país empieza la transición política-- cierra sus puertas por las razones que vamos a conocer. (En la imagen, Antonio González Atienza).
Los costos de producción y distribución eran superiores a los precios que se pagaban por los productos y la fábrica dejó de ser rentable. Se pagaban dos pesetas por un sifón y cuando intentó subirlo a cuatro pesetas para ajustar los costos y beneficios, no tuvo la acogida esperada. Otros productos de multinacionales, implantados a nivel nacional, acabarían ocupando su espacio, con ofertas mas interesantes para los negocios de hostelería y con ellos ya no pudo competir, lo que le abocó al cierre. Conseguiría vender la lavadora automática de botellas a una empresa de Torre Donjimeno y el resto del tren de embotellado --que estaba prácticamente nuevo con apenas ocho años de uso-- a una fábrica de refrescos de Sevilla. (En la imagen, 'Caza y Pesca' en la calle Ganado, uno de los negocios familiares de la familia González, que vendía radios y televisores. Precisamente Miguel colocó la primera antena de TV que se instaló en El Puerto, en el Bar Puente de Manolo Muñoz, en el año 1957).

DISTRIBUCIONES GONZÁLEZ.
Pero Miguel no se para y, con 37 años se mete en el mundo de la distribución de productos de terceros, algo que ya conocía puesto que con anterioridad al cierre de Espumosos Valdelagrana ya había representado y distribuido algunos mercancías para la hostelería. Absorbe los 8 trabajadores que tenía e instala en el Polígono Industrial Salinas de San José, Distribuciones González, un nuevo negocio a lo grande, contando con nuevas furgonetas de reparto y representando a Tinto Savin, Leche La Merced luego Puleva, Café Saimaza, Zumos Fruco, Tortas Inés Rosales, pastelería industrial, los vinagres Cala de Jerez y Gari, de Chiclana, los vinos Viña Cruz y Monte Viña, ... Distribuciones González estaría funcionando 26 años, hasta el año 2001.
Los caminos de gaseosa La Casera y de Miguel se volvieron a encontrar, ofreciéndoles éstos que les distribuyera sus productos en El Puerto, ya con caseras de distintos sabores... Como los márgenes comerciales que le proponían no le parecieron ajustados a la realidad, Miguel le volvió la espalda a La Casera, en esta ocasión como distribuidor, después de haber sido durante muchos años competidor directo, una especie de lucha entre David y Goliath.
Distribuciones González convivía con otras distribuidoras existentes en la localidad pero los tiempos siguen cambiando y, con la llegada de los Cash & Carry, con el nuevo concepto de acopio de mercancía su empresa deja de ser competitiva. Miguel describe el mundo de la empresa como un barco en alta mar en el que, una vez enrolado, no te puedes bajar porque te ahogas. (En la imagen, un cuadro hiperealista de Undabeytia: 'Pues nos vamos').
Para colmo una enfermedad hoy felizmente superada, le obliga a prejubilarse con 63 años, lo que le obliga también a cerrar el negocio de la Distribución. Hoy vive felizmente retirado del mundo de los negocios, disfrutando de su familia en los Altos del Berbén.
Su hija Lucía González Pérez, vinculada al asociacionismo comercial desde hace ocho años, ha sido nombrada recientemente Gerente de la flamante asociación que aglutina a las existentes en El Puerto para dinamizar el comercio, bajo la denominación de Centro Comercial Abierto-Centro Histórico de El Puerto de Santa María, que pretende hacer de el centro porteño un centro del comercio tradicional con las ventajas que ello supone y con las mejoras que aportan las grandes superficies. (En la imagen, Lucía González, Gerente del Centro Comercial Abierto).

351. ISAAC PERAL. Y la Fábrica de la Luz.
Electra-Peral dio luz eléctrica a la Ciudad hace 115 años. Lo bombilla comenzó a sustituir entonces, al mechero de gas. Este año se cumplen pues 115 de la inauguración de la 'Fábrica de la Luz' de El Puerto. La electricidad entraba en nuestra Ciudad pronto, muy pronto: antes que en otras poblaciones importantes. Hubieron unas causas que lo explican todo, como vamos a ver.
Durante el úlitmo tercio del siglo XIX se desarrolló en Europa la llamada 'segunda revolución industrial'. Sus principales manifestaciones fueron el motor de combustión y la electricidad. Esta última se vislumbraba ya como una forma de energía de enormes posibilidades, en la que el gas encontraría una terrible competidora. El alumbrado eléctrico por medio de lámparas de arco superaba en todo al alumbrado de gas por medio de mecheros industriales, incluido el precio, que lógicamente era un factor básico. Las investigaciones sobre la electricidad tenían tras sí una larga historia en este período del siglo pasado, pero fue la lámpara incandescente de Thomas Alva Edison y su equipo en 1879, la que posibilitó la aplicación comercial de la electricidad al alumbrado y, por consiguiente, su uso generalizado en un plazo variable, condiconado al grado de desarrolllo de cada país.

LA ELECTRICIDAD LLEGA A EL PUERTO.
Tan solo quince años después del inicio -propiamente dicho- del alumbrado eléctrico, este sistema se instalaba en El Puerto a instancias de Isaac Peral y Caballero y de sus amigos políticos en la Ciudad. Ello era así cpor varias acausas. Una, por la simpatía que Issac Peral sentía por El Puerto, por cuyo distrito fue elegido en sucesivas ocasiones diputado a Cortes, aunque finalmente el caciquismo impidiese que tomara posesión de su acta en el Congreso. Otra, la utilización de la fábrica de alumbrado, como arma política en contra de los adversarios, por parte de los peralistas portuenses. Finalmente --aunque no quiere indicarse un orden de importancia al respecto--, hay que considerar también el legítimo interés económico que tenían en el proyecto el propio Peral --retirado ya de la Marina-- y sus socios. En Enero de 1894, Peral solicitaba autorización al Ayuntamiento de El Puerto --y éste se lo concedía-- para instalar una "fábrica de alumbrado eléctrico" con su correspondiente red de cables y alambres aéreos. El alumbrado de gas comenzaba a contar sus días de vigencia en El Puerto.

