
Sebastián Ganaza Cañas, ‘Ojito’ nace en la calle de la Arena (Arzobispo Bizarrón) en 1930. Desde pequeño estuvo relacionado con la venta de frutas, hortalizas y verduras en un puesto que su padre tenía en la calle Sierpes, en los exteriores de la Plaza de Abastos, actividad que nunca abandonaría ya que cuando falleció su progenitor continuó al frente del puesto ayudando a los suyos. Más tarde, por una serie de circunstancias adversas, Vicente Sordo Díaz que desde 1950 comenzó a dirigir a Los Dos Pepes, al que rebautizó como Bar Vicente, con nótula propia en Gente del Puerto, ofrece a ‘Ojito’ la posibilidad de colocar su puesto lindante con el Bar, en la misma acera, así como un pequeño trastero para depositar, finalizada la jornada, los bártulos correspondiente, todo ello de forma gratuita. Aquel gesto jamás lo olvidaría Sebastian y quedó siempre agradecido hasta su adiós definitivo en 1990. (En la fotografía, Ojito y Domingo, en la Feria de Crevillet).
Como defensor de la libertad de su tendencia sexual y por ende de todos sus compañeros, no cabe la menor duda que la figura de Sebastian Ganaza Cañas, ‘Ojito’, es la que tiene mayor relevancia desde mediados del siglo pasado para el pueblo llano. Todavía los más viejos del lugar recuerdan su defensa a ultranza por los colores del Racing en el campo de Eduardo Dato. Todo un espectáculo ya que pobre árbitro o juez de línea que se equivocara en contra de su equipo. La zona donde se ubicaba ‘Ojito’ en el campo era las más concurrida debido a que a los aficionados disfrutaba en los lances del juego de las genialidades y ocurrencias. Era temible en días de lluvias por el paraguas que mostraba al trío arbitral. Sus ‘piropos’, a veces, propiciaba malestar en los integrantes de la Benemérita, pero nunca se amilanó. Todo lo contario. Además, ya lo conocían…
Aurelio Sánchez Martín, familia de los Balcon, de quién ‘Ojito', con el genio, el arte y la gracia que le caracterizaba decía: ‘La niña de don Camilo’, en clara alusión a Tere, la hija de un Coronel del Ejercito llamado don Camilo que vivía al final de la calle Larga, próximo al Paseo de la Victoria, muy apuesta y muy formal. Es que Aurelio, el mismo lo reconoce, para sus amigos, Domingo, ‘Ojito’, Enrique, Paquito Gallardo... era muy ‘formalito’. Por otrto lado, dicen que 'la ocasión la pintan calva'. Cuando así ocurría y no vamos a dar mas pistas, 'Ojito' le decía a su hermana Rosario en su casa de la calle de la Arena: "-Venga, date una vueltecita; tu a la calle que hoy me toca a mi…"
Ojito fue el gran impulsor de reparto del trabajo en los distintos bautizos que se celebraban en años de mucha hambre y mucha necesidad. Solían acudir a la Iglesia Mayor Prioral y a la de San Joaquín para informarse de los bautizos y domicilios respectivos. A tal efecto se repartían la faena y alegraban con su arte y buenas maneras la fiesta de las familias menos pudientes de El Puerto desde los años 50 hasta los 70 del siglo pasado. Cantaban y bailaban y los más introvertidos de palmeros, lo que hiciera falta con tal de pasar un rato agradable.

De la misma manera, tampoco lo olvidaría Domingo Rosado Ramírez quien cogería el relevo, del puesto de hortalizas y verduras, una vez fallecido ‘Ojito’, gracias a Vicente y a su hijo, también Vicente (con nótula propia en Gente del Puerto), todo un experto en el difícil arte de “saber estar” detrás de un mostrador.(Domingo, a las puertas del Bar Vicente. Foto Colección Carlos Pumar Algaba).

Luis, J. Ramírez, Juan el Zapatero y Domingo en el Recinto de Las Banderas, durante la Feria de Primavera del año 2002
Domingo Rosado Ramírez nace en la calla la Zarza 56, curiosamente también en 1930 y el hecho de que no encajaran bien su homosexualidad hace que cambie de planes y a los 18 años se va a Barcelona y se une a su vecino y compañero de fatiga, Juan Zapata Sucino, conocido por ‘Reverte’. Trabajan de cocinero en ventas y restaurantes y al final como plato fuerte salían a bailar y a cantar.

