El dramaturgo y director de escena José Luis Alonso de Santos nace en Valladolid en 1942, reside en Madrid desde 1959 y tiene su segunda residencia en El Puerto --donda pasa largas temporadas escribiendo, reflexionando, dirigiendo o descansando-- desde 1987, regalándole en la actualidad a su retina la luz y el color de nuestra Ciudad, desde la Costa Oeste.
Su implicación más fuerte con El Puerto viene desde hace cerca de 20 años, cuando asiste a un congreso teórico sobre Teatro que, organizado por el Ayuntamiento y la Universidad de Cádiz, se celebró en el Auditorio Muncipal del antiguo Convento de las Capuchinas. Allí conoce al entonces concejal de cultura, Juan Góméz y con él y su equipo técnico -entre los que cita a Javier Maldonado y Antonio Ahucha entre otros- surgió el Festival de Teatro de Comedias 'Pedro Muñoz Seca', que este año va por su XVIII edición. (Ilustración: En la presentación del libreto de 'La Cena de los Generales' de la que es autor, en el Teatro Muñoz Seca el pasado 2008, organizado por Diario de Cádiz y el Ayuntamiento. Foto: JMM).
Alonso de Santos puso sus conocimientos y contactos, Juan Gómez su capacidad de buen gestor cultural, que aun conserva entre la ciudadanía, y el equipo técnico de cultura la puesta en marcha y el día a día para hacer que éste sea uno de los mejores festivales, ya consolidados, del panorama de comedias español. Para Alonso "en El Puerto no existía el Teatro hasta la llegada de Juan Gómez a la concejalía de Cultura". En la actualidad, José Luis Alonso dirige, además, la Compañía de Comedias de El Puerto, producida por Olvido Teatro, quienes recientemente han representado 'Anacleto se divorcia' en Tomares (Sevilla) y en la actualidad está dirigiendo una comedia de Arniches para la misma compañía, que tienen previsto estrenar en el Teatro Municipal 'Pedro Muñoz Seca', el próximo mes de octubre. Para Alonso, esta compañía se sitúa entre las mejores del panorama de comedias español. José Luis pertenece al Cuerpo de Académicos de la de Bellas Artes 'Santa Cecilia' de nuestra Ciudad. (En la ilustración, el cartel de la XVIII edición del Festival de Teatro de Comedias de El Puerto de Santa María, correspondiente a este año 2009, el año de su mayoría de edad).
Alonso es Licenciado en Ciencias de la Información, rama Imagen y en Psicología, cursando estudios teatrales en el Teatro Estudio de Madrid. En 1964 se inició en los grupos de teatro independiente: el TEM, Tábano, TEI y Teatro Libre, en los que trabajó como actor, director y dramaturgo, entre los años 1971 y 1981. Ha sido director de la Real Escuela Superior de Arte Darmático de Madrid, así como Catedrático de Escritura Dramática, en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Además en los últimos años ha sido director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Ya está retirado de la enseñanza, y afirma que tampoco acepta cargos.