En la imagen, la Electra-Peral Portuense el 9 de agosto de 1914.
"LA FÁBRICA DE LA LUZ"
En abril de ese mismo año de 1894 comenzaron las obras de la popularmente conocida como "fábrica de la luz", en el número 78 de la calle Larga, que fuera de Francisco Piña. Durante varios meses se procedió a la adaptación de la casa para su nuevo uso, así como a la instalación de las calderas, máquinas de vapor, dinamos, alternadores y demás maquinaria precisa para la producción y distribución de electricidad. Simultáneamente se trabajaba en el tendido del cableado aéreo y se iniciaba la actividad comercial de la empresa entre la población portuense, a fin de lograr los primeros abonados al suministro de electricidad.
La empresa que acometió este proyecto de electrificación para la localidad, denominada Sociedad Electra-Peral Portuense, estaba presidida por Isaac Peral y Caballero, tenía por gerente a Julio Fortunaty y por director de la fábrica al ingeniero electricista belga Alberto Oetthly. Otro de sus directivos era Aniceto Abásolo, colaborador de Isaac Peral. En una situación de grave crisis económica, como la que entonces se vivía, [los ciclos repiten, ahora estamos inmersos en otra crisis] la "fábrica de la luz" fue un proyecto doblemente beneficioso para El Puerto. Con él la Ciudad se dotaba de una moderna forma de energía, con cuanto ello suponía de posibilidades de desarrollo y, por ende, de mejora de la caldiad de vida. A corto plazao, además, contribuyó modestamente a aliviar parcialmente el dramático paro obrero existente en la época.

DOS FECHAS LUMINOSAS.
El 15 de agosto y el 8 de diciembre de 1894 fueron fechas claves para el alumbrado eléctrico en El Puerto. Aunque en el verano la central eléctrica continuaba aún en obras, en colaboración con el Ayuntamiento, realizó un esfuerzo para dar alumbrado eléctrico a las veladas festivas en honor a la entonces popularmente llamada Virgen de Agosto. Fue así como 19 arcos volt´´aicos iluminaron el Paseo de la Victoria y el tramo de la calle Larga comprendido desde este punto hasta la plaza Peral. Se trató de un ensayo prolongado del nuevo sistema de alumbrado eléctrico, porque la central no entró en funcionamiento --plenamente-- hasta el sábado día 8 de dici8embre de 1894, festividad de la Inmaculada Concepción, tras las pruebas llevadas a cabo dos noches antes en unas casas particulares de la calle Luna. Para El Puerto fue un día doblemente festivo; para los peralistas portuenses, enfrentados visceralmente con los partidos dinásticos, un éxito más de Isaac Peral, del que procuraban obtener dividendos políticos. Al día siguiente, domingo, se celebró un banquete en el hotel Vista Alegre en el que ya lucía el alumbrado elécttrico. A partir del lunes, la empresa redobló su actividad comercial, ofreciendo, hasta el 15 de enero de 1895, un 8% de descuento sobre el importe de las instalaciones pagadas al contado. En los días inmediatos se anunciaban los enganches del Casino Portuense y del colegio de San Luis Gonzaga, en el que se estimaba que se colocarían alrededor de 300 lámparas. El alumbrado eléctrico comenzaba a correr a la velocidad que le es propia.

Con motivo de la botadura del submarino Peral en aguas de la Bahía de Cádiz, se le ofreció en El Puerto un banquete con 21 platos de la gastronomía local, según el periodista y escritor Dionisio Pérez.
DEL SUBMARINO A LA ELECTRICIDAD.
El reconocimiento y la fama le llegaron a Isaac Peral, en vida, merced a su invención del submarino. Pero, aparte de esta importantísima contribución científica, durante los últimos años de su corta vida desarrolló una meritoria labor en el campo de la electricidad. El proyecto del submarino no sólo fue, por desgracia, fuente de parabienes, sino de pesares. Por causas que sería prolijo señalar aquí, las estancias responsables de la Marina Española rechazaron el proyecto de Peral: un error del que aún se lamentan quienes se encuentran más cercanos al asunto.

Hecho de papel y madera, el abanico que se muestra en la imagen se entregó como recuerdo a las señoras que asistieron como invitadas en el acto de botadura del submarino Peral en aguas de la Bahía de Cádiz, el 8 de Septiembre de 1888, día de la Virgen de los Milagros. Se puede leer en el abanico, cuando está cerrado, con letras doradas y grabadas: 'Recuerdo' por un lado y por el contrario 'Botadura'.
De resultas del injusto trato recibido, pidió y obtuvo la retirada de la Marina en 1891. A partir de entonces, Isaac Peral se dedicó a la investigación eléctrica y a la aplicación de esta nueva forma de energía en nuestro país. Trabajó como ingeniero electricista de la compañía alemana Lewy y Cohetaler, pero pronto montó una fábrica de acumuladores electrícos de su invención, en la calle Mazarredo, de Madrid. En pocos años montó una treintena de centrales eléctricas o fábricas de electricidad en otras tantas ciudades españolas (Alicante, Murcia, Cádiz, Zaragoza, Tudela, Almería, ...), entre ellas la de El Puerto, hace ahora 115 años. (Textos Javier Maldonado Roso).
347. HOMENAJE A LOS PENSIONISTAS DEL MAR.

Patio de la desaparecida Cofradía de Pescadores, el 16 de julio de 1978. Alberto Alcaraz Roca se encuentra a la derecha del primer militar, José Nowel del Río. A su izquierda Genaro González Padilla, Rafael Sánchez Carbonell, José Romero Tarazona, José Luis Álvarez Sevilla y José María Millán Merello. Detrás de ellos, en el fondo a la izquierda de la fotografía está la familia Rasteu Mauri. Nieves y sus hijos Jaime Gaspar y Diego y uno de sus nietos; en el centro el miliar Julián Fernández, sobrino de Juan Martín Vélez; Miguel Pineda Martí, José Luis Álvarez Carbonell y José González Padilla que aparece a la izquierda de la columna de la derecha de la fotografía. A la izquierda de la fotografía. Ramón Novo Tacón, Baldomero Albaiceta Núñez, el periodista Manolo Sosa, Luis Ayala Naveiro y Juan López Guardiola. En el centro se encuentran Ramona y su esposo Juan José Sánchez Albaiceta, un joven Jaime Roselló Marroquín, la familia de Tomas Santos Ladrón de Guevara, su mujer Pepita y su hija; Joaquín López Romero, Aguilocho, Clemente, Rafael Morales Espalda, Rafael García, entre otros. (La foto es de Rafa. Colección de A.C.L.)
"Los pensionistas del mar, los de piel dura y el rostro arrugado se merecen esto y mucho más porque con su trabajo y su tesón elevan la profesión a la que representan más de lo que podemos alcanzar". Estas palabras fueron pronunciadas por Alberto Alcaraz Roca (en la imagen de la izquierda), Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores el día 16 de julio de 1978. Sin ningún genero de duda, su labor en una época tan difícil como la fue la de la transición y los logros alcanzados durante sus ochos años al frente de la Cofradía de Pescadores, ennoblece a este porteño por derecho propio nacido en Roquetas de Mar. Vive en la actualidad en Cádiz y pasa largas temporadas en Valdelagrana. Cabe conmemorar que junto al recordado director provincial del Instituto Social de la Marina José Luis Vilaplana Montes fueron los grandes precursores de las excursiones de los pensionistas del mar como colofón a la festividad de la Virgen del Carmen. Ambos lucharon afanosamente para que los pescadores pudieran beneficiarse de la misma bonanza que por aquel entonces se vivía en otros sectores productivos. Bajo su mandato se iniciaron las excursiones de los pensionistas del mar que se prolongaron hasta 1986. En aquellos años más de cuatrocientas pensionistas disfrutaron visitando Aracena, Gibraltar, Bolonia, Tahivilla, Sanlúcar, Chipiona, Rota…

