
Javier Alonso Osborne es un periodista porteño, actualmente director adjunto de la Revista ¡Hola!, donde trabaja desde hace 25 años. Hijo de María Teresa Osborne Tosar y del extremeño Javier Alonso Sotillo, nació circunstancialmente en Madrid durante la Guerra Civil en el hoy inexistente hospital Francés, el 21 de abril de 1937, siendo hijo póstumo pues su padre moriría asesinado durante los tristes episodios de Paracuellos del Jarama (Madrid), en 1936. (Foto: Javier Alonso Asensio).
Su padre, funcionario de Patrimonio Nacional, había sido detenido en su domicilio de San Lorenzo del Escorial por milicianos republicanos, y trasladado a Madrid. A partir de ese momento su madre, que también se traslada a la capital, no tendrá ya más noticias ciertas de su marido. (En la imagen, Antonio Alonso Sotillo, su padre).
Consigue un visado del consulado para abandonar con su hijo España, vía Valencia en dirección a Marsella. De allí viajarían a San Juan de Luz y de nuevo en España por Irún, Fuenterrabía, San Sebastián… hasta cruzar la Vía de la Plata y llegar a su Puerto natal. Aquí, tres años después conocerá el triste final de su esposo. Aquí en El Puerto, con ocho o nueve años, Javier se enterará del trágico suceso.
PICOLO: INFANCIA EN EL PUERTO.
En casa de su abuela habían viviendo unos soldados italianos. El grueso de la tropa estuvo alojada en el Cuartel de Caballería de la Plaza del Polvorista. Según cuenta Javier, recordándolo: «La cosa es que aquellos señores, que eran muy simpáticos según mi madre, y que hablaban muy mal el andaluz, vamos, el español, me cogían en brazos y me subían por encima de sus cabezas, como se hace con los niños chicos parar hacerles reír, y todo el rato decían: «¡El píccolo! ¡El píccolo!». Y ‘Picolo’ --pequeño, en italiano-- se le quedó como sobrenombre cariñoso por el que le conocen sus amigos.
Javier (en la imagen de la izquierda, vestido para la Primera Comunión) estudiará en El Puerto, hizo la primera comunión en las Carmelitas y en el Colegio de San José y San Estanislao, donde tendrá como condiscípulos a Crespo, Rascón, Gonzalo Benjumeda, Borja Osborne Vázquez, … ; luego vendría el Colegio de El Palo (Málaga), donde cursa el bachiller para mas adelante trasladarse a Madrid a hacer lo que siempre quiso hacer, periodismo. “Siempre me gustó escribir”. Así obtiene el título de Periodismo en la Escuela Oficial de Madrid.
PERIODISMO: DIEZ MINUTOS Y ¡HOLA!
Al finalizar los estudios de Periodismo con 23 años, Joaquín Valdés Sancho, --que fue para nuestro protagonista un maestro, del que hablamos en GdP en la nótula núm. 410 de María Merello--, y que era propietario de varias publicaciones, entre ellas ‘Anuario del Gran Mundo’ y ‘Diez Minutos’ lo fichó en 1960 para esta última publicación donde trabajaría por espacio de 25 años, sustituyendo a su mentor en las tareas de Director, por espacio de 12 años.
En septiembre de 1985 es contratado como subdirector por la Revista ¡Hola!, al año de fallecer su fundador, el rondeño Antonio Sánchez Gómez, donde ya lleva 25 años y, desde hace dos en las funciones de Director Adjunto. Recientemente, el 14 de julio pasado, ha fallecido Eduardo Sánchez Junco, hijo del fundador de la revista y, en la actualidad, continuando la saga familiar, el medio es dirigido, con gran éxito por su nieto Eduardo Sánchez Pérez, con la colaboración de sus hermanas Mamen y Mercedes, quienes tienen casa en El Puerto.
La publicación, nacida en 1944, tiene 12 millones de lectores en todo el mundo, alcanzando 13 ediciones y llegando a 70 países. La expansión de la marca dio comienzo en 1988, con el lanzamiento de la edición inglesa Hello!, estando presente en países tan dispares como Rusia, Canadá, Grecia, India, Turquía o Tailandia mientras que actualmente tiene hasta siete ediciones online (Reino Unido, España, México, Canadá, Rusia, Grecia), siendo Zinio la proveedora de Internet. Hola es la "revista mas respetada dedicada a la intimidad y el éxito de personalidades de diferentes ámbitos", así se define la propia revista en la recién estrenada edición brasileña.

