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El escritor, dramaturgo y ensayista Manuel Pérez Casaux nació en la calle  Luna, núm. 6, el 29 de enero de 1929, esquina a Jesús de los Milagros, donde en tiempos existió un Freidor de Pescado y hoy es una tienda de ropa en un nuevo edificio. Su padre, Manuel Pérez Martínez, natural de Puerto Real, delineante proyectista, era funcionario civil del ejército y estaba destinado en la Ayudantía Militar de Marina de El Puerto. Su madre, natural de San Fernando, pertenecía a una familia de marinos instalados en San Fernando en el siglo XVIII.

El año de su nacimiento, 1929, explosionaba en el muelle de El Puerto el Vapor ‘Cádiz’ que hacía el recorrido entre nuestra Ciudad y la capital. Ese mismo año se incorporaría al muelle de San Ignacio  la motonave ‘Adriano I’, que había estado efectuando el trayecto entre Sanlúcar y Sevilla, con motivo de la Exposición Iberoamericana. El investigador Antonio Gutiérrez constata que ese año «En El Puerto se palpaba la incertidumbre política y el deterioro de la monarquía; la ausencia del Teniente Coronel del Batallón de Cazadores de África, nº 7 y del Ayudante Militar de Marina al funeral por la reina María Cristina, organizado por el municipio, excusando ambos por escrito su asistencia, era una clara muestra. Asimismo excusó su asistencia el filántropo portuense Elías Ahuja Andria mediante una comunicación de su secretaria, sin firma».

En la imagen, el Vapor 'Adriano I', amarrado al muelle San Ignacio y el 'Adriano II' surcando las aguas del Guadalete.

Con apenas diez años, Manuel entró en el Seminario de Cádiz, donde estudió el Bachillerato. «En el Seminario escribía versos, a hurtadillas, que destruía el Padre Bueno». De allí se salió para estudiar Magisterio, simultaneando la enseñanza en la Escuela de Formación Profesional Sindical de Puerto Real y Astilleros de Cádiz, donde trabajó como traductor. «Luego, hice más versos y me los publicaron. Eran aquellas revistas aguerridas de provincias, que siempre han existido: ‘Advinge’, ‘Caleta’, ‘Thalassa’… Entonces se llamaban así».

Manuel Pérez Casaux, con su mujer, entonces novia, la gaditana Manoli Ruiz Marabot, en 1960.

VIAJANDO POR ESPAÑA.
Fue miembro activo del movimiento teatral y literario de la capital gaditana en torno a la segunda época de la revista Platero. Coincidiendo con la disminución del tráfico marítimo en Cádiz se traslada a Barcelona para enseñar como maestro de escuela y una vez en esta ciudad, se diploma en Comercio Exterior. Preparó multitud de oposiciones y trabajó en actividades diversas, entre otras para empresas consignatarias y de seguros marítimos y posteriormente, tras empezar a estudiar Derecho, estudios que no concluye, obtiene su Licenciatura en Filosofía y Letras sección de Lenguas Germánicas por la Universidad de Barcelona. «Estuve en el norte de España: San Sebastián, Santander Gijón, Vigo…, que sé yo. Madrid a veces, también. Luego otra vez el querido Sur: Jaén, Cádiz, los Puertos… me explotaron muchas veces». Gran conocedor del griego y del latín, domina catalán, francés, inglés, alemán y nada de ruso, como erróneamente ha afirmado alguno de sus biógrafos.

Presidencia del Congreso de Teatro celebrado en Córdoba en 1965. De izquierda a derecha, Alfredo Marquerie, Antonio Gala, Zamora, Vigil, N.N. y Manuel Pérez Casaux.

EL TEATRO DE POSGUERRA.
Después de la Guerra Civil (1936 – 1939), los dramaturgos españoles se enfrentaron a una censura implacable que hacía difícil, sino imposible, ofrecer una visión crítica de la realidad. Desde el final del conflicto hasta los últimos años de la década de los 60, el teatro español, en todas sus facetas, sufrió una profunda crisis existencial. La búsqueda de nuevas formas de expresión dramática por parte de los autores españoles, -que se inspiraron en las grandes corrientes innovadoras del momento en el teatro europeo (el teatro del absurdo, Brecht, Artaud)-, dio lugar a una nueva vanguardia teatral, denominada por los estudiosos “Nuevo Teatro Español”.

Representación de 'Hermosas Costumbres'.

Otra imagen de 'Hermosas Costumbres'.

NUEVO TEATRO ESPAÑOL.
El tema central de este nuevo teatro es la crítica del sistema político y social del franquismo, siquiera en la misma medida que el rechazo mostrado hacia el teatro comercial, así que no es extraño que dichos autores fueran sistemáticamente ignorados hasta los años 80, cuando ya la realidad del país se había modificado.

TEATRO INDEPENDIENTE.
Junto a los teatros oficiales se formaron nuevas compañías de teatro que intentaron imponer un teatro alternativo en todos los sentidos. Fruto de este ambiente fue la aparición del Teatro Independiente, tan importante en el contexto teatral de la época. Cuando el término independiente empieza a airearse tímidamente en las carteleras, programas de mano y en medios de comunicación, parece como si empezara a vislumbrarse el principio del fin. Se advertía una cierta tolerancia, como un mirar hacia otro lado. /En la imagen de la izquierda, Pérez Casaux arriba al centro, con el Grupo Quimera Teatro, al completo, en 1969.

ACCIDENTE Y TEATRO.
A principios de la década de los 60 sufre un accidente de tráfico que le produjo una conmoción cerebral, que le llevó a pasar cuarenta días de hospitalización. A partir de entonces, Perez Casaux se entrega a la actividad teatral, cuyos textos lo señalan como vinculado a una protesta ética y autor de una obra de reivindicación social, actitud propia de la segunda generación de posguerra a la que pertenece, lo que dio lugar a ser considerado autor comprometido y molesto al régimen político anterior.

SÁNCHEZ CASAS.
«Conocí a José María Sánchez Casas que empezaba con un grupo maravilloso de Cádiz: ‘Quimera Teatro Popular’. Hicimos muchas cosas juntos». Sánchez Casas era entonces trabajador de los muelles y editor de la revista ‘El Gallo Rojo’. En la Hoja del Lunes del 25 de abril de 1966, se podía leer: «Quimera Teatro-Popular, presentó ayer la obra de Pérez Casaux ‘Sigue pensando, Sam’. Intervinieron Pedro Roca, José María Sánchez Casas, Fernando Meléndez, Donato Patiño y Mari Ángeles Neira».

Sánchez Casas, que más adelante se integraría en el PCr, germen de los GRAPO (Grupo de Resistencia Antifascista Primero de Octubre), con el nombre de guerra de ‘Vargas’, tuvo una alambicada historia de militancia terrorista, cumpliendo 18 años de cárcel por delitos de sangre, pisando 15 prisiones, con más de 400 días de huelga de hambre entre 1989 y 1991 y que murió, ya en libertad el año 2001, tras ser liberado en 1997, esperando un trasplante de corazón. Sánchez Casas ganó, con un nombre supuesto, el concurso de carteles del Carnaval de Cádiz para el año 2001.

LA CENA DE LOS CAMAREROS.
En este contexto de cambio se encuentraba inmerso nuestro protagonista. Desde el denominado ‘teatro del absurdo’ en el que se enmarca su primera pieza teatral, muy de vanguardia, ‘La cena de los camareros’ (Festival de Gijón, 1963), sus obras han ido evolucionando hacia otras tendencias, relacionadas en algunas épocas con un estilo que él mismo denomina ‘brechtiano’. /En la imagen de la izquierda representación de 'La Cena de los Camareros'.

En 1969 estrena en el III Festival de Teatro de Sitges su obra seleccionada:  ‘Historia de la divertida ciudad de Caribdis’, emitida por TVE en 1976. Con ‘La familia de Carlos Cuarto (1973), premiada y dirigida  también en Sitges por José Luis  Alonso de Santos, nuestro autor pone en el escenario la lucha entre la España culta y la que se aferra no sólo a las tradiciones, sino también a la cómoda ignorancia. Pérez Casaux ha escrito un total de 29 obras entre comedias y dramas, de las que se han estrenado 14.

En la imagen, Manuel Pérez Casaux en la Plaza de Cataluña, de Barcelona, en 1970.

NOVELA CORTA.
Ha publicado una treintena de narraciones breves y cinco novelas cortas distinguidas con varios galardones entre los que se encuentran el ‘Carta Puebla’ por su novela ‘Las raíces al aire’, y el ‘Valdemembra’ por ‘Días de tomillo y orozuz’, en la que el autor traza un retrato de la vida cotidiana en la ciudad de Cádiz durante los días de la contienda civil, pues como subtítulo lleva ‘Historias de Cádiz de la Guerra Civil’, y que fue presentada y analizada en el Ateneo de Cádiz por el también atenísta, Francisco Súnico  Varela el año 2006.

Tras su jubilación, regresa a El Puerto y enseña español para extranjeros, reduciendo su creación teatral y mostrando mayor adhesión a la poesía. Recibirá el Premio Buero Vallejo de Guadalajara, por su obra ‘En Castilla mandamos nosotros’

En la imagen, Manuel Pérez Casaux, flanqueado por los académicos Javier Maldonado Rosso y Luis Suárez Ávila, dirigiéndose al estrado para pronunciar su discurso como Académico de la de Belals Artes de El Puerto. En la presidencia, de izquierda a derecha, Joaquín Solís Muñoz-Seca, Juan Gómez Fernández a la sazón presidente de al entidad y Jesús Nogués Ropero. Octubre de 2003.

En 1991, durante la celebración del Día del Libro, en el Castillo de San Marcos. De izquierda a derecha, Luis Caballero, Ana Alonso a la sazón concejala de Cultura,  el poeta Benito Pérez, Francisco Arniz, presidente de BBAA, Alberto González Troyano, profesor de la UCA, la poetisa Pilar Paz Pasamar y Manuel Pérez Casaux. /Foto: Colección F.M.A.S.

PRESIDENTE DE LA ACADEMIA.
Pué presidente de la Academia de Bellas Artes 'Santa Cecilia', entre agosto de 1989 y junio de 1990. El 15 de octubre de 2003 leyó su discurso de ingreso como Académico en dicha institución que tituló “El cuento literario en cuerpo y alma”. Además, Perez Casaux es Académico de la Real de San Romualdo de Ciencias, Artes y Letras de San Fernando, miembro de la Sociedad General de Autores de España, de la Asociación Colegial de Escritores, del Ateneo de Cádiz del que es ‘Ateneísta de Mérito’ y Vicepresidente de de la Asociación ‘Río Arillo’ de Artes y Letras.

Durante una visita a las ruinas del Teatro Romano de Mérida el año 2006.

TEATRO SELECTO.

En el año 2004 el Ayuntamiento de El Puerto le rindió homenaje por su aportación  ininterrumpida al mundo de la literatura, fundamentalmente al teatro. Y lo hizo de la forma más estimada por un escritor. El mismo Manuel Pérez Casaux seleccionó cinco de sus obras teatrales aún inéditas que se publicaron bajo el título de ‘Teatro selecto’. Con posterioridad, la Editorial Fundamentos, publicaría su drama ‘La Familia de Carlos Cuarto’, en la colección de Teatro Contemporáneo de dicha localidad. /En la imagen de la izquierda, el volúmen publicado por el Ayuntamiento de El Puerto 'Teatro Selecto'.

Acompañado de su mujer, Manoli, en una imagern de 2009.

La actividad literaria del dramaturgo portuense sigue viva a sus 82 años recién cumplidos en la vecina San Fernando, su ciudad de acogida donde vive  y donde continúa en la actualidad, para la que escribió en 1998 ‘Las Cortes de la Isla de León’, con motivo de la conmemoración del 200 aniversario del Teatro de las Cortes.  (Textos: Manolo y José María Morillo).

El 13 de agosto de 1937 nace Federico Rodríguez García, ‘el Cote’ a la corta edad de cero años, en Sanlúcar de Barrameda, en el seno de una modesta familia que por aquel entonces ya contaba con tres hijos, pero que no había hecho nada más que empezar a ‘producir’, pues lo intentaron como unas 10 veces más. Nació el mismo años que otros casi tan famosos como él, tales como Lina Morgan, Amparo Baró, Robert Redford o Jane Fonda.

Si bien es cierto que ‘el Cote’ no niega haber nacido en Sanlúcar, al igual que Dolores, su madre, no lo es menos e insiste en ello que se crió y se considera de El Puerto. ¿Acaso por un pique con su padre, Antonio Rodríguez Tello, ‘el Rubio’? Su padre, figura carnavalesca portuense, procedente del mismísimo Cádiz y bautizado en Sevilla –y por lo tanto un poco señorito, suponemos--. O será porque no aguantó ni cuatro días de vida en Sanlúcar antes de que se lo llevaran a El Puerto. Los hay flojos.

