| Texto: Juan José López Amador
No es fácil contar parte de la vida de una de las personas más ilustres, de todos los que están relacionados con nuestra ciudad. Una persona que no nació en ella, pero toda su vida estuvo vinculada a la misma. El Excelentísimo Señor D. Juan Gavala y Laborde, nació en Lebrija, Sevilla el 6 de julio de 1.885. Siendo aun muy joven se traslada con su familia a El Puerto de Santa María.
Durante varios años realiza sus estudios en el Colegio San Luis Gonzaga, recibió la ayuda del profesor Reverendo Padre Francisco Torres, quien no solo le enseña Griego y Latín, además, le dió el entusiasmo y aliento que a veces necesitó. Se Doctoró como Ingeniero de Minas, y pronto comenzó su larga investigación geológica, realizada por todo el territorio nacional, y principalmente desarrollada en la provincia de Cádiz. Al mismo tiempo, publicaba los resultados de sus estudios.
CALLE DE LA NARANJA Y PLAZA DE JUAN GAVALA.
Del primero que tenemos noticia data del año 1917, año en el cual soluciona graves desperfectos de la conducción de aguas del Tempul, y es declarado hijo adoptivo de Jerez de la Frontera, y a una calle (Naranja) se le llamará con su nombre hasta el año 1979, cuando de nuevo se le llamara Naranja. Actualmente grupos socioculturales de Jerez, piden de nuevo que la calle se llame de Juan Gavala y Laborde.

En nuestra ciudad una pequeña, pero singular plaza lleva su nombre, esta situada en pleno centro histórico de la ciudad, junto a la Iglesia Mayor Prioral, y de donde parte una de las calles más carismáticas del centro, Luna.

Foto familiar realizada en las primeras décadas del pasado siglo en los jardines de la Casa-Quinta de la Familia Ruiz López (actual Hotel Duques de Medinaceli). De pie, de izquierda a derecha, Tula Ruiz Golluri, María Ruiz Golluri, Joaquín Ruiz López, Joaquín Ruiz Golluri y Ana Ruiz Golluri. Sentados, de izquierda a derecha: María Jesús Ruiz Golluri, Emilia Morante Seytre, María Febrés Morante y Eduardo Ruiz Golluri. (Foto e identificación de Antonio Gutiérrez Ruiz, de su trabajo inédito ‘La Quinta de los Ruiz’). Más información en la nótula núm. 377 de Adriano García-Loygorri y Ruiz Golluri.
LA FAMILIA
Se casó D. Juan, en primeras nupcias, con Doña Ana Ruiz Golluri, nacida en nuestra ciudad en el seno de una familia ampliamente conocida, según creemos tuvo tres hijos. Queda viudo, y se casa en segundas nupcias con Doña Concepción Díaz. En su casa, al principio de la calle Cielos, donde los ventanales daban a la Plaza de los Jazmines, poseía una abundante biblioteca, así como una importantísima colección malacológica, con miles de ejemplares de todo el mundo, y con prácticamente todas las especies de la Bahía Gaditana, recogidas o adquiridas por él. Hoy por desgracia, esta colección se halla fuera de nuestra ciudad, adquirida por la Junta de Andalucía.
PUBLICACIONES
Entre sus publicaciones destacamos las siguientes: Regiones petrolíferas de Andalucía, 1917. Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema, 1918. Manchas Terciarias que rodean la Bahía de Cádiz-Mancha costera Pliocena del Puerto de Santa María, 1919. Mapa geológico de la provincia de Cádiz, 1924. Mapa geográfico de la provincia de Cádiz. Cádiz y su Bahía en el transcurso de los tiempos geológicos, 1927. Los filones argentíferos de Hiendelaencina, 1944. Memoria explicativa de la hoja numero 1.061-Cádiz, 1958. La geología de la costa y Bahía de Cádiz y el poema "Ora Marítima" de Rufo Festo Avieno 1959. El anclaje de las masas continentales. Discurso de ingreso. Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Madrid 1960. La geología, la gran impulsora del progreso. Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Madrid, 1968. Origen de las islas gaditanas. Instituto de Estudios Gaditanos. Cádiz,
No cabe duda que todos los trabajos causaron impacto entre los investigadores, pero entre estos destacaremos dos, la Hoja 1061, La geología de la costa y Bahía de Cádiz y el poema "Oda Marítima" de Avieno reeditado recientemente por la Diputación de Cádiz y ya agotado (por cierto que el original que se utilizó para realizar el facsímil es propiedad de Luis Suárez Ávila). El primero, porque hasta los últimos planos realizados por satélite, no ha sido mejorado, aunque aun es referencia obligada. El segundo es una obra de obligada lectura, no solo para la información geológica, sino también para la interpretación de la costa española en la antigüedad. La cartografía que acompaña este libro, reconstruye el área costera, especialmente de la Bahía de Cadiz y las marismas del Guadalquivir, en épocas antiguas, con una efectividad realmente asombrosa, como así han demostrado los trabajos dirigidos por las Universidades de Bremen y Sevilla, muy recientemente. (En la imagen, acuarela de Vicente Vega de la Plaza de Juan Gavala, en una vista desde la calle Vicario.).
NOMBRAMIENTOS Y DISTINCIONES.
Entre otros nombramientos, es requerido para el cargo de Director del Instituto Geológico y Minero de España durante los años 1954-55 así como Director General de Minas. Fue Director General de la Empresa Nacional ADARO, en Madrid, dedicada a la investigación y nuevas tecnologías de la época, donde procuraría empleo a muchos portuenses. Era miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y del Instituto de Estudios Gaditanos. También fue condecorado en varias ocasiones: Caballero de la Real Orden de Carlos III, Gran Cruz de las Órdenes del Mérito Agrícola, Mérito Civil, Alfonso X El Sabio, y Cardenal Cisneros.
Nos encontramos ante un gran hombre que merece todo nuestro reconocimiento, con méritos realmente extraordinarios, y una profesionalidad claramente expuesta en sus trabajos. Falleció el 8 de diciembre del año 1977 en El Puerto de Santa María. Hoy contamos en el edificio de Cultura, San Luis, donde estudio algunos años, con un retrato en la galería de portuenses-porteños ilustres, en la imagen inferior.

