
Antiguo taller situado en la calle Zarza. De izquierda a derecha, Francisco Bollullo,Antonio Graván, Enrique Domínguez, Juan Sánchez y Ramón Bollullo.
La Imprenta Bollullo, nació como consecuencia de una aventura empresarial de mi padre, Juan Luis Bollullo López y de un conocido, José Espinosa Temoret cajista de imprenta y antes policía municipal. José Espinosa, sabía de una imprenta en Cádiz que vendía parte de su maquinaria y utillaje.
En la imagen de la izquierda, entintando una galerada.
Mi padre, como persona emprendedora, se entusiasmó con la propuesta que el Sr. Espinosa le hizo de formar ambos una sociedad, en la que éste sería el socio industrial y mi padre el socio capitalista. Con esta disposición nos presentamos un domingo por la mañana de finales de los años 1.959, en Cádiz en la Imprenta Atlántida, situada en la Calle Cánovas del Castillo, cuyo propietario era José Luis Sánchez Lassaleta, Rápidamente llegamos a un entendimiento y cargamos en un furgón todo el material, que relaciono a continuación:
Dos máquinas de imprimir de palanca marca ‘Boston’, una tamaño cuartilla y otra tamaño folio con tintero. Una guillotina marca ‘Krause’, de 61 cms. de corte, manual. Una perforadora de 40 cms. Una cosedora marca ‘El Casco’, mod. 65. Dos comodines de madera de 12 cajas. Comodín de madera de letras ‘versales’. Tipos de letras diversos, regletas, imposiciones, lingotes, capuchinas. Componedores, numeradores, etc…
En la imagen de la izquierda un Comodín de madera de letras versales o chivalete de 12 cajones, los cuales tienen unos departamentos; en cada uno de ellos se colocan letras mayúsculas, llamadas versales, éstas letras que solían estar adornadas de orlas y arabescos, suelen emplarse a principio de versos o principio de capítulos.
Con todo esta maquinaria, algún material obsoleto, y una gran ilusión empezó la aventura empresarial de la Imprenta Bollullo a navegar en el mundo de las Artes Gráficas. Con idea de que los trabajos pudiesen salir con calidad, hubo que adquirir material nuevo, sobre todos tipos de letras, ya que los que teníamos estaban bastante deteriorados, dado que este material se deteriora con el uso. La firma Richard Gans, S,A., una de las cuatro fundiciones tipográficas que existían en España en aquel entonces, nos proveyó de todo lo necesario para poder funcionar con la garantía de hacer un buen trabajo.

Los comienzos de imprenta Bollullo, en la calle Zarza, 25.
MÉTODOS ARTESANALES.
El taller que montamos, en la calle Zarza 25, era de lo más modesto y artesanal. El trabajo y el esfuerzo físico que había que hacer con este tipo de maquinaria --si ustedes conocen algún taller de imprenta-- se lo pueden imaginar. Imprimíamos en máquinas de palanca a mano, el corte de papel se hacía en guillotina a volante, había que girar una rueda con un manubrio y entonces bajaba la cuchilla y cortaba el papel, con una precisión relativa. Empezamos haciendo pequeños encargos de tarjetas, facturas, cartas, octavillas publicitarias, etc., que Espinosa aportaba por sus relaciones con determinadas personas, a las que fuimos haciendo nuestros clientes.

Galeradas. Una galerada en imprenta es el fragmento de composición que cabe en una galera. También es la prueba sacada de esta composición para hacer sobre ella las correcciones oportunas.