En 1937, ajenos a semejante evento, tropas de japoneses un poco siesos atacan con gas a chinos en Shanghai, impidiendo con bastante antelación la apertura de unas dos millones de tiendas en España, de las cuales un buen puñado abrirían en El Puerto. Y luego nos quejamos de la crisis, como si fuera sólo culpa de nuestros gobernantes. El 14 de enero fallecía en El Puerto, José A. Ruiz de Cortázar y Sanginés, Interventor de Fondos del Ayuntamiento, casado con Luisa Tosar y Zurututza, apellidos de mucho ringo rango en nuestra Ciudad. Fueron alcaldes de El Puerto, Francisco Quijano Rosende y Antonio Rives Brest.

Los Burros Inteligentes. 1961.

Fantasía Bandolera. 1962.

CURRÍCULÁ CARNAVALERA.
Desde pequeñito, como el arbolito, se mete en el mundo del Carnaval y ya muy joven, con 24 años empieza a cosechar éxitos en el Gran Teatro Falla, como autor. En 1961 obtiene el segundo premio por su letra ‘A las provincias andaluzas’ interpretada por la agrupación ‘Los Burros Inteligentes’, ese año en fuerte disputa con ‘Los Quasimodos’ de Manuel Camacho Francés, ‘el Chusco’, con la que hubo una fuerte y sana competencia. Al Año siguiente, 1962, obtiene el primer premio por la presentación de la agrupación ‘Fantasía bandolera’. Será en 1963 cuando, en colaboración con el citado ‘Chusco’ revalida el primer premio por la autoría de ‘El lazo del matrimonio’ interpretado por la agrupación ‘Los Maridos Modelos’. Ya en 1965 con la agrupación ‘Los Amigos de la Capa’ revalidará otro primer premio por la letra ‘Un recuerdo’ y, al año siguiente, en 1966 otro primero por la letra de ‘La inundación de Chiclana’, con la agrupación ‘Los Gondoleros de Venecia’. /En la imagen de la izquierda, busto de José Camacho Francés, 'el Chusco', existente en la calle Guadalete. (Foto: Col. José Luis Sara).

LLEGA A MADRID.
Estamos en 1967. ¿Qué se le habría perdido en Madrid, que estaba por entonces repleto de madrileños, aunque mucho menos devastado que cuando nació? La respuesta básica la podemos encontrar en su amor al Carnaval, que le lleva de gira por toda España con la Peña ‘Los Majara’,  de la que es coautor habitual junto con Manuel Camacho Francés, 'el Chusco'. Intervienen en la grabación del especial de Nochevieja de TVE caracterizados como The Beatles. /En la imagen de la izquierda, 'el Cote' con su entonces novia el 30 de octubre de 1967.

En 1969 perpetra matrimonio en Madrid. Una respuesta más profunda y definitiva a  ¿Que se le había perdido en Madrid?, o más bien a lo que había encontrado en Madrid, lo que le retuvo algo lejos de su querido Puerto de Santa María. De por vida, en lo sucesivo y hasta la fecha, es el amor de su vida y a la que continúa considerando un bombonazo, Gloria Llorente Fernández, con la que posa en esta foto.

Después de muchas horas extras, en pastelerías varias, y trabajos alternativos, alguno muy sospechoso porque los desempeñaba de noche, nace su hijo Enrique el 2 de marzo de 1974. A pesar de lo guapísimo que era y sigue siendo, nadie se atreve a dudar que es suyo. La prueba de que le salió tan bien está en que no le hizo falta tener más.

HOMENAJE EN CHICLANA.
En 1985 es homenajeado en Chiclana de la Frontera, en la ‘V Noche grande del Carnaval’, por la letra de su pasodoble ‘La inundación de Chiclana’, relativa a una espectacular riada que había tenido lugar en la ciudad años atrás, y que resultó premiada en 1966 por el jurado del Concurso de Agrupaciones. El protagonista del texto de la canción, "un niño con una pala, quitando barro con ganas", que de niño había ayudado a pulso a superar la tragedia, le hizo entrega en persona de un cuadro con una escultura de Ignacio Felgueras, que ahora decora su salón comedor, junto a las pinturas que él mismo ha ido ‘plagiando’ de artistas como el mismísimo Velázquez. Comparte auditorio con su familia y con el entonces vicepresidente del gobierno, Alfonso Guerra, apodado en vivo y en directo "borrico" en una de las actuaciones. Con ‘doh cohone’..
Para escuchar el pasodoble, pulsar aquí.

PREGONERO EN EL PUERTO.
En 1993, siendo concejal de Fiestas el independiente Jaime Gutiérrez Perea, es elegido para pronunciar el Pregón de Carnaval de El Puerto. La emoción le embarga en el tablao instalado al efecto en la Plaza de las Galeras Reales, al que llegó en un coche de época del amigo Fosco Valimaña, siendo presentado por el desaparecido Paco Soto. El embargo emocional, la capa española que lució en recuerdo de aquellos 'Amigos de la Capa', y las copas de vino fino de El Puerto consiguieron que el Pregón fuera, realmente, embargado.  (No comment). Tampoco nos consta que tuviera más embargos. Actuaron tres comparsas: 'Los Griposos' con el ex alcalde Gómez Ojeda como integrante, 'Los Bartolos Vagos' y una tercera cuyo nombre  era 'Los reyes de la paciencia' relacionada con la pesca y los pescadores.  /Foto: Col. José Luis Sara.

El año 2001 asiste a la lectura del Proyecto de Fin de Carrera de su hijo, Ingeniero de Telecomunicaciones por la UPM (“las siglas, las abreviaturas y los cuernos solo los conoce el que los pone”). En el fondo, nunca le ha gustado mucho la fama que le precede,o. Cuentan que declaró: "--Hoy vengo como 'padre de', y no como yo mismo. La estrella es él. Por favor, respetadlo".

El 10 de agosto de 2010 adelanta la celebración de su 73 cumpleaños, en compañía de sus seres queridos que se encuentran lo bastante cerca como para hacerle el favor de ir a degustar sus tartas. Por falta de existencia de velas suficientes, que hubieran hecho parecer este cumpleaños una procesión, se recurre a 7 velas de un color, y 3 de otro. Aqui podemos observarle soplando... las velas, claro. En la actualidad permanece en Madrid, jubilosamente jubilado, pendiente del Carnaval en la distancia. (Texto: Enrique R. Llorente).

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Calixto García Rodríguez nació en la calle Ganado, junto al Bar La Perdiz, el 5 de octubre de 1927, hijo de Vicente García Maza y María Rodríguez Caburassi. Calixto tuvo dos hermanos, María y Juan, que fuera barbero en la calle San Juan Esquina con Zarza junto con Mateo.

En 1927 nacía, también, el poeta José Luis Tejada Peluffo. Manuel Álvarez Santander funda en la calle Curva una tienda de recauchutados luego conocida como Vulcanizados Ricardo. Se instalaba en El Puerto el médico Daniel Ortega, médico y luego diputado del Partido Comunista, depurado tras la Guerra Civil. El escultor Ángel Martínez recibe el Gran Premio de la Exposición y Feria de Navidad celebrado en 1927, premio que recogió de manos del Rey Alfonso XIII. Se erige el monumento al Corazón de Jesús, en la Plaza de los Jazmines. (Calixto, en una imagen con pocos años).

La Revista Portuense difundía, el 8 de abril de 1927, siendo alcalde Alfonso Sancho Mateo, el último milagro atribuido al Beato Diego José de Cádiz, santo varón que tenía vinculación con nuestra Ciudad, de la que es Hijo Predilecto. Consistía el milagro en la curación de una monja clarisa, de Jerez, de la tuberculosis que padecía, enfermedad mortal en la época y durante muchos años después, hasta casi la década de los cincuenta, según nos apunta el investigador Antonio Gutiérrez Ruiz.

En la Feria de Puerto Real, Vicente García Maza padre de Calixto, Calixto, su hijo Vicente y Miguel 'el Gitano'.

Con meses, la familia se marcha a San Fernando donde abren una tienda de zapatería ‘fina’. Allí estudiará en la Academia Ramos y en el Liceo Sagrado Corazón. Tuvo una niñez muy buena.  A los padres le toca el primer premio de la Lotería Nacional, con el que invierten en montar un Bar Restaurante y Fonda  junto a la Estación de Ferrocarril, en la Vda. Joly Velasco de la vecina ciudad.

En medio, se produce la sublevación militar y la Guerra Civil y el negocio se vino abajo y cerraron. Hasta hace pocas fechas el edificio seguía en pié, aunque cerrado. Marcharán a continuación a Málaga, con una tía de Calixto donde permanecerán por espacio de dos años hasta su regreso a El Puerto a final de 1941.

María, Calixto y Juan García, en una instantánea tomada de niños.

Calixto entrará a formar parte muy pronto del mundo laboral, primero como aprendiz en el taller mecánico de Rodríguez ‘Luisitio’, en Puerto Escondido  --calle en la que en verano se proyectaba cine-- . Ingresó en dicho taller al día siguiente de que se produjera un accidente laboral y explosionara una boya que estaban soldando, a cuyas resultas fallecieron el soldador, su ayudante y un mirón de los que nunca faltan.

Después, en 1942, entrará a trabajar en el taller de mecánica de barcos de Manuel Paz, en Puerto Escondido Chico, donde, con posterioridad se instalaría el pub ‘El Estanke’ que sería propiedad de Antonio Paz, y después en el taller de Bernardo de la Torre, situado primero en la calle Luja y mas tarde en la calle Diego Niño.


Tocando la batería con una orquestina, durante el Servicio Militar, en 1948. En el destino donde se encontraba, en San Fernando, daba clases de música a los reclutas.

EL SERVICIO MILITAR.

Hace el Servicio Militar en San Fernando entre 1947 y 1949. Y le cogió por medio la Explosión de Cádiz, donde tuvo que colaborar en paliar las consecuencias de aquel desgraciado incidente. En San Fernando enseñaba música militar a los reclutas. (En la imagen de la izquierda, Calixto con el uniforme de Marina, el 30 de enero de 1947)

De vuelta a El Puerto, entra a trabajar por las tardes en la hojalatería de Juan Zaragoza, en la calle Santa María, --su hermano Pepe era el propietario de la hoy inexistente ferretería Zaragona en Santa María esquina con Plaza de Juan Gavala, donde desde hace años existe un solar por construir--.

Un guardia dirigiendo el tráfico en la Plaza de Juan Gavala. A la izquierda podemos ver la Ferretería Zaragoza. No obstante, hemos de señalar que esta plaza es artificial, ya que la calle San Juan Llegaba hasta la casa de Juan Gavala. El trozo que se le quitó a la casa de la Ferretería daría lugar a la Plaza de Juan Gavala y, además comunicaba mejor las calles Luna y San Juan. La muralla de la Ciudad, que discurría por la calle Santa María, perdería ahí alguna parte de los sillares que la conformaban. (Foto: Pantoja. Colección Vicente González Lechugaa).

El maestro Francisco Dueñas, a la sazón Inspector de los Servicios Municipales en la práctica, del Ayuntamiento, le pide a Zaragoza que le busque un cerrajero para el equipo de oficios municipal, y éste propone a Calixto. Allí empezará en 1952, siendo alcalde Luis Caballero Nogueras, permaneciendo hasta 1956.

LA FAROLA.

Con Luis Caballero vivió una anécdota en relación a una farola muy movida. La farola en cuestión se encontraba en la Plaza de la Iglesia. Un temporal de Levante la tiró y acertó a pasar por allí el alcalde que se dirigió a nuestro protagonista, que estaba evaluando los daños: “—Maestro, a ver si ponemos la farola en pié, para que no se diga que en El Puerto se dejan las cosas sin atender”. Curiosamente esta farola sería luego desplazada de la Plaza con la construcción que el propio Caballero propició el Monumento a la Inmaculada; la farola iría a ocupar el centro de la Fuente de la Rana, en el Parque Calderón. Y años más tarde a su desaparición del Parque –nuestro protagonista nunca supo donde se guardó— se reinstaló en una mini rotonda en la Plaza de los Jazmines, a principios del milenio. Otro de los trabajos que recuerda haber realizado fue el enrejado del Paseo de la Victoria que todavía sigue en pié.

La lámpara, colocada con posterioridad en la desaparecida Fuente de la Rana, en el Parque de Ruiz Calderón. (Foto Colección Mata).

La lámpara, en su ubicación actual, en la mini rotonda de la Plaza de los Jazmines. Año 2003. (Foto: Mata).

VIDRIERAS PALMA.

En 1956 entrará a trabajar con el desaparecido Luis Rincón Noya en la Fábrica de Botellas Vidrieras Palma (VIPA), como correturnos, para pasar luego a ser mecánico fijo y, a la muerte de Rafael Paz, --Jefe de Taller y Máquinaria--, lo nombraron para este puesto donde permaneció por espacio de 25 años, hasta el cierre de la empresa en diciembre de 1981, circunstancia atribuida a la bajada de ventas de brandy. Los accionistas eran las bodegas de El Puerto, entre otras: Caballero, Osborne, Terry. Allí pasó mucho calor, trabajó en el taller de moldería, y a tres turnos, llegando a tener en sus mejores tiempos dicha empresa hasta 100 trabajadores, entre los diferentes departamentos: fundición, maquinaria, molduras, patio, oficia y portería. (En la imagen de la izquierda, torre de la desaparecida fábrica de botellas Vidrieras Palma).