De izquierda a derecha, Juan 'el zapatero', Luis, 'el de los Huevos' y Domingo, pegándose un desayuno con pasteles. (Foto Colección Carlos Pumar Algaba).
Cuando Domingo regresa a El Puerto, después de su aventura por tierras catalanas, comienza a trabajar como cocinero con Maximino Sordo Díaz en el Bar Central, calle Larga esquina con Luna y en el Restaurante el Resbaladero, cuando las ocasiones lo requerían. También, antes de ‘heredar’ el puesto de ‘Ojito’, formó parte de la plantilla de trabajadores en el Bar Vicente, siendo su ultimo trabajo para la hostelería en Acuasherry Park, hoy denominado 'Acualand'.
Domingo Rosado Ramírez, aventurero y buscavidas cantaba cuplés y se acoplaba a cualquier reunión gastando todo cuanta ganaba entre sus amistades. Era una persona generosa. Mimaba mucho a los jugadores del Racing Club Portuense, y tenía predilección por alguno de ellos a los que consideraba su protector, allá por los años sesenta. Falleció a la edad de 75 años, una mañana de diciembre de 2006, en la Plaza del Polvorista cerca de su casa, conocida como la Casa de los Naranjos en la calle Aurora, cuando se dirigía a su trabajo, en la Plaza de Abastos, Bar Vicente, donde tenia instalado su puesto. Durante algunos días, después de su fallecimiento, clientes y amigos depositaron flores en el lugar donde estaba ubicado el puesto de hortalizas y verduras. A la izquierda, podemos leer el epitafio recordatorio que se pudo contemplar a las puertas del Bar Vicente el 26 de diciembre de 2006. (Foto Colección Carlos Pumar Algaba).

Luis Pinto Corzo, “Luichi con nótula propia en Gente del Puerto; Juan el Zapatero, Domingo y Luis ‘el de los Huevos,' en el Carnaval del año 2000.
‘Ojito’ y Domingo, dos grandes amigos de toda la vida. Forman parte de la idiosincrasia local. No se concibe la historia de El Puerto sin estos personajes que tanto sufrieron en épocas pasadas. De igual forma que ‘Enrique ‘el Peluquero' -Enrique Rodicio Fuero-’; Juan 'el Zapatero', con nótula propia, Paco Gallardo, ‘Paquito’; Manuel Millán Álvarez, Manolito del Bar El Faro, en la esquina de Nevería con Palacios; ‘la Zorrita’ que nació y vivió en la Casa de los Frailes, Callejón Espelete; Perico el de ‘La Carlota’; Antoñito el del Penal; Juan Zapata Sucino, Reverte y José García Romero, entre otros.

Domingo y su amigo Luis, 'el de los Huevos', en la calle Ganado, junto a la Plaza. 2001.
EL AUTOR DEL TEXTO QUIERE CONSIDERAR:
Cuando la nótula sobre Perico el de ‘La Carlota’. El Parguela de la mobylette, se comentaba que la homosexualidad está totalmente demostrada ya desde tiempos de Grecia y Roma. En tiempo de la dictadura franquista un porcentaje alto, de casi un 75º% se casaban y tenían hijos para disimular y morían siendo infelices, aunque de estos sigue habiendo todavía, hombres casados y con hijos que de vez en cuando se escapan para echar una canita al aire. Si bien, estas secuelas del pasado por el que dirán, felizmente tienden a ir despareciendo.
Añadía que los pocos que no disimulaban su homosexualidad en tiempo de la dictadura, eran considerados como enfermos, degenerados e incluso como escoria, por lo que muchos acabaron en la cárcel, como fue el caso de Perico y otros tantos que lo encerraban en la Plaza de la Cárcel, justo al lado de donde hoy se encuentra el Hotel Los Cantaros, ya que después de la persecución y eliminación de la disidencia política por parte del dictador y sus secuaces aplicaron a seres indefensos la Ley de vagos y maleantes.
Después de esta nótula, hoy todavía más, nos debe permitir, por una parte, valorar la gran valentía de los homosexuales de aquella época, obviamente los menos pudientes porque nunca tuvieron que salir del armario ya que era pública y notoria su vida al llevar por bandera su clara tendencia sexual y, por otra parte, que su misma dignidad se puede comparar con las de aquellos que lucharon por la defensas de las libertades durante la época franquista.
(Textos: Antonio Carbonell López).
Agradecemos a Luis del Pino Robles -Luis 'el de los Huevos'-, Aurelio Sánchez Martín, Miguel Muñoz -'Cabo Reyes'- y Vicente Sordo Gómez la colaboración prestada para la elaboración de esta nótula. Salvo que se indique lo contrario, las fotografías pertenecen a la Colección de Luis del Pino Robles.



