1.277. JUAN JOSÉ VARGAS Y VARGAS. El Chozas.
1 02 2012
Juan José Vargas y Vargas, “El Chozas”, (Lebrija 1903-1974) viene a mi columna de notables como primitivo actual. Era un heterodoxo y un surrealista y, desde la heterodoxia y el surrealismo, un creador. Él pensaba que sabía cantar por bulerías y, sin embargo lo que cantaba era una otra cosa imprecisa, pero hermosísima. Todos los jueves, desde el Cortijo de Villarana, en El Puerto, donde estaba de manijero, venía a verme y me contaba y cantaba cosas inverosímiles. Aficionado a la historia, “sabía” y relataba, con todo detalle, la boda de Isabel La Católica con el General Espartero (?), cuya representación plástica se encontraba, según él, tallada en madera en el aparador del comedor de Don Bernabé Rico, en Jerez. Aunque, a decir verdad, en el aparador, estilo “remordimiento”, lo que había era una representación del cuadro de Pradilla de la “Capitulación de Granada”.
Tan sólo una vez cantó en público, en un escenario, y fue en una de las Fiestas de la Bulería, en Jerez, por los años 60, donde reveló su genio gesticulante y cabal, entre esperpéntico y arrollador, que nos dejó pasmados. Si yo no hubiera hecho gestiones con la casa Hispavox para que le grabaran, hoy sería un inédito y olvidado. Sin embargo, sus particulares bulerías y sus romances han quedado como muestras dignas de mantenerse y hoy algunos cantaores lo copian con veneración y respeto.
Cuando se le preguntaba por las interioridades del ritual de la boda gitana, para no revelarlas, respondía: “Mira, hijo, una bóa es más hermosa que una misa en el cielo”. Y es que, sin saberlo, era un gran lírico. Una noche de mayo de 1970, en la gañanía del cortijo de Villarana, me lo encontré subido en un poyete, de los que utilizaban para dormir, entonando un romance, el de Zaide (Por la calle de su dama). Y todos los jornaleros que estaban allí lo escuchaban con admirada devoción, embobados, que aquello me recordó a mí el comienzo del libro II de la Eneida: “Conticuere omnes intentique ora tenebant/ inde toro pater Aeneas sic orsus ab alto…” Y no se me olvida. (Texto: Luis Suárez Ávila).
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Francisco de Paula Gil de Partearroyo y Arena era hijo de Joaquín Gil de Partearroyo, III Marqués del Castillo de San Felipe, bodeguero y mesonero, arrendatario de la antigua y prestigiosa taberna mesón ‘El Toro’ situada en las proximidades de la Aduana Vieja, y de Victoria de la Arena Vigo, ambos naturales y vecinos de Villanueva de Mena (Burgos), villa en la que habían contraído matrimonio en 1845, avecindándose posteriormente en nuestra ciudad, en la que nacieron otros dos hijos, hermanos de Francisco de Paula. Joaquina, mayor que él y otro varón que falleció en edad párvula.
Hoy 18 de enero hace 234 años que el portuense Juan Ignacio de la Rocha fue consagrado Obispo de Michoacán en la bella catedral de la Arquidiócesis de Morelia, en una solemne ceremonia a la que asistieron personas de todos los estamentos sociales y gran número de autoridades clericales y civiles, entre ellas el virrey Bucarelli. Estaba próximo a cumplir los 63 años y, de hecho, hacía año y medio –desde mediado agosto de 1776- que había sido asignado para este cargo por el rey, que era el que nombraba a los obispos, entre una amplia lista de nada menos que 73 candidatos. Aceptó la mitra el 27 de diciembre de ese mismo año, jurando fidelidad a las normas de la corona y recibió las reales cédulas de su nombramiento. Sin embargo, las bulas pontificias que debían ratificarlo, pasaban los meses y no llegaban. Debieron extraviarse por el camino de Roma a la Valladolid mejicana, capital de la diócesis, tomando posesión sin ser consagrado, dadas las circunstancias, en abril de 1777. Finalmente, como si de un regalo de Reyes se tratase, las bulas llegaron a su destino el día de la Epifanía de 1778, celebrándose en la fecha antes citada su consagración, ocupando con todos los requisitos y trámites cubiertos la silla episcopal de una de las más grandes y prósperas ciudades de Nueva España. (Según el censo de Revillagigedo, superaba por poco las 17.000 almas).
LOS BIZARRONES.
Pero mientras trabaja en el despacho, no desatiende sus inquietudes artísticas y es en la casa familiar, en un desván, donde tiene su primer estudio donde comenzó a interesarse por el arte de la escultura. También se matricula en la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia. Es durante este curso, cuando se inicia la entrañable amistad vía postal con el escultor portuense Juan José Bottaro Palmer 


Hoy día parece fácil y sencillo documentarse sobre cualquier tema, gracias a esa impresionante y gigantesca enciclopedia que es la red. Y de hecho, en muchos casos y ocasiones, lo es. Pero no siempre. A veces, redactar unas pocas líneas que contengan datos fiables y contrastados suponen horas de investigación en archivos y bibliotecas reales, no virtuales, en donde pueden consultarse viejos legajos, documentos, y periódicos antiguos y así obtener los escasos datos que he podido reunir para los lectores de GdP para poder al menos proporcionar algunas pinceladas biográficas de la personalidad y actividades de este paisano que fuera primera autoridad de los portuenses casi tres años, en años difíciles y comprometidos, desde febrero de 1937 hasta diciembre de 1939.

Antonio Jiménez Salguero, nació en El Puerto, el 2 de Abril de 1902. Este hombre marcó unos años de los treinta a los sesenta, en esta Ciudad, donde muchos porteños o portuenses recordamos su arte y le reconocemos como parte de nuestra historia y patrimonio de El Puerto. Poco hablador, de profesión limpiabotas o betunero, de talla media para aquella época. Lo recuerdo con su caja en la mano y su banquito debajo el brazo, camino de la cadena de bares, que en aquellos tiempos arropaban a la plaza de Abastos: Bar los Dos Pepes, Bar Casa Pancho, Bar los Milindris, Bar Rueda, Bar El Nº 3, Bar la Burra, y Bar Juan Rabago, entre otros. Esta fue su ‘zona de caza’ zapatos. En algunas ocasiones visitaba los Casinos de la calle Larga, y algunos establecimientos de la zona centro. Cuando sacaba el dinero, que el creía que era suficiente, marchaba para casa, y siempre decía: «–Mañana el Pare Dios dará». Vamos a relatar una buena colección de anécdotas de su vida. /Foto: Colección LSA.



























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