A la derecha, espacio donde se construiría el Colegio José Luis Poullet y a continuación, Vidrieras Palma. Año 1970. (Foto: Mata).

Calixto lo pasó mal, verse de pronto en el paro con 54 años y una familia numerosa a la que atender. Pero lo superaron. Calixto siempre ha sido un multiusos y, once años mas y hasta la jubilación, estuvo haciendo por su cuenta trabajos de fontanería, electricidad y otros oficios.

FAMILIA NUMEROSA: 13 HIJOS.

Casado con Aurora Díaz Gatica el 26 de agosto de 1948, en pleno servicio militar.  Aurora trabajó en el servicio doméstico de la casa de Juan de Miguel, capitán de la Guardia Civil y suegro de Ramón Bayo Valdés. (En la imagen de la izquierda, una joven Aurora Díaz Gatica, el 30 de marzo de 1948, meses antes de la boda).

Tuvieron 13 hijos, 4 varones y 9 hembras: María Victoria, Vicente Juan, María Aurora, Concha, Calixto, Juan José, José Antonio, Rosario, Encarnación, Pilar, Dolores, Mercedes y Nieves. Estos les han dado 29 nietos, 9 bisnietos y de momento 1 tataranieto. Era compadre, pues lamentablemente ambos han desaparecido, de Luis Rincón Noya y Esteban Caamaño Bernal.

En Valdelagrana, la familia al completo, en la celebración de la boda de una de las hijas.

Las mujeres de la familia, Aurora y sus nueve hijas.

La familia vivió en el número 2 de la calle de la Chanca y, más adelante en un pequeño piso de Crevillet, ocupado por 18 personas: el matrimonio, la suegra, 13 hijos, 2 agregados y los amigos transeúntes. Consiguió literas del primer barco que se desguazó en el Guadalete, construyéndolas de tres pisos. Para comer había que establecer dos turnos y hacer cola; y había alguno que repetía. Calixto recuerda que le ayudó mucho el añorado médico Jaime San Narciso quien cobraba en especie y de esas especies ofrecía los alimentos a la familia, esos sí, con mucha delicadeza para no herir sensibilidad alguna.

Calixto, entregándole las llaves de su vivienda, como presidente de la Cooperativa de San Marcos, a su hijo Vicente.

PRESIDENTE COOPERATIVA DE SAN MARCOS.

Cuando estaba en VIPA y dado que la Cooperativa de Viviendas ‘Estrella del Mar’ no llegó a completar el cupo de marineros, el cura Ramón González Montaño le invitó a participar en una nueva cooperativa ‘Viviendas San Marcos’ de la que fue presidente hasta que dejó de ser cooperativo.

Calixto a la izquierda, tocando el clarinete, Miguel 'el Gitano' con la trompeta y Juan García Sánchez con el saxofón.

LA MÚSICA, SU PASIÓN.

La música fue su otra pasión. Primero tocó el clarinete y tras un periodo de inactividad musical a la vuelta cogería el saxofón tenor y la batería. Tomó estudios particulares con Alberto Barba Ramírez y con su padre Joaquín Barba Rocafull, en cuya Banda actuaría. Más adelante lo haría en la Banda Muncipal dirigida por el maestro Dueñas, donde compartiría vivencias con muchos compañeros: Remigio Andújar, Manolo el de la Tuba, etc… Sus hijos Vicente y Calixto, platillero el primero y tambor, platillos y tuba, el segundo, le acompañaron durante un tiempo en la banda de música. Y a se ha señalado que enseñaba música a los reclutas durante el Servicio Militar. Además, por su casa pasaron infinidad de chiquillos a estudiar música.

Calixto, fotografiado con la Banda de Rocafull, en la Feria de Puerto Real.

La Banda de Música, dirigida por el Maestro Dueñas, en 1963, a las puertas del Ayuntamiento. De izquierda a derecha, fila superior, Rafael Portela (saxofón alto), Joaquín Morro (trompeta), Francisco Cachetta Guiofré (clarinete principal) (*), Eduardo (bombardino), Calixto Garcia Rodríguez (tenor), Manuel Gallardo Reinado (trombón), Francisco Güelfo (clarinete), José Sánchez (clarinete), Vicente González Sucino (fliscorno, bombardino), Ángel Delgado Herrera (trompeta segunda), José Luis Ramos Añino (clarinete), Antonio Ramos Añino (saxofón alto), Enrique Morro (fliscorno primera), Manuel Jiménez García (tuba primera). Fila inferior, Antonio Bernal (platillero) el niño Vicente García Díaz (clarinete), Juan García Sánchez (bombo), Francisco Dueñas Piñero (director), Remigio Andújar Gómez (caja) y Fernando Güelfo (clarinete y trompeta). La identificación ha sido realizada por Vicente García Díaz.

(*) Perteneciente al destacamento de italianos que estuvo alojado en El Puerto durante la Guerra Civil, se quedó a vivir en nuestra Ciudad.

Calixto, el mas joven a la percusión con la orquesta Montemar, actuando en el Picnic.

Formó parte de varias orquestinas, entre otras la de Montemar o de la orquestina OCRAZ, acrónimo de Zarco, junto a Ramón Zarco (violín), su madre, Virginia Hernández (piano) y a veces Miguel Leveque (saxo alto) estando nuestro Calixto a la batería. Eran célebres los bailes en el Casino de Labradores donde actuaban; o en verano en el Balneario de Puerto Real y en el Cortijo en el porteño Paseo de la Victoria, allá por la década de los cincuenta del siglo pasado.

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Vicente Garran López, es el sexto hijo de Gumersinda López García y José Garrán Girón. Le nacieron en El Puerto de Santa María el 25 de Junio de 1939. Está casado con Milagros Garrucho Jiménez y, de aquella unión matrimonial celebrada en 1967 tuvieron cuatro hijos; María José, Rocío, Milagros --que destacó en el mundo del cante-- y Antonio, quien fue novillero y, posteriormente banderillero.

El año de su nacimiento, 1939, El "Cuartel General del Generalísimo" acababa de difundir su último parte oficial de guerra: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. ¡La Guerra ha terminado! Burgos, 1 de Abril de 1939. Año de la Victoria. El Generalísimo Franco." La II Guerra Mundial venía detrás: el 1 de septiembre. Fue alcalde de la ciudad, entre 1939 y 1941, Manuel Barba Ordóñez.

El muelle comercial a finales de los años 30 del siglo pasado.

La obra «Entre el clavel y la espada», de dibujos que Rafael Alberti  se publicará dos años mas tarde, pero que se corresponden con el bienio: 1939-1940.  Bs. As., Losada, 1941. El artista porteño Manolo Prieto pertenecía ese año a la Delegación de Propaganda y Prensa del Ministerio de Turismo, simultaneándolo como dibujante político del Periódico "El Sol". Se celebra una corrida de toros el 31 de julio, con Juan Belmonte a caballo, y los toreros Domingo Ortega, Pascual Márquez y Manolete. Nace Manolo Sánchez García, popular sastre local.

Vicente Garrán, posando en un teloncillo en Cádiz, como Flecha Naval. Año 1954.

Emilio Pendás Trelles, poeta popular asturiano escribe ‘Cuentos populares recogidos en el penal del Puerto de Santa María (1939). Cancionero y obra poética. Fue editado en el año 2000. El letrista autor de “Soy minero”, “La bien pagá” o “La Falsa Monea” Ramón Perelló, hijo de minero y de convicciones anarquistas, que fue detenido y condenado a muerte, aunque se conmutó su pena pasó un largo periodo de prisión en la cárcel de El Puerto de Santa María.

Durane el Servicio Militar, embarcado también.

Estudió Vicente Garrán López en el Colegio del Sagrado Corazón en la Plaza del Polvorista, siendo su profesor Antonio Márquez Toledo, hasta la edad de 14 años. A muy temprana edad empezó a trabajar en la mar y su bautizo marinero fue en el pesquero “Pepito González” cuyo armador era nuestro paisano José González Narváez. En 1954 estuvo de Flecha Naval en Cádiz hasta el año 1956 y, desde este año hasta 1960, cumplió el Servicio Militar en la Marina.

Estando embarcado empezó a estudiar para motorista de barcos de pesca. Una vez terminado los estudios, se enroló como 2º mecánico naval en el pesquero “Victoria” que, al igual que algunas personas en la Pescadería, tenía el apodo de “La Pargata”, siendo los armadores de este barco Antenor Barcia y José Villegas.

En la faena de limpieza de las máquinas del pesquero  'Pigal', del armador Guzmán González 'el Tesorillo'. En la imagen, de izquierda a derecha, su amigo Juan López Guardiola, Francisco Boronat Ivars, Francisco Perles Martínez y Vicente Garrán. Década de los setenta del siglo pasado.

Me ha encantado ver al buen amigo Vicente, y tan buen profesional, felicitaros por estos estupendos escritos, creo que en la fotografia, que estan limpiando parte del motor del
pesquero, desde mi conocimiento es el Tesorillo el armador
correcto,Juan Guardiola correcto, el deconocido creo que se
trata de Francisco Boronat Ivars, el siguiente es Francisco Perles Martinez, y Vicente Garran.

Otra imagen en el pesquero 'Pigal', con Alejandro Navarro, patrón de la embarcación, en el centro  y a la derecha Vicente Garrán.

Toda su vida laboral la dedicó a la mar, enrolado en diversos barcos, como “Manolet” de Pedro Ferrer; “La Moncloa” de Vicente Quesada, barco que había llegado a El Puerto de la mano de los armadores Ramón Tur y Juan Mulet; “Ginés y García” y “Angelina Lloret”, de Antenor Barcia Ramírez y José Villegas. Este último se construyó en Alicante y Vicente viajó con la tripulación hasta el Levante para traerlo a la que sería su base:  El Puerto de Santa María. También el “Francisco Crespo” de Juan Hernández Navarro y Miguel Morató; “Ducal” de Miguel Coloma y Tomás Osborne MacPherson, entre otros.

Tomándose una 'chiquita' en el Bar La Dorada. El cliente que está probando las cañaíllas es Jaime Soler.

En 1975 decide abandonar el mundo del mar y se desembarca arrendando el Bar La Dorada, explotándolo durante cinco años. Y como le gustaba mucho el futbol fundó el equipo de ‘C.D. La Dorada’.

Después de esta experiencia en tierra, a la mar en el pesquero “Pez de Espada” de Juan Mayor. A continuación se enrolaría en el “Juan y Loli” siendo sus armadores Francisco Flores y los hermanos Luís y Francisco Rueda. En este pesquero, estando en alta mar, sufrieron una vía de agua que paró los motores y tuvieron que ir a tierra achicando agua con una bomba eléctrica, regresando la tripulación a El Puerto en helicóptero y retornando el barco remolcado. Trabajando en dicho pesquero se jubiló dándose la circunstancia que, en siguiente singladura la nave salió ardiendo y se fue a pique. (En la imagen de la izquierda, Vicente preparando cajas de lenguados en el pesquero 'Juan y Loli').

Vicente Garrán y su esposa, Milagros Garrucho Jiménez.

Su hija, Mila Garrán, a la izquierda, actuando en un tablao en Holanda.

Su hijo, Antonio Garrán, dando unos pases en pose de torero.

A Vicente le gusta mucho montar Nacimientos y de hecho perteneció a la Asociación de Belenistas ‘Ángel Martínez’ de nuestra Ciudad. Sus aficiones han sido los deportes; curiosamente el día de su nacimiento, nació Allen Fox, tenista estadounidense. Entre sus amistades, los mas allegados son José Cailla y Juan López Guardiola. (Texto: Vicente González Lechuga).

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Reunión de un grupo de empresarios del gremio de la hostelería portuense, allá por 1960, fecha estimada de la instantánea, en una visita a la Fábrica de Cervezas La Cruz del Campo, en Sevilla.  De izquierda a derecha,  José Fernández Rodríguez, que en febrero cumplirá 87 años (Bar Jamón en calle Capillera), Francisco Sánchez Ruiz, hoy tiene 79 años (Cervecería Sánchez en calle Ganado), Luis Bustos (+) (cantina de la Estación de FFCC), Andrés González Mateos (+) (Bar Andrés en calle San Juan), José Luis Palomo Abadía, (taberna Casa Palomo, en calle Durango 22),  fallecido en enero de 2000; Antonio Sucino Barrera (+), Juan Espinosa Palacios (+) (Bar Guadebro) y Antonio Sánchez Ruiz (+) (hermano de Francisco).

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José Ángel Chacón Tenllado nació a finales de 1933 en Aguilar (Córdoba), hio de Ángel Chacón Crespo y Enriqueta Tenllado Pérez pero pasó la primera parte de su infancia, que recuerda nítidamente, en El Puerto de Santa María, con sus abuelos Rafael Tenllado y Enriqueta Pérez y su madre, también Enriqueta, joven viuda por la barbarie de la Guerra Civil, hija única con dos hijos de cuatro y seis años que se vino a nuestra Ciudad, donde sus padres tenían una tienda de tejidos y confecciones en la calle Ganado, junto a una tienda de ultramarinos que hacía esquina con Nevería.