ADDENDA
Addenda a la revisión del Poema de Avieno 'Ora Marítima' en la que Juan Gavala revisa la última edición de su obra, reeditada por la Diputación y de nuevo agotado: "El estudio que precede del poema «Ora Maritima» de Rufo Festo Avieno se imprimió en el verano de 1957 mientras preparaba el texto y las láminas de la Memoria geológica de la Hoja de Cádiz, trabajo que por circunstancias especiales hube de interrumpir entonces y no pude reanudar hasta el pasado otoño. En los dos años y medio transcurridos desde la impresión de «Ora Maritima» he dedicado muchos ratos, a recordar y repasar los relatos de Avieno, con el afán de lograr localizaciones exactas de los parajes que menciona, y para ello he aquilatado la traducción de frases de sentido no muy claro del texto latino, y que se prestan a torcidas interpreta- ciones si no se da a las palabras el significado justo y el valor exacto con que el autor las empleó. Ese continuo dar vueltas al asunto me ha hecho ver que algunas localizaciones, que por rutina venían considerándolas incuestionables los comentaristas de Avieno, no tienen realmente justificación, y es preciso, en consecuencia, modificar ideas y conceptos, que a su vez influyen en la interpretación de otros pasajes del poema." Para ver el texto completo, pulsar.

A esta galería de mis conocidos ilustres no puedo evitar traer a Don Juan Francisco de Enciso y Monzón (El Puerto de Santa María, 1657-1735). Fue hijo del Capitán Don Juan de Enciso y de Doña María Monzón, gente muy principal relacionada con las galeras, la milicia, las Órdenes de Santiago y Calatrava y la clerecía.
Tradujo, en octavas reales, los doce libros de la "Eneida" de Virgilio, que dedicó a la Católica Majestad de Don Carlos II y aparecieron impresos por Cristóbal de Requena, en Cádiz, en 1698. Compuso un poema épico, en diez cantos, llamado "La Christiada" que vio la luz en las prensas gaditanas en 1694. Tradujo cinco libros de Tertuliano y escribió tener compuestas unas "Rimas latinas y castellanas", a más del libro "De la conveniencia de las letras humanas y divinas". (En la imagen, portada de la Eneida de Virgilio).
Pues lo que digo: yo lo conocí, en 1959, bien que mermado de carnes, enjutísimo e impasible, tocado con bonete, revestido con casulla, estola, manípulo y alba muy deteriorados y sin color preciso, aunque oscuro terroso y en olor de humedad.