Excursión de los pensionistas del mar en el año 1983, camino hacía el Bosque en plena serranía de Cádiz. Era obligado hacer más de una parada. En este grupo de la fotografía: Emilia Lora, "La graniza"; Pepa Romero Ibáñez, Pepa "La gorda"; Guillermo Otero González, "El palustre”; “Nena” García, Antonio Vega, “El circo”; Vicente “El lotero”; Josefa Meseguer, Antonio de Asís, Federico Cascales, “El poeta”; Milagros Marroquín, Francisco Lao Ramírez, “El cachi”, su esposa, Milagros Jarque Martínez, Agustín Triviño, Sánchez, “El flecha” y Farelo, entre otros pensionistas. (La Fotografía es de la colección de R.G.M.)
(Textos: Antonio Carbonell López).
345. TELESFORO DEL CASTILLO. Un rentista destacado.
Gallegos y cántabros son pueblos emigrantes. Al menos esta es una característica que les fue común siglos atrás. Gente laboriosa, trabajadora, muchos de ellos con especial aptitud para tratar al público, alcanzando éxito –fama y fortuna- en aquellos negocios que requieren trato directo con la parroquia, con la clientela: tiendas de alimentación, de ropas, tabernas…
Telesforo del Castillo Muñoz es un porteño nacido en Cantabria. Un jándalo. En plena juventud marchó a Filipinas junto con su hermano, dejando atrás su casa natal, en la aldea de La Serna, del Valle de Iguña, partido judicial de Torrelavega (Santander) donde había nacido en 1843. Ambos hermanos se iniciaron en los negocios en Manila, trabajando asociados. Unos años después, pensando en formar una familia, compró su parte del negocio al hermano, independizándose totalmente. Cuando dispuso de un pequeño caudal, que el mismo declara ascendía a 125.000 pesetas, se desplazó a su lejana patria y más concretamente a El Puerto de Santa María para contraer matrimonio con una joven de dicha localidad, Sofía Díaz Macías, (Declara poseer este capital, que aporta al matrimonio, indicando asimismo que la dote de su esposa se limitó “a los regalos de bodas y su ajuar, en el que se incluían algunas alhajas de corto valor” en el texto del testamento que realizó en El Puerto con fecha 28 de junio de 1897). hija de Manuel Díaz Obregón, también de origen montañés, nacido en Helguera, provincia de Santander, (Posiblemente fuese hijo de Manuel Díaz Quinamo, montañés que explotaba a comienzos del siglos XIX una venta o taberna situada en la entrada de la población, cerca del Camino Real, en la confluencia de las calles Larga y Cielos, asociado con Manuel Obregón, su cuñado. Debieron acuñar una pequeña fortuna durante el periodo de ocupación de la ciudad por las tropas francesas, alojadas buena parte de ellas en los convento de la Victoria y Espiritu Santo, ambos a un tiro de piedra de la taberna), y de Sofía Macias, familia de clase media, dedicada al comercio, avecindada en El Puerto, donde habían nacido sus hijos. Creemos que tenía su establecimiento en calle Ganado nº 12 y el domicilio en la casa número 52 moderno de calle Larga, sede actual del Partido Comunista de Andalucía. (En la imagen superior, vivienda en La Serna, Valle de Iguña, Torrelavega, Cantabria.
Nos vemos en la necesidad de especular, a falta de otra información, sobre las circunstancias que hicieron posible el conocimiento, amistad, compromiso y, finalmente, boda de esta pareja tan distante geográficamente. Tuvo que existir un primer encuentro. Podemos suponer que alguno de los hermanos de Sofía fuese destinado a Filipinas en cumplimiento de sus deberes con la patria, entablase amistad con Telesforo y este, en algún viaje de negocios a la península desembarcase en Cádiz, desplazándose a El Puerto a visitar a la familia Díaz Macias, alojándose tal vez durante algunos días en su casa, dado el paisanaje de Telesforo con ellos y la fraternidad existente en esa época entre personas afines. El resto es fácil imaginarlo: se enamora de la hermana de su amigo, mantienen un regular contacto epistolar, confirman el compromiso y poco tiempo después él regresa, se casan y parten de nuevo hacia Manila.