«Hace unos años pasé por esa calle, como hice siempre que visité El Puerto; aún existía la casa donde viví y tenía un letrero de “Se vende”. Desde ese día, en sueños, la he comprado varias veces. Me imagino que ya la habrán vendido y derribado. Todavía existía el cierro donde, desde el recuerdo, puedo ver a mi madre, pegando tiras de papel en diagonal sobre sus cristales, ante posibles bombardeos, para que los cristales rotos quedasen pegados al papel»

José Ángel Chacón Tenllería y José Ángel Chacón Escobar, padre e hijo, ambos luthiers.

En 1943, la familia se trasladó primero a Lucena y luego a Málaga. Allí estudiaría  Peritaje Industrial, trabajaría en diversos oficios y continuaría los pasos que había empezado en El Puerto, hacia sus dos pasiones la música y la lutheria (construcción de instrumentos musicales de cuerda). Mas tarde trabajaría en Mercedes Benz, en Alemania, como modelista y en Málaga en una Inmobiliaria. Pero su pasión por la construcción de instrumentos musicales le llevarían en 1974 a la ciudad italiana de Biella, ciudad del Piamonte, entre Turín y Milán y cercana a Cremona. Allí perfeccionaría sus conocimientos hasta que, en 1983 regresaría a Málaga, donde establecería su taller y crearía una Escuela de Lutheria. Medalla de Plata de las Bellas Artes, su hijo continúa en la profesión de constructor de instrumentos musicales cordófonos.

A sus 77 años, estos son sus recuerdos de El Puerto.

MEMORIAS DE EL PUERTO: 1937 – 1955
«Mis recuerdos de niño grabados con bastante claridad, empiezan en El Puerto de Santa María, hacia el año 1937. Yo era el más joven de una familia acomodada, compuesta por mi abuelo Rafael Tenllado, como cabeza de familia, mi abuela Enriqueta, como mi madre, y mi hermano Rafael, casi dos años mayor que yo, con una minusvalía psíquica que lo hacía diferente de los demás. Mi padre, Ángel Chacón murió trágicamente en Puente Genil, en Julio del treinta y seis y nos fuimos a vivir con nuestros abuelos. Yo tenía cerca de cuatro años, y el cambio que originó su muerte no podía apreciarlo entonces, de él solo me quedaron vagos recuerdos, pero no pasó mucho tiempo para sentir su falta, más de lo que podía imaginar. (En la imagen de la izquierda, los abuelos de José Ángel, Rafael Tenllado Lechado y Enriqueta Pérez).

A pesar de la tragedia familiar, en aquel tiempo éramos una familia privilegiada, con medios económicos suficientes para vivir cómodamente dentro de la escasez que había en aquellos años de guerra. Entonces no podía saber la tragedia que vivían miles de personas, sufriendo los horrores de la guerra civil; perseguidos o encarcelados, humillados y pasando mucha hambre, víctimas de la barbarie, del odio o del fanatismo. Para muchos, la guerra no había terminado. Recuerdo que jugábamos en un llano, junto a las puertas del célebre Penal, sin saber que detrás de ellas solo había tortura, odio, desesperación y muerte. (En la imagen de la izquierda, el padre de nuestro protagonista, Ángel Chacón Crespo, natural de Puente Genil).

Mi familia no tenía una afiliación política definida, pero estaban con los nacionales. La muerte de mi padre ya era un motivo suficiente, y en casa solo se hablaba de los horrores que habían cometido los “Rojos”. Durante algún tiempo, esos comentarios me produjeron horribles pesadillas que me despertaban temblando y corría a la cama de mi madre.

Recuerdo que en aquellos días, en casa se escuchaban las charlas radiofónicas de Queipo de Llano. Pasarían años, antes de saber que se trataba de uno de los generales más controvertidos, entre los sublevados, al mando de Andalucía. Su audacia al tomar Sevilla con escasos recursos, abrió las puertas de la península a las tropas africanistas y su chulesca actitud en las charlas radiofónica, con el menosprecio de la vida de sus semejantes, durante la contienda como “Virrey de Andalucía” no tuvieron límites;  “darle café” era la orden de fusilamiento para muchos infelices. A la muerte del general, en el año 1951, sus restos mortales serían enterrados en una popular Iglesia sevillana. Este es un hecho por el que considero lógica, la pregunta que muchos se hacen, ¿Cómo se puede hablar hoy de abrir heridas, cuando se intenta poner nombre a los miles de andaluces anónimos, “que tomaron su café”, antes de ser enterrados en fosas comunes? (En la imagen de la izquierda, el general Gonzalo Queipo de Llano).

Tampoco entendía entonces, cuando se comentaba que algunos niños  se comían las cáscaras de plátanos y unas bolas de maíz, que daban racionadas, mientras mi hermano y yo teníamos nuestros caprichos para comer. A los pocos años, con la familia arruinada, empecé a entenderlo, y de aquellos niños pobres del Puerto, de los que llegábamos a pensar que estaban tontos por comer desperdicios, me acordé durante mucho tiempo, y empecé a comprender muchas cosas que antes no entendía.

LA MÚSICA

De aquel pasado recuerdo con envidia algo que desgraciadamente se ha ido perdiendo, se cantaba o canturreaba acompañando los quehaceres cotidianos dentro de la casa, incluso en algunos trabajos. Esta costumbre fue el primer estímulo a mis sentidos que despertó mi pasión por la música. Mi abuelo cantaba en el baño, de “El Puñado de Rosas”, “Pues óyeme paloma, tengo yo allá en Triana, en medio de los campos….”, mi madre cantaba y tocaba el piano y tenía un repertorio mucho más extenso, que abarcaba varias zarzuelas, tangos de Gardel y algunas canciones populares. Además teníamos una lavandera que cantaba flamenco, con exquisita gracia repetía todos los cantes de Canalejas de Puerto Real. Ella fue el principio de mi amor por nuestro flamenco, nunca olvidaré cuando cantaba aquella petenera que decía, “niño, que encuero y descalzo, va llorando por la calle…”.

COLEGIOS CLASISTAS.
Mis abuelos no tuvieron más hijos que a mi madre y disponiendo de los medios económicos suficientes, se volcaron en su educación. Desde los cuatro años la internaron en los mejores colegios de religiosas, en Sevilla, Antequera y Lucena. Aprendió lo que en la época se entendía como educación para una ‘señorita de clase’.

Relacionado con las clases, me contaba mi madre, que en uno de los colegios, tenían niñas pobres de forma gratuita, y que estas niñas tenían que hacerle las camas y limpiarles el cuarto a las internas de pago, además de hablarles de usted. Las religiosas, en casi todos los tiempos han sido fieles conservadoras de las diferencias de clase, a las que han sabido sacarle partido. Me imagino que a las niñas pobres, aplicando su personal interpretación de los Evangelios, las educaban para que fuesen buenas, respetuosas y humildes criadas para todo.

A mi hermano y a mí nos pusieron en una de las mejores escuelas privadas del Puerto. Desde el principio la escuela me encantó, tenía cinco años y en poco tiempo empecé a destacar, los maestros le decían a mi madre que yo era un niño muy inteligente. Podía haber sido muy bonito, y de hecho lo era, pero sufría mucho cuando algunos alumnos me llamaban “el hermano del tonto”, por el comportamiento anormal de mi hermano, y más tarde comentarios familiares relacionado con mi madre y su pretendiente, que mi hermano se encargaba de hacer, hábilmente manipulado por uno de los maestros, que a pesar de no comprenderlos, sabía que eran ofensivos para ella. Dentro de la clase me sentía feliz, era distinta a la de mi hermano que estaba más atrasado. (Los hermanos Chacón Tenllado, en una fotografía de estudio coloreada, tomada en Cádiz).

LOS ITALIANOS.
En 1938 mi madre tenía treinta años, era una viuda guapa, con una exquisita educación y buena posición, que a pesar de tener dos hijos, su situación le habría permitido elegir entre algunos pretendientes conocidos de nuestro entorno, pero la fatalidad quiso que se enamorara de un soldado italiano de los que mandó Mussolini en ayuda de Franco: Nicolás Monteleone.

Tropas italianas acuarteladas en El Puerto, recibiendo un homenaje en la Plaza de Isaac Peral el 1 de octubre de 1938. (Foto: Francisco Sánchez Pérez).

Mi madre contra viento y marea defendió sus sentimientos hacia esta ‘oportunidad’, con la habilidad propia de una mujer inteligente dominada por la pasión, frente a los razonamientos de sus padres y algunas amistades. Este tipo de relaciones estaban mal vistas, y a ciertos niveles eran muy criticadas por la sociedad de entonces. Se hicieron populares unas coplillas que se cantaban por las calles, dedicadas a las señoritas de El Puerto, con música y estribillo de una canción muy conocida en los frentes de guerra. La letra decía:

«Las señoritas del Puerto- Puerto
le piden a Mussolini- ini
que deje a los italianos- anos
para poder ir al cine».
Y seguía el estribillo:
«Carrascá- carrascá
que bonita serenata,
carrascá- carrascá
ya me estás dando la lata»

que terminaba siempre con gritos que yo no entendía.

Yo adoraba a mi madre y todo lo que ella decía era la verdad absoluta, por tanto, el italiano era para mí un héroe, guapo e inteligente, casi un médico. Por lo visto se hizo practicante en la guerra.

La madre de José Ángel viajaría desde Barcelona a Roma en avión.

CASAMIENTO POR PODERES.
El italiano se marchó con las demás tropas italianas, y siguió su relación por carta, hasta su casamiento por poderes, en el 1941. Para hacernos una idea de la odisea del casamiento y su viaje a Italia, habría que tener en cuenta las dificultades que existían para salir fuera de España en aquella época.

Aún estando Italia metida hasta el cuello en la segunda guerra mundial, mi madre consiguió pasaporte italiano y permiso de salida. No hay que olvidar que mi padre fue víctima de los llamados rojos, así, además de víctima de la Guerra Civil, era caído por Dios y por La Patria. Resulta triste pensar que la pérdida trágica de un ser querido, la sociedad dañada por la guerra, le diese distintas categorías que determinaban quién podía andar libremente con un salvoconducto, sin problemas, y quién tenía que moverse con miedo, solo por ser familia de algún fusilado, también por Dios y por La Patria.

Resuelta la documentación necesaria, marchó de Cádiz a Barcelona en barco, y de Barcelona a Roma en avión. Tenía dinero suficiente, pero salir de España en avión, en plena Guerra Mundial, era una proeza al alcance de pocos. Allí la esperaba su marido, soldado del Ejército Italiano con un permiso de cuatro meses, y pienso que con un sueldo ‘de acuerdo a su categoría’.

LANJARÓN
En estos cuatro meses cambió todo en la casa. Mi abuelo, que padecía del hígado, tuvo una crisis y se marchó a Lanjarón para tomar las aguas, aconsejado por su médico. Mi abuela, mi hermano y yo nos marchamos, primero a Granada, donde estuvimos hospedados por unos días en el hotel La Perla, (recuerdo de haber comido chirimoyas por primera vez), y luego a Pinos Puente, en casa de una hermana suya. Aquello fue una aventura para mí hermano y para mí. Algunos años después, pensando en estos desplazamientos, me preguntaba ¿estarían huyendo mis abuelos de la crítica que había despertado, en El Puerto, la relación de mi madre con el italiano?, si no fue así ¿porque cerrar un negocio próspero, que gozaba de prestigio, recién ampliado y reformado, los cuatro últimos meses de ese año 41, y dejarnos sin Escuela?

Rafael, Enriqueta y Ángel; siempre se que se hacían una fotografía de estudio se desplazaban a Cádiz o Jerez. «Con el tiempo me haría más preguntas relacionadas con esta época, sin encontrar una respuesta lógica. Hoy se, que el día que mi madre nos sacó de paseo, a mi hermano y a mí y conocimos al italiano, marcaría un antes y un después en nuestras vidas. Lo recuerdo como si hubiese sido ayer, veo al soldado acercarse a nosotros y preguntarle a mi madre si los dos niños eran suyos.»

REGRESO A EL PUERTO.
Con su vuelta se volvió a la vida normal en El Puerto, al menos así lo veía yo, feliz por mi incorporación al Colegio, mi abuela en su tienda, y mi abuelo en una actitud de silencio total o perdido en viajes. Paraba poco en casa y los pocos días que estaba comía solo en su dormitorio. (En la imagen de la izquierda, Enriqueta Tenllado).

Del embarazo de mi madre me enteré cuando ya se le notaba, aunque ella ya me había dicho algo de un hermanito, sin explicarme el porqué de la gordura, yo lo sabía por los comentarios que los niños hacíamos en el colegio. Lo sabía mal, como sabíamos los niños de entonces todo lo relacionado con el sexo.