Plancha dispusta para imprimir y caja de tipos.
DIFERENTES SOCIEDADES MERCANTILES.
Estuvimos aproximadamente dos años asociados con Espinosa, acuerdo que finalizamos nosotros, estableciéndose dicho señor, después, por su cuenta. Por aquellas fechas, compramos a Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia, una máquina de impresión rotoplana, marca ‘Marinoni’, que empleaban los Jesuitas en hacer los boletines e impresos para el noviciado. Esta máquina procedía de la imprenta del colegio San Luis Gonzaga, regentada por Ramón Grabán Gré. Creamos otra sociedad con Fernando Bustillo Carrillo, sociedad que él deshizo al poco tiempo, al preferir este señor establecerse por su cuenta. Mientras tanto mi hermano Ramón se había incorporado también a la empresa y poco a poco fue conociendo como funcionaba un taller de Artes Gráficas, mientras yo simultaneaba el trabajo de la imprenta en una empresa constructora.

En la primitiva imprenta de la calle Zarza, 65.
Por otra parte la experiencia que habíamos tenido con otros socios, no fue lo satisfactoria, que hubiéramos deseado, así que dijimos: ‘no más socios’. Así que contratamos a un Oficial Cajista de Primera, más tarde algún Maquinista y Minervista, algunos aprendices hasta que conseguimos ir haciendo una plantilla de la cual siempre nos hemos sentido orgullosos. Poco a poco fuimos entrando en gremio y relacionándonos en el sector de los impresores. Nombraron a nuestra empresa vocal de la Asociación Provincial de Empresarios de Artes Gráficas y cambiamos el nombre de la sociedad "Tipografía Bollullo" dado que todos los trabajos que hacíamos eran a base de trabajar con tipos de letras de imprenta.
En la imagen, Caja de Tipos y Componedor. Esta caja en una de las que ocupa el comodín o chivalete, y se compraban la cantidad de letras adecuadas para componer uno o dos folios. Se compraban en tamaños distintos, desde el cuerpo (tamaño) 6 hasta el 48. De cada modelo de letra, cada impresor adquiría las que podía según sus posibilidades. A mas modelos, mas posibilidades se ofrecían a los clientes. Imprentas hubo en la provincia de Cádiz que tuvieron hasta 30 comodines por 12 cajas, un total de 360 porciones (pólizas) de letra. La componedora es una herramienta que se utiliza para ir componiendo líneas o texto seguido.

Componiendo textos usando regletas y lingotes. Se utilizaban para separar líneas de texto, por ejemplo, si el cajista estima que unas líneas están muy unidas, empleará regletas, o lingotes para hacer las separaciones adecuadas.

En la imagen una máquina Minerva, modelo Heidelberg, de la Imprena Bollullo, prensa de impresión tipográfica de pequeño formato, aunque existen algunas de doble folio. Minervistas se llama al trabajador que la maneja. Luego vendrían las Rotoplanas, máquinas, en general, para la impresión de formatos grandes, pues el pliego a imprimir se maneja, con más facilidad, sobre una mesa inclinada, que llega a ser sujetado por unas uñas a un rodillo, en el cual se enrrolla el pliego, mientras la forma es la que se mueve y "mancha " el papel.
LOS TIPOS DE IMPRENTA.
Para que el visitador de esta página, que no conozca una imprenta a la antigua usanza, aclaramos que los tipos de letras son barritas compuesta de plomo, estaño y antimonio. Cada barrita es una letra, número o espacio y de esta forma había que componer los textos. Existían tipos de letras desde el cuerpo 6 (aprx. 2,5 mms.) hasta el cuerpo 48 (aprx. 15 mms). Los tipos de letras mayores solían hacerse de madera. Estos materiales eran bastante costosos y de difícil amortización, por lo que la imprenta tradicional era un negocio de un resultado económico incierto.
CALLE CIELOS.
A primeros de Enero de 1.968, casi nueve años después de crear la primera imprenta, trasladamos no sin grandes esfuerzos el taller a la calle Cielos, 65. Adaptamos varias dependencia de esta finca para hacer unas instalaciones en un lugar mucho más operativo de las que disponíamos en calle Zarza.
En la imagen de la izquierda una composición de tipos. cuando el cajista compone una forma para imprimir: membrete de una carta, cartel o lo que fuera se coloca en una 'rama' --anillo rectangular de acero, que es la medida máxima de la máquina de imprimir--. Los espacios que se quedan libres sin tipos de letras se suplementan con las 'imposiciones' que fueron primero de aluminio y con el tiempo llegaron a ser de plástico. Tenían diferentes medidas parra poder ajustarlas al tamaño de la 'rama' y, a continuación, se apretaban con cuñas, todo perfectamente ajustado se colocaba en la máquina y... a imprimir. Artesanía pura. Otro artilugio son 'las capuchinas', unas guías que se colocaban en la 'cama' de la máquina --cama es la parte de la máquina que llegaba hasta la forma--; se colocaban en ángulo recto, una en vertical y dos en horizontal. En ense ángulo, cuando el tímpano de la 'cama' se despegaba de la 'rama', el maquinista colocaba hábilmente el papel y... a imprimir.