Con S.M. el Rey, en una recepción en el Palacio de la Zarzuela, una vez repuesto tras el accidente que tuviera el monarca, esquiando en Suiza.
PERIODISMO POLIFACÉTICO.
Durante estos 50 años simultaneaba sus trabajos en ambos medios con otras ocupaciones esencialmente ligadas al periodismo. Así, prestaría sus servicios profesionales a partir de 1965 por mediación de quien fuera Ministro de Exteriores, Alberto Martín Artajo, en la Editorial Católica, donde trabajaría por espacio de diez años en las redacción del diario ‘Ya’; se fue al morir Franco.

Javier Alonso recibiendo el premio 'Popular' del diario 'Pueblo' de manos de Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona.
Y como Jefe de Redacción de tarde en la agencia de noticias ‘Logos’. Un colaborador de Gente del Puerto, Antonio Gutiérrez era el corresponsal en nuestra Ciudad de Logos y, aunque nunca se conocieron personalmente, recuerda que hablaron mucho por teléfono. Gutiérrez rememora como, con la noticia del accidente que sufrió Mariana Mateos, la primera esposa de Fernando T. de Terry Galarza cerca del desaparecido restaurante ‘Mi Casita’, en el que perdieron la vida ella y la asistenta doméstica, recibió por parte de Logos una mención o premio a la noticia más humana.

Unos jóvenes Javier y Rocío Jurado.
NOVELISTA
En 1972, su novela ‘Martín Grís’ “bella y triste a un tiempo” como escribiría el escritor Alfonso Grosso en su prólogo, quedó finalista del Premio ‘Café Gijón’. Hay quien afirma que, por razones de oportunidad política, no consiguió el premio que fue para un cubano: el padre de Mayra Gómez Kemp.

Javier, en un pulso contra dibujante de prensa, Antonio Fraguas 'Forges', descubrimiento de nuestro protagonista para la Revista 'Diez Minutos'.
Casado en octubre de 1963 en Madrid con la también periodista María Eugenia Asensio Iglesias, a la que conoce en la Academia de Luis María Ansón haciendo el preparatorio para la Escuela Oficial de Periodismo. Tienen cuatro hijos, María Eugenia, Alfredo, Elena –licenciada en Ciencias Políticas y Periodismo—y Javier fotógrafo de la revista ¡Hola!, quienes les han dado seis nietos. Aquí tiene casa en la Costa Oeste, donde aprovecha para relajarse e impregnar su retina de la luz y el color del mar de El Puerto.

En la reciente boda de Lolita Flores.
Portuense hasta la médula, su madre siempre le inculcó el amor a esta tierra, el amor a El Puerto. "Siempre me llamó la atención como dos escritores antagónicos en cuanto a las ideas políticas, Alberti y Muñoz Seca, vivieron en la misma manzana donde estudié las primeras letras: en las Carmelitas, calle Nevería, donde vivió Muñoz Seca y en Santo Domingo, Rafael Alberti”. Unidos desde la cuna, separados por la política, ambos hijos ilustres de El Puerto.
‘A MI MARIDO LO ASESINARON EN PARACUELLOS’.
“… No tengo más remedio que responder a las preguntas cada vez más insistentes de mis hijos y de mis nietos, algunos de ellos ya en edad de exigir contestaciones objetivas y concretas… De pronto me acordé del diario de mi madre que tuve olvidado durante setenta años, pero que la ‘memoria histórica’ había desenterrado, casi un siglo después, por la incesante búsqueda de fosas y trincheras, dormidas en la injusticia de los tiempos, para reivindicar a un abuelo muerto, cuando en casi todas las familias españolas hay un padre, un abuelo, un capitán republicano o de las tropas franquistas, o un tío cura cuya foto, ya casi olvidada –ni roja ni azul--, permanece en la cómoda del pasillo o en cualquier cajón sin que ni los hijos ni los nietos pregunten detalles de aquella guerra que debería ser una lección para aprender a vivir en paz, en libertad y democracia sin buscar, nunca más, revanchismos y nuevas venganzas…” Escribe Javier en su libro “A mi marido lo asesinaron en Paracuellos”, historia en forma de diario del puño y letra de la madre del autor, publicado por la Editorial Martínez Roca cuya reseña puede leerse en la nótula 591 en Gente del Puerto. María Teresa Osborne fallecería en Madrid el 27 de diciembre de 1987.