"La Cena de los Generales" representada el pasado año en el 'Teatro Muñoz Seca', con Sancho Gracia en el papel protagonista.
AUTOR DE ÉXITO.
Es autor de unas treinta obras, estrenadas con gran éxito de crítica y público, entre las que destacan: “Bajarse al moro”, “La estanquera de Vallecas” y “Salvajes” (las tres llevadas al cine), “¡Viva el duque, nuestro dueño!”, “El álbum familiar”, “Pares y Nines”, “Fuera de quicio”, “Trampa para pájaros”, “Dígaselo con valium”, “La sombra del Tenorio”, “Yonquis y yanquis”, “Un hombre de suerte”, “Cuadros de humor y amor al fresco” "La Cena de los Generales", ... Así mismo ha realizado la versión de medio centenar de obras de autores como Plauto, Moreto, Aristófanes, Molière, Shakespeare o Calderón, y ha escrito guiones de cine, series de televisión, narrativa infantil y novelas, y las versiones libres para teatro de las novelas: “El Buscón”, de Quevedo, y “Yo, Claudio” de Robert Graves.
En 'Trampa para pájaros' (1990), después de sus incursiones en la comedia humorística, coloca de nuevo ante el espectador la conflictiva realidad presente, esta vez en el debate político entre la intolerancia, último reducto de un sistema periclitado que representa Mauro, el ex policía franquista, y la libertad, personificada en su hermano Abel. Mauro era un pájaro en una trampa, ya no puede salir. Signos cainitas se perciben en la fraternal oposición y hasta en los nombres propios. La dialéctica soñador-activo que presentan los hermanos en su construcción como personajes evoca la planteada en la dramaturgia bueriana, de la que Alonso de Santos se reconoce deudor. Además de 'Trampa para pájaros' que ha dirigido este año, 18 después de su estreno, tiene de gira 'La cena de los generales'. Dos obras que nos retrotraen al franquismo. Pero como afirma Alosno de Santos: "--A mí, el franquismo como tema no me interesa. Es un contexto para tratar de otros asuntos. En Trampa... planteo el gran tema sobre el que gira la tragedia y nuestro teatro del Siglo de Oro, el de la batalla que mantenemos los humanos entre la cordura y la insensatez. El de la responsabilidad de nuestros actos. Nada queda atrás. Los fantasmas del pasado nos persiguen. Hasta heredamos las enfermedades de los padres. Crecemos entrando y saliendo de nuestros orígenes. El eterno 'álbum familiar', título de otra de mis obras más conocidas"
OBRAS PUBLICADAS.
Sus obras han sido publicadas tanto en España como en el extranjero. Se han publicado también ediciones críticas de Bajarse al moro (Madrid, Ed. Cátedra, 1988), El álbum familiar (Madrid, Ed. Espasa Calpe, 1992), La sombra del Tenorio y La estanquera de Vallecas (Madrid, Ed. Castalia, 1995), ¡Viva el duque, nuestro dueño! (Madrid, Ed. Castalia Didáctica, 2000), Yonquis y yanquis y Salvajes (Madrid, Ed. Castalia, 2001), Cuadros de humor y amor al fresco, (Madrid, Ed. Cátedra, 2006). En el ámbito teórico ha escrito ensayos y artículos de investigación teatral en la revista Primer Acto, de la que es redactor, y en la prensa general.
Asimismo, es autor, junto con Fermín Cabal del libro de ensayo El teatro español de los 80. También de un importante tratado sobre el texto dramático, La escritura dramática (Madrid. Ed. Castalia, 1998). En casi quinientas páginas, el autor vierte su experiencia de años de reflexión y magisterio y elabora un texto que es un conjunto de lecciones, una serie de reflexiones sobre el fenómeno de la creación dramática tal como él la practica. Las vivencias interiores del autor, constituidas por sus impulsos, deseos, preocupaciones, son para él el resorte que activa el acto creativo, y por ello el resultado nunca está libre de intencionalidad: "No sólo hacemos arte, sino que opinamos con nuestro arte". Toda la obra estará impregnada de la memoria, la fantasía, las emociones y los sentimientos del artista, quien proyectará, inevitablemente, su mensaje. Su último libro teórico Manual de teoría y práctica teatral (Madrid. Ed. Castalia, 2007).
DIRECTOR DE ESCENA.
Ha dirigido más de una treintena de obras teatrales de autores como B. Brecht, Aristófanes, Synge, Pío Baroja, Valle Inclán, Plauto, Shakespeare, Arniches. Calderón, Lope de Vega..., así como varios de sus propios textos. Sus últimos trabajos como director escénico han sido “La dama duende” , de Calderón, y “Peribáñez y el comendador de Ocaña” , de Lope de Vega (para la Compañía Nacional de Teatro Clásico), y “El gran teatro del mundo” , de Calderón. En 2007 dirigió la reposición de su obra 'Bajarse al Moro'. Y como se ha indicado, la versión de "Anacleto se Divorcia" con la Compañía de Comedias de El Puerto 'Olvido Teatro', así como 'La Sombra del Tenorio', escrita y dirigida por el propio Alonso, con la actuación de Chelique Miranda.