En la imagen , podemos contemplar una imagen de una máquiena de impresión a offset, en concreto la Roland 200, que se encuenra en Bollullo.
En 1.972 empezamos cambiar el sistema de impresión de tipografía a offset, proceso que fuimos haciendo de forma progresiva hasta conseguir que, al cabo de algunos años, nuestra industria funcionase casi al cien por cien con las técnicas más actuales. En 1.980 construimos un nuevo edificio en el lugar que ocuparon las primeras instalaciones de la calle Cielos, trasladándonos de forma provisional a un edificio contiguo, en Cielos 67, y al que volvimos para albergar las nuevas instalaciones a las que dotamos de mejores medios y maquinaria, de acuerdo con la demanda de nuestros clientes.
EL EQUIPO HUMANO.
Resulta del todo imprescindible nombrar a las personas que, en principio nos ayudaron al montaje físico de nuestra industria y que han cumplido ya cincuenta años de actividad. Su ayuda fue inestimable y les tenemos un agradecimiento especial: Antonio Albaiceta Revuelta, José Martínez Cabrera y Vicente Utrera Caro. Y un agradecimiento de todo corazón a nuestro personal, o mejor dicho nuestros amigos los trabajadores de Imprenta Bollullo, que han sido nuestro mejor activo. En parte gracias a ellos somos algo en el mundo de las Artes Gráfica: Antonio Grabán Gré, Enrique Dominguez González, Manuel Martín-Arroyo Bocanegra, Francisco Bollullo Altamirano, Juan Sánchez González, Antonio Bollullo Altamirano, Manuel Bollullo Alvarez, Miguel Rosso Riverola, José Luis Prado Galán, Emilio Jaén Domínguez y Juan Rosique Oviedo.

Trabajadores ya jubilados de la Imprenta Bollullo, a excepción de Juan, tomada en los años 90, de izquierda a derecha Enrique Domínguez, Juan Sánchez, Antonio y Manuel Martín-Arroyo. Los dos primeros aparecen en la primera fotografía que ilustra esta nótula.