Enrique Fernández de Bobadilla y Lassaletta es de los portuenses nacidos en Sevilla, el 9 de octubre de 1957. Es el cuarto de siete hermanos, tres por delante y tres por detrás, fruto del matrimonio celebrado entre Rafael Fernández de Bobadilla y González Abreu y la portuense Pilar Lassaletta Pemartín, apellidos que recuerdan claramente su vinculación con el mundo de las bodegas del Marco del Jerez-Xérès-Sherry.
Su infancia la vivió repartiendo su tiempo por estaciones: los otoños e inviernos en el Hotel Madrid donde su padre, abogado que nunca ejerció, --acaso de ahí vendría su vocación de director de hotel como lo ha sido en El Puerto-- y la primavera y los veranos en la sevillana Barriada de los Americanos --Santa Clara--, y pasaba temporadas en la casa de sus primos, en el Recreo de las Marías, en la carretera de Sanlúcar, donde hoy existe una Escuela de Hípica del mismo nombre. Estuvo hasta tercero de bachillerato en el Colegio Portacoeli de los Jesuitas, en la capital hispalense. En 1972 se traslada con la familia a Madrid, ya que su padre se hace cargo de la Restauración de los Hoteles Ritz y Palace (en la imagen de la izquierda, fotografía nocturna de la puerta principal de éste último), estudiando en el madrileño Colegio Velázquez hasta la finalización del bachillerato.