Alonso de Santos dirigiendo los ensayos de 'Anacleto se Divorcia' en el Muñoz Seca. De izquierda a derecha, de pie: Quique Miranda, Jesús Torres, Esther Pumar, Paco Crespo y José Luis Alonso; de espaldas, Manolo Morillo, Manolo Barba, Chelique Miranda, y Lola Teja.
ANACLETO SE DIVORCIA.
Es una comedia de ambiente andaluz, en el que el matrimonio formado por Anacleto y Baldomera, de caracteres opuestos, discuten frecuentemente por sus desavenencias hasta justo el día en que el marido decide cortar de raíz el problema y divorciarse. Al separarse, él queda abandonado, desaliñado y sucio, no encontrando en este novedoso estado civil, la felicidad que deseaba obtener. En el centro de la trama, un problema afilado en esta adaptación realizada por Alonso de Santos, algo que hunde sus raíces en la aparición misma del ser humano, el te quiero - no te quiero; ni contigo - ni sin ti. Destaca el desarrollo dramático de las relaciones de dos generaciones distintas, un retrato poco usual sobre las tablas, donde el amor juvenil copa la mayoría de puestas en escena. La obra invita al espectador al paso de la euforia de la recién adquirida liberación de las cadenas del matrimonio, al golpe que propina la dura realidad de la soledad y el “no sabemos que tenemos hasta que lo perdemos”. Un camino, el de la separación, que empuja a Anacleto hacia la locura pasajera.

Con el crítico de teatro de Diario de Cádiz-Grupo Joly y actor, Manolo Morillo.
Alonso de Santos ha renovado la obra de Muñoz Seca suprimiendo el ya caduco debate sobre la ley del divorcio, para ahondar en el daño que producen las separaciones amorosas, un tema eterno y recurrente. De fondo, las diferencias sociales y el clasismo de la época, haciendo un guiño -en la relación paralela de los personajes más jóvenes- a la ya clásica historia de amor protagonizada por Romeo y Julieta. En definitiva, sobredosis de humor y de amor en esta visión del clásico de Muñoz Seca.
HONORES Y DISTINCIONES.
Ha sido galardonado, entre otros, con los premios teatrales: Premio Nacional de Teatro, Tirso de Molina, Mayte, Rojas Zorrilla, Aguilar, Baco de Andalucía, Ciudad de Valladolid, Medalla de Oro de Teatro de Valladolid, Asociación Espectadores de Alicante, Ciudad de Cazorla, Muestra de Autores Contemporáneos de Alicante, Premio Max, etc... (En la ilustración, placa de reconocimiento del Premio Nacional de Teatro).
"El teatro, en esa investigación sobre lo que nos rodea, es el laboratorio más inmediato, que permite una comunicación más directa. De todos los medios artísticos es el más inmediato." José Luis Alonso de Santos.









HAVE IT YOUR WAY
ACTUACIONES Y PREMIOS.
A BRAND NEW DAY

Aunque de ascendencia jerezana, sus padres y sus abuelos eran de Jerez, Ramòn de la Flor Sánchez, “el Cositagüena”, (1908 - 1987) nació en nuestra Ciudad el 6 de febrero, segundo hijo de siete hermanos: José Antonio, Ramón, Manuel, Carlos (portero del Gimnástico F.C.), Francisco, María (abuela de la cantante porteña Eva Santamaría) y Juan. Su padre, Ramón de la Flor Ledesma, era marinero y ello influyó en el trabajo principal que nuestro protagonista tendría a lo largo de su vida, relacionado con el mundo del mar. El apodo le venía de las cosas buenas que hizo a todo el mundo a lo largo de su vida. Por su relación con los ambientes pesqueros, recibía como atención de los marineros de los barcos, “ranchos” de pescados que, antes de llevarlos a su casa, iba dejando en otras más necesitadas que la suya. Ese era “el Cositagüena”.
Ramón tenía mucha labia, mucho “arte” hablando. De joven y al estar sin trabajo se llegó a construir su propia casa. Trabajó de limpiabotas en las casas de los pudientes en aquellos años difíciles de preguerra. Después fue peón, trabajando en lo que saliera. Se casó con 24 años, el 31 de julio de 1932 con la también porteña María Josefa Morales Troncoso, de 19. Obligado a ir a la Guerra Incivil, estuvo destinado en Zaragoza y, una vez terminada ésta fue premiado con marchar a su casa para ver nacer a uno de sus hijos, en lugar de destinarlo a luchar a algún frente de Europa, inmersa ésta en la II Guerra Mundial. (En la imagen, Ramón y su esposa, María Josefa, en la Feria de Ganado que se instalaba en El Palmar, en los terrenos del actual Carrefour. En el año 1948, fecha de la instantánea, y durante algunos más, regentaron una caseta de Feria: la 'Caseta del Cositagüena').