Recuerdo mi primera comunión, junto a mi hermano, a la vuelta de mi madre y antes del nacimiento de Fernando. Mi ingenuidad de entonces me hace reír y asombrarme hoy. En el equipo de comunión teníamos unos rosarios que mi madre trajo de Italia, bendecidos por el Papa Pío XII, que imagino los compraría en la Plaza de San Pedro en algún tenderete de artículos para regalos, pero yo lo imaginaba de otra manera. Estaba convencido, teniendo en cuenta la influencia que yo atribuía a mi padrastro, que el Papa en persona, le había entregado los rosarios a mi madre para sus hijos y me sentía tan orgulloso que se lo contaba a todos mis compañeros de Colegio como un hecho real. Quizás, en mi subconsciente se fraguaban esas fantasías en mi deseo de ayudar a mi madre, convertida en blanco de algunas críticas.

UN NUEVO HERMANO.
Llegamos al acontecimiento de mayor trascendencia que cambiaría muchas cosas, el nacimiento del hermanito. La noche en que nació, a mi hermano y a mí nos cambiaron de dormitorio en una habitación que daba al pasillo y recuerdo un tráfico de personas que llevaban palanganas de agua caliente al dormitorio de mi madre. Al fin de tanto ajetreo me quede dormido y por la mañana todo había terminado. Mi madre estaba radiante, no paraba de comentar lo guapo que era el niño y los ojos que tenía.

Al principio sentía envidia por mi nuevo hermano, y era lógico, mi madre seguía siendo cariñosa conmigo, pero le faltaba tiempo para serlo como antes, mi abuela que demostró en la dificultad ser una mujer maravillosa, entregada a los demás, nunca fue cariñosa, mi abuelo no hablaba con nadie y mi hermano mayor seguía  en su mundo particular, ¿Qué otra cosa podía sentir un niño con menos de diez años? Estos sentimientos modifican nuestro comportamiento, guardando lo que pensamos sin compartirlo con nadie. Son los primeros brotes de aislamiento e  independencia y los primeros desengaños.

CIERRE DEL NEGOCIO: LUCENA Y MÁLAGA.
Mi abuelo empezó a decir que quería morirse en Lucena, pueblo que le vio nacer, pero la verdad es que no podía aguantar por más tiempo vivir en El Puerto. Dicho y hecho, quitó el negocio, que acababa de ampliar y nos mudamos a Lucena. Allí alquiló una casa amplia, de dos plantas y un patio con una zona cubierta, donde se acopló todo el mobiliario del negocio y las existencias en una de las habitaciones repartidas en estanterías.

Como he dicho antes, estaba más tiempo en la calle, por tanto no dispongo de recuerdos directos de cómo se fue desarrollando el encuentro de este hombre con la realidad y tampoco recuerdo como se decidió venirnos a Málaga, seguramente, pensando en que una ciudad ofrecería mejores oportunidades que un pueblo, para una familia arruinada. Para financiar la operación, se malvendió el mobiliario junto con las existencias, de lo que fue un negocio y nos vinimos para Málaga en tren, cargados de muebles y enseres. De nuestra llegada a Málaga, recuerdo los dos carros, tirados por mulos, que transportaron nuestros muebles y sentir el aroma del mar que me transportó al Puerto de Santa María

EVOCACIÓN DE EL PUERTO.
Para terminar incluyo el último fragmento de mis recuerdos relacionados con El Puerto. Se trata del recuerdo de una evocación mucho más reciente, de un día especial, en los últimos años que viví en Italia. Recuerdo uno en especial, mi último viaje a Génova para una gestión de pasaporte. Me encontraba bastante deprimido y distraído con mis pensamientos, cometí algunas torpezas conduciendo y decidí pararme a descansar un poco. Ya había coronado los Apeninos; aquella cordillera me recordaba algo. Intentando descansar un rato, y distraído en el paisaje pensaba que estaba cerca de la costa. Efectivamente, Genova y la Costa Lígure se dibujaban al fondo. Fue entonces cuando mis sentidos, ante el paisaje y el aroma del mar, se concentraron en lejanos  recuerdos del Puerto de Santa María. No sé, el por qué, en aquel momento, empecé a evocar sensaciones vividas en la niñez, del Puerto y no de Málaga; quizás porque el final de mi niñez, vivida en Málaga, siempre quise borrarla de mi memoria. Al final reanudé mi viaje contento, en un estado de placidez y concentración,  distinto al que traía cuando salí de Biella.

Falangistas en formación, en la calle Larga.

La casa donde vivíamos en la calle Ganado en 1937, entre las dos plantas que tenía, vivíamos tres familias: Joaquina, su marido Alfonso y su hija, recién nacida, que vivían en la planta baja, y arriba mi familia y otra, que llegó poco antes de irnos, quiero recordar que eran los dueños del Cacao Pico.

Saliendo del portal, a la derecha estaba la calle Luna, y al fondo a la izquierda, la Plaza Peral y el Ayuntamiento. Frente había una tienda de muebles, de un tal Pedregal que estaba en el mismo colegio de mi hermano y mío. Era el Colegio de Don Alfonso Cárdenas, en la calle Luna. De este primer Colegio, conservo recuerdos muy bonitos en la clase de la señorita Paca. Lamenté dejarlo cuando nos fuimos del Puerto en el año 1943. Recuerdo la muerte del alumno Jaime Benjumeda  Osborne --hijo de Manolo Benjumeda y Margot Osborne-- por tétanos, que desarrolló después de una caída  en la parada de coches de caballo, de la Plaza Peral, junto al Bar Paquito.

La parada de coches de caballos en la Plaza de Isaac Peral.

Más recuerdos: la playa de la Puntilla, la Plaza de Toros, la Virgen de los Milagros. El orgullo que sentía entonces, por haber recibido la Confirmación por el Cardenal Segura en La Prioral, y por haber incorporado a mi nombre José, el de Ángel en memoria de mi padre. El pasar de las Cuadrillas en coches de caballo, por la calle Nevería en días de Toros. También una Corrida con Manolete y El Estudiante, en la que no se pudo ver nada de Manolete, por una cogida en su primer toro. Lo guardo en mi memoria, por los comentarios de mi vecino, buen aficionado que además, creo que tenía algún empleo en la Plaza de Toros.  También había un magnífico artesano que hacía figuras de Nacimiento; las modelaba y policromaba con verdadero arte. Les ponía un sello con su nombre, ¿podría ser Ángel Martínez?

Mi madre nos llevaba a la playa de La Puntilla, a mi hermano Rafalito y a mí, y a la niñera uniformada con su delantal blanco, me imagino que para distinguir nuestro rango. Lo más desagradable era la zambullida obligada que nos daba, una especie de marengo que cobraba por ello, cuando mi madre comprobaba que nos habían mojado bien la cabeza. Estoy seguro que aquel marengo es el responsable del exagerado respeto, por no decir miedo, que siempre le tuve al mar. (En la imagen, la madre de José Ángel con sus hijos en la Playa de La Puntilla. Cuando no le gustaba una fotografía a la madre de José Ángel, rayaba la cara).

Otras veces, con otros niños del colegio, íbamos al puerto a coger cangrejos, y en El Parque, paralelo al puerto, nos ocurrían cosas propias de una edad, que las hace inolvidables; yo tendría nueve años y mi hermano cerca de once. Había tres niñas quinceañeras o más, no sabría precisar, solo recuerdo que eran guapas, que tenían buen porte y cuyos nombres, que recuedo, voy a omitir. A él y a mí nos separaban del grupo, sabían nuestros nombres, y nos llevaban a los sitios más solitarios del Parque, nos cogían la mano y nos la ponían entre sus piernas, jugaban con nosotros y se reían de nuestra excitación. Aquel secreto de mi intimidad, que comparto por primera vez, se repitió varias veces, y aunque mi sentido de culpa me avergonzaba, recuerdo que sentía verdadero placer.

El taller del luthier, en Málaga.

A pesar de haber vivido muchos años en Málaga, solo de aquella época de El Puerto, mi memoria se impregnó del intenso olor de su puerto y de sus barcos, en contraste con el suave aroma de sus playas, ¡siempre ese olor que llevo conmigo! También de sus ardientes y luminosos colores del verano o de los grises violáceos del invierno, y la sensación de infinito en aquellos días en que el horizonte se funde con el cielo, o el rugido de las olas embravecidas, frente al murmullo de las mismas  olas, ya en calma, cuando mueren sobre la playa adornadas con su espuma blanca. Al contemplar, aunque solo sea en el recuerdo, toda la riqueza sobrecogedora que nos brinda la naturaleza desde el mar, nuestros sentidos se tranquilizan y olvidan lo cotidiano, gozando la nostalgia de lejanas alegrías y melancólicas tristezas.

Al despertar de aquella evocación, comprendí mejor los versos de aquel poeta de El Puerto, Rafael Alberti, en su Marinero en tierra: «Si mi voz muriera en tierra/ llevadla a nivel del mar/ y dejadla en la ribera.»

3

Fila superior, de izquierda a derecha: Mari Luz Gallo, Lucía Guerra, Mariló King, Encarni Cubero, Milagros. Fila de en medio: Milagros Arjona, Paqui Patrón, Inma Parrado, Montse Guerra y Lourdes Marín. Fila inferior: Carmen Gil, Inma Gómez, Mercedes y Remedios Peña Cabrera. (Foto: Padre Martínez. Colección: Remedios Peña).

Fotografía está tomada hace 23 años en las escaleras de azulejos verdes, un día de mayo de 1987, a las alumnas de 5ª de Jardín de Infancia. Era la primera promoción de Técnicos Superiores de Jardín de Infancia que salían de las Escuelas Profesionales Sagrada Familia (SAFA) aunque, en la fotografía, falta la mitad de la clase ya que ese día estaban de prácticas en la Guardería Municipal en la calle Micaela Aramburu, cuya directora de prácticas entonces y actual directora del Centro es Inmaculada Paramio. Empezaron Formación Profesional del Primer Ciclo (2 años) en 1982; luego pasaron a Formación Profesional de Segundo Ciclo (3 años), sumándose las alumnas procedentes de Enfermería, estudios que quitaron ese año y que, años mas tarde, volverían a ofertar.

La propietaria de la foto del recuerdo, Remedios Peña, rememora a profesores como el ya desaparecido Padre Martínez, S.J., que daba clases de religión y fue el autor de la fotografía; José Peinado Matiola que daba clases de matemáticas junto a Herrador, Rafael, de Historia, … Era director del centro en aquellas fechas Antonio Ariza Albaiceta.

De izquierda a derecha, Antonio Ariza Albaiceta, el Padre Martínez, S.J. y José Peinado Matiola.

Como mantiene una de las protagonistas de la fotografía se llevaba el pelo cardado, que consiste en una técnica usada en peluquería para dar volumen artificialmente al cabello. Es un peinado batido que consiste en cepillar el pelo estirándolo todo hacia atrás y peinándolo en dirección contraria para dar un efecto de cabellera espesa y abundante. Algunas de las chicas, además de El Puerto, procedían de Rota y Chiclana.

23

El Banco Hispano Americano ha tenido una larga trayectoria en El Puerto desde que abriera como agencia hasta su implantación definitiva --y final, al incorporarse a una rueda de fusiones-- en la esquina de la casa de la calle Larga con Luna, con la nueva obra de aquella casa que tenía un tacón y que, con la reedificada albergando en sus bajos el citado banco.

A la izquierda, colegio de las Esclavas. A la derecha, a media calle, el tacón que desparecería con la construcción de la nueva sede del Banco Hispano Americano.

Este banco fue fundado en 1901 con el capital que algunos emigrantes y sus descendientes españoles habían amasado en tierras americanas y que, a su regreso tras los desastres de 1898 harían tomar conciencia a España cual era su papel entonces, en la historia y en el mundo.

En 1991 se crea el Banco Central Hispano, fruto de la fusión de los bancos Central e Hispano-Americano. Ocho años más tarde, en 1999 el Banco Central Hispano se fusiona con el Banco Santander, creando el Grupo Santander o Banco Santander Central Hispano, con el que permanece en la actualidad.

Despedida de Manuel Torres Vallejo, director entonces del Banco Hispano Americano, en el Hotel Loreto,  julio de 1947. De izquierda a derecha, fila inferior, Ramón Matiola Gutiérrez, desconocido, José Fernández García, José Sánchez Sánchez, José Luis Mesa González, Manuel Romero Rivas y Luis Pérez Sánchez; fila siguiente, José Luis Delgado Forjas, Antonio León Amo director, el homenajeado Manuel Torres Vallejo, José María Ruibal de Flores Jimenez, padre del cantautor Javier Ruibal y José Benítez Retamar; fila siguiente, Manuel Álvarez, Antonio García Brotons, Juan de Dios Mesa González, Juan Díaz Gómez, Antonio Ortega García, Juan Roselló Castell, Emilio Terol Escribano, José Roque Morales Augusto, Francisco Pérez Vázquez, Francisco González Rivera, Manuel Álvaro Campo y desconocido; fila superior, Antonio Castillo Padial, dos desconocidos, Manuel Torres hijo del recipiendario del homenaje por jubilación Torres, José Rodríguez López, Francisco Guerrero García, Andrés Jiménez Rodríguez, dos desconocidos, Santiago Castilla Robredo, Eduardo Cossi Aboza, Guillermo Jiménez Rodríguez, Fernando Polanco Sierpes, José Luis Gallardo Poullet y Eduardo Zamorano Lechuga.