SEVILLA Y LA EXPO’92
En su última etapa en hoteles ha ejercido como director en el Hotel Los Jándalos de Vistahermosa, durante siete años, (2002-2009) hasta que, hace un par de años ha sido fichado por la nueva propiedad de Puerto Sherry, trabajando en el Area de Desarrollo de dicho complejo náutico, deportivo y turístico. Ahí ocupa su tiempo profesional actual, atareado en buscar nuevas actividades y oportunidades de negocio para crear y dotar de más vida el entorno del puerto deportivo más grande del atlántico sur de Europa.
SU FAMILIA.
En esta misma fecha, el 3 de agosto de hace 518 años, como es bien conocido, salió Colón de Palos buscando una ruta marítima para llegar a las Indias. Cruzó el Atlántico y descubrió para la corona española un inmenso y hasta entonces desconocido continente al que algunos llamaron “Nuevo Mundo” antes de que se popularizase el gentilicio de un personaje de segunda fila: Amerigo Vespucci quien, con la fuerza de su narrativa y la difusión de la incipiente imprenta, dio a conocer a toda Europa el importante descubrimiento.
Sabido es, igualmente, que este florentino afincado en Sevilla, viajó por primera vez al continente americano en 1499, en calidad de segundo piloto en la expedición de Alonso de Hojeda que, con Juan de la Cosa de primer piloto, partió desde el fuerte de Santa Catalina, entre el Buzo y Puerto Sherry.
Aquí y ahora, en este día, quiero aportar mi granito de arena de investigador aficionado a esa enorme montaña de datos recopilados por licenciados y doctores en historia relacionados con El Puerto y el hecho que comentamos. Se trata del entronque de la familia de un ilustre paisano con descendientes directos de Cristóbal Colón.
EL ENTRONQUE CON LA FAMILIA DE COLÓN.
(En la imagen de la izquierda, la Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo a la constancia militar).
GENEALOGÍA de
(En la imagen de la izquierda, Digo Colón Muñiz, hijo de Colón, I Duque de Veragua).
Retomamos la genealogía, retrocediendo hasta Antonio Bernardo de Colon. Otra hija llamada Antonia Colon de Larreátegui y Sentís fue la madre de Luis Gómez-Colon de Larreátegui , que casó con Manuela Iparraga, procreando a Jose Miguel Gómez-Colon de Larreátegui que casa con su parienta Teodosia, con la que finalizamos la anterior cita genealógica. El hijo de este matrimonio, José María Dámaso Gómez-Colon de Larreátegui, en el que convergen dos ramas de descendientes, contrajo matrimonio en La Habana con la hija de José Maria Chacón, Josefa Maria Chacón y Maldonado y su único hijo varón Guillermo Gómez-Colón Chacón, nacido en El Ferrol en 1846 será el continuador, --al casar con Maria Rita Salazar y engendrar a Guillermo Gómez-Colon y Salazar, capitán de Infantería y poseedor de 5 Cruces Rojas de primera clase del Mérito Militar--, si se nos permite la expresión, de la dinastía portuense cubana de Colón. (En la imagen de la izquierda, Guillermo Gómez-Colón y Salazar).
Continuamos con Ernesto, casado con María Teresa Otero Sanchez-Bustamante. Igual que el anterior, en la 3ª generación se perdió el apellido; Eduardo, corresponsal de banca, que casó con Ramona Docavo Alberti, de cuya unión tuvieron tres hijos varones, los cuales entroncaron con diversas y conocidas familias portuenses: los Gaztelu, Govantes, Jiménez o Cuvillo, entre otras. Finalmente, Agustín Merello Alberti, fue el más buscavida de sus hermanos, posiblemente obligado por su carga familiar. Sus actividades profesionales eran varias. Entre ellas, la más productiva y rentable, quizás, la de contratista de obras. Un ejemplo de esta actividad lo hemos encontrado en los Protocolos Notariales de El Puerto de 1879. Se trata de un documento de cesión de derechos, en realidad una subcontrata, de las obras nuevas de la carretera de Benaocaz a Utrera que se había adjudicado en casi medio millón de pesetas “de las de entonces” para realizar dicha obra en un periodo de 5 años, adjudicación que, mediante este documento notarial que citamos, traspasa a José de la Cuesta Gómez. (En la imagen, Anís La Sota de Bastos, de Merello Hermanos, 'marca registrada con el núm. 1 de la provinica de Cádiz).
Todos los hermanos, sus esposas e hijos vivían en la misma casa, formando una comunidad familiar alrededor de los padres, compartiendo cocina, comedor, salón y otras dependencias de la finca, situada en la calle Fernán Caballero. En el documento notarial de partición de bienes de Ernesto Merello Alberti, fallecido en 1890, se indica: “… no se determinan los muebles porque el finado, junto con sus cuatro hermanos restantes, esposa e hijos, todos vivían en una sola casa reunidos, constituyendo una sola familia.” (Etiqueta de 'Jerez Selecto, especial para enfermos', de Merello Hermanos. Proveedores de SS MM los Reyes de España, Suecia y Noruega, según reza en la etiqueta).
A continuación de la especie de comuna familiar, donde se encuentra actualmente un convento de religiosas, haciendo esquina con la calle Jesús Nazareno existía una finca propiedad de doña María Catalina Alberti que heredaron los hermanos Merello, nombre comercial que utilizaban para comercializar sus productos, cuyas bodegas se encontraban en esa misma calle, a continuación de la casa antes citada, aunque con entrada por la calle paralela de Los Moros. El negocio de extracción de vinos, sin ser de los más importantes en su época, más o menos podemos ubicarlo entre los treinta principales criadores y exportadores de la localidad, contando con viñedos propios en el término de Jerez en los pagos denominados “Santo Domingo”, “Tablajete” y “Balcargado”, utilizando en anuncios publicitarios y en las etiquetas de sus productos la leyenda: “Proveedores de S.M. el Rey de Suecia.” (Etiqueta de Amontillado N.P.U. de Vicente Alberti, padre de Rafael Alberti. Debajo, firma del padre del poeta, Vicente Alberti Sánchez-Bustamante)
Agustín Merello Alberti, falleció el 12 de abril de 1893, contando 51 años de edad. Su numerosa prole, de 10 u 11 hijos, serían los progenitores de la práctica totalidad de los portuenses contemporáneos de este apellido –Merello Alvarez, Merello López de Meneses, Merello Cuvillo, Merello Govantes, Merello Pastor, Merello Díez, Merello Reynolds, Terry Merello y Castro Merello- y también herederos del 1/5 de participación en los negocios familiares mencionados que correspondía al padre. Por otra parte, la de su otro hermano Julio, Merello Alberti (en la imagen de la izquierda) existió una desvinculación física, al estudiar ingeniería y cambiar su residencia por motivos profesionales, contribuyendo todos estos motivos apuntados a que, en los primeros años del siglo XX ya no existiese el pequeño imperio comercial forjado por Vicente Merello medio siglo antes.
Citamos a los
03.-CARMEN MERELLO GOMEZ (MONJA)


08.-ELISA MERELLO GOMEZ (MONJA)