Plantilla actual de la imprenta. De izquierda a derecha, Juan Sánchez González, Margarita Bollullo Díaz, Juan Manuel Bollullo Díaz, Ramón Bollullo Estepa, Manuel Bollullo Álvarez, Ramón Bollullo Díaz, Juan Manuel Campanario Cornejo.
LA FAMILIA
A mi hermano Ramón le agradezco, la dedicación que ha tenido dirigiendo como regente el Taller de Imprenta, las horas que ha invertido en el trabajo son impagables. Desde primero de Septiembre de 2004, Imprenta Bollullo depende exclusivamente de mi hermano Ramón.
A mi padre, desearía ponerle un pedestal especial en la memoria de mis recuerdos, hombre con una preparación escolar escasa, pero siempre ávido de leer el Quijote y la biografía de Cristóbal Colón, emprendedor, trabajador, valiente, honrado y amasador de ilusiones, que nos enseñó tanto a mi hermano como a mí, que lo más importante es el trabajo.
Hemos sido considerados por parte de algunos portuenses e investigadores como fuente de información --porque así lo puso en la prensa un portuense hace años, criticando nuestra postura al redactar impresos que poníamos en demasía El Puerto de Santa María-- entre su documentación sobre cual es el verdadero nombre de la Ciudad, si lleva o debe llevar el artículo ‘el’ y sea nombrado Puerto de Santa María, El Puerto de Santa María ó simplemente El Puerto. (A la izquierda tinta de imprenta disponiéndose para su uso).
EL PAPEL DE LA IMPRENTA.
La imprenta era algo especial, un lugar donde se redactaba cualquier panfleto, catálogo o cualquier impreso que pudiese ser leído o difundido. Formábamos parte de los medios de comunicación. Hoy es distinto, pero entonces, las paredes de nuestra imprenta, de cualquier imprenta, se podían decorar con esta máxima:
'Esta es una imprenta
adelantada de la información
cuna de la Libertad
clarín incesante del comercio.
Desde este lugar,
vuelan al mundo las palabras.
No para desvanecerse
como las ondas del viento.
Ni para morir como las olas
a la orilla del mar.
Sino para quedar fijas eternamente.
Está Vd., amigo, en terreno sagrado.
Está Vd. en una Imprenta'.
En la imagen de la izquierda, Juan Luis Bollullo López, fundador, junto a José Espinossa Temoret de Imprenta Bollullo, a finales de los 50 del siglo pasado).
(Texto: Francisco Bollullo Estepa).

Nace en la clínica del Dr. Frontela el 22 de noviembre de 1978. Hijo de Miguel Sánchez Santos, agente tributario del Ayuntamiento y de Ángeles Ivars Rojas, quien lleva marcado a fuego los 40 días que el pequeño Miguel se llevó llorando durante 24 horas cuando nació. Es el mayor de tres hermanos, Oscar el ‘pequeño’ es policía nacional, destinado en Melilla y María, diseñadora gráfica de la marca ‘Si Quiero Bodas’.
En todos ellos, el que perdía o se iba, se llevaba el cosqui y la pringá, así que en alerta toda la tarde hasta que su madre le diese una voz por la ventana. A medida que se hacía adulto se daba cuenta de lo feliz que había sido de pequeño y a la mas mínima recalca “er Migué ….de Durango”, como homenaje a su reducto patrio y nostalgia de esa infancia.








Los padres de Antonio Camacho Caballero (1901-1991), fueron Miguel Camacho Soldado y Josefa Caballero Muñoz originarios de Iznájar (Córdoba). Quedó huérfano de padre siendo muy niño. Junto con su hermana Aurora --unos años mayor-- y su madre se vinieron a El Puerto a vivir con el hermano mayor --Juan- 20 años mayor que él.
COMESTIBLES LA DIANA. EL BAR Y LAS BICICLETAS.


SAN SEBATIÁN, 5.
Con el paso de los años fueron desapareciendo el bar, las bicicletas y los taxis quedando solo el almacén de La Diana que fue traspasado a Isidro Gómez Recalde en el año 1960. En esta fecha el propietario de la finca y almacén era Doña Quintina Caballero, santanderina, posiblemente descendiente de Marcelino Aguaro. En la actualidad el establecimiento es propiedad de José Joaquín Sánchez Sena, quien primero por traspaso de Isidro Gómez Recalde y luego adquiriéndolo, pasó a ser de su propiedad, como ya se ha indicado.
El día 26 de Diciembre de 1931 da parte de baja al Ayuntamiento motivando la baja por avería en el motor. Este vehículo fue trasladado más tarde al garaje de la casa núm. 5 de la calle San Sebastián --casa natal de su esposa María Teresa-- donde permaneció inactivo hasta el año 1952 en que fue transformado en la furgoneta conocida como el “coche o forito de La Diana”. (Antonio Camacho y su mujer, en el interior de 'La Diana').
Este vehículo tiene su historia: Conocido como el ‘Forito de la Diana’, fue inscrito con placa provisional para pruebas num. TO 50035 el 10 de Noviembre de 1925 a nombre de Don Roberto Osborne domiciliado en Sevilla y matriculado posteriormente el 25 octubre 1926. Sus posteriores propietarios fueron: Don Ignacio Osborne Vázquez, Doña Angeles Campos Caro y por último Don Emilio Romero Aranda --todos de El Puerto-- siendo éste último el titular a partir del 12 de Noviembre de 1946 quien lo transfirió a Doña María Teresa García Rodríguez, convertido en furgoneta y con motor sustituido por el perteneciente al Ford Matrícula SE 2719 que, según hemos dicho más arriba, permanecía encerrado en el garaje de la casa numero 5 de la calle San Sebastián desde el 26 de Diciembre de 1931, dando origen –repetimos- a la furgoneta conocida como el “coche de La Diana”. (En la imagen, Antonio Camacho al volante de uno de sus coches de pedales y a su derecha Juanín Barcala, íntimo de Camacho y quien le acompañó a una Feria a Córdoba con dichos vehículos).