Torre de la Catedral después del terremoto de 1880. Francisco van Camp. SHM El terremoto de 1880 causó considerables daños en la ciudad de Manila, y especialmente en el edificio octogonal de cuatro cuerpos de la Catedral.
En las Islas Filipinas nacen sus cuatro hijas: Rafaela, Sofía, Maria del Carmen y Mª del Rosario del Castillo Díaz, bautizadas todas ellas en la capilla de San Pedro de la catedral de Manila. Según nuestros datos, las hijas de Telesforo y Sofía fueron bautizadas en los años 1871, 1872, 1874 y 1875. En esos años la catedral de Manila estaba destruida parcialmente por un terremoto que tuvo lugar en el año 1863, catástrofe en la que perecieron los miembros del Cabildo catedralicio, quedando algunas capillas en pié, siendo en una de ellas, la de San Pedro, donde se bautizaban a los nuevos cristianos. Poco tiempo después, en las últimas décadas del siglo se construyó la sexta catedral de la capital de Filipinas, en el mismo emplazamiento de las cinco anteriores, en la zona denominada Intramuros –un fuerte construido por los españoles en 1590 con muros de 6 metros de alto y 3 Km. de largo-, según proyecto del arquitecto Serrano Salaberri, de estilo neorromántico. Consta de tres naves con crucero y capillas laterales, portada de arcos de medio punto y una original torre externa de estilo orientalizante. En esta nueva catedral se celebran los bautismos en la capilla del Sagrario.
Como consecuencia del último alumbramiento falleció Sofía Díaz, el 21 de noviembre de 1875, quedando viudo Telesforo con tan solo 32 años de edad y una familia numerosa compuesta por cuatro hijas de corta edad. La decisión, tras la tragedia familiar, debió de tenerla clara: Retornar cuanto antes a España, para poder criar y educar a sus hijas con la ayuda de los abuelos. Era imposible continuar al frente de sus negocios salvo que encontrase una mujer con la que volver a casarse, y que ésta aceptase la pesada carga que hubiera aportado Telesforo al matrimonio. No parece se plantease siquiera esta posibilidad ya que, en los veintitantos años siguientes, es decir, hasta el mismo momento de su fallecimiento, no formalizó ninguna otra relación, que sepamos.

Vivienda en calle Luja, 15, esquina y vuelta con calle Recta.
Necesitó algo más de un año para liquidar sus negocios y repatriarse junto con su familia. En el verano de 1877 se encontraban empadronados todos ellos en El Puerto, arrendando una amplísima casona en calle Luja número 15 donde vivió todos esos años a pesar de tener diversos inmuebles en propiedad.
Con fecha 28-6-1877 dicta nuevas disposiciones testamentarias que revocan las realizadas meses antes en Filipinas. Una vez integrado, se dedica con paciencia y vista comercial a emplear su capital, preferentemente, en la adquisición de inmuebles para su explotación en alquiler, garantizándose de esa forma unos ingresos estables, una suculenta renta. Paralelamente, más por distracción que por negocios monta en los bajos de la casa arrendada, en donde existe actualmente una peña flamenca, una pequeña bodega, criando con esmero diversos caldos. Sus herederos se repartieron 160 arrobas de Manzanilla, a razón de 7,50 pesetas/arroba; 67 arrobas de Vino Fino, a 12,50; 93 arrobas de vino moscatel y dulce a 10 pesetas, 40 arrobas de Pedro Ximenez, valoradas cada una de ellas en cinco duros y 5 arrobas de vinagre, a diez reales la arroba, así como diversos utensilios: jarras, gradillas, mangueras, bomba de trasiego, venencias, botas y barriles, incluidos todos ellos en el apartado 84 del inventario de sus bienes bajo el epígrafe: “Vinos, vasijas y enseres de bodega.” (En la imagen, 10 céntimos de peso, acuñado en Manila).
Las primeras compras de inmuebles, realizadas en 1877, la hace por lotes, adquiriendo dos parejas de casas. A don Tomás Osborne y Böhl le compra una casa en calle Larga nº 57 (Anteriormente esta casa había sido propiedad del Convento Madre de Dios de Jerez, siendo adquirida por Tomás Osborne en los años de la desamortización de los bienes clericales, trasladándose a vivir a ella. Sus herederos la vendieron a Manuel Urquinaona que residió en el piso alto o principal con su familia, arrendando el bajo a la familia Pastor Nimo, según datos que tomamos de los padrones municipales de 1916). Otra en calle Descalzos, 15. Las otras dos casas, una en calle Nevería, 24 y otra en Santo Domingo, 9, esquina a Nevería, ambas propias de la Testamentaría de doña Elvira Viaña, (Dama perteneciente a la aristocracia local, hija de José Enrique Viaña Fernández, Diputado del Común y uno de los más importantes cosecheros y exportadores de vinos, aceite y aguardiente de fines del XVIII) adquiriendo un quinto inmueble, situado en pleno centro, la casa nº 52 de calle Luna que compra a doña Maria Antonia Lagier. En años posteriores incrementó su patrimonio con casas en calle San Bartolomé, 25, comprada a Luis Pérez Sánchez en 1880, Jesús de los Milagros, 14, a Manuel Ruiz Quintana, en 1883 y, finalmente, la casa de Descalzos nº 12 a los hermanos Martínez Picard, en 1884. (En la fotografía, señorita luciendo un mantón de Manila).
Telesforo del Castillo falleció en El Puerto de Santa María el 13 de marzo de 1899, en el mismo estado de viudedad en el que llegó a la ciudad veintidós años atrás. En esa fecha, tres de sus hijas habían contraído matrimonio. Rafaela, la mayor, con un comerciante local, Diego González Saiz, residiendo en El Puerto. Sofía, con un labrador jerezano algo mayor que ella, que cumplió 27 años al morir el siglo y 40 su marido, Antonio Ruiz-Berdejo. La tercera de las casadas, la más joven de las hermanas, Rosario del Castillo Díaz casó con otro comerciante local, Emilio Muñoz de Bustillo y Carpizo, residiendo asimismo en El Puerto. La otra hermana soltera, Maria del Carmen, que tenía 24 años en 1899 fue la albacea testamentaria, según dispuso el finado, que había indicado ejerciera dicha función aquella o aquellas de sus hijas que estuviesen solteras en el momento de su fallecimiento.
En la Revista Portuense del 15 de marzo de 1899 se inserta la tópica croniquilla social del sepelio que reproducimos parcialmente: “Ayer, a las cuatro y media de la tarde, fue conducido al Cementerio Católico el cadáver del Sr. Don Telesforo del Castillo y Muñoz. Formaban la fúnebre comitiva los ancianos del Asilo de San José, Hermandad de Milagros, y el clero parroquial, siguiendo tras este el cadáver llevado a hombros por trabajadores de la Casa en magnífica caja sobre la cual destacábase dos hermosas coronas en las cuales leíanse las siguientes dedicatorias: “Recuerdo de sus hijos” y “Recuerdo de sus hijos Diego y Rafaela”. El cadáver fue sacado de la casa mortuoria por sus hijos políticos y su sobrino don José Gutiérrez Díaz. De la caja pendían cuatro anchas cintas que llevaban varios individuos de la familia, rodeando el féretro cuatro hermanitas de los pobres. El acompañamiento formábanlo numerosísimas y escogidas personas… Presidía el duelo el Sr. Arcipreste y los señores Gonzalez y Verdejo y Muñoz Bustillo, hijos políticos del finado. Al llegar al cementerio el cadáver fue colocado en un catafalco mientras el clero parroquial cantó el Responso.”