Fila superior, de izquierda a derecha, Ramón Matiola Gutiérrez, José Fernández Gutiérrez, Antonio Ortega García, Juan Neva García, José Luis Gallardo Poullet, Juan de Dios Mesa González, Antonio Fajardo Díez, José Luis Mesa González, Francisco González Rivera, Juan Roselló Castell, Agustín Silonez Villaverde director de la entidad, José Sánchez Sánchez, Domingo Roa Duvige, Eduardo Cossi Aboza, Fernando Polanco Sierpes, y Juan Gallardo Poullet; fila del centro, Guillermo Jiménez Rodríguez, Emilio Ramírez Bermejo, Francisco Pérez Vázquez y Andrés Díaz Gómez; fila siguiente, Santiago Castilla Robredo, Manuel Romero Rivas, Manuel Alvaro Campo, Manuel Monje Alonso, José Rodríguez López, Plácido Romero Rivas y Francisco Guerrero García; fila inferior, Antonio García Brotons, Guillermo Jiménez Rodríguez y Antonio Barragán Rodríguez.

Esta otra imagen, ya a color, está tomada durante el homenaje por jubilación a Santiago Castilla Robredo y José Luis Gallardo Poullet. Fila superior, Alejandro Rodríguez Morillón, Juan Neva García, Andrés Díaz Gómez, Andrés Jiménez Rodríguez, José Luis Mesa González, Manuel Monje Alonso, Juan Gallardo Poullet y Ramírez; fila del centro, Ramón Matiola Gutiérrez, Guillermo Jiménez Rodríguez, Manuel Romero Rivas, desconocido de Jerez, que estaba en ventanilla, Santiago Castilla Robredo, Antonio Barragán, José Luis Gallardo Poullet, Juan Roselló Castell, Francisco González Rivera, José Fernández Gutiérrez, Luis Pérez Sánchez y Antonio García Brotons; agachados, Juan de Dios Mesa González, Juan Ruiz-Herrera Gallego, Antonio Matiola Mayorga, Domingo Monge Reinado, Manuel Gómez de ventanilla natural de Jerez, Manuel Álvaro y Antonio Perez Parralo.

(Imágenes pertenecientes a la Colección de Vicente González Lechuga).

4

Miguel Arniz Sánchez nace el 11 de noviembre de 1932, en el núm. 6 de la calle Descalzos --hoy Javier de Burgos--, hijo Diego Arniz ‘el Gallo’ –el mote proviene de su abuelo—nacido en 1896 y de Manuela Sánchez Jiménez, nacida en Ronda en 1898. Fueron siete hermanos, aunque le mayor fallecería prematuramente. Frente a la casa donde nació estaba la taberna ‘La Parra’, recuerda Miguel que al hijo de una vecina lo emborracharon unos familiares teniendo 9 años y murió.

“En los inviernos de mi niñez las noches eran muy largas al no haber cambio de hora y oscurecía muy pronto. A las seis de la tarde ya era de noche. Mi madre y yo nos acercábamos a la copa de cisco y picón para calentarnos. Nos alumbrábamos con un reverbero porque nadie tenía luz eléctrica, y se utilizaban periquillos, palmatorias, mariposas, quinqués, … Decía mi madre que, de niña, jugaba con las hermanas de Juan Belmonte, que vivían en la calle Cielos frente a la Taberna ‘La Burra –ver nótula núm. 489 en GdP--. Entonces Juan era albañil.”

Interior de las dependencias del despacho de La Burra, por otro nombre 'La Andaluza'.

SALA Y ALCOBA.
Vivían 9 personas en dos habitaciones, lo que se conocía como ‘sala y alcoba’. Tenía 16 vecinos en la planta baja y había una casera que entonces hacía las funciones de lo que hoy se podría denominar el presidente de la comunidad de vecinos, que no pagaba alquiler y a cambio velaba por el orden, mantenimiento y el cobro de los recibos de los vecinos. Existían dos cocinas grandes, comunitarias, una en el patio de arriba y otra en el de abajo; se guisaba en anafes con leña o carbón de cok, según las posibilidades económicas. También existían dos lavaderos comunitarios, con varios lebrillos grandes sobre un poyete y una poza para vaciar el agua en el rincón del mismo; la colada se hacía en un caldero a fuego y con un palo grande se movían las ropas con jabón; la lejía era agua y ceniza de los anafes. También existían dos excusados colectivos, en ambos patios.

La casa, conocida como de San José, tenía en la parte alta una azotea con cordeles para tender y sobre los poyetes las mujeres cuidaban macetas con claveles y nardos con olores muy penetrantes. Había dos pozos para coger el agua para el consumo doméstico: beber, lavarse, hacer la colada, limpieza, … además se traía aguas de las fuentes y pilones públicos. Los niños jugaban con pelotas hechas de trapo.

PERSONAJES CONOCIDOS.
“Donde yo nací vivía una familia gitana, para mi un ejemplo de buenas personas y, de vez en cuando daban una fiesta, en la que bailaba Anzonini”. Recuerda a una persona caritativa, el médico Daniel Ortega con nótula núm. 734 en Gente del Puerto, que iba a su casa a curarle unas heridas con tres años, y que no le cobraba nada porque eran gente humilde y sin dinero, según le contaría su madre. (En la imagen de la izquierda, Daniel Ortega).

PRIMO DE RIVERA.
Su madre le contó de su abuelo Diego, que era Guarda de Campo,  que “A la Feria de Ganado venían muchos señoritos de Jerez, que se hartaban de copas y molestaban. Mi abuelo y el compañero tuvieron que tentarle la cara a un joven Miguel Primo de Rivera y Orbaneja para que se marchara. Años más tarde, siendo Jefe del Estado durante la Dictadura los mandó llamar. Ante el susto evidente no pudieron sino relajarse al decirles Primo de Rivera que “--Ojalá hubiera más representantes de la autoridad como Vds.”.

DIEGO ARNIZ, SU PADRE.
De su padre recuerda que desde muy niño empezó a trabajar en las canteras de San Cristóbal, sin apenas escolarización, tuvo que aprender a leer y escribir por libre. Trabajaría en un molino propiedad de unos italianos que se cerraron tras la Guerra Civil. Por cierto que su padre, de izquierdas, se salvo de ser fusilado por la oportunidad que le ofreció Fernando Zamacola –nótula núm. 800 en GdP— de ir a luchar al frente de batalla. Su padre trabajaría también en Sevilla como molinero y luego en El Puerto como consumista (que era el que cobraba el arbitrio o impuesto sobre las mercancías que entraban en la ciudad), en el paso a nivel del tren de Rota, en la esquina del Cementerio; y en las bodegas de Caballero y Terry, donde se jubiló, muriendo en 1976 con 80 años.

Construcción de las Escuelas Profesionales Sagrada Familia.

LA ESCUELA.
Conoció varios colegios antes que los Jesuitas abrieran las Escuelitas en el año 1945. En el Asilo de Huérfanas de la calle Cielos, aunque los niños sin posibles entraban por la calle Diego Niño y luego en el Hospitalito, con un maestro que tenía serios problemas de visión: Diego Pérez Vélez y también recuerda a sus profesores Remigio Peñalver y Manuel Álvaro Bonet.

Desde los 9 a los 12 años se buscó la vida como pudo y supo, ante lo numeroso de la familia y el trabajo temporero de su padre. “Con mi amigo Julio Barcia nos arrimamos a la carnicería de  ‘El Lengue’ para hacerle encargos. Íbamos muy temprano –yo me levantaba a las cinco y media de la mañana-- al Matadero a recoger el menudo de las bestias tras sacrificarlos. Nunca llegaban las pajarillas y las mollejas de los cerdos que nos comíamos asada en un caldero de los que se usaban en el Matadero”.

Con 13 años ingresa en las Escuelas de la Sagrada Familia (SAFA)  junto a su hermano Carlos y más adelante otro hermano, Juan. De allí saldría, en junio de 1955 con su título de formación profesional como Oficial Cajista Impresor de tercera, una de las profesiones que ejercería a lo largo de su vida.


Miguel Arniz, primero por la izquierda en la pared, en el Taller de Imprenta de SAFA.

OSBORNE Y BELLAS ARTES.
Con apenas 17 años trabajaría como eventual en las Bodegas Jiménez Varela y en Osborne. Miguel recuerda bodegas no muy grandes, de entonces: Los Caracoles, en la calle Cruces cerca de Santa Clara; Velarde, en Diego Niño y Cielo, se entraba por Diego Niño; Antonio Márquez, en Puerto Escondido; los Giles, en Lechería, hoy Cervantes; Norberto Sordo, frente a la de los Giles, ambas daban al Ejido del Cementerio; Mesa, en Pozuelo, hoy Federico Rubio, cerca de Santa Lucía y la Bodega de Camacho, esquina calle Aurora con la Plaza del Polvorista.

Calle Aurora, a la izquierda la Plaza del Polvorista, a la derecha la Casa de Gaspar Aguado (Bar Playa Rempujo) y un poco más adelante la Casa de las Cadenas.

Miguel Arniz, agachado y vestido de claro, con el grupo de voces 'bajo' del Coro de Acción Católica, el 29 de diciembre de 1957.

En aquellas fechas estudiaba música en Bellas Artes con el Maestro Dueñas –ver nótula 197 en GdP-- Tocaba el clarinete y salía en las procesiones, en los Toros, en la Feria de Ganado, y en los escenarios inexistentes del Paseo de la Victoria y el Parque Calderón. Con 19 años hizo el Servicio Militar en la Marina, como voluntario, pero apenas estuvo seis meses, alegando defectos en la visión.

EL REÑIDERO.
En aquellos años fue portero de ‘El Reñidero’ que estaba en la calle de la Arena –hoy Arzobispo Vizarrón, ilustre porteño que fue virrey de Méjico--, donde se disputaban peleas de gallos ingleses; ayudaba, además en la gallera a Paco Ahucha en el bar como pinche. El vino que se bebía era Amontillado Fino Jardín, de Bodegas Jiménez Varela. Cuando algún gallo ‘cantaba la gallina’, se mataba y se guisaba con arroz y se bebía mucho vino. Eran días de arroz y gallos muertos. “Allí conocí a muchos exportadores de gallos a América y también a toreros. Recuerdo al matador de toros de San Fernando, Rafael Ortega, a quien le decía Enrique Tabares, que era como el juez del reñidero: «—Rafael, que son las cinco menos cuarto y tienes que torear. Corre chiquillo, que es tarde», y Ortega se fue corriendo a la pensión Loreto a cambiar su ropa de paisano por el traje de luces, que era muy aficionado a los gallos. Durante las comidas se escuchaban cantes flamencos y las transacciones se hacían no en pesetas, sino en reales; por ejemplo, en las peleas apostaban por un gallo diciendo: «--Cinco mil reales doy», otros decían «--Doble», y así estaban desde las tres de la tarde hasta las ocho”.

EL PADRE GUERRERO.
Miguel tenía trato y conocimiento con el Padre Guerrero, S. J. –ver nótula núm. 761  en GdP— desde su etapa como alumno en la Escuelita. Este jesuita conocía a mucha gente y, además, era el capellán de la Base Naval de Rota. Miguel trabajaba entonces en una imprenta y, el sueldo de impresor no le alcanzaba para ‘juntar para casarse’ con la que sería su mujer, Milagros Delgado, además de ayudar en su casa, así que se dirigió al Padre Guerrero. «--¿Tu quieres trabajar en lo que sea en la Base de Rota, hasta que monten una imprenta y luego te cambias?», aceptando Miguel de inmediato quintuplicando el sueldo. Estábamos en enero de 1959 con un Miguel convertido en pintor, aprendiendo inglés, luego pasaría a administrativo e incluso a Jefe de Pintores, algo que no le gustó. (En la imagen de la izquierda, fachada con cierre y puerta de la casa de los Merello Alvarez-Campana en calle Luna, junto al desaparecido Teatro Principal, hoy sede de Banesto. Detrás de la niña, Pepa la de Arcos, suegra de Miguel Arniz, y el 'Ama' de los Merello. Año 1932).

FERNANDO A. DE TERRY.
A finales de los cincuenta tuvo oportunidad, también por mediación del Padre Guerrero de entrar a trabajar en el departamento de RRPP en las Bodegas Fernando A. de Terry, sus conocimientos de inglés fueron decisivos. Allí permanecería por espacio de 30 años, hasta su jubilación, trabajando a las órdenes de Jacinto Cossi Ochoa –-éste, que lo llamaba sobrino, le dio un consejo: ‘trata al más bajo igual que al más alto, no midas a la gente por su altura social, trata a todos por igual, que no sabes donde estarán el día de mañana’. También trabajaría en el departamento con Juan Ignacio Varela Gilabert o Fernando Gago García. Allí le escuché contar una teoría que le explicaba a los americanos en sus visitas a la bodega, sobre como alcanzar la paz eterna. «--Yo chapurreaba bastante inglés –estuve trabajando en la Base de Rota- y les decía en su lengua: ‘el que bebe se emborracha, el que se emborracha duerme, el que duerme no peca, el que no peca va al cielo, luego si al cielo vamos, bebamos’». Las carcajadas se escuchaban también en inglés.