Como ya hemos señalado, Ramón se casó con María Josefa Morales Troncoso y tuvieron 13 hijos, aunque solo sobreviven 10, de un total de 21 partos. Esos trece son Ramón, Francisca, María Luisa, María Josefa, José Antonio, Manuel, Luis, Concepción, María Rosa, Pedro Miguel (quien, durante años fue tramoyista del Teatro Chino de Manolita Chen), Juan Antonio, Carlos (fundador con otros del PSOE local, llegando a ser concejal de Vivienda y de Obras del Ayuntamiento) y Milagros. (En la ilustración, primeras páginas del que sería un abultado Libro de Familia de Ramón de la Flor y de Josefa Morales).
“El Cositagüena” era sinónimo de ser buena gente, de ayudar a todo el que podía, haciendo el bien sin esperar nada a cambio, siendo generoso, honrado, agradable en el trato, amigo de sus amigos -algo que parece una redundancia pero que no lo es-, querido por todos, porteño y muy racinguista. Era una persona muy constante y agradecida, muy agradecida. Contrario a toda clase de injusticias en la vida, tenía capacidad de aguante para los malos ratos. Y siempre tuvo un deseo que llegó a alcanzar a plazos: tener muchos hijos, al menos doce. Y luego darles cariño, educación, ayudarlos a labrarse “un porvenir” en la vida. Nunca pedía nada para él, solo esperaba una palabra de agradecimiento. Nos dejó el 27 de junio de 1987. (En la imagen, Ramón y su mujer María Josefa, fallecida el 19 de junio de 2001, quien le sobrevivió 14 años).
Aunque ya existían noticias por parte de eruditos locales como Francisco Ciria y Vergara y el investigador alemán Shulten que la identificó como el Puerto de Menesteo, no fue hasta la llegada a nuestra Ciudad en torno a 1979, de Ruiz Mata, cuando se propusieron las excavaciones sistemáticas del yacimiento del que su principal mentor ha llegado a firmar que acaso pudiera ser la Gadir fenicia ya que, en Cádiz no se encontraban registros arqueológicos que sustentaran la antigüedad de la ciudad. En una compleja teoría, Ruiz Mata componía la situación de las islas antiguamente, siendo Cádiz una necrópolis, Doña Blanca la ciudad y la isla de Sancti Petri un templo. Las teorías van y vienen, los estudios avanzan y retroceden, y diversas escuelas y arqueólogos están a favor y en contra de la misma. Pero no deja de ser un lugar apasionante que ha apasionado a cuantos en él han trabajado. Otra interesante teoría, la Sidunia árabe, ha sido expuesta por el profesor Borrego Soto,
En un trabajo infográfico realizado a auspicios de la Fundación CEEI, Bahía de Cádiz, se afirma que el yacimiento presenta una importancia singular en el panorama de la colonización fenicia en el Mediterráneo occidental. Su excavación, entre 1979 y 1995, ha sacado a la luz restos de murallas, necrópolis y viviendas de entre los siglos VIII y III a. C. Con un excepcional grado de conservación, el yacimiento guarda las claves sobre el paso de los fenicios por la Bahía de Cádiz y su relación con los pueblos indígenas de la Baja Andalucía. (En la imagen, infografía de la muralla fenicia).









Esta caseta fue construida por la Comisión Técnica de Fortificación de la Costa Sur, bajo la dirección entre otros de Enrique Letang. En 1946 el Ayuntamiento decide la ampliación de la misma aunque tenía todavía carácter provisional, ya que se compartía su uso, como caseta de feria, con los militares antes citados. Estos trabajos de ampliación se le encargan al contratista Antonio Herrero de los Reyes, con la indicación de aprovechar al maximo los materiales existentes, siendo el importe de estas obras de unas 23.000,00 pesetas. Para la Feria de 1947 se vuelven a hacer modificaciones en esta caseta, que ya para se denominaría "El Cortijo". El importe de estas obras fue de una 20.000 pesetas, según el presupuesto de hizo el ingeniero municipal Enrique Letang, manteniendo aún carácter de provisionalidad. (En la imagen Enrique Letang Drouillon).
En 1948, cuando el Ayuntamiento decide que sea un edificio permanente le encarga al mencionado ingeniero Letang que elabore un proyecto que finaliza en los últimos días de Enero y que ya era como lo hemos conocido los que tenemos cierta edad, con sus pérgolas y su fuente en forma de cruz. El presupuesto de este proyecto fue de 65.000 pesetas. (En la imagen, el cartel de Feria de Primavera de 1948).