Allí permaneció durante dos años, con catorce, su padre la trajo a vivir con él a la calle Espelete y empezó a trabajar interna ganando cinco duros al mes, en 1944. Entró a servir en la casa de Ernesto Piury, en la calle Pozuelo. «Eran un matrimonio sin hijos, muy especiales. Aquello era como un convento. No nos podíamos reír, hablar fuerte, ... Estábamos tres mujeres trabajando en la casa: una cocinera, una para cuerpo de casa y yo que ayudaba a la segunda y en hacer recados. El dueño de la casa me llegó a decir que tenía que tratarlo de señor, a lo que yo le respondía que “--El Señor está en el Cielo, o en la iglesia de madera o de escayola, pero que a él, de señor, nada”. En cierta ocasión, el dueño de la casa nos sorprendió riendo y nos reprimió: “--A reirse se van ustedes a la calle”, a lo que yo con mucho desparpajo “--No señor, a la calle se van los perros, y yo me voy a mi casa”. Y me fui, aunque, al día siguiente mi padre me llevó de nuevo. Había que ganar un jornal y aunque me decía que era muy pequeña para administrar cinco duros yo pensaba para mis adentros que ¿como no lo era para ganármelos trabajando?» Allí estuvo hasta los 18 años. Genio y figura. (En la fotografía, Felisa, en El Cortijo, del Paseo de la Victoria).
La explosión de los polvorines de Cádiz le cogió trabajando en aquella casa de la calle Pozuelo. A las diez menos cuarto de la noche del 18 de agosto de 1947, una deflagración, provocada por unas 200 toneladas de trinitrotolueno, tiñó el cielo de un rojo intenso sobre la bahía de Cádiz, escuchándose una ensordecedora explosión La magnitud de la explosión fue tal que el fogonazo pudo verse desde el acuartelamiento militar español ubicado en Monte Hacho (Ceuta). Se formó una nube de hongo visible desde toda la Bahía de Cádiz, Huelva y algunos pueblos de Sevilla. El ruido de la explosión fue oído hasta en la propia capital hispalense. Muchos porteños aquella noche la pasaron en La Belleza, por la carretera de Sanlúcar, asustados, pensando que una segunda explosión podía llegar a El Puerto. Esto cuenta el maestro Antonio Burgos de aquellos momentos: «Y comiéndome las últimas uvas del racimo estaba cuando se oyó una fuerte explosión y vi como todo el cielo se puso completamente rojo. Era como si hubieran teñido con fuchina colorada el papel azul del cielo del Nacimiento. Salí corriendo, todos salimos corriendo, nos echamos a la calle. Nadie sabía nada, nos llevaron a la plaza de la Plancha, "no, a la playa, a la playa, que en Cádiz ha habido una explosión". Y otra voz, con otros nervios: "No, a la playa no, que puede llegar la onda, debajo de las escaleras". Recuerdos de nervios, de gritos, de la palabra "Cádiz" corriendo de boca en boca. Aquel cielo rojo que yo había visto con el racimo de uva moscatel, sentado en el balcón, era el cielo de muerte de Cádiz, el de la dorada cúpula de la Catedral en lejanía cuando estábamos bañándonos, agarrándonos a la maroma hasta donde se hacía pie.»
Luego estuvo trabajando en la Notaría que hubo en la calle Santo Domingo, en el edificio que perteneció a Bellas Artes, mas tarde Bienestar Social y por último ocupó el Centro de Drogodependencia. Primero con Don Francisco, luego sería Don Casto Montoto. Allí estuvo entre 1948 y 1950. (En la fotografía, Felisa posando en el Parque Calderón).
UNA NIETA ALEMANA Y FLAMENCA.