De izquierda a derecha, Isidro Obregón, Abelardo Izquierdo, el camarero Vaca hijo de los conserjes de la Plaza de Toros, Miguel Arniz, Antonio Soto Morión y desconocido de espaldas, en el Bar Antigua de Cabo, junto al Hostal Loreto. Diciembre de 1957.

Recuerda las Bodegas Terry como una de las más avanzadas socialmente en la época: «--Muchos trabajadores de Terry pagaron con su libertad, la lucha por los derechos de los trabajadores: Pepe Marroquín, Santiago Gallardo o Esteban Caamaño, uno de los líderes sindicales de España del momento. Pero es bien cierto que en Terry había más libertad que en otros sitios durante el antiguo régimen. Y además los que más pagaban: fueron los pioneros de los pluses o ‘primas’. Los Terry Merello y los Merello del Cuvillo, eran buenas gentes, empezando por la viuda, Isabel Merello, un estilo a Rufina Vergara que ayudaban a los necesitados y no se enteraba nadie. A sus entierros fueron muchísima gente».

Juan Ignacio Varela Gilabert, a la izquierda de la imagen, Jefe de RRPP de Terry, atendiendo  a una visita.

Miguel Arniz, a la derecha, en el Orfeón Portuense.

Miguel da un consejo sobre como hay que beber nuestros vinos: «--Los comerciales, que vendían los productos a costa de su hígado, empezaban a las 8 de la mañana con una copa de brandy, seguían a las 11 con el oloroso, sobre las 12,15 una copa de amontillado, para seguir ‘jugando’ con el vino fino el resto del día. Y es que hay que beber los vinos de mayor a menor. Era gente que sabía beber para aguantar». O sea, que quien a las once no toma una, a la una no toma veintiuna.

Diego Suárez García, ‘Cantero’, nacido en la calle Lechería, 5 (calle Cervantes) el 20 de septiembre de 1944, bautizado en la Iglesia de San Joaquín. Tiene pues 66 años y presume de tener 16 hijos: 11 de su primera mujer y 5 de la segunda, que le han dado algo más de 30 nietos. ‘Cantero’ trabajó como eventual en las Bodegas Terry y Osborne “pero allí se ganaba poco dinero” y cuando comprobó con 21 años que por un día de estiba en los muelles cobraría 18.000 pesetas de los años sesenta del siglo pasado, su vida profesional discurriría ya como trabajado portuario, donde ha permanecido por espacio de 44 años hasta su jubilación.

Es asiduo visitante del tabanco El Bodegón, en la calle Pagador, que regenta Hector Cárdenas,  (ver nótula 816 en GdP) donde ya es conocido por lo singular del Ajo Caliente que prepara y donde, también, cantiñea algo de flamenco los fines de semana.

La casa donde nació y vivió Diego era la casa de ‘la Tormenta’, donde también vivía Cándida ‘la Negra’, (ver nótula núm. 214  en GdP) y un poco más arriba los Villar. De Cándida recuerda cuando él contaba apenas 7 años y, accidentalmente, se prendió la ropa lo que le produjo daños que la llevaron a la muerte. Era 1951. El abuelo de Diego, Eduardo de los Reyes y Reyes, la cubrió con un chaquetón pero poco pudo hacer. En un coche de caballos de Ariza la condujeron al desaparecido Hospital San Juan de Dios, donde fallecería a los pocos días, con 110 años.

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Enrique Pedregal Valenzuela nace en 1937 en el número 7 de la calle San Juan, quinto hijo del matrimonio formado por Enrique Pedregal, natural de El Arahal (Sevilla) y de la jerezana Ángeles Valenzuela Carribero. Los hermanos Paquita, Conchita, Eugenio, Miguel, Enrique, José María y Angelita serían los hijos de tan numerosa familia. Enrique viviría, a lo largo de su vida también en la calle La Palma, Nevería, San Bartolomé, San Sebastián, Santa Luciía y, desde 1980, en la esquina de Santo Domingo esquina y vuelta con San Bartolomé.

En 1937, año del nacimiento de Enrique, fueron alcaldes de El Puerto, Francisco Quijano Rosende y Antonio Rives Brest. Rafael Alberti publica ‘De un momento a otro’. Llega a El Puerto el músico Francisco Dueñas Piñero, que entra a prestar sus servicios en el Ayuntamiento. El General Modesto mandaba la 4ª División del Cuerpo del Ejército de Madrid. El 14 de enero fallecía en El Puerto, José A. Ruiz de Cortázar y Sanginés, Interventor de Fondos del Ayuntamiento, casado con Luisa Tosar y Zurututza. Fueron fusilados, en el término de El Puerto, la madrugada del 4 de enero, Luis García Sahagún, maestro nacional y ex-primer teniente de alcalde del último ayuntamiento republicano de Sanlúcar, junto a él, el hijo el ‘Quincallero’ de la Plaza de San Roque, ‘el Manga’, secretario que fue de los viticultores y ‘el Chato de la Dehesa’ padre, todos ellos de Sanlúcar. Al mes siguiente, en febrero, el General Franco le concedía la Medalla Militar individual al falangista Fernando Zamacola. El alcalde socialista de Torre Alháquime Pedro Pérez Álvarez fue condenado a muerte y fusilado en El Puerto el 2 de julio de ese año.

Imposición de la insignia de la Juventud de Acción Católica en San Joaquín, con Don Luis Bellido y Luis Almansa.

Estudió en La Divina Pastora, en la calle Luna y con D. Juan ‘el Cojo’, y más adelante en Campano (Chiclana) interno, donde coincidiría con Pepe Macías, Pedro Gutiérrez Maza, Manuel Villanueva entre otros. De vuelta a El Puerto, estudia en La Pescadería, donde coincidirá con Joaquín Solís, Pepe Alba, Antonio Benjumeda, Pepe Crespo, … hasta reválida de sexto, quedándose como profesor, donde permanecerá por espacio de 7 años, dejando la docencia el primer año en el que este colegio se traslada a los Jesuitas, por incorporación al negocio familiar de los muebles.

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Trabajando en la mesa de despacho de su padre, que todavía conserva.

Huérfano de padre desde los 13 años, Muebles Pedregal era llevado por su viuda, Ángeles Valenzuela, una trabajadora infatigable, que a veces no dormía de noche, trabajando, para poder cumplir los compromisos y sacar a tan numerosa prole adelante, que además regentó un almacén de Ultramarinos en la esquina de San Bartolomé con Federico Rubio, donde está el Bar Triana.

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Durante unas maniobras, haciendo el Servicio Militar.

Hijo de viuda, trabajando, pidió varias prórrogas posponiendo el Servicio Militar que acabaría haciendo en la sede central del Ministerio del Ejército en Madrid, con 26 años. Recuerda Enrique que allí se comía y se vestía bien –estamos en 1963--, dando clases por las tardes a los que no sabían leer y escribir. Su destino final sería como administrador de diferentes campamentos. Era ministro del Ejército por entonces Camilo Menéndez. De su don de gentes queda la anécdota de que acabaría tomando copas con el ministro en una cafetería cercana al ministerio.

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Con su novia, Milagritos Cárave, con la que ya casado tendría cuatro hijos.

Se casa en 1966 con Milagros Cárave García y se va a vivir a la casa familiar en San Bartolomé, frente a la portada barroca del Instituto Santo Domingo. Con Milagros tendrá cuatro hijos que le han dado nueve nietos.

HERMANDAD DEL OLIVO.
En 1960 se suma a la iniciativa de aquellos cuatro jóvenes que la tarde del Domingo de Ramos de 1960 de fundar una nueva hermandad en El Puerto, El Olivo, que este año ha cumplido los cincuenta de existencia. Formó parte de aquellos 20 hermanos que, aportando cien pesetas cada uno, conseguirían adquirir los enseres imprescindibles para sacar, al año siguiente la Hermandad a la calle. Y recuerda a Luis y Enrique Ortega, Chemari Gutiérrez Colosía, Antonio Herreros, … Para sacar adelante la Casa de Hermandad de la calle San Sebastián, --las Escuelas Pías de la Aurora—se organizaron diversas campañas: la Operación Ladrillo, la Operación Vigueta. Estuvieron incluso a punto de comprar la Iglesia de las Capuchinas al promotor inmobiliario Fernando Medina, de FERMESA, operación que no cuajaría. Enrique Pedregal fue Hermano Mayor de El Olivo durante un mandato.

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En la Feria, de izquierda a derecha, María del Carmen Gómez, Antonio Romero Castro, Enrique Pedregal, Milagros Cárave, Paquita Fernández Vélez y Antonio Otero, de Obras Públicas.

HELO LIBO.
Con Antonio Romero Castro se puso a la faena de montar una caseta en la Feria de Ganado –la versión de día de la Feria de Primavera— en el Palmar. Pusieron de moda la venta de tickets usando para ello el kiosco que se utilizaba para la venta de tickets en las Carreras de Caballos de Valdelagrana. Aquellos fueron vinos de Jiménez Varela los que se llevaron a la Feria.

Al año siguiente, fueron a un sitio mejor, con la caseta más amplia, llegando a vender 1000 medias botellas de Fino Quinta, que costaba entonces 25 pesetas. Ese año inventaron los tickets vendidos antes de la Feria. Y ya desde siempre llevarían los vinos de Osborne.

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El año del Pregón de Helo-Libo, de izquierda a derecha, Juanin Varela, Juan Durio Siloniz, Enrique Pedregal, Paco del Castillo, Manuel Martínez Alfonso y, de espaldas, Ventura Lozano Moreno.

En 1992, conocedor como nadie de la historia de la caseta y de la Feria, pregonó el Decimoprimer Pregón de El Olivo, cuya caseta ya había conocido otras ubicaciones: 2 en El Palmar, 1 en Crevillet y 2 en Las Banderas. Artífice del palabro ‘Helo-Libo’ lo que viene a significar ‘Aquí Bebo’, recuerda como se popularizaron en Crevillet los pollos asados y la venta de lechugas aliñadas en el interior de la Caseta. Y rememora cuando el torero ‘El Viti’ reapareció en El Puerto durante la corrida de Feria: dos autobuses de Vitigudino (Salamanca) habían venido a verlo, pero estuvieron tan a gusto en la Feria que no pisaron la Plaza de Toros y se enteraron del festejo por la crónica radiada de D. Manuel Rosales, ‘Don Puyazo’.

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En 1995, en la Caseta de Helo-Libo, con algunos prgoneros de la fiesta:   Juan Ignacio Varela Gilabert, Manuel Martínez Alfonso, Serafín Álvarez-Campana Gaztelu, Francisco del Castillo-Merino Tellería, Juan Durio Siloniz, Luis Suárez Ávila, Enrique Pedregal Valenzuela, Jesús Nogués Ropero, Venancio González, Antonio Muñoz Cuenca y Juan Villarreal Panadero, conjuntamente.

GRANDES ALMACENES.
Los principios de la tienda, cuando los muebles llegaban en bruto y había que terminarlos en el almacén, son memorables. La casa de la calle Nevería habaía pertenecido al padre del poeta José Luis Tejada –don Felix Tejada—y, aunque primero estuvieron de alquiler, será a finales de la década de 1950 cuando adquieren la propiedad del edificio. Aprovechando un viaje de la matriarca a Barcelona, Enrique desmontó la vivienda familiar y también la usó como zona de exposición. Se incorporan al negocio su hermano Eugenio, que vivía y trabajaba en Barcelona y su cuñado Benjamín Lora. Habían nacido los nuevos Muebles Pedregal y se quintuplicaron las ventas.

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Con 'la competencia' los hermanos Diego y Antonio Pantoja del Puerto, tomando una copa de Fino Marinero.

Durante un tiempo existieron en El Puerto dos grandes casas de venta de muebles: Pedregal y Pantoja en la calle Larga; mas adelante vendrían Mobilandia y otros. José Pantoja, natural de Medina y padre también de una prolífica descendencia, tenía un estudio de fotografía en la calle Ganado. Era curioso observar como, en la propaganda en los cines, y luego también en letra impresa en los periódicos de la época, el eslogan publicitario que promocionó Enrique era: “Si, pero… Muebles Pedregal es mejor”, algo que hacía sin meterse con nadie, pero en clara alusión a la competencia, algo prohibido en la normativa publicitaria española. El logotipo de la firma era la ficha del Dominó del 3 doble, y en las esquinas del centro se podían ver las ofertas anunciadas en una especie de cartelera de cine, en este caso, de muebles.

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En la Base Naval de Rota, recibiendo la acreditación como único miembro civil del Club 'Hay Motivo'.