Comienza José a trabajar en las Bodegas Osborne, y hace sus pinitos en política fundando un partido que nunca llegó a cuajar. Durante el inicio de la Guerra Civil es movilizado y sirve como alférez provisional en África. En uno de los permisos, vuelve y se casa con Lalo el 17 de octubre de 1938. Tras la contienda se van a vivir de alquiler a la calle Pagador, y más tarde a Cielo nº 81. Le han guardado su puesto en la bodega Osborne. Fruto de esta relación nacen 6 hijos: José, Milagros, María Teresa, Luís, Inmaculada y María Ángeles Alba Medinilla. En los años 60, siendo Alcalde Luis Portillo, fue concejal de Fiestas. Igualmente fue miembro activo del Racing Club Portuense y tesorero de las Conferencias de San Vicente de Paúl, organización encargada de visitar en sus domicilios a enfermos, a los que entregaban bonos de pan y leche. En el año 1962, Osborne le traslada a Tomelloso (Ciudad Real) donde pasa varios años y cuando se jubila decide irse con su mujer y su hija aún soltera, María Ángeles, a Sevilla, donde fallece a los 78 años de edad.
María Teresa Alba Medinilla. Nace el 29 de diciembre de 1942, aunque su carné de identidad dice 1 de enero de 1943, porque el Registro Civil estaba ya cerrado cuando su padre “se acordó” de ir a inscribirla, y así evitó la multa. Se casa con José Luis López Franco el 26 de diciembre de 1964 y viven desde entonces en El Puerto. Todos sus hijos son portuenses: María Teresa; María José; José Luis, Santiago y Fernando. Tiene dos nietos. (En la imagen, natalicio de su hijo José Luis, publicado en la Hoja del Lunes del 23 de junio de 1968).
Luis Alba Medinilla. Nace en 11 de diciembre de 1944 Desde muy joven quiso ser sacerdote y tenía montando en un armario de la calle Cielo un altar desde donde impartía “misa” a todos sus hermanos. Licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca. Se casa el 14 de junio de 1976 con Consuelo Guerra Pérez. Tiene dos hijas, Susana y Beatriz. Ya jubilado, vive en Madrid aunque hace poco ha vuelto a sus raíces: se ha comprado una casa en El Puerto y ha ingresado en la Hermandad de la Flagelación de donde es secretario segundo y archivero.
María de los Ángeles Alba Medinilla. Nace el 20 de diciembre de 1949. La más pequeña, la “pelusa”. De ahí el apodo cariñoso que le pone su padre (Peli) que hoy conserva. Se casa con Joaquín Aleu Morales el 29 de diciembre de 1984 y se traslada a vivir a Puerto Real, donde vive actualmente. Enfermera, trabaja durante muchos años en el Hospital Zamacola en Cádiz y ahora está ya jubilada. Ambos son unos enamorados del campo: tienen una casa en El Marquesado con una parcela donde siembran de todo. Hace poco celebraron por todo lo alto sus bodas de plata. Tiene un hijo, Francisco José.








(En la imagen de la izquierda, José Fernández Sanjuán, Pepe 'el del Vapor'. Foto: Faly). Antonio Carbonell, Secretario que fue de la Cofradía de Pescadores refería una tarea desarrollada por el Vapor en relación con el mundo de la mar: «Pepe y el Vapor fueron durante muchos años indispensables para el mantenimiento de la actividad pesquera portuense. Pues resulta que antes de construirse los espigones de Poniente y Levante en la desembocadura del Guadalete, obras que finalizaron en 1970, la entrada de arenas que arrastraban las corrientes litorales y formaban la barra en la boca del río, impedían que la práctica totalidad de los barcos pudieran pasar por el Guadalete a media marea o bajamar escorada. Entonces Pepe, a bordo del Vapor, con un instrumento formado por una pesa u otro metal colgado de una cuerda (sonda de mano, escandallo o plomada), no sólo medía la profundidad del río, sino que de la misma manera al colocar cebo en la pieza de metal, con tan solo tocarlo, iba conociendo la calidad de fondo de la desembocadura del Guadalete. Y Claro. Con esta maniobra, le permitía, al esquivar los cascajos y arenas del río, alcanzar la navegación correcta y, así, los barcos, al seguir el rumbo del Vapor, entraban en puerto sin esperar la pleamar. Esta laboriosa operación, además, era fundamental para evitar cualquier desgracia cuando las condiciones meteorológicas eran adversas, como por ejemplo, la niebla.»
El principio del milenio, nos ha llevado otra vez a lo antiguo, a recuperar costumbres y tradiciones que nunca se debieron abandonar, a volver a aplicar tecnología que han sido útiles durante miles de años y que, de forma inexplicable estaban prácticamente desaparecidas en nuestra Bahía de Cádiz.