Cuando estábamos en el centro, teníamos la diversión asegurada, aparte de ver los ensayos de los conjuntos y teatro, teniamos un televisor en blanco y negro, donde veíamos los programas musicales de la época, como “Noche del Sábado”, “Amigos del Lunes” e “Historias para no dormir” la noche de los viernes, a las doce de la noche, ya estabamos camino de casa. (Textos y Fotos: Francisco Ramírez Tallón).
Alberto Alcaraz Roca (1931-2009), natural de Roquetas (Almería) dejó huella en la Bahía de Cádiz. Murió en los primeros días de este mes de Octubre, tras una larga vida dedicada a la pesca. Con sus barcos, como el Roquetero, Enri, María la Belema, Rosa María Martí, Alver o Nuestra Señora de África, que faenaron en las costas del Mediterráneo y en Marruecos, 'en el moro', se dedicó en cuerpo y alma a su pasión. Mecánico naval en los años 70 se incorpora como armador a la flota pesquera portuense proveniente de Alhucemas y, según recuerdos que me cuenta Antonio Carbonell, quien vivió junto a él como secretario muchas horas de faena en la Cofradía de Pescadores portuense, no escatimaba ningún medio para mejorar la seguridad de sus trabajadores y la bonanza económica de ese puerto pesquero. (En la imagen, Alberto Alcaraz Roca, dirigiéndose a los pensionistas del mundo del mar, días antes de la Navidad, en el restaurante El Resbaladero. Diciembre de 1982). (La foto es de la Colección de A.C.L.)



Alberto fue socio fundador de la Federación Andaluza de Cofradías de Pescadores, llegando a ser su Vicepresidente; fue Presidente de la Federación Provincial de Cofradias de Pescadores de Cádiz y vocal de de zona suratlántica en la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores. Ahora, a sus 78 años presidía la compañía de seguros más prestigiosa del sector marítimo: Mutua de Riesgo Marítimo (Murimar) a la que reflotó y dotó de una nueva directiva, nuevos mercados e impulsó nuevos productos. (En la imagen, Alberto Alcaraz, en una fotografía tomada poco antes de su enfermedad).
Sonaba la sirena del vapor de las nueve cuando de las paredes del paritorio del hoy cerrado y casi en ruinas Hospital de San Juan de Dios, escapaba el primer llanto de Manuel Tosar Alvarez, nuestro protagonista. Fuera de la sala, el desaparecido Manuel Tosar Bayo recibía con orgullo la llegada de su hijo varón. Eran los primeros años de la década de los setenta.
Sin embargo, de todos los eventos a los que acompañaba a su padre y también a su tío Ramón eran los de naturaleza religiosa los que más despertaban su interés. Se considera un afortunado por poder contar con estos dos grandes maestros que le enseñaron a conocer los entresijos de su verdadera pasión y por la que es más conocido: el mundo cofrade. No en vano, su padre fue de los primeros hermanos de la entonces naciente Hermandad de Nuestro Padre Jesús Cautivo y María Santísima del Dolor y Sacrificio, mientras que Ramón Bayo era uno de los fundadores de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Flagelación y María Santísima de la Amargura (hoy también de San Joaquín y Santa Ana). Es de ésta última de la que se hizo hermano hace ya veintisiete años. También la Esclavitud cuenta a este hermano entre sus miembros. (En la imagen, a los pies del Cristo de la Flagelación y María Santísima de la Amargura, durante los cultos celebrados en marzo de 1989).
Recuerda con un cariño muy especial aquellas noches en las que sus padres lo llevaban al concurso de saetas y la magia que le transmitía aquella sala de la peña El Chumi, llena de humo y bullicio que se transformaba en silencio cuando se alzaba la voz del cantaor; o aquellos momentos tras la recogida de la Patrona, cuando junto a su padre y otros hombres de la hermandad ayudaba a empujar el paso de la Virgen hasta subirlo al presbiterio para que presidiera la octava que comenzaba al día siguiente; o el domingo de ramos en el que al ver pasar ante él el paso del flagelado comprendió que quería ser de aquella hermandad. En ella ha sido desde hermano de luz hasta costalero y posteriormente secretario de su Junta de Gobierno hasta que volviera a tomar su cirio como hermano de luz. (Instantánea tomada en el Centro Cultural Alfonso X el Sabio junto a su tío, Ramón Bayo, con motivo de una de las exposiciones en las que se exponían curiosidades y objetos de éste último).
Con apenas 24 años fue requerido para dirigir en Telepuerto un programa destinado al público cofrade de la ciudad. Desde el comienzo tuvo claro el nombre: “Sentir Cofrade”. Esta etapa le permitió conocer muy de cerca las inquietudes de las diferentes hermandades de El Puerto. Intentó, con los medios de los que disponía, que su programa fuera cauce para que la sociedad local conociera un patrimonio que considera infravalorado, ya que es imposible valorar aquello que no se conoce; y nuestras hermandades son las depositarias no sólo de imágenes y enseres de incuestionable valor, sino también de un descomunal capital humano y de una gran parte de la memoria histórica de nuestra ciudad.
Quien tiene la oportunidad de compartir con Manolo un rato de conversación descubre a una persona de fuertes convicciones que no tiene miedo al compromiso ni a las consecuencias que pueda acarrearle el hecho de defenderlas, para sí o para otros, porque entre los cofrades portuenses, como en otros colectivos, es bien sabido que siempre pueden contar con él. De todos es conocido que Manolo no es de los que esperan a que se le pida ayuda, sino de los que acuden a ver en qué puede ayudar.