Una vez al año más o menos, Rosario Stenterello, industrial carbonero, oriundo de Italia recibía de no sé donde un camión de carbón en su almacén que estaba junto al bazar de Paca la del Inglés y lo mismo en la carbonería de Manolo que estaba en una finca, frente al núm. 25, propiedad de Mauricio León, creo que hoy la utilizan como garaje, entonces en vez de gasolineras había carbonerías. Rosario Stenterello y su mujer Milagros tuvieron, una carbonería en la calle Ganado, justo en el sitio que está la galería de arte de Rafael Fenoy, sin embargo el almacén de carbón estuvo en calle Zarza.

Venían también lañadores que arreglaban los lebrillos y cántaros rotos, era uno de los trabajos que más me gustaban: estos artesanos cogían un lebrillo que se utilizaba como pila de lavar roto, unían las piezas y haciéndole unos taladros en ambas piezas rotas, le colocaban unas lañas en forma de U que previamente habían puesto al rojo en un anafre; una vez colocadas se enfriaban estas y las piezas quedaban perfectamente unidas y el lebrillo una vez lleno de agua no salía gota alguna.









EL AÑO 1959.
Carmelo tuvo sus primeros contactos con el equipo local en el último año de su categoría juvenil. Se formó en las divisiones inferiores del Racing Club Portuense, donde destacó por su gran solvencia defensiva y elegancia con el balón en los pies. Con 18 años daba el salto a Segunda B, jugando las temporadas 1977/78 y 1978/79.
BETIS Y RECREATIVO DE HUELVA.







VINAGRES DE AUTOR.





En el año 1979 se emprende la remodelación de la joyería con el aspecto que presenta en la actualidad. Desgraciadamente su mentor tuvo poco tiempo para disfrutar del nuevo aspecto que presentaba aquél proyecto de vida que lideró 54 años atrás, ya que falleció escasamente un año después de su reinauguración. Sus hijas María Teresa y Maribel junto con Pepe Estévez han mantenido durante todos estos años el glamour que sólo unos privilegiados pueden imprimir a la labor iniciada por su mentor y maestro.

Rafael, reconocido pintor, ha escrito varios libros y es miembro de la Real Asociación de Caballeros del Monasterio de Yuste. (Cáceres). Es constituyente de la Asociación de Amigos de la Cartuja de Jerez. Fundador de la Asociación Cultural Portuense 'Medusa'. Fundador y presidente de 'Alcanatif', Asociación para la Defensa del Patrimonio Histórico de El Puerto. Ha pintado los carteles de Feria de El Puerto en 1955 y 1990, así como el del homenaje de El Puerto a Alberti en 1982. Es Socio de Honor de la Academia de BBAA de Santa Cecilia. Hoy, 9 de agosto, se rotula un parque con su nombre en la Costa Noroeste, en las inmediaciones del Centro Comercial Vistahermosa.
EL COSARIO DE TARDÍO.
Rafael ya sentía inclinación y afición por la pintura, asistiendo a las clases que impartía Juan Lara Izquierdo en la Academia de Bellas Artes, donde se formó. Está en posesión de la licenciatura de Bellas Artes, especialidad en Pintura. (A la izquierda, Rafael Tardío con su primo Julio Tardío de la Peña, paseando por Sevilla en 1947).