Estamos convencidos que, cuando las líneas marítimas de pasajeros, numerosas y múltiples en sus recorridos, rápidas y con horarios amplios, frecuentes y flexibles, sean una constante en la Bahía, como lo son hoy los catamaranes puestos en marcha por el Consorcio nuestro Vapor Adriano III volverá a ser el buque insignia de la flotilla de barcos de pasajeros gaditanos, y de quienes nos visiten, pues el uso turístico es su mejor y más claro cometido de presente y futuro.
Tal dignidad no se alcanza de forma gratuita, pues son ya 80 años, desde que aquel lejano 1929, José Fernández Fernández, y sus cuatro hijos, llegasen a bordo del ‘Adriano I’ a aguas de nuestra bahía para cubrir el trayecto de El Puerto-Cádiz. 


Un día del mes de julio de 1958 conocí a un venerable gitano. Se llamaba Miguel Niño Rodríguez "El Bengala". Estaba sentado, al fresco, en el sardinel del zaguán de su casa en la calle Pagés del Corro de Triana. Me dijo, nada más conocerme, que él descendía de El Puerto y le presté gran atención. Me contó que su tatarabuelo fue Pedro Niño Boneo "El Brujo", nacido en El Puerto en 1819 y artífice de una siguiriya y una toná que llevan su nombre y que eran desconocidas por todos. "El Bengala" las conservaba y dio cuenta cabal de ello en la III Fiesta del Cante de los Puertos en 1973. Conocía, además, la toná de los Pajaritos y un sin fin de romances de tipo épico e histórico que debía a su memoria y a la tradición recibida de, por lo menos, su tío bisabuelo, Juan José Niño López, el más completo romancista que se ha conocido en todo el mundo hispánico y que había nacido en El Puerto en 1859.
Por tristes cuarenta reales




María se casa en 1950 con Ignacio Valdés Sancho, hermano de Joaquín, fundador y director de la Revista 'Diez Minutos'. Aunque nacido en Sevilla, su familia materna y su propia madre era de El Puerto, emparentado con el bodeguero Hipólito Sancho García, padre del historiador Hipólito Sancho de Sopranis. Vivieron, a partir de entonces, en la planta baja de una casa de la calle Pagador, 16., donde tendrían de vecino a alguien que, con el tiempo, alcanzaría justa fama de escritor. Tuvieron siete hijos: Francisco de Paula (+), María, Berta (+), Ignacio (Director de Arte de
¿Acaso fue ese el origen literario del escritor? Veamos que dice propio Mendicutti: «Siempre cuento que mis precoces, bochornosos y --en su momento-- celebradísimos inicios literarios tuvieron que ver con Rafael Alberti, aunque es verdad que de un modo tan indirecto que a lo mejor más de uno piensa que eso es coger el rábano por las hojas. El caso es que, cuando yo tenía 6 o 7 años y vivía en El Puerto, una vecina nuestra, María Merello, prima hermana de Alberti, nos contaba a sus hijos y a mí y mis hermanos, sobro todo en las tardes de lluvia, unos cuentos fascinantes que no he vuelto a leer o a oír en ninguna parte: al cabo de muchos años, María Merello me reveló que eran cuentos que ella había oído en su casa y que seguramente acabarán perdiéndose porque nadie los ha escrito nunca. Bueno, yo una vez escribí uno. Quiero decir que, un buen día, arranqué unas páginas de un cuaderno escolar, las doblé por la mitad y las cosí por el canto con un hilo, para fabricar un libro, y allí escribí una historia cuyo encanto al parecer no conseguí estropear del todo con mi, por lo demás, comprensible torpeza. Cuando los mayores de la casa leyeron el cuentecito cayeron todos en trance: «--Este niño va a ser un Pemá», repetían una y otra vez, arrebatados de admiración. Pero María Merello, en un momento en el que estábamos los dos a solas, con una sonrisa entre cómplice y pícara, me dijo: «--Al principio, todos los escritores se inspiran en otros, ¿verdad?». Porque ella sabía que aquel cuentecito estaba calcado de uno de los que ella nos contaba, pero no me delató. De haberlo hecho, y por culpa de la vergüenza, seguro que yo no habría vuelto a escribir jamás una sola palabra. No lo hizo, María Merello no le contó la verdad a nadie, y eso me ayudó, como ninguna otra cosa en la vida, entonces y en el discurrir del tiempo, a descubrir el encanto, el desafío, el dolor, la alegría y el compromiso de la escritura. Solo puedo decir que siempre que se me ocurre preguntarme por qué demonios escribo, recuerdo aquellas tardes lluviosas de El Puerto, la voz levemente afónica y el acento delicado de María Merello, aquellos cuentos fascinantes que nos contaba, y hay en todo eso un eco misterioso y seductor de los versos de Alberti, un parentesco raro y enigmático que me permite evocar el feliz descubrimiento de la escritura y llena de sentido y necesidad el sinuoso empeño de escribir».
UNA MUJER EN VESPA.
CUENTOS, POESÍAS Y JUEGOS.