A finales de la década de los ochenta del siglo pasado se reprodujo la fachada y primer patio de El Cortijo en el recinto Feria de Las Banderas, como sede de la Caseta Municipal. A lo largo de estos último 20 años, la caseta ha experimentado diferentes pinturas en su fachada, y conocido mejoras en su interior. Pero, habitualmente, no deja de ser solo eso: la caseta de Feria ya que rara vez se ha usado para algo más que espacio de recepción municipal, comedor y actuaciones, en Las Banderas. (Textos: Vicente Gonzalez Lechuga).





IZNATE









El padre de nuestro protagonista era Ingeniero de Minas, compañero de promoción y amigo de
VICISITUDES EN LA GUERRA INCIVIL.
Adriano recuerda que su madre, con la guerra ganada por el bando rebelde, recibió una llamada de la policía para que confirmara que el acusador de su padre era un conocido zapatero del barrio. Ella les explicó a sus hijos, en un ejercicio de generosidad y para nada revanchista que “--Ni estoy segura, aunque existen ciertas pruebas, ni voy a ser responsable del ajusticiamiento de nadie. Bastante tendrá con su conciencia y con lo que ha hecho”. Adriano, sigue recordando, que “hay que olvidar y ser generoso. Aunque cada uno tenga sus ideas y sus opiniones. No tiene sentido. Aquello no fue nada bueno”. (En la imagen, una joven Tula Ruiz Golluri, fotografiada por Raymundo en 1918. Foto Colección AGLR).
Adriano está unido a El Puerto por muchas razones, familiares y personales, y el único inconveniente que señala es que está a 654 kilómetros de Madrid. Casado con Carmen Verastegui Villafiero, con quien ha tenido dos hijos, y de momento tres nietos, está emparentado con tres alcaldes de El Puerto: su abuelo Joaquín Ruiz y López, en 1904 y 1907; su tío Eduardo Ruiz Golluri, en 1930 y José de la Cuesta Aldaz, en 1903 y 1930. La hija de éste, Pepa de la Cuesta, casó con el hermano mayor de su madre, Joaquín Ruiz Golluri. El hijo de ambos, Joaquín Ruiz de la Cuesta –primo de nuestro protagonista—reside en Barcelona con algo más de 80 años y una mente muy lúcida, con quien gestionamos ponernos en contacto. (En la fotografía, Eduardo Ruiz Golluri, tío de Adriano).
Algún día contaremos en estas páginas las alambicadas circunstancias que propiciaron la súbita ruina del que fuera alcalde José de la Cuesta. Los cuatro Adrianos de la familia, su padre, el mismo, su hijo y su nieto, han estudiado en los Jesuitas o lo va a hacer, como es el caso de su nieto. (José de la Cuesta Aldaz, tío abuelo de nuestro protagonista).
DISCURRIR PROFESIONAL Y ACADÉMICO.

El ius usus innocui es una institución del derecho consuetudinario que tiene su apoyo nada menos que en el Levítico (XIX, 9, 10) y en el Deuteronomio (XXIV, 19, 20). El ius usus innocui equivale al soutelo o la musga gallegos y al emprìu catalán. Se trata del aprovechamiento de aquello que a nadie puede estorbar, ni lesionar en sus intereses. O dicho como lo decían los romanos: quod tibi non nocet et alii prodest non prohibetur; quod mihi prodest et tibi non nocet, faciendum est. (En la imagen, portada del Libro del Deuteronomio).