Además, Felisa pinta sobre lienzos, telas y maderas; confecciona ropa para muñecas con diversas técnicas y materiales reciclables (servilletas de papel, bolsas de plástico, retales de ropa, punto); hace broches para trajes de novia o de calle; pequeños trabajos manuales de todo tipo que son imposibles de ver un día de visita a su casa: flores elaboradas con medias, con plásticos, con telas, con ganchillo; sombreros casquetes elaborados con bolsas de basura negra, muebles o barcos en miniaturas hechos con pinzas de la ropa o cerillas, y así... Y por si fuera poco, también tiene tiempo para las reuniones de la Asociación de Vecinos del Barrio Alto, donde tuvimos oportunidad de hablar con ella, además de en su casa. (En la fotografía de la izquierda, una versión muy personal de Felisa, de un jarrón con girasoles).
LA POESÍA EN SU VIDA.

En octubre de 1896 llegan ecos del éxito de un invento que causa sensación en Cádiz. El cinematógrafo de los hermanos Lumière impresionaba «a quienes acudían al coliseo de la calle de la Novena», como menciona la Revista Portuense en su número del 13 de octubre.





En una anterior 

Todos los citados fueron más bien discípulos de Don Juan. Además tuvo como discípulo en escultura a José Ovando Merino, imaginero y tallador nacido en nuestra Ciudad, aunque su vida y obras se desarrollaron en Cádiz, donde falleció el 18 de marzo de 2001, a los 89 años de edad, sumido en un injusto olvido por el mundo cofrade de la provincia. El llamado "Grupo de El Puerto" está ya estudiado en el libro de Luis Quesada, "La pintura enla vida cotidiana andaluza", interesantísimo volumen que recoge costumbres y personajes populares de Andalucía, exquisitamente editado en Sevilla por la 

Entre los alumnos podemos ver en la fila superior a Miguel Palacios, Melchor Ramos Ortega, el paisano de El Gastor, Juan Sánchez Torreño, un interno de la sierra desconocido, le sigue Joaquín, del Bar Juanito, Millán, José Domingo García Rodríguez (doctor en medicina), Ángel Ortolá Máiquez, desconocido, Cristóbal Moya Garrido (empresario de tiendas de regalo), Andrés Jaén Bautista (brigada del Ejército de Tierra) y José Ignacio Delgado Ibáñez.

Paseo de la Victoria, cuadro de Juan Lara. (Original de la colección de Francisco M. Arniz Sanz)








Juan Lara, el pintor de la luz, fue el “pintor de la Feria” pues nadie como él ha pintado y anunciado tantas veces y con tanta maestría el acontecimiento festivo de El Puerto por excelencia: en 1946, 1947, 1949, 1963 (reeditado en 1987), 1970, 1971, 1972, 1973 y el definitivo de 1989, con el que rompió moldes. Luego se publicaron póstumamente y como carteles de Feria, cuadros suyos pertenecientes a colecciones privadas y cedidos por sus propietarios para las distintas ocasiones en los años: 1995, 1998, 2001 y 2001. Para la Peña La Charanga -la otrora Caseta La Maruja- pintó algún cartel anunciador de la caseta.







Cáritas Portuense es una institución que todo el mundo conoce. Y hoy en tiempos de crisis, mas todavía. Los porteños saben que cuando envían algo o entregan dinero a Cáritas llega a las personas de la ciudad y a los emigrantes que más lo necesitan. Pero la cara de Cáritas es un equipo de hombres y mujeres voluntarias, al frente del cual está Pepe Serrato, que gestionan con equidad y justicia lo que los portuenses entregan. Los necesitados también tienen caras, nombres y carnés de identidad. No los conocemos, pero Cáritas sí los conoce con sus problemas diarios de subsistencia, de comida, de viviendas, de colegios, de salud, de trabajo...
José Serrato Barragán es un porteño, con más de treinta años de residencia en El Puerto. Nació en 1943 en Osuna (Sevilla) y llegó a El Puerto en 1977, como empleado de la RENFE. Está casado y tiene dos hijos. Desde su jubilación, dedica su tiempo libre a su familia y a Cáritas. Él mismo nos describe la historia, los antecedentes de Cáritas en nuestra Ciudad.