Hija de Javier Govantes de Soto, natural de Osuna (Sevilla) y de la porteña Teresa Pico Ferrer, vino a nacer a El Puerto, como la mitad de sus 10 hermanos con ella, y bautizada en la Prioral para, a los pocos días regresar al Osuna paterno donde se crió y vivió su primera juventud.





Era y es una gran aficionada a la Feria, ¡ojú! donde cantaba flamenco –no existían aparatos de megafonía en aquellas Ferias de Ganado- y bailaba y enseñó a bailar a muchos. Recuerda que con el locutor de Radio Puerto, 











El padre de nuestro protagonista era Ingeniero de Minas, compañero de promoción y amigo de
VICISITUDES EN LA GUERRA INCIVIL.
Adriano recuerda que su madre, con la guerra ganada por el bando rebelde, recibió una llamada de la policía para que confirmara que el acusador de su padre era un conocido zapatero del barrio. Ella les explicó a sus hijos, en un ejercicio de generosidad y para nada revanchista que “--Ni estoy segura, aunque existen ciertas pruebas, ni voy a ser responsable del ajusticiamiento de nadie. Bastante tendrá con su conciencia y con lo que ha hecho”. Adriano, sigue recordando, que “hay que olvidar y ser generoso. Aunque cada uno tenga sus ideas y sus opiniones. No tiene sentido. Aquello no fue nada bueno”. (En la imagen, una joven Tula Ruiz Golluri, fotografiada por Raymundo en 1918. Foto Colección AGLR).
Adriano está unido a El Puerto por muchas razones, familiares y personales, y el único inconveniente que señala es que está a 654 kilómetros de Madrid. Casado con Carmen Verastegui Villafiero, con quien ha tenido dos hijos, y de momento tres nietos, está emparentado con tres alcaldes de El Puerto: su abuelo Joaquín Ruiz y López, en 1904 y 1907; su tío Eduardo Ruiz Golluri, en 1930 y José de la Cuesta Aldaz, en 1903 y 1930. La hija de éste, Pepa de la Cuesta, casó con el hermano mayor de su madre, Joaquín Ruiz Golluri. El hijo de ambos, Joaquín Ruiz de la Cuesta –primo de nuestro protagonista—reside en Barcelona con algo más de 80 años y una mente muy lúcida, con quien gestionamos ponernos en contacto. (En la fotografía, Eduardo Ruiz Golluri, tío de Adriano).
Algún día contaremos en estas páginas las alambicadas circunstancias que propiciaron la súbita ruina del que fuera alcalde José de la Cuesta. Los cuatro Adrianos de la familia, su padre, el mismo, su hijo y su nieto, han estudiado en los Jesuitas o lo va a hacer, como es el caso de su nieto. (José de la Cuesta Aldaz, tío abuelo de nuestro protagonista).
DISCURRIR PROFESIONAL Y ACADÉMICO.
«El Puerto de Santa María es el lugar ideal para pasar el verano, o para disfrutar de unas vacaciones, sin lugar a dudas, no tiene por qué ser el más bello del mundo, ni el de las mejores playas, ni el de los mejores restaurantes. Para mí es aquel lugar que te llama siempre, al que te atan raíces profundas, en el que jugaste de chaval, en el que te enamoraste por primera vez. Aquel rincón donde estaba la vida, la vida auténtica, la que te llenaba siempre.