Si Vd. cogía por el camino de los Enamorados, por la hijuela del Tío Prieto, por la del Tío Gilito, por la vereda del Verdugo o la del Presidio, por la Cañada de La Valenciana, por la del Hato de la Carne o por cualquier paraje rústico de nuestro término municipal, seguro que, a un lado y a otro, se encontraría liños de tunas, necesario resguardo para las bichas, los lagartos, los erizos, las ratas, las panarrias, los gallitos-marzo, las mariquitas de San Antón, los escarabajos peloteros, los panales de abejas o los avisperos, que mantenían, entre sí, un admirable equilibrio ecológico. Las pencas de las tunas tostadas, servían para alimento de las vacas, una vez desprovistas, por el fuego purificador, de las púas. (En la imagen, pinchos de aromo con su característica flor amarilla. Todavía se pueden ver por el Camino de los Enamorados).
Al amanecer, por cualquier camino te podías topar con gente que, con una burra con su albarda y sus serones, armada de una caña (convenientemente cascada por la punta, abierta lo necesario con un tapón de corcho y fijada la apertura con una cuerda de abacá), se dispusiera a hacer suyo el fruto de todo un vallado. Luego, recolectados los higos, debía barrerlos, esto es, desproveerlos de las pequeñas púas. Los higos barridos, restregados por la arena, quedaban en disposición de ser lavados. El agua debía cambiarse varias veces, mas que nada, porque en su superficie quedaban nadando los restos de minúsculas púas, como pelillos, y algunas impurezas. Así, finalmente, los higos quedaban preparados para ser expuestos y expendidos en los tenderetes callejeros.
Fue el alcalde don Luis Caballero Noguera, recordable por tantos buenos motivos, quien dispuso que los puestos de higos debían tener su regulación estética. Así quedaron acuñados los modos de vender higos: en un tablero, flanqueado por unos listones que servían de topes, sobre dos caballetes, se disponían dos pirámides de higos ( los de a chica y los de a gorda). El frontal y los laterales se guarnecían de tela de vichy a cuadros y en las dos esquinas del tablero se colocaban sendas macetas de albahaca. Eran inevitables el cubo con agua, el paño para secarse y la navaja. "--¡Al buen higo!, pregonaban, o ¡Al gordo, al gordo, higo!"
Sin embargo, otros, como el desvergonzado de Cambriles, en su puesto, al lado del Cine Macario, cuando veía pasar a un grupito de muchachas, echaba su pregón: "--¿A quién le pelo el higo?", con un trasfondo marcadamente erótico que no voy a permitirme explicar. Pelar un higo es labor altamente difícil y especializada: en un solo movimiento de muñeca, con el higo en una mano y la navaja en la otra, se hacían tres cortes (uno, en la cabeza, otro, en el lado, y otro, en el culillo) y el higo aparecía, como por ensalmo, libre de su pellejo y a disposición del consumidor, que los engullía uno tras otro. Lo importante era llevar el mismo ritmo, esto es, sincronizar eso de higo pelado, higo comido, pero nunca quedarse atrás. Cuando, ahíto, el insaciable comedor, pronunciaba la palabra ¡Ya!, cesaba la tarea de pelar higos. Entonces, la dueña del puesto comenzaba a contar los pellejos, a realizar arqueo y a comunicar la cuenta al repleto viandante. Repleto y bien atascado, porque, según decían, con las pepitas, los higos producían un gran atasco intestinal que no se curaba más que con la enorme y terrible lavativa del Hospital. (En la fotografía, un peso y medidas del actual puesto de higos de tuna de Juan Guerrero Villegas).
Así, aquel verano, cuando un día visité a Rafael Alberti en su casa y le llevé un canasto de higos de tuna pelados, se puso inmediatamente a comerlos y, transportado a sus años infantiles, prorrumpió: "--¡Ja, ja, ja!, me van a tener que poner la lavativa de San Juan." La misma terrible lavativa de la que yo había oído hablar desde chico: la lavativa del Hospital de San Juan, de San Juan de Dios, llena de agua de mar templada; aquella que Felipe Lamadrid, prevenido, amparado en un baby de hule, aplicaba al paciente devorador de higos de tuna, mientras éste, antes de dar el taponazo, sentía por sus entrañas el benéfico alivio de el mar, la mar, sólo la mar, que dijo el poeta. (Texto: Luis Suárez Ávila. Pie de fotos: Redacción).