LA RECONVERSIÓN.
El edificio emblemático de cuatro plantas de la calle Nevería se construiría en el solar que dejó la casa en 1972 y que traería la transformación, muy de la época, hacia un nuevo concepto, el de Gran Almacén. Ya no solo se atiende al particular sino a los promotores inmobiliarios de la zona que entregan apartamentos amueblados. Luego vendrían organismos oficiales y grandes colectivos: la Base Naval de Rota, los Cuarteles de Infantería de Marina de San Fernando, el Cuartel de la Legión en Ronda, Diputación, ayuntamientos, … Todo desde la calle Nevería. La empresa llegaría a tener a 35 trabajadores en plantilla y una importante flotilla de vehículos, además de almacenes fuera de la sede central de Nevería.

Las grandes superficies, la competencia salvaje desde otros grandes almacenes de la provincia e incluso fuera de ella llevan a la reconversión de Muebles Pedregal que se acaba deshaciendo del inmueble de Nevería, que venderá al Ayuntamiento y hoy es sede del Área de Bienestar Social. La firma se traslada a la Plaza de Isaac Peral y luego a Nevería, muy cerca del antiguo Ayuntamiento, cesando en la actividad en la última tienda que tuvo hasta hace algo más de un año en la calle Luna arriba y unas naves en los Polígonos Industriales. Su hijo Eugenio continúa con la actividad de los muebles como delegado en Andalucía de importantes firmas de muebles de oficina e industriales.

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Durante una procesión del Corpus, la Corporación Municipal bajo mazas, a su paso por la Plaza de Isaac Peral. De izquierda a derecha, Federico Aguirre, Oficial Mayor y los concejales Antonio Benjumeda Abreu, Francisco Manzano Ortega, Juan Ponce, Enrique Pedregal y Antonio Cólogan. Detrás las representaciones de la Guarcia Civil, Capitán Luis Fiteni, la Marina, el Ayudante Manuel Sañé Mateo y el Juez de Primera Instancia, José Luis Suárez Gutiérrez,, acompañando al alcalde Terry Galarza; detrás de éste el comandante de la Policía Municipal, Manuel López.

EL TERCIO FAMILIAR.
Entre 1948 y 1973, se celebraron nueve elecciones de concejales en los municipios españoles. Los ayuntamientos de la etapa franquista estaban constituidos por concejales procedentes de tres sistemas de acceso al cargo o bloques: el tercio familiar, entre personas conocidas con algún tipo de trayectoria en El Puerto que se presentaban y podían ser votadas, exclusivamente, por los cabezas de familia, pero que tenían que cumplir algunos requisitos (en 1968 se reformó la ley y las mujeres casadas pudieron ser elegibles y electoras en los comicios de concejales del tercio de representación familiar, pudiendo ejercer este derecho en las municipales de 1970 y 1973); el tercio sindical, que eran los concejales elegidos por los sindicatos verticales;  y el tercio a propuesta del Gobernador Civil que conformaban los ediles designados por los dos grupos anteriores entre vecinos miembros de entidades económicas, culturales o profesionales de la localidad, o entre vecinos de reconocido prestigio. Los propuestos, como se ha dicho, lo eran por el Gobernador Civil de la Provincia, a su vez Jefe Provincial del Movimiento, que era quien, además designaba al alcalde. Ese tercio familiar fue el primer resquicio de democracia aparente, por el que empezaron a entrar en los ayuntamientos personas que no eran afines al régimen y con otro tipo de inquietudes.

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Jurando su cargo como concejal. De izquierda a derecha, Alfonso Osborne Vázquez, Carlos del Poyo Navas, Fernando T. de Terry y el Secretario General, Jaimen Fernández Criado. 1973.

Enrique entró como concejal en el Ayuntamiento por el Tercio Familiar en 1973, siendo el más joven de la Corporación con 35 años, junto a Manuel Martínez Alfonso, catedrático de Instituto y Manuel Pérez Pichaco, exportador de pescados, siendo alcalde Fernando T. de Terry Galarza y permaneciendo en la corporación hasta el final de los ayuntamientos franquistas, en 1979; en esos años, en plena Transición Política, se cambiarían las normas de acceso a la alcaldía, siendo el alcalde elegido por los concejales en lugar de por el Gobernador Civil.

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Como concejal de Transportes, acompañando a Fernando T. de Terry y a un joven presidente de la CEA, Gerardo Díaz Ferrán, inaugurando la nueva flotilla de auobuses urbanos.

ALCALDE (1978-1979).

Enrique ocuparía diferentes concejalías así como la Cuarta Tenencia de Alcaldía hasta llegar a la Primera. Entre sus responsabilidades como edil tuvo las de Urbanismo, Tráfico y Policía, Hacienda, Abastecimiento de Aguas, Trasnsportes, Polígonos Industriales, Matadero… fueron siete años de intensa vida municipal en las que tuvo como presidente de la Corporación Municipal además de a Terry, a Manuel Martínez Alfonso y a Javier Merello Gaztelu, al que sustituyó por fallecimiento de éste en Octubre de 1978.

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El alcalde Enrique Pedregal se dirige a los detallistas del Mercado de la Concepción, ante la presencia de miembros de la Corporación, con motivo de la Festividad de dicho centro. De izquierda a derecha, Rafael Moreno Porto, Francisco Sara, Federico Aguirre, Agustín 'el Sanluqueño', Manuel Gutiérrez 'el Cochino', Pedregal, Rafael Sevilla López, Juan Ponce y Juan Martín Vélez.

En aquellos siete meses recuerda que se daría licencia al Casino Bahía de Cádiz, se remodelarían las Plazas del Polvorista y de la Herrería y administraría los escasos recursos de que disponía en una institución abocada al cambio. Se pasaba el día en el Ayuntamiento y es que se llegaría a conocer el funcionamiento de la casa, por dentro. Permanecería en el cargo hasta las elecciones municipales que trajeron los ayuntamientos democráticos con la elección de Antonio Álvarez Herrera el 19 de abril de 1979.

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En la imagen, con Juan Manuel Torres, cediéndole terrenos del Patronato de Vivienda para uso municipal.

PATRONATO DE LA VIVIENDA.
Para Enrique, lo mejor que le pasó a El Puerto para la erradicación de la infravivienda y la creación de las primeras viviendas en propiedad para muchos trabajadores porteños. Formó parte del Patronato de la Vivienda ‘Virgen de los Milagros’ con Fernando T. de Terry. El alcalde era a su vez el presidente de dicho organismo. Enrique, tras su paso por la alcaldía y como todos los que habían sido alcaldes con anterioridad, pasaban a ocupar una vicepresidencia en el Patronato, así que fue vicepresidente de Antonio Álvarez Herrera, primer alcalde del actual periodo constitucional. Los nuevos ayuntamientos, ya con Álvarez fuera de la alcaldía e incluso fuera del Patronato, se desentendieron del organismo, incluso se llegó a crear otro de nombre parecido y una empresa municipal Suvipuerto, que es la que tiene ahora las competencias en la creación de viviendas sociales. Al aparecer Suvipuerto, con Enrique como presidente final, se liquidaría el patronato, repartiendo los activos económicos, según disponían los estatutos, en centros sociales: Cruz Roja, Apadeni, Lucha contra el Cáncer, Sol y Vida, Asilo de Ancianos, etc… hace aproximadamente cinco años.

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Enrique y Milagros, durante las Bodas de Plata matrimoniales, apradinados por sus hijos.

ASOCIACIÓN DE EMPRESARIOS.
A finales de la década de 1980 crea junto a un grupo de emprendedores, la Asociación de Empresarios de El Puerto de la que resultaría elegido su primer presidente, repitiendo durante varios mandatos. Martillo del gobierno local socialista, le llegaría a decir al alcalde Torres: “--Me voy a convertir en tu Pepito Grillo”. Bien es cierto que se entendería mejor con el alcalde independiente que saldría de las urnas de 1991, Hernán Díaz, al que apoyó en su candidatura doblemente: retirando una iniciativa para la creación de un partido local, auspiciado por el propio Pedregal y otro ex alcalde Fernando T. de Terry y ayudando económicamente, como otros empresarios a aquel partido que nacía en 1990.

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La primera carrera de motos de la que se tiene constancia en nuestra Ciudad fue en Valdelagrana, el día de Santiago Apóstol –25 de julio—de 1956. Aquella carrera fue un tanto atípica ya que no fue de velocidad o tiempo, sino de obstáculos. En realidad fue una Ginkhana de obstáculos en la que, los participantes, debían superar un número determinado de dificultades, acompañados por una señorita ‘de paquete’. Los premios, substanciosos para la época, fueron de 500, 300 y 200 pesetas para los primeros clasificados, recibiendo sus acompañantes un obsequio. Así, el ganador sería Carlos Bernal Fernández y su copiloto la señorita Esquilino, a quien regalaron una polvera.

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Bajo la organización del Ayuntamiento de El Puerto y contando con la asesoría técnica del Moto Club Jerezano, dos años más tarde y de forma ininterrumpida hasta 1965 se celebrarían carreras de velocidad. Los jerezanos Francisco Pacheco Romero, Pepe Torrent y José García Cauqui fundadores del motoclub, fueron eficaces colaboradores de la concejalía de Deportes de aquellos años. Había nacido el ‘Gran Premio Motorista de la Playa de Valdegrana’. Durante las mañanas dominicales de la segunda quincena de agosto, --en función de las mareas sería un domingo u otro-- se llevaría a cabo este evento deportivo.

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Cinco años después de la primea carrera, en 1960, la Revista Cruzados hacía una crónica de la prueba celebrada el 28 de agosto del inicio de la década: “Con extraordinario éxito deportivo y de asistencia de público, se celebró en la mañana del pasado domingo el V Gran Premio Motorista de la Playa de Valdelagrana, prueba que de año en año va superándose, alcanzando ya categoría nacional. […] En la prueba de velomotores hizo una magnífica carrera manteniéndose casi toda en primer lugar el jerezano Antonio Sánchez Garrido ‘Peluqui’, con Gimson, pero tuvo la desgracia de pinchar a última hora, ocasión que aprovechó Piñero, que marchaba en segundo lugar, para entrar triunfante en la meta.

La segunda carrera de clase 125 c.c., categoría regional’ Luis Sáez, líder del Campeonato Andaluz de Velocidad, realizó una soberbia exhibición, proclamándose vencedor. Le siguieron Juan Gallego y José  María Añón, pilotando los tres máquinas Bultaco.

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La más importante carrera del programa, categoría de 125 c.c. sport, fue parar el catalán Sirera sobre Montesa, pero debemos señalar que Luis Sáez (Bultaco) estuvo en el primer puesto casi toda la carrera, sufriendo una caída cuando faltaban unos quinientos metros parra la meta, privándole del triunfo. El duelo Sirera-Sáez fue sumamente reñido y de gran emoción. Detrás del motorista Sirera se clasificaron Juan Gallego y Antonio Gente, ambos en Bultaco”.

Las marcas que concurrieron, fueron todas nacionales: Montesa, Gimson, Bultaco –fundada en 1959—.  Además de los premios en metálico y trofeos, unas botellas especiales de Centenario Terry fueron entregadas a los ganadores. Los participantes concurrieron en tres pruebas como se ha dicho, en un Circuito que tenía 2 kilómetros en línea de ida y vuelta:

  • Velomotores de 50 o 77 cc. 10 vueltas al Circuito.
  • Motocicletas de 125 cc. De tipo regional. 25 vueltas.
  • Motocicletas de 125 cc. De competición, 30 vueltas.

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En el año 1962 se añadiría a las tres categorías anteriores la de ‘Fuerza Libre’, que ganó Torrás a lomos de una Bultaco. En 1963 ganaría Medrano, también sobre Bultaco, la de hasta 350 cc. Precisamente en 1963, el Moto Club Jerezano empezaría a organizar en Jerez, el ‘Trofeo Internacional Nuestra Señora de la Merced’, falleciendo ese mismo año el velocista jerezano Antonio Sánchez Garrido ‘Peluqui’; a finales de los sesenta ese Premio jerezano pasaría al Polígono de El Portal, precursor del futuro Circuito de Velocidad de la ciudad vecina donde, entre otros, correría el español Ángel Nieto, quizás el mejor piloto español de todos los tiempos.

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La Revista Cruzados de la época recomendaba a los asistentes: “atienda rigurosamente las instrucciones que se den por los servicios de altavoces, para la mejor organización de las carreras y sobre todo dejen totalmente libre el circuito para evitar accidentes, pues por la potencia de las máquinas y las velocidades que se logren, cualquier intromisión en el circuito puede ocasionar grave accidente”.

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Dos años más, hasta 1965 continuaría el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María organizando pruebas en Valdelagrana, hasta la mañana del 29 de agosto de 1965, celebrándose el X Trofeo en aquella playa, última prueba en la arena. Algunos intentos posteriores, ya sobre asfalto también en Valdelagrana, se celebraría en agosto de 1975, sin tener constancia de más pruebas. La afición se había trasladado a Jerez.

Todas las imágenes, salvo indicación en contrario, pertenecen a la carrera de motos celebrada el 28 de agosto de 1960. (Colección: Archivo Municipal. Tratamiento informático: Vicente González Lechuga).

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