MEDUSA
LIBROS.
TRAYECTORIA EN LA PINTURA.






Manuel Sánchez García pertenece al grupo de los porteños --que los hay-- nacidos en Chipiona, el 3 de enero de 1939. Quinto hermano de ocho, hijos de Domingo (mancebo en una farmacia en Chipiona) y Tomasa, todos nacidos en Chipiona, aunque se consideran todos portuenses ya que, en 1947 --hace 63 años-- se trasladaron a nuestra ciudad buscando un horizonte mas amplio, aunque incierto.
También, en 1939, el letrista autor de “Soy minero”, “La bien pagá” o “La Falsa Monea” Ramón Perelló, hijo de minero y de convicciones anarquistas, pasó un largo periodo de prisión en el Penal de El Puerto. Otro preso, Emilio Pendás Trelles, poeta popular asturiano escribe ‘Cuentos populares recogidos en el penal del Puerto de Santa María (1939). Cancionero y obra poética. Fue editado en el año 2000. (En la imagen, Diario de Cádiz del 'Día de la Victoria').
Y en julio de 1939 se funda la Hermandad de la Flagelación, dando culto a un Cristo atado a una columna, que bien pudiera ser un San Sebastián. Procedía del desaparecido convento de los Descalzos, donde hoy se encuentra la Plaza de Peral. Se celebra una corrida de toros el 31 de julio, con Juan Belmonte a caballo, y los toreros Domingo Ortega, Pascual Márquez y Manolete. Empieza la II Guerra Mundial el 1 de septiembre. Coñac Decano, de Bodegas Caballero, organiza un concurso de radio en Barcelona, para animar las ventas en Navidad, tal y como relata La Vanguardia en su edición del día 27 de diciembre de 1939. El artista local, Manolo Prieto, forma parte de la Delegación de Propaganda y Prensa del Ministerio de Turismo, además de dibujante político del Periódico "El Sol". La vida sigue… (En la imagen, publicidad del jabón Heno de Pravia de la época).



LA VESTIMENTA, LA ROPA, SEGÚN MANOLO.








El pescado que llegaba a la fábrica se cocía; después, en unos patios que estaban detrás de la fábrica, se extendían al sol para secarlos, tarea quellevaba varios días. Después de seco se molía y salía la harina usada como base para hacer el pienso. Todo este proceso hacía que, cuando soplaba Levante El Puerto oliese, y no precisamente a agua de colonia concentrada Álvarez Gómez, sino a demonios, puñeta. Pero oye, a todo se acostumbra uno, llega un momento que las cosas que no te gustan se instalan a tú alrededor, que te llenas de paciencia y dices, que le voy a hacer.
Algunos veces, paso por alguna frutería y la fruta no huele a nada. Recuerdo la frutería de Félix Pérez Peral en calle Larga, donde hoy se encuentra Cajamar: olía desde diez metros antes de llegar. Como olían los montones de melones blancos y escritos, que en este tiempo se ponía en La Placilla; la fruta que traían los mayetos al mercado: ciruelas, peras, perillos de Palacio, brevas, tomates de Rota,… que sensaciones.
Había un establecimiento en la calle Ganado, junto al desaparecido almacén de los Verde, que fue antes una farmacia. Era el puesto del Mellado; vendía sardinas arenques, aceitunas y queso de cabra. Otra tienda, donde hoy está la charcutería de Ramón Insua Lavin, a la que le decían Casa del Tío Luis, vendía lo mismo que el Mellado. Me gustaban también estos sitios.