En la calle San Miguel del cementerio portuense está el panteón familiar de don Telesforo, en el que figuran enterrados, además de él, su hija Rafaela y uno de sus nietos, hijo de la anterior, Antonio González del Castillo. Al pié de la tumba hay colocada una cenefa de mármol blanco esculpida con flores en relieve recuerda a la esposa, figurando su nombre y la fecha de su defunción, aunque no creemos que sus restos estén allí enterrados, salvo que, aprovechando la repatriación de las tropas después de la guerra del 98, hubieran sido traídos desde Manila. (Textos: Antonio Gutiérrez Ruiz).
344. CARMEN, LA VIRGEN DEL MAR.

Primer desfile procesional de la Virgen del Carmen día 24 de julio de 1895. La imagen es la misma que hoy realizará el desfile procesional por las calles del Puerto. Durante el año se encuentra esta imagen en el Convento de la Purísima Concepción Franciscana, en la calle Nevería, frente a la casa donde vivió Pedro Muñoz Seca. Sería a partir de 1901 cuando la imagen procesionaría los 16 de julio. (Foto Colección Carlos Pumar Algaba).
Los orígenes, la génesis de la celebración de la festividad de la Virgen del Carmen los hallamos en la antigua Orden de los Carmelitas fundada en el siglo XIII y extendida más tarde por toda Europa. La Virgen se le apareció un 16 de julio de 1251 al superior de la Orden, San Simón Stok, ofreciéndole el Santo Escapulario. Llegados al año 1609, la Congregación acordó dedicar el día 16 de julio a su Patrona, la Virgen del Carmen, celebración que en el año 1726 el Papa Benedicto XIII extendería a la Iglesia Universal. En 1901 fue declarada Patrona de la Marina Española y el reconocimiento de este patronazgo se fue extendiendo a todo tipo de agrupaciones relacionadas con el mar.
El historiador Enrique Pérez Fernández, en el capitulo dedicado a las “Ferias Y Veladas” de El Puerto tiene un apartado sobre las procesiones de la Virgen del Carmen. Asegura que la vinculación de esta advocación mariana con la gente de la mar es de siglos. Pero hasta el 19 de abril y el 25 de julio de 1901, no se declara oficialmente patrona de la Marina y se fija día festivo para los marineros el 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen. Sin embargo, en El Puerto de Santa María, seis años antes, cuando en 1895 se iniciaba al construcción de la Iglesia de las Madres Carmelitas, el padre Sánchez Marchena, arcipreste de Chiclana, mientras predicaba la novena en la iglesia de las Esclavas (entonces de San Juan de Dios), exhortó a los fieles a sacar en procesión a la Virgen del Carmen por el barrio de Guía, entonces barrio de los pescadores. La iniciativa caló y posteriormente se llevó a cabo la procesión y bendición de las aguas, en el muelle de la Pescadería, el 24 de julio de ese mismo año. (En la ilustración, exvoto que se encuentra en las escaleras de acceso al Camarín de la Virgen de los Milagros. En la pintura se pueden ver la patrona de la Ciudad junto a la Virgen del Carmen, intercediendo ante un naufragio).

La Virgen del Carmen, tras la bendición de las aguas en el desaparecido muelle de La Pescadería que daba a la actualmente inexistente plaza del mismo nombre, donde están los pisos de La Pescadería y el ya inexistente edificio de la Cofradía de Pescadores.

Virgen del Carmen en el Río Guadalete, obra de Juan José Bottaro. . Esta obra estuvo próxima a la desembocadura del río, margen izquierda --La Otra Banda--, antes de construirse los espigones de Poniente y Levante. Hoy se encuentra en la misma margen en otra ubicación distinta. Tradicionalmente el pescador Luis Patino Viso, “Ardentía”, todos los 16 de julio lleva coronas y flores y la deposita ante el monumento. (Foto Paco Serrano).
El primer embarque que la Virgen del Carmen realizó para recorrer en procesión las rías del Guadalete, fue posterior. Se realizo el día 15 de agosto de 1930, festividad de la Asunción de la Virgen, la más antigua celebración mariana portuense.
En lo que expone el historiador, quiero explicar que la imagen que actualmente se encuentra en el Convento de las RR.MM. Concepcionistas es la que procesionó por vez primera por las calles porteñas. Corría el año 1895. Siendo la imagen de la Virgen del Carmen del Convento del Espíritu Santo la que surcó por primera vez en 1930 el río Guadalete. De ahí proviene la referencia a las dos procesiones, la terrestre y la marítima. La imagen la Virgen del Carmen de las RR.MM. Concepcionistas, a excepción de los años de la Guerra Civil, continuó procesionando cada 16 de julio. Sin embargo, la procesión marítima quedó interrumpida casi cuarenta años. (En la imagen la Virgen del Carmen del Convento del Espíritu Santo a bordo del pesquero “Bonanza” de Manuel Vázquez León Junto a sus hijos, Pepe, Antonio, Arturo y Jesús, durante los últimos treinta años del siglo pasado, contribuyeron a la solemnidad de la procesión marítima).

Barcos abarloados. Existía aún la trasera de la Casa de las Cadenas. (Foto Michael Reckling).
RECUPERANDO LA TRADICIÓN.
A mediados de los años sesenta, gracias al padre Ramón González Montaño la festividad de la Virgen del Carmen cambió radicalmente. De ese periodo anterior no voy a contar nada, durante el cual hubo de todo, pero sobre todo una escasísima participación de la marinería porteña. El cura Ramón, se implicó de lleno, no solamente cambió el itinerario del desfile procesional para que la patrona se asomara al balcón de su río, sino que además recuperó una vieja tradición: La procesión marítima por el río Guadalete. Para que los pescadores se sintieran verdaderos protagonistas de su festividad contó con la colaboración de José Luis Álvarez Sevilla, conocido como “Gavina”, maestro redero y Hermano Mayor de la Hermanad del Carmen; José Antonio Español Caparrós, Ingeniero Director de la Junta de Obras del Puerto que todavía nos acordamos y nombramos, sin mas, como el Ingeniero; Higinio Mercado, “el de la telefonía de los barcos”; José García Malvido, excelente pescador y mejor persona, los hermanos Antonio, José y Eduardo González Montaño y la inestimable colaboración de las religiosas del Convento de la Purísima Concepción Franciscana, en la calle Nevería, frente a la casa donde vivió Pedro Muñoz Seca, además con las monjitas del Espíritu Santo ya que a ellas se debe que de nuevo la imagen de la Virgen del Carmen volviera a surcar las aguas del Guadalete. Devolvían a las fiestas del Carmen su carácter marinero. La proa de este inmenso barco penetraba por primera vez en el sector pesquero porteño.