Se comunica todos los lunes vía webcam --por Internet-- con su hermana Carmen en El Puerto. No posee muchas amistades en su ciudad de acogida: «--De una mano doblo tres dedos y esa es la cantidad de amigas que tengo» Frente a su calle vive Susi, una roteña muy buena persona. Pero su mejor amiga es su hermana Carmen. Sus hijos Marta y Andrew han estado dos veces en nuestra Ciudad, la primera vez en la Navidad de 1986, cuando falleció su abuela paterna, Carmela, y la última vez que estuvieron en España fue en 1992. Teresa regresaría sola en la Navidad de 1996, la última vez que estuvo en El Puerto, hace 12 años. Quiere volver para «ver donde están los que ya no están», aunque ahora la frena la crisis económica: un viaje trasatlántico cuesta mucho dinero . De momento se conforma leyendo la web Gente del Puerto y viendo por Internet Canal Sur Televisión. (En la fotografía, Teresa y su hermana Carmen, de pequeñas en El Puerto).
En este primero de Mayo, los trabajadores, los implicados en la mejora de las condiciones sociales y laborales de todos, los que piensan que se puede conciliar el estado del bienestar con el mundo del trabajo, tienen más presente que nunca, si cabe, a Isidoro Gálvez líder sindical en la provincia de Cádiz. “Alguien del pasado que todavía es presente”, en palabras del Secretario General de Unión General de Trabajadores (UGT) de la provincia. “Amigo y dialogante en la unidad de acción, desde otro sindicato” dice Federico Pedreño, quien fuera Secretario del Metal de las Comisiones Obreras (CCOO), cuando Isidoro Gálvez ocupaba el mismo cargo en UGT. “Un hombre íntegro, humanamente increíble, que intuía las cosas”, recuerda Elías Py, cabeza visible de UGT en El Puerto. Todos quienes nos rozamos de alguna manera con Isidoro, a lo largo de su vida, nos impregnamos de esa humanidad, de ese sentido de la justicia, de esa forma de ver la vida donde el sol tenía que salir, forzosamente, para todo el mundo.
La relación con las Hermandades del Trabajo de Acción Católica (HOAC), le hacen conocer a Esteban Caamaño, con quien más adelante militaría en otras organizaciones progresistas, codo a codo. Como responsable de las JOC, es detenido en Madrid en 1972, junto a toda la ejecutiva, pasando más de 3 meses en la cárcel de Carabanchel, quedando en libertad provisional a la espera de juicio, gracias a los buenos oficios de quien sería su buen amigo, el ex ministro socialista Enrique Barón, quien actuó como abogado defensor. En ese tiempo nace su hijo Daniel. (En la fotografia, Esteban Caamaño Bernal, arrumbador, sindicalista y político, quien coincidiría con Caamaño en el parlamento español cuando ambos tenían responsabilidades políticas durante el primer gobierno de Felipe González).
Dos años después, con el momento político convulso, y con las maletas casi preparadas para salir de España, pues tenían noticias de que iban a detener a los activistas políticos y sindicales clandestinos en la provincia, Isidoro se niega a marchar. Jaime San Narciso, el médico, le avisa del avanzado estado de gestación de su mujer, Mariá de los Ángeles Fernández Cortabarría --bilbaína de nacimiento pero porteña por elección--, por lo que decide acompañarla al hospital, donde efectivamente es detenido por la policía del régimen. (En la fotografía, el exministro socialista Enrique Barón, gran amigo de Isidoro y abogado defensor en algunas de sus causas como responsable de la Juventud Obrera Católica. JOC).
Allí nace su segundo hijo, Alejandro, mientras su padre permanece en la cárcel. Ya en la Transición, con el nacimiento de su tercer vástago, José María, las bromas de los compañeros eran constantes aventurando que ese alumbramiento podría traer pareja otra temporada ‘a la sombra’.