Lo ha conocido prácticamente todo en la hostelería. Se inició en la década de los 50 en Cádiz cuando su tío puso en la plaza de San Juan de Dios una marisquería. Eran tiempos de bonanza en la ciudad y el muelle estaba en su apogeo. Eran famosos nombres como los Ortiz, Molinero, Sibón y la familia Baro, que recientemente ha recibido un premio del Ayuntamiento de Cádiz por su brillante labor en la hostelería. (En la imagen, Luis de primer barman, en 1968).
LLEGA A EL PUERTO.





Así se trajo para Cádiz el torta del Casar y setas como las criadillas de tierra o los boletus, además de la Técula Mécula, un postre típico de Badajoz realizado con almendras y huevos. (En la imagen, boletus con gambas y jamón ibérico).

PREGONASA, «una productora con guasa y sin trincar». Así es como denomina Modesto Barragán al equipo de colaboradores que ya están trabajando bajo su dirección para que, el viernes 19 de febrero de 2010, este periodista ubriqueño porteño gaditano,
NOVEDADES DE NUESTRO TIEMPO.
José García Sanz, --Pepe Sanz-- hació en Ceuta el 14 de diciembre de 1928. Con seis años, en 1934, sus padres se trasladan a nuestra Ciudad y aquí fijó su residencia, formó una familia y colaboró con multitud de causas sociales, educativas y deportivas hasta su óbito, hace ahora tres años. Casado con Milagros González Matiola, el matrimonio tuvo dos hijos. Lasaliano hasta la médula, el Ayuntamiento de la Ciudad le conceció el título de Hijo Adoptivo de El Puerto. Vivió sus últimos años en la calle Jorge Guillén, 4, en una barriada con nombres de calles de escritores y poetas. Su vida laboral la desarrolló en el mundo del comercio, regentando un almacén de comestibles y bebidas en la calle Chanca esquina con Ribera del Río.


De Pepe ha escrito el presidente de los vecinos del Palmar de la Victoria, Ramón Ruiz: “Dios, y las circunstancias, me han permitido conocer en El Puerto a personas que han pasado por el Barrio de la Vida haciendo lo mas difícil y a su vez lo más fácil, como es el Bien. Personas que con su altruismo, comprensión y ayuda a los Demás, han sido verdaderos cimentadores de Solidaridad y Paz. Entre estas personas a las que mi Fe me dice que hoy gozan de la plenitud del Reino de los Cielos se encuentra entre otros mi amigo Pepe Sanz, quien ha dejado en muchos niños de El Puerto --hoy hombres y mujeres--, y en muchas familias necesitadas, un autentico testimonio de Solidaridad y Amistad”.
A los pies de la sierra de San Cristóbal, al borde del antiguo estuario del Guadalete, donde los términos de Jerez y El Puerto de Santa María se confunden, se ofrecen a la vista del viajero
“A la caída de una hermosa tarde de mayo de 1869, caminaba por el arrecife que va de Jerez al Puerto de Santa María, un hombre ya entrado en años, que llevaba delante de si una burra”. Así da comienzo Caín, presentando a Miguel y a Joaquina, su mujer, que a lomos de la burra “Molinera”, recorren el “arrecife” (que sigue, aproximadamente el mismo trazado que la antigua carretera de El Puerto que hoy se conserva) en dirección a Doña Blanca. En su camino, tras encontrarse con Juan Pita, un hortelano que se dirige al mercado de Jerez a vender sus tomates, pasarán por el pequeño Puerto de las Cruces. (D



En Caín, no faltan tampoco las descripciones de las huertas de tomates, melones y frutales que se cultivaban (y aún se cultivan) junto al arrecife, en el Valle de Sidueña, mencionándose, a modo de ejemplo el “cojumbral” de Juan Pita. Se hace referencia también a otros caminos y veredas de estos parajes como el que en cierta ocasión toma Juan Pita, quien se aparta del arrecife y “…por un atajo que llaman La Trocha retrocedió hacia Jerez donde pensaba vender su canasta de tomates”. Aún se conserva todavía La Trocha y esta misma vereda fue trágico escenario de no pocos fusilamientos en 1936. Junto a todo ello, el relato ofrece valiosas referencias a los manantiales de Sidueña, en las proximidades del Castillo de Doña Blanca.
(En la imagen superior, lápida de 1887, indicando la Sala de Máquinas de las Aguas de La Piedad. Podemos ver la lápida en la imagen anterior, sobre el dintel de la puerta. En la imagen de la izquierda, monolito de acceso a la Granja de La Piedad. Fotos JMM).

EL LAZARILLO Y EL CAÑÓN.