En el centro, Jose Luis Alvarez Sevilla, 'Gavina', redero y Presidente del Grupo de Viviendas "Estrella del Mar", llego a ser presidente de Acción Catolica. A su derecha, José Gonzalez Montaño, Gerente del Grupo de Viviendas. De izquierda a derecha, su Junta Directiva: Antonio García Bonmatti, redero de tierra; Emilio Martinez Puyana, práctico de pesca; José García Malvido, Patrón de Pesca; Lope Rodríguez Lopez, pescador; Antonio Cots Olmo, motorista y Juan Jose Gallardo Ares, redero de tierra. El acto en la plaza que lleva su nombre, la de Ramon Gonzalez Montaño. La práctica totalidad de los integrantes de esta Junta Directiva lo era también de la Hermandad del Carmen, siendo Jose Luis Alvarez Sevilla, 'Gavina', presidente desde 1965 hasta 1978.

Noche Marinera en la Parroquia del Carmen. La Reina de las Fiestas y sus damas de Honor. 15 de julio de 1980 (Colección ACL).
Durante más de diez años el cura Ramón y sus colaboradores estuvieron luchando por la festividad de la Virgen del Carmen, sin apenas ayudas económicas, añadiendo a lo religioso un poco de diversión con verbenas en la Plaza del Polvorista y en la Barriada Estrella del Mar y ágapes para los pescadores en la antigua Lonja de pescado de la margen derecha del río Guadalete, la de esta banda, y en los locales donde en la actualidad se encuentra las oficinas de Apemsa. Todo ello como reconocimiento a la labor de la gente de la mar.

Entrega de trofeos a los campeones y subcampeones de las distintas competiciones, domino, mus, rentoy y cucaña marinera en la festividad de 1984. De izquierda a derecha, Jaime Garcelá Guzmán, Antonio Carbonell, secretario de la Cofradía de Pescadores, José Luis Pellicer Salas y Manuel Pecho Romero. (Foto Garpre. Colección ACL).

De izquierda a derecha, Antonio Carbonell, Juan Manuel Pedreño, presentador del acto, su esposa Susi Weber, Lourdes Zuriaga y Basilio Rogado, de Televisión Española y la Cadena Ser respectivamente. En el Restaurante El Resbaladero durante Homenaje del sector pesquero a José Antonio Español Caparros, 'el ingeniero'; al exportador de pescados y mariscos José Gutiérrez, 'Pepe el Chófer' y al pescador Manuel Bernal Genaro. 14 de julio de 1985. (Foto Garpre. Colección ACL).
UN NUEVO IMPULSO.
En 1976, Alberto Alcaraz Roca, es elegido Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores, donde José Luis Álvarez Sevilla, ‘Gavina’, gran impulsor de la Hermandad de Carmen, forma parte también de los órganos rectores de la Entidad pesquera. A partir de ese año con la aportación económica de la Cofradía de Pescadores y la presencia activa del sector extractivo y comercial se incrementa el realce de la festividad de la Virgen del Carmen, especialmente en la procesión marítima y los actos festivos de “La Noche Marinera”. Artistas como Ángela Carrasco y Al-Bano actúan para las familiares marineras. En 1984, Televisión Española, con su programa, “La tarde”, y la Cadena Ser con su emisión radiofónica, “Cita a las Cinco” dieron buena cuenta de las Fiestas del Carmen y del Mar, Se desplazaron desde Madrid, por aquellos días del mes de Julio, Lourdes Zuriaga, redactora del programa “La tarde”, que dirigía Pepe Navarro, y Basilio Rogado, director y conductor de “Cita a las Cinco”. También la pareja formaron parte del jurado de las distintas competiciones y concurso de la marinera de El Puerto que fue presentado por el periodista y locutor por aquel entonces de la Cadena Ser, Juan Manuel Pedreño Cueto.
En los días de la festividad de la Virgen del Carmen, los agasajos y ayudas en metálico, así como días después las excursiones de los pensionistas del Mar, ponían el broche de oro a todos los actos celebrados. Esto ocurrió en los meses de julio de 1976 a 1986.

Procesión Marítima de vuelta de su viaje por la Bahía. El autor de esta nótula ha recomendado siempre a los patrones y propietarios de yates del Club Náutico y de Puerto Sherry y a los dueños de embarcaciones deportivas y de recreo que, no embarquen a más personas de las autorizadas y de la misma manera que no se crucen por el río con los barcos pesqueros, precisamente con el “Josefa y Luisa” que este año le ha tocado en suerte repetir llevar a la Virgen en la procesión Marítima.

El pesquero “Josefa y Luisa” que hoy capiteaneará la procesión marítima, llevando a bordo la imagen del la Virgen del Carmen. Hoy en su capilla de la plaza de la Tradición permanecerá expuesta en besamanos. A las cinco y media o seis de la tarde, la imagen será trasladada a la embarcación pesquera para recorrer las aguas de la Bahía y del río.
A partir de 1987, con el abatimiento del sector pesquero debido a la pérdida paulatina de la flota pesquera, si bien la Cofradía de Pescadores continuaría colaborando económicamente hasta su desaparición en noviembre de 2006, de nuevo toma el relevo la Hermanad del Carmen que ha hecho posible contra viento y marea desde entonces que la zona de baja de El Puerto de Santa María, marinera por excelencia, cada 16 de julio sea un hervidero de gentes que en un devenir constante embarcan en un mismo barco con una singladura común, la festividad de la Virgen del Carmen.