Su gran intuición, le vino a corroborar un día, que sus convicciones de izquierdas, de lucha sindical le venían por herencia de sangre. En su familia, temerosa por lo que habían pasado durante el anterior régimen, no se hablaba del pasado político, algo por otra parte muy frecuente en las familias represaliadas durante el anterior régimen. Fue su amigo Elías Py, allá por 1992, quien le comunicó, tras investigar en la prensa local de la época: la revista ‘Trabajo’ en un número de 1935, que su padre había sido militante de Izquierda Republicana y miembro del Sindicato Sociedades Obreras Ugetisas, de Cocineros, Camareros y Similares. Trabajó como camarero en los restaurantes “La Burra” y “El Resbaladero”. (En la fotografía su mujer y compañera, María de los Ángeles Fernández Cortabarría).
Por su defensa a favor de la República, el padre de Isidoro sufrió los rigores políticos del anterior régimen, siendo condenado a muerte, luego conmutada la pena, pasando más de cuatro años en la cárcel. Luego nacieron Isidoro, Manolín y Pepi. Las palabras de Isidoro “lo sabía” era una muestra más de su intuición, sus convicciones y su contento. Y es que, Isidoro, sabía que no había mejor rama que la que al tronco sale. Nos dejó, hace unos años, siendo miembro de la Ejecutiva Provincial de la UGT, ya jubilado, pero aportando todo su saber para que el porvenir sea mejor para todos. (Autor de la ilustración: Martín. Izquierda Republicana. 1936).
EL SINDICATO DE LABRADORES Y GANADEROS.
La complejidad de las estructuras de las hermandades dependía de la cantidad de agricultores socios de cada una. Destacan la figura del jefe de la Hermandad, la Junta Sindical (asamblea de representantes), o el secretario. Las Hermandades Sindicales Locales solían estar vinculadas a las cooperativas del campo existentes en cada localidad. La hermandades sindicales solían organizar en cada localidad la fiesta de San Isidro, patrón de los agricultores. Desaparecieron como tales entre 1977 y 1980 con su transformación en las Cámaras Agrarias. En trance de desaparición irreversible, el Patrimonio de las Hermandades pasó a depender de las actuales Cámaras Agrarias, organismos dependientes del Instituto de Relaciones Agrarias del Ministerio de Agricultura. Tras una etapa de recelo por su pasado uniformizador y no democrático, los sindicatos agrarios de clase decidieron, con posterioridad, participar en los nuevos órganos de gestión de los asuntos agrícolas.
Pedro Delgado Sánchez, nace en el mismo año de la instauración de la II Republica en la Casa de Roque Aguado, colindando con la Casa-Palacio de Vizarrón o de las Cadenas en la Plaza del Polvorista. Su nombre artístico es el de Perico ‘de la Carlota’ en honor a su madre, por la que sentía un gran amor. Era tal su parecido físico que en los distintos disfraces que utilizaba en Carnaval confundía al personal. Mucho que ayudó Perico a su madre que se dedicaba al estraperlo para echar un capote a la maltrecha situación económica de años de penurias. Recorrían las calles para sacarse un dinero. (En la fotografía, Perico con su mobylette, frente al Bar la Ponderosa. Foto Colección AP).

En su panorama artístico sus actuaciones con los pensionistas del mar y en la Caseta de Chicharito en Real de la Feria, de lo más sobresaliente. Colaborador y muy querido en la Peña ‘La Marea’, donde encontró su segunda casa, su primer presidente Joselito Dandy le ofreció amistad y su comportamiento fue exquisito. Cabe destacar que después de su injusta detención e ingreso en prisión le hizo ser muy reservado y actuaba por libre. Dos excepciones, Sebastian Ganaza Cañas, ‘Ojito’ y su vecino ‘el Pino’. No se fiaba de nadie ni en tiempos de la democracia… Se nos fue a mediados de esta década, pero todavía recordamos su impronta paseando en su Mobylette. Muy enamorado de la playa de la Puntilla y de de las dunas, a donde solía acudir y meditar… La guasa del pueblo en muchas ocasiones buscaba el disparate y Perico, sin pelos en la lengua, decía: «--Soy Perico, 'el de la Carlota. Yo soy maricón, pero tu... Calla, calla mariquita, porque si los pinos hablaran…» (En la fotografía, disfrazado en Carnaval a finales de los años 80 del siglo pasado, maquillado y preparado, muestra un gran parecido con su madre. Foto Colección AP). (Texto: Antonio Carbonell López).