La Virgen del Carmen en el río Guadalete, a la altura del 'tinglao' del muelle donde hoy se encuentra 'Las Cristaleras'.
Según me refirieron mis hermanos, en 1948, la imagen de la Virgen del Espíritu Santo procesionó por el río Guadalete a bordo de un pesquero cuya proa llevaba una figura de cisne. Posiblemente esto que me contaron tenga relación con la Cucaña Marítima que se celebró en el Guadalete a la altura del Bar ‘El Chino’ en el mismo año.. La Cucaña Marítima volvería de nuevo a celebrase durante los años 1984 y 1985 en el río Guadalete frente al desaparecido Bar Restaurante Guadalete, donde hoy se encuentra el Pub Berebere.

La procesión marinera llegando al atardecer al muelle del Vapor, en el año 2oo4.

La procesión marítima saliendo, ya de noche, del muelle del vapor. Año 2004.
El barco que aparece engalanado frente al muelle del vaporcito en las dos fotografías anteriores es "El Tonino" de Antonio Ares Otero. Se nota que su armador es seguidor del Real Madrid. En la proa lleva el escudo del Madrid. Paseó en 2004 a la nueva imagen de la Virden del Carmen, la de la Plaza de la Tradición. Si digo que Antonio Ares Otero, nacido en La Higuerita, como llaman cariñosamente los onubenses a Isla Cristina, permaneció varios años pescando en la almadraba de Sancti Petri y que hoy faena a la modalidad de arrastre en el Golfo de Cádiz ningún pescador lo conocerá. Pero si me refiero a “El Tonino” los marineros no dudarán en afirmar que además de excelente profesional Antonio es una gran persona. Su habilidad en la pesca de los estorninos, parecido a la caballa, le hizo acreedor de su apodo al romper esta especie en “El Tonino” en la jerga marinera. El barco también se llama “El Tonino”.
EXTRAÑA DECISIÓN DEL OBISPADO.
Sin embargo, nunca llegaré a entender porqué, después de 36 años, paseando los barcos pesqueros todos los 16 de julio la imagen de la Virgen del Carmen del Convento del Espíritu Santo por el río Guadalete, decidiera la Iglesia que fuera una nueva imagen la que realizara la procesión marítima. Esto ocurría en 2003. A la sazón ya había fallecido el Padre Ramón González Montaño… Se sobradamente la gran tristeza de las monjitas cuando tuvieron que acatar la decisión del Sr. Obispo debido a que en la fecha señalada para tal fin fue cuanto mas esplendor, sin duda, se le estaba dando a la festividad del Carmen con la presencia del grupo cristiano Pastora del Peregrino, tanto en el traslado de la Imagen desde el Convento hasta el muelle pesquero a la hora del alba para embarcar a la imagen como en la recogida, que con cánticos y alabanzas hacían posible que su día más azul resplandeciera todavía más el Escapulario del Carmen.

La lonja del pescado, con los cuadros abarloados. Detalle de un cuadro del Nazareno, pintado por José Manuel Algeciras, que se encuentra en el Bar 'Rincón Español'. Año 2000.
A mediados de los años 60 las tripulaciones de los pesqueros “Paco Rota” “Antonio y Angelina”, “Villa de Calpe”, “Jaime y Manuel”, “Mari Carmen y Ramona”, “Angelina Lloret”, y “Guardiola Perles” tomaron el timón y ponían rumbo a lo que debiera ser la procesión marítima de la Virgen del Carmen. Sería en 1968 el pesquero “Villa de Calpe” capitaneado por José García Malvido el primero en pasear después de un largo paréntesis a la Virgen Marinera por el río Guadalete. Mención especial parta la tripulación del pesquero “Paco Rota” que fueron los primeros en engalanar y revestir su barco con alegorías marineras dando esplendor a la festividad de la Virgen del Carmen. Su principal artífice y alma máter Vicente Sánchez Carbonell, un experimentado lobo de mar, experto pescador y excelente persona, nos abandonó prematuramente poco tiempo después de haber sido elegido Hermano Mayor del Carmen. (En la imagen, Juan Antonio Otero Tejada, pescador y armador, colaborador incansable junto a su familia en el paseo procesional de la Virgen Marinera. Más listo que los ratones colorados. Sin apenas saber leer y escribir llegó a ser armador durante su vida de cuatro embarcaciones).

Un pueblo que es y que se llama Puerto cada 16 de julio celebra la festividad de la Virgen del Carmen. Desde GdP nuestro reconocimiento a pescadores, armadores y compradores que en esta época tan difícil mantiene a duras penas uno de los pilares económicos de esta ciudad. Igualmente una feliz singladura a la nueva junta de gobierno de la Hermandad del Carmen presidida por Jacob Romero Otero. Finalmente un recuerdo emocionado y muy especial para los que nos abandonaron. (Textos: Antonio Carbonell López).
343. QUINI CEBALLOS VARELA. El vecino solidario.
Los cimentadores de amor, paz, solidaridad y buena convivencia vecinal son, para el Barrio de la Vida, lo que los manantiales del agua fresca y cristalina para los desiertos.
En este Barrio de la Vida, donde prevalecen las ansias del poder y el tener, la intolerancia, egoísmos, hambre, terrorrismo, venta de niños y adultos como esclavos, guerras, falsedades, torturas, hipocresías, racismos, insolidaridad, envidias, marginación,... también están quienes, sin hacer ningún tipo de ruidos ni alardes, realizan la trayectoria de su paso por él, ¡haciendo el bien!.
Joaquín Ceballos Varela, Quini, a sus cincuenta y tres años, tras una corta y penosa enfermedad, abandonó en julio de 2001 el Barrio de la Vida. Además del dolor y la pena que su irreparable pérdida ha ocasionado en familiares, amigos y cuántos le conocían, también nos ha dejado su valiosísimo legado.
Este legado que ha dejado al Barrio de la Vida, no se compra ni se vende con el precio del poder ni el dinero. Quini fue amigo de sus amigos y enemigo de nadie. Fue cordón y lazo del diálogo, comprensión, unidad y amor del entorno familiar. No había amigo o conocido que enfermara a quien él no visitara. En este sentido, valga como ejemplo su gran calidad humana y buen sentido de la amistad el hecho de que, encontrándose gravemente enfermo en el hospital, sacara fuerzas de donde ya no las había para, tras llamada telefónica, alentara y animara a un amigo que se encontraba recién operado y hospitalizado en otro centro. Además, en esa misma situación de enfermedad y sufrimiento, se ofreció para echarle una mano en la búsqueda de empleo a otro de sus amigos.
A Quini no hacía falta pedirle, sólo insinuarle que se precisaba su ayuda para la realización de cualquier acto benéfico, para que allí estuviese colaborando, tanto en el montaje de escenarios como en la atención de la barra del bar, venta de tickets y cuanto fuera necesario para la ejecución y mayor realce de este tipo de eventos. El colegio La Salle de El Puerto sabe mucho de su constante y desinteresada labor.
Quini siempre tenía disponible, de manera altruista, su vehículo y su tiempo libre del fin de semana para, en compañía de su esposa, trasladar donde hiciera falta al grupo Scout de San Joaquín o al coro de los niños de La Salle. De la misma manera, visitaba personalmente a los ancianos de las Hermanitas de los Pobres, con tal de hacerles más agradable unas horas de su tiempo. (En la imagen, Quini en Barcelona el 22 de febrero de 1970).
La alegría y el disfrute de Quini, en cualquier acto de convivencia vecinal, la transmitía rápida y gratamente al resto del grupo que, a su vez, la compartía. Quien aquí escribe da gracias a Dios por haberle concedido el privilegio de conocer a Quini y a otras personas que como él, han pasado o continúan por el Barrio de la Vida, haciendo el bien. (Textos: Ramón Ruíz Martínez).
342. MANUEL ROMERO PLANAS. Un itinerario imposible.

En la imagen del grupo, posiblemente el autor de los Baños Termales, el maestro mayor Manuel Romero Planas, acompañando a las autoridades, en una visita de inspección. A la derecha de la imagen se puede apreciar a obreros y un andamio. La casi totalidad de su obra ha desaparecido. (Foto Colección Carlos Pumar Algaba).
Se cumple estos días (diciembre de 2007) un nuevo aniversario de la declaración de la ciudad como conjunto histórico-artístico y es tiempo también de seguir lamentando la furtiva y obstinada expoliación de su casco histórico, que está dejando una ciudad sin memoria de su pasado arquitectónico a cambio de no sabemos qué futuro. Uno de los ejemplos más deplorable de esta situación es la obra del maestro mayor Manuel Romero Planas (1895-1944), desaparecida en su mayor parte a causa de intervenciones en las que primó el desprecio hacia su valor patrimonial, incluidos algunos edificios de los felices años veinte que llegaron a erigirse en referentes de la promoción de la ciudad, como los Baños Termales y la casa de Sánchez-Cossío, en la plaza de Peral.

La Casa de Sánchez Cossío, donde con el tiempo estaría el Banco Español de Crédito y, posteriormente la Caja de Ahorros de Cádiz. También estaba la Taquilla de la Plaza de toros. A la izquierda, barriendo la acera de la casa de Luis Pérez Grant. (Foto Colección Carlos Pumar).

El mismo espacio, en la actualidad, han desaparecido la mayoría de las casas que se veían en la imagen anterior. (Foto: Carlos Pumar Algaba).
Manuel Romero Planas había nacido en El Puerto el 1 de octubre de 1895, realizó sus estudios de aparejador en Sevilla y Cádiz y fue nombrado maestro mayor de obras titular del Ayuntamiento de la ciudad el 4 de diciembre de 1918, tras la renuncia de José Romero Lora, su antecesor en el cargo, y en el que permaneció hasta su prematura muerte, el 21 de junio de 1944.

Interior de los Baños Termales. (Foto: Colección Carlos Pumar Algaba).
Continuador de la arquitectura del siglo XIX, es la fábrica de harinas de la calle Postigo el primer proyecto del que se tiene constancia, siguiéndole una serie de reformas de fachadas hasta 1921, en que realiza la bodega del Fino Coquín, en Pozos Dulces, así como uno de los edificios más emblemáticos de la época: los Baños Termales. Situado en la rotonda de la Puntilla, se erigió en aquellos momentos en símbolo de la incipiente promoción turística de la ciudad.
Dos años después llevó a cabo el proyecto de otro de los inmuebles de mayor atractivo en la ciudad, compendio de eclecticismo arquitectónico: la casa de Sánchez-Cossío, en la esquina de la plaza de Peral y la calle Larga, donde se encontraba el 'Casinillo', y realizó también la reforma del palacio de Cumbre Hermosa, en la manzana Valdés, Aurora, Bajamar, suprimiendo sus entresuelos.

Detrás del Corazón de Jesús, la Casa de Martínez de Pinillos. (Foto Colección Mata).

Detalle de fachada del jardín de la Casa de Martínez de Pinillos, en la confluencia de las calles Cielos y Larga, detrás del Corazón de Jesús. (Foto José Luis Benjumeda).

El mamotreto existente -Edificio Carabela- en el lugar donde estuvo la Casa de Martínez de Pinillos. Inexplicablemente se autorizó en 1989. La foto es en la actualidad. (Foto Vicente Utrera - Alberto Trigueros).
Posteriormente surgen dos proyectos en los que aparecen las plantas de distribución diseñadas con la exquisitez de la sociedad de la época: en 1926, la fábrica de conservas Sur, de Roberto Osborne y en 1927 la casa de Benjumeda Martínez de Pinillos en la plaza de los Jazmines, al comienzo de las calles Larga y Cielos, algunos de cuyos elementos se adivinan hoy sobreviviendo aplastados bajo el enorme lienzo de fachada que se le ha superpuesto. Si las construcciones industriales ocuparon gran parte de su actividad profesional, fue de esta clase la última obra que realizó, un almacén para Obras Públicas, en la margen izquierda del Guadalete, durante la etapa como ingeniero de Obras del Puerto de don Antonio Durán, a principios de los años cuarenta. Fue el primero de estos edificios que se sustentaba mediante arcos de medio punto, realizándose después cuatro más con la misma estructura, todos también derribados hace escasas fechas.

El Cinema España inaugurado en mayo de 1941, poco antes de la muerte del autor del edificio, nuestro maestro mayor Romero Planas. El cine cerraría en 1974. (Foto Colección Carlos Pumar Algaba).

El Cinema España en la actualidad alberga un bar de tragos largos. En la década de los ochenta del siglo pasado, tuvo en su interior y terraza un restaurante de comida rápida y confitería 'La Cabaña de McCobo'. (Foto Carlos Pumar Algaba).
Desgraciadamente, ese ha sido el fin de buena parte de su obra. A día de hoy ha sido en su mayor parte borrada constituyendo, salvo para la memoria y algún testigo como la fachada del Cinema España, un itinerario imposible de recorrer. (Textos: José Ignacio Buhigas Cabrera).

